Facultad de Ciencias de la Educación
Licenciatura en música
ACTIVIDAD 3: ESCRITO REFLEXIVO (actividad en clase)
Asignatura: Procesos Curriculares y Evaluación en Pedagogía Musical
INFORMACIÓN PERSONAL
Nombres y Apellidos: Milenys Adriana Narváez Lamar
Documento de identidad: 27024647
Código: 1481810150
Grupo: A1
1. A partir del artículo de la autora Pamela O’ Gorman (documento adjunto) elaborar un
escrito reflexivo donde se articulen las temáticas presentes en el texto, las temáticas
abordadas en clases y actividades anteriores.
Nota: El texto debe tener una extensión mínima de tres cuartillas.
2. Consultar cómo se citan textos y artículos en normas APA en el cuerpo del documento y en
la Bibliografía.
3. Referenciar con normas APA el artículo de O´ Gorman, otros documentos o material
audiovisual consultados por usted y los trabajados en clases anteriores.
4. Agregar el apartado de bibliografía en el documento.
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ESCRITO REFLEXIVO SOBRE IMPERATIVOS CULTURALES
PARA LA EDUCACIÓN MUSICAL PARA AMÉRICA EN EL SIGLO VEINTIUNO:
UNA VISIÓN CARIBEÑA DE PAMELA O´GORMAN
Sincretismo, ignorancia, desprecio. He vivido inmersa en cada una de las expresiones
referidas y sólo estoy abriendo mis ojos a esa realidad. Cada palabra anterior se refiere
a mi experiencia de la práctica musical vivida hasta el momento. Influenciada en mi infancia
por celebridades artísticas con los típicos elementos occidentales, crecí creyendo que sólo
la música de mi preferencia, en este caso, la balada, era la mejor. Luego, al exponerme en
algo a la música clásica concluí que era lo excelente y que las demás no eran comparable,
aún más, cuando a la música de mi contexto social se le llama “yuca”. Ahora “sólo sé que
nada sé” como dijo Sócrates. El conocimiento de la ignorancia propia, espero me ayude a
entender el complejo y vasto mar del tema de la práctica y educación musical en nuestro
contexto latinoamericano.
El do, re, mi y las siguientes notas vinieron en los grandes barcos imponentes de Europa a
las orillas de un territorio extensamente rico y en desventaja artillera, llegaron con ínfulas
de superioridad, y se constituyeron en la autoridad para el desarrollo musical de unos
pueblos que en sus faenas musicales buscaban una compenetración de su mente y
cuerpo, ajenos a los pentagramas y claves foráneas. La colonización fue musical también.
Los bellos cantos y ritmos fueron victimas de masacres, torturas y esclavitud que aún
persiste.
¿Por qué se piensa que la música europea es mejor que la nuestra? El trabajo mental
que se hizo a los nativos por los conquistadores fue tan eficiente que en su mayoría
aceptaron que lo mejor venía de afuera. Con la llegada de instrumentos musicales y la “culta
música” se fue extendiendo un manto que fue cubriendo y dejando entelarañados aquellos
rudimentarios instrumentos que hacían parte de los momentos especiales de aquellas
civilizaciones. Aquello que había sido admirado y replicado, vendría a ser ahora una especie
de vergüenza frente al constructo colonizador.
La tradición oral, sucumbió frente a la escritura musical sistematizada; ésta última es una
fuerza mayor. La imposición desembocó en un mono culturalismo y se evidencia a través
de todos los estamentos que hasta nuestros días permanece. En estos espacios la
enseñanza se enfoca en el desarrollo de habilidades eurocentristas cuyos productos serán
semejantes a las practicas musicales de lugares a miles de kilómetros de distancia
geográfica y social.
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La mente humana se alimenta de lo que le rodea, absorbe lo que el contexto le presenta,
en particular, si los pueblos latinoamericanos han ido desarrollando expresiones musicales
con las cuales se identifican, comparten en espacios sociales y momentos especiales , es
de entenderse el por qué al momento de exponer temas musicales a los niños en formación,
no hay una conexión con su entorno, el hablar de Bethoven o exponer una sinfonía es lo
más extraño que pueden escuchar, cuando la radio y sus padres escuchan diariamente un
paseo, merengue o son vallenato por ejemplo. Las personas no salen a bailar un aria de
Bach o salen a dar serenata pensando en la clave de Fa en la que está escrita una obra en
particular.
Lo aceptado en las regiones es aquello que lo identifica. Las vivencias que se cantan en
una carranga o en un canto llanero es lo que se constituye como lo propio. No importa si
el músico es de conservatorio, lo interesante es lo que le transmite y le hace vivir. En
contraste con eso, la formalidad de un canto gregoriano o la técnica vocal alemana están
distantes de sus afectos.
Pese a lo anterior, se estigmatiza que la música nuestra no está a nivel de las categorizadas
como músicas académicas, lo nuestro es folclor, lo europeo culto. Los cantos de las rivera
de los ríos palidecen frente a las operas y una flauta de millo es inferior a un clarinete
alemán ¿Qué debe suceder para que esto cambie?
Descolonizar la música latinoamericana es un sentir y una fuerza que va acrecentándose
con el pasar de los años. Entender y apropiarse de nuestras expresiones musicales surtirá
un efecto de libertad contrario al avasallante imperio de la música europea. No es
despreciarla como los del primer mundo han despreciado lo nuestro, es colocarla en el lugar
que le corresponde y darle el valor a lo propio.
Para que apreciemos lo autóctono, los formadores musicales juegan un papel
preponderante. Es enseñar más allá de lo estético y volver la mirada a un relacionamiento
social y cultural con la música. De esta manera, las distancias se acortarán y los procesos
de creatividad e identidad se fortalecerán desarrollándose entonces, entornos propicios que
favorezcan la descolonización que ha embargado nuestra riqueza musical.
Existen razones de peso, para que los educadores determinen salvaguardar el tesoro
musical que poseemos. También es necesario que propaguen desde cada centro escolar,
la importancia de querer y adueñarse con orgullo del arte que emerge en los rincones de
cada pueblo. Ninguno debe entender que no tiene
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dignidad un sencillo canto, cuando sale de una mente creativa que explora, entiende y canta
a su entorno como resultado de un proceso vivo y no frio como en aulas cuadriculadas.
La libertad requiere de un esfuerzo, por ello, es trascendental que emerjan modelos y
enfoques pensados en la multiculturalidad. La importancia del reconocimiento de lo que
ahora somos gracias a todos los procesos históricos que como latinoamericanos hemos
vivido, orientará y ubicará de manera certera la manera en la que se debe formar a las
nuevas generaciones. Construir formas de enseñanza no debe desprenderse de lo que
somos, de lo que hemos erigido pese al sometimiento expuesto.
Es menester, considerar principios que permitan la expresión de ideas musicales desde
niveles sencillos como una base para el entendimiento de la música. Además, propender
para que el proceso de aprendizaje sea continuo ayudando al desarrollo y adaptación al
medio ambiente. Sumado a lo anterior, es principio valioso el buscar que el conocimiento
musical encuentre su aplicación inmediata en el ambiente para que abarque otras músicas,
al igual que lograr que la capacidad de escuchar, percibir y apreciar se desarrolle
permanentemente como fuente de enriquecimiento para toda la vida. La formación musical
debe inducir a una visión y comprensión personal más profunda de las diversas músicas
existentes en el medio cultural en que se vive.
Si los formadores consideran los principios anteriores para la transformación de la
enseñanza se darán experiencias interesantes como por ejemplo lo que sucede en la
Escuela Musical de Jamaica, allí se destaca la integración de músicas que normalmente no
se estudian en los conservatorios tradicionales. Además, se da la oportunidad para que los
estudiantes estudien lo que les atrae, no son condicionados a un régimen musical europeo.
Se les brinda la posibilidad de ser creativos. Adicionalmente, los docentes pueden
especializarse en músicas diferentes y se aprecia la composición y los arreglos.
Ese trabajo tiene dos objetivos, el primero es lograr que los estudiantes se respeten y
respeten su música, luego de siglos de categorización inferior por lo propio, en segundo
lugar, enseñar la música de la manera en que puedan entender y asumir el conocimiento,
logrando un desarrollo integral y fomentando la creatividad. En este proceso también hay
un rescate por la oralidad y también el aprovechamiento de los elementos con los que
cuentan.
Cuando entré al programa de Música de Uniguajira y enterarme que iba a encontrarme con
el estudio del vallenato sentí un rechazo inmediato. Desde
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que llegué a La Guajira, cada día me expongo a esta música y mi interés nunca ha estado
en ella, siempre la he resistido. No obstante, al percatarme de la importancia que tiene para
este contexto los cantos y versos vallenatos me hace reflexionar en la forma de apreciar
esta cultura vallenata. La universidad está marcando la diferencia al incorporar dentro del
Programa de Licenciatura en Música materias que aborden la temática del vallenato.
Por otro lado, la etnia Wayuú, la que está cerca de nosotros, la que hemos mirado con
indeferencia, tiene una riqueza musical casi inexplorada, para nada apreciada. Sus
instrumentos son desconocidos e indecibles, conocemos poco o nada de ellos. Llegamos
a su territorio y en lugar de afianzar sus prácticas, ellos asumieron las nuestras. La falta
de identidad y poco aprecio de sus raíces han dado un fruto como el territorio donde viven,
desierto y distante.
En nuestro contexto se ha dado un paso discreto en búsqueda de la libertad coartada hace
muchos siglos. La Guajira es un escenario gigante en el que los que pretendemos ser
docentes de música debemos responder a la necesidad que surge en nuestro territorio.
Debemos procurar que nuestros buenos tesoros culturales sean valorados y conservados
a través de metodologías enfocadas al rescate y libertad de lo nuestro.
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Bibliografía
O'Gorman, P. (1987). Imperativos Culturales para la Educación Musical para América en el Siglo
XXI: Una visión caribeña. Revista musical chilena 41(168), 69 -76
Shifres, F. Rosaba-Coto, G. (2017). Hacia una educación musical decolonial en y desde
Latinoamérica. Revista Internacional de Educación Musical, 5, 85-91
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