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Complejo de Castración y Sexualidad Infantil

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Sigmund Freud

La organización genital infantil

El niño percibe, desde luego, las diferencias externas entre hombres y mujeres, pero al principio no tiene ocasión de
enlazar tales diferencias a una diversidad de sus órganos genitales. Así pues, atribuye a todos los demás seres
animados, hombres y animales, órganos genitales análogos a los suyos y llega hasta buscar en los objetos
inanimados un miembro igual al que él posee. Este órgano, tan fácilmente excitante, capaz de variar de estructura y
dotado de extrema sensibilidad, ocupa en alto grado el interés del niño y plantea continuamente nuevos problemas a
su instinto de investigación. En el curso de estas investigaciones llega el niño a descubrir que el pene no es un
atributo común a todos los seres a él semejantes. La visión casual de los genitales de una hermanita o de una
compañera de juegos le inicia en este descubrimiento. Ya es conocido cómo reaccionan a la primera percepción de
la falta del pene en las niñas. Niegan tal falta, creen ver el miembro y salvan la contradicción entre la observación y
el prejuicio pretendiendo que el órgano es todavía muy pequeño y crecerá cuando la niña vaya siendo mayor. Poco a
poco llegan luego a la conclusión, efectivamente muy importante, de que la niña poseía al principio un miembro
análogo al suyo, del cual fue luego despojada. La carencia de pene es interpretada como el resultado de una
castración, surgiendo entonces en el niño el temor a la posibilidad de una mutilación análoga. Para estimar
exactamente la importancia del complejo de la castración es necesario atender al hecho de su emergencia en la fase
de la primacía del falo. Cree que sólo algunas personas femeninas indignas, culpables probablemente de impulsos
ilícitos, análogos a los suyos, han sido despojadas de los genitales. Las mujeres respetables, como la madre,
conservan el pene. La femineidad no coincide aún para el niño con la falta de miembro viril. Sólo más tarde, cuando
el niño aborda los problemas de la génesis y el nacimiento de los niños y descubre que únicamente las mujeres
pueden parirlos, es cuando deja de atribuir a la madre un miembro viril. La elección de objeto, que presupone ya un
sujeto y un objeto, introduce una primera antítesis. En el estadio de la organización pregenital sádico-anal no puede
hablarse aún de masculino y femenino; predomina la antítesis de activo y pasivo. En el estadio siguiente al de la
organización genital infantil hay ya un masculino, pero no un femenino; la antítesis es aquí genital masculino o
castrado. Sólo con el término de la evolución en la pubertad llega a coincidir la polaridad sexual con masculino y
femenino. Lo masculino comprende el sujeto, la actividad y la posesión del pene. Lo femenino integra el objeto y la
pasividad.

La sexualidad infantil

En la época de Freud, los niños no formaban parte de la sexualidad. Freud plantea que sí son parte de ella
y divide su desarrollo sexual en fases. Cuando hablamos de sexualidad infantil se habla del pregenital al
periodo de latencia.
Pulsión: Es un concepto límite (fronterizo) entre psique y cuerpo, porque no se sabe de donde viene.
Nunca se detiene, es constante, siempre insiste en lograr una meta (satisfacción). No hay un objeto fijo, va
a depender del momento del desarrollo en el que se encuentre. El instinto encuentra su satisfacción y cesa,
mientras que la pulsión no se sacia. En la infancia, las pulsiones siempre son parciales, porque va a
depender de cada fase en la que se esté y en la pubertad, las pulsiones son completas.

La fuente: Es interna, el organismo de donde nace la pulsión.

Zona erógena: parte del cuerpo que debe ser libidinizada para convertirse en zona erógena. Esto en
primera instancia sucede gracias a la madre. El cuerpo se libidiniza por el contacto constante y repetitivo
de algún otro significativo. Hay zonas erógenas principales en cada fase, pero luego estas van a depender
de donde se coloca la libido. En la sexualidad infantil habrá primacías de zonas erógenas según la fase en
la que se encuentren. En la fase oral (boca), anal (ano/intestino), fálica (genitales). La sexualidad infantil
es autoerótica, es decir, que se satisface en su propio cuerpo.

1. Desarrollo pregenital: lo subdivide en tres fases (que a su vez se subdividen).


I. Fase oral (0 a 2 años)
Zonas erógenas: boca, dedos, muslos internos.
Su modo de conocer al mundo es a través de la boca.
El chupeteo debe ser constante y rítmico para la satisfacción.
Pulsión: se pone en marcha por el reflejo de la succión.
i. Primaria o de succión
El bebé únicamente chupa y succiona
El pasaje a la secundaria se da cuando aparecen los dientes
alrededor de los seis meses.
Primer
ii. Secundaria o canibalística tiempo de
El bebé empieza a morder. La madre, ante la mordida le elección del
quita la teta, y esto funciona como cierto castigo que gene- objeto.
rará culpa en el bebe.
II. Fase anal (2 a 3 años)
Zonas erógenas: Ano o mucosas intestinales, la cola, los genitales, la panza, todo lo
relacionado con la higiene del pañal (el cambiado, etc.).
Esta fase debería terminar cuando se le quita el pañal. Para que deje los pañales hay
que reconocerles el logro. Ayuda que jueguen con barro, se ensucien, que le permita
al niño ensuciarse con un objeto sustituto a las heces.
Pulsión: se pone en marcha con el registro de poder retener o expulsar. Control, no
Solo de heces, sino también de cuestiones psíquicas, esto le da placer. Poder controlar
les da una sensación de poder por sobre los padres.
i. Primaria o retentiva
ii. Secundaria o expulsiva
III. Fase fálica (3 a 6)
Zona erógena: genitales masculinos y femeninos, las tetillas, la boca, el pecho,
casi todo el cuerpo.
Pulsiones: se consiguen el placer vía la masturbación. En el pene el niño y en el
clítoris la niña.
Coincide con el complejo de Edipo
Se empiezan a interesar por la diferencia anatómica de los sexos, son curiosos,
observadores. El nene no es perverso, solo lo hace por búsqueda de placer. Les
gusta mostrarse (exhibicionismo), les gusta ser mirados y mirar. Espían como los
padres van al baño. Los padres deben delimitar ya estas actitudes, tienen que negar
la entrada del niño al baño, etc. Descubren la diferencia anatómica de los sexos, y
atraviesan el complejo de castración (masturbación, amenazas de
castración, diferencia anatómica de los sexos, teorías sexuales infantiles, estupor, etc.)
(ecuación simbólica: la nena supera la falta de pene pensando en que va a tener niños).
2. Amnesia infantil. Todavía es el
Todo lo vivido anteriormente se reprime. Por eso creemos todos los adultos que no hay primer
sexualidad infantil. tiempo de
No nos olvidamos de todo, quedan lagunas perceptibles en la terapia psicoanalítica. elección del
objeto.
3. Periodo de latencia (seis a doce aprox.).
Coincide con la escolaridad normal (primer grado) se reprimen las pulsiones sexuales gracias
a los diques psíquicos. El dique frena el fluido de un dique. Contiene todo eso hasta cierto
momento hasta la pubertad que levanta el dique. Todo lo que estaba contenido en el dique
sale abruptamente en la adolescencia. Se utiliza la sublimación o la formación reactiva para
buscar un fin que no sea sexual y sea cultural y socialmente aceptado.
Hay tres diques:
 Vergüenza o pudor: antes eran exhibicionistas ahora no, se quieren diferenciar las
nenas de los nenes. No quieren ser vistos, se quieren cuidar y quieren privacidad.
 Asco o repugnancia: Toda escena de amor y cariño los asquea, hay más selección
específica de comidas. Mas tendencias higiénicas en el baño.
 Afectos morales o cuestiones estéticas: Quiere vestirse bien, ser aceptado por sus
pares. Aparece el registro de la mentira y del engaño. Esta bueno empezar a usar
juegos de mesa o deportes, así comienzan a registrar normas y reglamentos. En la
vida en general todo se hace más rígido, los horarios escolares, el grupo de amigos, etc.

4. Organización genital propiamente dicha (pubertad) (doce en adelante). Segunda elección


del objeto, el
rehallazgo.
Elecciones de objetos

Se da vía los padres. Aparece primero en la fase oral vía el pecho materno. La primera huella de
la elección del objeto es el pecho materno, que es de donde consigue toda satisfacción primera.
En el periodo de latencia queda suspendida esta elección y se reencuentra con el objeto en la
pubertad. Este reencuentro es una búsqueda de encontrarse con aquella satisfacción inicial
primaria que fue gracias al objeto primario. Pero ahora va a estar puesto por otras personas, pero
ahora va a ser exogámico. Va a buscar placer a través de la exogamia. Siempre lo que se intenta
reencontrar es esa primera satisfacción con el pecho materno.

Sobre la sexualidad femenina

‖________________│______________│_____________‖

Fase Oral Fase Anal Fase fálica

↘ ↙ ↓

Complejo de Edipo negativo Complejo de Edipo

o Inverso – Periodo pregenital directo.

pero no pre-edípico.

El Edipo comienza con la madre, primer agente erogenizador.


Dos hechos que le llamaron la atención a Freud sobre la sexualidad femenina:

1) Toda vez que existía una ligazón-padre particularmente intensa, había sido precedida según el
testimonio del análisis, por una fase ligazón-madre exclusiva de igual intensidad y
apasionamiento (erogenización).

2) Freud decía que había subestimado también la duración de esa ligazón-madre. En la mayoría de
los casos llegaba hasta bien entrado el cuarto año (incluso el quinto) y por lo tanto abarcaba la
parte más larga del florecimiento sexual temprano (lo más importante en la estructuración con la
mujer es con la madre). Era preciso admitir la posibilidad de que cierto número de personas del
sexo femenino permanecieran atascadas en la ligazón-madre originaria y nunca produjera una
vuelta cabal hacia el varón.
a. La fase pregenital de la mujer alcanzaba una significación que no le habíamos adscrito
hasta entonces.
b. Puesto que esa fase deja espacio para todas las fijaciones y represiones a que
reconducimos la génesis de la neurosis, parece necesario privar de su carácter universal al
enunciado según el cual el complejo de Edipo es el núcleo de la neurosis.
c. La mujer llega a la situación edípica normal positiva luego de superar una prehistoria
gobernada por el complejo negativo.

Parece que las analistas mujeres, pudieron percibir este estado de los hechos de manera más fácil y nítida
porque en las personas que les sirvieron testigos tuvieron el auxilio de la transferencia sobre un adecuado
sustituto de la madre. En cuanto a mí, no he logrado penetrar un caso de manera perfecta.

Resumen de los hechos novedosos para Freud: La intensa dependencia de la mujer respecto de su padre
no es sino la heredera de una igualmente intensa ligazón-madre, y que esta fase anterior tuvo una
duración inesperada.

- Es innegable que la bisexualidad, constitucional en los seres humanos, resalta con mucho mayor
nitidez en la mujer que en el varón. En efecto, este tiene solo una zona genésica rectora, un
órgano genésico, mientras que la mujer posee dos de ellos: la vagina, propiamente femenina y el
clítoris, análogo al miembro viril.
- Lo esencial, vale decir, lo que precede a la genitalidad de la infancia, tiene que desenvolverse en
la mujer en torno al clítoris. La vida sexual de la mujer se descompone por regla general en dos
fases, de las cuales la primera tiene carácter masculino; solo la segunda es específicamente
femenina.
- La mujer reconoce el hecho de su castración y, así, la superioridad del varón y su propia
inferioridad, pero también se revuelve contra esa situación desagradable. Tres orientaciones de
desarrollo:
o La primera lleva al universal extrañamiento respecto de la sexualidad. La mujercita
aterrorizada por la comparación con el varón queda descontenta con su clítoris, renuncia
a su quehacer fálico y con él, a la sexualidad en general, así como buena parte de su
virilidad en otros campos.
o La segunda; en porfiada autoafirmación, retiene la masculinidad amenazada, la esperanza
de tener alguna vez un pene persiste hasta épocas increíblemente tardías, es elevada a la
condición de fin vital, y la fantasía de ser a pesar de todo un varón sigue poseyendo a
menudo virtud plasmadora durante prolongados períodos. También este “complejo de
masculinidad” de la mujer puede terminar en una elección de objeto homosexual
manifiesta. (Reivindicación fálica → clítoris).
o Solo un tercer desarrollo, que implica sin duda rodeos, desemboca en la final
configuración femenina que toma al padre como objeto y así halla la forma femenina del
complejo de Edipo. Por lo tanto, el complejo de Edipo es en la mujer el resultado final de
un desarrollo más prolongado; no es destruido por el influjo de la castración, sino creado
por él.
- La fase ligazón-madre exclusiva, que puede llamarse pre-edípica, reclama entonces una
significación muchísimo mayor en la mujer, que no le correspondería con el varón.
o Muchas mujeres que han escogido a su marido según el modelo del padre o lo han puesto
en el lugar de este repiten con él, sin embargo, en el matrimonio su mala relación con la
madre. El debería heredar el vínculo-padre y en realidad hereda el vínculo-madre. Se lo
comprende con facilidad como un evidente caso de regresión. El vínculo-madre fue el
originario; sobre él se edificó la ligazón-padre, y ahora en el matrimonio sale a la luz,
desde la represión, lo originario.
- Su actitud hostil hacia la madre no es una consecuencia de la rivalidad del complejo de Edipo,
sino que proviene de la fase anterior y halla sólo refuerzo y empleo en la situación edípica.
- Celos hacia otras personas, hermanitos, rivales entre quienes también el padre encuentra lugar. El
amor infantil es desmedido, pide exclusividad, no se contenta con parcialidades.
- La niña pequeña descubre su inferioridad orgánica, desde luego antes y más fácilmente cuando
tiene hermanos o hay varoncitos en su cercanía. Se abren, entonces, tres orientaciones que se
abren:
a) La suspensión de toda la vida sexual

b) La porfiada hiper - insistencia en la virilidad.

c) Los esbozos de la feminidad definitiva.

Envidia del pene → Surge del descubrimiento de la diferencia anatómica de los sexos: la niña se
siente dañada con respecto al niño y desea poseer un pene, como él (complejo de castración).
Luego, esta envidia (ganas de tener un pene), toma en el transcurso del complejo de Edipo dos
formas derivadas:
1) Deseo de adquirir un pene dentro suyo, deseo de adquirir un “Falo” (como objeto de completud),
principalmente bajo la forma del deseo de tener un hijo.
2) Deseo de gozar del pene durante la relación sexual.

- El propio quehacer fálico, la masturbación en el clítoris, es hallado por la niña pequeña casi
siempre de manera espontánea, y al comienzo no va por cierto acompañado de fantasías. El
influjo que sobre su despertar ejerce el cuidado del cuerpo es testimoniado por la tan frecuente
fantasía en la que la madre, nodriza o niñera es la seductora.
- Toda vez que interviene una seducción, por regla general perturba el decurso natural de los
procesos del desarrollo; a menudo deja como secuela vastas y duraderas consecuencias.
(Fijaciones).
- La prohibición de masturbarse se convierte en la ocasión para dejar de hacerlo, pero también es
motivo para rebelarse contra la persona prohibidora, vale decir, la madre o su sustituto. La porfía
en la masturbación parece abrir el camino hacia la masculinidad.

Toda representación que ha sido desalojado de la cc, es tanto ajeno como propio, es lo reprimido, lo
ominoso, lo siniestro. Lo que es familiar y ajeno.
El sepultamiento del complejo de Edipo

La tesis es que la organización genital fálica del niño se va al fundamento a raíz de esta amenaza de
castración. En efecto, al principio el varoncito no presta creencia ni obediencia algunas a la amenaza. El
niño ya ha perdido partes muy apreciadas de su cuerpo: el retiro del pecho materno, primero temporario y
definitivo después, y la separación del contenido de los intestinos, diariamente exigido. Pero nada se
advierte en cuanto a que estas experiencias tuvieran algún efecto con ocasión de la amenaza de castración.
Sólo tras hacer una nueva experiencia empieza el niño a contar con la posibilidad de una castración.

La observación que por fin quiebra la incredulidad del niño es la de los genitales femeninos. Con ello se
ha vuelto representable la pérdida del propio pene, y la amenaza de castración obtiene su efecto con
posterioridad.

La vida sexual del niño en esa época en modo alguno se agota en la masturbación. La masturbación es
sólo la descarga genital de la excitación sexual perteneciente al complejo. El complejo de Edipo ofrecía al
niño dos posibilidades de satisfacción, una activa y una pasiva. Pudo situarse de manera masculina en el
lugar del padre y, como él, mantener comercio con la madre, a raíz de lo cual el padre fue sentido pronto
como un obstáculo; o quiso sustituir a la madre y hacerse amar por el padre, con lo cual la madre quedó
sobrando. En cuanto a la naturaleza del comercio amoroso satisfactorio, el niño sólo debe de tener
representaciones muy imprecisas; pero es cierto que el pene cumplió un papel, pues lo atestiguaban sus
sentimientos de órgano. No tuvo aún ocasión alguna para dudar de que la mujer posee un pene. La
intelección de que la mujer es castrada puso fin a las dos posibilidades de satisfacción derivadas del
complejo de Edipo. En efecto, ambas conllevaban la pérdida del pene; una, la masculina, en calidad de
castigo, y la otra, la femenina, como premisa. Si la satisfacción amorosa en el terreno del complejo de
Edipo debe costar el pene, entonces por fuerza estallará el conflicto entre el interés narcisista en esta parte
del cuerpo y la investidura libidinosa de los objetos parentales. En este conflicto triunfa normalmente el
primero de esos poderes: el yo del niño se extraña del complejo de Edipo.

Las investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación. La autoridad del padre, o de
ambos progenitores, introyectada en el yo, forma ahí el núcleo del superyó, que toma prestada del padre
su severidad, perpetúa la prohibición del incesto y, así, asegura al yo contra el retorno de la investidura
libidinosa de objeto. Las aspiraciones libidinosas pertenecientes al complejo de Edipo son en parte
desexualizadas y sublimadas, lo cual probablemente acontezca con toda trasposición en identificación, y
en parte son inhibidas en su meta y mudadas en mociones tiernas. El proceso en su conjunto salvó una
vez más los genitales, alejó de ellos el peligro de la pérdida, y además los paralizó, canceló su función.
Con ese proceso se inicia el período de latencia, que viene a interrumpir el desarrollo sexual del niño.

También el sexo femenino desarrolla un complejo de Edipo, un superyó y un período de latencia.

El clítoris de la niñita se comporta al comienzo en un todo como un pene, pero ella, por la comparación
con un compañerito de juegos, percibe que es «demasiado corto», y siente este hecho como un perjuicio y
una moción de inferioridad. Durante un tiempo se consuela con la expectativa de que después, cuando
crezca, ella tendrá un apéndice tan grande como el de un muchacho. Es en este punto donde se bifurca el
complejo de masculinidad de la mujer. Pero la niña no comprende su falta actual como un carácter sexual,
sino que lo explica mediante el supuesto de que una vez poseyó un miembro igualmente grande, y
después lo perdió por castración. Así se produce esta diferencia esencial: la niñita acepta la castración
como un hecho consumado, mientras que el varoncito tiene miedo a la posibilidad de su consumación.

Excluida la angustia de castración, está ausente también un poderoso motivo para instituir el superyó e
interrumpir la organización genital infantil. El complejo de Edipo de la niñita es mucho más unívoco que
el del pequeño portador del pene; según mi experiencia, es raro que vaya más allá de la sustitución de la
madre y de la actitud femenina hacia el padre. La renuncia al pene no se soportará sin un intento de
resarcimiento. La muchacha se desliza -a lo largo de una ecuación simbólica, diríamos- del pene al hijo;
su complejo de Edipo culmina en el deseo, alimentado por mucho tiempo, de recibir como regalo un hijo
del padre, parirle un hijo. Se tiene la impresión de que el complejo de Edipo es abandonado después poco
a poco porque este deseo no se cumple nunca. Ambos deseos, el de poseer un pene y el de recibir un hijo,
permanecen en lo inconsciente.

El creador literario y el fantaseo

Diccionario Laplanche:

Fantasía: Guion imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos
deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en ultimo término, de un deseo
inconsciente. La fantasía se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes, sueños diurnos,
fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto
y fantasías originarias.
Freud va a relacionar la obra literaria del poeta con el juego del niño y el fantasear del adulto. Comienza
preguntándose: ¿de dónde saca el poeta el contenido de sus creaciones? Respuesta está en una respuesta
universal que realiza todo niño pequeño, el jugar.

Juego→ La actividad por excelencia de todo niño sano. El niño crea, al jugar, un mundo propio. Igual a lo
que hace el poeta con sus creaciones. Pero la creación del niño debe sostenerse en objetos o situaciones de
la realidad. El niño se toma muy en serio el jugar y le dedica una gran carga afectiva, no hay que
desestimar el juego del niño, sino que hay que darle lugar e importancia porque habla de los aspectos
anímicos del niño. El niño juega porque le sirve para hacer una diferencia con el mundo real. Hacer esta
diferencia con la realidad lo ubica (posiciona) en una posición activa en ésta. Todo juego genera placer,
porque hay una ganancia de placer en el jugar. Y todo niño juega, en algún momento, a ser grande. No
solo para imitar al adulto (en el fondo, el primer deseo que moviliza el juego es el deseo de ser grande)
sino para….

El poeta, o cualquier artista crea un mundo propio, donde plasma algo relacionado a sus deseos
insatisfechos. También este debe apoyarse en algo concreto y real (materiales de trabajo: papel, pinturas,
etc.) A medida que los niños crecen, hasta llegar a la adolescencia, el juego se pierde. ¿Porque
renunciamos a un placer? En realidad, no se renuncia a nada, dice Freud, lo que pasa es que se sustituye
por otro, en este caso el fantaseo y los sueños diurnos (tiene que ver con el soñar nocturno). El motor del
juego, las fantasías, los sueños, las creaciones, etc. son los deseos insatisfechos.

El adulto arma castillos en el aire, el fantasear del adulto es mucho más difícil de observar que el juego
del niño. Porque la mayor parte de las fantasías del adulto son incontables, irrepetibles, producen
vergüenza (a un neurótico y no a un perverso) porque todas remiten, en última instancia, al Edipo. Las
fantasías son la “ante sala” del síntoma. Estas permiten o ayudan a conducir al deseo insatisfecho. Pero no
todo adulto revela sus fantasías. Esas fantasías se las guarda para sí mismo (neuróticos únicamente). La
creación y el juego se apoyan en objetos o situaciones de la realidad concreta, pero el niño cuando juega,
lo hace sin censura. Juega a matar a la mama, o lo que sea. Pero el creador utiliza ciertas cuestiones
estéticas para que quien observe su obra, no la observe desagradable. El adulto que crea utiliza cierta
censura que el niño no puede ir por una cuestión estética, metafórica, etc.

Las fantasías femeninas tienen que ver con deseos eróticos y ambición enlazada a un afecto: el amor. En
el hombre, las fantasías remiten a deseos eróticos y la ambición, pero enlazada al poderío.

El hombre feliz, nunca fantasea (imposible, entonces nunca se es feliz del todo. El deseo vive
desplazándose, nunca satisfecho).
Existe una articulación entre los tres tiempos (pasado, presente y futuro).

Presente: hay una situación actual que moviliza o pone en funcionamiento estos deseos insatisfechos que
quieren cumplirse. Esto se remite a una situación del pasado, donde había relación con este deseo
insatisfecho actual. Y, como resultado, fantasea la persona, con algo hacía el futuro, con algo que quiere
lograr, conseguir, donde logra satisfacer ese deseo inconsciente.

Más allá del principio del placer (Capitulo 2)

Estado que sobreviene tres conmociones mecánicas, choques ferroviarios y otros accidentes que aparejaron
riesgo de muerte; es la neurosis traumática. La guerra (1ª guerra mundial) la provocó en gran escala y puso fin
a su esclarecimiento como deterioro orgánico del sistema nervioso por acción de una violencia mecánica. Se
aproxima al cuadro de la histeria por sus síntomas motores y al de la hipocondría o melancolía por su padecer
subjetivo; hay destrucción y debilitamiento generales de las operaciones anímicas.

En la neurosis traumática común se destacan dos rasgos: el centro de gravedad está en el factor sorpresa, y un
simultáneo daño físico o herida la contrarrestra. Terror, miedo y angustia se distinguen por su relación con el
peligro; la angustia designa cierto estado de expectativa y preparación para el peligro, aunque sea desconocido;
el miedo tiene un objeto determinado, en presencia del cual se siente; el terror es aquel en el cual se cae ante un
peligro cuando no se está preparado. La angustia protege contra el terror y por tal contra la neurosis de terror.

La vida onírica de la neurosis traumática reconduce al enfermo, una y otra vez, a la situación de su accidente,
de la cual despierte con renovado terror. El enfermo está fijado – se sostiene – psíquicamente al trauma.

Sin embargo, no lo recuerdan mucho durante la vigilia. Cuando se admite la reconducción como cosa natural
en el sueño se desconoce la naturaleza de éste. Debería conducirlo a tiempos mejores. Queda al expediente de
sostener por qué en este estado la función del sueño resultó afectada y desviada, o pensar en las enigmáticas
tendencias masoquistas del yo.

……….. Lo que más interesa ………

Abordemos una práctica más temprana normal, el juego infantil; particularmente el primer juego creado de un
varoncito de un año y medio, acción enigmática y repetida de continuo. No lloraba cuando su madre lo
abandonaba durante horas, a pesar de su gran ternura hacia ella. Exhibía el hábito de arrojar lejos de sí, a un
rincón o debajo de la cama, etc., todos los pequeños objetos que hallaba a su alcance, profiriendo “o – o – o –
o” que significaba “fort” – se fue –. Jugaba a que se iban, corroborado en otra ocasión: tenía un carretel,
sosteniéndolo con el piolín, tras la baranda de su cuna con mosquitero, el carretel desaparecía, pronunciaba “o
– oooo”, y después, tirando de su piola, volvía pronunciando un “Da” (acá está) Las más de las veces sólo se
había podido ver el primer acto, repetido incansablemente, aunque el mayor placer correspondía al segundo.

Su renuncia pulsional de admitir sin protestas la partida de la madre, estaba entramada con el juego,
resarciéndose el niño con los objetos a su alcance, escenificando el aparecer y desaparecer. ¿Cómo se concilia
el principio de placer, repetir esta vivencia penosa? Se dirá que el desaparecer es la condición del aparecer;
pero hay prevalencia del “fort. En la vivencia era pasivo, ahora se ponía en un papel activo, repitiéndola como
juego a pesar de que fue displacentera. Podría atribuirse a una pulsión de apoderamiento. O bien al vengarse de
la madre por su partida “Y bien vete pues, no te necesito, yo mismo te echo”.

El jugar va mas allá de una simple imitación, hay que poder leerlo. Hace una observación de un niño (su
nieto) con el que convivio durante semanas. Al principio parece un nene poco inteligente, solo dice
algunas palabras que no se entienden del todo, etc. Pero es un niño juicioso, obediente sin quejarse, sin
berrinche, que tiene un vínculo fuerte con la mamá. Es una mamá que lo crio un año entero con teta y
por la cual el nene siente una gran ternura.

Cuando juega, tira los juguetes todo el tiempo. Freud comenzó a observar que había cierto patrón. El
Fort (desaparecer) y da (aparecer). A Freud le llamó la atención que el niño ponía mucho más énfasis en
el Fort, a lo que se pregunta por qué sucede esto. Al principio piensa que el carrito era la madre, que
desaparece. Freud decía que debía haber cierta ganancia de placer, que va más allá del placer de
contento o no. Primero elegir que parte del juego repetir, lo pone en un lugar activo. El juego repite lo
que él vive de forma traumática o dolorosa, que es la ausencia de la madre de vez en cuando (siempre
estuve presente). Entonces Freud dice que lo que el niño pasa durante el juego, son dos cosas:

1) La ganancia de placer aquí viene del deseo de ser activo y de controlar. Como decirle a la madre
“Yo decido cuando estás acá o cuando te vas”. Tiene que ver con el acto, cuando uno pone algo
en acto debe ser activo y no pasivo (como la vivencia original y dolorosa de la ausencia de la
madre).
2) Puede, de manera creativa, poder fantasear su realidad, tramitándola. Los niños juegan porque
les confirma lo que escribió Freud en “El creador literario y el fantaseo” que pueden ser como
los adultos. Ponerse en posición activa mientras es “como un” adulto y, a la vez, tramita sus
asuntos afectivos.

Al arrojar juguetes repetidamente, se puede observar cierta hostilidad del niño. Hay que ver a qué
remite la hostilidad. Todo lo que pone en marcha el niño, tiene que ver con impresiones del pasado que
generaron alguna sensación de sufrimiento, padecimiento, dolencia o incomodidad. Esto pone en
marcha la acción del jugar. Por otro lado, todo juego es precedido por el deseo de poseer del rol
dominante, como un adulto. En esta posibilidad de tomar un rol activo, viene añadida, la obtención o
ganancia de poder.

El creador literario y el fantaseo o El poeta


y los sueños diurnos
Freud va a relacionar la obra literaria del poeta con el juego del niño y el fantasear del adulto. Comienza
preguntándose: ¿de donde saca el poeta el contenido de sus creaciones? Respuesta está en una
respuesta universal que realiza todo niño pequeño, el jugar.

Juego→ La actividad por excelencia de todo niño sano. El niño crea, al jugar, un mundo propio. Igual a lo
que hace el poeta con sus creaciones. Pero la creación del niño debe sostenerse en objetos o situaciones
de la realidad. El niño se toma muy en serio el jugar y le dedica una gran carga afectiva, no hay que
desestimar el juego del niño, sino que hay que darle lugar e importancia porque habla de los aspectos
anímicos del niño. El niño juega porque le sirve para hacer una diferencia con el mundo real. Hacer esta
diferencia con la realidad lo ubica (posiciona) en una posición activa en ésta. Todo juego genera placer,
porque hay una ganancia de placer en el jugar. Y todo niño juega, en algún momento, a ser grande. No
solo para imitar al adulto (en el fondo, el primer deseo que moviliza el juego es el deseo de ser grande)
sino para….

El poeta, o cualquier artista crea un mundo propio, donde plasma algo relacionado a sus deseos
insatisfechos. También este debe apoyarse en algo concreto y real (materiales de trabajo: papel,
pinturas, etc.) A medida que los niños crecen, hasta llegar a la adolescencia, el juego se pierde. ¿Porque
renunciamos a un placer? En realidad, no se renuncia a nada, dice Freud, lo que pasa es que se sustituye
por otro, en este caso el fantaseo y los sueños diurnos (tiene que ver con el soñar nocturno). El motor
del juego, las fantasías, los sueños, las creaciones, etc. son los deseos insatisfechos.

El adulto arma castillos en el aire, el fantasear del adulto es mucho más difícil de observar que el juego
del niño. Porque la mayor parte de las fantasías del adulto son incontables, irrepetibles, producen
vergüenza (a un neurótico y no a un perverso) porque todas remiten, en ultima instancia, al Edipo. Las
fantasías son la “ante sala” del síntoma. Estas permiten o ayudan a conducir al deseo insatisfecho. Pero
no todo adulto revela sus fantasías. Esas fantasías se las guarda para sí mismo (neuróticos únicamente).
La creación y el juego se apoyan en objetos o situaciones de la realidad concreta, pero el niño cuando
juega, lo hace sin censura. Juega a matar a la mama, o lo que sea. Pero el creador utiliza ciertas
cuestiones estéticas para que quien observe su obra, no la observe desagradable. El adulto que crea
utiliza cierta censura que el niño no, puede ir por una cuestión estética, metafórica, etc.

Las fantasías femeninas tienen que ver con deseos eróticos y ambición enlazada a un afecto: el amor. En
el hombre, las fantasías remiten a deseos eróticos y la ambición, pero enlazada al poderío.

El hombre feliz, nunca fantasea (imposible, entonces nunca se es feliz del todo. El deseo vive
desplazándose, nunca satisfecho).
Existe una articulación entre los tres tiempos (pasado, presente y futuro).
Presente: hay una situación actual que moviliza o pone en funcionamiento estos deseos insatisfechos
que quieren cumplirse. Esto se remite a una situación del pasado, donde había relación con este deseo
insatisfecho actual. Y, como resultado, fantasea la persona, con algo hacía el futuro, con algo que quiere
lograr, conseguir, donde logra satisfacer ese deseo inconsciente.

Más allá del principio de placer


El jugar va mas allá de una simple imitación, hay que poder leerlo. Hace una observación de un niño (su
nieto) con el que convivio durante semanas. Al principio parece un nene poco inteligente, solo dice
algunas palabras que no se entienden del todo, etc. Pero es un niño juicioso, obediente sin quejarse, sin
berrinche, que tiene un vínculo fuerte con la mamá. Es una mamá que lo crio un año entero con teta y
por la cual el nene siente una gran ternura.

Cuando juega, tira los juguetes todo el tiempo. Freud comenzó a observar que había cierto patrón. El
Fort (desaparecer) y da (aparecer). A Freud le llamó la atención que el niño ponía mucho más énfasis en
el Fort, a lo que se pregunta por qué sucede esto. Al principio piensa que el carrito era la madre, que
desaparece. Freud decía que debía haber cierta ganancia de placer, que va más allá del placer de
contento o no. Primero elegir que parte del juego repetir, lo pone en un lugar activo. El juego repite lo
que él vive de forma traumática o dolorosa, que es la ausencia de la madre de vez en cuando (siempre
estuve presente). Entonces Freud dice que lo que el niño pasa durante el juego, son dos cosas:

1) La ganancia de placer aquí viene del deseo de ser activo y de controlar. Como decirle a la madre
“Yo decido cuando estás acá o cuando te vas”. Tiene que ver con el acto, cuando uno pone algo
en acto debe ser activo y no pasivo (como la vivencia original y dolorosa de la ausencia de la
madre).
2) Puede, de manera creativa, poder fantasear su realidad, tramitándola. Los niños juegan porque
les confirma lo que escribió Freud en “El creador literario y el fantaseo” que pueden ser como
los adultos. Ponerse en posición activa mientras es “como un” adulto y, a la vez, tramita sus
asuntos afectivos.

Al arrojar juguetes repetidamente, se puede observar cierta hostilidad del niño. Hay que ver a qué
remite la hostilidad. Todo lo que pone en marcha el niño, tiene que ver con impresiones del pasado que
generaron alguna sensación de sufrimiento, padecimiento, dolencia o incomodidad. Esto pone en
marcha la acción del jugar. Por otro lado, todo juego es precedido por el deseo de poseer del rol
dominante, como un adulto. En esta posibilidad de tomar un rol activo, viene añadida, la obtención o
ganancia de poder.

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