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Nietzsche y Marx

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CONTEXTO FILOSÓFICO NIETZSCHE: MARX

Karl MARX (1818-1883) y Nietzsche fueron muy críticos


con la religión, sobre todo con el cristianismo por su decisiva
influencia en la cultura de Occidente. Son, por ello, representantes del
llamado ateísmo filosófico que surge con fuerza en el siglo XIX.

Ambos también comparten, desde perspectivas muy distintas,


ser críticos con las consecuencias de la denominada “razón ilustrada”,
de la Ilustración. Por ello, ambos son etiquetados como “maestros de
la sospecha”

Es conocida la siguiente afirmación de Marx: ”La miseria


religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta
contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura
oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin
alma. Es el opio del pueblo”.

Marx, Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel

L a religión es para Marx la expresión de la miseria real, esto es, de las injusticias del
mundo que han sufrido y sufren tantos seres humanos, sobre todo aquellos que pertenecen a las
clases sociales menos privilegiadas. La religión es, de este modo, la protesta por todas esas
injusticias en la medida en que esperan que la otra vida les compense el sufrimiento de la vida
terrenal. Por ello, la religión es un refugio contra el dolor y la tragedia de la vida.

Sin embargo, según Marx la religión impide la reacción de los explotados, de aquellos que
viven las injusticias en el mundo. Afirma que la religión es el “opio del pueblo” porque ha
impedido la lucha de las clases explotadas a lo largo de la Historia; es como una “droga” que
aletarga, adormece, ya que impide a las clases humildes, desfavorecidas socialmente darse cuenta
de la injusta e intolerable situación en la que viven y rebelarse contra el poder que las oprime de
distintos modos. Este “opio” lo da la jerarquía sacerdotal, la cual recomienda conformidad,
mansedumbre y resignación. Prometen la felicidad en el otro mundo... O el castigo eterno.

Estos valores morales religiosos - conformidad, mansedumbre, obediencia, resignación... –


son a juicio de Nietzsche propio de individuos débiles, mediocres; carentes de fuerza vital.

Por otro lado, la religión, en general, y no solo la cristiana, es para Marx un producto
ideológico que siempre ha tenido la función de defender y encubrir los intereses de las clases altas y
dominantes de la sociedad. Por tanto, otorga a la existencia de la religiones en las sociedades
también causas económicas y políticas: las clases dominantes utilizan ideológicamente la religión
para justificar las diversas estructuras económicas a lo largo de la historia -trivalismo, esclavismo,
feudalismo y capitalismo-, que Marx considera injustas y explotadoras. Y controlar así al pueblo
con normas, amenazas y castigos.

El ateísmo de Nietzsche NO contempla la religión como un instrumento deslegitimador de


los distintos sistemas económicos y sociales. Solamente contempla la liberación y la elevación del
individuo quien no debe someterse a nada ni a nadie que no sea él mismo.

No obstante, se acerca a las tesis de Marx en la que medida en que ambos consideran que la
religión hace más soportable la vida para muchos individuos. De los débiles.
Nietzsche no habla tampoco de clases explotadas ni de injusticias sociales, sino de
individuos débiles, mediocres, faltos de voluntad de poder; el ateísmo es el instinto del hombre
fuerte, la religión es el instinto del débil, y no de la clase explotada ni del proletariado, según
Nietzsche.

La clase sacerdotal y jerarquía religiosa en Marx es cómplice de las distintas estructuras


económicas y políticas injustas y explotadoras; en Nietzsche, los sacerdotes son los grandes
“castradores” y “domadores” de las sociedades por ser quienes han “extirpado” lo más natural
que hay en el ser humano: los instintos. Y por ser los que han fomentado a lo largo de su historia
valores mezquinos y decadentes.

Ambos autores consideran que sin Dios muchos no podrían soportar la existencia dadas las
consecuencias adversas que se derivarían de su no existencia por el gran sentido y propósito que
Dios da a Todo. Por ello, necesitan afirmarla. La fe es como un calmante, una “droga” que
tranquiliza, reconforta, da esperanza. Las creencias religiosas son ficciones tranquilizadoras – o
“ídolos”, en términos nietzscheanos - para aquellas personas incapaces de enfrentarse a la realidad
como “devenir”, tal cual es, cambiantes y finita; incapaces de convivir con la tragedia del mundo,
con el dolor de la vida, con las injusticias.

La religión según Marx vuelve al hombre conformista y resignado, lo que impide la


revolución social, el levantamiento de las clases explotadas. En Nietzsche, la religión enferma al
hombre (porque la voluntad de poder puede “enfermar”) al volverlo decadente, lo que impide que el
individuo pueda llevar una vida auténtica, ascendente y creativa.

El ateísmo de Marx atiende a razones fundamentalmente comunitarias, socio-políticas; es


necesario abolir la religión, entre otras cosas, para crear una sociedad justa y nueva: la sociedad
comunista. El ateísmo de Nietzsche nada tiene que ver con una utopía socio-política, pues atiende a
perspectivas puramente individualistas; es necesario “matar a Dios” para vivir la vida con plenitud
y proyectar al hombre hacia el suprahombre. Es más, Nietzsche despreció radicalmente el
comunismo por su defensa de la igualdad radical, entre otras razones. Consideró que esta doctrina
está basada en los mismos valores del Cristianismo (es una herencia más de la religión cristiana en
la cultura occidental) pero sin sus creencias y connotaciones sagradas, divinas y trascendentes.

Para ambos, el ser humano debe volver a reencontrarse consigo mismo. Ese reencuentro en
Marx tendrá una solución socio-política: el comunismo, que hará posible la abolición de la religión
y una sociedad justa: un “paraíso en la tierra”. La solución en Nietzsche es siempre individualista:
la elevación del individuo, ser uno mismo “su propio Dios, su propia religión”. El “paraíso
nietzscheano” es uno mismo consigo mismo. Es el “eterno retorno”.

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