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FANTÁSTICA SIN

FRONTERAS 1
Edición internacional Agosto 2016

Revista sobre literatura fantástica


hispanoamericana enfocada a la Historia del
subgénero en nuestras tierras.

Entre el desierto y el entusiasmo: Panorama de la Ciencia Ficción en el Perú


Por Daniel Salvo
Lo fantástico en la narrativa española actual
Por David Roas
Un boomeran a través de la historia reciente del ámbito fantástico en Chile
Por José Hernández Ibarra
La ciencia ficción española
Por Mariano Villarreal
TESTIMONIO: Entre lo convencional y la ficción
Por Fabián Cortez
TESTIMONIO: “Crónica de una cosmicrónica anunciada”
Por Víctor Vargas Aguilera
TESTIMONIO: Leon de Montecristo y sus libros
Por León de Montecristo
Entrevista a Omar Vega Canales, especialista en literatura de ciencia
ficción chilena

Equipo editorial de Fantástica Chile


[email protected]
1

Presentación
La revista electrónica Fantástica sin Fronteras es una
extensión del portal de literatura fantástica chilena
Fantástica Chile.
El objetivo de esta revista es llevar a la investigación histórica
y literaria de la Literatura fantástica a un nivel
hispanoamericano, agrupando a diferentes nacionalidades y
culturas.
El objetivo final es que se pueda generar un fondo de
información para las futuras investigaciones sobre literatura
fantástica, tanto sobre la Historia de ésta como el estudio
teórico de lo fantástico -si es que esto existiese-, así como
abordar otros géneros como la ciencia ficción, la
especulación científica, la anticipación política, la ucronía, y
los muchos otros géneros que han surgido en los últimos
años.
Agradecemos con todo nuestro corazón tanto a los
colaboradores que pacientemente han esperado la
publicación de esta primera edición como a los lectores que
nos acompañan y ayudan en este proceso de difusión y
crecimiento.

José Antonio Hernández Ibarra


Natalia Francisca Vásquez Núñez
Coordinadores de Fantástica sin Fronteras
2

Editorial
Sobre libros y análisis narrativos hay gran cantidad de información.
A diferencia de hace algunas décadas, hoy es posible que los autores
se conozcan entre sí y estén cotidianamente relacionándose con sus
lectores. ¿Qué es lo que no existe aún? Consciencia de nuestra propia
existencia, es decir, los autores crean libros, elaboran ideas y las
escriben, sin embargo, ¿qué lugar ocupa el libro en la literatura? Sin
saberlo, un texto puede ser un punto de inflexión entre un período y
otro. Sin saberlo, puede ser el fin de una época y el comienzo de otra.
Sin saberlo, puede ser la materialización de una idea que toda una
generación sostuvo algunas décadas atrás. Un libro puede ser la
representación de lo que los jóvenes en los años 80´ buscaron escribir
tras salir del cine durante el estreno de Star Wars, así como la
respuesta desesperada para liberarse de las terribles garras de una
realidad dictatorial y censuradora. En cada libro, hay una historia y
una biografía, un contexto, un deseo de impacto o de plasmar las
emociones del momento. Nuestra revista busca eso: Exponer, en las
palabras de investigadores, editores, especialistas, autores, lectores e,
incluso, testigos, los grandes acontecimientos de la literatura
fantástica de cada país, así como los pequeños testimonios sobre
minúsculos momentos de la vida de cada autor, cosa que para un
porcentaje de los lectores puede ser una nimiedad, pero para un
investigador pueda ser un dato relevante, una pieza fundamental de
lo que desea saber. Así se construye la Historia en nuestros tiempos.
Cada ladrillo, amigos míos, es pieza fundamental para el edificio.
3

Entre el desierto y el entusiasmo:


Panorama de la Ciencia Ficción en el Perú
Por Daniel Salvo
(Publicado originalmente en portal El Hablador.com en
2004)

Es un hecho conocido que nuestro mundo literario está


mayoritariamente adscrito a la vertiente que podríamos
llamar "realista", de modo que el lector usual podría pensar
que en el Perú no se han dado manifestaciones de los mal
llamados géneros menores, como son la ciencia ficción, el
terrorífico, el policial y el fantástico.

Nada más lejos de la verdad. Lo que ocurre es que nuestra


industria editorial no tiene la envergadura de sus similares
de otras latitudes, donde puede hablarse de tirajes de
millones de ejemplares, mientras que en nuestro país un
escritor novel sueña con tirajes de cientos... Mal que nos pese,
es nuestra realidad.

Por consiguiente, si tomamos en cuenta ambos factores, el


resultado será que la producción literaria "alternativa"
pasará desapercibida para el gran público, de modo que
difícilmente una novela de ciencia ficción o de horror "a la
peruana" podrá formar parte del canon de "las novelas más
importantes de la década" o similares, que suelen publicarse
en revistas especializadas. De modo que una relación de
novelas o relatos de ciencia ficción nacional simplemente no
existe en el mercado, ni parece ser objeto de inquietud
académica.
4

Y sin embargo, se mueve... Pese a que uno no esperaría


encontrar nada en el panorama antes descrito, pues resulta
que no está tan yermo como parecía a simple vista. Escritores
hay que, en el pasado o en el presente, se han atrevido a ir
contra la corriente prorrealista, vanguardista, JUM,
indigenista, etcétera, y han incursionado en los géneros
descritos: Mario Vargas Llosa escribió la novela policial
Quien mató a Palomino Molero, Julio Ramón Ribeyro tiene
varios cuentos fantásticos, al igual que Harry Beleván,
compilador de la excelente Antología de la literatura fantástica
en el Perú (1977).

En el presente artículo, trataremos específicamente de la


ciencia ficción, aunque previamente tenemos que hacer una
precisión. A diferencia de otros países, no existen editoriales
nacionales con colecciones o apartados específicos para la
ciencia ficción (o para los otros géneros). Y eso dificulta la
identificación de dichas obras.

Generalmente, la ciencia ficción se define como un género


que se ocupa del impacto que en el futuro tendrán las
innovaciones científicas, incluyéndose los avances en
ciencias sociales. En ese sentido, y para bien, pierde esa aura
de infantilismo y de literatura sólo para iniciados que
muchos fanáticos desean que posea, sin caer en cuenta que
así contribuyen al desprestigio del género y a la visión del
aficionado como un excéntrico.

Simplificando así las cosas, ¿qué tiene de raro que un


escritor, en un momento dado, comience a especular acerca
del futuro, del porvenir, extrapolando la realidad que tiene a
su alrededor? No es necesario contar con un entorno de alta
5

tecnología, como pueden tenerlo los norteamericanos o los


europeos, para pergeñar o redactar un relato o novela con
estos ingredientes. No todo pueden ser luchas campesinas o
biografías lumpen.

Así las cosas, tenemos como primer ejemplo al vilipendiado


y recientemente reivindicado Clemente Palma (1872-1946).
Curioso personaje, virtualmente expulsado del canon
literario peruano, por sus ideas racistas y su infausto
dictamen sobre la obra de Vallejo. Bueno pues, este Clemente
Palma, a inicios del siglo XX, se encargó de jugar con los
terrores de la humanidad ante el paso del cometa Halley con
su cuento El día trágico (1910), especuló sobre los intentos de
conseguir oro por parte de un alquimista del remoto año
3000 en La última rubia, sin contar otros cuentos fantásticos
publicados bajo el nombre de Cuentos malévolos (1904).

Como sabemos, la producción literaria nacional siguió otros


rumbos, muy ajenos a las especulaciones sobre el futuro o la
tecnología, aunque existe el caso aislado de Héctor Velarde
(1898-1989), exquisito humorista de una Lima (no de un
Perú) que definitivamente ya fue, donde todo estaba "en su
sitio", y la vida transcurría plácida... en medio de esta
arcadia, irrumpe la modernidad que viene de Norteamérica,
con sus supermarkets y aviones, y, sobre todo, con la bomba
atómica. Velarde escribe una serie de crónicas y ensayos
humorísticos que titula La perra en el satélite (1958),
coincidiendo con la carrera espacial entre EE.UU. y la URSS.
En este librito, aparece el relato La bomba J, en el cual la
destrucción nuclear total tiene un fallo: la casa del
limeñísimo Pedro Lanatta y Perales, diplomático, quien
decide dedicar sus últimos días a escribir un diccionario para
6

las futuras generaciones... Quien sabe, Velarde tal vez quiso


expresar en este relato su melancolía por la pérdida de ese
mundo limeño en el cual había nacido. Tiene también una
pieza de teatro ambientada en el año 2427 titulada ¡Un
hombre con tongo! (1950), en la cual las señoras van de
compras al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda
para movilizarse.
Los años setenta del siglo XX son acaso los de mayor apogeo
de la ciencia ficción peruana, guardando las distancias del
caso. Destacan, hasta el presente inclusive, los escritores José
B. Adolph y Juan Rivera Saavedra.

La "edad de oro"

Reseñar la obra de Adolph merece de suyo un artículo


propio. Desde sus inicios, ha escrito cuentos que hacen difícil
encuadrarlo en un género o tendencia. Sus relatos,
publicados en sendas ediciones, son de todo tipo y color. Los
temas que ha tocado son todos, o casi todos: la inteligencia
artificial en Artemio y MULTICALl, la evolución de las
especies animales en La rata, la inmortalidad en Nosotros no,
el contacto con seres extraterrestres en Los bromistas, las
catástrofes... Quizá el libro de relatos de Adolph que más
cuentos de ciencia ficción contiene es Hasta que la muerte
(1971), volumen que contiene el cuento El falsificador, que ha
sido incluido en la antología de ciencia ficción
latinoamericana Cosmos latinos (2003), publicada por la
Universidad de Texas.

José B. Adolph también ha publicado novelas de ciencia


ficción, como Mañana las ratas (1977), libro que, de haberse
publicado en EE.UU., le quitaría al Neuromante de William
7

Gibson la gloria de ser considerado como el iniciador de la


moda ciberpunk. En esta novela, vemos un Perú totalmente
balcanizado y anómico, gobernado por transnacionales cuya
cúspide dirigencial reside en satélites que orbitan la Tierra.
La religión, empero, sirve de aglutinante para la gestación de
fuerzas rebeldes, que sin embargo no saben bien donde están
parados.

Juan Rivera Saavedra tiene, entre otros, el gran mérito de


utilizar por primera vez la etiqueta "ciencia ficción" con todas
sus letras, como parte del título de su selección de relatos
Cuentos sociales de ciencia ficción (1976), compuesto por
cuentos llenos de ironía acerca de la condición humana. En
ellos, Rivera Saavedra explora temas como los robots, la
exploración de otros planetas, la escasez de alimentos,
nuestra visión de los "otros".

En clave de space opera, José Manuel Estremadoyro publica


la hilarante Glasskan, el planeta maravilloso (1971) y su
continuación Los homos y la Tierra (1971). Se nota en ambas
obras la influencia del interés desatado por el denominado
fenómeno OVNI y la vida extraterrestre en general, siendo
así que en la primera novela se nos describe un viaje a un
planeta donde todo es perfecto, a la manera de las grandes
utopías del renacimiento. En la segunda, los humanos
entrenados por los galacsinos (habitantes de Glasskán)
deben volver a nuestro planeta para ofrecer la paz y el
progreso al estilo de Glasskán a la humanidad. No
encontrarán a nadie merecedor de dichos dones,
dedicándose a vivir una serie de aventuras de lo más
disparatadas. Con todo, Glasskan... merece un lugar dentro
del canon literario nacional, al menos por su originalidad.
8

Total, si Ed Wood Jr. es hoy en día una suerte de ícono


cinematográfico...

Curioso es el caso de Eugenio Alarco. Casi no hay noticia


acerca de este autor, salvo por el brevísimo cuento "La magia
de los mundos" que aparece en la Primera Antología de la ciencia
ficción latinoamericana (1970), publicada en Argentina por
Rodolfo Alonso. El cuento nos muestra el pavoroso futuro de
la humanidad en manos de unos seres que no se sabe si son
extraterrestres o humanos evolucionados, quienes utilizar
los órganos y miembros humanos como repuestos.

Volver al futuro

Ya en la década de los noventa, Giancarlo Stagnaro, a sus


catorce añitos, publica Hiperespacios (1990), una novela de
aventuras espaciales que constituye un digno tributo a Isaac
Asimov. Sorprende la independencia de criterio y el que
Stagnaro no haya caído en el facilismo de seguir las modas
literarias contemporáneas. Y después de todo, ¿por qué no
pueden los peruanos del futuro dedicarse también a luchar
contra invasores extraterrestres? Lamentablemente, esta
obra no tuvo la difusión que merecía.

En provincias, también existe interés en el género, como lo


prueba el volumen de cuentos Las formas (1997) de Carlos
Bancayán Llontop, publicado de manera casi artesanal en la
ciudad de Chiclayo. Entre otros, incluye los relatos Nutrición
y Las formas, donde se especula acerca del lugar del hombre
en el universo y acerca de los llamados poderes mentales,
cuyo desarrollo da lugar a asombrosas revelaciones acerca
de una importante figura religiosa.
9

A fines de los años noventa, se publica Un único desierto


(1997) de Enrique Prochazca, una selección de relatos
variada y de temática novedosa, donde el autor nos ofrece el
cuento 2984, sobre un futuro distópico y la búsqueda del
Gran Hermano.

La llegada de la Internet ha permitido que, hoy por hoy, se


puedan publicar en la red relatos y novelas que de otro modo
sería imposible conseguir. Con la aparición de páginas web
cuyo objetivo es la divulgación de la ciencia ficción peruana,
hemos podido acercarnos a la obra de autores noveles como
Rubén Mesías Cornejo, José Donayre Hoefken, José de
Piérola y otros.

El año 2003 ha sido pródigo para la ciencia ficción: José B.


Adolph publicó la novela Un ejército de locos, acerca de un
Apocalipsis desatado desde la internet, y la selección de
cuentos Los fines del mundo, que incluye algunos cuentos de
ciencia ficción. Por su parte, Juan Rivera Saavedra publicó
Oprimidos y exprimidos, con algunos del género.

Mención aparte merece con 8+1, conjunto de relatos de


ciencia-ficción de Manuel Antonio Cuba, editado por la
editorial Meteletra y que nadie sabe dónde adquirir. En estos
casos, la mala distribución puede ser una enemiga más
grande que los críticos
10

LO FANTÁSTICO EN LA NARRATIVA
ESPAÑOLA ACTUAL1

DAVID ROAS
Universidad Autónoma de Barcelona

Estos son buenos tiempos para la ficción fantástica en


España. En la última década, un amplio número de
escritores, nacidos entre 1960 y 1975, ha optado por cultivar
lo fantástico como vía de expresión privilegiada. No
pretendo hablar de ‘generación’ (un concepto desterrado ya
por la historiografía literaria), sino de una apuesta común
por el relato fantástico, manifestada a través de una amplia
variedad de estilos, recursos y temáticas: desde los que optan
por vías más tradicionales, a los que exploran nuevas formas
y motivos directamente vinculados con las preocupaciones
estéticas e ideológicas de la posmodernidad. Una nómina de
autores formada por (y no los menciono a todos) Fernando
Iwasaki, Ángel Olgoso, Manuel Moyano, David Roas, Félix
J. Palma, Jon Bilbao, Patricia Esteban Erlés, Ismael Martínez
Biurrun, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Miguel Ángel Zapata o
Emilio Bueso.2

Esta buena salud de la narrativa fantástica actual se debe a


varios factores, algunos de los cuales ya examinamos Ana

1 Este artículo fue publicado en el volumen en Espejismos de la realidad. Percepciones de lo insólito


en la literatura española (siglos XIX-XXI), coord. Natalia Álvarez Méndez y Ana Abello Verano,
Área de Publicaciones de la Universidad de León, León, 2015, pp. 221-232.
2 Cuentos de la mayoría de estos autores han sido recogidos en el volumen Perturbaciones.

Antología del relato fantástico español actual (2009), editado por Juan Jacinto Muñoz Rengel.
11

Casas y yo en el prólogo a nuestra antología La realidad oculta.


Cuentos fantásticos españoles del siglo XX (2008). Allí
bautizamos a las dos últimas décadas de dicho siglo como
«años de normalización», puesto que, si bien lo fantástico no
había dejado de cultivarse ni en los momentos de máxima
presión realista, en ese periodo alcanza un reconocimiento
que nunca antes había tenido, tanto por la atención que
recibe de los escritores como por la positiva acogida que le
deparan los lectores, los críticos y el mundo editorial.

Uno de los factores expuestos en dicho prólogo cobra


todavía mayor importancia en relación a la obra de los
nuevos narradores que aquí quiero analizar: la asunción de
que lo fantástico es un magnífico medio expresivo para
explorar y representar todo aquello que se nos escapa de la
realidad y de la compleja interioridad del ser humano. Lo
fantástico ofrece inquietantes metáforas sobre la condición
del individuo contemporáneo, a la vez que indaga en las
zonas oscuras que se ocultan tras lo cotidiano.

Los nuevos narradores conocen muy bien los entresijos del


género y su historia. Son autores que se han formado con la
lectura de los maestros extranjeros de lo fantástico, a la vez
que han asistido a la dignificación de su cultivo en la
literatura española gracias a las obras de Fernández Cubas,
Merino, Millás o Tomeo, escritores que, a su vez, bebieron de
Borges y Cortázar, las grandes referencias en español, que,
por su parte, tanto deben a Poe, Maupassant y Kafka (la gran
influencia, sin duda, para los autores del siglo XX).

Y junto a esa educación literaria, los nuevos narradores


fantásticos son escritores formados también en el mundo
12

audiovisual: el cine fantástico y de terror, las series de


televisión (sobre todo aquellas que conforman la educación
sentimental de muchos de ellos: Historias para no dormir,
The Twilight Zone y Night Gallery). A todo eso hay que
añadir, evidentemente, el importantísimo influjo del cómic y
de los videojuegos. Influencias que marcan decisivamente el
gusto de los narradores (y lectores) actuales, y, sobre todo, la
forma de enfrentarse literariamente a lo fantástico (lenguaje,
estructura, motivos).

Entre los diversos aspectos que definen lo que podríamos


denominar la poética fantástica de los autores actuales, voy
a analizar cuatro que considero esenciales: 1) la
yuxtaposición conflictiva de órdenes de realidad; 2) las
alteraciones de la identidad; 3) el recurso de darle voz al
Otro, de convertir en narrador al ser que está a otro lado de
lo real; y 4) la combinación de lo fantástico y el humor.3

1. Yuxtaposición conflictiva de órdenes de realidad

En los relatos fantásticos actuales esta yuxtaposición suele


ser planteada sin demasiadas estridencias: mínimas
alteraciones en el orden de realidad en el que habita el
protagonista terminan por revelar que se ha producido el
deslizamiento definitivo hacia otra realidad, que el
protagonista debe asumir. En la mayoría de ocasiones, el
personaje lo hace dominado por la inquietud de saberse ante
lo incomprensible, pero, sobre todo, de saber que no hay
vuelta atrás. A diferencia de los textos de otras épocas, la
actuación de los personajes es, podríamos decir, menos

3Acerca de la idea de lo fantástico en la que se apoya este trabajo véase sobre todo mi ensayo
Tras los límites de lo real (2011).
13

dramática. Da la sensación de que están tan perdidos en una


realidad como en otra. Aunque, inevitablemente, y de ahí su
efecto fantástico, ese deslizamiento entre realidades siempre
resulta traumático, porque es imposible. Algo que el
personaje debe asumir sin llegar nunca a poder
comprenderlo.

Un ejemplo excelente de este tipo de narraciones lo tenemos


en el relato Venco a la molinera, de Félix J. Palma (recogido en
su libro El vigilante de la salamandra, 1998). Todo lo que en él
ocurre tiene su origen en el encuentro con una palabra
desconocida: el venco del título. Una nueva palabra que, y
eso es lo esencial e inquietante, implica un nuevo (y
desconocido) referente, que, a su vez, arrastra consigo un
nuevo orden de realidad. Así, la transgresión del lenguaje
ordinario subvierte la propia percepción de lo real.

El protagonista, después de un accidentado viaje en avión


(sufre terribles turbulencias), regresa a casa. Antes de
ausentarse, le había pedido a su vecina Berta que, además de
cuidarle el piso, le recomendase alguna receta fácil, pero con
la que pudiera impresionar a su amiga Mónica. Ésta le deja
pegada en la puerta del frigorífico la receta del «Venco a la
molinera». Como es de suponer, el protagonista reacciona
con sorpresa, pues la palabra venco no le suena en absoluto.
Incluso piensa que debe tratarse de algún pescado o de
alguna sofisticada exquisitez culinaria.

Pese a todo, baja al supermercado y allí comprueba que el


venco no sólo existe, pues hay un congelador lleno, sino que,
encima, es muy parecido al pollo. Como vemos, todo incide
en la aparente normalidad del asunto. Digamos que, por
14

ahora, el problema parece ser del protagonista y no de la


realidad.

Después de hacer la compra, regresa a casa y se pone a


cocinar. Para ello se viste con un delantal que compró días
atrás para impresionar a Mónica (y que considera ridículo
pues está decorado con unos incoherentes pollos azules;
después se entenderá por qué menciono este detalle).
Cuando llega Mónica, pese a lo que él esperaba, no se
muestra impresionada con el venco. Lo que vuelve a
acentuar su normalidad. Es entonces cuando se produce el
segundo acontecimiento extraño: el protagonista le dice que
él hubiera preferido cocinar pollo, a lo que Mónica responde
que nunca ha oído esa palabra. Incluso le pregunta si se trata
de algún tipo de pescado (la misma reacción que tuvo él con
el venco). El protagonista necesita entender lo que ocurre y
acude a la enciclopedia para demostrar el error de su amiga.
Pero en el tomo ORNI-PROS pollo no aparece. Ése es el
momento en el que su mundo empieza a resquebrajarse. La
enciclopedia, un instrumento que ordena y legitima (en tanto
que institucionaliza y hace compartida) nuestra realidad,
hace todo lo contrario: corroborar el fenómeno imposible (tal
y como le ocurre al Borges protagonista de Tlön, Uqbar, Orbis
Tertius). Y, como el lector ya suponía, lo que le espera en la
enciclopedia, en su correspondiente posición alfabética, es la
palabra venco: «La definición lo tildaba de cría de ave y, en
particular, de la gallina, plato de mesa habitual, fuese frito o asado,
y el dibujo me lo mostraba en un corral, atiborrándose de pienso, el
plumaje de un inesperado color azul suave, las patas gruesas y
cortas y la cola rematada en una llamativa pluma naranja»
(Palma, 1998: 95). Los mismos pájaros azules que aparecen
15

dibujados en el ridículo delantal con el que quería


impresionar a Mónica.

A partir de aquí, el relato gira en torno a las comprobaciones


y reflexiones que hace el protagonista para poder
comprender (y aceptar) lo que le está ocurriendo. Y todo le
demuestra que, pese al enorme parecido, la realidad en la
que se encuentra ya no es la misma, que se ha producido –
utilizo sus expresiones- un «trasvase» entre «dimensiones
paralelas», y que, a falta de otra explicación racional, él
achaca a las terribles turbulencias experimentadas en su
vuelo de regreso. Entonces surge en él un temor doble: por
un lado (y así será), que el venco no sea la única anomalía de
esta nueva realidad; y, por otro, saber que siempre va estar
fuera de lugar porque ese mundo no es exactamente el suyo,
pero es donde forzosamente debe vivir. Una realidad muy
parecida a la suya, tan habitable como la original... pero sin
pollo.

El microrrelato La cueva, de Fernando Iwasaki (recogido en


Ajuar funerario, 2004), es otro ejemplo excelente de esa nueva
reacción de los personajes ante el imposible trasvase de
realidades:
Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de
las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era
una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en
medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué
grande era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la
mesa de noche y les dije a mis hermanas que me iba a explorar el
fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron
nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso
y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva
16

era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver.


No sé cuántos años han pasado desde entonces, porque mi pijama
ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.
He oído que mamá ha muerto.

Como vemos, al denominar cueva a la cama, ésta se convierte


en una nueva realidad gracias a un procedimiento recurrente
entre los nuevos autores fantásticos: la literalización de la
metáfora (un recurso al que volveré más adelante). El texto
de Iwasaki recuerda a otro inquietante microrrelato: El pozo,
de Luis Mateo Díez, donde el hermano del narrador-
protagonista se cae a un pozo y entra en una nueva
dimensión, desde la que, años después, enviará un
sorprendente mensaje: «Este es un mundo como otro
cualquiera». Aunque hay una diferencia esencial entre
ambos textos, que potencia aún más la dimensión fantástica
del microrrelato de Iwasaki: en éste quien narra es la voz
imposible del ser que está al Otro lado. ¿Cómo llega entonces
hasta nosotros?

2. Las alteraciones de la identidad

Junto al cuestionamiento de lo real, la transgresión de la


noción tradicional de identidad es otro de los asuntos
centrales en la nueva narrativa fantástica. Estos cuentos
ofrecen un retrato del individuo contemporáneo como un ser
perdido, aislado, desarraigado, incapaz de adaptarse a su
mundo, tan descentrado como la realidad en la que le ha
tocado vivir (eso conduce también a explorar patologías
oscuras y comportamientos excéntricos o ridículos que, en
ocasiones, bordean lo kafkiano y humorístico). Son seres que
buscan una identidad que no se puede alcanzar, pues se hace
17

evidente que ésta es siempre cambiante, provisional.


Personajes que, perdidos en ese mar de signos indescifrables
que es la realidad, tratan infructuosamente de acomodarla a
sus ideas y deseos, de instaurar una apariencia de orden
donde poder habitar con cierta tranquilidad. Por eso, en
casos extremos, se llega a plantear incluso la total disolución
del yo, tanto mediante la transformación en otro ser, como
mediante la pérdida de su entidad física, la desaparición.

El doble sigue siendo, por todo ello, un motivo


constantemente visitado. Pero también en este caso los
narradores actuales ensayan nuevas formas de explorar un
motivo tan viejo como la propia narrativa fantástica (basta
pensar en El hombre de la arena, de Hoffmann, o en William
Wilson, de Poe).

Una de las variantes que me parece más innovadora y,


por ello mismo, inquietante, es aquella en la que el doble no
es un reflejo idéntico del protagonista, sino que lo que
encarna es una alternativa, como si la vida del personaje en
cierto momento se hubiera dividido en dos caminos que se
habrían desarrollado independientemente y a la vez. Más
que seres desdoblados al estilo tradicional, podríamos decir
que se trata de seres «bifurcados». En muchas ocasiones,
como vuelta de tuerca irónica, ese doble bifurcado lleva una
vida mejor, lo que, por comparación, le hace comprender al
protagonista que su vida es un fracaso.

Eso es lo que sucede en Roger Lévy y sus reflejos, de Ignacio


Ferrando (recogido en Sicilia, Invierno, 2008), una auténtica
transgresión de la imagen tradicional del motivo del
doppelgänger, puesto que su protagonista no se enfrenta a
18

un solo doble, a una sola bifurcación de la trama de su vida,


sino a muchas. El cuento se inicia de forma aparentemente
clásica: Roger Lévy está a punto de batirse en duelo con su
doble (escena que tiene un claro precedente en el final de
William Wilson, de Poe). Mientras el juez cuenta hasta diez, el
narrador refiere toda la historia. Al estallar la primera guerra
mundial, el protagonista duda entre alistarse o quedarse en
su pueblo junto a su amada Laurie. Finalmente decide
alistarse, una resolución que provoca que otro Roger se
materialice y se quede en el pueblo con Laurie (aunque el
primero tardará mucho en enterarse de su existencia).
Fenómeno que el narrador justifica de esta manera: «Está
claro que cuando alguien toma una decisión renuncia a algo, a otra
vida, a una serie de hechos que dejan de pertenecerle. El problema
surge cuando ese algo se toma la libertad de cobrar entidad propia
y le da por pasearse como un duplicado, como un cromo tan idéntico
que nadie distinguiría el original de la copia» (Ferrando, 2008:
68).

Pero las cosas no terminan ahí, ni ello justifica el posterior


duelo con el que se inicia el cuento. Porque, una vez
finalizada la guerra, las bifurcaciones van a continuar
produciéndose: cada vez que el Roger soldado se muestra
interesado por alguna mujer, el recuerdo de Laurie (la
culpabilidad) acude a su mente, lo que le obliga a abandonar
a esa mujer; al mismo tiempo, eso genera una nueva
bifurcación y, con ello, un nuevo doble: «se había ido
duplicando, sembrando el mundo de reflejos como él, que
disfrutaban de una vida que le habían arrebatado» (Ferrando,
2008: 76). Harto de tanta duplicación, el Roger soldado
decide encontrarlos a todos y matarlos.
19

Una vez cumplida tan inquietante misión, siente la certeza


(nadie le ha dicho nada, ¿cómo hacerlo?) de que Laurie se ha
casado con el Roger que se quedó en el pueblo. Por lo que
vuelve a casa para acabar con el último de sus reflejos, para
devolver el orden a su vida. El cuento termina –no podía ser
de otro modo- con la muerte en el duelo de los dos últimos
(o iniciales) Roger Lévy.

Como vemos, el precedente de «William Wilson» vuelve a


ser invocado. Pero la gran diferencia es que el cuento de
Ferrando no gira en torno al tradicional acoso de un alter ego
malvado o de un doble que pretende suplantarnos, como
sucede en el cuento de Poe o, por citar otro ejemplo, en El
derrocado, de José María Merino. Tampoco acude Ferrando al
motivo del doble para revelar aspectos de nosotros mismos
que nos son desconocidos (Jekyll y Hyde)... Roger Lévy y sus
reflejos rompe el esperado binarismo en los relatos sobre el
doble (lo que intensifica, además, su dimensión fantástica)
para proponernos una inquietante reflexión que subvierte la
noción habitual de identidad: ¿cuál de todos ellos es el
verdadero Roger Lévy? Es más, ¿hay o puede haber un
verdadero Roger Lévy? ¿Cómo determinar quién es el
auténtico y quién el impostor?

Como advierte Coates (1988: 35), en el siglo XX la


divisibilidad del yo ya no se discute, lo que afecta
inevitablemente a su representación; pero al mismo tiempo
las fisuras en el yo se multiplican y se convierte en una
multitud de impulsos que ya no es posible conceptuar en un
solo otro: lo que habrá serán muchos otros, y, en todo caso,
la aparición de la imagen de uno mismo será, más que una
siniestra presencia, un hecho banal de la vida cotidiana. Por
20

eso el doble, como añade Vilella (2007: 196), funciona muy


bien en la narrativa posmoderna: por su carga de
profundidad contra la integridad del individuo, y porque, en
tanto que inconcebible, es un óptimo instrumento para hacer
surgir dudas sobre lo que es (o consideramos) concebible.

Los cuentos sobre el doble se relacionan directamente


con aquellos otros en los que también se reflexiona sobre la
identidad y, sobre todo, sobre la pérdida de ésta. Aquí
también podemos encontrar nuevas variantes temáticas y
formales que, partiendo de motivos clásicos, proponen otra
vuelta tuerca sobre dicho asunto.

Así, por ejemplo, son muchos los relatos en los que los
protagonistas experimentan metamorfosis (habitualmente
manifestadas a través de un proceso de animalización) o bien
intercambios de cuerpos (lo que implica, a su vez, un
intercambio de identidades). Aunque hay ocasiones en que
tales procesos no los sufren ellos, sino que son testigos de los
mismos, lo que, en la mayoría de los casos, les conducirá a
ser víctimas de esos monstruos. Así ocurre, por ejemplo, en
el sobrecogedor microrrelato de Iwasaki La ratonera (en Ajuar
funerario, 2004):
Perdí el último autobús y tuve que caminar hasta la Plaza de
las Ánimas para tomar el ómnibus de medianoche. No había nadie
en el paradero y el frío condensaba fantasmas que brotaban
siniestros mientras respiraba. A través de la niebla surgió de pronto
el autobús.
Cuando pagué al conductor me sobrecogió su mirada de
peluche triste, como de oso venido a menos o de rata que quiere ir a
más. Pensé en que así sería la cara desconsolada del gato de
Cheshire y me senté ensimismada en el primer asiento que
21

encontré. El ruido que hacía una señora frente a mí me arrancó de


mis ensoñaciones.
Aquella señora aspiraba el aire a través de los incisivos, arrugando
la nariz y levantando el labio superior. Su expresión era
desagradable, como de ardilla enferma de obesidad. A su lado, un
niño de enormes paletas tragaba voraz un tarro de palomitas.
¿Cómo podía zamparse tanta comida por el hocico? Parecía un
hámster con el pescuezo inflado de guisantes.
Poco a poco advertí con inquietud el insólito aire de familia de
los pasajeros del autobús: todos tenían la nariz húmeda de sudor,
los pómulos hinchados, la cabeza más bien redonda y unos dientes
preparados para roer y destrozar. Uno recordaba a un gorila
aconejado, el otro miraba ratonil con sus pequeños ojos de vidrio y
una marmota llena de collares se hurgaba entre las uñas hasta
ponerse en carne viva sus dedillos como lombrices. Pensé en la
mirada afelpada del conductor, oí la respiración dental que
retumbaba en el autobús y decidí bajarme de aquella ratonera en la
siguiente parada.
El niño de las palomitas quiere ser el primero en morder. La
puerta no se abre.

Como ya vimos que ocurría en su microrrelato La cueva,


Iwasaki juega aquí de nuevo con el recurso de la
literalización de las comparaciones. El texto empieza
acudiendo a tópicos reconocibles por el lector, lo que genera
ciertas expectativas sobre los derroteros por los que va a
circular la historia: el cuento de miedo. Así, la protagonista
tras perder el último autobús, no sólo tiene que coger uno
que pasa a medianoche (hora tópica por excelencia) sino que,
encima, la parada donde debe tomarlo está en un lugar
llamado «Plaza de las Ánimas», que, no podía ser de otra
forma, cuando ella llega está desierto. Con tales premisas,
22

cuando el autobús aparece «a través de la niebla», ya


sabemos que no va a ocurrir nada bueno. Pero lo que no
espera el lector es por dónde va a llevarle Iwasaki. Al subir
al autobús, la protagonista se sorprende ante el extraño
aspecto de los viajeros, que inevitablemente le hacen pensar
en roedores de diversos tipos y tamaños (ardillas, hámsters,
conejos, marmotas...). Pero –como ocurría con aquella cama
que se transforma en cueva- lo que parecían simples
comparaciones, se convierte en realidad: los viajeros se
transforman en animales, en monstruos que acaban
atacándola. Como apunta Tahiche Rodríguez (2010: 6), la
literalización deviene un recurso central en los relatos
fantásticos que basan su construcción en la transgresión
lingüística, «precisamente porque funciona dentro de un contexto
estético-literario que permite (...) la imposición de la realidad
lingüística sobre la realidad empírica representada en el texto».

Ana Casas (2010) ha demostrado la importancia de la


transgresión lingüística como vía privilegiada de creación de
lo fantástico en el microrrelato español actual. A partir del
examen de tres procesos esenciales –la impertinencia
semántica, la resignificación y la polivalencia de los
deícticos-, Casas hace evidente que lo fantástico actual no es
sólo un fenómeno semántico, sino también lingüístico,
puesto que en muchos relatos la transgresión fantástica tiene
lugar en el plano de la enunciación.

3. Voces del Otro lado

Otro de los síntomas generales de esa exploración de


nuevos caminos para la creación de lo fantástico, en directa
relación con el nuevo paradigma de realidad y la visión
23

posmoderna del sujeto a los que ya me he referido, son los


muchos cuentos en los que se le da voz al Otro, al ser que ha
cruzado al otro lado de los límites lo real. Un recurso que ya
hemos visto en relatos como Venco a la molinera, de Palma, o
La cueva, de Iwasaki, cuyos narradores nos cuentan sus
historias desde la nueva dimensión que ahora ocupan. En
este grupo de relatos también destacan aquellos que están
narrados por seres que han regresado del más allá
(habitualmente en forma de fantasma, vampiro o révenant)
o por individuos que han perdido su entidad humana y se
han metamorfoseado en monstruos.

Darle voz al ser imposible supone una radical


transgresión de una de las convenciones tradicionales de lo
fantástico, porque «el otro, tanto histórica como ficcionalmente,
resulta afásico para los que lo juzgan a partir de la propia realidad»
(Campra, 1991: 59). La historia fantástica siempre nos ha
llegado desde la misma perspectiva: la voz humana, «la del
protagonista –víctima de esos indeseables encuentros con las
criaturas del otro lado- o la de un narrador externo y neutro, pero
que de todos modos se coloca en un espacio homogéneo al de la
humanidad, espacio metafórico al que pertenece también el lector»
(Campra, 1991: 57). La razón es muy sencilla: el ser fantástico
está más allá de lo real, más allá de lo humano, y por ello,
siempre ha sido la fuente del conflicto y del peligro. Su
perspectiva de los hechos no nos interesaba, puesto que en
quien nos reflejábamos era en el humano –el protagonista-
que sufría el acoso del ser imposible.

Los relatos a los que me refiero invierten radicalmente


esta situación. Y generan un un efecto impensable en otras
épocas: el Otro, mediante su discurso, nos hace cómplices de
24

sus experiencias y de sus sentimientos. Y eso lo humaniza,


atenuándose por ello su otredad. Aunque ello no implica que
el lector asuma la situación planteada en el relato como algo
normal, puesto que la presencia (la existencia) de ese ser
sigue siendo percibida como imposible, como algo que está
más allá de su concepción de lo real. Y, por eso mismo, la
comunicación con él no debería producirse. Pero ocurre,
añadiendo un grado más de imposibilidad –de fantasticidad-
al relato: «Un vampiro que nos cuenta su historia muestra la caída
de la frontera entre la vida y la muerte, pero la frontera sigue
existiendo, y esa abolición sigue siendo un escándalo racional,
porque el mundo que el texto ha erigido es –sigue siendo- un mundo
que responde al principio de no contradicción» (Campra, 1991:
71). Esa voz que viene del otro lado –y el hecho de que
nosotros podamos escucharla- subvierte los códigos que
hemos diseñado para pensar y comprender la realidad. De
ese modo, en este tipo de relatos lo imposible surge de la
propia emisión de la historia, que, al mismo tiempo,
convierte también la lectura en un acto fantástico.

4. Lo fantástico y el humor

Para acabar, quisiera detenerme en otro rasgo recurrente en


muchos de los autores actuales: la inesperada (y eficaz)
combinación de lo fantástico con la ironía y la parodia. Una
combinación que, a primera vista, no debería funcionar.

Como sabemos, lo fantástico se basa en la confrontación


entre lo real y lo imposible, y para que ello se produzca, las
historias se ambientan siempre en un mundo que funciona
como el del lector. Porque su objetivo esencial es subvertir su
concepción de lo real. Como resultado de todo este proceso,
25

el mundo en el que habita el personaje (y, por extensión, el


lector) deja de ser familiar y se convierte en algo
incomprensible y, como tal, amenazador. Ello provoca la
empatía, la adhesión emocional (e intelectual) del receptor
respecto a los personajes del relato, puesto que él siente
también que su propia idea de lo real es transgredida por el
fenómeno fantástico que irrumpe en el mundo de ficción.
Ahora bien, el humor descansa en un proceso inverso al
descrito: el que ríe necesita distanciarse del objeto de su risa
para poder reír. Es decir, necesita que se atenúe o incluso
desaparezca su adhesión emocional (su empatía) con el ser
que es objeto de su risa. Como dice Henri Bergson, para reír
es necesaria «una anestesia momentánea del corazón».

El humor negro demuestra la absoluta necesidad y eficacia


de ese distanciamiento, puesto que en él lo cómico se
combina con elementos propios de lo terrorífico, lo fantástico
o lo trágico para provocar la risa del receptor: gracias a la
distancia (intensificada por recursos como la hipérbole, la
incongruencia o la parodia), ciertos temas y argumentos que
suscitarían – contemplados desde otra perspectiva- terror,
piedad, lástima o emociones parecidas, generan un efecto
humorístico.

Por tanto, emplear el humor entraría (aparentemente) en


contradicción con los principales rasgos estructurales y
pragmáticos que definen lo fantástico: introducir esa
distancia frente a los hechos narrados haría desaparecer la
necesaria identificación que se establece en todo relato
fantástico entre el lector y el personaje, tanto en lo que se
refiere a la implicación emocional del primero, como a la
proyección de su concepto de realidad en el texto. De ese
26

modo, se establecería lo que podríamos denominar una


«distancia de seguridad» frente a lo imposible, que
desvirtuaría el posible efecto fantástico de la historia
narrada.

Pero eso no ocurre en los relatos a los que me estoy


refiriendo, como tampoco –por citar tres precedentes
ilustres- en algunas narraciones de Calvino, Monterroso o
Cortázar (sobre todo en sus Historias de cronopios y de famas).
Porque se trata de relatos que no están construidos para
provocar la carcajada, lo que supondría la anulación del
efecto fantástico en beneficio de lo cómico: la distancia
exigida para el humor anularía el efecto transgresor e
inquietante de esa historia imposible. Insisto en que lo
fantástico conlleva siempre una proyección hacia el mundo
del lector, pues exige una cooperación y, al mismo tiempo,
un envolvimiento de éste en el universo narrativo.

Ello explica que muchos de los nuevos autores fantásticos


recurran fundamentalmente a la ironía y a la parodia, y no a
la pura comicidad, puesto que son dos recursos humorísticos
cuyo objetivo es cuestionar el supuesto orden de las
convenciones en que se funda la realidad,4 un efecto que lo
fantástico también persigue, aunque, evidentemente, por
otras vías. Así, la combinación de lo fantástico con la ironía
y/o la parodia potencia el efecto distorsionador del relato, sin
que, por ello, los fenómenos narrados pierdan su condición

4 Como advierte Hutcheon (1988), el escepticismo general que caracteriza a la


Posmodernidad se traduce retóricamente en el recurso a la ironía, la parodia y el
juego, empleados para impugnar varios conceptos fundamentales: la autoridad de
las instituciones, la unidad del sujeto, y la coherencia y las fronteras entre
discursos, géneros, artes y disciplinas. Se plantea, así, una ruptura y contestación
frente a lo establecido.
27

de imposibles, puesto que tales recursos nunca se imponen


al objetivo central de lo fantástico: transgredir las
convicciones sobre lo real del lector, proyectadas en la ficción
del texto, y, con ello, provocar su inquietud. Inicialmente,
podemos sonreír ante la absurda idea de un mundo sin pollo
que se plantea en Venco a la molinera, así como ante la reacción
–a veces ridícula- del protagonista; pero es una sonrisa que
muere en los labios cuando comprendemos el desazonante
sentido de ese relato, cuando, inevitablemente, compartimos
con el personaje su inquietud ante la disolución de su
realidad. Porque es la nuestra. Como también podemos
sonreír ante las ingeniosas comparaciones de la pasajera de
autobús creada por Iwasaki, hasta que se hace evidente que
lo que ella está viendo no son seres humanos grotescamente
deformes, sino auténticos monstruos que acabarán
devorándola.

Pero la ironía y la parodia no sólo se emplean para potenciar


la distorsión de lo real. Con dichos recursos, además, estos
autores buscan nuevas vías de expresión para lo fantástico,
nuevas formas de llevar a cabo una (siempre) necesaria
actualización de sus motivos y convenciones. La historia de
lo fantástico es una historia marcada por la necesidad de
sorprender al receptor, lo que obliga a los creadores a afinar
el ingenio para dar con motivos y situaciones insólitos que
rompan las expectativas de éste. Si examinamos la historia
de lo fantástico, comprobaremos que su evolución ha estado
siempre marcada por dos aspectos que están íntimamente
relacionados: una progresiva e incesante intensificación de la
cotidianidad, unida a una constante búsqueda de nuevas
formas de comunicar, de objetivar lo imposible.
28

La ironía y la parodia son, por tanto, dos formas de dar


nueva vida a recursos, temas y tópicos sobreexplotados tanto
en la literatura como en el cine fantásticos. De ese modo,
motivos que tratados a la manera tradicional resultarían
desfasados o demasiado vistos (y, por ello, previsibles), son
renovados gracias al tratamiento irónico y/o paródico, sin
que, como decía antes, ello implique la pérdida de su
dimensión inquietante. Porque no son relatos humorísticos.

Así, por ejemplo, gracias al juego paródico


(necesariamente intertextual), muchos de estos relatos se
estructuran mediante un inteligente juego con los tópicos
destinado a trastocar las expectativas del lector suscitadas
por el conocimiento de tales tópicos. Eso es lo que sucede en
el excelente La mujer de blanco, de Iwasaki (en Ajuar funerario):

Cuando les conté que había visto a una señora vestida de blanco
vagando entre las lápidas, un helado silencio de almas en pena nos
sobrecogió. ¿Por qué seguían volviendo después de tantas
bendiciones, conjuros y exorcismos?
Después de todo la mujer de blanco era una aparición amable,
siempre con un ramo en los brazos y como flotando a través de la
niebla, pero igual nos abalanzamos sobre ella en cuanto pasó
delante de la cripta.
Nunca más regresó a dejar flores en el viejo cementerio.

Como vemos, lo que se anuncia en el tópico título es


convenientemente invertido en el texto, gracias al juego con
las expectativas del lector ante imágenes perfectamente
codificadas en la tradición fantástica, pues el verdadero
fenómeno imposible no está en la mujer del título, en esa
«señora vestida de blanco vagando entre las lápidas», en esa
29

«aparición amable (...) flotando a través de la niebla», como


Iwasaki pretende hacerle creer al lector. La inversión irónica,
el juego lúdico con los tópicos, la broma cruel de que es
objeto la pobre mujer a manos de los fantasmas, y, con ello,
la sorpresa divertida del lector, son factores que, como
resulta evidente, no anulan la dimensión ominosa de la
historia. Porque seguimos presenciando un acontecimiento
imposible (ahí está la esencia de este tipo de relatos). A lo que
hay que añadir otro aspecto fundamental que potencia la
fantasticidad de la historia, tal y como hemos visto en el
apartado anterior: la voz que narra está al Otro lado, es el
propio ser fantástico el que nos cuenta esa delirante
aventura. Una vuelta de tuerca más a lo imposible.

BIBLIOGRAFÍA

Bergson, Henri (2008): La risa: ensayo sobre la significación de lo


cómico, Alianza, Madrid.
Campra, Rosalba (1991): «Los silencios del texto en la literatura
fantástica», en Enriqueta Morillas Ventura (ed.), El relato
fantástico en España e Hispanoamérica, Sociedad Estatal Quinto
Centenario-Editorial Siruela, Madrid, pp. 49-73.
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fantástico», Insula, núm. 765, pp. 10-13.
Coates, P. (1988): The Double and the Other.. McMillan,
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Díez, Luis Mateo (1993): «El pozo», Los males menores,
Alfaguara, Madrid, p. 140.
Ferrando, Ignacio (2008): Sicilia, Invierno, J de J editores,
Madrid.
30

Hutcheon, Linda (1988): A Poetics of Postmodernism: History,


Theory and Fiction, Routledge, Londres.
Iwasaki, Fernando (2005): Ajuar funerario, Páginas de
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Muñoz Rengel, Juan Jacinto (ed.) (2009): Perturbaciones.
Antología del relato fantástico español actual, Salto de Página,
Madrid.
Muñoz Rengel, Juan Jacinto (2010): «La narrativa fantástica en
el siglo XXI», Insula, núm. 765, pp. 6-10.
Olgoso, Ángel. (2003): Cuentos de otro mundo, Dauro,
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Palma, Félix J. (1998): El vigilante de la salamandra, Pre-Textos,
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Paz Soldán, Edmundo (2009): «Del lenguaje figurado al
lenguaje literal: Ajuar funerario de Fernando Iwasaki»,
conferencia inédita pronunciada en el Curso de Verano La
descendencia de Poe: terror y literatura, Universidad
Complutense de Madrid, El Escorial.
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Rodríguez Hernández, Tahiche (2010): «La conspiración
fantástica: una aproximación lingüístico-cognitiva a la evolución
del género», Espéculo. Revista de Estudios Literarios. 43
[http://www.ucm.es/info/especulo/numero43/consfan.html]
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Vilella, Eduard (2007): Doble contra senzill. La incògnita del jo i
l’enigma de l’altre en la literatura, Pagès Editors, Lleida.
31

Un boomeran a través de la historia


reciente del ámbito fantástico en Chile
Por José Hernández Ibarra

Este artículo pretende entregar un brevísimo resumen del


desarrollo histórico de las agrupaciones nacionales que
abordaron la temática fantástica. La versión completa es
parte de un trabajo de investigación que espera ser publicado
a inicios del año 2018.

Desde el tercer lustro del siglo XXI hasta la antepenúltima


década del siglo XX

Hace algún tiempo, surgió un grupo de jóvenes estudiosos


del género fantástico. Esa agrupación tuvo gran impacto
dentro del mundo de la literatura fantástica chilena. Aquel
grupo referido es Fantasía Austral. Parte de esos jóvenes,
antes de unirse a la agrupación, habían emigrado desde un
portal que fue el centro de la actividad artística de la
literatura fantástica chilena, el cual para todos es un grato
recuerdo: Tau Zero, como portal de Ciencia Ficción y
Fantasía. Rodrigo Mundaca, quien inició este proyecto, lo
hizo con la intención de llevar un camino paralelo a un
fanzine muy conocido a fines del siglo XX. Ese fanzine es
Fobos (1997-1998), dirigido por Luis Saavedra, junto con la
ayuda de Pablo Castro y Soledad Veliz.

De este grupo de jóvenes, Luis Saavedra es el más conocido,


sobre todo por haber sido miembro de otra agrupación que
a mediados de los noventa realizó una serie de eventos
32

grandiosos en torno a la temática fantástica. En este caso,


durante los noventa, la narrativa gráfica - “el cómic” - pasaba
por un gran boom y la literatura fantástica, por otra parte, se
armaba de algunos hitos como Flores para un Cyborg de Diego
Muñoz Valenzuela, o La lanza rota de Alberto Rojas.
Quizás, para los más jóvenes, hablar de los Ficcionautas
Asociados es algo desconocido, puesto que no existe, en la
actualidad, una agrupación que le equivalga en actividades
y eventos. Integrados por el mencionado Luis Saavedra,
además de René Weber, Francisco Amores, Gabriel Huaman
y Roberto Alfaro, este último actualmente miembro de la
revista online “Los del Parque”.

Ficcionautas Asociados constituyeron un errático grupo


juvenil que, luego de muchas disputas, enojos y peleas,
terminaban juntando sus manos y organizando los eventos
más recordados en la década del noventa, quizás en modo
de recuperar el tiempo durante el cual la mayoría de sus
integrantes, por no decir todos, formaron parte de una
asociación de seguidores de lo fantástico, más literaria que
gráfica.

Los ficcionautas tenían en común haber pertenecido a otra


agrupación, aún mayor, pero sin tanta pirotecnia, como lo
era la Sociedad Chilena de Fantasía y Ciencia Ficción
(Sochif), más literaria y que significó entrar en contacto con
escritores y seguidores de la "Ciencia Ficción" que durante
los años ochenta estuvieron disgregados, no sólo por el clima
dictatorial, el aislamiento internacional, la censura de los
medios de comunicación, el apagón cultural y la vigilancia
de los servicios secretos; sino que también por el hecho de
que la Literatura Fantástica era insignificante para las
33

editoriales. La Sochif estaba dirigida por un hombre ya


avanzado en edad, Carlos Raúl Sepúlveda.

A su vez, retrocediendo en el tiempo, la Sochif surgió de una


división generacional de otro grupo aún más antiguo. La
división se produjo cuando los jóvenes que recién cumplían
veinte años a fines de los ochenta (Alfaro, Saavedra, Fyto
Manga, Weber), y otros que cumplían un poco más
(Sepúlveda, Moisés Hassón, Patricio Hashcke) pujaron por
separarse del núcleo anciano al que pertenecían. Aquella
agrupación, ya de un carácter senil a finales de los 80', era el
Club chileno -santiaguino, al menos- más antiguo conocido
dedicado a la Literatura Fantástica.
El Club de Lectura de Ciencia Ficción y Fantasía fue, hasta
la separación del futuro grupo Sochif, la única agrupación
conocida y dedicada al tema, teniendo como integrantes,
durante los primeros años, a los clásicos Hugo Correa, Elena
Aldunate, Antonio Montero. El grupo, fundado a mediados
de la década del 70' por los escritores mencionados -todos
premios Municipales de Literatura en Santiago- y por el
mayor coleccionista de literatura nacional, Roberto Pliscoff,
era dirigido por un conocido actor, Andrés Rojas-Murphy.

Todos los integrantes del club eran asiduos comunes a una


librería dedicada a la Literatura Policial, que tenía un
pequeño apartado para la literatura fantástica y de ciencia
ficción. Aquella librería, ubicada a mediados de los años 70'
en la calle Nueva York, se convirtió en el punto de encuentro
de estos escritores, de los cuales Hugo Correa era el más
conocido, por haber publicado, con la ayuda de Miguel
Arteche -Premio Nacional de Literatura 1996-, su obra Los
Altísimos y, posteriormente, por haber sido reconocido por
34

Ray Bradbury como uno de los mejores exponentes de la


ciencia ficción -entendiendo el uso antiguo del término- en
español. Tanto así, que, becado por la Universidad de
California, viajó a EEUU a formar parte de un curso de
especialización en literatura. Mientras tanto, en el Club,
Andrés Rojas Murphy se reunía con los integrantes regulares
del Club a comentar las novelas, cuentos, publicaciones y
fanzines que eran publicados en Santiago o que al menos
llegaban desde el exterior, generalmente desde Argentina.
Fue de esta manera como el grupo creció, incorporando a
personas de diferentes posiciones sociales y políticas (el
derechismo de Correa y el izquierdismo de Montero; la alta
alcurnia de Elena Aldunate y la sencillez de Carlos Raúl
Sepúlveda).

Las reuniones -en palabras de los más jóvenes- fueron


transformándose en reuniones de amigotes y celebración,
más que un trabajo de refinamiento literario. Esto condujo a
la generación joven del Club a buscar nuevos caminos, más
activos y literarios, que lograron establecer en la Sochif, sin
embargo, al igual que en el club, la brecha generacional entre
el grupo de los tradicionalistas (Carlos Raúl Sepúlveda, Juan
Manuel Silva, Juan Ricardo Muñoz, Patricio Haschke) con
los más "gráficos" provocó la necesidad de formar un nuevo
grupo, más activo, del cual surgirían entonces los futuros
Ficcionautas y así la línea de eventos consecutivos hasta la
formación de Fantasía Austral y su quiebre por parte del
movimiento ortodoxo liderado por Felipe Real que terminó
por liberarse de colaboradores menos teóricos, los cuales
formaron parte posteriormente del grupo Biblioteca
Chilenia. A su vez, la llegada Aldo Astete, luego de años de
35

estudios en el extranjero, permitió el surgimiento sólido de


Austrobórea Ediciones.

Actualmente, el fin de la era de "lo fantástico", con la


saturación comunicacional de historias de niños magos,
vampiros y zombies, ha generado el resurgimiento de lo
tecnológico, tanto por medio del steampunk como por la
"ciencia ficción dura" -tecnofuturismo, narrativa
ultrarrealista, realismo tecnológico-.

El devenir histórico de las agrupaciones de cultores del


género fantástico -si es que se le puede designar así - se
dispone a aprovechar la facilidad de masificación y,
esperemos, no dependamos de la mención en un programa
de televisión (caso Sergio Meier-Christian Warkern) para
que nuestros autores sean conocidos públicamente.

Esta ha sido una pincelada somera, superficial,


ultrarresumida de la investigación realizada en mi tesis
sobre literatura fantástica chilena. Este resumen pretende
servir a los que estén interesado en averiguar quiénes son
esos viejitos de barba, generalmente sentados en los asientos
traseros, que observan las presentaciones de libros de Martín
Muñoz Kaiser, Sascha Hanning, Francisco Ortega, José Luis
Flores, etc, apreciando, al menos durante sólo un momento,
la maravilla de asistir al lanzamiento de un libro, viendo en
los asientos vacíos, el espíritu de aquellos que no pudieron
hacerlo, de aquellos a quienes les costó una vida completa
editar y publicar el único libro de sus vidas, o incluso,
aquellos que se fueron de este mundo abrazados al sueño de
publicar sus obras.
36

LA CIENCIA FICCIÓN ESPAÑOLA


Por Mariano Villarreal

La literatura española de ciencia ficción es una perfecta


desconocida más allá de sus fronteras. En realidad, esta
afirmación resulta un tanto exagerada, por cuanto obras
españolas han sido exportadas con relativa frecuencia y
desigual éxito a diversos países iberoamericanos (y
viceversa) gracias al hecho de compartir un mismo idioma y
unos referentes culturales comunes. Sin embargo, en el
mercado anglosajón apenas podemos encontrar libros de
autores españoles, una situación que afortunadamente está
cambiando debido a la apertura hacia otras culturas que está
experimentando el género en Estados Unidos y otros países,
unido a las facilidades que brinda esa gran red social
mundial que es Internet.

Puedo afirmar de manera categórica y con abundancia de


ejemplos que la literatura española de ciencia ficción es una
narrativa rica y de gran interés también para un lector
anglosajón y/o de cualquier otro lugar del planeta, cuenta
con títulos de enorme calidad literaria y especulativa,
variedad temática, autores de renombre internacional y
clásicos propios. Históricamente ha mantenido una
evolución constante en busca de mayores cotas de
excelencia, profesionalidad y aceptación social, y hoy por
hoy puede decirse que, pese a la actual crisis económica, la
ciencia ficción ocupa una pequeña -aunque estable- cuota de
mercado dentro de la producción bibliográfica nacional.
37

No obstante, es cierto que la ciencia ficción no ha alcanzado


en España la popularidad y relevancia que goza en otros
países. Analizar las razones de este hecho conllevaría un
estudio detallado, aunque la mayoría de analistas señalan
razones de peso como la abrumadora importancia de la
novela realista, el tradicional descrédito de la crítica
especializada hacia los géneros en general y la influencia
represora de la dictadura de Franco. Con la apertura
democrática iniciada en 1975, la literatura fantástica y la
ciencia ficción de corte más literario experimentaron un
notable florecimiento, que se tradujo en un mayor interés
social, crítico y académico por las mismas. Se vivió entonces
una auténtica explosión de publicaciones, autores y obras,
ahora asentadas mayoritariamente en referentes autóctonos
tras muchos decenios de mimetismo extranjero, hasta
alcanzar lo que podríamos denominar “la Edad de Oro de la
ciencia ficción española” hacia finales de la década de los
noventa.

Sin embargo, esta burbuja –como tantas otras- se desinfló en


gran parte a comienzos del nuevo siglo por las limitaciones
intrínsecas del mercado español. Buena parte de los
escritores abandonaron el género o lo alternaron con otros
más comerciales como el juvenil, la novela histórica, la
fantasía o la literatura fantástica culta, con notable éxito de
lectores y premios. Una situación que se ha perpetuado hasta
el presente.

Hoy día en la ciencia ficción española conviven en plena


armonía reediciones de títulos de éxito, libros de escritores
jóvenes con ganas de reivindicar aspectos sociales o más
lúdicos, y nuevas obras de autores consagrados. Una
38

normalidad relativa en librerías, universidades, foros,


eventos y suplementos culturales, por cuanto el espacio
dedicado al género continúa siendo bastante reducido.

1.- Dos clásicos y diez autores

Al igual que no existe un consenso total (aunque sí grandes


apoyos) a la hora de situar a Frankenstein de Mary Shelley
como la primera novela de ciencia ficción de la historia,
tampoco encontramos en España una evidencia
incontestable que marque el inicio de la etapa moderna del
género. Para unos fue la aparición a finales de los setenta de
la mítica revista Nueva Dimensión, la cual, con sus 148
números repartidos en quince años presentó las excelencias
del género a un todavía ingenuo público lector, mientras que
para otros fue la publicación en 1984 del primer clásico
moderno: la novela “Lágrimas de luz” de Rafael Marín.
Esta obra, escrita en un depurado estilo lírico, tono
desencantado y atractivo trasfondo medievalizado de alta
tecnología, narra la vida del bardo Hamlet Evans, un
trovador contratado por una corporación económico-militar
para ensalzar las bondades de la conquista espacial y borrar
el recuerdo de sus desmanes y crímenes. La novela ocupa un
lugar de honor en la historia de la ciencia ficción española,
puesto que a sus incontestables virtudes literarias se une el
hecho de ser la primera obra que rompió su secular complejo
de inferioridad al proponer un relato con vocación universal.

Poco después, en 1988 y 1990 aparecieron las dos novelas que


consolidaron la definitiva madurez del género en España:
Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad, de Juan Miguel
Aguilera y Javier Redal, luego refundidas en un único texto:
39

Mundos en la eternidad (2001). Una epopeya de ciencia ficción


dura ambientada en el remoto futuro: Akasa-Puspa
(literalmente “la flor en el cielo”, en sánscrito) es un cúmulo
globular situado en uno de los brazos en espiral de la Vía
Láctea, cuya reducida distancia entre estrellas permite los
viajes estelares tripulados en rápidas naves de fusión del
Imperio o mediante los más lentos, aunque igualmente
efectivos veleros solares del régimen mercenario de la
Utsarpini o la casta religiosa de la Hermandad. En Akasa-
Puspa, los humanos coexisten con especies alienígenas como
los extremadamente belicosos angriffs, los enigmáticos
colmeneros, o los cofraditas -unas extrañas criaturas nido-.
Este vasto escenario cósmico se encuentra en permanente
conflicto y se suceden los descubrimientos científicos, el
comercio -a través de un ingenioso sistema de transporte que
emplea naves no tripuladas-, la disputa de intereses políticos
y económicos y diversas guerras. Estamos ante una novela
escrita con el máximo rigor científico y especulativo, donde
se dan cita las más modernas teorías sobre biología,
evolución, cosmología, escatología y un largo etcétera, y que
ha sido comparada con toda justicia con clásicos como La paja
en el ojo de dios de Larry Niven y Jerry Pournelle, o Mundo
anillo.
Dos auténticas obras maestras a la espera de un editor que se
atreva a traducirlas al inglés. Pero además de éstas, muchas
han sido las obras y los escritores que han aportado títulos
interesantes al género; por razones de espacio, nos
centraremos únicamente en diez:

Rafael Marín (Cádiz, 1959, profesor de inglés y traductor):


además de Lágrimas de luz, en su producción fantástica
destacan la trilogía de fantasía épica La leyenda del navegante
40

(1992), el homenaje a los cómics de superhéroes Mundo de


dioses (1997), el pastiche holmesiano Elemental, querido
Chaplin (2005), la ucronía medieval Juglar (2006, premio
Ignotus) protagonizada por el mayor héroe de la reconquista
española frente al dominio musulmán: Rodrigo Díaz de
Vivar “El Cid”; la espléndida historia de terror ambientada
en su ciudad natal La ciudad enmascarada (2011), la juvenil
Oceanum (2012, con Juan Miguel Aguilera) y, sobre todo, sus
excepcionales antologías de relatos: Unicornios sin cabeza
(1987) y Piel de fantasma (2010), entre otras, donde queda
reflejado su preocupación por el estilo, su empeño en la
utilización de referentes autóctonos y el desarrollo de
historias originales, sensibles y extraordinariamente
provocativas.

Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960, diseñador gráfico) y


Javier Redal (Valencia, 1952, profesor de ciencias): ya he
mencionado la importancia de las novelas Mundos en el
abismo e Hijos de la eternidad, luego llegarían otros títulos
ambientados en el mismo universo: En un vacío insondable
(1994, premio Ignotus), El refugio (1994, premio Ignotus),
Némesis (2011) y un puñado de relatos, historias magníficas
a la altura de la mejor ciencia ficción breve mundial, como la
novela corta El bosque de hielo (1996, premio Ignotus).
Aguilera continuó después una exitosa carrera en solitario
que le llevó a publicar libros en Francia e Italia, donde
cosechó importantes premios. Novelas como la excelente
ucronía medieval La locura de dios (1998, premio Ignotus) y la
magnífica Rihla (2004), que imagina un posible
descubrimiento de América por parte de los musulmanes, y
las menores El sueño de la razón (2006) y el thriller La red de
Indra (2009). Apasionado de la ciencia y las novelas de viajes,
41

sus novelas transmiten como pocas el sentido de la maravilla


tan característico de la ciencia ficción.

Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957, profesora de literatura


hispánica en la universidad de Innsbruck, Austria): es la
escritora más destacada que ha dado el género, conocida en
consecuencia como la dama de la ciencia ficción española. Su
antología Sagrada (1989) recoge su producción más relevante
de los años ochenta, y su novela corta de perfil antropológico
El mundo de Yarek (1995, premio UPC) supuso todo un hito.
Sin abandonar totalmente el género, posteriormente se
decantó por la vertiente más literaria del fantástico, con
títulos como El vuelo del hipogrifo (2002), El secreto del orfebre
(2003) y Corazón de tango (2007), el terror de El contrincante
(2007) y el juvenil de Cordeluna (2007) e Hijos del clan rojo
(2013). También ha publicado trabajos académicos sobre la
figura de Julio Cortázar.

César Mallorquí (Barcelona, 1953, escritor, publicista y


periodista): su antología El círculo de Jericó (1995) reúne un
puñado de relatos considerados entre los mejores que se han
escrito jamás en la ciencia ficción española, historias
excepcionales que obtuvieron numerosos premios y
reconocimientos. Su novela corta El coleccionista de sellos
(1996, premio UPC), ambientada en la Guerra Civil
Española, supuso un nuevo hito en la ciencia ficción
nacional. Mallorquí fue uno de los primeros en dar el salto a
la literatura juvenil con un ramillete de obras fantásticas que
merecieron los más importantes premios del sector: La
fraternidad de Eihwaz (1998), Las lágrimas de Shiva (2002), Leonís
(2011) o La isla de Bowen (2012), una apasionante aventura
42

escrita a la manera de Jules Verne y con homenajes explícitos


a obras de Arthur Conan Doyle.

Rodolfo Martínez (Candás, Asturias, 1965, programador


informático): es uno de los escritores más prolíficos, y
probablemente el autor que más premios y galardones de
género ha cosechado en España. Narrador de estilo
transparente y con una amplia voluntad por la
experimentación y el cambio de registro, posee obras
encuadrables en todos los géneros del fantástico; desde hace
unos años ha asumido también el papel de editor al frente
del sello Sportula. Entre sus obras más celebradas se
encuentran los cyberpunks La sonrisa del gato (1995) y El sueño
del rey rojo (2004), la ambiciosa space opera Tierra de nadie:
Jormungand (1996, premio Ignotus), la inclasificable Este
relámpago, esta locura (1999, premio Ignotus), el thriller El
abismo te devuelve la mirada (1999), la mitológica Sondela (2011)
y las obras de fantasía urbana Los sicarios del cielo (2005,
premio Minotauro) y Fieramente humano (2011, premio
Ignotus); ha escrito, además, varios pastiches holmesianos
de corte fantástico y una serie protagonizada por una especie
de James Bond de un universo alternativo donde rigen unas
reglas físicas especiales, que hasta el momento ha dado lugar
a dos novelas: El adepto de la reina (2009) y El jardín de la
memoria (2011). Su producción breve está recogida, entre
otras, en las antologías Callejones sin salida (2005), Laberinto de
espejos (2011) y Horizonte de sucesos (2011).

Javier Negrete (Madrid, 1964, profesor de griego): es uno de


los mejores estilistas del género, con un marcado gusto por
el clasicismo y la narración épica, que ha trasladado con
maestría a novelas como Las mirada de las furias (1997, premio
43

Ignotus), la ucronía Alejandro Magno y las águilas de Roma


(2007, premio Ignotus), en la que propone nada menos que
un enfrentamiento entre el mayor estratega de la historia y el
incipiente imperio romano; la trilogía de fantasía épica con
ecos de ciencia ficción La espada de fuego (2003, premio
Ignotus), la mitológica Señores del Olimpo (2006) y Atlántida
(2010). En la actualidad compagina la escritura de novelas
fantásticas con otras de temática histórica, en la que está
considerado un auténtico especialista.

Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1968, escritor):


su dedicación al cuento le ha reportado más de un centenar
de premios de carácter general desde comienzos de los
noventa; historias cotidianas narradas con un estilo elegante
en donde el absurdo y el humor terminan por imponer su
impronta. Su producción breve se encuentra recogida en las
colecciones El vigilante de la salamandra (1998), Métodos de
supervivencia (1999), Las interioridades (2002), Los arácnidos
(2004) y El menor espectáculo del mundo (2010). En 2008 alcanzó
la fama con su primera novela, El mapa del tiempo (premio
Ateneo de Sevilla), primera parte de su trilogía victoriana en
la que homenajea la obra de H.G. Wells y cuyos derechos han
sido vendidos a veintidós países; la segunda entrega fue El
mapa del cielo (2012) y se espera para 2013 la culminación de
la serie. También ha coordinado la antología Steampunk.
Antología retrofuturista (2012), que incluye algunos notables
relatos del subgénero.

León Arsenal (Madrid, 1960, escritor): es autor de una


antología imprescindible, Besos de alacrán (2000, premio
Ignotus), la novela de fantasía épica Máscaras de matar (2004,
premio Minotauro) y la ucronía africana Bula Matari (2000,
44

con José Miguel Pallarés), en la que un belicoso caudillo zulú


se enfrenta al todopoderoso imperio cartaginés. Después de
ello, prácticamente abandonó el género para dedicarse de
lleno a la novela histórica y el thriller.

Eduardo Vaquerizo (Madrid, 1967, ingeniero aeronáutico):


después de escribir en los noventa numerosos relatos y
algunas novelas cortas menores, en 2005 publica Danza de
Tinieblas, una brillante e imaginativa historia alternativa en
la que el imperio español forjado durante los siglos XVI y
XVII se perpetúa hasta el año 1927 donde tienen lugar los
hechos, y cuya segunda parte, Memoria de tinieblas (2013),
acaba de ser publicada recientemente. Además de ambas, es
autor de La última noche de Hipatia (2009), una bella y trágica
historia de amor a través del tiempo enmarcada en la
Alejandría de finales del siglo IV d.C. Vaquerizo es un
estilista capaz de desenvolverse con la misma eficacia en
distancias cortas y largas, en historias intimistas,
cyberpunks, surrealistas o de ciencia ficción dura.

Víctor Conde (Santa Cruz de Tenerife, 1973, programador de


sistemas): comenzó escribiendo Space Operas pulp hasta que
publicó la ambiciosa El tercer nombre del emperador (2002),
primera de sus obras pertenecientes a la saga del Multiverso.
Luego llegarían Mystes (2005) y Crónicas del Multiverso (2010,
premio Minotauro), así como las juveniles El dragón estelar
(2007), Heraldos de la luz (2010) y su continuación Heraldos del
bien y del mal (2012), el steampunk Los relojes de Alestes (2010),
la fantástica El teatro secreto (2008) y las novelas de terror
Naturaleza muerta (2009) e Hija de lobos (2011). En su estilo se
aprecia una marcada vocación por la aventura, la ciencia
ficción dura y la metafísica.
45

Otros escritores destacados son: Domingo Santos, pionero en


introducir la ciencia ficción en revistas y colecciones
especializadas, autor del clásico Gabriel (1962) que narra la
epopeya de un robot en busca de su identidad; Gabriel
Bermúdez Castillo, autor de clásicos como Viaje a un planeta
Wu-Wei (1976) y El señor de la rueda (1978); Miquel Barceló,
conocido responsable de colecciones especializadas e
impulsor del premio UPC, además de autor de la famosa
guía Ciencia ficción: guía de lectura (1990); José Antonio
Cotrina, autor de diversas obras fantásticas juveniles y
algunas meritorias novelas cortas cyberpunks, conocido
como el Neil Gaiman español; Ramón Muñoz, sin duda el
mejor estilista de narrativa breve; Ángel Torres Quesada,
autor de multitud de novelas pulp en los años 70 agrupadas
en su mayoría dentro de la serie del Orden Estelar; los muy
populares por sus escritos humorísticos Eduardo Gallego y
Guillem Sánchez; Manuel de Pedrolo, autor del conocido
bestseller postapocalíptico Mecanoscrito del segundo origen
(1984); José Carlos Somoza, Sergio Mars, Carlos Saiz
Cidoncha, Juan Carlos Planells, Armando Boix, Carlos F.
Castrosín, Daniel Mares, Santiago Eximeno, Juan Antonio
Fernández Madrigal, José Ignacio del Valle, Carlos Pavón,
Joaquín Revuelta, José Ramón Vázquez, Lola Robles y un
largo etcétera. Amén de algunas esporádicas incursiones en
el género de autores no habituales, como Torrente Ballester,
Tomás Salvador (autor del clásico La Nave, 1959), José María
Merino, Rosa Montero o Eduardo Mendoza.

2.- Mercado editorial

Según un reciente estudio, el número de títulos de ciencia


ficción publicados anualmente en España asciende a algo
46

más de doscientos, para una producción fantástica cifrada en


alrededor de un millar de libros diferentes. La mitad de ellos
fueron escritos originalmente en español, y el resto se trató
de traducciones procedentes en su mayoría de países
anglosajones; solo una cuarta parte fue directa al mercado
electrónico. Tres de cada cuatro títulos fueron obras inéditas,
la inmensa mayoría novelas en formato rústica, y sólo uno
de cada diez fue escrito por una mujer. En cuanto a
subgéneros, la temática estrella parece ser la Space Opera,
aunque también pueden encontrarse con asiduidad
distopías -principalmente juveniles-, ucronías, género bélico,
obras postapocalípticas, steampunk, cyberpunk, thrillers
futuristas, narraciones de viajes espaciales y en el tiempo, de
futuro próximo, sobre posthumanismo, manipulación
genética, clonación, virus mutantes, etcétera.
La actual crisis ha reducido las tiradas, aunque la tendencia
negativa venía observándose desde bastante tiempo atrás.
Así, si en los años setenta y ochenta era habitual encontrar
ediciones orientadas al gran público de diez mil ejemplares,
en los noventa se pasó a dos y tres mil –salvo para las obras
y escritores más comerciales, que podían alcanzar las cinco
mil-, y a principios del nuevo siglo la barrera descendió al
millar; actualmente los editores que facilitan información
sobre su producción sitúan la tirada media en unos
ochocientos ejemplares. Cifras discretas para un mercado
que no ha sabido explotar su potencial exportador a otros
cercanos como el europeo y el sudamericano.

Con estos datos en la mano es lógico que la inmensa mayoría


de escritores deba compaginar la escritura con otra actividad
económica principal. Algunos en el terreno del periodismo,
la enseñanza o, incluso, la traducción de obras de género,
47

que ha alcanzado un altísimo nivel debido a la exigencia


creciente del público lector (lo que, paradójicamente,
provoca que la lectura de obras en inglés sea relativamente
bajo, algo que está cambiando en los últimos tiempos).
En cuanto al sector editorial, se encuentra atomizado en una
treintena de sellos especializados y otros tantos que publican
títulos de género con relativa frecuencia. Sellos pequeños y
medianos como Alamut/Bibliópolis, Gigamesh, La Factoría
de Ideas, Valdemar, Sportula… que compiten con grandes
grupos editoriales que se interesan cíclicamente por el
género: R.B.A., Planeta (sellos Minotauro y Timun Mas),
Random House Mondadori, Ediciones B del Grupo Z,
Alianza, etc. Sin olvidar las ediciones amateurs, que ocupan
un estimable 15% de la producción total.

3.- Fandom

La principal asociación que aglutina a los aficionados


españoles es la Asociación Española de Fantasía, Ciencia
Ficción y Terror (AEFCFT), una organización sin ánimo de
lucro cuyo objetivo es la promoción de los citados géneros.
Nacida a principios de los noventa, entre sus actividades
principales se encuentra la celebración de una convención
anual (denominada HispaCon, de carácter itinerante por
diversas ciudades), la convocatoria de los premios Ignotus
concedidos a las mejores obras de género en diversas
categorías, la edición de libros, etc.
Al margen de la AEFCFT, diversos encuentros, jornadas y
tertulias se reparten a lo largo y ancho de la geografía
nacional. En los últimos años, dos eventos han marcado
distancias por su elevada asistencia de público, presencia de
escritores de talla internacional e impacto mediático: la
48

Semana Negra de Gijón, un acontecimiento lúdico-literario


dedicado, en principio, al género negro, pero que se ha
extendido a otros como la novela histórica y el género
fantástico, y que ha sido visitado por autores como George
R.R. Martin, Christopher Priest, Lois McMaster Bujold,
Robert Sheckley, Joe Haldeman, y un largo etcétera; y el
festival Celsius 232 (traslación a grados Celsius de Fahrenheit
451, claro homenaje a la novela homónima de Ray
Bradbury), inaugurado en 2012 y especializado en literatura
fantástica y de ciencia ficción, al que han acudido escritores
como el citado Martin, Joe Abercrombie, Steven Erikson,
Robert J. Sawyer y Jon Courtenay Grimwood, entre otros.

Las revistas especializadas y los fanzines jugaron un papel


fundamental en el desarrollo del género. Ya se ha
mencionado la mítica Nueva Dimensión (la más longeva, de
1968 a 1983, 148 números), a la que habría que añadir:
Anticipación (1967, 7 números), Géminis (1967-1968, 13
números), Kandama (1980-1984, 8 números), Tránsito (1982-
1993, 18 números), BEM (1990-2000, 75 números), Gigamesh
(1991-2007, 44 números), Cyber Fantasy (1992-1994, 6
números), Solaris (1999-2005, 27 números), 2001 (2001-2002,
7 números), Galaxia (2003-2005, 17 números), y un
innumerable etcétera. Cabe citar también las diversas
encarnaciones de la revista Asimov’s norteamericana,
publicada bajo licencia (cuatro ediciones: 1979-1981, 1986-
1987, 2002, 2003-2005, en total: 52 números), y muy
especialmente las antologías Artifex (1999-2009, cuatro
épocas, 21 números), impulsoras de una manera de entender
el género en la que ya no solo primaba la calidad
especulativa sino también la literaria.
49

Si bien a principios del nuevo siglo llegaron a coexistir hasta


cuatro publicaciones con distribución comercial -que no
realmente profesionales, porque era práctica poco habitual el
pago de derechos por la publicación de contenidos-,
actualmente no existe ninguna revista literaria en papel en
activo, aunque sí una dedicada al cine (Scifi World) y
algunos fanzines online fácilmente localizables en páginas
como la de la AEFCFT. En cuanto a webs, blogs y foros de
debate sobre el género, España se encuentra al mismo nivel
que cualquier otro país occidental, tanto en número como en
contenidos.

4.- Premios

Los galardones más importantes concedidos por votación


popular son los Ignotus de la AEFCFT, que premian las
mejores obras publicadas durante el año anterior, a imagen
y semejanza de los premios Hugo. Hasta el año 2012 eran
votados en exclusiva por sus socios e inscritos en la
HispaCon, aunque afortunadamente este año se ha creado
un censo abierto a cualquier interesado. En sus catorce
categorías encontramos dos de especial interés para el
aficionado angloparlante: Mejor Novela Extranjera y Mejor
Relato Extranjero, cuyo palmarés puede consultarse, entre
otros lugares, en la web The Locus Index to SF Awards.

El premio Ignotus.
El galardón más importante por dotación económica es el
Premio Internacional Minotauro de Ciencia Ficción y
Literatura Fantástica, concedido por la editorial homónima
perteneciente al poderoso grupo editorial Planeta. Nació en
1993, acepta únicamente novelas originales escritas en
50

español y posee una dotación actual de 10.000€ (que llegó a


ser de 18.000€ en las primeras ediciones). Otro premio
relevante, con dotación económica variable de alrededor de
600€, es el Domingo Santos; convocado por la organización
de la HispaCon, porta el nombre del pionero más destacado
de la ciencia ficción española y es concedido para relatos
cortos (1992-2011) y novelas cortas (a partir de 2012).

Pero los premios que mayor impulso han propiciado al


género en España han sido los otorgados por dos
universidades españolas. En primer lugar, el UPC de la
Universitat Politècnica de Catalunya es, sin duda, el que
goza de mayor proyección internacional, por cuanto acepta
novelas cortas exclusivamente de ciencia ficción escritas
originalmente en inglés, francés, español y catalán. Nació en
1991, está dotado con 6.000€ para el ganador y dos accésit
opcionales para el finalista y la mejor obra presentada por un
miembro de la propia UPC, y fue calificado por Brian W.
Aldiss como “el premio más importante de la ciencia ficción
de Europa”. En su veintena de ediciones (en 2010 pasó a ser
bienal) ha premiado obras que luego alcanzaron prestigio
internacional, como “Siete vistas de la garganta Olduvai” de
Mike Resnick (premio Hugo, Nebula e Ignotus en 1995, entre
otros), “Los viajeros del tiempo nunca mueren” de Jack
McDevitt (finalista del Hugo y Nebula en 1997) y otras de
autores tan diversos como Michael Bishop, Gregory Benford,
Robert J. Sawyer, Kristine K. Rush o Jerry Oltion. Para
facilitar su difusión y consulta, se adjuntan las bases del
premio correspondientes al expirado año 2012, similares a
las de la futura edición de 2014.
51

El segundo premio en importancia es el Alberto Magno


concedido por la Universidad del País Vasco a través de su
Facultad de Ciencias. Nació en 1989 –es, por tanto, el más
antiguo en activo en España-, está dotado con un primer
premio de 3.500€ y dos accésit de 1.500€ para el segundo
clasificado y la mejor obra presentada por un miembro de la
propia UPV y posee un sesgo claramente orientado hacia el
mundo científico. Acepta relatos largos inéditos escritos en
español o euskera.

Existen, además, otros premios interesantes como el Tristana


de Novela Fantástica concedido por el ayuntamiento de
Santander (4.000€), el Manuel de Pedrolo para novela en
catalán (3.000€), el Certamen Universitario de Relato Breve
Fantástico (dos premios de 1.400€ para relato en español y
euskera) y el Avalon de la Asociación Asturiana de Ciencia
Ficción (600€), entre otras muchas decenas más, cada cual
con su propia dotación económica y características.

5.- La ciencia ficción española en el mundo

A pesar de los esfuerzos, realizados generalmente a título


individual, pocas han sido las obras que han traspasado las
barreras nacionales y mucho menos gozado de traducción a
otros idiomas. Ciertamente, algunas editoriales españolas
cuentan con una limitada distribución en países de
Sudamérica, un puñado de títulos han sido reeditados allí a
nivel local y algunos escritores como Juan Miguel Aguilera
han publicado novelas en Francia e Italia con notable éxito.
Sin embargo, en el mercado anglosajón encontramos muy
pocos ejemplos de éxito.
52

El relato “El año que hicimos la transición” de Ricard de la Casa


y Pedro Jorge Romero, publicado en la importante antología
temática Cosmos Latinos: An Anthology of Science Fiction
from Latin America and Spain, fue finalista del premio
Sidewise en 2004. El thriller científico Zigzag del
hispanocubano José Carlos Somoza fue finalista del premio
John W. Campbell, Jr. en 2008. En 2012 fue traducido uno de
los clásicos españoles por antonomasia: El anacronópete
(1887) de Enrique Gaspar, que describe una máquina del
tiempo ocho años antes de que lo hiciera H.G. Wells en su
popular novela. Además, a lo largo del tiempo se han
publicado de forma esporádica algunos relatos en diversas
revistas norteamericanas (uno de los últimos, The First Day of
Eternity de Domingo Santos, fue publicado en el número de
enero-febrero de 2011 en Analog) y medios online, como
World SF.
Sin duda, el ejemplo actual más destacable es la trilogía
victoriana de Félix J. Palma. Los derechos de publicación de
la primera novela, El mapa del tiempo, han sido vendidos a
una veintena de países, entre los que cabe citar Estados
Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, Japón,
Holanda…, durante la primera semana de ventas se colocó
en la lista de más vendidos del New York Times y ha sido
finalista en varios premios literarios mundiales (entre otros,
el japonés Seiun). La segunda novela, El mapa del cielo, va
camino de repetir su éxito internacional, mientras se espera
con verdadera ansia la publicación de su tercera y definitiva
entrega.
Otra novela destacable, más por su autoría a cargo de una
importante escritora mainstream española como es Rosa
Montero que por sus virtudes intrínsecas, es Lágrimas de
lluvia [“Tears in the Rain”] (2011), claro homenaje a Do
53

Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick y su


adaptación cinematográfica Blade Runner de Ridley Scott.

Terra Nova es un intento más por dar a conocer la ciencia


ficción que actualmente se escribe en España y
Latinoamérica. Una antología que cuenta en su haber con un
equipo de profesionales comprometido con la idea de
potenciar una ciencia ficción contemporánea de calidad que
al mismo tiempo pueda ser comercialmente viable; una
decena de colaboradores entre coordinador, traductores
inglés-español y español-inglés, ilustrador, editor y
promoción internacional, además de los escritores,
lógicamente. El primer volumen en español se publicó de
manera simultánea en España (diciembre de 2012) y
Argentina (principios de 2013) y obtuvo un notable éxito de
crítica y ventas, medido en términos de small press. La
presente edición inglesa del libro incluye únicamente los
cinco relatos escritos originalmente en español, más una
novela corta de una escritora revelación. El segundo
volumen ya se encuentra ultimado, y se espera sea publicado
a finales de 2013.
Como he comentado al inicio de este artículo, la literatura
española de ciencia ficción es una narrativa rica y de
potencial interés para un lector anglosajón y/o de cualquier
otro lugar del planeta. En ella encontramos títulos de enorme
calidad literaria y especulativa, variedad temática, escritores
de renombre internacional y diversos clásicos; una pléyade
de obras y autores a la espera de una oportunidad para dar
a conocer su valía y ser disfrutados por el resto del mundo.

Espero y deseo que el granito de arena que supone Terra


Nova sirva a este loable propósito. La respuesta,
54

naturalmente, dependerá de la acogida de todos ustedes, los


lectores. Por adelantado, muchas gracias por su interés.
55

TESTIMONIO: Entre lo convencional y


la ficción
Fabián Cortez
Autor de Los Peregrinos (Simplemente Editores) y Requiem
para Tahinus (Editorial Puerto de Escape)

Hablar de uno mismo no siempre resulta tan fácil, porque se


tiende a buscar un punto de inflexión entre modestia y
vanidad; entre orgullo y sumisión, aunque con frecuencia
algunos terminan exagerando estos valores o sus opuestos.
Sócrates dijo: "El orgullo divide a los hombres, la humildad
los une" y en tal sentido, yo opto siempre por la unión.

Qué puedo decir, mis primeros pasos en el mundo de lo


fantástico los di en mi niñez, cuando acompañaba a mi padre
a esos boliches de intercambio de “novelas de a duro” allá en
los barrios de Recoleta, Santiago de Chile. Cómo olvidar ese
olor a añejo que despedían los millares de textos de bolsillo,
rancios y cuyas hojas hirsutas ya calificaban como papiros,
de romos ajados que poblaban los estantes de aquel recinto
en la avenida El Roble. Sus empastes exhibían ese arte de
paisajes cósmicos, donde prevalecía la indefensa heroína,
semidesnuda y a merced de un engendro; verdaderos
avatares de la cultura pulp.

Recuerdo que mi “viejo” era un amante de esas historias


fantásticas nacidas de la pluma de autores en su mayoría
españoles, de la década del setenta, que apostaban más a los
relatos en su mayoría inverosímiles que a la calidad literaria.
Aunque para un niño de mi edad resultaban atrapantes en
56

su trama, bueno así fue concebido el pulp. Por mis manos


desfilaron colecciones como: “Robot”, “La conquista del
espacio”, “Héroes del espacio”, “Luchadores del Espacio”,
etc. Recuerdo que una de las favoritas de mi progenitor fue
“La saga de los Aznar” de Pascual Enguídanos, quién usaba
el seudónimo George H. White.

Ya en mi adolescencia, fui incorporando a autores de mejor


estirpe. Mi favorito en aquel entonces fue Julio Verne,
precisamente por ser capaz de mirar más allá de lo que en su
época era posible imaginando ingenios y artilugios muy
adelantados para su tiempo, así como viajes a lugares
fabulosos como el centro de la Tierra o tan distantes como la
Luna y que en aquella época parecían imposibles. Con Isaac
Asimov y Philip K. Dick me introduje en el fascinante mundo
de la Inteligencia Artificial y la interrogante sobre la
convivencia entre el hombre y la máquina, o las distopías, de
futuros golpeados socialmente. Posteriormente con HG
Wells, Ray Bradbury y Arthur C. Clark me sumí en la
búsqueda de la vida en otros mundos y el contacto con
entidades de intelecto superior o las llamadas E.B.E.
(Entidades Biológicas Extraterrestres). Así la lista de autores
comenzó a crecer tanto en nombres como en diversidad de
temáticas.

Con el pasar de las décadas me enteré de la existencia de


plumas nacionales que se arriesgaron a incursionar en la
ciencia ficción y lo fantástico. Entre los más contemporáneos
cito a Elena Aldunate, Hugo Correa, Antonio Montero,
Héctor Pinochet Ciudad y Diego Muñoz Valenzuela, fui
incorporando a otros más recientes.
57

El talento de estos maestros de la fantasía y de las llamadas


novelas de anticipación especulativa o ciencia ficción me
inspiró, y fue entonces que di rienda suelta a la pluma y
comencé a borronear mis propias quimeras. Más tarde mi
círculo de amigos y familiares, así como aquellos que forman
parte de la red de contactos que uno logra acumular en una
vida, me sugirieron dar el salto a la publicación de alguna de
mis obras. Luego de darle vueltas al asunto finalmente
consideré que primero tenía que quitarle las aristas a mi
narrativa para hacer aflorar la calidad literaria. Fue entonces
que conocí a Diego Muñoz Valenzuela por allá por el año
2008 o 2009, no lo recuerdo bien, pero de lo que sí tengo
certeza, es que nos une una gran amistad. Reconozco que los
primeros meses fueron como los del infante que a tropiezos
y despeñadas logra dar sus primeros pasos, así mis escritos
fueron sometidos a la ardua crítica de los colegas talleristas
y del propio maestro. A punta de lápiz fui adquiriendo la
experiencia necesaria hasta ganarme el reconocimiento de
mis pares y de maese Diego. No fue fácil y hoy medito en
que valió la pena, aunque el aprendizaje no termina, pues
soy apenas un novicio en este noble arte.
El rigor de ese obraje me permitió publicar el año 2012 con
Simplemente Editores Editorial, mi ópera prima de ciencia
ficción: “Los Peregrinos”. Se me vienen a la memoria las
palabras expresadas por Fernando Jerez durante su
lanzamiento en la 32° versión de FILSA: "…me he sumado a
este acontecimiento de la aparición del primer libro de
Fabián Cortez González. A celebrar su condena, porque de
ahora en adelante estoy seguro que no parará más, y nos
seguirá entregando nuevos libros, y se consolidará como
escritor. El sueño del hombre por averiguar el infinito y
superar las leyes del orden natural, para entender algo más
58

de dónde viene el mundo y hacia dónde va, se aprecia con


singular fuerza en los escritores de literatura fantástica, de
aventuras de ciencia ficción..., queda de manifiesto que
nuestra realidad, la realidad que vivimos en la tierra, no es
suficiente ni debe aceptarse como el único mundo posible."
Debo recalcar que aquella fue una experiencia dividida entre
la emoción del escritor novel y el estrés que la severidad del
programa de Feria Internacinacional del Libro de Santiago
impone a las editoriales independientes. Lo destacable de esa
jornada fue contar con la presencia de dos escritores del
mundo literario tradicional que aceptaron el desafío de
presentar una novela de ciencia ficción. Tal fue el caso de
Fernando Jerez y Diego Muñoz Valenzuela, que si bien ha
publicado una trilogía que tuvo su génesis en Flores para un
ciborg; él, más bien, se ha enfocado en temáticas algo alejadas
de lo fantástico. Y como broche de oro, moderó aquella
presentación el también prosista Max Valdez. Aquello fue,
diría yo, un acontecimiento peculiar y por ello me siento
afortunado.
Tras el lanzamiento de Los Peregrinos fui gentilmente
invitado a integrar las filas de la Corporación Letras de Chile,
con quienes comencé a participar en los programas de
lectura en aulas, donde tuve el honor de compartir con
autores de renombre, artesanos de la palabra con vasta
experiencia y reconocimiento que buscaban fomentar la
lectura en los jóvenes. Recientemente me integré además a la
Corporación Tinta Negra que agrupa a autores
principalmente de la quinta región.

Para referirme a Los Peregrinos citaré las palabras de Diego


Muñoz, quién la tildó como: “…una ficción con pulso,
seductora por la profundidad del mundo que describe desde
59

miradas tecnológicas y culturales. La acción alcanza por


momentos un vértigo extremo, deseado por un lector del
género. Los elementos antes mencionados, matizados con el
ejercicio de la fantasía maravillosa y la ansiosa búsqueda del
amor, enriquecen la historia, dotándola de una multiplicidad
de ángulos atractivos. Muchas interrogantes plantea a sus
lectores esta novela.”
Debo recalcar que Fernando Jerez fue acertado en su
vaticinio, pues en Julio del 2015 publiqué mi segundo libro
titulado: Réquiem para Tahínus, esta vez bajo el alero de
Puerto de Escape y que fue lanzada en el Centro Cultural de
España y presentada por Diego Muñoz y Marcelo Novoa. Es
una obra que el autor Mario Bustos Ponce catalogó como:
“…una novela corta que, en principio, pareciera encuadrarse
de lleno en el género fantástico, por cuanto nos presenta
personajes, razas y mundos absolutamente alejados de los
contextos y ambientaciones tradicionalmente aceptadas
como “verosímiles””. El mismo Diego la citó como: “…una
ficción construida con excelente pulso narrativo. Nos llevará
a un mundo desconocido, aunque posible y verosímil desde
la visión del narrador que nos convence de ellos. Será una
lectura provechosa de la que saldrán enriquecidos y
gratificados, sean o no asiduos a la ciencia ficción. La trama
no es ajena al amor, a la lucha por la libertad, a la anticipación
tecnológica, ni al ritmo de una aventura tipo thriller. Su
fantasía nos alejará de la realidad, mas pronto nos retornará
a ella a través de la reflexión que genera, conducidos por la
ágil pluma de Fabián Cortez”.

Me halaga enterarme que ambas novelas tienen sus adeptos,


haber seguido los consejos del mi mentor me ha permitido
escribir de ciencia ficción y fantasía con una narrativa que
60

motiva al lector a dejarse atrapar por la trama, entregarse a


las vivencias de sus personajes e ir en la búsqueda de la
verdad junto a ellos. Cautivados ya sea por el misterio, la
aventura, el amor, la adrenalina o el sentimiento de lo
fantástico o la anticipación presente en ella.

Bueno, quienes nos atrevemos a ver más allá de lo que las


leyes de la física dictaminan, somos tildados de ilusos, pero
créanme cuando les digo que no es fácil para nosotros
construir historias que desafíen la imaginación y hacerlas
creíbles, respetando la verosimilitud en todo su contexto. No
se trata de escribir de cualquier cosa fantástica por el sólo
hecho de hacerlo. No. Buscamos explorar aquellos nichos
que permiten abrir puertas al debate sobre temas no
cotidianos, aquellos donde la filosofía deja planteadas las
preguntas y nosotros las abordamos proponiendo posibles
respuestas. Donde la ciencia oficial se ve limitada por el
método científico y sólo se anima a proponer hipótesis para
la posible explicación de los hechos, cuanta más información
se recopila, pasan a convertirse en teorías, leyes y axiomas.
¿Cuáles son esas preguntas?, pues aquellas relacionadas con
el origen de la especie, su evolución, su forma de pensar, su
destino, su naturaleza, sobre su relación con las máquinas o
la inteligencia artificial que es obra de su propia mano, acerca
de aquellos mundos paralelos y seres extraordinarios que el
imaginario colectivo encierra en lo que comúnmente
llamamos mitos. Sobre el origen de la vida y su
diversificación tanto en nuestro mundo como fuera de él.
Respecto de la inteligencia, aquel factor que la biología no
considera preponderante en la evolución de las especies y
que podría hasta ser tildado de un hecho fortuito o producto
de la mano divina. Acerca de otras entidades de intelecto
61

superior, que si han influenciado o no nuestra propia


evolución como especie. En fin.

Quisiera citar ciertas teorías del ámbito de la psicología y la


antropología que señalan que la inteligencia del hombre o,
dicho de otra forma, el momento en el que el hombre se
diferenció de los animales fue cuando comenzó a soñar.
Cuando su mente imaginó la existencia de una vida más allá
de la muerte desencadenando así el desarrollo de la
imaginación que es la cuna de la creatividad: la característica
que ha impulsado a nuestra especie a desafiar a la
adversidad, a las fuerzas de la naturaleza y por qué no
decirlo, incluso a Dios, tal como hizo Prometeo al robar el
fuego a las divinidades olímpicas. Podría llenar líneas y
líneas con frases célebres de sabios, científicos, filósofos,
poetas y hasta hombres y mujeres destacados en la historia
humana que nos repiten una y otra vez que, "toda gran obra
del género humano nació de un sueño, de una idea que el
común de la gente tildó de desequilibrada".
En ese plan estoy yo, decidido a perseverar para que la
retórica fantástica ocupe finalmente un lugar de privilegio en
el concierto literario nacional.
62

TESTIMONIO: “Crónica de una


cosmicrónica anunciada”
Por Víctor Vargas Aguilera. Autor de Cosmicrónicas: Viaje al
Fondo del Tiempo (Puerto de Escape, 2012) y Cosmicrónicas:
Huellas del Futuro (Puerto de Escape, 2016).

En primer lugar, agradezco la invitación de “Fantástica


Chile” para que yo hablara sobre cómo me convertí en
novelista de ciencia ficción. Al mismo tiempo pido disculpas
por mi poco poder de síntesis, mas no puedo ocultar detalles
que fueron imprescindibles en mi, hasta ahora, joven carrera
en las letras.

Es loco, pero, aunque muy pocos me crean, siempre supe que


sería escritor. Al menos ya lo tenía claro cuando tenía
alrededor de 8 años. Ya en esa época inventaba cuentos de
una o dos páginas de extensión que se los leía a mis
familiares y también a mis compañeros de escuela. La
principal particularidad de esos relatos era que siempre me
ponía como protagonista, y no importando los peligros a los
que me debía enfrentar en mi imaginación, siempre salía
airoso y sobrevivía… Claro, la misma suerte no corría el resto
de mis personajes que morían en el camino… ¡Ahora
entiendo por qué todos se reían cuando escuchaban o leían
esas tonteras!

Como todo niño de los años 90’, mi infancia estuvo


fuertemente influenciada por las caricaturas de los canales
de señal abierta, prácticamente pasaba pegado al televisor
63

cuando no estaba en la escuela. De aquella etapa la serie que


más me marcó fue “La Máquina del Tiempo”, que la daban
dentro del programa infantil Pipiripao de UCV TV. Pese a que
ese canal se veía horrible en la televisión análoga, no me
perdía ningún capítulo de esa historia que trataba de cómo
una niña, su amigo y un loro buscaban afanosamente a su
abuelo perdido en el tiempo. Pero quienes se robaban la
historia, definitivamente, eran la malévola Ratavari y sus
tontos secuaces que me hacían reír bastante con sus
particulares artefactos espacio-temporales y con sus
evidentes torpezas… Creo que, a partir de ese momento,
entendí que esa sabrosa mezcla entre la ciencia ficción y el
humor eran la clave para crear un buen relato, ameno e
interesante.

Quizás fue esa misma razón la que me hizo convertirme en


gran fanático del programa infantil: “El Mundo del Profesor
Rossa”. Si bien me fascinaban los videos y enseñanzas del
profesor acerca de la madre naturaleza, lo que más ansiaba
ver cada sábado por Canal 13, eran las travesuras de Guru-
Guru y su eterno partner, Don Carter. El “pajarraco”
encarnaba aquel niño que le gustaba ir más allá de lo
permitido para satisfacer sus necesidades exploratorias
(amor por el conocimiento prohibido), no importando si, de
paso, provocaba un gran lio. Pero para eso tenía a Don
Carter, quien, como fiel amigo, le cuidaba su espalda para no
ser castigado por el profesor. En esas aventuras encontraron,
dentro de la casona donde vivía Guru-Guru y su padre
humano, una “Puerta Mágica” que les permitía ir a cualquier
lugar y a cualquier época. Para ello solo tenían que dejar bien
establecidas las coordenadas girando unas perillas. El pasar
de un mundo a otro tan solo cruzando la Puerta Mágica, fue
64

algo que quedó grabado a fuego dentro de mi inquieto


corazón fantástico… Siempre soñé con tener una similar en
mi casa… Con el tiempo entendí que aquella puerta, era en
realidad un “stargate” o portal estelar, verdadero atajo entre
dos puntos equidistantes dentro del Multiverso.

Pero, mi primera serie animada de culto, aquella que me


movió a ser un investigador de enigmas, fue “Las
Misteriosas Ciudades de Oro”, que las daban justo después
del Profesor Rossa: Esteban, un niño español que llegó a la
recién “redescubierta” América (viajando como polizón en
un barco de madera), se hizo amigo de pequeños aborígenes.
Junto a ellos fue viajando por distintos puntos del continente
y descubriendo antiguos y tecnológicos aparatos dorados
olvidados por una poderosa nación que se hundió miles de
años atrás en el mar (¿Atlántida? ¿Mu? ¿Lemuria?). Si bien
entendía que eran dibujos animados, siempre supe que el
autor de la historia manejaba cierto nivel de información que
el resto de las personas desconocía. Para mí, esta gran
porción de tierra esconde grandes misterios y por ella han
pasado poderosas civilizaciones con tecnología más
avanzada que la nuestra…

Con eso en mente (la Atlántida), y siguiendo el formato de la


saga de “El Señor de los Anillos” comencé a escribir mi
primera novela mientras estudiaba Periodismo en la
Universidad de Playa Ancha. La titulé “Trularia, el reino
olvidado”, y es la crónica de uno de los diez hipotéticos
reinos que tuvo la Atlántida antes de su desaparición dentro
del océano que hoy lleva su nombre. Cuando llevaba más de
200 páginas escritas paré en seco para poder hacer mi tesis
de grado, pero no volví a redactar una sola palabra más
65

debido a que tenía otra historia en mente y porque me había


enterado de algunas cosas del continente perdido que me
obligarían a cambiar dramáticamente todos los capítulos
redactados… De todas maneras, pienso retomar ese proyecto
una vez que culmine mi actual proyecto.

Ya en el año 2007, con 23 años en el cuerpo y recién titulado,


busqué afanosamente mi primer empleo. Como toda mi vida
había permanecido en mi ciudad natal, Valparaíso, casi no
tenía contactos en Santiago que me ayudaran a ingresar en el
mundo laboral, así que le hice caso a mi tía Mila que vive en
Casablanca y fui a golpear la puerta de la única emisora
comercial del pueblo que había en ese entonces. Con el
tiempo me contrataron en el periódico del mismo dueño y
como viajaba todos los días para allá y tenía poco tiempo
disponible para estar en Valparaíso, decidí integrarme a un
taller literario local para ver si me ayudaban a enfocar una
nueva y larga historia que contar, esta vez con un final
definitivo.

Sinceramente, cuando escribí las primeras líneas no sabía


bien cuál sería el tema principal ni los protagonistas.
Prácticamente la historia se fue haciendo sola a medida que
presentaba uno a uno los capítulos, de tres páginas cada uno,
al resto de mis compañeros del taller que reían a carcajadas
con las desventuras de tres mayas, un flaite5 chileno y su
perro. En un principio quería hacer una breve serie de
televisión, pero como me fui entusiasmando cada día más en
lo que mi lápiz grababa sobre el papel, le fui agregando más
y más detalles que me obligaron a escribir más y más

5
Nombre que se le da a los jóvenes marginales o con bajo nivel educacional, frecuentemente
asociados a delitos, bajo mundo o conductas violentas.
66

capítulos. Lo único de lo que estaba seguro era que los


personajes debían rescatar unas gemas sagradas antes del fin
de los tiempos. De ahí que en un primer momento lo bauticé
“Antes del Fin”.

Por aquel entonces, ya libre de trabas académicas que me


quitaban tiempo para leer libros de mi gusto y ver series y
películas que hablaran sobre los viajes en el tiempo y
universos paralelos, me volqué a consumir historias
cautivantes como “Stargate SG-1”, “Stargate Atlantis”,
“Stargate Universe”, “Battlestar Galáctica”, “Caprica”,
“Surface” y “Fringe” por nombrar algunas (“Lost” y “X-
files” ya las había visto con anterioridad). Con eso, más los
temas que semanalmente investigaba para mi blog de ese
entonces (“The Sniper Chile”), que trataban de ovnis,
extraterrestres y extraños fenómenos, tomé el material
necesario para seguir construyendo mi primera novela que
pude dar término recién a mediados de 2011.

Capítulo aparte merece ese período de mi vida que va desde


2010 hasta 2012 donde me enfrenté a varias penurias y
problemas económicos que me mantuvieron deprimido. Mi
única vía de escape fue el ardiente deseo ver concretada mi
primera novela. No sabía si lo iba a conseguir o no (el
dinero), ni menos imaginaba qué tanto éxito pudiera lograr,
pero mi principal motivación simplemente fue el pensar que
algún día, cuando estuviese publicada mi novela, alguien
desconocido(a) me dijera que le gustó lo que escribí. Ése sería
el mayor premio para mí después de tanto sacrificio…

Fue así que, a mediados de 2012, se alinearon los planetas y


los números me comenzaron a sonreír. En esa fecha me
67

contrataron desde el diario El Mercurio de Santiago para que


fuera el “guía” del canal “Ovnis” de la Guioteca.com, una
página web de expertos en diferentes temáticas que, semana
a semana, publicaban reportajes de gran interés para los
internautas. Gracias al dinero que me reportaron notas como
“Los tres días de Oscuridad” y “Las 7 Razas de
extraterrestres que visitarían la Tierra”, junté los recursos
monetarios necesarios para publicar mi historia el 19 de
diciembre de 2012, con la ayuda de la editorial porteña
“Puerto de Escape”.

En conversación con su editor, Marcelo Novoa, le cambié el


nombre, y le puse “Viaje al Fondo del Tiempo” y la futura
trilogía pasó a llamarse “Cosmicrónicas”.

Hoy puedo decir con orgullo que muchas personas que no


me conocían previamente me han dicho que les encantó mi
libro, que le gustaron los múltiples temas misteriosos que
abordé y que se rieron a mandíbula batiente. Finalmente, mi
anhelo se había cumplido… ¡y yo que lo veía tan lejano!

Lo que me ocurrió mientras escribía la segunda parte de la


saga (que denominé “Cosmicrónicas: Huellas del Futuro”),
fue algo que me cambió la vida, al menos mi forma de mirar
las cosas, pero de eso hablaré en mis futuras charlas. De
momento, los dejo invitados para conocer esta nueva
historia, publicada el 16 de junio de 2016, a través del blog
oficial: cosmicronicas2.blogspot.com.

Ahora bien, como les tengo cariño a los lectores de


“Fantástica Chile”, solo les puedo adelantar que me llegó
información privilegiada sobre los viajes en el tiempo, la cual
68

inserté dentro de algunos capítulos de Huellas del Futuro.


Los que no leyeron la primera parte, no se preocupen, todo
ocurre en un universo paralelo… Saludos y espero que mis
narraciones sean de su agrado.
69

TESTIMONIO: Leon de Montecristo y


sus libros
León de Montecristo
Autor de El Último Rey (Editorial Minotauro)

Mirando hacia atrás —desenterrando recuerdos erráticos y


nebulosos que se mezclan como fósiles en las rocas— ante la
pregunta: ¿cómo ha llevado la creación de sus obras
fantásticas y cómo surgió su interés por el género?, me
parece difícil dar con una única respuesta. Habitualmente
contesto que, en algún momento, durante mis últimos años
en el colegio, la lectura (y el goce que me significó) de las
“Crónicas de Narnia”, de C. S. Lewis, me ayudaron a
descubrir las múltiples posibilidades de los universos
fantásticos al momento de escribir. Eso es verdad en cierto
sentido; fue una época especialmente mágica para mí como
lector y como creador literario. Desde luego, dicha respuesta
induce a un doble error: que algunos lectores que no conocen
mi obra han creído que escribo como Lewis (y mi prosa no
puede estar más alejada de un autor como de la suya) o que
juzguen que sólo a partir de ese momento quise escribir,
siendo que es una inclinación que he manifestado desde que
tengo uso de memoria, incluso antes de usar las palabras
cuando, siendo un niño, utilizaba el lenguaje más primitivo
de todos: el dibujo.
No es antojadizo que, en mi caso al menos, infancia, fantasía
y literatura estén ligados. Mis primeros intentos literarios
pretendían imitar los atlas ilustrados de dinosaurios que
devoraba por montones siendo niño (una pasión que, lejos
de menguar, ha crecido con los años), y mi juego favorito era
70

imaginar que tenía una máquina del tiempo, con la que


viajaba a la época pretérita en que habitaron esas criaturas
maravillosas y también a edades en que la Antigua Roma,
los caballeros medievales o los robots del futuro eran
posibles; en consecuencia, con el correr de los años los
siguientes libros que escribí abordaron precisamente esas
temáticas.

Sí, hubo un antes y un después en mi carrera literaria a partir


de las “Crónicas de Narnia”, pues ese libro me mostró, de
manera consciente, que existía la fantasía como género y que
bajo su alero podía descubrir a algunos de los mejores
autores de todos los tiempos. Recuerdo con claridad cuando,
enamorado como un quinceañero, me dije: “¡Este es! ¡Este es
el camino que estaba buscando!”. Tenía entonces dieciséis o
diecisiete años. Pero la génesis es muy anterior, pues hoy me
doy cuenta que mis presentes intentos literarios,
inconscientemente, han sido un permanente regreso a mis
juegos de infancia.
La literatura es mi nueva máquina del tiempo.
Habiendo tomado esa decisión tan fundamental —y en cierto
modo radical, habida cuenta de lo que en nuestro país se
considera “buena literatura”—, lo lógico fue que quisiera
escribir mi propia historia fantástica, y la comencé con esa
pasión inocente y optimista que solo se tiene en la juventud;
sabía tan poco de fantasía, que creía estar explorando
territorios ignotos. La lectura de nuevas obras del género me
ayudó a crecer como escritor —o eso quiero pensar—, y lo
que no pasaba de ser una mera autobiografía con aventuras
mágicas seudomedievales pronto cobró vida propia. Tardé
casi veinte años en terminarla y publicarla, motivado por la
inseguridad y por un ánimo perfeccionista que, al menos en
71

lo literario, me persigue hasta el presente y que tiene


características francamente obsesivas. Todavía leo “El último
rey” y creo que tiene muchas cosas que podrían mejorar,
pero si sigo pensando en ellas no podré visitar los otros
mundos que tengo programados en mi máquina viajera.

Escribir durante veinte años una misma obra es una locura.


Algunos de mis más apasionados lectores no tienen aún esa
edad. Pero siento que, de tanto escribir y corregir, logré
encontrar una voz propia. Jamás negaré que Tolkien es una
de mis mayores influencias literarias, pero aprendí de él
tanto como de Lovecraft, Williams, Bradbury o Asimov —
mis abiertamente confesos autores de cabecera—, todos ellos
de estilos disímiles entre sí, y de lecturas más recientes estoy
aprendiendo de Martin, Rothfuss y Hobb. El resultado no es
un sincretismo entre todos ellos sino un gusto particular por
ciertas formas literarias, por una específica estructura de los
capítulos, por las imágenes cinematográficas que voy
plasmando en letras o por el manejo del tempo y de los giros
argumentales que, creo y espero, tienen mis novelas. Es
habitual que un autor, sobre todo uno novel, afirme que
escribe el libro que siempre quiso leer; en mi caso, no puede
ser más cierto.

El fruto de tantos años de escritura no fue mi primera novela


publicada, sino el recibimiento que esta tuvo por parte de los
lectores. Siempre soñé ver “El último rey” en la vitrina de
una librería, pero ni en mis mejores sueños imaginé que
tendría la acogida que tuvo. Espontáneas muestras de apoyo,
cariño y agradecimiento, comentarios y opiniones
expresadas con igual entusiasmo que los que yo mismo
emito por los libros que me gustan. Para uno como escritor
72

es difícil pensar en un mejor premio. Los lectores, al fin y al


cabo, son los auténticos motores de esta gran máquina de la
felicidad que es la literatura.
Eso es lo que puedo decir de mirar hacia atrás, ante la
pregunta: cómo he llevado la creación de mis obras
fantásticas y cómo surgió mi interés por el género.
Mirar hacia adelante ya es otra cosa.
73

Entrevista a Omar Vega Canales,


especialista en literatura de ciencia
ficción chilena
Entrevista realizada por José Hernández

¿Por qué sigue escribiendo si no ha tenido el éxito de otros


próceres nacionales de la escritura?

Pues, porque me gusta escribir y lo seguiré haciendo hasta


que estire la pata.

¿Qué es la ciencia ficción? (en sus palabras)? ¿Existe tal


concepto?

Claro que existe el concepto. Lo formuló Hugo Gernsback


cuando la creó:
By 'scientifiction' I mean the Jules Verne, H. G. Wells and Edgar
Allan Poe type of story—a charming romance intermingled with
scientific fact and prophetic vision.
Por “cientificción” quiero decir el tipo de historias de Julio
Verne, H.G. Wells y Edgar Allan Poe – un romance
encantador entrelazado con hechos científicos y visión
profética. (en aquella época la palabra romance quería decir
“aventura”).

Vale decir, Gernsback definió la ciencia ficción como ficción


basada en hechos científicos y orientada a la predicción del
futuro. Lo que hoy se conoce como la “anticipación”.
74

Por supuesto que la era del New Age, de los hippies y punks
distorsionó esta idea. Al parecer, como no vendían mucho
con su literatura aburrida les surgió la idea de tomar por
asalto un género que si vendía. Como excusa, hablaron de
ampliar el género y de darle más categoría. De hacerlo más
literario. Para mí ese fue un intento inútil, pues, como yo lo
veo, la ciencia ficción es la traducción literaria de la
especulación científica, para lo cual primero se debe saber de
ciencias. Muchos autores de ciencia ficción “artística” hacen
el ridículo con sus obras que emanan ignorancia. Al menos,
Ray Bradbury se tomaba a broma su falta de formación, pues
si bien sabía que poco de lo que escribía tenía sentido
científico, al menos él era lo suficiente simpático para
admitirlo en público, al punto que todos le querían por eso,
particularmente los ingenieros y científicos de NASA.
En todo caso, de gustos hay para todos, y mucha literatura
que se vende bajo la etiqueta de “ciencia ficción” tiene poco
o nada que ver con la intención de sus fundadores. En todo
caso, de vez en cuando salen a la luz obras de ciencia ficción
pura y dura que mantienen la tradición que viene desde
Shelley, Verne y Wells. Por ejemplo, las películas “2001:
odisea espacial”, “Jurasic Park” y “El marciano”, la novela
“La esfera” y las series “Marte Rojo, Verde y Azul” son
ejemplos de esta larga tradición de ciencia ficción
“científica”, que es la que yo prefiero.

¿Qué elementos lo diferencian de la fantasía?

La fantasía tiene una larga y respetable tradición literaria,


que hunde sus raíces incluso antes de la escritura, cuando se
transmitían cuentos de manera oral, repitiéndolos de
75

generación en generación. El contar historias asombrosas


servía al hombre antiguo para entretenerse en las noches de
invierno, y para entretener a los asombrados niños de
tiempos remotos.
La fantasía se basa principalmente en la magia, los hechizos
y los seres sobrenaturales. Se trata del vuelo del chaman a
otros mundos, de pociones mágicas, del poder de la palabra
o hechizo y de inventos maravillosos.
En la actualidad, en cambio, hay línea divisoria frágil entre
la fantasía y la ciencia ficción. La gente no entiende por qué
Drácula es una novela fantástica mientras que Frankestein es
de ciencia ficción, o mejor aún, de anticipación científica. Y
así, cuando llegamos a los superhéroes, no se entiende que
se trata de fantasía remozada.
Además, el mundo moderno está lleno de ciencia ficción
antigua que se recicla continuamente. Arquetipos como el
robot, el extraterrestre y el superhéroe están al alcance de
todos para crear nuevas historias fantásticas. Lo mismo
ocurrió con la conquista espacial, que de tanto Flash Gordon
y Buck Rogers derivó en una Guerra de las Galaxias, y que
desde entonces se convirtió en el paradigma de la fantasía
modernizada. A tal punto llegó esta tendencia que autores
como Dan Simmons en Hyperion e Ilión, trata de hacer
literatura clásica en ambientes de ópera espacial, con un éxito
resonante. Pero ahora resulta muy difícil decir si estas obras
recientes son de ciencia ficción, más allá de tener un
escenario futurista.

Si existiera tal cosa, ¿Cómo se define lo chileno en la


ciencia ficcion nacional? Es decir, ¿cuáles son los elementos
que debe tener una obra para que se le considere como una
obra escrita "a la chilena"?
76

Creo que no hay una ciencia ficción nacional, sino más bien
autores chilenos escribiendo ciencia ficción universal. Por
supuesto, todos los escritores chilenos dejan parte de su
personalidad y vivencias propias del lugar que nacieron.
Pero es claro que las influencias recibidas por nuestros
escritores siempre han venido del exterior. En el siglo XIX
desde Francia e Inglaterra, y desde el siglo XX hasta hoy,
principalmente desde Norteamérica.

¿Existen autores de ciencia ficcion en Chile? ¿Puede


nombrarlos?

Por supuesto. Desde Francisco Miralles y su novela


fundacional Desde Júpiter, hasta el presente hay más de cien
autores de ciencia ficción que dejaron huella. Para una lista
extensa pueden consultarla en artículos especializados, o en
mi paper En la Luna.

¿Han existido autores de ciencia ficción que escriban a la


chilena, si es que hubiese una manera chilena de hacer
ciencia ficción?
Todos han escrito a la chilena, en el sentido que en sus
historias han incluido personajes, paisajes y situaciones
chilenas. Pero descarto que aquí se haya inventado una
ciencia ficción distinta. O, al menos, no me he enterado.
77

MENSAJE FINAL DE FANTASTICA


CHILE
Este es el primer número de cuatro futuras ediciones de la
revista Fantástica sin Fronteras. Si bien, esta edición ha
tenido bastante contenido chileno y español, se ha debido
por causa de que los aportes han sido principalmente de
estas nacionalidades. Es por ello que invitamos a todos
quienes quieran hacer de esta revista más multinacional a
enviar sus aportes, con la intención de centrarse en la historia
de la literatura fantástica de nuestros países, buscando
profundizar en el conocimiento de lo ocurrido en siglos de
imaginación plasmada en escritura; dar a conocer los
testimonios de grandes momentos del arte fantástico y
buscar el homenaje a personas que gestaron recuerdos y
legados en la literatura del lenguaje hispanoamericano.

[email protected]

Esta edición se publicó finalmente el 28 de agosto de 2016.

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