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Enfoques de Actuación Policial en Seguridad

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Enfoques de actuación

policial
Daniel H. Garay1

SUMARIO: I.- Introducción; II.- Enfoque Gubernativo; III.- Enfoque Profesional;


IV.- Enfoque Comunitario; V- Enfoque basado en el orden o tolerancia cero; VI-
Enfoque Basado en la Solución de Problemas; VII- Policía guiada por la
inteligencia; VIII- ¿Existe un modelo tradicional?; IX.- Bibliografía.

RESUMEN: En el presente articulo desarrollaré las concepciones, modelos o


enfoques más difundidos a partir de las cuáles se articularon las organizaciones y
las actuaciones policiales, ya que en gran parte del mundo las instituciones
policiales son el principal (y en muchos casos el único) organismo responsable en
materia de seguridad y a pesar de que el Estado podría tratar la delincuencia con
una multiplicidad de agencias diferentes, en la mayoría de los casos se ha optado
por una estrategia de policiamiento, es decir, impera la visión en la cual la seguridad
tiene que ser abordada exclusivamente a través de la actuación policial.
Específicamente, y teniendo como base la tesis doctoral de Francesc Guillén
Lasierra, haré referencia a los enfoques gubernativo, profesional, comunitario,
basado en el orden, en la inteligencia y en la solución de problemas. Describiré las
respuestas que cada uno de ellos dan a aspectos claves de la realidad policial, así
como sus contribuciones a la mejora del servicio que la policía provee a los
ciudadanos y las limitaciones de cada uno de ellos. Finalmente, hare un breve
análisis sobre la inexistencia de un modelo tradicional como forma de
policiamiento autónoma.

1
Abogado egresado de la Universidad Nacional de Córdoba. Diplomado en Derecho Penal y
Procesal Penal por el Centro de Estudios Avanzado en Derecho (CEADe) Córdoba. Técnico
Superior en Seguridad Pública. Correo electrónico: [email protected]

Revista Pensamiento Penal (ISSN 1853-4554), Marzo de 2022, No. 417 1


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Daniel H. Garay

PALABRAS CLAVE: Enfoques de actuación policial - enfoque gubernativo,


profesional, comunitario, basado en el orden, en la inteligencia y en la solución de
problemas.

I.- Introducción
Si bien el estado frecuentemente ha monopolizado la totalidad del campo
material de la seguridad en la institución policial, ello no quiere decir que seguridad
se refiera exclusivamente a policía, sino que se trata de un concepto muy amplio,
donde la policía solo es una parte (trascendental, por cierto) dentro de ese gran
sistema que es la seguridad2.

En virtud de ello, no deben confundirse las acepciones modelos o enfoques


de seguridad, con enfoques/modelos de actuación policial. Refiriéndose la primera,
a forma en la que se articula, organiza y desarrolla el sistema de seguridad de un
territorio específico, entendiéndolo como un todo, y no en relación exclusiva a
alguna de las instituciones que forman ese sistema. Es decir, no se lo circunscribe
exclusivamente al actuar policial -o de un solo integrante de ese sistema- sino que
resulta abarcativo de todas las instituciones que puedan conformarlo (gobierno;
fuerzas de seguridad; el sistema de persecución penal y de reinserción social; la
participación comunitaria; el sistema de seguridad privada, entre otros). Los
enfoques más difundidos sobre ello, son los de seguridad pública, ciudadana y
humana.

Mientras que, al hablar de enfoques de actuación policial, si nos referimos


específicamente a las modalidades en la que los cuerpos policiales han desarrollado
sus actividades a lo largo de la historia.

Con el devenir de los años y bajo los diversos sistemas de gobierno por los
que han transitado las instituciones policiales, han adoptado distintos modelos o
enfoques de actuación, todos con la finalidad de dar respuesta a los problemas de
(in) seguridad imperantes en cada sociedad en una época determinada -siempre con
gran influencia del contexto sociopolítico atravesado en un momento histórico
determinado, algunas veces con mayor influencia del poder político, otras veces a

2
La experiencia cordobesa nos indica que las políticas vinculadas con seguridad, tuvieron como
característica definitoria la constitución de la policía como el actor central en su
implementación, para ello, el Estado siempre proveyó a la fuerza policial cada vez más
armamento, tecnología, móviles y efectivos, así como mayor autonomía operativa.

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raíz de reclamos sociales, pero en todos los casos está presente alguno de estos
elementos: sociedad o gobierno-, y a pesar de las grandes diferencias
sociales/culturales que puedan existir entre los distintos países del mundo, los
problemas vinculados con la (in) seguridad, y consecuentemente con los modelos
policiales adoptados para hacer frente a ellos, suelen tener rasgos comunes.

A continuación, analizare y describiré justamente eso: los modelos y


estrategias que han definido la forma de actuar de las organizaciones policiales,
como así también, las estrategias que han utilizado para paliar las insuficiencias de
seguridad. Para ello, me circunscribiré a los enfoques/modelos de policiamiento
más difundidos globalmente.

Dentro de cada enfoque, se encuentran presente los elementos prevención,


reacción y participación, y según sea la relación existente entre ellos, será la esencia
del modelo, y su consecuente diferencia con el resto:

• Gubernativo
• Profesional
• Enfoque comunitario
• Policía Orientada a los Problemas
• Policía Guiada por la Inteligencia
• Policía basada en el orden / Tolerancia cero

En todos los casos se trata de metodologías de trabajo implementadas por


cuerpos policiales, debiendo destacar que estos modelos raramente se encuentran o
se han manifestado en su versión más pura, de hecho, tenemos una realidad
policial con muchos matices, en la que con frecuencia, se encuentran de manera
simultánea características de diversos modelos.

Algunos han dejado de aplicarse, otros persisten y otros empiezan a resultar


convincentes. No hay un solo modelo a tomar o seguir, todos ellos han hecho
aportaciones a la forma de operar de la policía, con resultados desiguales, por
cierto. Determinar si hay un mejor o peor modelo, o si alguno de ellos puede ser
utilizado universalmente, no es una respuesta que pueda darse sin asumir
demasiados riesgos, pues cada país e institución policial tiene su propia historia y
contexto político. Sin embargo, podríamos afirmar que aquellos modelos o
enfoques que tienen como eje de actuación el respeto a los derechos humanos y la
participación ciudadana son los que han logrado fortalecer las instituciones de
seguridad y generar una mayor asociación entre la policía y la comunidad, que en
definitiva resulta fundamental para todo Estado de Derecho.

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Hoy día se requiere que los cuerpos policiales puedan emplear las
características más beneficiosas de todos y cada uno de los modelos presentados en
forma simultánea, para ello sería recomendable trabajar a niveles de micro espacios
(el barrio, por ejemplo). Dentro de estos espacios, habrá lugares más propensos a
implementar estrategias personalizadas, y en otros, para propuestas más reactivas.
Más allá de eso, en todos los casos será la misma policía, lo que inexorablemente
conllevará a la especialización y profesionalización de los cuerpos policiales, para
poder brindar la respuesta más eficiente según sea el contexto donde le toque
actuar.

II.- Modelo Gubernativo


Se trata de un modelo de origen francés, cuyo inicio se remonta a la
Revolución Francesa, extendiéndose con el pasar de los años a casi todos los países
europeos y de otros continentes.

Previo a la Revolución, los cuerpos policiales ejercían sus funciones en


Estados absolutos, y seguían a rajatabla las instrucciones del gobierno
(monarquías), sin importar otra cosa que el respeto por las órdenes que recibían.
En términos generales, la finalidad de la policía consistía básicamente en obedecer
todo lo que el soberano les decía, ordenes que, en la mayoría de los casos, estaban
destinadas a controlar la población con el objetivo de asegurar la continuidad de
los gobernantes y garantizar la estabilidad del sistema político, sometiendo
cualquier foco de resistencia.

Si bien la Revolución generó un viraje sobre la concepción del enfoque, (ya


que, por ejemplo, dejo de perseguirse a personas, grupos u organizaciones
disidentes o que representaban alguna resistencia al modelo de gobierno) no se
perdieron los pilares básicos de la actuación policial en este modelo, es decir,
obedecer a la autoridad política y hacer lo que esta dice, casi siempre en relación a
garantizar el sostenimiento y perduración del sistema político.

Lo que si modificó la Revolución, fue que las ordenes dejaron de tener como
exclusiva finalidad la de mantener el sistema político. Esto fue así, debido a que
uno de sus principales logros fue el surgimiento del Estado de Derecho y
consecuentemente las personas empezaran a ser el foco de atención de las
autoridades políticas, lo que inexorablemente derivó en que, al objetivo tradicional,
se le adicione el respeto por los derechos de la ciudadanía.

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Actualmente la característica definitoria de este modelo es su concepción


como una organización que ejecuta órdenes procedentes del gobierno, con la
finalidad de mantener el orden legítimamente establecido, respetando los derechos
de la ciudadanía, pero generando una nula o muy escasa relación con la comunidad.
Solo importa hacer lo que el gobierno manda, en la medida que se respeten y
garanticen los derechos del pueblo. El modelo gubernativo se caracteriza por la
dependencia que tiene la institución policial respecto del gobierno a la hora de
actuar.

El gobierno decide y ordena la forma en la que tienen que darse las


actuaciones policiales y ante quien se deben realizar. Ello implica que la policía no
puede tomar su propias decisiones, solo tiene que seguir las pautas dadas y ejecutar
las ordenes que determine el gobierno.

En este tipo de modelo, las organizaciones policiales suelen ser centralizadas,


jerarquizadas y militarizadas. Las dependencias son numerosas, y no existe la
necesidad de crear unidades específicas, ya que en definitiva cualquiera está en
condiciones de obedecer la orden impartida.

Finalmente, y teniendo en cuenta los poderes públicos están sometidos a


actuar bajo la ley, el principio de legalidad es un elemento importante en este
modelo (al menos desde lo teórico), sirviendo de garantía para los derechos de los
ciudadanos. A pesar de ello, es innegable que las actuaciones discrecionales y/o
arbitrarias se tornaron en recurrentes, ya que en muchas oportunidades se
consideraba más importante mantener el sistema, que el apego incondicional a la
ley.

En resumen, el modelo gubernativo es un modelo reactivo, con sujeción


conveniente a la ley, y con especial énfasis en el mantenimiento del orden político.

La mayor virtud o riesgo de este modelo, es que depende exclusivamente del


sistema político en que se inserte. Si es un buen sistema político, seguramente la
actuación policial será considerada como adecuada o apropiada, lo que no sucederá
si el sistema político reviste otras características.

Esta inestabilidad es su principal falencia, el riesgo excesivo de influencia


política.

En cuanto a los controles sobre las actuaciones policiales, no provienen ni del


poder judicial ni de la ciudadanía, sino que únicamente son controles internos, y

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rara vez provienen del poder político. Esto es así, porque los demás actores
desconocen la base de dichas actuaciones.

Finalmente, en relación a las requisitos, formación y capacitación de los


integrantes de la fuerza policial, no resulta dirimente que cuenten con algún tipo de
estudios previos, o que acrediten algún tipo de capacitación para permanecer en
sus funciones, porque solo importa que cumplan las ordenes impartidas.

III.- Modelo Profesional


Tiene su origen a principios del siglo XX en EEUU, de la mano de August
Vollmer, jefe de la Policía Local de Berkeley.

En aquella época, la policía estaba muy influenciada por las autoridades de


gobierno -Modelo Gubernativo-, los escándalos de corrupción y mala
administración eran muy frecuentes, tanto a nivel político como policial. Para el
gobierno no era una prioridad la capacitación del personal policial y mucho menos
la de brindar recursos materiales necesarios para que la lucha contra la delincuencia
y la corrupción fuera eficiente y eficaz, la policía solo era necesaria para mantener
el sistema político.

Es así que Vollmer comprende que hay que realizar un cambio de dirección y
que ese cambio debe ser radical, se debe construir la profesión policial, que posea
contenido científico. Con conocimiento y profesionalización se va a poder obtener
el respeto e independencia de las autoridades políticas.

Se inicia un proceso de profesionalización general y profundo, destinado a


construir la “profesión policial”. Los postulantes a cubrir puestos en la institución
van a tener que atravesar un arduo proceso de formación intelectual y físico.
Quienes ya forman parte, deberán capacitarse constantemente y acreditar
conocimientos para mantenerse en sus puestos y para avanzar en la carrera. Se
busca que la profesión policial se asemeje a otras profesiones como la medicina,
ingeniería, abogacía, etc., Estos postulados venían de la mano de un incremento
salarial y mejoras en las condiciones generales de trabajo del personal policial.

El saber profesional que, necesaria y obligatoriamente tendrán los miembros


de la institución, los va a prestigiar socialmente (de manera personal e
institucionalmente), a la vez que va a generar una notable autonomía del poder
político.

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Es decir, el modelo profesional se caracteriza por la disminución de la


dependencia y sometimiento respecto del gobierno, generado gracias a la
profesionalización de sus miembros.

Para llevar a cabo ese cambio de dirección, Vollmer plantea 3 ejes:

1. En relación al personal, trabajar sobre sus conocimientos, habilidades,


actitudes y la aptitud. Se trata de lograr la excelencia.
2. Establecer estándares de trabajo en base a normas preestablecidas,
orientados a que la actuación policial sea más efectiva.
3. Ética en el ejercicio, cumplimiento irrestricto de la Ley y control de las
actuaciones.

Bajo este impulso reformador, se empezó a trabajar el modus operandi de los


delincuentes, a recoger de manera sistemática y centralizada los datos sobre
procedimientos policiales, a incorporar los conocimientos y recomendaciones de
otras disciplinas (psiquiatría, medicina, biología, física, psicología), y a evaluar las
intervenciones para verificar su grado de eficacia.

Sin duda, esta corriente sirvió para objetivar la función policial, acercándola
más a la figura de alguien que decide en función de criterios profesionales y no
mecánicamente en base a órdenes recibidas, sin análisis de las mismas.

Se cree que el gran hito que dio origen al modelo fue la consolidación del
paso de la sociedad rural a una más urbana, ya que se requería de una policía que
pudiera hacer frente a los nuevos retos, que por cierto tendían a ser más complejos.
Se necesitaba una policía más profesional que se adaptase a las nuevas exigencias
sociales, lo que exigía una mejor formación de sus agentes.

Esta situación de orden global, favorece y abona la creación de nuevos


cuerpos policiales con una creciente mejora en los aspectos de su formación y
especialización, con una clara idea de profesionalización. Aquella persona que
porta un uniforme policial, tiene que contar con un saber específico, conocer
procedimientos particulares que los conviertan en los más idóneos para asegurar y
brindar la seguridad de los ciudadanos.

Poco a poco se han ido estableciendo las bases que definían a la policía como
una profesión, estableciendo procesos de selección donde se exigían una serie de
conocimientos y capacidades que iban más allá de la preocupación de seguir el
funcionamiento del poder político, centrándose en la aplicación de la ley
objetivamente.
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Este modelo se diferencia cabalmente de su predecesor (gubernativo) por 2


grandes cuestiones:

1. El apego a la legalidad, distanciándose de la discrecionalidad en las


actuaciones policiales de antaño (las cuales eran muy arbitrarias) y la
consecuente manipulación política.
2. La legitimación profesional, que llega de la mano del saber, del
conocimiento científico que se le quiere dar a la actividad policial.
Policías bien formados tenían una mayor aceptación ciudadana.

Se supone así que la institución policial se convierte en un instrumento


respetuoso del ordenamiento jurídico, pero que por sobre todo es resistente a la
presión política. Finalmente, pero no menos importante, la misión de la policía es
luchar contra la delincuencia y no la búsqueda del control social (propio del sistema
gubernativo).

En cuanto a los controles de las actuaciones policiales, no provienen ni del


poder judicial ni del poder político, sino que se trata de controles internos, debido
a que los demás actores siguen sin conocer la forma en la que actúa la policía, ni su
funcionamiento interno. El control por parte de la ciudadanía sigue sin ser esencial.

El problema del modelo radicó en que eso planteamientos muy


“profesionales” generaron que la Policía se aleje de todo el mundo, no solo de las
autoridades políticas, sino también de la ciudadanía. Se identificaba al policía como
aquella persona que tenía conocimientos sobre seguridad superiores al resto de la
población y que, por ello, tenía que tomar todas las decisiones sin consultar ni
recibir ayuda externa. La Policía se había olvidado de su finalidad.

IV.- Enfoque Comunitario


Este modelo policial surgió en el Siglo XIX, en Inglaterra, cuando Sir Robert
Peel creó la Policía Metropolitana4 de Londres en 1829. La idea de Peel es que los
3

policías forman parte de la sociedad, y que tienen que ser ciudadanos que estén al
servicio de la comunidad a la cual pertenecen. A través de la frase “the police are the

3
Político conservador británico, conocido como el "padre de la policía moderna".
4
Todavía hoy se les conoce como “Bobbies” en recuerdo del nombre de su creador. En inglés,
Bob es un diminutivo habitual para Robert y era así como los ciudadanos conocían
popularmente a Peel. Por eso, los agentes del recién creado cuerpo fueron bautizados por los
ciudadanos como 'bobbie', una denominación que triunfó rápidamente. Tanto, que se ha
mantenido hasta nuestros días.

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public and the public are the police" (la policía es el público y el público es la policía)
también hizo referencia a que los agentes no pueden hacer solos todo el trabajo,
porque para tener éxito, necesariamente tienen que contar con la comunidad. Estos
son los ojos y oídos de la policía. Esta necesidad de acercar la Policía al público
pretendía incrementar no solo su eficacia sino también su legitimación.

Se trataba fundamentalmente de reorientar la función policial, que se tuviera


en cuenta los intereses y problemas de los ciudadanos.

Este autor expone la necesidad de que la actuación policial sea considerada


como un servicio público, donde el consenso ciudadano se logre a partir del
cumplimiento de la ley, de la aprobación social y de la prevención. Sumado a ello,
el uso de la fuerza será el último mecanismo a utilizar reemplazándolo por el
diálogo y la resolución alternativa de conflictos, para minimizar los daños y
solucionar los problemas existentes.

La utilización de la idea de servicio público evidencia las prioridades del


modelo: proveer al ciudadano un servicio de seguridad, se supone que con ello se
despoja a la policía de una posición de poder o superioridad. La idea sería que el
policía es “un ciudadano uniformado, no representa el poder ante un ciudadano, sino el poder
del ciudadano” (citado en Kandiko: 2018). La ciudadanía es el objeto de la actividad
policial, por ende, el paso inicial sería conocer sus necesidades, para así diseñar un
servicio que pueda satisfacerles.

A diferencia de los otros enfoques, el comunitario considera como pilar de su


política la participación de los ciudadanos en el diseño de estrategias vinculadas
con la seguridad. Es necesario el contacto permanente entre la policía y la
comunidad, pero fundamentalmente, y en contraposición a lo ocurrido en modelos
pretéritos, incluye y considera al policía como otro ciudadano más que tiene como
misión garantizar la seguridad de los demás conciudadanos.

El trabajo policial debe consistir en el diálogo y contacto permanente con los


miembros de la comunidad, haciendo suyas las preocupaciones que estos tengan en
materia de seguridad, definiendo sus prioridades de actuación en consecuencia, y
comprometiéndose a afrontar la situación en colaboración con los vecinos. Por
tanto, el diálogo con la sociedad es primordial, donde es crucial la importancia de la
diversidad social y del trato que se da a las minorías sociales.

La implementación del enfoque comunitario en una institución policial


requiere años de trabajo y constancia. Este enfoque no puede ser implementado

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como una acción aislada, sino que debe ser asumido como una filosofía
institucional.

En cuanto a la organización policial, se la caracteriza por contar con una


descentralización en la toma de decisiones, que también beneficie en la relación
con la ciudadanía. Se reducen las connotaciones que la conciben únicamente como
un instrumento de poder y aumentan los que la relacionan con el servicio al
público, circunstancia que implica que la ciudadanía sea el sujeto activo en la
demanda de responsabilidades a la Policía.

Respecto a la supervisión de las actuaciones policiales, el control por parte de


la sociedad es de suma importancia, para que a partir de la legitimación ciudadana,
exista una buena relación entre policía-comunidad y puedan garantizarse servicios
de mejor calidad y efectividad. Y al tratarse de una organización flexible y plural, el
proceso de selección de sus integrantes debe contener una buena formación en
cuanto al trato que se debe aportar a los diferentes individuos, se busca un perfil
específico que sea polivalente, y pueda abordar los distintos fenómenos sociales.

Para concluir, las insuficiencias que dificultan la implantación efectiva de este


modelo, por un lado, están vinculadas con que en muchos casos no hay una
voluntad política real de implantar un modelo centrado en el servicio público, sino
que el objetivo es maquillar la desmejorada imagen de la Policía ante los ojos de la
ciudadanía (Guillen: 2016). Así, la reforma no se produce en profundidad porque
tampoco existe la intención de llevarla a cabo.

Por otro costado, están relacionadas a que no se establecen indicadores


novedosos para valorar las actuaciones policiales. Se continúa evaluando a la
Policía en función de la evolución de las tasas delictivas, del número de detenidos,
etc. Es decir, se produce una contradicción entre el discurso de la organización y
los indicadores que se tienen en cuenta para evaluarla. Esto produce una diglosia
entre el discurso y lo que se sigue considerando como trabajo auténticamente
policial, algo que dificulta que el modelo sea asumido por los efectivos policiales.

Finalmente, las dirigidas a demostrar que si no hay una implantación


institucional del modelo (tanto en lo teórico, como desde lo practico), se puede dar
el choque de ideales entre las nuevas y viejas generaciones, lo que sin lugar a dudas
va a generar una evolución y transformación institucional muy lenta.

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a. La policía comunitaria – de proximidad

En primer lugar, considero de suma importancia hacer referencia a los


principios establecidos por Robert Peel en el año 1829, ya que en definitiva fueron
las bases del renacimiento de la policía comunitaria en el Siglo XX, y que al día de
hoy continúan teniendo plena vigencia, siendo el eje principal de este tipo de
policías:

• La misión básica de la policía es prevenir el crimen y el desorden, antes


que reprimirlos por la fuerza militar y por la severidad de las penas
previstas por la ley.
• La capacidad de la policía para realizar sus deberes depende de la
aprobación pública de sus acciones.
• La policía debe asegurar la cooperación del público en el cumplimiento
voluntario de la ley para poder ser capaz de asegurar y mantener el respeto
de las leyes.
• El grado de cooperación y aprobación del público disminuye
proporcionalmente ante la necesidad del uso de la fuerza.
• La policía busca y conserva el favor público no a través de una opinión
pública favorable, sino demostrando constantemente un servicio imparcial
absoluto de la ley.
• La policía sólo debe utilizar la fuerza física sólo cuando el ejercicio de la
persuasión, el consejo y la advertencia no son suficientes,
• La policía debe mantener siempre una relación con el público que honre la
tradición histórica: la policía es el público y el público es la policía. La
policía son sólo individuos que a tiempo completo trabajan para cumplir
los deberes que incumben a todos los ciudadanos.
• La policía siempre debe dirigir sus acciones estrictamente hacia sus
funciones y nunca dar la impresión de desear usurpar los poderes de las
cortes.
• La prueba de la eficiencia de la policía es la ausencia del crimen y el
desorden, y no la manifestación visible de la acción de la policía para llegar
a este resultado
La policía comunitaria o de proximidad es una filosofía y una estrategia
organizacional que promueve una nueva asociación entre la comunidad y
su policía. Está basada en la premisa de que ambos, policía y comunidad,
deben trabajar en conjunto para identificar, priorizar y resolver los
problemas actuales (delito, desorden social y decadencia barrial, entre
otros) con el objetivo de mejorar la calidad de vida en la zona.

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La policía de proximidad supone un conjunto de características


particulares que pasamos a detallar.
• Existe una ampliación en la actuación policial tradicional, ya no se limita al
mantenimiento del orden y a la prevención y represión de los delitos y
contravenciones, sino que abarca la resolución de los problemas de la
comunidad teniendo como eje mejorar la calidad de vida de la población.
• En segundo término, centra sus esfuerzos en la resolución temprana de los
problemas que puedan degenerar en conflicto social, es decir, se requiere
un comportamiento proactivo más que reactivo. Pero, además, el modelo
busca que la solución de problemas no sea mitigadora, reduccionista o de
corto plazo, sino que, por el contrario, opere sobre las causas reales de la
disfunción, identificándolas y generando abordajes de tratamiento y
contención creativos y en los cuales se involucre la comunidad.
• Resulta necesario el diseño de estrategias a nivel local. La unidad
geográfica más pequeña (barrio) pasa a constituir el espacio en donde se
analiza el problema de la inseguridad y se planifican las estrategias para
enfrentarlo. Esta descentralización y personalización en relación al espacio
territorial de actuación, hace que el policía intensifique su conocimiento y
comprensión a cerca de la problemática sobre la que debe actuar, de los
actores con los cuales debe trabajar y de los procesos que están teniendo
lugar y que se desea contener, prevenir y reconducir, si son negativos y
potenciar o auspiciar si son considerados valiosos.
• Finalmente, se requiere el establecimiento de mecanismos de asociación y
cooperación lo más amplio posible, con la mayor cantidad de actores
posibles (autoridades políticas, servicios públicos y privados, los medios de
comunicación y la comunidad en general). La policía comunitaria parte del
supuesto que la comunidad debe involucrarse en el delito y debe articular
con ella las herramientas encaminadas a prevenir, contener y encauzar las
conductas que generan delito y temor al delito y acotar y reducir los daños
que este ocasiona. La policía es una herramienta de la propia comunidad y
por lo tanto no pueden estar separadas o aisladas.

Es así como los objetivos de este tipo de policía, en relación con los otros
modelos analizados, también se amplían. Respecto de las formas más tradicionales,
la función del policía está generalmente limitada a unas pocas tareas, tales como
patrullaje preventivo, paradas fijas, operativos de control de distinto tipo y apoyo a
las tareas de la justicia. Si bien en el modelo de policía comunitaria el policía sigue
teniendo las mismas capacidades básicas, éstas se ven ampliadas además a las

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múltiples tareas relacionadas con la organización de la comunidad en la prevención


proactiva del delito, la policía incorporará a su quehacer objetivos tales como:

• Identificar problemas en la comunidad y propiciar soluciones sostenibles,


particularmente sobre aquel tipo de problemas que se estime pueden
incidir sobre la proliferación de hechos delictivos o de problemas de orden
público.
• Mejorar la sensación de inseguridad en la población.
• Incrementar el nivel de satisfacción de la comunidad con respecto a la
intervención policial.
• Incorporar a los ciudadanos en la producción de seguridad, mediante su
participación en diversas iniciativas que permitan prevenir más
efectivamente la comisión de delitos.
• Mejorar el control social sobre la actuación policial.

Entonces, con este modelo se busca que la ciudadanía se identifique y confié


en el policía que patrulla habitualmente en su barrio o en la zona en la que lleva a
cabo sus actividades cotidianas. Esta proximidad resultará instrumental para
mejorar la confianza entre la policía y los ciudadanos y, así, los ciudadanos les
confiarán a los agentes sus problemas de manera más fluida, aquello que los
inquieta, los agentes podrán dedicarse a su solución y la presencia de la autoridad
será más visible.

V.- Enfoque Basado en el Orden o Tolerancia Cero


Tiene su origen en políticas policiales puestas en marcha en la ciudad de
Nueva York, con la llegada en 1994 del alcalde republicano Rudolph Giuliani,
quien designó a William Bratton como Jefe de Policía.

Este modelo adopta las ideas centrales aportadas por la teoría de las ventanas
rotas, y define una serie de estrategias policiales en consecuencia.

En resumen, se considera que para ser eficaz en la lucha contra la


delincuencia, la policía tiene que actuar de manera muy estricta ante cualquier
afectación del medio físico o de cualquier conducta que moleste o intimide a la
población en los espacios públicos, por más insignificante que sea. Así, postula la
teoría, hay que evitar que orinen en la calle, que pinten en las paredes, que
consuman alcohol o droga en los espacios públicos, que haya prostitución, que
manejen fuerte, etc. Siendo muy estrictos se acabará intimidando a los ciudadanos
antisociales, que terminarán por abandonar estos espacios y los ciudadanos

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honestos los podrán utilizar sin ningún problema. La estrategia se implementaba


únicamente en los espacios previamente identificados como desordenados, no en la
totalidad de la ciudad.

La teoría de las ventanas rotas, cuya principal filosofía era la de “evitar el


desorden para evitar la inseguridad”, fue introducida en marzo de 1982 de la mano de
los científicos sociales James Q. Wilson y George L. Kelling5. Los autores
determinaron que existía un vínculo estrecho entre el desorden en los espacios
públicos y la delincuencia, así mismo, incluían recomendaciones sobre cuál tenía
que ser la intervención policial para mejorar la seguridad de los barrios y reducir así
los índices de criminalidad.

Afirmaban, gráficamente, que cuando en un edificio se rompe una ventana y


no se arregla, la propensión a que se rompan los cristales de las demás aumenta
aceleradamente. Cuando no se cuidan los detalles, se acaba deteriorando el
conjunto. Mencionaban también, que la propensión a que los grafitis pasen de arte
urbano a expresión de descuido y desidia es altísima. Con la seguridad ocurría lo
mismo. Los delincuentes habituales inician su carrera profesional con pequeñas
cosas, un hurto, un pequeño robo, una pelea callejera, y si no encuentran graves
consecuencias, pasan poco a poco a hechos de mayor gravedad.

Para esta teoría, el desorden en los espacios públicos6 provocaba una espiral
que tras sucesivas fases acababa conduciendo a un aumento notorio de la
delincuencia, por los siguientes motivos:

El desorden de los espacios públicos da la sensación de estar en un territorio


sin control social en el que todo puede suceder, donde si algo está mal nadie va a
reaccionar porque hay síntomas de dejadez, de poca cohesión social. Esto provoca
que los vecinos disminuyan su presencia en los espacios públicos por sentirse
incómodos o inseguros.

A medida que estos vecinos, “cívicos y amantes del orden”, abandonan los
espacios públicos, aquellos “menos cívicos” y con intenciones menos sociales se
sienten más cómodos y acuden en mayor número, con lo que el desorden se

5
Publicaron el artículo “Broken Windows: The Police and Neighbourhood Safety” (“Las ventanas rotas:
la policía y la seguridad del barrio”) en la revista The Atalntic Monthly, lo que todos conocemos
hoy como la teoría de las ventanas rotas.
6
Que podía darse por la degradación de los mismos (suciedad, vehículos abandonados, grafitis o
ventanas rotas que no se reparan) o por la presencia de comportamientos desordenados
(vagabundos, prostitutas, borrachos, limpiavidrios en los semáforos, mendigos, etc.).

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visualiza más. Esto inhibe todavía más a los vecinos que habían empezado a
disminuir el uso de estos espacios, circunstancia que atrae aún en mayor medida a
los “sujetos poco recomendables”.

Este espiral acaba convirtiendo aquellos lugares, en principio sólo


desordenados, en verdaderos nidos de delincuencia, incluso de gran delincuencia.
Los autores reflexionan sobre cuál ha de ser el papel de la policía en todo este
proceso. Su respuesta es clara: atacar frontalmente las originarias conductas
desordenadas que alejan a los ciudadanos “honrados” de los espacios públicos. Si
la policía afronta los primeros signos de desorden, la espiral se detendrá, los
espacios continuaran siendo atrayentes y la delincuencia permanecerá al margen.

Esto significa que la policía ha de perseguir de la manera más estricta posible


cualquier pequeña infracción -de los valores mayoritarios- para evidenciar que las
conductas asociales tienen probabilidades muy altas de recibir el correspondiente
castigo. Aunque nunca se ha demostrado esta relación causal inexorable entre
desorden y delito, la idea hizo fortuna y tuvo una gran influencia en la criminología
durante muchos años.

Es decir que, el plano central de esta teoría se focalizaba en la necesidad de


defender los derechos de los “ciudadanos de bien” que eran víctimas de conductas
antisociales, poco cívicas y de delitos de diversa gravedad. Se trataba de recuperar
los espacios públicos de la ciudad para el uso cívico de todos los ciudadanos,
evitando que los desaprensivos y antisociales impusieran su ley.

Todo el proceso fue signado por un cambio estructural importante de la


organización policial, ya que la institución pasaba a ser el punto de referencia de la
lucha contra el crimen.

En cuanto al respeto por la ley, si bien el discurso era el respeto irrestricto por
la misma, lo cierto es que en la práctica las intervenciones policiales no siempre
tenían una clara cobertura legal, pero los sostenedores de la teoría manifestaban
que había que ser tolerantes con la intervención de la policía en estos asuntos
menores, porque los beneficios eran inmensos. Se trataba de huir de la
judicialización de todas las intervenciones de la policía y más cuando se trataba de
cuestiones menores.

Todos estos postulados fueron recogidos por el alcalde Giuliani, y el jefe de


policía Bratton, y aplicados a las estrategias policiales de New York, políticas de

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seguridad que fueron conocidas como “tolerancia cero”, siendo sus puntos
centrales:

• Identificar espacios desordenados, los que presentaban mayor número de


incidencias delictivas (tanto delitos como contravenciones).
• La aplicación estricta e implacable de la ley -con tolerancia cero- en los
lugares identificados como desordenados, de manera focalizada. Esto
significa utilizar cualquier artilugio legal para parar, identificar y detener a
cualquier persona sospechosa de poder cometer o haber cometido
cualquier ilícito por pequeño que fuera. En el resto de espacios públicos, la
policía sigue aplicando la normativa con los criterios de siempre, es decir,
no se ven afectados por esta nueva estrategia policial.
• La creación y empleo de un sistema de estadística policial que permitía
obtener prácticamente en tiempo real los datos sobre la delincuencia en
todos los distritos de la ciudad referenciados geográficamente. para la
gestión de los recursos policiales
• El establecimiento de criterios claros de responsabilidad en función de los
resultados para los altos cargos de la policía, que recibían, en consecuencia,
más autonomía y poder de decisión del que tenían anteriormente. Se
establecían objetivos públicos en relación a la reducción del delito,
indicando qué delitos e infracciones y en qué medida tenían que reducirse
en los diversos distritos. Los responsables de cada comisaria de la ciudad,
tenían que responder por el estado de la delincuencia en su territorio,
valorando constantemente la situación y articulando nuevas estrategias y
tácticas para mejorar la situación.

Los resultados de la estrategia de tolerancia cero, fueron significativos en dos


direcciones:

• En primer lugar, el positivo: la delincuencia experimentó un descenso


notable en la ciudad de Nueva York. Pero de manera paralela, en el mismo
período se detectaron descensos similares en otras grandes ciudades que
no habían seguido esta política, lo que hizo pensar en la existencia de otros
factores que pudieron influenciar en ese descenso. Existieron políticas
sociales, sanitarias y urbanísticas que también contribuyeron a la
recuperación de la seguridad en la ciudad, pero no formaban parte del
discurso, centrado casi de manera exclusiva en la mano dura.
• Por otra parte, el negativo: las quejas y denuncias de intervenciones
abusivas (detenciones arbitrarias y abuso policial) por parte de los agentes

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de policía crecieron de manera muy notoria. Principalmente los miembros


de grupos étnicos específicos (principalmente afroamericanos e hispanos)
protestaron enérgicamente contra lo que consideraban una política policial
criminalizadora contra ellos. Incluso algunos sectores no pertenecientes a
estos grupos llegaron a manifestarse públicamente contra los excesos
policiales derivados de esta política. Estos reproches sobre los excesos,
fueron sistemáticamente respondidos desde la organización policial,
argumentando que los excesos no eran la norma, sino casos aislados y que
las minorías eran precisamente las que más se habían beneficiado de la
implementación de la nueva estrategia, porque en algunos casos eran las
zonas pobladas por estos grupos los que, al inicio del proyecto,
presentaban problemáticas más graves.
Por último, se criticó que el modelo consideraba que las personas
delinquían porque percibían que la probabilidad de ser sancionados, al
igual que el quantum de las penas, era muy baja o casi nula, y que en el
momento que percibieran lo contrario dejarían de hacerlo. Dicho de otro
modo, que el orden, la seguridad y la lucha contra la delincuencia tenían
que ver con una aplicación estricta y severa de la ley, para provocar un
efecto disuasorio entre los hipotéticos futuros infractores, mientras
hubiera mayor certeza en la aplicación de las penas y mayor severidad en
las mismas, menores serían los deseos de realizar conductas antisociales, ya
que la gente delinquía porque las sanciones eran menores, y porque tenían
pocas posibilidades de ser sancionados.

Este parece ser, a los ojos de la teoría, el único fundamento de la conducta de


las personas infractoras. Sin embargo, no se tenía en cuenta que hay factores
externos que influyen notablemente en la delincuencia, derivados de problemas y
desigualdades sociales, la desestructuración de la familia, falta de acceso a fuentes
formales de trabajo y muchos factores adicionales que sin lugar a duda influyen en
la conducta humana. No obstante, para los sostenedores de esta teoría traer a
colación estos argumentos sólo sirve para justificar y recabar comprensión hacia
unas conductas delictivas que sólo merecen reprobación.

Sin demasiado riesgo de error, se puede encuadrar esta estrategia dentro de lo


que se considera como populismo punitivo, caracterizado por centrar las políticas
de seguridad en la exasperación de las penas y en perseguir un castigo generalizado
y masivo de las conductas infractoras.

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a. El caso cordobés

En el año 2004, la Provincia y el Manhattan Institute for Police Research7


firmaron un convenio de cooperación y asesoramiento para la aplicación de
políticas de tolerancia cero en tierra cordobesa (única provincia argentina que
firmo algún acuerdo con el instituto). Un ejemplo de la política que se pretendía
llevar a cabo, estuvo dado por las declaraciones que Carlos Medina (director
ejecutivo del Manhattan Institute) al momento de su visita a Córdoba, realizó en
los medios de prensa: “los chicos limpiavidrios y las prostitutas forman parte del terrorismo
urbano que debilitan el Estado de Derecho” (Crisafulli & Castro: 2017), avizorándose a
todas luces quienes eran considerados como ciudadanos “poco honestos”.

Desde ese momento, hubo un aumento en las intervenciones y controles


policiales8, en la cantidad de detenidos, del número de policías y del presupuesto en
materia de seguridad.

En ese momento, las intervenciones policiales destinadas a reducir la


inseguridad, estuvieron dirigidas (casi con exclusividad) a grupos entendidos como
peligrosos, básicamente, jóvenes, varones y pertenecientes a los sectores populares,
a quienes se consideraba como autores de conductas antisociales, poco cívicas, que
afectaban a los ciudadanos más honrados. La función de la policía era afrontar los
primeros signos de desorden para cortar con los efectos del espiral (que como
vimos, acababa convirtiendo aquellos lugares, en principio sólo desordenados, en
verdaderos nidos de delincuencia, incluso de gran delincuencia).

Los resultados de estas políticas no fueron muy auspiciosos, las tasas


delictivas seguían incrementando, la delincuencia no cedía (se comenzó a hablar de
impunidad de los delitos más graves: al enfocarse la política de seguridad en la
persecución de pequeñas incivilidades, dejó de investigar las economías delictivas
altamente complejas y rentables, conforme Crisafulli: 2017) y la institución policial
sufría una crisis de legitimación que se reflejaba en numerosas protestas sociales

7
Dicho instituto, era el responsable de la aplicación de las políticas de tolerancia cero en Nueva
York durante la gestión del alcalde Rudoph Guilianni en los 90’. Fue traído a Córdoba por la
Fundación Axel Blumberg, presidida por el falso ingeniero Blumberg.
8
La estrategia era la de ocupación territorial, acompañadas de una demanda social de más control
punitivo, se asentó en la criminalización de sectores que no se correspondían con las “familias
trabajadoras” y en una forma de vinculación con los barrios, como fue el caso de la policía de
pacificación (Crisafulli: 2017).

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que hacían foco en su (mala) actuación, siendo quizás la más significativa la


“marcha de la gorra”9.

Una década después, comienza a cambiar por completo la forma de dirigir las
acciones destinadas a afrontar el problema de la inseguridad. La creación del Plan
de Integral de Seguridad Ciudadana y Prevención del delito “Córdoba se
encuentra”10, de la Policía Barrial y la sanción del nuevo Código de Convivencia
Ciudadana, coinciden en correr la problemática de inseguridad de la confrontación
con los sectores más populares, hacia el tratamiento de la exclusión social y la falta
de oportunidades, a la par que se concibe como fundamental la conexión existente
entre seguridad y participación ciudadana. Comenzando a avizorarse, el nuevo
cambio de paradigma, hacia el enfoque comunitario.

VI.- Enfoque Basado en la Solución de Problemas – P.O.P.


Este modelo de tiene como su principal creador a Herman Goldstein11, quien
a mediados del siglo pasado comienza a visibilizar y criticar a los cuerpos policiales
estadounidenses, debido a que se han centrado tanto ellos mismos que han
olvidado la finalidad por la cual existen: ofrecer un servicio a la ciudadanía.

Si bien es cierto que el profesionalismo de la fuerza la llevó a mejorar la


formación de sus miembros, tanto en el aspecto estrictamente individual y
profesional, como en la gestión de la institución, también era cierto que la
delincuencia crecía y el público se sentía cada vez más desapegado y distanciado del
cuerpo policial.

9
Es una manifestación anual, con un gran componente juvenil, que se realiza en la Ciudad de
Córdoba desde el año 2007 para denunciar el abuso y repudiar la violencia institucional ejercida
por las fuerzas de seguridad. La demanda inicial de esta protesta se vinculaba con el reclamo
hacia el antiguo Código de Faltas (Ley 8.431) y las prácticas consideradas como represivas
llevadas a cabo por las fuerzas policiales, que tenían como blanco preferencial a los jóvenes de
sectores populares. En sus comienzos existía una consigna, que luego aparecería
insistentemente en sucesivas ediciones: ¿Por qué tu gorra sí y la mía no?. Con esta frase se hacía
alusión a que la gorra es un elemento de vestuario por el cual los jóvenes de sectores populares
son señalados como sospechosos, ya que se la asocia con atributos de peligrosidad y
delincuencia. Sin embargo, al mismo tiempo, “gorra” es una categoría local, con una fuerte
carga peyorativa, que se emplea para designar a los agentes policiales.
10
La iniciativa estuvo estructurada en dos pilares: por un lado, la institucionalización de la
participación ciudadana en los consejos barriales, encabezada en la figura del “promotor
barrial”, y, por el otro, en la creación de la “policía barrial”, una nueva herramienta de gestión
organizada en materia de prevención y bajo un modelo de proximidad.
11
Abogado y criminalista estadounidense.

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En su libro “Problem-Oriented Policing” (Policía Orientada a Problemas)


Goldstein describe esta situación citando el ejemplo del autobús inglés (reconocido
mundialmente por la exactitud en el cumplimiento del horario). El autor manifiesta
que para poder cumplir con su esquema y con los horarios impuestos por la
empresa, el colectivo pasa de largo en algunas paradas y por ende, no levanta
pasajeros, sin importarle que haciendo esto deja de prestar el servicio que justifica
su trabajo. Una organización de estas características tiende a perder el apoyo de los
ciudadanos toda vez que no muestra interés por sus problemas. Lo mismo estaba
ocurriendo con la institución policial.

Precisamente ésa era la cuestión: la policía se estaba limitando a aplicar la ley y


a embellecer la organización, pero se olvidaba de resolver los problemas de la
gente. La policía se limita a reaccionar ante las incidencias que se le presentan,
aplicando la ley, pero sin preocuparse por mejorar la calidad de vida de la
ciudadanía.

Desde este punto de vista, el autor propone la creación de un nuevo


paradigma policial. La policía tiene que tener en cuenta que su finalidad ha de ser
ofrecer un servicio público que mejore las condiciones de vida de la población y a
partir de aquí, cambiar su metodología de trabajo.

La policía tendría que abandonar su apego a la reacción y a la pura y estricta


aplicación de la ley. Tenía que haber un cambio radical en la metodología del
trabajo policial existente12.

El enfoque analizado, y consecuentemente la actuación policial, se basa en la


implementación de la metodología de trabajo elaborada por John E. Eck y William
Spelman13 en colaboración con Goldstein, conocida también con el acrónimo

12
Patrullas policiales que dedicaban su jornada laboral a circular por un territorio determinado,
esperando la ocurrencia de algún delito, o de la comunicación radial de algún incidente para
dirigirse inmediatamente. Ocupaban su tiempo de trabajo esperando incidentes para poder
reaccionar. Esto les llevaba a ir siempre detrás de los acontecimientos y a no tener una
perspectiva clara de las causas de fondo que originaban los incidentes. No había prácticamente
análisis de los hechos que originaban sus intervenciones, más allá de las investigaciones a efecto
de identificar a sus autores y entregarlos a la justicia (en los escasos supuestos en que lo
conseguían).
13
SARA fue propuesto por primera vez en 1987 en el Foro de Investigación Ejecutiva de la
Policía, que es una organización nacional estadounidense que se dedica a mejorar la vigilancia y
promover el profesionalismo a través de la investigación y la participación en el debate de
políticas públicas.

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S.A.R.A, que corresponde a las iniciales (en inglés) de palabras que identifican sus
cuatro fases: Scan, Analyse, Response, Assessment.

A tal efecto, las fases de esta metodología, que debía observar y aplicar la
institución policial en su actuar, son:

En primer lugar, la policía tiene que obtener toda la información posible s


obre los incidentes que requieren su atención. Esta información no ha de limitarse
a la estrictamente de interés policial, sino que ha de abarcar todos aquellos aspectos
que pueden ayudar a entender la causa oculta de los incidentes de seguridad.

En segundo lugar, hay que buscar el foco o la causa origen del problema. A
posterior, identificar las soluciones que puedan ser más eficaces para su
tratamiento. La policía tiene que:

• Recopilar la mayor cantidad de información posible.


• Analizar la información recopilada, buscar afinidades y diferencias entre
diversos hechos, y establecer conexiones en los casos en que aparezcan
indicios de haberlas.
• Establecer si el problema ya se ha dado con anterioridad, si la respuesta es
positiva, estudiar la respuesta que se dio y cómo funcionó.
• Determinar con exactitud si la respuesta más eficiente es de índole policial,
o si por el contrario, sería preferible buscar respuestas de otro tipo.
• Examinar si hay investigación empírica sobre la materia y cuáles fueron los
resultados.
• Precisar los recursos con los que se dispone para articular una respuesta.

Graficamos la situación con un ejemplo: El problema sería la ocurrencia de


reiterados accidentes de tránsito en un determinado lugar (un centro de diversión
nocturna), en horarios específicos (madrugada), al que no se puede acceder con
transporte público.

Una vez identificado el problema (el centro de diversión nocturna sin accesos
mediante transporte público), hay que diseñar actuaciones que vayan destinadas al
tratamiento del origen del mismo. En este caso, la actuación tendrá que dirigirse,
por ejemplo, a instar a la autoridad competente el establecimiento de un servicio
público de transporte en los horarios en que ese centro de ocio permanece abierto,
llevar a cabo controles de alcoholemia, realizar campañas informativa, de
concientización contra el consumo de alcohol a la hora de conducir, etc. En todo
caso, el problema principal a afrontar no serían los accidentes, sino el consumo de

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alcohol en el establecimiento al que sólo se puede acceder en vehículo privado. Y


de este modo, se reducirían significativamente los accidentes.

En la misma dirección, la reiteración de hechos delictivos en un espacio


concreto debe hacer reflexionar sobre sus características: si hay zonas que no son
vistas desde los espacios colindantes, si la iluminación es deficiente, si las
potenciales víctimas no tendrían vías de escape, etc. La información sobre estas
circunstancias ayudará a discernir las acciones más eficientes para frenar la
delincuencia, ya que quizás resulte más adecuado modificar el espacio en que se
produce el problema, eliminado las zonas sin visión, mejorando la iluminación o
abriendo nuevas rutas de salida, entre otras medidas, en lugar de colmar el sector
de policías.

No siempre la respuesta policial es la más adecuada, incluso para problemas


relacionados con la delincuencia. Así, por ejemplo, la disminución de los robos de
vehículos -y de lo que hay dentro de ellos- se debió/debe principalmente a la
introducción de mecanismos de seguridad (alarmas, mecanismos antirrobo,
seguimiento satelital, etc.) y no a la intervención de la policía. Este último sería un
buen ejemplo de cómo hay que afrontar la resolución de los problemas que afectan
a la seguridad: buscando aquella solución que más va a contribuir a su reducción,
sea policial o no.

Insistir en mantener la respuesta exclusivamente en el ámbito policial, cuando


ésta no va a ser efectiva, es perder el tiempo. Dado que los problemas detrás de
cada incidencia pueden variar, hay que analizar cada caso debidamente para darle
un tratamiento que pueda ser efectivo. No existe una solución rutinaria para todo.

Finalmente, es necesario realizar la evaluación de las tareas implementadas.


Una vez transcurrido un tiempo adecuado desde la aplicación de la respuesta
considerada como correcta, la policía debe evaluar su eficacia. En caso de que haya
servido para mejorar las incidencias (menos accidentes de tráfico, siguiendo el
ejemplo puesto anteriormente), se mantendría. En caso de que no hubiera
comportado una disminución de incidentes, hay que poner en marcha de nuevo el
proceso para formular otras respuestas que sí puedan ser efectivamente eficaces.

En resumidas cuentas, la estrategia policial orientada a la solución de


problemas se centra en la idea de proporcionar un servicio no solo de calidad, sino
que mejore la calidad de vida del ciudadano, dando respuesta a los problemas que
afectan o complejizan su actividad diaria, utilizando la ley cuando sea un
instrumento eficaz para ello. Este enfoque no sólo se limita en atender delitos o

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contravenciones, sino también aquellos problemas que afectan la sensación de


inseguridad de la comunidad, tales como la acumulación de basura, la falta de
iluminación en la calle, etcétera.

En él se contempla la participación activa -pero no necesaria- de los


ciudadanos en la toma de decisiones y en estrategias vinculadas con políticas de
seguridad.

Este enfoque es holístico, porque supone la identificación y descripción de


problemas en un determinado territorio mediante un análisis detallado de la
realidad local y consulta a los ciudadanos; la planificación estratégica, que define
prioridades y modos de intervención, y la evaluación, destinada a medir el impacto
de las acciones realizadas y llevar a cabo eficientemente los cambios necesarios.
Además, ofrece la oportunidad de forjar una cooperación duradera y sustentable
entre la policía y la comunidad.

a. ¿Similitud o igualdad con el modelo de policía comunitaria?

Como podemos observar, los postulados de esta teoría no son


sustancialmente diferentes de los de la policía comunitaria., sino que hay múltiples
puntos de contacto, sobre todo los vinculados con la prestación de un servicio de
calidad a la ciudadanía, y que en la medida de lo posible mejore su calidad de vida.

El respeto por la ley, y el carácter instrumental de esta, también es similar.


Finalmente, la esencia del modelo comunitario es justamente la solución de
problemas.

Por todo ello, hay autores que consideran al enfoque analizado, como una
metodología o como un objetivo a alcanzar que ha sido incorporado dentro
modelo de policía comunitaria, ya que los fines serían los mismos y la metodología
se adapta totalmente a la filosofía del modelo comunitario.

A pesar de estas consideraciones, nos encontramos frente a dos modelos


independientes, con muchos matices en común. Ello es así, fundamentalmente,
porque la Policía Orientada a los Problemas (POP) se encuentra enfocada
principalmente en la organización policial y en la forma en la que sus integrantes
desarrollan sus tareas. Y si bien tiene en vista a la ciudadanía como objeto en el
servicio que presta, solamente es considerada como un fin, y no como un medio
para lograr el fin (algo que va en contra de los postulados del modelo comunitario).

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Es decir, la finalidad de la POP es la solución de los problemas comunitarios


y no mantener estrecha relación con la ciudadanía, tampoco ve como trascendental
su participación en la resolución de los problemas de seguridad. La colaboración de
la comunidad, imprescindible para el modelo comunitario, sería instrumental para
la POP, sólo se promovería en la medida que fuera necesaria para resolver el
problema planteado.

La policía (en el modelo POP) sería aceptable, legítima, en la medida en que


fuera capaz de solucionar los problemas de la ciudadanía. ofrecer una respuesta
adaptada a las características del problema afrontado; mientras que la policía
comunitaria, necesariamente tiene que dar prioridad a la colaboración y relación
con la comunidad.

Entre las capacidades y habilidades de los agentes de policía requeridas en el


modelo POP, tendrían mucha relevancia las habilidades intelectuales y analíticas,
mientras que en el modelo comunitario predominarían las habilidades
comunicativas y las relacionadas con el trabajo con individuos y grupos.

A partir de las diferencias sustanciales mencionadas, vemos nos encontramos


frente a dos modelos con identidad propia y diferenciada, cada uno con sus propias
matices y características particulares.

VII.- Policía Guiada por la Inteligencia


Esta metodología de trabajo policial se desarrolló a partir del modelo nacional
de inteligencia de Inglaterra, presentado por la Association of Chief Police Officers
(ACPO) en el año 2000 y adoptado por el Gobierno, incluyéndola en el Plan
Nacional de Policía.

Se trata de una estrategia que surge (y que tiene como requisitos de


subsistencia) gracias a la existencia de mucha información sobre los delitos y una
gran capacidad para procesarla. Estas circunstancias, junto a la necesidad de ser
más eficaces y eficientes en la lucha contra la delincuencia, son los principales
motivos de su aparición.

El modelo plantea la introducción de nuevas técnicas de trabajo para mejorar


la lucha contra la delincuencia, entre ellas:

• Situar la investigación de cada tipo delictivo en el nivel territorial que esté


en mejor disposición de resolverlo de manera más eficaz (creando tres
niveles territoriales en el caso inglés).
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• Establecer vínculos entre los delitos, trabajar su modus-operandi.


• Identificar los perfiles de los autores (sobre todo en el caso de
delincuentes en serie), así como los lugares en que acontecen de manera
más concentrada los delitos.
• Implementación de tecnologías de la información.

Implica identificar patrones de riesgo asociados con grupos, individuos y


lugares para predecir dónde y cuándo pueden tener lugar los delitos a fin de
impedir su comisión. Es decir, esta metodología de actuación policial utiliza la idea
de concentrar esfuerzos en las zonas y en los momentos en que los delitos se
producen.

Como se dijo, el modelo propugna el uso intensivo de la tecnología para


llevar a cabo sus tareas, como circuitos cerrados de videovigilancia, cámaras,
sistemas GIS, reconocimiento de rostros, patentes, como del resto de innovaciones
tecnológicas que permiten incrementar la vigilancia sobre espacios y personas.

Esta estrategia enfatiza tanto en el cumplimiento de la ley, (deteniendo si es


preciso a los presuntos criminales y procurando que sean condenados), como en
impedir que los delitos puedan llevarse a cabo, a base de vigilar los potenciales
delincuentes, sus movimientos y actividades e intervenir para evitar la comisión de
actos. De hecho, el objetivo último es reducir al máximo la capacidad de delinquir
de los criminales, incapacitarlos en el sentido de dejarlos sin posibilidades ni
recursos de delinquir.

VIII.- ¿Existe un “modelo tradicional”?


Sucede que habitualmente se utiliza el término tradicional para hacer
referencia a algún enfoque específico e independiente, con determinadas
características definitorias, como si existiera un “enfoque o modelo tradicional”. Lo
cierto que es un yerro creer que existe un modelo con esa terminología, por los
motivos dados a continuación.

En primer lugar, como vimos, los modelos o enfoques de actuación policial


son el conjunto de estrategias y actuaciones que definen como una organización
policial especifica articula sus actividades, tanto desde el plano institucional, como
del individual.

Cada enfoque tiene determinadas características definitorias, que lo dotan de


autonomía, independencia, y consecuentemente permiten distinguirlo del resto.

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Cada modelo da cuenta, por ejemplo, de los requisitos necesarios para ser parte de
la organización policial, el modo en el que se desarrollan las actividades de
prevención, como se reacciona ante el acontecimiento de conductas
antirreglamentarias, el grado de participación que se da a la comunidad en las
estrategias vinculadas con la seguridad, el tipo de control que existe sobre los
integrantes de la fuerza, etc. Es decir, cada enfoque se corresponde con distintas
formas de desarrollar las ideas de prevención, reacción y participación.

Todos estos modelos tienen la suficiente autonomía para seguir teniendo las
mismas características independientemente de la sociedad en la cual es analizado.
Las particularidades del modelo comunitario, por ejemplo, van a ser las mismas en
Argentina, Inglaterra o China (que decidan adoptarlo como forma de policiamiento
es tema aparte, lo importante a estos fines es saber que el enfoque siempre va a ser
el mismo).

En segundo lugar, tradicional es un adjetivo que se refiere a aquello


perteneciente o relativo a la tradición. La palabra, en este sentido, deriva del
vocablo tradición, que proviene del latín traditĭo, traditiōnis, y se compone con el
sufijo “-al”, que indica relación o pertenencia.

De allí que aspectos considerados tradicionales y, por ende, distintivos de la


cultura de una sociedad determinada, sean los valores, la idiosincrasia, las
instituciones, la historia y la lengua propios de ese pueblo o nación, expresiones
artísticas, como las danzas, música, gastronomía, entre muchos aspectos.

Lo tradicional, entonces, alude el conjunto de costumbres, prácticas, valores,


saberes y creencias que son transmitidos de generación en generación y que hacen
parte de la cultura de una comunidad determinada. Lo que es tradicional para un
pueblo, no lo es para cualquier otro14.

En relación a las actuaciones policiales, lo tradicional hace referencia a la


forma habitual, usual o frecuente con que una institución desarrolla todas sus
actividades en un lugar y momento histórico determinado, pero de ningún modo se
trata de un modelo específico, que tenga características definitorias. La policía
tradicional de un pueblo, no es la misma policía tradicional de otro.

Si contrario a esto, creyéramos que realmente existe un modelo tradicional,


¿Cuáles serían sus particularidades? ¿Qué lo distinguiría del resto? ¿Qué formación
14
En la provincia de Córdoba, cuando se habla de “modelo tradicional”, se hace referencia, en la
mayoría de los casos, al enfoque basado en el orden (políticas de tolerancia cero).

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tienen que tener sus integrantes? ¿Qué tipos de control existen? ¿Tiene
participación la ciudadanía? ¿Tendría la autonomía suficiente para seguir
manteniendo sus características, independientemente de la sociedad en donde se lo
analice? Muchas preguntas como estas no tendrían respuesta si se lo considerara
como un enfoque especifico.

En una sociedad puede ser tradicional cualquier enfoque de los vistos. De


otro modo, cualquiera de estos enfoques puede ser tradicional para una sociedad
determinada. Pero no existe ningún modelo tradicional de manera autónoma.

Ahora bien, lo que si existe son formas tradicionales de actuación policial a


nivel global, tales como: patrullajes preventivos, paradas fijas, operativos de
control, apoyo a las tareas de la justicia, etc.15 Pero estas tareas se dan en todos los
enfoques, lo único que se modifica es la finalidad perseguida y consecuentemente
la forma de llevar adelante la actuación16. Quizás este sea el principal motivo de
pensar que hay un “modelo tradicional”, porque se confunden prácticas con
modelos.

IX.- Bibliografía consultada

- CARBAJO, M; RODRÍGUEZ, F.; GOLDIN, D.; BUZZETI, A.


(2017) Modelo policial y políticas de seguridad: aproximaciones a la
organización de la Policía de Córdoba entre los años 2007 y 2015.
Trabajo presentado en III Jornadas de Sociología de UnCuyo.
Mendoza, Argentina. Recuperado de:
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15
Porque uno de los objetivos principales perseguido en casi todos los casos, es el mantenimiento
del orden, prevención de los delitos, contravenciones y su investigación posterior (con mayores
o menores aditamentos según el modelo analizado, como fuera desarrollado). Y para lograr
estos fines, inevitablemente se tienen que realizar las actividades mencionadas anteriormente, lo
que cambia, según el modelo implementado, es la finalidad y modalidad con que se desarrollan
esas actuaciones, pero no las tareas en sí.
16
Por ejemplo, si analizamos el patrullaje, se da en todos los modelos, en el de tolerancia cero
estará destinado a, evitar que jóvenes se reúnan en una plaza, mientras que, en el modelo de
solución de problemas, tendrá como objetivo analizar si en esa plaza el alumbrado es el
correcto, pero en ambos enfoques el patrullaje es necesario.

Revista Pensamiento Penal (ISSN 1853-4554), Marzo de 2022, No. 417 27


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