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Comezón de Oír: Fe y Doctrina

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Comezón de oír.

Buenas noches a todos, que Dios les bendiga.

Estamos aquí una vez más para alimentarnos de este pan que Dios nos ha dejado.

Y para oír los consejos que Dios tiene para sus hijos a través de este libro maravilloso llamado
Biblia.

Por eso les pido de su amablemente y valiosa atención y de su disposición para escuchar este
mensaje.

Estos días hemos estado hablando acerca de la fe, hace 15 días oímos el mensaje sobre el error de
poner nuestra fe en elementos y figuras creadas con manos humanas.

Vimos la fe de Elías y la fe de Eliseo y la fe del pueblo de Israel, pero ahora vamos a ver qué hay de
nuestra fe.

Qué tipo de fe tenemos, ¿una fe sana o una fe enferma?

2 Timoteo 4:3-4

3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se
amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,

4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. ORAR.

Seguramente a todos nos ha pasado que en algunas ocasiones nos pica la espalda.

Y cuando nos rascamos en esa zona que nos pica, sentimos como que la picazón se mueve más
arriba, o aun lado.

Y ahí estamos nosotros dando indicaciones a la otra persona diciéndole:


1. Más abajo.

2. Más arriba.

3. A un lado. Etc.

Y sin darnos cuenta terminamos recorriendo casi toda la espalda rascándonos.

Mi abuelita tenía una manita de plástico que le servía para rascarse la espalda.

Y cuando ella se rascaba tardaba bastante.

¿A cuántos no nos ha pasado lo mismo?

¿Pero por qué sucede eso con la comezón de espalda?

Porque el rascarnos nos provoca una sensación agradable.

Hay quienes que hasta en la pared se rascan, aunque la pared esté toda morroñosa o raspuda,
pero qué alivio se siente.

O mejor si está morroñosa qué agradable es.

Pero lamentablemente rascarse de una manera excesiva también trae sus desventajas, la piel se
irrita, se lastima, la piel se rompe microscópiccamente, y muchas veces provoca infecciones sin que
nosotros nos demos cuenta.

Después estamos diciendo:

1. Cómo me arde la espalda. ¿Por qué será?

Pero, ¿por qué no nos damos cuenta que también afecta? Porque lo que queremos es aliviar la
comezón.

¿Y cuál es la única manera de aliviarlo? Rascándonos execivamente.


A veces ya como por instinto nos paramos y cruzamos las manos para rascarnos la espalda.

Pero no nos damos cuenta que de esa manera nos hacemos daño.

Pasa lo mismo con lo que el apóstol Pablo le encarga a Timoteo sobre la comezón de oír mensajes
o predicaciones diferentes.

Dice que vendrán muchos que van a tener comezón de oír algo nuevo, se apartarán de la verdad y
se irán detrás de fábulas o mitos.

Y como a muchos les gusta la fábula y mitos, y todo ese tipo de cosas, van a tener comezón de oír
más y más y muchos buscarán maestros que les digan lo que quieren oír.

Nada apegado a la Biblia.

Por eso el apóstol Pablo casi le exige a Timoteo que predique la palabra, que redarguya, que
exhorte con paciencia y doctrina.

Porque muchos ya no sufrirán la sana doctrina.

Y eso es lo que tristemente pasa ahora en la iglesia.

Hay quienes dicen:

1. ¿Otra vez San Juan 3:16? Si ya me lo sé hasta de memoria.

2. No... Es que eso ya me lo sé, cada año se predica lo mismo.

3. Que Jesús vino a salvar a los pecadores.

4. Que su sangre borra pecados.

5. Ya basta de lo mismo.

6. Quiero oir algo nuevo, algo que impacte.


7. Eso que está diciendo ha me lo sé.

Pero miremos qué dice el apóstol Pedro en 2 Pedro 1:12

12 Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros la sepáis, y estéis
confirmados en la verdad presente.

¿Qué está diciendo?

Ya sé que lo saben y que están firmes en eso.

Ya sé que creen en Cristo y en el sacrificio que Él hizo.

Pero quiero seguir recondándoselos mientras yo viva.

Eso está diciendo.

A veces olvidamos las recomendaciones que se nos dan en casa, que aparentemente son sencillas
como el dejar apagado el foco, pagar el recibo de luz, o internet; apagar la estufa, llevar la llave
cuando salimos o dejar las puertas cerradas cuando salimos.

Pero no lo hacemos.

Y muchas de esas son cosas que hacemos cotidiniamente pero se nos olvida.

Cuánto más con la doctrina y la palabra de Dios que Él nos está recordando en cada mensaje con
sus mensajeros.

Dios sabe que somos seres humanos... Y olvidadizos.

Sabe que muchas veces no atendemos lo que se nos manda.

Entonces manda a sus mensajeros a hablarnos a través de alguna prédica, de un hermano, etc, a
recordarnos una y otra vez lo mismo.
Sin embargo, muchos no lo ven de buena manera, se aburren, se enojan y se van de las iglesias
porque se predica lo mismo.

Quieren que les hablen de átomos, de las células, de la ciencia, de mitología, pero todo eso es
solamente comezón.

O emociones.

Y para muchos oír ese tipo de mensajes o predicacios es algo significativo, genera asombro y dicen:
qué gran sabiduría.

Pero eso no es lo que nos llevará al arrepentimiento.

¿Es pecado tener mucho conocimiento? No.

Es bueno conocer muchas cosas, pero Santiago dice que el que sea sabio y entendido en todo, que
muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.

Es decir, que lo apliquemos a nuestras vidas haciendo el bien humildemente.

Busquemos 1 Corintios 2:4

y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con
demostración del Espíritu y de poder.

¿Qué quiso decir el apóstol Pablo? Pablo no era Chiapaneco, pero como nosotros sí lo somos, por
eso lo traduje al idioma cahuarempio:

No llegué a ustedes como un sabiondo; no fui a ustedes como un cerebrito sabelotodo, ni usé
palabras elegantes y refinadas.

Sólo dejé que el Espíritu de Dios mostrara su poder y los convenciera.

Me dejé llevar por el Espíritu de Dios.


Eso quiso decir.

Porque el que convence de pecados no es nuestra sabiduría huamana, no es la ciencia, no son los
átomos ni nuestras palabras, es el Espíritu Santo de Dios.

Ahora:

También hay veces cuando escuchamos algún mensaje o predica y decimos al llegar a casa:

1. ¡Qué buen mensaje!

2. Estuvo buenísima la prédica de hoy.

3. Pero ahorita voy a ver la rosa de Guadalupe.

Y ahí se nos olvida todo lo que escuchamos.

Ah, pero todavía queremos algo nuevo en cada culto, pero no atendemos los primeros rudimentos
o enseñanzas esenciales.

Y de esa manera solo estamos llevando nuestra fe a debilitarse o a enfermarse.

También hay predicadores que cuando predican nos quedamos atónitos, con la boca abierta y
decimos:

1. Caray, qué hermoso estuvo la predicación. (Y el predicador también).

2. Estuvo muy bonito.

3. Cómo me gusta cuando predica.

Y si les preguntan:

1. ¿Y de qué se trató?

2. Saber, pero se oía bien bonito.


Y ese es el problema, no saber o no entender de lo que se trató o lo que dijo el predicador, pero
qué bonito se oía.

Y eso es lo que el apóstol Pablo le advierte a Timoteo, lo cual ha llegado a la actualidad.

A las personas de estos tiempos nos gusta ir al templo a oír algo bonito, no a que se nos diga o se
nos recuerde lo malo que andamos haciendo y que nos arrepintamos.

La sana doctrina, la pureza, lo que redarguye ya no se quiere oír.

Y si se predica:

1. Deja el pecado.

2. Deja ese vicio.

3. Deja esos malos hábitos porque a Dios no le agrada.

Eso lo vemos muy religioso y decimos:

1. Me está juzgando.

2. Fariseo.

3. No juzgues y no serás juzgado.

Entonces ¿qué quieren oír? ¿Quieren escuchar mentiras como la de "Dios ama al pecador pero
aborrece el pecado"?

La Biblia dice: Dios es juez justo, y Él está airado con el pecador, con el impío todos los días, no
solamente con el pecado.

¿Quién se va a ir infierno? ¿El asesino o la pistola? ¿El ladrón o el dinero robado?

Si no se arrepienten, por supuesto que el ladrón y el asesino.

Porque Dios es un Dios justo que nos llama al arrepentimiento a través de su palabra y de sus
mensajeros.
Y un Dios justo no dejará impune el daño causado por el pecado. Él no quiere que perezcamos,
sino que procesamos al arrepentimiento.

Por eso se nos recuerda en cada mensaje de su palabra.

También hay muchos casos donde dicen:

1. Es que es muy serio en sus prédicas.

2. No se ríe.

3. No nos hace reír.

Pero si no es un circo, no nos congregamos para divertirnos o reirnos.

Ahora, yo pienso que si nos queremos reír y divertir, contratemos a un payaso que se pare frente a
nosotros, nos distraiga y nos divierta.

Porque ¿qué necesitan los enfermos para sanar? Un médico, medicinas, necesita de tratamientos.

Un enfermo por infección del estómago no va a sanar porque le traigan un payaso y le haga reír y
le divierta.

Al contrario, le ve a afectar y le va a ganar por tanta risa.

Entonces lo que el enfermo necesita es que lo lleven a un centro de salud, que lo valore un médico
y le dé su tratamiento.

Nosotros nos congregamos porque necesitamos ser sanados de la enfermedad del pecado,
necesitamos ser tratados con el médico de médicos.

No para divertirnos o reirnos en cada mensaje de la palabra de Dios.


De esa manera no vamos a ser sanados del pecado.

La semana pasada comentamos un poco acerca de espiritualidad cuando se es frío, tibio o caliente.

Dijimos que cuando estamos estamos en la espiritualidad de la tibieza no nos damos cuenta
porque se siente normal, da gusto, buen ambiente, no hay ni frío ni calor.

Y nos adaptamos.

Por eso el cristiano que no tiene una fe sana corre el peligro de fracasar porque cree que tiene fe
en el Señor, se siente bien, pero solamente es comezón de oír.

Es satisfacción de esa comezón de oír solo lo que le gusta sin saber que se está causando daño, no
hay arrepentimiento.

((Ya vamos terminando, no se desespere...))

Ahora, cuando el cristiano le llega a aburrir o a fastidiar la palabra de Dios, los mensajes de
salvación, de Cristo, del arrepentimiento y el perdón de pecados, tengamos mucho cuidado.

Porque si eso nos está pasando estamos dejando que el Espíritu que hay en nosotros se apague o
se entristezca, la Biblia lo dice.

Eso es una enfermedad de la fe, por eso algunos predicadores cuando ven que muchos se
duermen en las bancas o que dejan de asistir, o se ven aburridos, arreglan o cambian los mensajes
que deberían estar apegados a la doctrina y lo acomodan al gusto de la congregación.

Y se van a lo que esté de acuerdo con el apetito, la petición, las emociones o la comezón de los
hermanos llegando a ser como Félix el gobernador.

Hechos 24:25

25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se
espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.
¿Por qué se espantó Félix llagando prácticamente a correr a Pablo?

Porque lo que el apóstol Pablo le dijo comprometía su conducta moral, eso que Félix no estaba
dispuesto a cambiar.

No estaba dispuesto a arrepentirse.

Por eso cuando a alguien le molesta y le empieza a aburrir las predicaciones, le aburre que le
hablen del pecado, del juicio y del arrepentimiento, es porque no está dispuesto a cambiar
aspectos de su vida y quiere seguir pecando.

Por eso muchos se van a lugares donde se hable de prosperidad, de sanidad, de gozo y muy
contentos dicen:

1. Aquí no son tan exigentes como allá.

2. Aquí no te juzgan de cómo vives ni de lo que haces.

Pero eso es un daño espiritual que nos conduce por mal camino.

Nada más es fe en la comezón de oír.

¿Cómo estamos nosotros?

Por eso vamos a concluir con una oración suplicándole a Dios por su iglesia.

A que seamos sanos en la fe.

A tener amor a la sana doctrina y a su mensaje verdadero.

Tenemos que ser sobrios en todo. (Moderados, sensatos).

No menospreciemos la palabra de Dios, porque es el Espíritu que quiere sanarnos.

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