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Acuerdo de París: Claves del Cambio Climático

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Universidad de Panamá

Facultad de Administración Pública


Escuela de Relaciones Internacionales
Lic. Relaciones Internacionales III Año

Nombres:
Susana Mendieta 884-794
Patricia Vinces
Bryan Ryfkogel 8-941-2146

Profesora:
Ella Cortes

Asignatura
Relaciones Internacionales y medio ambiente

Año Lectivo
2022
El cambio climático es un problema gravísimo al que nos enfrentemos y para
poder hacerle frente necesitamos actuar de forma inmediata porque nos estamos
quedando sin tiempos y sin opciones para poder evitar su progreso.

El acuerdo de París 2015 marca un precedente de acciones y medidas claras para


poder tomar acción en la problemática del cambio climático.

El acuerdo señala los objetivos que debemos aspirar de formar inmediata para
poder obtener un desarrollo sostenible a futuro para que no haya riesgos tanto en
el presente como en las nuevas generaciones.

Es por eso que en el presente trabajo, le detallaremos de la manera más precisa


posible, el acuerdo de París.

Acuerdo de París.
El 12 diciembre de 2015, en la COP21 de París, las Partes de la CMNUCC
alcanzaron un acuerdo histórico para combatir el cambio climático y acelerar e
intensificar las acciones e inversiones necesarias para un futuro sostenible con
bajas emisiones de carbono. El Acuerdo de París se basa en la Convención y, por
primera vez, hace que todos los países tengan una causa común para emprender
esfuerzos ambiciosos para combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos,
con un mayor apoyo para ayudar a los países en desarrollo a hacerlo. Como tal,
traza un nuevo rumbo en el esfuerzo climático mundial.

Tras cuatro años de negociaciones, el 12 de diciembre de 2015 se adoptó, en la


COP21, el Acuerdo de París. Estas negociaciones se llevaron a cabo en el
contexto del Grupo de Trabajo Ad Hoc de la Plataforma de Durban (ADP, por sus
siglas en inglés), establecido en la Cumbre de Durban en 2011 (COP17,
Sudáfrica). El ADP se creó con el mandato de adoptar, en 2015, un Acuerdo
global de cambio climático, de carácter jurídicamente vinculante, por el que todos
los países se comprometieran a participar en las reducciones globales de gases
de efecto invernadero.

El Acuerdo de París es el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante


sobre el cambio climático y fue adoptado en la Conferencia sobre el Clima de
París (la vigésimo primera conferencia de las partes o COP21) en diciembre de
2015.

Para que el Acuerdo entrara en vigor, al menos 55 países que representasen un


mínimo del 55 % de las emisiones mundiales debían depositar sus instrumentos
de ratificación. Todos hemos ido siguiendo con satisfacción las ratificaciones del
Acuerdo por la inmensa mayoría de los países del mundo, incluyendo los más
contaminantes.

Objetivos del acuerdo de París:

El Acuerdo de París tiene como objetivo evitar que el incremento de la


temperatura media global del planeta supere los 2ºC respecto a los niveles
preindustriales y busca, además, promover esfuerzos adicionales que hagan
posible que el calentamiento global no supere los 1,5ºC. De esta manera, el
Acuerdo recoge la mayor ambición posible para reducir los riesgos y los impactos
del cambio climático en todo el mundo y, al mismo tiempo, incluye todos los
elementos necesarios para que se pueda alcanzar este objetivo.

revisar los compromisos de los países cada cinco años:

ofrecer financiación a los países en desarrollo para que puedan mitigar el cambio
climático, fortalecer la resiliencia y mejorar su capacidad de adaptación a los
impactos del cambio climático.

Además, reconoce la necesidad de que las emisiones globales toquen techo lo


antes posible, asumiendo que esta tarea llevará más tiempo para los países en
desarrollo. En cuanto a las sendas de reducción de emisiones a medio y largo
plazo, se establece la necesidad de conseguir la neutralidad de las emisiones, es
decir, un equilibrio entre las emisiones y las absorciones de gases de efecto
invernadero en la segunda mitad de siglo.

Para alcanzar este objetivo de temperatura a largo plazo, los países se proponen
alcanzar el máximo de las emisiones de gases de efecto invernadero lo antes
posible para lograr un planeta con clima neutro para mediados de siglo.

¿Cómo funciona el acuerdo de París?

Para la aplicación del Acuerdo de París requiere una transformación económica y


social, basada en la mejor ciencia disponible. El Acuerdo de París funciona en un
ciclo de cinco años de medidas climáticas cada vez más ambiciosas llevadas a
cabo por los países. En 2020, los países presentaron sus planes de acción
climática conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC).

Contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC)

En sus contribuciones determinadas a nivel nacional (conocidas como NDC por


sus siglas en inglés), los países comunican las medidas que tomarán para reducir
sus emisiones de gases de efecto invernadero con el fin de alcanzar los objetivos
del Acuerdo de París. Los países también comunican en dichas contribuciones las
acciones que tomarán para crear resiliencia y adaptarse a los efectos del aumento
de las temperaturas.

Estrategias a largo plazo

Para centrar mejor los esfuerzos hacia el objetivo a largo plazo, el Acuerdo de
París invita a los países a formular y presentar para 2020 estrategias de desarrollo
a largo plazo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

Las estrategias de desarrollo a largo plazo con bajas emisiones de gases de


efecto invernadero proporcionan el horizonte a largo plazo a las contribuciones
determinadas a nivel nacional, aunque, a diferencia de estas, las estrategias a
largo plazo no son obligatorias. Sin embargo, sitúan a las contribuciones
determinadas a nivel nacional en el contexto de las prioridades de planificación y
desarrollo a largo plazo de los países, proporcionando una visión y dirección para
el desarrollo futuro.

Países en desarrollo

El Acuerdo de París se basa en la confianza. Para que funcione, los países deben
confiar en que sus esfuerzos individuales por reducir las emisiones se verán
correspondidos por los esfuerzos de los demás. Para los países en desarrollo, el
apoyo financiero es clave para esta confianza. Éstos deben creer que los países
desarrollados les apoyarán financieramente para elegir vías de baja emisión de
carbono y adaptarse a los impactos climáticos.

Sin embargo, la confianza en la financiación climática está en su punto más bajo.


En un informe publicado justo antes de la COP26, los países desarrollados
admitieron que no estaban cumpliendo su promesa de 100.000 millones de
dólares anuales a partir de 2020. Se quedaron especialmente cortos en el apoyo a
la adaptación. Esta confesión suscitó grandes dudas sobre la responsabilidad de
los países desarrollados respecto a sus compromisos.

En la COP26, estos países tomaron medidas para cerrar la brecha de financiación,


esbozando un plan para entregar los 100.000 millones de dólares para 2023.
También anunciaron planes para duplicar la financiación para la adaptación en
2025 con respecto a los valores de 2019.

Cerrar la brecha es un paso importante para restaurar la confianza en la


financiación climática. Sin embargo, es sólo el primer paso. Siguen sin resolverse
importantes cuestiones subyacentes de responsabilidad. Los financiadores tienen
que hacer más para demostrar que están proporcionando una ayuda de alta
calidad, predecible y accesible. Los receptores también pueden hacer más para
demostrar que utilizan los recursos internacionales de forma eficaz y justa. Mejorar
la rendición de cuentas de ambas partes será clave para el éxito a largo plazo del
Acuerdo.

¿Falta de transparencia?

Además de no haber cumplido con la cantidad de financiación prometida, los


países ricos han ofuscado el tipo y la calidad de la financiación que proporcionan.
A menudo han contabilizado dos veces la ayuda al desarrollo. Algunas
estimaciones muestran que el exceso de reportes sobre la “pertinencia climática”
podría significar que la financiación bilateral para el clima es un tercio inferior a la
comunicada.

Una parte importante de la financiación sigue llegando en forma de préstamos,


que se suman a la carga de la deuda de países ya muy endeudados. Hasta el
40% de toda la financiación climática es no concesional.

Los países ricos también se han quedado cortos en el apoyo a la adaptación, una
prioridad para los receptores, a pesar de haberse comprometido a ponerla en
igualdad con la financiación para la mitigación. La ONU calcula que sólo una
cuarta parte de la financiación total se destina a apoyar la adaptación.

La transparencia puede contribuir a mejorar la rendición de cuentas sobre el tipo


de financiación que los países contabilizan como financiación climática. Los
nuevos requisitos de información del Acuerdo, conocidos como “formatos
tabulares comunes”, exigen a los países que distingan entre financiación para la
mitigación y para la adaptación, y entre donaciones, préstamos y financiación
privada.

Los nuevos requisitos de información también pueden mejorar la previsibilidad de


la ayuda financiera. Esta es una de las principales preocupaciones de los países
receptores, que necesitan información por adelantado para planificar los
programas climáticos e integrarlos en los procesos presupuestarios y políticos
nacionales. La tendencia de los países ricos a anunciar compromisos financieros
ad hoc ha irritado a los receptores, que perciben que esos anuncios tienen más de
relaciones públicas que de auténtica ayuda. Otras pequeñas medidas, como la
concesión de donaciones en moneda local, pueden contribuir a que la ayuda sea
más predecible al eliminar la incertidumbre del cambio de divisas durante períodos
de proyecto más largos.

Los financiadores también deberían tomar medidas para hacer más accesible la
financiación climática. Muchos países tienen dificultades para cumplir los
estándares de gestión de las finanzas públicas exigidas para la acreditación que
les permita gestionar directamente los fondos internacionales. Los fondos
multilaterales tienen complejos requisitos de solicitud y criterios de evaluación, que
exigen una capacidad de la que muchos gobiernos pequeños no disponen o no
pueden disponer.

Los pequeños estados insulares se ven especialmente afectados por estas


barreras: se benefician menos que otros de estos fondos a pesar de su alta
vulnerabilidad. Los financiadores pueden ayudar a los países en desarrollo
apoyando procesos de acreditación simplificados, como los del Fondo de
Adaptación. También pueden crear “espacios de diálogo” para ayudar a los países
en los procesos de acreditación y solicitud.

¿Falta de responsabilidad?

Los países receptores también deberían tomar medidas para mejorar su


responsabilidad demostrando que utilizan la financiación climática de forma eficaz
y justa. Los beneficiarios llevan mucho tiempo luchando por establecer el principio
de restitución en las negociaciones climáticas de la ONU. Argumentan que la
financiación climática es una compensación por el daño, no una ayuda dada por
altruismo. Por principio, no creen que deban estar obligados a justificar el uso de
la financiación.

Sin embargo, en la práctica, los financiadores temen que la financiación de la


lucha contra el cambio climático favorezca la corrupción y apoye a los regímenes
autoritarios. Aunque rara vez se reconozca públicamente, esta desconfianza es la
causa de muchos de los obstáculos actuales al acceso. Estudios recientes han
demostrado que la financiación climática puede ser mal utilizada y que es poco
probable que llegue a las comunidades marginadas.

Aunque los beneficiarios pueden resentir con razón el paternalismo de los


financiadores, les beneficiaría demostrar su responsabilidad. Las herramientas de
información, tanto oficiales como no oficiales, ofrecen oportunidades para hacerlo.
Si se demuestra que los proyectos de mitigación están reduciendo eficazmente las
emisiones y que la financiación de la adaptación está beneficiando a las
comunidades más vulnerables, se generaría confianza entre los financiadores a la
hora de intentar reducir las barreras de acceso. Los financiadores pueden ayudar
a reducir la carga añadida de la presentación de informes mediante un mayor
apoyo financiero y técnico.

La COP26 inició un proceso de varios años para determinar un nuevo objetivo de


financiación a largo plazo que entrará en vigor en 2025. Los países en desarrollo
han vinculado claramente su ambición futura a un aumento significativo del apoyo
financiero, estableciendo la expectativa de un trillón de dólares anuales.

Si no se confía en que la financiación sea transparente y accesible, es probable


que los países en desarrollo sean más reacios a comprometerse a realizar los
recortes de emisiones necesarios para limitar el calentamiento a 2 °C.

En el peor de los casos, la falta de confianza en las finanzas podría hacer fracasar
el acuerdo. Sin embargo, es más probable que la falta de confianza vaya minando
poco a poco la ambición, haciendo que el Acuerdo fracase por ineficacia.
Tomar medidas ahora para mejorar la responsabilidad tanto de los financiadores
como de los receptores garantizará que la financiación permita el éxito a largo
plazo del Acuerdo de París, en lugar de obstaculizarlo.

Cumbre de ambición climática 2020

La Cumbre sobre la Ambición Climática, convocada por las Naciones Unidas, el


Reino Unido y Francia, en asociación con Italia y Chile en el marco del quinto
aniversario del Acuerdo de París, ha supuesto un importante hito en el camino
hacia el problema del cambio climático.

el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha hecho un


llamamiento a que el mundo entero declare el "estado de emergencia climática".

Desde el Acuerdo de París, se aceleran las consecuencias del cambio climático, y


las medidas para limitar a 1,5 grados el aumento de la temperatura se antojan
insuficientes.

Países como el Reino Unido se han comprometido a dejar de financiar proyectos


en el extranjero que tengan que ver con combustibles fósiles como el petróleo, el
gas o el carbón.

"Tenemos todos que aumentar nuestros objetivos para 2030 como hemos hecho
los europeos con una reducción del 55%. Debemos estar en la trayectoria de la
neutralidad en carbono en 2050. Es un deber con los países más vulnerables del
planeta que sufren ahora las consecuencias de los errores del pasado. Un deber
para nuestra juventud y las generaciones venideras" mencionaba el presidente
francés, Emmanuel Macron.

Durante esta cumbre virtual se comprometieron los países a realizar un mayor


esfuerzo para poder revertir los efectos del cambio climático.

Cumbre Glasgow 2021

La COP26 hizo hincapié en la urgencia y las oportunidades de avanzar hacia una


economía neutra en carbono y apeló a la transparencia y rigor de los planes de
acción climática, tanto de los gobiernos como de las empresas.
Se mantiene vivo el escenario de 1,5 ºC —con objetivos cuantitativos y referencias
explícitas a la reducción del carbón y los subsidios fósiles y se reconoce la
necesidad de cumplirlo para evitar efectos devastadores. Para ello, es
imprescindible reducir las emisiones un 45 % —con respecto a los niveles de 2010
— en 2030 y alcanzar las emisiones netas nulas en 2050.

En este contexto, se insta a los países a acelerar su acción climática y se les urge
a revisar e incrementar sus objetivos a 2030, en línea con el Acuerdo de París,
antes de finalizar 2022.

Hay que acelerar la reducción del carbón y la eliminación de subsidios fósiles


ineficientes, prestando apoyo para que sea una transición justa.

Los países desarrollados deben trabajar para cumplir con urgencia y


transparencia el objetivo de 100.000 millones de dólares de financiación climática,
así como para revisar al alza este objetivo antes de 2025. Se insta a los bancos
multilaterales y a los países desarrollados a alinear sus actividades de financiación
con el Acuerdo de París.

Se establece un plan de dos años para fijar un objetivo global de adaptación al


cambio climático y se pide a los países desarrollados que doblen su apoyo
financiero en materia de adaptación a 2025 para los países en desarrollo.

Se pone en marcha mecanismo de apoyo financiero a los países en desarrollo


para que puedan hacer frente a los impactos del cambio climático.

La Declaración de China y de Estados Unidos para reforzar conjuntamente la


acción climática en el marco del escenario de 1,5 ºC. Esta colaboración se
articulará en torno a cinco ámbitos de actuación: regulaciones y estándares para
promover intensas reducciones de emisiones durante esta década, transición
hacia un modelo energético limpio, electrificación de usos finales, economía
circular y tecnologías para capturar CO2 de la atmósfera.

India anunció un fuerte crecimiento renovable a 2030 (500 GW de energías limpias


para ese año) y su objetivo de neutralidad climática en 2070.
Más de 30 países —entre ellos, Estados Unidos, Canadá e Italia— se han
comprometido a poner fin al apoyo público a los combustibles fósiles para finales
de 2022.

Economía verde, el paso a seguir para lograr el objetivo

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) define la


economía verde como aquella que da lugar al mejoramiento del bienestar humano
e igualdad social, mientras que se reducen significativamente los riesgos
medioambientales y la escasez ecológica, además de conseguir un desarrollo
económico y un consumo eficiente de los recursos.

La economía verde, también conocida en algunas ocasiones como economía


ecológica, surge como respuesta para luchar contra el cambio climático, reducir
las emisiones de efecto invernadero y fomentar un desarrollo sostenible.

Más del 75 % de los ciudadanos han afirmado estar interesados en la ecología y


preocupados por el medio ambiente.

La economía verde compatibiliza el objetivo del crecimiento económico y la


creación de empleo con el uso eficiente de los recursos, lo cual se entiende como
trabajo verde. Y las empresas que trabajan respetando la naturaleza y el medio
ambiente generando bajas emisiones de carbono se consideran empresas verdes.

Además, muchas empresas verdes no solo están generando trabajo o empleo


verde, sino que están introduciendo una mentalidad ambiental en su producción,
generando productos más ecológicos y destacando la sostenibilidad de los
mismos a través del marketing verde.

El principal objetivo de la economía verde es conseguir un equilibrio social,


económico y ambiental, de manera que los procesos de producción generen
riquezas en las sociedades y no dañen el medio ambiente. Un cambio de
paradigma sobre el actual modelo económico.

la economía verde se centra en analizar, evaluar y medir tres pilares:


 Analizar el nivel de transformación económica y el crecimiento de las
empresas verdes.
 Evaluar el impacto del desarrollo en función del agotamiento de los
recursos y de su utilización.
 Medir el impacto social, a través del estudio del nivel de población con
acceso a recursos básicos, educación y salud.
La tendencias que busca establecer la economía verde son las siguientes:

Economía circular

En 2050 se prevé que la población mundial supere los 9000 millones de


personas, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las
Naciones Unidas. Por ello es importante cambiar el actual modelo de
producción y gestión de recursos que potencia el consumo a corto plazo y la
reducción de la vida útil de los productos. El futuro pasa por apostar por otros
modelos como la economía circular, que aboga por utilizar la mayor parte de
materiales biodegradables posibles en la fabricación de bienes de consumo,
para que estos puedan volver a la naturaleza sin causar daños
medioambientales.

Cultura empresarial

La cultura empresarial está ligada al comportamiento de la entidad de cara al


exterior y de su actitud social; además, viene determinada por factores
gubernamentales y la filosofía ecológica. El objetivo no es otro que, tanto el
target como los trabajadores se identifiquen con lo que se transmite
socialmente. Buen ejemplo de ello es Facebook, quien ha establecido una
paga de 10 000 dólares para aquellos empleados que se trasladen a vivir cerca
del campus corporativo.

Compras responsables

La economía verde no solo afecta a grandes empresas, con altos márgenes de


contaminación, sino también a los proveedores de las mismas, empresas más
pequeñas a las que se exigen ciertas responsabilidades relacionadas con el
medio ambiente. De esta forma la extracción, transporte y manipulación de
recursos es más eficiente, reduciendo el impacto ambiental de la actividad.

Infraestructuras verdes

La Comisión Europea define una infraestructura verde como aquella red


estratégicamente planificada de espacios naturales y seminaturales y otros
elementos ambientales diseñada y gestionada para ofrecer una amplia gama
de servicios eco sistémicos. Incluye espacios verdes (o azules si se trata de
ecosistemas acuáticos) y otros elementos físicos en áreas terrestres
(naturales, rurales y urbanas) y marinas.

El motivo de las infraestructuras verdes no es otro que mejorar la capacidad de


la naturaleza para facilitar bienes y servicios ecosistémicos múltiples y
valiosos, tales como agua o aire limpios. Otro aspecto importante de la
infraestructura verde es la restauración ecológica.

Agricultura sostenible

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO),


una tercera parte de la tierra agrícola está degradada, el 75 % de la diversidad
genética de los cultivos se ha perdido y el 22 % de las razas de ganado están
en riesgo. En este escenario, apostar por una agricultura sostenible se está
convirtiendo en una prioridad para los consumidores en los países
desarrollados. ¿Cómo podemos hacer una gestión sostenible de la tierra, el
agua y los recursos naturales?

 Utilizando abonos y fitosanitarios naturales.


 Biodiversidad, rotación y diversificación de cultivos.
 Eliminando el uso de pesticidas y herbicidas químicos.
 Apostando por cultivos orgánicos o ecológicos.

Economía colaborativa
Esta tendencia está ligada al punto uno, en el que se hablaba de la economía
circular. La economía colaborativa se basa en prestar, alquilar, comprar o vender
productos en función de necesidades específicas y no tanto para obtener
beneficios económicos. Algunos ejemplos podrían ser empresas que, en los
últimos años, han tenido una gran acogida por parte de los consumidores como
Airbnb, Uber, BlaBlaCar.

Revolución de las energías renovables locales

Se estima que entre 1200 y 1500 millones de personas en el mundo todavía no


tienen acceso a la energía eléctrica. Las energías renovables tratan de reducir
este número impulsando las energías limpias y de producción local, reduciendo los
costes de las importaciones y del transporte de energía. Los avances tecnológicos
y el internet de las cosas suponen una revolución para aquellas comunidades
excluidas, energéticamente hablando.

Estas tendencias no hacen más que ratificar la economía verde como una
alternativa real para enfrentar la crisis económica y ambiental de las sociedades
contemporáneas. La apuesta por este nuevo modelo podría aportar el
mantenimiento de un ambiente sano y un uso adecuado de los servicios, tanto
para la generación presente como para las futuras.

Impacto del acuerdo de París

El impacto del acuerdo de París a diferencia de otros intentos anteriores fallidos,


este histórico acuerdo tuvo éxito ya que permitió a cada país establecer sus
propios objetivos de reducción de emisiones y adoptar sus propias estrategias
para alcanzarlos. Además, las naciones, inspiradas por las acciones de los
gobiernos locales y regionales, las empresas y otros sectores, llegaron a
reconocer que la lucha contra el cambio climático genera importantes beneficios
socioeconómicos.

El acuerdo pudo dejar en claro la gravedad en la que estábamos y la dificultad que


íbamos a tener para salir de la misma si no actuábamos de manera inmediata,
inmediata.
Los gobiernos de las naciones no pueden enfrentar este desafío por sí solos.
Afortunadamente, el Acuerdo de París reconoce explícitamente el papel de los
gobiernos locales, las empresas, los inversionistas, la sociedad civil, los
sindicatos, las grupos religiosos y las instituciones académicas como
fundamentales para alcanzar la meta de 1.5°C.

Conclusiones

A manera grupal concluimos lo siguiente:

Las autoridades de gobierno deben realizar políticas ambientales que ayuden a


combatir el cambio climático, desde las instituciones académicas hasta las
empresas públicas y privadas. El cambio necesita ser instaurado desde la base
para poder empezar aplicarlo con la total seriedad que requiere.

El cambio climático supone riesgos para todos nosotros y es por eso que también
debemos hacer esto algo de cada uno de nosotros, no se puede dejar todo en
manos de las autoridades porque lastimosamente sus acciones en distintos temas
dejan mucho que desear. Naciendo de nosotros podemos empezar el cambio que
logre preservar el planeta.

Crear estrategias ambientales sostenibles que puedan ser desarrolladas y


aplicadas con eficiencia y a partir de estas estrategias sostenibles poder dar paso
a la economía verde.

Realizar proyectos con las empresas para instaurar la economía verde, beneficios
para el ciudadano como para el empresario, de esta manera conjunta se cuida la
economía, el medio ambiente y a su vez se establece un estilo de vida de
protección para el medio ambiente.
Referencia bibliográfica

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Ministerio de España para la transición ecológica (MITECO). (S.f.). Principales


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