Poesía y Nación en Clementina Suárez
Poesía y Nación en Clementina Suárez
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“No se trata únicamente de soltar un nuevo barco en la corriente del mundo, aunque fuese un barco
pirata, sino de reconstruir el arca de forma tal que esta vez no sea la paloma la que regrese sino el
cuervo”.
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III.1. El Canto de Clementina
En 1958, Clementina Suárez, distinguida y controversial poeta hondureña, publica
Canto a la encontrada Patria y su Héroe. En un país en el que la ‘falta de identidad’ y
la ausencia de lo nacional han sido ampliamente denunciados, un título como este,
además de ser único en la literatura nacional, no puede pasar desapercibido. Este texto
encierra temas fundamentales en el estudio clásico de la nación, tales como sentido de
pertenencia, nación como invención, contradicción entre modernidad y tradición,
reiteración de los símbolos nacionales, pasado ancestral y futuro glorioso, amor a la
patria y otros.
Lo que resulta fundamental para nuestro estudio es comprender el contexto dentro del
cual el trabajo de Suárez es escrito, entendiendo su producción no como un enunciado
individual y aislado, sino como la expresión de un sentir colectivo. En primer lugar, los
escritores y las escritoras en general elaboran en sus obras una visión de mundo. En
segundo lugar, un poemario es un depósito social de sentido y como tal contiene tanto
un sentido común cotidiano como áreas de sentido que trazan el mapa de la realidad
cotidiana y extraordinaria. De hecho, la escritora misma declara sentirse portavoz de la
colectividad: “Lo más importante es saber que me he comunicado con el pueblo y que el
pueblo me quiere, el pueblo que se escucha a sí mismo en la voz del poeta” (Suárez en
Gold, 2001: 221).
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Clementina permanecía relativamente poco tiempo en Honduras y no vuelve definitivamente sino a
partir de la llegada de los liberales al poder. Con relación al extrañamiento aludido por Bhabha (2002),
puede ser interesante asociarlo con la diada nacional-universal. Octavio Paz escribió: “la universalidad es
el fruto de la nacionalidad; no puede existir auténtica universalidad sin tener los pies en la tierra que nos
crió” (en Brading, 2002: 21).
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Cf. las categorías freudianas de lo familiar y la desfamilirazación (heimlich y unheimlich) utilizadas
por Bhabha en Fernández, 2000.
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Suárez inicia su poemario con la anunciación de uno de los mitos fundamentales de la
nación: no sólo existe desde el principio de los tiempos, sino que también es eterna: No
puedo llegar.../ porque jamás me he ido […] / tierra […] / para inmortalizar el tiempo.
A lo largo del libro impera un sentido del tiempo sin inicio ni final. Esto no significa
que en concreto no se tenga una fecha simbólica de nacimiento. Por supuesto, la hay. En
Honduras, como en toda la región, se asimila con “el fiat que le diera ser, vida y aliento”
(Rosa67 en Valladares, 1993: 165), o sea la firma del Acta de la Independencia el 15 de
septiembre de 1821, considerada la ‘sacrosanta creación de nuestra Patria’ (Rosa68 en
Valladares, 1993: 165).
La poeta refiere, más bien, a una renovación continua. El renacimiento como sempiterna
reconstrucción, es en el texto el motor mismo de la nación, representado a través de la
niñez. Al expresar la posibilidad y la confianza de crecer en conjunto, apunta al mundo
posible, dentro de un origen atávico y un flujo siempre actual (recordar tu barro/ o mi
vestido nuevo). En esta contradicción se encuentra lo emotivo, como el lugar de la
infancia, esa misma que Rilke propusiera como patria. Para ser enero y aprender a
quererte, es necesario ser un niño en la edad justa: asistir a la escuela estatal y
obligatoria, tener seis años, y aprender a deletrear tu nombre. En otras palabras
constituirse hondureño y ser formado ciudadano, desde su forma ‘dócil’ para ser
moldeado como contraparte del Estado, dentro de ese restringido concepto de la
libertad. Entonces puede presentarse la nación como inmutable y segura –¡Patria de
Piedra!– garantizando ciclos de nuevos comienzos y esperanzas –¡Patria de Aurora!
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Discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1877 en la Universidad de Tegucigalpa, La Gaceta de
Honduras, núm. 24, 15 de octubre de 1877
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Discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1877 en la Universidad de Tegucigalpa, La Gaceta de
Honduras, núm. 24, 15 de octubre de 1877
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Por otro, exige tener pruebas – y a veces toca inventarlas – de que se posee y conserva
cualidades diversas a las de sus vecinos. Es interesante notar que cuando la autora
escribe este texto, hace apenas algunos años que el pueblo hondureño se demarcara
simbólicamente frente a los Estados Unidos durante la huelga bananera del 54.
Suárez pone en evidencia una conciencia de ser parte de una misma idea nacional,
donde el fin mismo se confunde con el origen. En el texto pareciera que para saber
quien es parte del grupo hay que mostrar que se es capaz de desenvolver en su seno (si
alguien te lleva por dentro/ es quien camina en tu sangre) de recorrer-vivir en su
interior. Es difícil no asociar estos versos con formas radicales de nacionalismo, en
donde es necesario demarcarse de todo ‘otro’. La antropología y la psicología social
muestran que los grupos constituyen identidades endógenas a partir de grupos
exógenos. El origen único y común no es sólo la reivindicación patológica que vive la
humanidad con el nazismo. Es, sobre todo, una especie de justificativo de la necesidad
de auto-preservarse, finalidad última no de una, sino de todas las naciones –lo cual en
el peor de los casos vendría a ser un mal mundial.
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Sin embargo, no poder definir la nación no es algo particular para la poeta o en Honduras. López
Velarde (en Brading, 2002: 7) describe a sus compatriotas como “hijos pródigos de una Patria que ni
siquiera sabemos definir”. En un estudio de opinión pública realizado en los setentas en la República
Federal Alemana, el 34% de los entrevistados no tenía la menor idea de cómo describir ‘la nación’ (en
Hobsbawm, 1997). La nación, en efecto, se ve confrontada a su indeterminación conceptual. Para Bahbha
(2002: 176), la nación occidental es: “más compleja que la ‘comunidad’; más simbólica que la ‘sociedad’;
más connotativa que el ‘país’; menos patriótica que la ‘patria’; más retórica que la razón de Estado; más
mitológica que la ideología; menos homogénea que la hegemonía; menos centrada que el ciudadano; más
colectiva que ‘el sujeto’; más psíquica que la urbanidad; más híbrida en la articulación de las diferencias e
identificaciones culturales de lo que puede representarse en cualquier estructuración jerárquica o binaria
del antagonismo social”.
70
Con el amor desde su vivencia íntima, personal y erótica –gran reivindicación colectiva
en Suárez – la poeta asimila la experiencia esencial de la conmoción que le hace sentir
su patria. Iconoclasta y rebelde, Clementina no duda en referir a su pasión desbordada,
pero su amor se concretiza en su versión noble, ingenua y socialmente aceptada: el
beso. El olor a tierra –emanación del contacto entre el agua y la piel terrestre, refiere al
sentido más antiguo de nuestra forma de vida. Se trata de la percepción sutil del olfato,
connotativa de lo propio, de lo que se encuentra afuera pero que se reconoce porque ha
dejado una marca que se lleva adentro. La Patria, auto-reflexiva, es lo exterior y un tú
misma, en continuo movimiento: era corno ver mi alma/ en tus aguas reflejada. Lo
intangible se ha vuelto corpóreo, mejilla de carne tuya.
Para Gold (2001), el drama central de la vida de Suárez –rediseñar la relación entre su
yo y el otro– se desarrolla en tres de sus libros: De la desilusión a la esperanza,
Creciendo con la hierba y Canto a la encontrada patria y su héroe, escritos y
publicados entre 1937 y 1959. En Creciendo, ella se alcanza al estar "multiplicada". En
Canto se invierte la situación ya que reconoce “que la multiplicidad que había estado
buscando estuvo en ella todo el tiempo” (Gold, 2001: 317), como el trotamundos al
volver a su tierra de origen y descubrir finalmente lo que en ninguna parte pudo
encontrar. La investigadora enfatiza la proyección exógena de una búsqueda ontológica,
en donde el arquetipo padre-patria entendido como ‘tierra de los ancestros’ resuelve un
conflicto personal de la escritora70.
Suárez no se encuentra prisionera de una red nacional, ella entrega en un dar en el que
recibe su amor social. Lo que ha sido personal, por su voluntad, se vuelve colectivo.
Suárez experimenta hacia la patria una pertenencia filial, como si fuera una “familia
espiritual” a quien la une un vínculo profundamente afectivo. La nación en Clementina
es la posibilidad de ver el exterior no como lo ajeno sino como lo propio, vinculando el
70
“La búsqueda poética de Clementina, de sí misma a través de la otra, empezó seriamente cuando su
padre falleció, y aunque a menudo se ha creído que ha andado tras el hallazgo de su compañero ideal,
también ha quedado claro que sus esfuerzos han conllevado la idea de volver a su padre a la vida en la
persona de un amante o de un mentor. En Canto la niña-mujer reencarna en el padre para convertirse en
él, y al hacerlo, se libera de la dicotomía de su ser y la otra, de sentirse a la vez ciudadana y forastera.
Canto es un himno al terruño que al igual que su padre, la poeta declara como suyo. Con este poema,
Clementina se nombra hondureña de verdad. Rechaza cualquier aceptación tradicional o superficial de
patria e insiste en que la nación está constituida tanto par cada individuo como por la colectividad,
expresa que la nación es la tierra, el mar y el cielo, que es eterna e inmortal y que a ella no la puede negar,
porque ella existe en el padre y el padre existe en ella” (Gold, 2001: 317).
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sentido de pertenencia a un mismo pueblo, como parte de una misma comunidad
política. La noción de colectividad en la poeta se expresa mediante la fusión de la patria
y ella misma, de la patria y su amante, de la patria y su héroe.
Ese gran destino, es una promesa que se reclama con avidez, especialmente porque
Honduras lo ha esperado durante mucho tiempo. El ‘destino histórico’ de los pueblos
dentro de la utopía liberal de finales del XIX era el progreso en la forma de la nación.
Las teorías sobre la nación exaltaron por mucho tiempo la fe en el progreso histórico.
Clementina exige lo que a su comunidad le fue propuesto desde diversas teorías de la
historia y el desarrollo.
Aunque si vemos todavía más atrás, encontraremos una promesa especial, una que no ha
sido olvidada y que Honduras mantiene a través de la imagen de Morazán. Esto es
particularmente cierto en Suárez quien declara que el emblema vivir pudo su muerte. La
nación, encarnada en Morazán, es el símbolo de la acción misma cuyo horizonte en la
mano, no se adelgaza, ni tampoco su existencia se acorta. El todo colectivo lo enaltece
y mantiene vivo, por eso nace con ella a diario, no se destruye.
Aunque sin pretensiones académicas sino más bien expresivas, las ideas desarrolladas
se encuentran de alguna manera desplazadas por múltiples estudios, entre otros
Naciones y nacionalismo de Ernest Gellner. Efectivamente, las visiones en Suárez
resultan insuficientes para definir la nación. Sin embargo, ponen flagrantemente en
evidencia que las teorías más clásicas sobre el tema han pasado a formar parte del
imaginario de los seres humanos, inclusive de los hondureños.
71
Cf. Hobsbawm (1997).
72
III.2. Los Cantos de Claudio
El Canto de Clementina (1958) es el segundo poemario dedicado al héroe
federacionista. El primero es Cantos Democráticos al General Francisco Morazán, de
Claudio Barrera, publicado en 1944. Tanto el poemario de Suárez como el de Barrera
tienen un insistente tono de exaltación patriótica. Estas obras comparten un contexto
histórico y político, que iremos analizando poco a poco. Por ahora, nos interesa señalar
el continuismo manifiesto entre los gobiernos de Carías (1 febrero de 1933 – 1 enero de
1949), Gálvez (1 de enero de 1949 – 5 de diciembre de 1954) y Lozano (5 de diciembre
de 1954 – 21 octubre de 1956) como una de las características fundamentales de este
período. Más allá de los desempeños de las administraciones, estas encarnan una
relativa ‘estabilidad’, un poco más de dos décadas en que Honduras vive quizá con la
sensación de que algo permanece después de más de un siglo de zozobrar entre la
corriente tormentosa de las revueltas y los cambios de poder.
Es importante subrayar que en el lapso del periodo político mencionado abundan las
poesías en torno a lo nacional. Entre los poetas contemporáneos de Barrera y Suárez,
podemos mencionar tratamientos literarios tan diversos como el de Ramón Ortega
(Comayagua 1885-1932) con "El retorno"72 (Flores de peregrinación, 1940) o el de
Carlos Manuel Arita (Ocotepeque, 1912- Tegucigalpa, 1989) con "Canto de amor a
Honduras"73 (Cantos del trópico, 1956).
72
Al saludar la tierra de sol -a la que auguro / que le guarda doradas cosechas el Futuro- / mi anhelo es
porque vibre sobre esta legión de almas / eternamente un bosque de evangélicas palmas. / Que abra sus
viejas arcas y haga correr oro, / como la altiva reina de algún país sonoro. / Que cante en sus espaldas,
bajo el Otoño amigo, / un mar resplandeciente de lanzas ¡áureo trigo! / (...) Que crucen tus caminos,
sombreados de vergeles, / como arterias de vida, paralelas de rieles; / y que, sobre tu escudo, que es
blasón de grandeza, / eternamente se unan, en simbólico haz, / el arado fecundo, que es trabajo y
riqueza, / y el olivo celeste, que es heraldo de paz! (Ortega, 1940: 29-30 en Umaña: on line).
73
Bajo tu cielo divino / yo soñé bordar un día / mi romántica poesía / a tu abolengo glorioso. / Cantarle
a tu suelo hermoso / de pinares y jardines / donde grandes paladines / consagraron en tu historia / ese
pasado de gloria que es gloria de tus confines (Arita, 1956: 21 en Umaña, on line).
73
Prefiero detenerme en la exclamación fervorosa de algunos poetas nacionales con
mayor reconocimiento y que por su difusión pudieron ser, si no parte de un canon, al
menos una referencia para Suárez.
Sobresale especialmente Juan Ramón Molina (Comayagüela 1875- San Salvador 1908)
con "Adiós a Honduras"74 (Tierras, mares y cielos, 1911). Para esas mismas fechas se
encuentra la publicación de Adán Canales (1885-1925) "El Picacho"75 (Horas que
pasan, 1910) en donde rediría un homenaje a los ‘patriotas’ allí muertos.
Posteriormente, se halla el connotado Froylán Turcios (Juticalpa 1872- San José C.R.,
1943), antecedente obligado, con "Patria inmortal"76 (Flores de Almendro, 1931),
vigoroso llamado a la defensa de la soberanía.
Sin embargo, ninguno de estos autores tiene la flagrante influencia que ejerce el texto de
Barrera en el de Suárez, la cual va desde su forma hasta su fondo. Es interesante notar
que las ediciones originales tienen el mismo formato, al estilo ‘álbum escolar’, sólo que
el texto de Claudio es casi tres veces más extenso que el de Clementina77.
Ambos poemarios están construidos por versos cortos y sin rima. En el caso de Suárez,
en la versión de época, hay una estrofa-poema por página. En el de Barrera las
secciones están separadas por 7 versos-títulos78. Pero por su unidad temática, a pesar de
las divisiones señaladas, cada libro puede ser entendido como un solo poema.
74
¡Todos murieron en la lucha fiera / al pie de su trinchera,/ víctimas nobles de un brutal encono; / y hoy
en Honduras, cometiendo excesos,/ alza, sobre sus huesos, / un despotismo asolador su trono! / A los
malvados que a su pueblo oprimen / con el crimen, el crimen/ ha de poner a sus infamias coto,/o volarán,
odiados y vencidos,/ del solio, conmovidos / por un social y breve terremoto (en Umaña: on line).
75
Soberbia cima en que Moisés hubiera/–en su dorso de pinos y de robles– las Tablas de la ley con Dios
escrito,/ y en que la inmaculada primavera,/ en sus estrofas nobles,/ envía al infinito/–como vasto poeta–
de sus aguas el canto peregrino/ de su entraña la gema/ y la sangre fatal de su destino.// (...) Y exalto tu
grandeza, porque un día/ en tus hombros cayeron combatiendo/ la enorme tiranía,/ jóvenes que desearon
otra suerte/ á este bello país que está cayendo/ al lóbrego recinto de la muerte.// En el poema, Canales
personifica al monte que, inclusive, alerta sobre el futuro: Y no es remoto que del norte lleguen/ –como
conquistadoras– las águilas que extienden sus plumones/ en un lienzo de barras,/ (...) Y es que la libertad
es una farsa/ y el derecho un andrajo/ que en el estercolero de la vida/ fácilmente se engarza/ en un
escudo miserable y bajo. (Molina en Umaña: on line. Lo subrayado, en cursiva en el original).
76
Nada mi tedio fúnebre aminora:/ ni el orgullo del nombre resonante, / ni el viaje ideal sobre la mar
sonora / tras del ensueño en el azul distante. / (...) Sólo me enciendo en cólera que espanta/ cuando
intenta humillarte, Patria mía,/ del extranjero la maldita planta (Turcios, 1932: 127 en Umaña: on line).
77
Aproximadamente 130 versos para Suárez y alrededor de 330 versos para Barrera.
78
DEMOCRACIA, SUPREMA DEMOCRACIA, CANTO A LA ALBORADA, CANTO EN PLENA
ALBORADA, CANTO DE ESPERANZA Y RECLAMO, CANTO DE JUVENTUD, ELEGIA
GLORIOSA (en mayúsculas en el original).
74
Si bien el tratamiento de lo nacional es distinto en cada uno, comparten los principales
campos semánticos e inclusive léxicos –no sólo como referencias a un mismo tema,
sino que hasta con las mismas palabras (ver Cuadro 1). Los principales son el tiempo
glorioso como pasado ancestral y futuro luminoso; la educación como albor de la
cultura nacional, como naturaleza primera y como recurso material; la nación como
metáfora de una ruta, un flujo, una esencia, que puede, no obstante, ser percibida a
través de los sentidos; y finalmente el despertar de la emotividad frente a la evocación
de la comunidad amplia.
Cuadro 1
Similitud de campos léxicos y semánticos
Barrera se asocia tanto con la generación del 50 como con la del 35 (cf. González,
1987; Acosta, 2003), Clementina con la del 35 e inclusive la del 25. Más allá de la
pertinencia de estas categorizaciones, lo importante es la identificación de los
productores mismos con ellas y con los escritores que a ellas se asocian.
75
Para Pompeyo del Valle (1929), la Generación Literaria de 1950, a la cual él siente
pertenecer, favorecerá el poema social y el tema ‘íntimo’, en detrimento de las imágenes
sustentadas en la vida rural, las de carácter místico religioso y, sobre todo, las de tipo
patriótico (Del Valle, 1998). Sin embargo, escritores coetáneos, y el mismo Del Valle,
no descuidan el tema (cf. “Tu Nombre, Patria” escrito en la década de los cincuentas79).
Otros ejemplos son Jaime Fontana (pseudónimo de Víctor Eugenio Castañeda, Tutule,
La Paz, 1922- Tegucigalpa, 1972) quien escribe “Este volver a Honduras”80 (Color
naval, 1952); y Oscar Acosta (Tegucigalpa, 1933) con “El nombre de la patria”81
(Poesía menor, 1956).
79
Tu nombre, patria, fulge entre mis manos/ y por mis ojos ruedas y resumas./ Tu cielo con sus lágrimas
y plumas/ huésped es de mis sueños soberanos.// Sobre tu territorio mis hermanos/ trabajan, sufren,
luchan con los pumas./ Se oye la voz del viento y las espumas./ Padecen hielo fraguas y veranos.// Pero
una luz oculta te transita/ las secas venas, madre, y el doliente/ y bravo corazón. Un sol te habita// ¡Oh
patria las entrañas soñadoras/ mientras una paloma combatiente/ vuela hacia ti, con alas vengadoras!
(Del Valle, 1993: 63).
80
Parece que no habrá nada más tierno que este volver a Honduras:// llegar con el amor iluminado por
años y distancias,/ […]Porque volver a Honduras es ir de madrugada a los maizales/ para espantar los
pájaros bisnietos de aquellos que espantamos,/ […]Parece que también será de lágrima este volver a
Honduras:/ preguntar por hermanos, por amigos que no nos esperaron,/ y el horror de buscar en una
tarde de cal y de cipreses/ unos nombres. Julián o Federico, Carlos, Daniel o Marcos.// Todo será feliz y
doloroso, será trémulo y tierno/ porque volver a Honduras... me parece que es retomar el canto (Fontana,
1972: 71-72 en Umaña: on line).
81
Mi patria es altísima./ No puedo escribir una letra sin oír/ El viento que viene de su nombre./ […]No
puedo imaginármela bajo el mar/ o escondiéndose bajo su propia sombra./ Por eso digo que más allá del
hombre,/ del amor que nos dan en cucharadas,/ de la presencia viva del cadáver,/ está ardiendo el
nombre de la patria (en Umaña: on line).
82
Este poema aparece en una edición póstuma pero probablemente ya había sido publicado en periódicos
o revistas para las fechas en que aparecen los poemarios de Barrera y Suárez.
76
actividad fecunda sucederá al marasmo,/ y en la extensión insomne de todos sus
caminos,/ se alzarán majestuosos tus cumbres y tus pinos./ […] Pinares hondureños,
pinares ancestrales,/ enhiestos, eminentes, serenos, inmortales,/ bandera de victoria
contra las tiranías,/ vendrán los días de oro, vendrán los nuevos días... (en Umaña: on
line).
En nuestro estudio hallamos también otro poema que puede ser asociado a Cantos
Democráticos al General Morazán y a Canto a la encontrada patria y su héroe, no por
la temática –ya que es poesía social y no patriótica83–, sino porque cada estrofa inicia
con ‘quiero un canto’. El ‘versus’, o retorno de una misma estructura sonora, juega un
papel en el eje sintagmático. El rol que desempeña en la construcción de significado
dentro del texto es la reiteración de la necesidad. Ese deseo está inscrito en “La
Canción Desatada” de Pompeyo del Valle, poema inspirado por la Huelga del 54 y
publicado en La ruta fulgurante en 1956.
Pompeyo del Valle, admirador y amigo tanto de Claudio Barrera como de Clementina
Suárez, es el único ‘poeta consagrado’ en la historia nacional que es encarcelado por sus
ideas. A continuación una selección de estos versos: Quiero un canto tremendo,/ un
canto desatado […]/ que debe oír el pueblo […]// Un canto terrible defendido/ por
30.000 obreros/ con los vivos aceros/ de sus puños de fuego y calicanto; […]// Quiero
un canto supremo/ puesto en el eje de las multitudes/ como una gran bandera/ hecha
con sangre de las juventudes / caídas en la ardiente solanera; […]// Una canción que
diga/ al galeote de abajo que ya es mucha/ la sombra que nos cae desde arriba;/ que
hay que impedir el paso de la histérica / bota del Norte;/ que no queremos hacha que
nos corte / el futuro de América;/ de la indígena América que escapa / como un extraño
antílope en el mapa.// Una canción que estalle/ como una tromba esférica/ y avance en
83
Aunque estos términos no se encuentran ‘debidamente’ conceptualizados en los estudios literarios, aquí
nos resultan útiles. Podríamos limitarnos al sentido implícito que raya con su uso común, pero nos
conviene también hacer notar que la poesía social se erige actualmente como una faceta más digna de la
poesía patriótica, ya fuera de circulación. Un estudio lineal podría mostrar como la una casi vierte de la
otra, al menos en el corpus estudiado.
77
una ola/ de roja pólvora en medio de la calle/ donde pasan los negros automóviles/ de
los amos que empuñan la pistola/ en su blindada soledad inmóviles.// Una canción que
suba […]/ y que resuene en Cuba,/ se escuche en Guatemala, / amanezca en Honduras,/
fulgure en Nicaragua/ y cruce bajo el sol de Costa Rica.// […]Ese es el canto que yo
quiero, / el gran canto de acero/ que nunca se arrodilla (...) (Del Valle, 1956: 47-49).
Las alusiones a lo que se está viviendo en Guatemala son muchas como para tratarse de
una coincidencia. Lo novedoso que acontece en éste país son las implicaciones político-
ideológicas del protagonismo de los sectores medios intelectuales, en donde los
maestros85 juegan un rol fundamental (Democracia profunda de la letra). Obviamente,
no se puede asegurar que este haya sido un motivo-para de Barrera, pero podría
84
Especialmente porque “las nociones de pueblo y patria están enmarcados dentro de un nuevo código de
características nacionales-populares y románticas” (Tischler, 2001c: 270).
85
La huelga de estudiantes y maestros de junio de 1944 es el primer desafío abierto al régimen de Ubico:
“En la medida en que las acciones de desobediencia civil se fueron ampliando, secundadas por otros
sectores de la población urbana la acción de los estudiantes y maestros se transformó en un movimiento
nacional que hizo entrar en crisis la dictadura y logró la renuncia de Ubico” (Tischler, 2001c: 269).
78
considerarse que las asociaciones son pertinentes, pues probablemente, este sea el
contexto de significado en el que está inmerso el poeta al escribir sus versos.
Una vez esclarecido que la finalidad del poema es tratar de una democracia particular, o
sea revolucionaria, entonces el poeta puede comenzar a hablar desde su origen: su tierra.
El poema que sigue es CANTO A LA ALBORADA, en cuya cuna y raíz está el pueblo
como Horizonte genésico de voz de esperanza. El inicio – representado en la Niñez–
debe ser humilde, debe ser obrero. Pero como hemos ya enunciado, el tema de la
democracia en Barrera está impregnado por el imaginario de la nación, haciendo que se
salte a la colonia, pasado remoto de su pueblo (Los filos de cinco altas estrellas
vespertinas/ abren la noche episcopal./ Noche de siglo encomendero/ y de Fernando
VII./ Noche de esclavo/ y de Gobernador./ Noche de Virreyes/ y de oscurantistas./
Noche da Marqueses/ y de inquisición). Aquí se encuentra el poder que se debe
combatir, la lucha que se debe librar, como un deber incumplido que se hunde en la
noche de los tiempos (Siglo de la noche profunda/ con un llanto de tierra oprimida,/
con un rodar de hierro en eslabones,/ con la palabra muerta sin historia,/ con la gloria
sin gesto de alborada./ Noche profunda./ Noche sin historia). Este será el momento para
86
Es interesante confrontar este punto a la concepción del pueblo y de la nación desde la perspectiva
comunista y su proyección internacional. Para Hobsbawm (1997) la conjunción de la revolución social y
el sentimiento patriótico ha sido poco estudiada, pero puede decirse que el nacionalismo antifascista surge
en el contexto de una guerra civil ideológica internacional que involucra un conflicto social además de
nacional; los trabajadores y los intelectuales hicieron también una elección internacional, que reforzaba el
sentimiento nacional. “En el período de entreguerra, el pensamiento más interesante relacionado con la
‘cuestión nacional’ en el mundo dependiente tuvo lugar en el movimiento comunista internacional”
(Hobsbawm, 1997: 161).
79
hacer entrar en escena a Morazán, figura que ejerce a lo largo del libro una tensión entre
la patria chica y la patria grande, la cual desarrollaremos posteriormente.
Cuadro 2
Similitudes y transformaciones en los títulos
80
Lo que antes eran diversos Cantos se convierte en un Canto único, lo cual recuerda el
sentido de unidad y la necesidad de homogenizar implícita en el concepto de nación.
Barrera destinaba sus versos al caudillo, Suárez los reserva en primer lugar a la Patria y
en segundo a Morazán, quien pierde su nombre pero adquiere la designación sin par de
Héroe –con mayúscula. En el poeta, no hay referencia a un lugar en particular sino a una
condición, la democracia. Además, el personaje federacionista no está remitido a una
geografía en particular87. En cambio en la poeta, el personaje pertenece a su terruño.
Pero el cambio verdadero lo realiza la poeta al reemplazar la democracia por la
encontrada Patria.
87
En Honduras es todavía común creer que Morazán tiene categoría de héroe en toda Centroamérica.
81
Cuadro 3
Cambios léxicos y matices semánticos
Entrando más en detalle, la luz entendida como vínculo sobrehumano, elemento divino,
se asocia en ambos textos a la esperanza de justicia. Pero Suárez se desvía de la emisión
como fuente original, para hablar de resplandor –el cual es consecuencia secundaria–
y más precisamente como reflejo, lo que nos lleva por asociación a reflexión,
88
A mediados del siglo XX, sólo el 10% de una población de 1.4 millones vivía en comunidades de más
de 10,000 personas. Tegucigalpa, la capital, tiene 72,4000 habitantes, San Pedro Sula, 21,200. En 1957 la
capital poseía 6,000 vehículos. En esa época los Estados Unidos envían sus ingenieros para que
completen la carretera entre el Lago de Yojoa y Tegucigalpa (Dunkerly, 1988).
82
racionalidad, entendimiento –de hecho hacia ese significado tiende el atributo lúcido. La
luz en Barrera, coligada varias veces concretamente al sol, se presenta como una
realidad posible. En Suárez es ilusión, como la ficción colectiva que desarrolla en su
poemario y a la cual adhiere. En efecto, ella reivindica un sueño limpio, sin manchas de
sangre; sin urgencias, sin prisa; demarcándose de Barrera quien escribe en la ansiedad
de lo que aún no acontece.
Lo que resulta sumamente interesante al realizar este paralelo es que a través de los
mismos elementos, lo autores están hablando de dos patrias distintas. La de Barrera
refleja la idea de una nación irrealizada pero de alguna forma emergente. La nación de
Suárez es eminente, no sólo porque ella reconoce que ya está elaborada, sino también
porque ella se suma a su continua reelaboración. Puede ser pertinente preguntarse si eso
significa que entre la fecha de publicación de uno y otro libro (1944 y 1958, para
Barrera y Suárez respectivamente) ocurren cambios que permiten que se concretice lo
irrealizado, dentro de una forma leer lo que está sucediendo. Entender de manera lineal
es lo propio de nuestra forma de conocimiento. Es ‘normal’ razonar y dar sentido,
haciendo imperar la conexión causal entre los acontecimientos. Resulta más difícil e
inverosímil suponer que la nación emergente y la nación eminente sean dos realidades
que se trasponen, superponen o niegan, pero sobre esto volveremos después.
En los poemarios, como ya hemos mencionado, se tratan temas similares pero desde
distintos abordajes. Llama particularmente la atención una imagen de Barrera cuyo eco
se distingue y se reforma en Suárez, la cual reportamos en el Cuadro 4. Es muy
interesante estudiar justamente a partir de estas estrofas quién es el sujeto en cada una
de ellas.
Aún si esta investigación no ambiciona abarcar las dimensiones estéticas de las obras,
no deja de interpelarnos estos versos por su alto grado de poeticidad, ya que encierran la
83
llamada particular oscuridad del arte como una puerta que se cierra a la razón, que
transgrede sus normas, revelando elementos de lo que queda grabado, no en nuestra
memoria sino en el lugar menos aclamado del olvido.
Cuadro 4
Quién es el sujeto en los poemarios
Barrera Suárez
Yo,
hombre del istmo; Hay que sobrevivirse
con un mundo en la espalda, pero en la espina dorsal de tu cuerpo.
frente a dos mares pródigos, En tu fabulosa estructura,
con las manos vacías habitante de mar y tierra.
y los ojos extáticos.
Estoy clavado en sombras
con terribles prejuicios coloniales.
El Yo de Barrera no está aislado, como sugiere el espacio que abarca todo un verso. La
coma que lo sucede nos prepara a la aposición yuxtapuesta en el verso siguiente. A la
interrogante “¿quién?”, la respuesta es un hombre del istmo. Esa primera persona del
singular es un sujeto colectivo. Frente a la pregunta ontológica del yo, Barrera tiene
como respuesta la conciencia de pertenecer a un grupo. Pero ¿quién es ese sujeto? Es un
inesperado titán capaz de llevar un mundo en la espalda. En la imagen casi aparece la
curvatura de nuestro pedacito de América, cediendo bajo el peso esférico.
84
posibilidades. Tampoco dos que se presentan como lo uno o lo otro, o sea, como una
encrucijada. Al estar simultáneamente de frente –y no entre – dos mares, el Yo, se
encuentra escindido, como cuando ejercen un campo de fuerza las polaridades. Esa
tensión lo detiene, lo sostiene, lo conserva más que extático, clavado.
El instrumento que lo inmoviliza, las puntas terribles que se hunden en esas palmas
llenando su oquedad no pueden ser vistas, están en sombras. Son prejuicios,
elaboraciones que trascienden la razón pero que pueden ser descritas, calificadas. La
adjetivación del sustantivo permite el señalamiento de sus orígenes coloniales89.
Al concluir la estrofa en Barrera, podría completarse una imagen que hemos visto hasta
ahora solamente a través de sus detalles. El istmo, parece casi una espada de dos filos
que se vuelve hacia el sujeto y lo acorrala ya no contra la pared, sino contra el mundo,
paralizándolo con un miedo que no es sino el estigma de otro tiempo.
En Suárez sucede algo distinto. El sujeto colectivo de Barrera, pasa a ser impersonal
(sobrevivirse) implicando una identificación con cada cual, pero también con ninguno.
En los primeros dos versos no hay sujeto explícito de la acción, sino que éste se
reconoce por la marca que lleva el verbo de la frase subordinada al verbo principal. Hay
indica la necesidad y el deber. Ninguno de los dos verbos es gratuito y merece la pena
reparar en ellos. El verbo ‘hacer’ indica la acción principal, ‘sobrevivir’, en cambio, la
acción subordinada por la preposición relativa que. Juntos recuerdan ciertos principios
sustentados por el liberalismo. Dado que “el hombre es un lobo para el hombre”, para
sobrevivirnos es necesario convenir un pacto social. El establecimiento de este contrato
no se hace entre grupos de poder sino entre ciudadanos ‘iguales’ –de hecho, el término
usado por Suárez, habitante, es su sinónimo.
89
Este elemento traza una línea establecida en nuestro imaginario, uniéndolo al primer argumento del
‘ideario’ de Rosa: “Nuestra sociedad conserva […] el huraño retraimiento de los tiempo coloniales […]
permanece en ese estado de estupor que sucede a las grandes crisis” (en Valladares, 1948: XI-XIII). En
muchos de sus discursos, el célebre estadista liberal y más famoso orador de la historia hondureña
insistirá en la figura del opresor extranjero como una suerte de culpa hereditaria: “Recordemos que los
pueblos centroamericanos carecían de la noción y de la práctica de los principios que trajo en su seno la
independencia; y así se explica cómo, aun verificada ésta, haya sobrevivido el espíritu de la Colonia, del
que aun no hemos podido divorciarnos por completo (Rosa89 en Valladares, 1993: 167).
85
Esta reflexión puede ser pertinente, pues lo comunitario en Barrera es reemplazado por
lo individuado en Suárez: el istmo se convierte en una espina dorsal (Centroamérica
dentro del Mundo). De hecho, el mundo es reemplazado por un cuerpo.
Esta forma de sobrevivirse podría remitir a los prejuicios coloniales aludidos por
Barrera si entre los textos quisiéramos establecer un diálogo. Sin embargo, aislada, la
estrofa dentro de su unidad refiere sobre todo al tercer verso. Suárez separa a éste del
segundo con un punto. Gramaticalmente no se justifica este signo de puntuación.
Además de que los dos siguientes versos no forman una frase, se encuentran
coordinados por la conjunción pero del segundo verso.
Nos aventuramos a hacer algunas suposiciones a este respecto. Por un lado, ese punto es
un sello de oralidad –una marca del tiempo de locución, una especie de ‘blanca’ o
‘negra con punto’ en la partitura, no tan musical, de nuestra enunciación. Por otro,
permite dar un énfasis al tercer verso mediante la mayúscula. Brinda la posibilidad de
poner en inicio de frase lo que se va enunciar. La supervivencia se logra porque existe
una fabulosa estructura. El ser humano vulnerable en su individualidad saca provecho
de la vida en sociedad. A cambio, se debe sumir a las reglas de esa estructura,
constituida por los pilares mismos de la sociedad, casi con un eco comtiano.
Nos parece que estas referencias se sostienen en el imaginario del mestizaje. Por un
lado, permite la atenuación emocional de la huella de la conquista, dándole un sentido a
86
lo que de otra forma habría que señalar como un mal que aún está aquí, como los
prejuicios coloniales que ‘clavan’ todavía al sujeto colectivo de Barrera. Por otro lado,
el mito mesoamericano del mestizaje ha sido casi una política institucional de
‘resolución’ de conflictos sociales, que va desde la ‘libre’ fusión cultural hasta las más
drásticas gradaciones.
En Suárez, todo el texto está construido en el presente del indicativo, excepto por dos
párrafos/poemas en donde al recordar se usa el imperfecto indicativo (qué transparencia
tenía/ era corno ver mi alma/ en tus aguas reflejada!). Benveniste (en Vásquez, 2001)
sugiere, al hablar de la estructura de las relaciones de persona en el verbo, cómo a través
del uso del tiempo imperfecto el hablante crea la ilusión de traer a su propio contexto
acciones de larga duración; las cuales, al sugerir continuidad, pueden ubicarse también
en el presente. El uso del tiempo imperfecto sitúa al pasado en el presente, lo actualiza a
través del emisor del discurso, quien se asume desde el presente como parte de ese
pasado colectivo. La autora se sitúa en un tiempo potencial que sirve de unión entre el
pasado y el presente, mostrándose como portadora de la memoria colectiva. El pasado
perfecto de indicativo es usado únicamente para hablar de lo que ha acontecido, de lo
que ya se ha alcanzado (verdad que se ha poseído, / dolor que se ha conquistado).
En Barrera, sucede algo muy distinto. Predominan las frases nominales al describir la
democracia. Hay una ausencia de acción, una sensación de inmutabilidad. Al aparecer
87
Morazán como la voz del pueblo los participios se introducen, pero son los
complementos circunstanciales de espacio la forma gramatical reiterada. El verbo
conjugado –en presente de indicativo– surge únicamente al referir a un cambio de
temporalidad que marca el origen de la nación: Los filos de cinco altas estrellas
vespertinas/ abren la noche episcopal. Cuando aparece Morazán dentro de este
escenario, las frases son predicativas pero los sujetos son impersonales, y se encuentran
todas en presente de indicativo, casi como una narración radial en vivo: Se alza la
espada y el amor./ Cae la noche/ y Morazán renace frente al sol. Posteriormente hay
una oscilación de tiempos reales y verbales dándose saltos al pasado, regresos al
presente y menciones al futuro, creando una espiral de momentos en una imagen única.
El perfecto de indicativo se utiliza cuando habla Morazán, como un reproche, marcando
más lo que no ha acontecido que lo que se cumplió: Qué de mi vida hiciste/ juventud de
la vida?// Qué de mi muerte grande/ resurrecta habéis hecho?/ Qué de mi pensamiento/
que no comió la tierra? Qué de mi soledad/ que os acompaña siempre? En la medida en
que continúan las preguntas hay coordinación del verbo (un mismo verbo es utilizado en
varias frases), creando frases nominales interrogativas Qué de mi peregrina/ Sombra
bajo la pólvora?, sugiriendo una disminución de la acción hasta llegar a la ausencia del
inicio, nuevamente el regreso a lo inmóvil, a lo que no termina de suceder, quizá a la
nación que no termina de emerger.
88
–presidente cuando publica Suárez– es nombrado mediante elecciones directas sino por
dicha Asamblea90.
Han surgido sin embargo dos nuevos elementos. El primero es la institución castrense.
A parte de la reciente creación de la Academia Militar, las actuaciones de las Fuerzas
Armadas en la esfera pública no se hacen esperar. El primero de agosto de 1956, el
ejército, junto a miembros del Partido Liberal, se toman el cuartel San Francisco,
habiéndose producido dos meses antes una huelga de estudiantes universitarios para
expresar el descontento frente a la dictadura de Lozano. El 7 de octubre al alterarse los
resultados de las elecciones para confirmar vencedor al recientemente formado Partido
Unidad Nacional (PUN), con Lozano a la cabeza, una Junta Militar91 toma el poder.
Anteriormente, cada vez que Honduras era convulsionada por los ataques de sus vecinos
y sus mismas luchas intestinas (decenas de veces desde la independencia), la ‘vuelta al
orden’ se realizaba con tropas improvisadas para la ocasión. En cambio, el ejército
militar nacional se conforma para enfrentar lo posible, y se presenta como un ente que
libera hasta lo imposible. Pretende sobre todo inspirar temor, hacer que cualquiera se lo
90
El 21 de septiembre de 1957, se realizan elecciones en Honduras, para integrar una Asamblea Nacional
Constituyente, la cual se instala el 21 de octubre, presidida por Villeda Morales. El 16 de noviembre
dicha Asamblea nombra a Villeda Morales presidente de la República (Rojas en Pérez Brignoli, 1994).
91
La Junta Militar (integrada por el comandante de la Academia Militar, General Roque Rodríguez, el
coronel Héctor Caraccioli y el mayor Roberto Gálvez, hijo del ex-presidente Gálvez) inicia el 21 octubre
1956 y termina el 21 diciembre 1957.
89
piense dos veces antes de agredir al Estado. Por lo tanto, es una suerte de esfuerzo que
se prepara para lo que aún no sucede, para lo que quizá no vaya nunca a suceder. Está
totalmente claro que se habla de un ámbito en el que lo que importa no es ya el ser sino
el parecer.
Con el Golpe, las Fuerzas Armadas entran en la arena política por primera vez desde
una plataforma constitucional y además con el apoyo popular y el de los partidos
tradicionales. Aparte de estas incursiones, el gobierno de Villeda Morales expresaba la
alianza entre políticos y militares, de la emergente burguesía industrial y financiera, las
capas medias urbanas, el campesinado pobre y los trabajadores asalariados (Rojas en
Pérez-Brignoli, 1994). Los militares toman así sus primeras medidas para hacerse una
institución profesional e independiente del mando de cualquier partido político.
92
El 3 de mayo del 54 inicia la huelga, de forma espontánea en varios lugares de la república. En Puerto
Cortés los muelleros y mecánicos se organizan para la lucha reivindicativa; en Tela se forma una
cooperativa en el departamento de contabilidad; en el Progreso y Ceiba se encuentran organizados
‘grupos de estudio’ en las distintas dependencias de la bananera (Robleda, 1995). Para Barahona (1994:
88): “Pocos días después de iniciada la huelga de los trabajadores de la Tela Rail Road Company se
desencadenó paulatinamente una serie de huelgas en las ciudades más próximas a las plantaciones
bananeras como la Ceiba, Puerto Cortés y San Pedro Sula y en otras, situadas a mucha distancia de la
bananera, como Tegucigalpa, El Mochito y Danlí. Todas ellas exigían incrementos salariales y mejores
condiciones de trabajo”.
93
Sin embargo, se reporta que en esa época la membresía del partido Comunista es reducida, la dirigencia
es de diversas nacionalidades, falta de fondos, son efectivamente perseguidos y hostigados,
particularmente por la United Fruit Co. El obrerismo organizado en las plantaciones es mayoritariamente
conservador, y muchos son revolucionarios ‘políticos’ pero no ‘económicos’ (Argueta, 1992).
90
una mayoría de sus miembros en el Comité Central de Huelga, contando además con la
asesoría del Comité de Lucha Obrera.
La huelga alcanza una participación de más de 35 mil trabajadores94, entre los cuales 15
mil de la Standard Fruit Company –rival de la Tela–, algunos obreros de fincas
independientes, mil obreras textileras de San Pedro y 400 trabajadores de Tegucigalpa
(Barahona, 1994). No obstante, un movimiento de tal magnitud y duración no habría
tenido lugar de no contar con el apoyo de una comunidad más amplia. La Huelga se
distinguió por la solidaridad y simpatía del pueblo (Robleda, 1995). Así mismo, las
mujeres, constantemente invisibilizadas por la historia, juegan un rol fundamental y
protagonista en el sostenimiento del movimiento huelguístico, tanto desde las masas
como en figuras de gran liderazgo (Cf. Teresina Rossi). Hacemos notar que la presencia
de las mujeres en el movimiento obrero es mucho anterior95.
94
Sin embargo, autores de una gran pertinencia analítica y teórica, como Robleda (1995), señalan que se
desconoce el número exacto de obreros contratados por la bananera, además de aquellos que trabajaban
sin entrar en planilla.
95
El 24 de octubre de 1923 se funda en Tegucigalpa la Sociedad ‘Cultura Femenina’ por Graciela A.
García, Visitación Padilla, María Luisa Medina y Eva Sofía Dávila y entra a formar parte del movimiento
obrero (Robleda, 1995).
91
III.5. Una débil fuerza mesiánica
En el texto de Suárez está claro que nación significa también invención, entendida como
creación genuina, y no como artificio. Para la poeta, la Patria es la arquitectura del
hombre, imagen en doble sentido: hombre creador de su arquitectura y arquitectura
conformadora del hombre96. Este es el momento oportuno en el que la poeta da un salto
directo hacia Morazán, tal como lo había anunciado en el título.
96
No podemos asegurar que en este contexto hombre signifique también mujer. Este sería un tema de
investigación aparte. Sin duda Clementina ofrece mucho material para cuestionarse en lo que se refiere a
la inclusión o exclusión de la mujer en la marca de género en el lenguaje.
97
Este concepto se amplia con el tiempo para abarcar a la masa de habitantes de un país (Hobsbawm,
1997).
92
La presencia de la figura del caudillo no es un caso particular de las producciones de
Barrera y de Suárez. Muy al contrario. Ha llegado a constituirse en uno de los ejes
cardinales del ‘alma’ hondureña. Al consultar la poesía que se ha escrito al héroe desde
que estuviera en vida, hasta la publicación de los ‘Cantos’ de Barrera y Suárez
(aproximadamente de 1842 a 1958), sobresalen una serie de características que iluminan
nuestro estudio y que permiten aprehender la nación como escritura cotidiana y
advenimiento de lo memorable.
Si bien la leyenda morazánica antecede a su muerte –ya sea como héroe o su contrario–,
su proclamación oficial se elabora en la forma de un culto laico. Aunque la religión no
es una señal de protonacionalidad sí lo son los íconos santos98.
A finales del XIX se declara a Morazán héroe nacional hondureño, como expresión de
la moda en la configuración moderna de los Estados nacionales, pero especialmente
como la respuesta a una cierta necesidad consciente99. Recurrir al héroe para volverlo la
encarnación de las carencias ideológicas y políticas se repite en varias épocas. En 1892,
momento de gran énfasis en los ideales liberales, Morazán es el Reformador grandioso
de este siglo. […]/ repúblico eminente,/ prototipo/ De la alma Democracia (Cisneros en
Umaña, 1995: 113). En 1942, en pleno cariato100, con exaltación se escribe: Crujen las
viejas cadenas ... paso al ideal redentor (Pérez Cadalso en Luna Mejía, 1961: 751). En
1944, en vísperas de la Revolución Democrática en Guatemala, como hemos visto con
Barrera, se funde literalmente con la figura de las clases subalternas y representa su
ideario: Morazán voz de pueblo/ con levadura de tierra/ propicia al grito eterno/ de
anunciación y vida./ Médula campesina./ Médula intelectual./ Médula proletaria
(Barrera en Umaña, 1995: 163). Nos resulta sumamente interesante resaltar cómo la
representación en torno al mismo eje adquiere nuevos significados, valores y prácticas
en función del contexto social, recordando algunos postulados marxistas, como aquel
que sentencia que los órdenes y valores están determinados por las relaciones sociales y
98
“Representan los símbolos y los rituales o prácticas colectivas comunes que por sí solas dan una
realidad palpable a una comunidad por lo demás imaginaria. […] La importancia de los íconos santos la
demuestra el uso universal de sencillos retazos de tejido coloreado –a saber: banderas – como símbolo de
las naciones modernas y su asociación con rituales y cultos a los que se concede gran importancia”
(Hobsbawm, 1997: 80).
99
“... no tenemos pueblo: asimilémonos la idea y el sentimiento de un extraordinario mito” (Rosa, 1996:
17).
100
cf. Novedad de la utilización del término en Víctor Meza.
93
que los cambios en la infraestructura provocan también cambios en la forma de pensar.
Dado el enfoque de trabajo, agregaría: y de sentir.
Lo que llena nuestra conciencia histórica es siempre una multitud de voces en las que
resuena el eco del pasado. En este sentido, la poesía es una memoria entre memorias.
Esta evocación colectiva no es una recolección, sino una selección de episodios que se
juzgan ejemplares o edificantes. A lo largo de casi dos siglos, la poesía morazánica
hondureña va tejiendo un imaginario que legitima al caudillo101. Los calificativos que se
le atribuyen pertenecen a un código casi axiológico102 (idea, ideales, honor, valentía,
decoro, justicia) y a otro, prácticamente político (reformador, repúblico, alma de
democracia, estadista de verbo tribunicio), que para mediados del XX parecen fundirse
en rasgos –para la época– revolucionarios (médula intelectual, libros, democracia, voz
de pueblo, libertad).
Lo cierto es que la imagen del caudillo y su ética guerrera frente a las ataduras
coloniales no trasciende en la poesía más allá del siglo XIX. Agotada, la figura se
transforma en la silueta fantástica de un guerrero inusual: Capitán infeliz, suma del
sueño,/ […]General de las luciérnagas,/ integro escudo, lanza invencible,/ Capitán de
veras, armado caballero del decoro (Paz Paredes en Umaña, 1995: 134). El concepto
llano del héroe evoluciona a Patriarca (en 1943), después sencillamente a Padre (en
1954) e inclusive a artista, sugiriendo un acercamiento de lo mítico a lo humano en un
sentido horizontal, presentando una relación sintagmática dentro de la linealidad del
tiempo y la contigüidad temática.
101
El “Grupo Compostela de Estudios sobre Imaginarios Sociales” y el profesor Juan Luis Pintos,
consideran que de no existir los imaginarios adecuados las ideologías o bien son simplemente rechazadas
por las mayorías, o bien se mantienen en el puro campo de las ideas. Las ideologías jugarían un papel en
el campo de las legitimaciones y los valores aceptados mientras que los imaginarios actuarían más bien en
el campo de la plausibilidad o comprensión de las legitimaciones. Serían los imaginarios los que hacen
creíbles los sistemas de racionalización legitimadora.
102
Para Rosa (1996: 11) la vida de Morazán “entraña, no tanto una serie dilatada de hechos, de esfuerzos
y de heroísmos, cuanto una serie de altas ideas y de fecundas enseñanzas”.
94
de sus más acérrimos enemigos, el Padre Reyes, subraya: Sobre bruñidos bronces/
vuestro nombre se escriba,/ por que nunca se borre,/ y en la memoria de los hombres
viva (Reyes en Umaña, 1995: 108). Esta sentencia se cumplirá al pie de la letra –si no
en la eternidad al menos en lo que va de nuestra historia103. La leyenda, la inmortalidad
y la gloria, coadyuvan para mistificar al personaje, pero no serán los únicos elementos.
Con seguridad, antes de 1883, ya se le caracterizaba de mártir (Molina Vigil en Umaña,
1995: 122).
Estos tres elementos – suplicio, divinización y traición – resaltan aún más el paralelo
con Cristo, el cual se mantiene al iniciar el siglo XX: mártir genial / […] Como el sacro
Nazareno,/ él recorrió su calvario,/ con valor extraordinario/ fue al patíbulo, sereno;/
103
Sólo a título de ejemplo, en 1943 un mismo poema hace alusión cinco veces a la perennidad de sus
virtudes y proezas: los mártires (...) gestan hoy la eterna realidad histórica del Gran Continente/ (...) Ha
sonado la hora de (...) construir sobre el suelo del tiempo/ fortalezas de acero tramadas con sueños
eternos./ ¡Oh, visión, esperanza inmortal de los héroes!/ (...) en Corcel de siglos vas rompiendo el cielo
de la eternidad,/ (...) te abre su imperio la Gloria (Pérez Cadalso en Umaña, 1995: 141).
104
El mismo Rosa (1996: 12) subraya: “Yo me comprometería a salir airoso escribiendo, con cuatro
plumadas, las biografías de todos los criminales tiranuelos que han llenado y llenan de infamia al Centro
de América, pero me siento débil y medroso al escribir la vida de Francisco Morazán. Yo experimento
cierto religioso respeto al expresar mis juicios sobre la vida, hechos e ideas de Morazán. Yo sé por la
Historia que un pintor piadoso cuando reproducía la imagen divinizada de Jesús, lo hacía de rodillas: yo
imito en parte su ejemplo: yo me arrodillo; pero me inclino ante la magnífica figura del mártir de Centro
América que personificó los ideales de nuestra destrozada patria”.
105
Además de los acontecimientos que llevan al fusilamiento de Morazán, Francisco Ferrera (1794-1851),
su colaborador y uno de los primeros en escribirle poemas, posteriormente se declara su enemigo.
Además, es Jefe Supremo de Estado en el momento de su asesinato.
95
[…] que así como Jesucristo/ tuvo también su Tabor (Ordóñez López en Luna Mejía,
1961: 695). En 1942, en ocasión del 150 aniversario de su nacimiento –que coincide
con los cien años de su deceso– se enfatiza particularmente la adversidad de su
muerte106. Las asociaciones religiosas y ‘divinas’ con relación a Morazán se tornan
frecuentes. En las publicaciones efectuadas alrededor de 1943, Morazán es ya una
especie de cruzado, llamado inclusive santo laico de espada y de cilicio (Juárez Fiallos
en Umaña, 1995: 141).
106
Las celebraciones del nacimiento de Morazán suelen ser de gran relevancia cada 50 y 100 años en
Honduras.
107
Recordamos que la idea de una estructura del sentimiento “puede relacionarse específicamente con la
evidencia de las formas y las convenciones -figuras semánticas- que, en el arte y la literatura, se hayan a
menudo entre las primeras indicaciones de que se está formando una nueva estructura de este tipo"
(Williams, 1980: 156).
96
Si he insistido en el paralelo poético entre Morazán y Jesús, es porque creo que es
fundamental para nutrir no sólo el imaginario de la muerte por el propio pueblo, si no
sobre todo el de la espera y la imperiosidad del regreso. Morazán se convierte en esta
trayectoria lírica en el símbolo de la lucha reprimida, el llamado insistente de la deuda
social que asalta a la realidad: Tu pueblo está esperando tu retorno/ Con los puños en
alto como antenas,/ Elevándose más allá de tus pinares/ Y de la onda nebulosa en que
circula/ El mensaje de unión que nos legaste (Paz Paredes en Umaña, 1995: 134). En
1944, ese regreso ‘relampaguea’ entre los acontecimientos de Guatemala y la matanza
de San Pedro Sula108. Adueñándose del recuerdo, el poeta articula históricamente el
pasado109, arrancando de Morazán la muerte: Comienza el Alba .../ Se alza la espada y
el amor./ Cae la noche/ Y Morazán renace frente al sol. […] Morazán está de pié –fijo
en la euritmia clara-/ Sin la íntima muerte pequeña […]/ Está firme en la muerte/
marchando hacia nosotros (Barrera en Umaña, 1995: 163).
97
sigue puesta en el destino sin rumbo de la angustia cuyas bases se encuentran en la
pobre piedra de la esperanza.
En nuestros días, Washington, Lincoln, Bolívar, e inclusive Morazán son vistos como
parte de las formaciones institucionales y hegemónicas, pues han sido integrados en la
elaboración de las tramas del poder a través de las Historias Nacionales. Mientras tanto
Sandino o Zapata representan lo contrahegemónico y se mantienen como símbolos de lo
subalterno, ya que no se instalan dentro de la comodidad del sistema. En este sentido, el
héroe hondureño se mantiene, no obstante, como una figura liminar. Aunque en varias
ocasiones el caudillo es presidente de algunos países centroamericanos, esto no
trasciende en las anécdotas populares como lo hace su cometido. Por lo tanto, la
finalidad de su lucha se encuentra por siempre pendiente. Si recordamos cómo subsiste
el imaginario de la carencia y la orfandad en la comunidad hondureña, entenderemos
porqué los ideales morazánicos unionistas pueden haber permanecido como el sueño de
la colectividad, dentro de las características de lo inconsciente y sus manifestaciones
latentes111.
110
mi General Usted no ha muerto!/ Sólo duerme, medita/ va a levantarse un día de su lecho, en silencio/
y entonces/ se llenarán los pueblos de canciones (Brito, 1942 en Umaña, 1995).
111
A este propósito, recientemente se ha escrito que: “… existe una tensión entre lo hondureño y lo
centroamericano. Es una forma constante de soñar, de idear una realidad, de visionar el paraíso, lo que los
griegos llamaban la “isla de los bienaventurados”. Honduras se mira en esa utopía porque ella está dentro
de ese sueño. Es un sueño del cual despertará cuando se centroamericanice. En el subconsciente colectivo
hondureño pervive el ideal prócer –tensionalidad hacia el futuro- de la unión ístmica. Ese sueño sigue
vigente, aunque no prosperen sus incontables ensayos de diálogos y alianzas (Fausto Leonardo Henríquez
“Figuraciones: tendencias de la poesía actual hondureña” Foro elfausto: on line. 20 de junio de 2005).
98
Lo importante es que entre el lamento de lo inconcluso, la esperanza de vencer existe
desde siempre, pues para Barrera en el momento en que Cae la noche, Morazán renace
frente al sol. No nace solo sino con el soldado de la América. / EI mismo soldado de
Bolívar, /de Martí /y de Morelos. /EI soldado celeste cuajado en esperanzas /con la
savia del indio/ y el aroma de Francia (nótese que ese soldado nunca fue a la academia
militar, la cual aún no existía...). Ese idioma de los siglos es aquel que creará la figura
del ciudadano, del pueblo-Estado, el cual llega para salvar la historia de la muerte.
112
En el imaginario hondureño se adquiere ‘la independencia por ensalmo, sin una cuota de dolor y de
sangre’ (cf. Rosa, 1996).
99
Para volver a Clementina –quien propicia estas búsquedas y razonamientos– es
necesario hacer énfasis en algunas cosas. La gran diferencia entre los poemarios de
Barrera y de Suárez es que en ésta desaparece el ‘pueblo’, ‘la lucha’ y ‘la democracia’.
Aunque para la crítica literaria, Clementina no es socialista ni comunista sino revo-
lucionaria, resulta un poco difícil suponer que estos temas hayan sido ‘depurados’. Por
otro lado, ciertamente el estilo de Suárez no es el típico de la ‘literatura
comprometida’113.
Dejar hasta aquí el análisis sería pecar de superficialidad. Creemos que las respuestas se
encuentran en los contextos de significado históricos, literarios y personales de la poeta.
Clementina conoció a Villeda Morales, cuando este estuvo en EI Salvador antes de
llegar al poder. Conversaron sobre sus sueños de progreso y desarrollo para Honduras y
Villeda la instó a volver. Efectivamente, al entrar Villeda al gobierno, Clementina
vuelve e intenta trabajar en Honduras. Cuando publica Canto a la encontrada patria y
su héroe, Suárez pone un final a su exilio autoimpuesto y a las críticas que siempre
profirió hacia Honduras.
Hay que recalcar que Villeda Morales se había presentado ya para las elecciones del 10
de octubre de 1954. Pero más que la finalmente feliz llegada de los liberales al poder,
113
“La poesía revolucionaria de Clementina no se ajusta a la estética que predomina entre críticos y
practicantes de literatura comprometida de Centroamérica. (Mientras no hay una certeza en la que todos
concuerdan, y tampoco ha habido un manifiesto de principios comunes y prácticas prescriptas, la poesía
comprometida más apreciada y más fácilmente identificada es aquella que se sitúa en los combates o en el
campo, que es explícitamente antiimperialista o que critica los valores burgueses e intenta remover poetas
de sus pedestales para ponerlos en la calle). Tampoco es su estilo de vida una manifestación típica de
principios revolucionarios, aunque definitivamente cuenta con una estética "revolucionaria" muy suya”
(Gold, 2001: 239).
114
Alejandro Bermúdez en los comentarios de la introducción, señala que la autora “enfrenta con los ojos
abiertos las realidades de la vida y la muerte, así como el problema de mayor importancia en los tiempos
que corren: "la justicia para las masas desposeídas de la tierra"” (en Gold, 2001: 220). En cuanto a
Claudio Barrera, para Gold (2001), habiendo el poeta jurado lealtad a la vida bohemia, sale de Honduras
en busca de nuevos horizontes para “perderse sin remedio”. Del Valle (1998) considera, no obstante, que
entre los escritores de la época lo que sí está presente es el compromiso social: “No teníamos un
programa estético compartido, ni una sensibilidad pareja, ni una weltanschauung comunes. Sólo una vaga
idea de la democracia como fórmula política salvadora” (Del Valle, 1998: 42).
100
quizás la Huelga del 54 sea el punto clave para entender porqué al escribir Canto, la
autora no se siente compelida a incitar a la lucha obrera. No es fácil suponer que la
autora no desea comprometer su trabajo (cf. su poema “Muerte de una Obrera”) sino
porque de alguna manera algo dramático ha sucedido. Manuel Chávez, antropólogo
hondureño, considera que “... si hay una fecha clave en la historia moderna de Honduras
es justamente ese año. La historia del movimiento popular hondureño se escribe antes y
después del 54” (Chávez y Umaña, 1991: 15).
115
Para Benjamin (1982: 123) la verdadera historia “es objeto de una construcción cuyo lugar no es el
tiempo homogéneo y vacío, sino el ‘tiempo actual’, que es lleno. Así para Robespierre la antigua Roma
era un pasado cargado de ‘tiempo actual’ que él hacía brotar del continuum de la historia. La Revolución
Francesa era entendida como una Roma restaurada”.
116
Entre nuestras interpretaciones orientadas hacia el pasado y nuestras expectativas dirigidas hacia el
futuro, Reinhart Kosellek (en Vasquez, 2001) propone el concepto de Erfharung (experiencia), que
comprende el espacio de experiencia (el pasado adquirido en nuestra experiencia y convertido en hábitus)
y el horizonte de espera (la espera en relación con el futuro, inscrita en el presente) y concluye que ni el
pasado ni el futuro están cerrados, como suponemos.
117
En un artículo periodístico de enero de 1954 sobre las publicaciones efectuadas durante el último año,
cabe recalcar cinco trabajos que refieren a Morazán: Memorias de David y Manifiesto al Pueblo
Centroamericano (Instituto Morazánico, Imprenta Calderón, Tegucigalpa); Francisco Morazán, su vida y
su obra, (Tipografía Nacional, Guatemala) –editado en 1952 por Jorge Jiménez Solís, pero circula en
Honduras a partir del 54 –; Morazán (Rubén Leyton Rodríguez, Imprenta Búlnes); 15 de septiembre
(Secretaría de Educación Pública, Imprenta Soto) y las apologías morazánicas publicadas por las
Embajadas de Honduras en Costa Rica y Cuba (Durón, 1954: 3).
101
imposible, en el presente histórico de los motines, emergen las repeticiones espectrales
de otros relatos”.
El regreso a la vida de Morazán como uno más entre nosotros, coincide en la poesía
exactamente con la huelga del 54. Creemos que los cambios en las estructuras de sentir
evidenciados son indicadores que interpelan119. Antes del 54 la poesía morazánica
aclama el ‘regreso de Morazán’. Después del 54 –para nosotros sintomático de la
aparición del proletariado en la escena política– el caudillo es una fuerza interna que
guía un movimiento: Frente al vano reposo yo transijo./ Tu figura: península al viento./
Curso del mar. Sustancia. Padre, hijo/ y espíritu terrestre del sustento.// Luz de perfil.
El germen que prolijo/ levantaste a la altura del tormento,/ tiene que ser un sol, pero no
118
Umaña sugiere a propósito de este poema que “se distinguen cinco momentos: labor infatigable de
Morazán por el ámbito geográfico de la patria; exaltación de su poderosa fuerza; identificación Morazán-
pueblo; el dolor por la muerte del héroe como elemento de unidad entre los hombres y ratificación de su
invisible permanencia en cualquier ciudadano digno” (1995: 170). En la observación paisajística hay una
alternación de la geografía imaginaria con la real.
119
Para Williams (1980: 136) sería “un error descuidar la importancia de las obras y de las ideas que,
aunque claramente afectadas por los límites y las presiones hegemónicas, constituyen -al menos en parte -
rupturas significativas”. En ciertos contextos, éstas pueden variar desde una situación aislada hasta una
verdadera actividad revolucionaria, y las obras de arte resultan particularmente relevantes ya que
permiten una apertura finita pero significativa (Williams, 1980).
102
fijo,/ porque la luz se mueve en tu momento (Rivas, 1964 en Umaña, 1995: 174)120. De
forma exaltada por una multiplicidad de voces poéticas, el héroe será un interlocutor al
que se le puede reiterar, de tú a tú, que vives entre nosotros: No./ No estás ahí de
bruces/ indefenso en el polvo./ Ni se oculta tu estatua/ entre los fríos picoteada por
pájaros./ […] No eres signo de escarnio/ congelado en la boca./ Ni falsísimo brillo de
medallas./ […] Vives entre nosotros. Trabajas/ tienes sed./ […] Estás entre nosotros,/
bajo la misma noche,/ repartiendo la luz a todos los días (Sosa, 1966 en Umaña, 1995:
178).
Como buen romántico, Rosa (1996: 16) planteaba en el XIX la necesidad de buscar “un
poderoso resorte para movernos”. Sostenía que la revolución de las ideas y los
principios estaba aún pendiente en Centro América. Y añadía que “una verdadera
revolución no puede hacerse sin bandera, y el patriotismo centro americano para
moverse revolucionariamente debe levantar, muy alto, la bandera de Francisco
Morazán” (Rosa, 1996: 25). Fuera de toda influencia del romanticismo, ya a finales del
siglo XX, Umaña (en Chávez y Umaña, 1991) reitera el tema de Morazán y la
realización de sus ideales, como una condición de la formulación conceptual de la
nación hondureña. Con la distancia de 100 años, entre estos dos autores, se puede
escuchar “un secreto acuerdo entre las generaciones pasadas y la nuestra” (Benjamin,
1982). Creemos que se puede pensar el tiempo morazánico como una temporalidad
inagotada y que sigue reclamando su derecho sobre el presente121.
120
Aquí queremos rescatar un eco benjamiano en la imagen luminosa: “Así como las flores se vuelven al
sol, de la misma forma, en virtud de un heliotropismo secreto, todo lo que ha acontecido se vuelve hacia
el sol en el cielo de la historia” (Benjamin, 1982: 105).
121
Identificamos nuestra forma poco convencional de interpretar los hechos con la manera en que
Brading entiende la revolución zapatista: “Al igual que todos los proyectos revolucionarios, las demandas
zapatistas se inspiraron en una edad de oro, ‘una edad mítica’, en la que todas las comunidades eran
dueñas de tierras suficientes. Pero en este caso no se trataba de una teoría ociosa o de una utopía, pues los
campesinos mexicanos tenían en mente la distribución de títulos de propiedad, lo que equivalía a decir
que rechazaban el individualismo de la Reforma y que buscaban restablecer el sistema colonial que
protegía la tenencia comunal de la tierra, un sistema que a su vez se basaba en un precedente anterior a la
Conquista. En Efecto, Zapata significaba ‘una vuelta a la más antigua y permanente de nuestras
tradiciones […] el pasado indígena”. En tanto que intelectuales demostraban su capacidad para generar
ideas que enfrentaran las necesidades del momento, los campesinos rompieron con la Reforma y hablaron
en nombre la nación” (Brading, 2002: 60).
103
III.7. Nación y memoria
En los testimonios sobre la huelga del 54 recogidos por Barahona (1994), está claro que
su estallido no es un acto finamente calculado como quiso demostrarse en su momento,
atribuyéndolo al ‘mal comunista’. La huelga eventualmente toma cuerpo a través de una
organización que habría de deslumbrar al pueblo entero. Pero al tomar conciencia de su
poder, los trabajadores y sus líderes develan una inocencia frente a sus potenciales que
solo puede medirse por la candidez de sus reivindicaciones122. Tanto en las bananeras
como en las otras industrias que son paralizadas, la finalidad consensuada de los obreros
es la obtención de lo que se considera justo, lo cual se resume a los famosos pliegos de
peticiones en pro de mejoras laborales.
122
Casi recuerdan los versos de Sosa: desconociendo sus tesoros/ entran y salen por espejos de sangre;/
caminan y mueren despacio (Los pobres en Sosa, 2002: 313).
104
Dunkerly (1988) considera justamente la emergencia del sindicalismo como un
acontecimiento ambiguo123, especialmente porque SITRATERCO de 1957 a 1974 está
controlado por Oscar Gale Varela, muy a favor de los Estados Unidos. La libertad de
organización explicada como una apertura en el seno de una sociedad autoritaria y
represiva (Barahona, 1994) puede entenderse en el marco sociológico como la
adaptación del sistema a los cambios. Este es un ejemplo de cómo lo que en un
principio fuera subversivo es desnaturalizado y convertido en un elemento que, dentro
del panóptico, puede ser observado y controlado.
Rojas (en Pérez Brignoli, 1994) expone que el gobierno aceptó buena parte de las
demandas sociales y forzó a las compañías a introducir mejoras en los contratos de
trabajo. En cambio Dunkerly (1988), fundamentándose en la desarticulación de la
dirigencia popular tanto por las bananeras como por el gobierno, considera que la
huelga sin precedentes en cuanto a la organización colectiva y la movilización radical
terminó con una derrota. Por un lado, los líderes originales son desplazados por una
burocracia cooptada por el gobierno. Por otro, es desde la misma esfera estatal en
donde, efectivamente, se organiza el sindicalismo ‘libre y democrático’.
105
acepta la organización sindical, pareciera que finalmente se obtiene una victoria frente
al sistema. Esa batalla aparentemente ganada es la disolución de la oposición que
amenazaba con resquebrajar el lubricado mecanismo de la sociedad. Al ser incorporada
la pugna obrera en una forma normada, regulada, legalizada es, también,
institucionalizada, disolviendo el conflicto, perpetuando el sistema. Al ceder a las
peticiones se realiza una suerte de asimilación digestiva que fortalece el status quo.
Aquello que permanecía en la periferia es incorporado y vuelto funcional.
Las ciencias –inclusive y sobre todo las sociales – son parte del pensamiento dominante.
Es importante tomar en cuenta que hasta en las más loables intenciones, las
producciones están regidas por condiciones políticas, por su traducción en términos
económicos y su afinidad con el poder124. Lo que se obtiene –aun desde la más
rebuscada objetividad– es una elaboración a posteriori, una versión, una interpretación,
una atribución de sentido.
Lo que deseo hacer notar, es que al entender la realidad como una verdad única
sustentada en la objetividad, la lógica y la razón, se puede estar al mismo tiempo
opacando otras posibles interpretaciones. Las instituciones específicas de aprendizaje y
124
Esto hace que el conocimiento académico esté de alguna manera “matizado, impresionado y violado
por la densa realidad política” (Said, 1990: 30). En lo escritural, Rama (1984) lo llama sin tapujos ‘la
letrada servidumbre del Poder’. Said (1990) interpela acerca de la necesidad de hacer el inventario de las
huellas que deja la cultura de la dominación y de mejorar el conocimiento del modo en que actúa. Se trata
de realizar, en otras palabras, lo que se ha llamado 'el desaprehendimiento del espíritu inherente de
dominación' (Williams en Bhabha, 1994).
125
cf. Tesis IX: “Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel al parecer en el
momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y
las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo
que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula
sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y
recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan
fuerte que el ángel no puede plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual
vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que
llamamos progreso”. Tesis de filosofía de la historia (Benjamin, 1982: 113-114).
106
de comunicación legitiman y mantienen un cuerpo de tradiciones entendidas como
fuentes últimas de Verdad y de Sentido. En el caso que nos ocupa, la linealidad y
causalidad no permiten ver ‘de otra manera’. Por ejemplo, que la conciencia política de
las masas o conciencia de clase entrañaba el concepto de patria, aunque desde una
visión populista-democrática de carácter subalterno. Un movimiento de las dimensiones
de la huelga del 54 articula un campo de redefinición de los conceptos y las relaciones
entre sociedad y poder. Así mismo, abre un abanico de posibilidades en la configuración
de imaginarios.
Esto devela, en primer lugar, que existe una ficción colectiva a la cual la sociedad
adhiere la cual puede asociarse al ‘espíritu criollo-mestizo’. En segundo, muestra que lo
que es absorbido por los acervos sociales de conocimiento está determinado por las
relaciones sociales dominantes y sus instituciones, influyendo en su producción o
interviniendo en ella. En tercero, resalta como el olvido y el ‘error’ histórico son
126
Discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1880 en el salón principal de la Universidad de
Tegucigalpa, La Gaceta de Honduras, núm. 89, 6 de octubre de 1880).
107
factores esenciales en la creación de la nación. Así la ‘independencia’ es una fiesta
nacional, en cambio la proclamación de la república no. Como si haber roto con la
Federación debiese ser omitido o descubriese algo que se encuentra aún pendiente127.
Rosa es pertinentemente crítico frente a hechos cuya lectura podría ser sencillamente
unidireccional. La independencia, ese ‘acontecimiento geniásico’ es “punto de partida
de propios infortunios y de propias glorias” (Rosa en Valladares, 1993: 166). Al
interpretar un mismo hecho en su dimensión positiva pero también desde aquello que
está negando, muestra una forma de pensamiento que va a contrapelo del discurso
dominante. El estadista intenta demostrar la pertinencia de esta ambivalencia llegando
inclusive a objetivarla a toda costa con argumentos económicos y políticos128 pero
también desde las fibras más sensibles de su propia subjetividad:
“[…] y así vino a producirse la disolución y la ruina de la República Centroamericana que,
hecha pedazos, se exhibió ante el mundo martirizada, infelicísima, con la cerviz bajo la
planta de pequeños déspotas, y sufriendo las convulsiones de penosa agonía, entre lagos de
sangre y torrentes de lágrimas” (Rosa129 en Valladares, 1993: 167).
Para Rosa, el problema es la memoria. Sus congojas son, no obstante, reemplazadas por
grandes expectativas cuando en el marco del gobierno de Soto funda el Archivo
Nacional130. La patria de Rosa tiene esperanza mientras sea todavía posible recuperar la
memoria. Aunque cauce controversia, la Historia –con todas sus pretensiones de
127
El unheimlich de Freíd es lo que debería de quedar oculto y secreto pero sale a la luz. La lógica de la
inversión (hacer visible el olvido) da forma a las revelaciones y reinscripciones del momento extraño
(cf. Bhabha, 2002).
128
El estadista en sus múltiples discursos expone las razones económicas por las cuales los países
centroamericanos deberían unirse para forma nuevamente una sola nación Entre ellas mayor renta
nacional, finalización de las guerras, ‘celos’, ‘rivalidades’ y ‘favores’. Arguye también que el presupuesto
de la guerra se utilizaría para construir infraestructuras viales, para la agricultura, el comercio, la
industria, escuelas, trabajo, progreso, cultura. Así se atraería el capital, el crédito, los inmigrantes.
“Unidos seríamos, sino poderosos, respetables” (Rosa en Valladares, 1993: 197). La Nación tendría
también una mayor población: “constituiríamos una nación de tres millones de habitantes, con
organización, con recursos, con crédito para tener una escuadra suficiente que resguardase nuestros
puertos, y, llegando el caso, una fuerza terrestre capaz de defender con ventaja nuestras poblaciones. En
suma: desunidos carecemos de todo, hasta de honra: unidos lo tendremos todo, y salvaremos lo que el
patriotismo más ama y venera, nuestro honor nacional” (Rosa en Valladares, 1993: 197).
129
Discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1877 en la Universidad de Tegucigalpa, La Gaceta de
Honduras, núm. 24, 15 de octubre de 1877
130
“Cuando el archivo registrado y estudiado por nuestra juventud, y explotado por la crítica de la
Historia, revele al pueblo hondureño todos los sufrimientos, todos los supremos dolores, todos los
cruentos sacrificios que impuso a Honduras la defensa de la causa de la unidad nacional; (...) El pueblo
hondureño recordará (...); se levantará erguido, e iluminará su espíritu con el pensamiento del sabio Valle,
y armará su brazo con la espada del inmortal Morazán, para cumplir su destino histórico, como batallador
infatigable por la unidad centroamericana” (Rosa130 en Valladares, 1993: 192).
108
objetividad – puede considerarse también como otra memoria131. Así mismo, aunque
obviamente desde otros parámetros, lo es la poesía. Ésta tiene la ventaja frente al
Archivo Nacional de ser del orden público132 y, por su forma, de contar con la oralidad
para su supervivencia y transmisión.
De otra forma, habría que seguir tomando únicamente la versión que ofrece la Historia,
la cual recupera la huelga, al menos, como un ‘hecho’. Esto no ocurre en la Historia
Nacional –y con esto nos referimos a la versión oficial que se enseña en las escuelas,
sobre todo las públicas133– en la cual prácticamente no se menciona. A nivel
universitario –ambiente de supuesta independencia en términos de generación del
conocimiento– uno de los textos de enseñanza de Historia de Honduras, conocido entre
los profesores y las profesoras por ser uno de los más críticos, consagra media frase para
referirse a la huelga:
“Los años de 1916, 1920, 1925, 1930, 1932 y finalmente, la huelga de mayo-julio de 1954
marcan importantes hitos en la lucha reivindicativa de los obreros ligados a las plantaciones
bananeras y sus servicios” (Posas y del Cid en Zelaya, 1998: 312).
131
Tischler (2001a) refiere a las memorias –y no a La Memoria – como la acumulación-apropiación de
experiencia plural (clasistas, étnicas, de género, etc).
132
A más de cien años de su creación, el Archivo Nacional no puede ser consultado según reportan sus
funcionarios porque “no se encuentra en orden” y porque la máquina de microfilm está rota.
133
Quizá esto sea lo de menos. En el libro de enseñanza de Estudios Sociales de 4to Grado, el referente
histórico que antecede el paso al presente es la Reforma Liberal de finales del XIX. La transición es
literalmente la siguiente: “Después de la Reforma Liberal, nuestro país ha sido gobernado por diferentes
personas. Ellas, durante su gobierno, han realizado obras en beneficio de la población” (Secretaria de
Educación Pública, 1992: 102).
109
Para referirse a la Federación Centroamericana, el ya citado texto universitario hace un
acercamiento socio político durante varias páginas antes de hablar directamente de su
punto nodal, bajo el subtitulo “El Unionismo y Francisco Morazán”, abarcando gran
parte del ensayo (Yankelevich en Zelaya, 1998: 185-192). El artículo siguiente, “La
Federación Centroamericana y su ruptura”, comienza y termina refiriéndose a Morazán
(Oquelí en Zelaya, 1998: 193-198).
134
“Tal negación critica en las palabras su pretensión de verdad inmediata, que es casi siempre la
ideología de una identidad positiva, real entre palabra y cosa. Asimismo la insistencia ante cada palabra y
concepto, la puerta de hierro que hay que abrir, no es sino una componente por más que necesaria. Lo
interior, a que el conocimiento se pliega en la expresión, requiere siempre para ser conocido de algo que
le sea exterior” (Adorno, 1990: 58).
110
Para Bhabha (2002), la escritura de la nación implica una forma de violencia, en donde
la voluntad de Renan es el sitio de un extraño olvido. “Es este olvido (la significación
de un minus en el origen) lo que construye el comienzo del relato de la nación” (Bahbha,
2002: 197). La historia de la nación, olvida una parte del pasado para poder justificar un
presente:
“Mediante esta sintaxis del olvido (o de la obligación de olvidar), la identificación
problemática de un pueblo nacional se hace visible. El sujeto nacional es producido en ese
lugar donde el plebiscito cotidiano, el número unitario, circula en el gran relato de la voluntad.
[…] Estar obligado a olvidar (en la construcción del presente nacional) no es una cuestión de
memoria histórica; es la construcción de un discurso de la sociedad que performa el problema
de totalizar el pueblo y unificar la voluntad nacional. […] Verse obligado a olvidar se vuelve
la base para recordar la nación, poblarla de nuevo, imaginar la posibilidad de otras formas
contendientes y liberadoras de la identificación cultural” (Bahbha, 2002: 197).
Actualmente Honduras –contrapuesta a las guerras civiles vividas por sus vecinos– es
vista como un país que carece de grandes luchas colectivas, donde, si no fuera por el
Match –o las maras–, podría decirse que nunca ocurre nada. No obstante, hasta
mediados del siglo XX la crónica histórica (cf. Salgado, 1941) reporta la lucha política
en Honduras como una suma de ruinas que se acumulan en la línea del tiempo. Si
tomamos como fecha de partida 1839 –primer año en que el gobernante ya no es
referido como Jefe de Estado sino que, denotando el ocaso federacionista, se denomina
‘Presidente’(o más bien presidentes, pues en 1839 desfilan siete interinos y un Consejo
de Ministros)– hasta la llegada de los liberales al poder en 1957, ha habido 60 cambios
de gobierno135 cuya duración se cuenta en días para 19 de los casos, y en meses para 7
de ellos. Tiburcio Carías Andino es el mandatario con el lapso más corto y el más largo
(27 al 30 de abril de 1924 y 1 de febrero de 1933 a 1 de enero de 1949).
Difícil resulta en tal caso no recordar con seriedad e ironía marquiana al coronel
Aureliano Buendía quien promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió
todos. No es extraño que Leyva (2003) insista en que las guerras civiles frustran los
esfuerzos por levantar una nación y fomentar su progreso. No es en un país en donde
buena parte de los fracasos se atribuyen a la inestabilidad política que se pondría en
valor una huelga aunque su organización denote ‘civismo’ y sus reclamos se yergan
frente al enclave extranjero. Aunque quizá Rosa podría ver algo distinto en los lugares
en que creemos haber perdido parte de nuestra memoria.
135
En una página electrónica que ‘presenta’ a Honduras se mencionan alrededor de 300 revueltas y
cambios de poder hasta la fecha.
111