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Romanos 4:1-5

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Porque si
Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque
¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. 4 Pero al que
obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5 más al que no obra, sino
cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Pablo nos habla esto muy claramente en Romanos 4 cuando nos habla del ejemplo de cómo es que
Abraham le fue contada su fe como justicia para recibir la promesa: No fue por medio de las obras
que Abraham recibió las promesas, no le costó nada, era un regalo que Dios le había dado y
sencillamente lo recibió por la fe. En su gracia Dios ya nos dio todas las cosas, sin que tengamos
que hacer nada a cambio. La gracia es un regalo sin cola; no hay nada de nuestra parte que
debamos hacer para recibirla, solo tomarla por medio de la fe. Strong define la gracia (charis) como:
“la influencia divina sobre el corazón, y su reflejo en la vida” Es la palabra que expresa la diferencia
vital entre los intentos humanos de ganar el favor de Dios y la manera real en que se establece y
desarrolla la relación con Dios. El libro de Gálatas es un ejemplo claro de esto, donde vemos como
Pablo se enfrentó abiertamente con los judaizantes que decían que las personas no podían ser
salvas si no se circuncidaban y guardaban toda la ley de Moisés. El día de hoy vemos como muchos
creyentes tratan de establecer su relación con Dios por medio de sus propios esfuerzos convirtiendo
el cristianismo en una religión de obras en lugar de una relación con Dios por medio de Su gracia.
Podemos definir la gracia como el favor o bondad mostrado sin importar el valor o el mérito del que
lo recibe, y a pesar de lo que merece. Cómo se salvaron las personas durante la época del Antiguo
Testamento es una pregunta que confunde a algunos. Sabemos que, en la época del Nuevo
Testamento, la salvación viene por gracia a través de la fe en Jesucristo (Juan 1:12; Efesios 2:8-9).
Jesús es el camino (Juan 14:6). Pero, antes de Cristo, ¿cuál era el camino? Un concepto errado muy
común sobre el modo de salvación en el Antiguo Testamento, es que los judíos se salvaban
guardando la Ley. Pero sabemos por las Escrituras que eso no es cierto. Gálatas 3:11 dice, "Ahora
bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque «el justo vivirá por la
fe»". Algunos podrían querer ignorar este pasaje como si sólo se aplicara al Nuevo Testamento, pero
Pablo está citando Habacuc 2:4 — salvación por la fe, aparte de la Ley era un principio del Antiguo
Testamento. Pablo enseñó que el propósito de la Ley era servir de "ayo, para llevarnos a Cristo, a fin
de que fuésemos justificados por la fe" (Gálatas 3:24). También, en Romanos 3:20 Pablo señala que
el cumplimiento de la Ley no salvó ni a los judíos del Antiguo ni del Nuevo Testamento, porque "ya
que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado". La Ley nunca tuvo la intención de
salvar a nadie; el propósito de la Ley era hacernos "conscientes del pecado". Si el modo de salvación
del Antiguo Testamento no era guardar la Ley, entonces ¿cómo se salvaba la gente?
Afortunadamente, la respuesta a esa pregunta se encuentra fácilmente en las Escrituras, de manera
que no hay duda de cuál era el modo de salvación del Antiguo Testamento. En Romanos 4 el apóstol
Pablo deja muy claro que el camino de salvación del Antiguo Testamento era el mismo que el del
Nuevo Testamento, el cual es sólo por gracia, por medio de la fe, únicamente en Cristo. Para probar
esto, Pablo nos recuerda a Abraham, quien fue salvo por la fe: "Creyó Abraham a Dios, y le fue
contado por justicia" (Romanos 4:3). De nuevo, Pablo cita el Antiguo Testamento para comprobar su
afirmación — esta vez en Génesis 15:6. ¡Abraham no pudo haberse salvado guardando la Ley,
porque vivió más de 400 años antes de que se diera la Ley! Pablo luego demuestra que David
también se salvó por la fe (Romanos 4:6-8, citando el Salmo 32:1-2). Pablo continúa estableciendo
que la forma para ser salvo en el Antiguo Testamento era sólo a través de la fe. En Romanos 4:23-
24 escribe: "Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con
respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de
los muertos a Jesús, Señor nuestro". En otras palabras, la justicia es "acreditada" o dada a aquellos
que tienen fe en Dios: Abraham, David y todos nosotros compartimos el mismo camino de salvación.
La mayor parte de Romanos y Gálatas abordan el hecho de que sólo hay un camino de salvación y
un solo mensaje del evangelio. A lo largo de la historia la gente ha tratado de pervertir el evangelio
añadiendo obras humanas, requiriendo que se hagan ciertas cosas para "ganar" la salvación. Pero el
mensaje claro de la Biblia es que el camino de la salvación siempre ha sido a través de la fe. En el
Antiguo Testamento, era la fe en la promesa de que Dios algún día enviaría un Salvador. Los que
vivieron en la época del Antiguo Testamento esperaban al Mesías y creían en la promesa de Dios de
la venida del Siervo del Señor (Isaías 53). Aquellos que ejercieron esa fe se salvaron. Hoy miramos
de vuelta a la vida, muerte y resurrección del Salvador y nos salvamos por la fe en la expiación de
Jesucristo por nuestros pecados (Romanos 10:9-10). El evangelio no es un mensaje exclusivamente
del Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento también lo tenía: "Y la Escritura, previendo que Dios
había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti
serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente
Abraham" (Gálatas 3:8-9, citando Génesis 12:3). Ya en Génesis 3:15, vemos la promesa de un futuro
Salvador, y a lo largo del Antiguo Testamento hay cientos de promesas de que el Mesías "salvaría a
su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21; cf. Isaías 53:5-6). La fe de Job estaba en el hecho de que
sabía que su "Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo" (Job 19:25). Es evidente que los
santos del Antiguo Testamento estaban conscientes del Redentor prometido, y se salvaron por la fe
en ese Salvador, de la misma manera que las personas se salvan hoy en día. No hay otra manera.
Jesús es "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser
cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a
los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:11-12, citando el Salmo 118:22).

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