Duelos: la importancia de aceptar y
enfrentar la pérdida
Todas las personas sufrimos pérdidas a lo largo de nuestra vida. Todos reaccionamos de
forma diferente, cada persona sobrelleva el dolor utilizando los recursos y mecanismos
propios para superarlo. Los seres humanos, por naturaleza tenemos distintos niveles de
resiliencia (capacidad de sobreponerse a etapas de dolor emocional y situaciones
conflictivas). La expresión del duelo incluye reacciones, que muy a menudo se parecen a
aquellas que acompañan a trastornos físicos, psicológicos, emocionales. Debemos
entender que el duelo no es una enfermedad, es personal e intransferible. Es un proceso
de crecimiento y transformación, no de curación ni de recuperación sino de desarrollo.
En el proceso de reconstrucción la persona afectada por el dolor atraviesa por una serie
de fases que se debe tener en cuenta. Según el modelo de kübler- Ros existen cinco
fases por las que las personas atraviesan tras la pérdida de alguien.
La primera es la negociación y aislamiento, la persona no acepta lo ocurrido y
rechaza la verdad, suelen decir: “Esto no me puede pasar a mí”.
La segunda es la rabia e irritación los sujetos muestran sentimientos de rabia,
impotencia, resentimiento hacia la vida, entre otros.
La tercera es la etapa de negociación o pacto donde la afectada empieza a
experimentar actos buenos y promesas de cambiar. En este momento, la persona
constituye el primer paso de la aceptación.
La siguiente es la de depresión, el cumplimento del pacto da lugar a tristeza y
deja de realizar las actividades de su vida cotidiana. Al no tener el control de la
situación la persona se siente deprimida.
Y la última es la de aceptación, se caracteriza por comprender la gravedad de la
situación, aparece la resignación hacia lo inevitable, desaparecen los temores y la
persona se despide de su ser querido.
No todas las personas atraviesan todas las fases, ni les afecta de la misma manera. La
situación ambiental, los seres queridos, la familia o los amigos ayudan a superar el duelo.
Cuando la persona experimenta la pérdida de un ser querido puede implicar un cambio
importante en la dirección de su vida. Los ultimas investigaciones afirman que los efectos
del duelo varían en función del tipo de vínculo que existía con la persona fallecida
En ocasiones el psicólogo nos puede ayudar a enfrentarnos o guiarnos en este tipo de
situaciones, sobretodo si el duelo se convierte en un duelo complicado. Existen varios
tipos de duelo complicado como: ser inhibido o retardado, duelo crónico o duelo
traumática. En este caso es importante que la persona asista a terapia para que no derive
en una enfermedad patológica.
En esta época, las personas negamos el dolor, tratamos de escapar hacia adelante como
si pudiéramos evadir el sufrimiento. Los duelos se han acortado dramáticamente. En el
pasado, el luto duraba al menos un año y se veía reflejado con algún detalle negro en la
ropa del sufriente, como un aviso a los otros para que lo acompañen y sean tolerantes
con su forma de actuar marcada por el dolor.
El duelo es el proceso emocional normal con el que nos adaptamos a una pérdida
irreversible o que se vivencia como definitiva de cualquier objeto valorado. Si bien cuando
hablamos de duelo, generalmente nos referimos a la pérdida sufrida por la muerte de
algún ser querido, también debemos elaborar un duelo en otras situaciones de pérdida
como por ejemplo en una separación de pareja, el despido en un trabajo, el alejamiento
de un familiar o un amigo, la muerte de una mascota, el cambio socioeconómico que se
da ante la jubilación, etc.
En otras palabras, el duelo es la respuesta adaptativa normal a cambios importantes en
nuestra vida que implican algún tipo de pérdida de objeto o situación con la que tenemos
un fuerte vínculo emocional y que produce síntomas psicológicos y físicos, tales como
falta de energía, disminución del apetito, alteración del sueño, ira, confusión, depresión,
sentimientos de culpa, sensación de abandono, llantos incontrolables, comportamientos
de aislamiento, entre otros.
No hay un tiempo típico o "normal" para superar estas situaciones y dependiendo de la
importancia de la pérdida y las características de personalidad de cada uno, se resolverá
a distintas velocidades.
FACILITAR EL CAMINO
Independientemente del ritmo de cada persona, lo que sí está claro es que siempre es un
proceso que hay que atravesar y que el acompañamiento de los seres queridos puede
facilitar el camino.
Lo esperable es que poco a poco el dolor disminuya, que los síntomas se diluyan y que
podamos continuar adelante con nuestras vidas. Si a medida que transcurre el tiempo no
hay mejora o si se agrava el dolor, lo mejor es pedir ayuda a un profesional.
Cabe reflexionar sobre algunas cuestiones a tener en cuenta:
Hoy queremos resolver todo rápido y de forma inmediata, pero es importante
entender que la tristeza, para poder ser superada, debe transitarse.
Escapar del dolor maniacamente no resuelve nada, sólo pospone el sufrimiento y
empeora la posibilidad de recuperación. Es necesario enfrentar y aceptar la
pérdida para poder superarla.
El tiempo que lleva el proceso de duelo es variable y depende de muchos factores,
pero el acompañamiento y la comprensión de los seres queridos ayuda a una
mejor y más rápida recuperación.
No expresar el sufrimiento empeora las cosas, no se debe reprimir el dolor ni el
llanto, es aconsejable abrirse y compartir lo que uno siente.
Una pérdida no se elige, llega sola, pero su elaboración es un proceso activo de
reacomodamiento y puede ser una oportunidad para ordenar las prioridades y
poner en su lugar lo que es verdaderamente importante y lo que no. Es necesario
hacer lo propio y recordar las palabras de Einstein: "Hay una fuerza motriz más
poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad".