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Dios Quiere Usarte

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Tema: Dios quiere usarte

Texto: 1pedro 1:17-19

Ningún cristiano debe sentarse a disfrutar de los beneficios del regalo de la salvación del
Señor, y jamás mover un dedo para servirle. Usted ha sido comprado con la sangre de
Cristo, y ahora le pertenece a Él
(1 P 1.17-19). Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno,
conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;
18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no
con cosas corruptibles, como oro o plata,
19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

A pesar de ello, muchos cristianos piensan que servir al Señor es opcional. Pero la Biblia
dice:
(Ef 2.10). “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las
cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” Nuestras características
físicas, personalidades, habilidades y temperamentos fueron creados con este propósito en
mente. Estamos hechos perfectamente para las tareas que el Señor ha querido para
nosotros.

Si alguien le ha dicho a usted que no vale nada y que nunca llegará a ser alguien en la vida,
quiero que sepa que, a los ojos de Dios, eso no podría estar más lejos de la verdad. Dios le
creó con aptitudes y capacidades para que le glorifique con lo que hace. Hay una razón para
mantener viva la esperanza. No se dé por vencido, no importa cómo haya sido su pasado.
Con Dios, hay siempre un futuro.

Cuando el Señor asigna una tarea, da también su poder para cumplirla


(1 P 4.11). Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al
poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el
imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Fue por eso que Jesús prometió enviar al Espíritu Santo a sus discípulos
(Jn 14.16). Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
El mismo Consolador o Ayudador que les dio el poder para esparcir el evangelio, vive dentro
de cada creyente, incluyéndolo a usted. Su deseo es seguir guiándole en todo momento,
dándole la fuerza para que realice cualquier tarea a la cual Dios le haya llamado. Una vez
que usted acepte la dirección del Señor, sus propósitos se harán cada vez más evidentes. Lo
único que usted tiene que hacer es obedecerlo y dejar las consecuencias en sus manos.

¿Qué hace vacilar al creyente?

Algunas excusas que el cristiano pone para no servir en la obra del señor Jesucristo.

Una autoestima deficiente. Algunos cristianos se valen de sentimientos de baja autoestima


como excusa: El Señor nunca podría usar a alguien como yo. Muchas veces, esta manera de
pensar proviene de comentarios humillantes durante la infancia. Sin embargo, debemos
entender que las percepciones de los demás nunca coinciden con las de Dios. Cada persona
es hechura de Dios, y Él tiene el propósito de utilizarnos. No podemos vivir en el pasado, ya
que de lo contrario, desperdiciaremos los buenos planes que Dios tiene para nosotros.

Sentimientos de incompetencia. Si usted se siente incapaz para servir al Señor, únase a la


multitud. Ninguno de nosotros es competente para cumplir con el llamado de Dios, y esto es
bueno. Cada vez que somos desafiados por el Señor a hacer algo que está más allá de
nuestras capacidades, somos invitados a depender de su poder. De hecho, así es como
crece nuestra fe. Cada reto nos enseña a creer que Él nos dará lo que necesitemos para
realizar su obra.

Las comparaciones. Una de las maneras principales de cerrarse a la obediencia, es


compararnos con los demás. ¿Nunca le ha dicho usted a Dios: “¿Por qué no le pides a
______ que haga esto? Podría hacerlo mucho mejor que yo”? El problema con este
razonamiento es que el Señor le llamó a usted a hacer ese trabajo, no a la otra persona. Dios
no necesita de su consejo en cuanto a quién puede hacer algo mejor; Él simplemente quiere
su obediencia.

Las debilidades. Cuando se trata del servicio, muchas personas son especialistas en sus
debilidades: No tengo buena salud. Soy muy viejo. No sé hablar en público,estoy enfermo.
Cualquiera que sea su excusa, no es el primero que trató de usar esa táctica con Dios.
¿Recuerda a Moisés? Al achacar la culpa a su problema de tartamudez, le dijo al Señor que
buscara a otra persona para confrontar a Faraón
(Ex 4.10-13). Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni
desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.
11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego?
¿No soy yo Jehová?
12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.
13 Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.
14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla
bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.
Dios no aceptó su excusa entonces, y tampoco acepta la nuestra hoy. Pablo dice que
nuestras debilidades son oportunidades que tiene Cristo para mostrar su poder en nosotros
(2 Co 12.9). Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de
buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

El temor. Si Dios nos da una tarea nueva, la reacción natural es el temor.¿Y si fracaso o no
estoy a la altura? Podría hacer el ridículo o enfrentar la crítica. Satanás quiere que la
ansiedad nos impida ser siervos útiles de Cristo. Es por eso que tenemos que creerle a Dios
y dejar la desobediencia. La única manera de superar nuestros miedos es enfrentarlos,
confiando en que Dios hará su obra por medio de nosotros.

El ajetreo. Cuando se les presenta la oportunidad de servir al Señor, algunas personas


dicen: “No tengo tiempo”. Pero, en realidad, el argumento más preciso sería: “Eso no es una
prioridad para mí”. Sé que esto es difícil de aceptar, pero es la verdad: si no podemos sacar
a la fuerza tiempo para servir a Dios de alguna manera, es porque estamos demasiado
ocupados con nuestros propios planes. La única manera que tenemos para convertirnos en
servidores útiles del Señor, es permitirle a Él que controle nuestros planes.

El egoísmo. A veces, las personas no están dispuestas a servir al Señor porque sus vidas
están dedicadas a su familia, sus amigos, sus carreras, sus pasatiempos y sus
responsabilidades; no tienen interés en servir a Dios. Pero, cuando comparezcamos ante el
tribunal de Cristo, estas excusas no servirán de nada. En vez de recibir recompensas por
llevar a cabo las buenas obras que Dios preparó para nosotros, el fuego consumirá en llamas
la madera, el heno y la hojarasca de nuestras vidas
(1 Co 3.10-15). Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el
fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.
11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,
13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra
de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.
15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
Sin embargo, nunca es demasiado tarde para cambiar de rumbo.

Las personas que Dios usa

Desde nuestra perspectiva, Dios utiliza a las personas menos predecibles. Basta con mirar a
los discípulos. Eran difícilmente la clase de hombres considerados importantes, pero el Señor
Jesús se apoderó de sus corazones y el Espíritu Santo vino a vivir dentro de ellos para que
impactaran al mundo. Dios no busca a las personas más impresionantes. Su vara de medir
es el corazón. Cuando nos caracterizamos por las cualidades que siguen a continuación, Él
puede hacer el trabajo más increíble por medio de nosotros:

Disponibilidad. Dios busca siervos deseosos de estar disponibles para todo lo que Él les
pida que hagan. Cuando el Señor llamó a Isaías, éste respondió de inmediato: “Heme aquí,
envíame a mí”, a pesar de que todavía no había escuchado en qué iba a consistir el trabajo
(Is 6.8). Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí
yo: Heme aquí, envíame a mí.

Humildad. Puesto que Dios resiste a los soberbios, Él llama a los humildes para que lleven a
cabo sus propósitos
(1 P 5.5, 6). igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de
humildad; porque:
Dios resiste a los soberbios,
Él quiere siervos que busquen darle a Él la gloria, en vez de atribuirse los méritos a sí
mismos.

Pureza. Otro requisito para un servicio eficaz, es una vida pura y un corazón inclinado a la
obediencia. La pureza exige tener cuentas claras con Dios por medio de la confesión
inmediata y el arrepentimiento sincero. Permitir que el pecado siga estando en nuestras vidas
nos impide ser útiles, porque amortece nuestra sensibilidad espiritual y sofoca el poder del
Espíritu.

Lo que está en juego

Jesús contó una parábola acerca de un amo que confió a tres de sus siervos diversas
cantidades de dinero para que las invirtieran en provecho de él (Mt 25.14-30). Dos de ellos
se pusieron a trabajar de inmediato, y duplicaron sus inversiones. Pero el tercer hombre
simplemente cavó un hoyo y escondió el dinero. A su regreso, el amo elogió
espléndidamente y recompensó a los siervos que habían utilizado lo que les había dado,
pero castigó severamente al que rehusó servirle. No perderemos nuestra salvación por la
falta de servicio, pero sí las recompensas en el cielo por no utilizar lo que Dios nos ha
confiado.

Si usted siente que el Señor le está hablando a servirle, es posible que se esté preguntando:
¿Qué quiere que yo haga? ¿Cómo quiere utilizarme? Si usted quiere someterse a Dios e ir a
donde Él le dirija, el Señor abrirá las puertas y le guiará a la vida más significativa y
productiva posible. No estoy diciendo que será fácil, pero valdrá la pena. Se lo aseguro.

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