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Temas abordados

  • rencor,
  • Chris Rock,
  • humor y crítica social,
  • mensaje,
  • humor y conexión,
  • inteligencia,
  • humor y autenticidad,
  • bromas de mal gusto,
  • tabúes,
  • humor machista
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  • humor y autenticidad,
  • bromas de mal gusto,
  • tabúes,
  • humor machista

DEBATE: ¿EL HUMOR TIENE LÍMITES?

O es el cómico quien los pone


SIGNIFICADOS:
El chiste es una herramienta valiosa que nos libera y genera placer que se expresa en la risa.
El chiste es una manera de enfrentar las adversidades y de no dejarse abrazar por el dolor
Humor es el genio o estado anímico de una persona como, por ejemplo, “tener buen humor”
o “estar de mal humor”. La expresión sentido del humor se refiere a la disposición de una
persona a las bromas y risas. El humor también se refiere al género de la industria del
entretenimiento que se dedica a hacer reír a la gente a través de chistes, bromas y
sarcasmos. Una persona que se dedica a crear un espectáculo humorístico es denominado
como humorista
¿Hay que poner límites al humor?: «A veces lo utilizamos para esconder otras cosas»:
Podemos ocultar odio o rencor en el humor, ya que lo usamos como estrategia algunas veces
para burlase de personas que nos caen mal, por ejm: Me cae mal un gordo y le hago puro
chiste de su físico, eso ya se volvería algo rencoroso y odioso.
FAVOR. ¿Hay que ponerle límites al humor?
Rueda no lo considera límites, sino un desarrollo de empatía : «Si lo que a mí me hace gracia
o la broma que yo hago se basa en las desgracias o el mal ajeno, y no solo me río y me
divierto, sino que además me da igual cómo esa persona pueda sentirse, no estaré actuando
correctamente».
«Diferente es si me río de mí mismo o de situaciones donde no se ven afectados otros de
forma negativa, o estoy en un entorno de confianza donde sé que esas personas no van a
molestarse. Entonces, ¿por qué no?», comparte la psicóloga.
Por su parte, Feito opina que sí hay situaciones en las que nos equivocamos, porque
utilizamos el humor para esconder otras cosas: «Muchas personas usan el sentido del humor
para tapar hechos que les generan dolor, angustia o sufrimiento. Y esto no es sano, pues
nunca lograremos conectar, gestionar y resolver lo que nos genera sufrimiento al taparlo con
ese 'falso humor'». SANDRA PALACIOS MADRID 23/05/2022 a las 01:43h
[Link]
Los chistes me ofenden, ¿cómo gestionarlo?
En general, los chistes o la comedia nos pueden hacer más o menos gracia, pero Feito
insiste en que no deben ofendernos. «Otra cuestión es que estemos hablando de 'chistes
negros', 'chistes verdes' o 'chistes machistas'. En este caso, ya estamos traspasando la línea
del humor para meternos en creencias, ideologías, moralidad y una serie de aspectos que ya
nos tocan de otra manera».

CONTRA:

Entonces hay que plantearse: ¿tiene limitaciones el humor? El humor no, porque es
un instrumento. Es como si dijeras: ¿la ciencia tiene límites? Tampoco. Son los
humanos los que pueden destruir el planeta con la ciencia y son los humanos los que
te pueden hacer daño con el humor. Todos los chistes van a ofender a alguien

¿Existen los límites del humor? Este señor se llama David Broncano y es un cómico
muy popular en España. Su conclusión es que no, el humor no tiene límites porque
“que estés ofendido no quiere decir que tengas razón”. En otras palabras, David
Broncano te dice lo mismo que yo te digo en el episodio de hoy sobre los límites del
humor, pero de una forma mucho más divertida.
«El humor no debería tener límites porque es ficción y es mentira»

Protagoniza la comedia 'Dos años y un día' en Atresplayer Premium, donde un famoso


cómico termina en prisión por un delito de ofensa religiosa

¿Los límites del humor se los debería poner uno mismo?

-Sí, pero además es que ya hay chistes que no tienen sentido. Que no son graciosos.
La calidad del chiste es otro de los límites del humor. Hay chistes que son ofensivos
pero porque son malos y la sociedad ha evolucionado. No se pueden perpetuar
clichés o comportamientos, pero debe ser de una manera natural y orgánica. No
puede haber autocensura. Hay chistes que no tienen ya gracia y es algo que a mí
también me ha ocurrido.

El humor no hace un daño físico inmediato, aunque el daño moral es una cosa que,
pese a parecer demasiado abstracta, puede cuantificarse, al menos hasta cierto
límite. Todos somos, espero, partidarios de una libertad de expresión lo más
extensiva posible, pero también entendemos que deben existir ciertas limitaciones.
Las justas. Por ejemplo: no veo por qué debería impedirse que Fulano insulte a
Mengano. Un insulto será desagradable, pero es pasajero. Sin embargo, cuando
Fulano insulta a Mengano a todas horas y por todos los medios, sin dejarlo respirar, la
cosa puede considerarse acoso. Lo mismo sucede con el maltrato psicológico, con
las amenazas, o con las calumnias. Todas ellas son acciones verbales que no hacen
un daño físico per se, pero sí buscan provocar un daño psicológico, y van más allá del
mero deseo de expresarse con libertad. Limitar estas cosas es necesario, pero hay
que hacerlo en casos extremos. Si un cómico empieza a reírse de usted,
personalmente y concretamente de usted, bueno: quizá tenga usted motivos para
intentar callarlo. Pero si el cómico se burla de un colectivo, de una religión, o de
cualquier otra cosa que no sea una persona concreta, no veo por qué debería usted
sentir el impulso de pedir que se intervenga.

En el caso de la comedia, creo que lo mejor y lo más sensato es dejar que sean los
propios espectadores quienes decidan los límites del humor.

El humor, mientras sea realmente humor, no debe tener límites. Todos decimos
cosas controvertidas en privado, todos bromeamos con tabús en privado, pero la
comedia es el único laboratorio en el que se puede experimentar con ideas
controvertidas y tratar tabús ante la vista de todo el mundo. Un buen cómico es
capaz de decir cosas que muchos otros piensan en privado. Cuando Chris Rock
distinguía entre negros y negratas, decía algo que muchos otros negros piensan pero
no dicen, y que por descontado ningún blanco estadounidense puede decir sin que lo
consideren miembro del Ku Klux Klan. No es un asunto que pueda tratar como debe
una tertulia televisiva, no es un asunto que pueda tratar un noticiario. Es un asunto
que, en público, solamente puede tratar un cómico como Chris Rock. Si los buenos
cómicos no pudiesen tratar los temas controvertidos como solamente ellos saben,
estos temas quedarían exclusivamente en mano de tertulianos, periodistas y usuarios
de Twitter. Líbrenos Dios de esa aterradora posibilidad.

Para intentar encontrar los límites del humor, y recuperando una de las maravillosas
teorías del cómico Ignatius Farray, entenderemos que en el acto de la comedia
existen cuatro esferas principales: el emisor, el receptor, el mensaje y el contexto. El
análisis del chiste en sí (el mensaje), suele variar mucho según las otras tres
variables:
El emisor juega un papel importante. Una de las mejores cómicas que tenemos en
España actualmente es Elsa Ruiz, mujer transexual que suele abordar su condición de
género en sus shows. ¿Podría hacer los mismos chistes un hombre o una mujer
cisgénero? Probablemente el mensaje se entendería de otra manera, una de las cosas
que más valoramos en un cómico es la capacidad de reírse de sí mismo. Entonces,
¿deberíamos permitir hacer ciertos chistes tan solo a ciertas personas? ¿Sólo
podemos hacer chistes sobre cosas que de verdad vivimos o hemos vivido?

Cuando analizamos al receptor, es cuando surge la ya famosa disyuntiva entre el


derecho a ofender y el derecho a sentirse ofendido. Hay un gran problema aquí: lo
difuso del receptor en tiempos de redes sociales. Poca gente vería de buen gusto
hacer el clásico chiste de los judíos y el Seat 600 a un superviviente del Holocausto,
pero cuando publicamos el chiste en un tweet, puede alcanzar a cualquier receptor,
incluido el del ejemplo. Entiendo que esa persona tiene todo el derecho a sentirse
ofendida, pero no por ello considero que se deba prohibir al emisor realizar el
mensaje: si te ofende, critica o no lo escuches, pero no lo prohíbas. El mal gusto no
es ilegal (que se lo digan a mi fondo de armario). El humor, si no escuece, tiene poco
de humor.

Hoy en día que las sensibilidades se han afinado hasta un punto superlativo no es
fácil establecer los límites del humor. Hay ya muchos temas tabú o susceptibles de
herir sensibilidades: el feminismo, los colectivos LGBT, la sexualidad, la guerra, la
obesidad o cualquier otro detalle relacionado con la apariencia física… Cada vez hay
que prestar más atención sobre lo que es sujeto de una broma. De lo contrario puedes
acabar en el juzgado, como ha ocurrido recientemente con humoristas como Jair
Domínguez o David Suárez.

Claves para un humor inteligente

Inteligencia. La inteligencia da la capacidad de captar la realidad y encontrar el giro


que lleva una situación dramática hacia el humor. Ella nos da la cualidad de
desdramatizar y transformar las situaciones en algo cómico. También nos lleva a
enfocarnos en la parte más divertida de un acontecimiento. Muchos cómicos y
monologuistas como el Gran Wyoming, Andreu Buenafuente o Jimmy Fallon son
sumamente inteligentes.

Empatía. Percibir al otro y saber cómo se siente, es básico para llevarle hasta el
humor. Comprender qué le puede molestar para evitarlo y entrar gradualmente hasta
sacarle una carcajada son habilidades del humorista o persona que sabe crear
situaciones cómicas.

Creatividad. Los golpes de ingenio. Lo inesperado. Hasta el líder de los surrealistas


André Breton llegó a crear una Antología sobre el humor negro. Humoristas como los
Monty Python demuestran con creces la capacidad de ser creativos para llevarlo todo
a la comedia. Mr. Bean hace lo mismo con una simple visita a un dentista. Tomar la
realidad y llevarla al extremo, descontextualizando o pervirtiendo las normas para
hacernos reír. Todo vale si se mantiene el buen gusto y unas altas dosis de
creatividad.

Running Gag. El humor va in crescendo. Es evolutivo. Primero esbozamos una sonrisa,


después reímos y si persiste, estallamos en grandes carcajadas. Por eso el running
gag o gag repetido a lo largo de un tiempo determinado, es uno de los grandes
recursos técnicos de la comedia. Repetir lo que nos hizo reír, aumenta la experiencia
cómica.
El equívoco o ironía dramática seria otra fórmula que pasa por compartir información
con el espectador que los otros personajes no tienen. Por ejemplo, en Con faldas y a
lo loco, sólo nosotros sabemos que Jack Lemmon y Tony Curtis son hombres
disfrazados de mujeres.

Ríete de ti mismo y piensa en lo que te hace reír. Oscar Wilde decía que la relajación
mental ante nuestros defectos es clave para hacernos sonreír. Además, si uno no
sabe reírse de uno mismo queda expuesto a que le duela cuando los demás se ríen de
él. Reírse de los propios defectos nos hace más humildes y humanos. No es bueno
tomarse muy en serio porque este es el camino de la arrogancia y extremismo.

Evita bromas de mal gusto. La desgracia ajena o la debilidad pueden ser motivo de
risa, pero hay que tener mucho tacto y empatía en la forma trabajar el humor. No es
fácil discernir qué bromas van a resultar de mal gusto. La empatía y código ético
pueden darnos pistas. Hay temas escabrosos que es mejor evitar, como las víctimas
de una guerra, las cuestiones de género o raza, las personas discapacitadas…

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