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ORACIÓN POR LA PAZ

ORACIÓN DEL SANTO


PADRE FRANCISCO
al finalizar el momento de oración Pacem in terris
Basílica de San Pedro
Viernes, 27 de octubre de 2023
[Multimedia]
_____________________________________

María, míranos. Estamos aquí ante ti. Tú eres Madre, conoces


nuestros cansancios y nuestras heridas. Tú, Reina de la paz, sufres con
nosotros y por nosotros, al ver a tantos de tus hijos abatidos por los
conflictos, angustiados por las guerras que desgarran el mundo.
Es una hora de oscuridad. Esta es una hora de oscuridad, Madre.
Y en esta hora de oscuridad, nos sumergimos en tus ojos luminosos y nos
confiamos a tu corazón, que es sensible a nuestros problemas y que
tampoco estuvo exento de inquietudes y temores. Cuánta preocupación
cuando no había lugar para Jesús en el albergue, cuánto miedo cuando
tuvieron que huir rápidamente a Egipto porque Herodes quería matarlo,
cuánta angustia cuando se perdió en el templo. Pero, Madre, tú en las
pruebas fuiste valiente, fuiste audaz, confiaste en Dios y respondiste a la
preocupación con la solicitud, al miedo con el amor, a la angustia con la
donación. Madre, en los momentos decisivos no retrocediste, sino que
tomaste la iniciativa: fuiste sin demora a ver a Isabel, en las bodas de
Caná obtuviste el primer milagro de Jesús, en el Cenáculo mantuviste a
los discípulos unidos. Y cuando en el Calvario una espada traspasó tu
alma, tú, Madre, mujer humilde, mujer fuerte, entretejiste de esperanza
pascual la noche del dolor.
Ahora, Madre, toma una vez más la iniciativa, tómala en favor
nuestro, en estos tiempos azotados por los conflictos y devastados por
las armas. Vuelve tus ojos misericordiosos a la familia humana que ha
extraviado el camino de la paz, que ha preferido Caín a Abel y que,
perdiendo el sentido de la fraternidad, no recupera el calor del hogar.
Intercede por nuestro mundo en peligro y en confusión. Enséñanos a
acoger y a cuidar la vida —¡toda vida humana!— y a repudiar la locura de
la guerra, que siembra muerte y elimina el futuro.
María, muchas veces tú has venido a nuestro encuentro,
pidiéndonos oración y penitencia. Nosotros, sin embargo, ocupados en
nuestros asuntos y distraídos por tantos intereses mundanos, hemos
permanecido sordos a tus llamadas. Pero tú, que nos amas, no te cansas
de nosotros. Madre, tómanos de la mano. Tómanos de la mano y guíanos
a la conversión, haz que volvamos a poner a Dios en el centro. Ayúdanos
a mantener la unidad en la Iglesia y a ser artífices de comunión en el
mundo. Recuérdanos la importancia de nuestro papel, haz que nos
sintamos responsables por la paz, llamados a rezar y a adorar, a
interceder y a reparar por todo el género humano.
Madre, solos no podemos lograrlo, sin tu Hijo no podemos hacer
nada. Pero tú nos llevas a Jesús, que es nuestra paz. Por eso, Madre de
Dios y Madre nuestra, nosotros recurrimos a ti, buscamos refugio en tu
Corazón inmaculado. Imploramos misericordia, Madre de misericordia;
suplicamos paz, Reina de la paz. Mueve los corazones de quienes están
atrapados por el odio, convierte a quienes alimentan y fomentan
conflictos. Enjuga las lágrimas de los niños —en esta hora lloran
mucho—, asiste a los que están solos y son ancianos, sostiene a los
heridos y a los enfermos, protege a quienes tuvieron que dejar su tierra
y sus seres queridos, consuela a los desanimados, reaviva la esperanza.
Te entregamos y consagramos nuestras vidas, cada fibra de
nuestro ser, lo que tenemos y lo que somos, para siempre. Te
consagramos la Iglesia para que, testimoniando al mundo el amor de
Jesús, sea signo de concordia, sea instrumento de paz. Te consagramos
nuestro mundo, especialmente te consagramos los países y las regiones
en guerra.
El pueblo fiel te llama aurora de la salvación. Madre, abre
resquicios de luz en la noche de los conflictos. Tú, morada del Espíritu
Santo, inspira caminos de paz a los responsables de las naciones. Tú,
Señora de todos los pueblos, reconcilia a tus hijos, seducidos por el mal,
cegados por el poder y el odio. Tú, que estás cerca de cada uno, acorta
nuestras brechas de separación. Tú, que tienes compasión de todos,
enséñanos a hacernos cargo de los demás. Tú, que revelas la ternura del
Señor, haznos testigos de su consolación. Madre, tú, Reina de la paz,
derrama en los corazones la armonía de Dios. Amén.
______________

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