NEOCLASICISMO
Las manifestaciones artísticas también sufrieron la imposición de la Razón como
nueva forma de vida. El Neoclasicismo es el nombre con el que se conoce al canon
artístico de la época correspondiente a la Ilustración, surge como tal en el siglo
XVIII y como reflejo de la ideología científica y filosófica.
Lo bello fue sustituido por la forma, se eliminaron los adornos, considerados
superfluos porque podían llevar a la ambigüedad, y la literatura en su carácter
educativo fue destinada a los jóvenes y, como pasatiempo, a las mujeres
aristocráticas, al igual que el aprendizaje de otras artes. Los hombres debían dedicar
su tiempo y su aprendizaje en cosas útiles, como ciencia, filosofía o técnicas
laborales.
Algunos literatos del Neoclasicismo también fueron teóricos de la Ilustración como
modelo social y el Enciclopedismo, por ello no es raro observar nombres
importantes en ambos casos, como serían Voltaire, Rousseau, Montesquieu,
Diderot, en el caso de Francia, autores que evitan a toda costa mencionar a Dios, a
menos que sea para ridiculizar a los personajes y contraponerlos con aquellos que
servirían de ejemplo ilustrado, en cuanto a novelas o cuentos. En el teatro, Molière,
Racine y Corneille fueron los referentes para satirizar las conductas desaprobadas
en la sociedad, que no fueron teóricos ilustrados; la fábula, retomada de los griegos,
se muestra moralizante en algunos textos de Jean de la Fontaine.
La censura estuvo presente, pues los ilustrados creían que si llegaban textos
fantasiosos a los jóvenes y señoritas podrían corromperse. Así que la literatura que
se publicaba debía revisarse, y aquellos libros que no estuvieran en sintonía con la
Ilustración fueron prohibidos, recortados, perseguidos o distribuidos con reservas,
a los que nombraron Libertinos. Dentro de esa lista destacan los de corte erótico o
sexual, pues eran considerados escandalosos y capaces de corromper,
principalmente, a las señoritas de la aristocracia. Algunos de los autores censurados
en esa línea son Andréa de Nerciat, Restif de la Bretonne, John Cleland y, por
supuesto, el Marqués de Sade. Quizá dentro de la literatura y filosofía censurada es
Sade el que causó mayor controversia, no sólo por lo explícito de su narración de
parafilias, sino por el cuestionamiento de los personajes de la época, mostrados con
una doble moral o explícitamente perversos, en más de un sentido, así como por
cuestionar las teorías de control social.
En la literatura, el Neoclasicismo se volvió tan rígido y objetivo (carente de
emociones o sorpresas) que los artistas, poco a poco, comenzaron a crear obras
con temáticas rechazadas o censuradas, para dar paso al Romanticismo.
EL ROMANTICISMO
Cuando la Ilustración llevó al extremo el uso de la razón a partir de reglas, cánones
estrictos al imponer una censura intelectual y científica, surgió en Alemania a finales
del siglo XVIII una propuesta estética que incluía la visión filosófica y social de
retomar las tradiciones populares o folclor
El Romanticismo, cuando retoma dichos temas, encuentra formas ilimitadas de
creación artística bajo los ideales de exaltación de sentimientos, el yo en una
expresión exacerbada, retoma dioses antiguos o al Dios cristiano, pero siempre con
su contraparte demoniaca, aparecen figuras monstruosas rescatadas de tradiciones
populares, el gusto por lo sombrío y lúgubre inspirado en el gótico medieval,
algunos de los pensadores del Romanticismo habían propuesto la masificación del
arte, es decir, que todas las personas tuvieran acceso a éste, situación que orilló a
una serie de creadores y críticos a sostener que el arte debería ser elitista.
La propuesta estética de élite encontró su expresión en tres movimientos (surgidos
en Francia): el parnasianismo, el simbolismo y el decadentismo. Estos movimientos
fueron representados por escritores que un texto bautizara como Poetas Malditos,
término que se aplicaría a distintos poetas por sus posturas novedosas y radicales
entre los que se encuentran Charles Pierre Baudelaire, Arthur Rimbaud, Paul
Verlaine y Stéphane Mallarmé.
A pesar de que el Romanticismo abarca un periodo breve, prácticamente el siglo
XIX, es un movimiento complejo y con muchos artistas, por lo cual es difícil
describir todas las manifestaciones, pero podría afirmarse que se trató de un
movimiento que abogó por la libertad creadora e intentó romper las normas
estrictas en las que había caído la Ilustración.
REALISMO Y NATURALISMO
El siglo XIX, en su aparente tranquilidad, permitió la diversidad de manifestaciones
artísticas.
Gustav Flaubert es considerado uno de los mejores novelistas del Realismo, ya que
no sólo se centró en narrar de forma detallada sus historias y reflejar las costumbres
de la época, sino porque también fue uno de los primeros en teorizar en cuanto a
técnicas narrativas y ponerlas en práctica, pues ya se había hecho en teatro y poesía,
pero no en cuento y novela. Sus ideas son fundamentales, pues pone énfasis en lo
que él llama la “palabra exacta”, pues afirma que para acercarse a la realidad es
necesario emplear una palabra que sea inherente al objeto o a la situación, y no una
aproximación, pero tal tarea puede tomar mucho tiempo. Otra parte fundamental
en su escritura era la “frase justa”, pues señala que sólo debe describirse lo que es
esencial para la historia, por ejemplo, si lo importante es la escena que se desarrolla
al interior de una casa, no es necesario detenerse a describir la llegada de cada uno
de los comensales o sus vestimentas, a menos que jueguen una parte importante
para esa escena o posteriores. Estaba obsesionado con la perfección, por lo que él
mismo decía (en cartas a amigos suyos) podía escribir más de una docena de
cuartillas en una sola noche, pero al corregirlas podía quedarse sólo con una frase y
desechar lo demás. La obra más conocida, aunque no la más importante, es Madame
Bovary y que se ha convertido en un referente en cuanto al Realismo.
En el auge del Realismo, surgió otra corriente emparentada llamada Naturalismo.
Las características son muy similares, incluso llega a confundirse con aquél, pues
también busca el reflejo de la realidad mediante la observación acuciante del
entorno de los personajes o de la historia, extensas descripciones, aunque de forma
común se dice que intenta reflejar los aspectos sublimes y vulgares, retratando la
crudeza de la sociedad de la época; sin embargo, por una cuestión de mínimas
diferencias, el Naturalismo se empeña en emplear el método científico para la
narración, más aún, desde el momento mismo en que el autor concibe la obra y la
plasma, teniendo como modelo el positivismo. Para ejemplificar la sutil diferencia,
el Realismo, al describir un jardín, podría ser de la siguiente manera: al fondo de la
casa hay una puerta que, al abrirla, permite el espectáculo de un jardín grande, con
pasto bien recortado, un par de bancas metálicas ubicadas bajo la sombra de
árboles frondosos y, en el perímetro del verde espacio, están sembrados rosales con
flores de distintos colores, rojo, blanco, amarillo, para deleite de la mirada curiosa.
Ahora, el Naturalismo podría describir el mismo jardín de otra manera: el salón
principal tiene una puerta de madera de dos hojas en su muro norte; al traspasarlo,
se aprecia un área al aire libre de treinta metros cuadrados, resguardada por muros
de tres metros de altura.
El Naturalismo también está influido por el evolucionismo de Darwin y el
determinismo, por lo que los personajes, a partir de características físicas o por el
estrato social al que pertenecen, tendrán una conducta ya esperada. Dentro los
teóricos del movimiento y representantes, está Émile Zola, quien hace explícitas las
características en su texto La novela experimental, en donde señala que las historias
contadas deben ser a la manera documental.
Debe señalarse que el Realismo y Naturalismo no sustituyen al Romanticismo, pues
los tres movimientos conviven en la segunda mitad del siglo XIX, pero la
diversidad de visiones creadoras permitirá un desarrollo y cambio que será palpable
a inicios del siglo XX.
LAS VANGUARDIAS
La Primera Guerra Mundial dejó, sobre todo, una espesa desilusión, se había roto la
promesa de la Modernidad el uso de la ciencia y la tecnología para llevar a la
humanidad a su plenitud, el progreso.
Los años veinte fueron conocidos por todo esto como los años locos. Como una
caótica salida de diminutas arañas de su madre muerta, así salieron diversas
expresiones artísticas del lomo de la guerra. A estas expresiones se les conoce como
Vanguardias.
Irónicamente, el término “vanguardia” tiene origen militar. La palabra nace en la
Edad Media para referirse a las tropas que iban al frente. Los vanguardistas
deseaban dejar en la retaguardia a los artistas encantados por la Modernidad y
marchar al frente del ejército del arte.
El modo como los artistas le pagaban desde hace siglos a la ramera era por medio
de una justificación de sus promesas. Durante el Renacimiento, por ejemplo, el
virtuosismo de los pintores, escultores y arquitectos se medía por la destreza en el
uso de la ciencia y la técnica.
La guerra de los vanguardistas era contra todo lo que oliera al perfume de la
Modernidad.
Los vanguardistas rompen con el virtuosismo técnico del arte moderno y también
con la utilidad que pueda generar su obra.
Las maneras de valorar y recomponer la realidad a partir del resquebrajamiento de
la Modernidad pueden diferir, pero, a final de cuentas, se presentan todas como
reacciones y propuestas, desde visiones críticas de la realidad. Quizás este sea su
máximo aporte a las artes, la vuelta a negarse a servir a un sistema establecido.
LITERATURA CONTEMPORÁNEA
La literatura contemporánea, para muchos autores, engloba la producción literaria
occidental, la surgida en Europa y América, a partir de la época de las revoluciones
francesas y americanas. Para otros escritores es más actual, abarca la literatura que
emerge después de las guerras mundiales.
Algunas características importantes, que destacan, de la literatura contemporánea
son:
● El narrador ya no es omnisciente.
● El lector tiene que adoptar una postura activa frente a lo que le es contado, ya que
lo narrado no aparece como algo perfectamente explicado.
● Se rompe con las unidades de tiempo y realidad, el desarrollo de la obra es ahora
sin principio ni fin, los personajes aparecen y desaparecen; en ocasiones las
historias ocurren en un día, sin que interese lo que pasa antes o después.
● La historia que se narra es una justificación para que el autor exponga sus propios
criterios sobre el argumento o las situaciones que en ella se plantea.
● Aparece la figura del protagonismo colectivo, donde apenas se caracteriza a los
personajes, pues sobre el individualismo interesan más el sentimiento y las
relaciones sociales.
Los nuevos miedos de orden tecnológico se han unido a los tradicionales de índole
religiosa, existencial o social. En literatura, la angustia tecnológica es determinante
en el desarrollo de la ciencia-ficción, género en el que es habitual encontrar la
insatisfacción humana como consecuencia del mal uso de las tecnologías.
La posguerra, que abarca los años cincuenta, está marcada por los autores de la
década anterior, que continúan tratando temas existencialistas y con pluralidad de
puntos de vista y la consolidación de los subgéneros novelísticos, especialmente la
literatura fantástica y de ciencia ficción. Nace la novela de espionaje. La literatura
fantástica crea obras como las sagas de Las Crónicas de Narnia (1950) de C. S. Lewis
o El Señor de los Anillos (1954) de J. R. R. Tolkien.
Los años sesenta profundizan en el cuestionamiento del sistema iniciado la década
anterior, de manera que se presta atención a las obras que simbolizan la
contracultura se aborda el tema del papel de la mujer, incorporando el feminismo,
la crítica literaria o usando incluso la ciencia ficción, así mismo se da voz a las
minorías étnicas y sociales, de la misma manera que a otras literaturas no
occidentales.
En los países latinoamericanos aparece la tendencia del realismo mágico, heredera
de la mezcla entre fantasía y realidad de los años precedentes.
El Boom Latinoamericano da autores como Julio Cortázar en Argentina, Alejo
Carpentier en Cuba, Carlos Fuentes en México y Mario Vargas Llosa en Perú, con
novelas como Rayuela (1963), o La muerte de Artemio Cruz (1962).
Más adelante, con la entrada de la humanidad al siglo XXI, la literatura encontró
nuevos horizontes a los que desplegarse. El Internet, la globalización y tecnología al
acceso de todos son algunas de las razones por las que muchos de los paradigmas
literarios se rompieron. El libro de papel se encontró en lucha contra el libro
electrónico. Las publicaciones ahora pueden ser a través de redes sociales y se
puede echar mano de dos o más idiomas para explorar la narrativa o la poesía.
Hoy el autor no sólo produce los textos, sino que los publica, los distribuye y los
vende, como una especie de “Hazlo tú mismo”. El éxito de una obra literaria
depende en gran parte de cómo ese autor sepa gestionar su micro empresa o del
manejo de su imagen en las redes sociales.