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Libro Rompiendo Limites Autorizados (OK)

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AUTORIZADOS

AUTORIZADOS

Osvaldo Rebolleda

1
Este libro No fue impreso
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Leído o bajado en:

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Provincia de La Pampa
rebolleda@[Link]

Todos los derechos de este material son reservados para el Señor,


quién los ofrece con la generosidad que lo caracteriza a todos
aquellos que desean capacitarse más y lo consideran de utilidad.

No se permite la transformación de este libro, en cualquier forma o


por cualquier medio, para ser publicado comercialmente.
Se puede utilizar con toda libertad, para uso de la enseñanza, sin
necesidad de hacer referencia del mismo.
Se permite leer y compartir este libro con todos los que más pueda
y tomar todo concepto que le sea de bendición.
Revisión literaria: Virginia Borget
Casa del Padre – Ciudad de Aluminé (Neuquén)

Diseño de portada: EGE


Todas las citas Bíblicas fueron tomadas de la Biblia versión
Reina Valera, salvo que se indique otra versión.

2
CONTENIDO

Introducción……………………………………………..5

Capítulo uno:

La realidad de los límites………………………………10

Capítulo dos:

Limites no autorizados…..…………….........................26

Capítulo tres:

Los límites de la ignorancia……………………………41

Capítulo cuatro:

Rompiendo los límites a través de la Fe........................55

Capítulo cinco:

Rompiendo los límites inevitables…………………….70

3
Capítulo seis:

El desafío de avanzar………………………………….84

Capítulo siete:

Rompiendo los límites de la muerte…..……………….99

Reconocimientos……………………………………...113

Sobre el autor…………………………………………115

4
Introducción

“El Espíritu es el que da vida, el cuerpo no tiene nada


que ver en eso. Las palabras que les he dicho vienen del
Espíritu y por lo tanto dan vida…”
Juan 6:63 PDT

Como maestro de la Palabra, tengo el privilegio de


trabajar en la formación de pensamientos correctos en los
hijos de Dios. En el Reino, esto no se realiza de manera
directa, porque la Palabra no está compuesta de simples
conceptos intelectuales, sino que es Espíritu y es vida. Lo
que hacemos los comunicadores de la Palabra, es impartir
espiritualmente las verdades eternas de Dios.

Las verdades de Dios alumbran nuestro ser y es


entonces que llegamos a comprender lo que Él desea, lo
cual es todo un desafío, porque debemos romper primero,
el peor de todos los límites, el de la ignorancia. Y
ciertamente romper ese límite es todo un desafío, pero
lograrlo es muy beneficioso, porque es lo que nos
dimensiona en todas las áreas de nuestras vidas.

La palabra “Tinieblas” en el Antiguo Testamento, es


la palabra hebrea “Kjoshék”, que significa: oscuridad,
miseria, destrucción, maldad y también ignorancia. El

5
ámbito de operación favorito de Satanás es la ignorancia,
porque él es mentiroso y padre de la mentira (Juan 8:44).
Él es mencionado como el príncipe de las tinieblas, porque
gobierna desde la ignorancia de las personas.

Los hijos de Dios, también somos llamados “hijos de


la Luz” (1 Tesalonicenses 5:5) porque la vida de Dios nos
trajo la luz, y la luz de la verdad, nos ha librado de la
potestad de las tinieblas, trasladándonos al Reino del eterno
Hijo de Dios (Colosenses 1:13). Esto se produce de dos
maneras. En la redención consumada en la cruz del
Calvario, y en el diario proceso de redención que
experimenta nuestra alma.

Redención literalmente significa: “comprar de


nuevo” y se aplica al pago para obtener la libertad de un
esclavo o de un cautivo. Es decir, que la redención es un
hecho consumado en Cristo y una experiencia diaria y
personal en el avance de nuestra fe.

Jesús dijo que conoceríamos la verdad, y la verdad


nos haría libres (Juan 8:32). Esto implica que la medida del
conocimiento de la verdad que tengamos, es la verdadera
medida de nuestra libertad. No importa cuántos años
tengamos de cristianos, nuestra libertad, siempre será
proporcional a la verdad que se nos haya revelado.

6
No estoy diciendo que la libertad se produce porque
estudiamos teología, sino por la revelación recibida a través
del Espíritu Santo. Eso implica la impartición de la vida,
como esencia de la Palabra de Dios. Recibir esto es el
resultado de dos cosas, de la Soberana voluntad de Dios y
de nuestra disposición de corazón.

Vivimos un tiempo de gracia, en donde nuestro Padre


está deseoso de revelarse a nuestra vida y de revelarnos las
dimensiones del magno propósito que tenemos en Cristo.
Lo que necesitamos, y ruego se encuentre en cada lector, es
disposición sincera de corazón, para ser alumbrados y
guiados a través de la verdad.

Cuando esto ocurre, se rompen los límites de nuestros


pensamientos y entonces estamos listos para avanzar como
nunca antes hemos avanzado. La gente en tinieblas, puede
vivir llena de temores, y es lógico, porque la oscuridad
produce temor, pero no hay justificación ni lugar para el
temor en los hijos de la Luz.

Romper límites es creer sin temores, y estoy seguro


que este libro nos ayudará a creer que verdaderamente
podemos romper los límites que Dios desea que rompamos.
No me enfocaré en cualquier límite, porque en el Reino no
hay legalismo, pero si hay legalidad, y solo Dios puede
determinar cuáles son los límites que debemos romper, así
como cuales son los que debemos respetar.

7
La vida de Reino nos garantiza el éxito, siempre y
cuando aprendamos a escuchar a Dios y a obedecer sus
mandatos. Si rompemos los límites dentro de la legalidad
de Dios, y respetamos los que por Él han sido impuestos,
no nos queda otra cosa que avanzar de victoria en victoria.

Con esto no estoy diciendo que la vida de Reino es


fácil, ni que victoria significa vivir sin problemas. Estoy
diciendo que es totalmente posible una vida de fe que
glorifique a Dios. Cuando le presentamos un corazón
humilde, y nos presentamos ante Él con toda honestidad y
sin reservas, no debemos tener dudas, que todas las cosas
nos ayudarán a bien.

Este libro carga con la intención de desafiarnos y de


impulsarnos a romper los límites que nos han frenado.
Estamos en tiempos decisivos y no es bueno que cada año
que comienza, fabriquemos esperanzas que terminamos
renovando al siguiente año. No podemos perder más tiempo
detenidos como esperando que Dios haga algo, debemos
actuar, porque el poder actúa en nosotros y la Fe debe ser
gestionada (Efesios 3:20).

Quiero decirles que Dios nos está esperando a


nosotros y es tiempo de avanzar. Ruego a Dios, que le
otorgue a cada lector, el interés, la perseverancia y la
revelación necesaria para aprovechar las riquezas de cada
página.

8
“No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al
contrario, cambien su manera de pensar para que así
cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la
voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es
grato, lo que es perfecto…”
Romanos 12:2 DHH

9
Capítulo uno

La realidad de
Los Límites

“¿Descubrirás tú las profundidades de Dios?


¿Descubrirás los límites del Todopoderoso?”
Job 11:7

Un límite es una línea real o imaginaria que separa


personas, animales, cosas o lugares. Son impedimentos,
obstáculos o adversidades para alcanzar algo o alguien. El
término en sí, hace referencia a todas aquellas divisiones
existentes, mismas que pueden ser simbólicas o físicas, de
manera que dejen en evidencia una separación.

Normalmente, la connotación física de esta palabra


reside en el uso dado en el campo geográfico, pero además
supone la implementación de líneas o situaciones que no
deberían ser superados por ética, por moral, por ley o por
razón.

10
Más allá de los límites que podamos poner a las cosas
o a otros seres vivos, hay cinco clases de límites que me
interesa podamos analizar respecto de nuestras vidas. En
primer lugar, están los límites que Dios puso y pone a los
seres humanos. Estos límites son justos y beneficiosos, por
lo tanto, son límites que no debemos romper, porque
hacerlo es pecado, es violentar Su voluntad, es desconocer
Su soberanía y es inevitable sufrir consecuencias por ello.

Los límites de Dios, nos llevan a asumir la


responsabilidad de caminar en Su propósito. El Señor les
dio a los padres de la humanidad la libertad de elegir
respecto de Sus límites, por eso terminaron pecando. Si
hubiese creado a unos robots programables, no habrían
pecado, pero tampoco habrían expresado libertad. Adán y
Eva tenían el pleno uso del libre albedrío y
lamentablemente eligieron muy mal.

A partir de ellos, todos los seres humanos tenemos


una naturaleza pecaminosa, y esa naturaleza produce
pecado de manera inevitable. Esta condición humana es tal,
que las personas sin la vida de Dios, no poseen libre
albedrío porque no pueden elegir lo que no ven. Cuando las
personas están en tinieblas no ven los límites de Dios, y por
tal motivo los transgreden de manera continua. Esto lo he
explicado detalladamente en el libro titulado “Salvados por
Su gracia”, al que pueden acceder libremente, si es que
tienen mayor interés por este asunto.

11
Por otra parte, quienes hemos sido alcanzados por la
gracia, recibimos la vida y con la vida la luz. Eso nos
permite ver los límites de Dios y elegir con libertad entre la
obediencia y la transgresión. Cuando caminamos bajo el
gobierno de la unción, vemos con mayor claridad y
obedecemos con mayor facilidad. Cuando nos apartamos
del gobierno de la unción, somos propensos a romper
algunos límites que no debemos romper.

El estado de carnalidad no nos permite divisar


claramente un límite, y si lo sabemos, no tenemos la
capacidad de frenar a tiempo y terminamos cruzando los
límites no autorizados por Dios. Como hijos de la luz,
nuestro Padre nos da la libertad de elegir, si vamos a vivir
dentro de Sus límites o fuera de ellos, pero nos advierte
claramente sobre las consecuencias de vivir fuera de ellos.

Vivir dentro de los límites de Dios trae bendición, y


vivir fuera de ellos trae destrucción y muerte (Romanos
6:23). Pero, como el Señor sabe que sin procurar ofenderlo
solemos trasgredir Sus límites, nos ha otorgado la gracia del
perdón que nos mantiene en zona de justicia, pero todo esto
lo veremos claramente en el capítulo siguiente.

Ahora analicemos otro de los límites que pueden


padecer los seres humanos, por ejemplo los que pone el
enemigo a través de su maldad y sus mentiras. Estos límites
solo afectan a las personas bajo una naturaleza caída, no

12
deben afectar de ninguna manera a los hijos de Dios,
quienes vivimos en Cristo, y estamos sobre, no debajo de la
autoridad del príncipe de este mundo.

Los límites del enemigo sobre las personas sin Dios,


se producen por medio de toda esclavitud generada sobre
ellos. Las mentiras del enemigo esclavizan a las personas
de manera mental, de manera sentimental, de manera
espiritual y de manera física. Esto lo vemos de continuo en
la sociedad actual. En toda dirección en la que miremos,
encontraremos gente esclava del dolor, de la maldad, de los
vicios, de la violencia, de los temores, de las ansiedades, de
los rencores, del odio, de la enfermedad, de la pobreza, etc.
Todo esto, por supuesto, limita la manera en que ven,
piensan y actúan.

“Dios nos rescató de la oscuridad en que vivíamos, y nos


llevó al reino de su amado Hijo, quien por su muerte nos
salvó y perdonó nuestros pecados”.
Colosenses 1:13 y 14 BLS

Nosotros fuimos liberados de la esclavitud de las


tinieblas, y lo que evidenciará plenamente esa libertad, es
la madurez espiritual. El apóstol Pablo escribió que:
“Mientras el hijo es menor de edad, es igual a cualquier
esclavo de la familia y depende de las personas que lo
cuidan y le enseñan, hasta el día en que su padre le

13
entrega sus propiedades y lo hace dueño de todo…”
(Gálatas 4:1).

Es por esto que el Señor encargó a sus ministros, un


trabajo efectivo para el perfeccionamiento de Sus santos
(Efesios 4:11 y 12). La madurez espiritual nos conduce a la
libertad, y la libertad nos permite no caer en los límites
perversos que pretende el enemigo de nuestras almas. Él no
tiene autoridad para ponernos algún límite, pero como
veremos más adelante, se las ingenia para hacernos romper
algunos límites de Dios.

Otra clase de límites, son los que ponen todas las


personas, lo cual por supuesto, también nos incluye. Son
límites familiares, como los límites lógicos del matrimonio.
Alguien casado, no puede hacer lo que bien le venga en
gana. De hecho, si alguien rompe esos límites, terminará
produciendo dolor y destrucción.

Estos límites en el matrimonio no pretenden ser


caprichosamente restrictivos, por el contrario, brindan la
libertad para expresar las necesidades y valores mientras
que honramos las necesidades y valores del otro. Poner
ciertos límites es un antídoto esencial contra la
codependencia, un prerrequisito para el bienestar
emocional, y una habilidad que puede determinar el éxito y
longevidad de cualquier relación.

14
Poner límites saludables puede transformar la unión
matrimonial y elevar el respeto que sentimos hacia nosotros
mismos, porque sirven como una expresión externa de los
valores y creencias esenciales que podamos tener, a la vez
que reflejan lo que necesitamos para sentirnos seguros,
respetados y amados.

Los límites son especiales para cada pareja y pueden


cubrir un amplio rango de temas, así como pueden ser
pequeños o grandes. En términos más simples, un límite en
un matrimonio es el límite de lo que una persona está
dispuesta a aceptar de su pareja, en relación a familiares,
privacidad personal, comunicación, autonomía, espacio
físico, finanzas, vida en el hogar, sexualidad y reglas en
relación a terceras personas.

En otras palabras, cuando los límites en el


matrimonio están pactados en el amor, el cuidado, el
respeto y la honra, no serán abusivos, controladores, ni
obsesivos. Por el contrario, pueden ser límites que permitan
tener una unión sana, de confianza y de gran bendición.

Por otra parte, los padres también les ponen límites a


sus hijos, ellos no pueden hacer lo que quieren y cuando
desobedecen, también sufren las consecuencias. Todos los
padres que no pongan adecuadamente límites a sus hijos,
los estarán educando mal. El Señor es claro en las

15
Escrituras, respecto a educar y disciplinar a los hijos
(Deuteronomio 11:19).

Establecer límites saludables para los niños los


protegerá (Proverbios 22:6). Los límites no saludables
tienden a ser controladores, violentos y de motivación
egoísta; en cambio, los límites correctos, son los que deben
guiar al niño para que se convierta en una persona de bien.
Así los límites permiten a los niños desarrollar un patrón de
pensamiento y una identidad correcta.

Con frecuencia, los niños sienten que los límites son


malos. Cuando son inmaduros es lógico que piensen así,
pero cuando crecen, normalmente se dan cuenta de que
estos eran para mantenerlos a salvo, que fueron buenos y
necesarios. Los adultos que se criaron sin límites,
generalmente tienen grandes problemas con toda autoridad.
Ellos nunca aprendieron a controlarse, y les cuesta mucho
avanzar en la vida. Suelen ser transgresores de la ley, y al
final, solo terminan sufriendo las consecuencias por ello.

Yo soy parte de una generación en la cual, nuestros


padres nos controlaban mucho más, de lo que hoy en día los
padres controlan a sus hijos. La mayoría de las personas de
mí generación, aunque en algunos casos padecieron más
que en otros los controles paternos, al final terminaron
siendo reconocido como algo que los formó bien. Sin
embargo, las consecuencias de hijos sin límites en los

16
últimos tiempos, ya se están notando claramente en la
sociedad actual. La falta de códigos y el egoísmo es fruto
principal de quienes no han tenido límites en su crianza.

Naturalmente, cuando los niños no consiguen lo que


quieren, se sienten decepcionados, pero no hay que
consentir tal sentimiento, ellos deben aprender a aceptar el
“No” de los mayores, porque eso es esencial para la
formación de la humildad y el buen carácter. Lo ideal es
encontrar un equilibrio y establecer límites a los niños de
forma firme, pero a la vez amorosa, para que el niño se
sienta amado, contenido, pero limitado con un claro grado
de justicia (Efesios 6:4; Colosenses 3:21; Tito 2:4).

La instrucción del Señor para los padres es que


enseñen los límites a sus hijos (Proverbios 19:18). Los
límites ayudan a los niños, a ver que la vida no consiste en
conseguir lo que quieren, sino en respetar para ser
respetados, y generar para obtener lo merecido.

Por otra parte, una persona con límites sanos, asume


la responsabilidad en su propia vida y permite que los
demás vivan la suya. El objetivo de los límites es hacer
sacrificios por las personas cuando sea apropiado, pero
nunca de forma destructiva. Debemos estar disponibles para
las personas cuando están en crisis, pero no disponibles para
las exigencias indulgentes.

17
Ser amables no es un cheque en blanco para que los
demás agoten continuamente nuestra cuenta emocional.
Decir siempre que sí, tan solo por miedo al rechazo, es en
realidad un motivo muy egoísta para ser amables, y la
evidente consecuencia de no comprender los límites
correctos. Ser amables para ganarnos el favor de alguien es
hipócrita y muestra una necesidad de límites sanos. El
miedo a la desaprobación del hombre puede conducir a la
codependencia, que es la alternativa poco saludable a la
interdependencia.

Dios utiliza los límites para ayudarnos a apreciar las


diferencias en las personas, en lugar de sentirnos molestos
por ellas. Seremos libres de ser nosotros mismos con los
demás, si logramos controlarnos en lugar de controlar. Los
límites no son egoístas cuando usamos nuestra libertad para
servir y amar a los demás, simplemente estamos
manteniendo nuestra propia naturaleza bajo control
(Gálatas 5:13).

Los patrones ponen límites, los maestros ponen


límites, las autoridades de todo tipo, lo hacen en la
sociedad. Las leyes de convivencia, de tránsito y de
seguridad también lo hacen. Las ciudades y las naciones,
tienen sus límites geográficos y tienen sus límites de
control. Hay límites en todos lados y está bien, muchos de
ellos son absolutamente necesarios para la buena
convivencia, el orden y la paz.

18
Los límites legales, procuran frenar los
comportamientos destructivos de una sociedad, y es por eso
que las naciones más avanzadas, ejercen más controles y
cuidados que las naciones menos avanzadas. La rigidez de
los límites impuestos a través de las leyes, así como la falta
de control o el desorden, producen consecuencias acordes
en cada caso (Romanos 13:1 al 4).

Hay una cuarta clase de límites que afectan a los seres


humanos y son los límites personales. Son aquellos que
todos tenemos de nuestras capacidades. Tenemos límites
físicos, de fuerza, de resistencia, de tolerancia o de vigor.
Tenemos límites intelectuales diferentes y mientras que
encontramos personas muy inteligentes, vemos que otras,
son muy limitadas en su capacidad de aprender o retener.
Hay personas que tienen unas aptitudes físicas
impresionantes, y otras sufren ciertas debilidades o
incapacidades.

Estos límites, en mayor o menor grado, van


cambiando a través de los años y de las experiencias de
vida. La educación, el entrenamiento, la formación y el
cuidado, pueden hacer una gran diferencia entre los límites
que tienen algunas personas respecto de otras. Por otra
parte, la edad, así como permite que las capacidades
aumenten hasta los años de plenitud, hacen que todo
disminuya en los años de la vejez. En fin, esto es algo que

19
no podemos eludir y es una realidad que todos disfrutamos
o padecemos, según la etapa de nuestra vida.

Por último, tenemos los límites que asumimos como


hijos de Dios por diferentes circunstancias. Desde el punto
de vista bíblico, los límites están relacionados con el
autocontrol y el cuidado, lo cual es muy bueno. Estos
límites apropiados nos ayudan a mantenernos libres de las
tentaciones y fuera de las influencias pecaminosas.

Los hijos de la luz no debemos tener comunión con


las tinieblas y, por lo tanto, debemos limitar nuestra
relación con ciertas influencias de la cultura social (2
Corintios 6:14). Ser amables y amigables con todas las
personas, ciertamente nos asemeja a Cristo, pero no
debemos adoptar la forma de hacer las cosas, que todo el
mundo quiere (Santiago 4:4) al menos no, cuando esas
formas nos invitan a romper los límites que Dios no nos ha
autorizado a romper.

Nuestro deseo no es alejarnos de la gente, pero


cuando las personas son destructivas, los límites que
podamos establecer pueden restringir el mal antes de que
alcance nuestras vidas. Los límites correctos, nos protegen
de aquellos que no tienen autocontrol o que desean
controlarnos. Una persona con límites claros y sólidos
comunica a los demás realmente quién es, y lo que es
permisible para su vida, diciendo, en efecto, “esta es mi

20
zona de seguridad, y no tienes derecho a interferir en ella,
ni procurar que la rompa”.

Por otra parte, los límites se pueden utilizar de forma


sana o de forma pecaminosa. Si queremos saber qué límites
son piadosos, debemos examinar los motivos. ¿Nos
estamos protegiendo a nosotros, o a otras personas de
posibles daños, ya sean emocionales o físicos? Si es así,
entonces estamos estableciendo límites sanos y necesarios.
Sin embargo, si procuramos mantener la distancia
simplemente porque deseamos ignorar a los demás, eso
puede ser pecaminoso.

Por otra parte, hay límites gestados a través de las


malas experiencias del pasado. Los dolores, los conflictos,
los fracasos, las pérdidas y toda otra situación negativa que
hayamos vivido. Esas circunstancias pueden haber
producido límites en nuestra manera de pensar, y en nuestra
manera de vivir.

La nueva vida recibida en Cristo, nos proporciona


libertad, no solo para ver y respetar los límites que Dios nos
impone, sino también para romper los límites que hemos
asumido de manera incorrecta. De eso se trata este libro, de
atrevernos a romper los límites autorizados por Dios, para
alcanzar todo lo que Él ha preparado para nuestras vidas.

21
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo
que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,
prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de
Dios en Cristo Jesús.”
Filipenses 3:13 y 14

Pablo decía que se olvidaba de lo que quedaba atrás.


El pasado tiene ataduras muy fuertes, tanto que no nos
permiten ver lo que viene. Puede que sean muy ciertas las
experiencias vividas, tal como los hebreos padecieron en
Egipto, sin embargo, no debemos permitir que nos
condicionen del modo que ellos fueron condicionados.
Pablo decía: “Yo me extiendo a lo que viene…”

Recordemos que Pablo, había sido un hombre


perseguidor de la Iglesia. Un hombre que encarceló a
cristianos y que fue cómplice de la muerte de otros, como
lo fue con el caso de Esteban (Hechos 7:58) sin embargo,
eso no le impidió aceptar su llamado y caminar con su frente
en alto, como un verdadero apóstol del Señor.

La gente que algún día fracasó, suele tener temor de


romper límites y conquistar lo que Dios tiene para ellos. Los
que un día sufrieron una desilusión amorosa, los que
quebraron en sus negocios, los que fueron estafados por
alguien, los que sufrieron un golpe en su estima personal, si

22
no logran sanar y resolver sus conflictos internos, tendrán
muchos problemas para caminar en fe.

Lo que pasó, debe quedar atrás, ya no hay nada que


podamos hacer por ello. Puede que sean cosas dolorosas,
pero reitero, lo que pasó, debe quedar atrás. Sólo debemos
aprender y extendernos hacia lo que está delante,
avanzando bajo el gobierno del Señor.

Increíblemente, otra limitación puede ser la de los


logros obtenidos. El problema de los logros, es que lo que
un día nos inspira y nos pone sanamente orgullosos, otro día
nos puede llegar a limitar violentamente. El éxito puede
traernos el engaño de creernos capaces en nosotros mismos
y Dios no permitirá eso.

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he


estimado como pérdida por amor de Cristo. Y
ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida
por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo
por basura, para ganar a Cristo”
Filipenses 3:7 y 8

Todas las cosas buenas que hemos logrado alguna


vez en la vida, pueden llegar a convertirse en nuestro límite,
si no las asumimos como corresponde. Lo bueno se puede
volver enemigo de lo mejor, y Pablo comprendió eso. Él fue

23
un hombre muy bien preparado, era reconocido, respetado
y bien vinculado con la gente de poder. Los historiadores
dicen que Pablo sabía cinco idiomas diferentes y que era un
verdadero maestro en las Escrituras. Sin embargo, dijo tener
todo por basura para avanzar hacia lo que Dios tenía para
él.

Otros motivos limitantes de muchos cristianos, son


las circunstancias presentes. El contexto en el que están
viviendo se convierte en una trampa mental, porque están
tan enfocados en su realidad que no logran ver sus
posibilidades. Eso le pasó a Abraham cuando observó todo
desde la perspectiva de su tienda. El Señor tuvo que sacarlo
fuera y enfocar su mirada en el cielo. Lo hizo contar las
estrellas y ante su aparente imposibilidad le dijo: “Así será
tu descendencia…” (Génesis 15:5).

Abraham estaba mirando sus años y las limitaciones


de su cuerpo. Estaba mirando la esterilidad de Sara y lo
difícil que les sería llegar a tener un hijo. Sin embargo, el
Señor no solo tenía un hijo para ellos, sino hijos como las
estrellas del cielo. Los planes de Dios, son mucho más
grandes que los nuestros, pero fijar la vista en las realidades
presentes, puede llegar a hacernos muy mal.
Debemos seguir avanzando hacia el propósito divino,
el Señor está forjando metas y sueños en nuestro espíritu, y
nada debe detenernos. No debe haber circunstancia alguna
en la cual estemos parados, que nos impida ver y creer

24
nuestro mañana en Cristo. La realidad presente, no debe ser
una excusa, nuestro contexto no puede ser un pretexto para
dejar de creer.

Los límites están en nuestra mente y en nuestro


corazón, pero luchamos contra ellos, no como luchan las
personas sin Dios, sino que usamos las armas poderosas del
Reino para vencer. Usamos la Palabra, usamos la oración,
y usamos la fe, para dejar atrás todo aquello que nos
presenta límites, esos límites que el Señor, no solo nos
autoriza a romper, sino que nos demanda que seamos lo
suficientemente atrevidos como para hacerlo.

“Aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas


como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no
son del mundo, sino que tienen el poder divino para
derribar fortalezas y destruir argumentos de la razón…”
2 Corintios 10:3 y 4 (NTI)

25
Capítulo dos

Límites NO
AUTORIZADOS

“Y a la vez le dio esta orden: “Puedes comer del fruto de


todos los árboles que hay en el jardín, pero del árbol del
conocimiento del bien y del mal no podrás comer, porque
el día que comas del fruto de ese árbol, morirás”
Génesis 2:16 y 17 NBV

El gran problema de la humanidad, se puede resumir


en esta simple pero catastrófica cuestión: “Romper límites
no autorizados por Dios”. Lo ocurrido en el principio de la
creación humana, es lo mismo que se ha repetido durante
siglos por causa del pecado, que simplemente consiste en
romper límites impuestos por Dios.

La palabra pecado en hebreo es el término “Kjattáh”,


que significa, ofensa, ocasión, culpa o pena. El pecado es
descrito en la Biblia como la trasgresión a la voluntad de
Dios (1 Juan 3:4). A través de Adán, la heredada

26
inclinación al pecado entró en la raza humana y los seres
humanos nos volvimos pecadores por naturaleza. Cuando
Adán pecó, su naturaleza interior fue transformada por su
rebelión, acarreándole la muerte espiritual y la depravación,
la cual pasó a todos aquellos que fuimos después de él.

Somos pecadores, no porque pecamos; por el


contrario, pecamos porque somos pecadores. Esta es la
condición conocida como la herencia del pecado. Así como
heredamos características físicas de nuestros padres, así
también heredamos nuestra naturaleza pecaminosa de
Adán, en otras palabras, la esencia humana produce una
constante rebelión hacia los límites establecidos por el
Señor.

Así como el concepto de romper límites, es


considerado como una buena frase motivacional para
avanzar en la vida, debemos considerar primero, que
romper algunos límites establecidos por Dios, puede ser
verdaderamente fatal. Por esto mismo, el título del libro
contiene la palabra “autorizados”.

Igualmente aclaro, que bajo ningún punto de vista,


pretendo simplemente motivar a través de este material. La
motivación no es mala, pero solo es un impulso para el alma
y es de corta duración. Cualquier situación adversa, puede
destruir toda motivación, haciendo necesario un nuevo
impulso, y esa no es mi idea. Yo deseo hacer hincapié en

27
atrevernos a romper los límites que Dios ha determinado,
no los que pueden parecernos mejor.

Una persona, puede parecer exitosa al ser atrevida y


romper límites para avanzar en la vida, pero eso de ninguna
manera me parece trascendente. Lo que puede ser exitoso
para la sociedad, puede ser un rotundo fracaso para Dios, y
a la vez, lo que puede ser exitoso para Dios, puede parecer
una debilidad o un fracaso para nuestro entorno.

Lo que nosotros necesitamos no es obtener coraje


para nuestra alma, sino revelación para nuestro espíritu. La
revelación es lo único que puede hacernos romper los
límites autorizados por Dios, y sobre eso vamos a trabajar.
Aun así, reitero que debemos comenzar por comprender lo
peligroso que puede ser, romper límites no autorizados.

Tomar decisiones importantes sin detenernos a


considerar las consecuencias es peligroso y poco sabio,
pero eso es exactamente lo que las personas hacen
diariamente. Muchos cristianos hacen lo mismo, cuando
emprenden algunos deseos personales dando por hecho el
respaldo de Dios.

Incluso he apreciado que una de las actitudes que los


cristianos cultivan es la de ser animosos y positivos, lo cual
está muy bien, pero no siempre debe ser así. La enseñanza
sobre ser positivos, declarar en fe y no recibir palabras

28
negativas de terceros, parece muy sabia, y ciertamente tiene
un dejo de razón, pero reitero, no siempre debe ser así.

Hoy en día, si un hermano o incluso un pastor,


advierte tener cuidado sobre alguna decisión atrevida o un
emprendimiento riesgoso, los interesados suelen tomarlo
como algo malo, como falta de fe o como una negativa
intención de derribar todo proyecto, lo cual es muy malo,
porque una advertencia o una opinión negativa puede ser
originada por voluntad divina.

Tener fe, no es simplemente ser atrevidos para


emprender cosas difíciles. Tener fe, es haber recibido
dirección de Dios para hacer determinada cosa. Muchos
cristianos emprenden ciertos desafíos, creyendo tener la fe
suficiente para triunfar en ellos, pero si Dios no los envió,
no tienen fe, solo tienen deseos personales.

Algunos fracasan después de sus decisiones, y


muchos de ellos, quedan devastados o desorientados,
porque no comprenden los motivos de ese fracaso. Sienten
que ellos se animaron en la fe, y que Dios no los respaldó.
Otros se enojan, se partan de la fe o le echan la culpa al
diablo, pero pocos aprenden verdaderamente que así no se
hace.

No es fácil asumir que emprendieron desafíos que


parecían de Reino, pero Dios no estaba en el asunto. Solo

29
los que asumen el fracaso con humildad son los que
verdaderamente aprenden y se corrigen para no cometer el
mismo error en el futuro.

Muchas veces los hijos de Dios, emprenden cosas


porque concluyen que la idea no es mala o que no encierra
ningún tipo de pecado, sin embargo, no evalúan que pecado
simplemente puede implicar hacer algo que no nació en el
corazón del Padre.

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,


y todas estas cosas os serán añadidas”.
Mateo 6:33

Buscar el Reino y su justicia, es buscar primeramente


la voluntad de Dios, porque es justo y bueno que Él nos
dirija en todo. Es entonces, que todas las demás cosas serán
añadidas a nuestras vidas. Mejor que hacer cosas
aparentemente buenas, es hacer la voluntad de Dios. Mejor
que hacer cosas para Dios, es permitir que Dios haga lo que
desea a través de nosotros.

Obviamente, las personas que no han recibido la


gracia del Señor, no consultan, ni saben nada de la verdad,
y aunque muchos parecen obtener buenos resultados, vivir
en oscuridad, siempre les producirá grandes pérdidas. Es
decir, por un lado, está el final eterno de aquellos que

30
caminan sin Dios, y por otro lado, están los costos diarios
de operar fuera de Su gobierno.

Cuando esto ocurre las personas terminan


lamentando muchas de sus decisiones, pero ya es
demasiado tarde para evitar las consecuencias irrevocables.
Muchos sueños y muchas esperanzas son destruidos. El
daño del pecado es horrible y lo peor de todo es que no se
puede retroceder sobre algunas decisiones de la vida. Eso
fue exactamente lo que le sucedió a la primera pareja de
seres humanos, al decidir desobedecer a Dios en el Huerto
del Edén.

“Pero las maldades que habéis cometido han levantado


una barrera entre vosotros y Dios; vuestros pecados han
hecho que él se cubra la cara y que no quiera oírlos”.
Isaías 59:2 DHH

Todas nuestras acciones tienen consecuencias. Es por


eso que debemos considerar cuidadosamente las
ramificaciones de nuestras decisiones. La historia de la
desobediencia de Adán y Eva en Génesis capítulo tres, nos
advierte las consecuencias de ignorar los mandamientos de
Dios y de ceder ante una tentación.

El problema es que al momento de romper un límite


impuesto por Dios, Él establecerá un nuevo límite evitando
el acceso a Su presencia. Por eso después del pecado de

31
Adán y Eva, el Señor: “Expulsó, pues, al hombre; y al
oriente del huerto del Edén puso querubines, y una espada
encendida que giraba en todas direcciones, para guardar
el camino del árbol de la vida…” (Génesis 3:24).

Recordemos este principio: “Siempre que rompamos


un límite impuesto por Dios, Él establecerá un nuevo límite
vinculado a Su presencia”. Los seres humanos, bajo la
naturaleza adámica sufren como patrón de conducta, el
inevitable impulso transgresor. Desde niños, los padres
establecen ciertos límites a sus hijos, pero inevitablemente
conducidos por la ley del pecado, mencionada por Pablo
(Romanos 8:2), los niños son llevados cautivos por un
irresistible deseo de desobediencia.

Esta evidencia es muy contundente, porque es


posible que los niños, no tengan ni el deseo de hacer algo,
pero basta que sus padres les digan que no pueden, para que
lo quieran hacer. Esto que ocurre de niños, se va agravando
con el paso del tiempo, o mejor dicho, se va manifestando
con mayor claridad y con costos mucho más elevados.

Siempre habrá costos en la rebelión de las personas.


La sociedad actual, y la historia misma de la humanidad,
son la prueba misma de los altos costos de romper límites
divinos. Las personas desconocen eso y piensan que son
libres para actuar como desean. Piensan que es parte de sus
derechos hacer lo que bien les da la gana con la vida, pero

32
eso no es así. El mismo engaño de las tinieblas viene
causando grandes estragos desde ese primer día en el Edén.

Recordemos que la serpiente le dijo a Eva, que si


comían del fruto prohibido serían semejantes a Dios. Qué
absurdo, ellos habían sido creados conforme a la imagen y
semejanza de Dios (Génesis 1:27). Es decir, el enemigo les
ofreció lo que ya tenían y terminaron perdiendo todo.

“Si el diablo logra romper los límites de nuestra mente,


nos hará romper los límites que Dios nos puso…”

Las personas hoy en día, siguen creyendo que son


libres si pueden hacen lo que quieren, pero en realidad,
quienes hemos sido rescatados de esa vana manera de vivir,
hemos aprendido que libertad, no es hacer lo que queremos,
sino que es hacer las cosas correctas. La gente lucha por la
libertad y hace todo por alcanzarla. Sin embargo, es claro
que son afectados, con niveles de cautividad cada vez más
profundos.

Notemos que incluso las grandes guerras en el


mundo, se han librado en favor de la libertad. Millones de
personas han muerto luchando por la libertad, y para
lograrlo se empeñan en romper los límites incorrectos. Es
entonces, que en lugar de ser más libres, las naciones
terminan siendo cada vez más cautivas de la violencia.

33
Los padres de la humanidad, creyeron que, si comían
la fruta de la ciencia del bien y del mal, conocerían todo y
llegarían a ser verdaderamente sabios, pero solo se hicieron
necios y torpes, siendo alcanzados por la maldición. Es una
horrenda cosa romper un límite impuesto por Dios, porque
hacerlo, es desconocer la autoridad del Soberano y eso
nunca será pasado por alto.

Cuando Adán y Eva pecaron, fueron puestos en


conflictos con la naturaleza (Génesis 3:16 al 19). Por el
pecado de Adán, la tierra fue maldecida. Ya no podrían
disfrutar de la productividad del Edén, sino que tendrían
que lidiar con los espinos y cardos para poder obtener
alimento. Como resultado de su pecado, Dios le dijo a Eva
que los dolores de parto se multiplicarían. Todo el orden
natural fue cambiado después de haber pecado, y la vida no
fue tan fácil como lo era hasta ese momento.

También fueron puestos en conflicto entre sí


(Génesis 3:6 al 13). Después de haber comido del fruto del
árbol de la ciencia del bien y del mal, los ojos de Adán y
Eva fueron abiertos, y se dieron cuenta de su desnudez. Sus
mentes se entenebrecieron y comenzaron a verse de manera
diferente. Trataron de cubrir sus cuerpos con hojas de
higuera e inútilmente intentaron esconderse de Dios.
Luego, cuando el Señor les preguntó acerca de su pecado,
Adán culpó a Eva y ella hizo lo mismo con la serpiente.

34
La relación que tenían entre ellos cambió para
siempre como consecuencia del pecado, porque el hombre
se enseñoreo de la mujer, y sus hijos padecieron en carne
propia la rebelión de sus padres. La desobediencia no es un
evento aislado, pues sus consecuencias siempre se
extienden de una manera u otra a la vida de las demás
personas. Ellos tuvieron dos hijos, a Caín, que era un
agricultor y Abel, que aparentemente era más entregado al
cuidado de los animales. Cuando los dos decidieron traer
sacrificios ante Dios, Caín trajo del fruto de la tierra, pero
Abel ofreció de los primogénitos de sus ovejas, el animal
más gordo (Génesis 4:4).

Después del pecado, el Señor les había mostrado que


las hojas de la higuera no podían cubrir su desobediencia,
sino solo la sangre de un animal, al cual mató para cubrir
sus cuerpos con su piel. Dios les mostró que el precio del
pecado es la muerte, y que el derramamiento de sangre es
esencial para obtener el perdón de pecado. Así que la única
manera en la que debían acercarse a Él para adorarle era con
un sacrificio de sangre, no se podía perder esa revelación.

Se entiende que Caín sabía lo que el Señor


demandaba, pero en vez de presentar a Dios un cordero,
sencillamente trajo un sacrificio que no contenía sangre. Al
ver que el Señor no vio con buenos ojos su ofrenda, se llenó
de enojo y celos hacia su hermano, por lo cual terminó
asesinándolo cobardemente.

35
Es decir, la primer pareja de la humanidad, quienes
habían sido bendecidos por el mismo Señor en el capítulo
uno de Génesis, terminaron bajo maldición en el capítulo
tres, y con la dura realidad de un hijo históricamente
registrado como el primer homicida de la humanidad y un
hijo como el primer asesinado de la historia.

“La paga del pecado es muerte…”


Romanos 6:23

El pecado es progresivo en su naturaleza y se va


intensificando con el tiempo. La maldad de los hombres va
mudando sus formas, pero nunca deja de avanzar contra
Dios. Nunca sabemos cuál es el colmo de la maldad
humana, la historia nos da testimonio y el presente no deja
de sorprendernos. Aunque tratemos de ocultar nuestra
desobediencia, no podremos detenerla, incluso se
perfecciona perversamente.

Cualquiera me diría que, si las personas no creen en


Dios, no cometen pecados para ofenderlo, porque no les
importa o no conocen Su voluntad, pero eso no es verdad.
No importa si dicen creer o no, eso también es parte de la
maldad. La rebelión contra el Señor es la esencia misma del
pecado, las tinieblas no pueden justificar a nadie, por el
contrario, impulsan a los hombres a romper límites no
autorizados por Dios, provocando la enemistad con Él.

36
Antes de pecar Adán y Eva amaban al Señor, pero
después sintieron miedo y trataron de ocultarse de Su
presencia, como consecuencia de la vergüenza y la
culpabilidad (Génesis 3:7 y 8). Comer del fruto de un árbol
se supone que produce vida y salud, pero si ese fruto está
fuera de los límites divinos, puede ser el peor de los
venenos.

Ese veneno no solo contamina a las personas, a las


familias y la sociedad en general, sino que también
contamina la tierra (Génesis 3:17 al 19). Pocos miran al
planeta como un ser vivo, pero ciertamente lo es. La tierra
tiene sus propios movimientos, se estremece, se renueva, se
purifica, se enoja, se sacude y aun así, no deja de ser
productiva y generosa.

Hasta el pecado, la tierra estaba llena de luz y era


mucho más fructífera, pero después del pecado, fue sujetada
a vanidad y permanece bajo la maldición soltada, solo
esperando la manifestación de la libertad gloriosa de los
hijos de Dios (Romanos 8:20 y 21).

Los seres humanos se han llenado de límites


autoimpuestos. Todas las naciones tienen sus fronteras, y
cada una defiende los límites de su territorio. Sin embargo,
el mundo colectivamente está sufriendo los embates del
pecado, porque los límites que el enemigo procura que

37
rompamos, no solo son territoriales, son límites mentales
que él sigue haciéndonos transgredir a través del sistema.

No importa cuánto el hombre pretenda cuidar la


productividad del mundo, la maldad sigue su curso y el
hombre sigue destruyendo sus sistemas. El planeta se
defiende como puede y está pegando duramente con sus
desajustes climáticos, y aunque sigue siendo altamente
fructífero, según un informe de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) ochocientos treinta millones de
personas sufren hambre en el mundo, y cada día unas
veinticinco mil personas mueren por esa causa o por causas
relacionadas. Esto no es así por falta de alimentos, sino por
abundancia de maldad.

El pecado sigue destruyendo la vida de las personas


tal como el primer día. Puede que no seamos plenamente
conscientes de la verdadera causa, pero así como fue mortal
para Adán y Eva, romper los límites no autorizados por
Dios, sigue siendo mortal hoy en día. Y cada vez que
rompemos un límite establecido por Dios, tendremos que
enfrentar otro límite que nos detenga de avanzar al
propósito.

La única manera correcta para lidiar con el pecado es


admitir ante el Señor, que todos hemos desobedecido.
Debemos confesar nuestros pecados, aceptando que hemos
ignorado Sus límites y pedirle que nos perdone. Que la

38
preciosa Sangre de Jesucristo nos limpie de todo pecado (1
Juan 1:9) entonces recibir la gracia del perdón, para entrar
nuevamente a los ámbitos profundos de Su presencia,
donde a través de lo que llamamos milagros, se rompen
todos los límites de la lógica y de la ciencia.

La Iglesia debe atravesar los límites naturales, para


introducirse en las dimensiones espirituales. Quedarnos
solo en lo natural, nos limitará a las liturgias, a la teología
y a la religión, pero atravesar los límites de la razón nos
inundará de fe y es entonces, que veremos cosas que nadie
ha visto, oiremos cosas que nade ha oído y recibiremos
cosas que pocos llegan a imaginar (1 Corintios 2:9).

Vivir Reino es escuchar a Dios, no solo para recibir


de sus límites ya revelados por las Escrituras, sino para
implorar que nos revele los límites desconocidos. Luego,
necesitamos que nos dirija amorosa y desafiantemente a
romper los límites autorizados por Él, de modo que Su
voluntad sea llevada a cabo, sabiendo que si hacemos eso,
seremos sorprendidos por Su poder.

“Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino


el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo
que por su gracia él nos ha concedido. Esto es
precisamente de lo que hablamos, no con las palabras
que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña

39
el Espíritu, de modo que expresamos verdades
espirituales en términos espirituales…”
1 Corintios 2:12 y 13 NVI

40
Capítulo tres

Los Límites De
La ignorancia

“No es bueno ser ignorante; el que se apresura a hacer


algo, se equivoca. Hay gente insensata que arruina su
vida ella misma, pero luego le echa la culpa al Dios”
Proverbios 19:2 y 3 PDT

Según la definición del diccionario de la Real


Academia Española, la palabra ignorancia significa falta
general de instrucción, de conocimientos o comprensión.
Las personas ignorantes no son conscientes o no están
informadas de un tema determinado.

Este término, suele utilizarse como un concepto


ofensivo, sin embargo, aunque pueda ofender a quienes se
tilde de ignorantes, todos carecemos de ciertos
conocimientos en algunos temas. Es decir, todos somos
ignorantes de muchas cosas. Por ejemplo, yo ignoro
absolutamente algunos temas como medicina, ingeniería,

41
aeronáutica o simplemente béisbol, y no debería ofenderme
si alguien me considera ignorante al respecto de estas cosas,
porque ciertamente lo soy.

Por supuesto, podría hacer una enorme lista de cosas


que ignoro, y ciertamente me gustaría saber algo más de
algunas cosas, pero debo reconocer que no tengo idea. Lo
bueno de esto es que si necesito algo que involucre cosas
que desconozco, recurro a gente que esté capacitada para
dicha cuestión. Por ejemplo, cuando me duele una muela,
no me pongo a estudiar odontología, voy al dentista y luego
le pago por su saber. Cuando tengo que tomar un avión, no
hago un curso de pilotaje, simplemente pago por el servicio
y me siento a disfrutar el vuelo, confiando en los que saben
cómo manejar semejante nave.

Esto pasa de continuo, todos necesitamos de los


demás y todos ignoramos ciertas cuestiones, y es lógico que
sea así. Si debo pintar mi casa, contrato un pintor, si debo
arreglar el auto, voy al mecánico, si necesito una puerta,
voy a un carpintero, pero si tengo problemas en la vida ¿A
quién consulto? ¿Acaso un pastor tiene todo resuelto
respecto de la vida y podrá decirme que hacer?

La verdad es que no. Los que tenemos una función


ministerial, no tenemos todo resuelto, ni sabemos todo lo
que hay que hacer en la vida. Nuestra función no es enseñar
a vivir, sino conectar a la gente con la fuente de toda razón

42
y justicia. Es impartir herramientas espirituales otorgadas
por el Señor para una vida efectiva. Es incentivar la
comunión con aquel que es la sabiduría misma.

Obviamente, al haber adquirido ciertos


conocimientos de la Palabra de Dios, podemos aconsejar
conforme a ella, pero eso no es necesariamente sabiduría,
de hecho, algunos pastores piensan que la vida puede ser
arreglada solo con principios bíblicos, pero eso no es así.
Los principios del Reino ciertamente funcionan, pero en la
vida dos más dos no siempre son cuatro. No se pueden
aplicar versículos como si fueran recetas aprobadas para el
éxito, hay que buscar en todo momento la perfecta voluntad
de Dios.

En las Escrituras, tenemos muy buenos ejemplos de


vida, pero lo que le funcionó a un héroe de la fe, no
necesariamente nos funcionará a nosotros, todo depende del
contexto, la experiencia o los procesos que tengamos que
vivir según la voluntad de Dios. Conocer la Palabra nos
brindará buenas herramientas, pero lo más importante es
gozar de una profunda comunión con el Señor, porque solo
Él, es quién puede darnos luz respecto de todo
conocimiento.

Hay teólogos que son necios, porque conocer las


Escrituras no te garantiza la sabiduría verdadera. De hecho,
hay practicantes de falsas religiones, que utilizan la Biblia

43
como libro de referencia para ejercer su fe, y sin embargo,
lo hacen con doctrinas absolutamente erróneas. Cualquiera
puede utilizar la Palabra y torcerla para respaldar sus ideas,
pero eso no es otra cosa que ignorancia disfrazada.

En lo espiritual, la ignorancia es falta de luz no falta


de conocimiento intelectual. La luz es la que permite ver,
no simplemente saber. Una persona puede estudiar un
doctorado en teología, recibirse y dar clases al respecto, aun
así, también es posible que ni siquiera esté convertido de
verdad. Es decir, puede que crea en Dios, pero que nunca
haya recibido la regeneración. Esa persona, sin dudas tendrá
conocimiento pero no sabiduría espiritual.

Lo que debemos comprender, es que la ignorancia de


cualquier tema natural, puede ser eliminada por el estudio,
o simplemente recurriendo a personas que tienen el
conocimiento para contar con sus servicios, pero la
ignorancia espiritual, solo puede ser remediada con la vida.
Recurrir a un ministro puede ser bueno, pero nunca será
absolutamente efectivo si no se tiene la vida de Dios.

Ahora bien, una vez que tenemos la vida de Dios,


debemos madurar a través de las experiencias y la entrega
voluntaria. La suministración del Espíritu Santo en todo
tiempo, nos permitirá asimilar correctamente toda lección
divina. Por otra parte, debemos leer la Palabra, escuchar

44
enseñanzas y escudriñar atentamente sus riquezas en busca
de sabiduría verdadera.

Puede que algunas veces actuemos con ignorancia,


porque no sabemos que tenemos la necesidad de aprender
algo específico. Otras veces, puede que seamos ignorantes
porque elegimos no aprender algo que necesitamos saber.
En Oseas 4:6, el Señor dijo: “Mi pueblo es destruido por
falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el
conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas
mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, yo
también me olvidaré de tus hijos…”

Rechazar intencionalmente el conocimiento que Dios


quiere que tengamos, es una ignorancia pecaminosa. Si bien
la ignorancia no intencional sobre temas terrenales es
comprensible, la ignorancia intencional sobre asuntos
espirituales puede llevarnos a grandes pérdidas (Romanos
1:21 y 22).

La Biblia hace una distinción entre la ignorancia y la


inocencia. La ignorancia se puede superar a través de la luz,
pero la inocencia se debe proteger o incluso recuperar a
través de la vida del Espíritu y nuestra comunión con Él. Se
puede ser inocente y a la vez, llenos de sabiduría. De hecho,
la inocencia puede no ser ignorancia, sino pureza.

45
Una de las evidencias de la inocencia, es el asombro,
porque la persona inocente es confiada, abierta al amor y
llena de oportunidades. No está pensando mal y actúa a
través de sus valores, no evaluando a los demás. Por
ejemplo, no hay dudas de que Jesús amó profundamente a
Judas y cuando le llamó amigo, no lo estaba falseando
(Lucas 22:48). Jesús era muy sabio, pero sabía amar con
inocencia. Podemos ser sabios espiritualmente y a la vez
inocentes para vivir a la manera de Dios.

El que pierde la inocencia se vuelve desconfiado,


cínico y se cree que está de vuelta en todo. No se asombra
por nada, más bien sospecha de toda persona, nunca se
entrega de verdad y discrepa hasta de su propia sombra.
Lamentablemente, muchos hermanos por causa de tristes
experiencias en alguna congregación, o con algunos
ministros, pierden su inocencia y se cierran a la necedad,
volviéndose ignorantes del verdadero amor de Dios.

“Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por


tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como
las palomas…”
Mateo 10:16 LBLA

Podemos tener mucho conocimiento y ser ignorantes


de la verdad, podemos tener luz y ser sabios
espiritualmente. Podemos actuar con sabiduría sin romper
algunos límites. Esto nos hará sentirnos seguros y

46
llegaremos a pensar que somos muy astutos, pero si
queremos ir más allá debemos ser inocentes, porque eso nos
permitirá romper límites que ciertamente glorificarán a
Dios.
Como maestro de la Palabra, he tenido que estudiar
mucho las Escrituras, pero aprendí por experiencia propia,
que sin una buena comunión con el Espíritu Santo lo único
que puedo adquirir es conocimiento intelectual, pero no
sabiduría. Ahora bien, en la expansión de la luz, he podido
trabajar efectivamente con muchos ministerios diferentes y
he podido aportar verdadera sabiduría a mis consiervos.

Mi tarea ministerial ha sido edificar a mis hermanos


dando escuelas, o ministrando en diferentes eventos. Sin
embargo, mi mayor tarea está con los pastores, porque son
ellos los que en definitiva necesitan ser impartidos, para
luego transmitir a sus congregaciones todo conocimiento.
Por lo tanto, he desarrollado hermosas amistades y
excelentes vínculos laborales con muchos pastores.

Lamentablemente, también he sufrido increíbles


traiciones. Algunos pastores a quienes yo consideré
verdaderos amigos o verdaderos hermanos, en el más
amplio sentido de la palabra, me mintieron, me traicionaron
o actuaron con inexplicable malicia. Eso es muy doloroso y
cuesta mucho superarlo, pero aun así, elijo seguir siendo
inocente ante cada persona que conozco.

47
Creo que al igual que cualquier persona, pensé en mi
dolor cerrarme ante futuras relaciones, pero saben qué,
comprendí que eso sería perder mi inocencia, y determiné
no dejar tal virtud en manos de aquellos que actuaron sin
integridad. Lo que importa, es que yo actué como
corresponde y que yo no engañé a nadie con oscuras
hipocresías. Los demás puede que lo hagan, pero ese no es
mi problema, yo solo debo avanzar como mejor persona
para glorificar a Dios. Romper los límites de la ignorancia,
implica vivir en un sano estado de inocencia espiritual.

“Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la


otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleve
también tu camisa. A cualquiera que te pida algo, dáselo,
y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames…”
Lucas 6:29 y 30 DHH

Si alguien lee este consejo de Jesús sin saber de quién


viene, puede llegar a pensar que esa actitud propuesta, solo
es para gente ignorante, ya que el mundo grita todo lo
contrario: “Si alguien te pega en una mejilla, no se te
ocurra poner cerca tu cara, nunca más. Si alguien te quita
una prenda y no te la devuelve, nunca más confíes en esa
persona. No le des todo a todo el mundo, fijate muy bien
quién lo merece y si algo te deben reclámalo…”

Digamos la verdad, parece mucho más sensato este


pensamiento general, pero pensar así, es ignorar la verdad

48
de Dios. Nuevamente, se puede tener conocimientos
lógicos y ser ignorante de la verdad. La luz de Dios, nos
permite ver ideas mucho más elevadas. Actuar como
plantea Jesús no es de tontos, es de gente dispuesta a romper
los límites de la ignorancia, a través de la inocencia
espiritual.

Cualquiera diría, si yo actúo así, me van a pegar dos


veces, me van a quitar lo mío, me van a robar. Y es verdad
que algo así puede ocurrir, pero eso no es ser tonto, es
romper límites a través de la luz verdadera. Jesús sabía que
lo iban a traicionar, sin embargo amo de verdad a sus
discípulos. Él sabía que lo iban a crucificar, sin embargo,
no escapó de tal castigo, sino que se entregó inocentemente.
Esos no fueron actos basados en la ignorancia, sino en la
sabiduría más elevada que puede manifestar un hombre.

En la vida vamos a enfrentar muchas veces la


traición, la mentira y el engaño, pero la sabiduría de Dios
no nos da permiso para huir o para escondernos del dolor.
Por el contrario, nos envía como ovejas en medio de lobos,
para que rompamos los límites de la ignorancia y
enfrentemos con inocencia la verdad de la vida.

“Elijo creer que las cosas son posibles


Incluso cuando no sé cómo sucederán”.
Jack Canfield

49
La fe, es una cuestión legal y ajena a la simple
emoción. Sin embargo, incluye un alto grado de inocencia
cuando determinamos creer para saber, rompiendo los
límites de la seguridad que pretende la ignorancia. Es cierto
que no cualquiera se atreve a romper estos límites, porque
suelen ser muy dolorosos, pero aun así, el dolor puede
contener la mayor revelación de Dios que podamos
pretender.

“Con este propósito les escribí: para ver si pasan la


prueba de la completa obediencia. A quien ustedes
perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había
algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a
ustedes en presencia de Cristo, para que Satanás no se
aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus
artimañas.
2 Corintios 2:9 al 11 NVI

Pablo resuelve sabiamente los conflictos de las


relaciones interpersonales entres los hermanos de Corinto.
La ignorancia acerca de lo que el diablo está haciendo, y la
ignorancia del daño causado por la falta de perdón, es
peligrosa para nuestra salud espiritual, y nos conviene la
inocencia de nuevas oportunidades para romper los límites
de la ignorancia.

Las personas ignorantes de las verdades del Reino,


son presa fácil para aquellos con esquemas malvados. Pero

50
las personas sabias, no se entregan a las artimañas de
Satanás, se entregan a las oportunidades legítimas aunque
estas duelan. Jesús nunca planteó la posibilidad de buscar a
Satanás para ofrecer nuestras mejillas, eso no sería
inocencia, sino estupidez. Yo estoy hablando de la vida y el
amor con propósito.

Hebreos 5:2 dice que Jesús es capaz de tratar con


delicadeza a quienes son ignorantes y se extravían, ya que
Él mismo estuvo sujeto a la debilidad. Él tiene una gran
paciencia, incluso cuando nosotros, como hijos, actuamos
con ignorancia. Él nos da una multitud de oportunidades
para que podamos aprender (2 Pedro 3: 9). Él podría decir,
no les daré otra oportunidad, porque me van a fallar, antes
bien evitaré tal desprecio… Sin embargo, no actúa así.
Seguramente debe ser doloroso para Él, sufrir nuestras
infidelidades una y otra vez. Sin embargo, nos ama y en su
inocencia tan pura como el agua más pura, nos abre el
corazón una y otra vez para romper los límites con Su amor.

Pablo dijo que Dios le mostró misericordia, porque


antes de que Jesús lo salvara había “actuado en ignorancia
e incredulidad” (1 Timoteo 1:13), pero después de
conocerle Pablo se entregó de manera absoluta. Sin
embargo, jamás negó sus limitaciones, por lo cual
reconoció y apeló a la gracia infinita de Dios para ser
sostenido en el Pacto (Tito 2:11 y 12). Esa es la grandeza

51
de nuestro Dios y de Él debemos aprender si es que
deseamos romper los límites de la ignorancia.

“Jehová es tardo para la ira, y grande en poder…”


Nahúm 1:3

Este pasaje esconde un tesoro inigualable: El


príncipe que puede dominar sus pasiones es el Rey, no sólo
para sus súbditos sino también para sí mismo. Dios es tardo
para la ira porque es grande en poder. Él no tiene menos
poder sobre Sí mismo que sobre sus criaturas. Aunque Su
amor y Su paciencia nos beneficien a nosotros, esto lo
concierne principalmente a Él. No es otra cosa que la
limitación que ha impuesto a Su sabiduría y Su reacción por
medio de Su propia voluntad.

Cuando nosotros actuamos como Dios quiere y no


como los demás merecen, estamos haciendo lo correcto por
lo que somos, por nuestra esencia y no por lo que el otro
merezca. No estamos entregando nuestro ser a nadie, nadie
es digno de tal cosa, excepto Dios. La ignorancia de tales
profundidades nos detiene, la luz de la verdad eterna nos
permitirá romper toda limitación.

La paciencia de Dios es la excelencia que le hace


soportar graves ofensas sin vengarlas inmediatamente. Él
tiene el poder de la paciencia así como también el de la
justicia. De ahí que la palabra hebrea usada para describir

52
la longanimidad divina, sea traducida como “tardo para la
ira” en Nehemías 9:17. No es que haya pasiones en la
naturaleza divina, sino que Dios en su sabiduría y voluntad,
se complace en actuar con la nobleza y sobriedad propias
de su sublime majestad.

Nosotros somos sus hijos y debemos actuar con la


esencia que el Padre nos ha dado. No porque podamos
vengarnos el día de mañana de toda maldad y de toda
traición sufrida, sino porque el mismo Padre que nos dice
cómo actuar, es el Soberano que tomará cuenta de todo y
con el tiempo hará lo que debe hacer.

No nos toca a nosotros juzgar a los injustos. Es


nuestro Padre el Juez eterno que lo hará. Nosotros no
buscamos eso, solo debemos actuar como Él desea, y Él se
ocupará de lo que le corresponde. Una cosa debemos saber
y con eso basta:

“Nosotros debemos actuar con sabiduría espiritual, eso


implica actuar conforme a la verdad revelada de Dios.
Debemos actuar con inocencia, porque esa es la pureza de
un corazón obediente, y si alguien nos lastima, no lo
estará haciendo a nosotros, sino a aquel que nos envió…”

Romper los límites de la ignorancia, no es el


resultado de adquirir conocimientos teológicos, sino de
interpretar y aceptar humildemente el palpitar del corazón

53
del Señor. Esto no significa comprender todo, sino poder
ver con claridad, que seguir sus huellas siempre dará como
resultado la ruptura de toda limitación humana.
Cuando las personas se creen sabias por su
desconfianza, solo están asumiendo estar atrapados en las
limitaciones de la ignorancia, pero los hijos de la Luz,
aunque podamos parecer demasiado inocentes o incluso
tontos, somos en realidad lo suficientemente sabios como
para romper los límites que pretenden las tinieblas.

“¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!


¡La gloria del Señor brilla sobre ti!
Mira, las tinieblas cubren la tierra, y una densa
oscuridad se cierne sobre los pueblos.
Pero la aurora del Señor brillará sobre ti.
¡Sobre ti se manifestará su gloria!”
Isaías 60:1 y 2 NVI

54
Capítulo cuatro

Rompiendo Límites
A TRAVÉS DE la fe

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y


esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”.
1 Juan 5:4

La fe es el resultado de la revelación de toda voluntad


expresada por Dios. Es la confianza en lo que Él dice y la
certeza de que todo lo dicho por Él vendrá. Fe es
dependencia absoluta en Dios, y la evidenciamos cuando
somos capaces de abandonar todo apoyo de nuestros
propios esfuerzos. Lo cual no implica que dejemos de
accionar o cumplir con nuestras responsabilidades, sino que
llegamos a confiar en que Dios, responderá de acuerdo a lo
más conveniente para nosotros conforme a su infinita
sabiduría.

La fe también es el resultado de la gracia de Dios, por


la cual Dios nos imparte para que creamos en Él y en todo

55
lo que Él dice. Es la cualidad con la que el Señor nos ha
equipado para neutralizar el daño que causa en los seres
humanos, el vivir en un mundo donde reina la mentira. Ser
impulsados por la verdad, nos permite romper los límites
impuestos a quienes no tienen la capacidad de oír
claramente a Dios.

En el transcurso de nuestra vida, estaremos


enfrentando diferentes limitaciones y dificultades, esa es
una de las razones por la cual nos ha sido dada la Fe, porque
es a través de ella, que podemos romper los límites de
nuestras incapacidades. La fe nos permite acceder a lo que
Dios tiene para nosotros y es la plataforma para Su
manifestación.

“Porque a Dios no le gusta que no confiemos en él. Para


ser amigos de Dios, hay que creer que él existe y que
sabe premiar a los que buscan su amistad”.
Hebreos 11:6 TLA

El escritor a los Hebreos nos expresa claramente que


a Dios no le agrada encontrarnos sin fe. Nos indica dos
requisitos fundamentales de la fe, el creer en Dios y el
recibir sus beneficios. En otras palabras, si queremos
experimentar una vida de victoria debemos creer que existe
un Dios que nos habla y que cumple con sus dichos.

56
Hay hermanos, cuyas doctrinas están enfocadas en
los cuidados que debemos tener los cristianos ante los
dichos de Satanás. Ellos creen que el diablo habla
constantemente, pero curiosamente, no enseñan lo más
importante, y es que Dios también habla permanentemente.

En realidad ellos no dicen que Dios no habla, sino


que Dios habló a una vez, y que Sus Palabras están
contenidas en la Biblia y que ya no habla, sino a través de
ella. Eso es absurdo y muy dañino, porque quienes creen en
esa doctrina, no dudan que Dios habló a Noé, a Abraham, a
José, a Moisés, a Josué, a David, etc. Pero no creen que Dios
pueda hablar hoy en día a cada uno en particular a través de
Su Espíritu Santo.

Por supuesto, cuando predican, dicen que Dios está


hablando a través del mensaje, pero no consideran la
posibilidad de recibir dirección de Dios cada día y ante
cualquier circunstancia de la vida. Es lamentable que esto
acontezca en algunas congregaciones hoy en día, porque
estos hermanos se están perdiendo la gloriosa oportunidad
de vivir el Reino.

Todo gobierno está basado en la comunicación. Sin


comunicación no hay posibilidad de gobierno. Quedar
anclados a lo que Dios dijo hace miles de años, debe
permitirnos comprender la forma en la que Dios actúa, pero
no debe condicionar lo que pueda demandarnos hoy. Dios

57
es el mismo de siempre, pero Su dirección de gobierno o
Sus Palabras, pueden ser nuevas cada día.

En mi libro titulado “Liberando el poder de la Fe”,


explico claramente que la fe, no es el resultado de nuestros
deseos. Tener deseos y creer que se cumplirán no es fe.
Tener fe es haber escuchado una Palabra de parte de Dios
para nuestras vidas. Solo tenemos fe, cuando Dios nos dijo
algo, porque ese algo, es la legalidad con la cual podemos
sostener una esperanza.

La fe es el resultado de la gracia, porque Dios la


otorga cuando determina hablar. Es un regalo de Dios
(Efesios 2:8) y hay una medida determinada de ese regalo
(Romanos 12:3). Por otra parte, esa medida no es estática
sino dinámica, porque la fe es como una semilla (Mateo
17:20) y toda semilla que se planta y se cuida, puede
producir un árbol, que producirá frutos, que producirán más
semillas, que producirán más árboles, que producirán más
frutos, que producirán más semillas... Así es el Reino,
siempre en expansión y multiplicación.

Hoy día son muchos los aspectos que se enseñan en


cuanto a la Fe, pero la mayoría de ellos, en función de
conseguir cosas físicas o materiales. Sin embargo, y más
allá de todo eso, la gran virtud de la fe es poder vivir la
plenitud del Hijo. El apóstol Pablo expresó: “Y ya no soy
yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida

58
que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo
de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí…”
(Gálatas 2.20).

Luego de nuestra salvación, este debe ser el motivo


fundamental de nuestra fe. Lo más extraordinario para
cualquier hijo de Dios es vivir la expresión de Cristo a
través de todo don, talento, capacidad y fruto que pueda
producir espiritualmente. Entonces sí, todo lo demás que
alcancemos por la fe, servirá para sumar como logros
legítimos, porque glorificarán a Dios.

“Es pues la fe, la sustancia de las cosas que se esperan,


la demostración de las cosas que no se ven”.
Hebreos 11:1 OSO

El libro de los hebreos hace referencia a una gran


gama de personajes que por medio de la Fe, obtuvieron las
más grandes victorias a lo largo de sus vidas. Noé, Jacob,
Moisés, Gedeón, David y Abraham catalogado como el
padre de la Fe, son algunos de los cuales obtenemos las
características de una fe que nos permite avanzar en el
Reino de manera plena y efectiva. Por lo cual, seguramente
citaré sus ejemplos, pero deseo ingresar al entendimiento de
la fe a través de otros desafiantes conceptos.

“Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus


caminos son los míos afirma el Señor. Mis caminos y mis

59
pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más
altos que los cielos sobre la tierra! Así como la lluvia y la
nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar
antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé
semilla al que siembra y pan al que come, así es también
la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía,
sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis
propósitos”.
Isaías 55:8 al 11 NVI

Estas Palabras de Dios para Su pueblo, son


conmovedoras y desafiantes, pero a la vez, son de un alto
nivel de confrontación, porque el Señor les deja bien en
claro que no pensaban como Él, ni andaban por Sus
caminos. Analicemos un poco esta situación, porque si algo
así nos pasa hoy, debemos arrepentirnos con temor y
humildad verdadera.

Que entre personas, no pensemos igual, no es un


problema, solo debemos respetarnos unos a otros y listo,
pero no pensar igual a Dios es muy grave. Cuando las
personas pensamos diferentes, podemos defender nuestras
ideas bajo la convicción de estar en lo correcto, pero cuando
pensamos diferente a Dios ¿Quién podría argumentar
razón?

Los pensamientos de Dios son más elevados que los


de todo ser humano, y por supuesto, son la absoluta verdad.

60
Cuando Dios se da a conocer y nos habla, está tratando de
romper los límites de nuestros paradigmas, para llevarnos a
las dimensiones de Su verdad, y para eso utiliza Su gracia.

Sin la obra del Señor, es imposible para cualquier


persona, pensar como Él piensa. Todos los seres humanos,
sin importar el nivel intelectual, estamos incapacitados para
acceder a las alturas del pensamiento divino. Nuestra
limitada manera de pensar nos impide ver la verdad, y la
falta de visión nos impide caminar efectivamente por las
alturas del Reino. Lo cual es catastrófico, porque solo en
sus alturas hay verdadera libertad.

Las bajezas del pensamiento humano, han producido


una sociedad carente de valores correctos, y es por esa
insalvable limitación humana, que Dios nos otorga en Su
gracia, la obra del Espíritu Santo para revelarnos Su verdad
y la mente de Cristo para procesarla. Esa gracia, no puede
ser alcanzada por buenas intenciones, ni fue parte del pacto
que vivió Israel, por eso se equivocaron tanto. Sin embargo,
hoy en día los hijos de Dios no tenemos ninguna excusa.

El apóstol Pablo dice que cosas que ojo no vio, ni


oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que
Dios ha preparado para los que le aman (1 Corintios 2:9).
La pregunta sería, si ningún ojo la vio, si ningún oído la
oyó, ni han subido a corazón alguno ¿Quién podría abrirnos
camino a ellas?

61
La respuesta es nadie, solo Dios a través de Su
infinita gracia nos la revela a nosotros por Su Espíritu,
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de
Dios, y nos revela Sus ideas para que sepamos lo que nos
ha concedido (1 Corintios 2:10 al 12).

Las personas sin vida espiritual, no perciben las cosas


que son del Espíritu de Dios, porque para ellos son locura,
y no las pueden entender, porque se han de recibir
espiritualmente. En cambio nosotros, como hijos de la Luz,
hemos recibido la gracia que nos alumbra para entender.

Nosotros tenemos la mente de Cristo (1 Corintios


2:16) no pensar como Dios piensa es una gran limitación
afincada en el orgullo. Lo único que necesitamos es
humildad. Si tenemos humildad, el Señor nos extenderá el
manto de Su gracia, y nos revelará sus pensamientos para
que podamos romper los límites de nuestra bajeza
intelectual.

La revelación de la voluntad de Dios, puede no ser


razonable para la mente natural, es por eso que Dios no
busca nuestro cerebro sino nuestro corazón. La verdad de
Dios es demasiado elevada para la mente humana, solo se
accede a ella a través de la fe. Esa es la herramienta para
romper nuestros límites.

62
En Mateo 14, encontramos una historia que bien
podemos utilizar para comprender este asunto. Jesús les
había ordenado a sus discípulos que se subieran a la barca
y que navegaran hacia la otra orilla del lago. Él por su parte,
se quedó para despedir a la gente y para orar al Padre hasta
el anochecer.

Los discípulos se alejaron de la costa y navegaron


contra el viento y las olas que golpeaban con mucha fuerza.
Todavía estaba oscuro cuando Jesús se acercó a ellos, y lo
hizo caminando sobre las aguas. Los discípulos lo vieron
pero no lo reconocieron, y llenos de temor gritaron: ¡Es un
fantasma! Enseguida Jesús les dijo: ¡Cálmense soy yo, no
tengan miedo!

Fue entonces que Pedro le respondió: Señor, si


realmente eres tú, ordena que yo camine también sobre el
agua y vaya hasta donde tú estás. Jesús le dijo que lo hiciera
y de inmediato Pedro bajó de la barca. Caminó sobre el agua
y fue hacia Jesús. Pero todos conocemos la historia, cuando
Pedro sintió la fuerza del viento y vio las olas, tuvo miedo
y comenzó a hundirse gritando: ¡Señor, sálvame! Entonces
Jesús extendió su brazo, agarró a Pedro y le dijo: ¡Hombre
de poca fe! ¿Por qué dudaste?

La reacción primaria de los discípulos nos puede


parecer graciosa, pero la verdad es que cualquier persona,
por más inteligente que sea, hubiese pensado algo parecido.

63
¿Quién podría razonar de otra manera ante un hombre
caminando por aguas embravecidas y en el ocaso del día?
Nuestra mente no tiene la capacidad de procesar lo
sobrenatural, no logra romper ese límite fácilmente.

Pedro fue el único que pidió caminar hacia el


maestro, pero lo primero que hizo, fue pedir Su
autorización. Pedro era un pescador experto y sabía
perfectamente que él no estaba capacitado para caminar por
sobre las aguas, sin embargo, le otorgó toda la autoridad a
quién sí lo estaba haciendo.

En ese momento, ya no había una mente tratando de


analizar con lógica lo que estaba ocurriendo. Pedro no
estaba pensando, solo estaba brindando su confianza, su
corazón a Jesús, y luego de recibir Sus Palabras, bajó sus
pies de la barca y simplemente caminó. Pedro rompió un
límite por medio de la fe, no lo hizo por entender, lo hizo
porque simplemente creyó. La fe nos sube a las alturas de
los pensamientos de Dios, no porque entendemos, sino
porque llegamos a creer, incluso aquellas cosas que carecen
de lógica y de razón.

Notemos que al momento en que Pedro sintió el


viento y vio las olas, volvió a pensar, y por tal motivo se
hundió. La realidad le activó la razón y en ese momento se
desactivó la fe y ya no pudo caminar sobre las aguas. Jesús
extendió su mano y lo sacó, diciéndole: ¡Hombre de poca

64
fe! ¿Por qué dudaste? En otras palabras ¿Por qué volviste a
los razonamientos humanos si lo estabas haciendo bien?

La fe no se puede explicar, ni se puede incrementar


estudiando teología. Yo soy maestro de la Palabra y siempre
me consultan sobre la posibilidad de estudiar teología. Yo
amo la Palabra y como maestro estoy a favor de la
capacitación, pero siempre les advierto a mis hermanos, que
el estudio sistemático de la teología, sin la operación
constante del Espíritu Santo, puede volverse el peor
enemigo de la fe.

El conocimiento intelectual no puede incrementar la


fe, por el contrario, puede anularla. La fe es el resultado de
creer lo que Dios habla, no de entender lo que Dios hace.
Cuando Moisés se encontró con todo el pueblo ante el Mar
Rojo se llenó de temor, porque el ejército egipcio los venía
persiguiendo. De pronto buscó una salida en Dios, pero lo
único que recibió, fue una pregunta y un mandamiento:
“¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que
marchen…Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el
mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio
del mar, en seco…” (Éxodo 14:15).

Yo supongo que después de oír esto, Moisés ha


mirado el mar nuevamente y su mente habrá cabalgado al
ritmo de la desesperación. ¿Quién puede entender algo así?
Lo único que pudo hacer Moisés fue desconectar su razón

65
y su lógica, para obedecer sin entender cómo sería, solo
creyó que el mismo Dios que los sacó de Egipto, era capaz
de hacer algo especial una vez más.

Moisés levantó su vara y toda la nación se maravilló


ante la majestuosidad del milagro. El mar se comenzó a
abrir, y así se mantuvo hasta que pudieron pasar por lo seco.
¿Tiene lógica algo así? ¿Hay forma de explicar
intelectualmente ese milagro? Sin dudas que no.

La fe es capaz de hacernos romper todos los límites,


y no lo hará porque lleguemos a entender como ocurren las
cosas, sino porque entenderemos quién es el que nos habla.
Ciertamente podría citar muchas historias de la Biblia en
donde ocurren extraordinarios milagros, pero, a decir
verdad, todas tienen los mismos elementos.

Dios piensa algo y lo habla para que se produzca. En


realidad, nadie puede escuchar claramente ni entender Su
propósito, entonces manifestando Su gracia, Él escoge a
quién abrirle los oídos espirituales, y a través de Su vida
producir luz, de manera que la fe se haga evidente. Nosotros
como hijos podemos escucharlo, y sabemos que Él solo dice
la verdad y que Su verdad es nuestra autoridad para
manifestar poder. Solo debemos hacer lo que Él dice y
romper todos los límites a través de la fe.

66
En este Pacto que vivimos podemos lograr lo que no
pudo lograr Israel, pensar como Dios piensa y elevarnos a
Su propósito. A nosotros se nos otorgó la mente de Cristo.
Ahora bien, si los héroes de la fe hicieron las proezas que
hicieron sin operar en la vida de Cristo, cuanto más nosotros
deberíamos producir hoy. La pregunta sería ¿Por qué no
está ocurriendo?

Bueno, porque seguimos creyendo que pensar como


Dios piensa es estudiar y razonar. Amados, el evangelio del
Reino es locura para la mente natural. Simplemente no
puede entenderlo. Lo único que necesitamos es creer, es
dejarnos llevar por los latidos del Padre, para lo cual,
debemos acercarnos con el corazón, no con las razones.

El amor no se razona, se siente y se disfruta. Por amor


uno puede llegar a realizar muchas locuras, hasta ser
capaces de romper todos los límites de la razón. Así es la
revelación espiritual, no podemos explicarla, simplemente
fluye y sabemos que sabemos lo que Dios desea, pero no
podemos fundamentarlo en la lógica.

Vivir así no implica anular el cerebro, sino sujetarlo


al servicio del Espíritu Santo. La sabiduría espiritual que
Dios propone no es para los teólogos, sino para los hijos de
corazón dispuesto. La sabiduría espiritual, no es sabiduría
intelectual, es Luz, y es por eso que no puede explicarse.

67
Lo que hace un maestro de revelación, no es
argumentar la luz, sino impartirla. Por eso es absolutamente
indispensable la operación del Espíritu Santo, en el que
habla y en el que escucha, porque lo espiritual se ha de
discernir espiritualmente. Un carnal puede escuchar una
enseñanza espiritual, pero no le dará provecho. Analizará
todo y argumentará todo, pero no abrirá su corazón para ser
impartido.

Si deseamos romper los límites a través de la fe


verdadera, debemos ser fortalecidos en el hombre interior
por Su Espíritu, para ser plenamente capaces de
comprender lo que excede todo entendimiento. Eso es Luz,
no razonamientos teológicos.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de


nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda
familia en los cielos y en la tierra, para que os dé,
conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos
con poder en el hombre interior por su Espíritu; para
que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin
de que, arraigados y cimentados en amor, seáis
plenamente capaces de comprender con todos los santos
cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la
altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud
de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las
cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o

68
entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él
sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las
edades, por los siglos de los siglos. Amén”.
Efesios 3:14 al 21

69
Capítulo cinco

Rompiendo los
Límites inevitables

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro


hombre exterior se va desgastando, el interior no
obstante se renueva de día en día. Porque esta leve
tribulación momentánea produce en nosotros un cada
vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando
nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven;
pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no
se ven son eternas…”
2 Corintios 4:16 al 18

Hoy en día, cuesta mucho hacerle comprender a los


cristianos que las aflicciones son parte del panorama de la
fe. Por supuesto, esto no es culpa de los hermanos, sino de
la incompleta enseñanza que se ha impartido en los últimos
años. La cultura que irradia la posmodernidad, ha
impregnado la mente de todas las personas, y eso no deja
fuera a los hijos de Dios.

70
El egocentrismo, la falta de ideales y la relatividad de
las ideas, hace que la gente no esté dispuesta a pelear por
nada. La gente quiere resultados positivos, rápidos y
simples. Nadie está dispuesto a sacrificar nada. Cuando
algo le cuesta, le duele o no le produce resultados positivos,
simplemente abandonan.

El mensaje que más popular se hizo en la iglesia de


las últimas décadas, fue el motivacional. Un mensaje lleno
de promesas de éxito, de avance y de conquista, que, por
cierto, todo eso está en la Biblia y es parte del diseño de
Dios para nuestras vidas, pero debemos tener el sano
equilibrio de aclarar que éxito, avance y victoria no es falta
de problemas, por el contrario, en el Reino, las adversidades
suelen ser la mejor plataforma para las conquistas que
vienen de Dios.

Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en


mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo…” (Juan 16:33).
Predicar un evangelio sin aflicciones, puede ser muy
atractivo para todas las personas, pero al final, solo provoca
pensamientos de frustración cuando las pruebas llegan. En
cambio cuando advertimos sobre las realidades que
acechan, estamos preparando a los hermanos con genuina
fortaleza espiritual. La verdad siempre es mejor que los
simples estímulos del alma.

71
“Tú, José, pareces un caballo criado junto a un
manantial. ¡Saltas y trepas por el muro! Gente malvada
y cruel te ataca y te lanza flechas, pero tú mantienes
firme tu arco y no doblas tus fuertes brazos. ¡Gracias al
Dios poderoso que te guía y te protege!”
Génesis 49:22 al 24

José fue el undécimo hijo de Jacob y el primer hijo


con Raquel, su esposa amada, por eso fue tan especial para
él. Lo primero que la Biblia nos muestra de José, es que
siendo un joven adolescente, cada vez que regresaba de
apacentar el rebaño con sus hermanos, le daba malos
informes a su padre, respecto del comportamiento de ellos.

También se nos dice que Jacob amaba a José más que


a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez, y le
había regalado una túnica de varios colores (Génesis 37:3).
Los hermanos de José se daban cuenta que su padre amaba
a José más que a ellos, así fue como acumularon rencor y
odio contra José (Génesis 37:4). Para empeorar las cosas,
José comenzó a relatar a su familia algunos sueños basados
en proféticas visiones que lo mostraban gobernando,
incluso sobre todos ellos (Génesis 37:5 al 11).

El enojo hacia José siguió creciendo, al grado en que


sus hermanos conspiraron para matarlo en el desierto.
Rubén, el primogénito, se opuso rotundamente al asesinato
y sugirió que lo lanzaran en una cisterna, puesto que tenía

72
previsto volver y rescatar al muchacho. Pero, en su ausencia
los otros hermanos encabezados por Judá, aprovecharon
una caravana de mercaderes que pasó rumbo a Egipto y lo
vendieron. Los hermanos tomaron la túnica de José, y
después de sumergir la túnica en sangre de cabra, engañaron
a su padre para que pensara que su hijo favorito había sido
devorado por alguna bestia salvaje (Génesis 37:18 al 35).

José fue vendido por los comerciantes a un egipcio


de alto rango llamado Potifar, y eventualmente se convirtió
en el supervisor de su casa. En Génesis 39 leemos acerca
de cómo José sobresalió en sus funciones, se convirtió en
uno de los siervos de mayor confianza de Potifar, y fue
puesto a cargo de todos sus bienes.

Era claramente visible que Dios estaba con José, lo


cual lo hacía prosperar en todas las cosas que emprendía.
Lamentablemente, la esposa de Potifar trató de seducir a
José en distintas ocasiones, pero él se negaba a sus
insinuaciones, mostrando honor para el amo que le había
confiado mucho y diciendo que sería un gran mal, si pecaba
contra Dios (Génesis 39:9).

Ante los desplantes de José, la mujer de Potifar lo


acusó falsamente de intentar violarla, y Potifar lo puso en
prisión (Génesis 39:7 al 20). Era muy difícil en esa época
que alguien acusado de semejante acto, no fuera condenado
a muerte de manera directa, pero el afecto que Potifar tenía

73
por José, hizo que simplemente lo encarcelaran por un
tiempo.

En la cárcel, José nuevamente fue respaldado por


Dios, haciendo incluso que la cárcel prosperara con su
servicio (Génesis 39:21 al 23). En una ocasión, José
interpretó los sueños de dos de sus compañeros de prisión.
Ambas interpretaciones resultaron ser correctas. Uno de los
prisioneros era panadero y el otro era copero del rey. José
les dijo que el panadero moriría y así fue. También le dijo
al copero que sería liberado, y así sucedió. Incluso fue
restaurado en su cargo sirviendo al faraón (Génesis 40:1 al
23).

Aunque José le había pedido al copero que no se


olvidara de él, el copero se olvidó, y no habló con el faraón
acerca de quién lo había ayudado interpretando su sueño.
Dos años más tarde, el propio faraón tuvo algunos sueños
que lo perturbaban, y el copero recordó el don que tenía
José respecto de interpretar sueños y se lo dijo al faraón.
José fue llamado a su presencia y este le contó sus sueños.
De acuerdo a los sueños del faraón, José predijo siete años
de cosechas abundantes, seguidos por siete años de una
severa hambruna en Egipto, y aconsejó al rey que empezara
a almacenar grano como parte de una preparación para la
próxima escasez (Génesis 41:1 al 37).

74
Por la sabiduría demostrada y su comunión con Dios,
José se convirtió en gobernante de Egipto, segundo después
del faraón. José estaba encargado de almacenar alimentos
durante los años de abundancia y se lo vendió a los egipcios
y extranjeros durante los años de hambruna (Génesis 41:38
al 57).

Cuando el hambre azotó Canaán, Jacob envió a diez


de sus hijos a Egipto para comprar grano. Mientras estaban
en Egipto, se reunieron con su hermano perdido, a quien
ellos no reconocieron. Sin embargo, José si los reconoció a
ellos. Entonces los probó, acusándolos de ser espías,
encerrándolos durante algunos días y luego los hizo volver
en más de una ocasión, hasta que se dio a conocer, que era
José, el hermano al que ellos habían traicionado y vendido
a los mercaderes (Génesis 45:1 al 3).

“Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a


mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro
hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no
os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá;
porque para preservación de vida me envió Dios delante
de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en
medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales
ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de
vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y
para daros vida por medio de gran liberación.

75
Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que
me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su
casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.”
Génesis 45:4 al 8

Incluso José, reafirmó su perdón años más tarde tras


la muerte de su padre, diciendo que, aunque sus hermanos
planearon el mal contra él, Dios lo encaminó para bien
(Génesis 50:15 al 21).

Yo diría que hoy en día, un gran porcentaje de


cristianos abandonarían la fe, por mucho menos de lo que
vivió José. Y no digo esto juzgando livianamente a nadie,
estoy expresando esto delante de Dios, y no me atrevería a
tal vanidad. Lo expreso porque he sido pastor durante varios
años y he recorrido muchas congregaciones en mis años de
ministerio como maestro.

Las historias que he visto y vivido, me permiten


afirmar que el umbral de aflicción que pueden soportar los
cristianos de hoy es muy, pero muy bajo. Cualquiera llega
a ofenderse por pequeños conflictos. He visto a hermanos
dejar de congregarse porque no los saludaron como querían,
porque no los visitaron en alguna ocasión, porque no los
tuvieron en cuenta para alguna actividad, porque le
llamaron la atención por algo, etc. sinceramente no me
abandona el asombro a la hora de observar la tibia actitud
de muchos cristianos hoy en día.

76
Cuando leo las historias de los hermanos de la iglesia
del primer siglo, admiro la tolerancia, la pasión y la entrega
total que tenían por causa de la fe. En esa época, ser
cristianos implicaba la posibilidad de morir. Eran
perseguidos, despreciados, encarcelados y asesinados
salvajemente, tan solo por sus creencias. Aun así, no
claudicaban en la fe rompiendo todos los límites del dolor,
no precisamente porque quisieran hacerlo, sino porque la
revelación de Cristo no les dejaba opciones.

Cuando se nos revela la vida en Cristo, romper los


límites del dolor se vuelve inevitable. Esto sucede, porque
no se puede negar la vida recibida. Yo lo veo como si
alguien quisiera que yo renuncie a ser un hombre. Pueden
golpearme, torturarme y asesinarme, pero no puedo negar
lo que soy, porque ser, no es una idea, es una realidad que
no puede ser eludida.

Cristo no es una idea, no es una manera de pensar, es


la vida que recibimos, y en el vivimos y somos (Hechos
17:28) no se puede negar eso por una aflicción. Pueden
venir problemas, dolores, enfermedades, pérdidas, o
cualquier tipo de hostilidad, pero nada puede evitar la
manifestación de la esencia misma de la verdad.

Los hermanos que, por cualquier pequeño motivo, se


apartan de la Iglesia no comprenden que se están apartando
de la comunión propuesta por el Señor. Muchos creen ser

77
aprobados en sus decisiones y creen que siguen bien con el
Señor, a pesar de no hacer lo que Él dijo que debemos hacer,
pero eso que viven solo es un engaño de corazón.

En el Reino puede haber muchas circunstancias


penosas en las que nos encontremos, y algunas de ellas
pueden incluso ser injustas, como las que José experimentó
en su vida. Sin embargo, debemos aprender de la vida de
José, porque aun con todo su dolor, nunca se enojó con
Dios, nunca dejó de honrarlo y de creerle. José permaneció
fiel, y aceptando que a pesar de lo que no entendía, Dios
siempre estuvo en control de toda situación.

Nosotros podemos estar seguros que Dios


recompensará nuestra fidelidad en tiempos de adversidad.
¿Quién culparía a José si él hubiera rechazado a sus
hermanos con rencor? Sin embargo, José demostró tener el
corazón sano y les extendió perdón y misericordia. El Señor
desea que pase lo que nos pase, seamos capaces de
manifestar los frutos de Su presencia.

La historia de José, presenta también una visión


increíble de cómo Dios soberanamente obra para vencer el
mal y llevar a cabo Su plan. Después de todos sus
sufrimientos, José fue capaz de ver la mano de Dios
obrando y dijo: “Nadie es culpable de todo esto, para
preservación de vida me envió el Señor…” El no dijo que
sus perversos hermanos lo habían mandado a Egipto, sino

78
que el Señor lo había permitido. José pudo comprender que
nada de lo sucedido fue el resultado de la casualidad.

La única manera de salvar al mundo del hambre, y a


toda la familia de Jacob, era que José pasara el desprecio y
el dolor. José no renegó de eso, comprendió que era
inevitable. Tampoco olvidó sus sueños de gobierno, por eso
sabía que al final lograría romper los límites y glorificar a
Dios.

Al principio de este capítulo, cité 2 Corintios 4:16 al


18 porque contiene una hermosa expresión del apóstol
Pablo, quién también, a través de su vida y de sus
aflicciones, nos dejó muchos ejemplos de cómo romper los
límites inevitables que presenta la vida. Ciertamente la
gracia de Dios fue muy abundante con un hombre como
Pablo, que antes de conocer al Señor fue perseguidor de la
Iglesia. No solo recibió gracia para ser salvo, sino que
además, fue comisionado por Dios para servirlo y hacer
cosas extraordinarias en favor del Reino.

Cuando el Señor lo envió a Ananías para ungir a


Pablo, le expresó claramente lo que acontecería con él: “El
Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste,
para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de
reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré
cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos
9:15 y 16). Y ciertamente fue así, Pablo nunca dejó de

79
padecer por la causa de Cristo, era inevitable que así fuera,
porque el Señor ya lo había anticipado. No había otra
opción, no había una posibilidad de que Pablo no tuviera
que pasar por el fuego del dolor. Jesús ya lo había dicho, y
era inevitable esta cuestión.

Aun así, Pablo fue un hombre absolutamente


comprometido con Dios. En Filipenses 1:12 al 14, él
escribió desde la cárcel: “Quiero que sepáis, hermanos,
que las cosas que me han sucedido, han redundado más
bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis
prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el
pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los
hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones,
se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor”.

A pesar de sus circunstancias, Pablo alabó a Dios y


continuamente compartió las buenas nuevas del Reino,
incluso a través de sus dificultades y sufrimientos. Pablo
entregó su vida plenamente al Señor, y en todo tiempo
confió en Él para todo lo que hizo y dijo. Es cierto que su
vida había sido más cómoda antes de conocer al Señor, pero
la consideró más bendecida con Él, a pesar de todas las
adversidades que tuvo que enfrentar.

Nosotros en ocasiones no comprendemos lo


inevitable. Pensamos y procuramos encontrar los motivos
de cualquier adversidad que debemos enfrentar. Nos

80
frustramos y buscamos explicaciones de toda aflicción,
pero la verdad es que por más que tratemos de vivir
absolutamente comprometidos con Dios y vivir en la
plenitud de la fe, hay cuestiones que son inevitables.

Cuando una situación de dolor nos asalta, solemos


recibirla como un impacto novedoso y desconcertante, pero
la verdad es que para Dios no hay sorpresa en el asunto. Él
ya sabe de antemano si debemos pasar por el fuego, Él ya
sabe cuándo y cómo seremos probados por alguna causa, no
hay sorpresas para Dios. Es por eso, que no debemos
claudicar ante las pruebas. La revelación de Su persona
hace inevitable el avance y no hay límite que no podamos
atravesar. Debemos estar seguros, que si Él permite un
proceso determinado, nos respaldará con Su sabiduría, con
Su fuerza y con el poder de Su precioso Espíritu Santo.

“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las


tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce
paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba,
esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que nos fue dado…”
Romanos 5:3 al 5

Los mayores límites que podemos romper en la Fe,


nunca serán el fruto de nuestras virtudes sino el obrar de
Cristo en nosotros. Nadie osaría gloriarse en una

81
tribulación, a menos que una revelación mayor, le permita
comprender las ganancias que hay en la misma.

Quienes hemos conocido el verdadero amor de Dios,


no tenemos opciones ante el dolor. Su amor hace inevitable
que avancemos, aun ante las tormentas más salvajes de la
vida. Puede que lloremos mucho, que el quebranto destruya
nuestra sustancia (Job 30:22) pero es inevitable avanzar por
causa de Su amor revelado.

Otra cosa que nos hace romper los límites inevitables


de los procesos, es la revelación del poder que actúa en
nosotros, por causa de nuestra debilidad. Hay quienes
pretenden hacerse fuertes ante las pruebas para no
abandonar la fe, pero no debe ser así. Cuando alguien
pretende avanzar con sus propias fuerzas se frustrará, se
agotará y si algo consigue creerá que lo hizo para Dios. La
falta de dependencia puede hacerlo reprobar el momento, al
no atravesar los límites a la manera de Dios.

Sin embargo, quienes aprendan a reconocer su


debilidad, comprenderán y verán el poder de Dios actuando
en sus vidas. Pablo lo dijo así: “…Por amor a Cristo me
gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en
persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil,
entonces soy fuerte…” (2 Corintios 12:10).

82
Nadie se goza en debilidades, en afrentas, en
necesidades, en persecuciones y en angustias, a menos que
en la debilidad haya aprendido a recibir la fuerza del Señor
y en tal caso, es inevitable gozarse en lugar de murmurar.
La revelación de la vida, el amor y el poder del Señor, hacen
que seamos capaces de romper aquellos límites que no
podemos evitar, porque están ahí, y seguro son permitidos
para alabanza y gloria del Señor.

“No que seamos suficientes en nosotros mismos para


pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que
nuestra suficiencia proviene de Dios…”
2 Corintios 3:5 y 6

83
Capítulo seis

El desafío
De avanzar

“Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, y les


dijo: Este día soy de edad de ciento veinte años; no
puedo más salir ni entrar; además de esto Jehová me ha
dicho: No pasarás este Jordán. Jehová tu Dios, él pasa
delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y
las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti,
como Jehová ha dicho. Y hará Jehová con ellos como
hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su
tierra, a quienes destruyó. Y los entregará Jehová
delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo
que os he mandado. Esforzaos y cobrad ánimo; no
temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios
es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará…”
Deuteronomio 31:1 al 6

Cuando hablamos de romper límites, es imposible


ignorar la historia más popular, desafiante y ejemplar de la

84
Biblia, como es la liberación, el peregrinaje y la conquista
de la tierra por parte de los hebreos. Es una historia tan clara
para exponer la obra de Dios, el trato con su pueblo y las
limitaciones humanas, que es imposible no recurrir a ella a
la hora de dar enseñanzas de fe.

Notemos que en la salida de Egipto, los límites los


rompe Dios, no los rompe Moisés, ni los rompen los
hebreos. El Señor había mandado a Moisés ante faraón y lo
desafió a través de cada una de las plagas que conocemos,
pero ninguna de esas plagas logró romper los límites de la
esclavitud.

Sin embargo, no fue con la vara de Moisés, sino con


la sangre de corderos, que el Señor liberó a su pueblo
después de que la muerte pasara sobre Egipto, matando a
todos los primogénitos. Fue el Señor quién hizo que los
egipcios entregaran todo el oro a los hebreos, y fue el Señor
quién los guardó en la persecución final, hasta abrir el mar
y hacerlos pasar en seco.

El destino era la tierra de Canaán, pero el Señor no le


hizo tomar a Moisés la ruta más corta, porque deseaba tratar
con el corazón de Su pueblo. Podrían haber atravesado la
vasta región central de la península del Sinaí para llegar
prontamente, pero el Señor condujo al pueblo hacia el sur
por la angosta llanura litoral, en donde comenzaron un largo
peregrinaje.

85
Cuando erigieron el primer campamento en Marah,
el Señor convirtió el agua amarga en dulce para que
pudieran beber sin contaminarse. Les puso una nube para
protegerlos del sol, y una columna de fuego para
protegerlos del frio nocturno, a la vez que cada día comenzó
a alimentarlos con maná. Sin embargo, después de partir de
Elim, murmuraron por causa del alimento, y Dios les dio
codornices, con lo cual quedó en claro la codicia del pueblo,
ya que muchos murieron por esa causa.

En Refidim volvieron a quejarse por el agua. Moisés


los condujo a las montañas que se alzaban más al sur y los
hizo acampar al pie del monte Sinaí. Allí el pueblo recibió
la Ley, construyó el tabernáculo y ofreció sacrificios, pero
también fue el lugar donde fabricaron de manera muy
provocativa un perverso becerro de oro, que desató el juicio
de Dios y la muerte de unas tres mil personas.

En el segundo año se dirigieron al norte a través del


desierto grande, y llegaron a la zona de Cadés-barnea
(Deuteronomio 1:1 y 2). Cada vez que Dios los probaba,
el pueblo murmuraba, así hubo críticas a Moisés, rebeliones
y juicios. Y lo peor, es que al inspeccionar la tierra, los
espías entregaron un temeroso informe, que paralizó el
corazón de los hebreos, quienes se negaron a avanzar.

Por ese informe y por la actitud incrédula de los


hebreos, vagaron treinta y ocho años sin poder entrar en la

86
tierra prometida (Números 13 y 14). Cuando por fin llegó
el momento de que se encaminaran nuevamente a la tierra,
no marcharon directamente al norte, sino que rodearon el
Edom para subir por el camino del rey Sehón (Números
21). Para toda una nación que llevaba consigo niños,
animales y tiendas, no fue una senda fácil de recorrer, pues
su trazado descendía serpenteando valles y peligrosos
desfiladeros.

Las lecciones fueron muchas durante esos años, y los


violentos murmuradores fueron muriendo, no sin antes
causar muchos problemas. Los hebreos no fueron capaces
de romper los límites del desierto. Incluso, tentando de tal
manera a Moisés, que, siendo un hombre manso, terminó
pegándole a la piedra para que mane agua, y acabó mirando
la tierra de lejos y sin poder entrar.

Antes de morir Moisés les dijo, “este día soy de edad


de ciento veinte años, no puedo más salir ni entrar, además
de esto, Dios me dijo que no pasaré este Jordán. Él los
introducirá a ustedes, Él destruirá a estas naciones que están
ocupando la tierra, y ustedes la heredarán como Dios lo ha
prometido. Josué será el líder de ahora en adelante, ustedes
esfuércense y cobren ánimo, no teman, ni tengan miedo de
ellos porque Dios es el que va con ustedes, Él no los dejará,
ni los desamparará” (Deuteronomio 31:1 al 6).

87
El tiempo había llegado, la condena para los
murmuradores había terminado, el Señor estaba abriendo
nuevamente la oportunidad de tomar la tierra de la
bendición. Amados, hay tiempo y hay oportunidades en la
vida que no debemos desaprovechar. Los hebreos que
salieron de la esclavitud, tuvieron su oportunidad, pero no
fueron capaces de romper los límites del desierto, ahora
Dios les estaba entregando la oportunidad a sus hijos.

Con esto debemos apreciar que Dios, no cancela


planes, más bien espera generaciones que logren interpretar
su corazón para obedecerlo. Salomón escribió en el libro de
Eclesiastés: “Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los
ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los
sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los
elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen
a todos…” (Eclesiastés 9:11).

Los hebreos no necesitaban ser ligeros, ni fuertes, ni


sabios, ni prudentes, bastaba con el simple hecho de creerle
a Dios, y habiendo sido testigos de todas sus obras de
liberación, obedecerle sin límites. No había más demanda
para ellos, porque venían de cuatrocientos treinta años de
esclavitud, solo debían creer, pero no lo hicieron, y Dios no
estuvo dispuesto a soportar las críticas y las murmuraciones
constantes.

88
De hecho, cuando lo cansaron el Señor había dicho:
“¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta
cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho
en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los
destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más
fuerte que ellos” (Números 14:11 y 12). El autor a los
hebreos también escribió al respecto: “¿Y con quiénes se
enojó Dios durante cuarenta años? ¿No fue acaso con los
que pecaron, los cuales cayeron muertos en el desierto?
¿Y a quiénes juró Dios que jamás entrarían en su reposo,
sino a los que desobedecieron? Como podemos ver, no
pudieron entrar por causa de su incredulidad” (Hebreos
3:17 al 19).

Dura cosa debe ser, que Dios esté disgustado por


tantos años a causa de la incredulidad. Es claro que la
incredulidad es uno de los peores pecados para los hijos de
Dios, porque es lógico que la puedan sufrir los impíos, pero
es inaceptable para quienes hemos recibido Su gracia,
hemos conocido Su amor, y hemos recibido pruebas de Su
ser y Su hacer. No hay excusa para nosotros, la incredulidad
y la murmuración es muy ofensiva contra nuestro Padre.

Hoy en día, podemos decir que no venimos de una


esclavitud en Egipto, pero venimos de una esclavitud
espiritual a manos de las tinieblas. Dios nos alcanzó con Su
gracia, nos ha mostrado Su amor, y no nos libró con la
sangre de algunos animales, sino con la preciosa Sangre de

89
Jesucristo. Él nos liberó, y desde entonces, nos habla
permanentemente, tratando con nuestro corazón, para que
creamos y cultivemos la actitud de fe, de avance y de
conquista, no debemos despreciar eso.

Debemos ser atrevidos en la fe, debemos aceptar el


desafío de romper los límites de las tinieblas. Ahora
estamos en Cristo, ahora estamos en la Luz, no hay excusa
para nosotros. Alguien le tiene que creer a Dios en esta
generación. El mismo autor a los hebreos nos advierte sobre
ello: “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes
tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga
apartarse del Dios vivo. Más bien, mientras dure ese hoy,
anímense unos a otros cada día, para que ninguno de
ustedes se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos
3:12 y 13).

En una ocasión, yo estaba dando una enseñanza al


equipo de liderazgo de la Iglesia que pastoreaba en esa
época. Los estaba incentivando a la acción, los estaba
desafiando a tener una actitud de avance, para tomar todo
lo que Dios deseaba darnos como congregación, y en favor
de la ciudad que deseábamos conquistar.

Yo les estaba recordando también, todas las palabras


proféticas que habíamos recibido para nuestro ministerio.
Entonces, una hermana levantó su mano y me dijo: “Pastor,
quédese tranquilo, si Dios dijo todas estas cosas, Él no nos

90
ha mentido, y todo lo que dijo se cumplirá…” Yo la miré
algo molesto, porque yo no estaba dudando de las palabras
recibidas, ni de las promesas de Dios, yo estaba apuntando
a nuestra actitud.

Entonces le dije nombrándola: “Yo no tengo dudas,


que todo lo que Dios dijo se cumplirá… Yo no tengo dudas
de lo que Él quiere hacer con esta ciudad, lo que estoy
tratando de hacerles entender, es que, si nosotros no
hacemos lo que debemos, Dios lo hará con otra gente, Dios
no cancela planes, pero espera a quienes los entiendan y
ejecuten Su propósito con fe…”

La pasividad, la pereza o la incredulidad, no cancelan


los planes de Dios, todo lo que Él dijo hará. Lo que debemos
comprender es que tiempo y ocasión acontecen a todos, y
no debemos desaprovecharlos cuando lleguen a nuestras
vidas.

Unos años después, yo fui dirigido por Dios a


entregar esa obra, y gracias a Dios aún siguen trabajando,
pero debo decir con tristeza, que algunos de los que estaban
presentes en esa enseñanza, no solo se fueron, sino que hoy
en día, ni siquiera se están congregando en algún lugar.

Permanecer en la fe es bueno, pero romper límites es


mucho mejor. Yo conozco gente que se conforma con decir
que creen en Dios, que no han perdido su fe, o que llevan

91
años congregándose de forma muy perseverante, y eso es
bueno, pero son gente que nunca rompen límites, nunca se
atreven a ir por más, y por tal motivo, sus vidas se vuelven
monótonas en la fe.

Estos llegan a creer que la vida cristiana es lo que


viven, pero no comprenden que vivir en Cristo, es
apasionante y es el desafío más extraordinario que alguien
pueda recibir. Quienes no se atreven a romper los límites
del compromiso, nunca experimentan eso, solo dan vuelta
año tras año, viviendo en provisión, pero sin entrar a las
dimensiones de bendición que Dios propone.

“En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos


afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos
de Israel. Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó
a los hijos de Israel en el collado de Aralot. Esta es la
causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo
que había salido de Egipto, los varones, todos los
hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el
camino, después que salieron de Egipto. Pues todos los
del pueblo que habían salido, estaban circuncidados;
más todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el
camino, después que hubieron salido de Egipto, no
estaba circuncidado. Porque los hijos de Israel
anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que
todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto
fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz

92
de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría
ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres
que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. A los hijos
de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué
los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no
habían sido circuncidados por el camino. Y cuando
acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en
el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron. Y
Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el
oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar
fue llamado Gilgal, hasta hoy”
Josué 5:2 al 9

La circuncisión fue señal de pacto y no es otra cosa,


que la extirpación quirúrgica del prepucio de un varón. La
palabra circuncidar significa literalmente “cortar
alrededor”. La circuncisión era necesaria para todos los
descendientes de Abraham como una señal del pacto que
Dios hizo con él (Génesis 17:9 al 14). La ley mosaica dada
en el Sinaí repitió la exigencia (Levítico 12:2 y 3) y los
judíos a lo largo de los siglos, han seguido la práctica de la
circuncisión hasta nuestros días.

Nosotros no necesitamos hacer eso, ya que, en el


Nuevo Pacto la circuncisión es la del corazón (Romanos
2:29) pero en esa época era absolutamente necesaria. Todos
los varones que habían salido de Egipto estaban
circuncidados, más todo el pueblo que había nacido en el

93
desierto durante el largo peregrinaje, no estaban
circuncidados.

Esta generación, fue la que recibió una nueva


oportunidad, y ellos aceptaron el desafío. Ellos no quisieron
ser como sus padres, que habían dado vueltas por el desierto
cuarenta años. Estos jóvenes, desde su nacimiento habían
oído de una tierra prometida por Dios, de una tierra de
abundancia que los esperaba. Gilgal significa “Rodar”,
ellos querían dejar de rodar como sus padres.

Así también, durante todos esos años habían visto la


nube, la columna de fuego, el maná, el agua saliendo de la
roca y la mano de Dios en todo momento. Ellos conocían la
historia y veían a Dios moverse cada día. Ellos no querían
seguir dando vueltas, sino que determinaron entrar a la
tierra, rompiendo los límites del temor y las
murmuraciones.

Consideremos que no eran bebés, lo cual es mucho


más conveniente. No porque los bebés no sufran cuando los
circuncidan, sino porque con el tiempo, no les queda el
trauma de ese recuerdo. Ellos eran jóvenes, y algunos
hombres de casi cuarenta años. No debe haber sido fácil
enfrentar la obligación de circuncidarse, como prueba de
estar dispuestos a caminar en pacto con Dios.

94
Amados, nosotros hemos visto a la iglesia dando
vueltas y vueltas durante las últimas décadas. No
necesitamos recorrer toda la historia de la Iglesia, basta con
analizar las últimas décadas, donde lo apostólico y lo
profético, comenzó a plantear reformas para avanzar y
conquistar posiciones y enfrentar eficientemente los
tiempos del fin, sin embargo, a pesar de eso no hemos
producido verdaderos avances de influencia en la medida
de la revelación recibida.

Los movimientos del Espíritu, las manifestaciones de


poder y las palabras entregadas por Dios en estas últimas
décadas, han sido gloriosas. Lamentablemente creo que nos
estamos quedando en pasividad. Hemos celebrado la
liberación de toda estructura religiosa, y aun celebramos
cuando eso sucede, pero no estamos rompiendo los límites
de las verdaderas dimensiones espirituales que Dios
propone.

No debemos claudicar, no debemos ser como


aquellos que no desean cambiar, como aquellos que se
aferran a su teología y no desean ir por más, aquellos que
se sienten seguros en sus instituciones y con sus esquemas
de trabajo, y no asumen la necesidad de romper todo
aquello que Dios pretende, para ir en busca de las riquezas
del Reino.

95
Es cierto que a estos hebreos les dolió la circuncisión,
es cierto que no pudieron avanzar hasta que no sanaron.
Casi que me cuesta imaginar esos momentos, pero sin
embargo estaban determinados. Hoy puede que duela dejar
de lado aquello que hemos asumido durante muchos años,
puede doler, el tener que hacer algunos cambios, el
renunciar a todo lo que Dios demanda, pero es necesario, si
es que queremos romper los límites de la religiosidad.

Alguien debe estar dispuesto a asumir el dolor de la


carne ante un Pacto del Espíritu. Alguien debe estar
dispuesto a enfrentar el desafío de cruzar el Jordán de las
dimensiones espirituales.

“Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron


la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los
llanos de Jericó. Al otro día de la pascua comieron del
fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo
día espigas nuevas tostadas. Y el maná cesó el día
siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la
tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná,
sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán
aquel año…”
Josué 5:10 al 12

El pueblo celebró nuevamente la Pascua, que


significa “pasar”, cosa que sus padres habían hecho al salir
de Egipto, la muerte pasó y la sangre los cubrió, entonces

96
ellos pasaron de la esclavitud a la libertad. Ahora, cuarenta
años después nuevamente conmemoran el “pasar”, solo que
ellos estaban a las puertas de pasar hacia la tierra de la
bendición.

Nuestra Pascua es Jesucristo, Él derramó Su sangre


para que nosotros podamos pasar de la muerte a la vida, de
la maldición a la bendición, de la esclavitud a la libertad
gloriosa. Ahora es tiempo de hacer memoria, ya no implica
para nosotros una liturgia de culto, sino la fe en la obra
consumada de Cristo, para que nos atrevamos a pasar a
nuevas dimensiones espirituales.

No estoy hablando de mística, sino de productividad


de Reino. No estoy hablando de extrañas manifestaciones,
estoy hablando de un pueblo bajo gobierno del Espíritu
Santo. De hecho, los hebreos recibían maná que les caía del
cielo, pero cuando se atrevieron a romper los límites del
Jordán, tuvieron que cultivar la tierra.

Amados, la provisión es buena, porque demuestra la


mano de Dios sobre nuestras vidas, pero la bendición es el
resultado de haber creído, es el resultado de la
productividad. Hay una fe para recibir el pancito, pero hay
una fe que debe gestionarse para la productividad en la
tierra, y Dios desea llevarnos a ese nivel.

97
Romper los límites es determinar, es observar
atentamente la historia de Israel, la historia de la Iglesia y
de las últimas décadas, para entonces, sacar conclusiones
prácticas y asumir los cambios que debemos gestionar.
Recuerden que Dios no cancela planes, solo espera
generaciones.

Ruego a Dios, que seamos esa generación entendida.


Ruego a Dios no pase de nosotros en busca de gente de
mayor compromiso y fe. Ruego que podamos ser nosotros
quienes abracemos la dirección profética y ajustemos
nuestras vidas para romper los límites de la religión, para
entrar en mayores dimensiones del Reino.

“Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por


asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió.
Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de
par en par las puertas del Reino eterno de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo…”
2 Pedro 1:10 y 11

98
Capítulo siete

Rompiendo Los
Límites De la muerte

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh


sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el
pecado, y el poder del pecado, la ley.
Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria
por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
1 Corintios 15:55 al 57

La muerte, no es otra cosa que el límite que recibió


la vida del hombre, por causa del pecado (Génesis 3:19).
La idea primaria de Dios, era un hombre que viviera sin
límites, pero como analizamos en el segundo capítulo de
este libro, cuando la serpiente rompió los límites en la
mente y el corazón de Eva, ella y Adán, rompieron los
límites que Dios les había puesto. Esto hizo que Dios les
pusiera otros límites relacionados con Su presencia y con la
vida misma.

99
Uno de esos límites, consistió en no permitirles entrar
nuevamente al Edén, donde estaba la bendición del Reino,
y otro límite fue el de la vida, ya que desde entonces, la vida
de los seres humanos tiene un límite natural. La paga del
pecado es muerte (Romanos 6:23) y como todos pecamos,
la muerte se ha cobrado su derecho desde el principio
mismo de la humanidad.

La afirmación de Pablo respecto de la victoria sobre


el aguijón de la muerte y el sepulcro, se refiere
puntualmente a la resurrección de Jesucristo, quién también
dijo: “Soy el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que
vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves
de la muerte y el Hades…” (Apocalipsis 1:18).

Las llaves no solo son un símbolo de autoridad, sino


que son el elemento clave para romper un límite cerrado.
Cuando alguien cierra con llave una puerta, está poniendo
un límite de acceso a quién pretenda entrar, pero el que
posee la llave, tiene la autoridad y la posibilidad de romper
ese límite cuando guste. Jesús tiene las llaves y no hay
límites para Él. Su conquista sobre la muerte fue
permanente y eterna.

La resurrección de Jesús fue un rompimiento


absoluto a los límites de la muerte. En los días de su carne,
Jesús jamás pecó, por lo cual la muerte no tuvo nada que
cobrarle y no lo pudo retener. Pedro escribió: “por cuanto

100
era imposible que fuese retenido por ella…” (Hechos
2:24). La muerte de Jesús fue un sacrificio voluntario por
nuestro pecado, y dada Su perfección sin pecado, le siguió
lógicamente Su resurrección. Él dijo: “Pongo mi vida, para
volverla a tomar…” (Juan 10:17).

Esa victoria de Jesucristo sobre la muerte, tiene


consecuencias eternas para nosotros. La buena noticia del
evangelio del Reino, radica justamente en la victoria sobre
la muerte. Sin la resurrección, no habría una buena noticia.
En realidad no habría ninguna esperanza para nosotros. El
apóstol Pablo escribió: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es
vana; aún estáis en vuestros pecados…” (1 Corintios
15:17).

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de


nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las
aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,
quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no
conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo
y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los
tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido
manifestada por la aparición de nuestro Salvador
Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y
la inmortalidad por el evangelio…”
2 Timoteo 1:8 al 10

101
El hecho de que Cristo haya vencido a la muerte
significa que nosotros, quienes hemos sido alcanzados por
Su gracia, también hemos recibido la victoria sobre la
muerte. Como bien diría Pablo: “Somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó…”
(Romanos 8:37).

Pablo también dijo que Jesucristo es primicia de los


que durmieron (1 Corintios 15:20) lo que significa que la
resurrección de Jesús es la primera de las muchas que
vendrán. Todos los creyentes que han muerto, o como dice
1 Tesalonicenses 4:13 los que “duermen”, resucitarán en el
día de la resurrección de los muertos, y nosotros, si aún
estamos vivos, seremos transformados, recibiendo un
cuerpo de resurrección, un cuerpo eterno. Jesús prometió a
todos los que hemos creído: “Porque yo vivo, vosotros
también viviréis…” (Juan 14:19).

Cuando Jesucristo venció la muerte eliminó su


aguijón, es decir, ya no seremos juzgados conforme a
nuestros pecados, sino que estaremos ante Dios revestidos
de la Justicia de Cristo. Por eso, podemos estar seguros que
no sufriremos condenación. Hay quienes creen que
podemos perder esa maravillosa gracia, pero no es así. Les
recomiendo leer mi libro titulado: “Salvados por Su gracia”,
donde desarrollo de manera profunda este concepto.

102
Cristo ha recibido nuestra pena de muerte por el
pecado, es decir el día que Él murió, nosotros morimos en
Él, y el día que Él resucitó, nosotros resucitamos en Él para
vida nueva (Romanos 6:4 y 5). A través de Su muerte,
hemos quebrado los límites de la muerte (Apocalipsis
20:14).

Nosotros solo debemos mantenernos firmes en las


palabras de nuestro Señor: “Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo
aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente…”
(Juan 11:25 y 26). Ahora bien, veamos las implicancias de
esto durante los días de nuestra carne.

Es claro que al morir, romperemos definitivamente


los límites de la muerte, porque lo que sabemos y tenemos,
será una realidad absoluta, y entraremos en la plenitud de
las dimensiones de la eternidad. Algo que ya poseemos,
pero se volverá una verdad palpable y absoluta. Mientras
tanto, debemos comprender como romper en la fe, los
límites de la muerte de nuestro “Yo”.

El Reino sin dudas tiene un diseño maravilloso y


lleno de gracia. Para que el Espíritu Santo pudiera habitar
en nosotros, Jesucristo tuvo que ir a la cruz, y para que
nosotros podamos permanecer en la vida de Cristo, tenemos
que tomar nuestra cruz cada día negándonos a nosotros
mismos. Esto es glorioso, porque la cruz produce muerte y

103
la muerte asumida en la negación, nos permite romper los
límites para la vida de resurrección.

“En esto conocemos que permanecemos en él,


y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha
enviado al Hijo el Salvador del mundo.
Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios,
Dios permanece en él, y él en Dios”
1 Juan 4:13 al 15

El evangelio del Reino tiene un ir permanente hacia


la cruz, pero sólo para entrar en las dimensiones de la vida
de Cristo y vivir en el poder de la resurrección. No debemos
practicar por la fe el ir permanentemente a la cruz sin vivir
en el poder de la resurrección, porque es en esta dimensión
en la cual podemos manifestar gobierno y autoridad. Hay
denominaciones que predican continuamente el mensaje de
la cruz y está muy bien, el problema es si después de eso,
no predican Reino, porque morir no tiene sólo como
objetivo el ser salvos, sino el vivir en la plenitud de una
nueva vida recibida en la regeneración.

Los hermanos que viven tomando la cruz, que viven


negándose cada día y no gobiernan nada, son hermanos sin
gozo. Ellos no pueden explicarlo, pero saben que no tienen
la plenitud que la Biblia propone, solo terminan aceptando

104
que dicha plenitud vendrá con su muerte definitiva y eso es
triste, porque se están perdiendo lo mejor del evangelio del
Reino, que es vivir en el poder de la resurrección.

Negarnos cada día, despojarnos del viejo hombre,


tomar nuestra cruz y seguirlo, es muerte (Mateo 16:24 al
25) es necesario romper ese límite, pero sólo para ingresar
a la vida de poder que propone el Reino.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo


yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la
carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y
se entregó a sí mismo por mí”
Gálatas 2:20

La legalidad manifiesta el derecho de pertenencia. Es


ilegal que procuremos hacer manejo de algo que no nos
pertenece. La legalidad del Reino funciona en Cristo. Si
vivimos en Él, tenemos todo lo que Él tiene y somos todo
lo que Él es, pero si no sabemos morir, no podremos vivir
en Sus virtudes.

Con Cristo debemos tener la capacidad de renunciar


a nuestra independencia y eso es muerte, ya que sólo puede
ser producido a través de la cruz. Ahora buscamos ser
gobernados por el Señor y eso sólo es posible por la vida de
resurrección. Con la vida de Jesús aprendemos de qué

105
manera negaba su voluntad aceptando siempre la perfecta
voluntad del Padre.

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo,


así juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad
del que me envió, la del Padre”
Juan 5:30

Incluso en el Getsemaní Jesús dijo: “Padre hágase


tu voluntad y no la mía…” Dando una clara evidencia de
negación. Él no dijo: “Padre tengo tu misma voluntad, así
que adelante con la cruz…” El reconoció no desear el
sufrimiento que se le venía. Es lógico que haya pensado así,
sin embargo renunció a sus confundidos sentidos y se
entregó con confianza a los brazos del Padre, que sabía muy
bien que era lo mejor. Eso no es nada más y nada menos,
que romper los límites de los sentidos personales, para ser
llevado a un nuevo nivel.

Morir cada día, nos evitará tratar de educar a la vieja


naturaleza, ya que ésta, está destinada a fracasar. Debemos
procurar que Cristo sea formado en nosotros (Gálatas 4:19)
porque ése es el nuevo hombre, creado según Dios, en la
justicia y santidad de la verdad (Efesios 4:24). Romper el
límite de la muerte, para ingresar a la vida de Cristo es
nuestro mayor desafío.

106
La iglesia no logrará manifestar plenitud educando a
pecadores, la iglesia se manifestará de manera efectiva
madurando a los santos renacidos, eso es romper los límites
de la muerte. La religión trabaja con los esforzados
pecadores que no mueren, sino que persisten en funcionar
en sus propias fuerzas. El Reino por su parte, solo puede
manifestarse a través de la entrega de los santos renacidos.

“Y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va


renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme
a la imagen de aquel que lo creó”
Colosenses 3:10

Estamos en el mundo para que Cristo sea


magnificado en nosotros. No estamos para otra cosa. El
éxito natural ante la sociedad es algo secundario. Casarnos
o no casarnos es secundario. Ser completamente felices o
no ser felices en la tierra es secundario; todas estas cosas
pueden trascender sólo si son parte del propósito eterno en
Cristo. Que se cumplan nuestros proyectos o no, no es lo
más importante, lo trascendente es que podamos consumar
diligentemente nuestro rol, dentro del magno propósito en
Cristo.

La muerte y la resurrección permanecen como un


principio constante en nuestra vida para operar la pérdida
del alma y el surgimiento del Espíritu. En la vida de Reino,
sólo se puede dar fruto después de la resurrección, después

107
de haber recibido la vida de Cristo, sólo Él puede producir
reverdecimiento, nuevas flores, y nuevos frutos en
nosotros. Por eso dijo: “Yo soy la vid y ustedes son las
ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará
mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer
nada” (Juan 15:5 NVI).

Ser cristianos es seguir a Jesús, caminar sus caminos,


pensar como Él, amar como Él. Eso es imposible sin romper
los límites de la muerte de nuestro yo. Sin una comunión
profunda con Cristo es imposible entender Su voluntad,
pensar como Él piensa, amar como Él ama, o perdonar
como Él nos dice que debemos perdonar. Por eso el mensaje
de morir al yo, para permanecer en Él, es imprescindible.
Porque solo Su vida a través de nosotros, es lo que nos
permite hacer la voluntad del Padre y eso es lo que el mundo
desconoce, pero tanto necesita de la Iglesia.

“Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo,


el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en
Cristo, El mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá
y establecerá. A Él sea el dominio
por los siglos de los siglos. Amén”
1 Pedro 5:10 y 11

Dar frutos para Dios, en el Reino significa manifestar


a Cristo. Es por eso que algunos no comprenden la vida
cristiana. Piensan que si creen en Dios todo les tiene que

108
salir bien, sin embargo, como hemos visto anteriormente,
es posible que, viviendo el Reino, suframos grandes
adversidades, pero, aunque no comprendamos eso, la
aflicción produce muerte y en eso viene la vida.

Los apóstoles del primer siglo, comprendieron esta


situación y por tal motivo alentaron a los cristianos en sus
días, porque sabían que estaban padeciendo persecución,
por eso les enseñaron que simplemente estaban siendo
impulsados por el dolor, para expresar a Cristo como su
mayor gloria.

Seguramente Dios ha tenido que tratar con algunos


de nosotros con cierto rigor, llevándonos por sendas
difíciles y aun dolorosas, a fin de reducirnos a esta
condición, pero en realidad, todo verdadero siervo de Dios
tiene que sentir alguna vez ese debilitamiento del cual
nunca se puede recuperar; y jamás volver a ser el mismo.
Es lo que la Biblia considera la muerte del yo. Es decir,
cuando comprendemos que no podemos más, que somos
débiles y nos humillamos reconociéndolo, entonces sólo
queda Cristo, y es ahí cuando rompemos los límites de la
muerte para evidenciar Su vida.

Cuando pasamos procesos, la ley de la muerte puede


operar generando crisis en nuestra vida natural, pero cuando
esto ocurre descubrimos que Dios nos está haciendo
experimentar el poder de la resurrección.

109
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo
no cae en la tierra y muere,
queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece
su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará”
Juan 12:24 y 25

Todas las personas de carne y hueso somos débiles,


pero no todos somos conscientes de nuestra debilidad. Esto
sucede porque algunos no tienen temor de Dios, sufren
procesos demoledores, pero no reconocen nada. Una
persona débil que ve el peligro huye o pide ayuda, porque
es consciente de su limitación, pero el que se cree fuerte,
tiene grandes pensamientos sobre sí mismo y avanza
creyendo que podrá. A estas personas el Señor les tiene que
procesar mucho más, para que reconozcan que no es con
sus fuerzas sino con el Espíritu y el poder de Dios
(Zacarías 4:6).

He conocido casos de hermanos que son


admirablemente fuertes, pero al final nunca permiten que
Dios se glorifique en ellos. Todo lo hacen con sus propias
fuerzas, incluso obran en el nombre de Jesús, pero no
manifiestan a Cristo, porque no saben romper los límites de
la muerte, para vivir la plenitud de Su vida. Pablo dijo:
“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro

110
Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a
mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

Si somos conscientes de nuestra debilidad, seremos


también humildes y recibiremos gracia. Así nos volveremos
fuertes en Dios, porque Su poder se perfecciona en nuestra
debilidad. Pero también huiremos de todo y de todos los
caminos que puedan atraernos al mundo y sus deseos, y
seguiremos la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que
de corazón limpio invocamos al Señor (2 Timoteo 2:22).

El Señor quiere enseñarnos a depender de Él para


caminar victoriosos en la vida. Debemos comprender que
nuestros deseos carnales, nuestros pensamientos
pecaminosos, procuran llevarnos fuera de la voluntad de
Dios y su propósito. Él nos procesa, nos enseña y nos
exhorta a no dejarnos llevar por las pasiones del alma
despojándonos de la vieja naturaleza.

“si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él


enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del
viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos
engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios
en la justicia y santidad de la verdad”
Efesios 4:21 al 24

111
Él nos manda a quitarnos lo terrenal, como quien
puede quitarse una ropa o un vestido. Sencillamente nos
manda a despojarnos del ser pecaminoso y carnal. Debemos
voluntariamente renunciar a la antigua manera de vivir, en
la cual fuimos rebeldes, contumaces, irrespetuosos,
mundanos, groseros, fornicadores, perezosos, iracundos,
peleadores, etc. Eso significa que rechazamos esa vieja
naturaleza de nosotros y en verdad no deseamos volver
atrás, sino que deseamos, romper los límites de la muerte
para poder vivir en las dimensiones de Su Reino.

“Dios les dio nueva vida, pues los resucitó juntamente


con Cristo. Por eso, dediquen toda su vida a hacer lo que
a Dios le agrada. Piensen en las cosas del Reino, donde
Cristo gobierna a la derecha de Dios. No piensen en las
cosas de este mundo. Pues ustedes ya han muerto para el
mundo, y ahora, por medio de Cristo,
Dios les ha dado la vida verdadera. Cuando Cristo
venga, también ustedes estarán con él
y compartirán su gloriosa presencia”
Colosenses 3:1 al 4 VLS.

112
Reconocimientos

“Quisiera agradecer por este libro a mi Padre celestial,


porque me amó de tal manera que envió a su Hijo
Jesucristo mi redentor.
Quisiera agradecer a Cristo por hacerse hombre, por morir
en mi lugar y por dejarme sus huellas bien marcadas para
que no pueda perderme.
Quisiera agradecer al glorioso Espíritu Santo mi fiel
amigo, que en su infinita gracia y paciencia,
me fue revelando todo esto…”

“Quisiera como en cada libro agradecer a mi compañera


de vida, a mi amada esposa Claudia por su amor y
paciencia ante mis largas horas de trabajo, sé que es difícil
vivir con alguien tan enfocado en su propósito y sería
imposible sin su comprensión”

113
Como en cada uno de mis libros, he tomado muchos
versículos de la biblia en diferentes versiones. Así como
también he tomado algunos conceptos, comentarios o
párrafos de otros libros o manuales de referencia. Lo hago
con libertad y no detallo cada una de las citas, porque tengo
la total convicción de que todo, absolutamente todo, en el
Reino, es del Señor.

Los libros de literatura, obedecen al talento y la


capacidad humana, pero los libros cristianos, solo son el
resultado de la gracia divina. Ya que nada podríamos
entender sin Su soberana intervención.

Por tal motivo, tampoco reclamo la autoría o el


derecho de nada. Todos mis libros, se pueden bajar
gratuitamente en mí página personal
[Link] y lo pueden utilizar con toda
libertad. Los libros no tienen copyright, para que puedan
utilizar toda parte que les pueda servir.

El Señor desate toda su bendición sobre cada lector y


sobre cada hermano que, a través de su trabajo, también
haya contribuido, con un concepto, con una idea o
simplemente con una frase. Dios recompense a cada uno y
podamos todos arribar a la consumación del magno
propósito eterno en Cristo.

114
Pastor y maestro
Osvaldo Rebolleda

El Pastor y maestro Osvaldo Rebolleda hoy cuenta con


miles de títulos en mensajes de enseñanza para el
perfeccionamiento de los santos, y diversos Libros de
estudio con temas variados y vitales para una vida
cristiana victoriosa.
El maestro Osvaldo Rebolleda es el creador de la Escuela
de Gobierno espiritual (EGE)
Y ministra de manera itinerante en Argentina
Y hasta lo último de la tierra.

rebolleda@[Link]

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