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Situación Problemática en Educación Universitaria

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EJEMPLO DE SITUACIÓN

PROBLEMÁTICA
Para una investigación titulada
Inteligencia emocional del docente y la satisfacción académica de los estudiantes de IV ciclo de
ingeniería de sistemas de una universidad privada de Lima durante el periodo 2023-II

Significado de los colores:


Ámbito general ➔ Contexto
Nivel internacional ➔ Problemática con tus variables en diversos países del mundo.
Nivel nacional ➔ Problemática con tus variables en diversas regiones del país.
Nivel institucional ➔ Problemática con tus variables en la institución seleccionada.
Cierre ➔ Se evidencia la necesidad de una investigación.
CAPÍTULO I
1.1. Situación problemática:
La educación, vista como un proceso, se vincula con la evolución social del ser humano
(Pérez, Ríos y Castro, 2022), nace de la necesidad de compartir los conocimientos con las nuevas
generaciones y, de este modo, asegura la socialización, culturización y humanización del hombre
(Rojas et al. 2021). Desde el ingreso al nuevo siglo se viven grandes cambios sociales,
económicos y educativos propios de la era digital y del mundo globalizado (Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO], 2022). Sin embargo, desde
antes de la pandemia aún existían instituciones universitarias con rezagos del modelo tradicional
de enseñanza: los estudiantes, considerados tabulas rasas, tomaban apuntes casi al pie de la
letra y el aprendizaje se basaba en la memoria y repetición (Martínez, Reyes y Rivera, 2023).
Durante la emergencia sanitaria, la didáctica universitaria cambió, girando a un
entorno virtual poco explorado, pero con muchas oportunidades para crecer personal y
profesionalmente (Paredes y Robles, 2023); además, el rol de las emociones por parte de los
agentes educativos cobró gran importancia en la interacción virtual indistintamente la rama del
conocimiento que se estudiaba. Ahora en la postpandemia, con el regreso a la presencialidad,
la dinámica educativa vuelve a cambiar, trayendo un contexto de nueva normalidad donde
factores educativos, psicológicos y emocionales interactúan (Organización Internacional del
Trabajo [OIT], 2023).
A nivel internacional, según Robertis (2022), las habilidades emocionales ayudan a
modular la conducta y mejoran las relaciones interpersonales entre docentes turcos de distintas
carreras; de esta forma, existe una mayor probabilidad de cumplir los objetivos institucionales
cuando se tiene personal con diferente perfil profesional. Por su parte, estudiantes franceses
percibieron, luego del periodo de enseñanza virtual, que las habilidades y desempeño de sus
profesores contribuyen alrededor de un 60% en su rendimiento y en el logro de sus objetivos
educativos (Melciore, 2023). A pesar de lo anterior, Pérez et al. (2022) comentan que se ha visto
casos donde profesores españoles poseen niveles altos de habilidades emocionales, pero caen
en la permisividad y, a pesar de llevarse cordialmente con sus colegas, no llegan a entablar lazos
de amistad más allá del vínculo laboral.
Se ha reportado, en una institución Londinense, que la formación académica garantiza
el manejo de contenidos propios de la especialidad, pero los nuevos requisitos formativos y
actitudinales son más exigentes y requieren de más habilidades (Robertis, 2022). Según se pudo
observar, estudiantes rusos afirman que la efectividad de un docente incidió directamente en
su comprensión sobre principios científicos complejos (Kuznetsov, 2022); así mismo, las
habilidades que no se vinculan con el coeficiente intelectual, (emocionales y blandas) son bien
recibidas por los estudiantes y se traducirían en satisfacción con el servicio educativo (Smith y
Palacios, 2023).
En Chile, se ha reportado que un 56% de profesores del nivel superior de las áreas
científicas tienen dificultades para manejar sus emociones y no están acostumbrados a gestionar
adecuadamente sus reacciones ante un público mixto (Collantes y Rudol, 2023); es posible que
el acumular emociones negativas en silencio finalmente se traduzca en un pobre desempeño
profesional, pero también en problemas psicológicos y físicos como el estrés y la ansiedad
(Rivera, 2023). En Bolivia, algunos universitarios comentaron que sus docentes, luego de la
educación virtual, se mostraban a la defensiva, les agotaba el contacto social y habían construido
prejuicios sobre la calidad de los aprendizajes previos; todo esto no contribuía al logro de las
metas educativas de la institución (Paulo, 2023).
En el Perú, la educación universitaria está normada desde el 2014 por la ley N° 30220;
en ella se exige, como requisito mínimo, el grado académico de magíster/maestro para ser
docente en una universidad; asi mismo, se observa que las universidades creadas con
anterioridad han incrementado la oferta de programas universitarios de pregrado enfocados en
cubrir la demanda educativa de “estudiantes adultos” a traves de herramientas virtuales y
presenciales. Este panorama ha permitido que profesionales de distintas áreas (derecho,
ingenierías, administración, economía, etc.) ingresen a la carrera docente por el crecimiento del
mercado educativo.
La Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria [SUNEDU] (2022)
reportó que el 56.4% de docentes universitarios poseían el grado de maestro y el 21,2% el grado
de doctor. Este dato muestra que un gran número de graduados de distintas especialidades
profesionales están habilitados legalmente para la docencia universitaria; sin embargo, es
posible afirmar que no todos realizaron estudios en didáctica, pedagogía, psicología educativa o
desarrollaron habilidades blandas como la inteligencia emocional enfocada en el proceso de
enseñanza. Esta realidad, según Rovegno (2022) podría estar incubando una problemática que
dentro de algunos años podría repercutir en la calidad educativa a nivel nacional.
Particularmente, en una universidad privada de Arequipa los estudiantes reportaron
que algunos de sus profesores no manejaban adecuadamente el estrés durante el regreso a la
presencialidad, siendo los síntomas más notorios ansiedad, inquietud, falta de motivación,
irritabilidad, entre otros (Paredes y Robles, 2023). Por otra parte, en una escuela superior de
estudios de Piura, se pudo evidenciar que los estudiantes no estaban satisfechos con sus
docentes debido a que estos últimos llegaban a las aulas de mal humor y mostrando un
inadecuado equilibro en su estado de ánimo, lo cual se reflejaba en el desarrollo de las clases de
matemática básica (Garay, 2023).
En la institución donde se realiza la investigación, los docentes del área de ingeniería
obtienen, en general, buenos puntajes en la puntualidad, asistencia y cumplimiento de las
labores docentes; asi mismo, según los resultados de la última evaluación de desempeño, los
docentes cumplen con sus actividades académicas, presentan compromiso y realizan alguna
actividad de investigación. Sin embargo, se ha podido observar que docentes con buena hoja de
vida (estudios en el extranjero, especializaciones, manejo de dos idiomas, etc.) presentan baja
calificación en los criterios: metodología de enseñanza y opinión de los estudiantes.
Según los jóvenes, no existe un divorcio entre el logro del aprendizaje que se enuncia
al inicio de cada sesión y lo que el profesor desarrolla, las clases se desarrollan exponiendo todos
los contenidos y con participación de los estudiantes; sin embargo, hay episodios puntuales
donde sus gestos y la comunicación no verbal se convierten en puntos que llaman la atención.
Uno de los puntos más bajos es el criterio de “acompaña mi aprendizaje fuera del espacio de
clase”, ya que los estudiantes esperan un seguimiento continuo y permanente, a pesar que
algunos son conscientes que el profesor no está en la obligación contractual de hacerlo.
Así mismo, se ha evidenciado algunos comentarios y quejas sobre el manejo del aula y
la forma como interactúa el docente con ellos y con los otros profesores. En una breve
conversación, algunos estudiantes comentan: “Los profesores dominan los temas de la carrera,
pero necesitamos su apoyo en las tardes”, “no asume cuando comete un error en la pizarra”,
“es difícil encontrarlo de buen estado de ánimo”, “no controla sus emociones”, “se pone
nervioso cuando hacemos alguna pregunta compleja”, “no habla mucho con sus colegas para
los proyectos interdisciplinarios”, entre otros. Esto podría estar relacionado con ciertas
habilidades del docente, especialmente las no cognitivas; de continuar esta situación, es posible
que determinados aspectos de la oferta formativa institucional se vean afectados con una
percepción equivocada, negativa y subjetiva de la realidad.
De lo anterior, parece que hay una situación que amerita ser investigada. Tomando en
cuenta los cambios globales a nivel educativo, el nuevo contexto que vive la educación
universitaria del Perú, la importancia de las habilidades emocionales en el proceso de
enseñanza-aprendizaje y los eventos observados en esta institución de educación superior, es
necesario estudiar la posible contribución o no de la inteligencia emocional del docente a la
satisfacción académica del estudiante. De esta forma, se podrá dilucidar la importancia atribuida
a estas habilidades por parte de los estudiantes universitarios y tomar medidas de corrección a
nivel académico y administrativo.

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