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Dorado Vs Oro - Espanol

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El Dorado y el Oro.

Autor: Noperi Darari (のっぺりだらり)

Tan solo hubo resplandores.


Tan solo una inmaculada y absoluta manifestación de luz.
Los rayos de luz se reconocen entre sí, mas a su vez se repelen, como si se detestaran. Estas
luces no podían ser producidas por nadie más que aquellos quienes todo lo poseen.
Si un externo lo apreciara, notaría primero la inmensidad de riqueza presente.

Todos los tesoros en el mundo. Innumerables armas de leyenda. Todo esparcido en un mismo
almacén.
No hay duda en decir que un tesoro posee verdadero valor sólo bajo el dominio de alguien
digno.
Los hombres lo llamaron Rey de los Héroes.
Por otro lado, ellos no podían contemplarlo... No, aquellas incontables almas no tuvieron más
remedio que darle la espalda.

Todas las cosas —ya sea que estén por debajo o por encima del mundo físico— se reducen a
cenizas por culpa de un solo hombre.
Lo ama todo, así que lo destruirá todo. Ese anhelo nunca parará.
Desde el Cielo mismo fue descrito como una Luz Abominable.

Seres extraordinarios se encuentran en un espacio extra-dimensional, observando el paisaje.


Pero, si las cosas se descontrolan, no habrá forma de evitar que interfieran de forma nociva
con el mundo.
Ahora, en este espacio trascendental, ambos notan algo similar pero definitivamente distinto
al otro. Dan un paso dentro.
No, no dan un paso, sino que pisotean dentro.
La mera existencia del otro les parecía una declaración de supremacía.
Entonces, se encuentran, como atraídos, y brindan una tempestad de destrucción en este
mundo.
Este evento inminente era el peor de todos.
Quien empezó fue nuestro soberano, el Espíritu Heroico más antiguo de todos, Gilgamesh.

«Tú. ¿Quién te permitió estar acá? ¿Quién te permitió hacerte llamar rey? Un insulto tan
bárbaro amerita diez mil muertes.»
Observa en silencio aquel dorado distinto al suyo, como si lo elogiara, haciendo alarde de una
actitud arrogante.
Sus acciones, por sí solas, aparentan una intimidante ira y un disgusto indiscreto.
El otro hombre, habiendo encarado la ira del rey, le respondió con sus bestiales ojos brillando.
«¿Qué pasa? No es este más que un asunto trivial, pues nuestro encuentro está también
sumido en el gueto de lo ya sabido.»
Sus ojos se abrieron, aparentando desgana y, a su vez, compasión. Eso fue suficiente para
acrecentar la ira de su oponente, el Rey de los Héroes.
«Uhm, conque un mestizo envalentonado. Comprende el significado de la palabra
incomparable.»
Tan pronto dijo eso, detrás de él apareció un agujero resplandeciente.
En su comportamiento ya no se percibía arrogancia. Tomó rápidamente una decisión: eliminar,
urgentemente a aquel insolente delante suyo.
Al anterior agujero le siguieron muchos otros. La cantidad total aumentaba a velocidad de
vértigo, en posiciones aleatorias. Casi cubrían todo el paisaje.
Entonces, un objeto se asomó por uno de los agujeros.
Luego fueron dos, luego tres, luego cuatro… La cantidad de artículos no mostraba signos de
parar. Por el contrario, cada vez salían más y más rápido.
«¡Esto es lo que significa reinar!»
Levantó una mejilla con una sonrisa desdeñosa. Sólo el paisaje detrás suyo sufrió un cambió:
repentinamente pasó de quieto a distorsionado.
«¡¡Tesoro del Rey (Gate of Babylon)!!»
El par de ojos brilló, asomándose como si estuviesen anticipando ese rugido.
Un enjambre inconsistente de artículos de todo tipo atacan todos a su objetivo de manera
indiferente, y con solo “violencia” como único punto en común entre ellos.
El enjambre que emergió de la luz estaba compuesto de las manifestaciones de mitos diversos,
y se llamaban Noble Phantasms.
Una vez expulsados de sus agujeros, lentamente reaparecían para volver a ser expulsados
hacia el hombre de Oro.
Una espada sin parangón, una lanza maldita que trae muerte certera, una hoz de rituales y el
par de espadas de un gran general.
Sólo para mostrar sus habilidades ocultas.
Paseando por un vacío infinito.
«¡Fu, ja, ja, jah! ¡Gran comienzo! ¡Perdonaré tu maleducada actitud! ¡Resiste con todas tus
facultades y muéstrame!»
El espacio donde aquel hombre yacía ahora permanecía destruido a causa de las innumerables
armas.

Yo soy el rey, aquel que debe observar hacia abajo desde el cielo.
Por lo tanto, no te permitiré estar a la misma altura que yo.
Entonces, todo lo que se debe hacer es obligar a tu oponente a caer al suelo.

Su sonrisa, aquella de indiscreta arrogancia o incluso satisfacción que mantenía por solo usar
su barbilla, desapareció súbitamente.
Y el motivo era…
«Ah… Maravilloso.»
… ignorando el polvoriento espacio...
«Espléndido, rey de Babilonia.»
… resonó un llanto infantil y brillante.
Eso era todo.
Y, sin embargo, fue más que suficiente para borrar la soberbia sonrisa del Rey de los Héroes.
Frente a él había un alma inocente, alegre de haber superado por fin lo ya sabido, en el
nacimiento de un nuevo mundo.
Un asura, poseedor de una melena dorada, desciende de donde debió estar su cadáver.
Su voz rebosó de alegría al ver que lo ya conocido estaba siendo disipado por ese factor.
«Tiene usted razón. Entonces, ¿qué tal si empezamos?»
El destructor, intacto, aunque tarde, señalizó finalmente el comienzo.
El otro hombre, por otro lado, tenía todo tipo de pensamientos en su cabeza menos
pensamientos alegres.
Claro que un hombre como Gilgamesh sería incapaz de mostrarse de buen humor ante tal
situación.

«¡¡Eres un mestizo!!»
Gilgamesh, con la sangre subiendo a su cabeza, ni siquiera atendió a sus palabras.
Sólo estaba mostrando enojo e impaciencia ante la inaudita realidad de que su tesoro se
mostró ineficaz.
Así que continuó expulsando Noble Phantasms, cosa insignificante.
Pues nunca logró alcanzarlo.

«Yetzirah...»
«Santa Lanza Divina del Destino (Longinuslanze Testament).»
Dando su estricto juicio y quemando todo sin dejar rastro.
El hombre entonces dice:
«Yo amo todo lo que existe. Por lo tanto, todo lo destruiré.»
Tan solo esas palabras fueron más que suficiente para arrebatar toda arrogancia del rey y
héroe más antiguo de toda la historia.
«¡Ya veo…! Entonces, arrodíllate ante mí, ¡pues hay aquí algo que no puedes destruir!»
Inmediatamente después, el espacio detrás de Gilgamesh se distorsionó.
En esta ocasión, el siguiente Noble Phantasm en lista no fue ningún tipo de arma.
Eran unas cadenas extraordinarias que encadenan incluso a Dios.
«Inclina tu cabeza; ¡ha llegado la hora del juicio!»
«¡Cadenas del Cielo (Enkidu)!»

Con solo hablar, la sala del tesoro abre su cerradura.


A diferencia de las veces anteriores, en esta ocasión no emergió sólo violencia de las copiosas
cantidades de agujeros de luz.
Salió algo que ata, encadena y priva de toda libertad.
Cadenas disparadas desde todas direcciones ataron a la Bestia, impidiéndole el movimiento.
Esas cadenas son el asesino de dioses más formidable de la historia, el cual sella a aquellos
con una alta taza de divinidad, como él.
«A un mestizo como tú le sienta bien la apariencia de un perro encadenado.»
Pero, a pesar de sus palabras, su expresión no muestra signo alguno de disgusto.
A diferencia de antes, el hombre no tomó medida alguna para evitarlo, y el hombre de la
armadura dorada sintió una inefable y espeluznante emoción.
Era una emoción rara en alguien tan arrogante como él. Pero ese sentimiento de incomodidad
no fue error alguno.
Eso es porque las cadenas más poderosas, capaces de atar a dioses, empezaron crujir y
contorsionarse.
Pero, de ser eso todo, no había nada raro en ello. Mientras más se resistían los objetivos de esa
cadena, más salían a relucir sus capacidades divinas y más fuerte se vuelve el agarre de las cadenas.
No obstante, el fenómeno presente no era el mismo que el anteriormente descrito.
Esta vez parecía como si su agarre estuviese llegando a su límite.
«¡Hombre ignorante! ¡Estas son las Cadenas del Cielo que alguna vez ataron al mismísimo
Herácles!»

Sin prestar atención a su palabras ni a la experiencia que tenían en guerra, las cadenas
siguieron crujiendo cada vez más y más fuerte.
Y desde alguna parte, una voz como salida de las profundidades resonó anunciando el
comienzo de la destrucción.
El prólogo era violento, pero la verdadera destrucción se alzaba lenta y silenciosamente,
haciendo sonar su campana.

«Ningún hombre mortal bajo el sol, ningún poder, ninguna cadena le constreñirá, porque Él
habita en lo más profundo; Él es un alma de la tumba.»
La cadena crujió aún más fuerte.
Ese crujido se asemejaba al de su usuario.
«Sus grilletes se desmoronan, Sus cadenas caen inertes al suelo; grita que es el Amo de la
Tumba.»
Y así, el ímpetu de la destrucción venidera se acrecentó, reduciendo sin problemas el Noble
Phantasm a un mero bulto de hierro.
«B-Bastardo...»
«Todo en el mundo carece del poder para contenerlo.»
La cadena, destrozada, desaparece sin dejar rastro.
Como si nunca hubiese existido, como si hubiese regresado a la nada.
«Por eso, Dios Le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”.»
«¡E-Eres un…!»
Su Noble Phantasm fue destruido, y la miseria que nunca antes había experimentado despertó
en él ira y enojo.
«¡Responde! ¡¿Cuál es tu nombre?!»
«Es una pregunta tonta. Cuánta ignorancia. Si no lo sabes, te responderé:»
A este punto, lo único que el Rey de los Héroes pudo hacer fue preguntar.
«¡¡Responde!!»
«Mein Name ist Legion (Mi nombre es Legión)»
La Bestia Dorada… Reinhard Heydrich desató un lugar único donde puede mostrar todo su
poder.
«Briah...»
Se escuchó su voz.
«¡Apoptosis: Quinto Universo de Oro (Gladsheimr… Gullinkambi fünfte Weltall)!»
Estaba allí el mundo de Asura.

Un universo se expande, y el anterior empieza a desaparecer, como si lo hubiesen pintado por


encima.
Cuando Gilgamesh finalmente comprendió la situación, habló en un tono sosegado, a
diferencia de antes.
«Juh, conque creando los principios del universo. No apruebo tal sinsentido.»
Silencio. Puro silencio.
Un agujero de luz aparece junto a Gilgamesh. Solamente uno esta vez.
El final se sitúa en una zona absoluta e inviolable. Aparece algo cuya forma no encaja en la de
ningún arma.
El tesoro primordial en su tesorería. Un Noble Phantasm Anti-Mundo se manifiesta como
algo fuera de este mundo.
«Esto es digno de enfrentarse al mundo mismo.»
Es precisamente en el lugar de la creación donde se revela la esencia.
Esto es algo que le permite saber la verdad.
«La llamo EA.»
Empezó entonces EA a rugir poco a poco.
Su rugido se asemejaba a la alegría de su usuario.
Pero, aquí, el Diablo que es Reinhard Heydrich evoca solamente la más pura forma de alegría.

Su amor es pasión por la destrucción.


Lo que buscaba era un estado de plenitud del alma.
Ah… ¿Por qué? ¿Por qué no puedes soportarlo?
¿Por qué te quiebras ante la más ligera caricia de tu piel?
Semejante crueldad...
Todas las cosas en este mundo son demasiado delicadas.
Para amarlo... habremos primero de romperlo.
Por lo tanto…
Recuerda la muerte.
«Surca los cielos por sobre el borde del abismo. Yo amo todo lo que existe.»
Tanto la victoria como la derrota serán decididas en este momento.

El hombre de armadura dorada alzó su Noble Phantasm hacia el cielo, llegando a su clímax.
El hombre de oro alzó su Lanza Divina en el imparable reino de Asura.
«Vamos, mestizo.»
Aquel mito estaba por partir el mundo una vez más.
«Ah, ven.»
Aquella destrucción finalmente hiló el mundo.
«Atziluth...»
Esas palabras divinas...
«El Cielo y la Tierra se Separan (Enuma)...»
«Du-sollst (Rebosante de Caos)...»
Esa maldición…
«¡Estrella del Albor (Elish)!»
«¡Día de Ira (Dies Irae)!»
… emanan.

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