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UNIVERSIDAD DE PANAMÁ

FACULTAD CIENCIAS DE LA

EDUCACIÓN FORMACIÓN

PEDAGOGICA

DIVERSIFICADA

Integrantes:

Dunklin, Xenia 3-747-476

Càrdenas, Jacek 3-714-818

Profesora:

Zeira Salazar

Asignatura:

Investigación en el Aula y en el Centro

Grupo:

I-B

Tema:

LA INDICIPLINA CONLLEVA A LA FALTA DE VALORES.


CONTENIDO

Origen de la indisciplina
De lo dicho se puede desprender que los problemas de indisciplina se han dado en todo
tiempo y lugar no es un fenómeno reciente ni novedoso. Actualmente los contextos son
diferentes, pero algunas situaciones no han cambiado tanto y los análisis sobre
determinadas tipologías siguen siendo válidas, aunque, eso sí, los problemas de
indisciplina se resuelven ahora de otra manera y por otros cauces; sin embargo, no todos
están de acuerdo en su origen ni en las soluciones que precisan las desviaciones a la
norma.

Para determinados autores el germen de la indisciplina hay que buscarlo en la inclinación


natural de las personas que tienden a ser indisciplinadas por naturaleza; es decir, la
persevidad existe en las personas y la indisciplina se debe a factores individuales. Para el
psicoanálisis el niño es un perverso polimorfo y conocemos bien la crueldad de algunos
niños con los animales o con sus compañeros. Desde este punto de vista, la solución se
centra en acciones dirigidas a prevenir o modificar la conducta de individuos concretos,
sin tener en cuenta otros elementos que puedan intervenir.

Para otros, los factores contextuales y culturales determinan y explican el comportamiento


desafiante. La causa estaría, en consecuencia, en el ambiente y sería externa al
alumnado. La indisciplina se produce por una educación infantil deficiente, pobre en
estímulos positivos hacia el aprendizaje, propio de familias desorganizadas carentes de
los valores sociales que exige la disciplina. O teniendo estos valores las situaciones
educativas y otras circunstancias les hacen entrar en conflicto con las normas del aula o
del centro. Como solución a estos inconvenientes se enfatiza la acción del centro y de
otras fuerzas que influyen en las conductas.
Rojas Marcos considera que la agresión maligna no es instintiva. Las semillas de la
violencia tienen un proceso de aprendizaje con tres momentos significativos: la siembra,
que tiene lugar en los primeros años de la vida, el cultivo y desarrollo durante la infancia y
la aparición de los frutos malignos en la adolescencia. Todo esto nutrido y estimulado por
un medio violento que pasa a formar parte inseparable del carácter del adulto. Heredamos
rasgos genéticos que influyen en nuestro carácter, pero nuestro
comportamiento es el producto de un proceso evolutivo condicionado por las fuerzas
sociales y la cultura.
Todos nacemos con las simientes de la bondad, pero también con las semillas de la
crueldad. De acuerdo con el ambiente donde nacemos, unas pueden germinar con fuerza
y otras pueden morir.
Desde nuestra óptica, más que hablar de personas perversas preferimos hablar de
maneras distintas de responder el individuo ante situaciones complicadas que le
sobrepasan, en las que juega un papel importante o decisivo el temor, el interés, el
egoísmo, la necesidad, la ignorancia, la defensa o la respuesta temperamental; pero no
forzosamente el deseo de hacer mal. En ocasiones, el receptor puede interpretar
erróneamente el mensaje del emisor por un canal defectuoso o por una inadecuada
predisposición, dando lugar a malentendidos, conflictos e indisciplina por falta de
entendimiento, ignorancia, necesidad de diálogo o porque no se conocen los
interlocutores. En este apartado podríamos incluir hábitos y conductas aprendidas por el
alumnado en su entorno, usados como respuestas a distintas situaciones y que a veces
son amenazantes por el profesorado, cuando es la única manera de responder que el
alumno ha aprendido.
La elección entre distintas soluciones a los problemas de indisciplina dependerá de
nuestra opinión sobre su origen y de las circunstancias de cada caso que aconsejan las
medidas adecuadas a cada comportamiento.

EL PERFIL DEL ALUMNO INDISCIPLINADO


El alumno indisciplinado no obedece a un perfil delimitado por unas características
constantes a lo largo del tiempo, dado el número de variables que interviene n y el poco
control que a veces tenemos sobre ellas. Muy al contrario, la diversidad de situaciones y
casos hace difícil una definición que exponga con claridad y exactitud las características
genéricas y diferenciales del concepto alumno indisciplinado. Y con ello queremos resaltar
la carga de subjetividad que encierra todo juicio sobre las actitudes o los actos
indisciplinados y la sanción que corresponde. No podemos hablar, por lo tanto, de un
perfil. En todo caso, podríamos contemplar varios perfiles acompañados de notas muy
generales y en los que no están todos los que son ni están. Estos perfiles podríamos
agruparlos en casos menos graves, casos graves y rechazo a estar escolarizado.
a) Casos de indisciplina menos graves.
Los casos de indisciplina menos graves se asocian al alumnado con necesidades
educativas especiales, considerando que es un término muy amplio, que procede de
familias poco organizadas y con enfrentamientos entre sus miembros. Son alumnos con
retraso escolar, poco interés por lo que se hace en clase, escasas habilidades sociales,
autoestima baja, que quiere que se le tenga en cuenta y, sobre todo, con pocas
experiencias positivas de aprendizaje propiamente escolar. Suele ser un alumnado que
fracasa desmotivado porque no aprende y rechazado por el grupo clase, lo que complica
la situación. No se pretende decir que todos estos alumnos sean indisciplinados, porque
los hay con estas características que no distorsionan la clase. Sin embargo, aunque la
indisciplina no aflore en la educación primaria, cabe la posibilidad que esa conducta,
pacifica o pasiva hasta ese momento, cambie en la adolescencia.
La solución con este alumnado no está en la expulsión como medida ejemplar, porque le
desconecta más del grupo y del propio proceso de aprendizaje, y porque olvidamos
nuestro fin más importante que es el de educar. La dificultad está, no obstante, en cómo
resolver este problema para que el profesorado y el resto de alumnado puedan desarrollar
su labor sin las distorsiones que provoca la indisciplina. Y para ello no existen recetas.
Cada centro, en función de sus posibilidades y del caso concreto debe tomar la solución
más adecuada. Eso sí, el profesor debe tender a que sus alumnos adquieran hábitos de
orden, trabajo y respeto hacia el resto de los miembros de la comunidad escolar.

b) Casos de indisciplina graves.


Los casos más graves que deterioran la convivencia del aula e incluso del centro son
motivados por un alumnado inadaptado, con desajustes de personalidad, caracterial o
psicopatologías que, en la mayoría de los casos, necesita tratamiento específico para
especialistas. Teniendo en cuenta, naturalmente, la edad del alumnado y si está
escolarizado en la educación primaria o secundaria.
En la solución de los problemas más graves deben intervenir otros agentes implicados,
puesto que el centro no suele disponer de recursos propios para resolver los problemas
que causan, ni el profesorado puede prestar toda la ayuda que necesitan. En algunos
casos son exigibles soluciones intermedias, como una escolaridad atenuada o un
programa específico para que el alumno pueda integrarse paulatinamente en el grupo.
c) Casos de indisciplina por rechazo a estar escolarizados.
Los casos de indisciplina por rechazo a estar escolarizados son más comunes en los
últimos cursos de la educación secundaria obligatoria o minorías marginadas. Son
alumnos que, por razones de dificultades para aprender al compás, sus compañeros
manifiestan su hostilidad al centro, profesorado y compañeros. Son verdaderos objetores
que impiden el funcionamiento normal de las clases con el perjuicio para compañeros y el
deterioro emocional del profesorado.
Estos problemas tienen difícil solución y se suelen resolver cuando el alumno deja de ir al
centro, aunque esté en edad de escolaridad obligatoria. El abandono significa un alivio
para el profesorado en algunos casos, con la claudicación de los padres y la impotencia
de las autoridades. Que el problema acabe con el absentismo del individuo y con la
dejadez de un derecho que debería reclamar, nos obliga a preguntarnos sobre el
funcionamiento de nuestro sistema educativo, la responsabilidad que corresponde a las
administraciones educativas y la respuesta que los centros dan a las necesidades
educativas de todos sus alumnos. La solución depende de los centros de primaria o
secundaria, sino de los recursos destinados a los centros, apoyos y ayudas de las familias
más necesitadas para mejorar su formación y organización, las actitudes de padres y
profesores y la actuación coordinada de los agentes implicados.

Los casos de indisciplina se registran con más frecuencia en distintos colegios del país y
esto abre el debate acerca de cómo intervenir en estas situaciones que pueden resultar
muy complejas y que inciden en el desarrollo curricular. Los actos disruptivos, cuando los
comportamientos de los alumnos no se apoyan con los valores, motivaciones u objetivos
del proceso educativo, dificultan gravemente el proceso de enseñanza —aprendizaje por
la indisciplina, la falta de motivación, la apatía. Estos casos son causa de desajuste
curricular, estrés del profesorado y del alumnado y cultivo de conflictos.

Indisciplina.
El significado de indisciplina es contrapuesto al de disciplina, y es el resultado de una
actitud de rebeldía o rechazo (Furlán y Alterman, 2000).
Cuando se habla de indisciplina o de indisciplinado se hace referencia a aquel que obra
en contra de lo que está mandado, o que no acepta con sumisión una autoridad o una
orden.
Según Nuño y Madrigal (1999) se refiere a la falta de orden, orientación y la guía de la
conducta y de dominio sobre sus propios actos. Por su parte, Del Rey Ortega (2005) la
refiere como el comportamiento que interrumpe la actividad común del aula para impedir
su desarrollo, o que incumple con las normas o convenciones relativas al comportamiento
del aula o centro.
En algunos estudios publicados se proporcionan datos relevantes acerca de los
problemas de disciplina, estableciendo como principales características la falta de respeto
hacia las autoridades, profesores y compañeros e irrumpir el ambiente de clase. (Herrera
1999; Nuño y Madrigal, 1999).
En cada institución y cada persona, una falta a la norma se percibe de distinta manera
dependiendo de la persona que transgreda la norma, la personalidad y el estado anímico
de quien juzga la conducta, la relación entre infractor y observador, entre otras (Torrego y
Moreno, 2003). Con lo cual comprender las relaciones entre personal de la escuela y
estudiantes contribuye a entender el fenómeno de indisciplina.
En la indisciplina siempre confluyen razones familiares, de aprendizaje, elementos
culturales y personales.

Familia:

✓ Falta de trabajo.

✓ Relaciones problemáticas.

✓ Falta de atención a hijos.

Aprendizaje:

✓ Aprendizaje de la violencia.

✓ Poca inhibición de la agresividad.

Elementos culturales:

✓ Lucha por el poder.

✓ Competitividad y rivalidad.

✓ Racionalización frente al otro.

✓ Desintegración de principios. Factores personales:

✓ Evolución individual.

✓ Aislamiento interpersonal.

✓ Pocas habilidades de comunicación.


La conducta de los alumnos en clase no debe considerarse como un fenómeno
aislado, el cual se deba y determine por un solo factor, por el contrario, se debe a
varios factores. El adolescente está sujeto a fuerzas condicionadas mutuamente,
cada una actúa como estímulo de su propia respuesta. Algunos de estos
estímulos provienen del profesor, otros en la forma de organización y
administración de la clase y escuela (Fontana, 1992). En este sentido, el
reglamento de la escuela es fundamental para manifestar la disciplina de los
alumnos.

Indisciplina y Falta de Valores:

La falta de indisciplina puede llevar a la falta de valores debido a varios factores


interrelacionados:

 Distracciones y Falta de Enfoque: La falta de disciplina puede hacer


que las personas se vean fácilmente distraídas por tentaciones o
situaciones que desvíen su atención de metas y objetivos valiosos.
Esto puede conducir a una pérdida de valores al descuidar lo
importante en favor de lo trivial.
 Pereza y Miedo: La indisciplina también puede manifestarse a través
de la pereza o el miedo al esfuerzo necesario para alcanzar metas
significativas. Esta actitud puede llevar a una renuencia a
comprometerse con actividades que promuevan valores como la
perseverancia y el trabajo duro.
 Impedimentos y excusas: Las personas indisciplinadas tienden a
buscar excusas para evitar enfrentar obstáculos o dificultades en su
camino hacia el logro de metas. Esta actitud puede socavar la
adhesión a valores como la responsabilidad y la superación personal.
 Impacto Social: La falta de disciplina individual puede tener
repercusiones sociales más amplias, especialmente cuando se
manifiesta en un gran número de individuos, como en crisis sociales o
culturales:

 Inestabilidad Social: La falta generalizada de disciplina puede


contribuir a un clima social inestable, donde las normas morales y
éticas se ven socavadas por comportamientos irrespetuosos e
irresponsables.
 Crisis de Valores: La ausencia de disciplina en la sociedad puede dar
lugar a una crisis en los valores fundamentales que sustentan las
relaciones humanas saludables, como el respeto mutuo, la honestidad
y la empatía.
 Falta de Amor y Empatía: La indisciplina puede estar vinculada a una
carencia profunda de amor propio y hacia los demás, lo cual es
esencial para fomentar principios virtuosos como la generosidad, la
humildad y el perdón.

Consecuencias de la falta de valores en la sociedad actual


La falta de valores en los jóvenes de la sociedad actual ha provocado acciones y
comportamientos que han erosionado la unidad de la sociedad creando una crisis
global que se traduce en una inestabilidad y carencia de amor y respeto al otro.
Entre las consecuencias más graves se tienen:

 Vandalismo.
 Homicidios.
 Drogadicción.
 Prostitución.
 Suicidios.
 Embarazos precoces y no deseados.
 Robos.
 Abortos en jóvenes a temprana edad.
 Relaciones sexuales promiscuas.
Combatiendo la falta de valores en los jóvenes del siglo XXI

Sabiendo que toda educación comienza desde casa, el primer paso sería hacer un
esfuerzo de reflexionar cómo los padres están criando a sus hijos ¿han dispuesto el
tiempo suficiente para tener tiempo de calidad, enseñanza de disciplina, afecto,
recreación familiar? ¿cómo les hablas, tus palabras transmiten bendición? Las
respuestas a estas preguntas encaminarán a los padres o representantes a realizar
acciones que beneficiarán a los niños y jóvenes en su desenvolvimiento social,
algunas de ellas pueden ser:

 Fomentar una cultura de cooperación en casa.


 Practicar la solidaridad en actividades con la participación de los jóvenes.
 Hacer actividades en equipo que fomenten el desarrollo de actitudes de buen
liderazgo, compañerismo y unidad, ya sea en familia o por iniciativa de la
comunidad.

Finalmente, es bueno tener presente que la educación de los valores en los hijos no
es responsabilidad de los docentes, esto es algo que les compete a los padres.

Factores de la Indisciplina

La indisciplina presenta algunos factores como:

 Factores a nivel individual

Discapacidades de aprendizaje: los estudiantes con discapacidades de


aprendizaje corren un mayor riesgo de exhibir indisciplina debido a la
frustración y las dificultades para comprender el contenido académico. Estos
estudiantes pueden comportarse mal por sentimientos de impotencia o baja
autoestima por sus luchas académicas.

Trastornos emocionales y de conducta: Los estudiantes con trastornos


emocionales y de conducta a menudo muestran conductas disruptivas que
interfieren con su aprendizaje y el de sus compañeros (4). Estos trastornos
pueden deberse a diversas causas, como traumatismos, problemas de salud
mental o afecciones neurológicas.

Factores psicosociales: Los factores psicosociales como los problemas


familiares, la presión de los compañeros y las crisis personales pueden
contribuir significativamente a la indisciplina en los estudiantes (5). Por
ejemplo, los estudiantes que experimentan conflictos familiares o enfrentan
problemas personales pueden tener dificultades para concentrarse en sus
estudios y, en cambio, exhibir comportamientos disruptivos.
Factores cognitivos: los factores cognitivos como el déficit de atención o la
baja inteligencia también pueden contribuir a la indisciplina

 Los estudiantes que tienen dificultades con la atención o tienen


capacidades cognitivas más bajas pueden tener dificultades para
seguir las reglas o mantenerse concentrados en sus estudios durante
períodos prolongados.
Desarrollo moral: el desarrollo moral juega un papel crucial en la
configuración del comportamiento de los estudiantes

 Los estudiantes que carecen de habilidades de razonamiento moral o


que tienen bases morales débiles pueden tener comportamientos
disruptivos debido a una falta de comprensión de las acciones
correctas e incorrectas.

Rasgos de personalidad: Ciertos rasgos de personalidad como la


impulsividad o la falta de escrupulosidad pueden aumentar la probabilidad de
indisciplina.

 Los estudiantes impulsivos pueden actuar sin pensar en las


consecuencias de sus acciones, mientras que aquellos que son menos
concienzudos pueden tener dificultades para seguir las reglas de
manera consistente.

Motivación: La falta de motivación puede llevar a los estudiantes a cometer


indisciplinas a medida que se desvinculan del proceso de aprendizaje.

 Los estudiantes que no ven el valor de su educación o se sienten


desconectados de sus maestros pueden actuar como una forma de
expresar su insatisfacción o buscar atención.

Autoestima: La baja autoestima puede contribuir a la indisciplina cuando los


estudiantes buscan validación a través de comportamientos negativos

 Los estudiantes que se sienten infravalorados o despreciados por sus


profesores o compañeros pueden actuar como una forma de llamar la
atención o afirmarse dentro de sus círculos sociales.

Abuso de sustancias: El abuso de sustancias es otro factor importante que


contribuye a la indisciplina (11). Los estudiantes bajo la influencia de drogas o
alcohol tienen más probabilidades de tener conductas disruptivas debido a
una percepción alterada y capacidades de juicio.
Salud física: la mala salud física puede afectar la capacidad de los
estudiantes para concentrarse en sus estudios y cumplir con las reglas (12).
Las enfermedades crónicas o la fatiga pueden dificultar que los estudiantes
mantengan una asistencia y participación constantes en las actividades de
clase, lo que los lleva a comportamientos disruptivos como mecanismo de
escape de los factores estresantes académicos.

Factores ambientales

Ambiente del aula: El ambiente del aula juega un papel crucial en la


configuración del comportamiento de los estudiantes (13). Un ambiente
caótico en el aula caracterizado por niveles de ruido, desorden y aplicación
inconsistente de las reglas puede contribuir significativamente a la indisciplina
entre los estudiantes.

Influencia de los compañeros: La influencia de los compañeros es otro


factor ambiental importante que contribuye a la indisciplina entre los
estudiantes

Los estudiantes tienden a ajustarse a las normas establecidas por sus


compañeros; por lo tanto, si estas normas incluyen un comportamiento
disruptivo, es más probable que otros estudiantes sigan su ejemplo.

Entorno hogareño: El entorno hogareño también es esencial en la


configuración del comportamiento estudiantil.

 Los niños que crecen en familias disfuncionales donde hay conflictos


entre los padres o estilos de crianza negligentes tienen más
probabilidades de exhibir comportamientos disruptivos en la escuela.

Entorno comunitario: El entorno comunitario que rodea las escuelas


también puede afectar el comportamiento de los estudiantes a través de la
exposición a pandillas, drogas, violencia, etc., lo que podría llevarlos a
participar en actividades antisociales en la escuela.

 Comprender el impacto de la indisciplina en el aprendizaje

Efectos de la indisciplina en el aprendizaje

La indisciplina entre los estudiantes puede tener un impacto negativo significativo en


el proceso de aprendizaje. Cuando los estudiantes son indisciplinados, esto puede
provocar interrupciones en el aula, afectando no sólo su propio aprendizaje sino
también el de sus compañeros. Las interrupciones constantes, la falta de
concentración y el comportamiento irrespetuoso hacia los profesores pueden crear
un entorno que no propicie un aprendizaje eficaz.

Distracciones y falta de concentración

Una de las principales formas en que la indisciplina afecta el aprendizaje es a través


de distracciones y falta de concentración. Los estudiantes indisciplinados pueden
tener comportamientos disruptivos, como hablar fuera de turno, usar dispositivos
electrónicos durante la clase o entablar conversaciones paralelas con sus
compañeros de clase. Estas distracciones pueden impedirles prestar atención a la
lección que se les enseña, lo que genera lagunas en su comprensión y retención del
material.

Interrupción de la dinámica del aula

La indisciplina puede alterar la dinámica general del aula. Cuando algunos


estudiantes exhiben un comportamiento disruptivo, se puede crear un efecto dominó
en el que otros estudiantes también se distraen o se desconectan. La interrupción
afecta a la experiencia de aprendizaje de quienes están directamente involucrados y
a la capacidad del maestro para dar la lección efectiva a toda la clase.

Impacto negativo en el rendimiento académico

La indisciplina persistente puede tener una correlación directa con el rendimiento


académico. Los estudiantes que suelen ser disruptivos o no cumplen con las reglas
del aula pueden tener dificultades académicas por falta de instrucción, tareas
incompletas o malos hábitos de estudio por falta de concentración en clase. En
última instancia, esto puede conducir a calificaciones más bajas y obstaculizar su
progreso educativo general.

Relaciones tensas entre profesores y estudiantes


La indisciplina puede tensar las relaciones entre profesores y estudiantes. A los
profesores puede resultarles difícil gestionar un aula donde prevalece la indisciplina,
lo que genera frustración y agotamiento. Por otro lado, los estudiantes que exhiben
un comportamiento disruptivo pueden enfrentar acciones disciplinarias o
interacciones tensas con los maestros, lo que afecta su motivación y participación
en las actividades de aprendizaje.

Promoción de la disciplina para un aprendizaje eficaz: abordar la indisciplina


requiere un enfoque multifacético que implique la colaboración entre educadores,
administradores, padres y los propios estudiantes. Implementar reglas y
consecuencias claras por el mal comportamiento, fomentar relaciones positivas
entre maestros y estudiantes, brindar apoyo a los estudiantes que enfrentan
desafíos y promover una cultura de respeto y responsabilidad son pasos esenciales
para crear un ambiente de aprendizaje disciplinado que conduzca al éxito
académico.

Estrategias para abordar la indisciplina en el aula

1. Establecimiento de normas claras: Es fundamental que tanto los docentes


como los estudiantes conozcan las reglas y consecuencias establecidas en el
aula. La consistencia en su aplicación es clave para fomentar un ambiente
ordenado y respetuoso.
2. Promoción del diálogo y la empatía: Fomentar espacios de comunicación
abierta donde se puedan expresar preocupaciones, resolver conflictos y
comprender las necesidades individuales de los estudiantes puede contribuir
a prevenir situaciones de indisciplina.
3. Implementación de estrategias pedagógicas inclusivas: Adaptar las
metodologías educativas para atender las diversas necesidades y estilos de
aprendizaje de los alumnos puede favorecer su compromiso con las
actividades escolares y reducir comportamientos disruptivos.

Factores que contribuyen a la falta de valores en el aula:

4. Cambios sociales: Los cambios sociales hacia el individualismo, los rápidos


avances tecnológicos y las estructuras familiares cambiantes han influido en
los valores que se priorizan y se transmiten dentro de las familias y las
escuelas.
5. Influencia de los medios: la influencia generalizada de los medios,
especialmente las redes sociales, puede moldear las percepciones de los
estudiantes sobre los valores y comportamientos, promoviendo a veces la
superficialidad o el materialismo por encima de consideraciones éticas más
profundas.
6. Prioridades educativas: con un enfoque en el rendimiento académico y las
pruebas estandarizadas, algunos sistemas educativos pueden priorizar las
habilidades cognitivas sobre el desarrollo socioemocional y la educación del
carácter.
7. Participación de los padres: los cambios en la dinámica familiar y la
participación de los padres en la educación moral de los niños pueden afectar
los valores que los estudiantes traen al aula.
8. Influencia de los compañeros: Los compañeros desempeñan un papel
importante en la configuración de las actitudes y comportamientos de los
estudiantes, lo que puede reforzar los valores positivos o contribuir a su
erosión.
9. Falta de modelos a seguir: en algunos casos, los estudiantes pueden
carecer de modelos a seguir positivos que ejemplifiquen valores como la
integridad, la compasión y la responsabilidad.

Efectos de la falta de valores en el aula:

10. Comportamiento disruptivo: los estudiantes que carecen de valores


esenciales pueden exhibir un comportamiento disruptivo, falta de respeto
hacia sus compañeros o maestros y un desprecio por las reglas y normas.
11. Intimidación y acoso: la ausencia de valores como la empatía y el respeto
puede contribuir a casos de intimidación, acoso o discriminación dentro de los
entornos escolares.
12. Malas relaciones interpersonales: sin una base de valores como la empatía
y la tolerancia, los estudiantes pueden tener dificultades para formar
relaciones saludables con sus compañeros y profesores.
13. Disminución del rendimiento académico: un clima negativo en el aula
resultante de la falta de valores puede afectar la concentración, la motivación
y el rendimiento académico general de los estudiantes.
14. Impacto en la cultura escolar: la ausencia colectiva de valores dentro de
una comunidad escolar puede erosionar la confianza, la cooperación y el
sentido de pertenencia entre los estudiantes y el personal.

Abordar la falta de valores en el aula requiere un enfoque multifacético que implique


la colaboración entre educadores, padres, formuladores de políticas y partes
interesadas de la comunidad. Implementar programas integrales de educación del
carácter, fomentar modelos positivos, promover iniciativas de aprendizaje
socioemocional y crear una cultura de respeto son pasos esenciales para cultivar un
entorno educativo más impulsado por valores.

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