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Unamuno

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3.

3 Miguel de Unamuno
Vida:

Nació en Bilbao en 1864. Su infancia y


adolescencia transcurrieron en tierras
vascas. En 1884 se recibió de profesor de
Filosofía y Letras en Madrid, tras
doctorarse con la tesis: “Crítica del
problema sobre el origen y prehistoria de
la raza vasca”.

Obtuvo la cátedra de griego en la


Universidad de Salamanca y durante muchos años fue rector de esa
Universidad.

En su juventud fue socialista, pero paulatinamente evolucionó hacia


posturas más conservadoras. No obstante mantuvo ideales
republicanos que le valieron el destierro y el exilio durante la
dictadura de Primo de Rivera. Permaneció en Francia hasta la caída
del dictador en 1930.

Fue un poeta y pensador preocupado por problemas


trascendentes, y sin ser filósofo en el sentido estricto de la palabra,
ya que no condensó su doctrina en un conjunto sistemático, su
obra es profundamente filosófica. Se considera a Kierkegaard, uno
se los filósofos más influyentes en su pensamiento.

Murió en salamanca en 1936.

Obra literaria:
Perteneció a la generación del 98 junto a Ramiro de Maeztu,
Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez. En ellos
prima el autodidactismo, el intercambio epistolar y la participación
en tertulias, revistas y manifiestos literarios. Consideran al realismo
como una forma literaria superada. En cuanto al estilo, se
esfuerzan por un vocabulario cuidado, que no caiga en lugares
comunes o frases triviales pero que al mismo tiempo incorpore
regionalismos y neologismos.

Sufren la decadencia de España y aspiran a la recuperación de su


grandeza.
CASTILLA

Tú me levantas, tierra de Castilla, tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro


en la rugosa palma de tu mano, y en ti santuario.
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo. Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
Tierra nervuda, enjuta, despejada, aire de cumbre es el que se respira
madre de corazones y de brazos, aquí, en tus páramos.
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño. ¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
Con la pradera cóncava del cielo si te son dignos bajarán al mundo
lindan en torno tus desnudos campos, desde lo alto!

La obra de Unamuno es una continua meditación sobre el hombre,


la muerte y Dios. El tema central de sus obras es la perduración del
hombre tras la muerte, lo cual le lleva a plantearse el sentido de la
vida y la existencia de Dios.

Unamuno mantuvo en sus escritos una postura racional: el hombre


sólo puede conocer a través de la razón. Pero la razón no nos
permite tener certeza de la existencia de Dios; a Dios sólo se puede
acceder a través del sentimiento, no de la razón. Se trata de una
lucha íntima entre razón y fe, que vuelca en su literatura

Asimismo entra en conflicto con la idea del libre albedrío: considera


que el hombre es un títere en manos de su Creador, quien le asigna
el papel que ha de representar durante su existencia terrena, pero
puede suceder que el hombre se equivoque, no distinga el papel
que le ha correspondido y asuma una personalidad inadecuada.
La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes, tristes.


y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca ¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan
dejas grande
sin consuelo de engaño. No resistes que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas, para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
más recuerdo las plácidas consejas Dios no existente, pues si Tú existieras
con que mi ama endulzóme noches existiría yo también de veras.

Ensayos

Para Unamuno el ensayo literario es el vehículo óptimo para


exponer y dramatizar sus teorías. Dentro del tema general del
hombre destacan en los ensayos dos aspectos concretos:

-La preocupación por la historia: surge de su interés por conocer los


aspectos del hombre que han permanecido inalterables a lo largo
del tiempo. En sus ensayos deslindó entre historia e intrahistoria. La
historia la hacen los héroes; la intrahistoria, en cambio, la hacen
“los millones de hombres sin historia”, es decir, los hombres
normales, anónimos. El verdadero carácter de un pueblo se
manifiesta en su intrahistoria.

-La preocupación por la religión: surgió del interés de Unamuno por


la muerte y el más allá. Para Unamuno la naturaleza no obra sin un
sentido: si en el hombre existen deseos de eternidad, tales deseos
tienen que tener respuesta. El hombre necesita que exista un Dios
que garantice su perdurabilidad más allá de la muerte, aun cuando
la razón niegue la existencia de ese Dios.

Entre sus ensayos encontramos: En torno al casticismo, Vida de Don


Quijote y Sancho, Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del
Cristianismo.

Novelas:

Unamuno escribe en general relatos cortos en los que plantea sus


problemas vitales al que les da el nombre de “nivolas” porque no
cree que sean novelas. En ellas no aparecen determinados con
precisión ni el tiempo ni el espacio de la acción. No hay
descripciones detalladas ni presencia de objetos en carácter
decorativo. Lo más importante es el mundo interior de los
personajes que se revela con extensos monólogos, a los que
Unamuno bautiza “monodiálogos”.

Entre sus novelas más importantes se destacan: “Amor y


pedagogía”, “Niebla”, “San Manuel Bueno, mártir”, Abel Sánchez,
La tía Tula.

Poemas:
Poesías, Rosario de Sonetos líricos, El Cristo de Velázquez,
Romancero del destierro.

Obras dramáticas:

Fedra, Sombras de sueño, El otro, Medea.

Estilo:

Prefirió un estilo sobrio, preciso, en el que la lengua reflejase con


exactitud su pensamiento.

Como ocurre con otros escritores de la generación del 98,


Unamuno gustó de rescatar localismos y palabras tradicionales de
corte popular; cuando se le acusaba de usar palabras que no
provenían del diccionario, Unamuno respondía: “Ya las pondrán”.

El espíritu contradictorio de Unamuno se resuelve en un gran


número de antítesis y paradojas que reflejan la lucha del hombre
consigo mismo.

Al respecto José María Martínez Cachero afirma que:

“Su etilo es personal, castizo, paradójico, depurado,, expresivo,


claro y sincero”. Influyó notablemente en la formación de la
juventud de toda una generación, y la solidez, profundidad y
originalidad de su pensamiento, expresado en un lenguaje diáfano,
animado por su vena lírica y por un vivo y atormentado sentimiento
místico, hizo de él la más robusta personalidad humanística de la
España de su época.”

3.3.1. Niebla
Niebla fue escrita en 1914 y consta de 37 capítulos.

La historia tiene que ver con


la vida de Augusto Pérez. Es
preciso en este caso
considerar el término vida
según dos acepciones:

1-Por un lado en función de la vida del joven, esto es de los hechos concretos que suceden a
lo largo de cierto tiempo;

Ejemplo: Augusto conoce a una joven y le cuenta de ello a su amigo.

2- Por otro lado en relación a la naturaleza de su vida, ya que Augusto es un ente de ficción.

Ejemplo: Augusto no puede elegir o evitar suicidarse, el autor lo hará por él.

1-La vida de Augusto Pérez I:


La vida que se narra de Augusto Pérez es muy sencilla. Se trata
de un joven “rico y solo” a quien seis meses atrá s se le ha muerto
su madre. Vive entonces con sus criados, un matrimonio de
mediana edad. Tiene una vida marcada por la rutina, en la que
figura la visita al casino para jugar al ajedrez con su amigo Víctor
Goti.
Los tres primeros capítulos son representativos del desarrollo
de la trama narrativa:
El primer capítulo comienza con un paseo que concluye con
una situació n inusual. El joven Augusto ha conocido a una bella
dama, Eugenia Domingo del Arco y se ha enamorado.
Lo má s llamativo de la situació n tiene que ver con el cará cter
reflexivo de Augusto, quien asido a un presente absoluto analiza
objeto y situaciones otorgá ndoles en cada caso un valor má s
elevado. Por ejemplo:
 un paraguas desencadena conclusiones que lindan lo
teoló gico, ya que termina comparado con Dios:
“Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que
abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y
dentro de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es
feo un paraguas abierto.
-Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas-
pensó Augusto-; tener que usarlas. El uso estropea y hasta
destruye toda belleza. La función más noble de los objetos es la de
ser contemplados. ¡Qué bella es una naranja antes de comida! Esto
cambiará en el cielo cuando todo nuestro oficio se reduzca, o más
bien se ensanche, a contemplar a Dios y a todas las cosas en él.
Aquí, en esta pobre vida, no nos cuidamos sino de servirnos de
Dios; pretendemos abrirlo como a un paraguas, para que nos
proteja de toda suerte de males.” (Capítulo I)
 un automó vil arrastra sus pensamientos hacia las nociones
de tiempo y espacio:
“¡Vaya, ya tenemos al inevitable automóvil, ruido y polvo! ¿Y que
se adelanta con suprimir así distancias? La manía de viajar viene
de topofobia y no de filotopía, el que viaja mucho va huyendo de
cada lugar que deja y no buscando a cada lugar a que llega.”
(Capítulo I)
En el segundo capítulo lo observamos ya en su casa. Augusto
almuerza, le escribe una carta a Eugenia y se la lleva a Margarita,
la portera del edificio donde la joven vive con sus tíos. Una vez
má s las acciones son acotadas y sencillas. No obstante está n
atravesadas por el permanente estado de meditació n del
personaje. En este caso plantea tres nociones, una encadenada
tras otra como eslabones que se cierran en la reflexió n de la
vida:
-construcción de una imagen de la enamorada: casi de un
modo similar a la dupla Aldonza Lorenzo/ Dulcinea con sus
niveles de ficció n respectivos, só lo que se observa una
consciencia expresa del personaje de Augusto de dicha
construcció n:
“¡Mi Eugenia, sí, la mía- iba diciéndose- ésta que me estoy
forjando a solas, y no la otra, no la de carne y hueso, no la que
vi cruzar por la puerta de mi casa, aparición fortuita, no la de la
portera! ¿Aparición fortuita? ¿Y qué aparición no lo es? ¿Cuál es la
lógica de las apariciones? La de la sucesión de estas figuras que
forman las nubes de humo del cigarro.
-el azar como mecanismo interno del Universo: es lo que
irrumpe en el orden cotidiano, en la rutina:
¡El azar! El azar es el íntimo ritmo del mundo, el azar es el
alma de la poesía. ¡Ah, mi azarosa Eugenia! Esta mi vida mansa,
rutinaria, humilde, es una oda pindárica tejida con las mil
pequeñeces de lo cotidiano. ¡Lo cotidiano! ¡El pan nuestro de cada
día dánosle hoy! Dame, Señor, las mil menudencias de cada día.
-La vida como nebulosa: una niebla de pormenores que
envuelve lo relevante. El término niebla se repite en numerosas
ocasiones. Es natural asociarlo con lo que hace la visió n borrosa,
con bordes, límites exentos de nitidez, con confusió n e
incertidumbre. El amor –Eugenia- se abre paso –irrumpe- en
medio de ella:
Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes
alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen
embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y
la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa, ahora surge de
ella Eugenia.” (Capítulo II).
El tercer capítulo ubica a Augusto Pérez en el casino, jugando al
ajedrez con su amigo Víctor Goti. Durante la partida, se muestra
distraído, le confiesa a su amigo su amor por Eugenia y pierde el
juego. Los hechos mencionados dan lugar a las siguientes
reflexiones por parte de nuestro protagonista, en este caso
expresadas a través del diá logo:
-La vida como juego: a partir de esta idea se plantea la cuestió n
de las reglas y la posibilidad de cambiarlas. Se presiente la
noció n implícita del libre albedrío.
-Pero dime, Víctor, ¿la vida es juego o es distracción?
-Es que el juego no es sino distracción.
-Entonces, ¿qué más da distraerse de un modo o de otro?
-Hombre, de jugar, jugar bien.
-¿Y por qué no jugar mal? ¿Y qué es jugar bien y jugar mal? ¿Por
qué no hemos de mover estas piezas de otro modo que como las
movemos?

-La posibilidad del conocimiento: cuando Augusto le cuenta a


Víctor que se ha enamorado, éste parece saberlo todo de
antemano, mientras que para Augusto el conocimiento es parcial
(só lo recuerda los ojos de la joven) y dudoso (no sabe si es rubia
o morocha; alta o baja):
-…”Y ya sabía yo, sin que tuvieras que decírmelo, que estabas
enamorado, o más bien, enamoriscado. Lo sabía mejor que tú
mismo.
-Pero ¿de quién? Dime, ¿de quién?
-Eso no lo sabes tú más que yo.
-Pues calla, mira, acaso tengas razón…
-¿No te lo dije? Y si no, dime ¿es rubia o morena?
-Pues la verdad no lo sé. Aunque me figuro que no debe de ser ni lo
uno ni lo otro; vamos, así, pelicastaña.
-¿Es alta o baja?
-Tampoco me acuerdo bien. Pero debe de ser una cosa regular.
Pero ¡qué ojos, chico, qué ojos tiene mi Eugenia!

Es posible suponer que la posibilidad del conocimiento está


relacionada con la idea de creació n. Só lo el creador (en este caso
el autor) sabe.
Miguel de Unamuno le ha pedido al personaje de Víctor Goti que
prologue esta obra. Víctor Goti elabora el pró logo y en él cuenta
confidencias de sus conversaciones con Unamuno, se adjudica a
sí mismo la creació n del término nivola, y contradice al autor
sobre el final de Augusto. En síntesis, Miguel de Unamuno juega
con sus personajes y al hacerlo rompe con los límites de ficció n.

Los restantes treinta capítulos presentan las vicisitudes surgidas


del enamoramiento del protagonista, a saber: conoce a los tíos
de Eugenia, la joven está de novia, le paga una deuda sin ningú n
interés, entabla una relació n con Rosarito – joven que plancha
en su casa-, Eugenia acepta casarse con él, pero cuando todo está
listo se va con su antiguo novio. Augusto decide viajar y visitar a
Unamuno -el autor- para tratar sobre su vida y su muerte. Luego
regresa y muere.
Como hemos observado en los tres primeros capítulos, los
hechos se presentan rodeados y sostenidos por las reflexiones
del protagonista y las opiniones de otros personajes, de modo
tal que desfilan una serie de temá ticas de variada índole y de
ciertamente, gran agudeza intelectual.

2- La vida de Augusto Pérez II


En el transcurso de los días Augusto Pérez va descubriendo la
naturaleza de su vida. Esto es, que es un ente ficticio, un
personaje literario.
La consciencia de ser un personaje literario no irrumpe
bruscamente, ni en Augusto Pérez ni en los lectores. En efecto,
podríamos considerar tres instancias en la revelació n:
1- Augusto reflexiona sobre sí mismo, expresa sus
inquietudes y temores por medio de frases, que a modo de
indicios, generan también sospechas en el lector. Por
ejemplo:

 Augusto está soñ ando que es un á guila que cruza el cielo.


Se despierta abruptamente por gritos de la calle. Y se
pregunta: “¿Sueño o vivo? (…) ¿Soy águila o soy hombre?
(Capítulo V)
 Augusto habla con Orfeo- un cachorro que ha traído a su
casa de la calle- y le pregunta “-¿De dónde ha brotado
Eugenia? ¿Es ella una creación mía o soy creación suya yo?
(…) ¿No es acaso todo creación de cada cosa y cada cosa
creación de todo? Y ¿qué es creación? ¿qué eres tú Orfeo, que
soy yo? )
Muchas veces se me ha ocurrido pensar que yo no soy yo,….
(Capítulo VII)”
 En diá logo con su amigo Víctor, este le dice que su
enamoramiento es cerebral, “de cabeza”, y agrega:
“-Y si me apuras mucho te digo que tú mismo no eres sino
una pura idea, un ente de ficció n…” (Capítulo X)
 En diá logo con Orfeo: “Yo me toco el cuerpo, Orfeo, me lo
palpo, me lo veo; pero ¿el alma? ¿Dónde está mi alma? ¿Es
que la tengo? (Capítulo XIV)

2- En el capítulo XVII surge la problemá tica literaria, ya que


Víctor está escribiendo una novela, o má s bien -como dice
él- una nivola. De dicha cuestió n se derivan temá ticas como
la relació n autor-personajes, la importancia del diá logo y
finalmente surge la idea de que Augusto es el personaje de
dicha novela:
 “-Pero ¿te has metido a escribir una novela?
-¿Y qué quieres que hiciese?
-¿Y cuál es su argumento si se puede saber?
-Mi novela no tiene argumento o mejor dicho, será el que
vaya saliendo. (…) Mis personajes se irán haciendo según
obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá
formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no
tenerlo.
-Sí, como el mío.”
Esta afirmació n contundente de Augusto es una respuesta
compartida con el lector. Unos renglones antes Víctor ha
dicho que intercalará muchas historias en su obra (al estilo
cervantino) y Niebla, de hecho cuenta con numerosas
historias de vida intercaladas.
 “Lo que hay es diálogo, sobre todo diálogo. La cosa es que los
personajes hablen, que hablen mucho aunque no digan nada.
(…). Pues porque a la gente le gusta la conversación por la
conversación misma, aunque no diga nada. Hay quien no
resiste un discurso de media hora y se está tres horas
charlando en un café. Es el encanto de la conversación, del
hablar por hablar…”
 “Aunque por supuesto, todo lo que digan mis personajes lo
digo yo.” Afirma Víctor, a lo cual responde Augusto:
“-Eso hasta cierto punto…
-¿Cómo hasta cierto punto?
-Sí, que empezarás creyendo que los llevas tú, de tu mano, y
es fácil que acabes convenciéndote de que son ellos los que te
llevan. Es muy frecuente que un autor termine siendo juguete
de sus ficciones.”
 Víctor le explica que para poder hacer lo que quiera
inventará un género, será nivola en vez de novela, como
Machado que al no cumplir con exactitud la regla del
soneto lo llamó sonite: “Invento el género e inventar un
género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las
leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!
-¿Y cuando un personaje se queda solo?
-Entonces… un monólogo. Y para que parezca algo así como
un diálogo invento un perro a quien el personaje se dirige.
-¿Sabes Víctor que se me antoja que me estás inventando?...
-¡Puede ser!”
Augusto se separa de Víctor y piensa: “Y ésta mi vida, es
novela, es nívola o qué es? Todo esto que me pasa y les pasa a
los que me rodean ¿es realidad o ficción?¿No es acaso todo
esto un sueño de Dios o de quien sea, que se desvanecerá en
cuanto Él se despierte, y por eso le rezamos y elevamos a Él
cánticos e himnos, para adormecerle, para acunar su sueño?
(…).
Y el monó logo de Augusto se detiene ante la irrupció n de
Orfeo. Lo anunciado por Víctor se “hace realidad” en las
pá ginas que leemos.

3- En evidente que cuando el amor primero, y el dolor después


irrumpen en todo su ser, el protagonista (y junto con él los
lectores) adquiere una profunda consciencia de la naturaleza
de su vida:
 En el capítulo XIX, ve a unos niñ os jugando y uno le dice a
otro:”No, tú no eres tú ” para que cumpla otro rol en el
juego. Esa frase escuchada al azar conmueve vivamente a
Augusto quien afirma, como un grito angustioso: “¡No, no,
conmigo no se juega como con vosotros!”
 En el capítulo XXV Augusto va a conocer al hijo de Víctor,
recién nacido. En el transcurso de la conversació n surge el
tema de la nivola que Víctor está escribiendo, y éste afirma:
“- Suelo dudar lo que les he de hacer decir o hacer a mis
personajes de mi nivola, y aun después de que les he hecho
decir o hacer algo dudo de si estuvo bien y si es en verdad
lo que le corresponde. (…). En esta instancia se produce un
hecho verdaderamente inusual, interviene Unamuno a
modo de escritor absoluto:
“Mientras Augusto y Víctor sostenían esta conversación, yo,
el autor de esta nivola, que tienes lector en la mano y estás
leyendo, me sonreía enigmáticamente al ver que mis
nivolescos personajes estaban abogando por mí justificando
mis procedimientos, y me decía a mí mismo: “¡Cuán lejos
estarán estos infelices de pensar que no están haciendo otra
cosa que justificar lo que yo estoy haciendo con ellos! Así,
cuando uno busca razones para justificarse no hace en rigor
otra cosa que justifica a Dios. Y yo soy el Dios de estos dos
pobres diablos nivolescos.”
El juego de ficció n está instalado: Unamuno escritor se
convierte a sí mismo en personaje de ficció n y convierte
también a sus lectores en seres ficticios:
 Augusto no só lo piensa, sino que siente que su naturaleza
es diferente. Cuando recibe la cruel noticia de que Eugenia
lo ha abandonado, la frialdad con que reaccionó lo hace
dudar de su existencia: “Si yo fuese un hombre como los
demás- se decía-, con corazón; si fuese siquiera un hombre, si
existiese de verdad, ¿cómo podía haber recibido esto con la
relativa tranquilidad con que lo recibo?” (Capítulo XXIX)
 En el capítulo XXX, se aborda el antiguo tó pico de la vida
como teatro. En palabras de Víctor Goti, la vida como
comedia, y el hablar como el hacer. Afirma Víctor:
“Si ahora, por ejemplo, algún…nivolista oculto ahí, tras ese
armario, tomase nota taquigráfica de cuanto estamos acá
diciendo y lo reprodujese, es fácil que dijesen los lectores que
no pasa nada, y sin embargo…
-¡Oh, si pudiesen verme por dentro, Víctor, te aseguro que no
dirían tal cosa!
-¿Por dentro? ¿Por dentro de quién? ¿De ti? ¿De mí? ¿De
nosotros? Nosotros no tenemos dentro. Cuando no dirían que
aquí no pasa nada es cuando pudiesen verse por dentro de sí
mismos, de ellos, de los que leen. El alma de un personaje de
drama, de novela o de nivola, no tiene más interior que el
que le da…
-Sí, su autor.
-No, el lector.
El lector es quien le da el alma a los personajes, concluye
Goti y renglones después trata de que también él –el lector-
dude de la naturaleza de su existencia. Es decir del planteo
literario al filosó fico media un paso.
 Y arribamos al célebre capítulo XXXI en que el personaje
Augusto Pérez viaja a Salamanca donde hace más de veinte
años que vive Miguel de Unamuno, el escritor (personaje
ahora también) de la obra. Augusto Pérez ha leído sus
ensayos y quiere hablar con él antes de tomar la decisió n
de suicidarse. El narrador en 1° persona es el propio
Unamuno. Le dijo que aunque quisiera no podía suicidarse
porque no estaba vivo;
“- No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre
Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de las
de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus
fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres
más que un personaje de novela, de nivola, o como quieras
llamarle. Ya conoces pues tu secreto.”
Son varias las reacciones de Augusto. Una de ellas tiene
que ver con la discusió n, en la que le plantea la duda de la
existencia del propio escritor. Para ello acude a los escritos de
Unamuno donde asegura que Don Quijote y Sancho son má s
reales que Cervantes, e incluso a una comparació n con el sueñ o:
“ ( …) Cuando un hombre dormido o inerte en la cama sueña algo,
¿qué es lo que más existe: él como consciencia que sueña, o su
sueño?
-¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador?- le repliqué a mi ve.
-En este caso amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez: ¿de qué
manera existe él, como soñador que sueña, o como soñado por sí
mismo? Y fíjese además, en que al admitir esta discusión conmigo
me reconoce ya existencia independiente de sí.”
El tono de la discusió n va en aumento. Augusto hasta amenaza
con matar al escritor. Augusto no quiere morir. Sus palabras
cuentan con la fuerza profunda de los seres que se reconocen
con vida, y grita consciente de su ser:
“Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es más que otro ente
nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que
Augusto Pérez, su víctima…
-¿Víctima?-exclamé.
-¡Víctima, sí! ¡Crearme para dejarme morir!”

El personaje Augusto Pérez unifica de este modo todos los


niveles de ficció n en uno solo: todo lo creado es ficció n (incluso
los lectores de carne y hueso).

Para concluir, resulta interesante la lectura de algunos pá rrafos


del trabajo de Franco Quinziano llamado “Niebla: Miguel de
Unamuno y el sueñ o de la ‘nivola’” publicado por el centro
virtual cervantes en el que se analiza el valor de lo onírico en
dicha obra:

Las criaturas unamunianas, en lucha por afirmar la propia


autonomía, desnudan su personalidad a través de un camino que
les lleva a descubrir entre la niebla de la vida la precariedad de la
existencia. Bajo esta perspectiva, la obra puede ser considera- da
toda ella como una gran metáfora existencial de la vida, al tiempo
que la misma niebla, como imagen visual, puede asociarse al
sueño en la medida en que ambos no ofrecen ninguna
representación posible y están hechos de la misma indeterminada
materia/sustancia.

Augusto Pérez, soñador incierto, "paseante de la vida" (p. 557), es


una figura ceñida de ensueños, envuelta en la niebla de la
inconsciencia, en el sueño de dormir. Su débil personalidad
deambula entre el sueño y la niebla. El amor, el dolor y la desilusión
lo irán despertando a la vida, trazando un itinerario que culmina en
el célebre encuentro con el autor, en donde Unamuno,
incorporándose en el texto como un personaje más, transgrede las
leyes de consistencia narrativa. Este proceso vigilia/sueño como
búsqueda delinea en el personaje la conciencia agónica de querer
ser, voluntad de vivir y sueño de eternizarse, que Augusto Pérez
descubrirá como anhelo vital en el pathos de la mencionada
entrevista del a tantas veces comentado capítulo XXXI, donde la
precariedad de su realidad sustancial se le revela en toda su fuerza
trágica. El personaje ha adquirido conciencia de sí y de su lucha
agónica que arranca de la firme voluntad de seguir viviendo:
"Quiero vivir, vivir..., y ser yo, yo, yo" (p. 669) implora Augusto. Este
inquebrantable anhelo de inmortalidad, manifestación del
voluntarismo vital que caracteriza al autor, nace del fondo trágico
de la conciencia y actúa en el escritor vasco como un factor de
unidad y dé identidad personal. El complejo corpus filosófico
unamuniano, observa M. Blanco, "se debate entre dos premisas: el
deseo humano de inmortalidad y el convencimiento racional de lo
absurdo de un tal deseo". Se instala así en el hombre una pugna
que se traduce en lucha agónica y que va conformando la
conciencia conflictiva, hecha de angustia y congoja, pero también
de fe, anhelo y esperanza, de la que emana el sentimiento trágico
de la vida.

Nota: El mencionado M. García Blanco hace referencia a las notas


de este editor correspondiente a las obras completas de Unamuno.

Bibliografía citada:
-Martínez Cachero, José María. Grandes Figuras de la Literatura.
Madrid, Editorial Espasa Calpe, 1998.

-Unamuno, Miguel de. Niebla. Bs As, Editorial Losada, 2004.

- http://cvc.cervantes.es/literatura/aispi/pdf/09/09_133.pdf

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