Universidad Autónoma de Zacatecas
"Francisco García Salinas"
LICENCIATURA EN DESARROLLO Y GESTIÓN
PÚBLICA
TEORÍAS DE LA JUSTICIA Y EL DESARROLLO
2° B
REPORTE DE LECTURA: Actividad 3
DOCENTE: MAGDA COLLAZO FUENTES
JUAN CARLOS VACIO MARTÍNEZ
Zacatecas, Zac., octubre de 2019
CRITICA DEL PROGRAMA DE GOTHA
CARLOS MARX
Introducción
la crítica al proyecto de programa y la carta a Bracke que la acompaña- fue enviado a Bracke
en 1875, poco antes de celebrarse el Congreso de unificación de Gotha, para que los
transmitiese a Geib, Auer, Bebel y Liebknecht y se lo devolviera luego a Marx. Como el
Congreso del Partido en Halle había concluido en el orden del día de la discusión del
programa de Gotha, me parecía cometer un delito hurtando por más tiempo a la publicidad
este importante documento acaso el más importante de todos sobre el tema que iba a ponerse
en discusión. Se desmenuza aquí el proyecto de programa, la inexorabilidad con que se
expresan los resultados obtenidos y se ponen de relieve los errores del proyecto; todo esto,
hoy, a la vuelta de quince años, ya no puede herir a nadie.
En primer lugar, Marx y yo estábamos más estrechamente vinculados con el movimiento
alemán que con ningún otro; por eso, el decisivo retroceso que se manifestaba en este
proyecto de programa, tenía por fuerza que afectarnos muy seriamente. En segundo lugar,
nosotros nos encontrábamos entonces pasados apenas dos años desde el Congreso de La Haya
de la Internacional en pleno apogeo de la lucha contra Bakunin y sus narquistas, que nos
hacían responsables de todo lo que ocurría en el movimiento de Alemania; era, pues, de
esperar que nos atribuyesen también la paternidad secreta de este programa. Estas
consideraciones ya no tienen razón de ser hoy, y con ellas desaparece también la necesidad
de los pasajes en cuestión.
Desarrollo
CARTA A W. BRAKE
Transmita las adjuntas glosas críticas marginales al programa de coalición, a Geib, Auer,
Bebel y Liebknecht, para que las vean. Estoy ocupadísimo y me veo obligado a rebasar con
mucho el régimen de trabajo que me ha sido prescrito por los médicos. No ha sido, pues,
ninguna «delicia» para mí, tener que escribir una tirada tan larga. Pero era necesario hacerlo,
para que luego los amigos del Partido, a quienes van destinadas estas notas, no interpreten
mal los pasos que habré de dar. Me refiero a que, después de celebrado el Congredo de
unificación, Engels y yo haremos pública una breve declaración haciendo saber que no
estamos de acuerdo con dicho programa de principios y que nada tenemos que ver con él.
GLOSAS MARGINALES AL PROGRAMA DEL PARTIDO OBRERO ALEMÁN
“El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura, y como el trabajo útil sólo es posible
dentro de la sociedad y a través de ella, todos los miembros de la sociedad tienen igual
derecho a percibir el fruto íntegro del trabajo”
El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso
(¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el
trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del
hombre. Esa frase se encuentra en todos los silabarios y sólo es cierta si se sobreentiende que
el trabajo se efectúa con los correspondientes objetos e instrumentos. Pero un programa
socialista no debe permitir que tales tópicos burgueses silencien aquellas condiciones sin las
cuales no tienen ningún sentido. En la medida en que el hombre se sitúa de antemano como
propietario frente a la naturaleza, primera fuente de todos los medios y objetos de trabajo, y
la trata como posesión suya, su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por tanto,
en fuente de riqueza. Los burgueses tienen razones muy fundadas para atribuir al trabajo una
fuerza creadora sobrenatural; precisamente del hecho de que el trabajo está condicionado por
la naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de más propiedad que su fuerza de
trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilización, esclavo de
otros hombres, de aquellos que se han adueñado de las condiciones materiales del trabajo. Y
no podrá trabajar, ni, por consiguiente, vivir, más que con su permiso.
“En la sociedad actual, los medios de trabajo son monopolio de la clase capitalista; el estado
de dependencia de la clase obrera que de esto se deriva, es la causa de la miseria y de la
esclavitud en todas sus formas”.
Esta enmienda se introdujo porque Lassalle, por motivos que hoy ya son todos conocidos,
sólo atacaba a la clase capitalista, y no a los terratenientes. En Inglaterra, la mayoría de las
veces, el capitalista no es siquiera propietario del suelo sobre el que se levanta su fábrica.
“La emancipación del trabajo exige que los medios de trabajo se eleven a patrimonio común
de la sociedad y que todo el trabajo sea regulado colectivamente, con un reparto equitativo
del fruto del trabajo”.
Para saber lo que hay que entender por la frase de “reparto equitativo”, tenemos que cotejar
este párrafo con el primero. El párrafo que glosamos supone una sociedad en la cual los
“medios de trabajo son patrimonio común y todo el trabajo se regula colectivamente”,
mientras que en el párrafo primero vemos que “todos los miembros de la sociedad tienen
igual derecho a percibir el fruto íntegro del trabajo”.
“El fruto del trabajo” en el sentido del producto del trabajo; entonces el fruto del trabajo
colectivo será la totalidad del producto social.
El “fruto íntegro del trabajo” se ha transformado ya, imperceptiblemente, en el “fruto
parcial”, aunque lo que se le quite al productor en calidad de individuo vuelva a él, directa o
indirectamente, en calidad de miembro de la sociedad.
Por eso, el derecho igual sigue siendo aquí, en principio, el derecho burgués. El derecho de
los productores es proporcional al trabajo que han rendido; la igualdad, aquí, consiste en que
se mide por el mismo rasero: por el trabajo.
Prosigamos: unos obreros están casados y otros no; unos tienen hijos que otros, etc. A igual
trabajo y, por consiguiente, a igual participación en el fondo social de consumo, unos
obtienen de hecho más que otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho no
tendría que ser igual, sino desigual.
La distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la
distribución de las propias condiciones de producción.
De este modo los elementos de producción, la actual distribución de los medios de consumo
es una consecuencia natural. Si las condiciones materiales de producción fuesen propiedad
colectiva de los propios obreros, esto determinaría, por sí solo, una distribución de los medios
de consumo distinta de la actual.
“La emancipación del trabajo tiene que ser obra de la clase obrera, frente a la cual todas las
demás clases no forman más que una masa reaccionaria”. En el “Manifiesto Comunista” se
dice: “De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el propietario es una
clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con
el desarrollo de la gran industria: el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar”
“La clase obrera procura, en primer término, su emancipación dentro del marco del Estado
nacional de hoy, consciente de que el resultado necesario de sus aspiraciones, comunes a los
obreros de todos los países civilizados, será la fraternización internacional de los pueblos”.
La acción internacional de las clases obreras no depende, en modo alguno, de la existencia
de la “Asociación Internacional de los Trabajadores”.
“Partiendo de estos principios, el Partido Obrero Alemán aspira, por todos los medios legales,
a implantar el Estado libre y la sociedad socialista; a abolir el sistema de salario, con su ley
de bronce y la explotación bajo todas sus formas; a suprimir toda desigualdad social y
política”.
“Para preparar el camino a la solución del problema social, el Partido Obrero Alemán, exige
que se creen cooperativas de producción con la ayuda del Estado y bajo el control
democrático del pueblo trabajador. En la industria y en la agricultura, las cooperativas de
producción deben crearse en proporciones tales, que de ellas surja la organización socialista
de todo el trabajo”.
¿Qué es el Estado libre?
La misión del obrero, que se ha librado de la estrecha mentalidad del humilde súbdito, no es,
en modo alguno, hacer libre al Estado. En el imperio alemán, el “Estado” es casi tan “libre”
como un Rusia. La libertad consiste en convertir al Estado de órgano que está por encima de
la sociedad, en un órgano completamente subordinado a ella, y las formas de Estado siguen
siendo hoy más o menos libres en la medida en que limitan la “libertad del Estado”. Considera
más bien al Estado como un ser independiente, con sus propios fundamentos espirituales,
morales y liberales.
Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo él infestado hasta el tuétano de
la fe servil de la secta lassalleana en el Estado; o lo que no es mucho mejor de la superstición
democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones, ninguna de las
cuales tienen nada que ver con el socialismo.
Conclusiones
Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas. Por lo tanto, si no era
posible y las circunstancias del momento no lo consentían ir más allá del programa de
Eisenach4, habría que haberse limitado simplemente a concertar un acuerdo para la acción
contra el enemigo común. Pero cuando se redacta un programa de principios (en vez de
aplazarlo hasta el momento en que una prolongada actuación lo prepare), se colocan ante
todo el mundo los jalones por los que se mide el nivel de los movimientos del Partido. Los
jefes de los lassalleanos han venido a nosotros porque las circunstancias les obligaron a venir.
Y si, desde el primer momento se les hubiera hecho saber que no se admitía ningún chalaneo
con los principios, habrían tenido que contentarse con un programa de acción o con un plan
de organización para la actuación conjunta. En vez de esto, se les consiente que se presenten
armados de mandatos, y se reconocen estos mandatos como obligatorios, rindiéndose así a la
clemencia o inclemencia de los que necesitaban ayuda. Y, para colmo y remate, ellos celebran
un Congreso antes del Congreso de conciliación, mientras que el propio Partido reúne el suyo
post festum. Indudablemente, con esto se ha querido escamotear toda crítica y no permitir
que el propio partido reflexione. Sabido es que el mero hecho de la unificación satisface
de por sí a los obreros, pero se equivoca quien piense que este éxito efímero no ha costado
demasiado caro.
“Como el trabajo es la fuente de toda riqueza, nadie en la sociedad puede adquirir riqueza
que no sea producto del trabajo. Si, por tanto, no trabaja él mismo, es que vive del trabajo
ajeno y adquiere también su cultura a costa del trabajo de otro”.
Defensores de todo orden social existente. En primer lugar, vienen las pretensiones del
gobierno y de todo lo que va pegado a él, pues el gobierno es el órgano de la sociedad para
el mantenimiento del orden social; además de él vienen las distintas clases de propiedad
privada, con sus pretensiones respectivas, pues las distintas clases de propiedad privada son
las bases de la sociedad, etc. Como vemos, a estas frases hueras se les puede dar las vueltas
y los giros que se quiera.
Los medios de trabajo son monopolio de los terratenientes (el monopolio de la propiedad del
suelo es, incluso, la base del monopolio del capital) y de los capitalistas. Los estatutos de lo
Internacional no mencionan, en el pasaje correspondiente, ni una ni otra clase de
monopolistas. Hablan de “los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir, de las
fuentes de vida”. Esta edición “fuentes de vida”, señala claramente, que el suelo está
comprendido entre los medios de trabajo.
“Que los medios de trabajo se eleven a patrimonio común” debería decir, indudablemente,
“se convierten en patrimonio común”. Pero esto sólo de pasada. Eso del “fruto del trabajo”
es una idea vaga con la que Lassalle ha suplantado conceptos económicos concretos.
El “fruto íntegro del trabajo” constituyen una necesidad económica, y su magnitud se
determinará según los medios y fuerzas existentes, y en par, por medio del cálculo de
probabilidades; lo que no puede hacerse de ningún modo es calcularlas partiendo de la
equidad. Lo que el productor ha dado a la sociedad es su cuota individual de trabajo.
En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación
esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el
trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida,
sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus
aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de
la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del
derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus
capacidades; a cada cual, según sus necesidades!
Los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del
modo de producción.
Naturalmente, la clase obrera, para poder luchar, tiene que organizarse como clase en su
propio país, ya que éste es la palestra inmediata de sus luchas. En este sentido, su lucha de
clase es nacional, no por su contenido, sino, como dice el “Manifiesto Comunista”, “por su
forma”. Pero, el “marco del Estado nacional de hoy”, por ejemplo, del imperio alemán, se
halla a su vez, económicamente, “dentro del marco” del mercado mundial y, políticamente,
“dentro del marco” de un sistema de Estados. Cualquier comerciante sabe que el comercio
alemán es, al mismo tiempo, comercio exterior, y el señor Bismarck debe su grandeza
precisamente a una política internacional sui géneris.
Así pues, de aquí en adelante, el Partido Obrero Alemán ¡tendrá que comulgar con la “ley de
bronce del salario” lassalleana! y para que esta “ley” no vaya a perderse, se comete el absurdo
de hablar de “abolir el sistema de salario” (lo correcto hubiera sido decir el sistema de trabajo
asalariado), “con su ley de bronce”. Si suprimo el trabajo asalariado, suprimo también
evidentemente sus leyes, sean de “bronce” o de corcho. Lo que pasa es que la lucha de
Lassalle contra el trabajo asalariado gira casi toda ella en torno a esa llamada ley. Por tanto,
para demostrar que la secta de Lassalle ha triunfado, hay que abolir “el sistema del salario,
con su ley de bronce”, y no sin ella.
Después de la muerte de Lassalle se había abierto paso en nuestro Partido la concepción
científica de que el salario no es lo que parece ser, es decir, el valor o el precio del trabajo,
sino sólo una forma disfrazado del valor o del precio de la fuerza de trabajo.
El sistema del trabajo asalariado es un sistema de esclavitud, una esclavitud que se hace más
dura a medida que se desarrollan las fuerzas sociales productivas del trabajo, aunque el obrero
esté mejor o peor remunerado.
Producción colectiva en toda la sociedad, y ante todo en su propia casa, en una escala
nacional, sólo quiere decir que laboran por subvertir las actuales condiciones de producción,
y eso nada tiene que ver con la fundación de sociedades cooperativas con la ayuda del Estado.
Y, por lo que se refiere a las sociedades cooperativas actuales, éstas sólo tienen valor en
cuanto son creaciones independientes de los propios obreros, no protegidas ni por los
gobiernos ni por los burgueses.
Hasta la democracia vulgar, que ve en la república democrática el reino milenario y no tiene
la menor idea de que es precisamente bajo esta última forma de Estado de la sociedad
burguesa donde se va ventilar definitivamente por la fuerza de las armas la lucha de clases
hasta ella misma está hoy a mil codos de altura sobre esta especie de democratismo que se
mueve dentro de los límites de lo autorizado por la policía y vedado por la lógica. (Marx, s/f)
Referencias
Marx, C. (s/f). Critica del programa de gotha carlos marx.