Dientes sueltos
Por Warland
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- Acto I -
La noche es tan oscura hoy, sin estrellas en el firmamento, ni
la luna para alumbrarlo. Una combinación de la contaminación
luminosa, y la suerte de tener una luna nueva, qué horrible. O
al menos creo que debería pensar, pero ver el cielo vacío
totalmente de su brillo no me genera nada, ni en lo más mínimo.
De hecho, que no me importe me entristece más, siento que
debería.
Incluso la lluvia que cae sobre mi parabrisas me molesta más, me
genera más en el corazón, y eso solo porque tengo que prestar
más atención a la carretera, que irónico, ¿no te parece? Aunque
ya no es el momento para eso, ahí están. Las luces de las
patrullas y ambulancias, además de maquinaria pesada, eso sí que
no me lo esperaba. El auto llegó en menos de lo que esperaba,
más para una camioneta fúnebre. Aquí estamos, tal vez con atarme
el pelo primero, y arreglarme los ligamentos de mi arco
extraoral… sí, así debe estar bien. Abro la puerta, y me da la
bienvenida el ruido de las sirenas, la lluvia y el habla de las
personas. Qué bendito caos.
Con el primer paso sobre el suelo, las botas se me llenan de
lodo, además de las miradas de los policías, paramédicos e
incluso agentes federales. Aunque ya me puedo imaginar de porque
fue así. Al comenzar a caminar, mientras mi gabardina se mojaba,
Jacob se acerca a mí, un oficial que me conocía lo suficiente
para no verme como una rara, pero no tanto para que yo lo
considere un amigo.
—¿No te parece que te tardaste en llegar, Clara? —dijo con
una voz cansada y fastidiada, ya listo para dejar su turno.
Está mojado de pies a cabeza. Aunque lo que tiene en la cara
parece sudor más que otra cosa, has estado aquí su buen tiempo,
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¿eh? Y bueno, tiene una expresión bastante seria, ¿será que se
traumó o algo? Aunque no sé, ¿por qué ando asumiendo cosas?
—Discúlpeme, la lluvia me retrasó más de lo que me hubiera
gustado. —Me detuve al ver que un paramédico se nos unió a
seguirnos—. ¿Me puede decir que pasó? —le terminé de hablar.
—Será mejor que tú misma lo vieras —dijo.
Después de decir eso, comenzó a caminar a un ritmo que casi no
puedo imitar con el paramédico que se nos unió. Se te nota que
haces esto a diario, ¿verdad, Jacob? ¿Verdad? En poco llegamos a
una zona con más tierra suelta y lodo de lo que había en la
entrada. Y bueno, en nuestro frente está una manta plástica que
cubre varios metros.
Jacob le dijo algo al paramédico que no pude escuchar, para
ponerse de lados opuestos, y después levantar la manta. Veo
gusanos, bastantes de hecho, tantos que hay mínimo una colonia
pegada a la parte inferior de la manta. Y pues, los cadáveres
están irreconocibles de quienes eran, mayormente por los
gusanos, con hoyos por todo su cuerpo, la falta de piel, ojos, y
extremidades. Pero me llama la atención como están puestos,
entrelazados unos a otros como un gran nudo.
—¿Cuántos cuerpos hay? —le pregunté a Jacob, mirándolo
directamente a los ojos.
—¿Como unos veinte? ¿Veinte cinco?
—Va a ser un día largo, ¿no es así? —Suspiré, mirando al
cielo, solo para tomarme un momento y dejar que el agua
chorreara por mi cara—. Sé que ya ha sido un día largo, Jacob.
—Me detengo a pensar si de verdad voy a terminar mi oración—.
¿Pero podría ser que me ayudes con esto? A llevarlos a la
camioneta. —Di otra pausa, para pasar a mirar a los cadáveres—.
Aunque parece que serán bastantes camionetas —le terminé de
decir.
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— — —
Loa cadáveres se postran en frente de nosotros, con las potentes
luces del hospital pegándoles, sobre camillas y reconstruidos de
la mejor manera. Por la forma en que estaba, separarlos
significaba que se iban a deshacer un poco. Aunque bueno, nunca
sabrás si te equivocas a ensamblarlos. Pero por la diferencia de
tamaños, creo que no me equivoco, o al menos esta vez, sí,
debería estar bien.
—Bueno, dime algo —dijo Jacob, pero por su noto de voz, más
bien no quería saber. O mejor dicho, más bien se quería ir lo
antes posible.
—Eh, pues… no se puede saber mucho —le digo, mientras paso
por mis notas—. Es extraño, ¿sabes? Los cuerpos aún no han
descompuesto completamente, pero la carne está tan podrida que
es imposible sacar ADN de estos. —Me volteo para verle la cara—.
Y aún más, con todos esos gusanos, estos cuerpos debieron
desaparecer hace tanto, pero no lo hicieron.
—¿Entonces un misterio y no se sabe nada? —dijo frustrado,
aunque tampoco lo culpo. Después de todo esto, es lo menos que
quisieras escuchar.
—Bueno, no tan así, si se sabe algo. Todas son mujeres,
mujeres de diferentes edades, pero no mayor a una a adulta
joven. Digamos de entre los cinco a diecinueve años. —pongo las
notas de nuevo sobre mesa—. Ese sería el rango, es todo lo que
tengo.
—Ya entiendo —dijo irritado. Bueno, eso es todo, ¿cierto?
—Cierto… eso es todo. —La tensión se sentía desde aquí, aun
con una habitación de distancia—. Fue un día largo, ¿no? Y
apenas son las diez de la mañana —dije intentando liberar el
asunto.
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—Tienes toda la razón —dijo con una pequeña carcajada, al
menos la que se puede tener después de algo como esto, para
después acercarse a la puerta, y darme una última mirada.
—Que tengas un buen día, Clara. —dijo con una sonrisa que
nunca pensé que podría tener después de esto.
—Igualmente, Jacob —le respondí, mientras me despedía con
la mano.
Ya se fue, pero no puedo aguantar preguntarme, ¿por qué no puedo
sentir nada después de decir palabras como esas? Cada vez que
las digo me recuerdo a mí misma que no las puedo decir
sinceramente, y siento que debería. Siento que es lo todos los
demás hacen y también debería yo, pero simplemente me veo
incapaz de hacerlo. Aunque no me debería sentir mal, si no es mi
culpa como persona que me sienta así, ¿verdad? Tal vez nací así,
entonces no tendría culpa de nada, las personas no podría
juzgarme por eso. Podría ir con esa excusa. Pero, eh… aún siento
que debería fingir cada vez que tenga la oportunidad.
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- Acto II -
El sonido del teléfono me despertó, y ahora que ando bajando las
escaleras, preguntándome si debería instalar otro teléfono en mi
cuarto. Al menos así no seria tan molesto para situaciones como
estas, Además de que tengo tantas ganas que sea alguien que
venga a molestar, porque si es de mi trabajo si será un
increíble comienzo mañana, sinceramente... Ahora que tengo el
teléfono de frente, con una mano lo contesto y lo pongo sobre mi
oreja.
—Buenos días, ¿quién habla? —dije, intentado no sonar
dormilona, aun cuando son las seis y media de la mañana, recién
despertada.
—Hola, Clara —soñó la voz del alguacil.
—Buenos días, Sr. alguacil, ¿qué se le ofrece? —dije
preocupada, esperando que no sea nada, aunque ya me imagino que
podría ser.
—Necesito que vengas para acá, creo que ya sabes por qué.
—Sí, entiendo... —El sueño aún me hacía efecto, y me costó
algo terminar—. En camino, señor —le terminé.
— — —
Al menos andar con una gabardina ayuda a salir a estas horas,
hace algo contra el frío, y te hace sentir como si aún
estuvieras en cama. Pero bueno, ya estoy aquí, debería salir de
una vez. Y abriendo la puerta, veo la multitud que sé amontona
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al rededor de la cinta policial, que cubre la entrada del
edificio. Al acercarme el ruido se hace más fuerte, ade...
—¡Jódete maldito! —dijo un tipo, que le acaba de meter un
golpazo a un policía—. ¡Dejadme entrar! —gritó, para después
comenzarse a reír como un desquiciado.
Los demás municipales se acercaron y con porras en mano, y lo
comenzaron a apelar. Ahí Jacob, que no me esperaba verlo, se
acercó, separando a los policías del pobre diablo. Hubo gritos,
aún querían ir por él, el loco aprovecho y comenzó a correr. Ahí
Jacob dejo ir un par de policías que lo comenzaron a perseguir.
Mientras él aún hablaba con el resto de para que se
tranquilicen. ¿Debería acercarme?, mejor espero aquí un momento.
Aunque… no, ya no, me acaba de ver, ya viene para acá.
—¿Qué paso Jacob? —dije agarrándome la gabardina para
taparme lo más posible del frío.
—Tú misma lo puedes ver —dijo con las manos en la cintura,
lleno de sudor, y con la respiración agitada—. Pero bueno,
porque no vienes conmigo para mostrarte lo que encontramos. —Se
arregló su gorro—. Al final, para eso viniste.
—Vale —le dije secamente, antes de comenzarlo a seguir.
Comenzamos a pasar por la multitud de gente, la mayoría no
estaba haciendo nada, no como el loco de hace unos momentos.
Solo veían y curioseaban por la cantidad de policías y otros de
primeras respuestas, simplemente queriendo saber qué estaba
pasando. Al final de todo, estamos cerca del centro de la
ciudad.
Al entrar por el edificio, y subir un par de escaleras, entendí
de lo que estaban hablando. Una de las paredes está rota, con
restos escombros por todo el piso, abierta para ver sus
adentros, y cadáveres como los de hace unos días en su interior,
como los del diez de octubre. Hechos como un nudo, sin piel ni
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ojos, y con cientos de gusanos por doquier, por la carne, por el
piso, por los escombros y por dentro de la pared.
No hable, y me comienzo a acercar a la pared de muerte, y con
ver de lado a lado el interior del muro me pregunto si habrá más
cadáveres escondidos.
—¿Acaso van a demoler todo esto o qué? —pregunte.
—Si la ciudad lo permite, se podrá —me respondió Jacob—.
Pero tenemos control de todo el piso, no más de eso, aunque no
seria raro encontrar más en las otras plantas.
—¿Tienen a la constructora o dueño como sospechosos?
—Este edificio se construyo hace más de cien años, y el
dueño ha estado fuera del estado ya su tiempo. Los cuerpos se
ven recientes, como los del otro día. —dio una pausa para
quitarse el sudor de la frente—. El encargado es el más cercano
a un “sospechoso” que tenemos.
—Ya veo… —dije, con la mayor sinceridad que creo que he
hablado.
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— Acto III —
Vaya día fue ese, vamos a ver el reloj, sí, las once cuarenta y
siete. No sonaría tan malo si no estuviera el hecho que comencé
a las siete de la mañana, pero bueno, fue un buen día de
analizar cadáveres, podría decir. Al menos ya puedo ir a dormir.
Abro la puerta de mi casa, todo está tan oscuro que incluso
fastidia, no quiero tener que pensar y andar con cuidado ahora
mismo, vamos a ver si no me tropiezo, sí, si por aquí está el
teléfono, entonces las escaleras deben estar en esta dirección.
Las comienzo a subir y, quiero ir al baño, necesito ir al baño,
¿por qué de repente me llegaron estas ganas? Ni es por
necesidad, solo siento que debería ir, no, no es que quiera,
tengo que ir.
Al terminar, puedo comenzar a ver el pasillo principal del
segundo piso, solo hay dos puertas en este, la de mi dormitorio
y la del baño. Y al caminar sobre la alfombra, seguí de largo la
de mi cuarto, para llegar a la puerta del tocador. Donde pongo
la mano sobre la perilla, y no sé por qué, pero algo dentro de
mí me dice que no lo haga, algo en mi interior me grita que me
aleje de esa bendita puerta. Pero las ganas, las ansias de
hacerlo me carcomen, son más fuertes que yo, perdón, no soy yo,
solo tengo que hacerlo. Entonces, abrí la puerta, solo para
recibirme la oscuridad, y con la otra mano, muevo el
interruptor.
La administración de los muebles se me hace de lo más extraña,
como si nunca la hubiera visto, como si nunca hubiera estado
aquí antes, pero es siempre como ha estado, ¿verdad? Solo es
cosa mía. Ahora que no estoy tan perdida, lo puedo ver, la
bañera llena de gusanos hasta rebosar de ellos. Y por alguna
razón, de alguna manera, un pensamiento simplemente llega, ¿y si
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me tiro?, ¿pero por qué?, ¿por qué quisiera hacerlo? Son esas
mismas ganas, las mismas ganas que me trajeron aquí, me dicen
que me tire. Comienzo a caminar hacia la bañera, y sin pensarlo,
me sumergí en el océano de gusanos.
— — —
¿Qué es ese ruido? ¿Qué es ese bendito ruido? Suena como mi
alarma, pero no, no lo es, es muy distante para eso. ¿Entonces
qué?, el teléfono, debe ser el teléfono, sí, eso debe ser, es lo
único que tendría sentido. Al poner un pie sobre el piso, me
hace recordar sobre ese extraño sueño, pero debo apurarme, antes
de que el tono acabe. Bajo las escaleras lo más rápido que
puedo, mis ojos pasan por el reloj, apenas iniciando las cuatro
de la mañana, ya me imagino que es. Agarro el teléfono, y lo
atiendo.
—Buenos días, ¿qué se le ofrece? —dije, aun con mi tono
matutino
—¿Dra. Clara? ¿Está disponible? —Era la voz del alguacil, y
con darme un momento para rascarme los ojos, le digo.
—Sí, sí, obvio. Es para lo mismo, ¿no? —dije, con un tono
hartada, será mejor terminar con esto de una vez.
—¿Lo mismo? —preguntó confundido, como si no supiera de lo
que estaba hablando.
—Sí, lo mismo señor, los cadáveres llenos de gusanos, y
atados como si fueran un nudo, son para más de esos, ¿verdad?
—¿De hecho... sí? Como sabe, ¿algunos de mis policías le
contó de antemano? —No tenía nada con que responder eso—. Bueno,
la queremos para que se lleve los cuerpos, ¿puede hacer eso hoy?
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—Bue... —Mi voz se cortó, y lo intenté varias veces, pero
lo mismo pasaba, después de darme un momento pude hablar—. ¿Me
podría decir que fecha es? ¿Alguacil?
—Una extraña petición Dra. Clara, pero claro, diez de
octubre —dijo inocentemente, como si eso no fuera lo peor.
—¿Me puede dar un momento alguacil? —dije, antes de dejar
caer colgado el teléfono sin siquiera escuchar la respuesta del
oficial.
Mis piernas suben las escaleras lo más rápido que pueden, me
gustaría que incluso fuera más, pero el dolor en las plantas de
los pies me impide de eso. Y al llegar al pasillo, ahora corro,
como antes no había hecho, para agarrar de la perilla la puerta
del baño. Donde me detengo, mi nerviosismo se eleva, siento como
mi corazón late atreves de mi pecho y la verdad no sé si quiero
abrir esta bendita puerta. Pero de igual forma, lo hago. Y un
cadáver putrefacto: lleno de gusanos, sin piel, ojos, y
extremidades pequeñas. Yace sobre la bañera, justo con una
diferencia. Tiene un aparato ortodonto externo, uno igual que el
mío.
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