Evolución del Concepto de Arte
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(concretamente del 15 de octubre de 2021) y no refleja las posibles ediciones subsiguientes.
El arte (del latín ars, artis, y este calco del griego τέχνη, téchnē)1 es entendido generalmente
como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también
comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general, una visión del
mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y
mixtos.2 El arte es un componente de la cultura, reflejando en su concepción las bases
económicas y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura
humana a lo largo del espacio y el tiempo. Se suele considerar que con la aparición del Homo
sapiens el arte tuvo en principio una función ritual, mágica o religiosa (arte paleolítico), pero
esa función cambió con la evolución del ser humano, adquiriendo un componente estético y
una función social, pedagógica, mercantil o simplemente ornamental.
La noción de arte continúa sujeta a profundas disputas, dado que su definición está abierta a
múltiples interpretaciones, que varían según la cultura, la época, el movimiento, o la sociedad
para la cual el término tiene un determinado sentido. El vocablo ‘arte’ tiene una extensa
acepción, pudiendo designar cualquier actividad humana hecha con esmero y dedicación, o
cualquier conjunto de reglas necesarias para desarrollar de forma óptima una actividad: se
habla así de “arte culinario”, “arte médico”, “artes marciales”, “artes de arrastre” en la pesca,
etc. En ese sentido, arte es sinónimo de capacidad, habilidad, talento, experiencia. Sin
embargo, más comúnmente se suele considerar al arte como una actividad creadora del ser
humano, por la cual produce una serie de objetos (obras de arte) que son singulares, y cuya
finalidad es principalmente estética. En ese contexto, arte sería la generalización de un
concepto expresado desde antaño como “bellas artes”, actualmente algo en desuso y reducido
a ámbitos académicos y administrativos. De igual forma, el empleo de la palabra arte para
designar la realización de otras actividades ha venido siendo sustituido por términos como
‘técnica’ u ‘oficio’. En este artículo se trata de arte entendido como un medio de expresión
humano de carácter creativo.
Concepto
Artículo principal: Teoría del arte
El concepto ha ido variando con el paso del tiempo: hasta el Renacimiento, solo las artes
liberales eran consideradas arte; la arquitectura, la escultura y la pintura eran consideradas
“manualidades”. El arte ha sido desde siempre uno de los principales medios de expresión del
ser humano, a través del cual manifiesta sus ideas y sentimientos, la forma como se relaciona
con el mundo. Su función puede variar desde la más práctica hasta la más ornamental, puede
tener un contenido religioso o simplemente estético, puede ser duradero o efímero. En el siglo
xx se pierde incluso el sustrato material: decía Beuys que la vida es un medio de expresión
artística, destacando el aspecto vital, la acción.
El término arte procede del latín ars, y es el equivalente al término griego τέχνη (téchne, de
donde proviene ‘técnica’). Originalmente se aplicaba a toda la producción realizada por el
hombre y a las disciplinas del saber hacer. Así, artistas eran tanto el cocinero, el jardinero o el
constructor, como el pintor o el poeta. Con el tiempo la derivación latina (ars -> arte) se utilizó
para designar a las disciplinas relacionadas con las artes de lo estético y lo emotivo; y la
derivación griega (téchne -> técnica), para aquellas disciplinas que tienen que ver con las
producciones intelectuales y de artículos de uso.3 En la actualidad es difícil encontrar que
ambos términos (arte y técnica) se confundan o utilicen como sinónimos.
Con el manierismo comenzó el arte moderno: las cosas ya no se representan tal como son,
sino tal como las ve el artista. La belleza se relativiza, se pasa de la belleza única renacentista,
basada en la ciencia, a las múltiples bellezas del manierismo, derivadas de la naturaleza.
Apareció en el arte un nuevo componente de imaginación, reflejando tanto lo fantástico como
lo grotesco, como se puede percibir en la obra de Brueghel o Arcimboldo. Giordano Bruno fue
uno de los primeros pensadores que prefiguró las ideas modernas: decía que la creación es
infinita, no hay centro ni límites –ni Dios ni hombre–, todo es movimiento, dinamismo. Para
Bruno, hay tantos artes como artistas, introduciendo la idea de originalidad del artista. El arte
no tiene normas, no se aprende, sino que viene de la inspiración.9
Los siguientes avances se hicieron en el siglo xviii con la Ilustración, donde comenzó a
producirse cierta autonomía del hecho artístico: el arte se alejó de la religión y de la
representación del poder para ser fiel reflejo de la voluntad del artista, centrándose más en las
cualidades sensibles de la obra que no en su significado.10 Jean-Baptiste Dubos, en
Reflexiones críticas sobre la poesía y la pintura (1719), abrió el camino hacia la relatividad del
gusto, razonando que la estética no viene dada por la razón, sino por los sentimientos. Así,
para Dubos el arte conmueve, llega al espíritu de una forma más directa e inmediata que el
conocimiento racional. Dubos hizo posible la popularización del gusto, oponiéndose a la
reglamentación académica, e introdujo la figura del ‘genio’, como atributo dado por la
naturaleza, que está más allá de las reglas.
A finales del siglo xix surgió el esteticismo, que fue una reacción al utilitarismo imperante en la
época y a la fealdad y el materialismo de la era industrial. Frente a ello, surgió una tendencia
que otorgaba al arte y a la belleza una autonomía propia, sintetizada en la fórmula de
Théophile Gautier “el arte por el arte” (l'art pour l'art), llegando incluso a hablarse de “religión
estética”.15 Esta postura pretendía aislar al artista de la sociedad, para que buscase de forma
autónoma su propia inspiración y se dejase llevar únicamente por una búsqueda individual de
la belleza.16 Así, la belleza se aleja de cualquier componente moral, convirtiéndose en el fin
último del artista, que llega a vivir su propia vida como una obra de arte –como se puede
apreciar en la figura del dandi–.17 Uno de los teóricos del movimiento fue Walter Pater, que
influyó sobre el denominado decadentismo inglés, estableciendo en sus obras que el artista
debe vivir la vida intensamente, siguiendo como ideal a la belleza. Para Pater, el arte es “el
círculo mágico de la existencia”, un mundo aislado y autónomo puesto al servicio del placer,
elaborando una auténtica metafísica de la belleza.18
Por otro lado, Charles Baudelaire fue uno de los primeros autores que analizaron la relación
del arte con la recién surgida era industrial, prefigurando la noción de “belleza moderna”: no
existe la belleza eterna y absoluta, sino que cada concepto de lo bello tiene algo de eterno y
algo de transitorio, algo de absoluto y algo de particular. La belleza viene de la pasión y, al
tener cada individuo su pasión particular, también tiene su propio concepto de belleza. En su
relación con el arte, la belleza expresa por un lado una idea “eternamente subsistente”, que
sería el “alma del arte”, y por otro un componente relativo y circunstancial, que es el “cuerpo
del arte”. Así, la dualidad del arte es expresión de la dualidad del hombre, de su aspiración a
una felicidad ideal enfrentada a las pasiones que le mueven hacia ella. Frente a la mitad
eterna, anclada en el arte clásico antiguo, Baudelaire vio en la mitad relativa el arte moderno,
cuyos signos distintivos son lo transitorio, lo fugaz, lo efímero y cambiante –sintetizados en la
moda–. Baudelaire tenía un concepto neoplatónico de belleza, que es la aspiración humana
hacia un ideal superior, accesible a través del arte. El artista es el “héroe de la modernidad”,
cuya principal cualidad es la melancolía, que es el anhelo de la belleza ideal.19
La estética sociológica tuvo una gran vinculación con el realismo pictórico y con movimientos
políticos de izquierdas, especialmente el socialismo utópico: autores como Henri de Saint-
Simon, Charles Fourier y Pierre Joseph Proudhon defendieron la función social del arte, que
contribuye al desarrollo de la sociedad, aunando belleza y utilidad en un conjunto armónico.
Por otro lado, en el Reino Unido, la obra de teóricos como John Ruskin y William Morris aportó
una visión funcionalista del arte: en Las piedras de Venecia (1851-1856) Ruskin denunció la
destrucción de la belleza y la vulgarización del arte llevada a cabo por la sociedad industrial, así
como la degradación de la clase obrera, defendiendo la función social del arte. En El arte del
pueblo (1879) pidió cambios radicales en la economía y la sociedad, reclamando un arte
“hecho por el pueblo y para el pueblo”. Por su parte, Morris –fundador del movimiento Arts &
Crafts– defendió un arte funcional, práctico, que satisfaga necesidades materiales y no solo
espirituales. En Escritos estéticos (1882-1884) y Los fines del arte (1887) planteó un concepto
de arte utilitario pero alejado de sistemas de producción excesivamente tecnificados, próximo
a un concepto del socialismo cercano al corporativismo medieval.21
Representación de El cascanueces, de Piotr Chaikovski.
Por otro lado, la función del arte fue cuestionada por el escritor ruso Lev Tolstoi: en ¿Qué es el
arte? (1898) se planteó la justificación social del arte, argumentando que siendo el arte una
forma de comunicación solo puede ser válido si las emociones que transmite pueden ser
compartidas por todos los hombres. Para Tolstoi, la única justificación válida es la contribución
del arte a la fraternidad humana: una obra de arte solo puede tener valor social cuando
transmite valores de fraternidad, es decir, emociones que impulsen a la unificación de los
pueblos.22
En esa época se empezó a abordar el estudio del arte desde el terreno de la psicología:
Sigmund Freud aplicó el psicoanálisis al arte en Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci
(1910), defendiendo que el arte sería una de las maneras de representar un deseo, una pulsión
reprimida, de forma sublimada. Opinaba que el artista es una figura narcisista, cercana al niño,
que refleja en el arte sus deseos, y afirmó que las obras artísticas pueden ser estudiadas como
los sueños y las enfermedades mentales, con el psicoanálisis. Su método era semiótico,
estudiando los símbolos, y opinaba que una obra de arte es un símbolo. Pero como el símbolo
representa un determinado concepto simbolizado, hay que estudiar la obra de arte para llegar
al origen creativo de la obra.23 Igualmente, Carl Gustav Jung relacionó la psicología con
diversas disciplinas como la filosofía, la sociología, la religión, la mitología, la literatura y el
arte. En Contribuciones a la psicología analítica (1928), sugirió que los elementos simbólicos
presentes en el arte son “imágenes primordiales” o “arquetipos”, que están presentes de
forma innata en el “subconsciente colectivo” del ser humano.24
Wilhelm Dilthey, desde la estética cultural, formuló una teoría acerca de la unidad entre arte y
vida. Prefigurando el arte de vanguardia, Dilthey ya vislumbraba a finales del siglo xix cómo el
arte se alejaba de las reglas académicas, y cómo cobraba cada vez mayor importancia la
función del público, que tiene el poder de ignorar o ensalzar la obra de un artista determinado.
Encontró en todo ello una “anarquía del gusto”, que achacó a un cambio social de
interpretación de la realidad, pero que percibió como transitorio, siendo necesario hallar «una
relación sana entre el pensamiento estético y el arte». Así, ofreció como salvación del arte las
“ciencias del espíritu”, especialmente la psicología: la creación artística debe poder analizarse
bajo el prisma de la interpretación psicológica de la fantasía. En Vida y poesía (1905) presentó
la poesía como expresión de la vida, como ‘vivencia’ (Erlebnis) que refleja la realidad externa
de la vida. La creación artística tiene pues como función intensificar nuestra visión del mundo
exterior, presentándolo como un conjunto coherente y pleno de sentido.25
Visión actual
Fuente, de Marcel Duchamp. El siglo xx supone una pérdida del concepto de belleza clásica
para conseguir un mayor efecto en el diálogo artista-espectador.
El siglo xx ha supuesto una radical transformación del concepto de arte: la superación de las
ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e individuales,
partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores como Kierkegaard y
Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la belleza clásica. El concepto
de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías científicas: la subjetividad del tiempo de
Bergson, la Teoría de la relatividad de Einstein, la mecánica cuántica, la teoría del psicoanálisis
de Freud, etc. Por otro lado, las nuevas tecnologías hacen que el arte cambie de función,
debido a que la fotografía y el cine ya se encargan de plasmar la realidad. Todos estos factores
producen la génesis del arte abstracto, el artista ya no intenta reflejar la realidad, sino su
mundo interior, expresar sus sentimientos.26 El arte actual tiene oscilaciones continuas del
gusto, cambia simultáneamente junto a este: así como el arte clásico se sustentaba sobre una
metafísica de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra gusto en la conciencia
social de placer (cultura de masas). También hay que valorar la progresiva disminución del
analfabetismo, puesto que antiguamente, al no saber leer gran parte de la población, el arte
gráfico era el mejor medio para la transmisión del conocimiento –sobre todo religioso–,
función que ya no es necesaria en el siglo xx.
Una de las primeras formulaciones fue la del marxismo: de la obra de Marx se desprendía que
el arte es una “superestructura” cultural determinada por las condiciones sociales y
económicas del ser humano. Para los marxistas, el arte es reflejo de la realidad social, si bien el
propio Marx no veía una correspondencia directa entre una sociedad determinada y el arte
que produce. Georgi Plejánov, en Arte y vida social (1912), formuló una estética materialista
que rechazaba el “arte por el arte”, así como la individualidad del artista ajeno a la sociedad
que lo envuelve.27 Walter Benjamin incidió de nuevo en el arte de vanguardia, que para él es
«la culminación de la dialéctica de la modernidad», el final del intento totalizador del arte
como expresión del mundo circundante. Intentó dilucidar el papel del arte en la sociedad
moderna, realizando un análisis semiótico en el que el arte se explica a través de signos que el
hombre intenta descifrar sin un resultado aparentemente satisfactorio. En La obra de arte en
la época de la reproductibilidad técnica (1936) analizó la forma cómo las nuevas técnicas de
reproducción industrial del arte pueden hacer variar el concepto de este, al perder su carácter
de objeto único y, por tanto, su halo de reverencia mítica; esto abre nuevas vías de concebir el
arte –inexploradas aún para Benjamin– pero que supondrán una relación más libre y abierta
con la obra de arte.28
Representante del pragmatismo, John Dewey, en Arte como experiencia (1934), definió el arte
como “culminación de la naturaleza”, defendiendo que la base de la estética es la experiencia
sensorial. La actividad artística es una consecuencia más de la actividad natural del ser
humano, cuya forma organizativa depende de los condicionamientos ambientales en que se
desenvuelve. Así, el arte es “expresión”, donde fines y medios se fusionan en una experiencia
agradable. Para Dewey, el arte, como cualquier actividad humana, implica iniciativa y
creatividad, así como una interacción entre sujeto y objeto, entre el hombre y las condiciones
materiales en las que desarrolla su labor.30
José Ortega y Gasset analizó en La deshumanización del arte (1925) el arte de vanguardia
desde el concepto de “sociedad de masas”, donde el carácter minoritario del arte vanguardista
produce una elitización del público consumidor de arte. Ortega aprecia en el arte una
“deshumanización” debida a la pérdida de perspectiva histórica, es decir, de no poder analizar
con suficiente distancia crítica el sustrato sociocultural que conlleva el arte de vanguardia. La
pérdida del elemento realista, imitativo, que Ortega aprecia en el arte de vanguardia, supone
una eliminación del elemento humano que estaba presente en el arte naturalista. Asimismo,
esta pérdida de lo humano hace desaparecer los referentes en que estaba basado el arte
clásico, suponiendo una ruptura entre el arte y el público, y generando una nueva forma de
comprender el arte que solo podrán entender los iniciados. La percepción estética del arte
deshumanizado es la de una nueva sensibilidad basada no en la afinidad sentimental –como se
producía con el arte romántico–, sino en un cierto distanciamiento, una apreciación de
matices. Esa separación entre arte y humanidad supone un intento de volver al hombre a la
vida, de rebajar el concepto de arte como una actividad secundaria de la experiencia
humana.31
Como conclusión, cabría decir que las viejas fórmulas que basaban el arte en la creación de
belleza o en la imitación de la naturaleza han quedado obsoletas, y hoy día el arte es una
cualidad dinámica, en constante transformación, inmersa además en los medios de
comunicación de masas, en los canales de consumo, con un aspecto muchas veces efímero, de
percepción instantánea, presente con igual validez en la idea y en el objeto, en su génesis
conceptual y en su realización material.35 Morris Weitz, representante de la estética analítica,
opinaba en El papel de la teoría en la estética (1957) que «es imposible establecer cualquier
tipo de criterios del arte que sean necesarios y suficientes; por lo tanto, cualquier teoría del
arte es una imposibilidad lógica, y no simplemente algo que sea difícil de obtener en la
práctica». Según Weitz, una cualidad intrínseca de la creatividad artística es que siempre
produce nuevas formas y objetos, por lo que «las condiciones del arte no pueden establecerse
nunca de antemano». Así, «el supuesto básico de que el arte pueda ser tema de cualquier
definición realista o verdadera es falso».36
El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas, o
expresar una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión
puede deleitar, emocionar o producir un choque.
Clasificación
Las siete artes liberales, imagen del Hortus deliciarum (siglo xii), de Herrad von Landsberg.
La clasificación del arte, o de las distintas facetas o categorías que pueden considerarse
artísticas, ha tenido una evolución paralela al concepto mismo de arte: como se ha visto
anteriormente, durante la antigüedad clásica se consideraba arte todo tipo de habilidad
manual y destreza, de tipo racional y sujeta a reglas; así, entraban en esa denominación tanto
las actuales bellas artes como la artesanía y las ciencias, mientras que quedaban excluidas la
música y la poesía. Una de las primeras clasificaciones que se hicieron de las artes fue la de los
filósofos sofistas presocráticos, que distinguieron entre “artes útiles” y “artes placenteras”, es
decir, entre las que producen objetos de cierta utilidad y las que sirven para el
entretenimiento. Plutarco introdujo, junto a estas dos, las “artes perfectas”, que serían lo que
hoy consideramos ciencias. Platón, por su parte, estableció la diferencia entre “artes
productivas” y “artes imitativas”, según si producían objetos nuevos o imitaban a otros.38
Durante la era romana hubo diversos intentos de clasificar las artes: Quintiliano dividió el arte
en tres esferas: “artes teóricas”, basadas en el estudio (principalmente, las ciencias); “artes
prácticas”, basadas en una actividad, pero sin producir nada (como la danza); y “artes
poéticas” –según la etimología griega, donde ποίησις (poíêsis) quiere decir ‘producción’–, que
son las que producen objetos. Cicerón catalogó las artes según su importancia: “artes
mayores” (política y estrategia militar), “artes medianas” (ciencias, poesía y retórica) y “artes
menores” (pintura, escultura, música, interpretación y atletismo). Plotino clasificó las artes en
cinco grupos: las que producen objetos físicos (arquitectura), las que ayudan a la naturaleza
(medicina y agricultura), las que imitan a la naturaleza (pintura), las que mejoran la acción
humana (política y retórica) y las intelectuales (geometría).39
Sin embargo, la clasificación que tuvo más fortuna –llegando hasta la era moderna– fue la de
Galeno en el siglo ii, que dividió el arte en “artes liberales” y “artes vulgares”, según si tenían
un origen intelectual o manual. Entre las liberales se encontraban: la gramática, la retórica y la
dialéctica –que formaban el trivium–, y la aritmética, la geometría, la astronomía y la música –
que formaban el quadrivium–; las vulgares incluían la arquitectura, la escultura y la pintura,
pero también otras actividades que hoy consideramos artesanía.40
Durante la Edad Media continuó la división del arte entre artes liberales y vulgares –llamadas
estas últimas entonces “mecánicas”–, si bien hubo nuevos intentos de clasificación: Boecio
dividió las artes en ars y artificium, clasificación similar a la de artes liberales y vulgares, pero
en una acepción que casi excluía las formas manuales del campo del arte, dependiendo este
tan solo de la mente. En el siglo xii, Radulfo de Campo Lungo intentó hacer una clasificación de
las artes mecánicas, reduciéndolas a siete, igual número que las liberales. En función de su
utilidad cara a la sociedad, las dividió en: ars victuaria, para alimentar a la gente; lanificaria,
para vestirles; architectura, para procurarles una casa; suffragatoria, para darles medios de
transporte; medicinaria, que les curaba; negotiatoria, para el comercio; militaria, para
defenderse.41
Las Meninas (1656), de Velázquez, fue un alegato de la figura del pintor como artista inspirado,
frente a la condición de simple artesano que hasta entonces se tenía del oficio de pintor.
Sin embargo, faltaba aglutinar estas artes del diseño con el resto de actividades consideradas
artísticas (música, poesía y teatro), tarea que se desarrolló durante los dos siglos siguientes
con varios intentos de buscar un nexo común a todas estas actividades: así, el humanista
florentino Giannozzo Manetti propuso el término “artes ingeniosas”, donde incluía las artes
liberales, por lo que solo cambiaba el vocablo; el filósofo neoplatónico Marsilio Ficino elaboró
el concepto de “artes musicales”, argumentando que la música era la inspiración para todas las
artes; en 1555, Giovanni Pietro Capriano introdujo en su De vera poetica la acepción “artes
nobles”, apelando a la elevada finalidad de estas actividades; Lodovico Castelvetro habló en su
Correttione (1572) de “artes memoriales”, ya que según él estas artes buscaban fijar en
objetos la memoria de cosas y acontecimientos; Claude-François Menestrier, historiador
francés del siglo xvii, formuló la idea de “artes pictóricas”, remarcando el carácter visual del
arte; Emanuele Tesauro ideó en 1658 la noción de “artes poéticas”, inspirado en la célebre cita
de Horacio ut pictura poesis (la pintura como la poesía), describiendo el componente poético y
metafórico de estas artes; ya en el siglo xviii, coincidieron en un mismo año (1744) dos
definiciones, la de “artes agradables” de Giambattista Vico, y la de “artes elegantes” de James
Harris; por último, en 1746, Charles Batteux estableció en Las bellas artes reducidas a un único
principio la concepción actual de bellas artes, remarcando su aspecto de imitación (imitatio).43
Batteux incluyó en las bellas artes pintura, escultura, música, poesía y danza, mientras que
mantuvo el término artes mecánicas para el resto de actividades artísticas, y señaló como
actividades entre ambas categorías la arquitectura y la retórica, si bien al poco tiempo se
eliminó el grupo intermedio y la arquitectura y la retórica se incorporaron plenamente a las
bellas artes. Sin embargo, con el tiempo, esta lista sufrió diversas variaciones, y si bien se
aceptaba comúnmente la presencia de arquitectura, pintura, escultura, música y poesía, los
dos puestos restantes oscilaron entre la danza, la retórica, el teatro y la jardinería, o, más
adelante, nuevas disciplinas como la fotografía y el cine. El término “bellas artes” hizo fortuna,
y quedó fijado como definición de todas las actividades basadas en la elaboración de objetos
con finalidad estética, producidos de forma intelectual y con voluntad expresiva y
trascendente. Así, desde entonces las artes fueron “bellas artes”, separadas tanto de las
ciencias como de los oficios manuales. Por eso mismo, durante el siglo xix se fue produciendo
un nuevo cambio terminológico: ya que las artes eran solo las bellas artes, y el resto de
actividades no lo eran, poco a poco se fue perdiendo el término ‘bellas’ para quedar solo el de
‘artes’, quedando la acepción ‘arte’ tal como la entendemos hoy día. Incluso sucedió que
entonces se restringió el término “bellas artes” para designar las artes visuales, las que en el
Renacimiento se denominaban “artes del diseño” (arquitectura, pintura y escultura), siendo las
demás las “artes en general”. También hubo una tendencia cada vez más creciente a separar
las artes visuales de las literarias, que recibieron el nombre de “bellas letras”.44 Se podría
decir que las “bellas artes” son aquellas que cumplen con ciertas características estéticas
dignas de ser admiradas: tienen como objetivo expresar la belleza aunque esta sea definida
por el artista o por la particular perspectiva del observador, cayendo en la ambigüedad de lo
que es bello. Gary Martin señaló que debido a que constituye una experiencia subjetiva, a
menudo se dice que «la belleza está en el ojo del observador». Las “bellas artes” han tenido
históricamente tal adjetivo debido a que representan la máxima expresión sentimental del ser
humano desde épocas remotas.
Sin embargo, pese a la aceptación general de la clasificación propuesta por Batteux, en los
siglos siguientes todavía se produjeron intentos de nuevas clasificaciones del arte: Immanuel
Kant distinguió entre “artes mecánicas” y “artes estéticas”; Robert von Zimmermann habló de
artes de la representación material (arquitectura y escultura), de la representación perceptiva
(pintura y música) y de la representación del pensamiento (literatura); y Alois Riegl, en Arte
industrial de la época romana tardía, dividió el arte en arquitectura, plástica y ornamento.
Hegel, en su Estética (1835-1838), estableció tres formas de manifestación artística: arte
simbólico, clásico y romántico, que se relacionan con tres formas diferentes de arte, tres
estadios de evolución histórica y tres maneras distintas de tomar forma la idea:
En la idea, primero hay una relación de desajuste, donde la idea no encuentra forma; después
es de ajuste, cuando la idea se ajusta a la forma; por último, en el desbordamiento, la idea
sobrepasa la forma, tiende al infinito. En la evolución histórica, equipara infancia con el arte
prehistórico, antiguo y oriental; madurez, con el arte griego y romano; y vejez, con el arte
cristiano. En cuanto a la forma, la arquitectura (forma monumental) es un arte tectónico,
depende de la materia, de pesos, medidas, etc.; la escultura (forma antropomórfica) depende
más de la forma volumétrica, por lo que se acerca más al hombre; la pintura, música y poesía
(formas suprasensibles) son la etapa más espiritual, más desmaterializada. La creación artística
no ha de ser una mimesis, sino un proceso de libertad espiritual. En su evolución, cuando el
artista llega a su límite, se van perdiendo las formas sensibles, el arte se vuelve más conceptual
y reflexivo; al final de este proceso se produce la “muerte del arte”.45
Pese a todo, estos intentos de clasificación resultaron un tanto baldíos y, cuando parecía que
por fin se había llegado a una definición del arte universalmente aceptable, después de tantos
siglos de evolución, los cambios sociales, culturales y tecnológicos producidos durante los
siglos xix y xx han comportado un nuevo intento de definir el arte con base en parámetros más
abiertos y omnicomprensivos, intentando abarcar tanto una definición teórica del arte como
una catalogación práctica que incluyese las nuevas formas artísticas que han ido surgiendo en
los últimos tiempos (fotografía, cine, cómic, nuevas tecnologías, etc.). Como el de Juan Acha
con su ensayo Arte y sociedad. Latinoamérica: el producto artístico y estructura (1979), cuya
compleja organización de las artes es según su aplicación y origen; en grupos como "Cuerpo-
Objeto", "Superficie-Objetos", "Superficies-Icónicas", "Superficies-Literarias", "Espectáculos" y
"Audiciones". Y otra más simple en Lógica del Límite (1991) de Eugenio Trías, en la que el
artista es como un habitante y a un determinado oficio artístico como un habitáculo, que
constituyen tres grandes áreas del arte: artes estáticas o del espacio, artes mixtas y artes
temporales o dinámicas.
Estos intentos, un tanto infructuosos, han producido en cierta forma el efecto contrario,
acentuando aún más la indefinición del arte, que hoy día es un concepto abierto e
interpretable, donde caben muchas fórmulas y concepciones, si bien se suele aceptar un
mínimo denominador común basado en cualidades estéticas y expresivas, así como un
componente de creatividad.35
Cinco artes son comúnmente citadas en el siglo xix, a las cuales en el siglo xx se le añadirán
cuatro más para llegar a un total de nueve artes, sin ser capaces los expertos y críticos de
ponerse de acuerdo sobre la clasificación un "décimo arte".
Al final del siglo xx, la siguiente lista establece las nuevas clasificaciones, al igual que el número
de musas antiguas:
Arquitectura
Escultura
Música
Cinematografía
Fotografía
Historieta
Artista: se denomina artista a aquella persona que, o bien practica un arte, o bien destaca en
él. Por definición, un artista es quien elabora una obra de arte; así pues, y en paralelo a la
evolución del concepto de arte que hemos visto anteriormente, en épocas pasadas un artista
era cualquier persona que trabajase en las artes liberales o vulgares, desde un gramático, un
astrónomo o un músico hasta un albañil, un alfarero o un ebanista. Sin embargo, hoy día se
entiende por artista a alguien que practica las bellas artes. Aun así, el término artista puede
tener diversas acepciones, desde el artista como creador, hasta el artista como el que tiene en
la práctica de un arte su profesión. Así, a menudo llamamos artistas a actores o músicos que
solo interpretan obras creadas por otros autores. También se suele emplear el vocablo artista
para diferenciar a quien practica una actividad liberal para distinguirlo del que practica un
oficio: en ese sentido, se suele decir “pintor artista” para diferenciarlo de un “pintor de brocha
gorda”. Al artista se le supone una disposición especialmente sensible frente al mundo que lo
rodea: ha desarrollado su propio punto de vista, así como su creatividad, una buena técnica y
un medio de comunicación hacia el espectador por medio de sus obras. El artista adquiere su
propio dominio de la técnica y su desarrollo artístico intelectual para llegar al camino del
profesionalismo. Con esta personalidad, el artista se manifiesta hacia el mundo tratando de
reflejar lo que acontece –o le gustaría que aconteciera– en él.47
Obra de arte: una obra es una realización material, que tiene una existencia objetiva y que es
perceptible sensiblemente. El término proviene del latín opera, que deriva de opus (‘trabajo’),
por lo que equivale a trabajo como objeto, es decir, como resultado de un trabajo. Una obra
de arte puede ser tanto el objeto material en sí –una pintura, una escultura, un grabado–
como una producción intelectual donde la artisticidad se encuentra en el momento de su
ejecución o captación por medio de los sentidos: así, en la literatura, el arte se encuentra más
en la lectura de la obra que no en el lenguaje escrito que le sirve de vehículo de comunicación,
o en el medio material (libro, revista) que le sirva de soporte; en música, el arte se encuentra
en su percepción auditiva, no en la partitura en que se ve reflejada. Así, en el arte conceptual
se valora más la concepción de la obra de arte por parte del artista que no su realización
material. En ese sentido, una obra de arte puede tener varios niveles de elaboración: decía
Panofsky que, al escribir una carta, se cumple básicamente el objetivo de comunicarse; pero si
se escribe poniendo especial atención en la caligrafía, puede tener un sentido artístico
valorable per se; y si, además, se escribe en un tono poético o literario, la carta trasciende su
sustrato material para convertirse en una obra de arte valorable por sus cualidades intrínsecas.
Por otro lado, hay que valorar la percepción del receptor: un objeto puede no estar elaborado
con finalidades artísticas pero ser interpretado así por la persona que lo percibe –como en los
ready-made de Duchamp–. Igualmente, una obra de arte puede tener diversas
interpretaciones según la persona que lo valore, como remarcó Umberto Eco con su concepto
de “obra abierta”. Y una misma obra puede ser percibida como artística por unos y como no
artística por otros: decía Marcel Mauss que «es obra de arte el objeto que es reconocido como
tal por un grupo social definido». Así, habría que reconocer que una obra de arte es un objeto
que tiene un valor añadido, sea este valor un concepto artístico, estético, cultural, sociológico
o de diversa índole.48 En conclusión, se podría decir que una obra de arte es un hecho
sensorial, realizado artificialmente, con intencionalidad comunicativa y orientación lúdica. La
obra de arte, para ser considerada como tal, debe trascender su sustrato material para
adquirir una significación trascendente, basada tanto en su aspecto estético como en el
histórico, al ser reflejo de un lugar y tiempo determinados, así como de una determinada
cultura que subyace en la génesis de toda obra de arte.49
Sea cual sea su antigüedad y clasicismo, una obra de arte es en acto y no sólo potencialmente
una obra de arte cuando pervive en alguna experiencia individualizada. En cuanto pedazo de
pergamino, de mármol, de tela, permanece (aunque sujeta a las devastaciones del tiempo)
idéntica a sí misma a través de los años. Pero como obra de arte se recrea cada vez que es
experimentada estéticamente.
Público: un factor cada vez más determinante en el mundo del arte es el del público, la gente
que acude a museos o exposiciones y que manifiesta cada vez más un sentido crítico y
apreciativo del arte, pudiendo influir en las modas y los gustos artísticos. En siglos anteriores,
el arte era un círculo cerrado al que solo tenían acceso las clases más favorecidas, que eran las
que encargaban y adquirían obras de arte. Sin embargo, desde la apertura de los primeros
museos públicos en el siglo xviii, la participación del público en general en la apreciación del
arte ha sido cada vez mayor, favorecida sobre todo por el aumento de medios de
comunicación de masas (prensa, libros, revistas y, más recientemente, medios digitales e
Internet). Asimismo, las nuevas corrientes artísticas, sobre todo desde pasada la Segunda
Guerra Mundial, han favorecido la participación del público en la propia génesis del hecho
artístico, a través de acciones artísticas como los happenings y las performances.51
Percepción: la percepción del arte es un fenómeno subjetivo, motivado no solo por el hecho
sensorial sino por el aspecto de mentalidad inherente, que depende de la cultura, la
educación, etc. La percepción es un proceso activo y selectivo, el ser humano tiende a
seleccionar la percepción más sencilla, así como a ver las cosas globalmente –por ejemplo,
tendemos a ver las cosas simétricas aunque no lo sean–. De la percepción sensorial dependen
factores como la textura, la forma y el color, así como la geometría, la proporción y el ritmo.
Materia y técnica: el proceso artístico comienza con la elaboración mental de la obra por parte
del artista, pero esta se ha de plasmar en materia, proceso que se realiza a través de la técnica.
La materia tiene una noción constitutiva, creadora, siendo parte esencial de la creación
artística. También puede aportar diferentes concepciones estéticas, como el uso del hierro y el
vidrio en la arquitectura contemporánea. A su vez, la técnica es la manera cómo el artista da
forma a la obra de arte, cómo moldea la materia para conseguir expresar aquello que desea
crear. Los materiales y la técnica van evolucionando con el tiempo, y pueden ser definitorios
de un determinado lenguaje o estilo artístico.52
Función del arte: el arte puede cumplir diversas funciones, según la voluntad del propio artista
o según la interpretación que de la obra haga el público:
Práctica: el arte puede tener una utilidad práctica siempre y cuando cumpla diversas premisas
de satisfacer necesidades o de tener una finalidad destinada a su uso o disfrute, como es el
caso de la arquitectura, o bien de la artesanía y las artes aplicadas, decorativas e industriales.
Estética: el arte está estrechamente vinculado a una finalidad estética, es decir, de provocar
sentimientos o emociones, o bien suscitar belleza y admiración en todo aquel que contempla
la obra de arte.
Simbólica: el arte puede estar revestido de una función simbólica cuando pretende trascender
su simple materialidad para ser un símbolo, una forma de expresión o comunicación, un
lenguaje por el cual se expresa una idea que debe ser descifrable para el público al cual va
dirigida.
Económica: el arte, como producto elaborado por el hombre, no deja de ser un objeto que
puede estar motivado con fines económicos, bien en su concepción o bien en su posterior
mercantilización.
Imitativa: el arte ha pretendido históricamente ser fiel reflejo de la realidad, al menos hasta la
aparición de la fotografía y el cine en el siglo xx. Así, el arte ha sido un medio ideal para
plasmar el mundo, la forma de vida de las diversas culturas y civilizaciones que se han sucedido
a lo largo del tiempo.
Crítica: el arte puede tener una voluntad crítica, bien de tipo político, religioso o social,
haciéndose eco de las reivindicaciones sociales de cada periodo histórico.
Academias de arte: son instituciones encargadas de preservar el arte como fenómeno cultural,
de reglamentar su estudio y su conservación, y de promocionarlo mediante exposiciones y
concursos; originalmente, servían también como centros de formación de artistas, aunque con
el tiempo perdieron esta función, traspasada a instituciones privadas. Las primeras academias
surgieron en Italia en el siglo xvi: en 1562, la Accademia del Disegno en Florencia; en 1577, la
Accademia di San Luca en Roma. Posteriormente, cabe destacar la Académie Royal d’Art,
fundada en París en 1648; la Akademie der Künste de Berlín (1696); la Real Academia de Bellas
Artes de San Fernando de Madrid (1744); la Academia Rusa de Artes de San Petersburgo
(1757); y la Royal Academy of Arts de Londres (1768). Las academias de arte a menudo han
sido criticadas como centros conservadores, anclados en el gusto por el arte clásico,
excesivamente reglamentadas, llegando incluso a que el término “arte académico” sea
sinónimo de un arte de corte clásico y tipo canónico, de repetición de formas tradicionales.
Hoy en día, las academias tienen más que nada una función institucional, representativa y de
asesoramiento.54
Fundaciones de arte: conocidas como el “tercer sector”, ya que son privadas pero no persiguen
fines lucrativos, por lo que se sitúan entre los museos y las galerías de arte, las fundaciones son
instituciones de ámbito privado y filantrópico encargadas de difundir y fomentar el arte. Entre
sus funciones se cuentan tanto la conservación de obras de arte –generalmente estas
fundaciones tienen sus propias colecciones– como el estímulo y fomento de la creatividad
artística, a través de becas para jóvenes artistas. Instancia intermedia entre la sociedad civil y
el estado, las fundaciones favorecen la participación ciudadana en las esferas culturales,
fomentando la democratización del estamento artístico. Entre las diversas fundaciones
internacionales destacan la Fundación Maeght, la del Chase Manhattan Bank, la Fundación
Beyeler, la Fundación Cartier, la Fundación Lucio Fontana, la Fundación Calouste Gulbenkian, la
Fundación Solomon R. Guggenheim, la Fundación Robert Mapplethorpe, la Fundación Vincent
Van Gogh, etc.; en España, la Fundación Miró, la Fundación Antoni Tàpies, la Fundación BBVA,
la Fundación Caixa Fòrum, la Fundación Telefónica, la Fundación Juan March, la Fundación
Gala-Salvador Dalí, la Fundación Thyssen-Bornemisza, etc.55
Galería de arte con vistas de la Roma antigua (1754-1757), de Giovanni Paolo Pannini.
Ferias: uno de los principales medios de comercialización del arte son las ferias, donde los
artistas dan a conocer sus obras, mientras que el público puede apreciarlas y estar al corriente
de las diversas novedades que se van sucediendo en el tiempo. Las ferias han ido adquiriendo
cada vez mayor relevancia, existiendo un circuito donde a lo largo del año diversas ciudades de
todo el mundo acogen ferias de diversa índole. Actualmente, su cometido no es solo
comercial, sino también cultural e institucional, ya que suponen una fuente de difusión del
arte. Una de las primeras ferias conocidas fue la celebrada en el Salone degli Innocenti de la
Academia de Florencia, donde en 1564 se vendieron 17 de 25 cuadros pintados en homenaje a
Miguel Ángel tras su fallecimiento. En 1737 se abrió la muestra bienal del Salón Carré del
Louvre, organizada por la Académie Royal d’Art, primeras ferias abiertas a un público
mayoritario. En la actualidad destacan: la Bienal de Venecia, la Documenta de Kassel, la Bienal
de São Paulo, la Trienal de Milán, la feria ARCO de Madrid, la FIAC de París, ArtBasel de Basilea,
etc.58
Exposiciones: uno de los factores clave en la difusión del arte, sobre todo actualmente, es la
organización de exposiciones, públicas o privadas, de arte antiguo o contemporáneo,
individuales o colectivas, temáticas o antológicas. Las primeras exposiciones surgieron en Gran
Bretaña a finales del siglo xviii, propiciadas por el exilio de artistas provocado por la Revolución
francesa. En el siglo xix surgieron las exposiciones universales, primeros fenómenos de masas
donde se exponían las principales novedades tanto del mundo del arte como de la ciencia, la
industria y cualquier otra actividad humana. Desde entonces se han sucedido las exposiciones
por todo el mundo, circunscritas a menudo en los propios museos de arte, como forma de
favorecer una mayor afluencia de público. Actualmente, son habituales las exposiciones
antológicas e itinerantes, que suelen recorrer los principales centros artísticos mundiales. Otro
factor a tener en cuenta, sobre todo dada la temporalidad de estas exposiciones, es la cada vez
mayor importancia de los catálogos, únicos testimonios del conjunto de obras de arte
expuestas de forma, muchas veces, irrepetible. La exposición más visitada ha sido la de Arte
degenerado, organizada en 1937 por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, que fue
visitada por unos tres millones de personas en diversas ciudades alemanas a lo largo de cuatro
años.59
Disciplinas artísticas
Las artes creativas a menudo son divididas en categorías más específicas, como las artes
decorativas, las artes plásticas, las artes escénicas o la literatura. Así, la pintura es una forma
de arte visual, y la poesía es una forma de literatura. Algunos ejemplos son:
Artes visuales
Arte corporal: es el que utiliza el cuerpo humano como soporte. Incluye actividades como el
maquillaje, el vestuario, la peluquería, el tatuaje, el piercing, etc.
Arte digital: es el realizado por medios digitales, como el vídeo o la informática, vinculado a
menudo a las instalaciones, o que utiliza diversos soportes, como Internet, un ejemplo son los
videojuegos.
Arte efímero: es el que tiene una duración determinada en el tiempo, ya que en la génesis de
su concepción estriba ya el hecho de que sea perecedero. Incluye diversas formas de arte
conceptual y de acción, como el happening y la performance. También engloba diversas
actividades como la gastronomía, la perfumería, la pirotecnia, etc. Un punto esencial de este
tipo de actividades es la participación del público.
Artes decorativas o aplicadas: término aplicado preferentemente a las artes industriales, así
como a la pintura y la escultura, cuando su objetivo no es el de generar una obra única y
diferenciada, sino que buscan una finalidad decorativa y ornamental.
Artes gráficas: son las que se realizan por medio de un proceso de impresión; así, son artes
gráficas tanto el grabado como la fotografía, el cartelismo o el cómic, o cualquier actividad
artística que utilice un medio impreso. En su realización intervienen, por un lado, la creación
de un diseño y, por otro, su traslado a un determinado sustrato —como el papel—. Las artes
gráficas aparecieron con la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg hacia 1450,
agrupando todos los oficios que se relacionaban con la impresión tipográfica. Más tarde, la
necesidad de generar impresiones de mejor calidad propició la aparición de la preprensa o
fotomecánica.
Artes industriales: son las desarrolladas con una elaboración industrial o artesanal pero
persiguiendo una cierta finalidad estética, sobre todo en la elaboración de determinados
objetos como vestidos, viviendas y utensilios, así como diversos elementos de decoración.
Muchas artes decorativas son también industriales.
Artes y oficios: son las que comportan un trabajo manual, que puede tener un carácter
artesanal o industrial. Engloba diversas actividades como la cerámica, la corioplastia, la
ebanistería, la forja, la jardinería, la joyería, el mosaico, la orfebrería, la tapicería, la vidriería,
etc.
Dibujo: representación gráfica realizada por medio de líneas, trazos y sombras, elaborados
mediante lápiz, pluma u objetos similares. El dibujo está en la base de casi cualquier obra
artística, pues la mayoría de obras pictóricas se realizan sobre un esbozo dibujado sobre el
lienzo, sobre el que posteriormente se pinta; igualmente, muchas esculturas son diseñadas
primero en dibujo, e incluso la arquitectura se basa en planos dibujados. Aparte de esto, el
dibujo tiene una indudable autonomía artística, siendo innumerables los dibujos realizados por
la mayoría de grandes artistas a lo largo de la Historia.
Diseño: es la traza o delineación de cualquier elemento relacionado con el ser humano, sea un
edificio, un vestido, un peinado, etc. Utilizado habitualmente en el contexto de las artes
aplicadas, ingeniería, arquitectura y otras disciplinas creativas, el diseño se define como el
proceso previo de configuración mental de una obra, mediante esbozos, dibujos, bocetos o
esquemas trazados en cualquier soporte. El diseño tiene un componente funcional y otro
estético, ha de satisfacer necesidades y a la vez puede agradar a los sentidos. Comprende
multitud de disciplinas y oficios dependiendo del objeto a diseñar y de la participación en el
proceso de una o varias personas o especialidades.
Fotografía: es una técnica que permite obtener imágenes del mundo sensible y fijarlas en un
soporte material –una película sensible a la luz o un sensor digital–. Se basa en el principio de
la cámara oscura, con la cual se consigue proyectar una imagen captada por un pequeño
agujero sobre una superficie, de tal forma que el tamaño de la imagen queda reducido y
aumentada su nitidez. La fotografía moderna comenzó con la construcción del daguerrotipo
por Louis-Jacques-Mandé Daguerre, a partir de donde se fueron perfeccionando los
procedimientos técnicos para su captación y reproducción. Pese a tomar sus imágenes de la
realidad, la fotografía fue enseguida considerada un arte, pues se reconoce que la visión
aportada por el fotógrafo a la hora de elegir una toma o encuadre es un proceso artístico,
realizado con una voluntad estética.
Historieta: la historieta o cómic es una representación gráfica mediante la cual se narra una
historia a través de una sucesión de viñetas, en las que mediante dibujos –en color o blanco y
negro– y textos enmarcados en unos recuadros llamados “bocadillos” se va presentando la
acción narrada, en un sentido lineal. Derivada de la caricatura, la historieta se desarrolló a
partir del siglo xix sobre todo en medios periodísticos, en tiras insertadas generalmente en las
secciones de entretenimiento de los periódicos, aunque pronto adquirieron autonomía propia
y empezaron a ser editadas en forma de álbumes. Aunque comenzó dentro del género
humorístico, posteriormente aparecieron historietas de todos los géneros, alcanzando gran
éxito a nivel popular durante el siglo xx.
Artes escénicas
Danza: la danza es una forma de expresión del cuerpo humano, que consiste en una serie de
movimientos rítmicos al compás de una música –aunque esta última no es del todo
imprescindible–. Entre sus modalidades figura el ballet o danza clásica, aunque existen
innumerables tipos de danzas rituales y folclóricas entre las diversas culturas y sociedades
humanas, así como infinitud de bailes populares. Las técnicas de danza requieren una gran
concentración para dominar todo el cuerpo, con especial hincapié en la flexibilidad, la
coordinación y el ritmo.
Teatro: es un arte escénico que tiene por objetivo la representación de un drama literario, a
través de unos actores que representan unos papeles establecidos, combinado con una serie
de factores como son la escenografía, la música, el espectáculo, los efectos especiales, el
maquillaje, el vestuario, los objetos de atrezzo, etc. Se realiza sobre un escenario, siendo parte
esencial de la obra el dirigirse a un público. El teatro puede incluir, en exclusiva o de forma
combinada, diversos tipos de modalidades escénicas, como la ópera, el ballet y la pantomima.
Artes musicales
Canto coral: es el realizado por un grupo de voces, bien masculinas o femeninas, o mixtas, que
interpretan una canción o melodía de forma conjunta, aunando sus voces para ofrecer una
sola voz musical. Entre las diversas formas de canto coral figura el canto gregoriano.
Música sinfónica: la música es el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación
coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la
armonía y el ritmo. En su vertiente sinfónica, se considera que es la música instrumental
interpretada por una orquesta formada por los principales instrumentos de viento (madera y
metal), cuerda y percusión.
Ópera: es un arte donde se combina la música con el canto, sobre la base de un guion (libreto)
interpretado según los principios de las artes escénicas. La interpretación es realizada por
cantantes de diversos registros vocales: bajo, barítono, tenor, contralto, mezzosoprano y
soprano.
Artes literarias
Narrativa: es el arte de escribir en prosa, recreando en palabras sucesos reales o ficticios, que
el escritor dispone de forma adecuada para su correcta comprensión por el lector, con
finalidades informativas o recreativas, expresadas con un lenguaje que puede variar desde un
aspecto descriptivo hasta otro imaginario o de diversa índole. Entre las diversas formas de
narrativa se encuentran la novela y el cuento.
Poesía: es una composición literaria basada en la métrica y el ritmo, dispuesta a través de una
estructura de versos y estrofas que pueden tener diversas formas de rima, aunque también
pueden ser de verso libre. Su contenido puede ser igualmente realista o ficticio, aunque por lo
general la poesía siempre suele tener un aspecto evocador e intimista, siendo el principal
vehículo de expresión del componente más emotivo del ser humano.
Drama: es una forma de escritura basada en el diálogo de diversos personajes, que van
contando una historia a través de la sucesión cronológica y argumental de diversas escenas
donde se va desarrollando la acción. Aunque tiene un carácter literario autónomo,
generalmente está concebido para ser representado de forma teatral, por lo que el drama está
íntimamente ligado a las artes escénicas.
Estilos artísticos
Cada periodo histórico ha tenido unas características concretas y definibles, comunes a otras
regiones y culturas, o bien únicas y diferenciadas, que han ido evolucionando con el devenir de
los tiempos. De ahí surgen los estilos artísticos, que pueden tener un origen geográfico o
temporal, o incluso reducirse a la obra de un artista en concreto, siempre y cuando se
produzcan unas formas artísticas claramente definitorias. ‘Estilo’ proviene del latín stilus
(‘punzón’), escrito en época medieval como stylus por influencia del término griego στύλος
(stylos, ‘columna’). Antiguamente, se denominaba así a un tipo de punzón para escribir sobre
tablillas de cera; con el tiempo, pasó a designar tanto el instrumento, como el trabajo del
escritor y su manera de escribir. El concepto de estilo surgió en literatura, pero pronto se
extendió al resto de artes, especialmente música y danza. Actualmente se emplea este término
en su sentido metonímico, es decir, como aquella cualidad que identifica la forma de trabajar,
de expresarse o de concebir una obra de arte por parte del artista, o bien, en sentido más
genérico, de un conjunto de artistas u obras que tienen diversos puntos en común, agrupados
geográfica o cronológicamente. Así, el estilo puede ser tanto un conjunto de caracteres
formales, bien individuales –la forma de escribir, de componer o de elaborar una obra de arte
por parte de un artista–, o bien colectivos –de un grupo, una época o un lugar geográfico–,
como un sistema orgánico de formas, en que sería la conjunción de determinados factores la
que generaría la forma de trabajar del grupo, como en el arte románico, gótico, barroco, etc.
Según Focillon, un estilo es «un conjunto coherente de formas unidas por una conveniencia
recíproca, sumisas a una lógica interna que las organiza».
Estos caracteres individuales o sociales son signos distintivos que permiten diferenciar, definir
y catalogar de forma empírica la obra de un artista o un grupo de artistas adscritos a un mismo
estilo o “escuela” –término que designa un grupo de autores con características comunes
definitorias–. Así, la “estilística” es la ciencia que estudia los diversos signos distintivos,
objetivos y unívocos, de la obra de un artista o escuela. Este estudio ha servido en la Historia
del arte como punto de partida para el análisis del devenir histórico artístico basado en el
estilo, como se puede apreciar en alguna escuela historiográfica como el formalismo.60
El estilo estudia al artista y a la obra de arte como materialización de una idea, plasmada en la
materia a través de la técnica, lo que constituye un lenguaje formal susceptible de análisis y de
catalogación y periodificación. Por otro lado, así como la similitud de formas crean un lenguaje
y, por tanto, un estilo, una misma forma puede tener distinta significación en diversos estilos.
Así, los estilos están sujetos a una dinámica evolutiva que suele ser cíclica, recurrente,
perceptible en mayor o menor grado en cada periodo histórico. Se suelen distinguir en cada
estilo, escuela o periodo artístico diversas fases –con las naturales variaciones concretas en
cada caso–: “fase preclásica”, donde se comienzan a configurar los signos distintivos de cada
estilo concreto –se suelen denominar con los prefijos ‘proto’ o ‘pre’, como el
prerromanticismo–; “fase clásica”, donde se concretan los principales signos característicos del
estilo, que servirán de puntos de referencia y supondrán la materialización de sus principales
realizaciones; “fase manierista”, donde se reinterpretan las formas clásicas, elaboradas desde
un punto de vista más subjetivo por parte del autor; “fase barroca”, que es una reacción
contra las formas clásicas, deformadas a gusto y capricho del artista; “fase arcaizante”, donde
se vuelve a las formas clásicas, pero ya con la evidente falta de naturalidad que le es intrínseca
–se suele denominar con el prefijo ‘post’, como el postimpresionismo–; y “fase recurrente”,
donde la falta de referentes provoca una tendencia al eclecticismo –se suelen denominar con
el prefijo ‘neo’, como el neoclasicismo–.61
Estilos artísticos
Fase preclásica:
Fase clásica:
Discóbolo, de Mirón.
Fase manierista:
Fase barroca:
Fase arcaizante:
Fase recurrente:
Géneros artísticos
Un género artístico es una especialización temática en que se suelen dividir las diversas artes.
Antiguamente se denominaba “pintores de género” a los que se ocupaban de un solo tema:
retratos, paisajes, pinturas de flores, animales, etc. El término tenía un cierto sentido
peyorativo, ya que parecía que el artista que trataba solo esos asuntos no valía para otros, y se
contraponía al “pintor de historia”, que en una sola composición trataba diversos elementos
(paisaje, arquitectura, figuras humanas). En el siglo xviii, el término se aplicó al pintor que
representaba escenas de la vida cotidiana, opuesto igualmente al pintor de historia, que
trataba temas históricos, mitológicos, etc. En cambio, en el siglo xix, al perder la pintura de
historia su posición privilegiada, se otorgó igual categoría a la historia que al paisaje, retrato,
etc. Entonces, la pintura de género pasó a ser la que no trataba las principales cuatro clases
reconocidas: historia, retrato, paisaje y marina. Así, un pintor de género era el que no tenía
ningún género definido. Por último, al eliminar cualquier jerarquía en la representación
artística, actualmente se considera pintura de género cualquier obra que represente escenas
de la vida cotidiana, temas anecdóticos, al tiempo que aún se habla de géneros artísticos para
designar los diversos temas que han sido recurrentes en la Historia del arte (paisaje, retrato,
desnudo, bodegón), haciendo así una síntesis entre los diversos conceptos anteriores.62
Géneros literarios: los géneros literarios son los distintos grupos o categorías en que podemos
clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido. La retórica clásica los ha clasificado en
tres grupos importantes: lírico, épico y dramático. A éstos algunos suelen añadir el didáctico
(oratoria, ensayo, biografía, crónica).
Géneros musicales: se basan en criterios como el ritmo, la instrumentación, las características
armónicas o melódicas o la estructura. La música clásica, académica o música culta es uno de
los tres grandes géneros en los que se puede dividir la música en general, junto con la música
popular y la música tradicional o folclórica.
Géneros artísticos