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Hipertiroidismo: Tipos y Tratamientos

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CARRERA: Enfermería

SEDE: Hospital Larrain

MATERIA: Adulto mayor 2

AÑO: 2024

PROFESOR/A: Juan Amaya

ALUMNOS: Leguizamón Lorena, Leiva Gabriela

TEMA: Hipertiroidismo (tiroides primaria y secundaria)

FECHA DE ENTREGA: 31 de mayo del 2024.

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HIPERTIROIDISMO

¿Qué es el Hipertiroidismo?

El hipertiroidismo es una condición médica que ocurre cuando la glándula


tiroides produce y libera en exceso hormonas tiroideas en el cuerpo. Las
hormonas tiroideas, como la triyodotironina (T3) y la tiroxina (T4), desempeñan
un papel crucial en la regulación del metabolismo, el crecimiento y la función de
diversos órganos en el cuerpo. Cuando la glándula tiroides produce demasiadas
hormonas tiroideas, se produce un desequilibrio en el cuerpo que puede causar
una serie de síntomas y problemas de salud.

Algunos de los síntomas comunes del hipertiroidismo incluyen:

1. Pérdida de peso inexplicada: A pesar de tener un apetito normal o aumentado,


las personas con hipertiroidismo pueden experimentar una pérdida de peso
significativa.

2. Aumento de la frecuencia cardíaca: El hipertiroidismo puede causar


taquicardia, que es un ritmo cardíaco rápido e irregular.

3. Nerviosismo e irritabilidad: Las personas con hipertiroidismo pueden sentirse


ansiosas, nerviosas o irascibles sin una causa aparente.

4. Fatiga y debilidad muscular: A pesar de tener un metabolismo acelerado,


algunas personas con hipertiroidismo pueden experimentar fatiga y debilidad
muscular.

5. Temblores y sudoración excesiva: Los temblores en las manos y la sudoración


excesiva son síntomas comunes del hipertiroidismo.

6. Problemas oculares: Algunas personas con hipertiroidismo pueden


experimentar problemas oculares como irritación, sequedad, visión doble o
protrusión de los ojos.

El hipertiroidismo puede ser causado por diversas condiciones, como la


enfermedad de Graves, adenomas tiroideos hiperfuncionantes, tiroiditis y, en
algunos casos, por el consumo de demasiada hormona tiroidea sintética. El
diagnóstico del hipertiroidismo se realiza mediante pruebas de laboratorio para

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medir los niveles de hormonas tiroideas y la hormona estimulante de la tiroides
(TSH).

El tratamiento del hipertiroidismo puede incluir medicamentos antitiroideos, yodo


radioactivo o cirugía para extirpar parte o la totalidad de la glándula tiroides. El
objetivo del tratamiento es normalizar los niveles de hormonas tiroideas y aliviar
los síntomas asociados con el hipertiroidismo. Es importante recibir un
seguimiento médico adecuado para controlar y manejar esta condición de
manera efectiva.

Existen Dos tipos de Hipertiroidismo: Primario y secundario.

Hipertiroidismo Primario:

En el hipertiroidismo primario, la causa principal es una disfunción directa de la


glándula tiroides, que produce y libera en exceso hormonas tiroideas (T3 y T4)
en el cuerpo. La enfermedad de Graves, los adenomas tiroideos
hiperfuncionantes y la tiroiditis son algunas de las causas comunes de
hipertiroidismo primario. En este caso, la glándula tiroides está hiperactiva y
produce hormonas tiroideas en exceso, lo que resulta en síntomas de
hipertiroidismo.

Hipertiroidismo Secundario (Tirotoxicosis Secundaria):

En el hipertiroidismo secundario, la causa subyacente no está en la glándula


tiroides, sino en una estimulación excesiva de la glándula tiroides por una
hormona estimulante de la tiroides (TSH) anormalmente alta. Un ejemplo común
de hipertiroidismo secundario es la enfermedad de Graves, una enfermedad
autoinmune que provoca la producción excesiva de TSH y estimula la glándula
tiroides. En el hipertiroidismo secundario, la glándula tiroides responde a una
estimulación excesiva de la TSH, lo que resulta en una producción excesiva de
hormonas tiroideas y síntomas de hipertiroidismo.

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PATOLOGÍAS QUIRÚRGICAS DE LA TIROIDES

Nódulos tiroideos: Los nódulos tiroideos son crecimientos anormales en la


glándula tiroides que pueden ser benignos o malignos. En algunos casos, los
nódulos tiroideos pueden causar síntomas como dificultad para tragar, dolor en
el cuello o cambios en la voz, lo que puede requerir cirugía para extirpar el nódulo
o parte de la glándula tiroides.

Bocio multinodular: El bocio multinodular es el agrandamiento de la glándula


tiroides debido a la presencia de múltiples nódulos. En casos en los que el bocio
causa síntomas como dificultad para respirar o tragar, o por razones estéticas,
puede ser necesaria la cirugía para reducir el tamaño de la glándula tiroides.

Enfermedad de Graves: La enfermedad de Graves es una enfermedad


autoinmune que causa hipertiroidismo y puede provocar síntomas como
taquicardia, pérdida de peso, temblores y exoftalmos (ojos saltones). En algunos
casos, la cirugía puede ser necesaria para tratar la enfermedad de Graves
cuando otros tratamientos no son efectivos.

Cáncer de tiroides: El cáncer de tiroides es una patología menos común pero


importante que puede requerir cirugía para extirpar el tumor maligno. Los tipos
de cáncer de tiroides incluyen el carcinoma papilar, folicular, medular y
anaplásico, cada uno con características y tratamientos específicos.

Tiroiditis crónica: La tiroiditis crónica, como la tiroiditis de Hashimoto, es una


inflamación crónica de la glándula tiroides que puede causar hipotiroidismo. En
algunos casos, la tiroiditis crónica puede requerir cirugía si hay complicaciones
como la formación de quistes o nódulos.

QUIRÓFANO SEGURO

En un quirófano seguro durante una cirugía de tiroides, participan varios


profesionales altamente capacitados que desempeñan roles específicos para
garantizar la seguridad y el éxito del procedimiento. Los miembros del equipo
que tienen que estar presentes en un quirófano durante una cirugía de tiroides
son:

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Cirujano: Es el médico responsable de realizar la cirugía de tiroides. El cirujano
tiene la experiencia y habilidades necesarias para llevar a cabo la intervención
de manera precisa y segura.

Anestesiólogo: Es el especialista encargado de administrar la anestesia al


paciente y monitorear su estado durante la cirugía. El anestesiólogo garantiza
que el paciente esté sedado de manera segura y estable durante todo el
procedimiento.

Enfermeras quirúrgicas: Las enfermeras quirúrgicas asisten al cirujano durante


la cirugía, preparan el equipo quirúrgico, proporcionan los instrumentos
necesarios y ayudan en la gestión de la sala de operaciones.

Instrumentista quirúrgico: Es el profesional encargado de entregar los


instrumentos quirúrgicos al cirujano durante la intervención, asegurándose de
mantener un entorno estéril y de que el cirujano tenga todo lo necesario para la
cirugía.

Circulante de quirófano: Es el miembro del equipo encargado de gestionar el flujo


de entrada y salida de la sala de operaciones, supervisar el cumplimiento de los
protocolos de seguridad y proporcionar cualquier equipo adicional que pueda
necesitarse.

Técnico quirúrgico: Ayuda en la preparación del quirófano, asiste al cirujano


durante la cirugía y se encarga de la esterilización y mantenimiento de los
instrumentos quirúrgicos.

COMPLICACIONES DE LA CIRUGÍA

Complicaciones Preoperatorias:

Las complicaciones preoperatorias que pueden surgir antes de una cirugía de


tiroides son eventos adversos o situaciones que se presentan antes de la
intervención quirúrgica y que pueden influir en el procedimiento o en la
recuperación del paciente. Algunas de las complicaciones preoperatorias más
comunes en el contexto de una cirugía de tiroides incluyen:

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Complicaciones Relacionadas con la Anestesia: Reacciones alérgicas a los
medicamentos anestésicos, problemas cardíacos o respiratorios durante la
inducción de la anestesia.

Hipertiroidismo descontrolado: En casos en los que el paciente presenta una


sobreproducción excesiva de hormonas tiroideas (hipertiroidismo) antes de la
cirugía, puede ser necesario estabilizar estos niveles mediante medicamentos
antitiroideos u otros tratamientos para reducir el riesgo de complicaciones
durante la operación.

Complicaciones cardíacas: Pacientes con enfermedades cardíacas


preexistentes pueden enfrentar un mayor riesgo de complicaciones cardíacas
durante la cirugía de tiroides. Es fundamental evaluar y optimizar la salud
cardiovascular del paciente antes de la intervención.

Problemas respiratorios: En casos de obstrucción de las vías respiratorias o


dificultades respiratorias previas, es importante abordar estos problemas antes
de la cirugía para garantizar una adecuada oxigenación durante el
procedimiento.

Alergias o sensibilidades a medicamentos: Es esencial identificar cualquier


alergia conocida a medicamentos o materiales quirúrgicos antes de la cirugía
para evitar reacciones adversas durante el procedimiento.

Trastornos de la coagulación: Pacientes con trastornos de la coagulación o


que toman medicamentos anticoagulantes pueden requerir ajustes en la
medicación antes de la cirugía para reducir el riesgo de sangrado excesivo
durante la intervención.

Infecciones activas: La presencia de infecciones activas en el cuerpo, como


infecciones respiratorias o infecciones locales en el área de la cirugía, puede
aumentar el riesgo de complicaciones durante la operación. Es importante tratar
estas infecciones antes de programar la cirugía.

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Complicaciones Postoperatorias Inmediatas:

Después de una cirugía de tiroides, pueden surgir algunas complicaciones


posoperatorias inmediatas que requieren atención médica inmediata. Estas
complicaciones pueden incluir:

Hemorragia: La hemorragia posquirúrgica es una complicación grave que puede


ocurrir en las primeras horas o días después de la cirugía. Se manifiesta con
sangrado abundante en el sitio de la incisión y puede requerir intervención
quirúrgica de emergencia.

Problemas respiratorios: En algunos casos, la cirugía de tiroides puede afectar


las cuerdas vocales o los nervios que controlan los músculos de la garganta, lo
que puede provocar dificultad para respirar, cambios en la voz o problemas para
tragar.

Lesión de las glándulas paratiroides: Durante la cirugía de tiroides, las


glándulas paratiroides, que regulan los niveles de calcio en el cuerpo, pueden
dañarse. Esto puede resultar en niveles bajos de calcio en sangre, provocando
síntomas como entumecimiento, hormigueo o espasmos musculares.

Infección de la herida: La infección en el sitio de la incisión es una complicación


común que puede causar enrojecimiento, hinchazón, dolor y secreción de pus.
Se trata con antibióticos y cuidados locales adecuados.

Hipotiroidismo o hipertiroidismo: Dependiendo del tipo de cirugía y la


extensión de la tiroidectomía, el paciente puede experimentar desequilibrios en
los niveles de hormonas tiroideas, lo que puede requerir ajustes en la medicación
tiroidea.

Es importante tener en cuenta que estas complicaciones son raras, pero es


fundamental que el paciente esté informado sobre los posibles riesgos y se
mantenga atento a cualquier síntoma inusual después de la cirugía. Ante
cualquier signo de complicación, es crucial buscar atención médica de inmediato
para recibir el tratamiento adecuado.

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Complicaciones Postoperatorias Mediatas:

Después de una cirugía de tiroides, existen varias complicaciones


posoperatorias mediatas que pueden surgir, aunque no todas las personas las
experimentan. Algunas de las complicaciones posoperatorias mediatas más
comunes incluyen:

Hipotiroidismo: La extirpación parcial o total de la glándula tiroides puede


provocar hipotiroidismo, una condición en la que la glándula produce menos
hormonas tiroideas de las necesarias. Esto puede causar fatiga, aumento de
peso, piel seca, estreñimiento y sensación de frío.

Hipertiroidismo transitorio: En algunos casos, la cirugía de tiroides puede


provocar una liberación temporal de hormonas tiroideas en el torrente
sanguíneo, lo que resulta en síntomas de hipertiroidismo como nerviosismo,
pérdida de peso, sudoración excesiva y palpitaciones.

Daño a las glándulas paratiroides: Durante la cirugía de tiroides, las glándulas


paratiroides (responsables de regular el calcio en el cuerpo) pueden dañarse, lo
que puede resultar en niveles anormales de calcio en la sangre y síntomas como
entumecimiento, hormigueo y debilidad muscular.

Hematoma o seroma: La acumulación de sangre (hematoma) o de líquido claro


(seroma) en el área quirúrgica puede causar hinchazón, dolor y presión en el
cuello. En casos graves, puede ser necesario drenar el líquido acumulado.

Infección de la herida: Aunque es poco común, la herida quirúrgica puede


infectarse, lo que puede causar enrojecimiento, hinchazón, dolor y secreción de
pus. En casos severos, puede requerir tratamiento con antibióticos.

Complicaciones a largo plazo:

Hipotiroidismo Crónico: Necesidad de tratamiento hormonal de reemplazo a


largo plazo debido a la falta de función tiroidea.

Hipercalcemia: Niveles elevados de calcio en sangre debido a problemas con


las glándulas paratiroides.

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Complicaciones Psicológicas: Ansiedad, depresión o cambios en la
autoimagen relacionados con la cirugía y las alteraciones tiroideas.

PROCEDIMIENTO QUIRÚRGICO:

El procedimiento quirúrgico de la tiroides, implica la extirpación parcial o total de


la glándula tiroides. Antes de la cirugía, se realizan evaluaciones para determinar
la necesidad de la intervención y garantizar la seguridad del paciente. Las
evaluaciones que se realizan antes de una tiroidectomía son:

Historia clínica: Se recopila información detallada sobre los síntomas del


paciente, antecedentes médicos, medicamentos que toma, problemas de salud
previos y cualquier historial familiar de trastornos tiroideos.

Examen físico: Se realiza un examen físico completo que incluye la palpación


del cuello para evaluar el tamaño, la textura y la presencia de nódulos en la
glándula tiroides. También se pueden buscar signos de trastornos tiroideos,
como bocio o nódulos palpables.

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Pruebas de laboratorio: Se pueden solicitar análisis de sangre para medir los
niveles de hormonas tiroideas (T3, T4, TSH) y anticuerpos tiroideos. Estas
pruebas ayudan a evaluar la función tiroidea y detectar posibles trastornos como
hipotiroidismo o hipertiroidismo.

Estudios de imagen: Se pueden realizar pruebas de diagnóstico por imagen,


como ecografía tiroidea, resonancia magnética, para visualizar la glándula
tiroides, identificar nódulos, evaluar su tamaño y características, y detectar
posibles anomalías estructurales.

Una vez completadas las evaluaciones, el procedimiento quirúrgico se lleva a


cabo de la siguiente manera:

El paciente se prepara para la cirugía y se administra anestesia general para


mantenerlo inconsciente durante el procedimiento. La posición adecuada del
paciente durante la tiroidectomía generalmente es la posición supina, que
significa que el paciente está acostado boca arriba con la cabeza ligeramente
elevada.

Es importante el uso del microscopio en esta cirugía ya que permite una visión
detallada y ampliada de las estructuras anatómicas. Esto permite al cirujano
identificar con precisión tejidos y células, orientarse durante la cirugía para evitar
daños a estructuras delicadas, como vasos sanguíneos, realizar cortes precisos
y controlados, y en algunos casos, realizar un diagnóstico en tiempo real.

El cirujano realiza una incisión en el cuello para acceder a la glándula tiroides.


La ubicación y tamaño de la incisión pueden variar según la técnica quirúrgica y
la extensión de la cirugía.

Se procede a extirpar parcialmente (lobectomía) o totalmente (tiroidectomía total)


la glándula tiroides, con cuidado de preservar estructuras cercanas como las
cuerdas vocales y las glándulas paratiroides.

Una vez completada la extirpación, se cierra la incisión con suturas y se aplican


vendajes. Después de la cirugía, el paciente es monitoreado en una sala de
recuperación para asegurar una recuperación adecuada. Se proporcionan
instrucciones postoperatorias y se programa un seguimiento con el cirujano para
controlar la evolución.

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CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN EL PREOPERATORIO

Los cuidados de Enfermería se dividen en diferentes etapas:

1. Educación al Paciente: Explicar detalladamente el procedimiento quirúrgico,


los riesgos, beneficios y expectativas postoperatorias.

2. Valoración y Preparación Física: Realizar una evaluación completa del


paciente, incluyendo pruebas de laboratorio y estudios preoperatorios. Ayudar al
paciente a seguir las indicaciones preoperatorias, como ayuno y suspensión de
ciertos medicamentos.

3. Apoyo Emocional: Brindar apoyo emocional al paciente y aclarar cualquier


duda o ansiedad que pueda tener.

4. Preparación de Materiales: Verificar que todos los materiales y equipos


necesarios para la cirugía estén disponibles y en buen estado.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN EL POSTOPERATORIO INMEDIATO

1. Monitoreo Constante: Vigilar de cerca los signos vitales del paciente,


incluyendo la presión arterial, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno y nivel
de conciencia.

2. Control del Dolor: Administrar analgésicos según prescripción médica y


evaluar la efectividad del tratamiento.

3. Prevención de Complicaciones: Estar atento a signos de sangrado, dificultad


respiratoria, cambios en el estado neurológico, y reacciones alérgicas a los
medicamentos.

4. Cuidado de la Herida: Realizar curas de la herida según protocolo, mantener


la zona limpia y seca, y vigilar signos de infección.

5. Movilización y Cambios de Posición: Ayudar al paciente a movilizarse


gradualmente y realizar cambios de posición para prevenir complicaciones como
trombosis venosa profunda.

6. Alimentación: Iniciar la ingesta de líquidos y alimentos según indicaciones


médicas, comenzando con una dieta ligera.

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7. Educación al Paciente y Familia: Instruir al paciente y a sus familiares sobre
los cuidados postoperatorios, medicación, signos de alarma y seguimiento
médico.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN EL POSTOPERATORIO MEDIATO

1. Seguimiento de la Recuperación: Continuar con el monitoreo de signos vitales,


control del dolor y cuidado de la herida.

2. Educación Continua: Brindar información al paciente sobre la evolución


esperada de la recuperación, la importancia de seguir las indicaciones médicas
y los cuidados a largo plazo.

3. Apoyo Emocional: Proporcionar apoyo emocional al paciente durante el


proceso de recuperación y adaptación a los cambios postoperatorios.

EL CUIDADO DE LA HERIDA

Los cuidados de una herida quirúrgica son fundamentales para prevenir


infecciones y promover una adecuada cicatrización.

Mantener la herida limpia y seca: Lavarse las manos antes de tocar la herida,
limpiar la herida suavemente con agua y jabón neutro, y secarla con cuidado.

Cambiar los apósitos según las indicaciones médicas: Hay que seguir las
instrucciones del médico sobre cuándo y cómo cambiar los apósitos. Es
importante mantener la herida cubierta para protegerla de posibles
contaminantes.

Evitar mojar la herida: En algunos casos es fundamental cuidar la herida del


agua, de todas formas, esto depende de las indicaciones del médico.

Evitar movimientos bruscos y levantar objetos pesados: Estos movimientos


pueden tensar la herida y dificultar la cicatrización. Evitar la exposición directa al
sol o a sustancias irritantes que puedan afectar la cicatrización.

Seguir las indicaciones médicas: Tomar los medicamentos recetados e indicados


por el médico.

Vigilar signos de infección: Prestar atención a signos de infección como


enrojecimiento, hinchazón, aumento del dolor, secreción de pus o fiebre.

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SEGUIMIENTO MÉDICO RECOMENDADO PARA EL PACIENTE

Después de someterse a una cirugía de tiroides, es crucial que el paciente realice


un seguimiento médico adecuado para garantizar una recuperación óptima y
para monitorear la función tiroidea. En general, se recomienda que el paciente
realice visitas de seguimiento regulares con su cirujano y endocrinólogo.

Durante las primeras semanas posteriores a la cirugía, el médico puede realizar


controles para evaluar la cicatrización de la herida, verificar la función de la
glándula tiroides restante (si se conservó parte de ella) y ajustar la medicación
tiroidea si es necesario. Es importante que el paciente informe cualquier síntoma
nuevo o preocupante, como dolor persistente, dificultad para tragar, cambios en
la voz o síntomas de hipotiroidismo o hipertiroidismo.

A largo plazo, el seguimiento médico puede incluir pruebas de laboratorio


regulares para monitorear los niveles de hormonas tiroideas, ecografías tiroideas
para evaluar la estructura de la glándula y la detección de posibles recurrencias
o nuevas lesiones. El médico también puede recomendar la realización de
pruebas de imagen como la gammagrafía tiroidea en determinados casos.

Además, es fundamental que el paciente mantenga una comunicación abierta


con su equipo médico, siga las indicaciones sobre la medicación y los controles,
y adopte hábitos de vida saludables que favorezcan la salud tiroidea, como una
alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio.

RECOMENDACIONES AL ALTA

Después de una cirugía de tiroides, es fundamental seguir las recomendaciones


de alta para garantizar una recuperación adecuada y prevenir complicaciones.

• Mantén la incisión limpia y seca.


• Seguir las instrucciones del médico sobre el cambio de apósitos y la limpieza
de la herida.
• Vigilar cualquier signo de infección, como enrojecimiento, hinchazón o
secreción.
• Evitar levantar objetos pesados o realizar actividades extenuantes durante
las primeras semanas después de la cirugía.

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• Gradualmente, volver a tus actividades normales según las indicaciones del
médico.
• Tomar los medicamentos recetados por el médico según las indicaciones.
• Si se experimentan efectos secundarios, comunicarlo al equipo médico.
• Seguir una dieta saludable y equilibrada.
• Puede que haya recomendaciones específicas sobre la ingesta de yodo o
suplementos de calcio, sigue las indicaciones del médico.
• Asistir a todas las citas de seguimiento programadas con el médico.
• Realizar los análisis de sangre u otras pruebas según recomendación
médica.
• Prestar atención a los signos de complicaciones, como sangrado excesivo,
dificultad para respirar, dolor intenso o inflamación repentina en el cuello.
• En caso de cualquier síntoma preocupante, comunicarse de inmediato con el
equipo médico.
• Hablar con tus seres queridos o busca apoyo profesional si es necesario.

Estas son recomendaciones generales y el médico proporcionará pautas


específicas basadas en cada situación individual.

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Caso Clínico: Mujer de 45 años, ingresa a la guardia del hospital acompañada por su hija. Ella refiere que hace tiempo no visitaba a su madre y al verla notó
un aspecto desmejorado en su piel; bajo peso; pero con aumento del apetito. Además, recalca: el sudor excesivo y el temblor de sus manos.

VALORACIÓN DIAGNÓSTICO DE PLANIFICACIÓN EJECUCIÓN


ENFERMERÍA
DATOS DIAGNÓSTICO RESULTADOS INTERVENCIONES FUNDAMENTACIÓN
EVALUACIÓN
ESPERADOS

ACTUALES: Deterioro del bienestar Mejorar el bienestar • Monitorear el peso del paciente El diagnostico de hipertiroidismo y los Se observó una leve
• 45 años. general R/C general del/la paciente y regularmente. síntomas asociados pueden causar mejora en cuanto a
controlar los signos y
• Fiebre • Sudorosa. hipertiroidismo M/P Sugerir técnicas de relajación y ansiedad. los signos y síntomas
síntomas de la •
• Nerviosa. enfermedad.
deterioro de la integridad manejo del estrés. Por ello se recomienda fomentar una asociados al
HISTÓRICOS
cutánea y sudoración Brindar apoyo emocional y escuchar comunicación abierta para educar al diagnóstico del
• Fumadora •
• Hipertensa excesiva. las preocupaciones del paciente. paciente a que cambie sus hábitos, paciente.
OBJETIVOS: Promover un ambiente tranquilo y controlar sus signos y síntomas y Se lograron estabilizar

proporcionar información de la los valores que se
• T/A 150/90 propicio para el descanso.
encontraban elevados
• FC 108 Establecer ritmos de sueños medicación (incluyendo dosis y efectos (T/A – T°).
• FR 30RX´ •
regulares. secundarios de las mismas).
• T° 39
• SAT 02 96%. Promover la hidratación e higiene.

SUBJETIVOS: Discutir con el equipo médico si hay

• Fatiga necesidad de intervención
• Pérdida de peso farmacológica.
• Debilidad muscular.
Monitorear ingesta de líquidos para
• prevenir deshidratación.

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Conclusión:

En conclusión, podemos decir, que la cirugía de tiroides es un procedimiento


comúnmente realizado para tratar afecciones como nódulos tiroideos, bocio o
cáncer de tiroides. Después de la cirugía es crucial seguir las recomendaciones
médicas para garantizar una recuperación exitosa y prevenir complicaciones.

Además de educar al paciente en cuanto a los cuidados posquirúrgicos, como,


por ejemplo: el cuidado de la herida, la higiene personal, controles médicos y la
toma de medicación. Es importante comunicarse con el equipo médico ante
cualquier duda o inquietud, la recuperación puede variar de un paciente a otro
por lo que es fundamental seguir un plan de cuidados personalizado.

Es primordial crear conciencia sobre el hipertiroidismo y la tiroides para mejorar


la calidad de vida de los pacientes y prevenir complicaciones a largo plazo.

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