Estudiante: Catalina Ramírez Maldonado
Docente: Ignacio Walker
Organización Política de Chile
05 de diciembre de 2023
El estallido social de Chile ¿una tragedia anunciada o evitable?
Introducción:
El 18 de octubre de 2019 Chile vivió uno de los eventos más significativos de su historia,
dando inicio a un estallido social, caracterizado por movilizaciones sociales y violencia de tal
significancia, nunca antes vista desde la vuelta a la democracia en Chile (Walker, 2020)
Lo que comenzó a inicios de esa semana como un movimiento estudiantil, evadiendo el
pago del metro de Santiago debido a un aumento del pasaje, detonó un estallido social de
tal envergadura, que tuvo efectos irreversibles en la política chilena (Navarro y Tromben,
2019). Dando lugar a un sin número de movilizaciones sociales, cacerolazos y marchas
espontáneas en distintos lugares del país, y niveles de violencia poco antes vistos, tales
como incendios en estaciones de metro, saqueos y destrozos en distintos lugares del país
(Waissbluth, 2020).
Esta movilización social que involucró a la mayoría del país inició como una manifestación
en contra del aumento del pasaje del metro, pero rápidamente se transformó en una
protesta social en la que los ciudadanos demandaban un sistema social y económico más
equitativo (Rivera et al, 2021), transformándose en un proceso político y electoral.
Las causas de este evento han sido muy discutidas desde su inicio, hasta el día de hoy. “No
son 30 pesos, son 30 años” es la frase que se convirtió en el lema de los manifestantes
durante las movilizaciones sociales. Entre las causas podemos encontrar la poca
representatividad política, la crítica al modelo neoliberal, desigualdad económica,
segregación social, entre muchas otras. Pero si estos problemas se acarreaban hace 30 años
¿Por qué el estallido social ocurrió en el gobierno de Sebastián Piñera? ¿Era algo inevitable o
hubo una colaboración del gobierno para que este movimiento social detone? ¿Hubiese
ocurrido si otro gabinete estaba al mando? Estas son preguntas que nacen debido a las
múltiples causas del estallido social y además por las respuestas del gobierno (2018-2022)
para enfrentar la crisis, tales como, las declaraciones por parte del Ministro de Economía
“Quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja” que sólo fue el inicio
de una serie de errores comunicacionales que agravan la situación y el malestar social
(Waissbluth, 2020)
El siguiente ensayo busca analizar las causas del estallido social y la respuesta del gobierno
de Sebastián Piñera ante la crisis social, y como esta última influyó en la detonación de olas
violentas y manifestaciones vividas a partir de octubre del año 2019. Se buscará responder a
la pregunta ¿El estallido social vivido en Chile, era una tragedia anunciada o era algo
evitable?
Para responder a esto, se realizará un análisis a las diversas teorías sobre las causas del
estallido social, como la teoría que plantea una incongruencia en Chile entre el nivel de
desarrollo de su economía neoliberal y su sistema político (Ugalde et al, 2020), y además se
realizará una análisis a los discursos de Sebastián Piñera, realizados previos y durante el
estallido y como estos impactaron en la ciudadanía.
Desarrollo:
Chile es uno de los mejores ejemplos extremos sobre la aplicación del modelo neoliberal
(Waissbluth, 2020), analizando países con gran predominio del mercado sobre el Estado,
Chile es el país que más aplica este modelo, inclusive por sobre países como EEUU y UK.
Además, los indicadores del país en materia de reducción de pobreza son extraordinarios,
sin embargo, también lo son los niveles de desigualdad. “No es un secreto el nivel de
desigualdad existente en Chile” afirma Jiménez Yáñez (2020), dejando en evidencia que
Chile es uno de los países con peor distribución del ingreso en el mundo.
Además de una considerable desregulación en los mercados, el código penal parece estar
diseñado de manera que los empresarios que participan en prácticas como colusión, evasión
de impuestos, uso de información privilegiada o fraude contra el fisco y/o los consumidores,
apenas enfrenten consecuencias legales, limitándose a la "grave" sanción de asistir a cursos
de ética en lugar de pasar tiempo en la cárcel (Waissbluth, 2020).
Lo descrito anteriormente, no es algo que se gestó sólo en el gobierno de Sebastián Piñera,
lo ocurrido en las manifestaciones es un síntoma de un extendido malestar con diversas
aristas de la vida social, que se venía incubando hace mucho tiempo, como se mencionó
anteriormente, fueron 30 años de malestar (Güell, 2019).
La experiencia de desigualdad no hace referencia sólo a problemas de distribución de
ingresos, como menciona Güell (2019), sino que a las distintas formas de distribución de los
bienes comunes - espacio urbano, deporte, respeto, dignidad, etc. -
Otra razón es la sensación de ineficiencia por parte de las instituciones, las que se perciben
como clasistas, conservadoras y centradas en la rentabilidad económica antes que en las
necesidades sociales. Al igual que la experiencia de abandono por parte de estas mismas
instituciones del Estado.
La segregación e inequidad han tenido consecuencias tangibles en la sociedad chilena. Un
ejemplo de esto es la gran diferencia de esperanza de vida de una mujer de comunas más
pobres versus una mujer de comunas más ricas, la diferencia llega a ser de 18 años de vida.
La segregación afecta a la diversidad y cohesión social, generando sentimientos de
desconfianza, esto también se extrapola a la desconfianza hacia las instituciones y
autoridades, ya que, si la sociedad siente que estas son injustas o poco equitativas, no
confiará en ellas.
Todo lo descrito anteriormente, refuerza la hipótesis que afirma que el estallido social era
algo que se venía gestando hace mucho tiempo, no sólo en el gobierno de Sebastián Piñera.
Manuel Castells (en Waissbluth, 2020), explica que lo que sucedió en Chile no era un caso
excepcional, sino que un fenómeno global. Un fenómeno que se gestaba con distintas
etapas, las cuales describe en tres fases, la primera implica una transformación fragmentada
y caótica de los sistemas políticos. La segunda fase como la emergencia de movimientos
sociales y la tercera, como la explosión social, donde la ciudadanía, agotada, estalla,
manifestándose a veces con violencia limitada y en otros casos extrema - como fue en Chile
-. Lo que da indicios de que este proceso ya se incubaba hace al menos una década
(Waissbluth, 2020).
Sin embargo, la presencia de Sebastián Piñera en La Moneda, tuvo un gran impacto en cómo
se desarrolló y detonó el estallido social. Lo descrito en el punto anterior, sumado a un
gobierno de actitud gerencialista, y un sin número de errores comunicacionales por parte de
este, fueron detonantes de innumerables manifestaciones el día 18 de octubre del 2019,
además de una, posiblemente planificada, quema de estaciones de metro, fueron
suficientes para hacer estallar el malestar social, que una semana más tarde se concretaría
en una marcha pacífica a la cual asistieron aproximadamente 1.2 millones de personas.
La frase “las palabras crean realidades” hace especial sentido a un análisis a los discursos
tanto de Piñera como de su gabinete, debido a que los discursos tienen efectos de corto,
mediano y largo plazo en distintas dimensiones de la sociedad, como lo son las creencias,
identidades y relaciones sociales (Navarro y Tromben, 2019).
Meses previos al estallido social, Sebastián Piñera repitió constantemente la idea de que
Chile era un oasis de crecimiento, democracia y prosperidad en América Latina. Estos dichos
fueron fuertemente criticados durante las movilizaciones de octubre, en las cuales las
personas se manifestaban especialmente contra la inequidad de este crecimiento.
Además Alberto Mayol (en Waissbluth, 2020) realizó una recopilación de diferentes frases
dichas por parte del gobierno que sólo avivaron el malestar social, tales como la dicha por el
ministro Varela (2018) en la que mandó a la ciudadanía a realizar bingos para arreglar las
escuelas o la de Juan Andrés Fontaine en la que pedía a las madres que recen para que se
solucione la guerra comercial, además de la frase dicha por Luis Castillo (2019),
subsecretario de redes asistenciales de Salud, en la que mencionaba que “las personas van
temprano a los consultorios para hacer vida social” (2019). Todo lo anterior refleja tal grado
de desconexión de la ciudadanía por parte de la política, que sólo incrementa el nivel de
desconfianza y sensación de malestar de la sociedad.
Una vez iniciado el estallido social, hubo un mal diagnóstico de este por parte del presidente
y su gobierno, en el cual se destacaba su rigidez para controlarlo (Huneeus & Pastén, 2020),
fue visto como un problema de orden público, sin prestar demasiada atención a las
demandas sociales y a la crisis de legitimidad del sistema económico y político que
atravesaba el país (Huneeus & Pastén, 2020). Es en este contexto en que realiza la famosa
frase “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable” y “ellos están en guerra
contra todos los chilenos de buena voluntad”” justificando así el despliegue de militares en
las ciudades y estableciendo toques de queda (Jiménez Yáñez, 2020), hecho con un
importante simbolismo político, ya que los militares no salían a las calles con tal objetivo
desde la dictadura de Pinochet, sumando así un nuevo desacierto comunicacional, tanto en
sus palabras como en simbolismos (Huneeus & Pastén, 2020).
El restablecimiento del orden público y la seguridad fue la prioridad por parte del gobierno
ante el estallido social, se reiteró numerosas veces, al igual que el apoyo al brazo armado
del Estado para que cumpla su labor en cuanto a lo mencionado anteriormente,
nuevamente dejando entre ver que estas movilizaciones no fueron en un principio, críticas
para asumir que la gestión política estaba fallando (Navarro y Tromben, 2019).
Los discursos analizados anteriormente evidencian una falta de empatía por parte del
gobierno, además de un inadecuado manejo de las crisis - no sólo durante el estallido social
- lo que sirvió como detonante de un estallido social de tal envergadura, manifestaciones y
olas de violencia - no justificadas - que marcaron la historia de Chile.
Conclusión:
Las razones que provocaron un estallido social en Chile son múltiples, como se mencionó
anteriormente, la crisis del modelo neoliberal que afecta al país, y que tiene consecuencias
tales como la segregación social, desconfianza en las instituciones, sentimiento de injusticia
y empatía por parte de las autoridades y sentimiento de fragilidad económica por parte de
la clase media, es un problema que se viene gestando desde hace muchos años. Además del
análisis de Castells, en el que menciona la expresión local de tendencias internacionales
como lo son la crisis de representatividad política, conflictos de carácter social, político y
económico, entre otros, vislumbra que la hipótesis sobre si el estallido social era una
tragedia anunciada, es correcta, era algo inevitable de ocurrir.
Sin embargo, es posible afirmar, debido al análisis anterior, que la presencia de Sebastián
Piñera como jefe de Estado, influyó y cooperó en que esta tormenta se desatara. La falta de
empatía y mala lectura de crisis y manifestaciones contribuyeron al malestar social. Una
serie de declaraciones desafortunadas, fueron evidencia de la falta de empatía y
desconexión por parte de la clase política, en especial del gobierno, hacia la ciudadanía y sus
necesidades. Todo lo anterior, contribuyeron a la escalada de tensiones que necesitaba un
estallido social, como el que se vivió en Chile, además del manejo de esta crisis, en primer
lugar, sólo tuvo espacio para la rigidez lo que tuvo como consecuencia una escalada en
violencia y manifestaciones.
Luego de este análisis, es posible afirmar que si bien las causas del estallido social, se venían
gestando e incubando desde hace muchos años, el mal manejo de las crisis por parte del
presidente si sirvió como detonante de las olas de manifestaciones. Si bien no es posible
afirmar que el estallido social iba o no a ocurrir en otro gobierno, si se puede afirmar que el
gobierno de Sebastián Piñera impulsó la escalada de tensiones que necesitaba este
fenómeno para estallar, un estilo de liderazgo caracterizado por la rigidez frente a las crisis y
la poca empatía, sólo contribuye a que las crisis sociales se salgan de control.
El manejo de crisis del presidente Sebastián Piñera cambió desde el estallido social, muy
diferente fue el manejo de la crisis sanitaria del COVID -19, la cual fue muy aclamada y
reconocida por parte de distintos sectores políticos, y por parte de la población, en la cual, si
prestó atención a las demandas sociales y mostró más empatía, en cuanto a su actuar y sus
discursos.
Referencias bibliográficas:
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