Realice un breve reporte de lectura respecto al Consejo Nacional de la
Magistratura.
El Consejo Nacional de la Magistratura es el órgano constitucional que se encarga de designar los
jueces de la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Superior Electoral
y sus suplentes. Asimismo, evalúa el desempeño de los jueces de la Suprema Corte de Justicia.
Es el órgano constitucional que se encarga de designar los jueces de
la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal Constitucional y del Tribunal
Superior Electoral y sus suplentes. Asimismo, evalúa el desempeño de
los jueces de la Suprema Corte de Justicia.
Conforme al artículo 178 de la Constitución, está conformado por 8
miembros: el presidente de la República; los presidentes de las
cámaras legislativas; un senador y un diputado que representen la
segunda mayoría en las cámaras legislativas; el presidente de la
Suprema Corte de Justicia; un(a) magistrado(a) de la Suprema Corte
de Justicia, quien funge como secretario del Consejo; y el Procurador
General de la República.
Además de las funciones establecidas por la Constitución, el Consejo
Nacional de la Magistratura está regulado por la Ley núm. 138-11 del
21 de junio de 2011.
Los Consejos de la Magistratura son “comisiones mixtas”, en tanto integradas por representantes de
diferentes estamentos sociales o instituciones que, según cada modelo, están investidas de
atribuciones vinculadas con la designación, contralor, remoción de los jueces y con el gobierno del
Poder Judicial o servicio de justicia.
Tienen origen remoto en las experiencias italianas del siglo xix, pero puede afirmarse que su gran
desarrollo tuvo lugar en la segunda posguerra del siglo xx, fundamentalmente en Italia y Francia, y,
luego, en muchos países, como España, Portugal, Grecia, Turquía, Gabón, Irán o Colombia, entre
otros, obviamente con integraciones y atribuciones muy variadas. Sin perjuicio de lo anterior, creo
que se puede sostener que la institución está emparentada con los sistemas parlamentarios o
semiparlamentarios, aun cuando se haya aplicado a algunos presidencialistas.
Los defensores de la instalación de los Consejos expresan diferentes argumentos. Los principales
fincan en la necesidad de asegurar a los jueces su independencia de los poderes político, económico
y corporativo, como un medio para lograr el fin principal: la imparcialidad del juzgador. Ello
pretende ser logrado mediante un sistema de designación, control y remoción donde a la decisión de
la autoridad política se le suma la ponderación técnica de las aptitudes del candidato. Además,
habitualmente los Consejos poseen atribuciones de administración del presupuesto, lo que se funda
en que los jueces deben dedicarse a impartir justicia en los casos que se les presentan, y no a
administrar recursos. En algunos autores, esta administración de recursos por un organismo ajeno a
las autoridades judiciales propiamente dichas facilita la independencia del juez inferior respecto de
los superiores o de apelación y, asimismo, evita el corporativismo y estimula una carrera judicial por
méritos y no burocrática.