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Lectura 09:
Morris, C. (2014). Las emociones básicas. En Morris, C. y Maiston
A. Psicología (pp. 279-289). Ciudad de México: Pearson.
LAS EMOCIONES BÁSICAS
¿Existen emociones básicas que experimente toda la gente
independientemente de su cultura?
Muchas personas han intentado identificar y describir las
emociones básicas experimentadas por los seres humanos
(Cornelius, 1996; Schimmack y Crites, 2005). Por ejemplo,
hace algunos años, Robert Plutchik (1927-2006) propuso
la existencia de ocho emociones básicas: temor, sorpresa,
tristeza, repulsión, enojo, anticipación, alegría y aceptación
(Plutchik, 1980). Cada una de esas emociones nos ayuda a
ajustarnos a las demandas de nuestro ambiente, aunque de
diferentes maneras. Por ejemplo, el miedo subyace a la hui-
da, que ayuda a proteger a los animales de sus enemigos, el
enojo impulsa al animal a atacar o destruir.
Las emociones adyacentes en el “círculo” de emociones
de Plutchik son más parecidas entre sí que las que están ale-
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jadas. La sorpresa está más relacionada con el temor que con
el enojo; la alegría y la aceptación son más similares entre
sí que con la repulsión. Además, de acuerdo con el modelo
de Plutchik, las diferentes emociones pueden combinarse
para producir un espectro todavía más amplio y rico de ex-
periencias. Por ejemplo, cuando la anticipación y la alegría
ocurren juntas, dan lugar al optimismo; la alegría y la acep-
tación se funden en el amor, y la sorpresa y la tristeza con-
forman la desilusión. En cualquiera de las ocho categorías
de Plutchik las emociones también varían en intensidad.
Diversidades-universalidad
¿Las emociones son universales?
Algunos científicos cuestionan el modelo de Plutchik, se-
ñalando que es posible que sólo se aplique a la experiencia
emocional de la gente de habla inglesa. Los antropólogos
reportan enormes diferencias en la forma en que otras cul-
turas ven y categorizan las emociones. De hecho, algunas
lenguas ni siquiera poseen una palabra para “emoción”. Las
lenguas también difieren en la cantidad de palabras que tie-
nen para nombrar emociones. El inglés incluye más de 2.000
palabras para describir experiencias emocionales, pero el
chino taiwanés solo posee 750 de esas palabras descripti-
vas. Una lengua tribal tiene sólo siete palabras que pueden
traducirse en categorías de emoción. Algunas culturas ca-
recen de palabras para “ansiedad”, “depresión” o “culpa”.
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Los samoanos poseen una palabra que abarca, amor, compa-
sión, lastima y agrado, emociones que son todas distintas en
nuestra cultura (Frijda, Markam y Sato, 1995; Russell,
1991).
Debido a las diferencias en las emociones de una cultura
a otra, la tendencia actual es distinguir entre emociones pri-
marias y secundarias. Las emociones primarias son las que
son evidentes en todas las culturas, contribuyen a la super-
vivencia, están asociadas con una expresión facial definida
y son evidentes en los primates no humanos. Las emociones
secundarias son las que no se encuentran en todas las cul-
turas y pueden considerarse como combinaciones sutiles de
las emociones primarias.
Los intentos por identificar las emociones primarias por
lo general han empleado estudios transculturales (Matsu-
moto, Olide, Schug, Willinghan y Callan, 2009). Por ejem-
plo, un grupo de investigadores pidió a participantes de 10
países que interpretarán fotografías que mostraban diversas
expresiones faciales de emociones (Ekman et al., 1987). El
porcentaje de participantes de cada país que identificaron
correctamente las emociones iba de 60% a 98%. Los investi-
gadores emplearon esta y otras evidencias para argumentar
a favor de la existencia de seis emociones primarias (felici-
dad, sorpresa, tristeza, temor, repulsión y enojo). Advierta
que el amor no está incluido en la lista. Aunque Ekman no
en- contró una expresión facial del amor que fuese
reconocida universalmente, muchos psicólogos sostienen
que el amor es una emoción primaria (Hendrick y Hendrick,
2003; Sabini y
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Silver, 2005). Sin embargo, su expresión exterior puede de-
ber mucho a los estereotipos fomentados por los medios de
una cultura (Fehr, 1994). En un estudio en el que se pidió a
universitarios estadounidenses que mostraran una expresión
facial de amor, los participantes imitaron los prototipos con-
vencionales de “Hollywood”, como suspiros profundos, mi-
radas al cielo y llevarse la mano al corazón (Cornelius, 1996).
Teorías de la emoción
¿Cuál es la relación entre emociones, reacciones fisiológicas
y pensamientos?
En la década de 1880, el psicólogo estadounidense William
James planteó la primera teoría moderna de la emoción. El
psicólogo danés Carl Lange llegó a las mismas conclusiones.
Según la teoría de William James y Carl Lange, los estímu-
los del ambiente (digamos, ver un enorme perro que gruñe y
corre hacia nosotros) causan cambios fisiológicos en nuestro
cuerpo (ritmo cardíaco acelerado, pupilas agrandadas, respira-
ción más profunda o superficial, mayor transpiración y carne
de gallina), las emociones surgen de esos cambios
fisiológicos. Por ende, la emoción de miedo sería
simplemente la concien-cia casi instantánea y automática de
los cambios fisiológicos.
Existe cierta evidencia que apoya esta teoría (Davidson,
1992; Prinz, 2008), pero si piensa en la biología del sistema
nervioso (capítulo 2, “Las bases biológicas de la conducta”),
debería poder identificar una falla importante en la teoría de
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James-Lange. Recuerde que la información sensorial acerca
de los cambios corporales son la fuente de las emociones, en-
tonces las personas con lesiones graves en la médula espinal
tendrían que experimentar menos emociones y menos in-
tensas, lo cual no es así (Cobos, Sánchez, Pérez y Vila,
2004). Además, la mayor parte de las emociones son
acompañadas por cambios fisiológicos muy similares. Los
cambios corpo- rales no causan entonces emociones
específicas y pueden no ser necesarios para la experiencia
emocional.
En reconocimiento de esos hechos, la teoría de Cannon-
Bard sostiene que el procesamiento mental de las emociones
y la respuesta física son simultáneos y no sucesivos. Cuando
la persona ve al perro, siente miedo y al mismo tiempo su
corazón se acelera.
Teorías cognitivas de la emoción. Los psicólogos cogni-
tivos llevaron un paso adelante la teoría de Cannon-Bard.
Sostienen que nuestra experiencia emocional depende de
nuestra percepción de una situación (Lazarus, 1991; Phelps,
Bannet y Brain, 2008; Scherer, Schorr y Johnstone, 2001).
Según la teoría cognitiva de la emoción, la situación nos
da indicios de cómo deberíamos interpretar nuestro esta-
do de activación. Una de las primeras teorías de la emoción
que tomó en cuenta los procesos cognitivos fue propuesta
por Stanley Schachter y Jerome Singer (1962, 2001). Según
la teoría de los dos factores de la emoción de Schachter y
Singer, cuando vemos un oso se producen en efecto cam-
bios corporales, pero luego usamos la información acerca
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de la situación para saber cómo responder a esos cambios.
Solo experimentamos esos cambios corporales como temor
cuando reconocemos cognitivamente que estamos en
peligro.
Desafíos a la teoría cognitiva
Aunque una teoría cognitiva de la emoción tiene mucho sen-
tido, algunos críticos rechazan la idea de que los desafíos a la
teoría cognitiva, aunque una teoría cognitiva de la emoción
tiene mucho sentido, algunos críticos rechazan la idea de que
los sentimientos surjan siempre de las cogniciones. Citando
al poeta E. E. Cummings, Robert Zajonc (1923-2008) afirma-
ba que “los sentimientos son primero”. Los bebés humanos
pueden imitar expresiones emocionales a los 12 días de na-
cidos, mucho antes de que adquieran el lenguaje. Tenemos
la capacidad para responder de manera instantánea a las si-
tuaciones sin darnos tiempo para interpretarlas y evaluar-
las. Pero algunas respuestas emocionales no son tan claras.
Cuando sentimos agitación, una mezcla de nerviosismo y
excitación, nos preguntamos: “¿Qué sucede?”, Zajonc (1984)
creía que inventamos explicaciones para etiquetar los senti-
mientos. En su opinión, la cognición sigue a la emoción.
Otro cuestionamiento directo a la teoría cognitiva afir-
ma que es posible experimentar emociones sin que inter-
venga la cognición (Izard, 1971, 1994). Según este punto de
vista, una situación, como una separación o dolor provocaun
patrón único de movimientos faciales y posturas corpo- rales
innatas que pueden ser del todo independientes del
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pensamiento consciente. Cuando la información acerca de
nuestras expresiones faciales y posturas llega al cerebro,
experimentamos de manera automática la emoción corres-
pondiente. Entonces, de acuerdo con Carroll Izard, la teoría
de James-Lange era esencialmente correcta al sugerir que la
experiencia emocional surge de las reacciones corporales.
Pero la teoría de Izard hace énfasis en la expresión facial y la
postura corporal como cruciales para la experiencia de la
emoción, mientras que la teoría de James-Lange destaca los
músculos, piel y órganos internos. Aunque hay mucha evi-
dencia que apoya la idea de que las expresiones faciales in-
fluyen en las emociones (Ekman, 2003; Soussignan, 2002),
la investigación está aportando cada vez más evidencias de
que el reconocimiento más preciso de la expresión
emocional ocurre cuando quien la expresa y quien la recibe
pertene- cen al mismo grupo cultural (Jack, Caldara y
Schyns, 2011; Young y Hugenberg, 2010). El tema al que
pasaremos ahora es la forma exacta en que los componentes
innatos y apren- didos de la expresión emocional se
comunican y reconocen.
Comunicación de la emoción
¿Cuál es la señal más evidente de la emoción? En ocasiones te-
nemos una vaga conciencia de que una persona nos hace sentir
incómodos si nos presiona, para ser más precisos podríamos
decir “nunca se sabe lo que piensa”, pero no nos referimos a
que nunca sabemos su opinión de una película o lo que piensa
sobre las últimas elecciones. Quizá sería más preciso decir que
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no sabemos lo que está sintiendo. Casi todos ocultamos nues-
tras emociones en cierta medida, pero por lo regular la gente
sabe lo estamos sintiendo. Aunque las emociones a menudo
pueden expresarse en palabras, buena parte del tiempo comu-
nicamos nuestros sentimientos de manera verbal. Lo hacemos,
entre otras cosas, a través del tono de voz, la expresión facial,
el lenguaje corporal, el espacio personal y actos explícitos.
Tono de voz y expresión facial
Si su compañero de departamento está lavando los trastes y
comenta de modo mordaz “Espero estés disfrutando tu no-
vela”, el significado literal de las palabras es muy claro, pero
seguramente usted sabe bien lo que expresan no es interés por
lo agradable de su lectura. Lo que su compañero en realidad
está diciendo es: “Me molesta que no me ayudes a limpiar”.
De igual modo, si recibe una llamada de alguien que tiene
muy buenas o muy malas noticias, probablemente sabe cómo
se siente antes que le cuente lo sucedido. En otras palabras,
buena parte de la información emocional que comunicamos
no está contenida en las palabras que usamos, sino en la forma
en la que se expresan dichas palabras. (Gobl y Chasaide,
2003).Entre los canales de comunicación no verbal, las
expresio- nes faciales parecen transmitir la información más
específica(Horstmann, 2003). Los ademanes con la mano o
las posturasdel cuerpo pueden comunicar estados
emocionales generales(por ejemplo, que uno se siente mal),
pero la complejidad delos músculos de la cara permite
comunicar sentimientos muy
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específicos a través de las expresiones faciales (por ejemplo,
el hecho de sentirse triste, enojado o temeroso). Muchas ex-
presiones faciales son innatas no aprendidas. Las personas
que nacen ciegas usan las mismas expresiones faciales que
las personas con visión para expresar las mismas emociones
(Matsumoto y Willingham, 2009). Además, la mayor parte
de los animales comparten un patrón común de movimien-
tos musculares del rostro. Por ejemplo, los perros, tigres y
seres humanos muestran los dientes cuando están iracundos,
la investigación ha demostrado que la mayoría de los pri-
mates (incluyendo a monos, chimpancés y seres humanos)
emplea el mismo patrón de músculos faciales para exhibir
emociones (Waller, Parr, Gothard, Burrows y Fuglevand,
2008). Los psicólogos con orientación evolutiva creen que
esas expresiones fáciles cumplieron una función adaptativa,
que permitió a nuestros ancestros competir con éxito por es-
tatus, ganar parejas y defenderse (Tooby y Cosmides, 2008).
¿Cómo el cerebro interpreta el rostro?
Los científicos saben desde hace bastante tiempo que la ac-
tividad de los circuitos cerebrales centrados en la amígdala
y la ínsula es fundamental para la expresión de las emo-
ciones (Schafe y LeDoux, 2002; Philip Shaw et al., 2005).
La amígdala y la ínsula también parecen jugar un papel im-
portante en nuestra capacidad de hacer una interpretación
correcta de las expresiones faciales (Adolphs, 2008; Jehna et
al., 2011). Curiosamente, algunos de los procesos cerebrales
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subyacentes que se emplean para interpretar las expresiones
faciales tienen lugar con tanta rapidez (menos de una dé-
cima de segundo) qué es poco probable que se realicen de
manera consciente (Adolphs, 2006).
Adolphs y sus colaboradores (Adolphs, Tranel, Damasio y
Damasio, 1994) informaron del caso notable de una mujer de
30 años (S.M.) con una rara enfermedad que le destruyó la
amígdala casi por completo. Aunque S.M. podía identificar
con una precisión absoluta fotografías de rostros familiares
y no tuvo dificultades para aprender a reconocer nuevos ros-
tros, le resultaba muy difícil reconocer el miedo y discrimi-
nar entre diferentes emociones, como la felicidad y la sor-
presa. Investigaciones más recientes también han demostrado
qué personas con daño en la amígdala tienen dificultades para
“interpretar los rostros “(Adolphs, Baron-Cohen y Tranel,
2002; Adolphs y Tranel, 2003). Por ejemplo, algunos pacientes
con un trastorno depresivo grave muestran un deterioro en
su habilidad para hacer juicios precisos de la expresión facial
de emoción en otras personas, y este deterioro contribuye a
sus dificultades en el funcionamiento interpersonal (Surgu-
ladze et al., 2004). Además, algunos investigadores sugieren
que las anormalidades en los circuitos cerebrales asociados
con la amígdala, en algunos casos, pueden dificultar que la
gente perciba las amenazas con precisión, lo cual, a su vez, da-
rían lugar a violencia y agresividad no provocadas (Davidson,
Putman y Larson, 2000; Marsh y Blair, 2008).
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Lenguaje corporal, espacio personal y gestos.
El lenguaje corporal es otra forma de comunicación no ver-
bal de mensajes. Por ejemplo, la postura de la espalda comu-
nica mucho. Cuando estamos relajados tendemos a estirar la
espalda en la silla, cuando estamos tensos nos sentamos de
manera más rígida con los pies juntos.
La distancia que mantenemos entre nosotros y los demás
se llama espacio personal. Esta distancia varía dependiendo
de la naturaleza de la actividad y de las emociones senti-
das. Si alguien se acerca a usted más de lo acostumbrado, la
proximidad puede indicar enojo o afecto; y si se aleja más
de lo usual, miedo o desagrado. La distancia normal de las
conversaciones varía de una cultura a otra. Por lo general,
la distancia entre dos suecos que sostienen una conversa-
ción es mucho mayor que la distancia entre dos árabes o dos
griegos que están realizando la misma actividad.
Por supuesto, los actos explícitos también pueden funcio-
nar como señales no verbales de las emociones. Una puerta
azotada puede indicarnos que la persona que acaba de dejar
la habitación está enojada. Si algunos amigos llegan de sor-
presa a visitarlo y usted los invita a pasar a la sala, eso es una
señal de que quizá no se siente tan cómodo con ellos como
los amigos a los que invita a sentarse con usted en la mesa
de la cocina. Los gestos como una palmada en la espalda, un
abrazo, que la gente le estreche la mano brevemente o por
un buen tiempo, con firmeza o de manera flácida, también
le dicen algo acerca de lo que sienten por usted.
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A partir de lo expuesto aquí se observa que la comunicación
no verbal de las emociones es importante. Sin embargo, es pre-
ciso tener cautela. Aunque la conducta no verbal puede ser un
indicador de los sentimientos de una persona, no es una señal
infalible. El sonido de la risa quizá sea parecido al del llanto,
aunque el llanto puede indicar pena, alegría, enojo, nostalgia
o que está picando cebolla. Además, igual que sucede con los
reportes verbales, en ocasiones la gente “dice” de manera no
verbal cosas que no quería decir. Todos hemos hecho cosas sin
pensar (volver la espalda, fruncir el ceño cuando pensamos en
otra cosa o reír en el momento inoportuno) que han causado
ofensa porque nuestras acciones fueron interpretadas como
expresión de una emoción que en realidad no sentíamos.
En ocasiones usamos la imitación para que nos ayude a
comprender con más facilidad lo que están sintiendo los de-
más. La investigación confirma que en el curso de una con-
versación las personas suelen imitar mutuamente sus acentos,
gestos, posturas y expresiones faciales (McIntosh, 2006). No
sorprende que la investigación haya demostrado que la imita-
ción espontanea hace que las conversaciones fluyan con ma-
yor suavidad, ayuda a las personas a sentir mayor cercanía y
fomenta la amistad (Kobayashi, 2007). Además, como se des-
cribió antes, dado que emociones específicas están ligadas a
conductas, y en particular a expresiones faciales específicas,
imitar las expresiones faciales de otros nos ayuda a enfatizar o
literalmente a sentir lo que está sintiendo otra persona (Stel,
Van Baaren y Vonk, 2008). Sin embargo, ni siquiera el uso de
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la imitación disminuye la posibilidad de que seamos engaña-
dos. Por ejemplo, la investigación también ha demostrado que
la imitación, de hecho, puede disminuir la precisión con la que
juzgamos las emociones que expresa otra persona cuando ésta
las está expresando con el propósito deliberado de engañar.
En otras palabras, cuando imitamos a una persona que intenta
inducirnos a error, la imitación disminuye nuestra habilidad
para detectar que está tratando de engañarnos.
Género y emoción
¿Los hombres son menos emocionales que las mujeres?
A menudo se dice que los hombres son menos emociona-
les que las mujeres. Pero ¿sienten ellos menos emoción o
son menos propensos a expresar las emociones que sienten?
¿Existen algunas emociones que, con mayor probabilidad
expresan más los hombres que las mujeres?
La investigación arroja luz sobre esos temas. En un estu-
dio, cuando individuos de ambos sexos vieron representa-
ciones de personas afligidas, los hombres mostraban poca
emoción, mientras que las mujeres expresaban sentimientos
de preocupación (Eisenberg y Lennon, 1983), Sin embargo,
medidas fisiológicas de activación emocional (como el ritmo
cardiaco y la presión sanguínea) mostraron que en realidad
los hombres que participaron en el estudio habían sido tan
afectados como las mujeres, pero inhibían la expresión de
sus emociones, mientras que las mujeres eran más abiertas
acerca de sus sentimientos. Emociones como la compasión,
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la tristeza, la empatía y la aflicción suelen considerarse
“poco masculinas” y tradicionalmente los niños de las cul-
turas occidentales son entrenados desde temprana edad para
suprimir esas emociones en público (Brody y Hall, 2000). El
hecho de que los hombres sean menos proclives que las
mujeres a buscar ayuda cuando enfrentan problemas emo-
cionales (Komiya, Good y Sherrod, 2000) probablemente
sea resultado de este entrenamiento temprano.
También es probable que hombres y mujeres reaccionen
con emociones muy diferentes a la misma situación. Por
ejemplo, ser traicionado o criticado por otra persona pro-
duce enojo en los hombres mientras que las mujeres son más
dadas a sentirse lastimadas, tristes o decepcionadas (Brody
y Hall, 2000; Fischer, Rodríguez-Mosquera, Van Vianen y
Manstead, 2004). Además, cuando los hombres se enojan,
por lo general dirigen su enojo contra otras personas y con-
tra la situación en que se encuentran. Las mujeres tienden a
verse como la fuente del problema y a interiorizar su enojo
contra sí mismas. Esas reacciones específicas del género son
congruentes con el hecho de que la probabilidad de tornar-
se violentos ante las crisis de la vida es cuatro veces mayor
en los hombres que en las mujeres; en contraste, es mucho
más probable que estas se depriman.
Cultura y emoción
¿Cómo puede influir la cultura en la forma en que expre-
samos la emoción? ¿El lugar donde vivimos influye en lo
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que sentimos? De ser así, ¿por qué? Para los psicólogos la cuestión clave es
la forma en que la cultura contribuye a moldear las experiencias
emocionales. Algunos investiga- dores sostienen que, entre culturas, pueblos
y sociedades, el rostro luce igual cada vez que se expresan ciertas emocio-
nes, este fenómeno se conoce como la postura universalis- ta. En contraste,
otros investigadores apoyan la postura del aprendizaje cultural que sostiene
que los miembros de una cultura aprenden las expresiones faciales apropiadas
para las emociones. Esas expresiones pueden entonces diferir consi- derable
de una cultura a otra. ¿Qué postura es más exacta?
Como vimos antes, Ekman y sus colegas concluyeron a par- tir de estudios
transculturales que por lo menos seis emociones son acompañadas por
expresiones faciales universales: la feli-cidad, la tristeza, el enojo, la sorpresa, el
temor y la repulsión. Carroll Izard (1980) realizó estudios similares en
Inglaterra, Alemania, Suiza, Francia, Suecia, Grecia y Japón con resul- tados
similares. Esos estudios parecen apoyar la postura uni- versalista:
independientemente de la cultura, la gente tendía a coincidir en qué emociones
expresaban otros en el rostro. Sin embargo, esta investigación no descarta por
completo la visióndel aprendizaje cultural. Dado que todos los participantes eran
miembros de países desarrollados que probablemente habían sido expuestos
entre sí a través de las películas, las revistas y el turismo, es posible que se
hubieran familiarizado con las expresiones faciales vistas en otras culturas. Se
requería unaprueba más sólida que redujera o eliminara esta posibilidad.