consumismo
1. nombre masculino
Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios.
La filosofía del consumo
29 diciembre, 201729 diciembre, 2017 Sociedad Natalia G. Vargas
Nos puede la estabilidad. Tememos al miedo y a la desaparición de los pilares en los que
fijamos nuestras certezas. Una lucha continua entre el orden y el caos en la que el equilibrio
siempre vence. Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco, asegura que la sociedad
posmoderna ha experimentado un proceso de fusión, pasando de ser una estructura sólida a
ser una comunidad líquida que ha perdido sus convicciones y que no sabe a dónde va. Sin
embargo, hemos encontrado un soporte provisional: el consumo. La adquisición de bienes
ofrece una felicidad fugaz que va y viene según los ciclos del mercado, convirtiéndose en
algo frágil y voluble que nos mantiene “bajo el imperio de la caducidad”.
Lo que los sociólogos conocen como macdonalización o consumo rápido es el máximo
exponente de este estilo de vida. Las empresas, fortalecidas por los medios de
comunicación, siembran la necesidad de poseer un determinado producto cuya duración
está determinada por la obsolescencia programada. Tras un período de tiempo calculado
por el fabricante, el bien quedará obsoleto, ya sea porque deja de ser útil o porque no se
ajusta a las tendencias del momento.
Con el avance del capitalismo, la adquisición de bienes ha dejado de ser una cuestión
económica para convertirse en un asunto cultural. “El consumo ha pasado a formar parte de
la cultura occidental hasta el punto de que los centros comerciales se venden como centros
de ocio”, afirma José Antonio Batista, doctor en Antropología Social y profesor de esta
disciplina en la Universidad de La Laguna.
Marrero: “Creemos que tenemos un gusto personal, producto
de decisiones propias, pero es una creencia que la publicidad y
el individualismo alimentan”
Según los datos del Banco Mundial, el Índice de Consumo Privado en España muestra que,
en 2015, el consumo suponía un 57,6 % del PIB. Además, el Índice de Confianza del
Consumidor del pasado mes de noviembre, medido por el Centro de Investigaciones
Sociológicas (CIS), aumentó en un 8,7 % respecto a octubre. Por tanto, las familias se
sienten más seguras sobre la estabilidad de sus ingresos y, en consecuencia, están más
dispuestas a gastar. Esto, unido al alto desembolso propio de la época navideña, permite
vaticinar sobre las actividades de compra de estos agentes en los próximos meses.
En 1970, con la irrupción del consumo de masas, el gasto privado de las familias suponía
un 63,41% del PIB de España, y descendió hasta alcanzar su punto más bajo en 2009 con
un 56,10%, momento en el que el país estaba en crisis. A partir de entonces, el porcentaje
asciende. /Fuente: Banco Mundial
Los medios: creadores de deseo
El consumo de masas es una consecuencia directa de la cultura de masas, que surge en los
años 70. “Los medios de comunicación y la publicidad se convierten en las dos condiciones
necesarias para el funcionamiento del sistema actual. Los primeros generan deseos a gran
escala y la segunda intenta que estos sueños se materialicen en la adquisición de los
productos promocionados”, señala Francisco Pérez López, profesor y licenciado en
Filosofía por la Universidad de Murcia, y graduado en Antropología y en Sociología por la
UNED.
Una de las consecuencias de esta estructura universal es la homogeneización del gusto. “El
gusto personal es el resultado de procesos sociales a los que se ha estado sometido. Por
supuesto, todos creemos que tenemos un gusto personal, resultado de nuestras decisiones,
pero es solo una creencia que la publicidad y la ideología del individualismo alimentan”,
explica Rosa Marrero, doctora en Sociología y profesora de Sociología del Consumo en la
ULL.
La publicidad toma una vieja idea antropológica que define los miembros de la especie
humana como animales simbólicos frente a las teorías de estos como seres racionales. El
individuo dota de sentidos concretos a lo que le rodea, y actúa en función a estos
significados. Además, ha pasado de ser informativa a jugar con la emocionalidad y con las
sensaciones que puede experimentar una persona que adquiere ese bien. “Los anuncios de
coches descapotables no informan sobre su potencia, ahora se venden como una vía para
mostrar el éxito social”, ejemplifica Batista.
El malestar en la cultura
Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, explicaba que la cultura tiene como objetivo
racionalizar al individuo reprimiendo sus instintos animales. Sin embargo, la interpreta
como un arma de doble filo por contribuir al orden social de las comunidades y, a su vez,
reprimir los impulsos naturales del ser humano, lo que termina afectando a la propia
persona al desarrollar sentimientos negativos.
El profesor Batista suscribe que, en una cultura del consumo caracterizada por la
competitividad, una de las sensaciones que pueden surgir es la envidia. “Hay quien la
entiende como un mecanismo de coerción social que se da en algunas comunidades regidas
por una expectativa de igualdad. En una sociedad que considera que todos los individuos
deben tener un mismo nivel económico y el mismo volumen de posesiones, cuando alguien
destaca se ponen en marcha mecanismos de envidia que funcionan presionando al individuo
para que se amolde al grupo”, añade.
Batista: “El consumo ha pasado a formar parte de la cultura
occidental hasta el punto de que los centros comerciales se
venden como centros de ocio”
El malestar también está presente en aquellos sectores de la población que no pueden
participar del consumo por cuestiones salariales. Bauman los llama consumidores fallidos.
En 2011, Londres fue escenario de una revuelta que duró varios días, impulsada por el
descontento de estas personas. La protesta no era ideológica, sino que se centraba en el
asalto a comercios. No irrumpían en supermercados, sino que el objetivo eran las tiendas de
telefonía móvil, de ropa y de zapatillas deportivas. La causa: el ansia de consumismo y la
frustración por no poder comprar lo que otros ya tenían.
El consumismo es la compra o acumulación de bienes y servicios considerados
no siempre necesarios.1
El consumismo a gran escala en la sociedad contemporánea compromete los
recursos naturales y la economía sostenible.2 Las alternativas a algunos de los
problemas del consumismo son el desarrollo sostenible, el ecologismo,
el decrecimiento y el consumo responsable. La publicidad idealiza la satisfacción
y felicidad personal producida por el consumismo.3
Origen y antropología del consumo[editar]
El consumismo inicia su desarrollo y crecimiento a lo largo del siglo XX como
consecuencia directa de la lógica interna del capitalismo y la aparición de
la publicidad, herramientas que fomentan el consumo y generan nuevas
necesidades en el consumidor. El consumismo se ha desarrollado principalmente
en el denominado mundo occidental; se extendió después a otras áreas, y se hizo
popular el término sociedad de consumo, creado por la antropología social,
referido al consumo masivo de productos y servicios.
Para Jeremy Rifkin, en la década de 1920 se produjo
una sobreproducción en Estados Unidos -motivada por un aumento de
la productividad y una bajada de la demanda (economía) por la existencia de un
alto número de desempleados debido a los cambios tecnológicos- que encontró en
el marketing (mercadotecnia y publicidad) la herramienta para incrementar, dirigir y
controlar el consumo.45
En relación con la evolución desde las primitivas sociedades igualitarias hasta las
sociedades de clases diferenciadas y el paso del intercambio y la reciprocidad a la
acumulación ―que alcanza su apogeo en sociedad actual―, señala el
antropólogo Marvin Harris:
Tras la aparición del capitalismo en la Europa occidental, la adquisición competitiva
de riqueza se convirtió una vez más en el criterio fundamental para alcanzar el estatus
de gran hombre. Sólo que en este caso los grandes hombres intentaban arrebatarse la
riqueza unos a otros, y se otorgaba mayor prestigio y poder al individuo que
lograba acumular y sostener la mayor fortuna. Durante los primeros años del capitalismo
se confería el mayor prestigio a los que eran más ricos pero vivían más frugalmente. Más
adelante, cuando sus fortunas se hicieron más seguras, la clase alta capitalista recurrió
al consumo y despilfarro conspicuos en gran escala para impresionar a sus rivales.
Construían grandes mansiones, se vestían con elegancia exclusiva, se adornaban con
joyas enormes y hablaban con desprecio de las masas empobrecidas. Entretanto,
las clases media y baja continuaban asignando el mayor prestigio a los que trabajaban
más, gastaban menos y se oponían con sobriedad a cualquier forma de consumo y
despilfarro conspicuos. Pero como el crecimiento de la capacidad industrial comenzaba a
saturar el mercado de los consumidores, había que desarraigar a las clases media y baja
de sus hábitos vulgares. La publicidad y los medios de comunicación de masas aunaron
sus fuerzas para inducir a la clase media y baja a dejar de ahorrar y a comprar, consumir,
despilfarrar o gastar cantidades de bienes y servicios cada vez mayores. De ahí que los
buscadores de estatus de la clase media confirieran el prestigio más alto al consumidor
más importante y más conspicuo.6
Posturas hacia el consumismo[editar]
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Este aviso fue puesto el 18 de agosto de 2014.
Posturas críticas[editar]
Artículo principal: Anticonsumismo
«El consumo te consume», esténcil anticonsumista.
Para muchas personas, el uso de esta palabra tiene necesariamente una carga
política, ya que, casi siempre, el que utiliza las palabras consumismo y consumo
excesivo lo hace para criticar lo que considera consumo innecesario en otras
personas.
Una manera distinta de interpretar la palabra "consumismo" es considerarla como
la organización de la economía de una sociedad que, aunque tal como está ahora,
funciona a satisfacción tanto de consumidores como de productores, se puede
decir que en su conjunto despilfarra ciertos recursos. Un ejemplo no trivial podría
ser el uso de los envases y las bolsas de plástico, que contaminan los ríos y
reservas de agua dulce y ensucian las ciudades y regiones suburbanas. El método
moderno es más cómodo e higiénico para los consumidores e incrementa los
ingresos de los comerciantes, pero desde el punto de vista del funcionamiento de
la economía en su conjunto también desperdicia una serie de recursos que antes
se aprovechaban mejor.
Posturas defensivas[editar]
Algunos argumentan que los gastos jamás son innecesarios para quienes realizan
el consumo, por ejemplo, una persona considera que comprar un coche por diez
mil dólares es innecesario porque existe otro de cinco mil que ya cubre sus
necesidades, entonces comprará el de cinco mil. Si compra el de diez mil es solo
porque cubre más necesidades que el de cinco mil. Es defendido para activar la
economía, favoreciendo la industria y así dar trabajo.
Diseño ecológico[editar]
Por diseño ecológico o ecodiseño se entiende la incorporación sistemática de
aspectos medioambientales en el diseño de productos con el objeto de reducir su
eventual impacto negativo en el medio ambiente a lo largo de todo su ciclo de
vida. Entramos ahora en una fase, afortunadamente, en la que el reciclaje es
sumamente importante para todos. Los supermercados ya se están poniendo
manos a la obra con el uso de las bolsas ecológicas, pues las de polietileno tardan
más de doscientos años en biodegradarse, y cuando lo hacen se convierten en
pequeñas partículas tóxicas que afectan de manera directa a la naturaleza.
Causas y consecuencias[editar]
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Este aviso fue puesto el 18 de agosto de 2014.
Causas[editar]
La falta de identidad de cada una de las personas al no conocer sus necesidades
esenciales, y por no estar claro en relación con las necesidades de los más
cercanos a cada uno; factores influyentes como: la imitación de personajes de
televisión u otros arquetipos, que generan un ídolo a seguir. Dichos ídolos inducen
a las personas con una falta de Identidad personal a consumir ciertos productos
innecesarios, como consecuencia: generación de necesidades infinitas que no
pueden suplirse, la no felicidad.7El consumismo se ve incentivado principalmente
por:
La publicidad, que en algunas ocasiones consigue convencer al público de que
un gasto es necesario cuando antes se consideraba un lujo.
La predisposición de usar y tirar muchos productos,sin tener en cuenta el daño
que esto puede hacer ecológica y económicamente.
La baja calidad de muchos productos, que conllevan un período de vida
relativamente bajo (obsolescencia programada), los cuales son atractivos por
su bajo costo, pero a largo plazo salen más caros y son más dañinos para
el medio ambiente.
Algunas patologías como obesidad o depresión que nos hacen creer más
fácilmente en la publicidad engañosa, creyendo con esto que podemos
resolver nuestro problema consumiendo indiscriminadamente alimentos,
bebidas, artículos milagrosos u otro tipo de productos.
El desecho inadecuado de objetos que pueden ser reutilizados o reciclados, ya
sea por nosotros o por otros.
La cultura y la presión social.
La ignorancia.
Efectos del consumismo[editar]
Global: es dañino para el equilibrio ecológico en su totalidad ya que
actualmente existen muchos problemas relacionados con el excesivo consumo
de recursos naturales que se hace a nivel mundial así como el que los
procesos de producción en su gran mayoría generan contaminación.
Regional: la preferencia de productos innecesarios o fácilmente sustituibles de
una población que son producidos en otra región ayuda a desequilibrar
la balanza comercial entre las regiones.
Social: frecuentemente se ayuda a la mala distribución de la riqueza, ya que
los consumidores son por lo general de un nivel socioeconómico inferior que
los dueños de las compañías generadoras de los productos objetos de
consumismo.
Familiar: al caer en el consumismo aumentamos nuestros gastos de forma
innecesaria comprando cosas que pudiéramos evitar o reducir como productos
cuya publicidad promete milagros, productos de vida útil baja o productos
sustitutos de otros naturales.
Personal: diversas opciones consumistas son menos saludables que las que
no lo son. Por ejemplo, hacerse un zumo de naranja en casa en lugar de
comprar uno empaquetado que además de contener conservante, viene con
envases que acaban en la basura inorgánica.
Actitudes ante el consumismo[editar]
Que contribuyen a él[editar]
Consumir productos de un solo uso o de un número pequeño de usos en lugar
de productos más duraderos. Ejemplos: envases no reciclables en lugar de
reciclables, maquinillas desechables en lugar de una de navajas
intercambiables, bolsas de plástico de supermercado en lugar de bolsas
resistentes y cámaras fotográficas desechables en lugar de una convencional.
También puede incluirse aquí el consumo de productos de baja calidad que
duran menos que otros de mayor calidad.
Consumir productos que generan grandes cantidades de residuos, en
particular, plásticos y otros residuos no biodegradables. Por ejemplo, consumir
botellas pequeñas de agua mineral en lugar de botellas de mayor tamaño o
agua de grifo.
La cantidad de basura inorgánica que generamos es notablemente superior a
la cantidad de basura orgánica.
Otra característica de las personas actuales es el consumismo, cuando el dinero
domina a estas, la ciudad se convierte en un gran mercado y su habitante en un
ser productor y consumidor..
Contrarias[editar]
A nivel doméstico.
Comprar objetos de segunda mano.
Considerar diversas consecuencias de un producto antes de su adquisición,
como son su impacto en la salud, en el ecosistema y en la economía local y
personal. También el motivo que hace requerirlo, si es una necesidad concreta
o creada artificialmente por medio de la publicidad o la moda.
Comprar solo lo realmente necesario e imprescindible.
Homo oeconomicus[editar]
La persona económica tiene dos caras, la de empresaria y la de consumidora. El
empresario se preocupa por la prosperidad de su negocio, las tendencias de las
personas de negocios son:
1. Tener más y ser más grandes que los otros.
2. Celeridad para llevar a cabo sus propios planes económicos es tan
importante como su carácter masivo.
3. Le atrae lo nuevo.
4. Tiene anhelo de poder.
Lo propio de los valores económicos consiste en ser intercambiados y
consumidos; lo de los valores espirituales en ser expresados y comunicados.
A la persona consumista no le interesan los ideales filosóficos, éticos, religiosos ni
morales que impliquen ayudar de forma genuina al medio ambiente o a otras
personas de manera desinteresada como en otras culturas, sus modelos a seguir
son los de aquellas personas que han triunfado económicamente, gente llena de
cosas materiales, pero a la intemperie metafísica, en general, el bienestar material
se incrementa mientras el desarrollo espiritual se reduce.
Esta peculiaridad de las personas modernas se anuda con lo anterior que nos
permite calificarlo de homo oeconomicus. Esta persona económica de la que
hemos hablado tiene dos caras: empresario/consumidor. La civilización moderna
no sabe lo que es quien ignora el sentido.
Es aquel o aquella que integra una "sociedad de consumo". Los valores
económicos se intercambian y se usan. La gente consumista no establece
distinciones. Tanto económicas como espirituales. La riqueza material desempeñó
un papel importante en las sociedades humanas, pero jamás constituyó por sí
misma objeto de admiración como en la actualidad.
Tipos de consumo[editar]
Se pueden establecer tres tipos de consumo según función de las necesidades del
sujeto y de la frecuencia en el gasto del bien o servicio:
Consumo experimental: el consumo del producto o servicio se produce por
novedad o curiosidad o por tener. Suele suceder cuando se lanza al mercado
un producto nuevo o es una versión mejorada de uno existente.
Consumo ocasional: el consumo es intermitente, basado en la disponibilidad
del bien o servicio o en la satisfacción de deseos o necesidades no
permanentes.
Consumo habitual: el consumo ya forma parte de las
actividades cotidianas del sujeto. En este renglón entran los llamados artículos
de primera necesidad, los cuales también se conocen
como básicos, imprescindibles o prioritarios.
Cuando un artículo de consumo ocasional pasa a ser de consumo habitual sin que
sea algo realmente imprescindible (como por ejemplo bebidas alcohólicas, tabaco,
etc.) pudiera existir de manera subyacente un problema de adicción.
La familia, ya sea nuclear, monoparental, adoptiva, de padres separados, compuesta,
homoparental, extensa…, es el primer grupo de referencia que tiene una persona y
ésta debe servir de modelo en los patrones de comportamiento, los valores, las
creencias, las normas, las actitudes y las decisiones y, en el caso que nos compete,
en los hábitos de compra y consumo responsable y crítico de un individuo.
Como decía Philippe Meirieu en su libro Frankenstein Educador: “la familia se ha
convertido en un conjunto de personas que utilizan la misma nevera”. Y nada más
lejos de lo que tendría que ser integrarse en la domus donde se debe educar en
respeto, hábitos que adquirir, códigos que aprender y obligaciones a respetar.
Como dijo Ward, ya en 1974: “la socialización del consumidor es el proceso por el
que los niños y las niñas adquieren habilidades, conocimientos, y actitudes
relevantes para su funcionamiento como consumidores en el mercado”.
¿Por qué es importante analizar la influencia de la familia en el comportamiento del
consumidor? Muchos productos se consumen por primera vez en familia por lo que
se crean influencias intensas entre los miembros por los lazos afectivos que tienen.
Es en la familia donde aparecen los primeros procesos de socialización en el
consumo, es decir, se crean esos primeros hábitos de consumo transferidos por la
familia que se aceptan y/o se rechazan según las decisiones de compra de la misma.
La relevancia que tiene la unidad familiar como primer grupo de referencia ante un
consumo crítico y responsable es importantísima. La familia es la unidad social de
mayor influencia en la conducta de sus miembros, particularmente en lo que tiene
relación a conductas de consumo. En ella es donde se empiezan a formar los
patrones de consumo, es el lugar donde se aprende a consumir y continúa
reforzándose durante un número importante de años.
¿Quién no sigue comprando ese producto porque era el que se consumía en casa?
¿Acaso si en casa se reciclaba, no lo haces cuando tienes la tuya propia?…
Las actuaciones de las familias, sus comportamientos cotidianos, valores y
comentarios tienen una influencia incuestionable en sus hijos e hijas, ya que la
atmósfera familiar, lo que ven y lo que oyen afectan a la formación de su
personalidad. Por tanto, es muy conveniente que una educación para un consumo
responsable sea una educación basada en una actitud racional, crítica y responsable
ante el fenómeno del consumo y que se inicie en la familia a la edad más temprana
posible.
No hay fórmulas magistrales que podamos usar para poner en marcha esta educación
para el consumo en el hogar, pero sí podemos implementar en nuestras relaciones
cotidianas familiares ciertos comportamientos que con el tiempo y dedicación darán
sus frutos. Como ejemplo que los padres y madres deben no satisfagan, ni mucho
menos, todos los caprichos de sus hijos e hijas. Por el contrario, es importante que
entre el deseo y la realización del deseo medie no sólo un cierto tiempo, sino que
procuren que sus hijos/as se ganen aquello que aspiran a conseguir.
El diálogo contante con respecto al tema del consumo responsable y sostenible es
imprescindible y debería comenzar por reconocer que el consumo se inicia en el
hogar y que, muchos de sus hábitos son heredados y los han aprendido de la familia.
De esta forma, los hijos/as se irán concienciando de las posibilidades económicas
familiares y se verán obligados por los hechos a contemplar el principio de
realidad en lugar de guiarse solamente por el principio de placer.
Es misión también de los padres y madres adoptar una actitud crítica con sus hijos/as
dejándoles claras sus posiciones, pero fomentando al mismo tiempo que tomen sus
propias decisiones y vayan adquiriendo una progresiva autonomía personal.
Otro campo en el que la familia tiene mucho que decir es el de unir el consumo
responsable, racional y crítico con la calidad de vida, la defensa del
medioambiente y un modelo de desarrollo sostenible. Concienciando para ello en
el reciclaje, en el ahorro de energía, en el uso de energías renovables, en el consumo
local y de proximidad, en leer etiquetas, en conciencia de sobreexplotación animal,
etc.
El diálogo familiar ante el bombardeo publicitario constante debe ser fundamental.
Es indudablemente positivo comentar en casa los anuncios que salen en televisión,
los mecanismos de persuasión y su poder para manipularnos. Los adolescentes,
deben comprender las contradicciones que existen entre los eslóganes y cómo la
publicidad juega abiertamente con sus deseos.
Es por todo ello, que los padres y madres deben ser la guía de sus hijos /as para que
sean conscientes de que pueden elegir su propio camino o dejarse arrastrar por lo
que otros han decidido que compren y consuman y deben ser un ejemplo constante y
desde muy temprana edad con respecto al consumo responsable, la publicidad, el
ahorro y el medioambiente.
Qué es un presupuesto familiar
y por qué es importante
elaborar uno?
De igual forma que cualquier empresa, pyme o autónomo
necesita tener las cuentas claras si desea ser sostenible
económicamente, la gestión del presupuesto familiar tiene
como objetivo mejorar la organización del dinero y el control
de ingresos y gastos. De esta forma, cada familia tendrá la
foto exacta de cuánto tiene, cuánto puede gastar y en qué e
incluso cuánto puede dedicar al ahorro. De esta forma,
tendremos bajo control la salud financiera del hogar.
Communications
Escuchar audio
¿Qué es un presupuesto familiar y por qué es importante?
Según la definición de presupuesto según la RAE, concretamente en
sus cuarta acepción, sería:
La cantidad de dinero calculado para hacer
frente a los gastos generales de la vida
cotidiana, de un viaje.
Esta es la definición que más se acerca al presupuesto familiar del que
estamos hablando, y que, en nuestros propios términos, es una
estimación mensual de los ingresos y gastos de la familia a lo largo
de un año. Ahora bien, ¿por qué es importante contar con esta
proyección?
APLICACIONES
Elaborar un presupuesto realista es la clave para mejorar las
finanzas personales
En una columna publicada en el diario La República, Mauricio Flores, director de
Responsabilidad Corporativa de BBVA Colombia, enfatiza en cómo hacer que la
máxima de “gasta menos de lo que ganas”, sea una realidad y no un dolor de cabeza.
Para confeccionarla, tal y como veremos, es necesario analizar
nuestro pasado, lo que nos ayuda a entender cómo hemos
llegado hasta aquí, todo un ejercicio de introspección financiera.
Además, es necesario completar esa información del pasado con
unas estimaciones de nuestro futuro inmediato, teniendo en
cuenta lo que dependen de nosotros y lo que no. Nos obliga a
pensar dónde queremos ir y cómo, a planificar.
Por último, seguir el presupuesto nos fuerza a ser disciplinados,
nos advierte de posibles desviaciones y si, finalmente, hemos de
corregirlo, nos hace ser conscientes del cambio que se esta
produciendo.
El presupuesto nos hace ser conscientes de nuestra situación
financiera, a ser protagonistas de la misma y no meros sujetos pasivos.
Para empezar, la herramienta
De partida, lo más obvio, presupuestar exige un instrumental, una
herramienta que nos permita dejar constancia de nuestras previsiones,
de nuestros análisis, de nuestras proyecciones, de nuestra evolución,
etc. Veamos qué podemos usar para ello.
Para los clásicos papel y bolígrafo, es decir, por ejemplo un
cuaderno, donde anotaremos nuestros presupuesto y donde
iremos haciendo el seguimiento del mismo.
Para los más modernos, que enlazan tradición y modernidad,
pueden hacerse con un kakebo japonés.
Como alternativa muy interesante al papel esta la hoja de calculo,
bien usando una hoja propia, bien cualquiera de las múltiples
plantillas disponibles en internet. El recalculo automático de este
instrumento ofimático nos puede simplificar mucho la vida a la hora
de jugar con modificaciones, ajustes, etc.
Por supuesto, también contamos con distintas 'apps' para llevar al
día nuestras finanzas. Es especialmente interesante en este caso
que permitan registrar los gastos de modo inmediato a su
producción, bien automáticamente, al conciliarse con los
movimientos bancarios, bien manualmente gracias a contar con un
smartphone para apuntar operaciones de pagos in situ.
Lo importante es que, elijamos lo que elijamos, nos sintamos cómodos y
nos invite a usarlo, a seguir con nuestro método.
La elaboración del presupuesto
A continuación vamos a explicar el método habitual para elaborar un
presupuesto familiar medio (trabajador por cuenta ajena, con una
nómina estable). Los pasos serían los siguientes:
1. Recoger nuestros ingresos mensuales. Ha de ser muy rigurosa,
sin presunciones optimistas. En esencia, las nóminas, alquileres u
otros ingresos habituales estables. Nada de atípicos o
extraordinarios.
2. A continuación, deberemos recoger una estimación mensual de
los gastos, distribuidos por categorías relevantes (vivienda,
comida, transporte, etc). Para hacer esta estimación recurriremos a
los movimientos de nuestra cuenta bancaria del año anterior,
de tickets, contratos, e incorporaremos los gastos previstos para
este año que en el anterior no se han producido. Los
especialmente prudentes apuntan una categoría específica
denominada extraordinarios o desviaciones que puede ser hasta
de un 20% de los gastos estimados.
3. Ahora comparamos mes a mes ingresos y gastos. En teoría
todos los gastos deben superar los ingresos, y deberíamos fijarnos
qué cantidad vamos poder ahorrar (algunos diferencian entre fondo
de emergencia y ahorro financiero a largo). Si no es así, debemos
repasar el gasto de ese mes, para ver si es posible que podamos
ajustar algo. Si finalmente no es así, debemos tener en cuenta y
anotar que ese agujero deberá cubrirse con nuestros ahorros.
Como vemos, con la mera confección del presupuesto ya hemos
detectado en qué gastamos nuestro dinero y en qué meses podemos
tener problemas, y nos hemos marcado unos objetivos mensuales. Esto
nos invitará a reflexionar y actuar sobre esas partidas, a introducir
medidas correctoras sobre gastos e ingresos y a darnos cuenta de la
importancia del ahorro para atender saldos negativos. Y todavía no
hemos empezado.
La ejecución y evaluación del presupuesto
Ahora toca ser disciplinados y gestionar el presupuesto, saber lo que
podemos gastar, registrando su evolución. ¿Cómo lo hacemos?
Sencillo pero trabajoso, no nos engañemos:
Diariamente debemos anotar todos los gastos que realicemos.
Para ello usaremos tickets, notas, extractos de cuentas bancarias.
Cada apunte en su partida correspondiente.
Con los ingresos haremos otro tanto, aunque será menos trabajoso
(desgraciadamente hay menos ingresos extraordinarios que gastos
de tal categoría).
Según lo vamos apuntando, iremos comprobando cómo vamos
en relación con lo previsto, es obvio que cualquier acción de
mejora en los gastos nos dará más holgura, por lo que siendo
conscientes de lo que nos jugamos apretaremos en ella.
Al finalizar el mes, compararemos si nuestras predicciones se
han cumplido. Si el resultado es deficitario, hemos de valorar si
hemos de introducir alguna tipo de medida correctora en lo que
queda de presupuesto, tanto para que gane en realismo como para
que podamos cumplir nuestros objetivos de ahorro.
Es decir, se trata de ser riguroso en la ejecución de presupuesto, pero
combinándolo con un dinamismo que no haga de este un papel mojado si
se produce una desviación que lo convierta en un proyecto inviable. Al
finalizar el año, haremos balance de la evolución mensual de nuestro
presupuesto y del cumplimiento de los objetivos que nos hayamos
marcado (ahorrar, amortizar hipoteca, etc), y todo ese soporte
documental que hemos generado nos servirá para elaborar el
presupuesto del siguiente año, que seguro que es mucho más fino,
ajustado y útil que el primero que realicemos. Y así comienza un nuevo
ciclo presupuestario.