La Restauración Meiji en Japón
La Restauración Meiji en Japón
Tras cada mujer u hombre hay una persona, una vida, una historia. Si unimos
las biografías de esas personas, podemos fraguar la historia de una nación.
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Juan Hernández Franco
INTRODUCCIÓN.-
30 de Julio de 1912. El Emperador de Japó n:
Mutsuhito-Meiji1, muere en Tokio, la capital imperial de Japó n.
Había nacido en la ciudad de Kioto el día 3 de noviembre de 1852. Con-
cretamente en el Palacio Imperial, la morada oficial, de los anteriores
emperadores “Mikados”, ocupaba el lugar 122 en la lista de soberanos
japoneses cuya dinastía, fundada por Jimmu en el añ o 660 a. de C., no
se había interrumpido a lo largo de 2.627 añ os. Nadie imagino los gran-
des logros que en su periodo imperial llevaría a cabo. Sus gobiernos
fueron los má s memorables de todos los anteriores “y de otros muchos
que tenían que llegar” y forjó la historia moderna de Japó n, así como
parte de la historia mundial del siglo XX. En menos de cincuenta añ os
el Emperador presenció su propia transformació n y la de su nació n.
Pasó de ser un estado feudal en su entronizació n a una potencia mun-
dial a su muerte. Fue uno má s de los grandes protagonistas, junto con
otros grandes compañ eros de esta gran obra. Fue la persona dirigente
y má s visible de la citada transformació n. Aquellos hombres supieron
trazar una línea entre la fortaleza política y social del Bakufu y el inte-
rés de la línea imperialista de restaurar el poder al emperador, cam-
biando de este modo aquello que “imperaba en este periodo”. No obs-
tante, al mismo tiempo, a Mutsuhito-Meiji y sus colaboradores les inte-
resó la creació n de un estado de equilibrio entre las fuerzas y poderes
del pasado y las que se estaban desarrollando en el curso de un proce-
so de cambio de modernizació n tanto por el hecho político como social,
por el hecho de que favorecía al mantenimiento y el aumento de la au-
toridad estatal centralizada, como al fortalecimiento de su propia posi-
ció n de poder.
Japó n, al regreso después de muchos añ os, de los primeros ex-
tranjeros y contactos generalizados con éstos, era un pueblo atrasado
desde el punto de vista occidental, aunque no ignoraban los elementos
de la ciencia moderna europea, no las aplicaban, ya que ignorar todo lo
que no fuera japonés era una constante, esto incluía su aislamiento ha-
cia el extranjero. Con el shogunato, los campesinos, artesanos, y comer-
ciantes eran, en realidad, siervos excluidos de toda participació n políti-
ca, sirvientes de una minoritaria aristocrá tica. La sociedad carecía de
paz, orden y leyes que protegieran a los individuos. Se carecía de
ejército y marina nacional, así como de una hacienda pú blica que regu-
lara tanto los impuestos como los gastos de administració n de un esta-
do, pilar de la economía de un estado moderno.
1
Ver el capítulo de: “Biografías”.
En dos siglos y medio de aislamiento -de 1603 a 1868-, se habían
firmado tratados con algú n país, pero el aislamiento fue a la postre,
casi completo, la caída del Shogun y el poder centralizado solo en ma-
nos del Mikado, propicio la Restauració n Imperial denominada Meiji,
fue promovida por élites progresistas y por los sacerdotes sintoístas
que ademá s de la restauració n imperial perseguían la instauració n del
sintoísmo como la religió n oficial o filosofía del estado. Los japoneses
pensaron que el ú nico camino para en un futuro hacer frente a las po-
tencias occidentales, era el de asimilar sus ciencias, artes e industrias.
Nunca antes se había acometido con tanto ahínco una revolució n desde
arriba, pues los autores de tal renovació n fueron el propio Mikado jun-
to a la aristocracia. El centralismo favoreció la transició n de las ó rde-
nes legislativas y la filosofía sintoísta la de obediencia y enfatizar el es-
píritu de sacrificio japonés. Decretada la modernizació n, se comenza-
ron a renovar o mejor dicho a crear las instituciones con arreglo al pa-
tró n occidental.
El primer acto de Mutsuhito-Meiji al subir al trono fue enunciar
los principios fundamentales de su gobierno bajo la forma de un jura-
mento solemne realizado el día 6 de abril de 1868, que desde entonces
se conoce con el nombre de “Los cinco artículos del juramento impe-
rial”. Constaba bá sicamente de la ruptura con el pasado reciente y res-
tauració n del poder imperial, lo que permitía prever una larga serie de
consultas con el fin de crear las nuevas instituciones, la promoció n de
los hombres de valía, cualquiera que fuera su condició n, y la apertura
al mundo para participar en el progreso en los dominios científico, jurí-
dico y moral. Quedaban ya lejos las actitudes de autoaislamiento y co-
menzaba la integració n en el concierto internacional. Se comenzaba
una gran obra que culminaría con su reconocimiento internacional
como una nueva y gran potencia
Este fue el comienzo y los primeros pasos hacia una Constitu-
ció n: el gobierno shogunal había pasado a la historia; los grandes señ o-
res habían perdido para siempre sus dominios y su autoridad, el aisla-
miento se había abandonado. La nació n emprendía un nuevo rumbo
completamente distinto. Aunque algunos la denominaron revolució n,
mejor habría que denominarla levantamiento restaurador, puesto que
consistió en volver a un orden de cosas que por espacio de muchos si-
glos había caído en desuso. Hasta la fecha la tierra era posesió n exclusi-
va de la nobleza, que devuelve al Emperador o mejor al Mikado, las tie-
rras en posesió n de sus feudos, a la vez que transmitía el siguiente
mensaje: “La tierra en la que vivimos es del Emperador; el alimento que
tomamos se obtiene con el trabajo de hombres que son del Emperador.
No podemos acapararlos. Presentemos, pues, reverentemente la lista de
nuestras posesiones y de nuestros vasallos y rogamos al Emperador que
recompense a quienes lo merezcan y que castigue a los que se hayan he-
cho acreedores de ello”. Esta “generosidad” por parte de la nobleza, que
hasta entonces había mantenido sus privilegios, fue uno de los prime-
ros efectos del nuevo reinado.
“La proclamación o publicación de la primera constitución japone-
sa, fue una de las pruebas más evidentes de la solidaridad de los intereses
nacionales y de los sentimientos de gobernantes y gobernados. Ninguna
constitución del momento garantizaba tan ampliamente los intereses
generales de un pueblo”.2
En 1868 se adoptó la palabra Meiji (Gobierno ilustrado), como
título cronoló gico del reinado del Emperador y desde ese momento se
le denominó así. A finales de 1869 amanecía la nueva era del progreso
y la reforma. Reinaba la paz en todo el país y se iniciaba brillantemente
su asombrosa carrera. Surgieron algunas dificultades interiores. En
distintos lugares hubo levantamientos como el de Satsuma, el má s sig-
nificativo y duradero, que a base de esfuerzo y lucha pudo someterse.
Algunos de los ministros má s capacitados cayeron en atentados o ase-
sinados, por aquellos que no querían cambiar el pasado. Pero los cam-
bios apoyados por la Constitució n y la lucha al unísono, convirtieron a
Japó n en un gran imperio constitucional.
Japó n, quizá s no se había parado a pensar en ello, pero había in-
troducido o imitado a los movimientos nacionalistas que predomina-
ban en Europa del siglo XIX, tomemos como ejemplos; Italia y sobre
todo el de los pueblos alemanes. La admiració n de los hombres Meiji
por la política alemana del momento y por la Constitució n del Reich
alemá n de 1871 es manifiesta. Pero no nos olvidemos, que los japone-
ses cambiaron su piel por un envoltorio occidental y que la piel no es lo
má s profundo del ser humano, pero su interior y su alma siguieron
siendo japoneses, y su revolució n y restauració n ligada a la moderni-
dad del momento sirvió esencialmente para la defensa de la tradició n,
lo que los propios japones denominan Kokutai3. A este respecto, a la
personalidad japonesa ya sea individual o colectiva le podemos aplicar
lo que escribió Lampedusa “….Si queremos que todo siga como está, es
2
Publicado en su momento por Review of Reviews. (Fue una publicación mensual
inglesa fundada en 1890/1893 por el periodista reformista británico William Thomas Stead.
3
Utilizando las palabras del historiador John S. Brownlee: “La idea política más origi-
nal que se desarrolló en Japón fue el Kokutai "Esencia Nacional". Fue usado durante el Periodo
Imperial como una ideología de inspiración y unificación, y proveyó la estructura política na-
cional que daría a lugar el sistema de monarquía constitucional basado en Occidente bajo la
Constitución Meiji de 1890”.
necesario que todo cambie". "¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas
pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que
todo habrá cambiado, una de esas batallas que se libran para que todo
siga como está…".4
De país casi sometido al principio de la Restauració n Meiji, a país
dominador al finalizar esta era. El esfuerzo por la modernizació n de la
nació n nació principalmente de la autodefensa. Pronto percibieron que
lo que las intenciones de los países occidentales tales como, Gran Bre-
tañ a, Francia, Alemania y los [Link]. “India, colonia de Inglaterra y el
ejemplo de la derrota de China frente a un país má s pequeñ o que Ja-
pó n, (otra vez Inglaterra en las dos guerras del opio)”, habían puesto a
Japó n en alerta. Ellos no deseaban ser colonia ni ser repartidos comer-
cialmente. El problema era su fragilidad.
Al final del reinado de Mutsuhito-Meiji, Japó n había pasado de
ser una posible colonia occidental a ser una potencia mundial. Consi-
guiendo en primer lugar la denuncia de los Tratados Desiguales firma-
dos por las potencias extranjeras con el Bakufu. En la guerra contra
China (1894-1985), le abrió el paso a Corea, las islas de Formosa
“Taiwan” y Penghu o de los Pescadores y concesiones comerciales muy
ventajosas en China y en la guerra con Rusia (1904-1905), algú n terri-
torio chino en manos de Rusia, el ferrocarril ruso del sur de Kwang-
chengtsz, con los derechos de explotació n minera inherentes a él; la
mitad sur de la isla de Sajalín, ademá s de derechos pesqueros, que ro-
deaban a Sajalín y las islas Kuriles.
Comenzado el siglo XX, Japó n se había convertido en la ú nica na-
ció n industrial y con sistema capitalista de Asia, así como poseer y con
ella legislar, la primera constitució n en el continente asiá tico, esta, muy
acorde con el momento histó rico, cuando falleció [Link]-
pó n, se había convertido en una potencia econó mica y militar. Antes de
la llegada de Mutsuhito-Meiji al poder, la autoridad suprema del poder
pú blico no existía como tal y con él se logra la total independencia y
soberanía del estado, Japó n había conseguido que los occidentales con
su eurocentrismo no les iluminasen con su oscuridad.
4
La frase es una cita de la novela “El Gatopardo (título original, Il Gattopardo) escrita
por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre los años de 1954 y 1957.
Pimeros años nacimiento del Bakufu. Dos siglos y medio de
antecedentes, para que el Mikado recuperará el poder en manos del
Shogun, estos son los hechos del periodo shogunal y a posteriori, las
causas y secuelas que propiciaron la restauració n del poder del Mikado
o gobierno del emperador.
Japó n en los siglos XV y XVI se encontraba, sumido en una guerra
civil continua, aunque había periodos de relativa paz, la falta de un
gran liderazgo provocaba la lucha entre los distintos dominios por al-
canzar una unificació n política y administrativa. La anarquía reinante
propicio una lucha para conseguir el poder, la unió n de Japó n, la cen-
tralizació n política, administrativa y de orden. Todos luchaban por lo
mismo, la ú nica diferencia es que todos los contendientes querían el
poder absoluto en detrimento y subyugació n de sus enemigos, “los de-
má s señ ores, -los daimios-”.
Fue durante este período, difícil e inestable, que surgieron las
personalidades que má s tarde serían consideradas, los tres má s gran-
des daimios del período Sengoku, los tres unificadores y que finalmen-
te lograrían llevar a la reunificació n de la nació n japonesa; estos fue-
ron Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi, y Tokugawa Ieyasu5.
El levantamiento de la rebelió n Onin, que comenzó en 1467, in-
dujo a conflictos que se extendieron por todo Japó n, conflictos que du-
raron en demasía, pues no finalizaron hasta el añ o1573, aunque no se
consiguió una paz que englobara a todo Japó n, si se comenzó a tener
una paz en muchos de los territorios que Oda Nobunaga y sus aliados,
comenzaban a controlar, aunque las escaramuzas se prolongaron hasta
la llegada de Tokuga Ieyasu y su consolidació n como Shogun.
Japó n empezó a tomar forma cuando Oda Nobunaga, se embarcó
en organizar la unificació n del país, aunque no pudo terminar esta gran
empresa, pues fue traicionado por uno de sus hombres de confianza, el
general Akechi Mitsuhide. Su aliado Toyotomi Hideyoshi vengó la
muerte de Oda Nobunaga y culminó la unificació n en 1590. Toyotomi
Hideyoshi, enfermó en 1589 y murió a causa de la enfermedad, Japó n
volvió a fragmentarse en dos facciones, los que respaldaban al hijo de
Hideyoshi, Toyotomi Hideyori y los que secundaban a uno de los má s
grandes daimios, Tokugawa Ieyasu. Las dos facciones se enfrentaron
en una lucha encarnizada por él poder, hasta que se llegó a la batalla de
Sekigahara, en la cual Tokugawa Ieyasu, se alzó con la victoria, esta vic-
toria propició que el Mikado lo nombra oficialmente Shogun en el añ o
1603, con este nombramiento dio comienzo el shogunato Tokugawa o
La Era Edo.
5
Ver el capítulo de: “Biografías”.
Oda Nobunaga, tras organizar sus propios dominios, redujo y
venció a los daimios rivales, conquistando Kioto y poniendo fin al po-
der Ashikaga6. Aunque faltaba territorio por conquistar, si pudo co-
menzar algunas reformas para centralizar el poder político y adminis-
trativo, aunque murió antes de poder terminar su obra, si logro que
después de su temprana muerte que sus aliados pudieran culminar, lo
que él había comenzado, había logrado trazar un camino hacia la unifi-
cació n.
El Periodo o Era Edo o lo que es lo mismo el Japó n Tokugawa, lo
podemos diferenciar en tres grandes ciclos o periodos, el primero
abarca casi todo el siglo XVII, que es denominado por algunos historia-
dores como “La Pax Tokugawa” y es considerado como la llegada al po-
der y la consolidació n del shogunato Tokugawa, así como logros de es-
tabilidad política, el crecimiento econó mico, que allanaron mucho la
afianzamiento del poder, el segundo a continuació n de este, lo denomi-
naremos disfrute del poder y relajació n y la tercera y ú ltima la del prin-
cipio del fin, fin que llegaría con la restauració n del poder al empera-
dor la caída del Shogun y el final del sistema dual, este tercer periodo
es conocido como bakumatsu y está comprendido entre los añ os 1853
y 1867.
Tokugawa Ieyasu había sido aliado de Oda Nobunaga. Aunque a
la muerte de éste acató la autoridad de Toyotomi Hideyoshi, bajo cuyo
gobierno ascendió en el escalafó n político hasta colocarse al frente de
los cinco má ximos consejeros de su gobierno, la muerte de Toyotomi
en 1598 marcó el comienzo de una nueva lucha por el poder, que que-
daría sentenciada con el triunfo de Tokugawa Ieyasu en la batalla de
Sekigahara (1600). Tres añ os después, en 1603, será nombrado Sho-
gun por el Mikado, a pesar de lo cual, los partidarios de Toyotomi Hide-
yori, hijo de Hideyoshi, no serían definitivamente derrotados hasta
1615, tras la batalla de Tennoji.
9
Los datos consignados, están adaptados de acuerdo al Sistema Internacional de pesos y
medidas, para su mejor comprensión.
Nunca llegaron a ser de la gravedad y la intensidad de los siglos que precedieron al shogu-
10
nato Tokugawa.
La formar de gobernar del Bakufu con la llegada de Tokugawa
Hidetada, hijo de Tokugawa Ieyasu, y segundo Shogun, comenzaron a
tomar tintes despó ticos, pero no fue hasta la llegada de Tokugaba Iemi-
tsu tercer Shogun, que gobernó entre los añ os 1623 a 1651, cuando
comenzó a fraguarse el absolutismo del Shogun. Fue el hijo mayor
de Tokugawa Hidetada, que para evitar luchas de poder comenzó el
afianzamiento del poder del Shogun en detrimento de los daimios, pro-
mulgando leyes para los vasallos, restableció el Consejo Judicial y el
Tribunal Nacional, lo que hizo del shogunato el centro legal de la na-
ció n y del poder absoluto. Ademá s de todo esto, los Tokugawa impusie-
ron como filosofía oficial el confucianismo, como medio de potenciar
los valores morales de la població n y la obediencia al mayor “piedad
filial, obediencia al superior, lealtad” es decir la sumisió n al gobierno.
Bajo el liderazgo del Shogun, el Bakufu se convirtió en un estado
policial, dirigido por varios organismos, Los Grandes Ancianos, aconse-
jaban al Shogun en cuestiones políticas; el Consejo de los Ancianos, que
seguía un sistema de rotació n y ejercían durante un mes, estos admi-
nistraban la burocracia gubernamental; el Consejo Judicial, compuesto
por el Consejo de Ancianos y comisarios agregados, que desarrollaban
distintas funciones tanto administrativas como judiciales, tanto nacio-
nales como locales, ademá s espiaban y reunían informació n sobre las
daimios, así como la administració n de las vastas propiedades de los
Tokugawa.
En este primer periodo también se expulsó a los extranjeros y
Japó n se aisló del mundo exterior y con la rebelió n de Shimabara en
1637, dio lugar al fin del cristianismo en Japó n, esta rebelió n fue fuer-
temente reprimida por el Shogun. La expulsió n de los extranjeros y
cristianos, la tenemos que ver, no como una persecució n a ambos gru-
pos, sino como una forma de eliminar grupos de opinió n y oposició n
política, no era una cuestió n de xenofobia o persecució n religiosa, era
una estrategia de consolidació n de su poder y eliminació n de cualquier
vestigio de oposició n.
¿Có mo llega el Shogun, “a través del Bakufu”, a poder dominar y
gobernar tan eficientemente? Antes de la llegada de los tres unificado-
res, cada daimio gobernaba con total independencia su dominio y po-
seía su propio ejército, eran los campesinos los que custodiaban las ar-
mas y pasaban del campesinado al ejército, es decir cubrían doble fun-
ció n para el señ or, no existía una separació n entre campesinos y samu-
rá is. Cuando Toyotomi Hideyoshi11 llega al poder, comienza a impulsar
la estabilidad social y con esta la econó mica. Promulgo una serie de
11
Toyotomi Hideyoshi, nació humilde y se crio como soldado campesino de a pie y terminó
siendo general y por tanto tenía un amplio conocimiento de la dinámica social japonesa.
medidas para que los agricultores entregaran todas sus armas, sin dis-
tinció n, dictando que sería ilegal poseer cualquiera de ellas y que su
funció n era solo y exclusivamente la agricultura, hasta entonces en
tiempos de paz el samurá i se dedicaba a cultivar la tierra, cuando eran
requeridos por el daimio, abandonaban los campos y se incorporaban a
filas. “Entre el nombramiento de Tokugawa Ieyasu como shogun en
1603 y su muerte en 1616, este no se apartó del poder, aunque en
1605 traspaso el título de Shogun a su hijo Tokugawa Hidetada, de fac-
to es el que dirigía la política de país, aunque algunas de sus medidas
no llegarían a consolidarse hasta después de su muerte, él fue el artífi-
ce de muchas de las reformas del periodo Edo”.
El Bakufu promulgo la separació n de clases creando un status
para unos y otros, el agricultor y el samurá i y las demá s clases, lo se-
rian por nacimiento. Los Tokugawa basá ndose en la divisió n de clases
de la filosofía confucianistas, establecieron cinco tipos de clases, samu-
rá is, campesinos, artesanos, comerciantes y por ú ltimo los barakumin,
el samurá i estaba con diferencia muy por encima de los demá s grupos,
el campesino estaba algo má s prestigiado que los habitantes de la ciu-
dad, como se definía a artesanos y comerciantes, con esta divisió n la
sociedad se segrega en grupos má s homogéneos y mucho má s fá ciles
de controlar, con el tiempo y el crecimiento econó mico logrado con la
Pax Tokugawa, los habitantes de las urbes, crecieron en status, puede
que no en lo social pero si en lo econó mico y los barakumin el sec-
tor social má s bajo de los obreros “algo similar a los intocables en la
India” desprovistos de conciencia de clase. Aunque todos estos este-
reotipos existían mucho antes de la llegada de este periodo, hasta
entonces no funcionaron tan definidos y estratificados hasta la llega-
da del clan Tokugawa.
Con la llegada de esta fó rmula de poder piramidal, encabezado
por el Shogun, las bases estaban controladas, ¿qué pasaba con los dai-
mios?, ¿có mo podía el Bakufu mantenerse en alerta? Para controlar a
los daimios, el Shogun a través del Bakufu, obligaba a estos a residir
alternativamente, un añ o en su han “feudo” y otro añ o en Yedo, capital
del shogunato. Cuando este regresaba a su han, su familia má s allegada
esposa e hijos y sobre todo su heredero tenían que seguir residiendo
en Yedo, en realidad eran rehenes del Shogun estaba claro que la leal-
tad impuesta resultaba ser muy eficaz. El Shogun ya había vivido esta
experiencia cuando fue rehén, pero no le importo restaurar este tipo
de pleitesia, en 1635 se promulgo como ley “sankin kotai” y por tanto
de obligado cumplimiento, esta ley estuvo vigente desde el añ o de su
promulgació n hasta el declive del shogunato en 1862. Esta ley también
trajo consigo una disminució n sustancial del poder econó mico del dai-
mio, pues tenía que hacer frente a dos residencias, así como los costes
adicionales de los desplazamientos de servidores y samurá is, del lugar
oficial de residencia del daimio a Yedo y viceversa, esta debilidad eco-
nó mica del daimio fortalecía al Shogun, tanto en poder político como
econó mico.
Pero también existió la seducció n de estos por parte del Shogun,
sobre todo a los má s fieles y allegados. Una de las drá sticas medidas,
era que el daimio no podía poseer má s de un castillo y debería destruir
todos los demá s, esto por el lado positivo, mitigaba los gastos de man-
tenimiento del daimio, los Tokugawa confiscaron má s de noventa y
cinco feudos, repartiendo sus tierras entre sus fieles, ademá s por el
mismo periodo (entre 1615 y 1651) los distintos shogunes, traspasa-
ron 250 feudos de daimios derrotados a daimios fieles, el fin era la fi-
delidad, acabar con la autonomía local y centralizar todo el poder.
Tenemos que distinguir qué entre los propios daimios, existían
tres grandes grupos: Los Shimpan daimio, Aquellos má s cercanos al
Shogun y a su gobierno, no solo en una conexió n política, sino familia-
res de distintos grados de consanguinidad. Los Fudai daimio, aquellos
señ ores daimios que no eran familiares, pero que habían estado desde
un primer momento luchando junto Ieyasu Tokugawa, como aliados y
los Tozama daimio, eran aquellos señ ores daimios que podían llegar a
ser de dudosa lealtad al gobierno del Bakufu, por distintas causas. Se
trataba de daimios que habían sido enemigos Ieyasu de Tokugawa en
la lucha por el poder y habían sido vencidos por este, o que ocupaban
posiciones alejadas del control directo del gobierno y en bastantes de
los casos ambas casusas se entrelazaban. Por lo que el Bakufu, tomo la
decisió n ante cualquier oposició n, de promulgar la ley “sankin kotai”.
También fue un flujo constante para la economía, que se vio for-
talecida, por la mejora y construcció n de carreteras ante la crecida del
trá fico, la construcció n de posadas “mitad albergues mitad fondas”,
también beneficio el crecimiento de las ciudades y la creació n de otras,
el ejemplo lo tenemos en Yedo que paso de aldea de pescadores en el
añ o 1600 a gran urbe en el 1700. En esta primera centuria, Yedo au-
mento su població n exponencialmente, hasta convertirse en una de las
grandes metró polis del mundo y lugar de una cultura urbana, es decir
Japó n comenzaba a ser una sociedad no solo campesina, ahora comen-
zaba ser urbanita, hacia 1721 se estimaba que Yedo había alcanzado
una població n de 1.000.000 de habitantes.
Los Tokugawa, también entendían que no podían seguir supedi-
tados a la opresió n de una agricultura de subsistencia, había que bus-
car una manera má s eficiente de aumentar la producció n y a su vez, a
un coste má s econó mico, es decir menos mano de obra, que produzca
má s y por consiguiente ese ahorro de los costes podía proporcionar un
aumento de la liquidez para poder invertir en una creació n de peque-
ñ as industrias. El consabido problema “exceso de patrimonio, con una
falta de liquidez”. La fó rmula no fue para grandes alabanzas, los terra-
tenientes pedían un porcentaje respecto a la superficie de la tierra, los
agricultores bajo estas expectativas, no les quedó otra que invertir má s
tiempo y energía en sus labores agrícolas, ese ahínco al trabajo junto
con la mejora en las herramientas, las té cnicas tanto agrícolas como
la fertilizació n tuvo sus frutos, el agricultor aumento sus ingresos,
ademá s de dedicarle tiempo a la autoexplotació n que repercutía di-
rectamente en ellos. Se aumento la producció n, y este aumento re-
percutió en la població n.
Otro de los factores era, que las aldeas japonesas no eran un
conjunto de unidades agrícolas autó nomas, sino un grupo de hogares
interdependientes, tutelados por un cabeza de familia, que asumía el
papel de padre “oyakata”12 y de los tutelados “kokata” integrados por
los sirvientes y los agricultores subarrendados. En circunstancias
optimas el oyakata proporcionaba los bienes que necesitaban los ho-
gares má s humildes, a su vez los kokata, proporcionaban la mano de
obra necesaria, ya fuera para la agricultura, como para actividades
colectivas como reparació n o construcció n de viviendas “de cañ a y
paja” reparació n de diques, canales de irrigació n, etc. Lo principal es
que el oyakata proporcionaba a los kokata, alimentos cuando era ne-
cesario, a su vez este mé todo, aunque de subsistencia, proporciona-
ba pequeñ as islas de estabilidad, a la vez que de producció n. La fó r-
mula para el poder establecido, le suponía una gran estabilidad.
12
Aquí podemos observar, la aplicación de la filosofía confucianista, “la primera de
las cinco”, la piedad filial, clave de la organización tanto familiar como estatal, fue considera-
da como la virtud principal. Puede decirse que la cultura japonesa “basada en la china” es el
resultado de la observancia de un código de costumbres para la preservación de los deberes
mutuos.
En cambio, las funciones del han eran autónomas y sujetas a la soberanía del
daimyō que gobernaba ese territorio.8 Sin embargo, este poder soberano era
controlado por una institución especial del shogunato: la residencia alterna
o sankin kōtai (参勤交代 ).9 El sankin kōtai consistía en una toma legal de rehe-
?
14
Sistema de gobierno, compartido entre el Emperador y el Shogun. Ir a Lecturas Complementa-
rias.
15
Ver la traducción realizada por Lowder, en Lecturas Complementarias.
16
Fue el fundador del shogunato o bakufu Kamakura.
zas político con la engañ osa falacia de "dos emperadores", uno "espiri-
tual" y el otro "secular"; lo que llevó a los extranjeros a hacer tratados
en teoría con un subordinado. La realidad es que nunca hubo dos em-
peradores en Japó n; el Shogun era un usurpador militar y un dictador y
los tratados firmados por él sin el beneplá cito del emperador, eran un
fraude diplomá tico, aunque la pura realidad, es que el poder absoluto,
lo ostentaba el Shogun.
La política iniciada por Minamoto no Yoritomo no fue abolida
sino todo lo contrario, fue consolidada por los distintos clanes que en-
cabezaron los distintos shogunatos -Hojo, Ashikaga y Tokugawa-, quie-
nes consumaron la separació n permanente del trono y el Bakufu. La
costumbre de los shogunes de ir a Kioto para homenajear al Mikado
cayó en desuso después de la visita de Tokugawa Iyemitsu17. Con la
fuerza y el poder del Shogun afincado en Yeddo y a través del Bakufu,
que con mano de hierro gobernó y ostento un poder que se sintió en
todo el imperio. Tan perfecta era la maquinaria política del Bakufu que
el poder del Mikado era solo testimonial, aunque en realidad era mu-
cho peor de lo que los viajeros extranjeros que visitaban Japó n jamá s
sospecharon. Estaba claro que el Shogun gobernaba una dictadura apo-
yada por una gran fuerza militar, este había conseguido apartar del po-
der al Mikado y a los daimios.
Las diferencias de los dos palacios de los gobernantes uno en Ye-
ddo y el otro en Kioto, contaban muy bien la realidad, él del Shogun do-
minante y el Mikado intimidado eran elocuentes. El Mikado lo habita-
ba, sin vigilancia, en un recinto rodeado de jardines y por una pequeñ a
tapia sin valor de defensa, con el ú nico objeto de aislarlo de miradas
indiscretas, en una ciudad que era el centro elegido de nobles de vida
sencilla, de altísimo rango y de sangre purísima, hombres de letras, es-
tudiantes, bonzos y sacerdotes sintoístas, destacaba por sus templos,
jardines y gente de modales cortesanos, cultos y de vida apacible. El
Shogun vivía en un castillo fortificado, protegido por una guarnició n de
samurá is, dominando una ciudad vanidosa, llena de arsenales y rodea-
da de acó litos y sumisos vasallos y militares. El pueblo llano se expre-
saba con esta frase “Todos los hombres temen al Shogun; todos los hom-
bres aman al Mikado”.
Los sucesores de Tokugawa Ieyasu, llevaron a cabo su política,
deshaciéndose de sus opositores incluidos los cristianos, se expulsaron
a todos los extranjeros de Japó n, deslizó un cerrojo a sus puertas ais-
lá ndose del mundo exterior, procediendo a ejecutar las medidas nece-
sarias para eliminar todo vestigio opositor y tratar de conseguir una
17
Fue el tercer Shogun Tokugawa.
estabilidad a su política, duradera y pacífica y por su puesto sin ningu-
na injerencia extranjera.
Con la llegada del siglo XIX, todo comenzó en una progresiva de-
cadencia, lo que había funcionado hasta ahora, en un corto periodo de
tiempo, el Bakufu pasó a una involució n, nada era lo que antañ o había
sido. Los Tokugawa pasaron de ser la gran nobleza, cuyas manos nunca
se deterioraron por el trabajo, aquellos que solo usaron la katana y la
pluma, ahora se ven abocados al trabajo, su decadencia y deshonra no
les da respiro. El sistema feudal del dualismo, ahora solo era defendido
por unos forasteros, ignorantes del funcionamiento del Bakufu.
¿Qué causas provocaron la abdicació n del Shogun? ¿Que dio paso
a una manera de actuar y pensar moderna?, debemos de conocer las
corrientes de pensamiento y las personas que promovieron los cam-
bios.
En Japó n había todo tipo de personas, pero solo unas pocas de
estas, eran intelectuales “eruditos, pensadores-filó sofos, estudiantes”.
La primera comprendía a los nobles de la corte, los literatos de Kioto;
el segundo, los bonzos, que trajeron esa masa de literatura budista Zen
y originaron y desarrollaron aquellas fases del culto hindú que han he-
cho del budismo japonés un producto distinto del pensamiento y la fi-
losofía entre los mú ltiples desarrollos de otras religiones má s extendi-
das por el resto del mundo. Esta actividad intelectual y evolució n filo-
só fica budista Zen, termino de asentarse en el siglo XVI, desde entonces
y hasta la caída del Shogun fue el camino filosó fico y espiritual impues-
to al pueblo.
El dinamismo intelectual fuera del budismo Zen, es decir la
ilustració n y la formació n laica alcanzó su gran apogeo a finales del si-
glo XVIII y principios del XIX. Ya en el siglo XVII, los estudiosos de la
propia historia japonesa comenzaron a discernir la verdadera natura-
leza de la diarquía y a darse cuenta que el shogunato se sostenía “ entre
otras” por la incultura y la ignorancia, ellos eran conscientes que po-
drían subsistir, mientras que el pueblo permaneciera en la ignorancia, -
la ignorancia aleja la discrepancia-. Se implantó el aprendizaje e in-
fluencia cultural china, especialmente la ética política confuciana y
menciana. El budismo fue suplantado casi por completo como ú nica
fuerza moral o filosó fica. Una serie de eruditos refugiados, que habían
huido de China tras el derrocamiento de la dinastía Ming, influenciaron
muy fructíferamente al shogunato. La relació n entre el soberano
(Mikado) y el vasallo (Shogun) se había vuelto tan casi ficticia que la
mayoría de los padres o maestros japoneses no podían satisfacer las
inocentes y ansiosas preguntas de sus hijos o alumnos sobre quién era
el soberano de Japó n. El estudio del esquema moral confuciano de "Las
Cinco Relaciones" 1º.- El soberano y sus sú bditos, 2º.- Padres e hijos,
3º.- Marido y mujer, 4º.- El hermano mayor y el menor, y 5º.- Amigo y
amigo. En el que el primer y gran requisito es la obediencia del vasallo
a su señ or, despertó un deseo irrefrenable entre los samurá is de res-
taurar y definir esa relació n tan oscurecida. El espíritu confunciano se
ampliaba cada vez má s por los continuos errores anacró nicos del
Bakufu, se comenzaba a cuestionar la eficacia del gobierno del shogu-
nato y se oyeron voces de apoyo en favor de la restauració n imperial
“el Emperador y el sú bdito”, es decir el shogun debe ser decrecido en
su relació n con el emperador, debe ser como un mero sirviente a su
soberano. A principios del siglo XIX, todavía existía un gran desconoci-
miento entre la mayoría de la població n y como se podía mejorar el go-
bierno, pero también existía un gran descontento con el Bakufu, por su
inoperancia y por su falta de un proyecto de futuro. Lo que había salva-
do y unificado al Japó n del siglo XVII, de la anarquía y el desgobierno,
ya no se podía aplicar al siglo XIX.
Este movimiento político se sustentaba en la filosofía de los es-
tudios antiguos conocidos como “Kokugaku” o estudios histó ricos japo-
neses conocido como Wagaku. Los Kokugaku, eran estudios basados en
la literatura antigua japonesa y del sintoísmo, defendían el retorno de
la edad dorada de la esencia cultural y filosó fica japonesa, este movi-
miento y con estos argumentos lograron estimular sentimientos nacio-
nalistas, ademá s extendieron un sentimiento de lealtad hacia el empe-
rador, esta lealtad se traducía que el emperador, era el ú nico legitima-
do para ostentar él poder. Los estudiosos y partidarios del Kokugaku,
en un futuro no muy lejano terminarían por lograr poder y prestigio
frente a la sociedad japonesa, serían la influencia primordial para la
filosofía y el movimiento Sonno-Joi. Esta corriente política, junto con
otros factores, acabarían llevando al desplome del sistema shogunal de
los Tokugawa en 1868 y por la Restauració n Imperial Meiji. Ademá s,
en aquellos momentos casi revolucionarios el sintoísmo gubernamen-
tal, desarrollado a partir del pensamiento Kokugaku, influyeron de al-
guna forma en el ultranacionalismo japones.
La provincia de Mito se destacó especialmente por el gran nú -
mero de sus doctos eruditos, así como por su destreza y trabajo. En
Mito residían los refugiados chinos como huéspedes del daimio. El Dai
Nihon Shi libro clá sico, que tuvo una influencia muy poderosa en la for-
mació n de la opinió n pú blica y que dio lugar a la ideología de recuperar
el trono del Mikado, es producto de la iniciativa del señ or de Mito, To-
kugawa Mitsukumi18 y los instruidos nativos, quienes enviaron su texto
para su correcció n a los eruditos chinos.
El Príncipe Tokugawa Mitsukumi, debe ser considerado, como "el
verdadero idealista -protagonista intelectual- del movimiento que cul-
minó en la revolució n de 1868". Movilizó investigadores, preparados
para estudiar la filosofía y su historia, con el fin de reunir la suficiente
informació n, que se centrara en la legitimidad del restablecimiento de
la autoridad, en el Mikado. Cada capítulo de la Gran Historia de Japó n
“Dai Nihonshi” se concentró en el Mikado o gobierno del emperador.
Tras su fallecimiento en 1701, el trabajo de recopilar la historia fue
continuado por Tokugawa Tsunaeda, y sus descendientes de la rama
de Mito. Se amplio y su finalizació n definitiva fue en 1715 e inmediata-
mente se convirtió en un clá sico. Fue un manuscrito hasta 1851, cuan-
do la amplia demanda indujo a imprimirlo para su publicació n y una
difusió n para las élites. Los objetivos de los difusores de este libro,
como de la mayoría de las muchas publicaciones de Mito, era informar
y educar al pueblo llano “aunque este carecía de medios y cultura” ha-
cia el Mikado como la verdadera y ú nica fuente de autoridad y señ alar
el hecho histó rico de que el Shogun era un usurpador militar. Toku-
gawa Mitsukumi “era un pariente unido por consanguinidad” siendo
pariente cercano de la casa de Tokugawa, no se le censuro con la seve-
ridad que a la mayoría y se le permitió una mayor libertad para expo-
ner sus puntos de vista. El trabajo iniciado por Mito fue seguido por el
famoso erudito Rai Sanyo, quién en 1827, después de veinte añ os de
trabajo continuo, completó su Historia Externa de Japó n) “Nihon Guai
Shi”. Este trabajo tuvo que pasar la prueba de la censura en Yedo, y al-
gunos de los volú menes fueron depurados repetidamente por los cen-
sores antes de que se permitiera su publicació n. El á nimo inconfundi-
ble de este gran libro es mostrar que el Mikado es el ú nico gobernante
verdadero, en quien está la fuente del poder y a quien se debe la lealtad
de todo japonés, incluso los Tokugawa no estaban libres de su respon-
sabilidad por la usurpació n, fue divulgado masivamente con la Restau-
ració n Imperial o Era Meiji.
La larga paz de má s dos siglos y medio dio tiempo para pensar
a los defensores del Mikado. Aunque la gran masa del pueblo, tanto la
18
Tokugawa Mitsukuni, segundo daimio del Clan Mito, uno de los nietos del Shogun Toku-
gawa Ieyasu también conocido Mito Mitsukuni, era conocido por su influencia en la política de la
Era Edo o periodo Edo temprano, un erudito conocido por la cantidad de investigación que realizó
y que además contribuyó a iniciar y organizar los primeros estudios para compilar la historia de
Japón en el llamado Gran historia de Japón (Dai Nihon Shi).
clase gobernante como la gobernada, acomodada por la prosperidad
prolongada y la ausencia de peligro, no se preocupaba por nada de es-
tos problemas, el pueblo estaba acomodado en todos sus aspectos, los
pensadores respetuosos ardían por ver que el Mikado recobrara su an-
tigua autoridad, tanto en los asuntos políticos interiores como los exte-
riores.
19
Pueblecito costero en la isla de Hokkaido, en el estrecho de Tsugaru es un estrecho de
mar localizado entre las islas de Honshū y Hokkaidō, en la parte septentrional del Japón, que
conecta el mar de Japón con el océano Pacífico.
ría como una necesidad ló gica. Era la época del lujo, la juerga y el estu-
por del desbarajuste licencioso de la mayoría de los daimios, lú gubres
presentimientos se cernían sobre Japó n.
Otra corriente filosó fica caminaba en direcció n a la restauració n
del Mikado y a su vez a la restauració n del sintoísmo como la filosofía
del estado, una filosofía propia que podemos identificarla como el re-
nacimiento de la esencia del sintoísmo, al examinar los orígenes de las
revueltas, no podemos pasar por alto, por ser un fundamento má s a
tener en cuenta, que la introducció n del budismo y la cultura china, por
parte de los Tokugawa, corrompió en gran medida la propia cultura
japonesa. Unos investigadores de la época comenzaron a purificar el
sintoísmo moderno y presentarlo en su forma original, como aglutina-
dor de la sociedad y la cultura japonesa y motor para la recuperació n
del poder por parte de Mikado.
Segú n el sintoísmo, el japonés posee cualidades má s elevadas
que el resto de sus semejantes, es la Tierra de los Dioses y el Mikado es
su divino representante en Japó n “lo que conocemos por nacionalismo
extremo”. De ahí el deber de todos los japoneses de subordinarse ex-
presamente. Durante el largo dominio de los shogunes y del budismo,
“que les favorecían”, pocos, en verdad, conocían lo que era la filosofía
sintoísta y lo que ello conllevaba. Los partidarios de la restauració n,
comenzaron a divulgar textos antiguos donde se narraba la historia y
la filosofía de Japó n. El Kojiki20, recopilado en el añ o 712 d.C. y otras
obras, como el Nihonshoki y el Manyoshu21, son casi tan antiguas y va-
liosas a los ojos de los estudiosos del sintoísmo como los Kojiki. No fue
fá cil su introducció n, pues estaban escritos en japonés antiguo y solo
podían leerlos personas muy preparadas e instruidas -que el Bakufu se
había encargado que no proliferaran- y conocedoras del idioma. Gra-
cias al interés por el estudio de la literatura antigua nacional y por el
de su historia, pudieron llegar al resto de la població n. El abandono del
aprendizaje del japonés puro por el chino había sido implantado casi
por unanimidad en todos los estamentos, hasta que Keichiu22 “fiel de-
fensor del Kokugaku” y otros defensores de la cultura incentivaron su
estudio. Por supuesto el Bakufu desaconsejó toda investigació n sobre
el tema, mientras que el Mikado, la corte y los ilustrados de Kioto le
20
El Kojiki, libro de historia y religión, comienza con la creación del mundo -Japón- a manos de los
Kami (dioses) .
21
Libros de religión y poesía que ensalza el poder del Mikado y de la sociedad japonesa.
22
Keichū; fue un erudito y sacerdote budista japonés, figura importante del kokugaku. Su vasta
obra fijó un nuevo punto de vista en el estudio de los clásicos japoneses. En su obra Waji Seirans-
hō (Tratado para escribir con propiedad las palabras japonesas) desafió los estándares ortográficos
marcados por Fujiwara no Teika.
prestaron toda su ayuda, tanto moral como econó mica. Mabuchi, Mo-
toori e Hirata23, cada uno sucesivamente alumno del otro, son las ma-
yores luces del sintoísmo puro; y sus escritos, que está n dedicados al
estudio del origen del mundo, la cosmogonía, la historia antigua y el
lenguaje. La verdadera posició n del Mikado y el culto sintoísta, ejercie-
ron una influencia viva en Kioto, en Mito, en Satsuma y en muchas
otras provincias, donde ya se estaba formando una oposició n política,
con la intenció n de lograr la abolició n del Bakufu y el retorno del Mika-
do. La difusió n del sintoísmo fue necesaria para lograr el reconoci-
miento del Mikado. El budismo, la influencia china, el confucianismo, el
despotismo, la usurpació n y el Bakufu eran, a los ojos de un sintoísta,
todo lo mismo. El sintoísmo, antigua filosofía era todo lo que un oposi-
tor podía desear, lo que ellos entendían como un buen gobierno, la pu-
reza nacional, la Edad de Oro y una nueva vida, eran sinó nimos del
Mikado y su regreso al poder. Los argumentos de los sintoístas ayuda-
ron a aumentar la marea que llegó a calar en él pueblo. Fue la lectura y
el estudio de todos estos textos antiguos auspiciada por los estudiosos
del sintoísmo, que informaron, difundieron y educaron a la opinió n pú -
blica, que finalmente derrocó al Shogun, al Bakufu y al feudalismo, en
resumen, estos protagonistas fueron entre otros, los samurá is intelec-
tuales con sus katanas filosó ficas de la revolució n Meiji.
Mucho antes de que los extranjeros arribaran a Japó n, el des-
contento agitaba a los distintos grupos, desde los políticos doctos hasta
los humildes menos ilustrados, el abanico era muy amplio, las simien-
tes de la revolució n estaban plantadas y abonadas. El anciano Príncipe
de Mito, digno descendiente de su ilustre antepasado, cansado de ma-
nifestar la vuelta del poder al Mikado y de intentar persuadir al Shogun
para que cediera su autoridad y en 1840, cansado de esperar se decla-
ró abiertamente en favor de la línea aperturista y política al restableci-
miento del gobierno imperial secular, que condujo a la Restauració n
Meiji en 1868. No satisfecho con el envite intelectual, organizó un
ejército con el fin de atacar al Bakufu y lo que no había conseguido con
la diplomacia, quería lograrlo con las armas. Para alcanzar los recursos
23
Kamo no Mabuchi, fue un poeta y filólogo japonés, discípulo de Kada no Azumamaro. Es recono-
cido como uno de los cuatro grandes del kokugaku.
Motoori Norinaga fue un erudito japonés del Kokugaku (estudio de la antigua cultura y literatura
japonesa) durante la era Edo. Es probablemente el más conocido y prominente de los eruditos en
esta tradición.
Hirata Atsutane fue un erudito japonés, clasificado convencionalmente como uno de los cuatro
grandes hombres de los estudios de Kokugaku, y uno de los teólogos más importantes de la religión
sintoísta.
necesarios para la batalla, se apoderó de los monasterios budistas 24 y
fundió sus enormes campanas de bronce y las convirtió en cañ ones.
Con medidas inmediatas, el Bakufu abortó los preparativos del prínci-
pe y lo encarceló 25 durante doce añ os, con la intermitente llegada de
occidentales y la presió n de los pocos medios de comunicació n, fue li-
berado.
Mientras tanto, Satsuma, Choshu y otros clanes del sur estaban
haciendo amplios preparativos militares, no solo para estar prepara-
dos para expulsar a los posibles invasores extranjeros, sino, como aho-
ra sabemos y como lo demostraron los acontecimientos, para reducir el
poder Shogun o su desaparició n como estadista, es decir rebajarlo a ser
como uno má s de los vasallos del Mikado. Los antepasados de estos
clanes, habían ostentado tanto poder como el clan Tokugawa hasta que
Tokugawa Ieyasu en los siglos XVI y XVII, los venció y los desposeyó de
tal poder. Habían sido vencidos o se habían rendido frente a fuerzas
superiores. Su fidelidad a los Tokugawa era só lo impuesta, só lo la fuer-
te presió n de un poder superior podía arrancarles una aspecto de obe-
diencia. Indignados continuamente al estar sometidos por un señ or
que debería ser un vasallo ante el Mikado como ellos. En má s de una
ocasió n desafiaron e ignoraron abiertamente las ó rdenes del Bakufu;
su propó sito, apenas mantenido en secreto, de los clanes Satsuma y
Choshu era destruir el shogunato y no reconocer má s autoridad que la
del Mikado. Todos estos movimientos opositores, dieron lugar a que
otros clanes del sur “con menor poder especifico -militar y
econó mico-” comenzaran a organizarse alrededor de los dos grandes.
Sin embargo, nunca habrían tenido éxito si no hubiera existido un sen-
timiento popular para apoyarlos, que los protagonistas intelectuales de
la política antishogunal, ya se habían encargado de popularizarlo entre
la població n. Ni los unos -Chosu y Satsuma- ni los otros -la oposició n
del pueblo en su conjunto-, nunca podrían haber llegado a buen puerto,
con la pluma y la espada, con el cerebro y el puñ o, ambos igualmente
poderosos, si no se hubieran ayudado mutuamente, nunca habrían lo-
grado el triunfo.
El daimio Shimazu Narakira26 del dominio de Satsuma tuvo un
papel muy relevante, pues su dominio econó micamente era muy supe-
rior a los demá s dominios -excepto el dominio de Raga- este daimio,
ademá s de poseer unas buenas características, era muy culto, eficiente
24
Con esta acción, mataban dos pájaros de un tiro, por un lado, conseguir bronce para sus armas y
eliminar el sostén del budismo intelectual del Bakufu.
25
Su alta posición social y al estar ligado al clan Tokugawa, lo salvaron de ser ejecu-
tado y no encarcelado.
26
Ver el capítulo de: “Biografías”.
y poseía una gran capacidad de aná lisis y visió n de futuro, animó a to-
dos los investigadores de la historia antigua y la literatura clá sica para
que la transmitieran, pues su difusió n ayudaban al Mikado y ponían en
evidencia la ilegalidad del Bakufu, se mostró muy diná mico en el desa-
rrollo de los recursos de su provincia pues esto incentivaba la econo-
mía y esta a su vez la recaudació n de impuestos, pues todo cambio re-
quiere un sostén econó mico, también se preocupó , en la mejora de una
actualizació n militar, todo ello, para cuando llegase el momento opor-
tuno para un ataque contra el Bakufu. Se informo del funcionamiento y
estrategias de potencias occidentales, muy consciente de la brecha del
poderío militar de cualquier país extranjero y Japó n. Aunque era cons-
ciente que se necesitaba algo má s. Los jó venes deben visitar países ex-
tranjeros y allí adquirir la teoría y la prá ctica de las artes de la guerra y
la paz. Las leyes del país prohibían que cualquier sú bdito lo abandona-
ra, y el Bakufu siempre estaba alerta para atrapar a los infractores que
tratará n de salir del país. Má s tarde, sin embargo, gracias a un ingenio-
so artificio, varios de los jó venes má s brillantes, escaparon en un barco
a Europa, a pesar de la vigilancia de los funcionarios de Yeddo, otros
los siguieron a Inglaterra y a los Estados Unidos “se estima que el nú -
mero podría llegar a veintisiete”. Entre estos jó venes había algunos que
en el futuro formarían parte de los distintos estamentos del gobierno
japonés. Shimazu Narakira, de haber vivido, sin duda hubiera sido unos
de los dirigentes del movimiento revolucionario de 1868.
La fama de Shimazu Narakira se extendió fuera de sus domi-
nios, jó venes inquietos de todos los rincones del país acudieron en
masa para ser sus alumnos. Kagoshima, la capital de Satsuma, se con-
virtió en un centro de producció n industrial y con una gran actividad
intelectual. Hubo un crecimiento de oposició n muy favorable de que
los días del Bakufu estaban contados, que su caída era segura y que la
ú nica fuente de autoridad era el Mikado. Todos los samurá is y estu-
diantes de Satsuma consideraban a Shimazu Narakira, como la persona
má s propicia para dirigir lo que muy pronto se presagiaba, pero una
lú gubre noticia llegó el 24 de agosto de 1858, Shimazu Narakira había
enfermado días antes de có lera y el 24 falleció , solo tenía 49 añ os. A su
fallecimiento le sucedido en el poder su hermano menor Shimazu Sa-
buro. Una de las herencias del maestro, fue la intelectual, pues dejó
alumnos muy preparados para continuar su tarea; de los que má s con-
fiaban, entre muchos otros, fueron; Saigo Takamori, Okubo Toshimichi
y Katsu Kaishu27. Saigo Takamori se convirtió en el líder militar del
ejército imperial. Okubo Toshimichi, en el enemigo implacable del
Bakufu, posteriormente fue el que freno y liquidó la rebelió n de Saga
27
Ver el capítulo de “Biografías”.
de 1874, líder del Gabinete y en su momento llego a ser uno de los lide-
res má s importante de Japó n. Katsu Kaishu, aconsejó y negocio con el
Bakufu que no luchara contra Choshu y al Shogun que renunciara a su
puesto, salvando así la ciudad de Yedo de la destrucció n. Muchos de los
alumnos de Satsuma de menor calado, también ocuparían puestos de
confianza en la futura administració n japonesa.
Comenzamos el periodo de cotidianeidad del Bakufu y el Mika-
do, o lo que es lo mismo, se empieza a escribir el ú ltimo capítulo del
Periodo Edo, como se ha mencionado ya, no solo estaba la oposició n al
shogunato y al Shogun, también contribuyo en gran media el agota-
miento del sistema. Lo que unió y salvo a Japó n a comienzos del siglo
XVII, no se podía aplicar en el siglo XIX, comenzaba el periodo conocido
como Bakumatsu28.
El Bakumatsu, fue la simbiosis de la Era Edo con la Era Meiji,
podemos decir, si para el Bakufu se vislumbraba el final, para la Res-
tauració n Meiji era el comienzo.
El pueblo japonés empezó a tener la suficiente informació n, de
los hechos que se estaba fraguando, ademá s de estos hechos, se sumó
la inesperada llegada de la escuadra estadounidense. El Mikado, Komei
Tenno, padre de Mutsuhito-Meiji “el emperador que restauraría el po-
der imperial”, era un hombre que conocía bien su verdadera posició n,
odiaba al Bakufu, y los consideraba “con el Shogun a la cabeza” un nido
de usurpadores y ladrones, y a los extranjeros, los veía y calificaba
como barbaros y mugrientos29. Por lo que Japó n, estaba maduro para la
revolució n. Aunque parecía que todo estaba en calma, los que se infor-
maban o preocupaban podían intuir, el desastre político que se aveci-
naba. Del exterior llegaban contadas noticias, como pulsaciones tele-
grá ficas que anunciaban un vendaval. Aquel día 8 de julio de 1853, la
magnífica flota de los barcos "bá rbaros" atracó en la bahía de Yedo.
28
En el año 1853 empezaba el Bakumatsu (Shogunato Tokugawa Tardío). Nombre
que reciben los sucesos que comprenden los últimos años del periodo Eo, cuando el shogu-
nato Tokugawa llegaba a su fin. Esta etapa está delimitada por los grandes acontecimientos
ocurridos entre los años 1853 y 1867, cuando Japón terminó su política de aislamiento cono-
cida como sakoku, y se produjo la transición del feudalismo bajo el mando de la figura del
shogun, comenzando el período Meiji.
29
Hay que destacar, qué a mediados del siglo XIX, cuando se desarrollan estos acon-
tecimientos, las costumbres higiénicas de los occidentales, eran dignas de destacar por lo
poco que estos se aseaban, comparados con los japoneses eran extremadamente repulsivos,
llevaba barbas mugrientas y si arreglar, su ropa y cuerpos desprendían un hedor insoporta-
ble. En este caso los occidentales no aportaron nada a la cultura japonesa.
La llegada de la poderosa y moderna flota estadounidense30 co-
mandada por el comodoro Matthew Calbraith Perry, fue observada por
multitud de japoneses, asombrados por el tipo de buques y por la
cantidad, entre todos ellos, un espectador inesperado sobre los acanti-
lados de Yokohama, no era otro que Katsu Kaishu, al observar la flota
se percató que poco podrían hacer ellos contra tales buques, con la exi-
gua marina que ellos poseían, para poder exigir ser tratados como
iguales frente a los barbaros extranjeros deberían tener un ejército y
una marina acorde con los tiempos. Katsu Kaishu llegaría a ser minis-
tro de la Armada Imperial Japonesa y uno de los creadores de dicha
armada.
Para los japoneses Matthew Calbraith Perry era una persona
extrañ a “como cualquier extranjero”. Le dijeron que elevara anclas y
abandonara la bahía de Yedo y se dirigiera a Nagasaki. Se negó con des-
cortesía, manteniéndose serio y arrogante, “en diplomacia, una postura
poco digna”. Esto fue anó malo para ellos, otros extranjeros no habían
actuado así; habían obedecido educadamente las peticiones y respeta-
do las costumbres sobre la diplomacia japonesa. Ademá s, trajo cartas y
regalos, todos dirigidos "Al Emperador de Japó n". El Shogun no era em-
perador, pero debía fingir que lo era, aunque con posterioridad esa
arrogancia pasaría factura al Bakufu. Esta suplantació n asombró tanto
a allegados como a enemigos; un embajador fue enviado a tratar con el
bá rbaro Matthew Calbraith Perry. Los documentos presentados a Pe-
rry que eran documentos oficiales, decían que él Shogun era el gober-
nante supremo de todo Japó n. Este título nunca había sido otorgado al
Shogun por el Mikado, ni nunca había sido utilizado en los documentos
oficiales imperiales. El Bakufu y el embajador y mediador enviado, no
pretendían mentirle al verdadero Mikado residente en Kioto. Pero el
preá mbulo enviado por el Shogun a Perry comenzaba "El augusto So-
berano de Japó n". Sin embargo, para la corte y para el Mikado, esta
mentira era una usurpació n, creando inquietud y alarma. El Shogun no
tenía ningú n derecho a esta grandilocuente invenció n de autoridad.
El Bakufu en Yedo comenzó a inquietarse y trató erró neamente
de imponer mano dura a los movimientos de oposició n, para intentar
debilitar la fuerza que estaba adquiriendo el Mikado en Kioto, pero
todo quedó en el intento. Como anécdota, se supo que todos los obs-
equios y regalos enviados por los [Link]., estaban etiquetados nominal-
30
Perry llego con una flotilla de barcos de vapor fuertemente armados, lo más moderno de
la época en buques de guerra. Él en concreto, comandaba la fragata NH 55327 USS Susquehanna.
La flotilla estaba compuesta por los siguientes buques; Mississipi (buque insignia), Susquehanna,
Powhatan y Allegheny, más los balandros a vela; Macedonian, Plymouth y Saratoga y el navío Ver -
mont.
mente y decían "Del gobierno de los Estados Unidos de América al Em-
perador de Japó n". Sin embargo, el Mikado nunca los vio, en realidad el
problema no eran las ofrendas, era el intento de la usurpació n y susti-
tució n total del poder, por parte del Shogun y de su gobierno.
Siendo el Mikado la cabeza del estado y el Shogun un servidor
de este, ningú n tratado podía ser valido a menos que fuera refrendado
por el Mikado. El Shogun o sus ministros no tenían derecho alguno a
firmar los tratados. Los extranjeros presionaban por la ratificació n de
los tratados, el Bakufu buen conocedor de la situació n, aunque a rega-
ñ adientes estaba a favor de firmar tratados con las potencias occiden-
tales, mientras que el Mikado y la corte se negaban enérgicamente a su
firma. Aunque en la corte existía el miedo, que la negació n a la firma de
dichos tratados con las diferentes embajadas de extranjeros, podría
traer a Japó n los mismos desastres que China ya experimentaba, “Ja-
pó n no estaba ni preparado ni equipado para hacer frente militar a las
potencias extranjeras”31 . Pero para la corte de Kioto lo má s grave fue la
suplantació n de las funciones del Mikado, por parte del Shogun y el
Bakufu.
Si razonas un poco, deducimos que un diplomá tico con la expe-
riencia de Matthew Calbraith Perry, tendría que haber deducido que
algo extrañ o estaba sucediendo, por las noticias que nos han llegado, él
creía que estaba hablando con un alto representante del Mikado, supo-
nemos, qué de haber sabido la verdad, habría ido con su flota a Osaka y
entablado negociaciones directas con el Mikado en Kioto, en lugar de
con el enviado del Bakufu en Yedo. Quizá s nunca supo que había trata-
do con un enviado del Shogun o quizá s no lo quiso saber, lo importante
era su misió n, que era conseguir un tratado comercial con Japó n.
El resultado de todo esto es que el 31 de marzo de 1854, se firmó
el tratado de Kanagawa, entre el Comodoro Matthew Perry en nombre
de los Estados Unidos y las autoridades de Japó n, en el puerto japonés
de Shimoda en Yokohama, entrando en vigor el 30 de septiembre del
mismo añ o. Este tratado “fue una introducció n a los que vendrían pos-
teriormente” permitió abrir los puertos japoneses de Shimoda y Hako-
date al comercio con los Estados Unidos, se abrió un consulado perma-
nente con el fin de garantizar los acuerdos firmados, así como garanti-
zar la seguridad de los naufragios y sus ná ufragos estadounidenses, en
las aguas japonesas.
31
Japón llevaba años con una falta de visión en lo que se refería a su defensa nacio -
nal, frente a cualquier agresión por parte de cualquier país. Su -ejército- los samuráis que
sufragaban los daimios y la guardia personal del Shogun, estaba concebida para asegurar la
paz interior, es decir para subyugar al pueblo, pero no lo estaba para hacer frente a un
ejército moderno y profesional occidental. La mayor de las paradojas, era que siendo una
nación totalmente insular carecía de una armada para la defensa de sus mares y costas.
Tras el Tratado de Kanagawa, se fraguo otro con un estudio má s
amplio que ademá s de los acuerdos comerciales, contemplara la extra-
territorialidad para los ciudadanos estadounidenses. Como resultado
en 1858 se firmó el Tratado de Amistad y Comercio de Estados Unidos
y Japó n, denominado Tratado de Harris, lo que se consiguió , fue ade-
má s de lo mencionado, la concesió n de establecimientos extranjeros,
territorios extras para ellos y mínimos aranceles para las importacio-
nes estadounidenses. La firma de tratados con los [Link]., propició el
efecto domino y similares tratados fueron negociados con rusos, fran-
ceses y britá nicos.
Las implicaciones de abrir los puertos al comercio exterior en
1859 fueron; El final del Sakoku, o lo que es lo mismo, el final de la po-
lítica de aislamiento implantada en 1639, por la cual se imponía que
ninguna persona de cualquier condició n, tanto si era japonés como ex-
tranjero, no podían salir ni entrar en Japó n, cualquiera que la incum-
pliera podía ser condenado a la pena capital, ademá s favoreció una caí-
da en los precios en todos los productos bá sicos, por la gran oferta de
estos, “sobre todo provocó una gran deflació n y el crecimiento del pro-
ducto interior bruto cayó en picado”, simultá neamente la llegada de
extranjeros a Japó n, condujo a que estos contrajeran muchas enferme-
dades, de las cuales los japoneses no estaban inmunizados, a lo que se
añ adió una excepcional crecida de desastres naturales. En medio de
estas calamidades murió el shogun Tokugawa Iyesada32.
Ante el inesperado fallecimiento Tokugawa Iyesada había que
buscar un heredero o mejor dicho un suplente. La elecció n o mejor la
propuesta del elegido recayó en el tairo, o regente Ii Naosuke, un go-
bernante de gran habilidad, audacia y como decían sus enemigos, de
villanía sin escrú pulos. Ii Naosuke, aunque socialmente de bajo rango,
poseía un gran poder dentro de la esfera política del Bakufu. Ignorando
el protocolo y la preferencia mayoritaria que era elegir a Keiki “Toku-
gawa Yoshinobu” como nuevo Shogun (el séptimo hijo del daimio de
Mito), pero los acó litos de Ii Naosuke y este a la cabeza logró que Toku-
gawa Iemochi accediera al shogunato, pasando a ser el catorceavo Sho-
gun, y Tokugawa Yoshinobu y sus partidarios fueron puestos en arres-
to domiciliario33. Al mismo tiempo, encarceló , exilió o decapitó a todos
los que se opusieron a él o al Bakufu, ya fuera en Kioto, Yedo o en otros
32
Tokugawa Iesada, el antepenúltimo y decimotercer shogun. Podemos afirmar, qué
por su estado de incapacidad mental para gobernar, no le podemos hacer responsable direc -
to de su corto gobierno. Durante su mandato, se negoció la apertura de Japón con estadouni -
denses, europeos occidentales y rusos, lo que conllevó el fin del sakoku a partir de 1854 con
la firma del Tratado de Kanagawa (31 de marzo de 1854). Murió el 14 de agosto de 1858,
sobrevivió algo más de cuatro meses a la firma de los tratados.
lugares, Entre sus víctimas se encontraban muchos nobles instruidos y
partidarios del regreso del Mikado, estas purgas entre los allegados al
Bakufu asombró a la gran mayoría de los japoneses, sobre todo por la
irracionalidad empleada. Todos los nombramientos de un nuevo Sho-
gun, en un futuro má s pró ximo que lejano, traían consecuencias perju-
diciales para los clanes o familias perdedoras.
Ii Naosuke, con estas purgas perseguía dos objetivos, eliminar a
la oposició n que surgía dentro del Bakufu y otra calmar al Mikado por
los tratados firmados. Pero su segundo objetivo no prospero, la firma
sin la autorizació n del Mikado, trajo consecuencias, la primera la indig-
nació n en Kioto y en todo el país, otra la furia contenida, acompañ ada
del grito popular "Honra al Mikado y expulsa al extranjero". A los ojos
de los patriotas, tanto el Shogun como el Tairo eran traidores. Su acto
dio a los enemigos del Bakufu un pretexto legal de hostilidad, fue la se-
ñ al para la futura caída del Shogun. Rebosantes de patriotismo, grupos
de matones, en su mayoría ronin, vagaban por el país, listos para matar
a los extranjeros, o al Shogun si se ponía a tiro, o morir por el Mikado. Ii
Naosuke es asesinado el 24 de marzo de 1860, haciéndolo por decapi-
tació n en el exterior de la Puerta Sakurada34, Un total de diecisiete ro-
nin del dominio de Mito, emboscaron a Ii Naosuke, estos iban dirigidos
por Arimura Jisaemon, del dominio de Satsuma, Arimura decapitó a Ii
Naosuke. Los conjurados llevaban un manifiesto, describiendo la razó n
de su acto. Posteriormente siguió la persecució n y muerte de algunos
extranjeros, unos merecedores y otros inocentes y la quema de sus le-
gaciones, siendo el objetivo principal en casi todos los casos, la de en-
frentar al Bakufu con los extranjeros y así acelerar su caída. Gran canti-
dad de estos opositores llegaron a ocupar plazas de funcionarios del
futuro gobierno del Mikado. Al grito de Sonno joi, que significaba reve-
rencia al Mikado y muerte a los extranjeros, al principio todo se pro-
movió como una lucha para deponer al shogunato Tokugawa y resta-
blecer el poder del Mikado y derivó a una lucha por expulsar a los ex-
tranjeros y abolir los tratados firmados con ellos, pero paradojas del
destino, entre los partidarios de las dos facciones, Shogun y Mikado,
había tanto partidarios a favor, como en contra del Sonno joi, en contra
de los extranjeros estaban los puristas que querían el regreso del Mika-
do, pero seguir siendo fieles a las tradiciones y el aislamiento, mientras
que los partidarios de la apertura, eran conscientes de que ya no era
posible el aislamiento, pues o se modernizaban y adaptaban a los cam-
33
Como aquí vemos, los enemigos también estaban dentro del Bakufu, las distintas facciones
Tokugawa, luchaban entre ellas, para poder tener una mejor posición dentro del gobierno y así formar
parte de él, esto incentivo la endogamia y con ella la nefasta administración.
34
Hoy puerta principal, que da acceso al Palacio Imperial en Tokio.
bios que demandaban los tiempos o se abocaban a ser un protectorado
de occidentales, similar a su vecino “China”, aunque eso si había que
renegociar todos los tratados desiguales firmados con los occidentales,
por parte del gobierno de Bakufu.
El prestigio del Bakufu decaía día a día; la pérdida de poder se
desplaza hacia Kioto la capital imperial. Se recupero la costumbre de
que el Shogun visitara a Kioto y rindiera respeto al Mikado, después de
un intervalo de doscientos treinta añ os, lo que hizo que se relajaran las
diferencias, esta regla no escrita era ignorada por el pueblo japonés,
pues no había sido difundida a propó sito durante muchos añ os, lo que
propicio que se borrase de la memoria popular. El daimio del dominio
de Echizen, por un acto que no tenía antecedentes y acatando las deci-
siones de la corte imperial de Kioto, fue nombrado primer ministro,
entre sus primeras medidas, fue abolir la orden no escrita de que los
daimios tenían que residir en Yeddo. Esta medida provocó , que todos
ellos junto con familiares, samurá is y criados, salieran de Yeddo en me-
nos de una semana. La gloria de Yeddo se desvaneció como un sueñ o y
el poder y la grandeza de los Tokugawa comenzó a decaer. Pocos de los
clanes siguieron obedeciendo las ó rdenes del Bakufu. Un cró nista de la
época escribió ; "el prestigio de la familia 'Tokugawa, que había perdura-
do durante casi trescientos años; que había sido realmente más brillante
que el shogunato Kamakura35 en la era de Yoritomo, en solo una noche
de luna llena cuando las estrellas son resplandecientes y que durante
más de doscientos setenta años había obligado a los daimios a venir sin
aliento a cumplir su turno en Yeddo; y que tenía, tanto en el día como en
la noche, ochenta mil vasallos a su disposición, cayó en ruinas en el espa-
cio de una mañana".
Los clanes ahora se reunieron en el Kioto, que se convirtió en
un escenario bullicioso desconocido desde los días de los grandes
eventos alrededor del Tairo. Fulminando su acatamiento al Bakufu y
comenzaron a actuar de acuerdo con su propio criterio, o solo por or-
den de la corte.
Los daimios afines al Mikado, comenzaron a contribuir a los
gastos de la administració n del Mikado, aportando liquidez a las arcas
35
El shogunato o bakufu fueron gobiernos militares establecidos en Japón con bre-
ves interrupciones entre finales del [Link] hasta la Restauración Meiji en 1868. De facto eran
dictaduras militares, durante las cuales el emperador o Mikado carecía de poder efectivo, en
realidad era una mera figura decorativa. La cabeza del shogunato era el Shogun. Existieron
tres shogunatos durante la historia japonesa, El de Kamakura (entre 1192/1333) el de As-
hikaga (entre 1336/1573) y el de Tokugawa, (entre 1603/1868), en los breves momentos
que no hubo shogunato, “gobernó” el Mikado.
imperiales y así fortalecer el futuro gobierno. Por un lado, fluía una ani-
madversió n hacia lo extranjero y por otro lado el deseo de hacer nego-
cio con la apertura al comercio, tanto en su faceta exportadora como
importadora. Otros querían abrir los puertos de sus feudos, para em-
bolsarse los beneficios del comercio, del que disfrutaba el Bakufu como
monopolio. Siguió una guerra de opiniones en favor y en contra, perio-
distas afines al Shogun y a su causa, intentaron convencer a los clanes y
al pueblo que la lealtad la tenían con el Bakufu; la oposició n trató a es-
tos periodistas como traidores, teniendo los hechos histó ricos de su
parte, argumentaron que el Mikado, su gobierno y sus leyes eran los
ú nicos poseedores de la razó n. El Bakufu, actuando bajo la presió n de
la opinió n pú blica en Kioto y con la esperanza de restaurar su presti-
gio, centró todos sus esfuerzos en cerrar los puertos y persuadir a los
extranjeros para que abandonaran Japó n, es decir deshacer lo que ha-
bían hecho anteriormente. Para ello enviaron una embajada a Europa,
para invalidar los Tratados Desiguales, la cual resulto ser infructuosa.
Por otro lado, los ronin iban por su cuenta asesinando a todos los que
se oponían a sus planes, fue un periodo muy frutífero para la anarquía,
que un periodo corto de tiempo, empezó a imperar, los cambios traen
incertidumbre y esta inseguridad. La oposició n al Bakufu y como un
aviso para los "usurpadores" Tokugawa, cortaron las cabezas de las
imá genes de madera de los tres primeros shogunes Ashikaga y las cla-
varon en postes pú blicos. Los ronin fueron arrestados, Choshu se unió
a la rebelió n de los ronin, mientras el gobernador de Yeddo los detuvo
y encarceló . El gobierno del Mikado, encabezado por Komei Tenno, es-
timulados por las revueltas y la aristocracia japonesa que nunca habían
visto a uno de esos "barbudos extranjeros", dictó una orden para su
expulsió n de Japó n. Los hombres de Choshu, los primeros en actuar,
erigieron baterías en Shimonoseki. El Bakufu, que era responsable ante
los extranjeros, ordenó al clan que se desarmara. Se negaron y en julio
de 1863, dispararon contra barcos extranjeros. Obedecieron al Mikado
y desobedecieron al Shogun. Durante el mes siguiente, Kagoshima36 en
respuesta a las hostilidades desatadas y en represalia fue bombardea-
da por la escuadra britá nica.
Toda revolució n tiene sus bajas, no solo existían problemas ex-
ternos, también los había internos. En la soterrada lucha por estar me-
jor colocado en los puestos de salida, las cañ oneras de Choshu dispara-
ron contra un vapor del Bakufu, que transportaba soldados “samurá is”
36
Todo este estado de anarquía, abocó entre otros muchos al “Incidente de Namamu-
gi”. Es la denominación que se le dio a un ataque efectuado por unos ronin contra un grupo
de ciudadanos británicos en Japón el 14 de septiembre de 1862. El ataque y la negativa de
Satsuma ante las exigencias de compensación por parte de Gran Bretaña tuvo como resulta-
do el bombardeo de Kagoshima en agosto de 1863.
del clan Kokura para defender los intereses del shogunato, ademá s
enemigos de Choshu y por consiguiente enemigos del Mikado. Los
hombres de Choshu en Kioto aconsejaron al Mikado para que desarro-
llara una denuncia de los Tratados Desiguales y por consiguiente la ex-
pulsió n de los extranjeros. Se aceptó la propuesta y comenzaron los
preliminares, cuando de repente se detuvieron todos los preparativos,
pues los dirigentes de Choshu comenzaron a tener demasiado poder
alrededor del Mikado, las puertas del palacio estaban doblemente vigi-
ladas, Kioto bullía por las distintas facciones, todas en favor del Mika-
do, pero alejadas de los intereses de los distintos dominios; mientras
que las reflexiones de palacio terminaron con el acuerdo de expulsar a
Sanjo Saneyoshi, cabecilla del clan de Choshu, junto con cinco nobles
de la corte, que fueron privados de su rango y poder, mientras que
otros dieciocho miembros destacados fueron apartados, todos los va-
sallos o miembros de la familia de Mori (Choshu) se les prohibió entrar
en la capital. Se organizó un ejército y la ciudad se puso en estado de
defensa, el golpe de estado del 30 de septiembre de 1863, efectuado
por las facciones má s moderadas de Aizu (a favor de shogunato) y
Satsuma (a favor del Mikado), se saldó con la caída de Choshu y Sanjo
Saneyoshi y sus correligionarios, estos partieron a sus dominios donde
se encontraban seguros. Sanjo Saneyoshi y su cohorte no pudo regre-
sar a Kioto, hasta después de la renuncia de Tokugawa Yoshinobu en
1867 y la toma del poder por parte del Mikado. La visita del catorceavo
shogun Tokugawa Iemochi a Kioto en 1863 fue un momento decisivo
no solo en las relaciones entre el Bakufu militar y la Corte Imperial,
sino el comienzo de unos y el fin de otros, La recepció n por parte del
emperador Komei del Shogun en el palacio de Kioto puede verse como
un momento en el que futuro fue completamente redefinido, convir-
tiéndose en un reino imperial de transició n. Esta demostració n pú blica
mostró que ahora había surgido un nuevo orden en el reino.
A todos estos acontecimientos le podemos añ adir, la violencia
hacia los extranjeros y a los japoneses, que de una u otra forma se rela-
cionaban con ellos, esta violencia aumento a principios de 1860. Ii Nao-
suke el verdadero artífice de los tratados fue asesinado en marzo de
1860 en Sakuradamon. La caza de occidentales, por miembros faná ti-
cos de los clanes ronin había comenzado. En 1861 el consulado britá ni-
co en Yeddo fue incendiado, murieron dos miembros del consulado.
Durante ese periodo, la estadística señ ala que había un asesinato de
promedio por mes, el caos desatado por los ronin alcanzó su punto
má s á lgido en septiembre de 1862, con el “Incidente Richardson”37, que
37
El asesinato del comerciante inglés Charles Lennox Richardson, fue la consecuencia
del edicto de Komei Tenno, de “Expulsar a los Barbaros” y se basó en una reivindicación muy
obligó a los occidentales a tomar medidas para defender sus intereses
y afianzar lo acordado en los tratados. En mayo de 1863, el consulado
norteamericano en Yeddo también fue incendiado, este hecho propició
una declaració n de “guerra” de las naciones occidentales, sobre todo, a
los clanes de Choshu y Satsuma junto a los enardecidos ronin38.
Mori Takachika o Mori Yoshichika, señ or de Choshu, siguiendo el
edicto del Mikado a rajatabla, emprendió acciones para expulsar a los
extranjeros. Desafiando abiertamente al Shogun, Mori Takachika orde-
nó a todas sus fuerzas atacar sin previo aviso a cualquier barco extran-
jero que navegara por el Estrecho de Shimonoseki.
Bajo la presió n de la opinió n pú blica y la del Mikado, el Shogun
también fue forzado a publicar una declaració n que transmitía el fin de
las relaciones con los extranjeros, la orden fue enviada a las diversas
legaciones por Ogasawara Dzusho no Kami el 24 de junio de 1863:
"Las órdenes del Taikun39, recibidas desde Kioto, establecen que se
cierren los puertos y se expulsen a los extranjeros, pues nuestros ciudada-
nos no desean involucrarse con nación extranjera alguna. Misiva de Oga-
sawara Dzusho no Kami, 24 de junio de 1863”.
El Teniente-Coronel Edward St. John Neale, embajador o có nsul
britá nico en Japó n, respondió en estos términos tan estoicos:
"Es, de hecho, una declaración de guerra del propio Japón contra el
conjunto de las Potencias del Tratado, y cuyas consecuencias, si no se de-
tienen de inmediato, tendrá que expiar con el castigo más severo y más
merecido. Fmdo: Edward Neale, 24 de junio de 1863”.
En diciembre de 1863 y por segunda vez en un escaso periodo de
tiempo, es enviada una embajada diplomá tica a occidente, con la mi-
sió n de obtener el apoyo europeo para restaurar la anterior política de
cierre al comercio exterior de Japó n, y especialmente, parar la afluen-
cia de extranjeros a Japó n. La misió n resultó un total fracaso, pues los
países europeos, con esas propuestas verían mermadas su posició n,
tanto econó micas como diplomá ticas.
Las consecuencias de estas divergencias, tanto por parte del
Mikado como del Bakufu, trajo consigo una serie de intervenciones mi-
40
La diplomacia de las cañoneras: Es un eufemismo que recibió el imperialismo occi-
dental durante el siglo XIX. Esta estrategia consiste en presionar a una nación menos desa-
rrollada o fuerte, para aceptar un tratado desigual, obviamente favorable al país que presio-
na; en caso de negativa, se envía un cañonero al mar de dicho país, para bombardear sus
puertos y obligarle a aceptar sus condiciones.
Como vemos la posició n de Japó n en aquellos momentos, no era
nada halagü eñ a, los dominios má s fuertes de Choshu y Satsuma, en
oposició n contra el gobierno del Bakufu, la corte imperial y el Mikado,
en contra del Bakufu y a su vez con los ojos puestos en el poder que
estaban adquiriendo tanto Choshu como Satsuma, pues estos no que-
rían solo una sustitució n en los ó rganos de poder, ademá s los má s pro-
gresistas aspiraban a un cambio en la forma de gobernar y administrar
el país, como una modernizació n sin la tutela occidental, como vemos
guardar el equilibrio era muy complicado en aquellos momentos.
La conclusió n es que Japó n en estos añ os había perdido autono-
mía frente a europeos y estadounidenses.
Los rumores de tanta pasió n por parte de los hombres de Chos-
hu, es que serían acusados de conspirar para apoderarse de la persona
del Mikado, con el fin de dictar la política del imperio, en realidad eran
medias verdades, ademá s de ser contrarios al Shogun y al Bakufu, si
aspiraban a posicionarse en el mejor puesto posible, para los futuros
gobiernos del Mikado, pero nunca trataron de sustituir el poder del
shogun y minar el del Mikado. Se sospechaba que parte de la aristocra-
cia eran los cabecillas del complot para restaurar el poder del Mikado.
Todo esto, má s los disparos contra el vapor que transportaba a sus en-
viados, despertaron la indignació n del Bakufu y de los clanes leales a él,
especialmente Aidzu, al má s alto nivel. Los hombres de Choshu, mar-
charon a su dominio. Choshu se convirtió en el punto de encuentro de
desertores y ronin de todas partes de Japó n. En julio del añ o siguiente,
1864, un cuerpo de muchos cientos de hombres irresponsables de va-
rios clanes, que se hacían llamar "Irregulares", llegó a Kioto desde el
sur, para solicitar al Mikado que recuperara a Mori Arinori y a sus siete
nobles para expulsar a los bá rbaros. Aidzu y los vasallos del shogun
estaban a favor de atacar y reducir a estos hombres, aunque fuera ne-
cesario la fuerza de las armas. El Mikado no respondió a los peticiona-
rios de restablecer el poder de Mori Arinori y los suyos. El 30 de julio,
los insurgentes aumentaron con muchos hombres de Choshu que había
permanecido tranquilos, pero que ahora hastiados de tanta dilació n se
unieron a los insurgentes, y acamparon en formació n de batalla en los
suburbios, el 15 de agosto de 1864, al mando de dos oficiales samurá is
de alto rango “karos” y doscientos hombres de Choshu, enviados por el
príncipe Mori Arimori, fueron enviados para frenar a sus seguidores y
evitar el confrontamiento. Mientras permanecían acampados, el 19 de
agosto se les notificó que iban a ser juzgados por sus actos, se vivía un
momento que se asemejaba a los añ os previos a la unificació n “todos
contra todos”.
Con lá grimas y cartas de doloroso pesar a sus amigos en la cor-
te, los hombres de Choshu y los ró nins, en un manifiesto escrito venga-
ron la justicia de su causa, juraron venganza contra Aidzu, cuyas tropas
estaban acampadas en los jardines imperiales y luego pidieron perdó n
al Mikado "por haber alborotado tan cerca de la residencial imperial,
aceptaron la apuesta de la batalla y se lanzaron al ataque. “Había llega-
do la crisis”, publicó un cronista nativo, “y el espíritu de la lucha y
muerte lo desbordó todo. El término choteki41, que durante siglos ha-
bía quedado obsoleto, ahora vuelve a resurgir. Incalculable cantidad de
viviendas fueron destruidas y miles de personas fueron sumergidas en
un caos. El 20 de agosto de 1864, al amanecer, comenzó la batalla, los
hombres de Choshu avanzaron en tres divisiones, sumando en total mil
trescientos hombres, con el propó sito de atacar a los que se agrupaban
alrededor de las nueve puertas del palacio imperial. Las tropas de To-
kugawa y Aidzu estaban respaldadas por las de Echizen, Hikone, Kuwa-
na. La batalla se prolongó con furia durante dos días, involucrando a la
ciudad en una conflagració n, gran parte de ella reduciéndola a cenizas.
La lucha era de hombres con armadura, equipados principalmente con
espadas, arcos, algú n cañ ó n y mosquetes: la hecatombe fue generaliza-
da, calles, casas, palacios, yashikis42 grandes y pequeñ os, santuarios
sintoístas, templos budistas, cuarenta puentes, chozas de mendigos, y
una aldea fueron destruidas por las llamas; los almacenes a prueba de
fuego fueron derribados por los cañ onazos, para evitar que los hom-
bres de Choshu, se atrincheraran en ellos. La capital, rodeada por jardi-
nes desaparecieron por completo en una sola jornada. La població n de
la ciudad sin hogar huyó a los suburbios, acosada por el calor y las nu-
bes de mosquitos, mientras muchos soldados se dedicaron al pillaje.
Los partidarios de Choshu fueron completamente derrotados y expul-
sados de la ciudad.
Un mes después de los disturbios, el Bakufu solicito a la corte
del Mikado que desposeyera al clan Mori y toda su dinastía de sus títu-
los. Satisfechos por los logros obtenidos, se promulgo una orden a to-
dos los clanes para sancionar a las dos provincias rebeldes “Nagato y
Suwo”. El Shogun y el Bakufu pretendía así, dar ejemplo a los demá s
41
"Choteki" se refiere a aquellos que se vengan del emperador (línea imperial) en Japón. Similar a
'traidor', es una palabra cantada por aquellos apoyados por, o que ganaron al emperador o la Cor-
te Imperial en la era, para conspirar la eliminación política del adversario político (o, a veces, mili-
tar). En muchos casos, fueron blanco de asesinato por parte del canto de la palabra. Cuando el lado
que afirmaba ser el ejército del gobierno era dominante, sin importar por qué razón, aquellos a los
que se les llamaba este nombre se consideraban 'malvados' en la política japonesa, en ese momento.
Al final del período Edo, el clan Choshu, que fue derribado por el golpe de Estado del 18 de agosto
de 1864 (se convirtió en choteki disparando contra el Palacio Imperial de Kioto en el Incidente de la
Puerta Kin-mon).
42
Residencia del Daimio.
clanes y esgrimir el poder que aú n poseía. Como es mencionado ante-
riormente, en el mismo mes, los días 5 y 6 de septiembre de 1864, Shi-
monoseki fue bombardeado por una flota aliada. Después de una des-
proporcionada destrucció n de vidas y propiedades, estos exigieron una
cuantiosa indemnizació n de tres millones de dó lares. Aunque Choshu
salió debilitado, tras desafiar al Bakufu en Kioto y a los extranjeros se
mantuvo firme en Shirnonoseki aunque perdió ante un ejército muy
superior, pero los adiestró para en un futuro enfrentamiento con los
ejércitos del shogunato.
43
“Tomar las puertas del palacio”, es un eufemismo; en realidad estamos refiriéndonos a
tomar el poder político de la nación. Por respeto al Mikado, no se invaden las estancias de
este, se quedan a las puertas. Esta es la fecha del nacimiento de la Restauración Meiji.
La indignació n de los aliados de Tokugawa no conoció fronte-
ras. El indeciso y confuso Tokugawa Yoshinobu, se arrepentía de su
precipitada renuncia, Abandonó Kioto con los daimios de los clanes
que aú n le eran leales, con la clara intenció n de recuperar el poder.
Poco después, en Yeddo, el 19 de enero, los yashikis del clan Satsuma
fueron atacados y reducidos por las tropas del Bakufu. La corte envió a
los príncipes de Owari y Echizen para invitar a Yoshinobu Tokugawa a
unirse al nuevo gobierno y recibir un nombramiento. Prometió hacer-
lo, pero tan pronto como se marcharon, cedió ante sus partidarios, pro-
metiendo volver al poder y expulsar a los consejeros del joven Mikado,
aun si hiciera falta con la fuerza de las armas. La corte le prohibió acer-
carse a Kioto con un ejército. Se alzaron barreras a través de los cami-
nos que conducían a la capital, los miembros de la alianza imperial, que
suman unos dos mil, se apostaron con artillería, para hacer frente a
cualquier ataque. Yoshinobu Tokugawa partió de Osaka en la noche del
27 de enero, con los clanes Aidzu y Kuwana y sus ejércitos dirigiéndose
hacia Kioto, estos sumaban má s de diez mil hombres. En Fushimi el
kuangun (ejército leal, fuerzas de Kioto) hicieron fuego con su artille-
ría, la guerra civil había comenzado. Los seguidores del Shogun, con su
ú ltimo movimiento político, mutuamente calificaban al contrario en
sus declaraciones, que se habían convertido en traidores “choteki”, por
ignorar el mandato legitimo del Mikado o del Shogun, segú n que ban-
do, en realidad era un conflicto civil, cada uno de ellos en defensa de
sus propios intereses. Esta contienda pasaría a la historia como la
“Guerra Boshin, Guerra del Añ o del Dragó n”.
La Guerra Boshin "Guerra del Añ o del Dragó n", es el nombre
que se le dio a la guerra civil que tuvo lugar en Japó n, desde 27 enero
1868 hasta el 27 de junio 1869 entre los partidarios del gobierno
del shogunato Tokugawa en el poder y la facció n que pretendía la de-
volució n del poder político a la corte imperial. La guerra tuvo su origen
en la insatisfacció n existente entre muchos nobles y samurá is con la
firma de los tratados con los extranjeros por parte del gobierno y la
apertura de Japó n.
La alianza entre clanes del sur, especialmente de los dominios
como Choshu y Satsuma ademá s de los de Tosa, Hiroshima, Tsu, Kubo-
ta, Saga, Ogaki, Yodo, Hirosaki y Kuroishi, má s los altos funcionarios de
la corte, consiguieron asegurar el control imperial. Tokugawa Yoshino-
bu, el ú ltimo Shogun gobernante, al darse cuenta de la fragilidad de la
situació n decidió abdicar del poder en favor del Mikado. Yoshinobu es-
peraba que con ello el clan Tokugawa pudiera preservarse y tuviera la
oportunidad de participar en el futuro gobierno. Sin embargo, movi-
mientos militares de las fuerzas imperiales y un decreto imperial pro-
movido por Satsuma y Choshu que abolía el Bakufu, llevó a Yoshinobu
a lanzar una campañ a militar con el objetivo de tomar la corte del
Mikado en Kioto, es decir recobrar el poder mediante la fuerza de las
armas.
La ventaja militar rá pidamente estuvo del lado del bando impe-
rial, el cual estaba relativamente modernizado. Después de una serie
de batallas que culminaron con la rendició n de Yeddo, Yoshinobu se
rindió personalmente, aunque algunos de sus seguidores se replegaron
hacia Honshu y posteriormente a Hokkaido, donde fundaron la Repú -
blica de Ezo. La derrota durante la batalla de Hakodate terminó con
este ú ltimo foco de resistencia, con lo que el gobierno supremo del Em-
perador se extendió a todo el país, completando la fase militar de
la Restauració n Meiji.
Alrededor de 270.000 soldados “de ambos bandos” fueron mo-
vilizados durante el conflicto, de los cuales cerca de 8.200 murieron
combatiendo. Al final, la alianza imperial abandonó su objetivo de ex-
pulsar a los extranjeros de Japó n y en su lugar adoptó una política de
continua modernizació n con el objetivo de eventualmente renegociar
con las potencias occidentales los tratados desiguales. Gracias a la per-
sistencia de Saigo Takamori, prominente líder de la facció n imperial,
los partidarios de los Tokugawa recibieron clemencia y a muchos líde-
res del shogunato se les perdonaron sus delitos y con posterioridad se
les concedieron posiciones de responsabilidad dentro del nuevo go-
bierno, tenemos que tener en cuenta que los altos funcionarios del
Bakufu, estaban preparados para hacer frente a la administració n del
estado, de Japó n.
El triunfo de la coalició n de los dominios de Satsuma, Choshu,
Tosa, Hiroshima, Tsu, Kubota, Saga, Ogaki, Yodo, Hirosaki y Kuroishi,
no solo mostraron un valor audaz, sino que se vio el resultado de añ os
de entrenamiento militar. La lucha no era solo para los má s fuertes.
También conto la estrategia, la energía, la frialdad y el valor. La victoria
se iba desplazando por todo Japó n el poder del gobierno del Mikado se
afianzaba. Hacia el 1 de julio de 1869 se habían terminado todos los
vestigios de la guerra.
La guerra Boshin fue una contienda civil en Japó n, tuvo una dura-
ció n de un añ o y cinco meses. La finalidad fue la abdicació n del Shogun
y la restauració n del poder imperial en manos del Mikado. Al finalizar
se consigue el final del shogunato y la Restauració n del dominio impe-
rial.
Al comienzo de la contienda los dominios en favor de la Restau-
ració n imperial y que dirigían todo el operativo fueron la alianza de
Satsuma y Choshu a estos se les unieron los dominios de Tosa, Hiroshi-
ma, Tsu, Kubota, Saga, Ogaki, Yodo, Hirosaki y Kuroishi.
Los dominios que permanecieron fieles al Shogun fueron los do-
minios de; Aizu, Takamatsu, Alianza del Norte, Shonai, Jozai, Kuwana y
Matsuyama, hubo tres má s que en un principio apuntalaron al Shogun,
pero que al poco tiempo desertaron de sus filas y se unieron a los parti-
darios de la Restauració n, que fueron Tsu, Ogaki y Yodo.
Los ejércitos que apoyaron al Mikado, estaban dirigidos por los
siguientes: como jefes del Estado Mayor los militares y miembros de la
casa real, Príncipes Komatsu Akihito y Arisugawa Taruhiro y como ge-
nerales, Saigo Takamori, Kuroda Kiyotaka, Omura Masujiro, Yamagata
Aritomo, Kirino Toshiaki y Itagaki Taisuke.
Los ejércitos que apoyaron al Shogun, estaban dirigidos por los
siguientes comandantes y militares y miembros de los distintos clanes;
Comandantes: Katsu Kaishū , Enomoto Takeaki, Matsudaira Katamori,
Shinoda Gisaburō , Matsudaira Sadaaki , Sakai Tadazumi, Kondo Isami,
Hijikata Toshizo.
47
El gobierno y la administración del shogunato, se componía principalmente de
cinco departamentos: El Tairo o gran anciano (viene a ser como el jefe de gobierno). El Roju
o consejo de ancianos, estaba dirigido por el Tairo (venia a ser como el Consejo de Minis-
tros). El Wakadoshivori o Consejo de Ancianos más jóvenes que los anteriores. El Metsuke, o
censor (su título ya lo describe) El Machi-Bugyo o Gobierno Civil.
do artículos que abogaban por la abolició n del feudalismo. Varios de
los grandes daimios, mucho antes de que estuvieran preparados para
ello, ahora abogaban abiertamente por el cambio. Los menores sabían
mejor que no podían oponerse. Los cuatro grandes clanes, Satsuma,
Choshu, Tosa y Hizen, fueron los pioneros del movimiento. Dirigieron
un memorá ndum al Mikado, en el que se argumentaba que los domi-
nios los han de los daimios no debían ser considerados propiedad del
daimio, sino del Mikado, “en este caso pasaban a ser propiedad del Es-
tado”. Detrá s de toda esta argumentació n del nuevo orden, había al me-
nos tres hombres que estaban decididos a barrer el feudalismo por
completo. Eran Kido Takayoshi, Okubo Toshimichi e Iwakura Tomomi.
El primer paso fue abolir la denominació n de noble de la corte (kuge) y
señ or territorial (daimio), y designar a ambos como kuazoku, o fami-
lias nobles. Los antiguos jefes de clanes fueron nombrados temporal-
mente chiji (gobernadores de sus territorios). Esto allanó el camino. En
septiembre de 1871, se promulgo un edicto llamando a los daimios a
Tokio, para abandonar sus anteriores dominios “han” y retirarse a la
vida privada, es decir el sistema de feudos fue abolido. Esto sumado a
la entrega de las tierras al emperador, que se produjo en 1869 es decir
los 270 han que componían los dominios de los daimios, desaparecían,
tanto por la propiedad de la tierra como por el poder político y admi-
nistrativo sobre estos. En realidad, fue una desamortizació n o expro-
piació n forzosa. Con posterioridad, en concreto el añ o 1888, los dai-
mios fueron indemnizados generosamente, por las citadas expropiacio-
nes.
Estos dominios pasaron a ser prefecturas “aunque muchos de
ellos, no guardaron exactamente los límites, hubo agregaciones y se-
gregaciones territoriales”, era la nueva forma de la administració n Mei-
ji, era una nueva forma má s homogénea y practica de administrar el
territorio, estas prefecturas pasaron a ser cuarenta y seis, pasando a
ser administradas por gobernadores, dichos gobernadores eran nom-
brados por el gobierno central, las tierras fueron vendidas al mejor
postor y así abastecer las nuevas necesidades del gobierno, había que
llenar las arcas, pendientes de una Ley fiscal y de impuestos que les
surtiera de liquidez y poder hacer frente a todos los gastos que conlle-
va esta nueva administració n.
Con apenas alguna excepció n, la orden fue acatada sin oposició n.
Sabían qué junto al trono en Tokio, había una facció n lista e incluso de-
seosa de derramar sangre, en caso de que sus ó rdenes (las del Mikado)
fueran cuestionadas. Los daimios que eran hostiles a la medida cono-
cían demasiado bien el cará cter de los hombres que redactaron el edic-
to para resistirlo. Una cró nica de la época cuenta “una escena en el in-
menso salón del castillo de Fukui, cuando el daimio de Echizen se despi-
dió de sus tres mil samuráis y sirvientes, en medio de las lágrimas y la
cariñosa despedida de la población de la ciudad, dejó atrás tierras, ingre-
sos y seguidores obedientes, y se retiró a vivir como un ciudadano más en
Tokio”.
Con la desaparició n de los dominios han y sus señ ores los dai-
mios, no se tardó mucho en la desaparició n de los samurá is y con ello
sus privilegios, ya no serían la clase superior por encima de los plebe-
yos, no podía portar espadas, no eran impunes ante los delitos, la ley
los juzgaba por igual y no podían vestirse ni peinarse de manera dife-
rente, de hecho, se les obligó a cortase el pelo “la coleta”. Algunos su-
pieron adaptarse a la nueva situació n, dados sus conocimientos mu-
chos se alistaron en el nuevo ejército o en la policía, los má s cultivados
incluso fueron profesores o funcionarios del nuevo gobierno, pero la
gran mayoría pasó a engrosar la oposició n al nuevo orden establecido,
esta mayoría eran aquellos samurá is ociosos, que no habían aprove-
chado el tiempo, dedicá ndose solo a beber y jugar.
Al llegar la Era Meiji, el feudalismo en Japó n llevaba implantado
mucho antes del shogunato Kamakura, aunque estos lo consolidaron,
es decir casi ocho siglos de dominio, este sistema aguanto hasta princi-
pios de la década de 1870. Aunque en esta ú ltima etapa decayó mucho.
Antes de su caída definitiva, era una farsa colosal, totalmente inopera-
tivo. Un régimen só lo está vivo y vigoroso cuando sus líderes, son tra-
bajadores y tenaces, la desidia y dejadez era la constante, la endogamia
con todas sus carencias lo impregnaba todo. De todos los daimios, no
había diez que destacaran por su brillantez. La mayoría eran incultos,
eran grandes solo por sus ropas de seda y sus estó magos prominentes.
Muchos eran adictos a los placeres mundanos, borrachos o idiotas titu-
lados, todos estos dones los incapacitaban para cualquier tarea. El po-
der real de cada clan estaba en manos de familias, algunas capacitadas
otras no, pero que soterradamente gobernaban a sus amos. Muchos de
ellos, los má s capacitados, son ahora los hombres que participan en el
actual Gobierno de Japó n. En su día artos, se rebelaron contra el Sho-
gun, lo derrocaron, lo privaron de todo poder y a rengló n seguido obli-
garon a los daimios, a hacer lo mismo. El Mikado comenzó a tener gran
poder de decisió n y gobernabilidad, mucho má s que sus antepasados
habían ostentado anteriormente. En 1872, las cuatro quintas partes de
los hombres en los cargos superiores pertenecían a los cuatro grandes
clanes de Choshu, Satsuma, Hizen y Tosa. Un censo similar en 1876
mostraría una mayor proporció n de funcionarios de las provincias del
norte y del centro. Poco a poco se fue implantando el sentido comú n. Se
comenzó a reclutar a los hombres má s capaces, estos ascendían a los
cargos y al poder no por su localidad de su nacimiento, sino por sus
méritos. Esa objetividad lleva que en los distintos departamentos se
encuentran ahora muchos de los antiguos seguidores del Bakufu, inclu-
so Katsu Kaishu, Okubo Ichio, Enomoto Takeaki y otros miembros de la
casa Tokugawa. La maquinaria del poder se encuentra en una febril
actividad, había mucho que hacer.
¿Quiénes fueron los líderes reales, desde la Restauració n en Ja-
pó n a partir de 1868? Fueron: Okubo Toshimichi, Kido Takayoshi,
Iwakura Tomomi, Sanjo Sanetomi, Goto Shojiro, Katsu Kaishu, Soejima
Taneomi, Okuma Shigenobu, Oki Takato e Ito Hirobumi y muchos
otros, de los cuales solo dos o tres son aristó cratas “kuge”, mientras
que ninguno era daimio. Casi todos eran simples samurá is, o vasallos
de los nobles territoriales, eso sí, todos ellos eran personas muy cultas
y muy bien preparadas “ademá s de dominar idiomas” para los aconte-
cimientos que se les venían encima.
Hacia 1875 casi todos los objetivos de la revolució n de 1868 se
habían cumplido. El shogunato y el sistema feudal estaban derogados.
El Mikado emperador y gobierno ahora restaurado es aceptado. El em-
perador es un joven de veinticuatro añ os de edad, aunque todavía era
muy joven para desempeñ ar tal responsabilidad, este demostró una
gran independencia y firmeza de cará cter y se convirtió en el verdade-
ro gobernante48 de su pueblo. El empeñ o del nuevo gobierno, de esta-
blecer el sintoísmo como filosofía nacional, fracasó y de forma algo
desagradable “de momento”, aunque los antiguos templos sintoístas
fueron restaurados y se edificaron otros, mientras que el patrocinio y
la influencia oficiales dieron al budismo una apariencia exterior justa.
El budismo siguió durante mucho tiempo siendo la religió n-filosofía
del pueblo japonés, aunque paulatinamente iría decayendo. La filosofía
budista estaba muy implantada, los nuevos gobernantes sabían que no
puedes cambiar de golpe a un pueblo la manera de pensar y actuar.
Resumiendo; el shogun simplemente era uno de los muchos
vasallos del Mikado, e histó ricamente un usurpador; el término "diri-
gente" era un fraude diplomá tico, un título al que el Shogun no tenía
ningú n derecho; por lo tanto los tratados firmados por los diplomá ti-
cos extranjeros y este y el Bakufu fue una usurpació n organizada; las
declaraciones estereotipadas sobre él sistema dual, un emperador "es-
piritual" y un Shogun "secular" son fantasías; el feudalismo surge sobre
la decadencia, la dejadez y la debilidad del poder del Mikado; solo que
en toda la historia de Japó n el respeto y la reverencia hacia la persona
del Mikado y el trono ha sido el rasgo nacional má s fuerte y nexo de
conexió n; el Bakufu utilizó al Mikado para sus propios fines; entre los
48
Fue el primer Mikado-Tenno, que se implicó en tareas de gobierno.
japoneses existe una fuerte tendencia nacional, tanto cultural, filosó fica
como política “la figura del Mikado era incuestionable”, los contactos
con los extranjeros no influyeron en la caída del Bakufu, la verdadera
explicació n de los acontecimientos de los ú ltimos añ os del Bakufu hay
que buscarla en estas tendencias y en la historia interna de la nació n; el
Shogun, el Bakufu y el feudalismo habrían caído sin la influencia de los
extranjeros, aunque estos nunca hubieran llegado y arribado a Japó n;
el movimiento hacia la modernizació n y oposició n surgió desde dentro,
y no fue simplemente el resultado de un impacto o presió n exterior; la
labor de ilustració n y educació n, que es lo ú nico que podía asegurar el
éxito del movimiento, fue iniciada y llevada a cabo por estudiantes na-
tivos, estadistas y hombres de a pie con ganas de evolucionar.
Una gran tarea aguardaba al nuevo Gobierno después de la re-
volució n de 1868. Era recomponer un gobierno acorde con los vientos
que corrían; desarraigar el feudalismo, con todos sus abusos; dar a Ja-
pó n o mejor a sus ciudadanos una mayor igualdad; cambiar su sistema
social; había que impulsar sangre nueva en sus venas; hacer de una na-
ció n adormecida, medio cegada por la ignorancia, iniciar una lucha so-
terrada con las naciones má s poderosas y deshacer los acuerdos firma-
dos con ellos. Era un gran problema de regeneració n y de lucha, para
evitar ir hacia una ruina nacional ¿Qué conocimientos fueron necesa-
rios para tales desafíos? ¿Qué sacrificios por parte de todos, fueron ne-
cesarios en las deliberaciones del consejo de gobierno?, ¿qué naciona-
lismo desinteresado fue necesario? ¿Qué jefe, elevá ndose por encima
de sus compañ eros, se pondría a la cabeza, pero respetando a todos sus
compañ eros de gabinete?
El pueblo ocupaba otro lugar, en su hogar estaba el campesino,
el obrero el comerciante, impasibles, conservadores, reacios a los cam-
bios y respaldados por la ignorancia, la superstició n, la filosofía y la
hostilidad política. El japonés de a pie y en su propia patria se enfrenta-
ban a agresivos comerciantes extranjeros, que podían campar a sus an-
chas, corrompiendo con sus dó lares a los importadores nacionales sin
escrú pulos. Las naciones culturalmente cercanas a Japó n, como China o
Corea contemplaron con desconsideració n y con perplejidad, el rumbo
que había tomado Japó n, sobre todo se sorprendieron por la humillan-
te sumisió n a los "diablos extranjeros". Como vemos había que gober-
nar y contentar a muchos, ademá s de no ofenderlos dentro de lo posi-
ble, aunque no iba a ser una tarea fá cil y sobre todo por la gran hipote-
ca que habían heredado del Bakufu.
El gobierno se encontraba con otros dos problemas cruciales y
para intentar solventarlos decidió embarcarse en una misió n diplomá -
tica, viajando y pedir audiencia en las naciones que tenían tratados con
Japó n, esta misió n que má s tarde se la conocería como la “Misió n o Em-
bajada Iwakura”, tenía varios propó sitos, darse a conocer al mundo
como una nació n soberana. Revisar y renegociar los Tratados Desigua-
les, que Japó n presionado había firmado con los [Link]., el Reino Unido
de la Gran Bretañ a, Francia y otros países occidentales. Acumular la
mayor informació n posible de conocimientos; sobre política, adminis-
tració n del Estado, cultura y educació n, el ocio, pasando por el ejército
y sus estructuras militares, la diplomacia, la economía, la industria, su
religió n y filosofía, o los transportes y comunicaciones, tecnología, so-
ciales y econó micas de los países visitados de manera que pudiera con-
tribuir a la modernizació n del Japó n. Esta embajada, no estaba formada
por un escuadró n de funcionarios menores o nobles locales que salían
a prestar pleitesía, o a rogar a los extranjeros que salieran de Japó n.
Estos embajadores extraordinarios y plenipotenciarios fueron los má s
capacitados; Iwakura Tomomi encabezando la misió n y como jefe de la
esta, como subjefes, Okubo Toshimiti, Kido Takayoshi, Ito Hirobumi y
Yamaguchi Masaka. Estos a su vez asistidos por comisionados que re-
presentaban a todos los departamentos gubernamentales y que fueron
enviados a estudiar e informarse sobre los métodos y recursos de los
conocimientos y técnicas extranjeras, en total viajaron cuarenta y ocho
diplomá ticos y sesenta estudiantes, que fueron repartiéndose por los
distintos países “doce países en total y ciento cincuenta ciudades”, par-
tieron de Yokohama el día 23 de diciembre de 1871, regresando a Ja-
pó n el 13 de septiembre de 1873, actuando como intérprete Mori Ari-
nori” hablaba perfectamente inglés”. Esta fecha marcó el principio de la
entrada formal de Japó n en la historia universal. En concreto los países
que visitaron fueron: Reino Unido de la Gran Bretañ a, Francia, Bélgica,
Holanda, Rusia, Prusia “Alemania”, Dinamarca, Suecia, Austria, Suiza e
Italia. Los sesenta estudiantes, se fueron distribuyendo por los distin-
tos países, el país había sido elegido preferentemente por algo en lo
que destacaba para los japoneses y lo consideraban el má s idó neo para
sus fines. Si bien el objetivo de renegociar los Tratados Desiguales no
pudo ser alcanzado, en ese intento de renegociar, la misió n se prolongó
un añ o má s de lo previsto, esto permitió a los miembros de la misió n
entender y ahondar en la importancia del resto de los objetivos. Por
otra parte, los miembros de la misió n quedaron impresionados por la
modernidad de occidente, lo que los animó e impulsó a su regreso, a
tomar nuevas iniciativas para modernizar Japó n. Con posterioridad a
esta misió n o embajada, hubo otras con los mismos objetivos, asimilar
y aprender al má ximo de la sabiduría occidental.
Estas delegaciones y viajes al extranjero, les iluminó de primera
mano y en qué lugar de desarrollo se encontraba Japó n con respecto al
mundo occidental, con un gran esfuerzo se podían poner a la altura de
estas potencias en el plazo que oscilaba entre los veinticinco y los
treinta y cinco añ os, pero siendo muy conscientes que los pasos a se-
guir deberían ser graduales y el avance paulatino pero seguro.
49
En realidad, hay muchas clases de espadas, esta orden en concreto se refería a las
más usadas o populares entre los samuráis de este periodo “La Katana y la Wakazashi”.
El Guntō "espada militar" es el nombre utilizado para describir a las espadas japonesas pro-
ducidas para ser utilizadas por los oficiales del ejército y la marina japonesa, después de la
era de los samuráis, ahora eran los únicos autorizados a portarlas.
50
Tratado político firmado entre Japón y Corea, se le denomino así por la isla de Gan-
ghwa, en cuyas costas ocurrió el incidente naval entre los dos países. La estrategia japonesa
con el mencionado incidente era conseguir entrar en el mercado coreano y alejar la influen-
cia del gobierno chino. Japón impuso por la fuerza el tratado a los gobernantes de Corea, a
raíz de la firma, Corea abría su mercado a Japón, en condiciones muy favorables para los
japoneses. Por dicho tratado, Corea dejaba de estar en la esfera China y abría tres puertos a
los japoneses. Además, los japoneses en Corea se regirían por la ley japonesa y no por la
coreana. El tratado era similar a los que las potencias imperialistas occidentales impusieron
en la misma época a varios países asiáticos, incluido Japón. Esto molesto muchísimo a China.
El nuevo gobierno, no olvido, ni quedo rezagado por los com-
promisos adquiridos, en asuntos tan relevantes como la deferencia a su
pueblo en general, este preparó un viaje del Emperador por las provin-
cias del norte, con este viaje el Emperador se presentaba a su pueblo
“era la primera vez que un emperador lo hacía”. Al visitar Nikko y el
resto de las ciudades a lo largo de la ruta, el emperador se hizo visible
en todas partes. Entre los excelentes frutos de esta gira se encuentran
la visita a Sendai y la construcció n del monumento al patriota Hayashi
Shihei51; visitó varias congregaciones religiosas que no eran ni budistas
ni sintoístas lo que auguraba el futuro cercano de la total tolerancia
religiosa. El viaje imperial, iniciado el 2 de junio de 1876, alargá ndose
hasta mediados de julio. Su regreso a la capital se cerraba con un ba-
lance muy positivo para el gobierno.
El 5 de agosto se proclamó la ley que extinguía las pensiones
hereditarias y los ingresos vitalicios de los samurá is, aquella medida
traería un gran conflicto propiciado por los propios samurá is y los má s
puristas en las tradiciones, pero para el resto de la població n fue una
gran satisfacció n, en realidad los samurá is se habían convertido en un
gran grupo improductivo y peligroso.
Otra de las grandes medidas tomadas por él gobierno fue la
emisió n de deuda pú blica para hacer frente a sus necesidades financie-
ras y que fueran interesantes para los usuarios que buscan rentabilizar
su capital sin asumir demasiados riesgos. La emisió n de hizo de cinco a
catorce añ os, fue bien acogida por la mayoría de la població n.
El 21 de agosto se llevó a cabo otra medida en interés de la eco-
nomía pú blica y de la centralizació n administrativa: se volvió a reorga-
nizar las prefecturas de la nació n, que pasaron de sesenta y ocho a
treinta y cinco, todo en aras de una mejor gobernabilidad, ahorro y agi-
lidad administrativa.
Todas estas modificaciones en forma de ley, al pueblo en gene-
ral poco o nada familiarizados, a estos cambios, les parecían aplicados
autoritariamente por el gobierno del Mikado, aunque muy protestados
estos fueron ejecutados y aceptados. La mayor oposició n fue contra las
51
Fue un militar e intelectual de Sendai, En 1787, publicó Kaikoku Heidan (Defensa
militar de una nación marítima), esta publicación arrojaba la cantidad de 16 volúmenes en
la que destacaba la vulnerabilidad de Japón por su extensa costa y la necesidad de que Japón
adoptara la ciencia militar occidental y la adaptación a los tiempos de los samuráis. Denun-
ció la falta de conexión entre las distintas fuerzas samuráis. Sin ser ingeniero, tenía grandes
conocimientos sobre; construcción naval, cañones y otros diseños militares. Fue especial-
mente crítico con la política de aislamiento nacional “sakoku” del shogunato. Esta publica-
ción tuvo un gran éxito, pero fue prohibida en mayo de 1792, alegando que se discutían
cuestiones de seguridad nacional y que carecía de la autorización del shogunato. Por todo
ello, Hayashi fue detenido. Dada la importancia que tenía solo se le aplicó un arresto domici-
liario hasta su fallecimiento, que le sobrevino un año después.
medidas de la perdida de los derechos de los samurá is52, esta oposició n
se comenzó a fraguar en las zonas del suroeste de Japó n, donde las tra-
diciones estaban má s enraizadas, otras desavenencias provenían por la
paulatina pérdida de las viejas costumbres, la secularizació n del “Di-
vino País”, la política arbitraria y la extravagancia personal de los con-
sejeros del emperador, la influencia de los extranjeros, la tolerancia del
cristianismo y la mencionada prohibició n a los samurá is de llevar kata-
nas y la perdida de sus derechos y pensiones. Entre todos estos oposi-
tores se constituyeron en organizaciones llamadas Jimpu (Viento Di-
vino) y Sonne-Joi (Reverencia al Mikado, y Expulsió n del Bá rbaro).
El 24 de octubre de 1876, un grupo algo numeroso “unos ciento
cincuenta” opuestos a todas esas medidas, apareados a la antigua usan-
za samurá i, armados con lanzas y espadas, atacó la guarnició n imperial
de Kumamoto en la provincia de Higo. Lograron herir a unos trescien-
tos soldados antes de que fueran diezmados, dispersados, o hechos pri-
sioneros. A lo largo de toda la isla Kiushiu tuvieron lugar otros motines,
pero estos fueron fá ciles de sofocar. Las revueltas terminaron por com-
pleto al finalizar el añ o. Algunos cabecillas fueron ejecutados y cientos
de ellos fueron exiliados o degradados, estas revueltas no lograron el
regreso de las normas feudales. Aunque esto fue un aviso por lo que
tenía por llegar.
Las siguientes insurrecciones fueron protagonizadas por hom-
bres mal vestidos y peor equipados para la lucha, “agricultores”. Estos
asediados por el pago de impuestos, estaban enfurecidos, habían cam-
biado el sistema, de pagar con arroz sus impuestos ahora lo tenían que
hacer en efectivo y en lugar de gravarse sobre el producto, se aplicaban
a la superficie de la parcela, para las clases má s humildes era mucho
má s gravoso que para los grandes latifundios, “ademá s la circulació n
de moneda era muy escasa”. Al asaltar las oficinas de los funcionarios
locales, los militares tuvieron que dispersarlos, aunque estos no actua-
ban sino se producían muertes o altercados muy violentos. Con el tiem-
po y a la vista de los logros conseguidos en tan poco tiempo, los alter-
cados de índole social se fueron difuminando.
Aunque tenemos que señ alar, que en aquellos momentos la car-
ga impositiva provenientes del impuesto sobre la tierra era las tres
cuartas partes, de los ingresos totales del imperio. El 4 de enero de
1877, el impuesto territorial nacional se redujo del tres al dos y medio
52
Casi 275 años, de disfrutar de unos derechos y perderlos de golpe era muy difícil
de asimilar, prácticamente la mayoría de ellos lucharían por que dicha ley no se aplicara.
Pero la realidad era que se habían relajado en los largos años de paz y se había convertido
en un grupo improductivo, desequilibrando la economía del país, por los altos coste que esto
suponía al gobierno y con el añadido que no se cosechaba fruto alguno de este grupo.
por ciento, lo que supuso una cuantiosa pérdida para el Tesoro. El im-
puesto local, que antes equivalía a un tercio del impuesto territorial, se
redujo a un quinto, o casi la mitad. Casi al mismo tiempo se llevaron a
cabo otras dos medidas economías, pensadas como compensació n, se
redujeron los salarios de casi todos los funcionarios del gobierno y los
gastos de los departamentos, fueron reducidos por el despido de miles
de funcionarios, el Departamento de Religió n (Kio Bu Sho) y la Prefec-
tura de Policía fueron abolidos y sus funciones transferidas al Departa-
mento del Interior, con lo que se logró compensar la pérdida para el
Tesoro por la reforma del impuesto sobre la tierra. Un movimiento de
este tipo en los círculos oficiales, popularmente llamado jishin (terre-
moto), encontró gran satisfacció n en la mayoría de la sociedad, siendo
beneficiosa para los ciudadanos y campesinos. El Gobierno empezó a
preocuparse menos por la reacció n de Satsuma; Quizá s también tuvie-
ron menos cuidado en mantenerse informados sobre el estado de la
opinió n pú blica, ya que las leyes de prensa 53 eran excesivamente rigu-
rosas y no había vá lvula de escape para la crítica, en realidad era una
censura a la libertad de expresió n, que en nada beneficiaba a nadie.
El añ o 1876 fue un añ o aciago para la libertad de prensa en Ja-
pó n, pues los procesos contra la prensa por parte del gobierno fueron
casi inquisitivos. Aunque periodistas y editores siguieron publicando
sus críticas a costa de llenar las cá rceles japonesas, sufrieron multas y
encarcelamiento y todo ello por una libertad de prensa, no solo había
que avanzar o modernizar la sociedad también había que dotarla de
libertad. Sin critica, no existe una informació n real de tus propios ac-
tos, lo que te impide enmendar errores.
Dentro del nuevo gobierno había una gran diversidad, aunque
con distintos puntos de vista, unos decantados hacia un lado y otros al
lado contrario, “toda controversia es beneficiosa” de todos ellos sobre-
salió la figura de Kido Takayoshi, se le considero dentro de la revolu-
ció n, como; el intelecto má s fino y de los má s há biles con la pluma.
Mientras que otros líderes pasaban de la euforia a la derrota, Kido
Takayoshi tenía un genio esencialmente constructivo, era una persona
muy equilibrada. Siendo él mismo el representante má s puro de la
mentalidad japonesa, había aplicado la ló gica de las doctrinas principa-
les de la política japonesa (el derecho divino del Mikado a gobernar a
su pueblo) consecuentemente el Bakufu cayó . Creía en la defensa de las
ideas mediante el dialogo, en el respeto de las mayorías, fundó perió di-
cos y abogó por asambleas representativas. Encarnó el alma del pro-
53
En 1875, se había proclamado una ley que limitaba mucho la libertad de prensa,
pues se multaba a los periodistas que criticaran al gobierno. Esto a su vez propició que el
gobierno no tuviera una información fiable de los movimientos de oposición y los problemas
de la nación.
greso pacífico. Se opuso por igual a los proyectos de guerra de Corea y
Formosa y a las reformas demasiado precipitadas, como la perdida de
derechos de los samurá is. Se dedicó a estudiar los detalles de la admi-
nistració n local y estudió cuidadosamente los problemas de impuestos
y el ordenamiento municipal, buscando soluciones para la administra-
ció n japonesa, estudio la forma de aplicar la forma occidental a la japo-
nesa. A su gran habilidad política se unió un patriotismo desinteresado
y un historial intachable. En medio de todo el choque de intereses
opuestos que provocó la destrucció n de las antiguas instituciones y la
creació n de nuevas, la voz de Kido Takayoshi siempre fue escuchada y
respetada. Mientras Okubo Toshimichi representaba el lado má s occi-
dental de la revolució n y Saigo Takamori el genio militar del Viejo Ni-
pó n junto con sus tradiciones, Kido Takayoshi encarnaba en sí mismo
los mejores elementos del Nuevo Japó n. Había sido especialmente serio
e influyente a la hora de lograr reformas en los impuestos y la econo-
mía gubernamental, y en la convocatoria de un cuerpo deliberante de
los magistrados de las prefecturas, que, reunidos en Tokio en 1875, fue
inaugurado por el Mikado en persona, y presidido por él mismo. Ahora
esperaba reconciliar a los samurá is descontentos de Satsuma, que para
ellos era el ú nico hombre en quien confiaban, después de haber sido,
segú n creían, traicionados por Okubo Toshimichi y los ministros de
Tokio. Si Kido Takayoshi hubiera vivido, la triste y costosa guerra civil
tal vez no habría estallado. En el momento de mayor necesidad de su
país, este noble patriota, fatigado en lo físico y herido en su espíritu,
sufrió una enfermedad que pronto le hizo comprender que su obra es-
taba a punto de terminar. Murió en Kioto el 27 de mayo de 1877.
Desde el triunfo de la restauració n imperial y con ello la caída
del shogunato en 1868, Satsuma seguía empecinada en no asimilar
gran parte de los cambios. El dominio de Satsuma que fue el mayor
protagonista de la caída del Shogun y todo el clan Tokugawa, ahora no
quería asumir tanto cambio, reverenciaba al Emperador “Tenno”, pero
la deriva progresista del Mikado no la aceptaba. La formació n política
de la mayoría de los miembros del clan fue puramente feudal. Como se
ha dicho, reverenciar al emperador, pero odiar a los bá rbaros extranje-
ros y a su cultura.
El Bakufu estaba atrapado por la tradició n y eran unos obstina-
dos negacionistas a cualquier cambio que los llevara a perder los viejos
elementos de la política japonesa: Debemos recordar que el líder de
Satsuma era Saigo Takamori, artífice en gran parte del triunfo en la
guerra Boshin, fue uno de los má s críticos opositores a la revolució n
pacífica, y demandaba que los Tokugawa debían ser despojados de
bienes y de su estatus personal. La posició n inamovible de estos, fue
una de las principales causas del inicio de la guerra, el líder que apoyó
el regreso al poder del Mikado, ahora era un líder opositor al gobierno
de este, su cará cter poseía unas cualidades muy atractivas para un ja-
ponés, carecía de un patriotismo genuino y probablemente aspiraba a
ser un gran líder contrario al feudalismo anterior pero aferrado a las
tradiciones. Si todo esto se hubiera desarrollado en otra época y no en
pleno transcurso evolutivo “en todos los campos” en Japó n, los minis-
tros de Tokio podrían haberse arrodillado ante el pozo de sangre como
traidores mientras Saigo Takamori dictaba a Dai Nippon (tradició n)
como Sei-i Tai Shogun “Gran general apaciguador de los bá rbaros”. El
destino dispuso lo contrario. El viejo estilo japonés había terminado.
El principio de la “Rebelió n Satsuma” se estaba fraguando; Des-
pués de la restauració n, un gran nú mero de hombres de Satsuma ha-
bían sido habilitados para ocupar puestos en el ejército, la marina y la
policía, mientras que a Saigo Takamori y Shimazu Hisamitsu se les
ofrecieron puestos en el gobierno, pero una tras otra las medidas polí-
ticas liberales del Mikado chocaban contra el clan Satsuma y sus diri-
gentes. La oposició n del gobierno a invadir Corea y la firma del Tratado
de Ganghwa, el desagravio con las pensiones, la prohibició n de portar y
usar la catana, así como y la prohibició n del uso de la estética samurá i,
“tan importantes para ellos”, llenaron el vaso. Todo esto sobrepaso la
complacencia de Saigo Takamori y Shimadzu Hisamitsu. Saigo Takamo-
ri planto al Mikado y abandonó Tokio, retirá ndose a Kagoshima, fundó
una escuela militar, a la que pronto asistieron gran cantidad de alum-
nos, casi veinte mil hombres de Satsuma, todos ellos vivían atrapados
en el pasado, consideraban a Saigo Takamori como un gran guía. Todos
estos alumnos y opositores al gobierno, desafiaban al poder estableci-
do, no aceptando las leyes promulgadas por él gobierno, deambulaban
con los signos samurá is, con una insinuació n á spera en sus rostros, el
ceñ o fruncido de desafío y desprecio mezclados en sus ojos, con sus
catanas dentro de sus fundas lacadas en rojo que sobresalían, parecían
la encarnació n de una lealtad faná tica y un espíritu demasiado extre-
mo. Su proverbio favorito era: "Aunque el águila muera de hambre, no
comerá grano" y en lugar de adaptarse a los nuevos tiempos y buscar
en el trabajo su sustento, solo les parecía bien y justo su sed de sangre
y revancha. Tan grande era la influencia y el prestigio de Satsuma, que
se difundió por todo el país la impresió n de que el Mikado los temía. Lo
que má s preocupaba al Mikado era que cerca de la ciudad de Kagoshi-
ma, se ubicaba un gran arsenal, ademá s de una factoría con maquinaria
y pertrechos militares, junto con dos molinos de pó lvora, capaces de
producir, unos catorce mil kilogramos de pó lvora al día, es decir con la
capacidad para armar a un nutrido ejército.
Hasta la fecha, toda agitació n contra la autoridad imperial ha-
bían sido pequeñ as escaramuzas y ocasionales, carentes de liderazgo y
sin ninguna unanimidad en los objetivos. Lo que ahora se abordaba,
estaba organizado por profesionales experimentados en el combate,
encabezados por militares que habían demostrado con creces su expe-
riencia en la lucha. Pero el Gobierno no permaneció negligente y se
preparó para lo que era inevitable, sin esta visió n de discernir los pla-
nes de Satsuma, el gobierno no hubiese podido deshacer dichos planes,
es casi seguro que estos habrían “triunfado”, en parte con recursos má s
amplios. Pero con total seguridad que el clan de Satsuma no hubiera
triunfado, pero si habría logrado dilatar la lucha, lo que habría supues-
to un retroceso, tanto cualitativo como cuantitativo para la sociedad y
su economía en su conjunto y casi la ruina para la nació n.
Conscientes de la situació n el gobierno del Mikado, tomaron
cartas en el asunto, antes de que la situació n se les fuera de las manos,
las intenciones de Saigo Takamori, estaban muy claras y en enero de
1877 se envió un barco a Kagoshima, al mando del almirante Kawamu-
ra Sumiyoshi, para que el arsenal no fuera utilizado por los insurgen-
tes. El almirante evitó un ataque frontal con barcos del clan llenos de
hombres armados, pero estos ataques le restaron tiempo, lo que impi-
dió llegar a tiempo a su objetivo, los arsenales y la fá brica de munició n
fueron capturados el 1 de febrero de 1877 por los samurá is insurgen-
tes. En ese momento el Mikado y la mayor parte de su gabinete se en-
contraban en Kioto, donde habían ido el 5 de febrero para inaugurar el
ferrocarril54 que unía las ciudades de Kobe, Osaka y Kioto. Reconocien-
do la gravedad de la situació n, enviaron a lo mejor del ejército y de la
policía a Kiushu en buques de transporte. Todas las dudas sobre la par-
ticipació n personal de Saigo Takamori al frente de la sublevació n que-
daron desvanecidas por su presencia al frente de las tropas que asedia-
ron el castillo de Kumamoto.
Por decreto imperial toda la isla de Kiushu fue puesta bajo la
ley marcial, Saigo Takamori55, fue degradado de su rango como Maris-
cal del Imperio. Saigo Takamori y sus generales, Kirino Toshiaki, Beppu
Shinsuke y Shinohara Kunimoto, fueron tachados de traidores y se le
aplico la ley vigente sobre este delito, aunque Shimadzu Saburo se
54
Japón tenía ferrocarril desde 1872, con la inauguración de su primera línea entre
Tokio y Yokohama.
55
La sociedad en su conjunto, no podía entender que el héroe de la Guarra Boshin,
que ahora intentara propiciar la caída del Mikado, en realidad él no iba en contra de la res-
tauración imperial, pero si en contra del gobierno del Mikado, se puso de parte de aquellos
que no estaban satisfechos en unirse al proceso de occidentalización, con todo lo que aquello
conllevaba.
mantuvo leal al gobierno. Los puertos insurgentes fueron bloqueados y
se hicieron nuevos reclutamientos de tropas. Después de un asedio de
cincuenta y cinco días, durante los cuales el castillo de Kumamoto fue
defendido y no tomado por los insurgentes, las tropas insurgentes se
vieron obligadas a retirarse.
La guerra pronto se extendió por todo Kagoshima. El ejército
imperial, formado por dos divisiones al mando de Yamagata Aritomo,
comenzó la penosa tarea de derrotar a los amotinados, una de las divi-
siones se desplazó desde Kumamoto y la otra desde la ciudad de Ka-
goshima, con la intenció n de rodear y embolsar a los rebeldes en una
estrategia de pinza. Después de refriegas no carentes de pérdidas hu-
manas por ambas partes y una gran batalla, las dos divisiones lograron
el objetivo de cerrar la pinza y embolsar al enemigo. Saigo Tsugumi-
chi56, se unió al campo de batalla en julio, mes durante el cual, debido a
los duros combates, seis mil soldados del Mikado murieron o resulta-
ron heridos. Mientras que los soldaos imperialistas eran en gran medi-
da reclutas provenientes del campesinado y las clases medias, los re-
beldes eran en su mayoría samurá is veteranos de la guerra Boshin.
Aunque los primeros eran mucho má s numerosos, estaban mucho me-
jor armados y con una gran disciplina.
El 16 de agosto, las fuerzas de Saigo Takamori, reducidas a me-
nos de diez mil hombres, fueron atacadas en Nobeoka, una antigua for-
taleza natural, la batalla resultó en una victoria completa para los im-
perialistas, reduciendo a los rebeldes a unos cientos. Los líderes junto
con él resto de seguidores, se retiraron a Hiuga, desde donde el 2 de
septiembre, atacaron Kagoshima y resistieron durante dos semanas.
De allí los forzaron a replegarse a Shiroyama, a poca distancia de la ciu-
dad. El 24 de septiembre, Saigo, Kirino y Murata, que tenían menos de
cuatrocientos soldados-samurá is, fueron atacados por quince mil sol-
dados del ejército imperial, con morteros, cañ ones y fusiles. Los rebel-
des mal equipados y con pocos combatientes, lucharon despreciando la
gran diferencia entre unos y otros. Muchos de ellos cometieron se-
ppuku, Saigó herido de muerte fue decapitado por uno de sus lugarte-
nientes para preservar su honor “como era preceptivo”. Ninguno de los
soldados imperiales murió . Los tres líderes y casi trescientos miem-
bros encontraron la muerte con un coraje inquebrantable, orgullosos
de morir en combate, sin conocer mayor gloria que sacrificarse hasta la
muerte en virtud de su filosofía y sus creencias má s puras, expresando
la quintaesencia de lo japonés, la pureza y la fuerza del espíritu para
superar cualquier reto en la vida. Este fue el final de la guerra, con la
56
Es hermano del líder Saigo Takamori, lucho con las fuerzas imperiales y en contra
del clan Satsuma, liderado por su hermano, (ver biografías Meiji).
derrota de los clanes de Satsuma, Osumi y Hyuga y con la caída, des-
aparició n y muerte de Saigo Takamori “El ú ltimo Samurá i”.
Fue la contienda má s intensa y cruenta, sugestionada por las
prá cticas y dogmas del pasado, a la que tuvo que hacer frente el Go-
bierno del Mikado. Fue un gran aviso para los descontentos "Lo que
Saigo Takamori no pudo conseguir, ningú n imitador se atrevería a in-
tentarlo". La rebelió n le costó a Japó n cincuenta millones de dó lares.
Las tropas rebeldes de Satsuma, Osumi y Hiuga sumaban cerca de cua-
renta mil hombres, de los cuales unos tres mil quinientos murieron,
má s de cuatro mil resultaron heridos y algo má s de tres mil desapare-
cieron. Del ejército imperial, probablemente un nú mero similar o má s
sufrió la suerte de la guerra. Por un largo periodo de tiempo, se vieron
tullidos deambulando por las calles de los grandes nú cleos urbanos. En
el trato a los rebeldes por parte del gobierno, fue de una gran indulgen-
cia. Má s de treinta y ocho mil insurgentes fueron juzgados, unos tres-
cientos fueron absueltos, unos treinta y seis mil indultados, unos cien
degradados, unos mil ochocientos condenados a prisió n, solo veinte
personas fueron ejecutadas57. La integració n a la sociedad de los perde-
dores, fue relativamente rá pida, el Japó n a que aspiraban los miembros
del gobierno del Mikado, no se podía permitir ser vengativo, se necesi-
taban muchas almas para empujar.
A pesar de la rebelió n en el sur, la vida administrativa y de go-
bierno continuó . La Exposició n Industrial Nacional en Ueno de 187258,
que se inspiró estrechamente en la Exposició n de Filadelfia, discurrió
desde el 21 de agosto hasta el 30 de noviembre y consiguió una gran
repercusió n y logro en todos sus aspectos. Durante la revuelta también
estalló una pandemia de có lera en Japó n, pero debido a las estrictas
medidas sanitarias sus estragos fueron leves.
El añ o 1878 se cumple la primera década de gobierno del Mika-
do, con sus luces y sus sombras. El juramento hecho por Su Majestad
en Kioto en 1868 de formar una asamblea deliberante, nunca se pudo
cumplir plenamente (uno de los cinco artículos). Los hombres del go-
bierno del Mikado, ante el cumulo de acontecimientos a los que se en-
frentaron, dejaron muchas promesas sin cumplir, aunque eran sabedo-
res de los deseos del pueblo en su conjunto. Pese a la censura, la prensa
y asambleas representativas, le recordaban al gobierno las labores
pendientes, pero algo si se había cumplido. En 1875 se había creado un
57
Todas las cifras aquí mostradas, son aproximadas, pero no exactas, pero dan una
idea casi justa de las personas que tomaron parte.
58
Ese mismo año y en el distrito de Taisenden, se inauguró el Museo Nacional de To-
kio.
Senado (Genroin, o Cá mara de los Ancianos)59 y una asamblea de go-
bernadores de las recientes prefecturas, se celebró con ellos una asam-
blea o congreso deliberante en Tokio, pero só lo fue esta. Con la justifi-
cació n del viaje del Mikado al norte en 1876 y de la Rebelió n Satsuma
en 1877, las reuniones de este organismo habían sido aplazadas sine
die, creando una gran conmoció n y hastío, en aquellos que deseaban
que se estableciera ya como un derecho nacional y se quejaban tanto
de la excesiva burocracia y del evidente desafío a los derechos popula-
res basados en el juramento del Mikado.
Pero, no obstante, mucho antes de lo que los demandantes se
imaginaran, los tipos de gobierno que sustituyeron a los anteriores del
Bakufu, estaban llegando a su fin, lo que sirvió en el principio de la res-
tauració n del poder imperial, ya no servia; y como era habitual en la
política japonesa, la nueva era iba a iniciarse con el asesinato de uno de
sus lideres, Okubo Toshimichi que lo fue por Shimada Ichirō 60.
Japó n en el periodo de un añ o había perdido a tres grandes for-
jadores del nuevo Japó n: Kido Takayoshi (26/05/1877, por enferme-
dad), Saigo Takamori (24/09/1877, en combate) y Okubo Toshimichi
(14/05/1878, asesinado). De todos ellos, Okubo Toshimichi, por tem-
peramento, formació n y cará cter, era el que mejor estaba capacitado
para poder entender y aplicar en su caso las ideas occidentales. Resuel-
to, osado, ambicioso, su voluntad era férrea y muy resolutivo. Su ar-
diente deseo era llevar a su país a poder codearse en igualdad de con-
diciones con las grandes potencias occidentales, de él partieron una
larga lista de reformas, que auparían a su país. Soñ aba qué a su vejez,
vería a Japó n totalmente cambiado “estaba demasiado occidentalizado,
hasta para sus compañ eros de gabinete”. Una de sus ideas era la unifi-
cació n completa del Japó n tanto en lo político como en lo geográ fico y
la erradicació n de todos los vestigios del antiguo régimen, él mantenía
una devoció n desmedida de lo que é l creía que era lo mejor para Ja-
pó n “no debemos olvidarnos, que casi todos somos dictadores de
nuestras ideas”. Una de sus ideas en su extenso temario era crear un
ferrocarril desde la isla de Yezo hasta la de Kiushu 61, pues sería de in-
59
El Genrōin (Cámara de Mayores) o cámara nacional establecida tras la Conferencia
de Osaka a comienzos de la Era Meiji. También fue conocido como Senado. En 1876, se le
encomendó la redacción de una constitución. En 1890 el Genrōin fue sustituido por la Dieta
Nacional.
60
Ver lecturas complementarias.
61
Entre Yezo “hoy la isla de Hokkaido” al norte y la isla de Kyūshū al suroeste, hay una
distancia de centro a centro de las islas de unos 2.400 Km. aproximadamente. Construir un ferroca-
rril de tal envergadura era imposible económicamente y muy difícil de construir o realizar en aque-
llas fechas.
calculable ventaja para el país a la hora de unificar al pueblo y acelerar
la aceptació n del centralismo político. É l pensaba que estas reformas
llevarían a conseguirse en diez añ os, lo que otros habían necesitado
cien añ os, pensaba y creía firmemente, “tal vez ciegamente”, que un
gobierno fuertemente centralizado era de primera necesidad. Fue un
gran estadista, su gran problema es que no escucho ni quiso aplicar los
argumentos de los opositores.
Quizá el mayor error de Okubo Toshimichi y sus acó litos, fue
no valorar al pueblo, ajeno al gobierno de participar en las tareas de la
modernizació n. “Los conservadores le consideraron un traidor, mien-
tras que los progresistas estaban cada vez má s irritados con su go-
bierno autoritario”. Kido Takayoshi le había advertido que no se afe-
rrara demasiado a las tradiciones del gobierno paternal y se empezó a
criticar a Okubo Toshimichi de ser un enemigo del debate pú blico y de
los derechos de las mayorías.
En la tarde del 13 de mayo de 1878, fue advertido del peligro que
corría, Okubo Toshimichi, expresó ante un grupo de amigos su creencia
en los designios del cielo, que lo protegería hasta que su misió n no es-
tuviera terminada, ademá s estaba protegido dado su cargo. De todas
formas, este tipo de gobierno personalizado estaba terminando; La era
del gobierno representativo había comenzado a despegar. A la mañ ana
siguiente, mientras se dirigía desarmado al palacio del Mikado, fue ase-
sinado por seis miembros del clan de Satsuma y el líder de estos, de
quienes se decía que habían huido de la rebelió n. El Mikado inmediata-
mente confirió en su memoria el rango má s alto y elevó a sus hijos a la
nobleza. El cortejo fú nebre, al que se sumaron príncipes, nobles y el
cuerpo diplomá tico extranjero, fue el má s imponente jamá s visto en
Tokio. Como Ministro de Finanzas, Okubo promulgó la Reforma a los
Impuestos de Propiedad, prohibió a los samurá is a portar sus espadas
en pú blico, y acabó con la discriminació n contra los burakumin (la cas-
ta má s baja). En las relaciones exteriores, trabajó en la revisió n de
los Tratados Desiguales, se unió a la Misió n Iwacura. En la Rebelió n de
Satsuma, que lucharon contra el nuevo ejército gubernamental bajo el
mando del Ministro del Interior Okubo, que los derrotó . Con la derrota
de las fuerzas de Satsuma, Okubo fue considerado un traidor en su pro-
vincia y para la mayoría de los antiguos samurá is. Fue asesinado
por Shimada Ichiro y otros seis samurá is. Derrotar a su compañ ero y
amigo Saigo y pasar de ser ciudadano de Satsuma a ciudadano de Japó n
tenía un precio.
Un gran paso se dio el 22 de julio de 1878 con el comienzo de de-
liberaciones para crear instituciones representativas, en concreto Cor-
poraciones Provinciales o Asambleas Locales “algo parecido a lo que
hoy es un Ayuntamiento”, compuestas por un delegado de cada distri-
to, que debían reunirse una vez al añ o en cada prefectura. Bajo la su-
pervisió n del Ministerio de Asuntos Internos, estos ó rganos estaban
facultados para discutir cuestiones de impuestos locales y presentar
peticiones al gobierno central sobre otros asuntos de interés local. Los
electores tenían que saber leer y escribir y el pago de un impuesto te-
rritorial anual, cantidad que oscilaba segú n la població n. Cada elector
registrado, que debía de tener como mínimo la mayoría de edad “vein-
te añ os” debía escribir en una papeleta su propio nombre y el nombre
del candidato por el que votó . En este aspecto los japoneses superaron
los métodos occidentales del momento, había comenzado una apertura
para lograr avances democrá ticos.
El apremio de los diferentes nú cleos de poder “asambleas, con-
ferencias, prensa o clubs de debate” persuadieron al Mikado para po-
nerse a trabajar en este punto y el 12 de octubre de 1881 se promulgo
un edicto del Emperador en el cual se reafirmaba en el juramento de
este a su llegada al poder en 1868 “Edicto Imperial que promete una
Constitució n en Japó n”, que en resumidas cuentas venía a decir "Por lo
tanto, declaramos que en el año 23 de Meiji (1890) estableceremos una
Cámara de Representantes (Dieta) para llevar a efecto la participación
del pueblo que hemos anunciado, se establecerá gradualmente una for-
ma constitucional de gobierno", por lo que se ordenó que se realicen
los preparativos necesarios para tal fin “la redacció n de una Constitu-
ció n”. Con respecto a las limitaciones de la prerrogativa imperial y la
constitució n del Parlamento, decidiremos de aquí en adelante la forma
má s conveniente de llevarlo a cabo.
No siendo todavía conscientes los distintos grupos tanto de la
oposició n y los acó litos al poder, estaba fraguando y precipitando con
tal febril actividad política, la creació n en algo similar a los partidos
políticos occidentales, en realidad eran reuniones masivas de oradores,
espontá neos conferenciantes, asociaciones locales que valoraban los
principios liberales, todo esto sumaban una diversidad de opiniones,
que influyeron de alguna forma en la forma de actuar del gobierno.
Como redacto un escritor japonés en el ó rgano o perió dico de los libe-
rales el -Jiyu Shimbun- "El impulso del progreso y la innovación ha inva-
dido la nación con la fuerza de un torrente vertiginoso. Un imperio japo-
nés totalmente nuevo está en proceso de creación".
Aunque muy ajetreados y ocupados, los gobernantes Meiji, no
olvidaban la política exterior; lo que aprendieron y sufrieron en las re-
laciones exteriores con los occidentales, con respecto de la forma de
tratar y de imponer su autoridad a otros países, también lo copiaron.
Aunque tardaría añ os en configurarse la idea de crear lo que en un fu-
turo se denominaría “Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental,
(Asia para los asiá ticos)”,62 en realidad no era otra cosa que un neoco-
lonialismo o colonialismo tardío auspiciado por Japó n.
Con la Restauració n de 1868 nació el deseo de consolidar y
completar territorialmente el imperio, aproximando y adosando las
periferias a la nació n. El ansia de conquista, aletargada o dormida por
añ os de inanició n, despertó con nuevo vigor. Una de tantas institucio-
nes de intelectuales japoneses afirmó que la nació n japonesa má s com-
pleta, debería incluir no só lo a las islas RiuKiu, Yezo (Hokaido), Sajalin
y las islas Bonin (Ogasawara), como partes de nuestro imperio, sino
también deberían incluir a Corea y Formosa, como dependencias tribu-
tarias, así como la eliminació n de la jurisdicció n y dominio chino. Las
islas Bonin, que por primera vez fueron feudos del daimio de Ogasawa-
ra en 1593, y que posteriormente estuvieron visitadas por un grupo de
exploradores de Nagasaki en 1675, que les dieron el nombre de Munin,
o Bonin (de nadie), habían sido descuidadas por los japoneses durante
siglos, aunque durante mucho tiempo fueron utilizadas por balleneros,
tanto rusos como norteamericanos. En 1823, el capitá n estadouniden-
se Coffin y en 1827 el capitá n inglés Beechy, visitaron las islas; y el co-
modoro M. C. Perry, en 1854, las abasteció de ovejas, cabras y ganado
vacuno, con la pretensió n de convertirla en una base norteamericana.
En 1877 había en las islas una diversa presencia de diferentes proce-
dencias, en total unas setenta personas, principalmente marineros de
barcos balleneros, americanos, ingleses y hawaianos. En 1878, las islas
fueron formalmente integradas a Japó n, militares japoneses auxiliados
por algunos civiles, establecieron un gobierno local. La isla de Coffin
fue propuesta por los norteamericanos para alojar el futuro cable tele-
grá fico submarino transpacífico desde San Francisco hasta Yokohama.
Otros territorios al norte de Japó n, la península de Saghalin y
las islas Kuriles habían sido territorios fronterizos entre Rusia y Japó n
y fruto de ello, habían nacido disputas entre japoneses y rusos desde
1790, no exentos de alguna refriega fronteriza con derramamientos de
sangre incluidos. En 1875, el almirante Enomoto Takeaki 63 firmo un
acuerdo en San Petersburgo por el cual Japó n recibía todas las islas Ku-
riles, o Chishima, y Rusia, toda la isla de Sajalin. La nació n japones se
62
La Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental (Dai-tō-a Kyōeiken) fue un
concepto creado y promulgado por las autoridades del Imperio de Japón, que representaba
el deseo de formar un «bloque de naciones asiáticas lideradas por Japón y libres de la in-
fluencia occidental». La frase de “Asia para los asiáticos”, en realidad querían decir “Occiden-
tales fuera de Asia, que Asia es para Japón”.
63
En 1875, fue a Rusia como enviado especial para negociar el Tratado de San Petersbur -
go. El éxito conseguido con la firma del tratado, fue muy bien recibido en Japón y consiguiendo un
gran prestigio dentro de los círculos gobernantes.
iba extendiendo, con este tratado formaba un arco geográ fico que iba
desde el externo norte entre la península de Kamchatka, hasta el sur en
la isla de Formosa.
La isla de Yezo (Hokkaido) quedó bajo la administració n de un
ó rgano o casi un ministerio creado ex profeso a tal fin: el “Kai Taku
Shi”, o Departamento para el Desarrollo de Hokkaido y así fue adminis-
trada hasta el añ o 1882. Se gastaron muchos millones de yenes en el
desarrollo de Hokkaido, bajo la supervisió n de Kuroda Kiyotaka, el ne-
gociador del tratado con Corea y un líder militar, de habilidades nada
despreciables, como lo demostraron las guerras civiles de 1868 y 1877.
La Oficina de Colonizació n de Hokkaido, al término de su administra-
ció n especial, vendieron y privatizaron las propiedades y empresas in-
dustriales del gobierno, procedimiento algo oscuro, lo que provocó al-
tercados entre los distintos grupos políticos64. El 8 de febrero de 1882,
Hokkaido se dividió en tres ken o prefecturas, las de Hakodate, Nemu-
ro y Sapporo, con esta divisió n Hokkaido fue integrada al resto del im-
perio.
Con respecto al archipiélago de Ryū kyū desde 1609 era tributa-
rios del dominio de Satsuma y a su vez del emperador japonés, en 1879
el gobierno de Japó n anunció la anexió n total del archipiélago al impe-
rio.
Los siguientes territorios en los que habían puestos sus ojos,
eran Corea y Taiwan. Sobre Corea, con la que se determinó una política
má s vigorosa, justo después de la rebelió n de Satsuma. Se estableció
una legació n en Seú l y fue enviado como jefe de esta a Hanabusa Yoshi-
moto65, uno de los jó venes má s há biles japoneses en ascenso, fue nom-
brado ministro. En Corea, los japoneses se veían a sí mismos como los
occidentales que habían humillado a Japó n, antes de la apertura de sus
puertos por las exigencias de estos, ellos a su vez las repitieron en Co-
rea, siendo los japoneses en este caso los extranjeros y presuntos agre-
sores. Un nuevo tratado abrió Gensan (en coreano Wonsan), en la costa
noreste, el 1 de mayo de 1880, y tres meses má s tarde una segunda
embajada de coreanos, visitó Tokio para solicitar que se pospusiera la
apertura del puerto de Inchon, cerca de Seú l. Los japoneses rechazaron
su petició n. Los coreanos estaban ahora divididos en conservadores y
radicales, o progresistas y reaccionarios. Incluso entre los liberales al-
gunos favorecían la amistad y la opció n de imitar a Japó n en su moder-
nizació n, mientras que otros consideraban a China como un aliado y
modelo. Era obvio qué en Corea, ocurrió lo que anteriormente había
64
Poco antes de abandonar su cargo en Hokkaido, Kuroda Kiyotaka se convirtió en la figu-
ra central del escándalo de la Oficina de Colonización de Hokkaidō en 1881, salió indemne.
65
Ver el capítulo de “Biografías de los forjadores Meiji”.
sucedido en Japó n, que hubo detractores y partidarios de la moderni-
zació n de Corea, aunque fuese de la mano de Japó n. Lo que estaba claro
es que la situació n política que vivían no era beneficiosa para el país.
Como veremos, a Japó n todas estas desavenencias les vino muy
bien, para afianzar su política expansionista. Los progresistas corea-
nos, crearon una embajada para viajar a Japó n, dicha embajada llegó en
1881, era la tercera vez que los visitaban, iban dispuestos a estudiar el
progreso del país vecino y ver que podían aplicar al suyo, en aquellos
momentos la situació n política interior en Corea era confusa y la exte-
rior peor todavía, con el añ adido de las intervenciones de China y aho-
ra Japó n, en todos sus asuntos políticos. En ese momento no estaba cla-
ro si los reaccionarios o los progresistas influirían en la política del go-
bierno de Seú l. Los celos y la amargura entre familiares moná rquicos y
La emperatriz Myeongseong “por lo general conocida como la reina
Min”, seguían aumentando día a día. La reina Min66 fue una firme de-
fensora de la modernizació n de Corea y de una política de total inde-
pendencia frente a los hostigamientos belicosos de sus vecinos, “China
y Japó n”.
Estaba claro las intenciones de ambos, pero lo que nos concier-
ne es la política japonesa con respecto a Corea, para allanarle el ca-
mino, occidente también presionaba, el 9 de mayo de 1882 en Inchiun,
Corea firmo un tratado con los [Link]., después y en cascada firmaron
tratados con él Reino Unido y otras potencias europeas. Para empeorar
la situació n, ese añ o se produjo una gran sequía en Corea, aprovechan-
do la ocasió n los opositores al régimen, la dinastía Ni67, agito a las ma-
sas para derrocar a sus adversarios, los partidarios de la emperatriz
Myeongseong “reina Min”, estaba ocurriendo lo que antes había ocurri-
66
La reina Min, fue la última emperatriz de Corea. Para el pueblo coreano fue una gran
heroína. Fue una de las esposas del emperador Gojong (de la dinastía Joseon 1392/1897). Durante
su vida como emperatriz se esforzó por mantener política y diplomáticamente a Corea indepen-
diente de la influencia extranjera, sobre todo de Japón.
El gobierno japonés la veía como un obstáculo. Sin embargo, los esfuerzos de Japón por
neutralizarla del gobierno de Corea fallaban continuamente. Como resultado, en 1895 el embajador
japonés en Corea Miura Goro, “aparentemente” contrató a unos sicarios para matar a la empera-
triz. Esta fue asesinada el 8 de octubre de 1895; no obstante, otras fuentes afirman que fue el 20 de
agosto de 1895. El asesinato de la emperatriz provocó gran conmoción en Corea y protestas por
parte de otros embajadores extranjeros en Corea. Para apaciguar estas protestas, y las críticas a
nivel mundial, el gobierno japonés finalmente llevó a juicio al embajador Miura Goro y a los demás
presuntos asesinos. Todos fueron absueltos del cargo de asesinato por falta de pruebas.
67
Daewongun, padre del emperador Gojong, antes de la llegada de este -su hijo- ha-
bía ostentado la regencia de Corea, con la subida al poder de su hijo y la esposa de este la
reina Myeongseong, este perdió el poder y desde entonces y hasta su destierro, fue un firme
opositor de su hijo y nuera, postulándose como el auténtico emperador de Corea.
do en Japó n, la firma de los tratados fue el pretexto para soliviantar a
las masas, a los soldados acuartelados en la capital, se les debían varios
meses de sueldos, estaban a punto de amotinarse, pues ademá s sus ra-
ciones de arroz se les habían reducido, para poder cubrir la demanda
de los extranjeros “incluidos los japoneses” para ellos no había restric-
ciones. La suma de estos acontecimientos aparentemente insignifican-
tes, llegaron en un momento en que las relaciones de las dos nobles
casas de Min y Ni (la de la reina y la del exregente, respectivamente)
eran tan tensas, que provocaron un sangriento motín en Seú l, el 23 de
julio de 1882. Los má s desprotegidos asaltaron los graneros de arroz,
ademá s del consulado japones, el palacio real y los cuarteles, donde
militares japoneses instruían a una fuerza selecta de militares corea-
nos. Cuatro ministros de la corte y varios oficiales coreanos de menor
rango fueron asesinados. Los japoneses, tras mantener a raya a la mu-
chedumbre durante má s de siete horas y ante la inferioridad numérica
tuvieron que huir de sus cuarteles en llamas, cargaron contra la multi-
tud y se dirigieron al palacio real. Al no encontrar ayuda, cruzaron el
río y se dirigieron a Inchiun, a casa del gobernador. Pero tampoco allí
encontraron protecció n, de nuevo fueron atacados, estos se dirigieron
a la orilla del mar, tras pasar varias horas en el agua, fueron rescatados
por el buque de reconocimiento britá nico Flying Fish, má s de la mitad
de unos cuarenta soldados “que custodiaban la legació n” murieron. Se-
ú l y el gobierno coreano estaban ahora bajo el control de Tal-wen Kun
y su turba.
Estos acontecimientos dieron pie para que Japó n hicieran pla-
nes para un futuro conflicto bélico con Corea, Hanabusa Yoshimoto
marchó hasta Tokio y tuvo una audiencia con el Mikado, este fue de
nuevo enviado a Seú l, donde entró el 16 de agosto con una escolta de
quinientos hombres. Tras los retrasos y la amenaza de guerra, se pre-
sentaron amplias disculpas y se accedió a las demandas de Japó n. Co-
rea aceptó pagar 50.000 dó lares a las familias de los asesinados y
500.000 dó lares al gobierno japonés, enviar una embajada a Tokio
para ofrecer disculpas, permitir una escolta armada en Seú l y conceder
má s privilegios a los oficiales y residentes japoneses en Corea, como
vemos el gran beneficiado fue Japó n. Hanabusa Yoshimoto fue ascendi-
do al cargo de ministro plenipotenciario en Corea. Una gran delegació n
de coreanos visitó Tokio en octubre, realizando una larga estancia, con
el ú nico objetivo que obtener disculpas y el respaldo de Japó n.
China se vio forzada a intervenir tras la caída del gobernante
prochino, envió tropas a Corea, tomo la capital, restauró el poder del
rey, arresto a Tal-wen Kun y lo envió a China, para vivir encarcelado
como exiliado. El objetivo evidentemente era frenar a Japó n, afianzar la
supremacía china y advertir a su ambicioso vecino. Desde que Japó n
asumió plenamente la soberanía sobre Riu-Kiu en 1879, las relaciones
entre China y Japó n se fueron tensando.
China comenzó a sopesar que debía reconocer que Japó n, em-
pezaba a ser una amenaza muy real, el dragó n dormido comenzó a salir
de su largo letargo, la segunda Guerra del Opio, le dio un gran toque de
atenció n. Japó n evitó perder el tiempo y comenzó su comercio con Co-
rea, desde distintos puertos japoneses, las viejas costumbres está n
dando paso a métodos de vida má s acordes con los tiempos que co-
rrían. Aunque la descomposició n entre Japó n y China va in crescendo,
en la ú ltima década China se ha reforzado y cuenta con una fuerza na-
val digna de tener en cuenta y un numeroso ejército. Japó n es conscien-
te, qué para crecer y expandirse, hay que poseer “por su insularidad”
un fuerte poderío naval, con la posesió n de costosos buques de guerra
acorazados, de construir nuevas y modernas fortificaciones “tanto cos-
teras como en el interior” de ampliar el ejército y de recaudar impues-
tos con el fin de proporcionar un ejército y equipamiento suficiente-
mente poderoso para la guerra, todos estos pormenores estaban en la
mesa del Gabinete en Tokio. Para este Gabinete, una confrontació n con
China “siendo ellos los atacantes” y- con un final satisfactorio, serían
necesario unos cien buques de guerra y un ejército permanente de cien
mil hombres; pero para suministrar y mantener tal flota y ejército se
requerirían unos recursos econó micos enormes, de los cuales no dis-
ponían, ademá s que no tenían la posibilidad de subir má s los impues-
tos68. Lo qué si tenían claro, es que tenían que prepararse para su de-
fensa, cuarenta barcos y cuarenta mil soldados se consideró que era lo
mínimo para poder defenderse de una agresió n exterior, eran cons-
cientes que podían pasar de agresores a agredidos.
La desviació n de presupuestos para los recursos bélicos, signi-
ficaba desgraciadamente, una reducció n de la cantidad dedicada a la
educació n. Una deuda nacional de 349.771.176 dó lares (31 de mayo de
1882) actú o como un freno a un gasto desmesurado y un mayor endeu-
damiento. Una revisió n de los tratados con naciones extranjeras que
garantice a Japó n los derechos arancelarios de un estado soberano, que
ahora se le niega por la firma impuesta de los “Tratados Desiguales”,
pudieron haberle permitido recaudar muchos má s, y así, en cierta me-
dida, prever esa colisió n con un vecino enorme, que se intuía inevita-
ble.
En 1886 Japó n comenzó su decimonoveno añ o de la Restaura-
ció n Imperial y del reinado de Mutsuhito-Meiji, en el imperio resuena
68
Los ingresos totales estimados para 1883 son de 66.814.122 dólares, de los cuales
se necesitaron cada dólar.
la paz y con un gran impulso se dirigen hacía el progreso. El empera-
dor, que ahora tiene treinta y tres añ os, comenzó rodeá ndose de una
nueva generació n de consejeros. Los viejos héroes y consejeros del 68
han fallecido en su mayoría o han sido apartados. Las antiguas oligar-
quías se han reducido a un estatus palaciego, pero casi totalmente apo-
lítico, la regeneració n no solo se ha centrado en las medidas adminis-
trativas y de la forma de gobernar, también la renovació n llega a los
hombres. Con la llegada de estos nuevos protagonistas llegaron nuevos
aires y retos.
Entre las personas que aportaron un gran paso para que la Res-
tauració n Meiji de 1868 se desarrollara, destacaron entre otros, el pri-
mer ministro Iwakura Tomomi, un noble de altísimo rango (falleció en
1883) y el príncipe Arisugawa Takahito (falleció en 1886), así como
Saigo Takamori (falleció en 1877), Okubo Toshimichi (falleció en
1878), y Katsu Kaishu, Sanjo Sanetomi, los dos anteriores aunque vi-
vos, eran lo suficientemente mayores, como para poder soportar gran-
des responsabilidades de gobierno.
Entre otros menos ilustres que fueron falleciendo se encontra-
ban muchos de los antiguos daimios y el ilustre hombre de negocios
Godai Tomoatsu69 de Osaka, así como varias hijas del Mikado. Muchos
de los jó venes prometedores que se habían inscrito o matriculado en
las escuelas para poder acceder a la vida pú blica e ir renovando la ad-
ministració n, en un principio fue algo decepcionante, un ejemplo; de
cada cien jó venes que comenzaron sus estudios preparatorios en las
escuelas de lenguas extranjeras, no má s del cinco por ciento obtienen
sus títulos en la Universidad de Tokio, má s de cuarenta por ciento
abandonan y el resto no superan las pruebas, como vemos la sustitu-
ció n de los distintos estamentos, no fue fá cil.
Otras causas, que influyeron en el retiro de la vista pú blica de
hombres que en otro tiempo fueron prominentes. Fue la tendencia de
la política japonesa, en su evolució n hacia la meta de 1890, fue la de
eliminar por completo a la vieja nobleza, y ascender al poder a hom-
bres educados y bien preparados, aunque provinieran de rangos socia-
les inferiores y de paso eliminar la endogamia, que fingía la buena go-
bernabilidad. El gobierno que constituyó sobre las ruinas del sistema
dual en 1868 se basaba en la teoría de acercar el trono a la sociedad en
su conjunto, Sanjo Sanetomi e Iwakura Tomomi, ocupaban dos de los
tres cargos má s altos, mientras que los detalles de la administració n
eran llevados a la prá ctica por los ministros, estos eran los samurá is
69
Ver el capítulo de: “Biografías de los grandes forjadores”.
má s experimentados, aquellos que se preocuparon por enriquecerse
en conocimientos. Poco a poco, los hombres con la capacidad natural y
de buena preparació n comenzaron a destacar, desalojando a los hom-
bres incapaces de hacer frente a los nuevos problemas del arte de go-
bernar y administrar y a apartar a aquellos que no pudieron resistir la
presió n de los nuevos retos. Los nuevos protagonistas exigían no só lo
cargos, sino un reconocimiento tangible, en forma de ascenso social,
del propio Mikado. En respuesta a la opinió n pú blica, el Mikado pro-
mulgó un edicto fechado el 6 de junio de 1884 que renovaba el sistema
de nobleza. En los títulos recién creados de; “príncipes, marqueses,
condes, vizcondes y barones”, se encontraban muchos hombres que
antes pertenecían ú nicamente a la clase de la alta burguesía, pero que
habían prestado notables servicios a su país y que ademá s tenían so-
brados conocimientos. Casi trescientas personas dentro de la aristocra-
cia de estos intelectuales, fueron ennoblecidos por su participació n y
logro. También se han impartido condecoraciones tanto a japoneses
como a extranjeros. Se espera que estos nombramientos proporcionen
las personas má s preparadas e idó neas para poder constituir la futura
Cá mara Alta de los Lores que probablemente se constituirá en 1890.
Aunque con mucha agitació n y acontecimientos, el vigor y el em-
puje de la política japonesa siguió su camino, lo importante era ir al-
canzando metas.
En el nú cleo duro del gobierno Meiji, no se produjeron grandes
cambios: Pero a finales de 1885, el fallecimiento de Iwakura Tomomi,
después de una larga enfermedad y el aparente envejecimiento de San-
jo Sanetomi, dieron la oportunidad a aquellos aventajados jó venes que
se habían preparado en el extranjero, este conjunto de acontecimien-
tos, dieron lugar a que todos los miembros del antiguo partido de la
corte fueron retirados de sus cargos activos, siendo sustituidos por sa-
bia joven como; “Ito Hirobumi, se formó en la University College de
Londres, “fue primer ministro hasta en cuatro ocasiones”, Inoue Ko-
washi, se formó en Europa entre los añ os 1872/1874, fue redactor de
la Constitució n Japonesa y del Rescripto Imperial sobre la Educació n
“junto con otros miebros del ejecutivo”, Mori Arinori, fue el má s occi-
dental de todos los gobernantes japoneses, vivió en Inglaterra, y viajo
por [Link]. y Rusia, su ú ltimo gran cargo fue el de Ministro de Educa-
ció n, Enomoto Takeaki70, fue Ministro de Marina, Comunicació n y Co-
mercio, Asuntos Exteriores, Agricultura y Educació n, aunque provenía
de las altas esferas del shogunato, el sentido prá ctico del gobierno del
Mikado, lo supo valorar y rescatar para su causa, todos ellos como ve-
70
Ver el capítulo de: “Biografías de los grandes forjadores”.
mos se hicieron con los gabinetes má s importantes, aunque por su-
puesto hubo muchos má s ptotgonistas.
En su calidad de consejero imperial, Sanjo Sanetomi recomendó
al Mikado y a posteriori dicha recomendació n se tradujo en el decreto
del 22 de diciembre de 1885, donde se suprimieron la triple jefatura
del gobierno, el consejo privado y los ministerios tal y como estaban
constituidos entonces. En su lugar se estableció un gabinete, a cuya ca-
beza había un Primer Ministro o Presidente de Gobierno. Las antiguas
Juntas se abolieron, esta abolició n trajo el despido en todo el país de
unos ocho mil funcionarios “la cantidad, no repercute en la calidad”, la
nueva organizació n origino un beneficio en pro de la economía y la efi-
ciencia. Todos en el nuevo gabinete son hombres de ideas, cultura y
convicciones actualizadas, mientras que las anteriores formas de go-
bernar se han apartado. En los Consejos de Ministros, el Mikado Mu-
tsuhito-Meiji ahora se reú ne con sus ministros en consejo, “algo impen-
sable en periodos anteriores”, opina y debate con ellos, compartiendo
la responsabilidad. El Mikado al prescindir de mú ltiples consejeros e
intermediarios y rodearse de gente muchos má s capacitada, está má s
cercano a las demandas de la sociedad. Se trabaja para que en un futu-
ro el parlamento controle cualquier tendencia improcedente del go-
bierno. Los nuevos gobernantes también sopesan que modelo de go-
bierno quieren para Japó n, los que má s probabilidades tienen son el
sistema britá nico o el prusiano71. También sopesan si el nuevo go-
bierno tendrá que rendir cuentas al parlamento o al Mikado.
Los nuevos gobernantes, no carecían ni de conocimientos ni de
estímulos, pero había un há ndicap o mejor un gran escollo, todos estos
planes de modernizació n eran muy costosos. La primera tarea era es-
tudiar muy bien la economía en su conjunto y evitar gastos indebidos.
Ademá s de reducir el nú mero de funcionarios, se han introducido en la
administració n pú blica métodos occidentales de contabilidad y las pre-
visiones financieras “Presupuestos Generales del Estado” para cada
añ o, reduciendo los gastos al mínimo. La estimació n total de ingresos
nacionales para el añ o fiscal de 1887 fue de 74.695.415 dó lares, y el
gasto fue de 74.689.014 dó lares. Alrededor de 20.000.000 de dó lares
anuales se tenían que destinar al pago de la deuda nacional, que en
1885 ascendía a 245.427.329 dó lares, tenemos que recordar que Japó n
71
Ya en el siglo XIX, el Reino Unido, disfrutaba de un sistema democrático con una
separación clara de los poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, el monarca no era más que
una figura respetada, pero sin poder alguno, “demasiado liberal en aquellos momentos, en la
opinión de los más influyentes políticos japoneses”. La prusiana en la constitución de 1850,
era mucho más centralista que la británica y como vemos en su artículo 62 “El poder legisla-
tivo reside en el Rey con las dos Cámaras, cuyo acuerdo es necesario para la promulgación
de una ley”. La figura del rey tiene mayor protagonismo, los japoneses estaban más proclives
a esta constitución que a la britaniza.
en aquellas fechas con la vigencia de los “Tratados Desiguales” perdía
gran parte de los ingresos por derechos aduaneros, lo que se traducía
en menores ingresos en las arcas del estado.
Desde el comienzo de la Era Meiji (añ o 1868), se llevó dentro de
sus posibilidades un balance de las exportaciones del país, los datos
publicados por distintas fuentes oficiales, muestran que dichas expor-
taciones está n creciendo de forma só lida. En 1869, fueron inferiores a
trece millones de dó lares, pero durante los siguientes cinco añ os no
han bajado de treinta millones de dó lares. Las importaciones en 1868
se valoraron en diez millones y medio, en 1880 en treinta y seis y en
1885 en veintiocho millones de dó lares. El exceso de importaciones,
sobre exportaciones durante dieciocho añ os de comercio exterior as-
cendieron a cincuenta y un millones. Gran Bretañ a ha sido el mayor
importador, pero sus importaciones han descendido de diecinueve mi-
llones en 1880 a doce millones en 1885. Estados Unidos se lleva la ma-
yor parte de las exportaciones de seda y té, y nosotros le compramos
maquinaria en general y petró leo. La confecció n de seda en todas sus
variantes “hilo, tejidos y otros”, fue valorada en dieciocho millones y
medio de dó lares y la de té en má s de treinta y cinco millones de libras
esterlinas. A los buenos augurios en el crecimiento en la producció n de
té, “se triplico en pocos añ os” la fuerte oferta mundial lo ha depreciado
a la mitad. La fabricació n y exportació n de productos artísticos ha ex-
perimentado un notable aumento. Ese incremento, no son por datos
oficiales, sino en lo que se ve en los hogares, jardines y museos de Eu-
ropa y América. Japó n ya es reconocido como "el país de la buena deco-
ració n" y su arte ha añ adido nuevos elementos de buen gusto y sor-
prendido al comercio mundial.
La revolució n de 1868, llego a todas las clases, incluso una revo-
lució n econó mica, lo que proyecto a la sociedad en su conjunto a la
creació n de nuevas industrias artesanas. La concentració n del capital,
la mejora de la mano de obra y la formació n de las clases trabajadoras,
el abaratamiento y la diligencia administrativa, han cambiado todo el
sistema econó mico. La introducció n de maquinaria y la creació n de ar-
senales, fundiciones, fá bricas, compañ ías navieras y ferroviarias, pare-
cen demostrar que Japó n, está n cubriendo sus propias necesidades,
ademá s de evitar la dependencia exterior y ponerse a la cabeza como
potencia, entre las naciones asiá ticas. Ferrocarriles totalmente equipa-
dos, industria armamentística, barcos de vapor, desarrollo urbano. Se
conceden patentes, se fomentan la iniciativa. En las exposiciones inter-
nacionales y círculos econó micos occidentales, se comienza hablar de
Japó n.
Tenemos que tener en cuenta, que la apertura de Japó n al exte-
rior, coincidió con el nacimiento de la “Segunda Revolució n Industrial”
casi coincidieron ambas. Estos cambios occidentales beneficio mucho a
Japó n. Llegó el telégrafo introducido en 1869 y en dos décadas la red se
extendía por todo el archipiélago “unas quince mil millas de cable”.
Cuatro cables conectaban Japó n con el continente asiá tico “China, Ru-
sia y Corea”. El teléfono y la luz eléctrica había llegado a las grandes
ciudades. Sobre los ferrocarriles; en el verano de 1885 habían 26572
millas en pleno rendimiento o en circulació n, 271 millas en curso de
construcció n y 543 millas en estudio. El noventa por ciento de las lí-
neas, estaban diseñ adas y construidas segú n las normativas y modelos
britá nicos. La mayor parte de los trabajos de topografía, ingeniería y
construcció n, así como la mano de obra de la realizació n de nuevas lí-
neas, son ejecutadas por nativos. Algunas locomotoras, vagones y esta-
ciones, son ya de fabricació n japonesa, las piezas de fundició n pesadas,
gran parte de las locomotoras y raíles se importan de Gran Bretañ a. La
Japan Mail Shipping Company emplea una gran flota de barcos de va-
por y veleros en sus líneas de cabotaje y de pasajeros a China, Corea y
las zonas insulares del imperio. En 1885, el departamento de correos
envió casi cien millones de cartas y paquetes.
La restitució n en 1884 por parte de los [Link]., de lo que le co-
rrespondía en la Indemnizació n73 del conflicto de Shimonoseki acecido
en 1864, ha sido de un baló n de oxígeno para llevar a cabo parte de los
planes de mejora nacional. Ademá s del acuerdo postal, el Senado ratifi-
có un tratado de extradició n el 21 de junio de 1886. Esta importante
acció n diplomá tica sitú a a Japó n, en lo que concierne al Gobierno ame-
ricano, casi en igualdad de condiciones. En estos dos actos firmados
con [Link]., dan lugar a que comiencen las demá s potencias occidenta-
les a tomar y a reconocer a Japó n en futuras negociaciones, como un
interlocutor digno.
En la revolució n de Japó n, los países occidentales pusieron un
gran empeñ o en no retrasar su progreso, estaba claro que había un in-
terés por posicionarse en los mejores puestos, pues Japó n no solo im-
porto materias primas e industria pesada ademá s de otros bienes, Ja-
pó n importo gran cantidad de profesores, técnicos y hombres de cien-
cia para instruir a su pueblo. La falta de censura propicio la llegada de
todo tipo de literatura occidental, traducida y ampliamente leída, todo
esto beneficio mucho educando e instruyendo a la població n japonesa
72
Desde 1872 en que se había inaugurado el primer tramo ferroviario -Yokohama
Tokio- el desarrollo del ferrocarril en Japón, fue espectacular.
73
Unos 750.000 dólares.
en general y mostrar có mo puede existir la libertad bajo la ley. La cien-
cia, la prensa y las escuelas pú blicas está n formando al pueblo japonés
para sus futuras responsabilidades. Desde el primer éxodo en 1865,
casi seiscientos jó venes han sido educados en el extranjero becados
por erario pú blico, estos jó venes con los conocimientos adquiridos en
los distintos países occidentales, compensaron con creces el dinero in-
vertido en su educació n. Un nú mero igual o mayor ha asistido a escue-
las extranjeras subvencionadas por él estado “estas escuelas estaban
dirigidas y organizadas por un profesorado occidental”, mientras que
el nú mero de quienes han estudiado la cultura y el progreso europeo,
no puede ser inferior a tres mil. Los japoneses tienen ahora sus emba-
jadas, consulados en varios países occidentales. No pasa un añ o sin que
veamos delegaciones de hombres pú blicos o estudiantes universitarios
en el extranjero, ampliando su formació n.
Aunque los japoneses aceptaron hace mucho tiempo que "la edu-
cació n es la base de todo progreso". Sin embargo, sus esfuerzos en el
avance intelectual se han visto ralentizados, por el estudio de los kan-
jis, pues deben dedicarse a aprender miles de caracteres, para saber
leer. Para ser un hombre culto en el Japó n de hoy, hay que conocer,
ademá s de su propia lengua, el engorroso sistema chino de escritura,
ademá s del inglés o alguna otra lengua europea moderna. A ningú n jo-
ven le cuesta tanto obtener una educació n como a los japoneses. De ahí
el enorme sacrificio que deben realizar.
Estas dificultades propiciaron un movimiento por la “romaniza-
ció n” de su lengua japonesa. En 1884 se fundó en Tokio la Rornaji Kai,
o Asociació n de Letras Romanas74. Su propó sito era suplantar los kanjis
chinos y el silabario nativo por el alfabeto romano como vehículo de
trasmisió n japonés. Han demostrado que todos los sonidos y combina-
ciones vocales posibles pueden expresarse con veintidó s letras. Impri-
mir un perió dico, editar libros de texto y transcribir textos populares y
clá sicos en las letras elegidas del alfabeto má s utilizado actualmente en
todo el mundo. Se ha demostrado que un niñ o puede aprender a leer la
lengua coloquial y la de los libros en una décima parte del tiempo que
antes se necesitaba. La reforma avanza rá pidamente y si, como parece
muy probable, los nativos adoptan universalmente el sistema, la ga-
nancia para la mente y el cuerpo será como la de añ adir juventud y
añ os a la vida de una nació n. Estos lograron crear este alfabeto, pero
no se abolieron los demá s75.
74
Esto no es más que la creación del rōmaji, nos referimos a la escritura de la lengua
japonesa en letras romanas o latinas. "Rōmaji-kai", o "Sociedad del Alfabeto Romano" (la
transcripción de un término japonés a letras latinas se llama rōmaji).
Por un decreto imperial, promulgado el 29 de noviembre de
1884, la lengua inglesa pasó a formar parte del sistema educativo de
Japó n. Má s de tres millones de niñ os y jó venes acuden diariamente a
las instituciones pú blicas de enseñ anza. La educació n es obligatoria y
gratuita. El inglés76 parece destinado a convertirse en el habla de los
educados y en el vehículo de conocimiento de todos los sú bditos del
Mikado.
El Ministerio de Educació n se creó en 1871 con un sistema esco-
lar basado en el modelo norteamericano, pero con una administració n
de control centralizado como en Francia. Esta creació n fue gracias a la
ayuda de asesores extranjeros.
75
Desde entonces en Japón conviven los cuatro alfabetos y son conocidos práctica-
mente por toda la nación. El idioma japonés tiene tres tipos de alfabetos: “Hiragana, Kataka-
na y Kanji”. El "hiragana" y el "katakana" son alfabetos fonéticos; cada letra representa una
sílaba. Los "kanji" son ideogramas, o sea que poseen significado. El rōmaji, fue adaptado
para facilitar la comunicación con los occidentales.
76
Al final la implantación del inglés, no obtuvo los efectos deseados, solo una peque-
ña élite estudiaba este u otros idiomas extranjeros.
Segú n la nueva ley, los libros de texto só lo podían ser editados
con la supervisió n y aprobació n del Ministerio de Educació n. El tema-
rio era amplio; las materias principales de estudio eran “la educació n
moral (para inculcar el patriotismo), matemá ticas, lectura, escritura,
composició n, caligrafía japonesa, historia de Japó n, geografía, ciencia,
dibujo, canto, educació n física e idioma extranjero. Todos estudiaban
con los mismos libros de texto.
77
Aunque no será oficial, hasta la promulgación de la Constitución en 1889, ya lo tenían
previsto: Artículo 28º.- Los súbditos japoneses, dentro de los límites que no sean perjudiciales
para la paz y el orden, y no sean antagónicos a sus deberes como súbditos, gozarán de libertad
en sus creencias religiosas.
78
Ver artículos del 1 al 17 inclusive del Capitulo I, de la Constitución.
siguientes clanes o familias, Taira, Minamoto, Hojo, Ashikaga y Toku-
gawa; y desde la restauració n en 1868 del poder imperial, ha estado
dominado por la alianza de "Sachoto", o lo que es lo mismo de los cla-
nes Satsuma, Choshu y Tosa. Por primera vez en la historia de Japó n se
van abolir los intermediarios controladores del trono, por la familia o
el clan de turno. El significado de la Constitució n de 1889, no es má s
que la ampliació n del Juramento de los cinco artículos, firmados por el
emperador en 1868, si recordamos se insistía, en que la política del go-
bierno se basaría en una amplia consulta a los ciudadanos de cualquier
condició n, serían libres, los intereses nacionales se antepondrían a to-
dos los demá s, había que olvidar el pasado y pensar en el futuro de la
nació n. Esta vez no se trata de una familia, un clan o una alianza, sino el
poder compartido de los nobles, la alta burguesía y el pueblo.
79
Este gobierno lo resolvió con la promulgación de la Constitución de 1889, en concreto en
el CAPITULO DOS: DERECHOS Y DEBERES DE LOS SÚBDITOS, en sus artículos del 18 al 32
de la citada.
La principal característica del antiguo sistema político japonés
era su tendencia al dualismo “tanto estatal como social”. La divisió n del
pueblo en soldados y campesinos o civiles y militares, fue un proceso
que, en ausencia de presiones o enemigos extranjeros, terminó en una
divisió n de las funciones de gobierno en las del Emperador y el Shogun,
con dos gobernantes y dos capitales. Gradualmente, este proceso de
dualismo se convirtió en el afianzamiento del poder del Shogun en de-
trimento del Emperador. Durante má s de dos siglos, el despotismo mi-
litar de Tokugawa mantuvo la paz, mediante un sistema muy elaborado
y complicado, un imperio que consistía en unos trescientos pequeñ os
reinos, dentro de cada uno de los cuales había un conglomerado social
de una docena o má s de clases diferentes. El viejo Japó n era un museo
de curiosidades políticas, mientras que en los estantes graduados de la
clasificació n social se catalogaba a cada espécimen, desde un dios hasta
las criaturas etiquetadas como "no humanas". Só lo unos pocos hom-
bres con visió n de futuro vieron que, en primer lugar, Japó n necesitaba
unidad; entendieron que el país debía tener un gobierno de hombres y
no de costumbres; menos aú n que para ser una gran nació n, Japó n de-
bía tener un pueblo.
Hasta ahora, la "opinió n pú blica" era propiedad exclusiva de los
gobernantes. "El pueblo", en el sentido moderno occidental los japone-
ses aú n no habían adquirido conciencia como tal, aunque ya hacia vein-
tiú n añ os de la caída del Bakufu o shogunato. La gran mayoría de los
habitantes de Japó n habían sido mano de obra y contribuyentes; ahora
se convierten en "el pueblo". Japó n, tras desprenderse del dualismo, el
feudalismo y otros elementos divisorios, ha entrado en un proceso su-
perior de unidad. El pueblo está aprendiendo ahora quiénes son y qué
son.
Si nos fijamos ahora en las diversas formas de gobierno, discerni-
mos que en las primeras épocas gobernó un feudalismo rudimentario,
probablemente llevado por la emigració n y conquistadores en los pri-
meros siglos de la historia de Japó n. Después siguieron, en orden, la
monarquía centralizada, la diarquía, el feudalismo elaborado y, má s
tarde, en 1868, un gobierno compuesto y formado sobre la teoría de la
unió n del trono y "el pueblo". En el actual gobierno, la administració n
real corría a cargo de anteriores há biles samurá is, hombres de bajo
rango social, pero muy aptos para el trabajo que tenían entre manos. Al
examinar los veintiú n añ os de gobierno Meiji, destacan varios hechos;
el primero es que la antigua clase gobernante de los daimios y otros
nobles junto con el pueblo, “excepto en caso muy concretos” no han
tenido ningú n poder político; en segundo lugar, que los estadistas Meiji
han mostrado en sus acciones una curiosa y admirable, combinació n de
oportunismo y visió n de Estado; en tercer lugar, que su empeñ o, habili-
dad y su alto nivel cultural, han desalojado a la incompetencia y la en-
dogamia; cuarto, que a pesar de todos los obstá culos, han conducido a
la nació n con paso firme hacia la meta que se fijaron para instaurar la
Restauració n, superando incluso esa meta; quinto, que Japó n es hoy un
país a tener en cuenta en el concierto internacional.
81
Todos ellos personas de alto rango, eruditos y cultivados y nada conformes con la
forma del gobierno shogunal, Matsudaira Yoshinaga, fue el daimio más destacado en pedir la
restauración del gobierno imperial y la modernización de la política japonesa.
Townsend Harris82, junto con los diplomá ticos europeos, que exi-
gían establecer legaciones y una apertura del comercio, el Bakufu tuvo
que elegir entre dos métodos políticos. Uno de ellos estaba representa-
do por Ii Kamon no Kami, quien, con un motivo probablemente noble,
eligió el método autoritario. El otro método estaba representado en la
persona de Matsudaira Yoshinaga, daimio de Echizen, que tenía ideas
nacionales modernas y occidentales, y creía que todos los actos de go-
bierno debían basarse en la opinió n pú blica, uno autoritario y el otro
progresista.
A diferencia de Perry, Harris no disponía de medios para hacer cumplir sus exigen-
cias, y durante mucho tiempo las autoridades japonesas se limitaron a ignorar su presencia.
Con el tiempo, su sinceridad y perseverancia se vieron recompensadas; un cambio en el go-
bierno japonés llevó al poder a personas más favorables a las concesiones a Occidente. Ha -
rris persuadió a los japoneses para que firmaran un tratado comercial (véase tratado Ha -
rris) el 29 de julio de 1858. Pronto se firmaron tratados similares entre Japón y otros países
occidentales. Aunque estos acuerdos no estaban exentos de desigualdades, eran, no obstan-
te, más justos que la mayoría de los tratados entre países asiáticos y occidentales de la épo -
ca, en gran parte gracias a los esfuerzos de Harris. Harris dimitió en 1861 y regresó a Nueva
York, donde se dedicó a la política hasta su muerte.
.
dían entre dos o tres miembros. Cuando Yedo se convirtió en kio, -capi-
tal-, y recibió el nombre de Tokio83, un segundo parlamento de doscien-
tos setenta y seis miembros, doscientos de los cuales estaban presen-
tes, se reunió el 18 de abril de 1869. Aunque el estallido de la guerra y
el derramamiento de sangre entre congéneres le decepcionaron pro-
fundamente, perseveró en la labor de unidad nacional y reconstruc-
ció n. Este nuevo ó rgano recibió el nombre de Shiugi-In, o Cá mara de
los Comunes84. Tras debatir varios asuntos de estado, especialmente el
de redactar una Constitució n, e incidir en llegar a compromisos a tra-
vés del dialogo “no por la imposició n de la fuerza”. La poca disposició n
de sus miembros estaba tan alejada, “los unos de otros” con respecto a
las necesidades de la época y a las ideas de los líderes progresistas del
Gobierno, que este germen de parlamento fracasó . Es muy difícil, qué
de la noche a la mañ ana, la intransigencia evolucione a la tolerancia.
84
Esta cámara pasaría a denominarse “Dieta” se convocó por primera vez como Dieta
Imperial en 1889 como resultado de la adopción de la Constitución Meiji. De acuerdo con
esta constitución es el órgano de máximo poder de Japón. Está formada por dos cámaras, la
Cámara Baja o de Representantes y la Cámara Alta o de Consejeros. CAPITULO III. De la Cons-
titución: LA DIETA IMPERIAL, de los artículos 33 al 54.
85
Esta división del territorio fue establecida por el gobierno Meiji en 1871 y se cono-
ce como la abolición del sistema Han
bre de 1887, que se formalizarían; una Constitució n86 en 1889 y en
1890 la constitució n de ambas Cá maras cuyos representantes serían
elegidos por sufragio censitario87.
88
La Constitución Meiji, fue la primera constitución de Japón y la primera en todo el
continente asiático. “La redacción de dicha constitución completa con sus preámbulos, la
podemos leer, en el apartado de Lecturas Complementarias. “La Constitución Meiji fue un
vínculo entre el constitucionalismo y el absolutismo destinado a reforzar la unidad nacional
alrededor del emperador”.
89
Leer carta de Nishino Buntarô, una dirigida a su familia y otra a un periódico, explican-
do los motivos que lo llevaron, a este magnicidio, en Lecturas Complementarias.
ta millones de habitantes de los cuales treinta y ocho vivían en un total
desamparo, es decir que el noventa y cinco por ciento de la població n
no contaba con ningú n derecho. Este noventa y cinco por ciento desde
la llegada del gobierno Meiji, aunque sin casi nada legislado había co-
menzado a disfrutar de algunos derechos, pero fue con la llegada de la
constitució n donde el salto cualitativo fue espectacular. La situació n de
esta mayoría, será determinada por la ley. “Tienen derecho a residir
donde designen y a cambiar de residencia. Salvo delito, no pueden ser
arrestados, detenidos, juzgados ni castigados. Si por algú n delito con-
templado en la ley tienen que ser juzgados, siempre estará n asistidos
de abogado y ante la presencia de un Juez. Se garantiza a todos los ciu-
dadanos el derecho al domicilio, el secreto y la inviolabilidad de las
cartas, la libertad de poder pertenecer y practicar cualquier filosofía o
dogma, libertad de expresió n, escritura, publicació n, reunió n pú blica,
asociació n y petició n dentro de los límites de la ley”, como vemos el
salto que contemplaba los derechos del individuo fue espectacular.
La Dieta “ambas cá maras” se reú nen una vez al añ o, su comienzo,
finalizació n, prolongació n y disolució n es realizada por el emperador.
La Dieta Nacional es el ó rgano má ximo de poder, ésta formada por una
Cá mara Baja o de Representantes y la Cá mara Alta o de Pares. La Dieta
fue convocada por primera vez en 1889. Las deliberaciones son pú bli-
cas. Los ministros de Estado pueden asistir e intervenir en cualquiera
de las dos Cá maras, son responsables ante el emperador y no ante la
Dieta. En la judicatura ejercida por tribunales de justicia en nombre del
emperador, los juicios son pú blicos y los jueces son individuos debida-
mente cualificados, e inamovibles salvo por delito. Los gastos e ingre-
sos del Estado requieren la aprobació n de unos presupuestos del Esta-
do por la Dieta Imperial, pero los gastos fijos basados por la Constitu-
ció n en los poderes que corresponden al emperador, la organizació n de
las diferentes ramas de la administració n y los salarios de todos los
funcionarios civiles y militares, es decir aquellos gastos fijos para el
funcionamiento de la administració n, no podrá n ser rechazados ni re-
ducidos por la Dieta sin el consentimiento del Gobierno. Los gastos de
la Casa Imperial no requieren el consentimiento de la Dieta salvo para
su ampliació n.
El gobierno de Japó n, por tanto, está organizado sobre la base de
la tradició n, con rasgos modernos que siguen el modelo prusiano-ale-
má n má s que el inglés. El emperador y los ministros gozan de un cierto
poder ejecutivo. Bajo la Constitució n está n los propó sitos para seguir
las líneas marcadas por la propia Constitució n. Contra la corriente im-
petuosa de un liberalismo extremo, los conservadores será n los muros
que mantendrá n firme la prerrogativa imperial “la excesiva aceleració n
de los cambios, son algo peligrosos”. Los progresistas comenzará n de
inmediato a reclamar mayores poderes para la Dieta, una base electo-
ral má s amplia y un mayor control de las finanzas. Las revoluciones
só lo se mueven en una direcció n.
La Cá mara Alta, o Cá mara de los Pares, está compuesta en parte
por miembros que han heredado el cargo, en parte por miembros ele-
gidos y en parte por miembros designados. Los miembros de la familia
imperial, los príncipes y los marqueses son cargos vitalicios. Un cierto
nú mero de condes, vizcondes y barones, elegidos por los miembros de
sus respectivas circuncisiones, ocupan el cargo durante siete añ os. Los
miembros ilustrados nombrados por el emperador son vitalicios. Una
característica novedosa e interesante es que, de cada una de las ciuda-
des y prefecturas imperiales, un miembro de cualquier condició n o cla-
se (noble, caballero o plebeyo) es elegido por los quince contribuyen-
tes má s altos, pudiendo ejercer dicho cargo durante siete añ os. El nú -
mero combinado de hombres nominados y elegidos no debe exceder el
nú mero de miembros con títulos nobiliarios.
La Dieta o Cá mara de Representantes se compone de unos tres-
cientos miembros, mayores de treinta añ os, que pagan impuestos na-
cionales por valor de quince yenes, y ocupan el cargo durante cuatro
añ os. Los electores deben tener veinticinco añ os y pagar impuestos na-
cionales por valor de quince yenes. El nú mero medio de representan-
tes de cada prefectura no llega a siete; las má s grandes tienen de diez a
trece miembros, y tres ciudades (Tokio, Osaka y Kioto), doce, diecisie-
te, respectivamente. En 1887 había en el imperio 1.581.726 personas
que pagaban impuestos por valor de má s de cinco yenes, de las cuales
1.488.700 tenían derecho a votar a los miembros de las asambleas lo-
cales. De los que pagaban má s de diez yenes en impuestos había
882.517, de los cuales 802.975 tenían derecho a votar o a formar parte
de las asambleas locales. En estas asambleas locales había 2.172 miem-
bros. El electorado de la Dieta Nacional asciende probablemente a
300.000 personas.
Las elecciones a “Asambleas Locales y a las dos cá maras de la
Dieta Imperial” se celebraron con tranquilidad y orden en julio de
1890, y ahora podemos ver el aspecto general de la primera Dieta Im-
perial y hacernos una idea de la impaciencia de los japoneses por hacer
uso de sus nuevos privilegios. Alrededor del ochenta y cinco por ciento
de los votantes elegibles hicieron uso del sufragio, y el nú mero de can-
didatos en cada distrito varió de dos a quince, habiendo en Tokio no-
venta y dos solicitantes para los doce escañ os, y en otros ochenta dis-
tritos trescientos trece.
La Cá mara de los Pares, o Cá mara Alta de la Dieta Imperial, co-
menzó su andadura el 11 de febrero de 1889. Ito Hirobumi, primer
presidente de esta cá mara y otros miembros del gabinete, para mode-
rar a la Cá mara de Representantes, crearon esta cá mara a semejanza
de la Cá mara de los Lores del Reino Unido. Ya en 1869 se había creado
la figura del rango de par, mediante decreto imperial, en la cual entra-
ron la antigua aristocracia japonesa (kuge, abolida) junto con los má s
poderosos señ ores daimio, esta nueva nobleza japonesa se le denomi-
nó kazoku. En 1884 se reorganizo esta aristocracia a semejanza de la
europea, en cinco rangos, “príncipe, duque, marqués, conde, vizconde y
baró n”. La Cá mara de Pares estaba compuesta originalmente por: El
príncipe heredero, príncipes imperiales, príncipes de menor rango,
marqueses, condes, vizcondes y barones, ademá s de los designados di-
rectamente por el emperador. Durante la primera sesió n de la Dieta
Imperial (1889-1890), existían 145 miembros hereditarios y 106 asig-
nados imperiales y altos contribuyentes, totalizando 251 miembros.90
Entre los candidatos seleccionados para la Cá mara de Represen-
tantes, confluyo una variedad tan grande de opiniones políticas como
de ocupaciones y clases sociales. En una palabra, todas las clases exis-
tentes del pueblo está n bien representadas. Se puede aseverar que se
había conseguido, un grado de “democracia” mucho má s elevado del
que imperaba en algunos países occidentales.
Una vez conseguida una estabilidad política y administrativa en
el interior, Japó n se dispuso a retomar su política exterior, Japó n había
intentado que se revisaran los Tratados Desiguales firmados entre este
y las potencias occidentales, en interés de la justicia mutua. La larga y
fatigosa cuestió n no puede ser discutida ahora, por la propia redacció n
de los tratados, pero probablemente no está ahora lejos de su solució n.
Desde 1881 el nuevo Có digo Penal, basado en los mejores principios de
la jurisprudencia occidental, ha estado funcionando con éxito; y el 22
de abril de 1890 se promulgaron el nuevo Có digo de Procedimiento
Civil y la primera parte del Có digo Civil. Se expone así el fruto de quin-
ce añ os de trabajo de expertos en derecho tanto extranjeros como nati-
vos. Tanto en su contenido, como en el espíritu de su ejecució n, se ma-
nifiesta claramente la sinceridad de los japoneses al prepararse de este
modo para estar a la altura de lo que el mundo espera de ellos. Aunque
las naciones occidentales, pedían y exigían má s, Japó n tenía que de-
mostrar mucho má s en todo, el objetivo era no reconocer el derecho de
Japó n a reclamar la igualdad con las naciones occidentales.
90
Todos los datos de censos de distintos indoles y otros, se han obtenido de fuentes
oficiales del momento, “Oficina Imperial de Estadística de Tokio”.
Durante los añ os de 1889 y 1890, añ os convulsos por la procla-
mació n de la constitució n y su desarrollo, y con la gran presió n social y
de la oposició n sobre el problema de la revisió n de los tratados desi-
guales. Que tanto dañ o hace a la construcció n de una política exterior
ecuá nime, Estos asuntos no han paralizado, un fuerte movimiento para
preservar lo mejor de la vida nacional, tanto en la lengua, el arte, el go-
bierno y toda la vida cultural. Tal movimiento no repudiaba los conse-
jos y lecciones de los extranjeros, pero no querían que su influencia
perjudicara el sen japonés. Ninguna nació n puede ser grande si solo se
limita a imitar y tomar prestado de los demá s. Con una sabia selecció n,
el movimiento nacionalista japonés supo nadar y guardar la ropa. Es
decir, no perder su idiosincrasia su singularidad.
Comenzamos el añ o 1894, han pasado veintiséis añ os desde la
llegada al poder de Mutsuhito-Meiji, en este periodo el emperador y su
gobierno dieron el pistoletazo para el comienzo de la nueva era de Ja-
pó n. Hasta entonces para los extranjeros Japó n era denominado como
el país de las tinieblas. A la llegada de estos, se chocaron con la reali-
dad, Japó n estaba atrasado con respecto a occidente, pero no tanto
como estos creían, aunque no se puede negar que el estudio de lo occi-
dental y la adaptació n de todo tipo de medidas; culturales, políticas,
administrativas o econó micas, ayudaron al lanzamiento hacia un esta-
do moderno, pero también la gran capacidad de aprendizaje y de em-
peñ o de los japoneses. El eurocentrismo occidental, nos les dejaba a
estos, ver má s allá . Gradualmente el alba rompió y se descubrió el ver-
dadero Japó n. Al igual que la salida de Amaterasu la diosa Sol91 de su
cueva “El Sol Naciente”, el emperador irrumpió hacia el deber pú blico.
Hoy Japó n hace honor a su nombre:
El Gobierno comenzó a facilitar sin presió n alguna informació n
sobre temas administrativos y gestió n gubernamental, esto perseguía
dos metas, instruir al pueblo de la nueva deriva política y demostrar a
los occidentales que podían ser interlocutores de igual a igual. Los ja-
poneses, aplicando métodos estadísticos -occidentales- de recopila-
ció n, comparació n, clasificació n e investigació n de sus tesoros naciona-
les, su tierra, su lengua y su historia, se organizaban a sí mismos. En su
voluntad de ser muy claros en su administració n, emitían un “Resumen
de las gestiones realizadas en todos los á mbitos de todas las adminis-
traciones”. Poco a poco con calma, pero sin detenerse en el proceso,
todo fue evolucionando. El mayor y mejor cambio de cara al exterior,
91
Amaterasu Okami, es la diosa del sol en la mitología japonesa. Una de las principales
deidades (kami) del sintoísmo.
fue la separació n de los poderes -ejecutivo, legislativo y judicial-. Nue-
vos planes sociales, industriales y éticos está n en proceso de forma-
ció n. Los japoneses han decidido ocupar su lugar, en el concierto de las
naciones del mundo.
Estas estadísticas anuales, fueron realizadas por Ishibashi, jefe
de la Oficina Imperial de Estadística de Tokio, que a su vez era intér-
prete para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Sus estadísticas estaban
repletas de cifras adecuadamente calculadas, mapas, esquemas, tablas
de pesos y medidas, comparativas, promedios, totales y otros requisi-
tos para el ojo del ciudadano. Datos catastrales, censo poblacional, la
agricultura y la industria, el comercio y las mejoras pú blicas, el trans-
porte por tierra y mar, las finanzas privadas y pú blicas, la educació n, la
religió n, la higiene, las enfermedades, detalles sobre la justicia, la admi-
nistració n de policía, el ejército y la armada, y el servicio civil en el país
y en el extranjero, lo dicho formar e informar al pueblo y a los occiden-
tales.
Nos preguntamos ¿quiénes han sido los forjadores del Nuevo Ja-
pó n? ¿Los propios japoneses o los occidentales? ¿Alcanzaron los japo-
neses por sí mismos, la meta conseguida? La realidad era que la aporta-
ció n de colaboradores extranjeros en Japó n fue amplia, pero también
es notorio la gran capacidad de trabajo, aprendizaje y disciplina de los
japoneses.
Japó n no es ú nico en la historia que cambio un arcaico sistema,
es un caso de transició n, fue una adaptació n profunda. Los extranjeros
contratados por los japoneses fueron importantes en la transforma-
ció n, pero no los ú nicos. El ejemplo de los contribuidores del Japó n de
la era Meiji, ya enumerados y una multitud de anó nimos que mientras
vivieron, fueron abnegados trabajadores en la transformació n.
Mucho antes de la caída del bakufu y la llegada de la revolució n,
los estudiantes y eruditos privilegiados de Japó n fueron a la escuela
holandesa de Nagasaki. Estos europeos “holandeses”, no pretendían
ser ni benefactores ni misioneros, sino só lo comerciantes y algo de
aprendizaje occidental, dando a sus alumnos una materia de otra cultu-
ra. Las demá s potencias denigraban la labor de estos holandeses, pero
la realidad era que estos no podían comerciar como lo hacían ellos, la
labor de los holandeses durante un siglo en difundir la cultura occiden-
tal, fue loable y sin pretenderlo inicio a los japoneses en la bú squeda de
nuevos horizontes políticos y abrió camino a futuros visitantes. Sería
difícil encontrar un solo occidental afincado en los primeros añ os de la
era Meiji “hombre, diplomá tico, líder militar, médico, hombre de cien-
cia, intérprete, autor”, que no estuviera en deuda directa con los holan-
deses.
Transcurridos varios añ os desde la restauració n imperial, se em-
pezaron a vislumbras o a ser má s patente la presencia de profesionales
extranjeros contratados para diversos fines, tanto el gobierno japonés,
como las incipientes empresas privadas, movilizaron un gran ejército
de personal cualificado, contratado en occidente. Los expertos britá ni-
cos organizaron la armada y formaron a los jó venes que ahora son ofi-
ciales y a la marinería -tanto marineros como infantes de marina- así
como artilleros92, crearon y equiparon la ceca de Osaka para la acuñ a-
ció n de su moneda. Los franceses reorganizaron el ejército, codificaron
las leyes y construyeron el astillero de Yokosuka (Kanagawa). Los ale-
manes fueron contratados como profesores universitarios para la en-
señ anza médica superior del país. La reforma de todo el sistema educa-
tivo fue principalmente obra de un puñ ado de americanos. El telégrafo,
los ferrocarriles, los faros; los estudios trigonométricos, geoló gicos y
geodésicos; los métodos mineros mejorados, la reforma penitenciaria,
la reforma sanitaria, la creació n de factorías “seda, algodó n y papel; las
manufacturas de muchos tipos, los laboratorios químicos, las obras hi-
drá ulicas y portuarias, y un centenar de otras mejoras que han enri-
quecido el país. Con este aluvió n de trabajadores extranjeros y con la
libertad que se les dio para residir, como hecho digno de destacar, se
les unió un buen nú mero de misioneros y evangelizadores cristianos
de todas las tendencias, “cató licos, evangelistas, protestantes, ortodo-
xos etc”, a estos misioneros evangelizadores, se les unían varios lastres,
dos muy significativos, su arrogancia como occidentales “eurocentris-
mo” y la creencia erró nea de que eran los salvadores del mundo impío
japonés, que con su filosofía cristiana los iban a conducir por el camino
de la verdad y la salvació n eterna. Nada má s lejos de la realidad, una
cosa era adaptar conocimientos, administració n “modernidad” y otra
mucho má s compleja, convencer a un pueblo con unas filosofías mile-
narias y enraizadas durante milenios93, la gran mayoría de los japone-
92
Japón envió a España, “en esa época” a estudiantes, para poder graduarse como Guar-
diamarinas de Derrota, ellos sabían, que España era el número uno de la navegación por el Pacifico
y que poseía las mejores cartas náuticas para navegar por este océano. Japón quería navegar con
precisión, en su océano.
93
La filosofía/religión en Japón no es un concepto definido, pues los japoneses no
creen en una religión en particular. En cambio, incorporan los rasgos de muchas filosofías en
sus vidas diarias en un proceso conocido como sincretismo. Muchas personas, sienten que la
religión o filosofía en Japón, son la parte de la cultura tradicional. Los japoneses en su gran
mayoría se declaran budistas y sintoístas, por lo que los practicantes son difíciles de separar
entre estas dos filosofías. El cristianismo en Japón, nunca ha llegado a representar más del
1% de sus habitantes.
ses, llenan su vida o pensamiento espiritual con varias filosofías, que
van desde el confucianismo, budismo y sintoísmo. Los misioneros occi-
dentales, intentaron sustituir có digos éticos confucianos y chinos por
ideales má s “nobles”, los evangelizadores del cristianismo, pretendían
preparar a la nació n japonesa para la adopció n de una forma de civili-
zació n occidental basada en su superioridad, en todos sus á mbitos.
Sin embargo, la pérdida, o má s bien la aceleració n retardada del
progreso, no significa "ningú n cambio real de propó sito en la mente
nacional." "Japó n para los japoneses" no significa má s que un sano pa-
triotismo, que la epidermis tuviera una apariencia occidental, no que-
ría decir que la dermis y la hipodermis lo fueran, al contrario, empezó a
fluir un impulso de nació n, que antes o no se tenía o no se intuía. Un
orgullo nacionalista de ser japonés.
Estamos en 1894, hagamos un repaso de la historia política y
veamos cuá l ha sido su trayectoria. Indagaremos qué hay en el fondo
de la incesante agitació n en la política nacional, especialmente en la
larga pugna, no entre el pueblo y el trono, sino entre el pueblo y el Go-
bierno.
Desde la firma del tratado de Kanagawa en 1854, hasta la fecha
han pasado cuarenta añ os, la firma del tratado propicio el pistoletazo
de salida para los clanes, contrarios al Bakufu, principalmente los de
Satsuma y Choshu, de hecho, estos clanes son los que bajo las distintas
formas de gobierno, han gobernado el imperio del mikado. Llegaron
hasta Kioto e inauguraron el Nuevo Japó n. Tuvieron que pasar veinti-
dó s añ os para que se cumpliera la promesa del juramento imperial de
convocar un parlamento. Esa tan esperada asamblea que representa
desde los nobles al pueblo llano, fue en parte una contenció n al país
gobernado desde 1868 por los citados clanes. La historia de las dos
elecciones y de las cinco sesiones es la de una lucha entre los partidos
liberales y el Gobierno o, má s exactamente, del pueblo contra los dos
poderosos clanes atrincherados tras el trono.
El sistema Dajokan vigente desde 1873, era un gobierno con un
poder muy centralizado, aunque esta centralizació n no impedía tener
enfrentamientos con la oposició n de otras regiones y sus lideres, in-
cluidos los otros protagonistas de la Restauració n que por una u otra
razó n habían sido apartados del grupo de los dirigentes, aunque a par-
tir de 1877, este gobierno había emprendido profundas reformas; tan-
to econó micas como sociales, tenemos que tener en cuenta que Japó n
tenía que defenderse de las fuertes exigencias extranjeras “evitar ser
colonizada” y ellos sabían que la mejor vía para conseguir dicha inde-
pendencia era evolucionar hacia una estructura de gobierno constitu-
cional, que en añ adidura lo llevaría a conseguir un mayor apoyo popu-
lar, pero eran conscientes que todos esos cambios, no se podían reali-
zar en un breve periodo de tiempo. Pero también tenían claro que to-
dos no podían gobernar o pertenecer al aparato del estado, esto generó
quejas populares, auspiciadas por gente preparada para este tipo de
oposició n, de hecho, esta oposició n o movimiento opositor “denomina-
do minken” ayudó a enderezar en parte la forma de gobierno.
Los resultados netos de cuatro sesiones parecen en principio casi
triviales, y la historia se cuenta pronto. En la constitució n de la primera
sesió n de 1890/1891, la hostilidad de la Oposició n fue contra el gabi-
nete dirigido por el príncipe Yamagata Aritomo (Choshu). El segundo
período de sesiones de 1891/1892 comenzó de forma aú n menos espe-
ranzadora para el Gobierno, tras una dura oposició n, terminó en diso-
lució n. Los partidos Kai-shin y Jiyu se unieron en una oposició n tan im-
placable que los ministros del gabinete pronto se dieron cuenta de que
la situació n escapaba a su control, por lo que, invocando la interferen-
cia ejecutiva del Emperador, apelaron al país a través de nuevas elec-
ciones. No se puede decir hasta qué punto la influencia activa del go-
bierno fue utilizada injustamente para asegurar un temperamento má s
dó cil en la Dieta, pero es evidente no só lo que el distanciamiento entre
las clases populares y oficiales aumentó , sino que el gobierno se sintió
amargamente decepcionado por los resultados. La nueva Dieta se inau-
guró el 6 de mayo de 1892. Aunque en esta tercera sesió n no se discu-
tieron los presupuestos del Estado, el Gobierno se libró de una oposi-
ció n dura, al recibir una reprobació n mucho má s leve y mejor prepara-
da para dichos fines. Se nombró un nuevo gabinete muchos má s ecuá -
nime y moderado, elegido por el Emperador y compuesto por tecnó -
cratas. Fue dirigido por el veterano Ito Hirobumi, "padre de la Consti-
tució n" y autor del mejor comentario escrito sobre ella, mientras que
Inoue Kaoru se convirtió en ministro del Interior. Durante meses, sin
embargo, las fuerzas de la oposició n fueron tan numerosas que el pro-
blema se planteó entre la disolució n o el compromiso. Se insistió en
una reducció n del presupuesto. Al final todo se reducía a las distintas
formas de distribució n de los Presupuestos del Estado y que forma de
gobernar se imponían.
La batalla se libra aparentemente en torno al presupuesto, pero
las verdaderas cuestiones en juego son éstas: ¿Debe el gobierno del
país estar formado por un partido político, segú n el modelo britá nico, o
segú n el método prusiano? ¿El Gobierno es responsable ante la Dieta, o
ante el Emperador? ¿Debe estar el poder en manos de una oligarquía
formada en gran parte por dos clanes, o debe suprimir el espíritu de
clan y gobernar el Emperador y su pueblo? ¿Qué estamos analizando?,
es muy simple, estamos viendo como los nuevos políticos de cualquier
rango, está n aprendiendo como se administra una nació n desde los dis-
tintos puntos de vistas. No es igual aprobar una constitució n que saber
desarrollarla y unos y otros estaban aprendiendo sobre la marcha.
Las dificultades vienen de una administració n heredada y de va-
rios siglos en funcionamiento, Tokugawa Ieyasu cuando llego al poder,
tuvo que lidiar con los distintos clanes, e impuso sus criterios a los de-
má s mediante la imposició n junto con sus aliados de la fuerza. La intro-
misió n de los extranjeros fue la escusa que necesitaron. Ademá s de de-
volver el poder al Mikado, estos clanes se posicionaron e hipotecaron
el poder de gobernar. La visió n de los residentes extranjeros, mostró
hasta qué punto los japoneses practicaban el nepotismo. Al comenzar
el añ o 1895 después de veintisiete añ os de la restauració n, las listas de
funcionarios y empleados del gobierno muestran que los hombres de
só lo dos clanes, Satsuma y Choshu, siguen ocupando la mayoría de los
cargos má s deseables. Durante los ú ltimos añ os, el poder político japo-
nés ha sido una oligarquía cimentada en el espíritu del clan. Esta es la
verdadera lucha del pueblo contra el Gobierno, de la Cá mara Baja de la
Dieta contra los ministerios. Por poner un ejemplo durante el añ o 1893
el esfuerzo ha sido especialmente para reformar la marina, que su per-
sonal, es virtualmente una organizació n de hombres de Satsuma94. Por
grandes que hayan sido los servicios de los ilustres estadistas de los
periodos Meiji, es evidente que el pueblo cree firmemente que los nue-
vos tiempos y problemas exigen una renovació n, y que el espíritu de
clan es ahora un anacronismo que no debe tolerarse. Hay que romper
una lanza en favor de estos clanes, de todos ellos, estos eran los mejor
preparados y los que mejor se podían adaptar a los nuevos tiempos
que corrían, aunque su tiempo estaba llegando a su fin.
No todos eran adictos al clan, como Ito Irobumi, Inoue Kaoru y
otros, pero que antepusieron la fidelidad al clan, por la fidelidad al país
y al emperador con capacidad y fidelidad, pudiendo prever las necesi-
dades de la nació n. A estos fieles defensores de Japó n, se debe gran
parte del mérito del notable progreso en riqueza, població n y prestigio.
Pues, a pesar de todas las conmociones, peligros y calamidades, el au-
mento fue notablemente grande. Mientras que en 1872 la població n del
imperio era de algo má s de treinta y tres millones de habitantes, el cen-
94
Lo que nadie ignoraba, “tanto gobierno como oposición” es qué a la llegada de la
Restauración Meiji, solo Satsuma disponía de algún buque de guerra y con un personal cuali-
ficado para el gobierno de estas naves, el resto de Japón incluido el gobierno central, care-
cían de una Marina o buques de Guerra y de los mínimos requisitos en la gobernabilidad de
estos buques.
so veinte añ os después, era de 41.089.94095 de ciudadanos. Todo pro-
piciado por el gran aumento del; suministro de alimentos, del ahorro,
de las manufacturas, de las minas, del comercio y de la industria de
todo tipo. La riqueza nacional se duplicó en diez añ os. Este gran creci-
miento se pudo poner a prueba en la Exposició n Mundial Colombina
celebrada en Chicago en 1892 donde Japó n destacó y asombró .
Hasta ahora, el pueblo, tal como está representado en la Dieta, ha
ganado representatividad, ahora por lo menos a través de sus repre-
sentantes habla y se le escucha. Dentro de la Dieta había partidarios,
que querían que continuara el reino de la fuerza, desafiar a la Dieta y
rescindir la Constitució n, estos y sus ideas fueron dispersados. Hom-
bres de ideas moderadas se han hecho con el control. Con estos mode-
rados dirigidos por Itagaki Taisuke96, líder por una campañ a pacífica,
está n dispuesto a cooperar. Todavía está n dispuestos a esperar y no
precipitar una crisis. En definitiva, era una oposició n con el propó sito
de finiquitar el poder de los clanes, a través del dialogo dentro la Dieta.
Aunque muy pronto otros acontecimientos tomarían protagonis-
mo. Estos acontecimientos, no son otros que lo que se denominaría “La
Primera Guerra Sino-Japonesa”, que se desarrolló desde el 1 de agosto
de 1894, hasta el 17 de abril de 1895, cuyo principal motivo que aboco
al conflicto, fue el dominio de Corea, primero como país tributario y
que al final pasaría a ser colonia de Japó n.
Desde la Revolució n Meiji, Japó n no solo busco asimilar los cono-
cimientos de occidente, ademá s quiso emular a las occidentales en mu-
chos aspectos y siguiendo esta corriente, buscó tener colonias y ade-
má s de Taiwá n y las islas Ryukyu, puso sus ojos en Corea. Perseguía
varios objetivos; desplazar a China, evitar que Corea fuera dominada e
invadida por potencias extranjeras, con el peligro que suponía para Ja-
pó n, este dominio consistiría en el dominio de sus recursos y la refor-
ma del gobierno coreano, conforme a los intereses japoneses. Por otro
lado, China trataba de mantener su control sobre el ú ltimo, mayor y
má s antiguo de sus Estados vasallos. Ademá s, desde el tratado de Gan-
ghwa de 1876 entre Japó n y Corea, los chinos habían perdido parte de
su influencia, por lo que unos cuantos gobernadores chinos declararon
la guerra a Japó n.
95
Datos del censo oficial de habitantes realizado en 1892 y publicado en el Boletín
Oficial de la Duma.
96
Intervención y parte de su discurso en la Dieta “….Nosotros, los treinta millones de
personas en Japón somos totalmente iguales en la entrega de ciertos derechos definitivos, so-
bre de los cuales están el disfrute y la defensa de la vida y la libertad, el adquirir o poseer una
propiedad, y de obtener un sustento y la búsqueda de la felicidad. Estos derechos son por natu -
raleza consagrados a todos los hombres, y en consecuencia, no pueden ser tomados por el po-
der de otro hombre….”.
Aunque los observadores extranjeros habían pronosticado una
victoria fá cil para las masivas fuerzas chinas, los japoneses se habían
modernizado mejor y estaban mejor equipados y preparados. Las tro-
pas japonesas obtuvieron rá pidas y abrumadoras victorias tanto en
tierra como en mar. En marzo de 1895, los japoneses habían invadido
con éxito la provincia de Shandong y Manchuria y habían fortificado
puestos que dominaban los accesos marítimos a Pekín. Los chinos pi-
dieron la paz.
En el Tratado de Shimonoseki, que puso fin al conflicto, China
reconoció la independencia de Corea y cedió Taiwá n, los Pescadores
colindantes y la península de Liaodong en Manchuria.
China también acordó pagar una cuantiosa indemnizació n y con-
ceder a Japó n privilegios comerciales en territorio chino. Este tratado
fue posteriormente modificado en cierta medida por la imposició n
rusa, por el recelo de este a la expansió n japonesa, Rusia consiguió el
apoyo de Francia y Alemania lo que obligó a Japó n a devolver la penín-
sula de Liaodong a China. Japó n en su política expansionista, había ga-
nado otro opositor. El pró ximo objetivo a conseguir, era la derogació n
de los Tratados Desiguales, aunque como vemos Japó n estaba aplican-
do a los demá s, lo que los occidentales le habían hecho a él, pero ya co-
nocemos lo que la regla no escrita dice, “Haz lo que yo te diga, pero
nunca lo que yo haga”.
1895 fue el añ o en que Japó n entro en la primera divisió n de las
potencias mundiales, era el ú nico país no occidental que ostentaba di-
cho privilegio.
En medio de este fragor parlamentario y bélico, llega el añ o 1895
y el Tei Koku Nippon (Imperio Japonés) se propone conmemorar ese
añ o, la capitalidad de Kioto y a su vez exponer al mundo los grandes
logros alcanzados. Ese añ o coincide con el milenio de la fundació n de la
que fue la capital imperial “Kioto”97. Hace mil añ os, en el castillo de Hei-
an, el Mikado fijó su residencia a su alrededor, como centro de autori-
dad, y Kio "Capital de la Flor" progreso y se desarrolló como una gran
urbe.
¿Cuá l es la evolució n desde 1895 hasta 1905? ¿Por qué, estos
añ os? Este periodo Meiji, comprende desde la primera Guerra Sino-Ja-
ponesa, hasta la primera Guerra Ruso-Japonesa “periodo entre gue-
rras”. Donde Japó n se consolida como una potencia dentro del á mbito
del Asia Oriental. Los japoneses y su gobierno se autodenominaban
como “Imperio”, es en esta década cuando de verdad nace el Tei Koku
97
Con el traslado del Mikado y su gobierno a Tokio en 1868, oficialmente nunca se
formalizado el nombramiento de Tokio como capital, ni la abolición de Kioto como tal.
Nippon (Imperio Japonés), en realidad no existe un imperio, sino se
tienen posesiones, colonias o países tributarios. Japó n en estos añ os y
con la derrota de China, Japó n comienza a consolidar la palabra impe-
rio en una realidad tangible.
Lo primero a destacar, es que tras el triunfo sobre China y su
consolidació n, ya no como potencia má s bien como país a tener en
cuenta, al triunfo de la contienda le tenemos que añ adir las consecuen-
cias o el precio que se pagó ; ademá s del cuantioso gasto econó mico, en
su balance Japó n aporto 13.026 muertos “sumados los caídos en com-
bate y los fallecidos por enfermedad” y algo menos de 4.000 heridos.
La opinió n pú blica, no era de gran regocijo, la de los soldados no exis-
tía, ya se había encargado Yamagata Aritomo, de redactar un edicto por
lo que las fuerzas armadas no podían entrar ni opinar en política y su
deber y culto inquebrantable al Mikado “emperador”. La lealtad y la
obediencia al emperador era incuestionable.
Los logros tras el Tratado de Shimonoseki, fueron significativos,
Corea deja de ser un estado vasallo de China. La península de Corea
pasa a estar bajo influencia japonesa, “fue el detonante principal de la
contienda”, China cedió Taiwá n, las islas de Los Pescadores y la penín-
sula de Liaodong en Manchuria, esta ú ltima cesió n no gusto nada al Im-
perio Ruso, pues veía que Japó n con esta cesió n se acercaba demasiado
a sus zonas de influencia, Rusia le venia a decir a Japó n “yo puedo, tu
no”. Rusia con la ayuda de Alemania y Francia, obligaron a Japó n a re-
nunciar a los territorios en Liaodong, este hecho por parte de Rusia
enojó a Japó n y este paso, no fue bien visto por el gobierno japonés y
paso a tenerlo como un rival muy cercano, de China se había pasado a
Rusia, como su rival principal.
Este hecho, sin proponérselo “beneficio” a Japó n. El Imperio Bri-
tá nico desde la mitad del siglo XIX hasta principios del XX, había conso-
lidado su imperio, en esos momentos era la primera potencia a nivel
mundial, pero tal extensió n de territorio, ya fueran como colonias o
como países tributarios, se estaban volviendo incontrolables. En el sur
de Asia, Gran Bretañ a, lo tenía controlado, pues ellos y las demá s po-
tencias europeas ya se habían repartido el pastel y sus á reas de in-
fluencia, pero Gran Bretañ a, comenzó a tener problemas con el Imperio
Zarista, principalmente en Asia central, en su frontera de Afganistá n,
justo en la puerta trasera del subcontinente indio, previendo futuros
problemas comenzó a fraguarse un convenio con Japó n, tratando de
controlar el expansionismo, sobre todo ruso.
Ya antes de la contienda con China, Japó n había firmado un trata-
do con Gran Bretañ a el 16 de julio de 1894, era un nuevo tratado de
intenciones sobre el comercio y la navegació n, “aunque no entro en vi-
gor hasta cinco añ os después” en concreto el 17 de julio de 1899, lo
má s digno a destacar fue que a partir de la entrada en vigor del citado
tratado, los Tratados Desiguales y el sistema de extraterritorialidad,
quedaban derogados, por lo que los ciudadanos britá nicos en Japó n,
quedaba supeditados a la legislació n y jurisdicció n de los tribunales
japoneses, en lugar de los britá nicos, ademá s de lograr la igualdad
aduanera entre ambos países. Con la firma de este tratado, Japó n pudo
comenzar a renegociar con las demá s potencias occidentales.
La firma de este tratado y las consecuencias de la Guerra con Chi-
na, dio pie a que Gran Bretañ a y Japó n, comenzaran a negociar un tra-
tado má s amplio, una alianza anglo-japonesa.
Esta alianza se hizo realidad en Londres el día 30 de enero de
1902, tal alianza ya no era solo comercial, tal alianza era de colabora-
ció n militar entre ambos países, es decir que la una apoyaría a la otra
en caso de guerra. Estaba claro las intenciones de ambos, imposibilitar
la expansió n del Imperio Ruso, en el Mar Amarillo, China y el Pacífico.
¿Por qué, no entra Gran Bretañ a en la guerra entre Rusia y Ja-
pó n?
Características
El objetivo principal de ambos países era el de contener los intentos de expan-
sión del Imperio ruso en el mar Amarillo, que se juzgaban malos tanto para los
intereses japoneses como británicos en China y el Pacífico. El Imperio
Ruso trató de contrarrestar este pacto ofreciendo uno similar a los gobiernos
de Francia y el Imperio alemán, que sólo fue suscrito por la primera. Esto pro-
bablemente impidió que la guerra ruso-japonesa (1904-1905) excediese el tea-
tro asiático y se convirtiese en un conflicto mundial, ya que Francia y Reino
Unido habían suscrito sus propios tratados de alianza entre sí y acordaron la no
intervención en el conflicto. La alianza sí sancionó, no obstante, la entrada
de Japón en la Primera Guerra Mundial a petición del Reino Unido en 1914.
Otras excepciones acordadas por Japón y el Reino Unido fueron que el Reino
Unido nunca auxiliaría a Japón en caso de enfrentamiento con Estados Uni-
dos y que Japón jamás se inmiscuiría en una guerra puramente europea (la
excusa para entrar en la Primera Guerra Mundial fue, fundamentalmente, la
disputa sobre el puerto chino de Tsingtao ocupado por los alemanes).
Acuerdo Yamagata–Lobanov
Japon-rusia
98
Para algunas aclaraciones e interpretaciones sobre los biografiados ver capítulo de
“lecturas Complementarias”.
99
El Período Sengoku: (Período de los Estados en guerra) es un período muy largo
de guerra civil en Japón. Comenzó a finales del periodo Muromachi en la guerra de Onin, que
se prolongó de 1467 a 1478. La paz definitiva no llegaría hasta 1615, con el triunfo del clan
Tokugawa y el inicio del periodo Edo.
que con su esfuerzo y lucha lograron que Japó n, consiguiera comenzar
a ser una nació n y no un territorio de feudos.
織田 信長
豊臣秀吉
Toyotomi Hideyoshi: Fue el segundo de los “tres grandes
unificadores de Japó n”. Nació en Nakamura el día 2 de febrero de 1537,
falleció el día 18 de septiembre de 1598 en la ciudad de Fushimi, fue
un daimio del periodo Sengoku. Es conocido por su empeñ o de invadir
Corea y lograr someterlo como país tributario y por haber dejado un
abundante legado cultural, impuso la restricció n de que solo miembros
de la clase samurá i pudieran portar armas. De origen humilde, era hijo
de un granjero-campesino, Toyotomi Hideyoshi se convirtió en uno de
los hombres má s importantes de su época, no fue nombrado Shogun,
pero gobernó el país desde 1585 hasta su muerte en 1598, sus refor-
mas políticas pacificaron efectivamente el país y sentaron las bases
del futuro shogunato Tokugawa.
Cuando aú n era un niñ o, se fue de casa a la provincia de Totomi y
se convirtió en un servidor del daimio. Después de un breve período, se
alisto como soldado de infantería del ejército del líder japonés Oda No-
bunaga. Pronto consiguió ser ascendido a samurá i. Cuando Oda Nobu-
naga comenzó su campañ a para dominar el centro de Japó n en 1568,
Toyotomi Hideyoshi, participó en muchas de las batallas, siendo parte
muy activa, en la lucha emprendida por su señ or. En septiembre de
1573, al derrocar a dos poderosos daimios, Hideyoshi se convirtió en
señ or de Nagahama, provincia de Omi, anteriores dominios de la fami-
lia Asai.
A partir de 1577, por orden de su señ or, Toyotomi Hideyoshi se
embarcó en la represió n del oeste de Japó n, durante la cual invadió la
provincia de Bitchu. Operando desde una base en el castillo de Himeji
en la provincia de Harima, asedió al daimio Mori Terumoto en Takama-
tsu. En 1582, Oda Nobunaga se suicidó después de una traició n encabe-
zada por uno de sus generales, en el cual había depositado toda su con-
fianza Akechi Mitsuhide; Hideyoshi inmediatamente hizo las paces mo-
mentá neamente con Mori Terumoto, trasladandose al este para vengar
a Nobunaga y derrotar a Mitsuhide, lo que logró en la Batalla de Yama-
zaki.
En una conferencia de los principales sirvientes de la familia
Oda, Hideyoshi insistió en que el nieto de Nobunaga fuera el heredero
como jefe de la familia Oda, en oposició n a dos poderosos vasallos de
su difunto líder que apoyaban al tercer hijo de Nobunaga. En 1583, Hi-
deyoshi derrotó a uno de estos vasallos y le permitió suicidarse. Des-
pués de someter varios opositores importantes, Hideyoshi construyó
un castillo en Osaka en el mismo añ o. Luego se embarcó en su intento
de conquistar todo Japó n en un esfuerzo por completar el trabajo de
Oda Nobunaga, unificar el país después de má s de dos siglos de guerra
feudal. Al añ o siguiente, libró una batalla contra Tokugawa Ieyasu, un
poderoso daimio y partidario del segundo hijo de Nobunaga. Al no ha-
ber un claro ganador, los dos líderes acordaron una alianza, finalmente
pudo conseguir la lealtad de Tokugawa Ieyasu, que le reconoció como
sucesor de Oda Nobunaga.
En 1585, Hideyoshi fue nombrado kampaku (canciller del em-
perador) y luego se convirtió en dajo-daijin (primer ministro). El em-
perador le otorgó el apellido de Toyotomi, por lo tanto, pasó a llevar el
nombre de Toyotomi Hideyoshi. Poco tiempo después, hizo las paces
definitivamente con Mori Terumoto, quien nuevamente se había con-
vertido en su antagonista, conquistó las grandes islas de Shikoku y
Kyushu. Logró algunas de sus victorias con la ayuda de Tokugawa Ieya-
su. Después de someter, con la ayuda de Tokugawa Ieyasu, los distritos
de Kanto y Ou en el este en 1590, se convirtió en jefe de una alianza de
daimios, lo que se tradujo en un gobierno de unidad nacional, casi ha-
bía conseguido la unificació n total de Japó n.
Al comienzo de su gobierno impuso medidas como la katana
kari "caza con espada" para hacer cumplir la prohibició n del uso de ar-
mas por parte de granjeros, comerciantes y monjes y la ley shiro wari
“destrucció n de castillos o reducció n del nú mero de castillos”, para
destruir bastiones innecesarios en todo Japó n. También introdujo shi-
no-ko-sho, congelando las distinciones de clase al separar a guerreros,
granjeros, artesanos y comerciantes, y permitir que cada clase viviera
en diferentes á reas de un pueblo o aldea para promover el estableci-
miento ordenado de una sociedad feudal. Ademá s, realizó kenchis “es-
tudios de terrenos agrícolas para averiguar su tipología productiva”
eliminó los retenes viales para promover el transporte. Se alentó el de-
sarrollo de recursos minerales para que la acuñ ació n, de moneda en
circulació n ayudara a promover el comercio.
Tras conquistar todo Japó n, Hideyoshi confió el puesto de kam-
paku a su sobrino, Toyotomi Hidetsugu, asumiendo en adelante el títu-
lo de taiko, la designació n de un kampaku retirado. Luego se preparó
para invadir Corea. Segú n los informes, su objetivo final era la conquis-
ta de China, Filipinas e India, pero incluso el control de la península de
Corea, que invadió por primera vez en 1592, no fue posible ya que las
fuerzas de Japó n eran totalmente inadecuadas para una empresa de tal
magnitud. Después de una paz temporal con China, que finalmente se
rompió , Hideyoshi en 1597 organizó una segunda invasió n de Corea.
Murió a la edad de 62 añ os de enfermedad, profundamente perturbado
por los resultados desfavorables de la guerra de Corea.
Hideyoshi no tuvo descendencia con su esposa, pero tuvo un
hijo de una concubina. Sin embargo, a la muerte de Hideyoshi, el hijo
solo tenía cinco añ os; dos añ os má s tarde, Tokugawa Ieyasu tomó las
riendas del gobierno y en 1603 fundó el shogunato Tokugawa, apoyado
por un gobierno militar.
Debido a los orígenes humildes de Hideyoshi, se decía que era
analfabeto e inculto. Sin embargo, era autodidacta con respecto a su
educació n, mostrando facilidad para componer poesía. Estudio a fondo
las obras del teatro clá sico y estudió á vidamente la ceremonia del té
con el maestro Sen no Rikyū 100, realizando con frecuencia tales ceremo-
nias para demostrar su habilidad. Después de su muerte, sus políticas
de unificació n nacional fueron seguidas por Tokugawa Ieyasu, y se con-
virtieron en la base de la “dictadura pacífica” de la era Tokugawa.
徳川 家康
Sen no Rikyū es considerado como la figura histórica de mayor influencia en la
100
Este cuando llego al poder, instauro el rehén del primogénito y heredero de los daimios,
101
105
La traducció n de su testamento, se puede leer en el capítulo de Lecturas Complementa-
rias.
Esta herencia Tokugawa Ieyasu la supo rentabilizar para su clan,
convirtiéndolo en uno de los má s poderosos de Japó n. Durante todo
este periodo dominaron todo Japó n. Desde su llegada al poder y co-
menzara el shogunato Tokugawa, hasta su extinció n en 1868. En este
período de dos siglos y medio, se caracterizó por una paz relativa. Fue
un digno protagonista de su periodo, unificador y pacificador de Japó n
y fundador de un gran clan.