CAMBIA EL MUNDO
AMA A TU FAMILIA
Semana Nacional de la Familia 2023
Textos:
Equipos diocesanos de Pastoral Familiar,
Con la colaboración de Comisión Nacional de Familia y Vida
Conferencia Episcopal de Guatemala
Ilustración contraportada, “Familia”
Ana Lucía Paiz Pérez
Diagramación e Ilustración
Dulce María Guerra Durán
Impresión:
Ediciones Anabella
edibella42(Q)[Link]
2478-7841
Distribución a:
Equipos diocesanos de Pastoral Familiar
Oficina de Sección de Familia
Conferencia Episcopal de Guatemala
2503 6500 Ext 231
4809 4914 (whatsapp)
pfamiliarceg(a)gma¡Lcom
Semana Nacional de la Familia
El matrimonio y la familia no son realidades fruto de la
casualidad o de un proyecto únicamente humano, sino
que están inmersas en el plan de salvación de Dios. La
familia refleja de alguna manera el misterio de Dios que él
quiso revelar a los hombres: “en ella se refleja la imagen
de Dios que en su misterio más profundo es una familia y,
de este modo, permite ver el amor humano como signo y
presencia del amor divino (carta ene. Lumen fidei, 52).
En nuestro tiempo la institución familiar ha sufrido como
ninguna otra, las consecuencias de las transformaciones
de la sociedad y de la cultura. Hoy como nunca debemos
recordar aquellos valores que fundamentan la familia,
iluminando las diversas situaciones de incertidumbre,
desanimo o duda. La misión de la Iglesia quiere sostener
e iluminar el camino de nuestras familias para que
descubran su misión en medio del mundo. Las palabras
del Papa Francisco recuerdan que “la familia es un centro
de amor’, donde reina la ley del respeto y de la comunión,
capaz de resistir a los embates de la manipulación y de la
dominación de los ‘centros de poder’ mundanos”.
Los obispos de Guatemala tienen como interés prioritario
fomentar el trabajo de la Pastoral Familiar. La labor
evangelizadora tiene como meta importante animar la
vida eclesial del matrimonio y la familia. La Iglesia quiere
“acompañar a las familias en todas las etapas y
situaciones de su camino” recordando que la misión está
encaminada a renovar nuestra identidad cristiana,
devolvernos el entusiasmo, ayudarnos a superar las
dificultades y hacernos participar en la salvación de
Jesucristo (RM 2).
Para animar el trabajo de la Pastoral Familiar, la Iglesia en
Guatemala celebra en el mes de mayo la semana de la
familia. Esta iniciativa animada por el Papa Francisco en
el último Encuentro Mundial de las Familias es una
invitación a sentirnos más unidos en la oración, en la
celebración y en el empeño por la formación. La
catcquesis que se ofrece, elaborada gracias a la
colaboración y el entusiasmo de muchos, será muy útil
para reflexionar en temas de común interés.
Se trata de una semana para conmemorar, celebrar y dar
gracias a Dios. Queremos insistir en la importancia de la
familia como camino de santidad y el amor como algo
que une y ayuda a superar las divisiones. Encomendamos
los frutos de esta semana a la Sagrada Familia de
Nazaret: Jesús, María y José.
+Mons. Tulio Omar Pérez Rivera
Obispo Auxiliar Arquidiócesis de Santiago de Guatemala
Obispo responsable de la Comisión Familia y Vida
Conferencia Episcopal de Guatemala
INDICE
En el presente documento encontraremos los 6
temas que fueron preparados para compartir
durante la semana de la familia.
Tema 1 Familia, lugar de encuentro
Tema 2 Conectando con la familia
Tema 3 Pequeñas acciones, grandes cambios
Tema 4 Eucaristía y amor esponsal
Tema 5 La familia, oportunidad de trascender
y^Tema 6 La familia, en torno a la mesa festiva^/
FAMILIA, LUGAR DE ENCUENTRO
Pastoral Familiar, Vicariato Apostólico de Izabal
Sagrada Familia de Nazaret intercede, para que cada
familia de Guatemala pueda ser un lugar de Encuentro;
donde se viva profundamente el verdadero Amor. Que
cada miembro de la familia, hijos, nueras, yernos, nietos,
esposos y abuelos puedan ser testigos del AMOR DE
DIOS, reflejado en cada uno de los miembros de la
comunidad familiar. Que todos en nuestro hogar
aprendamos, que el amor no sólo significa darse el uno
al otro, sino que ambos se entreguen a este inmenso
amor de Dios, el más grande y puro. Acompáñanos en
nuestro caminar como familia, guíanos para alcanzar la
unidad y la armonía en nuestro hogar, sagrada familia
de Nazaret, ruega por nosotros.
Amén
DESARROLLO DEL TEMA
Para ponernos en contexto vamos a recordar que la familia
es la célula básica y vital de la sociedad y comienza con la
unión de un hombre y una mujer, quienes, por amor,
deciden iniciar un proyecto de vida juntos. “Pero en el
principio de la creación los hizo hombre y mujer. Por eso
dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su
mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no
son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido,
no lo separe el hombre” (Me 10, 6-9).
Esta cita nos recuerda las propiedades esenciales del
matrimonio, que son:
► La unidad: “...se unirá a su mujer y serán los dos una
sola carne”
►' La indisolubilidad: “... lo que Dios ha unido, no lo
separe el hombre”
Es necesario como matrimonio recordemos que, tendremos
momentos de gozo, y también vendrán momentos de
dificultad, pero unidos y fortalecidos con la presencia de
Dios, serán más fáciles de sobrellevar.
También es importante que mencionemos los fines del
matrimonio:
B El bien mutuo de los cónyuges: velar los bienes
materiales y espirituales del matrimonio.
IB La fecundidad: la apertura y protección de la vida en
todas sus etapas. “Y los bendijo Dios, y les dijo; Creced y
multiplicaos, llenad la tierra y sometedla...” (Gen 1, 28).
El núcleo familiar conformado por padres e hijos, desde su
interior, se convierte en el lugar de encuentro para cada uno
de sus miembros. El lugar en donde encontramos cobijo,
alegrías, consuelo y también aprendemos a vivir y a convivir
con las diferencias que se hacen presentes con la
individualidad de cada uno de los miembros de esta
pequeña comunidad. Es donde se aprende a perdonar, a
valorar la vida y principalmente a reconocer en cada uno el
don de Dios.
íiTPffSft'los padres siempre inciden en el desarrollo moral
de sus hijos, para bien o para mal...” Tenemos el llamado a
aceptar y ejercer la función que se nos ha encomendado,
sabiendo que los hijos son un don y debemos cuidarlos
amorosamente y guiarlos por el camino de la fe y la gracia.
“Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque
esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer
mandamiento que lleva consigo una promesa. Para que te
vaya bien y vivas largo tiempo en la tierra”. (Ef 6,1-3)
Algunas veces nos será difícil obedecer y nos sentiremos
molestos por tener que hacerlo, pero debemos estar abiertos
al diálogo en familia para superar cualquier dificultad y
comprender lo que se nos indica. También el diálogo nos
ayudará a negociar algunas cosas que deseamos hacer.
Esto nos hará a todos crecer en el amor.
importante es tenerles con nosotros, de ellos
obtenemos la historia de nuestra familia y, gracias a ellos,
nacieron nuestros padres y podemos llamarnos familia.
Busquemos el momento para propiciar el encuentro entre
generaciones desde el más grande hasta el más pequeño.
Cada uno tiene maravillosas cosas que aportar a nuestra
vida familiar.
En forma general podemos decir que la cultura social que
impera hoy, tiende a “descartar” todo aquello que ya no le
parece útil, tristemente esto también se da en el ámbito
humano y familiar y, los adultos mayores y enfermos, sufren
la peor parte. Ahí es donde más deben brillar los grandes
valores evangélicos, que todo adulto mayor, encuentre en
cada hogar un lugar y trato digno.
Yernos y nueras: Son personas que han llegado a la familia
como elección de nuestros hijos y con ellos han formado una
sola carne.
Por tanto, ellos también son nuestros hijos, no compartimos
la misma sangre, pero sí el amor que nos tenemos los unos
a los otros en nuestra familia.
Para que la familia viva su vocación y misión, es necesaria
la valoración de la fe y la vida de oración. El reconocernos
todos como hijos de Dios, únicos e irrepetibles, practicar el
respeto mutuo, compartir las tareas y festejar las alegrías
de los otros, eso es ser familia, nos hace encontraros y
abrazarnos, contribuyendo al bien de una verdadera
comunidad de amor.
Tendremos momentos en que la familia no pueda sola,
para ellos “es necesario que sus miembros sean ayudados
y formados en su responsabilidad frente a los nuevos
problemas que se presentan, en el servicio recíproco, en la
coparticipación activa a la vida de familia”. (FC 3)
------------- (5^) Reflexión)--------------
“Toda la vida de la familia es un pastoreo misericordioso.
Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro.”
(AL 322)
Con esta frase, el Papa Francisco nos recuerda que todos
los miembros de la familia nuclear y extendida tenemos la
responsabilidad de ver en el otro sus mejores cualidades y
poner en él nuestros mejores detalles. Todo ello contribuirá
a una vida más placentera y más humana, logrando ser “un
Jugar de Encuentro”.________________________________
(W Compromiso
Ver, en los miembros de la familia con quién de ellos me ha
sido más difícil la comunicación. Esta semana buscaremos
momentos de encuentro con esa persona para mejorar la
relación familiar.
Actividad Familiar)
Convoquen a una tarde familiar, siéntense alrededor de una
mesa y repartan una tarjetita a cada uno. En la tarjeta cada
uno escribirá lo que le gusta y le disgusta (aspectos a
mejorar) de algún miembro de su familia, se colocan boca
abajo sobre la mesa y por turnos irán levantando una
tarjeta. La leerán y dirá el nombre del miembro de su familia
al que pertenece esa tarjeta. El propietario dirá las razones
por las cuales eso le gusta y lo que le disgusta.
Con esta actividad podemos moldear nuestras actitudes
hacia los otros, propiciando el bien común con mucha
humildad.
Oración ( W)
Oramos con el salmo 127:
¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos! Del
trabajo de tus manos comerás, serás dichoso, te irá bien. Tu
esposa, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos
como brotes de olivo, alrededor de tu mesa. Esta es la
bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te
bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos.
Amado Padre te damos gracias por el ejemplo de la
Sagrada Familia y te pedimos por la integración de la
Familias de Guatemala, daños Sabiduría, inteligencia y,
especialmente, Amor para poder llegar a las Familias.
Amén
CONECTANDO CON LA FAMILIA
Pastoral Familiar, Diócesis de
Sololá-Chimaltenango
Tema 2
Oración
Querido Dios, bendice este tiempo que compartimos EN
FAMILIA y todas las estaciones de la vida que nos regalas,
te pedimos que fortalezcas nuestra unión y los vínculos
familiares.
Señor tú siempre estás presente; aún en medio del dolor
que a veces nos toca vivir en la familia, sé nuestro sanador,
concédenos la paz y enséñanos el camino que debemos
seguir tomados de tu mano.
Padre bueno, ayúdanos a que nuestra familia se pueda
relacionar mejor entre sí, a estar agradecidos por cada uno
de nuestros familiares. Ayuda a nuestros hijos a valorar a
sus hermanos, a apreciar a sus padres, abuelos, tíos y
primos. Te rogamos que cuides y protejas a nuestra
familia; por su salud, trabajos y esperanzas, que podamos
ver la belleza de la obra de tus manos en nuestras vidas.
Ayúdanos a crear hermosos recuerdos como familia y que
permanezcan siempre en nuestra mente y corazón.
Mantón a nuestra familia unida en todo momento, en
tiempos malos y en tiempos de felicidad. Te damos gracias
por todos los seres queridos a quien nos has permitido
llamar familia.
DESARROLLO DEL TEMA
Leamos con atención las siguientes citas bíblicas Mt 4, 21-22
y Mt 20, 20-21.
Para comprender este tema, podemos tomar como ejemplo
la familia del apóstol y evangelista San Juan. Cómo ellos se
conectaron y se fueron llamando uno al otro para encontrar
y seguir a Jesús.
El Apóstol San Juan era natural de Betsaida, ciudad de
Galilea, en la ribera norte del mar de Tiberíades. Sus padres
eran Zebedeo y Salomé; y su hermano, Santiago el Mayor.
Formaban una familia acomodada de pescadores que, al
conocer al Señor, no dudan en ponerse a su total
disposición. Juan y Santiago, en respuesta a la llamada de
Jesús, “dejando a su padre Zebedeo en la barca con los
jornaleros, le siguieron” (Me 1, 20). Salomé, la madre, siguió
también a Jesús, sirviéndole con sus bienes en Galilea y
Jerusalén, y acompañándole hasta el Calvario.
Juan había sido discípulo del Bautista cuando este estaba
en el Jordán, hasta que un día pasó Jesús cerca y el
Precursor le señaló: “He ahí el Cordero de Dios. Al oír esto
fueron tras el Señor y pasaron con él aquel día” (cfr Jn 1,
35-39). Nunca olvidó San Juan este encuentro. No quiso
decirnos nada de lo que aquel día habló con el Maestro, solo
sabemos que desde entonces no le abandonó jamás;
cuando ya anciano escribe su Evangelio, no deja de anotar
la hora en la que se produjo el encuentro con Jesús: “Era
alrededor de la hora décima” (jn 1, 39), las cuatro de la
tarde.
Volvió a su casa en Betsaida, al trabajo de la pesca. Poco
después, el Señor, tras haberle preparado desde aquel
primer encuentro, le llama definitivamente a formar parte
del grupo de los Doce. San Juan era, por mucho, el más
joven de los Apóstoles; no tendría aún veinte años cuando
correspondió a la llamada del Señor y lo hizo con el corazón
entero, con un amor indiviso y exclusivo.
Toda la vida de Juan estuvo centrada en su Señor y
Maestro; en su fidelidad a Jesús encontró el sentido de su
vida. Ninguna resistencia opuso a la llamada y supo estar
en el Calvario cuando todos los demás habían
desaparecido. Así ha de ser nuestra vida, pues, aunque el
Señor hace llamamientos especiales, toda su predicación
tiene algo que comporta una vocación, una invitación a
seguirle en una vida nueva, cuyo secreto Él posee.
A todos nos ha elegido el Señor para seguirle, imitarle y
proseguir en el mundo con la obra de su redención. Y de
todos espera una fidelidad alegre y firme, como fue la del
Apóstol Juan. También en los momentos difíciles.
©
Reflexión
1. Zebedeo, cuando los hijos reciben el llamado de Jesús, el
llamado a su vocación, el padre no se opone.
2. La madre, al ver la grandeza de Jesús, desea que sus
hijos permanezcan con Él. Aunque algunos opinen que ella
no lograba entender del todo la misión de Jesús, pero, lo
que sí queda claro es que estaba impactada con él y por
eso su petición, ella desea lo mejor para ellos.
3. Juan y Santiago, siendo pescadores, la labor que
aprendieron de su padre y familia, abandonaron todo para
seguir a Jesús con total entrega.
La tarea que les corresponde a los padres, además de
alimentar, vestir, cuidar y defender a sus hijos, es el de
procurar encaminarlos hacia la vida verdadera, hacia la
vida plena que es Cristo. Procurar en sus hijos una vida
cristiana, que se encamine a la santidad y a la salvación,
también es su obligación.
Por tanto, para cumplir esta misión hay que poner mucha
atención a:
► Procurar bautizar a los hijos, porque desde ese día
somos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, herederos
del cielo y entramos a formar parte de la santa madre
Iglesia.
► Pero, sin lugar a duda, la mejor enseñanza es el buen
ejemplo. Por eso es muy importante que los niños vean a
sus papás participar de la Eucaristía, confesarse y ser
testimonio de servicio y unidad. Jesús dejó este
mandato.
► Otro deber de los padres es el de no tener miedo de
corregirles a tiempo.
w) Compromiso
Dediquemos un tiempo para dialogar e identificar las
fortalezas de cada uno en la familia. ¿Qué puedo hacer yo
para vivir en familia?
Todo esto nos ayudará a construir un proyecto de vida
familiar en el que participemos todos y crezcamos juntos en
el amor.
Actividad Familiar)
Se propone realizar una reunión familiar de preferencia
todos los domingos, pero pueden iniciar una vez cada 15
días, o al menos, una vez al mes, con el fin de reunir a los
miembros de la familia: papás, hijos, nietos, tíos, primos
yernos, nueras y abuelos , y poder compartir, convivir,
aprender de Dios, conectarnos como familia y demostrar
ese amor familiar.
Oración
Te damos gracias Señor por nuestra familia y amigos,
por el día que nos has permitido vivir y por habernos
cuidado a cada instante. Gracias por la diversión, por
los juegos, por las tareas, los alimentos, el trabajo, por el
cálido abrazo de un padre y una madre, los juegos
entre hermanos y las reuniones con los parientes,
gracias por hacernos especiales y por querernos tanto.
Gracias por tu protección y cuidado a cada uno.
Perdónanos por hacer cosas que no te agradan a ti y
por cometer errores. Ayúdanos a siempre seguir en tus
caminos de amor, paz, fe y obediencia a tu palabra,
oramos por todas las familias que no te conocen, que
puedan acercarse a ti y lleguen a ser pequeñas iglesias
domésticas.
Envía tu Santo Espíritu sobre nuestra familia para que
nos consuele en momentos de dolor, pedimos por tu
protección, tu sanidad, por la restauración de la familia
y que tu presencia esté siempre en medio de nosotros.
Te lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús.
Amén.
PEQUEÑAS ACCIONES,
GRANDES CAMBIOS
Pastoral Familiar, Diócesis de San Marcos
Señor Dios, creador de todo, gracias te damos porque en
tu infinita misericordia quisiste que la vida humana se
desarrollara en el seno de una familia, donde papá y
mamá reflejen el amor y el cariño que viene de ti.
Ayúdanos a todos a ser responsables de nuestras
familias, a practicar el perdón y la caridad, para que Tú
seas el que reine y guíe cada corazón. Te lo pedimos por
Cristo Nuestro Señor.
DESARROLLO DEL TEMA
“Nuestro Dios en su misterio más íntimo, no es una soledad,
sino una familia puesto que lleva en sí mismo paternidad,
filiación y la esencia de la familia que es el amor”. (AL 11) Con
esta relación, Dios nos enseña el modelo para tener una
familia amorosa y feliz.
La importancia de la familia, en un mundo cambiante e
incierto, es hacer que esta sea el eje principal de nuestra
vida, que nuestra prioridad sea experimentar el amor de
Dios, ya que la familia está inserta en el plan de nuestro
Padre.
“La belleza del don recíproco y gratuito, la alegría de la vida
que nace y el cuidado amoroso de todos sus miembros,
desde los pequeños hasta los ancianos, son solo algunos de
los frutos que hacen única e insustituible la respuesta a la
vocación de la familia”. (AL 88)
"Un regalo del Señor son los hijos, recompensa, el fruto de
las entrañas." (salmo, 127, 3).
O Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar
a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para
sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a
amarse y a servirse el uno al otro, de guardar los
mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos
de la ley donde quiera que vivan.
Su Santidad el Papa Francisco, el 28 de octubre del 2017 dijo:
“La familia es la unión armónica de las diferencias entre el
hombre y la mujer, que cuanto más generativa y capaz sea
de abrirse a la vida y a los demás, tanto más será
verdadera y profunda”.
Actualmente, estamos sumergidos en cambios sociales
que generan conflictos que amenazan a la familia. Esto
sumado a los patrones de crianza negativos y la falta de
formación en los padres, provoca un distanciamiento
mayor del proyecto de Dios para nosotros. La relación entre
los miembros de la familia, muchas veces, provoca
intranquilidad, violencia, maltratos, es decir, falta de
expresión del amor de Dios. Es importante entonces
recordar hacer oración en familia, compartir al menos una
comida juntos y dar gracias por ella, tener momentos de
compartir con alegría y sobre todo escuchar con atención y
amor a las necesidades de cada uno, según el momento y
circunstancia.
Pero ¿de qué forma podemos realizar cambios en las
familias?, ¿qué hacer?, ¿cómo relacionarse de una forma
diferente?, si los patrones y los valores con los que crecimos
no tienen relación con los actuales, ¿cómo ser padres en
una sociedad que cambia constantemente?, ¿cómo lograr
la comunicación asertiva con nuestros hijos, si no lo
aprendimos de nuestros padres?, ¿qué es ser un buen
padre o madre?, ¿cómo actuar frente a la información
contradictoria o negativa?
Para respondernos necesitamos espacios de reflexión con
personas formadas. Estas y otras preguntas son difíciles de
responder, quizá entre todos y creando espacios de
reflexión podamos construir un nuevo camino para la
familia y para la sociedad guatemalteca.
En el 2015 S.S. el Papa Francisco, dedicó los miércoles para
las catequesis sobre la familia. De ellas hemos tomado 10
frases que pueden ayudarnos en nuestra relación familiar:
©Nunca terminen el día sin hacer las paces.
©La primera necesidad es que el padre esté presente en la
familia.
©Compartan las tareas domésticas.
©Utilicen las palabras “permiso”, “gracias” y “perdón”.
©Corríjanse, sin humillarse ni faltar el respeto.
©Deben tener una salida juntos.
©Respeten las tradiciones y costumbres de la familia.
O Al presentarse las crisis, volver a negociar los acuerdos
básicos para encontrar de nuevo equilibrio.
0Papás, no olviden que son padres. Comportarse solo
como un compañero no les hará bien a los hijos.
©Aprendan y enseñen a perdonarse recíprocamente.
Recuerden siempre las Bienaventuranzas.
Sigamos los buenos consejos, leamos la Palabra de Dios y
pidamos siempre la luz del Espíritu Santo para obrar con
rectitud de intención, que nos ayudará a rectificar cuando
nos equivoquemos.
( £3) Reflexión )
En Proverbios 22,6 dice: "Instruye al niño en su camino; y aun
cuando fuere viejo, no se apartará de él”. Es responsabilidad
de los padres enseñar a sus hijos buenos valores y
principios.
Enseñemos a nuestros hijos acerca de Dios y de cuánto nos
ama. Enseñemos, con el testimonio, la honradez, sinceridad
y el buen trato a los demás.
W) Compromiso
Orar en familia para alimentar nuestra relación con Dios y
participar juntos en la Santa Misa.
Actividad Familiar)
Dialogar con los miembros de la familia, aprendiendo a
escuchar lo que ellos tienen que decir y no pretender
tener siempre yo la razón.
Visitar y compartir con una familia con menos recursos
que nosotros, para que, tanto padres como hijos
valoremos lo que Dios nos regala cada día.
Oración
Señor, que con tu Palabra guías al hombre por el camino
de justicia y amor, te damos gracias porque hoy nos
hablaste al corazón, enseñándonos a que con pequeños
gestos y acciones construimos tu reino en cada familia.
Te pedimos que derrames tu Santo Espíritu, en nosotros,
para que nos mantengamos unidos en el amor y en la
paz, a ejemplo de la familia de Nazaret.
EUCARISTIA Y EL AMOR ESPONSAL
Pastoral Familiar, Arquidiócesis de
Santiago de Guatemala
Señor, que has creado al varón y la mujer a tu imagen y
semejanza y has puesto en la unión conyugal un anhelo
profundo de unión, que nace del amor que se vuelve
alianza, que busca el bien de los esposos y sus hijos, te
pedimos que derrames tu gracia sobre los matrimonios
cristianos para que sean verdaderas comunidades de
vida, que comparten una misma vida de gracia que brota
desde el compromiso bautismal y encuentra en la
Eucaristía su centro, la fortaleza y la guía.
Te lo pedimos, por Jesucristo, nuestro Señor.
DESARROLLO DEL TEMA
San Pablo, en la carta a los efesios 5, 25-29, nos habla de la
unión nupcial entre Cristo y la Iglesia. En este texto bíblico
hay una comparación entre el amor que Cristo demostró a
su iglesia y el que los esposos cristianos están llamados a
tener entre ellos.
Esa imagen de la iglesia “gloriosa, sin mancha y sin arruga”
puede interpretarse como una Iglesia sin defectos morales
ni pecados. La mancha representa algo desagradable y las
arrugas son un signo del envejecimiento (Rom 6,6). Cristo,
con ese amor redentor y nupcial, lleva a la iglesia a ser
santa, sin pecado y “eternamente joven”. Podríamos afirmar,
que el amor esponsal es imagen del amor de Cristo a la
iglesia, el cual se profundiza en la Eucaristía y exige a los
cónyuges santidad, gracia y renovación constante en el
amor.
La Iglesia es Cuerpo de Cristo y esposa de Cristo. En este
sentido la esposa (la Iglesia) acoge el don del Esposo que
“ama a la Iglesia y se entregó por ella”. Podríamos afirmar,
siguiendo el pensamiento de Pablo que enseña que los
esposos son una “sola carne” (Ef 5,31), que la eucaristía
perfecciona y profundiza el amor conyugal, pues los
esposos se unen ya no “en su carne” sino que al comulgar
los une el cuerpo de Cristo que han recibido.
“Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus
propios cuerpos... y cuidarlas como Cristo lo hace con la
Iglesia, que es su cuerpo” (Ef 5, 28). En la Eucaristía la Iglesia
resguarda el don más preciado: el cuerpo de Cristo. Es decir,
el amor que la esposa-iglesia tiene a su divino esposo. De
forma análoga podríamos afirmar que los esposos viven
profundamente una espiritualidad eucarística; en cuanto
son parte de la Iglesia, cuidarán con solicitud el recibirlo
dignamente, pero también les hará cuidar del cónyuge cual
si fuera un sagrario viviente por la comunión que ha
recibido.
En la Ia Carta de Juan 4, 7-8 leemos esto que nos enseña
nuestro Señor: “Amados, amemos unos a otros porque el
amor es de Dios. Todo aquel que ama ha nacido de Dios y
conoce a Dios, porque Dios es amor nosotros podemos
amar”. En definitiva, temiendo ser redundantes, lo esencial
de Dios es el ¡amor!
También Pablo nos habla sobre el amor en la primera carta
a los corintios 13,1-13: sus características y permanencia,
pero sobre todo la preeminencia del amor por encima de
todo: ¡el amor nunca dejará de existir! Así dice Pablo en el
versículo 8. El amor es imperecedero porque el amor viene
de Dios. (cf. HV 9).
Ese amor del que hablamos que viene de Dios, se manifiesta
de modo especial en el amor de los esposos. A la palabra
amor le añadimos dos sujetos, los esposos, que por el
sacramento del matrimonio, ya no son dos sino uno solo. El
amor de los esposos se caracteriza por ser para siempre, en
fidelidad, intimidad, complementariedad, y todo esto para
el bien del otro. Pero, además, esta realidad del amor
esponsal da frutos: los hijos, pues en ellos perdura el amor
de los esposos convertidos ahora en padres de familia.
Por su lado, San Pablo VI en la encíclica Humane vitae nos
enseña algunas características del amor esponsal:
1) “El amor es un acto libre y voluntario que está destinado a
mantenerse, y crecer en las alegrías y los dolores de la vida,
de forma tal que los esposos “se conviertan en un solo
corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección
humana” (HV 9). Y esta comunión esponsal que brota del
sacramento del matrimonio, se profundiza cuando los
esposos se vuelven uno por la comunión con Cristo en el
sacramento del altar.
2) Que es un amor total, una forma singular de amistad,
donde no se ama por lo que se recibe, sino por sí mismo,
con el gozo de enriquecer al otro con el don de sí. Esto tan
deseable en el amor de los esposos, también lo podemos
decir de la Eucaristía: sacramento donde Cristo se nos dona
y se goza de enriquecer nuestras almas con su presencia, y
el cristiano ¡ama a quien recibe en el santísimo
sacramento! Por eso los padres procuran ese mismo amor
para sus hijos, compartiendo con ellos la celebración de la
Eucaristía.
3) Que es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte, como
manantial de felicidad profunda y duradera, y es un amor
fecundo que no se agota en la comunión entre los esposos,
sino que está destinado a prolongarse suscitando nuevas
vidas. De modo similar la Eucaristía le habla al mundo
entero del amor fiel y fecundo de Cristo a las almas. Así
como el amor conyugal por su naturaleza pide relación
personal fiel, exclusiva y fecunda, así el amor a la Eucaristía
y su recepción frecuente ayuda a los esposos a vivir el amor
a Dios a través del amor conyugal.
( O) Reflexión
Hemos escuchado cómo Dios que es amor se manifiesta en
la vida de los esposos y en la familia. Los esposos y padres
son llamados a dar testimonio de ese amor a los hijos y
transmitir el deseo ferviente de recibirle en el Sacramento
de la Eucaristía.
Es importante por ello, asistir a la celebración en familia,
tener momentos de oración como familia ante el Santísimo
Sacramento e irradiar lo que de Él hemos recibido.
Padre e hijos, al amarle y recibirle son capaces de amarse
entre sí y amar al prójimo. Es entonces cuando el participar
^de la Santa Misa juntos nos alegra y vivifica y promueve en^
nosotros lo relación con los miembros de la comunidad
eclesial.
Así conformamos una gran familia. ¿Estamos viviendo esta
realidad en nuestro matrimonio y familia? ¿Estamos
amando en nuestro matrimonio y a nuestros hijos y padres
como Cristo amo a su iglesia?
Compromiso
Hacer una visita en familia, al Santísimo Sacramento y
proponerse hacerlo frecuentemente.
Qp) Actividad Familiar)
Dialogar en familia sobre las siguientes interrogantes:
1. ¿Cómo expresamos el amor a los miembros de
nuestra familia?
2. ¿Qué acciones podemos realizar para acrecentar
el amor entre nosotros, en familia y hacia los
demás?
Oración
Señor, que con tu Palabra guías al hombre por el camino
de justicia y amor, te damos gracias porque hoy nos
hablaste al corazón, enseñándonos a que con pequeños
gestos y acciones construimos Tu reino en cada familia.
Te pedimos que derrames tu Santo Espíritu, en nosotros,
para que nos mantengamos unidos en el amor y en la
paz, a ejemplo de la familia de Nazaret.
Amén.
LA FAMILIA, OPORTUNIDAD
DE TRASCENDER
Diócesis de Jalapa
(^Oración
Señor, no permitas que me quede en la superficie de las
cosas porque quiero descubrirte en el fondo de mi corazón,
en lo hondo de mi alma. Señor, estoy decidido a ser santo,
aunque el demonio tantas veces me tienta para que me
desvíe del camino, para que las pruebas que me prepara
me hagan caer y dejar lo auténtico para dejarme guiar por
lo mundano.
Soy consciente, Señor, de que quieres que siempre venza los
obstáculos, por eso te pido que en el silencio de la oración
me des claridad y luz, que tu Espíritu se haga siempre muy
presente para saber encontrarte en lo profundo de mi ser.
Señor, tantas veces te pido alegría, fortaleza, serenidad
interior, paz en el corazón, diligencia para hacer las cosas,
honestidad, santidad, servicio generoso, humildad; pero en
realidad lo que deseo es nacer de nuevo, nacer a una vida
impregnada de lo sobrenatural para que realmente puedas
vivir en mi interior.
Este es mi deseo, Señor, que vivas en mí para ser otro Cristo
que lleve la esperanza a todos los que me rodean.
Espíritu Santo, Espíritu de Dios, no permitas que vaya por la
vida solo y haz en mí realidad mi petición.
¡Sagrado Corazón de Jesús en ti confío! Amén
DESARROLLO DEL TEMA
Leamos detenidamente el texto bíblico de Mt 7, 24-27
El texto que ilumina nuestro tema nos remite a contemplar
la vida humana como una construcción, la cual, si está bien
cimentada, aguantará las más grandes tempestades; pero
que, si no está bien cimentada, no las soportará. La vida
humana es como una casa, la cual, cuando nosotros la
construimos, procuramos que tenga los cimientos bien
fuertes, para que soporte las lluvias y los vientos fuertes y
permanezca inalterada.
Cuando comparamos la familia con una casa,
comparamos también las etapas de la cimentación con la
niñez, adolescencia y juventud, y en esas etapas es que un
ser humano aprende, sobre todo de su familia. Los
cimientos los echamos en la familia, aprendiendo de
nuestros padres y demás familiares. Si en esas etapas no se
crean los cimientos adecuadamente, la vida misma se verá
perjudicada porque la persona no tendrá la fortaleza
necesaria para soportar las tempestades de la vida.
Muchas cosas constituyen esa cimentación, pero ahora
quisiéramos referirnos a la capacidad de trascendencia, la
cual depende de la transmisión de la fe que recibimos en
nuestras familias, sobre todo en las etapas que hemos
mencionado.
La trascendencia es la capacidad que tenemos los seres
humanos de ir más allá de la realidad material y temporal,
para poder entrar en comunicación con Dios. Es la
capacidad de saber que nuestra realidad no es solamente
corporal, sino también espiritual, porque “la persona
humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez
corporal y espiritual” (CEC 362). Nuestra capacidad de
transcendencia nos hace conscientes de que no estamos
aquí por casualidad, sino que nuestra existencia forma
parte del plan de Dios, que llama al ser humano a “buscarle,
a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas” (CEC 1), para
lo cual “llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus
hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida
bienaventurada” (CEC 1).
La trascendencia es algo que, si bien es una capacidad de
los seres humanos, no la desarrollaremos jamás si no
llegamos a ser personas de fe, y el primer lugar donde se
aprende la fe es en la familia.
La transmisión de la fe la explica san Pablo con estas
palabras: “Ante todo, les he transmitido lo que yo mismo
había recibido” (1 Cor 15,3). San Pablo nos dice que, para
transmitir la fe, hay que haberla recibido primero. Quizás
esta sea una de las más grandes debilidades en la
actualidad, porque los padres no tienen una fe fuerte y, por
lo tanto, no tienen mucho que transmitir a sus hijos. Nos dice
el Papa Francisco que “es precisamente, así como se
transmite la fe: “doy aquello que he recibido”. Transmitir la fe
no es dar informaciones, sino fundar un corazón en la fe en
Jesucristo. Por esa razón, transmitir la fe no se puede hacer
mecánicamente diciendo: «toma este libro, estúdialo y
después te bautizo». No, es otro el camino para transmitir la
fe: es transmitir lo que nosotros hemos recibido. La fe es lo
que se transmite de generación en generación, como un
don. Pero siempre en el amor, en el amor de la familia: allí se
transmite la fe, no solo con palabras, sino con amor, con
caricias, con ternura” (s.S. el Papa Francisco, homilía del 3
de mayo 2018).
La fe se transmite en la familia y no solo con palabras pues
el testimonio es muy importante, por eso nos dice también
el Papa Francisco “Tenemos una nube tan ingente de
testigos que nos alientan a no detenernos en el camino, nos
estimulan a seguir caminando hacia la meta. Y entre ellos
puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras
personas cercanas. Quizá su vida no fue siempre perfecta,
pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron
adelante y agradaron al Señor”. El contexto del que habla
el Papa es de la santidad y no de una santidad de los
altares, sino la santidad de la puerta de al lado, de los seres
queridos que en la familia transmiten la fe a los más
pequeños, con gestos, con acciones, pero sobre todo con
amor.
El Papa Francisco dice que, además del amor es también
importante que se transmita la fe con el testimonio, el cual
“provoca curiosidad en el corazón del otro y esa curiosidad
la toma el Espíritu Santo que comienza a funcionar «dentro»
de la persona” (Papa Francisco, homilía del 3 de mayo de
2018). Es bonito ver a los niños que, desde pequeños, se
ponen de rodillas cuando los llevan a la Iglesia, tal vez no
entienden del todo lo que están haciendo, pero ya en su
corazón está sembrada la semillita de la fe. Ese gesto
seguro lo han aprendido de sus padres, y es de aplaudir a
los padres que enseñan a sus hijos cuando ellos lo hacen y
sus hijos los ven y los imitan.
Es importante mencionar que es lógico que unos padres
cristianos enseñen a sus hijos la fe no solamente con lo que
tiene que ver con la liturgia, sino que, además, les enseñen
a ser buenos hijos de Dios con actitudes de generosidad,
entrega y servicio hacia los demás, para que también los
hijos aprendan a ser así.
Al tener fe, los hijos habrán recibido de sus padres la mejor
de las herencias, porque la fe los hará buscar vivir bien su
vida en esta tierra, con valores que orienten su caminar, y
también les ayudará a prepararse para la vida después de
la muerte.
La trascendencia implica dos aspectos: primero, saberse
uno hijo de Dios, peregrinando por este mundo, viviendo
como Cristo que “pasó haciendo el bien” (Hechos 10, 38),
haciendo que la vida se salve pues la salvación comienza
ya en esta vida al hacer que valga la pena, viviendo en
actitud de constante servicio hacia sus hermanos; y
segundo, el estar preparado para que, al culminar la vida
presente nos vayamos al lugar que el Señor nos tiene
preparado, porque, como Él mismo nos dice: “En la casa de
mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo
habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando
me haya ¡do y les tenga preparado un lugar, volveré para
llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también
ustedes” (Juan 14, 2-3). La salvación en el sentido completo
es: para la vida presente y para la vida futura.
Reflexión
¿Por qué decimos que el ser humano tiene la capacidad
de trascendencia?
¿Cómo estamos transmitiendo la fe en nuestras familias?
¿Qué consecuencias está trayendo la poca transmisión
de la fe en nuestra sociedad?
\,
Compromiso
Cada miembro de la familia deberá pensar ¿cómo quieren
que se les recuerde cuando ya no estén? Esto les ayudará a
trabajar su plan de vida.
Para trabajar en familia:
¿Cómo te gustaría ser cuando seas grande?, los padres
pueden iniciar expresando lo que soñaron desde niños.
Pensar en la comunidad, qué pueden hacer como familia
para trascender en la comunidad en donde viven. Pensar
en un proyecto que puedan realizar como apoyo a la
comunidad.
Oración
Dios y Padre de todos nosotros, en Jesús, tu Hijo y nuestro
Salvador, nos has hecho tus hijos e hijas en la familia de
la Iglesia. Que tu gracia y amor ayuden a nuestras
familias en cualquier parte del mundo a estar en unión
con las demás en fidelidad al Evangelio.
Que el ejemplo de la Sagrada Familia, con la ayuda de tu
Espíritu Santo, guíe a todas las familias, especialmente
las más atribuladas, a ser casas de comunión y oración y
a buscar siempre tu verdad y vivir en tu amor. Por Cristo
nuestro Señor.
¡Jesús, María y José, rueguen por nosotros!
Amén.
LA FAMILIA, EN TORNO
A LA MESA FESTIVA
Pastoral Familiar, Vicariato Apostólico de Peten
Tema 6
Estamos aquí, Señor, en familia, en torno a Ti que nos has
convocado, como siempre, a vivir en Ti, unidos en tu
cuerpo que es la Iglesia. Daños la fuerza del Espíritu
Santo, el gozo de la amistad, la alegría de sabernos y
sentirnos hermanos, hijos de un mismo Padre, familia de
Dios.
Junto a María enséñenos a ser perseverantes, a vivir el
optimismo de la esperanza, la desbordante realidad de
que el Señor vive y hace de nosotros una sola familia, un
solo corazón. Amén. ([Link])
Amén
DESARROLLO DEL TEMA
Historieta: Juan y María, vivieron su noviazgo y aunque no
conocían mucho de la fe, contrajeron matrimonio e iniciaron
su vida familiar. Con el afán de hacer sus bienes para bien
de la familia, dedicaron su tiempo al trabajo diario. Sus
cinco hijos comenzaron a crecer y a entender la vida, por el
cual, los esposos sintieron el vacío de los hijos por la
ausencia al no dedicarles el tiempo necesario. Ellos amaban
mucho a sus hijos y les preocupaba su situación y buscaban
caminos para mejorar la relación familiar. Por gracia de Dios
un día son invitados a un grupo de la Iglesia, donde fueron
encontrando luces, orientaciones y herramientas para
crecer humana y espiritualmente, era el grupo de Pastoral
familiar. Aprendieron que no solo lo material era importante
para su familia, de tal forma que, ahora es una familia
alegre y unida porque se aman, celebran muchos
momentos en familia y disfrutan mucho en su comunidad
parroquial. La mesa de familia la viven en la mesa
Eucarística en la Iglesia. ( Pastoral Familiar VAP)
Promover el diálogo haciendo algunas preguntas sobre la
historieta, por ejemplo:
¿Cómo encontraron ellos la unidad en familia?
En la convivencia celebrativa en familia, los papás
dedicaron tiempo para estar junto a la familia y celebran en
torno a la mesa. Descubren la importancia de la vida y
crecimiento espiritual. Se unen a celebrar en comunidad.
La Sagrada Escritura alaba la vivencia familiar que nace de
una espiritualidad conyugal y familiar, en donde la familia
unida - padres e hijos - viven el amor verdadero en el
hogar, “Tu esposa será como vid fecunda en medio de tu
casa, tus hijos serán como olivos nuevos en torno de tu
mesa” (Salmo 128, 3).
Los padres de familia somos los responsables de transmitir
la fe, las buenas costumbres, las celebraciones en las
familias y en la comunidad cristiana, en la liturgia y toda la
vida de comunidad eclesial; “Los padres de Jesús iban
todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y,
cuando cumplió doce años, fue también con ellos para
cumplir con este precepto”. (Le 2, 41-42)
“La convivencia, es decir, la actitud de compartir los bienes
de la vida y ser felices de poderlo hacer. ¡Es una virtud
preciosa! Su símbolo, su ‘icono’, es la familia reunida
alrededor de la mesa doméstica. El compartir los alimentos
- y, por lo tanto, además de los alimentos, también los
afectos, los cuentos, los eventos...- es una experiencia
fundamental. Cuando hay una fiesta, de cumpleaños, un
aniversario, nos reunimos alrededor de la mesa. En algunas
culturas es habitual hacerlo también por el luto, para estar
cercanos a quien se encuentra en el dolor por la pérdida de
un familiar”. (Audiencia general, Papa Francisco, noviembre
13, 2015).
Tener en cuenta estas buenas costumbres que pueden
fortalecer nuestra convivencia familiar:
O Procurar tiempo de calidad para compartir con los
miembros de nuestra familia. Algunas familias tienen la
dinámica de darse un tiempo al mes para compartir con
un miembro de su familia, así el padre o la madre
“aparta” una tarde para salir y compartir con uno de sus
hijos, escucharle, mostrarle su cariño etc. Otra vez, será
entre esposos, o bien, una vez entre hermanos, etc.
O Definir los momentos y lugares de oración. Aparte de la
misa dominical es bueno crear momentos y espacios
para la oración en familia. Tiempos atrás, en cada hogar
había un espacio destinado al “altar” y muchas veces los
padres hacían oración con sus hijos en ese lugar. Quizá
haya varios hogares que todavía lo hagan, pero
tristemente no es la mayoría. Conservar esta buena
costumbre, haría mucho bien a las familias hoy.
0 Hacer grandes esfuerzos para que todos comprendamos
que no solo lo material es importante en la vida. Sobre
todo, transmitir a las nuevas generaciones la belleza de
las buenas costumbres, de los grandes valores de la vida
y que aprendan a aportar, dando lo mejor de sí, para bien
de los demás y de sí mismos.
0 Vivir cotidianamente con educación y valores: cuando en
el hogar se viven los grandes valores de la vida, se respira
armonía y paz. Y a futuro las nuevas generaciones se ven
beneficiadas porque logran hacer de sus ambientes de
estudio y trabajo un reflejo de lo que vivieron en su hogar.
0 Enseñar a disfrutar la alegría del encuentro con los
demás. Aparte del ámbito social, la Iglesia ofrece
múltiples posibilidades para que la familia disfrute en un
ambiente sano. Los grupos de crecimiento y de servicio
en la parroquia, siempre serán una gran escuela de vida.
Reflexión )________
¿Creen que es importante la convivencia familiar, la
celebración en familia?
Es sentir generalizado que se van perdiendo muchas
prácticas que se han vivido en las familias, junto con ellos
muchos valores que ayudan a la unidad en la familia y en la
sociedad. Influyen diversos factores en la vida actual y
distractores que necesitamos regular y valorar'
inteligentemente para que ayuden a la vida familiar, priorizar
la alegría de estar juntos para celebrar la vida, la fe, en
familia y en comunidad.
Compromiso
Este fin de semana o este domingo, reúnanse en familia para
convivir, mediante alguna actividad por ejemplo una
comida juntos, un juego para divertirse, hagan una breve
oración para dar gracias a Dios. Evalúen cómo se sintieron
en esta actividad en familia.
Actividad Familiar)
O La familia tenga días y momentos de comer juntos y
orar antes y después de comer.
0 Retomar en familia los juegos de mesa, caminatas al
campo, ríos o bosques.
0 Asistir a la vida de comunidad eclesial en familia.
(Liturgia, oración, catequesis).
0 Visitar lugares como orfanatos, hospitales, asilos de
ancianos, para promover los valores humanos y
cristianos.
Oración
Concluyamos este momento orando con el salmo 128.
Dichoso el que teme al Señor
¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá
bien.
Tu mujer, como una vid fecunda, en medio de tu casa
Tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion, que veas la
prosperidad de Jerusalén
Todos los días de tu vida, que veas a los hijos de tus
hijos.
¡Paz a Israel!
Dichoso el que teme al Señor
Amén.
Q10
Precio de
Venta
Pastoral Familiar
Comisión de Familia y Vida
Conferencia Episcopal de Guatemala