FANTASTICA SIN
FRONTERAS 2
[Subtítulo del documento]
Edición Enero 2017
ESPIRAL: 20 AÑOS DE CIENCIA FICCIÓN, POR MARIANO VILLARROEL
LA GENERACIÓN DE LAS FOTOCOPIADORAS, POR ROBERTO ALFARO
ENTREVISTA A LUIS PESTARINI, POR REVISTA LITERATURA PROSPECTIVA
DE CONCURSOS, PREMIOS Y OTRAS COSAS, POR ROBERTO SANHUEZA
NUEVAS OBRAS DE HUGO CORREA, POR MARIO BUSTOS PONCE
FANTASTICA CHILE
[Dirección de correo electrónico]
INDICE
Editorial
Espiral: 20 años de ciencia ficción por Mariano Villarreal
La generación de las fotocopias, por Roberto Alfaro
Las tácticas del camaleón: entrevista a Luis Pestarini sobre
la evolución de la cf argentina, por blog Literatura
Prospectiva
De concursos, premios y otras cosas, por Roberto Sanhueza
Nuevas obras de Hugo Correa, de Mario Bustos Ponce
Fin
Editorial
Ha pasado un extenso período de tiempo desde el primer
número, y es algo natural. Las publicaciones digitales han
consistido en un trabajo de difusión en base a relatos y
cuentos. Hemos recurrido a la reutilización de la
información que aborde los aspectos teóricos de la literatura
fantástica, así como los testimoniales, llegando inclusive a
rescatar artículos de webs que no han podido actualizarse o
que mantienen una periodicidad de renovación de largos
plazos. Esta edición de la revista resulta ser una edición
arqueológica. Sin embargo, hemos agregado otros
contenidos, más enfocados a la multimedia, ya sea por
medio de publicitación de ebooks, canales de Youtube
referidos a literatura fantástica, así como nichos literarios en
Wattpad. Muchos de estas publicitaciones apuntan a
autores y referencias a la literatura chilena, pues es lo más
cercano al conocimiento de nuestra organización, sin
embargo, es de una necesidad extrema para nosotros, que
los autores, gestores, difusores y ensayistas de otros países
nos envíen sugerencias sobre videos, wattpad, blogs,
webpages, redes virtuales de sus nacionalidades para que
podamos extender la zona de influencia de la revista, que
resulta un bien para todos. Reiteramos también que la
revista tiene un enfoque histórico, testimonial y ensayístico,
por causa de abundar las revistas con contenido narrativo.
Nuestra idea, como ya lo hemos dicho en la edición
anterior, es convertir al sitio Fantástica Sin Fronteras y a la
revista digital en un centro de recursos para quienes
quieran hacer una construcción histórica del desarrollo de
la literatura fantástica en cada país. No buscamos escribirla
nosotros. Buscamos facilitar el acceso a la información, a los
testimonios y las historias que hay detrás de esta literatura
para irla construyendo en conjunto.
José Hernández Ibarra
Coordinador de Fantástica sin Fronteras
Agradecimientos
El agradecimiento es para todos los autores que nos dieron
el permiso para publicar sus artículos. Para aquellos en
quienes nos hemos apoyado para publicar esta ediciones y
a todos aquellos que nos han llenado de ideas para los
siguientes números.
Insistimos que estamos complacidos por el envío de
artículos relacionados con el desarrollo de la literatura
fantástica y de ciencia ficción de sus países.
Si desean redactar largamente sus experiencias personales,
los eventos que atestiguaron, el impacto que les provocó, a
los autores que conocieron, el estado de la literatura
fantástica en las décadas anteriores, todo aquello que le
permita a los investigadores reconstruir el desarrollo
literario de lo fantástico de sus países, serán bienvenido.
fantasticachile@[Link]
Mil gracias siderales a todos
José Hernández Ibarra
Coordinador de Fantástica Sin Fronteras
Galería de Ebooks
Los sueños de GN-I
Michel Deb
Interesante obra de Michel Deb, quien nos
ofrece una serie de relatos de ciencia
ficción al estilo clásico.
El primer peruano en el espacio
Daniel Salvo
Esta obra es un conjunto de relatos
relacionado con temáticas de ciencia
ficción, fantasía y algo de terror, del gran
promotor de la literatura fantástica
peruana.
Espiral: veinte años de ciencia ficción
Por Mariano Villarreal
Publicado originalmente en [Link]
20 de octubre de 2016
El pasado 8 de septiembre Juan José Aroz informó del cese
de actividad de la colección Espiral mediante un breve
comunicado. Hace unos días
hizo lo propio en persona
durante una jornada de la
TerBi, entre amigos y
acompañado, como siempre,
de su simpática esposa Pilar.
La noticia nos cogió a todos
por sorpresa y nos apenó
aún más, aunque el
comunicado dejaba claras las
razones de salud que
primaban en esta decisión,
fácilmente comprensible
dada su condición de
veteranos lesionados medulares. A Juanjo y a mí nos unen
muchas cosas. Ambos somos hijos de Bilbao (bueno, en
realidad yo nací muy cerquita del botxo), ambos amamos la
ciencia ficción, ambos poseemos un carácter digamos
introvertido y algo parco en palabras —dicen que ello
forma parte de la nobleza propia de los vascos—, y ambos
fuimos también cofundadores de la TerBi, en parte por
mediación de Julián Aguirre, promotor del certamen
Alberto Magno de Ciencia Ficción de la Universidad del
País Vasco, quien nos facilitó algunos contactos hace ya la
friolera de… ¡veintidós años! Tantos como acumula la
colección Espiral.
Juanjo empezó en los años setenta editando el fanzine IF…
y un libro de relatos titulado Procesos cuasiestáticos, de
clara inspiración new wave. Luego un fatídico accidente de
circulación le apartó de escena, pero sus ganas de vivir le
impulsaron a volver para publicar Espiral. Corría el año
1994 cuando lanzó el primer número de lo que por entonces
vino a llamarse Cuadernos Espiral, un ejemplar fotocopiado
por él mismo en casa y encanutillado en espiral, lo que dio
nombre a la colección, una historia entrañable titulada Nina
escrita a cuatro manos por
Eduardo Gallego y Guillém
Sánchez.
Al cabo de seis números,
consolidado ya el sello, los
cuadernos dejaron paso a
la colección de libros tal y
como hoy la conocemos,
una editorial no
profesional y sin ánimo de
lucro orientada a la
publicación de obras
principalmente de autores
nóveles o poco conocidos.
Primero fueron tres títulos
al año, luego dos con
cadencia semestral, distribuidos mediante suscripción
directa y con presencia en algunas librerías especializadas.
A lo largo de su trayectoria, Espiral ha descubierto y/o
impulsado la obra de escritores como Daniel Mares, Juan
Antonio Fernández Madrigal, Rodolfo Martínez, Eduardo
Vaquerizo, Carlos F. Castrosín, José Antonio Suárez, Juan
Carlos Planells, Sergio Parra, o los citados Eduardo Gallego
y Guillem Sánchez. También han tenido cabida en sus
páginas veteranos de la talla de Domingo Santos, Gabriel
Bermúdez Castillo y Ángel Torres Quesada, y locales como
Juanjo Sánchez Arreseigor, David Calleja, Joseba Paulorena
y José Manuel González; incluso algunos escritores
latinoamericanos. A ello debe sumarse, además, diversas
antologías, como las que recogían las cinco ediciones del
premio homónimo. Muchos aficionados aún recordamos
con auténtico cariño las novelas de Luis Ángel Cofiño: El
cortafuegos y Perros bajo la piel.
Esta amplia labor en pro del género fue merecedora del
premio Gabriel de la Asociación Española de Fantasía,
Ciencia Ficción y Terror, el galardón de la TerBi, y las
Menciones BEM y Gigamesh, así como media docena de
premios Ignotus (de una treintena de nominaciones) por
sus contenidos, ilustración —siempre obra del fiel y
autodidacta artista Koldo Campo— y obra poética.
Juan José y Pilar, con el trofeo del I Premio TerBi honorífico a una labor
destacada en la ciencia ficción de 2010 (Foto: TerBi).
No puedo negar que mantenía ciertas diferencias en lo
relativo a su personal criterio editorial. En más de una
ocasión sugerí a Juanjo que fuese más riguroso a la hora de
seleccionar los títulos a publicar, que revisara los textos de
los autores más bisoños. Él sonreía y me respondía que esa
no era su labor, que simplemente facilitaba un medio para
que los escritores llegaran a los lectores y que su prioridad
era ofrecer la máxima diversidad.
Espiral se despide con uno de los títulos más interesantes
de los últimos números, la novela con elementos distópicos
La máquina de la felicidad, del prolífico y siempre efectivo
José Antonio Suárez. Aún quedan en stock algunos títulos
más, y les sugiero que se den prisa en adquirirlos a través
de la página web editorial antes de que se agoten porque
luego serán prácticamente inencontrables.
Juan José Aroz y la
colección Espiral han
dejado un gran legado
a sus espaldas. Ambos
forman parte
inseparable de la
ciencia ficción
española y de muchos
aficionados que han
leído sus libros
durante esta veintena
de años. Por eso,
querido Juanjo,
muchas gracias por tu
esfuerzo y dedicación,
por este amplio
escaparate de nuestro
género favorito, por la lección de vida que nos has
brindado.
Esto no es un adiós: nos seguiremos viendo en la Terbi para
charlar de lo divino y de lo humano. Para eso están los
amigos.
La generación de las Fotocopiadoras
Por Roberto Alfaro
Publicado originalmente en Fantástica Review 1
La década de los 80 es conocida por muchos como “la
generación de las fotocopiadoras”. Gracias a ellas, varios
autores pudieron realizar sus propias publicaciones de
manera muy artesanal. Para que se entienda, estas
publicaciones de carácter “fanzines” eran elaboradas de
forma personal o por agrupaciones de chicos en torno a una
idea o ideología, tanto artística como política.
Primero se comenzaba por definir cuál sería la temática y
luego se procedía a escribir en alguna máquina los textos,
relatos, cuentos, artículos, etc. Con suerte, si alguien
contaba con algún computador, por primitivo que fuera,
éste serviría para la causa. Después, luego de un tiempo
transcribiendo, venía la elaboración de las imágenes, que
habitualmente, eran dibujadas A MANO, sin ser expertos,
por lo general, en dibujo, o simplemente servía una foto de
alguna publicación ya existente.
La segunda etapa era el Armado, el que consistía en
diagramar de manera manual la publicación, pegando
textos e imágenes para ser llevadas, finalmente, a una
gloriosa fotocopiadora y generar un cierto número de
ejemplares. Una vez listo, el último paso, era vender la
creación, normalmente entre los círculos de amigos,
colegios, universidades o grupos afines. A veces los más
pudientes simplemente los regalaban o realizaban alguna
impresión en mimeógrafo.
Fanzines de historietas, poemas y artículos afines
encontramos en títulos como “Tiro y Retiro” de 1983, “Beso
Negro” de Carlos Gatica, Lucho Venegas y Udock Jacobsen,
y “Matucana” de Alfonzo Godoy, ambas publicadas en
1984; y “Ácido” de Pablo Alibuad, Daniel Turkieltaub,
Osvaldo Sacco y Charles Smith de 1987. Esta última era en
realidad el esfuerzo creativo de realizar una revista que sólo
llegó a ver la luz un par de números, mientras que con el
tiempo “Matucana” se convirtió en una publicación
bimensual con ventas en quioscos y librerías.
Existen otros fanzines, que apuntan en una dirección
distinta. Son aquellos que abordaron la literatura fantástica,
casi desconocido por quienes no son afines con esta lectura.
Un esfuerzo casi titánico de reproducir cuentos de
afamados escritores internacionales, reescribiéndolos a
máquina para ser montados, posteriormente, en algún
fanzine, donde además se encontraban interesantes
artículos sobre el género, sin olvidar las críticas de cine y
televisión, funcionando además como una vitrina de
historias cortas de jóvenes promesas.
Comencemos nombrando al “Boletín de Fantasía y Ciencia
Ficción” de “Sochif, Sociedad Chilena Fantasía y de Ciencia
Ficción” de 1989, encabezado por su presidente el señor
Carlos Raúl Sepúlveda, uno de los pilares indiscutidos de
difundir el género fantástico dentro del país y que no ha
tenido su merecido reconocimiento dentro del círculo
incipiente de la CF nacional. Este boletín, escrito de manera
muy coloquial, con un cierto matiz de humor entorno a los
integrantes de Sochif, era acompañado de breves notas,
noticias y uno que otro artículo, escritos por el propio
Sepúlveda y en los que encontrábamos casi siempre a Luis
Saavedra con alguna publicación de los acontecimientos,
actividades y otros, muchas veces bajo la firma de “El
Maldito Miserable”. Otros de los redactores fueron Marcelo
Velasco, y mucho más adelante encontraremos a otros
integrantes, que por lo general eran los más jóvenes
interesados en participar, como Gabriel Huaman, René
Weber y quien escribe estas líneas, entre otros.
La Gracia de este humilde Boletín era que cruzaba las
fronteras llegando algunos países vecinos o atravesando el
Océano Atlántico hasta la Madre Patria y de igual forma,
llegaba a Sochif comentarios o noticias de publicaciones
extranjeras.
Quizás la publicación más longeva sea “Nadir” de Moises
Hassón, que comienza aparecer en 1985 y llegó a publicarse
durante casi una década. Esta fue una publicación hecha
por aficionados (así rezaba su lema), de tiraje muy reducido
y sin fines de lucro. Su único objetivo era la difusión de la
ciencia ficción, la fantasía y géneros afines. Todas sus
colaboraciones eran gratuitas. En “Nadir” encontrábamos
artículos, noticias, algunas historias cortas. A diferencia de
las otras publicaciones, “Nadir” era de gran tamaño, 21,5
cm de ancho por 28 cm de alto. Su impresión era de mejor
calidad. Con el paso del tiempo el formato de la publicación
cambio a uno más pequeño, es decir, oficio, para poder ser
fotocopiado y doblado, obteniendo así un fanzine de un
costo más barato y no tan elevado como su versión original.
En Nadir comenzaron a colaborar algunos de los ex
miembros de Sochif, que ahora integraban su propia
organización, Ficcionautas Asociados, agrupación que
llevaría al fandom y la ciencia ficción nacional a otro nivel,
más cercana a la gente y no tan elitista.
En 1998, Sochif vuelve a la carga, esta vez con “Quantor, el
universo de la fantasía y la ciencia ficción”. Atrás quedaba
el fanzine fotocopiado para intentar crear algo más
elaborado, una publicación que prometía ser trimestral.
Aquí podíamos ver a destacados dibujantes nacionales,
leyendas de la edad de oro de la historieta nacional como
Maximo Carvajal Bermar y Hermán Escobar. Como siempre
a la cabeza de “Sochif”, Carlos Raúl Sepúlveda, junto con
algunos incondicionales como Marcelo Velasco, Adrian
Rivera Rocha (otro escritor de historietas de la década de
los 60) conocido cariñosamente como “el viejo Roca”, así
como un gran número de colaboradores. Lamentablemente
sólo se llegaron a publicar algunos números.
“Fobos” es el último bastión, el último hijo de las
fotocopiadoras, que viene a cerrar una era. Fobos nace, si no
me falla la memoria, a finales del año 2000 o principios del
2001, fecha que nos indica un nuevo siglo, uno lleno de
maravillas tecnológicas que se describen en los pulp y
literatura de ciencia ficción a comienzos del siglo XX.
“Fobos” fue una publicación sin fines de lucro, con el único
objetivo de difundir el género fantástico, siendo por ello el
último fanzine especializado del género a nivel nacional
que siguió la huella de “Sagitario”, uno de los primeros
fanzines del género en Chile, hasta llegar a “Nadir”,
costeado y escrito, en sus últimos meses de vida por Luis
Saavedra. Con un gran número de colaboradores, “Fobos”,
a diferencia de los demás fanzines, contaba con una portada
y contra portada a color; su diagramación era mejor
elaborada que sus antecesores, sus contenidos unas
verdaderas joyas, envueltos en el particular humor de
Saavedra. Por lo general, los fanzines no eran publicaciones
mensuales. Aparecían de vez en cuando, con suerte cada 45
días o más, pero Saavedra hacia todo lo humanamente
posible para romper con esto y publicar mensualmente.
Atrás quedan estos verdaderos esfuerzos titánicos de
adultos y jóvenes de aquellos años, como muchos otros
títulos, que deben estar presentes en la memoria de las
nuevas generaciones, y dándoles las gracias por señalarles
el camino.
Hoy vivimos una era digital en la que es más fácil publicar,
ya sea on line o pequeños tirajes bien impresos, pero hay
algo que estas publicaciones modernas no tienen: el
conocimiento de verdaderos ratones de bibliotecas que no
se dejan engañar por Wikipedia y sus afines.
Las tácticas del camaleón: entrevista a
Luis Pestarini sobre la evolución de la cf
argentina
Entrevista realizada por Alejandro Alonso para Axxon y
publicado en 2009 en blog Literatura Prospectiva
En la década de 1980 y hasta mediados de los 90s,
preguntar si existía la ciencia-ficción argentina podía
resultar ofensivo. Funcionaba un Círculo Argentino de
Ciencia-Ficción y Fantasía, estaba muy cercana la
experiencia de la revista El Péndulo, y las editoriales le
hacían frente a las crisis económicas con imaginación y
osadía. Pero, como suele suceder con algunos fenómenos
naturales, a medida que el siglo terminaba también lo hacía
un ciclo dentro de la CF argentina: el peso de género
empezó a diluirse.
A pesar de la deserción de las grandes editoriales, la cf
argentina seguía siendo difundida con vehemencia y hasta
ganaba premios (como el UPC, en 1996). Con todo, la
preguntita sobre la existencia del género en la Argentina no
es ociosa, merece ser considerada. De hecho, nos sirve de
excusa para dar un paseo por la ciencia-ficción argentina y
su circunstancia. Para abordar el tema decidimos convocar
a Luis Pestarini: uno de los protagonistas del movimiento
en las últimas décadas del siglo pasado, editor de la revista
Cuasar y de los libros de Cuasar, y además un verdadero
experto en este tópico.
¿Considerás que hay una
tradición de ciencia-ficción
en la Argentina? ¿Qué
autores y obras la
conforman?
Si entendemos como
tradición una corriente
literaria continua, de
escritores que se leen
mutuamente, con códigos y
preocupaciones comunes, la
ciencia-ficción se estableció
recién con la aparición de Más Allá y las ediciones de
Minotauro. Sin embargo, podemos rastrear ejemplos del
género tan antiguos como en 1816. Hasta Juan Bautista
Alberdi tiene una novela de ciencia ficción. Ahora bien,
Eduardo Ladislao Holmberg es el primero que escribe
textos de relevancia, aunque encontramos obras anteriores.
En la década del 70 del siglo XIX escribió algunas obras
notables, como Viaje maravilloso del señor Nic-Nac y
“Horacio Kalibang o Los autómatas”, que cumplen con
todos los requerimientos del género. Holmberg fue un
naturalista muy reconocido, y es el padre del Jardín
Zoológico de Buenos Aires. De todos modos, la tradición
del científico que escribe ciencia ficción, tan frecuente en el
mundo anglosajón, parece agotarse con Holmberg en la
literatura argentina. De él pasamos a Leopoldo Lugones, de
allí a Adolfo Bioy Casares, y luego pegamos el salto a los
autores modernos como Angélica Gorodischer, Carlos
Gardini, Elvio Gandolfo, Marcelo Cohen y un largo
etcétera. Hasta Bioy no se puede hablar de una tradición,
pero Bioy nutre su ficción, por ejemplo, en Wells, del
mismo modo en que supo hacerlo Borges, pero éste rara vez
cruzó la barrera de la fantasía para internarse en la ciencia
ficción.
¿Cuáles son las temáticas más tocadas?
Cuesta encontrar núcleos temáticos que trasciendan la obra
de un autor. Se puede decir que el tema de inmortalidad se
repite en Bioy, o que los escritos de Cohen son meditaciones
metaliterarias, pero encontrar una temática de la ciencia
ficción argentina resulta muy difícil. Cuánto más cerca del
género está un escritor en sus lecturas, su producción está
más próxima a la ciencia ficción anglosajona en temas y
códigos, incluso en los clichés. Pero hay temas casi ausentes
en nuestra literatura, como el contacto con otras
inteligencias (aunque Bioy tiene una novela sobre el tema:
De un mundo a otro), o las innovaciones tecnológicas.
Incluso la idea de
futuro, que es tan afín
al género, en la
literatura argentina
parece provocar más
temor o desconfianza
que expectativas.
Cuando se habla del
futuro, la mayor parte
de las veces es de
manera distópica, el
futuro es la
decadencia continua
del presente.
Tampoco debemos ignorar que hay una corriente
interesante de ciencia ficción de contenido político que
arranca en el siglo XIX, muchas veces bajo la forma de
sátiras.
¿Hay masa crítica de contenido, o la cf argentina es sólo
un pequeño apéndice dentro del fantástico local?
Si hablamos de masa crítica para conformarse como género,
con un territorio propio, dentro de la literatura argentina,
creo que nunca llegó a eso. Pero esto no es malo, al
contrario: se mimetiza con el resto de la literatura, no es
relegada a un plano secundario por su condición de
literatura de género, que la academia y los medios suelen
considerar a priori como de calidad inferior. Sin embargo,
este fenómeno no se da tanto por la falta de obras, que las
hay, sino porque el mercado editorial argentino es
relativamente chico y no se anima a etiquetas como “ciencia
ficción” que, supuestamente, sólo adquiere un pequeño
grupo de lectores y espanta a la gran masa. Por ejemplo,
acaba de aparecer una novela de Rodolfo Enrique Fogwill,
Un guión para Artkino, que es una distopía; escrita
originalmente a fines de los 70, transcurre en una
Argentina alternativa de 1994. Estos textos, más lo que
aparece en los medios vinculados al género, conforman una
masa crítica en el sentido de que se puede hablar de ciencia-
ficción argentina, pero no tiene un espacio en las librerías,
hay que saber buscar,
¿Existe ago así como un canon o un listado de lecturas
"obligadas", de cf Argentina? ¿Qué obras lo conforman?
Si tenemos que hablar de obras importantes de la ciencia-
ficción argentina, hay un puñado que resultan ineludibles:
La invención de Morel, Plan de evasión y algún volumen de
cuentos, de Bioy Casares; Casta Luna electrónica y Las
Repúblicas de Gorodischer (también podría ser Kalpa
Imperial, pero es claramente fantástica); cualquier libro de
Carlos Gardini también; Insomnio y El oído absoluto de
Marcelo Cohen; Por media eternidad, cayendo, de Eduardo
Carletti; Cuerpos descartables, de Sergio Gaut vel Hartman;
El fondo del pozo, de Eduardo Abel Giménez; y textos de
Elvio Gandolfo, Rogelio Ramos Signes, Ana María Shua, y
un largo etcétera. Los cuentos están dispersos, pero se
puede recurrir a alguna de las buenas antologías de Pablo
Capanna. Ahora bien, si queremos un canon con más
contenido histórico, hay que incluir a Holmberg con Viaje
maravilloso del señor Nic-Nac y Cuentos fantásticos; Las
fuerzas extrañas, de Leopoldo Lugones; alguna de las
cuatro o cinco novelas de ciencia ficción de Hugo Wast; o El
camino de los dioses, de Manuel Ugarte. Seguro que me
olvido de algunas cosas importantes, estoy citando de
memoria…
¿Qué papel le cupo a las editoriales en la conformación
del movimiento históricamente?
Las editoriales son muy importantes porque
simultáneamente fomentan la escritura y la lectura de
ciencia ficción. En Argentina tuvimos la fortuna de contar
con un editor incomparable como Francisco Porrúa, que
creó Minotauro en 1955 y la llevó adelante durante casi
medio siglo. Los primeros 50 ó 60 libros que publicó son
sencillamente un catálogo de lo mejor del género, con
escasísimos libros fallidos. Pero, además, Porrúa no sólo
publicó excelente literatura de ciencia ficción y fantasía,
sino que lo hizo en ediciones cuidadas, algunos con
prólogos de figuras reconocidas como Borges o Marcos
Victoria, revelando la intención de legitimar al género, un
género que prácticamente era desconocido en español. Aún
hoy, el lector argentino está bajo la influencia de esta
tradición, muy distinta a la que se vio en España, por
ejemplo, cuya colección de libros fundacional —aunque no
la pionera— fue la primera Nebulae, dirigida por un
ingeniero, y con un programa de lectura muy distinto. Pero
desde hace tiempo la situación ha cambiado: el mercado
editorial español permite una buena variedad de
propuestas editoriales, muy distinto de lo que pasa en
Argentina. Y Minotauro fue previsiblemente vaciada por
Planeta, hace tiempo que dejó de ser un sello confiable.
¿Y las editoriales de aficionados?
Son necesarias como una suerte de campo de
entrenamiento para los autores, que muchas veces tienen
sus primeras posibilidades de publicación en este ámbito.
Sin embargo, como sucedió en algún momento de los ’80 en
Argentina y ahora pasa algo parecido con Internet, a veces
son un ámbito demasiado complaciente, la facilidad de
publicación muchas veces no estimula a que los autores
trabajen más sobre sus textos, no toman en cuenta
sugerencias de mejoras, simplemente van a otra
publicación.
Como editor de Cuasar, una revista señera en materia de
cf en la Argentina, ¿dónde ponés el acento? ¿Cambió la
línea editorial desde los ’80 a la actualidad? (Nota del
editor: en el momento de publicarse este artículo en nuestra
revista, Cuásar ya no se publica)
Yo diría que la línea editorial siempre fue la misma, aunque
se afinó en algunos puntos. La propuesta siempre giró
sobre tres ejes: la revista debía brindar espacio a los autores
argentinos, pero con rigor literario, también a los nuevos
autores anglosajones, intercalando relatos de autores más
clásicos, y, por último, también le otorgamos un espacio
importante a la crítica y al ensayo, también aquí con rigor,
algo que en las publicaciones de aficionados no era tan
común. La revista sigue apoyada sobre estos tres espacios
simultáneos. Tal vez el agregado más importante, que no
estaba pensando en los comienzos, es que también
comenzamos a investigar y publicar textos sobre la historia
del género en Argentina. Es probable que no despierte un
interés muy grande entre la masa de lectores, pero nos
parece que tiene mucho valor documental.
Desde 2005 existe
Ediciones Cuasar.
¿Cuál es la propuesta
de valor de los libros
de Cuasar?
Hace mucho tiempo
que tenemos el
proyecto de sacar una
colección de libros,
pero las condiciones
económicas nunca eran
las adecuadas. La
intención es presentar
autores nuevos o poco
conocidos en Argentina
alternando con textos
clásicos que fueron pasados de largo por las editoriales a lo
largo de los años. Probablemente también algunas
reediciones. Como se puede apreciar a través de los cuatro
títulos que ya publicamos, nuestro interés no está puesto en
las expectativas de venta sino en la calidad de los textos
pero, por supuesto, aspiramos a que la colección se
sostenga económicamente y nos permita expandirnos.
Como propuesta de máxima, aspiramos a que la colección
vaya introduciendo autores nuevos aquí, el lector argentino
de ciencia ficción está muy pegado a los textos clásicos,
tiene un menú muy reducido si quiere leer obras
contemporáneas.
A tu juicio, ¿qué grandes autores extranjeros tienen más
incidencia en los escritores argentinos contemporáneos de
cf?
Me parece difícil generalizar en un colectivo denominado
escritores argentinos contemporáneos de ciencia-ficción. No
sé si existe algo muy definido en ese sentido. Hay
influencias más o menos trasparentes en muchos relatos
argentinos recientes: Dick, Ballard, Le Guin, Lovecraft. No
veo mucha influencia de la ciencia ficción dura ni de la
space opera, la ciencia ficción argentina tiene poca
tecnología, hay desinterés en predecir cómo podría ser el
futuro. Sí hay algo que es posible apreciar en muchos
cuentos que me llegan para evaluar su publicación: muchas
veces se nota que hay horas de taller literario detrás, pero
falta algo más comprometido, más jugado en el texto. Se
manejan con soltura los elementos de la narrativa pero a
veces están ausentes la necesidad de contar, de expresar
algo. Elvio Gandolfo tiene una expresión que me encanta:
hay que tener cabeza de escritor, el que escribe tiene que ser
un observador muy fino, porque la principal materia prima
con la que trabaja es lo que ve, lee, escucha.
Novedades de Biblioteca Online en Fantástica Chile
Los Altísimos
Una obra de Hugo Correa como la inicial de toda la
literatura de ciencia ficción chilena
En la Luna
Un estudio realizado por Omar Vega Canales que aborda el
desarrollo de la literatura fantástica chilena indicando las
obras más representativas a lo largo de las últimas décadas.
El color de la Amatista
La primera obra de Sergio Meier, un conocido hombre de
sabiduría que significa un hermoso recuerdo para la
mayoría de los autores chilenos de ciencia ficción de las
últimas dos décadas.
Pétalos para Darién
Una Demo de la obra de Maikel Loyola, quien se hizo
ganador de un premio en su ciudad natal y que ha buscado
establecerse como uno de las referencias de la buena
escritura fantástica chilena.
Realidades Paralelas
Un Demo de la Obra de Alejandro Vilches, uno de los pocos
autores que ha tomado el camino solitario publicando obras
de gran calidad y buena recepción.
Si deseas aportar con alguna obra, no importa tu país.
Háznosla llegar en pdf y la publicaremos en la sección de
contribuciones gratuitas en la web de Fantástica Sin
Fronteras. fantasticachile@[Link]
Testimonio “De concursos, premios y
otras cosas”
Roberto Sanhueza es un tipo ejemplar. No sólo por haber ganado
DOS veces el premio UPC otorgado por la Universidad
Politécnica de Cataluña -el año 2015 con la obra "El año del
gato", y el 2009 con "Bis"-, sino que también por el hecho de
atreverse a participar a nivel internacional. Este es el testimonio
que nos entrega junto con un invaluable consejo.
Por Roberto Sanhueza
"¿Qué se requiere para ser escritor?" La pregunta del
millón. Sin duda que estudios en el área humanística como
Periodismo o Lenguaje te dan herramientas para mejor
manejar las palabras e hilvanar historias que puedan ser
interesantes para hipotéticos lectores, pero no todos los
periodistas ni los profesores de lenguaje escriben historias,
cortas o largas. De hecho, hay y ha habido gente con
preparación formal en otras áreas o simplemente sin
preparación formal, que han publicado novelas o cuentos
con variable éxito.
En mi opinión, sin menospreciar la importancia de la
técnica aprendida y las herramientas literarias que te den
los talleres o las universidades, si no tienes la imaginación
para ver en tu cabeza la historia… no puedes escribir. Lo
que me lleva a mi caso personal. Soy lector desde que
aprendí a descifrar el significado de esos signos que había
dentro de los globitos que flotaban por encima de la cabeza
del Pato Donald y el Ratón Mickey. Desde entonces (y hace
muuuucho tiempo de eso) no he parado de leer. Leer
indiscriminadamente todo cuanto caía en mis manos.
Quienes no tienen el hábito de la lectura me han
preguntado más de una vez por qué me gusta tanto leer y la
verdad es que ni a mí ni a nadie que lea nos gusta “leer”.
No es el interés por descifrar signos gráficos - las palabras
representadas lo que nos lleva a “leer”. Es el interés en las
historias que cuentan esas palabras escritas. Tampoco es el
interés por sostener un armazón de papel en las manos. Es
por eso que la transición del libro de papel a libro digital no
me ha costado nada. Insisto, lo importante es el contenido y
no el medio.
En algún momento fui enfocando mis preferencias de
lectura hacia la literatura fantástica: Fantasía, Terror,
Realismo Mágico, pero, sobre todo, Ciencia Ficción, en todo
su abanico. Devoré Hard, New Wave, Cyberpunk, Space
Opera. Eran los tiempos dorados de Minotauro y Nueva
Dimensión. Años leyendo y disfrutando el género. Siempre
sospechando que podría yo también crear historias y
ponerlas en papel.
El hecho que finalmente me decidiera a intentar escribir, ya
pasados los cincuenta, llegó como casi todas las cosas: por
casualidad. Estuve por años suscrito a la “Isaac Asimov’s
Science Fiction Magazine” que llegaba religiosamente por
correo a mi domicilio desde USA.
La revista tenía, en los ochenta, una sección de cartas de los
lectores. Yo nunca mandé carta alguna (¿Se acuerdan de las
cartas de papel?), pero en los noventa la sección cartas se
cambió por una página web en la que los fans opinábamos
y ahí sí que empecé a escribir en la página. La mayoría de
los que participábamos en el blog eran escritores aspirantes
que habían enviado cuentos a la revista y los habían
rechazado. Me imagino que una revista profesional y de
gran tirada como lo era IASFM tenía estándares altos de
exigencia, pero además en USA es importante (si no,
imprescindible) ser miembro del “Writer’s Guild of
America” para ser publicado profesionalmente.
El caso es que los rechazados decidieron empezar una
webzine para publicar en línea principalmente los cuentos
no aceptados por la revista, pero abierto a quien quisiera
colaborar. Siempre pensé que podía escribir y he aquí que
me encontré escribiendo mi primer cuento… en inglés y a
los 53 años. Para mi sorpresa, les gustó y me pidieron más.
Por un par de años fui un colaborador asiduo de
“Bewildering Stories” y entonces apareció otro chileno a
colaborar con la revista. Nada menos que el insigne Omar
Vega, quien, cuando se enteró de mi existencia, me invitó a
integrarme a la comunidad de Tau Zero en Chile.
Esto fue en el año 2007 y tuve el honor de participar y ser
finalista del primer concurso de novela corta (con la
primera novela que me animé a escribir) de Tau Zero.
Cuando fui a Santiago a recibir mi premio, conocí a Jorge
Baradit (uno de los jurados) y me enteré que había ganado
recientemente el premio UPC de Ciencia Ficción 2006.
Me enteré entonces de la existencia de tal premio y de la
importante cantidad de dinero que entregaba y me
pregunté… y si me atrevo…
Me atreví y un día de Junio de 2009 eché al correo rumbo a
Barcelona mi segunda novela, BIS, que había armado de
historias publicadas por mí en Bewildering Stories y que
tuve traducir al español. La vida siguió su curso y, para mi
enorme sorpresa, en Octubre del 2009 me llegó un mail
anunciándome que había ganado el premio UPC del año y
que €6.000 me esperaban en Barcelona.
Omar Vega
Esa es mi experiencia y mi moraleja es que se puede escribir
sin preparación formal en literatura. Se puede escribir por
intuición y por haber leído miles de libros de los más
diversos estilos y deducir y tratar de replicar los
mecanismos inherentes a ellos.
Si has estudiado, tanto mejor, pero no es indispensable.
Inténtalo, tírate a la piscina. Eso no significa que vas a ser
un escritor famoso, quizás ni siquiera conocido. Yo me gané
de nuevo el premio UPC el 2014 y no creo que mucha gente
fuera del grupo de los interesados en escribir CF se haya
enterado, pero la satisfacción no te la quita nadie.
¿Cuál es lado insatisfactorio de esta historia? Que no he
leído mis libros en papel. Con la crisis económica en
España, Editorial Planeta, que tenía un convenio con la
UPC para publicar los ganadores, rescindió el convenio
justo el 2009. Bueno… el libro digital no es tan malo,
¿Verdad?
¿Ve donde dice Paypal, donar o Patreon? Ayuda a uno de
los portales más antiguos dedicados a la literatura
fantástica en español.
Axxon es sin duda la referencia latinoamericana de la
literatura fantástica y de ciencia ficción, y nuestra ayuda
permitirá que se mantenga viva y encuentre herederos
dignos de mantenerla durante otras tres décadas.
Salvemos este patrimonial sitio de nuestra literatura.
Nuevas obras de Hugo Correa
Por Mario Bustos Ponce
Hugo Correa fue uno de los más grandes escritores chilenos
de ciencia ficción, aunque desgraciadamente sólo los nichos
más especializados conocían de su importancia y legado.
Sin embargo, ello ha empezado a cambiar.
Hace algún tiempo, la editorial Alfaguara publicó la obra
más visible de Hugo Correa, “Los Altísimos” (1959), y
luego una obra póstuma “El valle de Luzbel” (2015). Así, el
autor maulino volvía en grande a las librerías, saliendo de
así de su injusto anonimato y olvido.
Inmediatamente adquirí aquellas dos obras para recordar y
reconocer el talento plasmado en sus páginas. De “Los
Altísimos” no hay mucho más que decir, sino que es una de
las grandes distopías que se han escrito, la cual no tiene
absolutamente nada que envidiarle a los hilos argumentales
de Asimov o Huxley, ni a las descripciones científicas de
Clarke o Niven. De “El valle de Luzbel” sólo me queda
señalar que fue un buen reencuentro con Hugo Correa… a
ambas ya he dedicado algunas líneas hace un tiempo.
Pero quedaba la duda, ¿serían acaso esos dos libros
excepcionales?, ¿o serían sólo el principio? Mi duda era
razonable, pues en Chile no son frecuentes las
publicaciones fantásticas de tiempos pretéritos. Pero tenía
la esperanza de que hubiese más: aquellas dos obras habían
sido una invitación a conocer más de Hugo Correa, por lo
que no podían ser únicamente una mera mirada nostálgica
al pasado.
Con satisfacción y alegría mis esperanzas se concretaron
este 2016. La misma editorial que ya había publicado a “Los
Altísimos” y al “Valle de Luzbel”, ahora se atrevía con dos
volúmenes más, aunque con títulos no muy atractivos para
el lego: “Dos Novelas” y “Cuentos reunidos”. Sin embargo,
lo importante era que Hugo Correa volvía a resurgir en
gloria y majestad.
En “Dos Novelas” se encuentran justamente, dos novelas:
“El que merodea en la lluvia” (1962) y “Los ojos del diablo”
(1972). En “Cuentos Reunidos” aparecen las obras “Los
títeres” (1969), “Cuando Pilato se opuso” (1971) y “Alguien
mora en el viento” (1966). Daré a continuación una breve
referencia a cada una de ellas.
“El que merodea en la lluvia” es una novela en la que se
entremezclan el suspenso, el terror y la ciencia ficción. Trata
de extraños fenómenos ocurridos en un típico sector rural
de la zona central de Chile en donde un ser extraño (el
Merodeador) aterroriza a sus pobladores en las noches
lluviosas. Está contada de una forma muy ágil de manera
que quien se sumerge en sus páginas está inevitablemente
perdido en tratar de encontrar el desenlace a tantas intrigas
y misterios planteados. Algunos, entre los cuales desde
ahora me incluyo, piensan que esta obra necesita con
desesperación una adaptación cinematográfica; el ritmo, la
trama y el dinamismo de los personajes la hacen
merecedora de una adaptación a su altura.
“Los ojos del diablo” tiene un ritmo narrativo más pausado
que “El que merodea en la lluvia”, pues plantea una trama
menos detectivesca y más reflexiva. En ella, un joven vuelve
a la hacienda de su familia y se da cuenta (después de
mucha incredulidad) que su estirpe está condenada pues su
vil padre hizo un pacto con el diablo hace muchos años. Es
una obra que nos sumerge en la cultura, mitos y costumbres
de los campos de la zona central de Chile, sin olvidar los
matices fantásticos y oscuros. Una obra muy bien pensada
en que nos sumergimos en los conflictos propios de los
padres e hijos, mientras se nos van revelando más y más
antecedentes para sacar nuestras propias conclusiones.
“Los títeres” es una obra maestra. Es un conjunto de cuatro
cuentos (a modo de “fix up”) que giran en torno a un
mundo en donde cada persona tiene un títere (como una
especie de “robot” o “ciborg” en nuestro lenguaje más
contemporáneo) el cual, operado a distancia por su dueño,
desarrolla algunas o todas tareas del día a día de su amo:
visitas a amigos o familiares, concurrir al trabajo, ir a hacer
compras, etc.
Cada cuento nos relata las consecuencias de los usos de
estos títeres: suplantaciones de identidad, planificación de
asesinatos, mecanismos de beneficios carcelarios, entre
otras. Todos ellos contienen tramas coherentes y reflexivas,
siendo manifestaciones de la ciencia ficción más seria y
profunda. En mi opinión, “Los Títeres” es el “Yo, Robot”
chileno. En mi opinión, los cuentos más destacables de esta
colección son “El veraneante” y “El hombre prohibido”.
“Cuando Pilato se opuso”, al igual que “Los títeres” es un
conjunto de cuentos de ciencia ficción. En general, sus
relatos nos sumergen en temáticas propias de la
exploración espacial y el contacto con seres alienígenas. Los
cuentos que componen esta colección se pueden encuadrar
dentro de la “ciencia ficción blanda”, más reflexiva que
científica, más psicológica que mecánica. Sus páginas
recuerdan al estilo de Ray Bradbury en “Crónicas
Marcianas” y, especialmente, “El hombre ilustrado”. De
hecho, el mismo Correa dedica a Bradbury el cuento “La
esfera lunar” de esta colección. En mi opinión, los cuentos
más destacables de esta obra son “La teleportación es un
deporte para mayores”, “Mecano” y “Cuando Pilato se
opuso”.
Por último, “Alguien mora en el viento” es un cuento de
una temática inverosímil, pero no por ello menos
interesante. Trata de una exploración espacial a los
interiores de un planeta gigante gaseoso, en donde ningún
explorador vuelve; sin embargo, uno sobrevive y descubre
que se encuentra en una gran superficie sólida que es
arrastrada por las tormentas perpetuamente, haciéndole
compañía una misteriosa joven que le enseña a vivir entre
las corrientes.
En fin, la pluma de Hugo Correa es tan versátil que no
merece ser mirada con indiferencia. Ya salieron de su
olvido todas estas obras, pero quedan más. Impresiona que
las temáticas de estas obras sean tan actuales y
contingentes, pensando que fueron escritas hace varias
décadas; particularmente “Los títeres” y “Cuando Pilato se
opuso” destacan en ese ámbito. En la técnica narrativa
destaca de sobremanera “El que merodea en la lluvia”,
cuyo estilo es más que envidiable en las plumas actuales.
Espero que sigan apareciendo obras de Hugo Correa, pues
queda mucho que conocer y contar. Aunque, tal vez, más
importante aún, sería la reedición de obras de otros grandes
talentos del pasado para la lectura de las nuevas
generaciones.
AGRADECIMIENTOS
El desarrollo de la revista ha sido realizado con el objetivo
de revivir algunos artículos necesarios de recordarse.
Agradecemos a todos los lectores.