0% encontró este documento útil (0 votos)
379 vistas16 páginas

Reforged

Reforged

Cargado por

Christopher
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
379 vistas16 páginas

Reforged

Reforged

Cargado por

Christopher
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CAPITULO I

Aún estaba oscuro todo. Eran como las 4 de la mañana. Estaba allí, en mi cama mirando a la nada,
con la mente perdida en las quimeras de mis recuerdos. Hacía mucho que no despertaba a esas
horas para simplemente meditar, para vivir un poquito más en mis recuerdos y regresar al pasado,
que nostalgia y que pena saber que nunca más volveré a aquellos lugares que dejaron marca en mi
alma, en mi corazón para ser más exacto. Cuantas personas y cuantas situaciones viví, y cuantos
anhelos y deseos nunca pude hacer, después de todo, el tiempo es un desgraciado que te lleva a la
deriva, sin rumbo, dejando atrás la isla en donde tan cómodo te sentías y tan adictivamente te
llenaba de sufrimiento y dolor.

Volví a quedarme dormido.

Unas horas más tarde escuché la voz de mi mamá pronunciar mi nombre.

_Alístate rápido o sino llegará tarde tu hermano.

¿Llegar tarde? No recordaba que tendría que ir a algún lugar con él.

_ ¡Apúrate!

Salté de mi cama y había algo extraño, esas no eran las sábanas que usaba, tampoco mi almohada,
de hecho las cosas de mi habitación estaban distintas. No comprendía. Sentí un dejavú.

Empecé a recordar ¡Esto ya lo había vivido! ¿O solo era un engaño de mi mente? Sí, eso debía ser,
era imposible pensar en algo así.

_ ¿Ya estás listo? ¡Se hace tarde!

De pronto entró mi hermano, pero… ¡no podía creerlo! Estaba pequeño, era imposible. Por un
momento me quedé en blanco y con una mueca extraña en mi rostro, no podía ser cierto.

_ Llévalo de una vez que luego se te hará tarde para irte al colegio, apúrate.

Era mi mamá, se veía más joven. Corrí al espejo del baño y me vi. Obviamente estaba más joven y
tenía ese intento de bigote en el rostro todo horrible que solía creer que me quedaba bien. Estaba
sorprendido, no podía ser, ¿Regresé? No no, bueno si, pero ¡¿Por qué y cómo es que pudo
suceder?!

¿Cuánto tiempo habría regresado? Obviamente estaba en el colegio, pero ¿en cuál? Me quedé en
el baño un momento mirándome al espejo y escuché que mi mamá tocó la puerta para que me
apresurara. ¿Qué debía hacer? Afeitarme este horrible intento de bigote obviamente.

Dejé a mi ahora nuevamente pequeño hermano en su colegio y caminé un poco antes de tomar el
autobús a mi casa. La ciudad se veía distinta, de hecho el Puente que estaba en el centro de la
ciudad estaba en construcción y era raro volver a verlo así. Me acerqué a un puesto de periódicos
y pude ver la fecha. “18 de abril del 2010”. ¡10 años! ¡Había regresado 10 años! No podía creerlo.
Aún tenía todos mis conocimientos y recuerdos, no había olvidado nada de ¿mi futuro? Creo que
debía llamarlo así ahora.

Llegué a casa y me alisté para el colegio, era raro y nostálgico colocarme aquellas ropas que hacía
mucho había olvidado. Almorcé y tomé mi mochila, coloqué los libros que me tocaba el día viernes
y salí caminando hacia la escuela. Me sentí muy nervioso cuando estuve allí, había llegado tarde,
pero por suerte pasé sin que los auxiliares lo notaran. El corazón me latía rápido al ver que estaba
cerca de mi antiguo salón, entonces entré. Nadie notó nada raro en mí y era increíble verlos a
todos reunidos nuevamente.

_¡Hey! ¿No piensas sentarte? – Era Luisa, una de mis primeras amigas.

Me acerqué, le di un beso de saludo en la mejilla y me senté junto a ella.

_Te noto raro -¿raro?- es la primera vez que me saludas así.

¡Por supuesto! Se suponía que en esta época de mi vida aún estaba aprendiendo a convivir con
chicas, ya que antes de estar en esta escuela siempre había estudiado con puros hombres.

_ No nada, es tu imaginación – Dije sarcásticamente mientras sonreía de alegría al poder verla.

_ ¡Te afeitaste! Ahora te ves mejor.

_ Sí, no sé cómo no me había dado cuenta antes de lo horrible que era esta pelusa que creía que
era bigote. – Reímos ambos.

Era increíble poder platicar con ella nuevamente. En el futuro ella se iría al norte del país a vivir,
más bien a regresar, porque es de allá, y perderíamos contacto, era bueno volverla a ver.

El profesor de Historia entró. La verdad no hicimos mucho, y lo que hicimos ya lo sabía. Lo mismo
pasó con el profesor de Matemáticas y la profesora de Física. ¿Alguien se daría cuenta? No lo creo.

_ Has estado muy hablador hoy - Era Mía, otra buena amiga, aunque en este momento recién
estábamos empezando a platicar, de hecho no recordaba como así no hicimos tan buenos amigos.

_Es tu imaginación – hizo un gesto de sorpresa falsa, pero luego sonrió.

_Espero que estés así para la exposición de Comunicación.

¿Exposición? No recordaba sobre de qué trataría, pero no me preocupé. Estaba algo confiado de
todo lo que había aprendido en el futuro, sonaba raro pensar en esa palabra “futuro”.

_Si, estará fácil.- Dije mientras le pagaba a la señora de la cafetería las papitas fritas.

_ Muy bien, no me hagas quedar en ridículo. – empezó a reírse, pero yo me hice el serio.
_ Mira quien está por allá- dijo Mía – Tu amor platónico, ¿De qué hablarás hoy con ella en la
salida? ¿Ya lo pensaste?

¡Por supuesto! Mía era amiga de Tania “Mi amor platónico” de la escuela, de hecho era la primera
chica por la cual había llorado, pues ella se fue porque… ¡claro! ¡Hoy es el día en que pasa! Pero…
¿Qué debía hacer? ¿Dejar que sucediera? O es que ¿debía intervenir y cambiar mi pasado? No
sabía la respuesta aún.

_ ¿Te pasa algo? ¡Hey! Tierra llamando a Marte… responda… ¡Hey!

_ No nada… Más bien gracias por conseguirme esta oportunidad, eres una buena amiga. – Ahora
recordaba cómo se convirtió en mi amiga.

Sucede que el día de hoy yo no podría acompañar a Tania a su casa y por lo tanto nunca
hablaríamos, pues hoy, ella estaría involucrada en una pelea donde otras chicas de otra escuela la
golpearían hasta el punto en que ella pararía en el hospital. Por consecuencia sus padres la
cambiarían de escuela a otra ciudad por temor a represalias y sería Mía quien me daría la noticia
de todo eso. Tocó el timbre que señalaba que debíamos pasar a clases.

Las exposiciones habían empezado, mi grupo era el último. Le di una rápida lectura al tema que
me tocaba y luego me quedé mirando la hoja, pensando. ¿Debo cambiar algo? No estaba muy
seguro de que hacer. ¿Cómo podría saberlo? Después de todo. Era imposible regresar en el tiempo
y aquí estoy, pero… ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es el propósito? Me quedé pensando así unos
minutos.

- Luego de este grupo nos toca, ojalá no alcancemos, ya va a tocar la campana de la salida.

Sabía muy bien que sí pasaríamos al frente a dar nuestra exposición y esa sería la causa de que
Tania se fuera sola a casa, pues la profesora me tendría allí un buen rato hasta dejarme salir.

Entonces mi grupo pasó al frente. Al estar allí la vi, era Tania, esperándome, pues ya habían salido
de clases los de su salón al tocar el timbre. Se veía tan hermosa, de hecho hoy sería la última vez
que la vería y estaba justo como la recordaba, tan risueña y con una mirada curiosa, usaba
aquellos ganchitos de cabello que hasta ahora recordaba. No sabía que decisión tomar, dudaba…
¡¿dudaba?! No podía ser así. Si la vida me trajo de vuelta a este punto es porque tengo que
arreglar las cosas, vivir esa parte de mi vida que solo pude imaginar en cómo sería y no dejar que
se convierta en un “hubiera”.

Tania me vio y alzó la mano para despedirse, Mía lo vio y se me quedó mirando con cara de
decepción, porque hoy no sería el día en que le hablara. Entonces di un paso al frente, tomé mis
cosas del pupitre. Tania se dio cuenta y se quedó allí, parada, sorprendida. Cuando ya me disponía
a salir la Profesora de Comunicación alzó la voz para preguntar que sucedía.

_ ¡Es muy urgente profesora! Lo siento.


Salí sin esperar respuesta, todo el salón se quedó callado, en especial la profesora, bueno, y
también mi grupo de exposición, pero eso era lo de menos.

_ ¿Vamos? – le dije a Tania mientras aún tenía el rostro marcado con una expresión de asombro.

_ Sí, claro, vamos…

Caminamos hasta salir del colegio.

_ ¿Entonces te sigo? - Dije sonriendo.

_Pensé que conocías donde vivía – No recordaba que ya lo sabía, ¿o me estaba tomando el pelo?

Empezó a reír tapándose la boca con una de sus manos. Era una chica de tez blanca, ojos cafés
oscuros, cabello corto y también del color de sus ojos y un hoyuelo en una de sus mejillas al reír.
Nunca antes la había visto de esta forma, tan cerca de mí, hablándome de esta forma.

Caminamos un poco sin decir nada, era raro, aunque tenía más experiencia obviamente, no sabía
que decir. La tarde era hermosa, el sol estaba terminando de ocultarse y se podían ver trazos
naranjas y violetas en el horizonte, justamente como recordaba, que nostalgia y que alegría poder
volver a vivir esto.

_Pensarás que estoy chiflado, pero no encontraba la forma de poder hablarte. – Dije al fin.

_Debes darle gracias a Mía.

_Si, es una buena amiga.

_Sí que lo es.

Sonreímos un poco y continuamos caminando muy lento.

_La verdad yo también quería hablarte.

Eso me sorprendió, no lo esperaba, de hecho pensaba que el interés solo era de mi parte y que
ella solo sentía curiosidad por mí al ser nuevo en la escuela.

_ Eso es preocupante- dije muy serio.

_ ¿Preocupante? ¿Por qué?- dijo Tania algo desencajada y preocupada.

_Pues, preocupante porque podríamos acostumbrarnos a nosotros y perderíamos la magia de lo


oculto, de lo que escondemos.

Ella se quedó mirándome de una forma muy especial. Pude notarlo al verla a los ojos. No dijo
nada, simplemente siguió caminando, algo sonrojada.
Llegamos a unas cuantas calles de su casa y decidimos sentarnos en las bancas del parque. Las
luces ya habían sido encendidas, se escuchaban carcajadas de niños que jugaban un poco más allá.

_Entonces… Cuéntame algo de ti – Dijo ella mientras miraba el horizonte.

_Uhmm, pues, como sabrás, soy nuevo en la escuela, de hecho es la primera vez que estudio con
chicas.

_ Pues hablas muy bien como para creer que siempre estudiaste con hombres. Por lo general no
saben cómo hablar o que decirle a una chica cuando están a solas, pero tú eres diferente.

Sonreí un poco al escuchar eso.

_ Diferente… Me gusta esa palabra- Mencioné mientras la miraba a los ojos.

Ella se sonrojó un poco y volteó a ver a cualquier otra parte.

_Debe ser por mi signo zodiacal – Dije.

_ ¿Tu signo zodiacal?

_ ¿Crees poder adivinarlo?

_ Pues… por lo que puedo notar, eres muy diferente, de hecho es la primera vez que conozco a
alguien como tú – Se dio cuenta de lo que dijo y se puso algo nerviosa – Así que… ¿Sagitario?

Reí mucho y ella al principio no entendió el por qué, luego también empezó a reírse, pero
inmediatamente puso cara de seria y me reclamó por reírme dándome un pequeño empujón en el
hombro.

_Soy Acuario.

_ ¡¿Lo dices en serio?! ¡Yo también lo soy! ¿Cuándo cumples años?

Estaba sorprendida y sonriendo. Yo sabía que signo era ella y no era mentira que coincidíamos en
eso.

_10 de febrero ¿y tú?

_19 de febrero.

_Soy nueve días mayor que tu entonces.

_Pues déjame decirte que las mujeres maduran mucho antes que los hombres, al menos les
llevamos 2 años de ventaja en eso.

_ ¿Quieres decir que eres mayor que yo mentalmente? –Sonreía.

_Obviamente.
_Lo dudo.

Volvió a darme un pequeño empujón en el hombre, pero esta vez pude notar que su mano se
quedó mucho más tiempo en mi hombro.

_Ya debo irme –dijo ella.

_Tienes razón, estuvimos hablando por ¿Cuánto tiempo? ¿Una hora?

Una de mis manos buscó entre mis bolsillos instintivamente mi móvil, pero ahora recordaba que
en estos tiempos era raro ver a un adolescente con uno, que tonto.

_Si, una hora y media.

Ella si tenía uno, pero se veía tan antiguo el modelo, aunque para entonces era uno de los últimos
modelos.

_Bueno no te quito más tiempo.

_ ¿Nos vemos mañana? Dijo ella mientras se acercaba a darme un beso de despedida en la mejilla.

_ Seguro, no me iré a otra ciudad a vivir.

Atinó a sonreír sin comprender muy bien. Luego la vi voltear la calle y desaparecer. Yo me quedé
un momento allí, sentado en la banca aún. Pensando y dando gracias al universo por traerme de
vuelta. Miré al cielo y cerré los ojos para disfrutar un poco del sonido de los grillos y algunas voces
que no podía distinguir muy bien, aquel aire que respiraba, aquella sensación del viento rozar mi
rostro, aquel tiempo, todo eso era tan nostálgico. Una lágrima cayó mientras sonreía.

Unas horas después

¿Estaba bien cambiar mi pasado? No podía conciliar el sueño. Todo esto era muy emocionante y
un poco preocupante, no sabía si lo que hacía estaba correcto. Pensaba en las consecuencias,
después de todo, después de hoy nada sería igual. Ese pasado que había vivido, volvería a ser lo
mismo, mi pasado. Sería algo nuevo después de todo, pero… ¿Lo valía? ¿Acaso Tania valía todo lo
que me deparaba el futuro? Tantos momentos que quisiera volver a repetir, tantas personas que
ahora por cambiar esto, tal vez ya no vuelva a conocer. En especial – cerré los ojos y puse una
mano sobre mi pecho- en especial Jésica.
CAPITULO II

Pasaron algunos días, por alguna razón no podía encontrar a personas que se supone aun no debía
conocer, seguramente esa era la regla, no conocer a alguien que en su tiempo aún no conocías.
Me volví algo popular en la escuela, me ayudó el hecho de ser un chico nuevo y poder platicar muy
bien con las personas, además de hacerle bien a los profesores.

Pasaron algunos meses. En casa me notaron raro, pero supusieron que era la edad, que estaba en
esa etapa de rebeldía y cosas por el estilo. No los culpo. En la escuela me iba muy bien, había
mejorado mucho en mis calificaciones. Los profesores se llevaban muy bien conmigo. De alguna
forma me había vuelto algo “popular” con las chicas, tal vez porque era el único que les hablaba
con el cerebro y no con las hormonas. Muchos me odiaban por eso, pero me daba igual tratar con
“adolescentes”. Con Tania, pues, la cosa era distinta, éramos muy cercanos, me encantaba
compartir los recesos con ella, sentados en la glorieta de la escuela mientras platicábamos o
cuando íbamos a los asientos de la cancha de futbol para comer y hablar. Pero… siempre había un
pero. Solía verla desde el balcón del segundo piso de la escuela al llegar. Había veces en las que
sabía que estaba allí y me saludaba sonriendo para luego subir a hablarme.

_ ¿Cuándo te le vas a declarar? – Era Mía quien me habló.

El profesor no estaba, tenía una reunión con los demás profesores, así que nos dejó solos por unos
minutos.

_No creo poder hacerlo.

_Pero ¿por qué?, es evidente que te gusta y tú a ella.

No respondí, solo atiné a recostarme sobre mi pupitre y cubrirme con los brazos.

_ ¿Te pasa algo? – Tenía un rostro de preocupación genuino- Sabes que puedes confiar en mí.

_A todos nos pasa algo siempre – contesté.

Solo se quedó en silencio mientras me observaba.

_ ¿Puedo preguntarte algo? –Le dije.

_ Po supuesto, te escucho.

¿Debía decirle la verdad? ¿Decirle que de alguna forma había regresado en el tiempo y explicarle
todos mis miedos? ¿Debía hacerlo?

_ ¿Puede una persona valer lo mismo que otra persona?

_ Sí que estás muy raro.


_ Respóndeme por favor – supliqué.

_ Obviamente todos somos diferentes y es por eso que cada quien vale lo que vale para ciertas
personas. Por ejemplo, yo puedo valer para ti mucho, pero eso no quita que alguien más piense
que yo no valgo nada, porque simplemente no me conoce, es cuestión de perspectiva y déjame
decirte que todos tenemos una perspectiva de la vida distinta.

Al escuchar eso me quedé sumergido en mis pensamientos, en mis recuerdos, mirando a la nada
por unos segundos, simplemente mirando a la nada.

_ ¿Hay alguien más aparte de Tania verdad?

Esa pregunta caló en mi pecho y sentí un frío recorrer mi garganta al respirar.

_ Hubo alguien más, alguien que se fue, o más bien, alguien a quien dejé ir por mi capricho de
querer repara las cosas, de solucionar otros aspectos de mi vida que no tenían que ver
directamente con ella, pero que al final sí que lo fueron y por mucho.

Mía me miró como quien ve a un hijo llorar cuando se le pierde el globo que tanto le gustaba.

_ Una vez leí por allí, que uno siempre vuelve al lugar donde fue feliz.- Respondió Mía.

_Pero, es que ahora me siento muy bien de igual forma y no podría romperle el corazón a Tania,
de ninguna forma.

_ ¿En serio te sientes bien?... Tal vez serías completamente feliz si volvieras por la chica que
dejaste ir, tal vez.

_ Sí, pero…

_ ¡Pero nada!, estas cosas son así. No puedes estar preocupándote por todo el mundo y no poner
tus sentimientos por prioridad. La vida es así, siempre hay un perdedor que muchas veces era
quien más merecía ganar y esta vez a ti te tocó elegir quien perdería.

Sabía que eso último lo dijo por Tania. Era decisión mía quedarme con ella o no, dejarla ir u olvidar
a Jésica, con quien compartí tanto, aunque había llegado muy tarde a su vida. “Ojalá la hubiese
conocido un poco antes” era la pequeña frase que recordé haber dicho en alguna ocasión atrás,
bueno, ahora en alguna ocasión en el futuro.

Unos días después

Pasaron algunos días y hoy sería el día en que toda la escuela secundaria iría al Estadio a apoyar a
nuestra selección de futbol a la cual no había podido ingresar, porque decían que no era tan alto
como para ser el arquero de la selección. Si supieran que yo estaría en el club el siguiente año
como titular y llegaríamos a la final, aunque perderíamos, pero nunca antes habíamos llegado tan
lejos, éramos un buen equipo, bueno lo seríamos el próximo año, pues el día de hoy perderíamos.

Llegamos al estadio como a las 2 de la tarde. El sol aún estaba muy alto en el cielo. Había muchos
alumnos de distintas escuelas, todo era un alboroto. Habían pancartas con frases de apoyo a sus
escuelas y alguna que otra tenía el nombre de algún chico con un corazón al costado. Otros se
pintaron los rostros y otros trajeron a su banda con todo y platillos. Nos sentamos en la tribuna
norte del Estadio. Los profesores estaban alertas a alguna babosada que hiciéramos o alguna
estupidez, seguramente antes ya lo habían hecho. Entonces el partido de futbol comenzó, éramos
nuestra escuela contra el que sabía que sería el subcampeón de esta temporada. Gritos por todos
lados, bombos y arengas se oyeron, insultos también, en especial a algunos profesores que al
voltear a ver quién había sido el responsable, no podía descifrar por la multitud de los alumnos. Yo
por mi parte estuve con mis dos mejores amigos: Luis y Bernardo. Éramos inseparables entonces,
Luis era un tipo que venía de la capital del país, con una facilidad para los insultos y un sarcasmo
fluido, muy atrevido con las chicas, pero buena persona al fin y al cabo. Por otro lado estaba
Bernardo, era muy opuesto a Luis, más reservado con todos, pero con buen sentido del humor,
aunque no era de los que hacían chistes o causaban problemas, también era popular con las
chicas, pero a él parecía no importale ninguna. Si supieran que ambos de aquí a algunos años
serían padres y buenos padres, y algo saco largos, en especial Luis que su pareja no lo dejaba salir
a las reuniones de reencuentro de la promoción.

_ Y donde está tu flaca – era la forma decir novia en nuestro lenguaje.

_ ¿Cuál de todas? – Respondí a Luis con sarcasmo.

_ Te crees bandido.

_ ¿Qué no lo soy? – dije muy serio.

Nos echamos a reír y luego nos sentamos a seguir viendo el partido, bueno, Luis a seguir viendo a
las porristas. Entre ellas estaba Tania, se veía hermosa con el uniforme de porrista, saltando y
gritando porras a los jugadores.

_ ¿En serio no están?- volvió a preguntar Luis.

_ ¿Tanto te importa?- respondió Bernardo- Como a ti no te hizo caso el año pasado.

Hubo un pequeño silencio entre los tres, Bernardo se había dado cuenta de que tal comentario era
muy incómodo en este momento. Luis no atinó a decir nada y yo tampoco. Obviamente yo sabía
que él estuvo detrás de sus huesos el año pasado, pero no era algo tan serio y preocupante,
éramos buenos amigos después de todo, una amistad que solo los hombres podríamos entender.

_ Qué bueno que no te hizo caso – Respondí y luego echamos a reír a carcajadas.

_ Obviamente yo no le di oportunidad alguna a ella – Respondió Luis mientras trataba de ponerse


sereno.
_ Huy que suerte entonces – Dije irónicamente.

No podía dejar de verla mientras estaba allí haciendo su coreografía con las demás chicas. Sentía
culpa, una gran culpa aquí dentro.

Un par de horas después…

Terminaron los juegos deportivos. Perdimos 2-0, pero por alguna razón estábamos felices todos,
tal vez era, porque suponíamos que no habrían clases después de esto, pero estábamos
equivocados.

La orden era bien clara: Todos regresan a la escuela. Era una orden un poco confusa para todos,
pues no aclaraba cómo es que tendríamos que regresar. Así que muchos tomaron el autobús de
regreso, otros simplemente se fueron a sus casas o quien sabe a dónde, y otros, que eran muy
pocos, prefirieron ir caminando. Obviamente esa última opción sería la que yo elegiría.

Estaba con Luis y Bernardo caminando de regreso, andábamos por el parque del ferrocarril a eso
de las 5 de la tarde. Aún el sol estaba visible y no habían nubes en el cielo, era un ambiente cálido.

_ ¡Mira mira! Es Milagros.

Milagros era el amor platónico de Luis y ella lo sabía, solo que era muy obvio que no estaba
interesada en mi amigo. Ella estaba interesada en un tal Ricardo, un chico nuevo al igual que yo,
solo que era un poco raro. Ricardo era alto y muy peludo en los brazos y piernas. Era una de las
promesas del Colegio, pues era bueno con la declamación y siempre salía los lunes a declamar algo
con respecto al patriotismo. Era un tipo de Justin Bieber de la poesía para las chicas.

_ Y no está sola… - Añadió Bernardo.

Tania estaba con ella.

_¿Qué hacemos?

_ Pues nada – Respondí- Sigamos caminando.

_ Pero está Milagros, no puedo hacerle esto – Al terminar de decir eso mostró una gran sonrisa.

_ ¿Quieres acompañarlas? – Le dije muy serio.

_ No es eso, pero, bueno si, pero ayúdenme.

_ Pensé que eras algún tipo de “gurú sexualmente atrayente” con las chicas – Dijo sarcásticamente
Bernardo en una forma muy burlona.

_Bueno, entonces solo caminemos. Tampoco debes parecer muy interesado. Se casual. Ya nos
alcanzaran si caminamos lento.

_Tienes razón.
Caminamos algunas cuadras más y como predije, terminaron alcanzándonos, pero algo andaba
mal, ellas se fueron de largo. Luis estaba desesperado por hablarme a Milagros, pero no podía
hacerlo solo. Debíamos apoyarlo. Así que apresuramos el paso e hicimos lo mismo, las pasamos de
largo muy descaradamente. Ellas se dieron cuenta y trataron de alcanzarnos, pero entonces
echamos a correr antes y ellas también. No aguantamos las carcajadas y nos detuvimos todos. Nos
reímos mucho mientras tratábamos de recobrar el aliento. Decidimos sentarnos un momento.
Conversamos de lo que sea. Tania estaba a mi costado, cada vez que ella hablaba volteaba a
verme y al notar que mis ojos estaban en los suyos se sonrojaba y se ponía nerviosa, podía notarlo
por la forma en que jugueteaba con su cabello y desviar la mirada a cualquier lugar improvisado.
Por otro lado Luis estaba haciendo sus chistes tratando de sacarle alguna sonrisa a Milagros y no
podía creer como es que ese método si le funcionaba.

Cuando nos dimos cuenta ya eran más de las 6:30pm. Tomamos el autobús y nos dirigirnos a la
escuela para tomarnos lista.

_ ¿Qué harás en tus vacaciones? – Me preguntó Tania mientras extendía sus brazos para pedirme
la mochila y tomarla, ya que ella estaba sentaba en el autobús.

_ No sé la verdad – Le extendí mi mochila y ella la tomó, la puso sobre sus piernas y la abrazó. –
Creo que ahora que termine la escuela, los chicos de mi salón irán a la playa a relajarse.

_ ¿Tu iras?- Me preguntó mientras veía por la ventana.

_ Sí, eso creo.- Se veía algo descontenta con mi respuesta. - ¿y tú?

_ Pues, tengo que resolver un asunto pendiente con una persona.

¿Se refería a mí? No, no creo que sea eso, ¿o sí? ¿Mía le habrá contado algo al respecto? No lo
creo, es muy confiable ella.

_ ¿Un asunto pendiente?

_ Sí, pero ya no quiero pensar en eso, solo quiero disfrutar de este poco tiempo que queda.

Bueno, tenía razón, terminaría la escuela muy pronto y tendríamos unas vacaciones de casi 3
meses.

Llegamos a tiempo a la escuela, nadie notó nuestra repentina llegada. Nos tomaron asistencia y
luego nos fuimos a nuestras casas. Fue un día muy cansado. Apenas llegué a mi habitación, me
derrumbé en mi cama y caí dormido.
CAPITULO III

_ Deben hablar, por eso la invité.

Mía había invitado a Tania al viaje de fin de año a la playa. Había llegado tarde junto con ella. De
hecho la había llamado antes de partir, pero nunca me contestó, tal vez porque estaba junto con
Tania, convenciéndola de venir.

_ No sé si esto sea lo correcto – dije muy despacio, ya que Tania estaba a unos pasos más allá – tal
vez no es buena idea.

_ Ella debe decirte algo, por eso la traje. Es algo que solo ella puede decirte y no me concierne.

¿Qué sería? Seguro se refería a lo de la otra vez en el autobús de regreso a la escuela. Pero, lo más
seguro era que se me declararía, era obvio.

_Ya sé que le gusto Mía – dije mirando al piso con algo de pena.

_ Debes escucharla – pronunció ella para luego irse, dejándonos solos. Tania y yo.

Se podía notar el semblante de nerviosismo y preocupación en Tania. Era como si, ¿estuviera
conteniendo las lágrimas? Conocía esa expresión.

_ Acompáñame por favor – me dijo ella apenas.

Subimos por unas escaleras hechas de piedras a lo más alto de la peña. Allí había una glorieta
desde donde podía ver la playa donde estaban mis compañeros. Se escuchaba el ruido de las olas
rompiendo en las rocas, el graznido de las gaviotas y ese sorprendente atardecer. El clima era
cálido y la brisa suave. Allí estaba ella, sentada, observándome con una mirada que quería ser
descifrada, una mirada que suplicaba. Apoyé mis brazos sobre la baranda, mientras seguía
observando el horizonte. Tania estaba a mi costado, sentada, observándome en silencio.
Se fue de mi vida un viernes de abril. Aún recuerdo la última vez que la vi. Salía en silla de ruedas
de la escuela, pues se despedía de sus amigos y profesores. Se veía feliz, tal vez porque sería un
nuevo comienzo para ella, conocer nuevas personas, nuevos lugares y ¿por qué no? Nuevos
amores. Yo solo podía verla detrás de la ventana de aquel salón en el segundo piso, aquella tarde.
Nunca pude despedirme de ella, nunca logré hablarle, nunca. Desde aquel día conocí el dolor de
un amor que nunca fue. Comprendí que los “hubiera” no existen. Aprendí a apreciar los
atardeceres naranjas de mi ciudad y a llorar por las madrugadas al despertar de un sueño que no
quería perder. Tal vez suene tonto, pero aprendí a Amar. Comprendí que si no dolía, no era amor.
Que en toda historia, siempre hay un perdedor. Que la fe no mueve montañas, que por más que
uno le ruegue a Dios por una segunda oportunidad, nunca habría respuesta. Y me quedaría así,
esperando detrás de una ventana, mirando a la nada, pensando en ella, esperando, esperando.
¿Esperando que? Creo que, esperando una segunda oportunidad de la vida.
CAPITULO IV

Pasaron algunos días desde entonces. Estuve muchas tardes tirado en la cama pensando
en lo ocurrido, pero ya era hora de levantarse y seguir adelante.

¿Cómo encontrarla? Se suponía que ella ya estaba aquí, en la ciudad donde vivía. recordé
que me platicó que estudió en un colegio de mujeres el cual yo conocía. Entonces… si yo
ahora tengo 16 años, ella debería de tener 14 años y cumpliría 15 en unos meses. Debería
estar cursando el 4to grado de secundaria, no, el 3er año de secundaria.

Al siguiente día fui a su colegio a buscarla, estuve casi 1 hora en la puerta de la salida
esperando a poder verla, no sería muy difícil reconocerla… eso creo, pero aún no podía
verla. ¿Será que estudió aquí siempre? pues ella solo me contó de esta escuela, no creo
que me haya mentido, ¿o si?.

Regresé al siguiente día y volví a hacer lo mismo, entre la multitud de chicas que salían yo
estaba muy atento observando a cada una de ellas para ver si aparecía, pero la misma
historia al parecer. Ya se hacía tarde y debía volver. Entonces, una carcajada inconfundible
pude escuchar, estaba al otro lado de la pared, dentro de la escuela. ¿Qué debía hacer?
¿Entrar? no podía, era un chico y estaba prohibido para un chico entrar a un colegio de
mujeres, ¿Pero qué más dá?. Tomé valor y cuando estuve dispuesto a entrar la vi, me
quedé petrificado, era ella definitivamente, se veía más niña, bueno yo no me quedaba
atrás, pero ¡era ella!. No pude decir nada, ella me vió un par de segundos a los ojos y se
pasó de frente, salía con una amiga, estaban vestidas con ropa deportiva.

_ Jéssica -pensé, no, pronuncié, sin darme cuenta dije su nombre por pura reacción.

Ella se quedó quieta y volteó a verme. Esos ojos se veían tan increíbles y hermosos al
mirarme, a la vez me producían temor, se veía tan linda hoy.

_ ¿Nos conocemos? - dijo ella tratando de recordar mi rostro tal vez.

_ ¿Es una pregunta o una propuesta?- que tonto, como pude decir eso.
Ella se quedó callada con una mirada confusa, que bruto fui al decirle eso. Entonces su
amiga empezó a reírse y captó lo que había dicho. Luego Jéssica entendió y empezó a
reírse con su amiga. Tenía más experiencia obviamente con las conversaciones entre dos
personas, pero con ella era distinto, me sentía un niño cuando le hablaba, era algo que
siempre causó en mí.

_ Vine a conocerte - dije mientras aún reían.No sabía si ser frontal debía ser lo mejor, pero
no tenía nada que perder.

Ambas se quedaron calladas y sorprendidas. Jéssica dejó de mirarme y se puso algo


nerviosa. ¿Habrá sido demasiado lo que dije? tal vez. Entonces su amiga la empujó del
hombro, como queriendo que ella diera un paso al frente para conocerme.

_ ¿Quieres conocerme?

_ Por su puesto. dije.

_ Dime por qué y tal vez lo piense.- Ella era alguien a quien le encantaba no tener cabos
sueltos y mantener el control de las cosas y desde mucho antes de lo que pensé ya era así.

_ No me creerías si te lo dijera, dirías que estoy loco y la verdad, no quiero que pienses
eso de mi.

_ Creo que estás loco- Dijo ella y volvió a reírse.

_ ¿Me creerías si te dijera que vengo a arreglar las cosas?

_ ¿Arreglar las cosas?, si, estás loco.

_ Si me dieras la oportunidad de explicartelo, en serio, sería muy feliz.

_ Bueno, esta es tu oportunidad, adelante.

_ Pero no ahora, mañana, en el parque del ferrocarril a la hora de salida del colegio, allí te
esperaré.

Las dos empezaron a reírse, pero no dió respuesta alguna Jéssica.

_ Sé que todo esto suena muy loco y tonto, pero en serio, no soy un pervertido o mala
persona, sé muy bien que nos llevaremos bien, palabra de hombre.

_ Lo voy a pensar, no lo sé. Dijo Jéssica.

_ Bueno, mañana de igual forma estaré allí, esperándote para platicar, no importa la
respuesta, en tu conciencia estará la culpa de si me dejas plantado o no.
Su amiga hizo una cara de asombro pero en son de burla y Jéssica solo sonrió.

_ Ya te dije, lo voy a pensar, aunque lo dudo. - Aún sonreía.

_ Bueno, nos vemos de igual forma, alguna vez tendremos que encontrarnos ¿No crees?

Sonreí un poco y me despedí con eso último. Al llegar a la esquina volteé a verla, su amiga
la molestaba empujándola y entonces también voltearon juntas a verme, de inmediato
siguieron caminando al frente al ver que yo las veía también, podía escuchar sus risas
desde donde estaba.

Llegué a casa, la misma rutina de siempre, entrar, saludar, prepararme para cenar y luego
en mi habitación a escuchar algo de música hasta quedarme dormido. Apagué las luces de
la habitación y no podía creer lo que pasó hoy, sonreía mientras miraba la pequeña luz
que se filtraba por la rendija de las cortinas. El día de mañana la vería y palticaría con ella,
pero…

También podría gustarte