CAPÍTULO 11
EL SABIO REY SALOMÓN
LECTURAS PREVIAS:
II Crónicas 1, 1-2, 6
I Reyes 10, 1-10;
11, 1-13
Proverbios 10
Después de la muerte de David, y cuando Salomón ya se había consolidado en el
trono. Dios se apareció en sueños a Salomón.
“Aquella noche Dios se apareció a Salomón y le dijo: —Pídeme qué quieres que te
conceda. Salomón respondió: —Tú obraste con gran misericordia con mi padre David y
me has hecho rey en su lugar; ahora, Señor Dios, que se cumpla tu palabra dirigida a
David, mi padre, ya que Tú me has hecho rey de un pueblo tan numeroso como el polvo
de la tierra. Concédeme sabiduría y prudencia para poder guiar a este pueblo; porque
¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?” (II Cro 1,7-10)
Salomón podía haber pedido cualquier cosa —riqueza, poder o incluso la venganza
sobre sus enemigos—, y sin embargo sólo pidió sabiduría para gobernar al pueblo del que
Dios le había hecho rey.
Respondió Dios a Salomón: —Ya que esto es lo que hay en tu corazón y no has
pedido ni riquezas, ni bienes, ni gloria, ni la muerte de tus enemigos, ni siquiera una larga
vida, sino tan sólo sabiduría y prudencia para gobernar a mi pueblo del que te he hecho
rey, te serán concedidas la sabiduría y la prudencia. Pero además te daré riquezas, bienes
y gloria como nunca las tuvieron los reyes que te han precedido ni las tendrán los que te
sucedan. (II Cro 1, 11-12)
Dios le concedió a Salomón no sólo la sabiduría que había pedido, sino también todas
aquellas otras cosas buenas que no había pedido. Salomón llegaría a ser famoso por su
riqueza y poder, pero sobre todo sería símbolo de la sabiduría a lo largo de todos los siglos.
EL ISRAEL IMPERIAL
El reino de Salomón llegó a ser un imperio de ámbito internacional. Si los éxitos
militares de David habían aumentado considerablemente las fronteras de Israel, la fama de
sabiduría y riqueza de Salomón iba a atraer a visitantes y comerciantes de muchas naciones.
“Judá e Israel eran tan numerosos como las arenas de la orilla del mar. Comían, bebían y
eran felices" (I Re 4, 20)
La nueva situación de Israel pronto llamó la atención de sus poderosos vecinos.
Salomón emparentó con Faraón, rey de Egipto. Tomó a la hija de Faraón y la
condujo a la ciudad de David hasta que terminó de construir su palacio, el Templo del
Señor y la muralla en torno a Jerusalén. (I Re 3,1)
El matrimonio de Salomón con la hija de Faraón es un caso único en la historia de
Egipto. Otras cortes enviaban a sus hijos e hijas a la corte de Faraón, pero Faraón nunca
enviaba a sus hijas a una corte extranjera. Probablemente Egipto pensaba que Israel se
convertiría en una nueva potencia y quería participar de su poderío. Salomón daba señales
inequívocas de querer construir un poderoso imperio. Si surgía un nuevo imperio entre
Egipto y Asiria, era de suma importancia para Faraón que este nuevo imperio se aliara con
Egipto y no con Asiria.
Pero la hija de Faraón no fue la única
con la que Salomón estableció una alianza
matrimonial. El libro de los Reyes nos cuenta
que Salomón tuvo 700 esposas y 300
concubinas. Estos son números
simbólicamente perfectos. Muestran que
Salomón había establecido lazos de unión
con todas las naciones, es decir, que de algún
modo había extendido sus dominios hasta
los confines de la tierra.
Sin embargo, la poligamia en la Biblia
— incluso a mucha menor escala— nunca
viene sin un castigo; mientras el harén de
Salomón reflejaba su gloria y reputación, las
esposas extranjeras le alejaban de aquel Dios
que le había dado toda esa gloria.
A medida que la fama de Salomón
crecía, Israel no cesaba de enviar mercaderes
por todo el orbe entonces conocido. Salomón
construyó una importante flota naval e
Israel se convirtió en una potencia marítima.
El contacto a nivel internacional que iba a ser más recordado fue la visita de la reina
de Sabá. Desde una tierra muy lejana en el sur, una tierra de legendaria riqueza y esplendor,
la reina de Sabá viajó a Jerusalén para comprobar por sí misma si Salomón era tan sabio como
la gente decía. Probablemente tendría también en mente una alianza comercial. Leemos que
“vino para probarle con preguntas difíciles”. Preguntar adivinanzas era un juego frecuente
entre la realeza del Oriente Medio, pero nadie podía derrotar a Salomón.
Entró en Jerusalén con un espléndido séquito: camellos cargados de aromas, de gran
cantidad de oro y de piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le expuso todo lo que
tenía pensado. Salomón respondió a todas sus preguntas; no hubo ninguna cuestión
desconocida para el rey, ninguna que éste no resolviese. (I Re 10,2-3)
LA SABIDURÍA DEL REY SALOMÓN
La visita de la reina de Sabá nos muestra el carácter universal de la alianza davídica.
Bajo el reinado de Salomón, Israel se había convertido en un poder digno de ser tenido en
cuenta por todas las naciones de la tierra. Sin embargo, el objetivo del reino de David no era
crear un poderío terreno, sino atraer a todas las naciones hacia Sión. En realidad, Israel nunca
llegó a ser algo más que un pequeño imperio, pero su religión se extendió a todas las
naciones. Jerusalén nunca llegó a ser una gran metrópoli, pero dio esperanza a todos los
pueblos.
Fue la sabiduría de Salomón la que comenzó a atraer a las naciones hacia Dios. Veamos
cómo funcionó en la reacción de la reina de Sabá.
Y dijo al rey: —Es verdad lo que he oído en mi tierra sobre ti y sobre tu sabiduría.
No he dado crédito a esas noticias hasta que he venido y lo he visto con mis ojos, aunque
ciertamente no estaba informada ni de la mitad. Sobrepasas en sabiduría y riquezas las
noticias que había escuchado.... Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti
sentándote en el trono de Israel, en virtud del amor del Señor hacia Israel para siempre, y
te ha constituido rey para ejercer el derecho y la justicia. (I Re 10,6-7.9)
El poder y la gloria de Salomón, pero sobre todo su sabiduría, fue lo que llevó a la
reina de Sabá, que era pagana, a adorar al Dios de Israel. Éste era el fin último del reino de
David: dar al pueblo de Israel no poder y gloria (que no lo merecían más que nosotros), sino
llevar todos los pueblos hacia Dios. “Todo el mundo trataba de ver al rey Salomón para oír
la sabiduría que Dios había infundido en su corazón”2.
La sabiduría del reino davídico tuvo expresión en uno de los cuatro grandes tipos de
literatura que componen el Antiguo Testamento: la literatura sapiencial. Gran parte de la
literatura sapiencial de la Biblia está atribuida a Salomón: parte de ella es muy probable que
fuera escrita por él, y otra parte fue escrita por hombres sabios según el modelo de Salomón,
que era símbolo de toda la sabiduría. La literatura sapiencial sería la nueva ley que Dios había
prometido a David para toda la humanidad.
El libro de los Proverbios es un buen ejemplo de literatura sapiencial. Consiste en
varias colecciones de dichos, algunos escritos por Salomón y otros por personas sabias
(incluyendo el único capítulo en toda la Biblia que se ha identificado como escrito por una
mujer: Proverbios 31).
En Proverbios, los estudiosos descubren algunas secciones que se parecen o incluso
citan literatura sapiencial de otras naciones. ¿Por qué los autores hebreos divinamente
inspirados citaron a autores paganos de Egipto y Babilonia?
En primer lugar, toda la sabiduría viene de Dios. El creyente verdadero nunca rechaza
la sabiduría, tenga el origen que tenga.
Pero, además hay una razón importante para citar literatura de otras naciones. La
literatura sapiencial es la nueva Ley, la nueva Torah, de la alianza davídica. Y la finalidad
del reino davídico era atraer a todas las naciones hacia Dios. La literatura sapiencial habla a
las naciones con un lenguaje familiar, utilizando algunos de sus proverbios preferidos para
destacar la verdad de que “El principio de la sabiduría es el temor del Señor, y el
conocimiento del Santísimo es discernimiento” (Pr 9,10).
“Dios también concedió a Salomón una sabiduría y una inteligencia muy notables
y un corazón tan grande como la arena de las orillas del mar. La sabiduría de Salomón
sobrepasaba la sabiduría de todos los hijos de oriente y toda la sabiduría de Egipto". (I Re
5,9-10)
La sabiduría de Salomón superaba en gran medida a la sabiduría de Egipto y
Babilonia, aunque era parecida a la de esas naciones. La literatura sapiencial del reino
davídico se situaba en la misma corriente filosófica de la época. Y como hablaba a las naciones
en términos que les resultaban familiares, podía reconducir esa corriente de pensamiento
hacia una nueva dirección. A través de sus propias tradiciones sapienciales, les preparaba
para recibir la Buena Noticia del Reino de Dios.
SALOMÓN CONSTRUYE EL TEMPLO
De todos los logros de Salomón, el que el pueblo de Israel más recordaría fue el de la
construcción del Templo, que representaba el símbolo arquitectónico de su alianza con Dios,
el lugar donde la gloria de Dios moraba entre ellos.
David había preparado el camino, adquiriendo el terreno donde habría de edificarse
el Templo, pero sería su hijo el que supervisaría por sí
mismo la construcción.
Israel se había hecho famoso en tan poco tiempo, que
no había artesanos ni artistas capaces de construir una
estructura tan espléndida como la que Salomón había
imaginado. Por ello se dirigió al viejo amigo de su padre, el
rey Jiram de Tiro, que también era famoso por su sabiduría
y gloria. El rey Jiram envió materiales y artesanos fenicios
cualificados para el trabajo. De manera que, en la práctica, el
Templo de Dios, el centro del culto de Israel, fue construido
por gentiles.
Y es que sería también un lugar donde los gentiles
serían bienvenidos. En la Dedicación del Templo, Salomón
rezó por su pueblo, Israel. Pero también rezó por los pueblos
del resto del mundo.
“Incluso el extranjero que no pertenece a tu pueblo
Israel, cuando venga de un país lejano por causa de tu nombre pues se oirá hablar de tu
gran nombre, de tu mano poderosa y de tu brazo extendido—, cuando venga y rece en este
Templo, Tú escucharás en el cielo, lugar de tu morada, y obrarás según todo aquello por
lo que clame a ti el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra reconozcan tu
nombre, te teman lo mismo que tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado en
este Templo que yo te he edificado”. (I Re 8,41-43)
La oración de Salomón es que el Templo se convierta en “una casa de oración para
todos los pueblos", como leeremos más adelante en Isaías 56,7.
“El Templo de Jerusalén, la casa de oración que David quería construir, será la obra
de su hijo, Salomón. La oración de la Dedicación del Templo (cf. 1 R 8, 10-61) se apoya en
la Promesa de Dios y su Alianza, la presencia activa de su Nombre entre su Pueblo y el
recuerdo de los grandes hechos del Éxodo. El rey eleva entonces las manos al cielo y ruega
al Señor por él, por todo el pueblo, por las generaciones futuras, por el perdón de sus
pecados y sus necesidades diarias, para que todas las naciones sepan que Dios es el único
Dios y que el corazón de su pueblo le pertenece por entero a Él”. (CEC 2580)
Antiguas tradiciones nos dicen algo más acerca de lo que el pueblo de Israel pensaba
sobre su Templo. Según estas tradiciones, Salomón construyó la casa de Dios sobre una roca,
una piedra enorme que sobresalía junto a la ciudad de David. La roca era tan inmensa, que
la leyenda local decía que era la puerta del seol, el mundo infernal, lo que los griegos
llamaban Hades. Según esa tradición, el Templo de Salomón sellaba el infierno, y las puertas
del Hades no prevalecerían sobre él.
La tradición dice también que el Templo fue construido en el mismo lugar donde
Abrahán se dispuso a sacrificar a Isaac.
Cuando el edificio estuvo terminado, Salomón reunió a todos los líderes de Israel y
mandó que los sacerdotes llevaran el Arca de la Alianza desde la tienda donde estaba hasta
el Templo.
“Y cuando los sacerdotes salían del Santuario, la nube llenó el Templo del Señor. Y
los sacerdotes no pudieron permanecer allí ni realizar su sacrificio a causa de la nube,
porque la gloria del Señor había llenado el Templo del Señor”. (I Re 8,10-11)
Maqueta del Templo de Herodes, iniciado el año 19 a.C. y acabado el año 62 d.C.
Los especialistas creen que, para construir y decorar el Templo, Herodes siguió las dimensiones exactas y las
instrucciones dadas por el Señor en 1 Reyes 6-7.
EL ORGULLO Y LA APOSTASÍA DE SALOMÓN
La gloria de Salomón estaba en boca de todo el mundo. Pero toda esa gloria tuvo su
precio. Se hizo necesario cargar a la población con pesados impuestos para pagar los
ambiciosos proyectos de las construcciones realizadas por Salomón y miles de israelitas
fueron obligados a trabajar para su rey El pueblo empezó a quejarse de que la gloria de
Salomón les hacía infelices. Peor que eso: podía decirse que era inconstitucional. El
Deuteronomio, la ley fundamental del gobierno de Israel, era muy claro sobre lo que un rey
no podía hacer:
“Con todo, que no tenga gran número de caballos, ni haga volver al pueblo a Egipto
para aumentar la caballería, pues el Señor os dijo: “No volváis nunca jamás por ese
camino”. Que tampoco tenga gran número de mujeres, para que no se descarríe su corazón.
Ni aumente mucho la plata y el oro”. (Dt 17,16-17)
Las caballerizas de Salomón eran la envidia del mundo. De hecho, gastó unas sumas
tan enormes en cuidar de sus caballos que todavía hoy se muestran a los turistas los restos
de las caballerizas de Salomón. (En cambio no queda nada de su Templo ni de su palacio).
Con setecientas mujeres y trescientas concubinas. Salomón no podía negar que tenía un gran
número de esposas. Y la riqueza de Salomón era tan legendaria, que todavía hoy la búsqueda
de las desaparecidas minas de oro del Rey Salomón es un tema popular de películas y
novelas.
De hecho, Salomón se había convertido en el tipo de rey que Samuel había predicho
años antes:
“Samuel transmitió estas palabras del Señor al pueblo que solicitaba un rey, y les
dijo: —Estos son los derechos del rey que reine sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los
destinará a sus carros y a sus caballos y les hará correr delante de sus carrozas. Los utilizará
en su ejército como jefes de centuria y oficiales. Les hará sembrar y segar sus campos, y
fabricar armas y carros. A vuestras hijas las tomará como perfumistas, panaderas y
cocineras.
Vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares os los tomará para
dárselos a sus sirvientes. De vuestras cosechas y de vuestras vendimias os exigirá el
diezmo para dárselo a sus cortesanos y servidores. Vuestros siervos y siervas, y vuestros
mejores bueyes y borricos, los llevará para emplearlos en sus labores. Hasta de vuestros
rebaños os exigirá diezmos, y vosotros mismos seréis sus siervos. Aquel día gritaréis
contra los reyes que vosotros mismos habéis elegido, pero entonces el Señor no os
escuchará.
Sin embargo, el pueblo no quiso atender la voz de Samuel y dijeron: —No.
Tendremos un rey que nos gobierne y seremos como las demás naciones. Nos gobernará
nuestro rey y saldrá delante de nosotros para luchar con nosotros". (I Sam 8,10-20)
De hecho, las mujeres de Salomón se convirtieron en la carga más insoportable. El rey
se había casado con muchas mujeres de naciones vecinas, de esas mismas naciones sobre las
que se había advertido al pueblo de Dios que no debía relacionarse en absoluto.
“Cuando Salomón llegó a la ancianidad, ellas inclinaron su corazón tras dioses
extraños y su corazón no fue por entero para el Señor, su Dios, como había sido el corazón
de su padre David. Salomón siguió a Astarté, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo de
los amonitas. Salomón hizo el mal a los ojos del Señor y no se entregó completamente al
Señor como su padre David”. (I Re 11, 4-6)
Las mujeres de Salomón le convencieron de que construyera templos a sus dioses en
los alrededores de Jerusalén. Salomón, en vez de llevar a los gentiles a adorar al verdadero
Dios, acabó arrastrando a su propio pueblo a adorar a dioses extranjeros. Israel habría de
pagar pronto el precio de la debilidad de Salomón.
LECTURA SUPLEMENTARIA
San Juan Pablo II, Fides et Ratio
21. Para el Antiguo Testamento el conocimiento no se fundamenta solamente en
una observación atenta del hombre, del mundo y de la historia, sino que supone también una
indispensable relación con la fe y con los contenidos de la Revelación. En esto consisten los
desafíos que el pueblo elegido ha tenido que afrontar y a los cuales ha dado respuesta.
Reflexionando sobre esta condición, el hombre bíblico ha descubierto que no puede
comprenderse sino como “ser en relación”: con sí mismo, con el pueblo, con el mundo y con
Dios. Esta apertura al misterio, que le viene de la Revelación, ha sido al final para él la fuente
de un verdadero conocimiento, que ha consentido a su razón entrar en el ámbito de lo
infinito, recibiendo así posibilidades de compresión hasta entonces insospechadas.
Para el autor sagrado el esfuerzo de la búsqueda no estaba exento de la dificultad que
supone enfrentarse con los límites de la razón. Ello se advierte, por ejemplo, en las palabras
con las que el Libro de los Proverbios denota el cansancio debido a los intentos de
comprender los misteriosos designios de Dios (cf. 30,1-6).
Sin embargo, a pesar de la dificultad, el creyente no se rinde. La fuerza para continuar
su camino hacia la verdad le viene de la certeza de que Dios lo ha creado como un
“explorador” (cf. Qo 1,13), cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar del continuo
chantaje de la duda. Apoyándose en Dios, se dirige, siempre y en todas partes, hacia lo que
es bello, bueno y verdadero.
22. San Pablo, en el primer capítulo de su Carta a los Romanos nos ayuda a apreciar
mejor lo incisiva que es la reflexión de los Libros Sapienciales. Desarrollando una
argumentación filosófica con lenguaje popular, el Apóstol expresa una profunda verdad: a
través de la creación los “ojos de la mente” pueden llegar a conocer a Dios. En efecto,'
mediante las criaturas Él hace que la razón intuya su “potencia” y su “divinidad” (cf. Rm
1,20). Así pues, se reconoce a la razón del hombre una capacidad que parece superar casi sus
mismos límites naturales: no sólo no está limitada al conocimiento sensorial, desde el
momento que puede reflexionar críticamente sobre ello, sino que argumentando sobre los
datos de los sentidos puede incluso alcanzar la causa que da lugar a toda realidad sensible.
Con terminología filosófica podríamos decir que en este importante texto paulino se afirma
la capacidad metafísica del hombre.
Según el Apóstol, en el proyecto originario de la creación, la razón tenía la capacidad
de superar fácilmente el dato sensible para alcanzar el origen mismo de todo: el Creador.
Debido a la desobediencia con la cual el
hombre eligió situarse en plena y
absoluta autonomía respecto a Aquel
que lo había creado, quedó mermada
esta facilidad de acceso a Dios creador.
“Salomón respondió: …Señor Dios, que
se cumpla tu palabra dirigida a David, mi
padre, ya que Tú me has hecho rey de un pueblo
tan numeroso como el polvo de la tierra” (II Cro
1, 8-9)
VOCABULARIO
APOSTASÍA SALOMÓN
Apartarse de la verdadera religión. El hijo de David que heredó su reino
ASTARTÉ y la alianza con Dios. Llevó a Israel a su
máxima gloria y fue famoso por su
Diosa pagana de la fertilidad sabiduría.
adorada por Salomón en sus últimos años.
SEOL
REINA DE SABÁ
Nombre hebreo del infierno.
Reina de un rico país meridional.
Fue a Jerusalén para probar la sabiduría de PAGANO
Salomón, lo que le llevó a alabar al Dios de Persona que sigue una religión
Israel, demostrando así la función del reino falsa, adorando a diversos dioses en lugar
de Israel de atraer las naciones hacia el del Dios verdadero.
verdadero Dios. TEMPLO
GENTIL La casa de Dios en Jerusalén, en
Miembro de cualquier nación donde estaba el Arca de la Alianza. En la
distinta de la israelita. Dedicación del Templo, la gloria de Dios se
MILCOM (o MOLOC) posó sobre él, como había ocurrido con el
Tabernáculo. El Templo se convirtió en el
Uno de los muchos dioses centro del culto de Israel.
extranjeros adorado por Salomón en los
últimos años de su vida
PREGUNTAS para RESPONDER
1. ¿Qué eligió Salomón cuando Dios le ofreció darle cualquier cosa que pidiera?
2. ¿Con qué nación hizo Salomón una alianza mediante matrimonio?
3. ¿Cuántas esposas tuvo Salomón?
4. ¿Cuántas concubinas?
5. ¿Qué indica el número de esposas y concubinas de Salomón?
6. ¿Cómo atrajo Salomón a otras naciones hacia Dios?
7. ¿Cuál era el fin último del reino de David?
8. Da alguna razón por la que el libro de los Proverbios podría contener citas de
escritos de otras naciones.
9. ¿De dónde vinieron los artesanos que hicieron el Templo?
10. En la Dedicación del Templo, ¿por quién pidió Salomón?
11. ¿A quién estaba permitido rendir culto en el Templo?
12. Según la leyenda, ¿qué función cumplía el Templo de Salomón?
13. ¿Qué decía la tradición sobre la roca que estaba debajo del Templo de Salomón?
14. ¿A qué pecado le indujeron a Salomón sus esposas?
15. ¿Qué profecía cumplió el rey Salomón?
El juicio de Salomón.
“Entonces habló el rey y dijo: Dadle a la primera mujer el niño que está vivo, y no lo matéis. Ella es su madre”
(I Re 3, 27)