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La Violencia y la Búsqueda de Paz

Filosofía

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SUMARIO

4 13

18
Y la Tierra El poder del arte
dejó de ser
EL CENTRO DEL UNIVERSO

22
VANDANA SHIVA
y la biodiversidad

NASRUDÍN
y Las mil y una noches

42

SIMONE WEIL,
filósofa y mística

62 Los conflictos como RETOS Y OPORTUNIDADES


Editorial
Las mil caras de la violencia
Una de las reflexiones que podemos hacernos sobre las desgracias que acechan a todas
las sociedades gira sobre la violencia, que hace su aparición por todos los rincones de
la vida en sus diferentes variaciones. A pesar de la buena voluntad de muchos seres
humanos que han optado por buscar la paz y hacer que se extienda lo más posible, la
violencia se cuela en los grupos humanos y en los individuos también.
Pareciera que no hay más camino para vivir que hacerlo contra los demás, en una
especie de círculo infernal de odios, desprecios, ofensas, insultos y eventualmente
ataques, asesinatos…, sin la menor huella de empatía, y mucho menos, de sentimiento
de fraternidad.
La antigua máxima de «no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti»,
que preside la mayoría de los credos religiosos, está olvidada, como la mayoría de los
preceptos que nos señalan la necesidad de hacer el bien. Un sabio andalusí que vivió
en la Córdoba del Califato, y que se llamaba Al Zubaidi y fue preceptor del califa
cordobés Al-Hakam, lo dijo de una manera muy bella: «Todas las tierras, en su
diversidad, son una, y los hombres son vecinos y hermanos». O la máxima de Séneca,
«Homo homini sacra res», es decir, que el ser humano es sagrado para el ser humano.
Hay muchos tipos de violencia, y muy numerosas son también las causas que los
provocan, y precisamente por esa complejidad deberíamos tomar conciencia de que
este mal nos afecta a todos y entorpece la manera de llegar a la paz con nosotros mismos
y los demás. Ya lo dijo Gandhi: «No hay caminos para la paz, la paz es el camino».

El Equipo de Esfinge
3
Y la Tierra dejó de ser
EL CENTRO DEL UNIVERSO

Inês Campos
La ciencia es una construcción humana cuyo propósito es explicar el funcionamiento
del mundo. La vanidad y el ego humano crean la ilusión de que estamos desvelando,
poco a poco, las leyes de la naturaleza. Sin embargo, todas las leyes descubiertas, aunque
sean extraordinarias, como por ejemplo las leyes de Newton o la teoría de la relatividad
de Einstein son válidas solo dentro de determinados límites. Siempre habrá algo sin
respuesta con nuestras teorías y que llevará a otras nuevas teorías.
La visión que tenemos del mundo depende de aquello que podemos ver o medir. La
teoría geocéntrica en una prueba de ello. En verdad, debemos admitir que siempre
habrá aspectos inalcanzables con nuestros instrumentos. Basta pensar que, dado que
nosotros estamos dentro de la naturaleza, siempre habrá algo en su exterior que nos
será desconocido.
La historia de la ciencia está llena de avances significativos, y aun así, se registraron
atrasos provocados por equívocos, por prejuicios, por abordajes inadecuados, ideas
fijas, resistencia al cambio o incluso por influencia social y cultural. De hecho, las
creencias culturales o religiosas, cuando están profundamente arraigadas, son difíciles
de erradicar. Del mismo modo, un número de evidencias insuficientes o poco
convincentes puede conducir a un estancamiento de las ideas. En verdad, vencer la
inercia de las ideas es todo un desafío.
En relación con esto mismo, conviene mencionar que los métodos usados en el
desarrollo de la ciencia implican, muchas veces, procesos de tentativa y error. Una teoría
puede ser ajustada o rechazada de acuerdo con la aparición de evidencias nuevas.
En este contexto, debemos afirmar que el hombre necesita ser más modesto y admitir
que sabe poco sobre lo que le rodea. La humildad es una virtud importante que deben
desarrollar los científicos, pues les permite reconocer que sus ideas pueden estar sujetas

4
por limitaciones o directamente ser erróneas. Solo de este modo conseguiremos
promover una búsqueda más eficaz del conocimiento.
La impronta que dejó la filosofía griega llevó a la fusión entre la verdad y la perfección.
La creencia de que las leyes de la naturaleza pueden ser desveladas y de que la creación
puede ser explicada condujo, y aún lo hace, a que muchos científicos busquen una teoría
final enfocada en la unificación de todas las cosas. ¿Existirá realmente la misma o se
trata apenas de una descripción más precisa de nuestra realidad?
Tales de Mileto (624 a. C.-546 a. C.), considerado el fundador de la filosofía occidental,
dijo que «todo está hecho de una única sustancia», o sea, que ya defendía la unificación
de la materia. Para él, todo lo que existe viene de esa sustancia y a ella vuelve. Para
Tales, esa sustancia era el agua, pero algunos de sus seguidores (los jonios), aunque
defendiesen la misma idea de que existía una unidad material, apuntaban a otros
materiales como sustancia primordial. Por ejemplo, Anaxímenes (588 a. C.-524 a. C.)
defendía que esa sustancia era el aire.
Más tarde, Pitágoras (570 a. C.-495 a. C.) juntó la idea de Unidad con la matemática,
creando el concepto de que todo en el mundo natural puede ser descrito por la
matemática, explicando de esta forma la perfección, simplicidad y belleza de la
naturaleza. Así, para los pitagóricos, la esencia del mundo estaba en los números y no
en una sustancia primordial, como preconizaban los filósofos jónicos.
Platón (427 a. C.-347 a. C.), a su vez, profundamente influenciado por las ideas de
Pitágoras, dijo que el mundo sensible era una ilusión creada por nuestros sentidos. Para
él, el mundo real era el mundo pensado y no aquel que vemos. De acuerdo con Platón,
la más perfecta de las formas era el círculo, por lo que los movimientos de los habitantes
del cielo debían de ser circulares, por ser la creación de Dios (el demiurgo). Teniendo
en cuenta que el cosmos tenía que ser armónico y simple, tampoco había una razón
para que la velocidad de los astros no fuera constante. El cosmos era una representación
de la Mente Superior.

5
Las ideas de Plotino (205-270 d. C.) y de otros neoplatónicos permitieron que el
pensamiento pitagórico llegase hasta el Renacimiento. El objetivo era, entre otros,
demostrar la existencia de una relación estrecha entre la matemática y Dios.
Antes de Nicolás Copérnico (1473-1543), otros, como Heráclides del Ponto
(387 a. C.-312 a. C.) y Aristarco de Samos (310 a. C.-230 a. C.) habían cuestionado el
modelo geocéntrico y propuesto otras ideas. Sin embargo, estas nunca llegaron a ser
aceptadas. Mientras, quince siglos de cristianismo cimentaron la idea de una Tierra en
el centro del universo y esto intimidó a Copérnico, que vio así frenada su voluntad de
denunciar los errores cometidos hasta ese momento, pues él mismo era consciente de
que sacar a la Tierra del centro de todo causaría una enorme confusión, y que tal idea
llevaría a una nueva visión del mundo y del hombre. Sus vacilaciones a la hora de revelar
su teoría se debieron a que temía ser víctima del ridículo y del desprecio.
Destacamos que Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) afirmó la existencia de una fuerza
mística que era la causa de los movimientos de los astros alrededor de la Tierra. Esta
idea fue aceptada por teólogos que creían que la fuerza mística podía ser debida a
ángeles. Así, desafiar las ideas de Aristóteles era desafiar y cuestionar la autoridad de
la misma Iglesia.
Se sabe que la relación entre la Iglesia y la ciencia a lo largo de la historia fue compleja
y multifacética. Varios conflictos entre ambas fueron originados por cuestiones
filosóficas y teológicas. En este caso, el geocentrismo estaba en concordancia con una
interpretación literal de algunos textos bíblicos. Por ello, la visión heliocéntrica fue vista
como una amenaza. Es evidente que el geocentrismo limitó el progreso en astronomía
y la comprensión de la constitución del sistema solar.

6
Modelo geocéntrico según Bartolomeu Velho, 1568. Dominio público.

Cuando Copérnico venció el miedo a divulgar sus ideas, lo hizo basado en la belleza y
simetría preconizadas por Platón y Pitágoras. Los argumentos de Copérnico se basaron
en una disposición de los planetas alrededor del Sol, en orden creciente de su periodo
de traslación, contando desde el Sol. Sin embargo, su modelo no era perfecto y no
conseguía hacer previsiones mejores de las posiciones de los planetas en el cielo que el
modelo geocéntrico de Ptolomeo, con respecto a los mapas astrológicos. En aquella
época, la astrología era de gran importancia.
Las ideas de Copérnico fueron rechazadas por los seguidores de Aristóteles, teniendo
que enfrentar la resistencia de la Iglesia y de otros sectores de la sociedad, tal y como
era de esperar, ya que veíamos girar la Luna alrededor de la Tierra, y, por otro lado, los
objetos caían en dirección a la Tierra. Una vez más, los límites de nuestros sentidos
eran causa de ilusión.
Sin embargo, Copérnico tenía una visión muy trascendente, pues en la página 31 de su
obra De las revoluciones, junto a un esquema que ilustra su teoría y muestra los
planetas en el orden correcto moviéndose alrededor del Sol, escribió lo siguiente: «Así
[atendiendo a la posición central del Sol], no es insensato que haya sido designado
lámpara del universo, o su mente, o su soberano. [Es] el Dios visible de Trismegisto…
», evocando, de esa forma, el pensamiento hermético.
La filosofía oculta del Renacimiento se basaba, entre otras, en corrientes como el
neoplatonismo y el hermetismo. Había sido redescubierto el Corpus Hermeticum
(textos herméticos) a mediados del siglo XV.

7
En la visión hermética, Dios y el universo se funden y, de acuerdo con este pensamiento,
los seres humanos poseen la centella divina y la mente de Dios. Son los únicos seres
vivos capaces de alcanzar la divinidad.
El hermetismo tuvo una gran importancia en el Renacimiento, hasta el punto de que
no es exagerado decir que promovió una cultura científica, habiendo contribuido en el
avance de la ciencia. Muchos de los mayores inspiradores de la ciencia del Renacimiento
produjeron sus obras gracias a la pasión que sentían por lo esotérico. Este es el caso,
por ejemplo, de Isaac Newton (1642-1727).
También Copérnico estaba familiarizado, muy probablemente, con los textos
herméticos, pues en estos aparecen las mismas ideas, a saber, los movimientos de
rotación de la Tierra y de los otros planetas sobre su eje, así como su movimiento de
traslación alrededor del Sol.
En la filosofía hermética, el Sol asume un lugar destacado, y es nombrado como «Dios
visible» o «segundo Dios». En la civilización egipcia, Atum era un dios oculto, invisible,
siendo Ra su manifestación visible, o sea, el real Sol dorado. Así, si Atum simbolizaba
el centro de la creación, el Sol entonces tenía que representar el centro del cosmos,
siendo este perceptible para los seres humanos. En el decimosexto tratado hermético
podemos leer: «Pues el Sol se sitúa en el centro del cosmos, usándolo como una
corona». Y también: «Alrededor del Sol están las ocho esferas que de él dependen, la
esfera de las estrellas fijas, las seis de los planetas y la que rodea la Tierra». Las esferas
que son mencionadas aquí representan el concepto actual de órbitas. En el antiguo
sistema de Ptolomeo, las esferas circundan la Tierra, con el Sol teniendo su propia esfera
asignada.

8
Sabemos también que, no obstante su teoría heliocéntrica, Copérnico no abandonó la
idea de epiciclos que había creado Ptolomeo, pues las órbitas, que se pensaban
circulares, no conseguían explicar todos los movimientos planetarios observables.
Otro astrónomo importante fue el alemán Johannes Kepler (1571-1630). Es la persona
que más se ha dedicado, en la historia, a buscar la precisión absoluta. Podemos
considerar que él mismo es un símbolo del héroe solitario, que se enfrentó a todo por
buscar la verdad. Dotado de una fuerza y pasión propias de muy pocos, estaba tan
obcecado por las mediciones que llegó a determinar su propio momento de gestación
con un error del orden de un minuto. Calculó que el mismo fue de 224 días, 9 horas y
53 minutos, ya que nació antes de tiempo. Era tan preciso que elaboró las tablas
astronómicas más exactas de su tiempo, y su trabajo contribuyó a que fuera aceptada
la teoría heliocéntrica de Copérnico.

Las leyes de Kepler, con dos órbitas planetarias. Hankwang. Creative Commons
(1) Las órbitas son elipses, con puntos focales ƒ1 y ƒ2 para el planeta 1 y ƒ1 y ƒ3 para el planeta 2. El Sol está en el punto
focal ƒ1.
(2) Los dos sectores sombreados A1 y A2 tienen la misma superficie, y el tiempo que tarda el planeta 1 en recorrer el
segmento A1 es igual al tiempo que tarda en atravesar el segmento A2.
(3) La relación entre los periodos de los planetas 1 y 2 está en la proporción a13/2: a23/2 Solo después de que el trabajo de
Kepler hiciera que el modelo heliocéntrico fuera más preciso y el de Newton lo completara con sus leyes del movimiento,
el modelo geocéntrico finalmente perdió toda credibilidad.

9
Kepler tenía en común con Copérnico el hecho de ser un hombre extremamente
religioso. Como tal, consideraba un deber buscar el entendimiento del universo que
Dios había creado. En oposición a la vida de Copérnico, la de Kepler fue muy atribulada.
Siempre luchó contra la falta de dinero, trabajando en el área de la astrología para
superar este problema. Además de esto, tuvo que enfrentar la muerte de algunos hijos,
e incluso, defender a su madre, que había sido acusada de practicar la brujería y que
casi fue condenada a muerte en la hoguera.
Tycho Brahe (1546-1601) le contrató para que le ayudara a interpretar los datos que
este último había registrado durante mucho tiempo respecto al movimiento de los
cuerpos celestes, y especialmente en lo referente a Marte, cuyo movimiento era difícil
de entender para los astrónomos de la época. Fue a partir de los registros del
movimiento de Marte de Tycho Brahe como Kepler descubrió que la trayectoria de los
planetas era elíptica, o sea, su primera ley. Este descubrimiento dio más consistencia
matemática a la teoría de Copérnico.
En su libro Mysterium Cosmographicum, Kepler presenta un modelo del sistema solar
construido por cinco sólidos geométricos (los sólidos de Platón), encajados unos en los
otros e intercalados con esferas (figura 1).
Esta idea le surgió cuando daba una clase de geometría en Graz, al diseñar un triángulo
equilátero dentro de una circunferencia y otra circunferencia dentro del triángulo.
Verificó que la relación entre los radios de esas circunferencias era la misma que la que
había entre los radios de las órbitas de Saturno y Júpiter. Transfiriendo esa idea a los
cinco sólidos de Platón, Kepler creía que esa armonía geométrica justificaba el hecho
de que solo existiesen seis planetas: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno,
separados por cinco espacios diferentes.

Fig. 1

10
Este modelo representa aquello que Kepler consideraba el esquema de la creación, o
sea, la mente divina. El astrónomo tenía la convicción de que Dios estaba por detrás
del modelo heliocéntrico y que, por ese motivo, tenía que presentar proporciones
divinas. Su convicción era tan fuerte que llegó hasta el punto de relacionar el universo
con la Santísima Trinidad, con Dios (el Sol) en el centro, irradiando luz en todas las
direcciones. Basándose en esa idea, la esfera de las estrellas fijas estaría ejerciendo el
papel de frontera del cosmos en la periferia y ahí se encontraría el Hijo. Finalmente, en
el espacio interior, o sea, en la región en que la luz se propagaría desde el Padre al Hijo,
se encontraría el Espíritu Santo.
Kepler debe de haberse inspirado probablemente también en las obras de Hermes
Trismegisto, pues en su obra Harmonices Mundi («Armonía del mundo»), aparece la
siguiente afirmación: «Después de que el puro Sol de ese maravilloso estudio comience
a brillar, nada me retiene; es un placer rendirme al frenesí inspirado, es un placer
provocar a los mortales con el cándido reconocimiento de que robo las naves doradas
de los egipcios para con ellas construir un tabernáculo a mi Dios, lejos, bien lejos de las
fronteras de Egipto. Si me perdonares, me alegraré; si me reprobares, aguantaré. El
dado ha sido lanzado, y yo estoy escribiendo el libro; si para ser leído ahora o en la
posteridad, no importa. Él puede esperar un siglo por un solo lector, tal y como el mismo
Dios esperó 6000 años por un testigo».
No obstante haber probado que las órbitas planetarias eran elípticas y no circulares,
Kepler mantuvo la convicción de que su modelo geométrico era el código del cosmos.
Escribió, en la segunda edición de Mysterium Cosmographicum, la siguiente nota:
«Cuando Dios determinó el orden de los cuerpos celestes, tenía en mente los cinco
sólidos regulares, famosos desde los tiempos de Pitágoras y Platón hasta nuestros días».
Kepler creyó siempre en Pitágoras, y uno de los objetivos de su vida fue la búsqueda de
una armonía celeste.

11
Estaba equivocado, pero profundamente convencido de que tenía razón. Sin embargo,
este error fue el que le permitió la carrera de astrónomo. De hecho, Kepler quería
abrazar una carrera en la Iglesia. Pero la vida le hizo dar muchas vueltas y su fuerte
convicción lo condujo al área de la astronomía. Escribió: «En toda mi vida siempre
quise ser teólogo. Sufrí mucho con este cambio de dirección tan inesperada. Pero ahora,
finalmente, comprendí que puedo loar a Dios de otra forma, por medio de mi trabajo
en astronomía».
Kepler creía fervorosamente en la armonía y en la simetría estética y todos sus
descubrimientos están vinculados con su visión de Dios.
Su error fue haber considerado, con total convencimiento, que su modelo era perfecto.
Finalmente, podemos asegurar que Kepler creyó haber descubierto una teoría final. Su
deseo de que el universo fuera preciso, simétrico y perfectamente geométrico lo cegó
ante la posibilidad de haberse equivocado, debido a las limitaciones que son y serán
siempre inherentes a la ciencia.
Sin embargo, fue gracias a esa búsqueda, en forma de un sueño pitagórico, en el que
combinaba Dios y misticismo matemático, como formuló sus leyes, usadas aún hoy en
astronomía.
Irónicamente, probó que las órbitas planetarias son elípticas, cuando defendía que el
círculo era la más perfecta de las formas. De algún modo, tuvo que abandonar su sueño
de perfección para aproximarse a la verdad.
En su epitafio (escrito por él mismo), puede leerse: «Me acostumbré a medir los cielos;
pero ahora debo medir las sombras de la Tierra. A pesar de que mi alma sea del cielo,
la sombra de mi cuerpo yace aquí».
Bibliografía
Aos ombros de gigantes, Stephen Hawking.
O Universo proibido, Lynn Picknett e Clive Prince.
Criação imperfeita, Marcelo Gleiser.
Imágenes
Ilustración Newton (ia): Maklay62 en Pixabay
Ilustración sistema solar: WikiImages en Pixabay

12
El poder del arte
ROBE

Joan Bara
Recuerdo que, tras escribir el filo rock dedicado a uno de los temas del último trabajo de
Robe, Nada que perder (https://www.revistaesfinge.com/2024/01/nada-que-perder-
robe/), me prometí espaciar los artículos dedicados a él. Sin embargo, el destino quiso
llevarme la contraria e hizo que varios factores externos e internos urdieran una trama
para que esto no sucediera, lo que paso a relataros.
Era uno de esos días en que, casi al mismo instante en que abandonamos los brazos de
Hipnos, somos conscientes de que no va a ser un día perfecto. Quiero decir que, sin
ningún motivo aparente que lo justifique, nos despertamos de mal humor (irritables,
avinagrados; de mala leche, vamos). Por mucho que intentamos encontrar un motivo
causante de ese incordio emocional, no aparece por ningún lado.
Por lo tanto, intentamos sobrellevar el temporal anímico de la mejor manera posible.
La filosofía práctica acude en nuestra ayuda y recordamos algunos consejos de antiguos
filósofos en cuanto a la formación del carácter para que este ataque psíquico no pase a
mayores.
Sin embargo, el catalizador que puso fin a ese mal humor fue el divino Beethoven. Con
motivo de la celebración del 200 aniversario del estreno de la Novena sinfonía, tuve el
placer de acudir a una audición de la misma.
¡Y se produjo el milagro!
Tras los primeros compases del primer movimiento (Allegro ma non troppo, un poco
maestoso), quedé atrapado por esta maravilla artística y mi alma se reconcilió consigo
misma, desapareciendo casi instantáneamente la irritación que arrastraba.
Al salir del auditorio, una compañera que asistió conmigo al concierto (no habituada a
la música clásica) comentó la agradable sensación que la Novena de Beethoven le había

13
producido. Coincidí con ella y, aunque suelo utilizar otro tipo de autores (Vivaldi, Bach)
para elevar mis estados de ánimo negativos, llegamos a la conclusión de que la buena
música y el buen arte en general son un poder muy grande. Un poder que no solo nos
produce placer cuando escuchamos música, sino que es capaz de transformar nuestro
estado de ánimo e incluso nuestro estado físico.
Y fue entonces cuando recordé a Robe. Como he dicho antes, su último disco es un buen
pozo de donde extraer excelentes canciones para desarrollar en este espacio filosófico.
Pero hay una que destaca por encima de todas. Dura alrededor de nueve minutos y
cuando al final de la canción escuchamos a Robe con su broma del napalm extraída de
la película Apocalipsis Now, desearíamos que la canción no terminase todavía. En
realidad, podría durar mucho más e incluso podía haber sido un disco conceptual de
un solo tema dividido en varias partes, como Mayéutica o La ley innata. Pero esto no
es rock progresivo (o sí) sino transgresivo, es Robe en estado puro. Posiblemente, desde
mi punto de vista, una de las mejores canciones de su longeva carrera. En realidad, creo
que con el tiempo se valorará más si cabe este «temazo», una auténtica obra maestra.
El poder del arte comienza con un violín y un clarinete interpretando a Debussy (La
fille aux cheveux de lin). Es común en Robe recurrir a pasajes de música clásica en
algunas de sus interpretaciones. Recuerdo con especial agrado el solo de guitarra de
Dulce introducción al caos (La ley innata) con un fragmento de Bach (Cantata 147).
Cabe recordar la formación clásica de Iñaki «Uoho» (guitarra de Extremoduro) y su
predilección por Bach.
A tal punto ha llegado a impactar este tema que incluso el prestigioso Museo del Prado
ha incluido un vídeo con la música de esta canción y algunas imágenes de pinturas del
museo. Concretamente, Robe comenta en la página web del museo:

14
«La palabra inerte (‘sin vida’) procede del latín iners inertis, que está formada por el
prefijo in- (‘sin’) y la raíz ars artis (‘arte’). ¿Es casualidad o es que en algún momento
nos dimos cuenta de que “sin arte” es lo mismo que “sin vida”? La pintura no necesita
música, ya tiene. Y la música no necesita imágenes, ya tiene. Somos nosotros los que
necesitamos que alguien nos salve de una vida inerte. Gracias, Museo del Prado».
Precisamente, el mensaje de esta canción habla de algo relacionado con lo que me pasó
tras escuchar la Novena del maestro de Bonn: el poder transformador y curativo de la
música.
Tras hacer un breve recuerdo de experiencias y adicciones pasadas:
Demasiada droga hasta para mí.
Ojalá que te hubieras quedado conmigo aquí.
Demasiadas horas solo para mí.
Me he quedado atrapado en el puto pasado y no puedo salir.
Robe expone que, a pesar de que vivimos en un mundo mejorable y de que por
momentos parece un sinsentido, podemos agarrarnos a la música.
Pues canta otra cancioncita enjuagadora
y que tenga propiedades demoledoras,
que me derrumbe el alma, que me derrumbe entero,
que me reviente el alma y que me reviente dentro.
Y la catarsis final es un baño de esperanza, no todo está perdido:
Tal vez, si pudiera hablarte
de si fuera cierto
que el poder del arte

15
bien nos pudiera salvar
de una vida inerte,
de una vida triste,
de una mala muerte,
bien nos pudiera salvar.
Hace 2500 años, Anaxágoras, un filósofo presocrático, nos habló de su teoría de las
formas. Aunque es algo compleja y no la voy a desarrollar en este artículo, una de sus
claves sí la considero adecuada. Él nos diría que la forma es importante para atraer
ideas bellas. Así, según Anaxágoras, rodear al ser humano de formas bellas serviría para
mejorar su carácter.
Filodemo de Gadara, poeta y filósofo epicúreo, en su obra Sobre la música, explica que
la música produce en el alma un equilibrio que permite alcanzar todas las virtudes. Por
medio de ella, el niño manifiesta su valor y su inteligencia y adquiere respeto hacia la
justicia.
Para Platón, la música junto a la gimnasia era la base de la educación. La música era
clave para el desarrollo y la armonía del alma. En relación con la educación, cumplía la
función de equilibrar, de conseguir una vida armónica entre los placeres y los dolores.
Recuerdo una entrevista que le hacían a Mikel Izal en la que hablaba de su predilección
por Robe y la opinión que este tenía sobre la música, de lo que era bueno y malo, de lo
que tiene calidad. Que no siempre lo que más gente escucha tiene que ser lo bueno
porque entonces, ¿qué pasa con la música clásica? Podéis encontrar la entrevista en
este enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=lHlPJF8vfUg

16
«Que le guste a mucha gente no quiere decir nada, porque la mayoría de la gente es
idiota. Que un grupo sea mejor porque le guste a más gente, entonces ¿qué sería lo
mejor?, ¿las canciones del verano? ¿Sería la música clásica una puta mierda? Yo no lo
creo. ¿Eres mejor si te aguanta o le gusta a mucha gente o si a poca gente le gusta
mucho?» (Robe).
Este es Robe, es directo, no es políticamente correcto y no teme enfrentarse a la críticas.
En realidad, nunca le han importado demasiado. Tras una vida llena de experiencias
de todo tipo, es evidente que está en su mejor momento a nivel artístico. Posiblemente
se deba a que su vida personal también esté en un buen momento. Él está convencido
de que sigue el camino correcto, y nunca se ha vendido a las normas impuestas por la
industria musical. Cuando era ignorado por los medios, que solo lo buscaban para
hablar de su relación con las drogas, él los ignoraba y seguía componiendo. Ahora que
es elogiado por todas partes sigue fiel a sus ideas. Sigue creyendo en el camino de las
utopías.
Y por encima de todo sigue creyendo en el poder del arte.
Imágenes
Ilustración arte clásico acuarela: Maklay62 en Pixabay
Manzana y música:1tamara2 en Pixabay
Templo clásico: Maklay62 en Pixabay

17
Nasrudín y
LAS MIL Y UNA NOCHES

José Carlos Fernández


He leído por fin Las mil y una noches, una delicia, y me he quedado muy impresionado
de que apareciesen historias de Nasrudín, en su nombre de Hodja, que en la versión
leída llaman Goha.
Esta traducción es la de Ediciones 29, traducida por Jacinto León Ignacio de la versión
francesa, ya clásica de J. C. Mardhus (1899-1904) directamente del árabe.
La historia de las traducciones de Las mil y una noches es un auténtico laberinto (en
algunas no aparece la historia de Ali Babá ni la de la lámpara mágica de Aladino, aunque
hay una muy semejante); y como tal lo presentó Jorge Luis Borges en su ensayo Los
traductores de las 1001 noches, aparecido en el libro Historia de la eternidad. Un tema
también recurrente en sus conferencias, como vemos aquí1.
Pero lo que me ha llamado la atención es que nadie, al parecer, se ha dado cuenta de
que figuran historias de Nasrudín en esta obra colosal. En internet, por lo menos, no
aparece ninguna correlación, quizás porque en Las mil y una noches aparece como
Goha, pero es él indudablemente.
El gran divulgador en Occidente, en 1966, de las aventuras del filósofo humorista
Nasrudín fue Idries Shah, con una recopilación de entre sus miles de historias y cuentos
asociados que lo ha convertido en uno de los personajes-bandera de Turquía, e incluso
se muestra una lápida en la ciudad de Aksehir, y en dicha ciudad se celebra un festival
internacional entre el 5 y el 10 de julio de cada año.

1 Véase también su bella conferencia https://borgestodoelanio.blogspot.com/2015/04/jorge-luis-borges-las-mil-y-una-


noches.html

18
Las historias narrativas de este personaje semilegendario, que ha llegado a ser
considerado como un Quijote islámico, se han convertido en patrimonio inmaterial de
la UNESCO. Muchos países reclaman su nacimiento y sus historias se extienden hasta
la China, y se supone que vivió en torno al siglo XIII.
Veamos entonces lo que dicen Las 1001 noches sobre Goha:
«Algunas gracias y teorías del amo de los chistes y de la risa: En los anales y libros de
los sabios antiguos que hasta nosotros han llegado, se cuenta que, en la ciudad de El
Cairo, mansión de la gracia y del chiste, vivía un hombre de apariencia estúpida, quien,
bajo su exterior de bufón extravagante, ocultaba un fondo sin igual en fineza, sabiduría,
inteligencia y sagacidad, aparte de que era el hombre más amable, instruido y espiritual
de su tiempo. Se llamaba Goha y carecía de oficio, aunque se le había ocurrido ejercer
el de predicador en las mezquitas».
Y a continuación viene toda una serie de historias que incluyen ocho de las noches de
las mil y una. Voy a seleccionar unas pocas, y dejaremos algunas que son un poco rudas
o de un erotismo subido.
Una de estas historias hace referencia a ser un cisne y no un patito feo:
«Cierto día sus amigos le dijeron:
—¡Goha! ¿No te avergüenza pasar la vida en la holgazanería y no usar los diez dedos de
tus manos más que para llevarte algo a la boca? ¿No crees que ya es hora de que acabes
esa vida de vagabundo y te amoldes a los usos de todo el mundo?
Nada respondió a todo esto, pero otro día, en que atrapó una cigüeña muy grande y
hermosa, de alas magníficas, que le permitían volar muy alto en el cielo, de pico
prodigioso, que era el terror de las demás aves, y de patas como tallos de lirio, subió a la

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terraza y, en presencia de ellos, que le habían reprochado su vida, le recortó las plumas
de las alas con un cuchillo, así como el prodigioso pico y las encantadoras patas finas.
Luego, arrojándola al vacío, le gritó:
—¡Vuela, vuela!
Sus amigos, escandalizados, le dijeron:
—¡Goha! ¡Que Alá te maldiga! ¿Por qué cometes esa locura?
Y él les respondió:
—¡Me fastidiaba esa cigüeña porque no era igual a los otros pájaros! Ahora he conseguido
que se les parezca».
Otra divertida:
«Otro día, un amigo llamó a la puerta de Goha y le dijo:
—¡Por la amistad que nos une, préstame tu asno, pues debo hacer un viaje urgente!
Goha, que confiaba poco en aquel amigo, le respondió:
—Bien quisiera prestártelo, pero ya no lo tengo, pues lo he vendido.
En aquel preciso instante el asno comenzó a rebuznar en el establo, y el amigo, al oírlo,
dijo:
—¡Tu asno está ahí!
Muy ofendido, le respondió Goha:
—Así que crees al asno y no me crees a mí! ¡Vete, que no te quiero ver más!».
Y una última:
«Cierto día, Timur Lank, que además de cojo con un pie de hierro, era tuerto y
horriblemente feo, se entretenía conversando acerca de varias cosas con Goha. Llegó el
barbero de Timur y, tras rasurarle la cabeza, le ofreció un espejo para que se viera. Timur
rompió a llorar y, contagiado, Goha se deshizo en lágrimas, suspiros y gemidos durante

20
tres horas. Hacía ya tiempo que Timur se había serenado y no por eso se lamentaba menos
Goha. Asombrado, el tártaro le preguntó:
—¿Qué te ocurre? Si yo lloraba, era porque al mirarme en el espejo de este maldito barbero
me he encontrado feo de veras. Pero ¿qué motivos tienes tú para verter tantas lágrimas y
lamentarte de ese modo?
Goha replicó:
—Con el debido respeto a mi soberano, tú te has visto un momento en el espejo y ha sido
suficiente para que llorases durante dos horas. ¿Qué tiene de extraño que tu esclavo, que
te ve durante todo el día, llore más tiempo aún?».
En realidad, la mayor parte de las historias recogidas en esta edición no son destacables
salvo las escritas, y cinco o seis son zafias y obscenas. A diferencia de otros países, las
memorias conservadas o historias atribuidas en la misma no tienen la categoría moral
ni el genio paradójico o de violentas metáforas y enseñanzas que hallamos en otras
versiones.
Sin embargo, sirva para probar que también dejaron una huella en esta colección de
cuentos las aventuras del filósofo humorista.

Imágenes
Palacio media luna:Dain Lim en Pixabay
Jardín árabe: Ivana Tomaskova en Pixabay
Mujer árabe: Makvana Devanashkumar en Pixabay
Vela (ia): abdullah al maruf en Pixabay
hombre árabe:L Moonii en Pixabay

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Vandana Shiva y la
BIODIVERSIDAD

Margarita Besteiro

«Mi religión es la Justicia»


Tomando como referencia la figura de Vandana Shiva, una mujer hindú que está
considerada como la ecologista más carismática del momento actual, vamos a
acercarnos a algunos planteamientos de gran actualidad en ecología y desarrollo
sostenible.
Vandana Shiva nace en Dehradun, al pie de los Himalayas, y estudia ciencias físicas en
Ontario, Canadá. Pero seis años después de doctorarse, abandona su carrera y regresa
a la India «porque comprendí que no debía aliarme con los poderosos».
Dos son los motivos que subyacen en su decisión: el fracaso de la Revolución Verde que
se vincula al terrorismo del estado de Punjab y el desastre de Bhopal.

El fracaso de la Revolución Verde


La Revolución Verde es una iniciativa internacional de Naciones Unidas y el Banco
Mundial, que crean el CGIAR (Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola
Internacional) del que forman parte el CIMMYT (Centro Internacional de
Mejoramiento de Maíz y Trigo) y el IRRI (Instituto Internacional sobre el Arroz). Su
objetivo es alcanzar mayores rendimientos en las cosechas de cereales; con ello se
pretendía erradicar el problema del hambre en amplias zonas del Tercer Mundo.
Tras la independencia, los gobiernos de la India buscan un relanzamiento de la
agricultura basado en los métodos tradicionales, pero son convencidos por los
organismos monetarios internacionales (FMI, Banco Mundial, etc.) para poner en
marcha la Revolución Verde.

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La Revolución Verde está basada en la utilización de semillas VAR (variedades de alto
rendimiento) diseñadas por Norman Borlaug en la Fundación Rockefeller. Para
conseguir estos altos rendimientos de grano, se necesita el consumo reiterado de
fertilizantes químicos, herbicidas, pesticidas y asegurar el regadío. Frecuentemente, si
falta alguno de estos elementos, el rendimiento cae por debajo del habitual.
Aunque la Revolución Verde redujo las hambrunas de las poblaciones del sudeste
asiático, produjo otros problemas.
La utilización del regadío en terrenos poco drenados provocó una salinización del suelo,
lo que los convirtió en suelos no aptos para la agricultura. La pérdida de la cubierta vegetal
junto con las torrenciales lluvias monzónicas propiciaron una alarmante erosión de los
terrenos. Hoy el 10 % del estado de Punjab es un desierto, y en las zonas no desertizadas,
la productividad es muy inferior a la que había antes de la Revolución Verde.
La masiva tala de bosques, convertidos en zonas agrícolas, deterioró gravemente el
equilibrio ecológico de las zonas afectadas.
La desinformación de los agricultores sobre la peligrosidad de los productos químicos
que utilizaban les llevó a usarlos con las manos desnudas y a almacenarlo, junto con la
comida, en los mismos recipientes que se utilizaban para cocinar, lo que fue causa de
muchas muertes de las que apenas se tienen noticias.
La mecanización hizo inviables las parcelas pequeñas características de la agricultura
de subsistencia; esto obligó a muchos campesinos a vender sus tierras y se convirtieron
en desarraigados. Además, la necesaria compra de abonos y plaguicidas produjo un
grave endeudamiento, que se saldó con un gran número de suicidios y mayor
desarraigo.

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El terrorismo del Punjab no fue debido a la Revolución Verde, sino a causas políticas
(pérdida de autonomía de los diferentes Estados indios tras la marcha de los ingleses),
pero se nutrió del gran número de campesinos desarraigados para engrosar sus filas.
Se calcula en más de 30.000 los muertos causados por el terrorismo, siendo Indira
Gandhi el personaje más famoso de esta guerra no declarada.

El desastre de Bhopal
Bhopal fue el detonante que motivó el regreso de Vandana Shiva a la India.
En la noche del 3 de diciembre de 1984 una nube de gas tóxico, procedente de una
fábrica norteamericana de pesticidas, ocasiona la catástrofe industrial más mortífera
de la historia: se calcula que en la primera noche pudieron morir entre 3000 y 8000
personas, en su mayoría procedentes de un barrio de chabolas. Los efectos devastadores
del gas isocianato de metilo causaron unos 30.000 muertos y más de 500.000 heridos,
que todavía hoy siguen sufriendo las consecuencias de la tragedia.
El desastre de Bhopal fue agravado por la desinformación sobre los productos químicos
que almacenaba la fábrica. Incluso cuando los forenses propusieron como agente al
ácido cianhídrico, los médicos no tuvieron en cuenta tal hipótesis porque siempre se
había asegurado que en la fábrica no existían productos de alto riesgo para la salud, que
la fábrica de pesticidas era «tan inofensiva como una fábrica de chocolatinas».

El movimiento Chipko
Las primeras actuaciones de Vandana Shiva en la India están relacionadas con el
movimiento Chipko (palabra hindi que significa ‘abrazo’), del que se convirtió en
portavoz.

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El origen del movimiento Chipko está relacionado con la historia de una mujer, Amirta
Devi y más de trescientos integrantes de la comunidad de Bishnoi en Rajasthan que,
en el siglo XVII, sacrificaron sus vidas para salvar los árboles sagrados, abrazándose a
ellos.
Aunque se considera heredero de esa tradición, el movimiento Chipko que conocemos
hoy comienza en 1973 y tiene como objetivo evitar la tala comercial de árboles en las
laderas de los Himalayas. En palabras de sus componentes: «El bosque es nuestra
madre. Cuando falta comida venimos aquí a recoger hierbas y frutas secas para
alimentar a nuestros hijos. Encontramos plantas y recogemos hongos en este bosque».
«Para la concepción del mundo que representan las mujeres de Chipko, la naturaleza
es Prakriti, que es creadora y fuente de riqueza».
Un gran número de mujeres se unieron al movimiento cuando se dieron cuenta de que
las frecuentes inundaciones y desprendimientos de tierras que sufrían eran provocados
por la deforestación.
Posteriormente, el movimiento se ha extendido a partir del trabajo de mujeres que, de
pueblo en pueblo y a través de cuentos y canciones, difunden la idea de que los bosques
naturales son sistemas en los cuales se cimenta otra forma de vida.
En 1987, las mujeres del movimiento Chipko recibieron el premio Right Livelihood
Award conocido como Premio Nobel Alternativo.
El movimiento Chipko es fundamentalmente femenino porque en la India la vinculación
de la mujer con la naturaleza es mucho mayor por su papel de recolectoras de forraje,
combustible y agua, mientras que los hombres a menudo emigran en busca de trabajo
u obtienen pequeños beneficios del «desarrollo».

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Ecofeminismo
Esta desigual posición del hombre y la mujer frente a la idea de la preservación de la
naturaleza en el Tercer Mundo es la base del ecofeminismo.
El ecofeminismo considera que el movimiento feminista y el movimiento ecologista
tienen objetivos comunes y deberían trabajar conjuntamente en la construcción de
alternativas teóricas y prácticas.
Para Vandana Shiva, la explotación y destrucción de la naturaleza es intrínseca al
modelo de desarrollo económico industrial dominante basado en el crecimiento
tecnológico y económico. Se ha cambiado la relación del hombre con la naturaleza
(entendida en la cosmología india como la Madre Tierra) para situarlo por encima de
ella y otorgarle la capacidad de controlarla y dominarla, como si la naturaleza fuera
inerte y pasiva. Pero «la ciencia que no respeta las necesidades de la naturaleza y el
modelo de desarrollo que no respeta las necesidades de las personas amenaza la
supervivencia».
Vandana Shiva, considerada hasta ahora como la voz del ecofeminismo en el Tercer
Mundo, es tachada de «esencialista», porque considera que existe un vínculo especial
de la mujer del Tercer Mundo con la naturaleza, por el hecho mismo de ser mujer.
Últimamente han surgido nuevos planteamientos entre las ecologistas del Tercer
Mundo sobre la relación entre la naturaleza y la mujer, y así aparece el nuevo
«feminismo ecológico», que considera que esa vinculación no es esencial y depende del
entorno cultural que rodea a cada mujer concreta. Así, la relación de las mujeres con el
medio ambiente tomará formas distintas de acuerdo a la clase social, casta, raza, etc., a
la que pertenecen.

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«No creo que las mujeres sean más ecológicas, pero la mayoría de las culturas que han
conservado la naturaleza han diseñado la vida alrededor de la energía de la vida
femenina».

Fundación Mujeres Diversas para la Diversidad


La mecanización provocada por la Revolución Verde tuvo un impacto mayor sobre las
mujeres que sobre los hombres, puesto que eran ellas las que se dedicaban
preferentemente a labores manuales tales como el descascarillado del arroz, la
recolección de estiércol animal o el acopio de agua.
En 1987 Vandana Shiva crea una pequeña cooperativa de mujeres que pretende implantar
un sistema de agricultura ecológica. Para poder acogerse a la ayuda estatal, su pequeña
cooperativa debe tener un nombre: así surge la Fundación para la Investigación de las
Ciencias, la Tecnología y la Política de Recursos Naturales de Mujeres Diversas para la
Diversidad, el nombre más largo que se le ocurre para que no quepa en los casilleros.
Una de las labores que afronta la cooperativa es la recuperación de cultivos autóctonos
que habían sido desplazados por el monocultivo de especies comerciales impulsado por
la Revolución Verde, así como la rentabilización de los mismos sin utilizar elementos
externos, aprovechando la capacidad de la naturaleza para producir.
Se recuperan patrones de cultivo tradicionales como el denominado baranaja, que
significa, literalmente, ‘doce semillas’ y es típico de las tierras de secano de los
Himalayas. Las semillas de doce diferentes cultivos (con frecuencia más de doce) se
mezclan y luego son sembradas al azar en un campo que es fertilizado con estiércol de
vaca y abono de corral. La relación entre diferentes plantas conduce a la simbiosis, lo
que aumenta la productividad de los cultivos.

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La agricultura ecológica está obteniendo una rentabilidad más alta que la convencional,
como lo reflejan también los informes de la FAO.
En la agricultura convencional, el mejoramiento de las plantas se ha basado en la
«intensificación» del rendimiento del producto deseado a expensas de las partes de la
planta no deseadas. Sin embargo, el producto «deseado» no es el mismo para el
agronegocio y para los campesinos del Tercer Mundo. Qué partes de un sistema agrícola
son tratadas como «no deseadas» depende de la clase y del género al que uno
pertenezca. Lo que el agronegocio puede considerar como no deseado podría ser
deseado por los pobres.
En la agricultura de la India, las mujeres utilizan hasta 150 especies diferentes de
plantas como medicina, comida o forraje, que la industria de biotecnología llamaría
hierba mala. Para los más pobres esta biodiversidad es la fuente más importante para
la supervivencia. Al oeste de Bengala, se colectan 124 especies de hierba mala de los
campos de arroz que tiene importancia para los agricultores locales. En un pueblo de
Tanzania, más del 80% de los platos de verduras son preparados con plantas no
cultivadas.

Biodiversidad
La diversidad biológica o biodiversidad es algo de lo que se habla mucho en estos
tiempos pero no siempre sabemos cuáles son los contenidos de esa palabra. Incluso
entre los biólogos existen importantes diferencias al respecto, aunque todos parecen
estar de acuerdo en considerarla «indicador de una naturaleza saludable».
Podríamos definir la biodiversidad como «la riqueza de organismos vivos, de cualquier
naturaleza o complejidad, así como la de los ecosistemas donde viven, que configuran

28
la variación existente entre las especies o dentro de ellas». La biodiversidad incluye la
diversidad genética y la de comunidades o ecosistemas y depende tanto de las
condiciones ambientales como de los procesos evolutivos que la generan y mantienen.
La diversidad biológica es un valor esencial para el funcionamiento de la biosfera, por
lo que su mantenimiento es absolutamente necesario para el desarrollo sostenible de
todos los pueblos y para el bienestar de la humanidad.
La causa fundamental de la crisis de la biodiversidad actual es el enorme crecimiento
de la población humana, junto a la desigual distribución de la riqueza y los recursos.
Esta pérdida masiva de biodiversidad, «ecocidio», es debida al efecto acumulado del
impacto de la química de síntesis, de la fisión del uranio, de la extracción de minerales,
de la transformación de bosques en campos de cultivo y en pastos, del agotamiento de
los recursos forestales, del uso de tecnologías inapropiadas que calientan la atmósfera
y comportan un cambio climático global... En definitiva, es la consecuencia de un
modelo de producción y consumo basado en la ausencia de límites.
La pérdida de diversidad biológica no se limita a la pérdida de especies, sino que afecta
también a la diversidad genética. Cuanto mayor sea la variabilidad genética de una
especie, más diferentes entre sí serán los miembros de la misma y, por tanto, mayor
también la probabilidad de que algunos sobrevivan en determinadas circunstancias. La
disminución de la base genética limita las posibilidades de la naturaleza de
experimentar y de responder con éxito ante situaciones nuevas.
Microbios, plantas, hongos e incluso animales silvestres son cruciales para la obtención
de medicamentos. En muchos casos es posible sintetizar fármacos en el laboratorio,
pero en general, antes de fabricar una sustancia química útil hay que descubrirla para
copiarla. El mundo es una farmacopea natural. Constantemente se descubren nuevos

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medicamentos, muchos de ellos gracias a la sabiduría popular generada por la
biodiversidad cultural. Fármacos muy recientes, como las sustancias anticancerígenas
presentes en el fruto de la kigelia africana y en la corteza del tejo del Pacífico o del
europeo, muestran hasta qué punto seguimos dependiendo de las especies silvestres
para la calidad de la salud humana. Para el avance de la medicina también es
imprescindible el conocimiento de los recursos utilizados por los animales para
sobrevivir y afrontar su propia vida. La biodiversidad es un botiquín que contiene
medicamentos para curar muchas enfermedades, presentes y futuras.

Navdanya
En 1992, impulsado por la Fundación de Investigación para la Ciencia, la Tecnología y
la Ecología surge el movimiento Navdanya para la Conservación de la Biodiversidad a
través de la promoción de una agricultura sostenible y biológica.
Navdanya significa ‘nueve semillas’ o ‘nueve regalos’, en referencia a los nueve planetas
de la cosmogonía hindú. Todo en el seno de la asociación recrea un cosmos que se rige
por las eternas leyes de la naturaleza y la cultura campesina.
The Navdanya Farm está a pocos kilómetros de Dehradun, la capital del Estado indio
de Uttaranchal, al pie de los Himalayas. Es una granja en la que se cultivan 250
variedades de arroz, entre otros cultivos, recuperadas de los monocultivos de eucaliptos.
La fundación Navdanya tiene como objetivo proteger, mediante la catalogación y la
declaración de propiedad común, las variedades locales de semillas frente a las patentes
privadas de grandes corporaciones. Navdanya trabaja con los agricultores creando
bancos de semillas autóctonas de libre uso, al margen de la legislación oficial sobre
patentes. Con la creación de este tipo de bancos genéticos en áreas rurales, la

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organización de desarrollo Navdanya persigue un doble fin: preservar las especies
tradicionales amenazadas con pasar al olvido y recopilar los conocimientos
tradicionales. Esto servirá también como prueba a la hora de defender los derechos
colectivos.
Navdanya comenzó esta labor de rescate de semillas en los Estados de Uttaranchal y
Uttar Pradesh (al sur de los Himalayas), en tramos de terreno divididos en terrazas, sin
uso de agroquímicos. Actualmente la fundación Navdanya cuenta con veinte bancos de
semillas en siete Estados de la India, que han recuperado más de 1500 variedades de
arroz, así como centenares de variedades de mijo, de legumbres, de semillas para aceite
y de otros vegetales.
Pero ha sentado precedente: han surgido numerosas asociaciones en la India y el resto
del mundo, en Georgia, en el sur de Africa y en Asia, sobre todo en Tailandia, donde
proliferan los grupos de pequeños agricultores que prueban nuevas formas de
autosuficiencia basadas en explotaciones colectivas, nuevos cultivos como plantas
medicinales y productos orgánicos o sin pesticidas, muchos de ellos vinculados a centros
de investigación como el de la Universidad de Kasetsart.
En la fundación Navdanya también se enseña cómo producir alimentos respetando
la naturaleza y dispone de tiendas para el suministro agrícola e instalaciones para
almacenar las cosechas. Se realiza una labor pedagógica constante para «concienciar
a los campesinos indios de los efectos negativos de los productos químicos y de las
especies modificadas genéticamente», y sobre las diferencias entre la economía
tradicional que respeta al hombre y la economía moderna que solo obedece al
mercado.

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Organismos genéticamente manipulados (gmo)
Desde el comienzo de la agricultura y el pastoreo en el Neolítico, hace 10.000 años, el
hombre ha manipulado genéticamente las especies animales y vegetales para obtener
otras diferentes.
De esta manipulación, basada exclusivamente en la reproducción, provienen animales
de características peculiares tales como la mula (híbrido de caballo y asno) o la famosa
oveja merina (cruzamiento de carneros norteafricanos de pelo negro muy sedoso con
ovejas churras de pelo blanco y áspero). En el campo de la floricultura no hay más que
darse una vuelta por una exposición de rosas, camelias, tulipanes… para observar el
éxito de estas manipulaciones.
Algunos de estos experimentos dieron como resultado especies híbridas, sin capacidad
de reproducción, pero otros dieron especies con capacidad reproductiva que se
siguieron cruzando para mejorar la variedad obtenida.
En ambos casos podemos decir que se contó con el beneplácito de la naturaleza: los
experimentos se realizaron conforme a sus leyes y ella, como tal, tuvo la capacidad de
intervenir para dar un sí o un no al resultado, e incluso decir «hasta aquí», como en el
caso de las especies híbridas.
Pero los «organismos genéticamente manipulados» constituyen algo completamente
diferente. En muchas ocasiones se sitúan al margen de la naturaleza, porque mezclan
elementos genéticos de especies que no son afines y que la naturaleza no podría cruzar.
Así, por ejemplo, la oveja Tracy es una «invención biotecnológica» que recibe el nombre
de «célula de mamífero biorreactiva» porque sus glándulas mamarias han sido
modificadas, mediante la introducción de genes humanos, para que produzcan la

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proteína alpha-i-antitrypsin, presente en la leche materna. De los 550 óvulos a los que
se les introdujo ADN humano, 499 sobrevivieron y se trasplantaron en ovejas, pero solo
nacieron 112 corderos, de los cuales solo 5 habían incorporado el ADN humano; de ellos,
solo 3 produjeron la proteína alpha-i-antitrypsin, en dos casos 3 gramos/litro de leche
y Tracy, 30 gramos/litro de leche. Debido al bajo rendimiento del experimento, se
decidió duplicar a Tracy, lo que llevó a la clonación animal y la «creación» de Dolly.
Los primeros experimentos en ingeniería genética se basaron en el concepto de
«determinismo genético», según el cual cada carácter específico de un organismo está
encodado en un gen específico, estable, de forma que la transferencia de un gen da como
resultado la transferencia de un carácter.
Pero, actualmente, la mayoría de los biólogos y la comunidad intelectual, rechaza esa
concepción extrema del determinismo porque no tiene en cuenta las complejas
interacciones entre los genes y sus productos que intervienen en el desarrollo de todos
los caracteres, por lo que es imposible predecir las consecuencias de transferir un gen
de un tipo de organismo a otro. Por eso, ahora prefiere hablarse de «genoma fluido».
En las plantas transgénicas ya comercializadas, se observa un problema de
bioseguridad, que se manifiesta de diferentes maneras:
* Los factores ambientales y otros factores endógenos (por ejemplo, edad de la planta
madre) desestabilizan el material transgénico, de tal forma que los genes transferidos
pueden mutar, trasponerse o reubicarse dentro del genoma, e incluso ser transferidos
a otro organismo.
* En la progenie de plantas transgénicas no híbridas se observaron ampliaciones o
pérdida de genes no relacionados con el carácter manipulado.

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* Los resultados de los cultivos transgénicos son diferentes en el ambiente controlado
de los viveros de investigación y en los campos de cultivo.
* Los rasgos genéticos de los cultivos pueden ser transferidos a especies afines silvestres.
Dado que una manipulación genética habitual es la tolerancia a los herbicidas, la maleza
podría transformarse en «supermaleza», es decir, maleza inmune a los herbicidas.
* Esta capacidad de la naturaleza de copiar información genética podría convertirse en
un desastre de incalculables dimensiones si copiase la tecnología exterminadora
(Terminator) que destruye la capacidad de germinación de la semilla.
* Otro rasgo habitual de los cultivos transgénicos es el componente Bt que hace que las
plantas produzcan continuamente una toxina contra posibles plagas, lo que genera en
estas un aumento de la resistencia al Bt (ya hay ocho especies de insectos que
desarrollaron resistencia a las toxinas Bt); así podrían crearse «superplagas» inmunes
a los nuevos pesticidas. La toxina Bt está ya actuando sobre especies benéficas como
pájaros, abejas, mariposas y escarabajos, que son necesarias para la polinización y para
el control biológico de las plagas. También se la vincula con la creación de nuevas
variedades de virus especialmente resistentes.
No está demostrado que las toxinas de los transgénicos no provoquen reacciones
adversas en los seres humanos. La toxina Bt se ha relacionado con infecciones oculares
severas que pueden provocar la ceguera, especialmente en individuos con bajas defensas
inmunológicas.
Por otra parte, la ingeniería genética ha saltado los limites de la ciencia oficial: en agosto
de 2004, los periódicos de Bogotá difundieron una noticia sobre el descubrimiento de
una plantación de cocaína transgénica, que producía mayor cantidad de cocaína y de

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mejor calidad; se comentaba que las plantas eran más altas y de crecimiento más rápido.
También se planteaba la sospecha de que se estuviera investigando sobre cocaína
resistente a las fumigaciones aéreas de herbicidas.

Derechos de propiedad intelectual


Las patentes se asocian con la creatividad y la invención. Son un derecho exclusivo
concedido a un inventor para que haga, produzca, distribuya y venda el producto
patentado o para que utilice procesos patentados.
Históricamente, el derecho de patente fue elaborado para estimular la transferencia y
comercialización de tecnología, pero hoy el principal motivo para sacar una patente es
bloquear sectores técnicos, no explotar la invención. El sistema de patentes no estimula
la generación de tecnología y mucho menos su difusión.
Las patentes evidencian un conflicto entre la propiedad privada (creación de
monopolios, beneficios privados) y el interés público y los beneficios sociales de la
ciencia y la tecnología.
Cada Estado soberano desarrolló su propia legislación buscando un equilibrio entre los
intereses particulares de los inventores y el interés social en función de sus condiciones
éticas y económicas.
Algunos Estados, como India o Brasil, excluyeron las patentes relacionadas con la
biología, lo que incluía los sectores farmacéuticos, alimentarios, agroquímicos… Esto
permitió que se fabricaran y vendieran en la India por siete rupias medicamentos que
en EE.UU. costarían el equivalente a setecientas rupias.
Las multinacionales consideraron que esa legislación era lesiva para sus intereses, por
lo que, usurpando la función legislativa de los Parlamentos, constituyeron un grupo

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formado por tres asociaciones de multinacionales americanas, europeas y japonesas
que desarrolló la normativa conocida como TRIP (Trade-Related Industrial Property
Measures, el equivalente a derechos de propiedad intelectual en inglés), que luego fue
aprobada sin modificaciones por el Congreso de EE.UU.
La ortodoxia del TRIP se basa en la idea engañosa de que la gente no innova ni genera
conocimientos a menos que pueda obtener un beneficio privado. Sin embargo, «la
codicia no constituye un hecho fundamental de la naturaleza humana». El conocimiento
es, por su propia naturaleza, una empresa colectiva y acumulativa, se basa en el
intercambio dentro de una comunidad. Los TRIP niegan la creatividad de las sociedades
tradicionales y de la comunidad científica moderna en la que el intercambio libre de
ideas es precisamente la condición de la creatividad, no su antítesis.
Desde 1987, la OMC (Organización Mundial de Comercio) presiona a los Estados de
todo el mundo para que adopten esta normativa, que incluye entre otras cosas, las
patentes de vida, es decir, patentes desarrolladas sobre microorganismo, plantas,
animales, líneas celulares humanas, etc.
Ejemplos de la aplicación de esta normativa sobre patentes de vida:
* En 1995, el Gobierno de Estados Unidos se concedió a sí mismo una patente de una
línea celular obtenida de los Hagahai, un pueblo de Papúa Nueva Guinea; tuvo que ser
revocada ante la indignación mundial que la consideró «inmoral y poco ética».
* Una empresa francesa tiene un acuerdo con el Gobierno chino para recoger y patentar
el ADN de las tribus que habitan en regiones remotas.
* Una firma estadounidense posee la patente de todas las células del cordón umbilical
de los fetos y los niños recién nacidos.

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* El médico de John Moore patentó su línea celular sin su consentimiento, la vendió a
la industria farmacéutica y ello ha generado más de 3000 millones de dólares.
Aunque desde los países desarrollados esta cuestión de las patentes de vida se observa
muchas veces desde una perspectiva económica, no podemos descartar los problemas
éticos que plantea en poblaciones que tienen un tipo de conocimiento y de relación con
la naturaleza distinto del nuestro: «La cuestión no es quién va a ser el dueño de la vida,
sino si la vida puede ser propiedad de alguien».
«La patentabilidad de la vida no es un tema meramente relacionado con el comercio;
es en primer lugar una cuestión ética y ecológica: un asunto íntimamente vinculado a
la justicia social».
«Si la sociedad humana, en toda su diversidad, ha de enriquecerse ética, ecológica y
económicamente, hay que desarrollar alternativas a las patentes, puesto que estas reflejan
la arrogancia humana y tratan a los científicos de “creadores” de organismos vivos».

Biopiratería
La biopiratería es patentar la biodiversidad y los conocimientos tradicionales que se
basan en la innovación, la creatividad y el ingenio de las comunidades indígenas del
Tercer Mundo.
Muchos de los conocimientos que son «inventados», «patentados» y convertidos en
«propiedad intelectual» suelen ser una innovación actual de los sistemas de
conocimiento indígenas. De esta forma se están ignorando siglos de innovación
colectiva y acumulativa creada por generaciones de comunidades rurales. Esto es debido
a que las leyes de propiedad intelectual no protegen los sistemas de conocimientos de
las sociedades indígenas por ser considerados no científicos.

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Sin embargo, las pistas para encontrar características útiles en los organismos
biológicos se obtienen de los conocimientos tradicionales: el 94 % de los medicamentos
derivados de las plantas que más se venden contienen al menos un compuesto que posee
un uso probado en la medicina tradicional asociado a su uso terapéutico principal.
Patentar los conocimientos tradicionales hará que las semillas y las medicinas sean
inaccesibles para los pobres, cuya supervivencia se verá amenazada; tampoco podrán
exportar sus propios productos. Vandana Shiva considera preciso «reconocer las
innovaciones colectivas acumuladas de los países pobres respetando sus conocimientos
tradicionales a través de un sistema legal alternativo, basado en los derechos de la
comunidad».
Vandana Shiva, junto con Magda Aelvoet, presidenta de los Verdes en el Parlamento
Europeo en 1985, y Linda Bullard, presidenta de la Federación Internacional de
Movimientos por la Agricultura Biológica (IFOAM) entablaron una batalla legal de más
de diez años para revocar las patentes sobre el árbol nim de la India.
El árbol nim o neem, llamado también margosa, recibe el nombre científico de
Azadirachta indica, pero su nombre en sánscrito es Sarva Roga Nivarini (curador de
toda dolencia) y en la tradición musulmana, Sajar-e-Mubarac (árbol bendito). Se trata
de un árbol perenne de rápido crecimiento, de hasta veinte metros de altura que crece
en las regiones más áridas de la India.
Es mencionado en muchos textos antiguos, y autoridades de la medicina aryuvédica y
aria lo colocan en el pináculo de su farmacopea. La corteza, las hojas, las flores, las
semillas y la pulpa del fruto se utilizan para el tratamiento de una gran variedad de
enfermedades y molestias, desde la lepra y diabetes hasta úlceras, problemas de piel y
resfriados. El Upavanavinod, un antiguo tratado sánscrito que trata de silvicultura y

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agricultura, menciona al nim como la cura para suelos, plantas y animales enfermos.
Es un potente insecticida, eficaz contra veinte insectos, incluyendo langostas, algunas
especies de ortópteros, nematodos, larvas de mosquito, doríforas y gorgojos del
algodón.
Además de la utilización tradicional que del nim realizaban los campesinos y médicos
indios, la pequeña y mediana industria de la India desarrolló productos comerciales a
base de nim, como plaguicidas, medicamentos y cosméticos sin que nadie intentara
adquirir la propiedad intelectual de las fórmulas, puesto que la legislación india
consideraba los productos agrícolas y medicinas como no patentables.
En 1985, un norteamericano desarrolló un plaguicida a base de extractos de nim
llamado Margosan-O, que fue patentado. Desde ese momento, más de doce empresas
estadounidenses y japonesas patentaron en Estados Unidas fórmulas basadas en el nim.
Incluso una de estas compañías decidió instalarse en la India desde donde presiona a
las pequeñas compañías para que desmantelen sus industrias y se convirtieran en
abastecedores de semillas.
Después de un largo proceso judicial, el 8 de marzo de 2005, la Oficina Europea de
Patentes sostuvo su decisión, de cinco años antes, de revocar en su totalidad una patente
sobre un producto fungicida derivado de las semillas del nim.
Pero se trata de una amarga victoria: el precio de las semillas de nim ha subido,
situándose fuera del alcance de la gente normal; las semillas que antes estaban a
disposición de los agricultores y los curanderos indígenas gratuitamente, son recogidas
y compradas por la empresa estadounidense, los pobres han perdido el acceso a un
recurso vital para su supervivencia.

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Bioprospección
El Instituto Mundial de Recursos naturales define la «prospección de biodiversidad»
como la exploración de recursos genéticos y bioquímicos valiosos comercialmente. Los
contratos de bioprospección se basan en el consentimiento informado previo y la
compensación, a diferencia de la biopiratería, que no pide consentimiento ni ofrece
compensación alguna. Pero es imposible que todos los depositarios de la tradición sean
consultados y compensados por la propia característica del conocimiento colectivo que
pasa de generación a generación.
Así encontramos compañías de EUA y Europa realizando bioprospecciones de plantas
medicinales en diferentes estados de América Latina, Africa y Asia.
Para Vandana Shiva, la bioprospección es una piratería encubierta, entre otras razones
porque el recurso y sus productos aumentan significativamente de precio hasta ponerse
fuera del alcance de las comunidades donantes.
Según el RAFI (Fundación Internacional para el Avance Rural), si se tomara en cuenta
el aporte de la biodiversidad del Tercer Mundo y la innovación de campesinos y pueblos
tribales, los EE.UU. deberían a los países del Tercer Mundo 202 millones de dólares de
regalías en agricultura y 5097 millones de dólares en productos farmacéuticos.
La biopiratería y la bioprospección traen a la actualidad el debate sobre ética científica:
«Los científicos son responsables de cada pensamiento que tienen, de cada ecuación
que escriben, de cada consecuencia dentro de un sistema. No creo que podamos seguir
separando las cosas, “esto fue la ciencia”, y “la aplicación fue distinta”. Ya no hay una
división, porque hay una completa integración de nuestros sistemas de conocimientos
en el mundo comercial».

40
***
No sería justo terminar este trabajo sobre Vandana Shiva sin referirnos a otras muchas
actividades que desarrolla en campos ajenos a la ecología.
Vandana Shiva es colaboradora de Third World Network (Red del Tercer Mundo)
creada en Malasia en 1984 por el profesor Martin Khor; esta red internacional agrupa
a organizaciones e individuos comprometidos con la defensa de los derechos y la
satisfacción de las necesidades de los pueblos del Tercer Mundo, en favor de una
distribución justa de los recursos del planeta y de formas de desarrollo humanas y
ecológicamente sustentables. La red trata también de luchar contra el desigual flujo
informativo que hace que los países del norte tengan informaciones erróneas o
manipuladas sobre la situación real del Tercer Mundo.
Uno de los últimos libros que ha publicado, Las guerras del agua, reanuda el debate
entre ecología y economía pero centrándose en el problema de la privatización de los
recursos hídricos del planeta.
Otra de sus preocupaciones, esta vez de carácter político, la vincula al movimiento
«Earth Democracy» (Democracia de la Tierra): «Democracia de la Tierra para mí
significa tener en cuenta todas las especies, dando prioridad a la ecología sobre el
comercio; reconocer el derecho de todos los seres humanos a comida y agua como un
“derecho de nacimiento”, un “derecho natural”, que no puede quitarse y reclamar el
gobierno creando democracias vivas en lugar de democracias muertas o minusválidas
que permiten que los gobiernos vayan a la guerra o cedan sus economías a
corporaciones en contra del deseo de sus gentes».

Bibliografía
George, Susan y Wolf, Martin: La globalización liberal. Ed. Círculo de Lectores.
Lapierre, Dominique y Moro, Javier: Era medianoche en Bhopal. Ed. Planeta.
Roma, Pepa: Jaque a la globalización. Ed. Círculo de Lectores.
Shiva, Vandana: ¿Proteger o expoliar? Ed. Intermón Oxfam.
Shiva, Vandana: Las guerras del agua. Ed. Icaria.

Imágenes
Mujer agricultura: Sain Tipchai en Pixabay
Selección de té:highnesser en Pixabay
Corzo:nathalieburblis en Pixabay
Maíz:CLM-bv en Pixabay
Recogida de manzanas:lumix2004 en Pixabay
Oveja: Alan Frijns en Pixabay
Silueta de oveja:reetdachfan en Pixabay
Ilustración fruta trasgénica: Jordi Humberto Reyes en Pixabay
Microscopio: felixioncool en Pixabay
Experimento ADN: Photo Mix en Pixabay
Árbol Azadirachta indica: Bishnu Sarangi en Pixabay
Diente de león: Karin Herzog en Pixabay

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SIMONE WEIL
filósofa y mística

M.ª Angustias Carrillo de Albornoz


Este trabajo quiero hacerlo basándome en sus palabras, las que ella misma dijo y las
que dejó escritas en sus cuadernos, ensayos, artículos para la prensa y notas
desperdigadas. Y también me basaré en los libros que se han ido editando después y a
los que vamos teniendo acceso tras su prematura muerte.
Con frases rotundas y certeras, sus palabras definen claramente lo que era su filosofía,
sus anhelos y los ideales con que soñaba para hacer un mundo nuevo, donde la justicia
social, la búsqueda de la verdad, el bien moral y la belleza reinaran por encima de todos
los sufrimientos y avatares de la vida.

Rescatando su figura
En los últimos años, la presencia de Simone Weil (1909-1943) en el panorama filosófico
y literario del siglo XX ha ido en aumento. Su vida y su obra, dotadas de una coherencia
admirable entre pensamiento y acción, siguen siendo cada día más objeto de estudio y,
aunque tampoco le falten las inevitables críticas, la mayoría de sus seguidores
manifiestan sentirse atraídos por la pureza y autenticidad de su ejemplar trayectoria
de vida, por su honradez, su inteligencia y su gran riqueza interior. Conocerla ha
permitido a sus numerosos seguidores afrontar el riesgo que se corre de desmontar
todos los planteamientos establecidos y poner en entredicho todas las creencias.
Pocas personas fueron capaces de comprender la profundidad de sus ideas y de su
búsqueda apasionada de la verdad, y fueron también muy pocos los que entendieron su
pensamiento heterodoxo, la autenticidad de su fe religiosa aconfesional y la radicalidad
de su militancia obrera no partidista. La mayoría la tachaban de loca y excéntrica, y fue
después de su muerte cuando se empezaron a difundir sus escritos y se redimensionó su
figura hasta convertirse hoy, mundialmente y con todo merecimiento, en un símbolo de

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resistencia, de solidaridad con los más desfavorecidos, de altura intelectual e
independencia política y religiosa, de misticismo e incluso de santidad, frente a la
mediocridad del ambiente social en el que solía moverse.
Simone Weil vivió siempre entre los límites de la lucidez y la locura (me refiero a su
«locura de amor» por la humanidad y a los «límites» que «hay que conocer a fondo
para ver la mejor manera de saltárselos», como decía Beethoven, y ella lo sabía).
«El espíritu de justicia no es más que la flor suprema y perfecta de la locura de amor»,
afirmaba la filósofa francesa. Ella no quería para sí una cordura al precio de la
indiferencia o la mentira, de lo absurdo de una vida incoherente con sus ideales y con
los objetivos que se había propuesto realizar. A su juicio, solo una nueva y vibrante
mentalidad, distinta absolutamente de lo hasta entonces establecido, podría servir de
revulsivo para transformar el mundo en el que vivía, dominado por el materialismo y
la fuerza, por la brutalidad y la violencia d las guerras, insensible ante el dolor y la
miseria que este ambiente provocaba.
Su experiencia religiosa no la convirtió en una apologeta inflexible como defensora de
los ideales cristianos que tanto admiraba; ella siempre se sintió una filósofa
comprometida solamente con la búsqueda de la verdad, y jamás aceptó respuestas poco
convincentes para su inteligencia privilegiada. Siempre seguía investigando nuevos
planteamientos de otros autores que pudieran enriquecer sus propias reflexiones, sin
importarle su condición o ideología.

Un breve repaso a su vida


Nacida en París el 3 de febrero 1909, Simone Weil fue una de las pensadoras más
importantes, activas y fecundas que nacieron a comienzos del s. XX, entre otras como

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María Zambrano (1904-1991), Hannah Arendt (1906-1975), Simone de Beauvoir
1908-1986) o Ayn Rand (1905-1982). Nuestra Simone se mantuvo siempre alejada de
la mayor parte de los intelectuales franceses de su época, que, como las cuatro filósofas
citadas, empezaban a publicar sus escritos en los años treinta.
Su padre, el doctor Bernard Weil —«Biri» para su mujer y sus hijos—, era un prestigioso
médico, y su madre, Selma Reinherz —a la que llamaban «Mime»— era pianista y muy
aficionada a la música clásica, siendo ambos de origen judío. Simone vivió una infancia
feliz con sus padres y su único hermano André, su compañero de juegos, dos años y
medio mayor que ella.
Cuando terminó sus estudios en el instituto, sintió que su vocación era la enseñanza y
comenzó a prepararse para entrar en la Escuela Normal Superior. Iba a la Universidad
de la Sorbona, donde tenían lugar las pruebas de admisión, para conocer los cursos que
preparaban para los exámenes, pero que ella no solía frecuentar, porque prefería las
clases que impartía su maestro Alain y las lecturas que hacía vorazmente por su propia
cuenta. En una de estas visitas conoció a Simone de Beauvoir1, que relata así su
encuentro con ella en el vestíbulo de la universidad parisina:
«Preparándose para la Escuela Normal, ella iba a la Sorbona para los mismos exámenes
que yo. A mí me intrigaba por la fama que tenía de inteligente y por su extraña manera

1 Simone de Beauvoir fue una filósofa, escritora y periodista francesa, muy conocida también por haber sido la pareja del
existencialista Jean Paul Sartre. Ambos se dedicaron a la literatura y el activismo político y se convirtieron en figuras
polémicas para la sociedad de su época. Su relación rompía todos los paradigmas: se negaron a casarse y a tener hijos,
manteniendo una relación abierta que les permitía intimar con otras personas, rompiendo así el modelo de familia
tradicional. Fue también la precursora del movimiento feminista, que se fue desarrollando a partir de sus incisivas
reflexiones sobre la emancipación de la mujer, siendo esta su faceta más conocida.

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de vestir; la veía deambulando por el patio de la Sorbona escoltada siempre por un grupo
de exalumnos de Alain, llevando en uno de los bolsillos de su abrigo un número de Libres
propos2 y en el otro un ejemplar de L’Humanité3. Una gran hambruna acababa de asolar
China, y me contaron que cuando lo supo se puso a llorar; esas lágrimas me llevaron a
respetarla más por su humanidad que por su filosofía. Yo envidiaba un corazón capaz de
latir a través del universo entero. Un día logré acercarme a ella y, aunque no recuerdo
muy bien cómo comenzó la conversación, me afirmó de manera cortante que solo
importaba una cosa en la actualidad: hacer una revolución capaz de saciar el hambre de
todo el mundo. Yo contesté de forma no menos tajante que el problema no consistía en
la lucha por satisfacer a todos los seres humanos, sino en darles un sentido a su existencia.
Entonces me miró y me contestó muy seria: “Se nota que nunca has pasado hambre”.
Nuestra relación acabó allí. Comprendí que me había catalogado como una pequeña
burguesa espiritualista, lo cual me irritó».
Tras conseguir el título y antes de ocupar su plaza de profesora en la escuela de Le Puy,
Simone quería conocer el mundo obrero y se fue a pasar unos días en Reville, a orillas
del mar. Allí tomó contacto con los pescadores y sus familias y se empeñó en ir a trabajar
con ellos saliendo a pescar por la noche, afrontando las tempestades y la oscuridad, sin
miedo a la bravura del mar. Cuando hacía mal tiempo y no podían embarcar, Simone
les daba clases a los pescadores y a sus familias, que todos agradecían de muy buen
grado. Es emocionante leer el relato que refiere uno de estos sencillos hombres de mar
a Anne Reynaud, y que esta cuenta en la introducción de su libro Lecciones de filosofía:
«Ella quería vivir como nosotros, y durante muchos días seguidos estuvo pescando
durante horas (¡y esto era duro!), compartiendo nuestra comida y saliendo de nuevo al
mar. Me dio cursos de aritmética, aunque a muchos de los veraneantes no les gustaba
porque decían que era comunista, pero yo no lo creo... Mi hija llegaba con su catecismo
para aprender a su lado y ella le decía con ternura: “Voy a explicártelo y tú me lo repites
luego en voz alta” (…). Este sencillo hombre de mar terminó nuestra conversación
diciéndome con mucha espontaneidad: ¡era una santa!».
Yo pienso que, en efecto, Simone Weil fue realmente una santa sin canonizar y, sin lugar
a dudas, fue la filósofa más inquieta y activa de las cuatro que citaba anteriormente, la
que estuvo más empeñada en poner en práctica sus ideas innovadoras para mejorar un
mundo que veía, preocupada, cómo se estaba derrumbando a su alrededor. T. S. Eliot
la describió con estas palabras: «Amó de verdad el orden y la jerarquía más que muchos
que se llaman a sí mismos conservadores; y al mismo tiempo, amó de verdad al pueblo
más que muchos de los que hoy se llaman a sí mismos socialistas», y Albert Camus, que
supo ver lo esencial de su pensamiento y admiraba su profundidad y su fuerza, la llamó
«el único gran espíritu de nuestro tiempo»4.

2 Libres Propos era una revista francesa de filosofía en la que escribía regularmente Alain.
3 L’Humanité era un diario comunista francés. L'Huma, como se le conoce en Francia, fue obra de Jean Jaurès, fundador
del Partido Socialista, pero, cuando en 1920 se produjo la escisión con los comunistas, fueron estos quienes se quedaron
con la cabecera. A lo largo de sus más de cien años de historia, en sus páginas han dejado huella los principales intelectuales
de la izquierda francesa.
4 Albert Camus, Premio Nobel de Literatura de 1957, sentía una profunda admiración por la intensidad y la coherencia
con la que Simone Weil supo unir su pensamiento y su vida, convirtiéndose, de hecho, en un importante propagador de su
obra. Camus reconoce en Simone Weil una aguda sed de verdad acompañada de una gran inteligencia, honestidad y pureza
de corazón que le hicieron ver con claridad el remedio a los problemas de su época. De ahí que el escritor la considerara el
«único gran espíritu de nuestro tiempo».

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Curiosamente, y a pesar de todo lo que hacía, Simone estaba convencida de que su
mayor defecto era la pereza. Eso me ha llamado mucho la atención. Es imposible no
extrañarse de que considerara la pereza como una de sus mayores tentaciones, cuando
se sabe todo lo que logró en tan pocos años. Si realmente la pereza era su peor
inclinación, como ella decía, su forma de superarla fue verdaderamente heroica. Su
amiga Simone Pétrement, lo explica así cuando lo cuenta en su biografía:
«Probablemente esta pereza, la principal debilidad que esa alma pura podía
reprocharse, era solo el sentimiento de agotamiento físico y la dificultad de someter un
cuerpo extenuado a un espíritu demasiado exigente. Puede también que bajo el nombre
de pereza entendiera la dificultad que experimentaba para adaptarse al tiempo. Se
reprochaba mucho su falta de puntualidad por no poder hacer las cosas en los plazos
que ella misma se ponía».
Finalizó su estancia en este mundo en la soledad de su habitación. «Debió de sufrir una
parada cardíaca durante el sueño, su aspecto era muy apacible», certificó la doctora que
la atendía.
Su rostro se mostraba muy tranquilo, según contaron las enfermeras que la cuidaban;
la muerte no había alterado su faz, serena y feliz por el deber cumplido. Era el 24 de
agosto de 1943 y se hallaba internada en el sanatorio de Ashford, cerca de Londres,
donde la habían ingresado aquejada de una tuberculosis, que se agudizó en los últimos
meses por una anorexia voluntaria, agravada al negarse a comer más de lo que comían
sus compatriotas franceses en el frente, durante la Segunda Guerra Mundial.
Podemos decir, resumiendo, que Simone Weil fue una rara e infrecuente combinación
de corazón y cabeza, de bondad e inteligencia, de ética, estética y mística; una mujer
realmente extraordinaria que bien merecía estar en los altares, como está la también

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filósofa judía Edith Stein, canonizada en 1998 por el papa Juan Pablo II. Simone
representó en su época un nuevo concepto de santidad, de pureza, de bondad y
coherencia al margen de todas las ideas políticas y religiones establecidas. Su concepto
de religión era el de «re-ligare» (de donde viene la palabra religión), es decir, el de
«volver a unirse» con la Divinidad, la unión mística que ella llegó a experimentar al
menos en tres ocasiones a lo largo de su vida, a pesar de no practicar ni pertenecer
oficialmente a ninguna religión, pero lo cierto es que ella misma afirmaba: «Yo no soy
católica, aunque nada católico, nada cristiano me haya parecido nunca ajeno».
Su decisión de no pertenecer a la Iglesia católica se asentaba en su deseo de no separarse
del destino de los más descreídos. «No puedo dejar de preguntarme si no querrá Dios
que existan hombres y mujeres que, entregados a Él y a Cristo, permanezcan, sin
embargo, fuera de la Iglesia. En todo caso, cuando me imagino que podría estar próximo
el acto por el cual yo entraría en la Iglesia, ningún pensamiento me apena más que el
de separarme de la masa inmensa y desdichada de los no creyentes».
Así podemos leer en A la espera de Dios, uno de los libros más divulgados sobre ella,
que contiene una selección de cartas y textos recogidos por su confidente, el dominico
J. M. Perrin, y publicado poco después de su muerte. El propio Perrin, junto con el
filósofo francés Gustave Thibon, fueron testigos de la evolución espiritual de nuestra
heroína, que supo vislumbrar con tanta agudeza como sensibilidad poética la
experiencia de lo sobrenatural. Ella se expresa con absoluta sinceridad en sus
declaraciones sobre su vocación cristiana, pero es como si quisiera estar a la vez dentro
y fuera de la Iglesia, como si deseara conciliar su vocación filosófica —su pasión por la
Verdad— con su hambre de Dios y su amor por la humanidad, pero sin querer atarse a
nada de lo que no estuviera plenamente convencida: «El grado de probidad intelectual
obligado para mí, en razón de mi vocación particular, exige que mi pensamiento sea
indiferente a todas las ideas sin excepción», afirmaba con rotundidad.

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Los Cuadernos de Simone Weil
Desde 1933 hasta el final de su vida, Simone Weil fue anotando en once cuadernos de
tipo escolar y de parecidas dimensiones todo cuanto le ocupaba y preocupaba, ya fueran
reflexiones al hilo de sus lecturas, citas, desarrollos de ideas en marcha, simples
ejercicios de traducción, sobre todo de textos griegos e hindúes, o elaborados cálculos
matemáticos que se agolpaban en su cabeza. Eran meditaciones de carácter íntimo a
propósito del amor, de la amistad, de sus experiencias místicas o intuiciones
momentáneas que al instante siguiente se convertían en fecundos y originales conceptos
que han atraído la atención del mundo sobre su extraordinaria existencia. Estos once
cuadernos, conocidos también como los Cuadernos de Marsella, que Simone entregó
a Gustave Thibon en la primavera de 1942 antes de abandonar Francia, podrían haber
sido el origen de numerosos escritos, pero en su forma actual son abruptos y
fragmentarios, pudiendo ser leídos como si se tratase de su obra completa en bruto,
introduciéndonos de lleno en el interior de una meditación incesante y permitiéndonos
atisbar la riqueza y complejidad de su pensamiento, alimentado siempre por una febril
curiosidad enciclopédica.
Sus páginas están lejos de poseer la perfección formal de una obra literaria
completamente pulida en todos sus pormenores; sus formulaciones están realizadas de
un solo trazo. Son apuntes inmediatos sobre los que la autora no volvía y dejaba sin
corregir, pero el precio que se paga en repeticiones o en construcciones a veces
complicadas o elípticas y alusiones enigmáticas, se gana en viveza y espontaneidad. La
lectura de los Cuadernos supone participar en el intenso proceso de creación de uno de
los pensamientos más audaces y originales de nuestro tiempo.

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Como afirma Emilia Bea, «las frases de Simone Weil nutren la literatura contemporánea
y aparecen citadas en lugares alejados entre sí, como en los escritos de Georges Bataille,
Ignazio Silone, Jean Guitton, Susan Sontag, Carlos Fuentes, Elsa Morante, Ingeborg
Bachmann, George Steiner o Albert Camus, a quien debemos la publicación de la mayor
parte de los textos weillianos en la editorial Gallimard de París, donde están apareciendo
las obras completas que se prevé ocupen más de quince extensos volúmenes. Resulta
increíble todo lo que escribió y todos los temas que fueron tratados por ella si pensamos
que murió a los treinta y cuatro años, aquejada, además, por permanentes migrañas y
con una imparable actividad social. No es fácil entender cómo un cuerpo tan frágil pudo
albergar tanta energía creativa».
La compasión por el sufrimiento humano, la solidaridad y el desprendimiento hasta
olvidarse de sí misma fueron siempre una realidad en su vida. Sabemos, por sus
confidencias al padre Perrin, que durante la guerra de 1914, cuando solo tenía cinco
años, el madrinazgo de un soldado le hizo descubrir la miseria que sufrían los ejércitos
en el campo de batalla y ya no quiso tomar ni un terrón más de azúcar para podérselos
enviar a los que combatían en el frente. Para comprender el carácter extraordinario de
esta compasión —que será uno de los rasgos esenciales de su vida—, hay que recordar
el desahogo material, la tolerancia y el afecto con los que sus padres y su hermano André
la rodearon siempre.

Filósofa y mística
Simone Weil ha sido probablemente la filósofa y mística más brillante del siglo XX. Su
humanismo y su honestidad han hecho de ella una de las grandes figuras de la filosofía
y la religión de nuestro tiempo. Conocer su vida nos impulsa a ser mejores, pues viene
a demostrar que en una filosofía auténtica como la que ella proponía, el pensamiento y
la acción no pueden ir por separado. Ella entendía la filosofía como una permanente
búsqueda de la verdad y la belleza, del bien y la justicia. La lectura de sus textos genera
una fuerza particular que nos ayuda a ser mejores y nos hace crecer como seres
espirituales.
Su obra está en la actualidad más vigente que nunca, pues encierra un posible antídoto
al nihilismo y al materialismo que caracteriza nuestro tiempo como una especie de virus
mental que se ha diseminado por todo el mundo. Descubrirla es uno de esos regalos
que conmueven y de los que impulsan a hacer partícipes a los demás. Es un desafío que
invita a la acción y a la reflexión, a la adopción de un mensaje que busca insistentemente
esclarecer la situación del hombre de hoy para encontrar las posibles salidas hacia un
mundo nuevo y mejor, donde reinen verdaderamente la belleza, la bondad y la justicia.
Conozcamos ahora un poco más, a través de sus palabras, cuál era su filosofía. «Soy
filósofa y me intereso por la humanidad».
Una afirmación que resume toda su trayectoria. Esta frase fue la respuesta que anotó
en el cuestionario donde le preguntaban por su profesión y que tuvo que rellenar al
ingresar —ya muy enferma y debilitada— en el sanatorio de Ashford, cerca de Londres,
poco antes de partir de este mundo. Simone no publicó libros en vida, solo algunos
ensayos y artículos para la prensa del momento, pero escribió con gran inspiración y
absoluta sinceridad, como apuntábamos anteriormente, una serie de preciosos

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cuadernos que pueden considerarse una de las obras maestras de la literatura del siglo
XX desde el punto de vista ideológico. Estos valiosísimos cuadernos son meditaciones
que abarcan una vasta gama de asuntos de interés general, si bien en los últimos años
se vuelven cada vez más místicos e íntimos.
Tuvo una educación exquisita junto a su hermano André, que llegaría a ser más tarde
uno de los mejores matemáticos de su época. Esta buena educación les permitió a
ambos adquirir una gran cultura: sentían pasión por la literatura, y su madre, que tenía
una bonita voz y era una gran melómana los inició en la música clásica. Los dos
hermanos eran capaces de leer en griego, latín, inglés, español, alemán e italiano, y
Simone llegó incluso a aprender sánscrito para leer los libros sagrados de la India en
su versión original, especialmente el Bhagavad Gita, que le sedujo desde el primer
momento. Estudió a fondo la Biblia —tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento— y
también los textos cátaros y gnósticos, por los que estuvo muy interesada. Se acercó
igualmente al misticismo cristiano, a san Juan de la Cruz, a santa Teresa y a san
Francisco de Asís, debido a una serie de experiencias místicas que vivió a lo largo de su
vida y que debieron de ser, como ella misma cuenta en sus notas, realmente
sobrecogedoras.
Como filósofa admiró primero a Descartes, sobre el que hizo su trabajo de fin de carrera,
pero también le gustaba leer a Spinoza y a Kant y se mantuvo siempre fiel a Platón y a
los filósofos pitagóricos. En los últimos años de su vida se consagró de manera especial
a la tarea de desvelar el centro mismo de todo el pensamiento griego, estudiando y
traduciendo los textos clásicos; a estos trabajos pertenece su ensayo sobre «La Ilíada o
el poema de la fuerza». Simone pensaba que solo liberándose del dominio de la fuerza,
el ser humano podía llegar a contemplar los grandes misterios de la existencia, y la

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lectura de los versos homéricos confirmó sus conclusiones: «No es posible amar y ser
justo más que si se conoce el imperio de la fuerza y se sabe no respetarlo».
Estos textos suyos son fruto de su afán pedagógico, de la gran preocupación de Simone
tratando de que las obras maestras de la poesía y la filosofía clásicas fueran conocidas
y accesibles a todos; para ello traduce al francés pasajes de Electra y Antígona,
fragmentos de Heráclito, comentarios a los Diálogos de Platón (Dios en Platón) y notas
a Cleantes, Ferécides, Anaximandro y Filolao.
«El único obstáculo para la idolatría del totalitarismo consiste en una vida espiritual
auténtica» (…). «Cada cual debe interrogarse: ¿estoy en la verdad?». (…) «Prefiero
morir a vivir sin verdad» (…). «Hay que amar la verdad más que a la vida» (…). «Estar
fuera de la verdad es la mayor de las desgracias» (…). «La adquisición de un
conocimiento no siempre nos acerca a la verdad» (…). «La verdad está profundamente
escondida en el corazón de cada ser humano» (…). «La amistad es para mí un beneficio
incomparable, sin medida, una fuente de vida, no metafórica sino literalmente» (…).
«Desear la amistad es un gran error. La amistad debe ser un goce gratuito, como los
que proporcionan el arte o la vida» (…). «Hay un amor personal y humano que es puro
y que encierra un presentimiento y un reflejo del amor divino. Es la amistad, siempre
que esta palabra se utilice rigurosamente en el sentido que le es propio».
Sabía que la amistad fluye por sí misma cuando las personas se conectan, y Simone
estaba siempre dispuesta a compartir conocimientos con sus amigos, a buscar con ellos
la verdad escondida bajo todas las creencias y tradiciones. Ella decía que la amistad no
había que manifestarla con palabras o signos externos de ternura, sino que había que
ejercerla como una virtud, con actos positivamente útiles y prácticos.
Su gran inteligencia y su carácter apasionado la llevaban a buscar la verdad de forma
incansable, dirigiendo todos sus esfuerzos a encontrarla y a descubrir sus misteriosos
velos, y compartiendo esta afición con sus amigos. Como ya hemos visto, Simone fue

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una niña feliz, muy sociable y cariñosa con su único hermano, su compañero de juegos
al que adoraba y consideraba un genio de imaginación y de inteligencia muy superior a
la suya. Se interesó siempre por los avances de la ciencia y los nuevos descubrimientos
de su época con toda la admirable perseverancia y tenacidad que caracterizaba su firme
carácter. No olvidemos que nació un 3 de febrero, por lo que, como a todos los nacidos
bajo el signo de Acuario, le atraía la investigación y la búsqueda de nuevos
conocimientos. Su amabilidad y su lealtad con los amigos, a los que cuidaba como un
tesoro, eran también propios de su carácter acuariano; los nacidos bajo este signo
pueden alcanzar también un alto nivel de desarrollo espiritual, que es lo que ella logró,
aunque fuera a base de un esfuerzo constante y tenaz por mejorar cada día como
persona.
«Lo primero que hay que buscar es la libertad» (…). «No te dejes encarcelar por ningún
afecto. Preserva tu libertad» (…). «El deber hacia uno mismo consiste en ser libre, es
decir, en liberar al espíritu de la cárcel del cuerpo y poner al cuerpo bajo el dominio del
espíritu» (…). «Nada paraliza más el pensamiento que el sentimiento de inferioridad
impuesto necesariamente por los golpes cotidianos de la pobreza, de la subordinación
y de la dependencia».
Simone siempre se sintió una mujer libre y fue una idealista nata que nunca renunció
a su espíritu crítico. Para ella, amar de verdad era saber respetar la libertad del otro,
jamás había que relacionar el amor con la dependencia. En sus años de preparación en
el famoso liceo Henri IV de París, estudió filosofía con Alain5, al que admiraba por sus
ideas innovadoras sobre cómo había que desarrollar la voluntad para poder ser personas
realmente libres. Comprendió entonces que para ser libres, no hay que inmutarse ante
las dificultades, sino tener una fuerte voluntad para superarlas.

5 Alain: pseudónimo del periodista y filósofo francés Emile-Auguste Chartier (1868-1951).

52
Este encuentro con Alain fue decisivo para la trayectoria intelectual de Simone,
comenzando con él su verdadera carrera filosófica. Más tarde, ella misma sería
profesora de filosofía en los institutos de Le Puy, Auxerre y Roanne hasta finales de
1934. Alternaba su vida docente trabajando como si fuera una obrera más en diversas
fábricas, ya que quería conocer de primera mano el mundo de los trabajadores para
poder experimentar y compartir personalmente sus condiciones de vida. Ningún
intelectual de izquierdas, a cuyos líderes comenzó admirando, había intentado antes
que ella comprender —y menos experimentar— la vida cotidiana de los obreros: su
tristeza, su desesperación, su cansancio y sus angustias vitales.
«Cuando pienso que los grandes jefes bolcheviques pretendían crear una clase
trabajadora y que ninguno de ellos puso nunca los pies en una fábrica, la política me
parece una siniestra farsa», comentaba al respecto.
Durante el verano de 1929, quiso compartir también el trabajo de los campesinos y, en
los meses de más calor, se fue a vivir a casa de una de sus tías en el Jura francés. Allí
recogía patatas durante diez horas al día, conversando con la gente del lugar y entablando
amistad con sus familias. Después de estas «vacaciones» volvía de nuevo a París para
continuar sus estudios superiores. Las clases de filosofía con Alain sobre la libertad y la
voluntad para lograrla, habían despertado en ella muchas expectativas. Alain afirmaba
que «lo que no se hace libremente no es voluntad, sino pasión o deseo; la buena intención
no es voluntad, ya que esta solo existe en la acción. No es un problema de elección, la
función de la voluntad no es elegir; la función de la voluntad es acomodarse a lo que
previamente ya se ha elegido como lo mejor, y proponerse hacerlo bien. Así, el mal puede
transformarse en bien, dependiendo de cómo se sepa actuar. Todo hombre comienza por
equivocarse y ser esclavo de las pasiones, pero eso mismo, el error y la pasión, constituyen
la materia con la que se puede dar nacimiento a la libertad».
Simone asentía con la cabeza, escuchando entusiasmada las clases de Alain; este, a su
vez, seguía las directrices de su viejo maestro Lagneau, para quien la filosofía era el
ejercicio mismo de la libertad. Alain inculcaba a sus alumnos que lo más importante
no es «lo que se debe pensar», sino «aprender a pensar». Él mantuvo siempre una
posición radical en defensa de las libertades de los ciudadanos contra toda injerencia
de los poderes políticos o religiosos, destacando la necesidad de mantener libre el
espíritu y alejarse del sometimiento a cualquier forma de autoridad impuesta. Su
magisterio, su actitud y sus numerosos ensayos, que aunaban lo periodístico con lo más
estrictamente filosófico, ejercieron una gran influencia en Simone, al igual que en
muchas promociones de estudiantes de su época que disfrutaron de su magisterio.
«Una sola cosa hace soportable la monotonía, y es una luz de eternidad: la belleza» (…
). «La belleza de este mundo es la sonrisa llena de ternura que Dios nos dirige a través
de la materia. Él está realmente presente en la belleza universal» (…). «La belleza seduce
a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma» (…). «La belleza del mundo
es la aportación de la sabiduría divina a la creación» (…). «No conceder atención a la
belleza del mundo es quizá un crimen de ingratitud tan grande, que merece el castigo
de la desdicha» (...). «Una verdadera definición de ciencia sería: el estudio de la belleza
en el mundo» (…). «No tratar de no sufrir ni de sufrir menos, sino de no alterarse con
el sufrimiento».

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El dolor y la belleza son, por lo general, lo que más nos impacta e influye a los seres
humanos a lo largo de la vida, y lo que más conmovía a Simone era precisamente eso:
contemplar la belleza del mundo en medio del dolor y la miseria de tantos
desfavorecidos. Aceptar que el dolor es parte de la vida no debe impedirnos vivirla
plenamente y disfrutar de la belleza que nos rodea, pues, como decía Alexis Carrel, «el
ser humano no puede rehacerse a sí mismo sin sufrimiento, porque es a la vez el mármol
y el escultor». Por eso fue por lo que, trabajando en una fábrica, confundida a los ojos
de todos con la masa anónima, la desgracia de los otros penetró en el alma de Simone
y en su carne, convirtiéndola en desgracia propia. Eran los dos conceptos, el dolor de
este mundo y la belleza, a los que creía que debería prestar la mayor y más constante
atención para poder acceder al conocimiento auténtico de la vida.
Evidentemente, no se trataba de la belleza como objeto de consumo, sino de una belleza
arquetípica relacionada con el amor auténtico y con la misericordia de Dios. De ahí que
Emilia Bea titule los escritos sobre ella «Simone Weil, la conciencia del dolor y la
belleza», y así la describía Simone en uno de los trabajos que hizo para las clases de
Alain, y que tituló «La belleza y el bien», comentando el famoso pasaje de la biografía
de Alejandro Magno en el que, a pesar de estar sediento, le vemos derramando en el
suelo el agua fresca ofrecida en un casco por uno de sus soldados, porque quiere
compartir la suerte de su ejército, que anda cruzando el desierto con grandes
penalidades y privaciones. Nuestra filósofa interpreta este tipo de actitudes como
acciones llenas de conmovedora belleza, en cuanto que son actos de auténtica bondad,
de fidelidad a uno mismo y a las propias convicciones.

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La atención se convierte en oración
«La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración» (…). «La atención debe
convertirse en una actitud permanente en el hombre» (…). «Nunca, en ningún caso, un
verdadero esfuerzo de atención se pierde. Siempre es plenamente eficaz en el campo
espiritual y, por consiguiente, lo es también por añadidura en el plano inferior de la
inteligencia, pues toda luz espiritual ilumina la inteligencia» (…). «Pero la atención que
se exige no es en absoluto fácil. Es, de hecho, la cosa más difícil del mundo. Y es tan
difícil porque hay algo en nuestra mente que rechaza la verdadera atención más
violentamente de lo que la carne rechaza el cansancio. Ese algo está mucho más próximo
al mal que la carne. Por eso, cuantas veces se presta verdadera atención se destruye algo
del mal que hay en uno mismo. Si la atención se enfoca en ese sentido, un cuarto de
hora de atención es tan valioso como muchas buenas obras».
Me ha impresionado esta reflexión de la filósofa francesa. Al igual que todos los grandes
maestros, que aconsejan ejercitar la atención como la mejor fórmula para desarrollar
la conciencia, ella consideraba la atención como la cualidad más importante para
mantenerse siempre alerta y poder aprender a base de observar todo lo que la rodeaba,
o sea, estar siempre «aprendiendo a ver» —como aconseja nuestro filósofo Emilio
Lledó—, para saber discernir entre lo verdadero y lo falso. Su intuición le decía a Simone
que tenía que desarrollar esta atención y ejercitarse en ella para poder evolucionar como
persona; esto era para ella como una forma de desarrollo espiritual que había que
imponerse para crecer interiormente y aprovechar plenamente la vida.
Simone Weil era de una pureza tan insobornable que dejaba en evidencia cualquier
espiritualidad impuesta por una confesión religiosa o por cualquier normativa social

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establecida. Ella tenía realmente una visión mística global de la unidad del mundo. Más
aún, el especial énfasis con el que aconsejaba desarrollar el poder de la atención constituye
la máxima profundidad de su pensamiento en torno a este tema, tan esencial para una
sociedad como la que vivimos. Hoy en día vemos que el abuso de la tecnología y el
entretenimiento banal de los niños —y desgraciadamente también de muchos mayores—
, pegados a los teléfonos móviles como una especie de evasión del mundo que les rodea,
han creado un déficit de atención masivo realmente preocupante para nuestra sociedad.
«En 1937 pasé en Asís dos días maravillosos. Allí, sola, en la pequeña capilla románica
del siglo XII de Santa María degli Angeli, incomparable maravilla de pureza, donde tan
a menudo rezó san Francisco, algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi
vida, a ponerme de rodillas».
Simone visita los lugares más significativos de la espiritualidad cristiana, pero el suyo
no es un acercamiento teológico sino pasional, movido por su ansiosa búsqueda de la
verdad en todo lo que la rodeaba. Ella siente hambre por lo religioso como una
necesidad natural, y casi todas las tesis que le impiden abrazar el catolicismo provienen
de la conducta histórica de la Iglesia y del rechazo que siente a que se quiera imponer
al mundo la religión cristiana como la única verdadera.
Ella siente que el cristianismo, como todas las religiones existentes, posee el carácter
de «iniciación» o de aprendizaje para esa otra religión realmente abarcadora y
universal, basada en la humildad y el anonimato y no en el narcisismo y el orgullo. Como
todos sabemos, el desencanto con el mundo no puede borrar el anhelo de trascendencia
del ser humano, su necesidad de verticalizarse, de alcanzar algo que sea firme y sólido
donde apoyarse y que dé sentido a su vida. La mística suele relacionarse con las
primeras manifestaciones de lo sagrado, y ese deseo de encontrarse con lo divino que
intuía en su interior, llevó a Simone Weil a un misticismo sublime que produjo una
profunda transformación en su vida. Su pureza natural, asombrada ante la
contemplación de la belleza del mundo y de su manifestación en el arte, le hace presentir
la huella de Dios en todo lo que contempla y, a pesar de haber nacido en una familia
judía y agnóstica, escribió en Carta a un religioso que su verdadera vocación era «ser
cristiana fuera de la Iglesia». En uno de sus cuadernos escribe: «No creer en Dios, sino
amar siempre el universo como se ama una patria, aun desde la angustia del
sufrimiento, es el camino de la fe por la via del ateísmo».
Este primer viaje a Italia con su estancia en Asís sería una de las etapas más felices de
su vida. En Milán acudió al teatro de L’Scala para ver L’elixir d‘amore, de Donizetti,
que le pareció delicioso, tanto el libreto como la música. Allí prolonga su estancia a
causa de una lluvia pertinaz que le sirve como excusa para quedarse unos días más,
pues en el fondo lo que quería era permanecer en Italia, fascinada por tanta belleza.
«El amor no es consuelo, es luz» (…). «El amor ha descendido a este mundo en forma
de belleza» (…). «Hacer de la vida una ofrenda de amor. El sacrificio, cuando se
identifica con dolor, es estéril, pero cuando se hace como “oficio sagrado” es fluido y
vital» (…). «Un acto odioso es la transferencia a los demás de la degradación que
tenemos dentro» (…). «Todos los pecados son intentos de llenar vacíos» (…). «Toda
obra de arte tiene un autor, pero cuando es perfecta, sin embargo, tiene algo de
anónima, porque imita el anonimato del arte divino».

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El legado de Simone Weil
Cuando una obra buena se comparte, todos disfrutamos de ella y a todos nos consuela
la luz que nos aporta su conocimiento; esto es lo que ocurre con el extraordinario legado
que Simone Weil regaló al mundo. Hacer del sacrificio, un «sacro oficio», nos llena de
alegría vital, y la vida de Simone fue siempre una ofrenda permanente que la hacía feliz.
Ella también decía que los malos tratos son un reflejo de cómo esa persona está
descontenta consigo misma, pues cuando amamos desinteresadamente y sin prejuicios
a los demás, les hacemos partícipes de la plenitud y el consuelo de la luz, de lo mejor de
nosotros mismos, pues somos cada uno un reflejo único y particular del anonimato del
arte divino. Tratar mal a los demás es una muestra de nuestra falta de plenitud y
armonía interior y, si no resolvemos nuestras deficiencias, nunca vamos a llenar ese
vacío interno.
«Maat quiere decir a la vez justicia y verdad. Esto es significativo. No fue por casualidad
que la Sagrada Familia se dirigiera a Egipto» (...). «El símbolo de la balanza es de una
profundidad maravillosa; la balanza jugaba un importante papel en el pensamiento
egipcio» (...). «La frase de Arquímedes “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”
puede ser contemplada como una profecía; el punto de apoyo es la cruz, intersección
del tiempo y la eternidad» (…). «Los escritores no tienen que ser profesores de moral,
pero tienen que saber expresar la condición humana. Y nada es más esencial para todos
los hombres y en todos los instantes que saber distinguir entre el bien y el mal» (…).
«El mal imaginario es romántico y variado, pero el verdadero mal es sombrío,
monótono, estéril y aburrido. El bien imaginario también es aburrido, pero el bien real
es siempre nuevo, maravilloso y embriagador».

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La cruz tiene una función de síntesis, de unión del cielo y la tierra, del tiempo y el
espacio. La balanza y la cruz eran para Simone dos símbolos muy significativos. Nuestra
filósofa no se dejaba arrastrar por la fantasía ni por la opinión de los demás; su
pensamiento fue siempre claro, coherente y justo para distinguir lo que estaba bien de
lo que estaba mal, y nunca actuaba en desacuerdo con sus ideas. El símbolo de la justicia
y la verdad —el de la balanza de Maat que tanto admiraba—, presidió siempre su
deambular por el mundo y todas sus actuaciones a lo largo de su vida.
«Cristo comenzó su vida pública transformando el agua en vino y la terminó
transformando el vino en sangre. Señaló así su afinidad con Dionisos. También por su
expresión “Yo soy la verdadera vid”» (…). «La maternidad de la Virgen tiene relaciones
misteriosas con el pasaje del Timeo de Platón concerniente a una cierta Esencia, madre
de todas las cosas y perpetuamente pura. Todas las diosas madres de la Antigüedad,
como Deméter o Isis, eran figuras de la Virgen».
Simone Weil se acerca aquí al concepto de la virginidad, de la pureza que envuelve la
esencia de la Gran Madre, que tanto le atraía. Ella misma había decidido no pensar de
momento en un amor de pareja, esto lo consideraba secundario mientras no tuviera claro
cuál era su misión en esta vida, y prefería tener amigos y confraternizar con todos. A pesar
de ello, no dejó de sentir el atractivo del sexo masculino en varias ocasiones durante su
adolescencia y juventud, como le confesó a Simone Pétrement, su amiga y colega en el
Instituto Henri IV, y que más tarde escribiría su biografía más conocida. Nuestra joven
Simone, a pesar de su carácter naturalmente afable y cariñoso, trataba siempre de evitar
todo contacto físico incluso con sus amigas, por lo que uno de sus profesores, Émile

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Chartier, a quien le molestaban las posturas políticas radicales de su alumna, empezó a
llamarla despectivamente «la virgen roja», un apelativo por el que muchos la conocen
todavía hoy. También llamaba la atención de cuantos la veían por primera vez su original
manera de vestir y su preferencia por la ropa masculina, y es que ella la consideraba más
económica y fácil de adquirir que la ropa femenina, que además le exigía perder mucho
tiempo en elegir los vestidos que tendría que llevar cada día.
Simone Weil , como ya hemos comentado, poseía una vasta cultura adquirida desde
pequeña en su casa junto a su hermano, y a los dos les gustaba leer las grandes obras
literarias en su idioma original. Se acercó también al misticismo cristiano, debido a una
serie de experiencias extraordinarias que la impactaron profundamente y le cambiaron
la vida, pero al mismo tiempo, como filósofa, su preferido era Platón —sobre todo al
Platón más esotérico— y toda la cultura clásica que conoció desde la infancia junto a su
hermano, con el que aprendió a leer desde muy pequeña, dándoles una sorpresa a sus
padres, que no podían creer lo que veían.
André fue siempre un genio precoz que llegaría a ser uno de los matemáticos más
importantes de su generación, conocido por sus notables contribuciones a la teoría de
los números y la geometría algebraica. Simone, dotada también de un inteligencia
excepcional, llegó a sufrir a los catorce años una crisis al comparar sus dotes
intelectuales con las de su hermano, dos años y medio mayor que ella, al que admiraba
considerándolo muy superior en inteligencia.
«Una vez que la experiencia de la guerra hace visible la posibilidad de la muerte que
yace escondida en cada momento, nuestro pensamiento no puede viajar de un día para
otro sin encontrarse con el rostro de la muerte» (…). «Había viajado un poco por España
antes de la guerra civil, muy poco, pero lo suficiente para sentir el amor que es difícil
no experimentar hacia ese pueblo» (…). «Dejé España a mi pesar y con la intención de
volver, pero voluntariamente no lo he hecho. No sentía ya ninguna necesidad interior
de participar en una guerra que no era, como me había parecido al principio, una guerra
de campesinos hambrientos contra propietarios terratenientes y un clero cómplice de
los propietarios, sino una contienda entre Rusia, Alemania e Italia».
No le importaban los motivos de la guerra, pero sabía que esta siempre trae la muerte
a su paso. Como decía Homero, «la guerra es fuente de todas las lágrimas», y también
él decía que «incluso los vencedores salen para siempre derrotados». Si la historia de
la humanidad es en buena parte la historia de sus guerras, también lo es, y no en menor
medida, la historia de las grandes figuras que con sus vidas, pensamientos y testimonios
iluminaron las tinieblas y ofrecieron una esperanza de paz y convivencia a todo el género
humano. Simone Weil fue sin duda una de estas. Ella escribió mucho sobre la muerte,
que consideraba como la oportunidad filosófica suprema, pues, siguiendo a Platón,
entendía la filosofía como «aprender a morir», o sea, aprender a despegarse y anular el
yo (o sea, a «descrearse», como ella decía) para unirse con la divinidad, que es lo Uno
y es el Todo.
En 1936 Simone viaja a España diciéndole a sus padres —a fin de tranquilizarles— que
solo iba como periodista, pero intenta por todos los medios ir al frente de batalla y logra
alistarse en la columna dirigida por Buenaventura Durruti, que dirigía la formación
más importante de las milicias de la CNT a orillas del Ebro. Sus compañeros hacían

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todo lo posible por no darle tareas peligrosas, pues eran muy conscientes de la fragilidad
de Simone y de su miopía, que le hizo meter el pie en una sartén con aceite hirviendo
que ellos utilizaban por la noche para guisar a escondidas, a fin de no ser descubiertos
por el enemigo. Este accidente le produjo terribles quemaduras por lo que tuvo que ser
hospitalizada. Avisados sus padres, vinieron rápidamente a buscarla y, gracias a la
intervención de su progenitor como médico, consiguieron sacarla del hospital militar
en el que la habían internado y que no le cortaran la pierna. Llevada a París y tras un
tiempo de recuperación en la casa paterna, se incorpora de nuevo a la labor docente, su
gran vocación.
«Creo que hay que mantener siempre lo que se piensa, aun cuando se mantenga un
error contra una verdad; pero, al mismo tiempo, hay que orar permanentemente para
acceder a una mayor verdad y estar siempre dispuesto a abandonar cualquier opinión
en cuanto la inteligencia reciba más luz. Pero no antes» (…). «Si nos sumergimos en
nosotros mismos, encontramos que poseemos exactamente todo lo que necesitamos».

Conclusión
Con estos sabios consejos y sus propias palabras, tan llenas de confianza en un futuro
mejor para nosotros mismos y para toda la humanidad, quiero terminar este trabajo
que me ha obligado a descubrir un poco más a la gran Simone Weil. Pienso que nuestra
fortaleza está realmente —como ella decía— en creer que podemos conseguir cuanto
queramos si confiamos en el poder del tesoro escondido que habita en nuestro interior,
si sabemos buscarlo y encontrarlo —como en los viejos cuentos—, no solo para
enriquecer nuestra vida, sino también las vidas de los demás. Simone conocía
perfectamente la fuerza poderosa del tesoro de su alma y la supo utilizar para lograr

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cuanto se propuso. Tenía la seguridad de que quien se empeña con todas sus fuerzas
en conseguir lo que desea en términos espirituales, lo obtiene siempre.
Por decisión propia, Simone se mantuvo siempre en el anonimato, pero no cabe duda
de que su filosofía ha traspasado ya todas las fronteras constituyendo un ejemplo de
vida, tanto para sus compañeros de lucha como para otros muchos personajes
destacados como Albert Camus o Simone de Beauvoir, para los que era una muestra
perfecta del concepto de empatía con cuantos la rodeaban, tanto en el campo filosófico
como en el sociopolítico o el religioso.
Solemos creer que un filósofo no puede llevar la vida de un santo o que un santo no
puede ser a su vez un filósofo, pero estamos equivocados. La historia nos enseña que
siempre ha habido filósofos santos, como lo fueron san Agustín o santa Teresa, y no
cabe duda de que Simone Weil fue, además de la más activa y comprometida, la más
brillante filósofa y santa del siglo XX.
Vaya desde aquí mi admiración más sincera y mi agradecimiento más profundo para la
gran dama que fue Simone Weil.
Bibliografía
A la espera de Dios. Simone Weil.Prólogo de Carlos Ortega. Ed. Trotta, 2009.
Carta a un religioso. Simone Weil. Prólogo de Carlos Ortega. Ed. Trotta, 2011.
La conciencia del dolor y la belleza. Simone Weil. Edición de Emilia Bea Pérez (varios
autores). Ed. Trotta, 2010.
La fuerza y la debilidad del amor. Simone Weil. Maria Clara Lucchetti Bingemer.
Ed.Verbo Divino, 2009.
Vida de Simone Weil. Simone Pétrement. Ed. Trotta, 1997.

Imágenes
Justicia en el mundo: Gerd Altmann en Pixabay
Bicicleta en las estrellas: Gerd Altmann en Pixabay
Fantasía de luz: Stefan Keller en Pixabay
Puerta en las nubes: Gerd Altmann en Pixabay
Fantasía, noche, escalera: 愚木混株 Cdd20 en Pixabay
Puño, cadenas: MissKarin en Pixabay
Mujer oriental: Tung Lam en Pixabay
Hombre-piedra: Enrique Meseguer en Pixabay

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Los conflictos como
RETOS Y OPORTUNIDADES

Ana Gálvez Carrillo de Albornoz


Escuchar, mirar, hacer. Tres «asignaturas» que os propongo estudiar, aunque sé que
cuesta «aprobarlas» en esta escuela de la vida por la que todos pasamos, pero que con
un poco de atención sabremos aprovechar.
¿Eres de las personas que escuchan o de las que oyen? Escuchar es ir más allá, es querer
comprender, salir de uno mismo para entrar en el otro; en definitiva, es desarrollar la
cualidad de la empatía.
¿Miras o ves? Todos vemos cuanto se presenta a nuestro alrededor, pero tan solo
algunos miran con afán y curiosidad. Hay que observar con detalle, sin que se nos
escape nada ¡Es lo más divertido de la vida, ser un poco niños!
En cuanto al hacer, cada persona tiene sus gustos. Hagamos lo que sea, pero hagámoslo
con el espíritu crítico positivo que nos ayudará, sin duda, a reconocer los propios
errores. Es más, en esta escuela de la vida podrás aprender de todos, unos como modelo
y de los otros lo que no has de hacer.
He querido investigar más sobre los conflictos porque creo que es otra «asignatura
pendiente». Entiendo que el conflicto es consustancial a las relaciones humanas.
Interaccionamos con otras personas con las que vamos a discrepar y con las que vamos
a tener intereses y necesidades contrapuestas. El conflicto, además, es ineludible, y por
mucho que cerremos los ojos o lo evitemos, él continúa su dinámica. Es algo vivo que
sigue su curso a pesar de nuestra huida, haciéndose cada vez más grande e inmanejable.
En todo conflicto, de alguna manera y paradójicamente, las partes cooperan pero,
generalmente, para destruirse. A veces, la mejor estrategia individual puede ser la peor
estrategia colectiva. Tenemos que aprender que aquel con quien tenemos un conflicto
no tiene por qué ser nuestro enemigo, y que la mejor alternativa puede ser no competir
con él, sino colaborar juntos para resolverlo de la manera más satisfactoria para ambos.

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El gran reto es empezar a hacer ver a las partes que cooperar es mejor, ya no solo desde
el punto de vista ético, sino también desde el punto de vista de la eficacia.
En esta monografía os muestro una serie de técnicas y claves para detectar los conflictos,
darles su correcto lugar e importancia y, lo que es más importante, crecer a través de
ellos; cada conflicto es un peldaño en la escalera de nuestra vida, no es tan difícil
resolverlos si desarrollamos la actitud adecuada.

Perspectivas del conflicto


El conflicto se puede ver como algo negativo a eludir o como algo positivo. Si lo vemos
de manera negativa es por diversos motivos:
* Lo percibimos como algo que hay que enfrentar con violencia, anulando o destruyendo
a una de las partes, en lugar de como una solución justa y mutuamente satisfactoria.
* Enfrentar un conflicto significa «quemar» muchas energías y tiempo, así como pasar
un rato no excesivamente agradable.
* Sentimos que no hemos sido educados para enfrentar los conflictos de manera positiva
y que nos faltan herramientas y recursos.
* Tenemos una gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien y lo veamos
claro, muchas veces preferimos mantenerlas así antes que asumir los riesgos que
significa meternos en un proceso de transformación.
Sin embargo, el conflicto es positivo por lo siguiente:
* La diversidad y la diferencia son un valor. La diversidad desde la cooperación y la
solidaridad es una fuente de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Convivir en esa
diferencia conlleva el contraste y las divergencias.

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* Solo a través de entrar en conflicto con las estructuras injustas y aquellas personas
que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores. Es decir, el
conflicto es la principal palanca de transformación social (Revolución francesa, la
Primavera Árabe, el movimiento de los indignados del 15M…).
* El conflicto es una oportunidad de aprender. Si, en lugar de evitar o luchar con los
conflictos, los abordamos con las personas implicadas, podemos aprender todos a
analizarlos y enfrentarlos. Resolver un conflicto por nosotros mismos, además de
hacernos sentir más conciliadores, nos dará capacidades para resolver otros en el futuro.
El reto es cómo aprender a enfrentar y resolver los conflictos de una manera
constructiva, «no violenta». Resolver los conflictos es abordarlos hasta llegar a
descubrir y resolver las causas profundas que lo originaron. La resolución de un
conflicto no implica que a continuación no surjan otros. En la medida que estamos vivos
y seguimos interaccionando, seguirán apareciendo conflictos que nos darán
oportunidades para avanzar o retroceder, según cómo los enfrentemos y resolvamos.

El conflicto como proceso


El conflicto no es un momento puntual, es un proceso. Sus fases son:
* 1.ª Fase: satisfacer las necesidades (económicas, ideológicas, biológicas…).
* 2.ª Fase: el problema. Surge cuando las necesidades chocan, cuando las convertimos
en antagónicas. Al no resolverlo, comienza la dinámica del conflicto. Se irán añadiendo
elementos: desconfianza, incomunicación, temor, malentendidos…
* 3.ª Fase: la crisis. Surge cuando todo estalla, y suele ser una manifestación violenta;
eso es lo que mucha gente identifica como conflicto. No hay que llegar a esta fase para
enfrentarlo; de hecho, es el peor momento para resolverlo de manera creativa y no

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violenta porque falta el tiempo, la tranquilidad, la distancia… Es el momento en que el
conflicto se ha hecho más grande e inmanejable, se nos viene encima y tenemos que
darle respuesta inmediata. Esto nos lleva a no reflexionar, a no analizar qué es lo que
pasa, a no mirar qué recursos tenemos, a no buscar alternativas de solución, a responder
negativamente y a no reflexionar después.
Si seguimos esperando a que los conflictos lleguen a la fase de crisis para empezar a
solucionarlos, será realmente difícil hacerlo. Así como el conflicto es todo un proceso
que puede llevar bastante tiempo, su resolución también hay que verla como otro
proceso y no como una acción concreta que acabará con todos los problemas. Este
proceso hay que ponerlo en marcha cuanto antes para formarnos y permitir que, cuando
surjan, tengamos ya preparadas e interiorizadas respuestas más positivas.

Actitudes ante el conflicto


Hay cinco grandes actitudes ante el conflicto. Descubrir las propias y las de los demás
será un trabajo previo importante para la resolución de conflictos:
* Competición (gano/pierdes): conseguir lo que yo quiero, hacer valer mis objetivos,
mis metas es lo importante y me da igual si para ello tengo que pasar por encima de
quien sea.
* La acomodación (pierdo/ganas): con tal de no confrontar a la otra parte, yo no hago
valer o ni planteo mis objetivos. A menudo confundimos el respeto, la buena educación,
con no hacer valer nuestros derechos porque eso pueda provocar tensión o malestar.
Vamos aguantándonos hasta que no podemos más y entonces nos destruimos o
destruimos a la otra parte.
* La evasión (pierdo/pierdes): ni los objetivos ni la relación salen bien parados, no se
consigue ninguno de los dos. No enfrentamos los conflictos, «metemos la cabeza debajo
del ala» por miedo o por pensar que se resolverán por sí solos.
* La cooperación (gano/ganas): en este modelo, conseguir los propios objetivos es tan
importante como la relación. El fin y los medios tienen que ser coherentes, se trata de
que todos ganemos. Cooperar no es acomodarse ni renunciar a lo que consideramos
que es fundamental. Sin ceder se puede llegar a negociar, hay que aprender a NO ceder
en lo fundamental, sino en lo que es menos importante.
* La negociación: llegar a la cooperación plena es muy difícil, así que se trata de que
ambas partes ganen en lo fundamental. Si una de las dos partes no se va con la sensación
de que ha ganado lo fundamental, no estamos en este modelo, sino en el de la
competición o en la acomodación.
Ninguna de estas actitudes se da de una forma pura y única en ninguna situación ni
persona. Tampoco hay actitudes malas y otras buenas. Cuanto más importantes sean
los objetivos y la relación, más importante será aprender a cooperar.

Formas de intervenir
Uno de los problemas con el que nos encontramos a la hora de abordar un conflicto es
que respondemos de forma inmediata (acción-reacción) y nos faltan referentes de cómo

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enfrentarlo de manera diferente a la violencia. Aprender a detenernos, analizarlos y
responder de forma constructiva va a ser nuestra principal tarea.
Se suele hablar de «prevención de los conflictos» para aludir a las necesidades de actuar
antes de que exploten (crisis) y se muestren en su forma más descarnada. No obstante,
el término «prevención» tiene connotaciones negativas: no hacer frente al conflicto,
evitarlo, no analizarlo, no dejar que aflore todo lo que está dentro, no ir a las causas
profundas…
Ya hemos visto que el conflicto es consustancial a las interacciones humanas, es
ineludible e incluso positivo porque es una oportunidad para crecer. Todo eso lleva a
utilizar el término provención (término usado en 1998 por J. Burton) como el proceso
de intervención antes de la crisis que nos lleva a una explicación adecuada del conflicto,
un conocimiento de los cambios estructurales necesarios para eliminar sus causas y una
promoción de condiciones que creen un clima adecuado y favorezcan unas relaciones
cooperativas que disminuyan el riesgo de nuevos estallidos, aprendiendo a tratar y
solucionar las contradicciones antes de que lleguen a convertirse en antagonismos.
Se trata de poner en marcha un proceso que cree las bases para enfrentar cualquier
disputa en el momento que se produzca.

Aprender a analizar
Consiste en buscar soluciones creativas mutuamente satisfactorias para aprender a
resolver por nosotros mismos los conflictos. Lo primero es aprender a separar y tratar
de manera diferente los tres aspectos presentes en todo conflicto:

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* las personas involucradas
* el proceso (la forma de abordarlo)
* el problema/s (necesidades o intereses antagónicos en disputa)

Las personas
Se trata de aprender a verlas como partes con las que tenemos un problema y con
quienes podemos colaborar para resolverlo. Hay que trabajar:
* Las percepciones: tenemos que conseguir que las partes aprendan tanto a expresar
su percepción como a escuchar e interesarse por conocer la de la otra parte.
* Reconocer las emociones intensas: cuando estalla un conflicto afloran muchas
emociones. Aprender a reconocerlas y aceptar que estamos enojados será muy
importante. Hay que buscar espacios para sacar ese enojo sin que se lo echemos encima
de la otra parte de forma destructiva. Será importante reconocerlo y plantear que, hasta
que no salga, no es buen momento para enfrentar el conflicto.
* La imagen: en todo conflicto está en entredicho la imagen, el prestigio de las personas
que están contendiendo. El no tener esto en cuenta, tanto a la hora de analizar como a
la hora de intervenir, podrá suponer que una parte no acepte una solución, por buena
que sea. Las partes deben sentir que su imagen sale «airosa».
* El poder: en toda relación humana hay desequilibrios de poder y lo primero es
reequilibrar el poder. Para ello hay que enseñar a tomar poder a quien está abajo y
aprender a quitar poder a quien está arriba.

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El proceso
Se trata de aprender a establecer formas de abordar los conflictos que permitan expresarse
a ambas partes y encontrar soluciones que ambas puedan aceptar. Hay que aprender a:
* Controlar las dinámicas destructivas de la comunicación: acusaciones, insultos,
generalizaciones, sacar el pasado a relucir, hablar por otros… De quien más sabemos es
de nosotros mismos. Bien, hablemos en primera persona, manifestando nuestros
sentimientos, dando información precisa de qué es lo que nos ha afectado, cómo y por qué.
* Analizar los procesos seguidos hasta ese momento para aprender tanto de los aciertos
como de los errores. Contextualizar el conflicto tanto en su pasado como en su presente
nos dará mucha información: qué lo originó, quiénes han participado, cuál es su poder,
qué soluciones ya se han ensayado…
* Establecer procesos de consenso que permitan a todas las partes expresarse, sacar sus
necesidades y satisfacerlas. Consensuar reglas de cómo abordaremos los conflictos.

El problema
Hay que aprender a diferenciar las posturas o posiciones de los intereses o necesidades.
Las posturas son nuestra solución preferida para ese problema. Y las necesidades son
el origen o raíz del conflicto. Se trata de centrarnos en esas necesidades, aprender a
reconocerlas, jerarquizarlas y expresarlas y no tanto en nuestras posturas. Hay que
negociar sobre las necesidades porque esto abrirá el campo de las soluciones, ya que,
partiendo de las posturas estaremos cerrados a solo dos, la preferida por cada lado, que
normalmente, son las más antagónicas y no tienen nada en común. Desde las
necesidades, el abanico de soluciones es más amplio, estaremos yendo al meollo del
conflicto y podremos encontrarnos con necesidades comunes, además de las
antagónicas. Esos intereses comunes pueden ser ya una base de acuerdo y de optimismo
en la búsqueda de soluciones.
La principal dificultad es que queremos pasar directamente a solucionar el problema
sin haber aflorado y analizado sus raíces.

Buscar soluciones
* Tener en cuenta no solo el aspecto racional, sino también el emocional, ya que las
emociones son las que marcan nuestras percepciones y posturas.
* «Alejarnos» para ver las diferentes percepciones con menos apasionamiento.
* Ponernos en el lugar de las otras personas y de las otras percepciones del conflicto,
para comprenderlas y tener una idea más completa del mismo, así como desarrollar
una cierta empatía que nos predisponga mejor no solo a entender qué siente la otra
persona, sino a buscar soluciones satisfactorias para ambas partes. Es el llamado
enfoque socioafectivo, es decir, «vivenciar en la propia piel» la situación que se quiere
trabajar para tener así una experiencia en primera persona.
* Ayudarnos a analizar los conflictos, más allá de su apariencia exterior. Analizar sus
causas y raíces más profundas, descubriendo las necesidades insatisfechas que están
en su origen.

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* Desarrollar la imaginación y romper el bloqueo típico de limitarnos a pensar que hay
una única solución que tantas veces hemos ensayado con resultados negativos.

Cuéntame
Cada cual cuenta SU HISTORIA , sus percepciones, sus emociones. Se trata de que ambas
partes puedan sacar todo lo que tienen dentro, descargarse, pero controlando que eso
no sea agrediendo a la otra persona. Es una fase en la que hay que tener paciencia y
mucho tiempo. El no dar el tiempo suficiente puede suponer que todavía queden
muchas cosas por aflorar, y eso será un continuo obstáculo para seguir avanzando en
el proceso.
El objetivo principal es la escucha mutua, el intercambio de información, la
exteriorización de los sentimientos y sacar los puntos de acuerdo y desacuerdo.

Ubicarnos
En esta fase se trata de pasar de la historia de cada uno a construir NUESTRA HISTORIA.
No se trata de plantear soluciones, sino de llegar a un análisis común que identifique
en qué consiste el conflicto y cuáles son los problemas que hay en su raíz, y que nos
lleve a definir una agenda común de puntos a tratar y solucionar.
Es el momento de hablar del pasado y avanzar, preparando las bases para construir el
futuro. En esta fase es importante dejar las posturas a un lado y centrarse en los
intereses o necesidades. A ello ayudará preguntarse qué hay detrás de las posturas que
defienden las partes.

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Arreglar y acordar
Aquí vamos a desarrollar la creatividad y tratar de buscar y proponer soluciones a los
problemas que satisfagan las necesidades de ambas partes. Las soluciones tienen que
partir de las partes y son ellas las que decidirán. Una ayuda para desarrollar la
creatividad y evitar estancarse en sus propias posturas es recordar que ahora se están
haciendo propuestas, no se están tomando decisiones. El paso siguiente es el acuerdo.
En esta fase el objetivo principal será llegar a acuerdos que satisfagan en gran medida
a ambas partes y que sean realistas.
Cuanto más grande es el conflicto, más importante será incluir un mecanismo y unos
plazos para poder verificar los acuerdos y los compromisos que conlleva. No olvidar
que no solo estamos intentando resolver los conflictos, sino que estamos tratando de
aprender tanto de los aciertos como de los errores.

Impulsividad frente a reflexividad


¿Cómo adaptar nuestro nivel de reacción a la situación concreta? Nosotros somos los
actores de nuestra vida y en nuestras manos está la posibilidad de ser felices a pesar de
los acontecimientos externos. Funcionamos desde tres dimensiones:
* pensamiento
* sentimiento
* acción
Muchas veces asumimos que son las situaciones externas las que directamente causan
la manera en que nos sentimos y actuamos. Pero es cómo las interpretamos lo que
provoca nuestras reacciones emocionales.

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Vivimos en un mundo que valora mucho la rapidez y «parece» tener ventaja quien
responde primero a sus demandas. Esto es cierto; sin embargo, no siempre la celeridad
es sinónimo de precisión y puede ser un inconveniente al tomar decisiones sin haberlas
sopesado previamente, decisiones impulsivas que al evaluar después en la quietud de
la reflexión, podemos encontrar injustificadas. Si somos dueños de nuestras emociones,
si las controlamos, no tendremos que escoger reacciones de autoderrota sino proactivas,
que mejoren nuestro estado emocional y también el del resto de personas que nos
rodean.

Cómo controlar nuestras emociones


No basta con autocontrolarnos sino que también ha de parecer que estamos
autocontrolados. Para aprender a controlar nuestras emociones debemos partir de unos
principios básicos:
1. Mantener una apariencia tranquila ante los elementos que nos provocan temor, ira o
cualquier otra emoción difícil.
2. Adaptar el lenguaje a las situaciones de un modo realista.
3. Procurar ajustar los estímulos excitantes de las emociones a las condiciones de
tolerancia de nuestro organismo (palpitaciones, sudoración, tensión muscular…).
4. Activar cada día nuestros pensamientos positivos.
Para favorecer el control de las preocupaciones es aconsejable:
1. Sacar la preocupación de la mente y escribirla en un papel.
2. Programar un tiempo para pensar en esas preocupaciones exclusivamente.
3. Concentrarse en ese tiempo para buscar soluciones, parciales o totales. A veces no
hay una solución drástica sino evolutiva.
4. Liberarse y disfrutar el resto del tiempo.
Para saber qué hacer en los momentos difíciles:
1. En una situación difícil, guardar silencio, pensar y acumular energía. Pensar en el
asunto unos minutos y preguntarse: ¿qué puedo hacer?
2. Reunir a los implicados y mantener la calma. La actitud se contagia.
3. Solicitar concentración y ser ejemplo de ello.
4. Si no se consigue nada, evitar el abatimiento y enfocar el aprendizaje.
5. Si lo que la situación exige es un sobreesfuerzo, pedir a cada uno lo mejor de sí mismo
y poner también nuestra parte.
6. Si a pesar de todos los esfuerzos fracasa, busca el coraje positivo. Contagiar coraje y
no rabia. Confiemos en nuestras capacidades y en las de los demás.
Una manera de educar la psique es convencerla de que va estar mejor. Si se somete al
control, sus fuerzas van a aumentar. Controlar es medir lo que vamos a hacer, es
razonar, elaborar y ver si lo que vamos a hacer es lo que tenemos que hacer. No hay que
hacer algo innecesario. Como vivimos a base de pretextos, aparece la trampa de «no

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era el momento», es decir, se llega a la inacción. O el otro extremo, cambiar todo para
que nada cambie.
Cometemos muchos errores por vanidad o por tonterías. Buscar lo adecuado en cada
momento. Nuestra condición animal se guía por impulsos. Tenemos que controlar la
personalidad para que nuestra alma pueda expresarse.
Nuestros sentidos reaccionan de manera considerablemente diferente dependiendo de
la emoción que se siente ante determinadas circunstancias. Por ello, es necesario que
seamos conscientes de que si actuamos bajo ira, tenemos que darnos cuenta de que
podemos esperar hasta lo inesperado, debido al volcán de emociones que debe estar
sintiendo la otra persona, a la cual estamos hiriendo.
Reset & Reload... como en los ordenadores: apagar y volver a comenzar. «Si las cosas
han cambiado, ¿por qué sigue haciendo lo de siempre?». Está claro que no sirven
soluciones antiguas para problemas nuevos.

Por qué es importante saber resolver problemas


1. Si uno no se da cuenta de que existe un problema, no hará nada para solucionarlo.
2. Debemos prever muchas soluciones: así podremos elegir la más idónea; también
podremos elegir distintas soluciones si alguna fracasa.
3. Es importante prever las consecuencias; así podremos tomar una decisión con más
conocimiento y, por tanto, más acertada.
4. Si se elige una solución que sea justa, efectiva y que tenga en cuenta los sentimientos
propios de los otros, el problema probablemente desaparecerá.

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5. Ayuda a comprender mejor a los demás.
6. Evita que en el futuro haya más problemas.
7. Ayuda a respetar nuestras ideas y actitudes.
8. Ayuda a que los demás te comprendan mejor a ti.
Jung decía que la mayor parte de los problemas mentales no se solucionaban con
psiquiatría sino con filosofía. El resentimiento, la frustración, alimentan de forma
continua un torrente de pensamientos negativos que —con el tiempo— pueden llevarnos
a una depresión. Solemos pensar que una persona tiene pensamientos negativos porque
está deprimida y no que está deprimida porque no para de tener pensamientos
negativos.
Albert Einstein decía que ningún problema importante puede ser resuelto en el mismo
nivel de pensamiento en el que fue creado. En otras palabras: es necesario cambiar el
marco de referencia y para ello hay que ser capaz de apartarse de la idea de que lo que
veo es lo único que existe y empezar a buscar información, a preguntar y abrirnos a
escuchar.
Las personas solo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias
de no hacerlo. El cambio auténtico se produce, no por imposición de otros, sino por
reflexión propia y, a veces, esta reflexión lleva un tiempo. Invitar a la reconsideración
de algo es más efectivo que pretender convencer sobre la necesidad de un cambio.
Para generar salud no es imprescindible ser médico ni haber pasado por la universidad.
Si somos capaces de dedicar más tiempo y más esfuerzo a comunicarnos de verdad, no
solo a decir lo que sabemos, sino a expresar lo que sentimos, no a etiquetar con tanta
rapidez y sí a preguntar y a escuchar con más interés, de manera directa vamos a
empezar a notar sus efectos en nuestra salud, en nuestra energía y en nuestra vitalidad.
Bibliografía
Alonso Puig, M., Vivir es un asunto urgente.
Alzate, R. Análisis y resolución de conflictos. Una perspectiva psicológica. Bilbao:
Universidad del País Vasco, 1998.
Cascón Soriano, F. «Educar en y para el conflicto». Artículo.
Cornelius, H. Tú ganas, yo gano: Como resolver conflictos creativamente. Madrid:
Gaia Ediciones, 2003.
Redorta, Joseph. Entender el conflicto. La forma como herramienta, Paidos Ibérica,
2007.
Steinberg Guzmán, Delia. El héroe cotidiano. Ed. NA.

Imágenes
Pulgar arriba y flecha: Gerd Altmann en Pixabay
Discutiendo 6 y 9: Mohamed Hassan en Pixabay
Flechas de éxito: Gerd Altmann en Pixabay
Bombilla: Gerd Altmann en Pixabay
Megáfono y silencio: Gerd Altmann en Pixabay
Engranajes: Gerd Altmann en Pixabay

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