0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas4 páginas

Desaprender La Violencia

Cargado por

Pablo Azier
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas4 páginas

Desaprender La Violencia

Cargado por

Pablo Azier
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

A desaprender la violencia

Cuando se ha aprendido la violencia como una manera de resolver las dificultades, es necesario
cambiar el rumbo. Desaprender la violencia requiere de transformaciones en el individuo, en los
valores legitimados socialmente y de respaldo a los liderazgos orientados hacia la paz y la
convivencia.

En muchas regiones de Colombia, la violencia sigue siendo una vía para enfrentar los problemas,
desde los políticos hasta los familiares. Por eso, entre otras razones, en el año 2009 hubo 15.817
homicidios, y en algunas ciudades, como en Medellín, este delito aumentó en 64% con relación a
2008, según la Policía Nacional.

Paralela a esta situación, hoy son numerosas las experiencias en varias zonas del país que le
están apostando a incrementar las expresiones de convivencia, a transformar las formas agresivas
de las relaciones y a “desaprender la violencia”.

Según los expertos y experiencias e iniciativas de este tipo, dicho desaprendizaje debe
comprender la violencia en una dimensión amplia, que incluye entender, a su vez, que:

• El origen de la violencia “generalmente se remite a la infancia, en personas que no tuvieron


la posibilidad de construir relaciones de amor, confianza y cuidado”, afirma Nubia Torres,
profesora de Psicología de la Universidad Javeriana.
• Las maneras de expresar la violencia se aprenden en los grupos sociales, ya sea el hogar,
el barrio, la escuela o en grupos organizados, y se refuerzan en los discursos sociales y los
medios de comunicación.
• La violencia se desata de manera especial ante situaciones de impotencia: “los padres y
madres castigan con la fuerza porque no saben qué más hacer y la gente coge la justicia
en sus manos ante el desespero porque esta no funciona”, afirma Vera Grabe, directora
del Observatorio para la Paz.
• La violencia se formaliza cuando las personas se vinculan a bandas delincuenciales o
grupos armados. “Esto sucede cuando las personas se encuentran en el limbo, entre la
falta de acceso al estudio, el trabajo, a una vida segura y las presiones de reclutamiento de
bandas y grupos armados”, agrega.

Las tres creencias

Si se parte de entender la complejidad de la violencia, desaprenderla requiere desmitificar tres


creencias aún presentes en la sociedad:

1. “La violencia es principalmente una práctica juvenil”


Según la Encuesta Nacional de Salud, realizada en 2007, el 32,5% de los adultos consideró que el
castigo físico es necesario para corregir a los hijos y el 23,9% que el hombre puede golpear a la
mujer cuando ella da motivos. Asimismo, el 10% estimó necesario el uso de la agresión física para
ganar respeto y el 8,8% como útil para terminar un problema.

2. “La violencia se presenta más entre la población pobre”


La Encuesta de Salud encuentra que más que a un estrato social, la violencia se asocia al
consumo de alcohol. Además, estudios sobre la agresión escolar, fenómeno también conocido
como ‘bullying’ o ‘matoneo’, han demostrado que la violencia se presenta en todas las capas
sociales.

3. “La violencia es un asunto de quienes empuñan las armas”


La violencia es asunto de los grupos armados ilegales que han decidido usar las armas, pero “no
se puede desconocer el papel que juegan quienes financian a los grupos armados y, además,
quienes deciden sobre la sociedad sin resolver los problemas de exclusión. Esas también son
acciones violentas y hay que desaprenderlas”, afirma el grupo de investigación Géneros y Nuevas
Ciudadanías, de la facultad de Psicología de la Universidad Javeriana.
Superar la violencia implica, así mismo, entender que la pobreza, la desigualdad o la exclusión son
también otros tipos de agresión.

Existen muchos caminos para transformar la violencia, como intervenir sobre las causas que la
motivan, refrendar el Estado Social de Derecho y los canales institucionales de la justicia y
fortalecer opciones legales que contrarresten la oferta de los grupos armados. Quienes trabajan en
el desaprendizaje de la violencia se han enfocado en tres aspectos principales: cambiar las
creencias y transformar los imaginarios que sustentan el uso de la agresión; desarrollar

[Link] ‐ Boletín Nº 66 – Marzo 2010 / 1


competencias ciudadanas para la democracia y crear liderazgos para transformar la sociedad hacia
la paz.

Un trabajo más especializado se debe desarrollar con las personas desmovilizadas de los grupos
armados ilegales por lo que la violencia ha significado para esta población y porque ella ha sido su
medio de vida (ver Desvinculados y las habilidades para la paz).

Cambiar creencias y transformar imaginarios

“Esta es una sociedad que tiende a decir que la violencia no es tan mala”, afirma Enrique Chaux,
académico de la Universidad de los Andes y quien dirigió un estudio que compara el pensamiento
de adolescentes colombianos sobre la violencia con el de adolescentes en otros países. Dicha
investigación reveló que los colombianos tienden a aprobar la violencia como respuesta a una
agresión. “Los muchachos consideran que si contra mí fueron violentos, yo tengo derecho a
reaccionar de manera violenta”, afirma.

También en la Encuesta Nacional de Salud 2007 se descubrió que en los adultos hay “una altísima
proporción de quienes están de acuerdo con aplicar ‘la venganza’ como forma de abordar el
conflicto”, dice la encuesta, que además señala que en Amazonas, por ejemplo, la venganza llega
a ser considerada legítima por el 50,7% de sus habitantes, hombres y mujeres.
Esto revela, dice Chaux, “que como sociedad tenemos que trabajar por romper esas creencias”, las
cuales se han visto reforzadas en los últimos años con el posicionamiento de la imagen del
guerrero como un héroe. Según expertos, el uniforme camuflado y las botas circulan como la
imagen del bueno que necesita Colombia y como imagen de poder.
“La sociedad tiene una atracción muy fuerte hacia la imagen del guerrero. Cuando nosotros
estábamos en el monte iban estudiantes de varias universidades y se enamoraban de los
‘guerrillos’, los veían atractivos con uniforme y armados. Pero después de la desmovilización las
mujeres ya no los miraban. Hoy los héroes son los hombres armados. Antes, los héroes eran unos
ciudadanos comunes y corrientes”, dice Vera Grabe.

Ese referente del guerrero como héroe es reforzado de manera especial por los medios de
comunicación. “Los medios juegan un papel fundamental en el proceso de identificar y moldear la
realidad de los niños y los jóvenes. Y si allí la violencia se muestra y se posiciona como una
manera positiva de resolver las situaciones, eso es lo que los niños van a aprender”, dice Ingrid
Rusinque, directora de Intervenciones Directas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar
(IBCF).

Por esto, para desaprender la violencia es necesario transformar los valores que soportan dicha
violencia y posicionar y promover héroes que resuelvan las situaciones mediante procesos
pacíficos y democráticos.

Desarrollar competencias ciudadanas hacia la paz

La agresión o ‘matoneo’ escolar, la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil, entre otros,


evidencian la necesidad de trabajar para que los individuos desaprendan la violencia por medio del
desarrollo de sus competencias ciudadanas (ver Competencias ciudadanas para la democracia y la
paz).

Una de las primeras competencias que es necesario desarrollar en el individuo es la empatía o la


conexión emocional con el otro. Es decir, llevar a que la persona, a pesar de las diferencias, sea
sensible a los sentimientos de los demás. “Todos deberíamos indignarnos frente a una situación de
maltrato, aunque no conozcamos a la persona que lo sufre. Deberíamos llegar a sentirnos tocados
emocionalmente por el sufrimiento del otro”, afirma Chaux.

Otra competencia ciudadana es el manejo de conflictos. “Los conflictos hacen parte de la vida de
los seres humanos debido principalmente a que somos diferentes, pensamos y tenemos intereses
diversos y maneras distintas de alcanzar nuestras metas”, dice Chaux. Por eso, no se trata de
eliminar los conflictos sino de aprender a manejarlos de manera constructiva, es decir, sin violencia
y buscando el beneficio de todos los involucrados.

[Link] ‐ Boletín Nº 66 – Marzo 2010 / 2


Crear liderazgos para transformar la sociedad

Además de desmontar los imaginarios sociales que dan sustento a la violencia y de promover en
los individuos habilidades para la convivencia, el desaprendizaje de la violencia requiere potenciar
los liderazgos de paz.

Y esto es posible especialmente entre los jóvenes que habitan barrios con presencia de milicias
urbanas y pandillas juveniles. “Cuando a los jóvenes se les presentan opciones para mejorar la
vida de su comunidad ejerciendo un liderazgo positivo, descubren en ellos un gran poder. Algunos
lo encuentran con el rap, otros convirtiéndose en gestores culturales, otros como formadores… Y
cuando adquieren liderazgo en su comunidad, se dedican a mostrar que sí es posible otro camino”,
dice Vera Grabe.

Varias experiencias de organizaciones sociales e iniciativas institucionales en poblaciones con


fuertes índices de violencia en el país han demostrado que cuando los jóvenes se reconocen como
líderes de paz, esta opción es tanto o más llamativa que las ofertas económicas y de poder de los
grupos armados.

Así ha quedado en evidencia entre los jóvenes que participan en el “bachillerato pacicultor”, un
proyecto del Observatorio para la Paz que se desarrolla en varios departamentos del país, entre
ellos Antioquia y Putumayo, y trabaja por desarticular la violencia y fortalecer la paz en el lenguaje,
en las relaciones, en la manifestación de las emociones y en las posturas éticas.

Con iniciativas como estas los jóvenes han encontrado en la paz una posibilidad de transformación
de su comunidad y una vía para que no entren en las redes de la violencia. “Aunque a ellos los
cuestionan todos los días y les dicen ‘caminen y ganen plata fácil’, si uno los fortalece y les ayuda a
que tengan un sentido de vida distinto, muchos optan por trascender y ser útiles”, relata Grabe.

Fortalecer estos liderazgos hacia la paz debe ir de la mano con el replanteamiento de esos valores
negativos posicionados en el entorno y del desarrollo de competencias ciudadanas.

De esta forma, cambiar las creencias y transformar los imaginarios, desarrollar esas competencias
y crear liderazgos son tres caminos para intervenir de manera directa en el desaprendizaje de la
violencia. Sin embargo, esto debe ser complementado con una estructura social en la que
funcionen la justicia y haya desarrollo social, pues eliminando las causas de la violencia será
también posible que la civilidad y la convivencia sean sostenibles.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMPETENCIAS CIUDADANAS PARA LA DEMOCRACIA Y LA PAZ

Las competencias ciudadanas enfatizan las habilidades del individuo y el ciudadano para una
convivencia en la democracia y se clasifican en tres grupos: competencias cognitivas, emocionales
y comunicativas*. Estos son algunos de los aspectos que ellas comprenden:

1. Competencias cognitivas
Se refieren a la capacidad del individuo para realizar procesos mentales fundamentales en un
ejercicio ciudadano, como la habilidad para identificar las consecuencias que podría tener una
decisión, la capacidad para ver la misma situación desde el punto de vista de las personas
involucradas y la capacidad de reflexión y de análisis crítico, entre otras.
Estas competencias incluyen:
Ponerse en los zapatos de los demás. Es la habilidad para ampliar la mirada con el fin de
comprender el pensamiento del otro. Esto hace posible lograr acuerdos de beneficio mutuo e
interactuar pacífica y constructivamente con los demás.
Generar opciones. Es la capacidad para imaginarse creativamente muchas maneras de resolver un
conflicto o un problema social. Cuando esta competencia no está bien desarrollada, las personas
recurren más fácilmente a la fuerza y la agresión para resolver las situaciones.
Considerar las consecuencias. Es la capacidad para tener en cuenta los distintos efectos de una
acción sobre sí mismo, otras personas o, inclusive, sobre el medio ambiente, tanto a corto como a
largo plazo.
Mirarse a sí mismo. Es la capacidad de observar lo que uno hace, piensa o siente y reflexionar
sobre ello.
Pensar críticamente. Es la capacidad para cuestionar y evaluar la validez de cualquier creencia,
afirmación o fuente de información.

[Link] ‐ Boletín Nº 66 – Marzo 2010 / 3


2. Competencias emocionales
Son las capacidades necesarias para identificar y responder constructivamente ante las emociones
propias y las de los demás. Estas competencias incluyen:
Identificar y manejar las emociones. Es la capacidad del individuo para reconocer y nombrar las
emociones y las situaciones que no puede controlar. Esta competencia permite que las personas
sean capaces de tener cierto dominio sobre las propias emociones.
Empatía. Es la capacidad para sentir lo que otros sienten o, por lo menos, ‘dejarse tocar’ por lo que
ellos sienten.

3. Competencias comunicativas
Permiten entablar diálogos constructivos con los demás. Estas competencias incluyen saber
escuchar y expresar las ideas propias de manera asertiva, de tal forma que los demás las
entiendan de manera positiva e, incluso, puedan llegar a compartirlas. Esto es una vía para evitar
que el ser humano recurra a la fuerza o al abuso del poder.

* Elaborado a partir de Competencias ciudadanas: de los estándares al aula, obra del Ministerio de
Educación Nacional y la Universidad de los Andes elaborada por los investigadores Enrique Chaux,
Juanita Lleras y Ana María Velásquez.

[Link] ‐ Boletín Nº 66 – Marzo 2010 / 4

También podría gustarte