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Financiamiento Ambiental y Ecosistemas

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Agradecimiento

La presente publicación es producto de la cooperación entre el Equipo Regional de Competencia en Financiamiento Ambiental y el Proyecto Pi-
loto de Financiamiento Ambiental y ha sido posible gracias al aporte de los siguientes programas y proyectos en la región:
- Programa Regional Amazónico OTCA-GTZ
- Programa de Desarrollo Rural Sostenible GTZ-Perú
- Programa para la Preservación de los Bosques Tropicales de Brasil, GTZ-Brasil, (PPG7)
- Programa de Gestión Sostenible de Recursos Naturales, GTZ-Ecuador
- Programa Manejo Integrado de Cuencas (MIC), InWEnt Feldafing y Lima

Contactos
Alonso Moreno-Díaz
Coordinador del Equipo Regional de Competencia en Financiamiento Ambiental y Responsable del Componente de Valoración de los Recursos
Naturales de l Programa GESOREN, en Ecuador
Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH
[email protected]
Dir. Av. Eloy Alfaro y Av. Amazonas, Ed. Magap, 4to. piso
Tel: +(593-2) 250-8927

Doris Cordero
Oficial Programa de Bosques
Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza - UICN
Oficinal Regional para América del Sur
[email protected]
Dir. Quiteño Libre 249 (E15-12) y La Cumbre, sector Bellavista (Quito, Ecuador)
Tel: +(593-2) 2261-075

Marina Kosmus
Planificadora Especialida, Umwelt und Klima
Kompetenzfeld Biodiversität, Wald und Ressourcengovernance
Proyecto Piloto de Financiamiento Ambiental
Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH
[email protected]
Postfach 5180, 65726 Eschborn
Tel.: ++49-6196/79-1321

Edición:
Federico Starnfeld
Equipo Regional de Competencia y Programa GESOREN, GTZ-Ecuador.
Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH.
Quito, Ecuador

Responsable:
Alonso Moreno-Díaz

Autores:
Doris Cordeno, Alonso Moreno-Díaz, Marina Kosmus

Diseño y edisión:
Global Bussiness
Ecuador 2008

Impresión:

Este documento fue impreso en Papel Ecológico fabricado a partir de la fibra de caña de azúcar, materia prima natural, renovable, reciclable y
100% biodegradable.
13
1.1 ¿Qué son los ecosistemas? 14
1.2 ¿Cuál es la relación de los ecosistemas con el bienestar humano? 15
1.3 Funciones, bienes y servicios ambientales 16
1.3.1 Funciones ambientales 16
1.3.2 Bienes ambientales 16
1.3.3 Servicios ambientales 17
1.3.4 Servicios ambientales objeto de pago y/o compensación 22
1.4 Impacto de las actividades humanas en los ecosistemas 28
1.5 Propuestas para la conservación y rehabilitación de los ecosistemas 29
Referencias bibliográficas 32

34
2.1 Fallas de mercado y degradación ambiental 35
2.1.1 Externalidades ambientales 35
2.1.2 Internalización de externalidades ambientales 37
2.2 Bienes ambientales 38
2.3 ¿Qué se entiende por valoración de bienes y servicios ambientales? 40
2.4 ¿Qué tipos de valor se da a los bienes y servicios ambientales? 41
2.4.1 Valores de uso 42
2.4.2 Valores de no uso 42
2.4.3 Valor económico total (VET) 43
2.5 ¿Qué metodologías se utilizan para la valoración de bienes y servicios 45
ambientales?
2.5.1 Metodologías de valoración directa 45
2.5.2 Metodologías de valoración indirecta 48
2.5.3 Metodologías de valoración contingente 49
2.6 ¿Cuáles son las principales críticas a la valoración económica de bi- 51
enes y servicios ambientales?
Referencias bibliográficas 53

55
3.1 ¿Qué significa pago por servicios ambientales (PSA) o de los 56
ecosistemas?
3.2 ¿Cuál es la diferencia con compensación por servicios ambientales 57
(CSA)?
3.3 ¿Qué características tiene un mecanismo de pago por servicios 58
ambientales?
3.4 Mecanismos de pago por servicios ambientales 60
3.4.1 Conservación de cuencas 61
3.4.2 Belleza escénica o paisajística 63
3.4.3 Biodiversidad 65
3.4.4 Carbono 67
3.4.5 Servicios en paquete o combinados 69
3.5 ¿Qué impactos pueden tener los pagos por servicios ambiéntales en 71
la lucha contra la pobreza?
3.6 ¿Qué otros mecanismos financieros son utilizados para propender la 73
conservación ambiental?
Referencias bibliográficas 78

82
4.1 ¿Cómo elegir el mecanismo financiero apropiado? 83
4.2 ¿Quién lidera o inicia el proceso? 84
4.3 ¿Cómo construir un mecanismo de pago por servicios ambientales? 84
4.3.1 Recopilación y/o generación de información biofísica y 85
socioeconómica
4.3.2 Identificación de oferentes y demandantes del servicio ambiental 87
4.3.3 Ejercicios de valoración económica 89
4.3.4 Factibilidad legal/institucional–técnica–económico/financiera 91
4.3.5 Diseño del esquema de pago por servicios ambientales 92
4.4 Recomendaciones para la implementación, seguimiento y monitoreo 103
4.4.1 Implementación 103
4.4.2 Seguimiento y monitoreo 103
4.5 Mercado de carbono 104
4.5.1 Proyectos MDL 104
4.5.2 Proyectos para el mercado voluntario 107
AC Acuerdo de Conservación
AGCS Acuerdo General sobre Comercialización de Servicios
AND Autoridad Nacional Designada
ARESEP Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (Costa Rica)
CdA Carta de Aprobación
CdE Carta de Aval o Endoso
CdI Carta de Intención
CEPAL Comisión Económica para América Latina
CER/RCE Certified Emisión Reduction - Reducción de Certificación de Emisiones
CFA Conservation Finance Alliance
CI Conservation Internacional – Conservación Internacional
CIAT Centro Internacional de Agricultura Tropical
CIPAV Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción
Agropecuaria
CMNUCC Convención Marco Naciones Unidas sobre Cambio Climático
CORDELIM Corporación para la Promoción del Mecanismo de Desarrollo Limpio
(Ecuador)
CRQ Corporación Regional del Quindío (Colombia)
CSA Compensación por Servicios Ambientales
CSE Compensación por Servicios Ecosistémicos
DAA Disponibilidad a Aceptar o Recibir
DAP Disponibilidad a Pagar
DMQ Distrito Metropolitano de Quito (Ecuador)
EM Evaluación de los Ecosistemas del Milenio
EOD Entidad Operacional Designada
EPS Empresa Pública de Servicios
ERPA Emission Reduction Payment Agreement - Acuerdo de Compra de Reducción
de Emisiones
ESPH Empresa de Servicios Públicos de Heredia (Costa Rica)
FAN Fondo Ambiental Nacional (Ecuador)
FAO Food and Agricultura Organization - Organización de las Naciones Unidas para
la Agricultura y la Alimentación
FONAFIFO Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Costa Rica)
FONAG Fondo para la Protección del Agua (Ecuador)
GEF Global Environment Facility - Fondo para el Medio Ambiente Mundial
GEI Gases efecto invernadero
GPS Global positioning system – Sistema de posicionamiento global
GRC Gran Reserva Chachi (Ecuador)
GTZ Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit - Cooperación Tecnica Alemana
INBio Instituto Nacional de Biodiversidad (Costa Rica)
JD Junta Directiva
JE Junta Ejecutiva
LULUCF Land Use, Land-Use Change and Forestry - Uso del Suelo, Cambio en el Uso
del Suelo y Bosques
MA/EM Millenium Ecosystem Assesment – Evaluación de Ecosistemas del Milenio
MDL Mecanismos del Desarrollo Limpio
OCP Oleoducto de Crudos Pesados (Ecuador)
ODM Objetivos de Desarrollo del Milenio
OECD/OCDE Organisation for Economic Co-operation and Development -Organización
para la Cooperación y Desarrollo Económico
ONU Organización de Naciones Unidas
PDD Project Design Document – Documento de Diseño Proyecto
PFNM Productos Forestales No Maderables
PICD Proyecto Integrado de Conservación y Desarrollo
PIN Project Idea Note – Nota Idea de Proyecto
PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
PROFAFOR Programa FACE de Forestación (Ecuador)
PSA Pago por Servicios Ambientales
REDD Reducción de Emisiones de CO2 por Deforestación y Degradación
SIG Sistema de Información Geográfica
SNAP Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Ecuador)
SWAT Soil and Water Assesment Tool
TNC The Nature Conservancy
UICN Unión Mundial para la Naturaleza
VE Valor de Existencia
VER/RVE Verified Emisión Reduction - Reducción Verificada de Emisiones
VET Valor Económico Total
VNU Valor de No Uso
VO Valor de Opción
VU Valor de Uso
VUD Valor de Uso Directo
VUI Valor de Uso Indirecto
La preocupación por la conservación de los recursos naturales ha ganado importancia en los últi-
mos años. La angustia de los efectos negativos del cambio climático, la imparable degradación de
los recursos naturales, especialmente de agua, suelo y bosque, y los altos índices de contaminación
han impactado en la sociedad civil, generando demandas continuas a los gobiernos por soluciones
para prevenir o al menos mitigar los efectos en la pérdida de calidad de vida. A pesar de los esfuer-
zos, aun persiste una brecha grande entre el discurso y la práctica.

La conservación de los recursos es un tema complejo; que involucra variables del orden biofísico,
socioeconómico y político. Dentro de lo económico, las variables financieras ocupan un lugar pre-
ponderante. Por esto se dice que “sin financiación, la conservación es pura conversación”.

Las inquietudes por el financiamiento sostenible de áreas protegidas, por encontrar incentivos a los
productores de cuencas altas que permitan usos sostenibles del suelo y aseguramiento de las fun-
ciones de los ecosistemas están a la orden del día.

La búsqueda de soluciones a la problemática descrita es parte importante de la Cooperación Ale-


mana en la región. Muchos de los programas y proyectos en que colabora, tienen componentes im-
portantes dedicados a diseñar e implementar mecanismos que mejoren la conservación y hagan
sostenible la producción.

Este documento recoge las experiencias académicas y de ejecución de proyectos de tres miembros
del Equipo Regional de Competencia en Financiamiento Ambiental de la GTZ1 en la Región
Andino-Amazónica. Teniendo como objeto el tema de los Pagos o Compensaciones por servicios
ambientales se pretende presentar de manera sucinta y didáctica los conceptos fundamentales a
tener en cuenta en el diseño, implementación y evaluación de estos mecanismos.

El denominado Manual está escrito en un lenguaje sencillo pero técnico. Va dirigido a aquellas per-
sonas que trabajan en distintas organizaciones públicas y privadas en las tareas de financiamiento a
la conservación y a la sostenibilidad de los diferentes arreglos productivos. La publicación les dará
no sólo ideas sobre qué y cómo trabajar en compensación o pago por servicios ambientales sino que
les permitirá profundizar la discusión del desarrollo en este campo de enorme complejidad, pero de
infinita riqueza, pues demanda una multi- e interdisciplinariedad para su comprensión.

Esperamos también contribuir a dar un mayor entendimiento del tema a aquellos que no son parte
de los equipos que tienen como objeto el financiamiento ambiental, para que reconozcan el enorme
potencial que tiene la utilización de estos mecanismos, de tal forma que contribuyan a facilitar el
avance y legitimación del trabajo en este campo. En tal sentido el Manual tiene una audiencia am-
plia y busca despertar interés y deseos de profundizar en un área de la cual mucho se discute, pero
aún poco se concreta.

Porque es evidente que nada de lo hecho habría sido posible sin el concurso de muchas personas e
instituciones que se han arriesgado a experimentar y analizar los diversos esquemas de finan-
ciamiento, los autores quieren expresar su gratitud a los demás colegas del ERC, a los miembros de
la medida autofinanciada de PSA en la Central de la GTZ, a los Programas Nacionales de la GTZ
en la Región y a muchos colegas de otras instituciones aliadas. Las oportunidades de intercambio y
de cooperación brindadas han coadyuvado significativamente al trabajo realizado. Quiero personal-
mente agradecer a mis colegas Doris y Marina por el esfuerzo conjunto y provechoso que hemos
realizado.

Deseo finalmente motivar a los lectores a que entren en contacto con nosotros, para que a través
del diálogo podamos mejorar este Manual y difundir mejor los avances en los conocimientos gen-
erados.

Dr. Alonso Moreno Díaz


Coordinador del ERC en Financiamiento Ambiental
Programa Gestión Sostenible de Recursos Naturales
Cooperación Técnica Alemana GTZ
Quito, Agosto de 2008
Los mecanismos de compensación o pago por servicios ambientales (PSA) son parte de un nuevo
enfoque de conservación, que reconoce explícitamente la necesidad de crear un vínculo entre los
propietarios de los ecosistemas naturales y los usuarios de los servicios que estos generan.

Existen muchas expectativas en los esquemas de PSA como herramienta para la conservación. No
obstante, su utilización debe constituir un medio y no un fin en sí mismo, para alcanzar los obje-
tivos e impactos deseados en relación al estado de conservación de un determinado ecosistema.

Este Manual es una respuesta a la creciente necesidad de los técnicos y tomadores de decisiones de
recibir información clara y actualizada sobre la importancia de los ecosistemas y su relación con el
bienestar humano, cómo se identifican los bienes y servicios de los ecosistemas, cómo se valoran,
cuáles son los servicios ambientales que se transan con mayor frecuencia, cómo funcionan los es-
quemas de PSA, qué aspectos deben ser considerados en su diseño y puesta en marcha.

El Manual está compuesto por cuatro capítulos, cada uno responde a una temática y objetivos dis-
tintos. Estos pueden ser leídos en forma independiente, de acuerdo a los intereses particulares de
cada lector, o en forma conjunta siguiendo la secuencia dada en el Manual. Al final de los capítulos
1, 2 y 3 se encuentran preguntas para la auto evaluación de los lectores.

Se explica como la interacción entre las especies de flora y fauna de los ecosistemas, el ambiente
físico y la energía solar, da origen a una serie de funciones. De las cuales se desprenden variados bi-
enes y servicios con múltiples valores. Los servicios ambientales o de los ecosistemas son funciones
ecológicas que generan beneficios económicos, ecológicos y sociales para la comunidad local, na-
cional o internacional.

Se presentan definiciones sobre funciones, bienes y servicios ambientales, analizando en detalle los
principales servicios ambientales.

Se analizan los principales impactos de los seres humanos en los bienes y servicios que brindan los
ecosistemas, según los resultados de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM). Por último, se
presentan algunas propuestas para la conservación y rehabilitación de los ecosistemas y de los bi-
enes y servicios que estos generan.

Los objetivos del capítulo son:

Revisar el concepto ecosistema y su relación con el bienestar humano.


Analizar los conceptos de funciones, bienes y servicios ambientales o de los ecosistemas, algunas
terminologías y clasificaciones utilizadas, así como los servicios de mayor importancia para los países
tropicales.

Conocer qué es la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM), sus objetivos, conclusiones
y propuestas, en el ámbito de la economía, para la conservación y rehabilitación de los ecosistemas.

Se parte de la premisa de que el crecimiento económico afecta los ecosistemas en forma negativa,
disminuyendo el nivel de bienestar de la población, alterando la base productiva y generando im-
pactos económicos –positivos y negativos– en los ingresos familiares. Lo que pone de manifiesto
la necesidad de incorporar, en las políticas y en los planes de desarrollo, consideraciones ambien-
tales tendientes a restaurar y conservar los ecosistemas.

Se explica por qué muchos bienes y servicios ambientales carecen de un precio y cómo la economía
ambiental ha desarrollado una serie de metodologías para dar un valor económico a los bienes, ser-
vicios e impactos ambientales. Lo que permite contar con un indicador de su importancia para la
sociedad.

Se introduce aspectos conceptuales sobre externalidades ambientales, bienes ambientales y valo-


ración ambiental. Se detalla los tipos de valor que se da a los bienes y servicios ambientales. Final-
mente, se presenta las principales metodologías para la valoración ambiental y algunas críticas que
les ha formulado.

Los objetivos del capítulo son:

Revisar aspectos conceptuales básicos sobre el sistema de mercado, externalidades, bienes ambi-
entales y la valoración de bienes y servicios ambientales.

Analizar los tipos de valor otorgado a los bienes y servicios ambientales.

Revisar las principales metodologías para la valoración de bienes y servicios ambientales, así como
algunas críticas que se les ha formulado.

Se analiza en detalle en qué consiste un mecanismo de PSA, la diferencia con el término compen-
sación por servicios ambientales y sus principales características. Se presentan los principales ser-
vicios ambientales que son objeto de pagos o compensaciones, con algunos ejemplos referidos a los
países andinos principalmente. Se revisa la relación entre los mecanismos de PSA y la lucha contra
la pobreza. Finalmente, se presentan otros mecanismos financieros utilizados para propender la
conservación de los bosques y otros ecosistemas.
Los objetivos del capítulo son:

Analizar en qué consiste y cómo funciona un mecanismo de PSA, así como cuáles son los prin-
cipales servicios ambientales para los cuales se han establecido mecanismos de compensación o
pago.

Revisar el impacto de los mecanismos de PSA en la lucha contra la pobreza.

Conocer otros mecanismos financieros utilizados para la conservación de los bosques y otros
ecosistemas.

Se presentan los principales puntos a analizar al momento de decidir utilizar el PSA como her-
ramienta para la conservación. Seguidamente se presenta una guía de cinco puntos, para la construc-
ción de un esquema de PSA tendiente a la protección, conservación y/o recuperación de: i) servicios
hidrológicos, ii) belleza escénica, iii) biodiversidad, en forma independiente o combinada. Se dan al-
gunas recomendaciones generales para la implementación, seguimiento y monitoreo.

Finalmente se presentan lineamientos generales sobre las metodologías y requerimientos de los


proyectos tendientes a la captación o fijación de carbono, en el marco del MDL y del mercado vol-
untario de carbono.

Los objetivos del capítulo son:

Revisar los principales factores a considerar, al momento de decidir utilizar el PSA como her-
ramienta para la conservación.

Analizar la guía propuesta para la construcción de un mecanismo de PSA.

Conocer los requerimientos de los proyectos para fijación de carbono realizados en el marco del
MDL, así como para el mercado voluntario de carbono.

Apreciada lectora, apreciado lector: es nuestro deseo que usted pueda aprender sobre el tema de la
mejor manera posible. El Manual es un instrumento que debe ser complementado con discusiones
en grupo, con interacciones con docentes, con observaciones de campo, etc. Es el deseo de los au-
tores animarla o animarlo a que utilice todos los medios en esta aventura de aprender sobre finan-
ciamiento ambiental. Solo su interés y esfuerzo dará el resultado que desea. Esperamos que nos
comente los resultados de su proceso de aprendizaje.
La interacción entre las especies de flora y fauna de los ecosistemas, el ambiente físico y la energía
solar, da origen a una serie de funciones. El ciclo hidrológico, los ciclos de nutrientes, la retención
de sedimentos, son ejemplos de estas funciones de los ecosistemas. De esta interacción se pueden
desprender variados bienes y servicios con múltiples valores. Los servicios ambientales o de los
ecosistemas son funciones ecológicas que generan beneficios económicos, ecológicos y sociales
para la comunidad local, nacional o internacional.

Se presentan definiciones sobre funciones, bienes y servicios ambientales, analizando en detalle los
principales servicios ambientales.

Se analizan los principales impactos de los seres humanos en los bienes y servicios que brindan los
ecosistemas, según los resultados de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM). Por último, se
presentan algunas propuestas para la conservación y rehabilitación de los ecosistemas y de los bi-
enes y servicios que estos generan.

Revisar el concepto ecosistema y su relación con el bienestar humano.

Analizar los conceptos funciones, bienes y servicios ambientales o de los ecosistemas, algunas ter-
minologías y clasificaciones utilizadas, así como los servicios de mayor importancia para los países
tropicales.

Conocer qué es la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM), sus objetivos, conclusiones y
propuestas, en el ámbito de la economía, para la conservación y rehabilitación de los ecosistemas.

1.1 ¿Qué son los ecosistemas?


1.2 ¿Cuál es la relación de los ecosistemas con el bienestar humano?
1.3 Funciones, bienes y servicios ambientales
1.3.1 Funciones ambientales
1.3.2 Bienes ambientales
1.3.3 Servicios ambientales
1.3.4 Servicios ambientales objeto de pago y/o compensación
1.4 Impacto de las actividades humanas en los ecosistemas
1.5 Propuestas para la conservación y rehabilitación de los ecosistemas
Se llama ecosistema a un complejo sistema dinámico, relativa-
mente autónomo, formado por una comunidad natural y su
ambiente físico (espacio terrestre o acuático). El concepto, que
empezó a desarrollarse entre 1920 y 1930, fue acuñado por
Tansley (1935; citado por Landell-Mills y Porras, 2002); tiene en
cuenta las complejas interacciones entre los organismos (plan-
tas, animales, bacterias, algas, protozoos y hongos, entre otros)
que forman la comunidad, los flujos de energía y los materiales
que la atraviesan.

Los ecosistemas son las comunidades de organismos que in-


teractúan y el medio ambiente en el que viven. No se trata sim-
plemente de ensamblajes de especies, sino de sistemas
combinados de materia orgánica e inorgánica y fuerzas natu-
rales que interactúan y cambian. Los ecosistemas se hallan en-
tretejidos de forma intrincada por la cadena alimentaria y los
ciclos de nutrientes, son sumas vivientes más grandes que las
partes que los integran. Su complejidad y dinamismo con-
tribuyen a su productividad, pero hacen de su manejo todo un
desafío (Watson, et. al., 1995; citado por INBio, 2007).

En la tierra habita una rica y variada gama de organismos vivos, cuyas especies, la diversidad genética
existente en los individuos que las conforman y los ecosistemas que habitan constituye lo que se de-
nomina biodiversidad (WRI, 2000; citado por INBio, 2007).

El ser humano es una de los millones de especies que habitan el planeta, y como tal se relaciona de
muy diferentes formas con las demás especies y ecosistemas. Su supervivencia, y la de los demás
seres vivos, depende de estas relaciones.

Los principales tipos de ecosistemas a nivel mundial, según la EM (2005A), son:

Bosques (boreales, templados y tropicales)


Tierras secas (pastizales templados, mediterráneas, pastizales tropicales y sabanas,
desiertos)
Aguas continentales
Costas
Medio marino
Islas
Montañas
Regiones polares

Los ecosistemas no tienen límites fijos, de modo que sus parámetros se establecen en función de la
cuestión científica, política o de gestión que se esté examinando. En función del objetivo del análi-
sis, puede considerarse como ecosistema un único lago, una cuenca, o una región entera (Green
Facts, 2007).

Todos los seres humanos dependemos por completo de los ecosistemas de la tierra y de los bienes
y servicios que éstos proporcionan, como son los alimentos, el agua, la regulación del clima, la sat-
isfacción espiritual y el placer estético.

En los últimos cincuenta años, los seres humanos han transformado los ecosistemas con una mayor
velocidad e intensidad que en ningún otro período de la historia humana con el que se pueda com-
parar. En gran medida, para resolver rápidamente las demandas crecientes de alimentos, agua dulce,
madera, fibra y combustible. Estos cambios han contribuido a obtener considerables beneficios
netos en el bienestar humano y el desarrollo económico, pero estos beneficios se han obtenido con
crecientes costos como la degradación de muchos servicios de los ecosistemas, un mayor riesgo de
cambios no lineales y la acentuación de la pobreza de algunos grupos de personas. Estos problemas,
si no se los aborda, harán disminuir considerablemente los beneficios que las generaciones venideras
obtengan de los ecosistemas (EM, 2005).

Según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM, 205), la degradación de los servicios de los
ecosistemas está afectando a muchas de las personas más pobres del mundo y es a veces el princi-
pal causante de la pobreza. La mitad de la población urbana de África, Asia, América Latina y el
Caribe sufre de una o más enfermedades relacionadas con la insuficiencia del suministro de agua y
saneamiento. El deterioro de las condiciones de la pesca de captura está debilitando una fuente de
proteína de bajo costo en los países en desarrollo, mientras que la desertificación afecta a los medios
de subsistencia de millones de personas.

La Figura 1 muestra las conexiones entre los servicios de los ecosistemas y el bienestar humano,
según los resultados de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM, 2005).

Esta figura muestra la intensidad de las conexiones entre categorías de servicios ambientales y com-
ponentes del bienestar humano. Incluye indicaciones sobre hasta qué punto los factores socioe-
conómicos se pueden medir en la conexión. Por ejemplo, cuando es posible adquirir un sustituto
para un servicio y la potencialidad de mediación varía de acuerdo con los ecosistemas y las regiones.
Además, otros factores – incluyendo los de tipo ambiental y también otros de tipo económico, so-
cial, tecnológico y cultural – influyen sobre el bienestar humano. A su vez, los ecosistemas se ven
influidos por los cambios en el bienestar humano (EM, 2005A).

La interacción entre las especies de flora y fauna de los ecosistemas (producto de la dinámica propia
de los mismos), el espacio o ambiente físico (o abiótico) y la energía solar, dan origen a una serie de
funciones ambientales, también llamadas funciones ecológicas o ecosistémicas. El ciclo hidrológico,
los ciclos de nutrientes, la retención de sedimentos, son ejemplos de estas funciones. De esta inter-
acción se pueden desprender variados bienes y servicios.

Cuando los componentes estructurales de los ecosistemas son apropiados con fines de uso se con-
vierten en bienes ambientales o bienes de los ecosistemas2. Estos tienen la característica fundamen-
tal de que son tangibles y susceptibles de ser cuantificados y comercializados. Pueden ser utilizados
por el ser humano como insumo de la producción (materia prima) o como producto final. Por lo
tanto, es posible obtener un precio de mercado para la mayoría de ellos, lo que permite una esti-
mación precisa de los ingresos generados por su aprovechamiento (Izko y Burneo, 2003; CCAD-
PNUD/GEF, 2002).

Izko y Burneo (2003) clasifican los bienes, producidos por un ecosistema boscoso, en:

Agua
Madera y leña (productos maderables)
Productos forestales no maderables (PFNM)

Los productos forestales no maderables3 (PFNM), son elementos de origen biológico, diferente de
la madera, que se obtienen en los bosques, otros espacios arbolados y en los árboles fuera del bosque.
Se reconoce cada vez más su contribución a la economía familiar y a la seguridad alimentaria, a al-
gunas economías nacionales y, en particular, a la consecución de objetivos medioambientales, espe-
cialmente la conservación de la biodiversidad (FAO, 1999) y del ecosistema en general.

En algunos casos, pueden ser más atractivos que la madera. Sin embargo, el desconocimiento que
existe de los mismos y la falta de mercados, ha limitado el emprendimiento de actividades para su
promoción, pese a que existen estudios que sostienen que su valor podría superar, en el largo plazo,
al de la madera. Los principales PFNM o bienes ambientales, reportados en la literatura (Izko y
Burneo, 2003; Añazco et. al., 2004; FAO, 1999; CCAD-PNUD/GEF, 2002), son:

Plantas medicinales, ornamentales y condimentarías (o especias)


Proteína animal (animales provenientes de caza y pesca)
Proteína vegetal (plantas y frutos comestibles)
Semillas
Savias y gomas
Materia prima para artesanías (bejucos y fibras principalmente)
Bacterias, algas, hongos y líquenes beneficiosos

Los servicios ambientales, ecosistémicos o de los ecosistemas son funciones que brindan los eco-
sistemas, de las cuales se desprenden servicios o beneficios para la comunidad local, nacional o in-
ternacional. La transformación de una función ecológica o ecosistémica en servicio ambiental
implica que dicha función genera un beneficio económico, ecológico y social.
En el caso de bosques u otros ecosistemas en un buen estado de conservación, los servicios ambi-
entales que estos generan, tienen la característica de que no se gastan ni se transforman cuando son
utilizados (CCAD-PNUD/GEF, 2002). Lo que no ocurre en ecosistemas donde se desarrollan ac-
tividades productivas, se dan cambios en el uso del suelo o se da un uso no sostenible; en estos
casos si hay cambios en la provisión de servicios ambientales.

Los principales servicios ambientales, reportados en la literatura (CCAD-PNUD/GEF, 2002; Izko


y Burneo, 2003; Kaimowitz, 2001; Landell-Mills y Porras, 2002; Robertson y Wunder, 2005) son:

Polinización (provisión de polinizadores para reproducción de poblaciones de plantas y dispersión


de semillas)

Purificación y desintoxicación (filtración, purificación y desintoxicación del aire, agua y suelo)

Control biológico (regulación de la dinámica de poblaciones, control de plagas y enfermedades)

Reciclado de nutrientes (fijación de nitrógeno, fósforo, potasio)

Formación de suelos (meteorización de rocas y acumulación de materia orgánica)


Regulación de gases con efecto invernadero

Provisión de belleza escénica o paisajística (paisaje)

Conservación de la biodiversidad

Servicios hidrológicos (o conservación de cuencas hidrográficas)

Existen otras clasificaciones como la propuesta por la EM (2005), que define los servicios de los eco-
sistemas como los beneficios que los seres humanos obtienen de los ecosistemas, y son producidos
por interacciones dentro del mismo. Estos incluyen servicios de producción (bienes ambientales),
de regulación y culturales, que afectan directamente a las personas. También incluyen los servicios
de apoyo necesarios para mantener todos los demás servicios, pero que no son utilizados directa-
mente por el ser humano.
El Cuadro 1 muestra dicha clasificación.

Los servicios de producción (o aprovisionamiento) son los productos o bienes que se obtienen
de los ecosistemas.

Los servicios de regulación, son los beneficios relacionados con la regulación de los procesos de
los ecosistemas, tales como la regulación del clima, del agua y de ciertas enfermedades que afectan
al ser humano.

Los servicios culturales, son beneficios inmateriales que las personas obtienen de los ecosistemas
a través del enriquecimiento espiritual, el desarrollo cognitivo, la reflexión, el recreo y las experien-
cias estéticas entre las que se encuentran los sistemas de conocimiento (populares), las relaciones so-
ciales y los valores estéticos.

Los servicios esenciales o de apoyo son los necesarios para la producción de todos los demás ser-
vicios de los ecosistemas. Algunos ejemplos son la producción de biomasa, la producción de oxígeno,
la formación y retención del suelo, el ciclo de los nutrientes, el ciclo del agua y la provisión de hábi-
tat (Green Facts, 2007).
Por su parte, de Groot (1994), propone que la naturaleza cumple cuatro tipos de funciones en ben-
eficio humano:

Regulación. Aquellas que regulan procesos ecológicos y de sustento a la vida y que contribuyen
al mantenimiento de un ambiente sano.

Espacio para el Sustento. Aquellas que proveen el espacio o sustrato para el sustento y el de-
sarrollo de actividades humanas.

Producción. Aquellas referentes a la producción de bienes, desde comida hasta materias primas.

Información/investigación. Aquellas que ofrecen educación y oportunidades de investigación,


reflexión y serenidad.

Estas funciones generan valor ecológico, social y económico que la economía ambiental define
como servicios ambientales. La transformación de una función ecosistémica en un servicio ambi-
ental se produce cuando esta genera beneficios para una población. El Cuadro 2 detalla las fun-
ciones que cumple el ambiente en beneficio humano, según de Groot (1994; citado por Echeverría,
1999).
Según Robertson y Wunder (2005), los servicios ambientales que se transan con mayor frecuencia,
en escala significativa, son los asociados con los bosques tropicales y el mercado de carbono:

Conservación de cuencas hidrográficas


Servicios hidrológicos
Conservación de suelos
Belleza escénica o paisajística
Biodiversidad
Carbono
Captación o fijación de carbono
Reducción de emisiones de CO2 por deforestación y degradación (REDD)

En primer lugar, esto se debe a que los bosques naturales, colectivamente, brindan innumerables y
valiosos servicios. Segundo, el aumento de amenazas a los bosques naturales tropicales ha moti-
vado elevadas tasas de deforestación en las dos últimas décadas, incrementando la atención en la
necesidad de ensayar instrumentos innovadores para su protección (Robertson y Wunder, 2005).

No obstante, en los países andinos es de especial importancia el papel que juegan los páramos4 en
la provisión de servicios hidrológicos. La conservación de los servicios hidrológicos que proveen
los páramos constituye el servicio para el cual funcionan la mayor cantidad de esquemas de pago
y/o compensación en estos países.

A pesar de lo anterior, es importante el papel que juegan otros usos del suelo (sistemas agrofore-
stales y silvopastoriles, plantaciones forestales, agricultura de conservación, etc.) en la provisión de
los servicios ambientales transados más frecuentemente.
En América Latina, los mecanismos de pago por servicios ambientales (PSA) para la conservación
de cuencas hidrográficas y por consiguiente para el mantenimiento de los servicios hidrológicos; con-
stituyen el servicio para el cual funcionan la mayor cantidad de esquemas de pago (Robertson y
Wunder, 2005; Landell-Mills y Porras, 2002). Por lo cual, puede afirmarse que es el servicio que ha
generado mayor interés, dada la necesidad intrínseca de los seres humanos de contar con agua de
calidad.

Los pagos por servicios ambientales para la conservación de cuencas hidrográficas, generalmente
promueven la conservación y/o rehabilitación de bosques y páramos en la parte alta de las cuencas.
Estos, además de otras funciones, generan servicios hidrológicos como la regulación de flujos de
agua, caudales y el mantenimiento de la calidad del agua .
No obstante, en ciertos casos se ha atribuido a los bosques
funciones que estos no necesariamente brindan, tales como
el aumento del flujo total de agua en una cuenca. El Re-
cuadro 1 muestra evidencia científica en las relaciones
cobertura boscosa – agua – suelo, la cual en muchos casos
es contraria a las creencias populares.

En el caso de los páramos, la continua provisión de agua,


se relaciona directamente con el suelo. Según Hosftede y
Mena (2000), el aluminio de la ceniza volcánica y la mate-
ria orgánica del suelo se combinan para formar vesículas muy resistentes a la descomposición por
la edafofauna. Durante las lluvias, estos complejos se llenan de agua que es retenida por un período
relativamente largo y liberada lenta y constantemente. Así, el páramo no debe considerarse un pro-
ductor de agua (que viene de la lluvia, la neblina y los deshielos) sino un recolector y regulador de
su flujo.
Los servicios hidrológicos relacionados con los bosques, páramos y otros usos del suelo dependen
de condiciones específicas de cada microcuenca. Como son la cobertura vegetal y el manejo de la
misma (cultivos anuales, perennes, pastizales, bosques naturales, plantaciones forestales y agrofore-
stales; aprovechamiento forestal convencional vs. aprovechamiento de bajo impacto, etc.), carac-
terísticas climáticas, topográficas, geológicas y edafológicas, entre otros factores.

A pesar de la falta de información cuantitativa y los mitos existentes sobre los impactos de los cam-
bios de uso del suelo en la disponibilidad de agua, cada vez es más reconocido que el uso inapropi-
ado del suelo en las cuencas altas, tiene efectos directos o externalidades negativas
sobre los flujos hidrológicos, muchas veces acompañado de
costos económicos para los usuarios aguas abajo (Porras, 2003).

Los mecanismos de pago por servicios ambientales para la conservación de cuencas son una prop-
uesta para abordar el manejo y la conservación de cuencas hidrográficas. La lógica de fun-
cionamiento de estos se aborda en el Capítulo 3 Mecanismos de pago por servicios ambientales.
Los bosques y ecosistemas naturales, además de brindar belleza escénica o paisajística, en muchos
casos proveen un espacio para la realización de actividades recreativas, turismo de naturaleza y eco-
turismo, mediante el desarrollo de: caminatas, pesca deportiva, canotaje, avistamiento de aves y an-
imales silvestres, visitas a sitios de interés arqueológico, histórico, comunidades indígenas, entre
muchas otras actividades.
Las visitas a bosques, especialmente bosques tropicales, se ha convertido en los últimos años en un
atractivo turístico importante (Izko y Burneo, 2003; Landell-Mils y Porras, 2002), lo que podría con-
vertirse en una fuente de ingresos para propender su conservación.
Generalmente los turistas (nacionales y extranjeros) pagan por la belleza escénica, lo que constituye
el valor más importante de este servicio, en los países en desarrollo. Frecuentemente los turistas
muestran su disposición a pagar por la belleza escénica, mediante elevados costos de viaje para lle-
gar a un sitio determinado y, en ciertos casos, mediante pagos adicionales de entradas y alojamiento
más altos de lo normal. Por otro lado, las comunidades locales pueden ser compensadas por la con-
servación o restauración de la belleza paisajística, ya sea directamente mediante una porción de los
pagos realizados por los turistas, mediante cobros por operación de sitios y beneficios adicionales
pagados por empresas turísticas, fuentes de empleo y comercio de pequeña escala derivado del tur-
ismo (venta de artesanías, servicios de alimentación, guía, etc.), que son “mejor” remunerados que
las alternativas tradicionales disponibles localmente (Robertson y Wunder, 2005).

Se hace evidente que el aumento del turismo en zonas naturales delicadas puede tornarse en ame-
naza a la integridad de los ecosistemas y de las culturas locales, si no se lleva a cabo conforme a una
planificación y administración apropiada. Empero, el mismo crecimiento crea oportunidades signi-
ficativas para la conservación y para beneficio de las comunidades locales. El ecoturismo puede
rendir ingresos para la protección de parques nacionales y otros parajes naturales, recursos que no
podrían obtenerse de otras fuentes (TNC, 2007).

En la tierra habita una rica y variada gama de organismos vivos, cuyas especies, la diversidad genética
existente en los individuos que las conforman y los ecosistemas que habitan constituye lo que se de-
nomina biodiversidad (WRI, 2000; citado por INBio, 2007). El término es una contracción de la
expresión diversidad biológica.

El concepto biodiversidad comprende:

la diversidad genética dentro de las especies


la diversidad entre las especies
la diversidad de ecosistemas donde habitan las especies

Otra definición nos dice que la biodiversidad es la variabilidad que hay entre los seres vivos, sean
cuales sean sus orígenes, ya sean terrestres, marinos o de cualquier ecosistema acuático, y las estruc-
turas ecológicas que integran. Refleja la cantidad, variedad y variabilidad de los organismos vivos
(Green Facts, 2007). Los niveles de organización de la biodiversidad se muestran en la Figura 2.

Dados los diferentes niveles de organización del concepto de biodiversidad, su conservación com-
prende:

Conservación de recursos genéticos importantes


Conservación de especies (especialmente especies raras, amenazadas o en peligro de
extinción)
Conservación de ecosistemas
La importancia intrínseca y utilitaria de la biodiversidad ha motivado tanto a conservacionistas pri-
vados como a gobiernos a pagar por su protección. Las empresas farmacéuticas pagan por el valor
de exploración de la biodiversidad contenida en ciertas áreas especialmente definidas –bioprospec-
ción–. Los gobiernos pagan por el valor de opción de la biodiversidad –valores de usos que aún no
han sido descubiertos–, las donaciones a grandes organizaciones conservacionistas son una forma
de manifestar esta disposición a pagar por la conservación de la biodiversidad (Robertson y Wun-
der, 2005).

El ciclo del carbono por el que la energía fluye a través del ecosistema terrestre, inicia cuando las
plantas, mediante la fotosíntesis, hacen uso del dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera
o disuelto en el agua. Parte de este carbono pasa a los animales (que a su vez se alimentan de plan-
tas y/o de otros animales), que lo devuelven a la atmósfera en forma de CO2 mediante la res-
piración, como producto secundario del metabolismo (Encarta, 2006).

Otra parte del carbono se almacena en los tejidos vegetales.


captación o fijación de carbono.

La plantación de árboles y la regeneración natural de los ecosistemas boscosos remueve el CO2 at-
mosférico a medida que la vegetación crece. Es aceptado universalmente que, alrededor del 50% del
peso seco de la vegetación leñosa es carbono (IIED et. al., 2002).

La principal causa del cambio climático5 es el aumento de los niveles de gases efecto invernadero6
(GEI), entre ellos el CO2 atmosférico con mayor participación. Los flujos de CO2 entre océanos,
bosques y atmósfera ocurren naturalmente. Pero las emisiones producto de la quema de com-
bustibles fósiles, el cambio de uso del suelo de bosques a agricultura y la producción de cemento
alteran el balance natural, aumentando su nivel en la atmósfera y modificando la estabilidad climática.
(IIED et. al.,
2002).

El manejo de los suelos también es clave, estos contienen más carbono que la atmósfera. Por lo que
diferentes actividades, tendrán diferentes impactos en el balance de carbono, resultando en emi-
siones netas y/o en fijación (IIED et. al., 2002).

El rol que cumplen las actividades de uso del suelo en la disminución de emisiones de GEI, especí-
ficamente CO2, ha sido muy discutido. Actualmente, el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL),
permite realizar actividades de forestación/reforestación (plantaciones forestales), como única op-
ción para compensar emisiones mediante actividades forestales, en el marco del Protocolo de Kyoto.
El almacenamiento de CO2 en árboles que hubiesen sido talados (deforestación evitada) no es, por
el momento, elegible dentro del MDL. No obstante, está en discusión y con una alta probabilidad
de entrar en el próximo período de compromiso. Hasta ahora ha sido aceptado y comercializado en
el mercado voluntario. Este financia proyectos para la Reducción de emisiones por deforestación
y degradación (REDD), los cuales promueven la conservación de bosques naturales (deforestación
evitada).

Según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM, 2005), todos los ecosistemas de la Tierra han
sido transformados de forma significativa por las actividades humanas. En la segunda mitad del
siglo XX, los ecosistemas se modificaron a un ritmo mayor que en ningún otro momento de la his-
toria de la humanidad. Esto ha generado una pérdida considerable y en gran medida irreversible de
la diversidad de la vida sobre la tierra. Algunos de los cambios más importantes han sido la trans-
formación de bosques y praderas en tierras de cultivo, el desvío y almacenamiento de agua dulce en
represas y la pérdida de zonas de manglares y de arrecifes de coral (Green Facts, 2007A).
Hoy en día, los cambios más rápidos están teniendo lugar en los países en vías de desarrollo, aunque
los países industrializados experimentaron cambios comparables en el pasado. No obstante, las
transformaciones actuales están teniendo lugar a un ritmo mayor que las anteriores a la era indus-
trial.

Las cuatro principales conclusiones de la EM (2005), se relacionan con los problemas a abordar y
las acciones necesarias para
mejorar la conservación y el
uso sostenible de los ecosis-
temas:

En los últimos cincuenta


años, los seres humanos
han transformado los eco-
sistemas más rápida y ex-
tensamente que en ningún
otro período de tiempo
comparable de la historia
humana, en gran parte para
resolver rápidamente las de-
mandas crecientes de ali-
mento, agua dulce, madera,
fibra y combustible. Esto ha
generado una pérdida con-
siderable y en gran medida irreversible de la diversidad de la vida sobre la Tierra.

Los cambios realizados en los ecosistemas han contribuido a obtener considerables beneficios
netos en el bienestar humano y el desarrollo económico, pero estos beneficios se han obtenido con
crecientes costos consistentes en la degradación de muchos servicios de los ecosistemas, un mayor
riesgo de cambios no lineales, y la acentuación de la pobreza de algunos grupos de personas. Estos
problemas, si no se los aborda, hará disminuir considerablemente los beneficios que las genera-
ciones venideras obtengan de los ecosistemas.
La degradación de los servicios de los ecosistemas podría empeorar considerablemente durante
la primera mitad del presente siglo y ser un obstáculo para la consecución de los Objetivos de De-
sarrollo del Milenio7.

El desafío de revertir la degradación de los ecosistemas y al mismo tiempo satisfacer las mayores
demandas de sus servicios puede ser parcialmente resuelto en algunos de los escenarios considera-
dos por la Evaluación, pero ello requiere que se introduzcan cambios significativos en las políticas,
instituciones y prácticas, cambios que actual-
mente no están en marcha. Existen muchas op-
ciones para conservar o fortalecer servicios
específicos de los ecosistemas de forma que se
reduzcan las elecciones negativas que nos
veamos obligados a hacer o que se ofrezcan sin-
ergias positivas con otros servicios de los ecosis-
temas

De forma general, durante los últimos años, la


transformación de ecosistemas en tierras agríco-
las ha comenzado a frenarse. Las posibilidades
de continuar expandiendo las tierras de cultivo
están disminuyendo porque la mayor parte de las
tierras apropiadas ya han sido transformadas. El
aumento de la productividad agrícola también
está haciendo que disminuya la necesidad de más
tierras de cultivo. Por otro lado, existe la preocu-
pación por encontrar las “mejores prácticas agrí-
colas”, de tal forma que se produzca con alta
productividad, manteniendo la capacidad del
ecosistema para generar los servicios ambien-
tales.

No obstante, en los próximos años los cultivos


para biocombustibles podrían estar empezando a
competir con las tierras agrícolas y forestales. Lo
cual podría constituir una nueva amenaza tanto a
la conservación, como a la seguridad alimentaria.

Tradicionalmente las entidades que trabajan en promover la conservación y rehabilitación de los


8
ecosistemas, impulsaron las llamadas , tales como leyes (por ejemplo,
leyes tendientes a regular el uso del suelo en sitios con un alto valor de conservación), medidas cor-
rectoras (por ejemplo, reparar los daños causados por inundaciones, construir obras públicas para
proteger a la población de las tierras bajas frente a inundaciones), estándares y prohibiciones. Según
Pagiola et. al., (2003), estos métodos han probado no ser del todo efectivos. Las medidas correctoras
suelen ser imperfectas y más costosas que las medidas preventivas. En cuanto a las regulaciones
legales, a menudo es difícil conseguir que se cumplan dada la alta dispersión de los usuarios de las
zonas rurales, y su cumplimiento puede ocasionar altos costos a los usuarios pobres al prohibir ac-
tividades rentables.

Otras propuestas en el marco de Proyectos Integrados de Conservación y Desarrollo (PICDs), han


intentado promover sistemas productivos ambientalmente amigables, diversificando la producción
y mejorando las tecnologías productivas. Sin embargo, los PICDs tampoco han logrado cubrir los
costos de la conservación o de prácticas productivas ambientalmente sostenibles.

El reconocimiento de este problema y el fracaso de enfoques precedentes, han llevado al desarrollo


de sistemas donde los usuarios de las tierras son compensados por los servicios ambientales que estas
generan, compatibilizando así sus incentivos con los de la sociedad en conjunto. Los pagos por ser-
vicios ambientales representan un ejemplo de este nuevo enfoque (Pagiola et. al., 2003).

Esta nueva orientación para promover la conservación ambiental, basada en los principios de la
economía ambiental, propone reestructurar los mercados para que los servicios ambientales puedan
entrar en el sistema de mercado de manera eficiente. Esto puede hacerse mediante la creación de
nuevos mercados en servicios tradicionalmente gratuitos, donde se reconozca explícitamente el
valor de los mismos.

Lo anterior puede realizarse, por ejemplo, al cobrar una suma de dinero por visitar un parque na-
cional, al pagar por la conservación de una microcuenca que genera agua para consumo humano,
al incluir un impuesto a los bienes que su producción genera contaminación ambiental o al lograr
un mejor precio por bienes producidos orgánicamente o bajo sistemas ambientalmente amigables.
De este modo se asegura que el valor de los servicios ambientales, se incorpore en los bienes y ser-
vicios que consume la sociedad en general. Este tema es abordado en detalle en el Capítulo 2 Val-
oración de bienes y servicios ambientales.

Por su parte, la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM, 2005), en el área de economía e in-
centivos propone que las intervenciones de tipo económico y financiero son instrumentos
poderosos para regular la utilización de los bienes y servicios de los ecosistemas. Dado que muchos
de los servicios de los ecosistemas no se comercializan en los mercados, estos no generan las señales
apropiadas que podrían contribuir a una eficiente asignación y un uso sostenible.

Existe una amplia gama de oportunidades para influenciar el comportamiento humano destinado
a abordar este desafío, bajo la forma de instrumentos económicos y financieros. Sin embargo, los
mecanismos de mercado y la mayoría de los instrumentos económicos sólo pueden funcionar de
manera efectiva si existen instituciones que los apoyen, y por lo tanto existe la necesidad de crear la
capacidad institucional que permita un uso más generalizado de los mismos.

Las intervenciones más prometedoras incluyen:

La eliminación de subsidios que promueven o incentivan un uso excesivo de los servicios de


los ecosistemas.

Un mayor uso de instrumentos económicos, fiscales y de enfoques basados en los mer-


cados para la gestión de los servicios de los ecosistemas. Entre estos sobresalen:
Los impuestos o pago de derechos de uso para actividades con costos “externos”. Los ejemplos
incluyen los impuestos pagados por la aplicación excesiva de agroquímicos o los derechos de uso
en el ecoturismo.

La creación de mercados, incluyendo los sistemas de límite e intercambio (cap and trade). Uno de
los mercados relacionado con los servicios de los ecosistemas que crece más rápidamente es el car-
bono.

Los pagos por los servicios de los ecosistemas. Por ejemplo, en 1996 Costa Rica estableció un sis-
tema nacional de pagos a la conservación para inducir a los propietarios de tierras a que provean a
la sociedad, servicios de los ecosistemas. Otro mecanismo innovador para el financiamiento de la
conservación es el de “compensaciones por biodiversidad”, los responsables de proyectos de desar-
rollo pagan el costo de actividades de conservación como compensación por el daño inevitable que
un proyecto causa a la biodiversidad.

Los mecanismos que permiten que los consumidores expresen sus preferencias a través de los mer-
cados. Por ejemplo, los sistemas de certificación (agrícola, pesquera, forestal, etc.), de producción
orgánica y de prácticas forestales conformes con la conservación, ofrecen a la población la oportu-
nidad de promover la sostenibilidad a través de sus elecciones de consumo.

En la práctica nunca se utiliza un solo enfoque o instrumento en forma aislada. Se recomienda com-
binar las herramientas de comando y control con los instrumentos de mercado. ¿Como lograr una
mezcla óptima? es la interrogante que los técnicos y políticos deben abordar. Para esto es necesario
acompañar cualquier proceso de definición de políticas ambientales de un dialogo abierto y de una
negociación efectiva.

1. ¿Qué son los ecosistemas y dónde se ubican? ¿Qué funciones cumplen los ecosistemas?

2. ¿Cuál es la relación de los ecosistemas con el bienestar humano?

3. ¿Qué son bienes y servicios ambientales o ecosistémicos?

4. ¿Cuáles son los servicios ambientales que se transan con mayor frecuencia?, ¿cómo
definiría estos servicios?

5. ¿Qué es la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM), sus objetivos, conclusiones y
propuestas, en el ámbito de la economía, para la conservación y rehabilitación de los
ecosistemas?

6. Utilizando los conocimientos adquiridos, describa dos ecosistemas que existen en su región,
indique la situación en que se encuentran, identifique tres problemas principales y plantee
algunas soluciones para mejorar la conservación y la generación de bienes y servicios
ambientales.
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El crecimiento económico afecta los ecosistemas en forma negativa. Estos cambios disminuyen el
nivel de bienestar de la población, alteran la base productiva y generan impactos económicos –pos-
itivos y negativos– en los ingresos familiares. Por esto es necesario incorporar, en las políticas y en
los planes de desarrollo, consideraciones ambientales tendientes a restaurar y conservar los ecosis-
temas.

Muchos bienes y servicios ambientales, carecen de un precio, ya que no existen mercados que per-
mitan su intercambio. En respuesta a esta situación, la economía ambiental ha desarrollado una
serie de metodologías para dar un valor económico a los bienes, servicios e impactos ambientales,
para de esta forma contar con un indicador de su importancia para la sociedad.

Se introduce aspectos conceptuales sobre externalidades ambientales, bienes ambientales y valo-


ración ambiental. Se detalla los tipos de valor que se da a los bienes y servicios ambientales. Final-
mente, se presenta las principales metodologías para la valoración ambiental y algunas críticas que
les ha formulado.

Revisar aspectos conceptuales básicos sobre el sistema de mercado, externalidades, bienes ambi-
entales y la valoración de bienes y servicios ambientales.

Analizar los tipos de valor otorgado a los bienes y servicios ambientales.

Revisar las principales metodologías para la valoración de bienes y servicios ambientales, así como
algunas críticas que se les ha formulado.

2.1 Fallas de mercado y degradación ambiental


2.1.1 Externalidades ambientales
2.1.2 Internalización de externalidades ambientales
2.2 Bienes ambientales
2.3 ¿Qué se entiende por valoración de bienes y servicios ambientales?
2.4 ¿Qué tipos de valor se da a los bienes y servicios ambientales?
2.4.1 Valores de uso
2.4.2 Valores de no uso
2.4.3 Valor económico total (VET)
2.5 ¿Qué metodologías se utilizan para la valoración de bienes y servicios ambientales?
2.5.1 Metodologías de valoración directa
2.5.2 Metodologías de valoración indirecta
2.5.3 Metodologías de valoración contingente
2.6 ¿Cuáles son las principales críticas a la valoración económica de bienes y servicios
ambientales?
Nuestra sociedad se enfrenta al reto de decidir qué producir, cómo producir y cómo distribuir lo pro-
ducido. Este es el problema económico de la asignación de recursos, la sociedad debe decidir como
distribuir unos recursos escasos (capital, trabajo, recursos naturales, etc.). Durante distintas épocas
han existido distintas maneras de resolver este problema, pero el sistema que se ha impuesto y rige
actualmente es el sistema de mercado. Por lo que la economía explica la degradación ambiental
en términos de las fallas del mercado (CCAD-PNUD/GEF, 2002). Ver Recuadro 2.

Su funcionamiento es el resultado de la interacción entre oferta y demanda, lo cual debería garan-


tizar un resultado óptimo. Sin embargo, esto no siempre ocurre, ya que existen imperfecciones en
el mercado:

Competencia imperfecta (monopolios, oligopolios, intervención del gobierno a través de sub-


sidios, impuestos, control de precios, etc.)

Falta de información

El hecho de que ciertos bienes y servicios no tengan precios de mercado, no implica que no tengan
valor alguno, sino que estos no están integrados al mercado y por lo tanto carecen de un precio. En
este sentido, según el tipo de valor que tengan, puede estimarse un precio para estos bienes y ser-
vicios, que permitirá incluirlos en el sistema de mercado.

Además de las deficiencias de mercado, se dan fallas en las políticas de gobierno y en las insti-
tuciones, con implicaciones negativas en el manejo de los recursos naturales y los ecosistemas.

Los , por ejemplo, pueden incentivar a los propietarios a cultivar en sitios


no aptos para la agricultura, donde se debería promover la conservación y/o rehabilitación de eco-
sistemas. Otro ejemplo, son las que se desarrollaron en décadas pasadas en
América Latina. Se exigía a quiénes hacían reclamos de tierras baldías, transformar las áreas de
bosque en pastizales, ya que se consideraba el bosque como un uso del suelo no productivo (Francke,
1997).

Una externalidad1 se presenta cuando la actividad de una persona o empresa afecta el bienestar de
otra, sin que se pueda cobrar un precio/compensación por ello. El ruido, por ejemplo, disminuye
el bienestar de todos los que están en los alrededores, sin que (en ausencia de una reglamentación
gubernamental) puedan exigir al causante una compensación (precio) por la externalidad negativa
recibida. Lo contrario podría ocurrir cuando una persona protege un bosque, una playa o un páramo
y permite el deleite del resto de las personas, sin que estas paguen por ello (Izko y Burneo, 2003).
Según Baumol y Oates (1998), una externalidad se da cuando el bienestar –también podría ser la util-
idad o producción– de un individuo o empresa se ve afectado por variables (no monetarias), cuyos
valores son escogidos por otro individuo (personas, empresas, gobiernos) sin atender el impacto en
el bienestar de los demás.

En un sistema de mercado tradicional, quien genera una externalidad negativa no tiene que pagar
por ello a pesar del perjuicio que causa. Quien produce una externalidad positiva, tampoco se ve rec-
ompensado. Esta situación abre la puerta a la intervención del gobierno. Un objetivo de las políti-
cas y regulaciones ambientales, es la internalización de las externalidades negativas. (Izko y Burneo,
2003; CCAD-PNUD/GEF, 2002; OECD, 1995).

Moreno (2007), define la internalización de externalidades como el proceso por el cual los pre-
cios incorporan y reflejan los costos ambientales y el valor real del uso de los recursos. Este pro-
ceso tiene como fin corregir las fallas existentes en los procesos de integración entre las políticas
económicas y ambientales, que resultan en precios de mercado que no reflejan el valor real de los
recursos, su escasez, ni los costos ambientales de las actividades económicas.

Las soluciones propuestas, para la internalización de las externalidades negativas, comprenden tanto
medidas de comando y control (o de regulación directa) como instrumentos de mercado. Adicional-
mente pueden utilizarse otras medidas indirectas y de apoyo como la asignación de derechos de
propiedad y la reducción de costos de transacción, las cuales son claves para el éxito de ciertas políti-
cas ambientales (OECD, 1995).

La utilización de un determinado instrumento dependerá de las circunstancias del caso, general-


mente se utilizan dos o más instrumentos o medidas combinados, para alcanzar un determinado ob-
jetivo. En general, los instrumentos de mercado se utilizan como complemento a las medidas de
comando y control.

Seguidamente se presentan, en forma general, algunas de las medidas e instrumentos más utiliza-
dos:

Medidas de comando y control2

El gobierno establece normas legales que fijan el nivel óptimo de producción o consumo de un de-
terminado producto. Un ejemplo son los estándares, fijados por una entidad reguladora del sector
público, para normar la cantidad de emisiones al aire o descargas de contaminantes en cursos de
agua, permitidas a una industria (Bright, et. al., 2004).

Instrumentos de mercado

Impuestos
La idea de cobrar un impuesto a las externalidades negativas fue propuesta por el economista in-
glés Arthur Pigou (1877-1959) en 1920, por lo que este tipo de impuestos se conocen como im-
puestos pigouvianos (Bright, et. al., 2004).

La lógica subyacente de esta propuesta es el principio el que contamina paga, aunque este se desar-
rolló medio siglo después. Según la propuesta de Pigou, quienes contaminan deben pagar un im-
puesto basado en el daño causado por sus emisiones.

Subsidios
Se basan en el principio de que quiénes causan una externalidad positiva, deben recibir un subsidio
por parte del gobierno. El monto del subsidio, generalmente es definido, por una autoridad regu-
ladora del sector público (Bright, et. al., 2004).
Existen dos tipos de subsidios:

Subsidios por unidad de reducción de emisiones. Por ejemplo, una firma recibe un
subsidio por cada unidad de reducción de emisiones, a partir de una línea base.

Subsidios para promover cambios tecnológicos. Son muy utilizados en agricultura, se


paga un subsidio a los agricultores que realizan un cambio tecnológico, que conlleva la
utilización de métodos de producción amigables con el ambiente.

Mecanismos de compensación
Los mecanismos de compensación o pago por servicios ambientales (PSA), pueden definirse como
la compensación de los que proveen externalidades positivas (Pagiola y Platais, 2002).

Asignación de derechos de propiedad

Las externalidades se dan con frecuencia en situaciones y/o actividades donde no están bien
definidos los derechos de propiedad. Un ejemplo clásico es la contaminación del aire o el agua
(OECD, 1995).

La asignación de derechos de emisiones de gases de efecto invernadero de acuerdo al Protocolo de


Kyoto, es un ejemplo de la asignación de derechos de propiedad.

La taxonomía de los bienes ambientales puede basarse en


tres criterios: i) el costo de oportunidad de su consumo;
ii) los derechos de propiedad del productor y iii) los dere-
chos de propiedad del consumidor (Garrod y Willis,
2001). La presencia o ausencia de dichos criterios, conll-
eva a la siguiente clasificación:

Bienes privados
Bienes de acceso condicionado (club good)
Bienes comunes o de libre acceso
Bienes públicos

Bienes privados

Los bienes privados o individuales son aquellos que le


pertenecen a una persona en particular. En cuyo caso,
tanto el productor como el consumidor tienen derechos
de propiedad sobre el bien y su consumo tiene un costo
de oportunidad. Lo que permite excluir a determinadas
personas de su utilización (Garrod y Willis, 2001; Fischer,
et. al., 2004).
Muchas veces los propietarios de bienes privados, están
especialmente interesados en utilizarlos de forma
sostenible, invirtiendo en su cuidado y mantenimiento.
Los frutos y/o la madera de un árbol, pueden ser considerados como bienes privados (Fischer, et.
al., 2004).

Bienes de acceso condicionado (club good)

3
Los bienes de acceso condicionado o se caracterizan porque su consumo tiene un costo
de oportunidad cero. Su consumo por parte de una persona, no reduce la disponibilidad para otros
(Garrod y Willis, 2001), lo que se conoce como

4
Como su nombre lo indica, el acceso a estos está condicionado, lo que se conoce como .
Los productores y consumidores del bien tienen derechos de propiedad sobre este. Los productores
pueden decidir si lo venden o no, mientras que los consumidores pueden decidir si lo consumen o
no. Un ejemplo, son los parques nacionales donde se cobra una tasa de entrada. Esta otorga a los
usuarios el derecho de utilizar el bien o servicio por un período determinado. No obstante, el con-
sumo por parte de un visitante, no reduce la disponibilidad para otros visitantes en el mismo período
de tiempo.

Bienes comunes (libre acceso)

Los recursos o bienes comunes se caracterizan por la libertad de acceso. Ello implica que su uso
no tiene ningún costo, ni puede excluirse a nadie de su disfrute, lo que se conoce como no ex-
clusión. Esto implica que los productores y consumidores del bien o servicio no tienen derechos
de propiedad (Izko y Burneo, 2003; Garrod y Willis, 2001).

A diferencia de lo que ocurre con los bienes públicos, existe rivalidad en el consumo, lo que conll-
eva un costo de oportunidad
relacionado con su con-
sumo. Es probable que
cuando un consumidor uti-
liza el agua de una fuente
natural, esta acción puede
impedir que otro lo haga. Lo
mismo ocurre con los
recolectores de frutos sil-
vestres o cazadores (Izko y
Burneo, 2003).

El problema con los recursos comunes es que, en ausencia de una regulación con respecto a su uti-
lización, opera la ley de captura (el primero en llegar se apropia del recurso, sin preocuparse del
otro), con un alto riesgo de agotamiento o desaparición. El sistema de mercado tradicional general-
mente no proporciona ninguna indicación respecto al valor de los mismos, lo que lleva a una mala
asignación de recursos y/o a su sobreexplotación (Izko y Burneo, 2003).
Bienes públicos

Los bienes públicos se caracterizan por dos propiedades fundamentales:


No exclusión, es decir, cuando el bien se ofrece a una persona, se ofrece a todas. En otras
palabras no puede excluirse a nadie de su disfrute, aunque no pague por ello. La no exclu
sión, implica que los productores y consumidores del bien o servicio no tienen derechos de
propiedad sobre este (Izko y Burneo, 2003; Garrod y Willis, 2001).

No rivalidad en el consumo, es decir, que cuando alguien consume el bien o lo disfruta,


no reduce el consumo potencial de los demás. En otras palabras, el hecho de consumir el
bien no reduce su disponibilidad. Esta característica, conlleva un costo de oportunidad igual
a cero (Izko y Burneo, 2003; Garrod y Willis, 2001).

Ejemplos de bienes públicos son: las emisiones de radio y televisión no codificadas, el alumbrado
público, la protección de las playas y parques nacionales, la señalización de carreteras, la protección
contra las radiaciones solares que provee la capa de ozono, entre otros. La Figura 3 resume las car-
acterísticas de los distintos tipos de bienes.

Como se analizó en el capítulo anterior, nuestro bienestar como seres humanos, depende de los bi-
enes y servicios que generan los ecosistemas. Lo que ha llevado a que durante los últimos años,
estos hayan sido transformados para satisfacer las demandas crecientes de alimentos, agua dulce,
madera, fibra y combustible.

Sin lugar a dudas, el crecimiento económico afecta los ecosistemas y los cambios en los ecosistemas
tienen consecuencias importantes para el bienestar humano, como la aparición de enfermedades, las
alteraciones de la calidad del agua y los cambios en los climas regionales, entre muchas otras; lo que
conlleva impactos económicos significativos (EM, 2005). Por lo que se hace necesario incorporar
consideraciones ambientales, para restaurar y conservar los ecosistemas, en las decisiones rela-
cionadas con el desarrollo económico.

Muchos bienes y servicios ambientales carecen de un precio, ya que no existen mercados que per-
mitan su intercambio. Este es el caso de los bienes públicos, de los recursos o bienes comunes, y de
las llamadas externalidades (Izko y Burneo, 2003).

En respuesta a esta situación, la economía ambiental ha desarrollado una serie de metodologías


para dar un valor económico a los bienes, servicios e impactos ambientales. Lo que permite contar
con un indicador de su importancia relativa para la sociedad.

Los métodos de valoración ambiental son de especial utilidad para enriquecer el análisis costo-ben-
eficio, pues permiten incluir los valores de no-mercado de los impactos ambientales en la evalu-
ación económica y por ende en la toma de decisiones (Izko y Burneo, 2003).

En el caso de los bienes y servicios ambientales, los mercados pueden


ser reestructurados para asegurar que estos puedan entrar en el sistema
de mercado de manera eficiente. Esto puede hacerse mediante la
creación de nuevos mercados en servicios tradicionalmente gratuitos.
Por ejemplo, al cobrar una suma de dinero por visitar un parque na-
cional, al pagar por la conservación de una microcuenca o al incluir un
impuesto a los bienes cuya producción genera contaminación. De este
modo se asegura que el valor de los servicios de los ecosistemas, se in-
corpore en los bienes y servicios que consume la sociedad.

Según Pearce y Turner (1990), la justificación de dar un valor


económico al ambiente se basa en el hecho de que el dinero es uti-
lizado como una medida común para indicar ganancias o pérdidas en
bienestar. Todos expresamos nuestras preferencias en términos de esta
unidad, cuando compramos bienes indicamos nuestra disponibilidad de
pago al intercambiar dinero por bienes. No obstante, existen una serie
de críticas a la valoración económica de bienes y servicios ambientales.
Estas son abordadas en 2.6 ¿Cuáles son las principales críticas a la val-
oración económica de bienes y servicios ambientales?

Para el desarrollo e implementación de mecanismos de pago por ser-


vicios ambientales (PSA), se requiere trabajar no sólo en la valoración ambiental o de los servicios
a conservar y/o rehabilitar, sino también en el ámbito institucional.

Los sistemas de valor utilizados por los economistas distinguen entre:

el , que está ligado en forma indisoluble a un componente natural per se,


es decir por el hecho de existir y
el , que se deriva de la satisfacción de las necesidades humanas para el
bienestar económico.
Cualquier bien o servicio ambiental tendrá un valor instrumental en la medida en que existe una de-
manda. Es decir, si satisface alguna preferencia individual o social. El valor monetario de un bien o
servicio se puede derivar de la intensidad de esa preferencia y, por lo tanto, de su escasez. Al realizar
ejercicios de valoración económica, se debe recordar que no existen valores absolutos, sino aprox-
imaciones, que dependen de percepciones dinámicas (Izko y Burneo, 2003).

Los valores que reciben los distintos bienes y servicios de los ecosistemas, pueden ser divididos en:
i) valores de uso y ii) valores de no uso. Ambos tipos de valores se detallan seguidamente.

Los valores de uso están ligados a la utilización directa e indirecta de un recurso con el objeto de
satisfacer una necesidad, obtener un beneficio económico o la simple sensación de deleite (Izko y
Burneo, 2003). Entre los valores de uso puede diferenciarse entre:

Valor de uso directo

Incluye actividades comerciales y no comerciales. Los usos comerciales (producción industrial de


madera, por ejemplo) pueden ser importantes, tanto en el ámbito local, como en el nacional e in-
ternacional. Los usos no comerciales son generalmente de orden local, pero pueden ser de extrema
importancia para la subsistencia de las poblaciones rurales y pobres (leña, caza, plantas medicinales
y comestibles, por ejemplo). Los usos directos también incluyen importantes servicios como
recreación, investigación y educación (FAO, 1990; citado por Izko y Burneo, 2003).

Valor de uso indirecto

Comprende la gran mayoría de funciones ecológicas que cumplen el bosque, el páramo y otros eco-
sistemas. Se deriva de proteger o sostener actividades económicas que tienen beneficios cuantifica-
bles por el mercado. Algunos bosques pueden tener valores de uso indirecto al contribuir a la
filtración de agua subterránea, así como al control de la erosión, entre otros (Izko y Burneo, 2003).

Valor de opción

Existen personas que, aunque en la actualidad no están utilizando un ecosistema o alguno de sus
atributos, prefieren tener abierta la opción de hacerlo en algún momento futuro. Para ellas, cualquier
cambio en las características de este ecosistema (aunque nunca hayan estado en él) supone un cam-
bio en el bienestar (Izko y Burneo, 2003).
Según Frankce (1997), el valor de opción se refiere al valor de mantener abierta la opción de utilizar
un recurso posteriormente. Algunos individuos pueden no estar seguros de que utilizarán un recurso
en el futuro, sin embargo, pueden estar dispuestos a pagar para mantener la opción.

Krutilla (1967; citado por Francke, 1997) sugirió que aunque los individuos no utilicen un recurso,
es posible que este sea valioso para ellos. Este valor tiene dos formas, según se indica seguidamente:
Valor de existencia5

Es el valor que pueden tener un ecosistema, sus componentes y atributos para un grupo de personas,
que no lo utilizan directa ni indirectamente, ni piensan hacerlo en el futuro, pero que valoran posi-
tivamente el simple hecho de que exista en determinadas condiciones. Su degradación o desapari-
ción, por tanto, supone para ellas una pérdida de bienestar (Izko y Burneo, 2003).

Los motivos que se han señalado para explicar este valor son, entre otros, la filantropía, la simpatía,
motivos de herencia o de legado, el valor simbólico que puede llegar a tener un determinado bien
ambiental o recurso natural como parte de la identidad cultural de un grupo o conjunto de per-
sonas. Otra razón importante para prestarle atención a este tipo de valor es la creencia en el dere-
cho a la existencia de otras formas de vida, incluyendo por tanto a animales, plantas y/o ecosistemas
(Izko y Burneo, 2003).

Valor de legado6

El valor de legado expresa el deseo de que las futuras generaciones gocen de una cierta dotación de
recursos naturales (Francke, 1997).

Algunos autores no diferencian entre valor de legado y valor de existencia; se refieren al agregado
de ambos como valor de existencia. El valor de existencia es independiente de los planes que tenga
el individuo de utilizar el recurso en el futuro y se basa principalmente en el altruismo (Francke,
1997).

Estudios empíricos han demostrado que los valores de existencia pueden ser importantes en las de-
cisiones relacionadas con el uso de los recursos naturales y, en algunos casos, incluso mayores que
los valores de uso. Un caso típico de valor de existencia es el bienestar que un individuo deriva de
saber que las ballenas existen, aunque posiblemente nunca vean una (Francke, 1997).

El concepto de valor económico total, conocido como VET (Randall, 1987; citado por CCAD-
PNUD/GEF, 2002) es más amplio que la evaluación tradicional costo-beneficio, ya que permite in-
cluir tanto los bienes y servicios tradicionales (tangibles) como las funciones de los ecosistemas,
además de los valores asociados de uso del recurso mismo.

Conceptualmente, el VET de un recurso consiste en: valor de uso + valor de no uso. Dado que el
valor de uso puede descomponerse en valor de uso directo e indirecto y valor opcional, se debe
tener cuidado de no duplicar en la contabilidad de las funciones indirectas en adición al valor de uso
directo (CCAD-PNUD/GEF, 2002).

El VET de un ecosistema es una estimación basada en la agregación de valores compatibles (que


no sean excluyentes entre sí) que resultan de los distintos usos (cuantificables) directos e indirectos,
de los valores de opción asociados y los valores de no uso.

En términos simbólicos, el concepto de VET puede resumirse en:


Según Izko y Burneo (2003) es preciso emplear el VET con cautela, incorporando sólo los valores
que sean compatibles entre sí. No se sugiere que sea necesario calcular un “valor total” absoluto de
los ecosistemas, ni que haya que llegar a él. Simplemente, se debe tener presente que el VET se re-
fiere a una agregación de distintas formas de valor, que permite calcular en forma aproximada un
valor económico “capturable” del ambiente.

En general, los valores de uso directo son los que mayores probabilidades tienen de contar con pre-
cios reflejados en el mercado. Los valores de uso indirecto podrían verse reflejados en los precios
de ciertos productos y servicios que dependen del beneficio ambiental de interés. Los valores de no
uso son difícilmente reflejados en precios de mercado o decisiones de política. Pero está claro, el
hecho de que no tengan precio de mercado no significa que no tengan valor (Izko y Burneo, 2003).

En la siguiente figura, Munasinghe (1992; citado por OECD, 1995), presenta los diferentes tipos de
valor discutidos, agrupados de izquierda a derecho de acuerdo a su tangibilidad. También muestra
los vínculos existentes entre los diferentes tipos de valor económico.
La Figura 4 presenta un ejemplo de servicios ambientales complementarios en un ecosistema
boscoso y sus respectivos tipos de valor.

Existen diversas clasificaciones para las metodologías de valoración ambiental. Dixon, (1988) y
Revered, (1990) (citados por CCAD-PNUD/GEF, 2002), proponen la siguiente, de acuerdo al ori-
gen de la información:

Metodologías de valoración directa (basados en valores de mercado)


Metodologías de valoración indirecta (basados en preferencias reveladas)
Metodologías de valoración contingente (basados en preferencias declaradas)
Otros métodos7

A continuación de presenta una breve descripción de las primeras tres metodologías:

Los métodos de valoración más simples de aplicar son aquellos que se basan en precios de mercado.
Se orientan en su mayoría a estudios costo-beneficio. Algunos bienes ambientales, como madera, leña
y productos no maderables (plantas medicinales, caza, pesca, entre otros) se negocian en mercados
organizados, tanto a nivel local, nacional e internacional (Izko y Burneo, 2003).

Técnicas que utilizan directamente precios de mercado

1) Cambios en la productividad
Esta metodología puede considerarse como una extensión directa del análisis tradicional costo-ben-
eficio. Cuando un proyecto de desarrollo afecta la producción y/o productividad (positiva o nega-
tivamente), los cambios generados pueden ser valorados utilizando precios de mercado (o precios
sombra en caso de existir alguna distorsión) o estudios de mercado (Izko y Burneo, 2003).

Puede ser utilizada para valorar la explotación de bienes como madera, leña, plantas medicinales, pro-
ducción de cultivos, ganadería. Así como servicios hidrológicos, disponibilidad de agua para diver-
sos usos, disminución del efecto de inundaciones, calidad del agua, impactos sobre la salud, etc.

Entre los errores más comunes derivados de su utilización sobresalen: i) suponer que la productivi-
dad es completamente pérdida o ganada, ii) suponer que todo cambio en productividad es positivo
o negativo, es necesario evaluar el efecto neto de todos los cambios, iii) suponer que altos niveles
de uso son sostenibles, iv) no considerar que los precios de muchos productos son distorsionados
por intervenciones del gobierno o fallas del mercado (Izko y Burneo, 2003).

2) Costo de oportunidad
Basado en la idea de que los costos de utilizar un recurso para ciertas actividades que no tienen pre-
cios en un mercado establecido, pueden ser estimados utilizando como variable de aproximación el
ingreso perdido o no recibido, por dejar de utilizar el recurso en otros usos alternativos que si tienen
precios de mercado (Izko y Burneo, 2003).

Un ejemplo puede ser el aproximar el valor de un área protegida a través de los ingresos dejados de
percibir por actividades agropecuarias y maderables. Se utiliza para valorar servicios ambientales, al
aproximar los ingresos que dejaría de recibir el dueño de un bosque, en actividades forestales y
agropecuarias, al tomar la decisión de conservar ese bosque y destinarlo para otros usos (protección
de agua, biodiversidad, paisaje, etc.). En este caso, según Pearce y Moran (2000; citado por Izko y
Burneo, 2003), el costo de oportunidad podría ser considerado como una estimación del costo de
la preservación.
Es una técnica relativamente rápida y directa, que provee información valiosa a los tomadores de
decisiones y al público.

Según Izko y Burneo (2003), entre las principales limitaciones de la metodología se tiene el hecho
de utilizar los valores obtenidos por este método como una medida apropiada para compensación
por daños ecológicos. Se recomienda considerar el valor obtenido como una aproximación del mín-
imo valor de un beneficio determinado.

Técnicas en las cuales los gastos actuales o potenciales son utilizados para valorar costos

3) Costo-efectividad
No busca medir directamente el valor del bien o el beneficio ambiental del mismo, sino que intenta
analizar y cuantificar el menor costo entre diferentes métodos que permitan lograr un nivel o efecto
previamente determinado (Dixon et. al., 1994; citado por Izko y Burneo, 2003).

Permite identificar los costos de instrumentar una política o acción específica y determinar si esta
es deseable o no. Puede utilizarse para evaluar las ventajas/desventajas entre beneficios percibidos,
que no son cuantificables de una acción, así como los costos de las diferentes alternativas para eje-
cutar dicha acción. Permite evaluar los costos relativos de opciones alternativas para lograr un ob-
jetivo ambiental preestablecido, como un nivel determinado de calidad de agua. Generalmente se
utiliza cuando se busca minimizar los costos de una decisión política (CCAD-PNUD/GEF, 2002;
Izko y Burneo, 2003).

4) Gastos defensivos o preventivos


Pretende estimar el valor de un daño ambiental, a través de los gastos efectivos o potenciales nece-
sarios para prevenir efectos ambientales indeseables. Dado que los daños ambientales son general-
mente difíciles de evaluar (por su magnitud, extensión y percepción social), la información acerca
de los gastos defensivos constituye una buena aproximación a dicho valor (Izko y Burneo, 2003).

Valora el perjuicio causado por la degradación ambiental según los costos que el consumidor y/o
los productores están dispuestos a pagar para prevenir el daño. La disposición a incurrir en gastos
para evitar algún daño se toma como una indicación de la disposición a pagar, mínima, por protec-
ción ambiental. En el contexto de una cuenca hidrográfica se puede utilizar para valorar la calidad
del agua, inundaciones, deforestación y el riesgo de erosión del suelo, por medio de los gastos en
prevenir cualquiera de estos eventos (Francke, 1997).

Cuando los gastos defensivos son impuestos por el gobierno en forma obligatoria, estos pierden su
capacidad de reflejar comportamiento, elección o preferencias individuales (Dixon et. al., 1994;
citado por Izko y Burneo, 2003).

5) Costos de reubicación
Se basa en los costos estimados en los que se debe incurrir para la reubicación de un determinado
recurso natural, comunidad o activo físico, debido a daños ambientales. Los costos de reubicación
de asentamientos humanos en zonas peligrosas hacia áreas más seguras constituyen medidas indi-
rectas del beneficio de evitar una catástrofe (Izko y Burneo, 2003).

6) Costos de reposición
Utiliza el cambio en el gasto asociado a la reposición, mantenimiento o restauración de los bienes
ambientales, como medida de daño ambiental. El método puede aplicarse con éxito para estimar los
servicios ecológicos que proporciona una cuenta hidrográfica. Por ejemplo, el valor de las funciones
del mantenimiento de la calidad del agua, pueden calcularse por el costo de reponer esta función con
instalaciones de tratamiento de agua (Francke, 1997).

Estos utilizan los precios de mercado en forma indirecta, se usan cuando los atributos de los recur-
sos naturales o servicios ambientales que se quiere valorar no tienen precios en un mercado estable-
cido.

7) Costos de viaje
Esta metodología se utiliza para valorar bienes y servicios recreativos y/o belleza escénica. Se basa
en el supuesto de que los consumidores valoran la experiencia de visitar un determinado sitio (eco-
sistema, área protegida, área de interés arqueológico o cultural, etc.), al menos en lo que invierten
en llegar ahí, incluyendo todos los costos directos de transporte, así como el costo de oportunidad
de su tiempo gastado en el viaje (ganancias dejadas de percibir). Se aplica a la valoración de áreas
naturales que cumplen una función de recreación y tienen características únicas. Se intenta estimar
cómo varía la demanda del bien ambiental (número de visitas) ante cambios en el costo de disfru-
tarlo, analizando los cambios en el excedente del consumidor (Izko y Burneo, 2003).

Mediante encuestas y estimaciones de costo de traslado del lugar de origen al lugar turístico (par-
que, playa, montaña, etc.) se determinan los costos en que incurrieron los visitantes según distan-
cia, medio de transporte y condiciones de uso.

La metodología comprende tres pasos principales (Izko y Burneo, 2003):


Se lleva a cabo una encuesta entre los visitantes al sitio para determinar los gastos
incurridos para llegar ahí. Estos costos, incluyen tiempo de viaje, gastos involucrados en
llegar y salir del sitio, tarifas de entrada. Adicionalmente se requiere información sobre el
lugar de origen, aspectos socioeconómicos del entrevistado (ingresos, nivel de educación,
etc.).
Se analiza la información resultante de la encuesta con el objeto de derivar una ecuación
que aproxime la curva de demanda por el sitio (esto relaciona el número de visitantes con
el costo por visita).
Se deriva el valor de un cambio en las condiciones ambientales ofrecidas, para esto es
necesario determinar la disponibilidad a pagar por los cambios (mejoras) al sitio, o por
evitar algún efecto negativo (pérdida de los servicios o de la calidad ambiental del sitio).

8) Precios hedónicos

Se basa en la idea de que los precios pueden ser considerados como compuestos, en los cuales es
factible determinar los precios implícitos de ciertas características de un activo (las cuales determi-
nan su valor).

Las propiedades situadas en sitios apreciados por su belleza escénica, adquieren una prima adicional
en el precio debido a valores estéticos y recreativos. Este método intenta captar el deseo adicional
de pagar por dichos valores, asociados al ecosistema donde se ubica la propiedad, a través de un
análisis detallado del mercado de la tierra (Francke, 1997).
El supuesto básico se basa en que el diferencial de precio obtenido, después de que todas las vari-
ables comunes han sido consideradas, refleja la valoración que se da al bien o servicio ambiental anal-
izado. La metodología es muy poco utilizada fuera del ámbito de valoración de bienes raíces (Izko
y Burneo, 2003).

Otro enfoque de esta metodología es a través del “diferencial de salarios”, que consiste en estimar
el diferencial de salario requerido para que un trabajador acepte un trabajo bajo condiciones ambi-
entales distintas de las habituales.

9) Bienes sustitutos
Se utiliza en el caso de aquellos recursos que no tienen un valor de mercado o son utilizados para
autoconsumo (leña y plantas medicinales, por ejemplo). Es muy utilizado como apoyo a los demás
métodos (Izko y Burneo, 2003).

El valor de la leña utilizada en una comunidad puede ser estimado basándose en el precio del mer-
cado de bienes similares. Por ejemplo, leña vendida en otras áreas o el valor de la mejor alternativa
o bien sustituto, como carbón vegetal o gas para consumo doméstico.

La valoración contingente es aconsejable cuando no existe información de mercado ni precios de


bienes o servicios sustitutos que puedan revelar las preferencias de los individuos (disposición a
pagar o aceptar), respecto de ciertos recursos naturales o servicios ambientales.

Consiste en presentar a los individuos situaciones hipotéticas y preguntarles sobre su posible reac-
ción a tal situación (por ejemplo, preservar un área silvestre, construir un puente, mejorar/empeo-
rar la calidad ambiental).

10) V aloración contingente


Se fundamenta en la medición del impacto de un proyecto sobre el bienestar de una población, mi-
diendo la máxima disposición a pagar por evitar un mal o recibir una mejora ambiental. Obtiene los
datos de un mercado hipotético. Es muy utilizado para la valoración de servicios ambientales.

Se pregunta mediante encuestas, entrevistas, cuestionarios, etc. la disponibilidad a pagar (DAP)


de una población por un beneficio y/o la disponibilidad a aceptar o recibir (DAA) a modo de
compensación por tolerar un perjuicio. Las entrevistas pueden ser realizadas a través de diversas téc-
nicas experimentales como grupos focales y reuniones de expertos (Técnica Delphi), entre otras.

El método está sujeto a cierto número de distorsiones que pueden reducir su credibilidad frente a
los responsables de la toma de decisiones. No obstante, a pesar de tener limitaciones, tanto en su
diseño como en su implementación e interpretación, es ampliamente utilizado para la valoración de
una amplia gama de servicios ambientales. Especialmente por su flexibilidad y facilidad de uso, so-
bretodo cuando no existe información.

El Cuadro 3 presenta un resumen de los métodos de valoración presentados y ejemplos de su apli-


cación. En el Recuadro 3 se presenta un ejemplo donde se indican los ejercicios de valoración eco
nómica realizados y las metodologías utilizadas, con miras al diseño e implementación de un pro-
grama de PSA para la conservación de cuencas en Heredia, Costa Rica.
El principal argumento que justifica la valoración económica del ambiente se basa en el hecho de
que el dinero es utilizado como una medida común para indicar ganancias o pérdidas en bienes-
tar. La razón por la que se utiliza el dinero, como medida común, es porque todos expresamos
nuestras preferencias en términos de esta unidad, cuando compramos bienes indicamos nuestra
“disponibilidad de pago” al intercambiar dinero por bienes (Pearce y Turner, 1990).

No obstante, algunos autores critican fuertemente la valoración económica del ambiente. Schu-
macher (1974), señala que la incorporación de variables ambientales en el análisis costo-beneficio,
es un procedimiento en el que lo más alto es llevado al nivel más bajo, mientras que se le da un
precio a lo que no tiene precio.
Todo esto lleva a la decepción, medir lo que no se puede medir es absurdo y es un método elabo-
rado para llegar a conclusiones preconcebidas… lo que es peor y destructivo, es la pretensión de
que todo tiene un precio, en otras palabras, que el dinero es el mayor de los valores.

Existen otras críticas relacionadas con aspectos teóricos y éticos, que rechazan la idea de que se
utilicen preferencias individuales o privadas como base para la toma de decisiones relacionadas
con la gestión ambiental. La valoración basada en la disponibilidad de pago y disponibilidad a
recibir un pago, como medidas de valor, puede conducir a tomar medidas de compensación que
conlleven inequidad y otros resultados socialmente indeseados.

Según Izko y Burneo (2003), las metodologías de valoración ambiental, si bien han avanzado bas-
tante en los últimos años, son aún imperfectas, razón por la cual hay que tener en cuenta que los
resultados obtenidos generan valores aproximados y de tipo parcial. Muchas veces es aconsejable
utilizar más de un método a la vez, o estimar el mismo valor mediante diferente técnicas.

La metodología de valoración utilizada en cada situación particular, depende de los recursos,


tiempo e información disponible. El Cuadro 4, presenta las principales distorsiones derivadas de
la utilización del método de costo de oportunidad (valoración directa), costo de viaje (valoración
indirecta) y valoración contingente. Estas metodologías son muy utilizadas durante el diseño de
mecanismos de PSA.
1. ¿Qué significa valoración económica de bienes y servicios ambientales?

2. ¿Qué tipos de valor se da a los bienes y servicios ambientales?

3. ¿Qué metodologías de valoración existen y cómo se clasifican?

4. ¿Qué críticas se hacen a la metodología de valoración contingente?

5. ¿Qué críticas se hacen a la valoración económica de bienes y servicios ambientales?

6. Busque en la literatura un ejemplo de valoración ambiental relacionado con un sistema de


PSA. Describa y comente la metodología utilizada.

CCAD-PNUD/GEF, 2002. Guía metodológica de valoración de bienes, servicios e impactos am-


bientales. Proyecto para la consolidación del corredor biológico mesoamericano. Serie Técnica 04.
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Abril al 21 de Mayo de 2004. http://www.rlc.fao.org/foro/psa/pdf/procuencas.pdf

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Los mecanismos de compensación o pago por servicios ambientales (PSA) son parte de un nuevo
modelo de conservación, que reconoce explícitamente la necesidad de crear un vínculo entre los
propietarios de los ecosistemas naturales y los usuarios de los servicios que estos generan. Existen
muchas iniciativas incipientes de mecanismos de PSA en América Latina, aunque pocas experien-
cias en funcionamiento.

Se analiza en detalle en qué consiste un mecanismo de PSA, la diferencia con el término compen-
sación por servicios ambientales y sus principales características. Se presenta los principales servi-
cios ambientales que son objeto de pagos o compensaciones, con algunos ejemplos referidos a los
países andinos principalmente. Se revisa la relación entre los mecanismos de PSA y la lucha contra
la pobreza. Finalmente, se presentan otros mecanismos financieros utilizados para propender la
conservación de los bosques y otros ecosistemas.

Analizar en qué consiste y cómo funciona un mecanismo de PSA, así como cuáles son los prin-
cipales servicios ambientales para los cuales se han establecido mecanismos de compensación o
pago.

Revisar el impacto de los mecanismos de PSA en la lucha contra la pobreza.

Conocer otros mecanismos financieros utilizados para la conservación de los bosques y otros
ecosistemas.

3.1 ¿Qué significa pago por servicios ambientales (PSA) o de los ecosistemas?
3.2 ¿Cuál es la diferencia con compensación por servicios ambientales (CSA)?
3.3 ¿Qué características tiene un mecanismo de pago por servicios ambientales?
3.4 Mecanismos de pago por servicios ambientales
3.4.1 Conservación de cuencas hidrográficas
3.4.2 Belleza escénica o paisajística
3.4.3 Biodiversidad
3.4.4 Carbono
3.4.5 Servicios en paquete o combinados
3.5 ¿Qué impactos pueden tener los pagos por servicios ambiéntales en la lucha contra la
pobreza?
3.6 ¿Qué otros mecanismos financieros son utilizados para propender la conservación
ambiental?
El reconocimiento de la multifuncionalidad de los bosques y otros ecosistemas, al proveer bienes y
servicios esenciales para la vida humana, nos ha enfrentado con el reto de ampliar y diversificar la
base financiera para su conservación y manejo. Lo que requiere el desarrollo y aplicación de estrate-
gias y mecanismos financieros que capten el verdadero valor de todas sus funciones, y que aseguren
la distribución equitativa de costos y beneficios entre los consumidores y productores de los bienes
y servicios ambientales (Izko y Cordero, 2007).

La lógica del pago por servicios ambien-


tales (PSA) o pago por servicios de los ecosis-
temas, se basa en que los usuarios1 de los
servicios hacen un pago a los proveedores del
mismo, para que estos conserven y/o reha-
biliten los ecosistemas que brindan dichos ser-
vicios.

En algunos casos, el pago equivale al costo de


oportunidad de una actividad productiva o ex-
tractiva que pondría en riesgo de uno o varios
servicios ambientales. Idealmente este pago
debe utilizarse para que el proveedor adopte prácticas de manejo tendientes a mantener o mejorar
la provisión del servicio ambiental de interés. Por ejemplo: cambios en el uso del suelo, utilización
de mejores prácticas agrícolas, mantenimiento del bosque, entre otros.

Según Wunder (2006), los mecanismos de PSA constituyen una modalidad específica de transferir
un pago o compensación por parte de los usuarios de un servicio ambiental a los propietarios de
las tierras forestales por proteger el bosque u otros ecosistemas. Su sostenibilidad depende tanto de
la continuidad del pago o compensación, como de la aplicación de una serie de principios como adi-
cionalidad, permanencia y fugas evitadas.

En algunos casos, la provisión de un determinado servicio ambiental es totalmente tangible para las
comunidades locales, como lo es el suministro de un caudal constante de agua de calidad. Mientras
que los impactos o beneficios derivados de la generación de otros servicios como la fijación de car-
bono y la conservación de la biodiversidad, son mucho más abstractos y difíciles de cuantificar.

Los esquemas de PSA pueden responder a diferentes objetivos y por consiguiente diferentes estrate-
gias de intervención. Entre estas se tienen:

Conservar/proteger los ecosistemas que proveen servicios ambientales como bosques, páramos,
humedales y plantaciones forestales, entre otros;

Rehabilitar ecosistemas boscosos, páramos y humedales; implementar prácticas de conservación


de suelos; implementar mejores prácticas agrícolas y ganaderas; etc. con el fin de mejorar el flujo de
servicios ambientales provenientes del ecosistema rehabilitado;
Establecer plantaciones forestales y sistemas agroforestales para generar bienes y servicios ambi-
entales como: captura CO2, leña, madera, regulación de flujos hidrológicos, agua de calidad, dismin-
ución del impacto de inundaciones y deslaves, etc.

Tal como se indicó en el Capítulo 1 Bienes y servicios ambientales, los principales servicios ambi-
entales objeto de pagos o compensaciones son:

Conservación de cuencas hidrográficas (servicios hidrológicos)


Belleza escénica o paisajística
Biodiversidad
Carbono
Captación o fijación de carbono
Reducción de emisiones de CO2 por deforestación y degradación

El término pago por servicios ambientales es el más utilizado. Sin embargo, según Wunder (2006),
al tener una aclara asociación monetaria, puede generar resistencia ideológica y, localmente, puede
crear conflictos con la opción de pagos en especie.

Es importante subrayar que el pago no necesariamente debe expresarse como una operación mon-
etaria, pues también puede traducirse en una mejora de infraestructura (caminos, reservorios de
agua, etc.), servicios (médicos, escuelas, etc.) o extensión rural (talleres, equipamiento, semillas, etc.).
El mecanismo de compensación puede variar desde un pago periódico directo a los proveedores in-
dividuales hasta el establecimiento de un fondo fiduciario manejado por un directorio con partici-
pación de los proveedores, usuarios, sector privado, sociedad civil y el estado (WWF, 2007).

El Cuadro 5 muestra las ventajas y desventajas percibidas en dos sistemas de PSA, donde se real-
izan pagos en efectivo y en especie mediante colmenas de abejas (una colmena por cada diez hec-
táreas de bosque natural conservado).

Otro término muy utilizado y menos controversial es compensación por servicios ambientales,
donde la principal diferencia radica en que los pagos se efectúan en especie o mediante paquetes de
compensación mixtos, que incluyen pagos directos y otras compensaciones. Estas van desde el ac-
ceso al crédito, capacitación, construcción de capacidades, entre otros necesarios para contribuir a
asegurar la sostenibilidad en los cambios de uso del suelo buscados.

Según Wunder (2006), el término compensación se refiere a un costo directo o de oportunidad que
favorece al proveedor del servicio, quién por una justificación moral y racionalidad social debiera ser
compensado. La gratificación implica que todos los que ofrecen el servicio deben recibir un pago.
La compensación, restringe el pago a aquellos que han hecho gastos para mantener el servicio,
quiénes no hayan tenido costos no deben ser compensados.
En la práctica, dada la resistencia ideológica al término PSA, en algunos países se utiliza el término
compensación por servicios ambientales (CSA) o de los ecosistemas (CSE) de manera indistinta. En
este documento se utilizará el término PSA, haciendo referencia a esquemas que realicen distintos
tipos de compensaciones, directas e indirectas, monetarias, en especie, etc.

Wunder (2006) ha definido un mecanismo de PSA como:

1) Un acuerdo voluntario donde un


2) servicio ambiental definido es comprado por
3) al menos un comprador, a
4) por lo menos un proveedor del servicio,
5) si y sólo si el proveedor suministra efectivamente dicho servicio ambiental

Según el primer criterio, el PSA se da dentro de un marco negociado y voluntario que lo distingue
de las medidas de comando y control. El segundo criterio establece que lo que se compra debe
haber sido bien definido (puede ser un servicio cuantificable directamente como toneladas adi-
cionales de carbono almacenado) o usos equiparables de la tierra que, quizás2 ayuden a proveer el
servicio (por ejemplo, la conservación del bosque garantiza la limpieza del agua).

Según Wunder (2006), en todo esquema de PSA debe existir un flujo de recursos que van de al
menos un comprador (criterio 3) del servicio ambiental a al menos un vendedor (criterio 4), aunque
con frecuencia la transferencia se da por medio de un intermediario.
Por lo general los compradores del servicio ambiental, monitorean si se han cumplido las condi-
ciones contractuales y el pago se concreta sólo si el suministro del servicio está asegurado o si el uso
acordado de suelos se cumple (criterio 5). En otras palabras, el pago se basa en el monitoreo del
cumplimiento de las obligaciones contractuales. Esto distingue los PSA de otros convenios infor-
males o de los Proyectos Integrados de Conservación y Desarrollo (PICD), que asumen que los ben-
eficios económicos que se brindan mediante la ejecución de proyectos conllevan a una mayor
protección de los ecosistemas y de los servicios ambientales que estos generan.
Independientemente del tipo de financiamiento utilizado, los pagos deben ser periódicos y contin-
uos, de manera que constituyan un incentivo tangible para que el vendedor cumpla con las obliga-
ciones contractuales y, posiblemente, para que el comprador pueda optar por salir del sistema en caso
de incumplimiento por parte del primero y viceversa.

Es importante resaltar que existen organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, a nivel


nacional e internacional, interesadas en financiar esquemas de PSA. Esto crea una demanda (de-
manda pública), a pesar de que dichas entidades no son usuarios directos de los servicios. Lo que
hace que existan sistemas de PSA financiados total o parcialmente por el sector público (recursos
del gobierno) o la cooperación internacional.

Según Izko y Cordero (2007), algunos esquemas utilizan subvenciones y donaciones externas para
cubrir costos iniciales, lo que constituye un impulso positivo a corto plazo. No obstante, esto puede
generar problemas de dependencia y vulnerabilidad en el largo plazo, porque no son fuentes de fi-
nanciamiento permanentes y están sujetas a transformaciones en las políticas de financiamiento na-
cional e internacional.

En el caso de los esquemas financiados por los usuarios de los servicios, según Pagiola (2005), estos
tienen la capacidad de soportar presiones políticas y ajustarse a los problemas que se presenten.
Asimismo, permiten distinguir entre los casos donde la conservación es necesaria (existe una disponi-
bilidad de pago para financiar el mecanismo) y donde no lo
es.

En términos generales, los PSA pueden estar basados en con-


tribuciones directas de los beneficiarios (tarifas, porcentajes de
las planillas de agua potable), subsidios (gubernamentales o de
la cooperación), pagos voluntarios o impuestos asignados a
fines específicos (gasolina, impuestos a la circulación de bi-
enes y servicios, etc.). Su desempeño varía en función de los
contextos y del grado de formalización; pueden ser combina-
dos creativamente (Izko y Cordero, 2007).

Los esquemas de PSA se distinguen claramente de otras her-


ramientas para la conservación, pero pueden ser muy difer-
entes entre sí.

Existen esquemas basados en área, basados en productos,


públicos, privados, etc. Algunos realizan pagos o compensa-
ciones directas a los dueños de la tierra, estableciendo una
relación directa entre el vendedor del servicio ambiental y el
comprador, mientras que otros no llegan a establecer dicho vínculo.

Por otro lado, el contexto legal en el que operan los mecanismos de PSA en los distintos países, tam-
bién es muy heterogéneo, lo que contribuye a crear mayores diferencias entre países. Muy pocos
cumplen con todos los criterios definidos por Wunder (2006).
El término mercado sugiere la existencia de múltiples actores, opciones y algún grado de compe-
tencia. Estos mercados existen en algunos países desarrollados, pero en los países en desarrollo
están lejos de alcanzarse (Wunder, 2006).

Los mecanismos de mercado enfrentan diversas restricciones en los países en desarrollo. Los esque-
mas de un solo comprador son muy comunes: servicios de agua potable, fábricas de cerveza, em-
presas eléctricas, operadores de turismo. En consecuencia, muchos no son “mercados” sino acuerdos
bilaterales entre un vendedor y un comprador.

El mercado de la captura de carbono puede considerarse como el servicio ambiental con mayor
probabilidad de establecerse en un mercado regular y globalizado. Se trata de un servicio ambien-
tal de interés global, cuyas transacciones, en la mayoría de los casos involucran a compradores e in-
cluso intermediarios (brokers) internacionales.

Según Echeverría (2003), en el caso de los mecanismos de pago para la protección del agua que se
desarrollan en Colombia y Ecuador, la heterogeneidad de las experiencias demuestra que todavía no
existe un mercado de servicios ambientales, ni hidrológicos. Estas operan en un rango de compen-
sación indirecta hasta llegar a la compensación directa. Podría decirse que es un mercado mixto en
la medida que se está retribuyendo monetariamente por un servicio. Sin embargo, es importante re-
saltar que hay información imperfecta entre los actores, no se conoce exactamente lo que se está ven-
diendo y comprando.

Los mercados para biodiversidad y belleza escénica son aún más incipientes, en la mayoría de los
casos, no se sabe con certeza que se está vendiendo y comprando. En el caso específico del turismo
que paga por el paisaje y la belleza escénica, en muchos casos, estos recursos no son reinvertidos en
la conservación y mantenimiento del servicio ambiental, por lo que no podría cuestionarse si se
trata o no de un PSA.

Por lo anterior, en este documento se utilizará el término mecanismo y no mercado. Solamente para
referirse al mercado de carbono, se utilizará dicho término.

El Cuadro 6 presenta la demanda potencial para los diferentes bienes y servicios de los ecosistemas,
así como su ubicación espacial.
La conciencia inicial de una oferta ilimitada de agua ha ido cediendo el paso progresivamente (a
veces de manera dramática) a la constatación de que su disponibilidad es finita (se trata de un re-
curso crecientemente escaso) y que su calidad está amenazada. Al mismo tiempo, existe el re-
conocimiento de que su aprovisionamiento en cantidad, calidad y regularidad se relaciona
estrechamente con los ecosistemas forestales, además de otros ecosistemas frecuentemente asocia-
dos a los bosques de altura, como los páramos. En este sentido, el agua es considerada creciente-
mente como un recurso ambiental estratégico (Izko y Cordero, 2007).

El mantenimiento de los servicios hidrológicos asociados con la conservación de cuencas hidrográ-


ficas y especialmente la protección del agua que estas generan (ver Capítulo 1 Bienes y servicios am-
bientales), es una necesidad de los usuarios del recurso a nivel local, por lo que la mayoría de
esquemas de PSA para la conservación de cuencas, surgen como respuesta a dicho requerimiento.

Frente a la diversidad de servicios hidrológicos existentes (ver listado en 1.3.3 Servicios ambientales),
es importante clarificar cuál de ellos constituye el objetivo principal de los esfuerzos que se van a
realizar. Sin tener claro este objetivo, resulta muy difícil definir una estrategia de intervención que
sea costo-eficiente. Muchas posibles intervenciones pueden parecer apropiadas, pero no necesaria-
mente van a producir los resultados esperados (Kaimowitz, 2001).

Por ejemplo, a menudo se considera que sembrar árboles es apropiado para todos los objetivos. No
obstante, esto no siempre es así. Si el objetivo de la intervención es maximizar la cantidad total de
agua que llega a un embalse, sembrar árboles puede ser contraproducente en algunos casos. Desde
el punto de vista hidrológico, establecer plantaciones forestales tiene impactos diferentes a mantener
bosques naturales, lo que debe ser considerado al momento de tomar decisiones.

No obstante, en muchos casos no se dispone de datos


cuantitativos sobre la relación bosque – agua – suelos y
los impactos de cambios en el uso del suelo en la disponi-
bilidad de agua en calidad y cantidad. Esto ha llevado a
que, ante la ausencia de dicha información, muchos tra-
bajen bajo el principio de precaución. Lo cual general-
mente se hace mediante la conservación y rehabilitación
de los ecosistemas presentes en las partes altas de las
cuencas (bosques, páramos y humedales, principal-
mente).

Para minimizar todas estas incertidumbres, es necesario


contar con modelos hidrológicos que permitan vincular los cambios de uso del suelo con la produc-
ción de agua de calidad, control de la erosión, conservación de suelos y otros servicios ambientales
asociados. Esto con el fin de asegurar el mayor impacto posible de las inversiones a realizar y por
consiguiente los mayores beneficios para los usuarios o compradores de servicios ambientales en
una cuenca determinada.

Landell-Mills y Porras (2002), estudiaron sesenta y un esquemas de pagos para la conservación de


cuencas hidrográficas a nivel mundial y su impacto en los pobres (este estudio contempló el análi-
sis de doscientos ochenta y siete casos en países de todo el mundo). Encontrando que estos están
mucho más institucionalizados que los mecanismos de pago por otros servicios ambientales.

Basándose en una relación de cooperación entre oferta y demanda, más que en la competencia entre
vendedores y compradores del servicio. El estudio encontró también una creciente disposición de
los usuarios (compradores) a pagar por los servicios, conforme crece en importancia la conser-
vación de las cuencas altas para el mantenimiento de los servicios hidrológicos.

Como complemento al citado estudio, se está realizando una actualización de la información rela-
cionada con los mecanismos de pago para la conservación de cuencas hidrográficas en los países
en desarrollo. Para lo cual se han inventariado ciento treinta esquemas de PSA, en diferentes etapas
de ejecución. Para la región Andes se han incluido catorce experiencias (Watershed Markets, 2007).

En los países andinos, los mecanismos de PSA para la conservación de cuencas hidrográficas son
los que tienen mayor cantidad de experiencias en marcha así como iniciativas en construcción. Los
principales esquemas en funcionamiento se presentan en el Cuadro 7.
La belleza escénica constituye un componente esencial para el turismo de naturaleza y el ecoturismo
y puede representar una fuente importante de ingresos para la conservación.
La disponibilidad a pagar por este servicio se traduce en viajes a veces complejos y costosos hasta
el lugar deseado y en pagos adicionales por el acceso al sitio, la cultura y otros servicios complemen-
tarios; en este sentido, la belleza paisajística está insertada en la operación turística, en la que el tur-
ista también paga por alimentación, transporte y alojamiento, y compra frecuentemente artesanías

locales. En estos casos, como sostiene Robertson y Wunder (2005), el producto turístico conven-
cional se vende con un sobreprecio por preservar la belleza natural y, probablemente, por otras car-
acterísticas de “sello ecológico”, como reducción de impactos ambientales y sensibilidad social, lo
que convierte al turismo comunitario en un eco-producto.
El estudio de Landell-Mills y Porras (2002) incluyó cincuenta y un experiencias de pagos por belleza
del paisaje y concluyó que este mercado no está aún maduro y enfrenta importantes restricciones,
entre ellas la falta de voluntad de la industria de ecoturismo a pagar por la oferta de dichos servi-
cios, además de la carencia de mecanismos de pago.
Para que la belleza escénica y/o el paisaje sean valorados como un servicio ambiental, debe cumplirse
con un conjunto de condiciones que garanticen la valoración del ecosistema como parte del pro-
ducto turístico y se traduzca en una ganancia para el ecosistema. Asimismo, este beneficio debe ser
reinvertido, directa o indirectamente, en los recursos naturales y culturales del área, y tener un im-
pacto positivo en las comunidades rurales encargadas de su manejo.
Porque si bien, el turismo es motor de desarrollo, también puede causar daños irreversibles a los re-
cursos naturales y comunidades donde se realiza la actividad, sino se toman las medidas pertinentes
o si se excede la capacidad de carga de los ecosistemas.

La importancia intrínseca y utilitaria de la biodiversidad ha motivado tanto a conservacionistas pri-


vados como a gobiernos, compañías y otros actores a pagar por su conservación (Robertson y Wun-
der, 2005).

Dada la complejidad de medir la biodiversidad (ver Capítulo 2 Valoración de bienes y servicios am-
bientales), para capturar los valores de la biodiversidad, se utilizan una serie de aproximaciones o
. Entre estos se tienen: i) es-
pecies raras, ii) especies amenazadas y
iii) especies en peligro de extinción.
Por otro lado, Landell-Mills y Porras
(2002), identificaron una lista de her-
ramientas utilizadas para promover la
conservación de la biodiversidad.
Seguidamente se citan las más uti-
lizadas en los países en desarrollo:

Servidumbres ecológicas
. Acuerdo voluntario
privado, por medio del cual un propi-
etario limita los usos de su propiedad
con el objetivo de conservar y preser-
var los ecosistemas y recursos natu-
rales, bellezas escénicas o atributos
históricos, arquitectónicos, arqueológi-
cos o culturales del inmueble (CEDA,
s.f.).

Bioprospección (derechos por) . La industria farmacéutica, botánica, cos-


mética, de protección de cultivos y control biológico paga por el valor de exploración de la biodi-
versidad contenida en ciertas áreas especialmente definidas.
INBio (2002), la define como búsqueda sistemática de usos sostenibles y con fines comerciales, de
los elementos genéticos y bioquímicos de la biodiversidad.

Canje de deuda por naturaleza . La idea surgió de la observación de que una


gran parte de la diversidad biológica del mundo se encuentra en los países que sufren una mayor pre-
sión financiera derivada del peso de la deuda externa. Mediante este sistema se obtienen fondos
para utilizarlos en iniciativas nacionales de conservación, basándose en el modelo de conversión de
deuda en capital, en el que agentes del sector privado compran deuda a menor precio y la intercam-
bien por inversiones en moneda nacional en el país endeudado. El único objetivo que persigue este
mecanismo es obtener fondos para llevar a cabo actividades de conservación en un país. El ele-
mento diferenciador en este mecanismo consiste en que no existe transferencia de propiedad o
repatriación de capital a un inversor extranjero (Resor, 1997).
Concesiones de conservación . Esta herramienta puede también
emplearse para proteger el hábitat de una determinada especie amenazada o en peligro de extinción.
Bajo un acuerdo de concesión de conservación, las autoridades nacionales o los usuarios de recur-
sos locales acuerdan proteger los ecosistemas naturales a cambio de un flujo constante de compen-
sación estructurada por parte de conservacionistas u otros inversionistas. Generalmente, el
inversionista en conser-
vación paga al gobierno
por el derecho de man-
tener el hábitat intacto. De
esta manera, se presenta la
oportunidad de capitalizar
extensas áreas de bosque u
otras áreas de alto valor
para la conservación (CI,
2002).

Productos asociados
con la biodiversidad
. El
reconocimiento de un so-
breprecio a determinados
productos asociados con
la biodiversidad, es una
señal de la disposición a
pagar por su conservación
(Landell-Mills y Porras,
2002).
Las donaciones a grandes
organizaciones conserva-
cionistas son otra forma
de manifestar esta disposición a pagar por la En los casos de proyectos
de bioprospección, canje de deuda por naturaleza, concesiones de conservación y productos asoci-
ados con la biodiversidad, los recursos provenientes de estos, en muchos casos, son canalizados di-
rectamente o indirectamente a los propietarios de los ecosistemas para propender su conservación.

En el caso específico de los canjes de deuda por naturaleza, en el Ecuador y otros países de la región,
estos son canalizados a fondos patrimoniales, que generan ingresos a largo plazo para compensar
riesgos coyunturales en la provisión de fondos fiscales nacionales o internacionales. Los recursos se
invierten en entidades financieras serias y sólo se utilizan los rendimientos que generan (FAN, 2006).

Aunque subsisten problemas como la incertidumbre de los mercados en cuanto a los sobreprecios
a pagar y sobre los sistemas de tenencia de tierra aplicados a las concesiones para la conservación,
existe una tendencia creciente a seguir afianzando este tipo de mecanismos, que puede coexistir con
proyectos de conservación y manejo forestal sostenible y constituirse en un ingreso complementario
(Izko y Cordero, 2007).

Landell-Mills y Porras (2002), estudiaron setenta y dos esquemas de pagos por servicios de biodi-
versidad y mostraron que estos, en su mayoría son incipientes, y en muchos casos experimentales
.
El mercado de carbono puede considerarse como el servicio ambiental con mayor probabilidad de
establecerse en un mercado regular y globalizado. Se trata de un servicio ambiental de interés global,
cuyas transacciones, en la mayoría de los casos involucran a compradores e incluso intermediarios
internacionales.

La Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), firmada en 1992,
es un acuerdo internacional para estabilizar las concentraciones de gases efecto invernadero (GEI)
en la atmósfera, a los niveles de 1990. En 1997, el Protocolo de Kyoto, adoptado por países indus-
trializados y no industrializados (países Anexo 1 y países no Anexo 1), estableció metas vinculantes
de reducción de emisiones de GEI, para los países Anexo I durante el período 2008-2012 (Neef y
Henders, 2007).

El Protocolo de Kyoto permite a los países desarrollados (o países Anexo 1) alcanzar sus metas de
reducción de emisiones a través de distintos mecanismos de flexibilidad tales como: i) el Comercio
de Emisiones (comercio de permisos de emisiones entre países desarrollados), ii) la Implementación
Conjunta (transferencia de permisos de emisiones entre países Anexo 1 relacionadas a proyectos de
reducción de emisiones específicas) y iii) el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el único
en tomar en cuenta a los países en desarrollo (IIED, et. al., 2002).

. Las únicas actividades fore-


3
stales elegibles bajo el MDL son forestación y reforestación . Estas pueden realizarse en tierras
degradadas. Asimismo, pueden convertirse tierras agrícolas a sistemas agroforestales y plantaciones
forestales (Neef y Henders, 2007).

Un proyecto MDL forestal es un proyecto de fijación de carbono atmosférico, que debe producir
beneficios reales y cuantificables contra el cambio climático, adicionales a cualquier proyecto que
ocurriría en ausencia del mecanismo. Esta sujeto a metodologías y procedimientos específicos.

Debe tener un plan de monitoreo, como base para la verificación futura, sobre la reducción de emi-
siones y el cumplimiento de los objetivos del proyecto (Neef, y Henders, 2007; CORDELIM, 2007).

Una de las principales debilidades del MDL son los altos costos en la fase de factibilidad y diseño,
dada la complejidad de las metodologías de diseño y de los planes de monitoreo.

Entre los años 2006 y 2007 se logró un gran avance en el desarrollo de metodologías para proyec-
tos MDL forestales, teniendo actualmente diez metodologías aprobadas (ver 4.6 Mercado de car-
bono). Estas pueden ser utilizadas por desarrolladores de proyectos para áreas donde las condiciones
de línea base, tipo de sumideros, adicionalidad y elegibilidad sean similares a las de los sitios donde
se validaron las metodologías (PROFAFOR, 2008). No obstante, aún no se tienen proyectos MDL
implementados. El Recuadro 4 presenta un listado de las metodologías aprobadas a diciembre 2007.

Por otro lado, el mercado voluntario de carbono, también llamado mercado abierto o paralelo,
ha venido operando por más de quince años. Este también responde a acuerdos y mercados inter-
nacionales, pero no se rige bajo el Protocolo de Kyoto y su normativa.

El mercado voluntario financia proyectos forestales tendientes a:

Fijar de carbono atmosférico mediante el establecimiento de plantaciones forestales, sis


temas agroforestales y la regeneración de bosques naturales

Reducción de emisiones por deforestación y degradación (REDD) mediante la


conservación de bosques naturales (deforestación evitada)

En Ecuador y Bolivia, actualmente se desarrollan proyectos forestales en el marco del mercado vol-
untario. El Cuadro 8 muestra los principales proyectos de carbono desarrollados en Colombia,
Ecuador y Bolivia.

En el estudio realizado por Landell-Mills y Porras (2002), se analizó setenta y cinco ejemplos de
pagos por fijación de carbono a nivel mundial, concluyendo que el mercado está en rápida expan-
sión, con diversas plataformas de canje, transacciones en varios niveles (regional, nacional e inter-
nacional).
4
Los o combinados, se generan cuando se logra “vender” diferentes servicios am-
bientales provenientes de un mismo ecosistema. Lo que se traduce en contar con diversas fuentes
de financiamiento (o compradores) para distintos servicios ambientales.
Para estructurar un esquema de PSA con servicios en paquete, es necesario conocer los vínculos
biofísicos y geográficos entre los servicios, así como reconocer que existen distintos y diferentes
tipos de valor para los servicios de los ecosistemas (a veces opuestos), a nivel local, nacional e in-
ternacional. El empaquetamiento de servicios puede ser complejo, así como la búsqueda y satisfac-
ción de varios compradores en forma paralela.

Según Wunder (2007), puede ser más fácil hacerlo en zonas con cobertura forestal, donde puede apli-
carse una política de conservación estricta. Lo que se complica en mosaicos agrícolas-forestales. Un
ejemplo que se está llevando a la práctica en varios países de América Latina, es el fomento a la
producción de café con sombra, lo que implica sinergias entre biodiversidad – carbono – agua, e in-
cluso puede conllevar la minimización del uso de químicos y el tratamiento de desechos sólidos y
líquidos que contaminan suelos y aguas.

Teóricamente, la negociación de servicios combinados, conlleva menores costos de transacción. Así


como mayor financiamiento, ya que se tiene diferentes compradores. No obstante, esto no siempre
ocurre.
Un estudio desarrollado en California (Chan, et. al., 2006), analizó los cambios y oportunidades
para “empaquetar” conservación de biodiversidad con seis servicios ambientales: almacenamiento
de carbono, control de inundaciones, producción de forraje, recreación, polinización de cosechas
y provisión de agua5. Se encontró una muy baja correlación espacial, entre las áreas prioritarias
para la conservación de la biodiversidad y los flujos de los servicios ambientales analizados, en un
área determinada. En un ejercicio de este tipo se pueden combinar varios servicios con el fin de
buscar una correlación espacial de su ubicación de un sitio predefinido. No obstante, es un pro-
ceso complejo, costoso y sin muchos antecedentes.

A pesar de que los esquemas de PSA parten del principio el usuario paga o sea los usuarios de los
servicios pagan por la conservación y/o rehabilitación de los ecosistemas que los proveen, mu-
chos de los mecanismos en funcionamiento son financiados, total o parcialmente, con recursos
de la cooperación internacional y/o del sector público. Ver 3.3 Características de los mecanismos
de pago por servicios ambientales. Esta situación se ilustra en la Figura 5.

Los programas de PSA no fueron conceptualizados como un mecanismo para reducción de pobreza,
sino más bien como una herramienta para fomentar la conservación y facilitar usos de los suelos
sostenibles y ambientalmente amigables. No obstante, algunos autores (Landell-Mills y Porras, 2002;
Pagiola, ., 2002) sugieren que estos pueden tener un impacto positivo en la reducción de la po-
breza (Pagiola, ., 2005).

En este sentido, es importante distinguir entre los dos principales grupos de participantes en un es-
quema de PSA: i) los proveedores del servicio ambiental (en muchos casos este grupo incluye pe-
queños propietarios pobres, aunque no necesariamente) y ii) los usuarios del servicio ambiental6.
Existe un tercer grupo de actores que podría verse afectado indirectamente por el programa de
PSA, pero que no participan directamente del mismo7 (agricultores que no participan, usuarios po-
bres de servicios ambientales, consumidores de productos, trabajadores sin tierra, etc.).

Al ser los PSA, pagos dirigidos a los propietarios que realicen prácticas para mantener o mejorar la
provisión de un servicio ambiental, estos constituyen el grupo de actores que podría llegar a tener
un impacto positivo en el mejoramiento de su calidad de vida, gracias al ingreso proveniente del PSA.

Conceptualmente, se propone que este ingreso, así sea en especie, sea igual o mayor al costo de
oportunidad del uso de la tierra, para que sea una verdadera motivación para propender la conser-
vación y/o manejo sostenible de los ecosistemas, especialmente para los propietarios pobres.

Adicionalmente, en el caso de los mecanismos que otorgan compensaciones en efectivo, los propi-
etarios reciben un ingreso económico fijo, que no está sujeto a las fluctuaciones que tienen los pro-
ductos agrícolas y forestales en el mercado, y que les permite emplearse en otra actividad, pudiendo
convertirse el PSA en un ingreso adicional.

Existen otros beneficios no económicos del PSA, los cuales han sido estudiados por Grieg-Gan
. (2005). Entre estos sobresalen:

Mejoramiento de la salud de los ecosistemas


Infraestructura de desarrollo como carreteras, servicios de salud, etc.
Educación y capacitación
Aseguramiento de la tenencia de la tierra, organización social, concienciación para la conservación
ambiental, etc.
Generación de nuevos ingresos provenientes de la venta de productos relacionados con la con-
servación: leña, hongos, ecoturismo, PFNM, etc.

A pesar de lo anterior, existen una serie de variables que pueden dificultar el acceso de los propi-
etarios pobres a los esquemas de PSA (Grieg-Gran, , 2005). Entre estas se tienen: i) Tenencia
de la tierra, ii) Altos costos de transacción, iii) Poca participación en la formulación de las reglas y/o
en el proceso de negociación, iv) Tasas de pago fijas a pesar de existir diferentes costos de oportu-
nidad y v) Especificidad espacial o geográfica de acuerdo a los ecosistemas a conservar y/o reha-
bilitar y no a la ubicación de los propietarios pobres.
Por sus características intrínsecas, los mecanismos de PSA responden sobre todo a consideraciones
ambientales, y por ello también a consideraciones geográficas, ya que se busca mejorar la provisión
de servicios ambientales. La generación o protección de dichos servicios no siempre coincide con
la ubicación, y por lo tanto con la compensación, de los sectores socioeconómicos más débiles. En
este sentido, la participación de la población a modo de oferta no depende de su nivel económico,
sino de su ubicación y la relación de la misma en cuanto al servicio o servicios ambientales que se
desea promover. Por ejemplo, los principales sitios de producción de agua en una microcuenca, no
necesariamente coinciden con los sitios donde se ubica la población más pobre. En el caso de los
proyectos para captura de CO2, es preferible (más económico y más eficiente, menores costos de
transacción) trabajar con grandes propietarios.

A pesar de que los esquemas de PSA no tienen como objetivo principal disminuir la pobreza, estos
pueden diseñarse de forma tal que contribuyan a disminuir los impactos negativos y aumentar los
positivos.
Ver Capítulo 4 Construcción de un mecanismo de pago por servicios ambientales.

Existen distintos tipos de mecanismos fi-


nancieros para la conservación de los bienes
y servicios de los ecosistemas. Aunque se
trata de algo implícito, a ellos se une la
necesidad de velar por la sostenibilidad de la
actividad financiada en sí misma, que de-
pende del destino que se asigna a los medios
financieros canalizados. Ver definición de
mecanismo financiero en 3.1 ¿Qué significa
pago por servicios ambientales?

Existen también distintos


. Algunos
están basados en su (cooperación internacional, gobiernos, sector privado, organi-
zaciones no gubernamentales (McNeely, 1997), mientras que otros se fundamentan en el t
, bien sean convencionales (donaciones de instituciones bi-
laterales, multilaterales y organizaciones no gubernamentales, ciertas formas de financiamiento pri-
vado para actividades forestales) o innovadores (instrumentos de financiamiento comercial directo,
instrumentos de financiamiento concesionario directo, mecanismos de desarrollo de mercados y
mecanismos estructurales (PNUD, 1999). Pearce (1997) proponen clasificarlos en mecanismos
de reducción de costos, mecanismos de corrección de externalidades y mecanismos financiados
con el ahorro nacional.

Otros autores, por ejemplo Bayón (2000), proponen dividir los mecanismos en función de su ob-
jeto: salvaguardar la biodiversidad como bien público, corregir externalidades negativas y estimular
empresas que protejan la biodiversidad y su uso sostenible.

El Cuadro 9 contiene una propuesta de taxonomía de instrumentos para financiar la conservación.


El Cuadro 10 presenta un listado de mecanismos financieros para el manejo forestal sostenible,
fuentes de financiamiento y receptores. En ambos casos, estos pueden utilizarse para propender la
conservación y manejo de ecosistemas.

En las , al igual que en un esquema PSA, las autoridades nacionales o los


usuarios de recursos locales acuerdan proteger los ecosistemas naturales a cambio de un flujo con-
stante de compensación estructurada por parte de conservacionistas u otros inversionistas.

Los son mecanismos innovadores de financiamiento que empezaron a funcionar


en la década de los noventa. Han financiado la cobertura de los gastos recurrentes de parques na-
cionales y áreas protegidas, actividades de conservación y uso sostenible de la biodiversidad y fort-
alecimiento de instituciones involucradas en la conservación ambiental. La variabilidad de estructura,
operación y mecanismos de gobierno responden a una adaptación a la legislación y realidad na-
cional en cada caso (Oleas y Barragán, 2003). El Recuadro 5 presenta información sobre el Fondo
Ambiental Nacional (FAN) que opera en el Ecuador desde 1996.
Otros instrumentos pueden utilizarse con conjunto con los PSA u otros mecanismos financieros,
son la certificación de productos forestales y agrícolas, tasas o cuotas por contaminación, estándares
para una producción amigable con el ambiente, entre otros. Asimismo, también pueden utilizarse
herramientas legales como las servidumbres ecológicas y el arriendo con opción a compra (land
leasing), como medidas complementarias.
En la práctica nunca se utiliza un instrumento en forma aislada. Se recomienda combinar las her-
ramientas de comando y control con diferentes instrumentos de mercado. La Figura 6 muestra
una propuesta que comprende la utilización de diferentes mecanismos financieros para promover
la conservación de cuencas hidrográficas en Moyabamba, Perú. La propuesta integra un sistema
de crédito para agroforesteria, un mecanismo de PSA financiado con un cobro adicional en las
tarifas de agua y un fondo fiduciario tendiente a darle sostenibilidad al esquema.

Otro instrumento utilizado para financiar la conservación son las reformas fiscales, llamadas reforma
fiscal ecológica o reforma fiscal verde. Son formas de impuesto o subsidio que influyen en el compor-
tamiento de productores y/o consumidores, afectando la rentabilidad de determinados procesos, de
productos finales o el consumo de los mismos. Su objetivo no es generar ingresos tributarios (ni au-
mentar la recaudación), sino promover pautas productivas y consuntivas favorables a la conser-
vación ambiental.
Las reformas fiscales ofrecen la posibilidad de complementar esquemas de gestión ambiental gra-
cias a que introducen mayor flexibilidad mediante incentivos basados en precios y costos, y ofrecen
la posibilidad de generar recursos para financiar la gestión e inversiones ambientales.

El uso de las reformas tributarias verdes presenta dificultades debido a las implicaciones distributi-
vas que tiene (afecta intereses), al argumento de incremento de costos productivos y por lo tanto
disminuciones en la competitividad empresarial y al grado de aceptación a nivel nacional e interna-
cional.

En cada caso se debe analizar las implicaciones y buscar una negociación y participación de los ac-
tores para encontrar las formas más adecuadas de implementación, tanto en tiempo como en aten-
uación o compensación de los efectos negativos para determinados grupos.
La América Latina se tiene relativamente pocas experiencias en la utilización de esta herramienta.
Los principios de protección ambiental siguen siendo visualizados por gran parte de los sectores pro-
ductivos y por no pocos gubernamentales como una imposición externa y fuente de costos adi-
cionales que frena el desarrollo. Esto genera una economía política en la cual los temas de
sostenibilidad ambiental ocupan un papel secundario. Sin embargo, existen aplicaciones incipientes
en países con mayor desarrollo institucional como Brasil, México, Chile, Colombia. Costa Rica y
Perú.

1. ¿Qué significa PSA y cuál es la diferencia con compensación por servicios ambientales?

2. ¿Es lo mismo servicio ecosistémico y servicio ambiental? ¿Por qué?

3. ¿Qué características tiene un mecanismo de PSA?

4. ¿Se puede implementar un PSA en cualquier región y contexto?

5. ¿Cuál puede ser el impacto de los PSA en la lucha contra la pobreza?

6. ¿Qué otros tipos de mecanismos financieros pueden ser utilizados para propender la
conservación ambiental?

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Tal como se presentó en los capítulos anteriores, el PSA es un instrumento entre otros mecanismos
tendientes a financiar la conservación y manejo de ecosistemas. Por lo que al momento de utilizarlo,
debe analizarse: i) las metas a alcanzar, ii) los obstáculos que impiden alcanzar dichas metas y iii) el
instrumento que puede contribuir a minimizar dichos impactos. Nunca debe iniciarse seleccionando
el instrumento y luego decidir si este aplica al contexto.

Se presenta una guía de cinco puntos, para la construcción de un esquema de PSA tendiente a la
protección, conservación y/o recuperación de: i) servicios hidrológicos, ii) belleza escénica, iii) bio-
diversidad, en forma independiente o combinada. Se dan algunas recomendaciones generales para
la implementación, seguimiento y monitoreo.

Finalmente se presentan lineamientos generales sobre las metodologías y requerimientos de los


proyectos tendientes a la captación o fijación de carbono, en el marco del MDL y del mercado vol-
untario de carbono.

Revisar los principales factores a considerar, al momento de decidir utilizar el PSA como her-
ramienta para la conservación.

Analizar la guía propuesta para la construcción de un mecanismo de PSA.

Conocer los requerimientos de los proyectos para fijación de carbono realizados en el marco del
MDL, así como para el mercado voluntario de carbono.

4.1 ¿Cómo elegir el mecanismo financiero apropiado?


4.2 ¿Quién lidera o inicia el proceso?
4.3 ¿Cómo construir un mecanismo de pago por servicios ambientales?
4.3.1 Recopilación y/o generación de información biofísica y socioeconómica
4.3.2 Identificación de oferentes y demandantes del servicio ambiental
4.3.3 Ejercicios de valoración económica
4.3.4 Factibilidad legal/institucional – técnica – económico/financiera
4.3.5 Diseño del esquema de pago por servicios ambientales
4.4 Recomendaciones para la implementación, seguimiento y monitoreo
4.4.1 Implementación
4.4.2 Seguimiento y monitoreo
4.5 Mercado de carbono
4.5.1 Proyectos MDL
4.5.2 Proyectos para el mercado voluntario
Los mecanismos de PSA como herramienta para la conservación ambiental han creado muchas ex-
pectativas. Asimismo, hay relativamente pocas experiencias en marcha, donde estos sistemas estén
funcionando y de donde se puedan desprender lecciones aprendidas sobre su funcionalidad y efec-
tividad1. Por lo que se debe ser cauteloso al momento de decidir utilizar el PSA como herramienta
para la conservación.

Al momento de tomar la decisión sobre que tipo de instrumento o mecanismo financiero utilizar,
es necesario ubicarse en un lugar y situación específicos. Según Pagiola (2005), resulta imprescindible
analizar:

¿Qué metas se quiere alcanzar? (por ejemplo, agua limpia).

Identificar cuáles y qué tipo de obstáculos existen e impiden alcanzar dichas metas fallas de mer-
cado, de políticas, otros).

Identificar el instrumento que puede contribuir a minimizar dichos obstáculos. La selección del
instrumento dependerá de los objetivos y del contexto.

Nunca debe iniciarse seleccionando el instrumento y luego decidir si este aplica (Pagiola, 2005). El
instrumento o mecanismo elegido debe constituir un y no un fin en si mismo para poder al-
canzar los impactos deseados. Por ejemplo, la gestión sostenible de recursos naturales o la conser-
vación de ecosistemas.

La Figura 7 presentada las posibles herramientas a utilizar para la conservación ambiental dependi-
endo de la disponibilidad/capacidad y voluntad de pago. Ver 5.3.3 Ejercicios de valoración
económica.
Una vez que se toma la decisión de estructurar un mecanismo de PSA, ¿a quién le corresponde lid-
erar y/o iniciar este proceso?

La entidad que lidera el proceso de construcción de un esquema de PSA va a depender del prob-
lema que genera la iniciativa, del contexto socioeconómico y legal de cada país, así como de las ca-
pacidades de los diversos actores. Las organizaciones no gubernamentales han tenido un papel
activo asumiendo este rol2. Aunque también puede hacerlo una entidad del gobierno. En el caso de
los esquemas para la conservación de cuencas, los usuarios pueden organizarse con la finalidad de
liderar la estructuración de un esquema de PSA con apoyo técnico de una organización no guber-
namental, un gobierno local y/o una empresa de agua potable.

Según la guía elaborada por Conservation Finance Alliance para la construcción de esquemas de
pagos por servicios ambientales en cuencas hidrográficas (CFA, 2003), entre los elementos clave para
la construcción de esquemas de PSA en cuencas, que también aplican para otros servicios, sobre-
salen:

Participación de los diferentes actores desde el inicio del proceso, lo que puede contribuir a mov-
ilizar otros recursos

Considerar la construcción del PSA como un proceso dinámico e incluso como una oportunidad
de aprendizaje, donde es posible incorporar las lecciones aprendidas conforme se avanza en la
cristalización del esquema

Otro aspecto que es importante definir desde el inicio del proceso, es si la entidad que lidera el pro-
ceso de construcción del PSA va a ser la misma que se encarga de su implementación. Ver 4.3.5 Dis-
eño del esquema de pago por servicios ambientales.

Una vez analizado el contexto y partiendo del supuesto de que la no conservación o la degradación
de los recursos naturales se desprende principalmente de una falla de mercado y/o de política, puede
iniciarse la construcción del mecanismo de PSA.

No existe una metodología o receta que indique cómo construir un esquema de PSA. No obstante,
existen algunas guías en inglés con lineamientos para la construcción de esquemas tendientes a la
conservación de cuencas hidrográficas, como las publicadas por Conservation Finance Alliance en
2003 (CFA, 2003. ) y UICN en 2007 (Smith,
M., et. al., 2006. ).

La utilización de una guía o manual debe hacerse con sumo cuidado, ya que todos los procesos son
diferentes. Factores como el objetivo que se persigue, el contexto, el área a manejar, etc. conllevan
una serie de variables que hacen que cada experiencia sea única. Sin embargo, con base en la expe-
riencia de los autores, este manual presenta una guía muy simple, que comprende cinco fases, cuyo
desarrollo lleva a la construcción de un PSA:
1. Disponer de y del área de estudio, que permita identificar clara-
mente el servicio ambiental a mantener o recuperar, así como la problemática ambiental socio
ambiental, especialmente las relaciones entre la población, los usos del suelo y los impactos posi-
tivos y negativos en la generación de bienes y servicios ambientales, que de estos usos se despren-
den.

En caso de que no se disponga de la información requerida, será necesario generarla.

2. Identificar y caracterizar a los propietarios de las áreas a proteger, conservar y/o recuperar .
Así como los usuarios de los servicios ambientales que dichas áreas generan .

3.

4. Analizar la de desarrollar un esquema de PSA.

5. Diseñar cómo va a funcionar el mecanismo de PSA.

Cada una de estas fases se subdivide en una serie de pasos o actividades, los cuales se detallan más
adelante. El desarrollo de estos, conlleva a la construcción de un esquema de PSA, el cual puede re-
sponder a diferentes objetivos:

Protección de ecosistemas
Conservación de ecosistemas
Recuperación de ecosistemas
Implementación de actividades productivas amigables con el ambiente
Combate a la pobreza

y servicios ambientales:

Conservación de cuencas hidrográficas


Belleza escénica o paisaje
Biodiversidad

Tanto los objetivos de manejo como los servicios ambientales, pueden ser combinados creativa-
mente al diseñar un esquema de PSA. Ver 3.4.5 Servicios en paquete o combinados.

Los proyectos para la fijación o secuestro de carbono, tanto dentro del mercado voluntario como
dentro del MDL, responden a metodologías y requerimientos específicos. Ver 4.5 Mercado de car-
bono.

La primera actividad a desarrollar es la recopilación de información biofísica y socioeconómica del


área de estudio:
Cartografía básica: delimitación del área de estudio, uso del suelo, capacidad de uso, curvas de
nivel, hidrografía, hidrogeología, geología, división político-administrativa, presencia de atributos
culturales, históricos y arqueológicos, áreas protegidas. Entre mayor sea la escala, mayor utilidad
tendrá la información disponible. Es importante conocer la escala, fuente y formato de la informa-
ción.
Estudios sobre el estado de conservación de los ecosistemas presentes en el área de estudio, in-
ventarios de flora y fauna, etc. Cuando se tiene como fin la conservación de la biodiversidad, es
ideal contar con información sobre especies en peligro, endémicas, amenazadas, etc.

Estudios sobre sistemas productivos -agrícolas, pecuarios, forestales u otros- presentes en el área
de estudio, que permitan identificar los intereses y conflictos de los diferentes actores relacionados
con el uso del suelo.

Estudios sobre la viabilidad jurídico-legal de implementar un PSA, leyes y normas relacionadas,


así como información sobre el contexto político.

Datos hidrometereológicos como precipitación, temperatura, caudales, calidad del agua, etc. Bal-
ance hídrico, modelos hidrológicos y concesiones de agua en el caso de esquemas tendientes a la con-
servación de cuencas hidrográficas. Es importante conocer la escala y la fuente de la información.

Datos hidrogeológicos y/o geológicos: ubicación de fuentes de agua subterránea y subsuperficial,


áreas de recarga de acuíferos, etc. Esto es necesario cuando se trabaja en una cuenca donde se
aprovecha o existen fuentes de agua subterránea. En este caso, es necesario tener presente que los
límites de la cuenca hidrográfica, no necesariamente coinciden con los de la cuenca hidrogeológica.

Caracterización socioeconómica de la población del área de estudio: cantidad de población, ingreso


promedio, escolaridad, principales ocupaciones.

Otra información importante, pero no indispensable, que de existir debe recopilarse, es:

Análisis de actores (género, pobreza, etc.)


Análisis de riesgos ante desastres naturales
Análisis del marco legal y político
Aspectos históricos y culturales relevantes
Valoración de recursos naturales, bienes y servicios ambientales
Planes estratégicos, planes de desarrollo local, planes de manejo de cuencas, etc.
Información de proyectos de PSA u otros mecanismos de compensación que funcionen o se
hayan propuesta para el área de estudio

En todos los casos, es importante conocer la fuente, el formato y la metodología de la información.


Las necesidades de información varían en función del servicio ambiental de interés.
En caso de que no exista la información requerida para el área de estudio o que esté incompleta, esta

deberá ser generada durante la primera fase de construcción del PSA. Lo que representa un costo
adicional en dicho proceso, que debe ser previsto en la planificación inicial.

La información biofísica del área de estudio permitirá identificar el servicio o servicios a mantener
o recuperar.
En el caso de los mecanismos de PSA para la conservación de cuencas, ante la diversidad de servi-
cios hidrológicos existentes, es necesario clarificar cuál de ellos constituye el objetivo principal de
los esfuerzos a realizar: mantenimiento de la calidad del agua, reducción del impacto de deslaves e
inundaciones, reducción de la sedimentación de los cursos de agua, entre muchos otros. Esto per-
mite definir claramente una estrategia de intervención costo-eficiente. Por otro lado, en muchos
casos no se dispone de datos cuantitativos sobre la relación cobertura vegetal – agua – suelo, por lo
que se trabaja bajo el principio de precaución.

La definición del PSA enuncia que la persona, que debe ser retribuida es…
... Para ello
se requiere, identificar a las personas que están asentadas en las zonas de generación del servicio o
servicios de interés, que conforman la oferta del mismo.

Una vez identificado el servicio que se desea promover y siguiendo la lógica del PSA,
. Estos pueden estar distribuidos en distintos espacios
geográficos de acuerdo al servicio de interés. La existencia o posibilidad de crear una demanda
para determinado servicio ambiental es un aspecto decisivo en la construcción de un PSA. El prin-
cipal argumento de esto es muy simple, ya que si no se tiene alguien que pague continuamente (men-
sualmente, anualmente, etc.) por el servicio, no es viable el funcionamiento del esquema.

No obstante, existen esquemas de PSA con una , donde se utilizan recursos públicos
o de la cooperación internacional para su financiamiento. Estos presentan una serie de debilidades
respecto a los mecanismos financiados por los usuarios de los servicios. Ver 3.3 ¿Qué característi-
cas tiene un mecanismo de pago por servicios ambientales.

¿Quién debe recibir el pago o compensación? Análisis de la oferta

Debe identificarse y caracterizarse a las personas (propietarios individuales), empresas y comu-


nidades (propietarios comunales) que están asentadas en los sitios donde se genera el servicio de in-
terés. Estas serán las responsables de llevar a cabo las medidas o actividades necesarias para
conservar o mejorar su provisión.

Al mismo tiempo, debe conocerse cuales son los arreglos o relaciones entre dichos actores, lo cual
está estrechamente relacionado con los derechos de propiedad establecidos. Esto significa com-
prender la dinámica social del lugar y las reglas de interacción formales e informales entre los dis-
tintos actores, para poder desarrollar estrategias acordes al contexto.
En el mismo sentido, se requiere conocer los incentivos y desincentivos que pueden reforzar o blo-
quear las medidas que se desea impulsar. Así, se deben considerar otros actores que directa o indi-
rectamente se verán afectados con la implementación del esquema, los cuales también pueden llegar
a dificultar la funcionalidad del mismo (regantes “piratas”, intermediarios de madera, ganaderos
“sin tierra”, etc.). Para ello se requiere analizar distintas estrategias que puedan incorporar la partic-
ipación de dichos actores desde otra perspectiva.

La caracterización de los oferentes del servicio ambiental, se hace utilizando la información recopi-
lada o generada al iniciar el proceso de construcción del PSA (ver 4.3.1 Recopilación y/o generación
de información biofísica y socioeconómica). No obstante, muchas veces la información disponible
no presenta el nivel de detalle requerido. La aplicación de entrevistas o encuestas a este grupo de
actores, puede contribuir a generar información específica, necesaria para la toma de decisiones.

¿Quién debe pagar o compensar? Análisis de la demanda

Los usuarios de los servicios pueden ser consumidores particulares, así como el sector privado. Sue-
len estar distribuidos en distintos espacios geográficos de acuerdo al servicio de interés.

Muchas veces la demanda puede crearse a través de políticas y medidas como cuotas de contami-
nación e impuestos a las emisiones, los cuales aumentan la demanda por ciertos servicios ambien-
tales y vuelven más tangibles los beneficios de la conservación. Si se desarrollan políticas apropiadas,
estas pueden incentivar a que un determinado grupo de usuarios pague por el consumo de ciertos
servicios. Para que las políticas resulten apropiadas, es decir para que éstas creen una demanda real,
se requiere que el grupo meta disponga de la información correcta y de la existencia de instituciones
competentes que apoyen su implementación.
Algunos esquemas de PSA son financiados en forma total o parcial por el sector público (recursos
del gobierno) o la cooperación internacional . Esto como una forma de utilizar los
recursos de un presupuesto dado en una forma más costo-efectiva. Sin embargo, estos mecanismos
no proveen financiamiento adicional para la conservación, ni tienen la capacidad de brindar infor-
mación sobre el valor de un determinado servicio. Además de ser susceptibles a presiones políticas
(Pagiola, 2005). Ver 3.3 ¿Qué características tiene un mecanismo de PSA?

Cuando el servicio de interés es la conservación de cuencas, empresas privadas como las de agua
potable, agua embotellada, hidroeléctricas, cervecerías, etc. pueden reducir los costos causados por
la erosión y la contaminación del agua mediante mejoras en los usos del suelo en la cuenca alta. No
obstante, la posibilidad de realizar tal inversión, en muchos casos, depende de la existencia de políti-
cas ambientales que así lo permitan.

La valoración económica de bienes, servicios e impactos ambientales, da un indicador de su impor-


tancia relativa para los usuarios. Este valor permitirá tomar decisiones que contribuyan a su conser-
vación y manejo racional.

Se recomienda realizar ejercicios de valoración orientados a estimar:

La disponibilidad a pagar (DAP) de los usuarios o demandantes del servicio


La disponibilidad a aceptar (DAA) un pago de los oferentes del servicio
El valor del servicio ambiental de interés

La metodología de valoración debe seleccionarse de acuerdo al servicio de interés, así como a la in-
formación, tiempo y recursos disponibles. Dependiendo de la situación, la valoración puede estar
basada en cambios en la productividad, costos de oportunidad, costos de reubicación, costos de
reposición, daños evitados, disponibilidad de pago, entre otros. Ver 2.5 ¿Qué metodologías se uti-
lizan para la valoración de bienes y servicios ambientales?

Dada la complejidad estadística de las metodologías de valoración ambiental, es importante que sea
un especialista el que desarrolle los ejercicios de valoración.

Disponibilidad a pagar

Una vez identificada la demanda debe analizarse su disponibilidad a pagar (DAP) por recibir un de-
terminado beneficio o servicio ambiental. Este ejercicio tiene como fin analizar si la demanda po-
tencial puede convertirse en una demanda real. La disponibilidad de pago se relaciona con los
ingresos económicos de la población y por lo tanto con sus características socioeconómicas.
La existencia de DAP, es imprescindible a la hora de construir un esquema de PSA. Cuando los
beneficiarios directos o usuarios de los servicios ambientales asumen los costos (pagan), lo hacen
porque existe una necesidad sentida de apoyar la conservación o la generación de un servicio am-
biental. Esto crea una interdependencia entre oferta y demanda, la cual contribuye a asegurar la
sostenibilidad del mecanismo.

Los esquemas financiados con recursos del sector público o la cooperación internacional no re-
quieren este tipo de análisis.
Cuando no existe información de
mercado de la DAP, que pueda rev-
elar las preferencias de los usuarios
respecto a un servicio ambiental, se
suele utilizar la metodología de val-
oración contingente.

Disponibilidad a aceptar

Este ejercicio tiene como fin


analizar si los oferentes del servicio
ambiental están dispuestos a recibir
un pago a modo de compensación
por cambiar o mantener un uso del
suelo (externalidad positiva). En
este caso, la disponibilidad a
aceptar o recibir (DAA) puede ser
igual o similar al ingreso perdido o
no recibido por dejar de utilizar la
tierra en otros usos alternativos.

Por lo que puede afirmarse que existe una estrecha relación entre la DAA y el costo de oportunidad
del uso de la tierra.

La existencia de DAA, al igual que la DAP, resulta imprescindible al momento de estructurar un PSA.
La DAA es una señal de que los oferentes del servicio ambiental están dispuestos a realizar activi-
dades de uso del suelo que contribuyan a mantener o mejorar su provisión. El interés de este grupo
de actores por entrar en forma voluntaria al esquema, es un factor clave para el éxito.

Al igual que con la DAP, cuando no existe información de mercado sobre la DAA, se suele utilizar
la metodología de valoración contingente. Se pregunta a los oferentes del servicio ambiental, medi-
ante encuestas, entrevistas o cuestionarios, lo que estarían dispuestos a aceptar a modo de compen-
sación por cambiar o mantener un uso del suelo. La compensación puede ser un pago en efectivo
o en especie.

Valoración del servicio ambiental de interés

En muchos casos no es posible valorar un servicio ambiental per se, por lo que se utilizan variables
de aproximación o . Estos ayudan a clarificar qué es lo que se vende y qué es lo que se com-
pra en un esquema de PSA.
En algunos casos, la DAPde los usuarios del servicio puede ser utilizada como variable de aproxi-
mación. En otros casos, se utiliza el costo de oportunidad3 del uso del suelo como una estimación
del costo total o parcial de la conservación.

Un ejemplo puede ser el aproximar los ingresos que dejaría de percibir el dueño de un bosque, en
actividades forestales y agropecuarias, al tomar la decisión de conservarlo y generar servicios
hidrológicos, biodiversidad, paisaje y evitar emisiones de CO2 a la atmósfera producto de la defor-
estación. En este caso, el costo de oportunidad podría ser considerado como una estimación del
costo de la conservación.
El costo de oportunidad puede ser definido directamente utilizando valores de mercado. No ob-
stante, cuando no se dispone de información de mercado, ni precios de bienes o servicios sustitu-
tos, puede utilizarse la metodología de valoración contingente. En estos casos, puede utilizarse la
misma entrevista o encuesta utilizada para evaluar la DAA para preguntar sobre los costos de opor-
tunidad, ingresos perdidos u otros valores que pueden ayudar a aproximar el valor del servicio am-
biental de interés.

El análisis de factibilidad determina si la iniciativa puede llevarse a cabo. La factibilidad puede ser
legal e institucional, técnica y económico-financiera.

Factibilidad legal - institucional

La implementación de esquemas de PSA u otros mecanismos financieros para la conservación, de-


pende de la existencia de un marco legal y regulatorio, así como infraestructura institucional adecua-
dos. Al analizar la factibilidad legal e institucional de una iniciativa de PSA, es indispensable examinar
cómo el marco legal e institucional vigente promueve o limita su funcionamiento4.

En algunos países, el marco legal e institucional no hace referencia a los esquemas de PSA, pero tam-
poco prohíbe su utilización, por lo que pueden ser implementados como un acuerdo público-pri-
vado o entre entes netamente privados. Así funcionan los esquemas de PSA en el Ecuador, por
ejemplo.

En caso de que el marco legal limite o prohíba la utilización de esquemas de PSA, podrían analizarse
los cambios necesarios para incluir dicha figura en la legislación existente y la viabilidad de hacerlo
en el corto o mediano plazo. De no ser posible cristalizar dichos cambios en un plazo dado, es
mejor optar por la utilización de otro instrumento.

Entre los aspectos legales e instituciones a analizar, es indispensable tener claridad sobre los dere-
chos de propiedad y la tenencia de la tierra, de los cuales se desprenden una serie de arreglos o
relaciones entre actores (oferta y demanda, principalmente). Esto significa comprender la dinámica
social del lugar y las reglas de interacción formales e informales entre los distintos actores, para
poder desarrollar estrategias acordes al contexto.

La existencia de infraestructura institucional es un aspecto clave, los actores deben tener acceso
a información acerca de los servicios que se están intercambiando, así como oportunidad para ne-
gociar los pagos (Pagiola y Platais, 2003). Asimismo, se requiere una serie de arreglos institucionales
que faciliten el adecuado funcionamiento del esquema.

En los sitios donde los usuarios pagan por el servicio ambiental a través de tarifas de servicios públi-
cos (por ejemplo, tarifas por abastecimiento de agua para consumo humano que incluyen un rubro
ambiental o impuesto a los hidrocarburos con fines de compensación de emisiones), es importante
conocer el rol de las agencias reguladoras del gobierno5. Estas tienen como fin regular dichas tari-
fas o tasas para que los montos que pagan los usuarios sean acordes al servicio que reciben.

En algunos casos, dichas agencias también realizan actividades de seguimiento y monitoreo de im-
pactos.

Factibilidad técnica

En esta etapa es necesario definir claramente el vínculo entre el servicio de interés y las actividades
a desarrollar. Otro aspecto clave es identificar si se cuenta con las herramientas, tecnología,
conocimientos, habilidades y experiencia para desarrollar la iniciativa propuesta.

Es indispensable contar un paquete tecnológico que guíe las medidas a implementar en el campo,
de acuerdo a la estrategia de intervención definida. Por ejemplo, si se van a establecer sistemas agro-
forestales en una cuenca hidrográfica, es necesario disponer de información básica sobre las es-
pecies, la cual comprende: disponibilidad de semilla; disponibilidad de plántulas para la siembra o
en su au

sencia, información sobre el comportamiento de las especies en vivero (tratamiento pregerminativo


de la semilla, tipo de sustrato, fertilización, edad para llevar las plántulas al campo, etc.); manejo sil-
vicultural (podas, raleos, fertilización, etc.); tasa de crecimiento esperada; turno de aprovechamiento;
capacidad de regeneración, entre otros. También se necesita información, lo más veraz posible,
sobre el costo de implementación de las medidas en el campo, lo cual está estrechamente relacionado
con el monto a pagar o compensar.

Factibilidad económico-financiera

Es necesario cuantificar los recursos técnicos y económicos necesarios para cristalizar las acciones
propuestas, así como los costos de transacción (administración y monitoreo), especialmente los
relacionados con el arranque del esquema.

La factibilidad económico-financiera surge al analizar si los recursos económicos y financieros nece-


sarios para desarrollar la iniciativa, pueden ser cubiertos con el capital disponible. Debe tenerse es-
pecial cuidado cuando las iniciativas van a ser financiadas, total o parcialmente, con recursos
provenientes de un cobro a los usuarios del servicio, ya que en las etapas iniciales pueden surgir in-
convenientes para recolectar el dinero, especialmente al implementar un nuevo sistema de fac-
turación y cobro.

Puede plantearse diversos escenarios, que respondan a diferentes niveles de intervención y por con-
siguiente diferentes niveles de inversión. A la hora de implementar el mecanismo, puede trabajarse
con el escenario que corresponda con el financiamiento existente y realizar cambios conforme se
dispone de un mayor financiamiento.

Una vez abordados los puntos anteriores, se debe definir claramente:


¿Para qué se paga?
¿Quién paga por el servicio ambiental?

¿Quién recibe el pago o compensación?

¿Cuánto y cómo se debe pagar?

¿Cuáles son las condiciones a cambio de recibir un pago?

¿Quién hace la gestión técnico-administrativa?

Medidas en beneficio de los grupos más pobres

Todos estos puntos están relacionados entre sí y deben ser definidos en forma paralela. No existe
un orden especial para esto, ya que incluso existen traslapes o sobreposiciones entre los mismos.

¿Para qué se paga?

La contratación de usuarios de la tierra para que provean servicios ambientales puede parecer muy
bien en teoría, pero en la práctica no es muy realista. Según Pagiola et. al. (2002; citado por Pagiola
et. al., 2004), una solución ha sido ofrecer un pago no por un servicio ambiental específico, sino por
los tipos de uso del suelo que son hospitalarios para con dicho servicio.

Las actividades, medidas o usos del suelo que se promuevan mediante el PSA estarán en función del
servicio o servicios a mantener y/o recuperar. Debe existir evidencia científica de que dichas activi-
dades o usos del suelo, a propender con el PSA, realmente aseguren el mantenimiento y/o recu-
peración de uno o varios servicios, por los cuales se está pagando.

Algunas de las actividades y usos del suelo, que se promueven más comúnmente mediante esque-
mas de PSA, son los siguientes:

Conservación de bosques naturales


Conservación de humedales
Conservación de páramos
Regeneración natural de la vegetación
Recuperación de la cobertura forestal con fines protectores y paisajísticos6
Reforestación con fines de protección
Reforestación con fines de producción
Reforestación con fines de protección/producción
Establecimiento de sistemas agroforestales
Establecimiento de sistemas silvopastoriles
Implementación de prácticas de conservación de suelos y aguas
Implementación de prácticas de agricultura de conservación
Implementación de prácticas de ganadería de conservación
Estas actividades y usos del suelo pueden fomentarse de manera individual o combinada. Para que
el sistema funcione correctamente, es necesario que exista una relación directa entre los pagos re-
alizados, las actividades o medidas desarrolladas en el campo y los beneficios tangibles desprendi-
dos de las mismas. Los diferentes usos del suelo pueden proveer diferentes niveles de servicios, que
deben ser analizados individualmente.

El impacto de las prácticas agropecuarias y forestales en la generación de uno o varios servicios


ambientales, no conlleva una posición binaria de sí o no. En el caso de la biodiversidad, por ejem-
plo, existe un espectro de efectos que va desde sistemas relativamente inhospitalarios como los
monocultivos con un elevado uso de agroquímicos, a sistemas relativamente hospitalarios como
café orgánico cultivado bajo la sombra del dosel de diversas especies nativas. La ubicación también
es importante, prácticas amigables con la biodiversidad en la cercanía de áreas protegidas, por ejem-
plo, suelen ser muy valiosas para su amortiguación y protección (Pagiola, et. al., 2004).

Para cada actividad o medida a promover es necesario contar con un paquete tecnológico que in-
cluya asistencia técnica, insumos, resultados obtenidos en otros sitios, resultados esperados, costos,
etc. que facilite su implementación y asegure la viabilidad de hacerlo en un sitio determinado.

Por último, una condición que siempre debe cumplirse es que los propietarios de los terrenos donde
se van a desarrollar las actividades o medidas propuestas, deben estar totalmente de acuerdo con las
mismas y tener la capacidad necesaria para su puesta en marcha. Así como la apertura para recibir
asistencia técnica y capacitación, cuando se considere pertinente.

¿Quién paga por el servicio ambiental?

De acuerdo a la definición del PSA,


. Estos pueden estar distribuidos en distintos espacios geográficos.

Si se promueve la conservación de cuencas, por ser los servicios hidrológicos de interés local, los
usuarios se ubican en la parte media y baja de la cuenca hidrográfica. Es decir, son los pobladores
de la cuenca media-baja. En este caso, los pagos generalmente se hacen a través de las empresas
públicas de servicios (EPS), juntas o asociaciones de usuarios.

Las hidroeléctricas, los usuarios del agua para riego y las industrias, también podrían pagar por la
conservación de cuencas y la provisión continúa de agua de calidad. En el caso de las industrias,
muchas veces utilizan el agua como materia prima o insumo para la producción sin pagar por ello.
Por su parte, las hidroeléctricas hacen un uso no consuntivo del recurso, ya que devuelven el agua
a su curso natural después de utilizarla, no obstante, requieren que esta esté limpia y libre de sedi-
mentos.

Cuando el servicio de interés es la , los usuarios son los visitantes a un determinado


atractivo natural o cultural. Estos pueden ser turistas nacionales o extranjeros, que pagan por visi-
tar un sitio con belleza escénica y paisajística o con atractivos culturales. Las personas que viven en
el lugar, también son usuarios, aunque generalmente no están dispuestas a pagar por un recurso
que siempre han tenido a su disposición.

Cuando se promueve la , se tiene múltiples usuar-


ios, en distintos ámbitos a nivel local, regional, nacional y global. Generalmente la comunidad in-
ternacional es la que financia programas y proyectos tendientes a la conservación de la biodiversi-
dad y/o a la fijación de carbono.

Tal como se ha señalado (ver 3.3 ¿Qué características tiene un mecanismo de pago por servicios am-
bientales? y 4.3.2 Identificación de oferentes y demandantes del servicio ambiental), algunos esque-
mas de PSA son financiados con recursos de entidades gubernamentales y de la cooperación
internacional, lo que se conoce como demanda pública.

¿Quién recibe el pago o compensación?

Siguiendo la lógica del PSA, las personas que deben recibir un pago o compensación a cambio de
mantener o modificar un uso particular del suelo, para la generación de un determinado servicio am-
biental (o servicios), son quienes viven en el sitio donde se genera dicho servicio y por consiguiente,
quienes toman decisiones sobre el uso del suelo.

Muchas veces no es necesario que los proveedores tengan un titulo de tenencia de la tierra, es sufi-
ciente con que la persona sea un ocupante de hecho y que pueda demostrarlo, de acuerdo a lo que
establece la ley en cada país.

A pesar de la claridad de la definición, puede resultar difícil identificar a las personas correctas. Al-
gunos de los aspectos que pueden dificultar dicha identificación son: i) la superposición de derechos
formales e informales de propiedad y ii) la diversidad de actores que utilizan el mismo recurso para
distintos fines.

En los esquemas para la conservación de cuencas, muchas veces no es técnica ni financieramente


factible implementar un PSA en toda una microcuenca, lo que crea la necesidad de priorizar las
áreas a proteger, conservar y/o recuperar en función de los objetivos propuestos.

Si uno de los objetivos es la protección de las fuentes o captaciones de agua, esto puede traducirse
en proteger o recuperar la vegetación natural en los manantiales o nacimientos y las márgenes de
ríos y quebradas, especialmente cuando se manejan cursos de agua superficial.

Cuando se aprovechan aguas subterráneas (mediante pozos profundos), es necesario conocer la


ubicación del acuífero, para propender la protección y/o recuperación de la cobertura vegetal. Por
tratarse de grandes extensiones esto puede complicarse, por lo que se opta por limitar el uso del
suelo, prohibiendo actividades como: construcción de grandes edificaciones, construcción de pozos
sépticos, cubrir el suelo con cemento u otro material impermeable y el desarrollo de actividades
–incluida la agricultura y ganadería tradicional– que conlleven la descarga de líquidos contaminantes.
Por lo que el establecimiento de cobertura boscosa resulta ideal.

Otro criterio utilizado para la priorización de las áreas a manejar, es el mantener un uso particular
del suelo que afecta positivamente la disponibilidad y/o calidad del recurso hídrico aguas abajo. Por
lo que se opta por promover actividades como:

Conservación/recuperación de humedales existentes en la cuenca alta


Conservación/recuperación de parches de bosque remanente en la cuenca alta
Conservación/recuperación de páramos y humedales existentes en la cuenca alta
Recuperación de áreas aledañas a las áreas boscosas remanentes, con el fin de crear
biocorredores

Si el servicio que se busca mantener y/o recuperar es la , puede resultar más simple di-
rigir las intervenciones, ya que su conservación (o la de especies importantes) generalmente conll-
eva la conservación de ecosistemas completos.

En todos los casos, se recomienda cuantificar la extensión de las áreas a manejar. Esto puede hac-
erse en gabinete utilizando un Sistema de Información Geográfico (SIG). No obstante, dependiendo
de la escala de la información geográfica que se maneje, el margen de error puede ser muy alto. Lo
más recomendable es, una vez que se hayan calculado las áreas con el SIG, hacer las mediciones en
el campo utilizando un sistema de geoposicionamiento global o GPS.

El contar con información precisa sobre las áreas o superficies a manejar, permitirá optimizar la
toma de decisiones. Una forma de realizar los pagos o compensaciones es por área o superficie
(US$/ha/año)7, por lo que es necesario contar con información lo más exacta posible.

¿Cuánto y cómo se debe pagar?

Los PSA tendrán los efectos deseados sólo si llegan a los dueños de las tierras en formas que in-
fluyan en sus decisiones sobre cómo utilizar la tierra (Pagiola, ., 2004).

En principio, la cantidad no debería ser menos que el costo de oportunidad del usuario de la tierra
(o ellos no participarían) y no mayor que el valor de los beneficios provistos (o no valdría la pena
participar). En la práctica el valor real del beneficio provisto es extremadamente difícil de estimar,
y en particular para el caso de los beneficios globales tales como conservación de la biodiversidad.
En contraste, el costo de oportunidad de los finqueros usualmente puede estimarse relativamente
fácil. Por esta razón, los niveles de pago son usualmente determinados levemente por encima del
costo de oportunidad de los principales usos del suelo alternativos (Pagiola, , 2004).

Según Pagiola, (2004), todos los esquemas de PSA implícita e explícitamente utilizan este en-
foque. Adicionalmente, algunos pagan los costos de realizar actividades de recuperación o rehabil-
itación de ecosistemas (mejoras incrementales en las prácticas de uso del suelo).

El monto a pagar, en definitiva, es producto de la negociación entre oferta y demanda, con la inter-
vención de las instituciones intermediarias. Factores como la información disponible, la disponibil-
idad/capacidad de pago, las alternativas de uso del suelo existentes y las características
socioeconómicas de los diferentes actores, definirán el rumbo que pueda tomar esta negociación.

Los pagos pueden ser en efectivo, en especie o de manera combinada. En el caso de las remunera-
ciones en especie, estas pueden tomar la forma de asistencia técnica, insumos o materiales para
proyectos productivos. Ver Capítulo 3 Mecanismos de pago por servicios ambientales.

Pueden hacerse en forma individual (o sea por unidades de propiedad individual y/o familiar) o co-
munal (en el caso de terrenos comunales). Si se realiza de forma comunal, es necesario observar que
dentro de la comunidad existan o se desarrollen mecanismos de redistribución transparentes, que
brinden beneficios a la mayoría de la población. Para así asegurar que las compensaciones no se es-
fumen en manos de unos pocos líderes.

En algunos esquemas no hay pagos directos a propietarios. En estos, los pagos se traducen en mejo-
ras en infraestructura, servicios o extensión rural.

Adicionalmente, los mecanismos de PSA, traen consigo una serie de beneficios adicionales (no
monetarios), tales como: i) la estabilidad y regularidad de los pagos, ii) los pagos no están sujetos a
fluctuaciones del mercado, iii) acceso a capacitación, educación ambiental y asistencia técnica, iv)
contribuyen a asegurar la tenencia de la tierra y v) pueden contribuir a apalancar otros programas y
proyectos.

¿Cuáles son las condiciones a cambio de recibir un pago?

Los requisitos técnicos y legales (condicionalidad) que se solicita cumplir a los oferentes del servi-
cio ambiental para poder ingresar al esquema de PSA, usualmente los define la entidad responsable
de la gestión técnico-administrativa.

Requisitos técnicos

En términos generales se solicita como requisitos técnicos:

Elaborar e implementar un Plan de Manejo del área objeto de pago o compensación.


Levantamiento perimetral y/o topográfico del área objeto de pago o compensación.

Generalmente la entidad responsable de la gestión técnica, se encarga de elaborar tanto el Plan de


Manejo como el levantamiento perimetral, en conjunto en él o los propietarios involucrados. Ambas
actividades las puede elaborar directamente dicha entidad u otras entidades especializadas (lo que
podría bajar costos en algunos casos). El costo de realizar ambas actividades suele ser cubierto por
la entidad responsable de la gestión del proyecto, como un aporte adicional al PSA.

No obstante, existen casos donde el propietario debe pagar con fondos propios, por la realización
del Plan de Manejo y el levantamiento perimetral. Esto como requisito para ser beneficiario del
PSA. Se parte de la lógica de que con el primer desembolso se repone dicha inversión , como una
forma de asegurar el interés de los propietarios por entrar al esquema. No obstante, también debe
considerarse que no todos tienen la capacidad de hacer dicha inversión8, pudiendo tener un gran in-
terés de participar del PSA.

El Plan de Manejo debe detallar las actividades a realizar para mantener y/o recuperar los servicios
ambientales de interés. Así como un programa de seguimiento y monitoreo para verificar el
cumplimiento de dichas medidas. El Plan de Manejo puede hacerse a nivel individual (predios indi-
viduales), comunal (predios comunales) o incluso a nivel de una microcuenca o área de intervención.

Requisitos legales

Generalmente la entidad responsable de la gestión administrativa, junto con el propietario, se en-


cargan de obtener la documentación legal previamente definida. En este caso, el costo de obtener
dicha documentación, generalmente es asumido entidad responsable de la gestión del proyecto,
como un aporte adicional al PSA.

No obstante, al igual que con los requisitos técnicos, existen casos donde el propietario debe pre-
sentar (lo que conlleva pagar el costo) la documentación legal, como requisito para entrar al sis-
tema8. Como una forma de asegurar el interés de los propietarios por entrar al sistema. No obstante,
también debe considerarse que no todos los propietarios tienen la capacidad de hacer dicha inver-
sión, pudiendo tener un gran interés en entrar al esquema.
En los esquemas donde no se realizan pagos en efectivo, los requisitos legales pueden ser menores.
En algunos casos no se formalizan contratos sino convenios entre las partes.

En términos generales, la documentación requerida es la siguiente:

Carta de solicitud que tenga al menos la siguiente información: nombre del propietario, sociedad
u organización; número de cédula de identidad; domicilio; teléfono y/o fax; nombre del represen-
tante legal si se trata de una sociedad u organización; número de cédula de identidad; teléfono y/o
fax; número de propiedad; cantón y parroquia. Area total de inmueble, área objeto de la compen-
sación y lugar para notificaciones.

Certificación notariada del plano catastral de la propiedad. En caso de que puedan someterse al
PSA determinadas áreas que pertenecen a una propiedad mayor, debe indicarse en el plano catastral,
la parte de la propiedad que se va a someter al PSA.

Copia tamaño carta del segmento de la carta topográfica ubicando el (los) inmueble(s) a someter
al PSA, especificando las coordenadas geográficas, nombre y número de la carta.

Constancia actualizada sobre el pago de impuestos a los bienes inmuebles, emitida por la autori-
dad correspondiente.

Autorización o Poder Especial notariado en el caso de que un tercero realice el trámite.

Título de propiedad, donde consten citas de inscripción, propietario(s), calidades, área total del in-
mueble, localización administrativa, colindancias, naturaleza e indicación expresa de los gravámenes
y anotaciones, emitido por la autoridad correspondiente.

En caso de que no se solicite tener un título de propiedad, se recomienda que quienes viven en los
predios objeto de pago, demuestren que lo han hecho por un determinado número de años. Esto
mediante certificado de posesión u otro emitido por la autoridad correspondiente.
Si la finca presenta copropiedad se deberá presentar Poder Especial notariado en donde todos los
copropietarios aceptan participar en el esquema de PSA. Este poder deberá contener la delegación
de la representación de los integrantes en uno de ellos, para que este realice todos los trámites.

Formalización de un contrato o convenio con la entidad responsable de la gestión del PSA. En


este, el propietario se compromete a cumplir con una serie de requerimientos necesarios para ase-
gurar el manejo del área objeto de pago y la consiguiente provisión del servicio ambiental de interés.
Mientras que la entidad responsable de la gestión del PSA, se responsabiliza de realizar los pagos
acordados y en algunos casos de otorgar otros beneficios como asistencia técnica y capacitación.

En el contrato se detallan las responsabilidades de cada una de las partes. Los propietarios deberán
cumplir con todo lo estipulado en el Plan de Manejo. Muchas veces, este se considera parte del con-
trato. El contrato puede incluir penalidades por incumplimiento para ambas partes. En el caso de
no cumplimiento por parte del propietario, esto puede tener consecuencias que van desde la dismin-
ución hasta la suspensión de los pagos, pudiendo llegar hasta la hipoteca de bienes. Dependiendo
de las penalidades establecidas en el contrato.
¿Quién hace la gestión técnico - administrativa?

Primeramente es importante clarificar en qué consiste la gestión o manejo técnico y la gestión o


manejo administrativo de un esquema de PSA. Las principales actividades o tareas a realizar se pre-
sentan en el Cuadro 11.

No necesariamente la entidad que lidera el proceso de construcción del PSA (ver 4.2 ¿Quién lidera
o inicia el proceso?), debe ser la responsable de la gestión técnico-administrativa. No obstante, siem-
pre que exista una entidad líder, las diferentes tareas técnicas y administrativas pueden ser desarrol-
ladas por terceros especializados.

Es necesario integrar a las entidades existentes (especialmente a las entidades locales), sin crear
estructuras paralelas. Esto puede hacerse mediante arreglos institucionales o alianzas estratégicas y/o
mediante la tercerización de servicios especializados.

Es común tercerizar tareas como la elaboración de los Planes de Manejo y los levantamientos
topográficos. En algunos casos, se terceriza la asesoría jurídico-legal o la administración de los re-
cursos financieros, para lo cual se contrata a una entidad financiera especializada. El objetivo de
tercerizar determinadas actividades, es que estas sean realizadas por entes especializados (con una
mayor experiencia y nivel de especialización), lo que en muchos casos conlleva costos más bajos, ya
que las entidades contratadas pueden ser más eficientes y/o tener costos de operación menores.

Independientemente de la forma en que se ejecuten las diferentes tareas que conlleva la imple-
mentación del PSA, se recomienda conformar un comité de veeduría (integrado por diversos ac-
tores, tales como los proveedores del servicio ambiental, los usuarios o demandantes, la sociedad
civil, organizaciones no gubernamentales u otras entidades locales, municipio o gobierno local, au-
toridad ambiental, entre otros) u otro ente que ejerza presión social sobre la entidad responsable de
la gestión del PSA. Esto se traduce en una mayor transparencia y un mejor desempeño de las ac-
tividades a ejecutar. La conformación de dicho grupo de actores, tiene especial importancia cuando
el financiamiento proviene de los mismos actores locales.

La entidad encargada de la gestión administrativa, debe tener una estructura flexible, ágil, eficiente
y lo más pequeña posible. Esto último para minimizar costos de transacción (administración y mon-
itoreo) y evitar la burocratización.

La definición de la entidad (o entidades) responsable de la gestión del PSA responderá al contexto


y necesidades locales, por lo cual no pueden hacerse generalizaciones sobre este punto. No ob-
stante, en el Cuadro 12 se presentan algunos ejemplos de posibles responsables, de acuerdo al ser-
vicio ambiental de interés. En todos los casos, el responsable puede ser una entidad mixta, compuesta
por varias de las indicadas en el cuadro.

En lo que respecta al cobro/recaudación por el servicio ambiental, en los esquemas que tienen
como fin la , puede hacerse un cobro directo en las planillas o recibos por el ser-
vicio de abastecimiento de agua para consumo humano. Este dinero puede ser recaudado directa-
mente por una empresa pública/municipal de servicios públicos y/o por una junta o asociación de
usuarios. Dicha entidad puede ejecutar el programa en forma directa o a través de un tercero.

Cuando se cobran tasas por entrar a un parque nacional u otro sitio valorado por su ,
si se trata de un área protegida propiedad del Estado, generalmente el dinero es recaudado y mane-
jado directamente por una entidad pública. En el caso de un área protegida privada, el cobro puede
hacerlo la entidad a cargo de su administración y manejo. Idealmente este dinero debe ser reinver-
tido en la conservación del área.

En los sistemas tendientes a conservar o relacionados con el , general-


mente una entidad intermediaria privada (organización no gubernamental, fundación, empresa pri-
vada, etc.) recibe y maneja el dinero proveniente de los usuarios que pagan por el servicio. Estos
usualmente están ubicados en el ámbito internacional.

Para optimizar el manejo de los recursos, en algunos casos, se ha optado por la creación de un
o fiducia manejado por una entidad financiera especializada, bajo la dirección de una junta
o directorio. En esta tienen participación los principales actores que intervienen en el proceso9:
proveedores del servicio ambiental, usuarios o demandantes, sociedad civil, organizaciones no gu-
bernamentales u otra entidad local, municipio o gobierno local, autoridad ambiental, entre otros.

Algunos fondos capitalizan la totalidad o una parte de los recursos y trabajan con los intereses que
genera dicho capital, como una forma de asegurar su sostenibilidad en el largo plazo. No obstante,
cuando los recursos provienen de tasas al consumo de agua, que se generan mensualmente, traba-
jar con un flujo continúo de ingresos es más costo-eficiente que crear un fondo.

Medidas en beneficio de los grupos más pobres

Como se indicó en el Capítulo 3 Mecanismos de pago por servicios ambientales (3.5 ¿Qué impactos
pueden tener los mecanismos de pago por servicios ambientales en la lucha contra la pobreza?), los
esquemas de PSA no son un instrumento para reducción de pobreza, sino una herramienta para la
conservación ambiental. No obstante, según Pagiola (2005A), existen algunos puntos importantes,
que deben considerarse al momento de diseñar programas de PSA pro-pobres:

. El criterio fundamental para la participación


debe ser la capacidad de un ecosistema para proveer determinados servicios ambientales.

. Esto es importante aunque la lucha contra la pobreza no sea un


objetivo del programa, dado que afecta la eficiencia del mismo. No obstante, esto es particular-
mente importante cuando los potenciales participantes son pobres, ya que este factor los afectaría
de manera negativa.

. Cuando los potenciales partici-


pantes son pequeños propietarios, los costos de transacción asociados con altos. En estos casos
puede optarse por formalizar contratos colectivos, con el objeto de reducir costos.

.
Podría ser en la forma de asistencia técnica y programas de crédito, por ejemplo.

Resolver los
problemas de tenencia es un tema de particular importancia para los propietarios pobres. Para par-
ticipar en un esquema de PSA generalmente no se requiere título de propiedad, pero se requiere clar-
idad en la tenencia de la tierra. Donde existen problemas de tenencia y los derechos de propiedad
no son claros, puede ser imposible implementar un programa de PSA. Hacerlo podría ser con-
traproducente, ya que podría atraer colonizadores de tierras y/o grupos más poderosos podrían de-
splazar a los grupos más pobres (dependiendo de las condiciones del PSA). Cuando se desarrollan
esfuerzos paralelos para sanear la tenencia de la tierra, los programas de PSA pueden coordinar es-
fuerzos en sitios claves.

Comprender el contexto socio-cultural puede ser útil para mejo-


rar el desempeño del esquema y evitar impactos negativos.
Seguidamente se presentan recomendaciones generales para la implementación, seguimiento y mon-
itoreo de un esquema de PSA.

Una vez que se hayan definido los puntos detallados en 4.3.5 Diseño del esquema de pago por ser-
vicios ambientales, es importante que el mecanismo empiece a funcionar lo antes posible. Si se hace
esperar a los actores mucho tiempo, esto puede traer consigo la pérdida de confianza e interés en
participar.

Una clave para el éxito es tener la flexibilidad de incorporar las lecciones aprendidas conforme se
avanza en la implementación.

El seguimiento y monitoreo permitirá medir los impactos de las acciones llevadas a la práctica. La
permanencia del esquema, así como el cumplimiento de los contratos son indicadores importantes.
No obstante, el desarrollo de un sistema de monitoreo de impactos, permitirá evaluar periódica-
mente el funcionamiento del PSA, así como el grado de cumplimiento de los objetivos y metas
planteados.

Se recomienda desarrollar un plan de monitoreo para medir los resultados de las actividades de
manejo (conservación de bosques, regeneración natural de la vegetación, agricultura de conser-
vación, entre muchas otras) y su relación con la provisión del servicio o servicios de interés (CFA,
2003).

El plan de monitoreo debe tener como punto de partida una línea base. Además debe contar con
una serie de indicadores de impacto y detallar qué es lo que se va a medir, cómo se va a hacer y con
qué frecuencia. El Cuadro 13 presenta diversos instrumentos o herramientas para el monitoreo.

Según Pagiola, (2004), además del impacto del PSA sobre el ambiente global, también es im-
portante comprender el impacto en el bienestar familiar:

¿Existe un incremento en el bienestar?, si es así, ¿cuánto y de qué manera?

¿Hay diferencias en cómo el bienestar aumenta a través de los grupos con diferentes
ingresos?

La recolección de datos a través de encuestas socioeconómicas permitirá generar la información re-


querida, así como identificar las familias de bajos recursos. Además de proveer de otros datos rela-
cionados como el bienestar familiar, ingreso total, variabilidad de los ingresos, estado de salud, etc.

La necesidad de monitoreo es particularmente alta en los proyectos piloto, los cuales se espera sir-
van como guía para proyectos futuros (Pagiola, ., 2004).
Al referirse a proyectos relacionados con el mercado de carbono, pertenecientes al sector de uso del
suelo, cambio en el uso del suelo y bosques (LULUCF por sus siglas en inglés) es importante aclarar
si se trata de un MDL o de un proyecto para el mercado voluntario (ver 3.4.4 Carbono), ya que los
procedimientos para su desarrollo e implementación pueden variar.

Para el primer período de cumplimiento del Protocolo de Kyoto (2008-2012), se limita el ámbito de
actividades forestales elegibles al MDL, a proyectos de forestación y reforestación. Estos están su-
jetos a metodologías y procedimientos específicos. Debido a varias razones originadas en la nego-
ciación política del Protocolo de Kyoto, así como a demoras experimentadas en la definición de las

modalidades, procedimientos y aspectos técnicos, hasta ahora solo un proyecto forestal ha sido reg-
istrado.

Sin embargo, entre 2006 y 2007 una serie de metodologías de línea de base y monitoreo para proyec-
tos forestales fueron aprobadas, motivando un renovado interés en el mecanismo entre los desar-
rolladores de proyectos.

Seguidamente se presenta un resumen de los procedimientos que deben cumplir los proyectos MDL:

Requisitos indispensables para la participación de proyectos en el MDL

Los proyectos deben demostrar que el suelo, dentro de los límites del proyecto, no estaba cubierto
de bosques en 1990, y que, a la vez, no se encuentra cubierto de bosque al inicio del mismo.
Esta demostración dependerá de la definición de de bosques bajo el MDL, para cada país anfitrión.
Dicha definición es establecida por cada país anfitrión y reportada a la Junta Ejecutiva del MDL (JE).
Los países pueden elegir valores umbrales para definir bosque a partir de los siguientes intervalos:

Cobertura mínima de copa: 10 - 30%


Altura mínima de la vegetación madura: 2 - 5 metros
Area mínima: 0,05 - 1 hectáreas

En algunos países, no es sencillo demostrar cuál ha sido el uso del suelo desde 1990, debido a la
disponibilidad limitada de datos históricos. Por esta razón, dicha demostración puede basarse en:

Fotografías aéreas o imágenes de satélite; o


Datos de uso y cobertura del suelo de mapas existentes; o
Inventarios de campo (permisos, planes de manejo, catastros u otros)
Si estas opciones no están disponibles/aplicables, es posible realizar un mapeo mediante
una valoración rural participativa

El ciclo de proyecto en el MDL forestal

Las decisiones relevantes de las Partes del Protocolo de Kyoto establecieron un marco regulador para
proyectos MDL, el cual es supervisado por la JE. Según estas regulaciones, los proyectos MDL
deben pasar por un ciclo típico de proyecto, siguiendo una serie de etapas que va desde su concep-
ción inicial hasta su registro. Ver Figura 8.

El ciclo de proyecto inicia con la elaboración de una Nota Idea de Proyecto


preliminar, la cual proporciona un primer concepto y estructura de proyecto. Algunas autoridades
de países anfitriones utilizan este primer documento para expedir una Carta de Aval o Endoso
(CdE) (también conocida como carta de no objeción). Este endoso constituye una primera confir-
mación para seguir con el desarrollo del proyecto. En algunos casos es posible obtener, de parte de
algunos compradores potenciales de créditos, una Carta de Intención (CdI) para comprar créditos,
con base en la información proporcionada en el PIN.
En la etapa de diseño de proyecto se realiza la concepción del mismo. Esta incluye la estimación del
potencial de mitigación de GEI, la realización del análisis de factibilidad, la identificación de los di-
versos socios del proyecto y el desarrollo de un plan de trabajo. El diseño del proyecto se fijará y
consolidará en el Documento de Diseño de Proyecto –DDP , el cual
debe presentarse a las autoridades del MDL en un formato predeterminado.

Aprobación de la metodología

Para la definición de la línea de base y del plan de monitoreo, los proyectos pueden utilizar, ya sea
las metodologías aprobadas (ver Recuadro 4), o bien, presentar nuevas metodologías para
aprobación. Un proyecto, que decide presentar una nueva metodología de línea de base y moni-
toreo, sólo podrá validarse una vez que esta haya sido aprobada. En este caso, el registro del proyecto
se hará hasta que la JE haya aprobado la metodología presentada.

Las metodologías son documentos de carácter científico, que definen los esquemas de línea de base
y de monitoreo con un enfoque en: criterios de aplicabilidad, elegibilidad, definición de límites, dis-
eño del inventario, etc.

Acuerdos de Compra de Reducción de Emisiones


En cualquier etapa del ciclo del proyecto, existe la opción de establecer acuerdos de compra de re-
ducción de emisiones (ERPAs), entre los compradores interesados en adquirir créditos y los desar-
rolladores de proyectos. En contraste con la CdI, el ERPA constituye un contrato legalmente
vinculante. Aunque este puede ser firmado en cualquier etapa del ciclo del proyecto, los proyectos
que dependen de los ingresos provenientes de la venta de los CERs11, como capital semilla para
atraer más capital, tendrán que firmar un ERPA con un comprador en una etapa más temprana, que
aquellos proyectos que disponen de capital para su implementación.

Aprobación del país anfitrión


La aprobación del país anfitrión es un requisito imprescindible del MDL. Es necesario que la En-
tidad Operacional Designada (EOD) tenga una Carta de Aprobación (CdA) de la Autoridad Na-
cional Designada (AND) del país anfitrión, antes de concluir la validación del proyecto. Este proceso
varia de país en país, debido a procedimientos internos diferentes.

Validación del proyecto


Esta la realiza un organismo de certificación independiente, acreditado por la JE del MDL. El PDD
y cualquier información de soporte, son enviados a una Entidad Operacional Designada (EOD), la
cual realiza la validación del proyecto.

Registro
Después de una validación exitosa, el reporte de validación también es puesto a disposición del
público y luego, junto con el PDD, es enviado a la Junta Directiva del MDL, con el fin de registrar
el proyecto.

Monitoreo
Una vez que el proyecto registrado entra en la etapa de implementación, se pueden obtener datos
reales de remoción de emisiones, con base en los resultados del monitoreo periódico. Esta activi-
dad puede ser llevada a cabo por personal empleado directamente por el proyecto, o subcontratada
a agencias externas especializadas. El monitoreo debe ser realizado de acuerdo con el Plan de Mon-
itoreo del proyecto.

Verificación y certificación
Los proyectos MDL tendrán que ser verificados, en forma independiente, por una EOD, antes de
expedir los certificados de carbono (tCER o lCER). La verificación es una auditoria de la imple-
mentación y el monitoreo del proyecto. Para los proyectos a gran escala, esta EOD tiene que ser dis-
tinta de la EOD que validó el proyecto.

La verificación del proyecto tendrá que demostrar que: i) El proyecto ha seguido el plan de imple-
mentación descrito en el DDP validado, ii) El reclamo de créditos sobre un proyecto se basa en los
resultados del monitoreo y en los procedimientos de cálculo que se emplean para estimar dichos
reclamos (utilizando las metodologías aprobadas de línea de base y de monitoreo), iii) Los datos y
los procedimientos empleados para su recopilación siguen estándares aceptables de calidad y iv)
Los indicadores de desarrollo sostenible propuestos en el PDD han sido monitoreados y cumplen
con las metas del proyecto.

Emisión de créditos
Con base en un proceso de verificación y certificación exitoso, la JE emitirá la cantidad correspon-
diente de créditos de carbono.

El ciclo de proyectos para el mercado voluntario de carbono, suele ser un poco más simple que
para los MDL. Esto ya que dichos proyectos no deben de cumplir con los pasos relacionados con
el apoyo y/o acreditación por parte de entidades oficiales en los países anfitriones. No obstante, estos
suelen cumplir con una serie de pasos o procedimientos, en forma similar al MDL. Estos se re-
sumen seguidamente:
Demostración de que los terrenos, dentro de los límites del proyecto, no estaban cubiertos de
bosques en 1990, ni al momento de iniciar el proyecto (caso contrario, estaríamos hablando de un
incentivo perverso)

Elaboración de un PIN y/o de un PDD

Medición de la línea base utilizando una metodología de carácter científico

Acuerdos de compra de VERs12

Validación del proyecto por un organismo certificador independiente

Monitoreo utilizando una metodología de monitoreo de carácter científico

En el mercado voluntario, además de los proyectos de forestación y reforestación, también se finan-


cian proyectos para la Reducción de emisiones por deforestación y degradación (REDD), también
conocidos como deforestación evitada. Está comprobado que una de las principales fuentes de emi-
siones de GEI en los países en desarrollo es la deforestación. Adicionalmente, la deforestación y
degradación de los bosques trae consigo la disminución o incluso la desaparición de los múltiples
bienes y servicios que estos proveen a las poblaciones locales, incrementando su vulnerabilidad a la
pobreza.

Los proyectos REDD representan una alternativa para alcanzar objetivos relacionados con la mit-
igación del cambio climático, conservación de bosques tropicales, así como un apoyo para el man-
tenimiento de los medios de vida de poblaciones rurales.

Se espera que para el próximo período de cumplimiento del Protocolo de Kyoto, los proyectos
REDD sean aceptados como una alternativa para que los países desarrollados (o países Anexo I),
cumplan con una parte de sus compromisos de reducción de emisiones.

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Autoridad Nacional Designada Punto focal para el MDL en un país participante en el Protocolo
(AND) de Kyoto

Acuerdos de Compra de Re- Acuerdo contractual para la compra de CERs


ducción de Emisiones
(ERPAS)

Bien ambiental Cuando los componentes estructurales de los ecosistemas son


apropiados con fines de uso se convierten en bienes ambientales.
Estos tienen la característica fundamental de que son tangibles y
susceptibles de ser cuantificados y comercializados. Pueden ser
utilizados por el ser humano como insumo de la producción
(materia prima) o como producto final.

Bien público Se caracteriza por la no-exclusión y la no-rivalidad. Es decir no se


puede excluir a nadie del disfrute del bien, aunque no pague por
ello y no existe rivalidad en su consumo, por lo tanto no tienen
precio. El aire es un claro ejemplo de un bien público.

Bien ecosistémico Bien ambiental

Bien común Un bienes común presenta las siguientes características: i) Libre


acceso en lo referente a su uso y disfrute, por lo que no tienen
ningún costo; ii) Rivalidad en el consumo, ya que el consumo de
un individuo reduce el consumo potencial de los demás (por
ejemplo, la pesca); iii) Los bienes comunes en ausencia de una
regulación con respecto a la utilización presentan el problema de
ley de captura y tienen características de acceso abierto iv) Riesgo
de agotamiento o desaparición.

Biodiversidad Variabilidad de organismos vivos. Comprende la variabilidad


dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas.

Captación de carbono Extracción y almacenamiento de carbono de la atmósfera en


sumideros de carbono (como los océanos, los bosques o la tierra)
a través de un proceso físico o biológico como la fotosíntesis.

Carta de Aprobación (CdA) Carta expedida por la AND durante la etapa de aprobación na-
cional de un proyecto MDL

Carta de Endoso o aval o no Carta expedida por la AND con una aprobación preliminar al
objeción (CdE) proceso de diseño de un proyecto MDL

Carta de Intención (CdI Documento temprano con un acuerdo de compra de CERs

Certificado de carbono) Termino genérico que se refiere a los beneficios generados por
proyectos relacionados con el mercado de carbono
Diversidad biológica Biodiversidad

Documento de diseño de Documento que se debe preparar y presentar a la Junta Ejecutiva


proyecto (PDD) del MDL para la aprobación de un proyecto MDL

Entidad Operacional Desig- Autoridad internacional acreditada por la Junta Ejecutiva del
nada (EOD) MDL para validar los proyectos

Exclusión Se refiere a la habilidad de un proveedor de un servicio ambien-


tal, de excluir a quiénes no pagan por este servicio, de su con-
sumo.

Externalidad ambiental Las externalidades tienen lugar cuando una actividad emprendida
por un individuo o grupo de individuos tiene efectos ambientales
(positivos o negativos) sobre otro individuo o grupo, de manera
que las personas afectadas no están en capacidad de recibir com-
pensaciones por los beneficios generados (externalidad positiva)
o ser compensadas (si es negativa) por los que han emprendido la
actividad y generado el efecto externo (o costo).

Fijación de carbono Captura de carbono

Función ambiental Se deriva de la interacción entre las especies de flora y fauna de


los ecosistemas (producto de la dinámica propia de los mismos),
el espacio o ambiente físico (o abiótico) y la energía solar. El
ciclo hidrológico, los ciclos de nutrientes, la retención de sedi-
mentos, son ejemplos de estas funciones.

Función ecológica Función ambiental o ecosistémica

Función ecosistémica Función ambiental o ecológica

Gases efecto invernadero Gases que contribuyen al cambio climático


(GEI)

Junta Ejecutiva del MDL Autoridad internacional que supervisa las actividades y proced-
imientos relacionados con el MDL

Mecanismo de Desarrollo Se encuentra establecido en el Articulo 12 del Protocolo de


Limpio (MDL) Kyoto y se refiere a los proyectos de mitigación del cambio
climático realizados entre países desarrollados (Anexo I) y países
en desarrollo (no Anexo I). Los proyectos deben contribuir al de-
sarrollo sostenible del país anfitrión y deben ser certificados por
una autoridad independiente

No rivalidad en el consumo Cuando un bien ambiental puede ser utilizado por un individuo
sin reducir el consumo de los otros individuos, no existe rivalidad
en el consumo.
No exclusión de beneficios La no exclusión de beneficios de un bien ambiental, quiere decir
que no se puede excluir a nadie del disfrute del bien, aunque no
pague por ello.

Nota Idea de Proyecto (PIN) Documento preliminar el cual proporciona un primer concepto y
estructura de un posible proyecto MDL

Protocolo de Kyoto (PK) Instrumento legal internacional que contiene compromisos de


reducción de emisiones de GEI para los países desarrollados

Reducción de emisiones por Proyecto desarrollado en el marco del mercado voluntario de


deforestación y degradación carbono tendiente a la reducción de emisiones de CO2 prove-
(REDD) nientes de la deforestación y degradación de los bosques natu-
rales

Reducciones Certificadas de
Emisiones (CER) Créditos de carbono de proyectos MDL

Reducciones Certificadas de
Emisiones temporales (tCER) Créditos de carbono generados por proyectos forestales MDL
con una validez de cinco años

Reducciones Certificadas de
Emisiones a largo plazo Créditos de carbono generados por proyectos forestales MDL
(lCER) con una validez máxima de treinta años

Reducciones Verificadas de
Emisiones (VER) Créditos de carbono de proyectos para el mercado voluntario

Rivalidad en el consumo
Se refiere al grado de competitividad por el consumo de un bien
o servicio. Cuando un bien ambiental es eliminado o disminuye
significativamente, al ser utilizado por un individuo, lo que no
permite que sea utilizado por otros individuos, existe rivalidad en
el consumo.
Servicio ambiental
Función que genera un ecosistema, de la cual se desprenden ser-
vicios o beneficios para la comunidad local, nacional o interna-
cional.

Servicio ecosistémico
Servicio ambiental
Uso del suelo, cambio de uso
del suelo y bosques (LU- Se refiere a actividades relacionadas con el uso del suelo en el
LUCF) marco del PK

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