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Cuento 1

cuentos cortos
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**El Guardián del Bosque Encantado**

Hace mucho tiempo, en un reino olvidado entre montañas y ríos cristalinos, se encontraba
un bosque encantado. Este lugar era hogar de criaturas místicas y plantas que brillaban con
luz propia. En el corazón de este bosque, vivía un anciano llamado Aldebarán, conocido por
todos como el Guardián del Bosque Encantado.

Aldebarán era un hombre sabio, con barba blanca que llegaba hasta el suelo y ojos
brillantes que conocían todos los secretos del bosque. Desde joven, había sido elegido por
las criaturas mágicas para proteger el equilibrio y la armonía del lugar. Su hogar era una
pequeña cabaña construida con madera de los árboles más antiguos, donde pasaba sus días
cuidando de los seres que habitaban el bosque.

Una mañana, mientras Aldebarán recogía hierbas para preparar sus pociones curativas,
escuchó un llanto desgarrador que venía del claro más profundo del bosque. Con pasos
lentos pero decididos, se adentró en la espesura hasta encontrar a una joven hada de
cabellos dorados, que sollozaba junto a un arroyo cristalino.

—¿Qué te sucede, joven hada? —preguntó Aldebarán con voz serena.

La hada levantó la mirada, sus ojos azules llenos de lágrimas reflejaban tristeza y miedo.

—El Bosque Oscuro está avanzando más rápido de lo que podemos detenerlo. Sus sombras
amenazan con destruir todo lo que amamos —susurró la hada con voz temblorosa.

Aldebarán asintió con tristeza. El Bosque Oscuro era una fuerza maligna que había
intentado invadir el Bosque Encantado en el pasado, pero siempre había sido contenida por
el poder de la luz y la magia del Guardián.

—Debemos reunir a los guardianes de las criaturas místicas y fortalecer nuestras defensas
—dijo Aldebarán con determinación—. No permitiremos que el Bosque Oscuro destruya
este lugar de paz y belleza.
Con la ayuda de la joven hada, Aldebarán convocó a los centauros, elfos, y unicornios que
habían jurado proteger el bosque. Juntos, construyeron barreras de luz y fortalecieron los
hechizos protectores que rodeaban el Bosque Encantado. Cada criatura mística aportaba su
magia única, creando un escudo impenetrable contra las fuerzas oscuras.

Las noches se volvieron tensas y peligrosas. El Bosque Oscuro enviaba sombras siniestras
que se estrellaban contra las defensas del Bosque Encantado, pero no lograban penetrarlas.
Aldebarán lideraba con sabiduría y coraje, inspirando a todos con su determinación y fe en
la luz.

Finalmente, después de días de batalla entre la luz y la oscuridad, las sombras del Bosque
Oscuro retrocedieron. La luz del amanecer bañó el Bosque Encantado con un resplandor
dorado, y las criaturas místicas celebraron la victoria junto a Aldebarán.

—Gracias por tu valentía y sabiduría, Guardián del Bosque Encantado —dijo la joven hada,
con una sonrisa de gratitud en su rostro.

Aldebarán asintió con humildad.

—Nuestro deber es proteger este lugar sagrado y mantener vivo su espíritu de paz y belleza
—respondió él.

Desde aquel día, Aldebarán y las criaturas místicas continuaron vigilando el Bosque
Encantado con renovada determinación. Sabían que la batalla entre la luz y la oscuridad era
eterna, pero también sabían que mientras existiera el amor y la magia en sus corazones, el
Bosque Encantado permanecería como un refugio de esperanza y armonía para todos los
que lo habitaban.

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