¿QUÉ ES?
Su nombre se deriva de un árbol: la planta cafeto cuyo grano es
el que se utiliza para la realización de dicha infusión. Este
producto es uno de los más comercializados del mundo y una
de las tres bebidas más consumidas del mundo (junto con el
agua y el té).
La planta o árbol del café llega a medir entre 4 y 6 metros de
altura, por su parte el grano del café mide aproximadamente 1
centímetro.
Dichos granos se utilizan para la preparación de la infusión al ser
tostados y mezclados con agua caliente para la elaboración
del café.
Existen muchas varias formas de preparar del café, una de las
bebidas predilecta de varios países del mundo.
Esta infusión se caracteriza por su exquisito sabor y la
combinación con otras bebidas (como la crema, la leche o el
cacao) que dan diferentes variaciones aromáticas y gustativas.
CARACTERÍSTICAS
La planta del cafeto posee unos frutos rojos del tamaño de unas
cerezas pequeñas.
Dentro de éstas se encuentra la semilla del café. Los granos de
la planta del café miden aproximadamente 1 centímetro.
En una de sus partes el grano es plano y del otro lado es curvo,
con una línea que lo atraviesa.
Al extraerse de la planta los granos son de color marrón claro y
luego del proceso de tostado se tornan marrón oscuro.
HISTORIA
Esta historia empieza en Etiopía, donde el cafeto tuvo su origen
probablemente en la provincia de Kaffa. Hay varios relatos,
imaginativos, pero poco probables, acerca de cómo se
descubrieron los atributos del grano tostado de café. Cuenta
uno de ellos que a un pastor de cabras etíope le asombró el
animado comportamiento que tenían las cabras después de
haber mascado cerezas rojas de café. Lo que se sabe con más
certeza es que los esclavos a los que se llevaba de lo que es hoy
el Sudán a Yemen y Arabia a través del gran puerto de aquel
entonces, Moca, sinónimo ahora con el café, comían la
suculenta parte carnosa de la cereza del café. De lo que no
cabe duda es de que el café se cultivaba en Yemen ya en el
siglo XV y es probable que mucho antes también.
CONSERVACIÓN
El café debe ser guardado en un lugar seco, oscuro, fresco y
sellado al vacío.
Conservar el café en forma de granos y molerlo en el último
momento minimiza la superficie de contacto con el aire, y en
consecuencia la probabilidad de degradación de los aromas.