PSICOANALISIS
FREUD, SIGMUND
El psicoanálisis es una práctica terapéutica y técnica de investigaciónfundada alrededor
de 1896 por el neurólogo austríaco Sigmund Freud. A partir del psicoanálisis se han
desarrollado posteriormente diversas escuelas de psicología profunda o de orientación
dinámica y analítica. Asimismo, la teoría ha influido sobre muchas otras escuelas
psicológicas y de terapias no necesariamente psicoanalíticas. El psicoanálisis tiene
como objetivo la investigación y el tratamiento de los problemas emocionales desde
el punto de vista de la infancia de la persona, la interpretación de los sueños, los
actos fallidos y la técnica de asociación libre, entre otras. El interés de Freud recayó
en el tratamiento de individuos que manifestaban un comportamiento anormal
extrayendo sus conclusiones de la observación clínica, técnica que reivindica frente a la
de la experimentación. Freud creía que poderosos impulsos biológicos, principalmente
de naturaleza sexual, influían en el comportamiento humano. Opinaba que estas
tendencias eran inconscientes y que creaban conflictos entre el individuo y las normas
sociales. El trabajo de Freud surgió en parte del trabajo clínico de Josef Breuer y otros.
Posteriormente, el psicoanálisis se desarrolló en diferentes direcciones, principalmente a
partir de estudiantes de Freud, algunas de ellas en oposición a los postulados freudianos,
como en el caso de Alfred Adler y en el del colaborador de aquel, Carl Gustav Jung,así
como por pensadores neo freudianos, como Erich Fromm, Karen Horney y Harry Stack
Sullivan. El psicoanálisis es una disciplina controvertida y se ha cuestionado su
eficacia como tratamiento. Ha sido reemplazada en gran medida a mediados del siglo
xx por la similar pero más amplia psicoterapia psicodinámica, aunque conserva una
influencia destacada dentro de la psiquiatría. Los conceptos psicoanalíticos también se
usan ampliamente fuera del campo terapéutico, en áreas como la crítica literaria
psicoanalítica, así como en el análisis del cine, los cuentos de hadas, perspectivas
filosóficas como el freudomarxismo y otros fenómenos culturales.
El psicoanálisis como teoría explicativa
El psicoanálisis es una teoría sobre los procesos psíquicos inconscientes, que presenta
una concepción ampliada de la sexualidad, de sus relaciones con el acontecer psíquico y
su reflejo en lo sociocultural. El supuesto de que existen los procesos, fenómenos y
mecanismos psíquicos inconscientes junto al papel de la sexualidad y del llamado
complejo de Edipo, que resulta en una diferenciación entre instinto y pulsión; así como
la aceptación de la teoría de la represión y el papel de la resistencia en el análisis
constituyen para Freud los pilares fundamentales de su edificio teórico, al punto que
sostiene que «quien no pueda admitirlos todos no debería contarse entre los
psicoanalistas». Esta definición de Freud ha tenido amplia aceptación entre los
psicoanalistas, así como también la necesidad de la transmisión del saber a través del
análisis didáctico y los análisis de control o supervisados. Esta aceptación o
identificación con los pilares centrales de la teoría y el método, se dio en medio de
controversias. Refiriéndose a la definición de Freud de 1922, la historiadora Élisabeth
Roudinesco comenta:
«Freud proporcionó la definición más precisa del marco psicoanalítico, al subrayar que
sus "pilares" teóricos eran el inconsciente, el complejo de Edipo, la resistencia, la
represión y la sexualidad. Si bien los freudianos de todas las tendencias siempre
aceptaron reconocerse en esta definición de psicoanálisis, no han cesado de combatir
entre ellos a dividirse acerca de la cuestión de la técnica psicoanalítica y el psicoanálisis
didáctico». En efecto, los psicoanalistas de las generaciones que siguieron a Freud
desarrollaron la teoría en diversas direcciones, en parte reforzando y complementando
sus ideas, en parte distanciándose de ellas o criticando algunos puntos más o menos
centrales. Estos movimientos de diferenciación e integración, han dado lugar a la
existencia de varias escuelas, con diversas concepciones u orientaciones. Por ejemplo, la
Psicología del yo, la teoría de las relaciones objetales el psicoanálisis relacional, el
psicoanálisis lacaniano. Asimismo, escisiones tempranas y divergencias en aspectos
decisivos dieron lugar a escuelas completamente independientes, como la psicología
analítica de Carl Gustav Jung.
El psicoanálisis como método de investigación
El psicoanálisis incluye también una serie de métodos para la investigación de la
experiencia, el pensamiento y la conducta humana, tanto de sujetos individuales como
de grupos y culturas. Esta última aplicación se ha llamado también etnopsicoanálisis. La
idea central de esta aplicación del psicoanálisis consiste en que tras la superficie en la
que se representan las formas de comportamiento perceptibles (en la conducta
individual y en la de los grupos y culturas) así como también tras las normas sociales y
valores de una comunidad cultural, con frecuencia se esconden contenidos y
motivaciones inconscientes que no son de acceso fácil al Yo y que pueden develarse y
hacerse comprensibles con la ayuda de los conceptos y métodos del psicoanálisis. En las
décadas siguientes a Freud, diversos psicoanalistas desarrollaron otras técnicas para la
exploración e interpretación psicoanalítica de diversas manifestaciones culturales: desde
los cuentos de hadas y mitos hasta el análisis de obras literarias mayores, del cine o de
las artes plásticas.
El psicoanálisis como terapia
En el sentido estricto, el psicoanálisis puede ser definido como un método y técnica de
tratamiento psicoterapéutico basada en la exploración del inconsciente a través de la
asociación libre. A diferencia de los métodos que se basan en ejercicios, entrenamiento
o aprendizaje (como las técnicas conductuales) o de las explicaciones en el plano
cognitivo, el psicoanálisis se cuenta entre las técnicas de descubrimiento o develación
que intentan que el paciente logre una comprensión profunda de las circunstancias
(generalmente inconscientes) que han dado origen a sus afecciones, o son la causa de
sus sufrimientos o malestares psíquicos. Aunque frecuentemente se asocia esto a la
introspección, constituye un malentendido esperar como objetivo esencial de la terapia
psicoanalítica una comprensión racional acerca de las relaciones causales. Se trata más
bien de lograr una reestructuración de más amplio alcance de la personalidad, muy
especialmente de la vida afectiva y particularmente en aquellas áreas que contribuyen y
mantienen la formación de síntomas, o de formas defensivas que causan daño o
malestar. El psicoanálisis clásico se desarrolla durante algunos años con una
frecuencia de tres a cinco veces por semana. En la disposición clásica el paciente se
recuesta en un diván y habla, en lo posible sin censura, sobre todo lo que siente, piensa,
poniendo en palabras toda ocurrencia que le venga a la mente. Esta técnica se denomina
asociación libre y constituye la regla fundamental. El analista que está sentado tras él,
escucha manteniendo una atención parejamente flotante y comunica al paciente sus
interpretaciones, hechas según el material que va apareciendo durante el proceso
analítico. El analista entrega estas interpretaciones a su paciente tantas veces como
considere conveniente y en las situaciones que decida. En particular el analista captará e
interpretará los patrones emocionales y de funcionamiento psíquico, los mecanismos
típicos que el paciente repite en la relación con él en forma de transferencia y,
básicamente, las formaciones del inconsciente que surjan en el discurrir del analizante a
lo largo de su análisis. “Independientemente de las variaciones que existen en las
diferentes escuelas posteriores a Freud, donde muchas de ellas modifican esta
"disposición" o "encuadre" clásico, el eje central del psicoanálisis como técnica
terapéutica es la asociación libre. Desde la época de Freud y hasta la actualidad se le
asigna a la llamada "regla técnica fundamental" un carácter demarcatorio entre lo que se
llama psicoanálisis y lo que es una terapia diversa de este.
Las tópicas
Tal y como aclaran Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis en su "Diccionario de
Psicoanálisis" Tópica hace referencia a una "Teoría o punto de vista que supone una
diferenciación del aparato psíquico en cierto número de sistemas dotados de
características o funciones diferentes y dispuestos en un determinado orden entre sí, lo
que permite considerarlos metafóricamente como lugares psíquicos de los que es
posible dar una representación espacial figurada. Corrientemente se habla de dos tópicas
freudianas, la primera en que se establece una distinción fundamental entre
inconsciente, preconsciente y consciente, y la segunda que distingue tres instancias: el
ello, el yo, el superyó.
Primera tópica: consciente, preconsciente e inconsciente
La conciencia es la cualidad momentánea que caracteriza las percepciones externas e
internas dentro del conjunto de los fenómenos psíquicos. El término inconsciente se
utiliza para connotar el conjunto de los contenidos no presentes en el campo actual de la
conciencia. Está constituido por contenidos reprimidos que buscan regresar a la
conciencia o bien que nunca fueron conscientes y su cualidad es incompatible con la
conciencia. El preconsciente designa una cualidad de la psique que califica los
contenidos que no están presentes en el campo de la conciencia pero pueden devenir en
conscientes. Los estados reprimidos son inaccesibles sin una hipnosis, generalmente son
revelaciones a través de imágenes retenidas durante el tiempo de vida de cada individuo.
Segunda tópica: el Ello, el Yo y el Superyó
El Ello es la instancia más antigua y original de la personalidad y la base de las otras
dos. Comprende todo lo que se hereda o está presente al nacer, se presenta de forma
pura en nuestro inconsciente. Representa nuestros impulsos o pulsiones más primitivos.
Constituye, según Freud, el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Opera
de acuerdo con el principio del placer y desconoce las demandas de la realidad.
El Superyó es la parte que contrarresta al ello, representa los pensamientos morales y
éticos recibidos de la cultura. Consta de dos subsistemas: la "conciencia moral" y el
ideal del yo. La "conciencia moral" se refiere a la capacidad para la autoevaluación, la
crítica y el reproche. El ideal del yo es una autoimagen ideal que consta de conductas
aprobadas y recompensadas.
El Yo es una parte del ello modificada por su proximidad con la realidad y surge a fin de
cumplir de manera realista los deseos y demandas del ello de acuerdo con el mundo
exterior, a la vez que trata de conciliarse con las exigencias del superyó. El yo
evoluciona a partir del ello y actúa como un intermediario entre este y el mundo
externo. El yo sigue al principio de realidad, satisfaciendo los impulsos del ello de una
manera apropiada en el mundo externo. Utiliza el pensamiento realista característico de
los procesos secundarios. Como ejecutor de la personalidad, el yo tiene que medir entre
las tres fuerzas que le exigen: las del mundo de la realidad, las del ello y las del superyó,
el yo tiene que conservar su propia autonomía por el mantenimiento de su organización
integrada. Los papeles específicos desempeñados por las entidades ello, yo y superyó no
siempre son claros, se mezclan en demasiados niveles. La personalidad consta según
este modelo de muchas fuerzas diversas en conflicto inevitable.
Freud define la represión como una operación cuya esencia consiste en rechazar y
mantener alejados de la consciencia determinados elementos que resultarían dolorosos o
inaceptables para el yo. La pulsión, cuya satisfacción por sí misma produciría placer,
conlleva el peligro de producir displacer por los problemas que acarrearía el no
satisfacer otras exigencias, igualmente internas, pero que constituyen las instancias
psíquicas (superyoicas) representantes de las exigencias morales. Estos pensamientos o
ideas tienen para Freud un contenido sexual. La represión se origina en el conflicto
psíquico que se produce por el enfrentamiento de exigencias internas contrarias entre un
deseo que reclama imperativamente su satisfacción y las prohibiciones morales. En un
sentido más general y menos estricto, la palabra «represión» fue utilizada también por
Freud como sinónimo de «defensa», en tanto se refiere a ella como prototipo de otras
operaciones y mecanismos defensivos, mediante los cuales el yo se protege del dolor o
displacer que causa este conflicto, «reprimiendo» el deseo inconsciente.
En los sueños opera la condensación. Varios elementos presentes en el sueño latente
se conjugan, se unen en un mismo elemento; pueden ser fragmentos de imágenes, frases
o trozos de ideas. Estos fragmentos de vivencias siempre estarán unidos de alguna
forma por elementos comunes, que los relacionan y aparecen durante el análisis por
medio de la asociación libre. Un ejemplo de condensación se da cuando soñamos con
una persona que reúne rasgos de diferentes personas, a veces se presenta como una
persona determinada y de pronto se convierte o desempeña el papel de alguna otra más.
El desplazamiento, que también se presenta en los sueños, pero que corresponde a una
de las operaciones que el psicoanálisis describe para la formación de síntomas
neuróticos, consiste en la separación o desprendimiento del afecto (la intensidad, la
importancia y la cantidad de afecto) que está ligado a una idea o representación y que se
desplaza hacia otras representaciones. De esta manera puede parecer como importante
algún elemento que en realidad es superfluo y, por el contrario, recordar de forma
imprecisa y sin importancia elementos que originalmente la tenían, pero que por esta vía
han quedado desprovistos de su monto de afecto original. El desplazamiento es el
proceso que más influye en ocultar el sentido latente del sueño. Cuanto más confuso y
oscuro es un sueño, más ha sido influido por el desplazamiento.
El psicoanálisis emplea el término pulsión (impulso que tiende a la consecución de un
fin) para el estudio del comportamiento humano. Se denomina pulsión a las fuerzas
derivadas de las tensiones somáticas en el ser humano, y las necesidades del ello; en
este sentido las pulsiones se ubican entre el nivel somático y el nivel psíquico. La
pulsión es un impulso que se inicia con una excitación corporal (estado de tensión), y
cuya finalidad última es precisamente la supresión de dicha tensión.
Hay dos tipos de pulsiones, la pulsión sexual o de vida (Eros) y la pulsión de muerte
(Tánatos). Para el psicoanálisis el impulso sexual tiene unas acotaciones muy superiores
a lo que habitualmente se considera como sexualidad. La libido es la energía pulsional,
y puede presentar diferentes alternativas según esté dirigida a los objetos (libido
objetal), o bien se dirija al propio Yo (libido narcisista).
El psicoanálisis establece una serie de fases a través de las cuales se verifica el
desarrollo del sujeto. Desde el punto de vista de dichas fases, los conflictos psíquicos -
y su posibilidad de resolución- dependerán del estancamiento de una fase (fijación) o
del retorno a una fase precedente (regresión).
Freud distinguió a partir de 1915 diversos momentos y "dimensiones" de una
pulsión:
-La fuente que tiene su origen en lo somático y que se traduce por una tensión, una
suerte de impulso
-El Drang mismo, es decir la tensión interior que se traduciría en Trieb (pulsión).
-La meta que se puede encontrar en un estado pasivo o activo.
-El "objeto" de la pulsión, que en lo real es un medio, un medio bastante accesorio ya
que solo sirve para disminuir temporalmente la tensión inherente a la pulsión.