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INTRODUCCIÓN ESTUDIO

La Biblia un libro extraordinario, que está compuesto por dos


testamentos, el antiguo y el nuevo.

Antiguo testamento

 El pentateuco: Lo conforman los cinco primeros libros desde el Génesis


hasta el Deuteronomio.

 Los libros históricos desde Josué hasta Ester.

 Los libros poéticos de Job a Cantares.

 Los profetas mayores desde Isaías hasta Daniel.

 Los profetas menores desde Oseas hasta Malaquías

Nuevo Testamento

 Los evangelios de Mateo a Juan.

 Libro histórico Hechos de los Apóstoles.

 Las Epístolas del apóstol Pablo desde Romanos hasta Filemón.

 Las Epístolas generales desde hebreos hasta Judas.

 El libro Apocalipsis, en griego significa revelación o develar o


descubrir lo que está oculto.

ESTUDIO DE LOS PROFETAS


Primero quiero dar a conocer que entendemos o que significa profeta,
profetisa.

¿Qué significa ser un profeta?


Estrictamente hablando, un profeta es alguien que sostiene haber tenido una
experiencia personal de Dios recibiendo de él la misión de comunicar sus
revelaciones y, como consecuencia de ello, habla en su nombre a los seres
humanos.
Si bien la palabra profeta deriva del griego profētēs (προφήτης, cuyo
significado es el de ‘mensajero’, ‘portavoz’ e ‘incidente político’)

¿Qué es un profeta?
Quien mejor detalla que el significado y la actividad de un profeta en la
Biblia lo encontramos en el Libro de Jeremías, capitulo 1:4-19

El profeta es elegido para una misión “Antes de que tú nacieras yo te


consagré-escogí” (v. 5).

El profeta es escogido desde siempre.


En el plan de Dios todos somos elegidos para realizar una misión.

Nadie está libre de ser elegido y tener una misión, todos los hijos de Dios
hemos sido elegidos y tenemos una misión por realizar. (ministerios-
llamados)

La elección de un profeta se da en un momento concreto de su vida: puede


ser en la niñez, en la juventud o en la adultez.

Si bien todo somos elegidos, hay un momento de la vida en el que


descubrimos a Dios que nos llama. En ocasiones, no queremos aceptar esta
invitación, nos resistimos y ponemos excusas: “soy un muchacho”, “estoy
demasiado viejo para esas cosas”... Diríamos que en la llamada profética se
da un forcejeo entre Dios y el elegido.

El profeta es escogido o llamado para una misión que, en general, implica


anunciar, denunciar, consolar, dar esperanza. En el caso de Jeremías es un
llamado para “arrancar y derribar, para edificar y plantar” (v. 10).

El profeta es una persona inspirada


“Entonces Yavé extendió su mano y me tocó la boca” (v.9).

Jeremías tuvo una conciencia muy clara de que era Dios mismo quien le
hablaba y lo llamaba a ser un profeta, un portavoz del Señor. Desde luego,
esta inspiración le viene de una experiencia personal de comunión con Dios,
por eso podría decirse que era “Palabra de Yavé”, “oráculo de Yavé”. Isaías
dirá que él tenía labios impuros y Dios mismo, con un carbón encendido, se
los purificó para que hable en su nombre (Is 6,5).

Cuando sentimos que Dios nos empuja a comunicar su Palabra y no nos


podemos quedar callados, estamos frente a lo que llamamos inspiración.

El profeta es una persona pública


“Tú ahora renueva tu valor y ve a decirles todo lo que te mande” (v. 17).

Yavé no escoge a Jeremías para que vaya a un monasterio, a un centro de


estudios o a un sitio pequeño del templo. El lugar del profeta es la plaza
pública o cualquier sitio donde se reúne el pueblo. El profeta se halla en
contacto con el mundo que le rodea: conoce las maniobras de los políticos,
las intenciones del rey, el descontento de los campesinos, el lujo de los
poderosos, la despreocupación de los sacerdotes; él palpa el día a día de la
gente de la calle.

El profeta a es una persona amenazada


“Ellos te declararán la guerra, pero no podrán vencerte, pues Yo estoy
contigo” (v. 19).

Ser amenazado, perseguido e insultado fue, y sigue siendo, el riesgo


constante de los profetas.

A Jeremías lo tachan de traidor a la patria, lo rechazan y se burlan de él. La


gente se vuelve enemiga de los profetas porque éstos denuncian el mal y se
niegan a participar en el pecado de todos.

Muchos rechazan su palabra, las autoridades los ven como un estorbo y


buscan eliminarlos. Es lo que le sucedió a Juan Bautista, a Jesús.

El profeta es una persona carismática


El profeta supera las barreras sexuales: puede ser varón o mujer. Es capaz
de romper las barreras educativas: puede ser instruido o sin instrucción;
romper las barreras de la clase social: puede ser cortesano (como Isaías), y
campesino (como Amós y Miqueas).Pero, sobre todo, los profetas son
carismáticos porque tienen una gran capacidad de sintonizar con las luchas y
esperanzas del pueblo.
En conclusión podríamos decir que el profeta es una persona carismática,
escogida por Dios para llevar adelante la misión de anunciar, denunciar o
llevar consuelo a todo el pueblo. Y por esta razón se encuentra
constantemente en conflictos que lo pueden llevar incluso hasta la entrega
de su propia vida.

Inicio del Profetismo


En el siglo 10 a.C. aparecen los profetas (1 Re 18,4):

Samuel combate la ambición y el poder

“Anda y acuéstate y si vuelve a llamarte dile: habla Yavé, que tu siervo


escucha”.
Elías, el profeta celoso de Dios

“Cuando Acab, rey de Israel, vio a Elías le dijo: Ahí vienes, ¡peste de Israel!
Contestó Elías: No soy yo la peste de Israel, sino tú y tu familia, que han
abandonado los mandamientos de Yavé para servir a Baal”.

Eliseo, el profeta de los milagros

“Así dice Yavé: yo he saneado estas aguas; de aquí no saldrá más

muerte o enfermedad”

(2 Re 2,21)

Los Profetas Mayores:


Son llamados profetas mayores no porque sean considerados más
importantes que los menores, sino por la extensión de tiempo, en que fue o
duro su Ministerio.

Libro de Isaías
Autor: Isaías 1:1 identifica al autor del libro de Isaías como el Profeta Isaías.

Fecha de su Escritura: El libro de Isaías fue escrito entre los años 701 y 681
a.C.
Propósito de la Escritura: El Profeta Isaías fue primeramente llamado a
profetizar al reino de Judá. Judá había estado atravesando por tiempos de
avivamiento y tiempos de rebelión. Judá había estado amenazado con
destrucción por Asiria y Egipto, pero fue preservado por la misericordia de
Dios. Isaías proclamó un mensaje de arrepentimiento del pecado y la
esperanza de la liberación de Dios en el futuro.

Versículos Clave: Isaías 6:8, “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A
quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí,
envíame a mí”.

Isaías 7:14, “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la
virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Isaías 9:6, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado
sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios
Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Isaías 14:12-13, “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!


Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en
tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré
mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte”.

Isaías 53:5-6, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de
todos nosotros”.

Isaías 65:25, “El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león


comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No
afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová”.

Breve Resumen: El Libro de Isaías revela el juicio y la salvación de Dios.


Dios es “santo, santo, santo” (Isaías 6:3), y, por tanto, Él no puede permitir
que el pecado quede impune (Isaías 1:2; 2:11-20; 5:30; 34:1-2; 42:25).
Isaías describe el juicio venidero de Dios como un “fuego consumidor”
(Isaías 1:31; 30:33).
Al mismo tiempo, Isaías comprende que Dios es un Dios de misericordia,
gracia, y compasión (Isaías 5:25; 11:16; 14:1-2; 32:2; 40:3; 41:14-16). La
nación de Israel (tanto Judá como Israel) es ciega y sorda a los
mandamientos de Dios (Isaías 6:9-10; 42:7). Judá es comparado con una
viña que debe ser, y será pisoteada (Isaías 5:1-7). Solo por Su misericordia
y Sus promesas a Israel, Dios no permitirá que Israel o Judá sean
completamente destruidas. Él traerá restauración, perdón, y sanidad (43:2;
43:16-19; 52:10-12).

Más que ningún otro libro en el Antiguo Testamento, Isaías se enfoca en la


salvación que vendrá a través del Mesías. Un día, el Mesías regirá con
justicia y juicio (Isaías 9:7; 32:1). El reinado del Mesías traerá paz y
seguridad a Israel (Isaías 11:6-9). A través del Mesías, Israel será una luz
para todas las naciones (Isaías 42:6; 55:4-5). El reino del Mesías en la tierra
(Isaías capítulos 65-66) es la meta hacia la cual señala todo el Libro de
Isaías. Es durante el reinado del Mesías que la justicia de Dios será
totalmente revelada al mundo.

En una aparente paradoja, el Libro de Isaías también presenta al Mesías


como uno que sufrirá. Isaías capítulo 53 describe vívidamente el sufrimiento
del Mesías por el pecado. Es a través de Sus heridas que se alcanza la
sanidad. Es a través de Su sufrimiento que nuestras iniquidades son
borradas. Esta aparente contradicción se resuelve en la Persona de
Jesucristo. En Su primera venida, Jesús fue el siervo sufriente de Isaías
capítulo 53. En Su segunda venida, Jesús será el Rey conquistador y
soberano, el Príncipe de Paz (Isaías 9:6).

Referencias Proféticas: Como antes mencionamos, el capítulo 53 de Isaías


describe la venida del Mesías y el sufrimiento que Él soportaría con el fin de
pagar por nuestros pecados. En Su soberanía, Dios orquestó cada detalle de
la crucifixión para cumplir cada profecía de este capítulo, así como otras
profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. La imagen del capítulo 53 es
conmovedora y profética, y contiene un cuadro completo del Evangelio.
Jesús fue despreciado y rechazado (v.3; Lucas 13:34; Juan 1:10-11),
azotado por Dios (v.4; Mateo 27:46), y herido por nuestras rebeliones (v.5;
Juan 19:34; 1 Pedro 2:24). Por medio de Su sufrimiento, Él pagó el castigo
que nosotros merecíamos y se convirtió por nosotros en el último y perfecto
sacrificio (v.5; Hebreos 10:10). Aunque Él fue sin pecado, Dios puso en Él
nuestro pecado, y nosotros fuimos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios
5:21).

Aplicación Práctica: El Libro de Isaías nos presenta a nuestro Salvador con


innegable detalle. Él es el único camino al cielo, el único medio para obtener
la gracia de Dios, el único Camino, la única Verdad, y la única Vida (Juan
14:6; Hechos 4:12). Sabiendo el precio que Cristo pagó por nosotros, ¿cómo
podríamos descuidar o rechazar “una salvación tan grande”? (Hebreos 2:3).
Tenemos solo unos pocos cortos años en la tierra para venir a Cristo y
abrazar la salvación que solo Él ofrece. No hay una segunda oportunidad
después de la muerte, y la eternidad en el infierno es un tiempo muy, muy
largo.

¿Conoces a gente que declara ser creyente en Cristo y que son dos caras,
que son hipócritas? Ese es tal vez el mejor resumen de cómo Isaías vio a la
nación de Israel. Israel tenía una apariencia de rectitud, pero sólo era una
fachada. En el Libro de Isaías, el Profeta Isaías desafía a Israel a obedecer a
Dios con todo su corazón, no solo en el exterior. El deseo de Isaías era que
aquellos que oyeran y leyeran sus palabras fueran convencidos de volverse
de su maldad e ir a Dios para el perdón y la sanidad.

El libro de Jeremías
Autor: Jeremías capítulo 1, verso 1 identifica al Profeta Jeremías como el
autor del Libro de Jeremías.

Fecha de su Escritura: El Libro de Jeremías fue escrito entre el 630 y el 580


a.C.

Propósito de la Escritura: El Libro de Jeremías registra las profecías


finales a Judá, advirtiéndoles de la destrucción por venir, si la nación no se
arrepiente. Jeremías hace un llamado a la nación para volverse a Dios. Al
mismo tiempo, Jeremías reconoce la inevitable destrucción de Judá, debido a
su no arrepentida idolatría e inmoralidad.

Versículos Clave: Jeremías 1:5, “Antes que te formase en el vientre te


conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”.

Jeremías 17:9, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y


perverso; ¿quién lo conocerá?”.
Jeremías 29:10-11, “Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se
cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi
buena palabra, para haceros volver a este lugar. Porque yo sé los
pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de
paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

Jeremías 52:12-13, “Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el
año diecinueve del reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a
Jerusalén Nabuzaradán capitán de la guardia, que solía estar delante del rey
de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas
de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande”.

Breve Resumen: El Libro de Jeremías es primeramente un mensaje de


juicio sobre Judá por la creciente idolatría (Jeremías 7:30-34; 16:10-13;
22:9; 32:29; 44:2-3). Después de la muerte del Rey Josías, el último rey
justo, la nación de Judá había abandonado casi completamente a Dios y Sus
mandamientos. Jeremías compara a Judá con una prostituta (Jeremías 2:20;
3:1-3). Dios había prometido que Él juzgaría la idolatría de la forma más
severa (Levíticos 26:31-33, Deuteronomio 28:49-68), y Jeremías estaba
advirtiendo a Judá que el juicio de Dios estaba a la puerta. Dios había
librado a Judá de la destrucción en incontables ocasiones, pero Su
misericordia había llegado a su fin. Jeremías describe al rey Nabucodonosor
conquistando y sojuzgando a Judá bajo su dominio (Jeremías 24:1).
Después de una rebelión posterior, Dios trajo a Nabucodonosor, y el ejército
babilonio regresó para destruir y desolar a Judá y Jerusalén (Jeremías 52).
Aún en medio de este severísimo juicio, Dios promete restauración a Judá
cuando regrese a la tierra que Dios le había dado (Jeremías 29:10).

Referencias Proféticas: Jeremías 23:5-6 presenta una profecía de la


venida del Mesías, Jesucristo. El profeta Lo describe como un Renuevo de la
casa de David (v.5; Mateo 1), el Rey que reinaría en sabiduría y justicia
(v.5, Apocalipsis 11:15). Es Cristo, quien finalmente será reconocido por
Israel como su Mesías verdadero, como el que proporcionará la salvación
para Sus escogidos. (v.6; Romanos 11:26)

Aplicación Práctica: El Profeta Jeremías tuvo un mensaje muy difícil de


entregar. Jeremías amaba a Judá, pero él amaba mucho más a Dios. Tan
doloroso como fue para entregar un mensaje consistente en el juicio a su
propio pueblo, Jeremías fue obediente a lo que Dios le dijo que hiciera y
dijera. Jeremías esperaba y oraba por misericordia de Dios para con Judá,
pero también confiaba en que Dios era bueno, justo, y recto. Nosotros
también debemos obedecer a Dios, aún cuando sea difícil, reconocer la
voluntad de Dios es más importante que nuestros propios deseos, y confiar
en que Dios, en Su infinita sabiduría y perfecto plan, procurará lo mejor para
Sus hijos (Romanos 8:28).

Libro de Exequiel

Ezequiel, cuyo nombre significa "fortalecido por Dios", creció en Jerusalén,


donde se formó para ser sacerdote en el templo. Formó parte del segundo
grupo de cautivos que fueron llevados a Babilonia junto con el rey Joaquín
hacia el año 597 a.C.. Durante su permanencia en Babilonia, Ezequiel se
convirtió en profeta de Dios; es el autor del libro del Antiguo Testamento
que lleva su nombre.

El ministerio de Ezequiel comenzó con la condena y el juicio de la nación de


Judá. Después de la destrucción de Jerusalén, las profecías de Ezequiel
hablan de esperanza para el futuro. Ezequiel quería ayudar al pueblo para
que aprendiera de sus fracasos. Anunció el juicio inminente sobre las
naciones que rodeaban a Judá y recuperó la esperanza en la restauración de
Israel. Su visión del valle de los huesos secos (Ezequiel 37) ilustra la nueva
vida que vuelve a surgir en la nación. Esa profecía se cumplirá finalmente en
el reinado milenario de Cristo en la tierra.

La primera visión de Ezequiel fue del trono de Dios y describía cuatro


criaturas vivientes y ruedas giratorias. Ezequiel también tuvo visiones
detalladas de un nuevo templo (Ezequiel 40-43), una Jerusalén restaurada
(Ezequiel 48:30-35), el milenio (capítulo 44) y la tierra en la que residirá el
pueblo de Dios (Ezequiel 47:13-23). Israel y Judá volverán a recuperar la
unidad de los confines de la tierra cuando regrese también la gloria de Dios
y Él habite en medio de Su pueblo. Estas preciosas visiones de Ezequiel se
refieren tanto a los planes inmediatos como a los planes a largo plazo de
Dios.
Ezequiel transmitió los mensajes de Dios con un lenguaje directo que todos
podían entender, independientemente de que escucharan o no (Ezequiel
2:7). Al propio Ezequiel le tocó ser centinela, y Dios le advirtió que, si no
advertía fielmente del castigo por no seguir a Dios, sería responsable de la
sangre de los que murieran en sus pecados (Ezequiel 33:8-9). No dudó en
su misión y siguió firmemente las instrucciones de Dios. Ezequiel tenía una
visión apasionada del juicio y la esperanza, y reflejaba el propio dolor de
Dios por los pecados del pueblo.

El dolor de Ezequiel se vio agravado por la muerte de su esposa (Ezequiel


24), un acontecimiento por el que Dios le prohibió llorar. Dios utilizó la
muerte de la esposa de Ezequiel como una señal para el pueblo de Judá. Así
como el profeta perdió a su esposa, el pueblo de Judá perdería su templo. Y,
al igual que Ezequiel no expresó ninguna señal externa de luto, los judíos se
sentirían abatidos hasta el punto de enmudecer por el dolor que sentían.

El profeta Ezequiel experimentó una gran oposición a lo largo de su vida,


pero expresó firmemente el deseo de Dios de que los malvados no murieran,
sino que se convirtieran de sus malos caminos y vivieran. Su
enmudecimiento periódico durante sus primeros años se rompió cuando Dios
le dio el poder de hablar, y su lengua se soltó para pronunciar el pasaje más
largo de la esperanza constante en la Biblia. El quemar, cortar y esparcir su
cabello representaba la caída de Jerusalén y el regreso del remanente de
Dios (capítulo 5). Las palabras de esperanza culminan en la promesa de la
posesión eterna de la tierra, un príncipe davídico eterno, un pacto eterno y
un santuario eterno en Israel (Ezequiel 11:16-21).

Las visiones de Ezequiel se extienden mucho más allá, hasta el momento en


que Israel se enfrentará a una invasión por parte de una coalición de
naciones lideradas por un país del norte. Las naciones que amenazan a
Israel serán totalmente derrotadas por la intervención directa del Señor
(Ezequiel 38-39). Esta futura victoria demuestra dos cosas importantes para
los judíos cautivos: 1) su nación será restaurada, y 2) después de esa
restauración final, ningún enemigo volverá a invadir exitosamente la Tierra
Santa. Ezequiel también ve la gloria del Señor regresar al templo en el
capítulo 43-la misma gloria que había desaparecido en el capítulo 10.
Ezequiel ha mostrado a todos los cristianos que debemos ser obedientes al
llamado de Dios sobre nuestras vidas. Dios le dijo a Ezequiel que gimiera
con un corazón quebrantado y una amarga pena por el juicio venidero, y,
mediante este dramático libro, Ezequiel nos dice lo mismo. El juicio se
acerca. Sin duda ocurrirá, declara el Señor Soberano. Nosotros, como
Ezequiel, podemos advertir a los demás, y también podemos compartir con
ellos la buena nueva de la salvación en Jesucristo.

Libro de Daniel

Autor: El Libro de Daniel identifica al profeta Daniel como su autor (Daniel


9:2; 10:2). Jesús también menciona a Daniel como su autor (Mateo 24:15).

Fecha de su Escritura: El Libro de Daniel fue escrito probablemente entre el


540 y el 530 a.C.

Propósito de la Escritura: En el 605 a.C., Nabucodonosor, rey de


Babilonia había conquistado a Judá y deportado a muchos de sus habitantes
a Babilonia – incluido a Daniel. Daniel sirvió en la corte real de
Nabucodonosor y varios gobernantes que siguieron a Nabucodonosor. El
Libro de Daniel registra las acciones, profecías, y visiones del profeta Daniel.

Versículos Clave: Daniel 1:19-20, “Y el rey habló con ellos, y no fueron


hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así,
pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia
que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y
astrólogos que había en todo su reino”.

Daniel 2:31, “Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen,
que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante
de ti, y su aspecto era terrible”.

Daniel 3:17-18, “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del
horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas,
oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua
que has levantado”.
Daniel 4:34-35, “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al
cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué
al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas
las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y
él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la
tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?”.

Daniel 9:25-27, “Sabe, pues, y entiende, que, desde la salida de la orden


para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete
semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro
en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará
la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir
destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin
de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el
pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la
ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el
desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se
derrame sobre el desolador”.

Breve Resumen: El Libro de Daniel se puede dividir en tres secciones. El


capítulo 1 describe la conquista de Jerusalén por los babilonios. Junto con
muchos otros, Daniel y sus tres amigos fueron deportados a Babilonia y por
su valentía y obvias bendiciones de Dios sobre ellos, fueron “promovidos” al
servicio del rey (Daniel 1:17-20).

Los capítulos 2-7 registran a Nabucodonosor teniendo un sueño que solo


Daniel podría interpretar correctamente. El sueño de Nabucodonosor sobre
una gran estatua, representaba los reinos que se levantarían en el futuro.
Nabucodonosor hizo una gran estatua de sí mismo y forzó a todos a
adorarla. Sadrac, Mesac y Abed-nego se rehusaron y fueron librados
milagrosamente por Dios, a pesar de haber sido echados dentro de un horno
de fuego. Nabucodonosor fue juzgado por Dios por su soberbia, pero
después restaurado, una vez que reconoció y admitió la soberanía de Dios.

Daniel capítulo 5, registra el mal uso que hizo Belsasar, hijo de


Nabucodonosor, de los objetos tomados del templo de Jerusalén; y como
respuesta, recibió un mensaje de Dios, escrito en la pared. Solo Daniel pudo
interpretar la escritura, un mensaje del juicio venidero de Dios. Daniel es
echado al foso de los leones por rehusarse a orar al emperador, pero fue
librado milagrosamente. Dios le dio a Daniel una visión de cuatro bestias.
Las cuatro bestias representaban los imperios de Babilonia, Medo-Persa,
Grecia, y Roma.

Los capítulos 8-12 contienen una visión de un carnero, un macho cabrío, y


varios cuernos – también referente a futuros reinos y sus gobernantes.
Daniel capítulo 9, registra la profecía de las “setenta semanas” de Daniel.
Dios le dio a Daniel el tiempo preciso cuando el Mesías vendría y sería
muerto. La profecía también menciona a un futuro gobernante quien hará un
pacto con Israel, el cual romperá al cabo de tres años y medio, seguido poco
después por el gran juicio y la consumación de todas las cosas. Daniel es
visitado y fortalecido por un ángel después de esta gran visión, y el ángel le
explica la visión a Daniel con gran detalle.

Referencias Proféticas: Vemos en las historias del horno de fuego y de


Daniel en el foso de los leones, una referencia profética de la salvación
provista por Cristo. Los tres hombres declaran que Dios es un Dios que
salva, y quien puede librarlos del horno de fuego (Daniel 3:17). De la misma
forma, al enviar a Jesús a morir por nuestros pecados, Dios ha provisto un
escape del fuego del infierno (1 Pedro 3:18). En el caso de Daniel, Dios
envió un ángel para cerrar las bocas de los leones y salvó a Daniel de la
muerte. Jesucristo es nuestra provisión de los peligros del pecado que
amenazan con consumirnos.

La visión de Daniel del final de los tiempos representa al Mesías de Israel,


por quien muchos serán limpios y purificados (Daniel 12:10). Él es nuestra
justificación (1 Pedro 5:21) por quien nuestros pecados, a través de Su
sangre, serán lavados y seremos tan blancos como la nieve (Isaías 1:18).

Aplicación Práctica: Al igual que Sadrac, Mesac, y Abed-nego, siempre


debemos permanecer firmes ante lo que sabemos que es lo correcto. Dios es
más grande que cualquier castigo que pudiera venir sobre nosotros. Ya sea
que Dios decida librarnos o no, Él siempre es digno de nuestra confianza.
Dios sabe lo que es mejor, y Él honra a aquellos que le obedecen.
Dios tiene un plan, y Su plan está elaborado hasta el más mínimo detalle.
Dios conoce y tiene el control del futuro. Todo lo que Dios ha predicho, se ha
cumplido con la exactitud con que fue anunciado. Por tanto, debemos creer
y confiar en que las cosas que Él ha predicho para el futuro, algún día
ocurrirán exactamente como Dios lo ha declarado.

Diferencia entre oficio y profesión


Un oficio es una actividad laboral que generalmente está vinculada con
procesos manuales o artesanales que no requieren estudios formales. Una
profesión es una actividad laboral que requiere una una formación
académica especializada.

Diferencia entre el oficio profético y el Ministerio Profético efesios capitulo


4:11

Adivinación
¿Qué es? Acción de adivinar algo sin utilizar procedimientos basados en la
razón ni en conocimientos científicos, especialmente si para ello se utiliza la
magia, la interpetación de signos de la naturaleza, etc.

"con aquellos ejercicios fomentaba su capacidad de adivinación"

Hecho que se conoce sin utilizar procedimientos basados en la razón ni en


conocimientos científicos sino por medio de magia, interpretación de signos
de la naturaleza, etc.

"en ningún momento se sintió menos facultado para dar por buena su
adivinación"

¿Qué dice la Biblia sobre la adivinación?


Practicar la adivinación es descubrir conocimientos ocultos por medios
sobrenaturales. Está relacionada con el ocultismo e incluye la predicción de
la suerte o la videncia, como solía llamarse.

Desde la antigüedad, la gente ha utilizado la adivinación para conocer el


futuro o como una forma de ganar dinero. La práctica continúa, ya que los
que afirman tener una visión sobrenatural leen las palmas de las manos, las
hojas de té, las cartas del tarot, las cartas estelares y mucho más.

Dios nos da Su punto de vista sobre la adivinación en Deuteronomio [Link]


"No sea hallado en ti quien...practique adivinación, ni agorero, ni sortílego,
ni hechicero". Primera de Samuel 15:23 compara la rebelión con el "pecado
de adivinación".

La práctica de la adivinación figura como una de las razones del exilio de


Israel (2 Reyes 17:17). Jeremías 14:14 habla de los falsos profetas de la
época, diciendo: "Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los
envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y
engaño de su corazón os profetizan". Así que, comparada con la verdad de
Dios, la adivinación es falsa, engañosa y sin valor.

Mientras Lucas viajaba con Pablo y Silas por la ciudad de Filipos, registró un
encuentro con una adivina: "Nos salió al encuentro una muchacha que tenía
espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando"
(Hechos 16:16). La capacidad de la muchacha para adentrarse en los
misterios se debía a un demonio que la controlaba. Sus amos obtuvieron
"mucha ganancia" de su esclava. Pablo acabó exorcizando al demonio
(versículo 18), liberando a la muchacha de su esclavitud espiritual y
haciendo que los dueños de la esclava se enfurecieran (versículo 19).

La adivinación en cualquier forma es pecado. No es un entretenimiento


inofensivo ni una fuente alternativa de sabiduría. Los cristianos deben evitar
cualquier práctica relacionada con la adivinación, incluyendo la predicción de
la suerte, la astrología, la brujería, las cartas del tarot, la nigromancia y los
hechizos. El mundo de los espíritus es real, pero no es inofensivo. Según las
Escrituras, los espíritus que no son el Espíritu Santo o los ángeles son
espíritus inmundos.

Los cristianos no deben temer a los espíritus que intervienen en la


adivinación; tampoco deben buscar sabiduría en ellos. La sabiduría del
cristiano proviene de Dios (Santiago 1:5).

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