TRABAJO FINAL
Política Social en Argentina
Alumna: Giselle San German
DNI: 34.948.431
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Introducción
En esta era, se evidencia un marcado incremento en la vulnerabilidad tanto social como
territorial, acompañado por un aumento notorio en la violencia y la inseguridad pública.
Estos elementos se traducen en una fuerte disminución en la participación ciudadana en
cuestiones sociales, además de acarrear problemas cada vez más serios en términos de
sostenibilidad medioambiental. Esta incapacidad creciente por parte del Estado puede
ser comprendida bajo los términos que Ulrich Beck (1999) describe como "la economía
política de la inseguridad" y que Zygmunt Bauman (2001) denomina "la economía
política de la incertidumbre". Estos términos hacen referencia a una serie de
regulaciones impuestas por actores financieros y comerciales que operan más allá de las
fronteras, en conjunción con sus homólogos a nivel local. Estas regulaciones están
diseñadas para desmantelar las normas e instituciones defensivas que anteriormente
limitaban las acciones del capital y las finanzas en términos de fronteras y restricciones.
Resulta evidente que en este contexto, justo cuando se anticipa el declive del estado de
bienestar y se equipara la libertad individual con la libre operación del mercado, la
realidad muestra no un panorama lleno de oportunidades para todos, sino más bien una
sucesión de individuos afectados. Las instituciones públicas son las primeras en sufrir,
mientras que aquellos en posiciones diversas a lo largo y ancho de la sociedad forman el
segundo grupo afectado. En un escenario de este tipo, surge una sospecha legítima de
que los amplios discursos contra la pobreza podrían estar enmascarando el papel
desempeñado por los nuevos segmentos empobrecidos en el fortalecimiento del nuevo
orden global. Aquí, se hace referencia a lo que Bauman (2001) denomina "el temor
ambiental", en otras palabras, la pobreza percibida como una amenaza persistente para
aquellos que no son considerados ciudadanos o trabajadores "como nosotros",
representando una amenaza constante para aquellos que no pertenecen al grupo de
pobres.
Los orígenes del Estado de Bienestar pueden remontarse a las primeras políticas de
seguridad y asistencia social implementadas en Europa a fines del siglo XIX. Sin
embargo, el término Welfare State, en contraposición al Warfare State o "estado de
guerra" del nazismo, se popularizó a partir de 1945, cuando la crisis humanitaria
alcanzaba a los devastados Estados-Nación de posguerra y la necesidad de dar respuesta
a los millones de individuos afectados, no figuraba entre las prioridades del mercado.
Los derechos de seguridad social, la sanidad, el empleo, los servicios sociales, el
derecho a la educación, la cultura y otros servicios públicos aplicados al conjunto de los
ciudadanos son los que definen al Estado de Bienestar.
Los derechos económicos, sociales y culturales fueron incluidos en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos (DUDH) de 1948, consagrando en su artículo 22
que dice: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad
social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida
cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos
económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de
su personalidad”.
A continuación expongo un cuadro que arroja el Censo 2022, con la evolución de los
beneficiarios y beneficiarias del sistema previsional: Cuadro 1 (Ver Anexo A)
Sostenibilidad del sistema de jubilaciones: Un alto nivel de informalidad puede ejercer
presión sobre el sistema de seguridad social, ya que menos personas están
contribuyendo a él. Esto puede llevar a problemas de financiamiento y sostenibilidad a
largo plazo.
Desigualdades en la jubilación: La falta de acceso a la seguridad social perpetúa las
desigualdades económicas. Los trabajadores informales tienden a recibir jubilaciones
más bajas o incluso no recibir ninguna, lo que agrava las disparidades en la vejez.
Impacto en la economía: La informalidad también puede tener efectos negativos en la
economía en general, ya que los trabajadores informales pueden tener menos acceso a
capacitación y desarrollo, lo que limita el crecimiento económico.
Además del desempleo, otro rasgo central de la evolución del mercado de trabajo se
caracteriza por un incremento en el nivel de informalidad. El porcentaje de trabajadores
sin cobertura de la seguridad social ha crecido de manera relativamente sostenida
durante todo el período 1980-2000.
La informalidad laboral afecta principalmente a los trabajadores de menores recursos.
Son justamente los más carenciados y sus dependientes los que no acceden a la
cobertura contra vejez, enfermedad, accidente laboral y desempleo. Este es un rasgo
central a considerar en la evaluación de la política social.
Recorrido normativo
El sistema previsional en la Argentina acredita un desempeño coincidente con la
alternancia de políticas, a veces contrapuestas, que obedecen a las distintas filosofías e
ideologías de los gobiernos que se han sucedido en el tiempo.
El sistema de seguridad social se compone sucintamente de dos subsistemas: el de
seguro social con pensiones contributivas, destinado a atender las contingencias de
vejez, invalidez y muerte, y el de asistencia social, no contributivo, destinado a sostener
las necesidades básicas de los sectores vulnerables.
Ver Cuadro 2 en Anexo A.
Informalidad laboral y pobreza
En las primeras décadas del siglo XXI, se retomó el proyecto de un Estado de bienestar
con horizonte de protección social basado en los derechos (Grugel y Riggirozzi, 2018).
El período se acompañó del fortalecimiento de las capacidades estatales para dar
respuesta a los riesgos sociales mediante una expansión significativa de la cobertura del
sistema de protección social. Esto se dio en un contexto donde, siguiendo una etapa de
recuperación de la crisis, entre 2004 y hasta 2011, el país percibió una mejoría
importante de sus términos de intercambio lo que impulsó un fuerte crecimiento
económico en la Argentina y el resto de América Latina (Gasparini et al., 2019). Fue
principalmente el aumento de los ingresos laborales que contribuyó a la caida de la
desigualdad en los 2000, lo que a la vez tuvo impactos positivos en la disminución de la
pobreza (Levy y Schady, 2013; Gasparini et al., 2019; Gráfico 1). Pero también jugaron
un papel significativo los componentes del 12 % de ingreso no laborales mediante la
ampliación de la cobertura de protección social. En la primera década del siglo, la
inversión pública en protección social per cápita aumentó un 54% en Argentina (Florito
y Karczmarczyk, 2020). Algunas medidas que se destacaron por sus efectos positivos en
términos de inclusión social incluyen a las pensiones no contributivas o las moratorias
para que miles de mujeres que no habían podido reunir los aportes para su jubilación
pudieran hacerlo.
El aumento de la pobreza en 2020 puede explicarse principalmente por la caída relativa
y/o absoluta de los ingresos laborales de los hogares durante ese período (Díaz Langou,
et al., 2020). Esta caída fue heterogénea e impactó particularmente a determinados
grupos y sectores. Mera, Karczmarczyk y Petrone (2021) analizan el mercado de trabajo
durante la pandemia y encuentran que el empleo se vio afectado en mayor medida en
los/as hogares con jóvenes de menos de 29 años, los/as trabajadores/as de baja
calificación y los/as asalariados/as informales. En el tercer trimestre del año, el empleo
de las personas con estudios primarios incompletos se redujo en 28% interanual
mientras que en aquellos con estudios universitarios disminuyó un 7,6% (Mera et al.,
2021). Por su parte, el empleo asalariado informal cayó en un 30% frente a una caída de
5,2% del empleo asalariado formal (Mera et al., 2021). Estos tipos de contrataciones
laborales son más frecuentes en los hogares que viven en situación de pobreza, que
además son aquellos que concentran 11 %más personas jóvenes. Previo al impacto de la
pandemia 42% de los/as trabajadores/as en situación de pobreza trabajaba como
asalariado informal frente al 20% del resto de los trabajadores/as (gráfico 4). Más de la
mitad de los/as trabajadores/as que se encontraba fuera de la pobreza trabajaba como
asalariado formal frente a un cuarto de aquellos/as en situación de pobreza
El aumento del trabajo informal, la falta de aportes de los trabajadores autónomos, la
rigidez de la normativa que excluía a quienes habiendo aportado no cumplían con el
mínimo de años requerido, ha derivado en una paulatina caída de la cobertura en
mayores de 60 años, así como en fuertes desequilibrios regionales respecto a los
alcances de los beneficios previsionales (cfr. Rofman y San Martino, 2000). Esto se fue
profundizando a lo largo de los años entrando a la segunda década de los dosmil
empeoró. Hasta la situación actual, donde los números reflejan crecimiento del empleo
registrado y aun así la pobreza no decrece. Y los trabajos relacionados a las nuevas
tecnologías hacen flaquear al sistema previsional, cuya única respuesta hasta el
momento es la adhesión a la figura del monotributo.
Conclusiones
Para reducir la tasa de informalidad en jubilaciones, se requieren políticas que
promuevan la formalización del empleo, como proporcionar incentivos fiscales a las
empresas que contratan trabajadores formales, mejorar la educación financiera para que
los trabajadores comprendan la importancia de contribuir al sistema de seguridad social
y ampliar el acceso a servicios de salud y educación para los trabajadores informales.
La implementación de la tarjeta Alimentar con más de 1.500.000 beneficiarios, el
Ingreso Familiar de Emergencia, los incrementos en la AUH, los bonos a jubilados de la
mínima y el congelamiento de los créditos (destinados principalmente al pago de las
tarifas, que se descontaban directamente del haber), permitieron amortiguar una caída
mayor en los ingresos de los sectores más vulnerables e incluso reducir levente la
desigualdad, con un GINI que pasó de 0,439 en el cuarto trimestre de 2019 a 0,435 en el
mismo período de 2020.
El covid-19 amplificó las desigualdades, redujo derechos de las mayorías y amplió los
privilegios de las minorías. Mientras los hogares más pobres, endeudados por las
políticas de ajuste previas, vieron caer sus ingresos, los hogares más ricos se vieron casi
forzados a ahorrar por la imposibilidad de gastarlos.
Este menú de reformas ofrece aspectos de diferente grado de aceptación por parte de los
diferentes sectores involucrados. Se ha comentado extensamente a lo largo del
documento los problemas de cobertura y la existencia de un consenso generalizado
acerca de la necesidad de establecer algún tipo de prestación asistencial y,
eventualmente algún beneficio previsional a quienes hayan realizado aportes por un
período inferior al establecido por la legislación. No obstante, un aspecto discutible es el
nivel de esas prestaciones. Si bien sería deseable desde un punto de vista de equidad
entre beneficiarios que las prestaciones de aquellos que tengan menos años de aportes
sean menores a las jubilaciones ordinarias y, a su vez, mayores que las asistenciales, lo
cierto es que, dado los niveles actuales de beneficios, ese objetivo es difícil de cumplir
en el corto plazo. Resulta muy difícil alcanzar simultáneamente los objetivos de equidad
(en función de los aportes), de redistribución y de beneficio mínimo. El beneficio básico
debiera acompañar el costo de la canasta básica, el salario mínimo o una proporción del
salario promedio, más allá de la historia contributiva individual.
Por su parte, algunos especialistas consideran que, con el objeto de producir una
reforma previsional que esté orientada hacia la universalidad con más equidad debiera
considerarse que la capitalización no puede ofrecer una jubilación aceptable para
salarios bajos ya que por ahorro puro, la tasa de sustitución del salario es cercana al
40%, si bien se reconoce que el Estado (con la PBU) complementa estos ingresos para
todos los jubilados, incluidos los de las AFJP.
Una propuesta que se ha comenzado a debatir de manera insistente consiste en el
reemplazo de las prestaciones vigentes por un haber proporcional a los aportes
realizados (*cuentas nocionales*), con prestaciones suplementarias redistributivas, lo
que alentaría a los salarios elevados (superiores a $1600) a optar por la capitalización.
Cabe recordar la importancia de determinar de manera precisa los objetivos y
herramientas de la reforma. Un problema práctico es que el sistema de "cuentas
nocionales" tiene más sentido en economías estables con reducida volatilidad. ¿Cómo se
financiaría el pago de prestaciones ajustables automáticamente con aportes basados en
sueldos que temporalmente pueden sufrir significativos atrasos?
Otros aspectos de la administración del sistema que han sido objeto de discusión y
propuestas se refiere a la creación del Consejo Actuarial del Estado, el establecimiento
de un padrón único de beneficiarios, la necesidad de obtener un consenso político
superior al de leyes comunes (al estilo del pacto de Toledo). Estos y otros aspectos
administrativos e institucionales deben ser evaluados
con atención.
Ello remite a la necesidad de revisar el análisis del impacto fiscal a corto y largo plazo.
La mejor manera de creer en las promesas de un sistema previsional es cumpliendo en
lo inmediato con los actuales beneficiarios, impidiendo que sus prestaciones se
deterioren sin compensación alguna
ante aumentos inflacionarios y del nivel salarial.
En resumen, es claro que se requiere de urgentes e importantes reformas en el sistema
argentino de previsión social y, en sentido más amplio, en las políticas públicas
destinadas a la población más anciana. Esas reformas, más allá de la necesaria
resolución de los problemas generados por la crisis y el default de la deuda (decisiones
que no necesariamente afectarían de manera sustantiva el nivel de prestaciones de largo
plazo) y los cambios mencionados en la administración del sistema, debieran tener
como objetivo primordial la expansión de la cobertura de ese grupo de la población.
Por supuesto, todo ello debe ser encarado evaluando con sumo cuidado su impacto
fiscal. No puede dejar de insistirse en la necesidad de contemplar detalladamente el
proceso de transición, definiendo la reforma como un proceso más que la sanción de
una ley que resuelva los problemas existentes y redefina de manera definitiva el sistema.
Por ejemplo, no debe olvidarse que para que el sistema previsional pueda mantener un
carácter predominantemente contributivo, debe impulsarse un mercado laboral de mayor
formalidad, aunque esto no sea suficiente en el corto plazo. Es necesario evaluar de
manera conjunta las políticas de flexibilización laboral, desempleo y seguridad social
por sus múltiples interrelaciones.
En resumen, la actual configuración del sistema previsional argentino combina en forma
poco clara y efectiva criterios que siguen, por un lado, los esquemas contributivos
tradicionales de carácter bismarckianos, mientras que, por otro lado, utiliza criterios de
universalización, con prestaciones relativamente uniformes y financiamiento tributario,
inspirados en los modelos à la Beveridge. Esta confluencia desordenada de criterios ha
llevado a que no sea posible optimizar las funciones de prevención de pobreza y
sustitución de ingresos en forma coherente y previsible. Cabe, entonces, volver a
proponer una discusión amplia para un rediseño del sistema siguiendo los criterios y las
acciones enumeradas anteriormente, en el marco de un nuevo pacto para la previsión
social para las actuales y futuras generaciones.
ANEXO A
Cuadro N° 1
Cuadro N° 2
la Ley 870 El primer antecedente data del año 1877,
durante la presidencia del Dr. Nicolás
Avellaneda, cuando se sanciona la Ley
870 de creación del Sistema de Jubilación
para Magistrados Judiciales, régimen
financiado por el Estado.
Ley 14370/54 Ya con Peron elegido Presidente de la
Nación en 1946, y durante dos períodos
sucesivos, jerarquiza la Secretaría de
Trabajo, pasando a ser Ministerio de
Trabajo y Previsión (1949); crea la Caja
de Jubilación de Trabajadores Rurales e
Independientes, Profesionales y
Empresarios (1954); sanciona la primera
ley en materia previsional: la Ley
14370/54, de aplicación general; y
extiende el derecho a la previsión social
para amplias franjas de la clase
trabajadora. El acceso a la cobertura
previsional quedó dependiendo sólo de la
pertenencia del trabajador al mercado
forma
Ley 24.013 La Ley 24.013, también conocida como
la Ley Nacional de Empleo, se promulgó
en 1991 y dio origen al Fondo Nacional
de Empleo. Esta ley introdujo diversas
formas de contratos a tiempo
determinado, redujo o eliminó las
compensaciones al término de los plazos
acordados y redujo las cargas sociales al
finalizar los contratos (Golbert, 1998). A
partir de entonces, en un contexto de
cambios en las dinámicas
socioeconómicas, se implementaron
transformaciones en el ámbito laboral.
Leyes y decretos modificaron la
regulación salarial, se congeló el salario
mínimo vital y móvil, se eliminaron las
cláusulas de ajuste salarial y los
aumentos salariales estuvieron
vinculados a mejoras en la productividad
(Lo Vuolo et al, 1999).
ley 24.465 En 1995, se promulgó la ley 24.465,
conocida como la Ley de Promoción del
Empleo, que introdujo nuevas
modalidades de contratación a tiempo
parcial. Al mismo tiempo, se estableció
un período de prueba de tres meses,
ampliable a seis meses por medio de
acuerdos colectivos (Godio, 1998). Esto
eximió al empleador de realizar aportes
patronales durante dicho período.
Paralelamente, se llevaron a cabo
modificaciones en el Régimen de
Quiebras, lo que condicionó el cobro de
indemnizaciones al proceso concursal y
eximió al comprador de una empresa de
reconocer los derechos adquiridos por los
trabajadores (Lo Vuolo et al, 1999).
ley Nº 24.476 de 1995 permitió a todos aquellos que, teniendo la
edad para jubilarse, pero sin contar con
los años de servicios necesarios, pudieran
acceder al beneficio previsional
abonando de contado aquellos años de
servicios adeudados al 30 de septiembre
de 1993.
Ley 26.425 Para el 2008, el Estado se hacía cargo del
pago del 60 por ciento de las
jubilaciones. La debacle del sistema
privado fue total con el advenimiento de
la crisis de las hipotecas subprime,
cuando las AFJP llegaron a perder todo
lo capitalizado en el año. Por lo que se
decide crear el Sistema Integrado
Previsional Argentino (SIPA) mediante la
Ley 26.425, eliminando el sistema
previsional privado de capitalización
individual y estableciendo finalmente un
único sistema público de reparto.
Ley 26.425/08 Por ultimo, la Ley 26.425/08 que unifica
el sistema de jubilaciones y pensiones en
un único régimen denominado Sistema
Integrado Previsional Argentino (SIPA),
todavía vigente. Dicha ley dispuso la
transferencia al ANSES de los depósitos
que se encontraban en las cuentas de
capitalización de los afiliados y
beneficiarios. Esta reforma implicó el
retornó al régimen de reparto y se
caracteriza por ampliar el número de
beneficiarios y tipos de beneficios,
basarse en el principio de la solidaridad y
financiarse a través de la lógica del
sistema de reparto, entre otros.
ANEXO B
Bibliografía
Acuña, C., Kessler, G., Repetto, F. (2002); “Evolución de la Política Social Argentina
en la Década de los Noventa: Cambios en su Lógica, Intencionalidad y en el Proceso de
Hacer Política Social”, CLASPO, Buenos Aires.
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aca va otro texto
Cetrángolo, O. y Grushka, C. (2004). “Sistema previsional argentino: crisis, reforma y
crisis de la reforma”, Serie financiamiento del desarrollo 151, Unidad de Estudios
Especiales, Santiago de Chile, CEPAL. Descargar
NOTA INTEODUCTORIA ES SOBRE PRECARIZACION DEL TRABAJO
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empleo.pdf
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http://revistas.untref.edu.ar/index.php/ciudadanias/article/download/1126/923/
https://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/epyg-unsam/20171031051615/pdf_509.pdf
repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45821/1/S2000378_es.pdf