La fábrica de los recuerdos.
Lucas Raspall
Motivación, atención y memoria van de la mano
La memoria se trata de esa facultad cognitiva que nos permite retener o guardar y recordar
o evocar experiencias, pensamientos o imágenes, por esto, es un proceso y un depósito.
Con respecto al cerebro, más que una capacidad es el resultado o la suma de distintas
facultades cognitivas, un sistema muy complejo que se vale de distintas estructuras y vías
para funcionar.
La memoria conecta el momento presente con aquellos que lo precedieron, constituyéndose
así en una acción fundamental en el registro de las experiencias, en la formación de la
personalidad, en la cohesión de la propia historia.
La memoria tiene distintas fases o procesos, una secuencia en la que se distinguen 4
eslabones.
1. Codificación: un estímulo externo toca un receptor sensorial periférico... así empieza
el viaje. Para llegar a destino (el cerebro) esta información es traducida al lenguaje
neuronal. Luego de un largo pero veloz viaje, la información alcanza el procesador:
aquí se implican de forma automática operaciones muy variadas que codifican la
información recibida, constituyendo el primer paso de la actividad mnémica.
2. Consolidación (retención): la información que acaba de obtenerse es modificada y
estabilizada, implicando la expresión de genes y la síntesis proteica. Esto sucede
sólo si se vence la inicial susceptibilidad de ruptura del registro (memoria de corto
plazo aún), muy marcada al inicio. Se consolida mejor un recuerdo cuando el nivel
de estrés o estimulación es óptimo, no así cuando es muy bajo o muy alto.
3. Almacenamiento (recuerdo): implica los mecanismos y lugares donde se conservan
los datos ingresados. Los sitios donde se alojan los recuerdos varían y se
complejizan en el tiempo, por lo que un episodio, por ejemplo, está guardado en
partes en distintos sectores del cerebro. Cada sector sabe almacenar determinadas
características de los recuerdos, trabajando en red a la hora de recuperarlos.
4. Recuperación (localización y reconocimiento): es la restitución de lo almacenado,
sea por evocación libre o inducida. Lo que se recupera son las distintas partes de la
experiencia, sintetizadas en una representación compleja que toca muchos puntos
del sistema: una imagen con detalles de distintos sentidos precisa de la activación
de toda una red.
Cuando se evoca un recuerdo, se da un fenómeno de consolidación, proceso en el cual se
rehace el engrama de la memoria, sostenido biológicamente en una nueva síntesis proteica.
Este aporte de la neurobiología indica una de las bases de la neuroplasticidad y la
posibilidad de cambio: si al evocar antiguas situaciones se generan nuevas asociaciones,
nuevas reflexiones en torno a lo vivido, se pueden producir variaciones en el recuerdo
mismo.
El OLVIDO: El depósito de la memoria es limitado, no podemos recordar cada detalle de
todo. Primero porque no hay lugar y segundo porque no es para nada práctico, y entonces
podemos olvidar todos los detalles que no hacen a la cuestión, agilizando y facilitando el
funcionamiento del aparato cognitivo y liberando espacio para otras funciones. En
circunstancias normales, el olvido es la pérdida de una traza de memoria por el desuso.
Una clasificación posible
Existen distintas categorizaciones de las diferentes memorias, pero hay una que da cuenta
de lo que vemos dentro del aula: de corto plazo y de largo plazo.
● Memoria de corto plazo: es aquella en la que se almacena y retiene un número
limitado de unidades de información por pocos segundos (inmediata: la memoria de
trabajo) o hasta horas (reciente o memoria de corto plazo propiamente dicha). Hoy
son llamadas como memoria de trabajo o memoria funcional, que es el modelo
imperante de la memoria de corto plazo.
Se trata de un sistema ejecutivo que permite mantener y manejar la información de
manera transitoria. Integra, a lo largo de un período de tiempo relativamente corto, la
información entrante con recuerdos ya afianzados, movimiento esencial para la
planificación y la ejecución de procesos complejos.
● Memoria de largo plazo: es la que almacena recuerdos por días, años o incluso toda
la vida. De acuerdo a cómo se almacena y se recupera la información, puede
subdividirse en explícita o declarativa e implícita o no declarativa.
1. La memoria declarativa o explícita, aquella que se recupera de forma
deliberada mediante el esfuerzo y la voluntad, se refiere a hechos del mundo
y a hechos personales del pasado. Es muy flexible, afecta a la asociación de
múltiples fragmentos y trozos de información y constituye la base del
aprendizaje de experiencias. Dentro de esta categoría, se distinguen:
● La memoria semántica: contiene el saber cultural compartido.
Presenta menor interferencia y sí posee capacidad inferencial. Es la
que sirve para explicar, por ejemplo, qué es la memoria semántica.
● La memoria episódica: codifica en el tiempo y el espacio los hechos
precisos y específicos, no tiene capacidad inferencial y presenta
grandes interferencias y olvidos; retiene eventos. Es utilizada para
recordar, por ejemplo, experiencias personales.
● La memoria autobiográfica: almacena los recuerdos de la propia
biografía. Guarda y teje nuestros cuentos, los que escribimos desde
nuestra más tierna infancia. Es la que nos hace ser quienes somos.
Quien pierda esta memoria dejará de ser quien era.
2. La memoria no declarativa o implícita es aquella que fluye automáticamente
al realizar tareas. Aquí el conocimiento está estrechamente conectado al
estímulo, expresado en una respuesta automática que se ejecuta sin
esfuerzo. Es una memoria rígida e íntimamente ligada a las condiciones de
los estímulos originales bajo los cuales se produjo el aprendizaje. La
memoria implícita aporta una importante cantidad y calidad de datos que, en
forma inconsciente e involuntaria, contribuyen a la calificación de la
experiencia. Se destaca la llamada memoria de procedimientos o
procedural, la encargada de aprehender destrezas, capacidades y hábitos
conductuales de utilización automática e inconsciente. Gracias a esta puedes
atarte los cordones de los zapatos, sin prestar atención, mientras hablás por
teléfono.
Las calles que llevan al depósito
La memoria es una función compleja que implica un conjunto de habilidades mentales que
depende de múltiples sistemas funcionales y anatómicos: no está restringida a un solo
sector del cerebro.
El rol del hipocampo es fundamental en lo que hace a la memoria de corto plazo y es vital
para el guardado de nuevos registros: si éste no funciona adecuadamente, se conservan los
viejos registros pero ya no se podrán almacenar nuevos recuerdos.
El hipocampo y la amígdala (estructura subcortical encargada de integrar las emociones con
los patrones de respuesta asociados a éstas) comparten proyecciones recíprocas que
convergen desde áreas de asociación corticales uni y polimodales: la carga emocional de la
imagen fortalece la fijación del recuerdo. Su efecto modulador puede explicar bien el hecho
de que el ser humano recuerda mejor los eventos emocionales que los neutros.
Pero ¿donde queda el depósito de los recuerdos?
No hay un sector del cerebro destinado a ser el archivo, una especie de biblioteca, sino que
el depósito está desparramado por todo el cerebro.
El valor de la sorpresa
Es sabido que la función del hipocampo se ve fortalecida por la actividad del cerebro medio
a través de vías dopaminérgicas, estableciéndose en este punto el vínculo entre la
motivación o la curiosidad y la mayor avidez del cerebro por formar un recuerdo. Existe un
mecanismo fisiológico que hace que aquello que rodea una situación que sorprende,
alejada del orden regular o rutinario de las cosas o por fuera de lo que uno esperaba o
podría predecir, se grabe de forma más segura y perdurable. Por ejemplo: los alumnos
recuerdan con mucho más detalle lo enseñado en una clase si ésta se da en una situación
que los sorprenda.
De memoria no se aprende, sólo se memoriza
Aprender de memoria no sirve de mucho.
La memorización pasiva, o por repetición, es útil para fijar elementos que deben ser
reproducidos con precisión en un periodo corto de tiempo.
Cambia la historia cuando apelamos a la memorización activa, es decir, aquella que busca
establecer asociaciones, enlazando los conceptos nuevos con otros ya existentes. Así el
cerebro entiende que la información es relevante, significativa y la va a almacenar de una
manera óptima. Esta memoria no requiere de la repetición exacta de un contenido desde la
primera palabra hasta la última, sino que al haberse tendido redes neuronales de
asociación, se puede comenzar por un lugar o otro.
Para este último tipo de memoria existen diversas técnicas que apelan al tipo de guardado
de la información, pasando por instancias de reflexión y comprensión.
¿SOY UN CHICO INTELIGENTE?
¿Qué entendemos por inteligencia?
Fue el modelo de las «Inteligencias Múltiples, con el apoyo de las neurociencias, el que
revolucionó las formas tradicionales de plantear la inteligencia. Se trata más de una gama
de inteligencias que de una entidad única y de carácter unidireccional.
La inteligencia es un conjunto de habilidades que permiten responder a desafíos de
distinta índole, generando soluciones eficientes. A su vez posibilita, en los momentos
apropiados, la creación de nuevas preguntas y desafíos, cimientos sobre los cuales
se montarán nuevos conocimientos.
La sumatoria de estas diferentes inteligencias dan como resultado las cualidades privativas
de cada persona. Y así se abre un abanico de posibilidades a la hora de pensar la
educación, de generar estímulos, y construir experiencias.
No es más inteligente el chico que gana el torneo de ajedrez que aquel que tiene gran
facilidad para hacer amigos. No es más inteligente aquel que es bueno para los deportes
que quien aprende a tocar el piano. Pluralizar el concepto tradicional de inteligencia permite
conocer las facilidades de cada niño y también sus debilidades, apuntando tanto a
aprovechar lo destacado cómo a desarrollar aquellos lugares más vulnerables.
Las inteligencias múltiplos
El Dr. Howard Gardner, psicólogo estadounidense contemporáneo, ideó este concepto en
contraposición al paradigma de una inteligencia única. Sin la necesidad de correrse de la
idea de inteligencia como la capacidad para solucionar problemas o crear bienes valiosos,
abrió este término en varios tipos de inteligencia.
● Inteligencia Lingüística: se relaciona con nuestra capacidad para el lenguaje oral y
escrito, el modo en que usamos las palabras para expresarnos, ilustrando con
claridad nuestros pensamientos. A nivel cerebral, si bien no se puede reducir
ninguna inteligencia a un área determinada esta facultad apela fundamentalmente al
funcionamiento de los lóbulos frontal y temporal izquierdos, áreas de Broca y
Wernicke.
● Inteligencia Lógica: tiene que ver con el desarrollo del pensamiento abstracto, con la
precisión y la organización a través de pautas o secuencias. Es el tipo de inteligencia
que usamos para responder problemas matemáticos. Se le atribuye al hemisferio
cerebral izquierdo.
● Inteligencia Musical: se relaciona con la habilidad para expresarse por medio de la
música y los ritmos, a través de la voz y el cuerpo o a través de instrumentos. Es la
posibilidad de percibir, discriminar, interpretar, disfrutar, transformar y crear a través
de los sonidos. Sobresale el hemisferio derecho, lóbulo temporal.
● Inteligencia Visual-Espacial: refiere a la capacidad para percibir imágenes, formas y
colores, integrar estos elementos y ordenarlos en el espacio, establecer relaciones
entre sí y traducirlos en esquemas. Los sectores cerebrales implicados son los
lóbulos occipital y parietal.
● Inteligencia Kinestésica: es la habilidad para expresarse con el cuerpo, con
plasticidad y armonía, coordinando movimientos generales y gruesos o particulares y
finos. Abarca todo lo relacionado con el movimiento, tanto con el propio cuerpo como
con la manipulación de objetos. A nivel neurológico se puede ubicar
fundamentalmente a nivel de la corteza cerebral motora, el cerebelo y los ganglios
de la base.
● Inteligencia Interpersonal: implica la capacidad de establecer contacto con otras
personas y relacionarse, de trabajar en equipo, cooperativamente, de reconocer y
distinguir las intenciones, sentimientos y creencias de los demás. Las áreas más
relevantes son la corteza prefrontal y sistema límbico.
● Inteligencia Intrapersonal: refiere al conocimiento de uno mismo, de las propias
emociones y creencias, de los valores y metas, de la historia y del contexto.
También incluye los procesos vinculados a la automotivación y la confianza en uno
mismo. A nivel cerebral dominan este aspecto la corteza prefrontal y sistema
límbico.
● Inteligencia Naturalista: tiene que ver con el cuidado y respeto de la naturaleza,
conectarse con ella y conocer sus tiempos y formas, aprender de sus ciclos para
servirse de ella y, a su vez, servirla.
● Inteligencia Existencial: Gardner le sumaría luego esta capacidad tan propia de los
seres humanos. Esta tiene que ver con una supranatural, una capacidad que nos
trasciende como seres individuales. La clave de esta facultad está en la inclinación
que tenemos las personas de hacer preguntas fundamentales acerca de la
existencia. Definitivamente esta inteligencia reside en la corteza prefrontal,
distinguiéndose de cualquier otro animal.
La Inteligencia (con mayúscula), como sumatoria de las distintas habilidades o inteligencias
(con minúscula), es la aptitud para organizar los comportamientos, descubrir valores,
inventar proyectos, mantenerlos, solucionar problemas, plantearlos...
Es la inteligencia la que nos permite la exploración interna, pensar sobre lo que pensamos y
mirar el mundo desde distintos lugares. La inteligencia nos permite imaginar, crear,
encontrar salidas. No es sólo pensar, sino saber pensar, no sólo sentir, sino saber sentir.
CINCO MENTES
Si entendemos la inteligencia como la capacidad para resolver desafíos, entonces
deberíamos formular preguntas que orienten nuestra intención educativa. Enseñar qué,
cómo y para qué. ¿Cuáles son las necesidades de hoy? ¿Cuáles son las capacidades que
nos permitirán afrontar los nuevos desafíos? No hay chance de que todos nos pongamos de
acuerdo, y es válido que sea así, de esto se trata la diversidad, la pluralidad de opiniones y
valores. Pero seguro podemos encontrar puntos de consenso, trazar bases comunes con
las que edificar la programación.
Howard Gardner dice que deberíamos entrenar cinco mentes: ética, creativa, disciplinada,
respetuosa y sintética. Estas 5 mentes se nutren de las ocho inteligencias anteriores.
1. Disciplinada a la hora de enseñar a pensar y practicar, buscando el dominio de las
distintas inteligencias. Disciplinada también para valorar el esfuerzo y la importancia
de observar, leer, estudiar, escuchar, indagar, proponer, trabajar...
2. Sintética para poder encontrar lo nuclear entre las toneladas de información que
corren por el río, discriminando lo importante de lo accesorio y uniendo la enorme
cantidad de piezas que pueden aportar al sentido del conjunto.
3. Creativa para salir de los atolladeros que nosotros mismos construimos, para saltar
esos obstáculos que parecen inamovibles, asumiendo riesgos y encontrando
respuestas, a priori, tantas veces insólitas.
4. Respetuosa para aceptar las diferencias, para desarrollar la tolerancia y ser capaz
de trabajar y estar en armonía incluso con quien no comparta nuestras creencias o
costumbres.
5. Ética para no hacer nada sin preguntarnos antes por el otro, rigiéndose por los
principios morales que sostienen nuestras sociedades, actuando de acuerdo a
valores sólidos y positivos.
Las tres primeras mentes se refieren a lo cognitivo, mientras que las dos últimas tienen que
ver con el tratamiento de las personas. Se trata de habilidades y predisposiciones a las que
tenemos que apuntar, alimentadas por las nueve inteligencias. Con todo esto presente,
seguro sabremos mejor dónde y cómo poner el foco a la hora de planificar nuestra actividad
educativa.
CONVERGER Y DIVERGIR
Hay dos formas de pensamiento.
1. El pensamiento convergente se caracteriza por el análisis y el razonamiento,
sostenido en el estudio lógico del desafío planteado. Este estilo de evaluación, que
dibuja una secuencia lineal y no se mueve de la lógica o de lo convencional, es
propio del funcionamiento del hemisferio cerebral izquierdo, como ya lo vimos en
anteriores capítulos. Se mueve buscando una respuesta concreta, casi esperable,
ajustada a las contestaciones ya conocidas para ese problema determinado.
2. El pensamiento divergente debe tomar lugar, corriéndose de los caminos de
análisis tradicional. Debe enfocar el desafío desde otra óptica, apelando a la
creatividad, moviéndose en distintas direcciones, buscando alternativas. Y es por
esto que puede encontrar diferentes respuestas, todas válidas, dado que no hay
patrones establecidos, sino múltiples caminos. Esta forma de pensamiento es propia
del hemisferio derecho, que se maneja por fuera de la lógica, trabajando de manera
libre, estableciendo nuevas asociaciones y rompiendo moldes.
DISTINTOS CANALES
● Hay quienes tienden a procesar con mayor facilidad y eficacia por el sentido de la
vista: piensan con imágenes que representan ideas y suelen tener en la mente
varias cosas al mismo tiempo, dividiendo las tareas como si fueran ventanas de un
monitor. Los distraen con facilidad las cosas que suceden alrededor, sobre todo el
movimiento.
● Aquellas personas que se reconocen más centradas en lo auditivo, en cambio,
suelen llevar adelante pensamientos más ordenados, secuenciales y profundos,
desarrollando la totalidad de la idea antes de moverse a otra cosa. Buscan las
palabras con mayor precisión, sin quedarse en descripciones vagas de una imagen.
Se distraen con ruidos y tienden a aturdirse.
● Hay quienes se vuelcan a otros canales sensoriales, tomando mayor contacto con lo
que sienten a la hora de aprehender, involucrándose con lo que hacen, buscando
motivaciones profundas y participando activamente de las propuestas. Pueden
distraerse con mayor facilidad cuando las situaciones que se plantean no convocan
el cuerpo, quedando sólo en planteos o juegos mentales.
No hay un canal mejor que otro. Todos los canales tienen una función y utilidad, todos
usamos el conjunto entero.
DIFERENTES ESTILOS DE APRENDIZAJES
Los estilos de aprendizaje son las inteligencias aplicadas, la manifestación pragmática de
esas formas de inteligencia. Son indicadores fieles de cómo cada persona aprende, cómo
perciben los estímulos, como los interpretan y ordenan, como impactan en su mundo
emocional y como los mueven a actuar, respondiendo así a los distintos desafíos.
Los docentes estamos convocados a apelar a todos los estilos de aprendizaje, que generen
los contexto necesarios para que todas las habilidades puedan mostrarse, ponerse a
trabajar y desarrollarse.
EVALUACIÓN
La evaluación tiene que ser coherente con el estilo del docente, con el tipo de proceso que
se llevó a cabo durante el año, con las actividades desarrolladas y los diferentes canales
convocados.
La observación del docente tiene que ser el principal instrumento, valoración que atiende el
proceso particular de cada niño, sin importar tanto las notas o calificaciones:
el parámetro es el mismo niño.
La evaluación debe convocar lo que se aprendió, y la forma en que se lo hizo, debe llamar
lo que está guardado en las entrañas, el cambio generado durante el proceso... no puede
ser resuelto con un par de horas de repetir en voz alta. Y la vara no puede ni debe ser la
misma para todos; el parámetro con el que se compara debería ser el mismo niño, antes y
después. La evaluación tiene que ser amplia y debe poder ajustarse al estilo también de
cada alumno. Entonces no es la misma para todos, sino que respeta la individualidad.