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Capítulo 8

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Capítulo 8

Auge y decadencia del desarrollo económico en la Argentina


¿Por qué la Argentina, un país que se había transformado al cabo de los años posteriores
a su organización en una economía pujante y una democracia liberal en expansión, se
transformó al cabo de los años en una economía estancada y un país sometido a
recurrentes golpes militares y revueltas políticas y sociales?
 Con la democracia recuperada en el año 1983, cuando los argentinos votaron a un
presidente en elecciones limpias, y nuestros días, tuvieron lugar otras nueve elecciones
presidenciales. En ellas, se eligieron a siete personas diferentes para ocupar la primera
magistratura y, además, tuvieron lugar cinco rotaciones pacíficas del signo político del
personal en la cima del gobierno nacional (1989, 1999, 2003, 2015, 2019).
Al mismo tiempo, debajo de esa explícita discontinuidad entre el ciclo abierto en 1983 y
el pasado de alternancia entre civiles y militares (0 entre peronistas y antiperonistas,
visto desde otro punto de vista), aparecen varios hilos de continuidad con el pasado de
estancamiento y corporativismo que necesitan ser adecuadamente registrados, en la
medida en que ellos exhiben legados impuestos a la nueva democracia.
 Por un lado, existe un sindicalismo -de inspiración estatal y controlado
monopólicamente por una fuerza política- poco propenso al pluralismo de orientaciones;
por otro, gobiernos subnacionales en los que la democracia liberal y la división de
poderes no es más que una aspiración y, además, cierta tendencia recurrente a la
politización de diferentes estratos de una burocracia pública que reemplaza al
reclutamiento profesional.
En el contexto de esa organización social legada por el pasado, este trabajo busca
examinar aspectos que son especialmente pertinentes para dar cuenta de la sensación de
frustración y desencanto que manifiestan variados estratos de la ciudadanía sin
distinción de orientaciones o afiliaciones político-ideológicas: la sensación de que, en
varios aspectos relacionados con el desarrollo económico y los niveles de vida, la
Argentina no avanza en ninguna dirección. Esa sensación de malestar a la que un tanto
exageradamente se suele llamar la “antipolítica.”
 Visto desde la perspectiva de la sociedad civil, tres cuestiones parecieran ordenar y
dotar de un cierto sentido la problemática que buscamos delimitar, es decir, los
problemas del crecimiento y los niveles de vida a largo plazo. Esas cuestiones son la
mejora del ingreso por habitante, el desempleo y la distribución del ingreso. Que sean
temas muy nimportantes para la sociedad no implica que estén presentes en el debate
público por variadas razones que trataré de reseñar, si no en profundidad, al menos en
sus contornos.
Como el lector interesado en las contingencias del debate público puede llegar a
imaginar, esos temas suelen ser habitualmente desplazados por otros que ocupan mucho
más espacio en la agenda de los medios y la discusión política. Por ejemplo, en un
segmento bien delimitado de la opinión pública se prefiere hacer énfasis en aspectos
financieros de los problemas macroeconómicos, la cuestión del déficit fiscal y la
consecuencia del financiamiento monetario del sector público antes que en los aspectos
más estructurales que aquí se enfatizan.
- Otros, más enfocados en una visión algo estereotipada y, hasta cierto punto,
anacrónica del sistema de poder mundial, hacen énfasis en la relación que existe entre el
desarrollo y la economía a la que se caracteriza con referencias a ideas como la
soberanía el neoliberalismo, etcétera.
La sociedad prioriza aspectos mucho más relacionados con temas como el nivel de vida
que con las discusiones más ideológicas o conceptuales. De hecho, rara vez elige votar
por motivaciones muy distintas, independientemente de cómo justifique esas elecciones
personales.
¿Por qué razón los gobiernos, los grupos políticos que compiten por las posiciones de
poder y los representantes del pueblo dedican poco espacio en sus agendas a los temas
del crecimiento, el desempleo o la distribución del ingreso y eligen esas formulaciones,
por así llamarlas, más ideológicamente articuladas?
 Rara vez la política se desenvuelve en una arena dotada de eficacia para incidir en
esos temas. En cambio, esas cuestiones suelen ser impactadas por eventos más bien
inhabituales en el proceso económico, cambios y discontinuidades en la orientación a
largo plazo disparados por reestructuraciones de gran alcance. El resto del tiempo, la
política se contenta solo con administrar la coyuntura.
Algunos ejemplos de esos cambios pueden ilustrar este argumento: la organización de
un espacio económico nacional entre fines del siglo XIX y comienzos del XX bajo la
inspiración de las presidencias fundadoras y, de modo especial, por las presidencias del
general Roca; más acá en el tiempo, las reformas económicas del período 1940-1970
que van desde el ascenso del peronismo hasta los gobiernos que lo sucedieron en la
gestión del proceso social y político y que llevaron a un mayor intervencionismo estatal
en la economía; por último, y en un sentido completamente opuesto, la privatización de
empresas públicas y la desregulación que siguió a la democratización de fines del siglo
xx.
¿Cuáles son los factores que inciden más vigorosamente sobre la mejora del nivel de
vida a largo plazo de una sociedad, asumido genéricamente como el ingreso promedio
de sus habitantes?
Si una sociedad desea mejorar el consumo de bienes y servicios de que disfruta el
ciudadano promedio debe ocurrir alguna de las siguientes cosas:
1) debe tener lugar un aumento de la proporción de personas que producen aquellos
bienes y servicios que la sociedad desea consumir.
2) debe destinar una mayor proporción de recursos de la economía a producir bienes de
consumo en lugar de destinarlos a producir bienes de capital (estos son bienes que serán
utilizados para producir bienes en el futuro)
3) debe tener lugar un amento en la capacidad productiva de la sociedad para producir
esos bienes y servicios (un aumento de la productividad global).
- La segunda opción no parece ser una opción razonable: disfrutar de un mayor nivel de
consumo actual al precio de apartar una menor proporción de recursos (bienes de
capital) para producir bienes futuros no parece una opción atractiva. Invertir menos no
parece que nos conduzca a otra cosa que a unos menores niveles de formación de capital
y, por lo tanto, a una menor tasa de crecimiento de la capacidad de producir bienes que
deseamos consumir en el futuro. Que no sea una opción razonable no quiere decir que
sea una que nuestra sociedad haya descartado. Una opción sería hacer que muchas más
personas participen activamente en el proceso de producción de bienes y servicios. En la
Argentina la cantidad de personas que están laboralmente involucradas ha estado
estancada o, incluso, ha experimentado una declinación pronunciada durante los años
recientes. La proporción de personas ocupadas descendió a un mínimo de 33,4 % y la
tasa de actividad (la población económicamente activa como proporción de población
total) a 38,4 % en el último trimestre de 2020.
- Naturalmente, parece razonable esperar que la recuperación de la actividad económica
traiga aparejada la recuperación de la fortaleza de los mercados de trabajo y, de esa
manera, la tasa de ocupación podría volver a situarse en las vecindades del 41 0 42 % en
las que ha oscilado regularmente desde, aproximadamente 2011 hasta la fecha (de
hecho, en el cuarto trimestre de 2021, la tasa de empleo del conjunto del país logró
recuperarse y alcanzó el 43,6 %).
Aun así, no parece plausible que el aumento de la producción de bienes y servicios por
habitante y, por lo tanto, el aumento de los niveles de vida de la sociedad a largo plazo
pueda relacionarse solamente con el aumento del tamaño de la población ocupada que,
en cierto sentido, no puede crecer indefinidamente, más allá de ciertos límites
estructurales (ancianos, niños, estudiantes, etc.).
- En verdad, el único factor que podría explicar el aumento de la renta por habitante y
los niveles de vida en el largo plazo es el aumento de la productividad media del trabajo
o, lo que es la misma cosa, el aumento de la productividad de la economía a secas. Es
decir, un aumento sostenido de la capacidad para producir un determinado volumen de
bienes y servicios por parte de cada trabajador. El 25 de marzo de 1976, exactamente un
día después del golpe de Estado que terminó abruptamente con el gobierno de María
Estela Martínez de Perón, podía leerse en un artículo publicado en el New York Times,
que llevaba por título “Argentina at Glance” (“Argentina de un vistazo”) lo siguiente:
-ESTADÍSTICAS VITALES, Argentina, con una superficie de 1.070.000 millas
cuadradas, es aproximadamente un tercio del tamaño de los Estados Unidos. Ocupa la
porción más importante de Sudamérica al sur del trópico de Capricornio. Limita al este
con el océano Atlántico, al oeste con Chile y al norte con Bolivia, Paraguay, Brasil y
Uruguay.
-POBLACIÓN. De aproximadamente 25 millones de habitantes, se estima que el 85 %
son blancos. Los otros son primariamente indios y mestizos, o personas de herencia
mixta, Casi el 90 % de su población es católica apostólica romana. Buenos Aires, con
una población de alrededor de tres millones, es la capital. La fuerza de trabajo del país
está estimada en 9,5 millones.
-HISTORIA. Isabel Martínez de Perón asumió la presidencia de la Nación en julio de
1974, cuando su esposo, el general Juan Domingo Perón, falleció. La pareja había sido
elegida presidente y vicepresidenta en septiembre de 1973 después del regreso del
general Perón a la Argentina al cabo de 18 años de exilio en España. Presidente entre
1946 y 1955, continuó ejerciendo influencia en la política argentina subsiguiente.
Antes de la elección del general Perón en 1973, el país pasó casi siete años bajo
gobiernos militares. En junio de 1966 un golpe militar derrocó a la administración civil,
En marzo de 1973 se llevaron a cabo elecciones y el Dr. Héctor J. Cámpora, candidato
justicialista, fue elegido presidente. Renuncióbajo presión en julio de 1973 para dar paso
a la elección del general Perón.
-ECONOMÍA. La economía de Argentina está basada principalmente en la agricultura,
con la ganadería, la lana y los granos como principales productos. En los últimos años,
la inflación ha sido el principal problema, ya que el costo de vida aumentó solo'en 1975
un 335 %. Ante el aumento de las huelgas, el ausentismo y el aumento de los costos, los
fabricantes recortaron la producción y muchos hogares argentinos experimentaron
escasez. Si el editor del New York Times nos pidiera completar esa reseña del texto,
pero limitando nuestras apreciaciones a los temas propios de la economía argentina, y
con el punto de vista aventajado que nos confiere el paso del tiempo, podríamos agregar
algo como el texto que sigue:
- La Argentina alcanzó durante 1975 una producción por habitante, en dólares
constantes de 2011, de $12.946. La tasa de desocupación -las personas que buscan un
trabajo sin encontrarlo- es de apenas un 3,3 % de la población activa. Y la pobreza se
encuentra apenas por encima del 8 % registrado en el año 1974.
Visto desde nuestra perspectiva actual no parece que 1975 haya sido un año tan malo
como se desprendería de la crónica periodística comentada. Pero la crónica del New
York Times nos dice que la economía pasaba por algunos problemas, puntualmente un
aumento del costo de vida y, asociado a ello, la escasez de bienes en los hogares. Es
decir, no teníamos los problemas que tenemos ahora de pobreza y desempleo, pero ya
teníamos otros problemas en los que todavía seguimos atrapados a pesar de la
experiencia acumulada.
¿Qué pasó con esas dos variables, la inflación y el crecimiento económico, entre aquel
año y el 2015? Son 40 años de historia que encierran algunas de las claves de los
problemas actuales.
En la tabla siguiente se puede observar la tasa de crecimiento anual promedio del
producto interior bruto (PIB), medido en términos reales. También la variación anual
del índice de precios al consumidor (IPC), es decir, la inflación promedio de las décadas
examinadas.
Variación % anual 1975-1985 1985-1995 1995-2005 | 2005-2015
Pal real (1) -0,08 2,6 2,2 3,2
IPC (2) 193,30 173,9 5,4 5,6
 1975-1985, incluye el último tramo del gobierno del general Perón y la viuda de
Perón, los gobiernos militares y los dos primeros año del gobierno de la democracia
recuperada en 1983. De manera incontrastable, durante esos años la actividad
económica literalmente estuvo estancada (no creció o el crecimiento fue negativo),
mientras la inflación se mantuvo elevada.
 1985- 1995, la tasa de crecimiento de la producción volvió a ser positiva (aunque con
grandes oscilaciones interanuales), pero la inflación seguía siendo tan alta como había
sido durante los diez años precedentes a pesar de los esfuerzos hechos en ese período en
el que se sucedieron una variedad de planes de estabilización. El país ingresó en un
proceso de hiperinflación en el año 1989.
 1995-2005, la tasa de inflación anual promedio experimentó un brusco descenso
como respuesta al Plan de Convertibilidad aplicado en 1991 por el gobierno justicialista
de Carlos Menem y su ministro de finanzas Domingo Cavallo, que consistió en limitar
la posibilidad de que el Banco Central financie el tesoro. El crecimiento promedio fue
positivo.
 2005-2015, la tasa de crecimiento fue positiva y la inflación anual se mantuvo en un
dígito. Sin embargo, debe formularse una observación sobre los datos consignados:
existen severas objeciones acerca de la fiabilidad de los datos de producción y del nivel
de precios de ese período, sujetos a un variable grado de manipulación por parte de los
funcionarios oficiales.
 El regreso de la asistencia del Banco Central al tesoro se tradujo en un aumento
incesante del nivel de precios (algo que no termina de visualizarse de los datos de la
tabla debido a la comentada manipulación de las estadísticas oficiales) que, junto con la
detención del crecimiento en el año 2011, han empujado la economía argentina a un
período de alta inflación y bajo crecimiento del PBI.
 Desde el 2011 la política económica argentina ha oscilado entre diferentes
orientaciones y entre diferentes grupos políticos, sin poder impedir el paulatino
deterioro de los niveles de vida de la mayoría de los argentinos. Esto se visualiza en la
falta de dinamismo de la economía y en bajas tasas de formación de capital y de
generación de empleos. Junto con una mayor inflación, eso ha generado un mayor nivel
de pobreza.
- A la inhabilidad de los gobiernos para bajar de manera permanente la inflación, un
problema relacionado con los errores en la elección de una adecuada orientación
macroeconómica que se plantee explícitamente desde el principio reducir la tasa de
crecimiento de los precios en un período de tiempo.
- A las estrategias elegidas por el Estado para lograr una tasa de crecimiento del nivel de
vida de la sociedad que aminore el nivel de pobreza, e impulse mayores niveles de
integración social y económica de amplios sectores de la sociedad argentina. “La
influencia de los factores políticos, sociales y psicológicos sobre la evolución de la
economía argentina llama la atención aun del economista que no ha profundizado en el
estudio de otras ciencias sociales” dice Carlos Federico. Díaz Alejandro en sus Ensayos
sobre la historia económica argentina señala en esas líneas es, por un lado, el signo de
un drama histórico: la incapacidad de la elite para enhebrar los acuerdos esenciales que
permitirían dotar a los argentinos de un horizonte de desarrollo estable. Por otro lado,
ese fragmento dispara una sensación de perplejidad en el lector: pareciera ser que la
búsqueda de cualquiera de esos objetivos, denegando la legitimidad al resto de ellos, no
ha hecho más que empeorar la situación de los objetivos relegados (algo esperable)
tanto como frustrar de manera notable el logro del propio objetivo que supuestamente
ha sido privilegiado.
- Así, a modo de ejemplo, los esfuerzos por impulsar el crecimiento desestimando otros
aspectos, como ha sido el caso del proceso que tuvo lugar entre 1989 y 1999, terminó en
un colapso en el que a la fragilidad externa de la economía se le agregó una interrupción
del crecimiento para dar lugar a una larga recesión (1998-2002) que llevó el desempleo
y la pobreza a niveles desconocidos en el pasado. O, dando una vuelta de página, el
proceso de reanudación del crecimiento impulsado con escasa preocupación por
motivaciones de eficiencia económica entre 2002 y 2015, en nombre de la reparación de
la inadecuada distribución del ingreso del período precedente, condujo luego de cierto
éxito inicial a un prolongado estancamiento económico que, iniciado en 2011, persiste
actualmente, Los propios éxitos iniciales de este último proceso aparecen empañados
por un conjunto de distorsiones introducidas en la economía que llevaron a la Argentina
a su actual situación, en tantos aspectos parecida a la situación de finales del proceso
anterior, y tal vez agravada en aspectos relacionados con la deficiencia de la inversión
pública y de la educación y la bajísima calidad de los bienes públicos.
- En cambio, tiendo a creer que la Argentina ha tenido una extraña habilidad para
alinear un conjunto de eventos desafortunados sobre cuyos efectos económicos de largo
plazo espero llamar la atención. Es decir, para elegir objetivos e instrumentos de política
que llevaban incorporados unos defectos irreparables. De acuerdo con todas las
evidencias disponibles, la Argentina es hoy un país menos prometedor de lo que era en
los años 80 0 90. La vuelta de la democracia, por un lado, con la vigencia de la
Constitución y los derechos humanos y, por otro, el acortamiento de la distancia que
separa a la nuestra de otras economías visualizadas como más exitosas, caracterizaron
aquellos tiempos promisorios.
 La democracia inaugurada en 1983 se apoyaba en la premisa de que cualquier
argentino o grupo de argentinos tenía el mismo conjunto de derechos para expresar sus
ideas (cualesquiera fueran) en la esfera pública. Ellas o no con las propias del grupo
eventualmente en el gobierno. Así, durante años, los argentinos pudieron discutir el
papel del mercado y el Estado en la economía, el rol del sistema político, las
instituciones de la sociedad civil, las organizaciones intermedias -como las
organizaciones empresarias o los sindicatos-, los movimientos civiles, la Iglesia
católica, etc. Sin embargo, de manera reciente, se ha producido un deslizamiento en este
terreno relacionado con la idea de que ciertos grupos sociales o ideas merecen el
patrocinio del gobierno y otros pueden ser, a veces solapada, a veces abiertamente,
estigmatizados.
Naturalmente, la naturaleza de los grupos privilegiados y postergados cambia en
función de los ocupantes de la cima del gobierno. Pero el hecho incontrastable es que
ese nuevo clima ha contribuido a desnaturalizar el espíritu pluralista característico de la
democracia recuperada en 1983 hasta tal punto que ni siquiera parece que estemos
hablando de una misma cultura cívica: una cultura de la ciudadanía ha sido reemplazada
por una cultura de la división y del conflicto.
 Este es un hecho importante en sí mismo. Pero lo es en mayor grado porque invoca a
una institución que tiene un pesado efecto sobre nuestras vidas: el Estado. El Estado
propio de una cultura cívica como la que imperaba en los años 80 y 90 está
inescindiblemente unido a la defensa, salvaguarda y promoción de los derechos y
garantías de las personas, más que a la promoción, no siempre desinteresada, de ciertos
grupos sociales o políticos en detrimento de otros. En otras palabras, en una democracia
representativa y en una cultura cívica el Estado es uno muy diferente de un Estado
organizador principal de una cultura de la división y el patrocinio de ciertos intereses en
detrimento de otros.
En segundo lugar, durante los años 90 (sobre todo durante la primera mitad de los años
90) la Argentina hizo un esfuerzo por modernizar su estructura económica de manera tal
que esta pudiera acoplarse a la nueva dinámica de la economía mundial. Un nuevo
impulso a la economía, en cualquier caso, implicaba dejar atrás prejuicios y sesgos
heredados del modelo de desarrollo que había conducido a un camino sin salida, en
nombre de temas presentados como la representación de la nación: de nuevo, la cultura
de la división.
 Es bastante plausible que el deterioro del desempeño económico de la Argentina a
largo plazo haya llevado detrás de sí esa mutación de la cultura política a la que hice
referencia, tanto como la transformación estructural de la organización del sector
público que tendencialmente ha perdido buena parte de su impronta tanto en términos
de imparcialidad respecto de los planes de vida de las personas como de la calidad de
los bienes públicos: a fin de cuentas, un Estado más interesado en la división y la
promoción de algunas causas que en la defensa de la autonomía de los individuos es la
consecuencia inevitable de una economía donde la puja distributiva ha logrado
desplazar al desarrollo.
En su libro Auge y decadencia de las naciones, Mancur Olson ofrece un provocador
argumento acerca de las razones que impulsan a algunos países al crecimiento a largo
plazo y la mejora sostenida de los niveles de vida y a otros al estancamiento, la pobreza
persistente y la decadencia a largo plazo. El argumento del libro de Olson puede
resumirse en dos planteos sencillos.
1) Los países que prosperan son los enfocados en sus ventajas comparativas,
gobernados por coaliciones de interés público enfocadas en aumentar el ingreso
nacional apoyándose en el aumento de la productividad de la economía.
2) Los países que no logran beneficiarse del progreso a largo plazo son los que,
gobernados por coaliciones, protegen sectores de la economía más o menos
arbitrariamente en lugar de aprovechar sus ventajas comparativas. Aun cuando el
argumento de Olson puede parecer polémico, se afirma a partir de un punto en el cual
sus hallazgos son mucho menos controversiales de lo que podría parecer: es el aumento
de la productividad de la economía, es decir, su capacidad de producir bienes y servicios
en relación con el tamaño de su fuerza de trabajo, el factor decisivo para la mejora
social a largo plazo.
 Por muchos años la Argentina se las ingenió para desafiar esos principios de la teoría
económica sin pagar un precio exageradamente alto por esa transgresión: el aumento de
la presencia del Estado en la economía: primero, se benefició de una mayor
participación de la inversión extranjera durante la totalidad de la década del 60:
terminales automotrices, petroleras, mineras, etc., protagonistas de esa fase de la
industrialización sustitutiva que llamamos “desarrollismo.” La profundización del
desarrollo industrial durante los años 60 implicaba una profundización de los problemas
que presentaba en el pasado: la estrangulación del sector externo, el deterioro de los
términos del intercambio y la falta de financiamiento para un desarrollo industrial
moderno. Al mismo tiempo, la Argentina era aún en varios aspectos un país
agroexportador.
 Por otro lado, el aspecto crítico del tipo de transformación económica que había dado
lugar a la industrialización sustitutiva era menos un cambio cualitativo –el
desplazamiento del sector tradicional primario por la industria había ocurrido mucho
tiempo antes- que el que supuso el aumento de la presencia del sector estatal y de
defensa, que habían casi duplicado en pocos años su participación en el PIB y que eran,
mayormente, productores de bienes no transables.
Participación (% del P1B) 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 Servicios 39 38 41 42
39 40 39
Agricultura y ganadería
29 22 29 21 23 17 17
Manufacturas 21 27 20 26 28 31 33
Administración/defensa
8 7 9 8 10 14 13
Esos hechos contradicen en varios aspectos dos formas canónicas de presentar los
eventos más salientes de la historia económica contemporánea de la Argentina:
1) La primera gran constatación es de índole cuantitativa: si miramos el proceso de
formación y consolidación de una economía nacional vemos algo un poco más matizado
y complejo que una simple sucesión de un modelo agroexportador paulatina o
tendencialmente reemplazado por un modelo industrial. Al contrario, podemos ver una
temprana fase de industrialización que se encuentra virtualmente desarrollada hacia
comienzo de los años 40, contra lo que suele suponerse respecto de ese proceso y los
años del primer peronismo.
2) Ya en 1900 el sector más importante de la economía argentina no era ni la industria
ni el sector de agricultura, ganadería y pesca. Era el sector productor de servicios el que
daba cuenta de casi el 40 % del valor de la producción, y la tendencia, con las
oscilaciones habituales, ha tendido a consolidarse a lo largo del siglo XX. Si la
industrialización es un proceso anterior al régimen peronista de la segunda mitad de los
años 40 hasta mediados de los años 50, la emergencia de un sector estatal ligado a los
servicios públicos y a la defensa nacional, en cambio, no lo es. Algo característico en el
proceso iniciado en 1943 con la irrupción y el ascenso de las Fuerzas Armadas como
actor central con gravitación en la política argentina es el aumento ostensible del papel
del sector estatal y de la defensa en el PIB: este pasó de representar alrededor del 8 %
del PIB al 14 % en unos pocos años.
 Ese proceso introdujo dos fuentes de ineficiencia dinámica en la estructura
económica:
 el crecimiento relativo del sector productor de manufacturas de sustitución de
importaciones protegidas, un demandante neto de divisas
 la declinación del sector agroexportador, un oferente neto de divisas.
Por otro lado, la virtual duplicación de la importancia del sector de la administración
pública, tradicional productor de bienes y servicios no transables y en general de baja
productividad, introdujo un problema adicional en la medida en que modificaba
estructuralmente las necesidades de financiamiento del sector público.
La identidad macroeconómica fundamental de la economía abierta del siguiente modo:
S= ahorro nacional; I = flujo de inversión y CC =balanza por cuenta corriente (es decir
la balanza comercial más los pagos netos del exterior).
El ahorro nacional, S, puede descomponerse en ahorro privado, SP, más ahorro del
gobierno, SG. Podemos expresar la anterior relación entre los agregados económicos de
la economía abierta:
S-I=CC
SP + SG – I =CC
Reordenando esa expresión:
SP = 1 – SG + CC
Si llamamos déficit del presupuesto, DF, al segundo término del lado derecho de esa
expresión; es decir, al ahorro del gobierno con signo negativo, concluimos que el ahorro
privado dé la economía se asigna del siguiente modo:
 El aumento del déficit del presupuesto originado en el cambio cualitativo del papel
del sector público (DF) señalado anteriormente, sumado al déficit de cuenta corriente
(CC) generado por las necesidades de importaciones del sector industrial, requieren ser
compensados por un mayor ahorro privado (SP) o bien por un menor nivel de inversión
interior (I) y, por lo tanto, por un menor nivel de formación de capital y de aumento a
largo plazo de los niveles de vida.
La forma que encontró la Argentina de resolver ese problema en diferentes momentos
de su historia ha oscilado entre distintos compromisos. De a ratos, eligió privilegiar el
consumo reprimiendo las presiones inflacionarias con controles y políticas de renta
(1973-1975), de a ratos generando una licuación de pasivos del Estado (1975-1976), de
a ratos liberando la cuenta de capital (1976-1979) o gravando a los sectores capaces de
generar un excedente (1983-1989, 2002-2015 hasta hoy); es decir, desalentando la
inversión y la innovación.
- Más recientemente, decidió cubrir las necesidades de financiamiento del tesoro
mediante la emisión de nueva deuda (es decir, aumentando la cantidad de bonos en
circulación) y generando así un ciclo de endeudamiento. Por último, la estrategia fue
financiar el tesoro con emisión del Banco Central. Tendencialmente, eso produce breves
ciclos de crecimiento, detención del crecimiento (por falta de financiamiento o por
monetización del déficit) y crisis.
La mayoría de los países con algún grado de desarrollo industrial contemporáneo
comparable al de la Argentina se las ingeniaron para introducir reformas en sus
economías capaces de lidiar con los problemas de la crisis fiscal del Estado. Por otro
lado, eso ha sido llevado a cabo mediante una variedad de arreglos: desde una política
monetaria independizada del gobierno (el Banco de la Reserva Federal, FED, en
Estados Unidos) hasta un acuerdo entre la elite política para sustraer los temas de la
lucha contra el déficit fiscal de la competencia electoral (Israel).
Puede pensarse que la Argentina es un país un tanto a la zaga de un continente que ha
logrado ordenar su hoja de ruta, de manera de reformar sus sistema fiscales, dotar de
una amplia autonomía a los funcionarios de sus bancos centrales y concentrar los
esfuerzos del Estado en hacer predecible el ambiente económico y volver eficiente la
inversión pública, eludiendo el tentador canto de sirena de utilizar la política fiscal y el
financiamiento inflacionario para satisfacer las necesidades de corto plazo relacionadas
con la competencia electoral, aunque ello tenga un gran costo que muchas veces se
logra hacer pagar a otro gobierno. Una especie de procrastinador obcecado.
- Dar ese salto de calidad en el funcionamiento de la democracia requiere un conjunto
de sacrificios, obviamente. Si hay algo más difícil que mantener baja la inflación, es
lograr reducir una inflación exasperantemente alta e inquietantemente errática, como
SP=1+DF+CC es el caso de la Argentina. Eso es algo que no escapa al juicio de ningún
analista mínimamente serio de la realidad del país.
Lo mismo puede decirse de la deuda pública. Sin embargo, es probable que una nueva
organización económica, más abierta al flujo de comercio y de capitales, pueda permitir
un sendero estable de crecimiento a largo plazo, apoyado en una economía más
diversificada, capaz de crear puestos de trabajo mejor calificados y remunerados, así
como de expandir el consumo en diversas direcciones. En cambio, insistir por el camino
de los subsidios cruzados financiados con emisión o penar el ahorro privado no tendrá
otro resultado que conducir a unas nuevas frustraciones.
 Al menos nuestro país ha logrado superar la tentación secular a resolver las
diferencias fundamentales desplazando a un gobierno por otro mediante el uso de
fuerza. Es eso que los sociólogos políticos llaman “aprendizaje democrático”.
 Si lo miramos desde el punto de vista de la economía podemos encontramos con un
país que una y otra vez elige repetir los mismos errores, que generan los mismos
resultados: alta inflación, escasez, falta de perspectivas. El problema fundamental, en
este aspecto, es que modificar hábitos largamente establecidos es más difícil de lo que
habitualmente solemos creer. Aun cuando la sentencia reza que “los pueblos que no
conocen su historia están condenados a repetirla”, pareciera ser que el conocimiento de
la historia, un aspecto necesario del cambio que requiere revertir la situación actual, no
es suficiente.
La historia es una fuente de aprendizaje para quien desee ver allí las evidencias, algunas
de las cuales se ofrecen en este trabajo, relativas a las fallas en la elección de una
orientación económica de largo plazo. Pero sería extraño que la historia, per se, pueda
conjurar la tendencia de una cultura más centrada en la visualización del Estado como
un botín de guerra que en concebirlo como un conjunto de instituciones que requieren
de un trabajo cuidadoso de perfeccionamiento, y cuya meta esencial es la de asegurar a
los argentinos “los beneficios de la libertad” que consigna el preámbulo de la
Constitución Nacional.

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