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Pedro y Pablo

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HOMILÉTICA

LEYDI JANETH OSORIO CHAVEZ

29 DE JUNIO DE 2024
CETES
PROF. JORGE OLIVAS
VIDA Y MINISTERIO
DE LOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO

APÓSTOL PEDRO
Según datos históricos, Pedro nació en Betsaida (Galilea) en el año 1 a. C. Su nombre era
Simón, hijo de Jonás (Simón Bar-Jona).
Pedro fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Él era pescador en Galilea junto a su
hermano, Andrés, cuando Jesús lo llamó para que fuera su discípulo. Jesús los vio mientras
pescaban y les dijo que, si lo seguían, él los haría pescadores de hombres. Ellos dejaron sus
redes y lo siguieron, comenzando así 3 años de aprendizaje y trabajo junto a Jesús. Pedro
carecía de estudios, pero pronto se distinguió entre los discípulos por su fuerte personalidad
y su cercanía al maestro, erigiéndose frecuentemente en portavoz del grupo.
Tras la muerte de Jesús (hacia el año 30 d. C.), San Pedro se convirtió en el líder
indiscutido de la diminuta comunidad de los primeros creyentes cristianos de Palestina por
espacio de quince años: dirigía las oraciones, respondía a las acusaciones de herejía
lanzadas por los rabinos ortodoxos y admitía a los nuevos adeptos (incluidos los primeros
no judíos).
Hacia el año 44 fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar
y abandonó Jerusalén, dedicándose a propagar la nueva religión por Siria, Asia Menor y
Grecia. En esa época, probablemente, su liderazgo fue menos evidente, disputándole la
primacía entre los cristianos otros apóstoles, como Pablo o Santiago. Asistió al llamado
Concilio de Jerusalén (48 o 49), en el cual apoyó la línea de San Pablo de abrir el
cristianismo a los gentiles, frente a quienes lo seguían ligando a la tradición judía.
Según la tradición cristiana, Pedro murió crucificado en Roma durante el reinado del
emperador Nerón, hacia el año 67, cuando se produjo el gran incendio de Roma, que
destruyó una parte importante de la ciudad y fue aprovechado por Nerón para acusar y
reprimir a los cristianos. A raíz de estas persecuciones, san Pedro fue detenido y condenado
a morir crucificado.

El sermón de Pedro en Pentecostés


Hechos 2 describe el primer Pentecostés de la Iglesia del Nuevo Testamento. El Espíritu
Santo fue dado de una manera poderosa y espectacular, y nació la Iglesia.
Pedro se levantó y predicó (Hechos 2:14). Los que estaban allí y escucharon su sermón se
sintieron realmente conmovidos y preguntaron qué debían hacer, ya que se daban cuenta de
que eran responsables de la muerte de Jesucristo. Pedro los instó vehementemente al
arrepentimiento, a que se bautizaran y recibieran el Espíritu Santo (vv. 37-38).

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A partir de ese momento, Pedro desempeñó un papel destacado en la Iglesia primitiva.
Encontramos que, además de hablar con vehemencia, iba sanando (Hechos 5:15; 9:32-34) e
incluso resucitando a algunas personas (Hechos 9:36-41).

Las epístolas de San Pedro


Las dos epístolas de San Pedro que se conservan forman parte, en el Nuevo Testamento, de
las siete epístolas llamadas católicas que siguen a las catorce de San Pablo. La primera fue
escrita en lengua griega, tal vez en el año 64, y va dirigida a los hebreos dispersos del
Ponto, de Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. Está fechada en Babilonia (5:13), topónimo
que, como en el Apocalipsis, indica tal vez Roma. Destaca en ella un parecido de
pensamientos, de expresiones y de enseñanzas con las epístolas de San Pablo. Enérgica,
vehemente y densa en sentencias, su estilo es conciso, elevado, autoritario y dulce a un
mismo tiempo.
El propósito de la carta es exhortativo. En una primera serie de exhortaciones, San Pedro
expone la dignidad del cristiano, la sublimidad de su vocación y la santidad de la vida que
debe ser su consecuencia. Desde el capítulo 2 al 4, el apóstol recomienda obediencia,
paciencia, respeto a la autoridad, amor a los enemigos y concordia entre los hermanos. La
tercera y última parte (cap. 4 y 5) contiene instrucciones para una vida pura y santa,
primero para todos indistintamente y después para los pastores de almas en particular. En
toda la epístola está presente Jesucristo, con sus padecimientos y sus consejos.
La segunda epístola, escrita aparentemente unos meses después, se presenta como una
continuación de la primera y va dirigida a las mismas personas, según expresa el autor con
las palabras "He aquí la segunda carta que os escribo" (3:1). Generalmente se presume que
San Pedro la dictó poco antes de su martirio, como se puede deducir del apartado 1:14. En
la primera parte (cap. 1), Pedro recuerda los principios generales según los cuales deben los
cristianos atenerse tenazmente a la doctrina recibida y a la práctica de las virtudes. En el
segundo capítulo condena máximas y costumbres de los falsos doctores, cuya perversión de
mente y corazón describe en fuertes términos y enérgico estilo. En la última parte de la
carta, (cap. 3), ataca los frívolos argumentos con que aquellos sectarios se proponen
desacreditar la doctrina de los fieles.

El papel del Apóstol Pedro en la Iglesia Primitiva


La importancia del apóstol Pedro es visible en diferentes momentos del Nuevo Testamento.
En primer lugar, en el desarrollo del ministerio de Jesús, Pedro es un testigo por excelencia
de la obra de Cristo al estar presente prácticamente en cada narrativa de la vida del
Maestro, sin importar que fuese ante una multitud, solo con los apóstoles o con un reducido
grupo de los doce. Esto lo constituyó en una fuente de vital importancia para los escritores
de los evangelios, ya que aparece como parte clave de varias enseñanzas de Cristo.
En segundo lugar, Pedro asumió el liderazgo de la iglesia luego de la ascensión de Jesús y
tuvo a su cargo el primer sermón de la iglesia en Jerusalén. Además, lideró a la iglesia en el
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cumplimiento de su misión dada por Cristo (Hch 1:8). Pedro «abrió» el reino a los judíos
por medio de una predicación centrada en Cristo.
En tercer lugar, Pedro llevó el evangelio a los gentiles y les «abrió» las puertas del reino.
Por indicación de Dios, ignoró los prejuicios raciales de los judíos, llevó el mensaje a los
que no eran pueblo y presenció cómo el Espíritu Santo descendió sobre los gentiles en casa
de Cornelio, un evento que dio un giro a la iglesia primitiva (Hch 10:1 – 11:18).
En cuarto lugar, el aporte de sus dos cartas. Son escritos con contenido doctrinal muy
práctico, matizados por la cercanía de Pedro con el Maestro. A pesar de esta realidad, hay
quienes han mostrado oposición a su segunda carta, alegando una diferencia de
vocabulario.

Aportaciones a la Doctrina Cristiana


LA INSPIRACIÓN DE LAS ESCRITURAS
2 Pedro 1:21 Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos
hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
LA SANTIFICACIÓN
Pedro 1:15-16 Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda
vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
LOS CIELOS NUEVOS Y LA TIERRA NUEVA
2 Pedro 3:13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en
los cuales mora la justicia.
SANIDAD DIVINA
1 Pedro 2:24 Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para
que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados.

APÓSTOL PABLO
Pablo Apóstol nació entre los años 5 y 10 d. C., en Tarso de Cilicia, Turquía.
Hijo de hebreos y descendiente de la tribu de Benjamín. Criado como judío farisaico.
Instruido por el rabino Gamaliel el Viejo, recibió una sólida formación teológica, filosófica
y jurídica. Además, hablaba griego, latín, hebreo y arameo. Antes de convertirse al
cristianismo, Pablo era un fariseo y un perseguidor de los cristianos. Participó en la muerte
de Esteban, el primer mártir cristiano, y estaba decidido a erradicar la nueva religión. Sin

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embargo, en el camino a Damasco, tuvo una visión de Jesús que lo transformó y lo llevó a
convertirse en uno de los más grandes defensores del cristianismo.

Inicio de su vida cristiana.


Desde su conversión, Saulo empezó a anunciar el Evangelio. Predicó a Cristo en las
sinagogas de Damasco (Hch. 9:20-22). Los judíos de la ciudad, apoyados por el
gobernador, decidieron eliminar a Saulo (2 Co. 11:32). Los discípulos le salvaron la vida
bajándolo de noche por el muro dentro de una canasta (Hch. 9:23-25; 2 Co. 11:33). Tres
años después de su conversión fue de Damasco a Jerusalén para conocer a Pedro (cfr. Gá.
1:18). Los cristianos de Jerusalén tenían miedo de Pablo, y no creían que se hubiera
convertido en discípulo de Cristo. Pero Bernabé, con la generosidad que le caracterizaba,
presentó a Pablo a los apóstoles, y les relató su conversión y los sufrimientos que había
tenido que sufrir a causa de su cambio radical. El Señor se le apareció en el Templo, en
Jerusalén, y le reveló que su apostolado iba a tener lugar entre los paganos (Hch. 22:17-21).
La orden de partir que le dio el Señor a Saulo confirma la brevedad de esta visita (Hch.
22:18). Bernabé «lo trajo a los apóstoles», Pedro y a Santiago.
Saulo en Tarso y en Antioquía de Siria.
Los cristianos refugiados en Antioquía anunciaron el Evangelio «a los griegos» (Hch.
11:20). Hubo numerosas conversiones. Cuando la iglesia en Jerusalén lo supo, enviaron a
Bernabé a Antioquía. Después, discerniendo indudablemente que el propósito de Dios era
que Pablo fuera a Antioquía, fue a Tarso a buscar al antiguo perseguidor, y lo llevó a la
capital, donde trabajó un año con él (Hch. 11:21-26). Éste sería el punto de partida de las
misiones de Pablo al mundo pagano.

PRIMER VIAJE MISIONERO


Respondiendo al llamado de Dios de proclamar a Cristo, Pablo y Bernabé dejaron la iglesia
de Antioquia en Siria. Al principio, su método de evangelismo era predicar en las sinagogas
de los pueblos. Pero cuando muchos de los judíos rechazaron a Cristo, los misioneros
reconocieron el llamado de Dios de predicarles a los gentiles. Se desconoce la fecha precisa
de este viaje, aunque es posible que tuviera lugar entre el 46 y 48 d.C. El pequeño grupo se
dirigió de Antioquia a Seleucia. De allí se embarcaron hacia Chipre, y empezaron a
predicar el evangelio en las sinagogas.

SEGUNDO VIAJE MISIONERO


Después de otra estadía en Antioquia y habiendo fundando ahí una iglesia, Pablo estaba
listo para hacer otro viaje misionero. Le pidió a Bernabé que lo acompañara, visitando de
nuevo a las iglesias de su primer viaje misionero. Sin embargo, ocurrió un desacuerdo que
causó su separación. Pero Dios convirtió este desacuerdo en algo positivo, porque ahora
había dos equipos misioneros. Bernabé se fue a Chipre con Juan Marcos, y Pablo se fue con
Silas a Asia Menor. Pablo les enseñó a aquellos que creyeron en Cristo y los estableció en
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iglesias. Durante este segundo viaje misionero, Pablo hizo muchos discípulos de varias
procedencias: un joven llamado Timoteo, una mujer de negocios llamada Lidia, y una
pareja llamados Aquila y Priscila.
TERCER VIAJE
Durante este último viaje misionero de Pablo, predicó fervientemente en Asia Menor. Dios
confirmó su mensaje con milagros. Hechos 20:7-12 nos dice de Pablo en Troas predicando
un sermón excepcionalmente largo. Un joven que estaba sentado en un tercer piso, se quedó
dormido y cayó por la ventana. Fue dado por muerto, pero Pablo lo revivió. Los nuevos
creyentes de Éfeso que habían estado anteriormente involucrados con el ocultismo,
quemaron sus libros de magia. A última instancia, la persecución y oposición fortaleció a
los verdaderos cristianos quienes propagaron el Evangelio.
Al final del tercer viaje misionero de Pablo, él sabía que pronto sería encarcelado y
probablemente lo matarían.
CUARTO VIAJE: A ROMA EN CADENAS
Pablo fue llevado a Roma como prisionero. Después de ser liberado de lo que se conoce
como el primer encarcelamiento romano, Pablo fue arrestado nuevamente, esta vez para
sufrir el martirio (2 Tim. 4:6-8) bajo Nerón en el año 67 d.C. Mientras esperaba en su
prisión domiciliaria para ser juzgado ante el emperador, le hablaba sin tapujos, a pesar de
sus cadenas (Efe. 6:20; Fil. 1:13), a todo el que se acercaba a él (Hch. 28:30, 31).
Ese era el propósito de los viajes misioneros de Pablo: proclamar la gracia de Dios en el
perdón de los pecados a través de Cristo. Dios usó el ministerio de Pablo para llevar el
Evangelio a los gentiles y establecer la iglesia. Sus cartas a las iglesias, registradas en el
Nuevo Testamento, aún mantienen la vida y la doctrina de la iglesia.

Las epístolas de San Pablo


ROMANOS
Uno de los versículos clave de esta carta es: “Porque no me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y
también al griego.” (Romanos 1:16), pues Pablo presenta el mensaje del evangelio con un
énfasis en la gracia de Dios dada en Cristo Jesús, la cual hace posible que seamos
justificados ante los ojos de Dios.
1ª CORINTIOS
En esta epístola Pablo escribe a los cristianos de la iglesia de Corinto para corregirlos, a fin
de que se comporten de una manera más digna y respetuosa. Un versículo clave de este
libro es: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por
precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de
Dios.” (1 Corintios 6:19-20). Además, en esta carta Pablo también describe los dones del
Espíritu Santo
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2ª CORINTIOS
En su segunda carta a los Corintios, Pablo no solo anima a los que se han arrepentido de sus
actos inmorales, sino que también advierte a la iglesia sobre los falsos apóstoles, y defiende
su apostolado. Un versículo clave de este libro es: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia;
porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más
bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” (2 Corintios 12:9).
GÁLATAS
En esta carta, Pablo se dirige a los cristianos de Galacia que se habían desviado del
verdadero evangelio, al no confiar en la gracia de Dios sino en la Ley. Les dice: “Estoy
maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo,
para seguir un evangelio diferente.” (Gálatas 1:6).
EFESIOS
En esta carta, Pablo se dirige a los cristianos que desean madurar espiritualmente, y alienta
e instruye sobre la disciplina que se necesita para lograrlo.
FILIPENSES
En esta carta, Pablo, quien había sido apresado, motivaba a los filipenses a mantenerse
alegres. Un versículo clave de la carta a los Filipenses es: “Regocijaos en el Señor siempre.
Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).
COLOSENSES
En esta carta, Pablo lucha contra las corrientes de pensamiento que llevaban a los
colosenses a retomar las prácticas tradicionales judías. Además, desde los primeros
capítulos vemos que Pablo retrata la trascendencia, la omnipotencia y la omnisciencia de
Cristo: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él
fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles
e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue
creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él
subsisten;” (Colosenses 1:15-17).
1a TESALONICENSES
En esta epístola Pablo felicita y alienta la fe, el amor y la esperanza de los cristianos de
Tesalónica. Además, no solo nos muestra algunas revelaciones sobre la resurrección de los
muertos y el regreso de Jesús, sino que nos invita a vivir en honestidad y santificación
continua. Sobre este último tema, la Biblia dice: “pues la voluntad de Dios es vuestra
santificación; que os apartéis de fornicación” (1 de Tesalonicenses 4:3).
2a TESALONICENSES
Esta segunda carta de Pablo está llena de numerosas revelaciones sobre la venida de Jesús y
exhorta a los cristianos que se estaban volviendo perezosos y corrige algunos puntos
respecto a la segunda venida de Cristo que habían sido malinterpretados por la iglesia. Por

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otro lado, también se sabe que esta iglesia estaba sufriendo una gran persecución, por lo
que Pablo tuvo que orar por ellos: “y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con
nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su
poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni
obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:7-8).
1a TIMOTEO
En esta carta, el apóstol Pablo escribe a Timoteo, a quien consideraba como su hijo, para
darle consejos sobre cómo desempeñar su función de pastor en la iglesia de Éfeso. De
hecho, le advirtió sobre los falsos maestros y le explicó cuál era la actitud correcta que un
líder de la iglesia debía tener: “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido
de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar” (1
Timoteo 3:2).
2a TIMOTEO
Pablo escribió esta segunda carta a Timoteo, mientras estaba encarcelado y a punto de
morir, para animar al joven pastor a perseverar en la fe, a evangelizar y a rechazar cualquier
enseñanza contraria al evangelio que le había enseñado. Además, esta carta nos muestra lo
que era más importante para Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera,
he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará
el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su
venida.” (2 Timoteo 4:7-8).
TITO
En esta epístola, Pablo aborda los temas de la elección de los líderes de la iglesia y la sana
doctrina, e invita a Tito a reprender a aquellos que enseñaban de forma deshonesta.
También nos recuerda la enseñanza principal del mensaje de la gracia: “enseñándonos que,
renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y
piadosamente” (Tito 2:12).
FILEMÓN
En esta carta, Pablo escribe a Filemón con el propósito de pedirle misericordia para
Onésimo, el esclavo de Filemón que se había fugado: “el cual en otro tiempo te fue inútil,
pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12 el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí
mismo.” (Filemón 1:11-12).

Aportaciones a la Doctrina Cristiana


LA INSPIRACIÓN DE LAS ESCRITURAS
2 Timoteo 3:16-17 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

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LA CAÍDA DEL HOMBRE
Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado
la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
LA SALVACIÓN DEL HOMBRE
Romanos 10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
EL BAUTISMO EN AGUA
Romanos 6:4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin
de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros
andemos en vida nueva.
LA CENA DEL SEÑOR
1 Corintios 11:26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la
muerte del Señor anunciáis hasta que él venga
EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO
1 Corintios 12:4-6 Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas
maneras de servir, pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el
que hace todas las cosas en todos.

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