INSTITUTO DE EDUCACIÓN SUPERIOR TECNOLÓGICO
PÚBLICO “AMAZONAS-YURIMAGUAS”
RACISMO
ALUMNOS: CUMAPA SHAPIAMA LLANIRA MISHEL.
PAREDES PINEDO BENJAMI OMAR.
SANGAMA JOVANI MARCELA.
HIDALGO INUMA LUZ ELIZABETH.
ASIGNATURA: SOCIEDAD Y ECONOMIA EN LA GLOBALIZACIÓN.
DOCENTE: ABDUL VELA WONG
FACULTAD: CONTABILIDAD_ Iii
YURIMAGUAS
LORETO
PERÚ
HISTORIA DEL RACISMO EN EL PERÚ
El racismo es un fenómeno desarrollado especialmente a partir de los siglos XV-XVI, época
relacionada al inicio del colonialismo. La construcción del otro como diferente, se establece
especialmente en este momento histórico. Las contraposiciones: “salvaje” y “civilizado” se
fijan a partir de las diferencias entre las prácticas religiosas y los usos o costumbres de los
pueblos. La existencia de distintos niveles de desarrollo cultural, origina contrastes marcados
y la justificación de la primacía de unas culturas sobre otras. Sin embargo, como lo demostró
Alemania en la segunda guerra mundial las sociedades más “civilizadas”, pueden ser también
las más sanguinarias. La hegemonía de la cultura occidental o el paradigma eurocéntrico,
serán la base del racismo y la discriminación como prácticas globales normalizadas.
Si bien la esclavitud existió desde los primeros tiempos, fue el comercio negrero el que
extiende la idea de la inhumanidad de algunos seres. El descubrimiento de América y
encuentro entre dos mundos totalmente distintos, generara la afirmación de lo europeo
como distinto a lo “otro”. Las luchas contra los pueblos árabes ya habían generado esa idea
de otredad civilizatoria, pero es en el siglo XV que surge la Europa moderna y el lastre del
racismo. Los horrores de la invasión o conquista de América serán justificados en nombre de
la fe verdadera (el cristianismo) y el estado de barbarie de los pueblos nativos. Los debates
de Valladolid entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé De Las Casas, evidenciaran las
contradicciones entre los cristianos sobre la condición de los indígenas en el contexto
régimen hispano-católico. En este debate, la condición inhumana del indio se contrapone a
la condición de hijo de dios. El reconocimiento de la existencia de alma en el indio lo dotara
de la calidad de “súbdito” ante la corona española. Sin embargo, las prácticas de abuso y
exclusión serán lo cotidiano o normal en la sociedad colonial. Las tempranas uniones entre
españoles e indígenas pronto se extenderán, pero sin mermar la ideología discriminatoria.
Los hijos de estas uniones, los mestizos no serán aceptados por el mundo peninsular-criollo,
aunque tampoco serán considerados indígenas, lo que los librara de mayor discriminación.
La idea de pureza de sangre traída desde la península ibérica, dominara el imaginario
colonial y hasta postcolonial. Las expresiones: mestizo, mulato, negro, indio, criollo y casta
hallan su origen en este periodo, lo cual es muy significativo.
Los esclavos por su parte, son rebajados a la condición de objetos y de ahí lo frecuente de la
expresión: “piezas de ébano”. La cosificación del negro, no se expresará solo en su
tratamiento como herramienta laboral, sino también en su erotización. Su calidad de bestia,
lo ubicara en la esfera de los instintos, entre ellos (especialmente) el sexual. La oposición
entre lo intelectual y lo sexual, lo aleja de la imagen de hombres dotados de ideas y lo fija
como ser esencialmente instintivo. El negro, zambo y mulato estará estigmatizado por el
color de su piel, al igual que el indígena, aunque esencialmente serán discriminados por su
cultura y religión.
La “idolatría” y “superstición” del indio y el negro fue la base de la discriminación española
durante la etapa colonial. La extirpación de idolatrías (S. XVI-XVII), los proyectos de
castellanización a los indios (S. XVIII), son algunos ejemplos de la censura o rechazo hacia la
cultura de los pueblos dominados. Por otro lado, durante esta época se difundieron en
Europa las tesis de Cornelius De Paul (inspirado en el naturalista francés Buffon), sobre la
inferioridad y degeneración de los habitantes del nuevo mundo. Este filósofo holandés de la
corte de Federico II de Prusia, centro sus críticas en los nativos americanos, pero también
llegara a describir a las colonias de Norteamérica como “degeneradas y monstruosas”
afirmando incluso que “el más débil europeo podría aplastarlos con facilidad” (1768). Esto
generaría la respuesta de pensadores como Alexander Hamilton, Benjamín Franklin y
Thomas Jefferson quienes rechazaron enérgicamente la “teoría degeneracionista”.
Hacia el siglo XIX se impone la ideología republicano liberal en la América libre, pero también
se difunde el denominado racismo científico o racialismo según la cual la especie humana
está conformada por distintas razas: negroides, caucasoides, etc. Para esta corriente, la
naturaleza biológica del hombre determina su desarrollo; en otras palabras, lo innato se
impone a lo cultural. Estas ideas serán abrazadas por distintos intelectuales peruanos hasta
el siglo XX: Clemente Palma, Alejandro Deústua, Javier Prado, etc. Es en esta época en que
surge realmente, el racismo tal como lo conocemos en el mundo.
Por otro lado, la construcción del estado-nación pasara por homogeneizar la población. El
discurso del mestizaje se difundirá, pero encubrirá las profundas divisiones en el país. Los
proyectos modernizadores no incluirán al indígena, sino al obrero. El futuro del país no está
en esa “raza degenerada”, sino en el trabajador de la ciudad vinculado a la producción
industrial y el comercio. Bajo esa mentalidad, el “nuevo hombre”, no es el habitante de la
sierra (tradicional, atrasada), o el criollo ligado siempre al ocio, sino el obrero mestizo que ha
sido educado y habita la ciudad.
A pesar de su discurso modernizante, el estado oligárquico del siglo XX, conservara
estructuras señoriales heredadas de la colonia. El gamonalismo y la postración del indio,
serán denunciados por los nuevos grupos indigenistas, cuyo discurso se reflejará mejor a
través de la literatura (Ciro Alegría, Arguedas). El racismo peruano exhibía tanto el rechazo a
una raza, como a toda una cultura (algunos lamentaban que no se aplicaran políticas de
exterminio como en EE.UU). El gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado acabará
con las estructuras semi-feudales de la sierra peruana en 1969. Lo cual supondrá un quiebre
en el plano económico-social, pero no el plano mental. Un gamonalismo silencioso se
desarrollará en la sociedad peruana. A pesar de todo, la conversión del indio a campesino,
supuso una reivindicación social y política. La ciudadanía se extiende a los eternos
marginados.
Martín Tanaka, apunta que una forma de resistencia había empezado antes: la migración
desde la década de los años 40s. La migración del campo a la ciudad, significó el mayor
hecho social de nuestra historia en el siglo XX. El rostro del país se modificará y no volverá a
ser el mismo. El proceso de codificación descrito por el sociólogo Aníbal Quijano, significara
el nacimiento de una nueva cultura: la cultura migrante, emergente y achorada. Los antiguos
indígenas serán tratados como cholos, pero en algún momento el tono despectivo se
convertirá en tono descriptivo. La identidad chola se afinca y el mestizaje cultural cobrara
notoriedad. La discriminación hacia el migrante serrano pervive, pero la conquista de la
ciudad se hará evidente: el comercio ambulatorio e informal, la difusión del arte de origen
andino, la creación de múltiples distritos de origen migrante, redes de contacto entre
coterráneos, etc. Sin duda, el desprecio a la cultura chicha coexistirá con el avance de una
cultura emergente. El mito del progreso se impone en los migrantes y el neoliberalismo los
incorpora a la cultura emprendedora (con sus pros y contras).
El racismo en el Perú, será en realidad la discriminación por idioma, cultura y nivel socio-
educativo. Gritarle a alguien cholo, serrano o indio, equivale a decirle ignorante, sucio o
marginal. El dinero blanquea, pero tendrá sus límites en el origen socio-económico y los
lugares exclusivos frecuentados. Lo cholo aún conflictúa a los peruanos, a veces conviene
serlo y a veces no. Se es más o menos cholo en relación al otro. Es mejor ser un cholo limeño
que un cholo puneño. La estética occidental es hegemónica; se multiplican las cholas rubias
y los cholos metrosexuales. La publicidad impone arquetipos blancos en la sociedad de
consumo. El cholo con dinero desprecia al cholo misio. Las mentalidades oscilan entre el
“mejorar la raza” y acumular más recursos para ser (auto)aceptados
¿QUÉ ES EL RACISMO?
El racismo es una forma de pensar, sentir y actuar que se basa en una característica
específica de la diferencia humana a la que se ha llamado “racial”, Como vimos ¿Dónde
existen las razas humanas?, desde mediados del siglo XVIII la división de la humanidad en
“razas” ha sido uno de los medios más efectivos para establecer jerarquías entre grupos
humanos, pues falsamente plantea que hay “razas” inferiores y superiores. Esta manera de
clasificar a la humanidad ha contribuido fuertemente a la creación de muchas desigualdades
e injusticias, pues se ha interiorizado la idea de que hay personas que valen menos debido a
una característica biológica suya anclada a su “naturaleza”. El pensamiento racista ubica al
cuerpo de las personas en un lugar definido de acuerdo con su apariencia, pues sostiene que
las características físicas o biológicas de las personas están directamente asociadas a sus
prácticas, a sus maneras.
¿CÓMO SE MANIFIESTA EL RACISMO?
Se manifiesta en forma de pensar y de actuar implicando el rechazo, jerarquización,
dominación e interiorización de unos hacia otros por cuestiones supuestamente biológicas,
estableciendo relaciones de poder y de dominación que se manifiestan en prácticas y
comportamientos considerados normales. Esto profundiza las desigualdades y las justifica,
pues pareciera que unos tienen el derecho a mejores condiciones de vida que otros.
TIPOS DE RACISMO
Existen varios tipos de racismo por los que las personas se pueden sentir discriminadas o ser
víctimas de desigualdades:
Racismo aversivo. Es un tipo de racismo sutil porque generalmente es empleado por
personas que están abiertamente en contra del racismo y de los comportamientos
racistas. En el racismo aversivo se pretende la igualdad de derechos y la libertad para
que cada grupo viva su propia cultura abiertamente. En cambio, las actitudes racistas se
producen mediante la distancia con la otra persona, falta de empatía o mostrando
frialdad.
Racismo etnocentrista. Este tipo de racismo está basado en la superioridad cultural del
propio grupo, por lo que este asume que otros grupos diferentes suponen una amenaza
cultural. En este tipo de racismo no hay derecho a la igualdad y se cree que las personas
que son de una raza diferente a la propia deben someterse al grupo predominante. El
rechazo de costumbres, creencias, comportamientos, religiones o lenguas de otros
grupos étnicos son actitudes recurrentes en este tipo de racismo.
Racismo simbólico. El racismo simbólico aboga por el derecho a ser iguales, pero con
matices: el derecho a ser iguales existe, pero para ámbitos puntuales o ciertas
situaciones. Un ejemplo que explica el racismo simbólico es la libertad que tiene cada
grupo para vivir como quiera, pero en áreas limitadas para dicho grupo. Estas actitudes
provocan una segregación cultural entre los distintos grupos, lo que a su vez produce
distanciamiento entre sus miembros.
Racismo biológico. Es el tipo de racismo menos tolerante. Entiende que una raza es
biológicamente superior a las demás, que amenazan con degenerar la raza que es
considerada principal. El racismo biológico no cree que los miembros de otras razas
deban tener ningún derecho, piensa que deben ser excluidos totalmente e incluso
apuesta por la segregación física.
PERÚ SIN RACISMO
Todas las personas nacemos libres e iguales en dignidad y derechos; una manifestación de
la igualdad es el respeto por la diversidad cultural y, en el caso de nuestro país, se expresa
en los cerca de 7 millones de peruanos que nos autoidentificamos como parte de un
pueblo indígena u originario y del pueblo afroperuano.
Hoy, Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, desde el Ministerio de
Cultura, reafirmamos nuestro compromiso de promover la valoración por nuestras raíces,
pueblos y 48 lenguas indígenas u originarias, tradiciones orales, celebraciones, rituales,
músicas, danzas, conocimientos, prácticas ancestrales y formas de organización.
Esta valoración de la diversidad cultural no es un compromiso unilateral, tenemos que
involucrarnos como Estado y sociedad para reconocer que el racismo en el Perú continúa
siendo un problema público y que genera brechas sociales que van más allá de un insulto
racista o gesto de rechazo por el color de piel u origen étnico de las personas.
Los resultados de la Primera Encuesta Nacional de Percepciones y Actitudes sobre
Diversidad Cultural y Discriminación Étnico-Racial del Ministerio de Cultura (2017)
evidenció que el 53% de los encuestados considera a los peruanos racistas y solo el 8% se
considera racista.
Asimismo, el 59% de los encuestados indica que el pueblo afroperuano y los pueblos
quechua y aimara son muy discriminados, mientras que el 57% afirma lo mismo respecto
a la población nativa o indígena de la Amazonía.
Reconociendo que existe una discriminación estructural que sigue afectando en mayor
medida a nuestros pueblos originarios y al pueblo afroperuano debido a la falta de
implementación de una política de gestión con acciones concretas y efectivas, en febrero
de este año, nuestro gobierno aprobó los lineamientos para incorporar el enfoque
intercultural en la prestación de servicios públicos, según el Decreto Supremo N° 001-
2023-MC, con la finalidad de que el Estado, en sus tres niveles, adecúe de manera
progresiva las atenciones que brinda respetando nuestras costumbres y lenguas
maternas.
Estamos convencidos de que solo con la participación y compromiso activo como
sociedad y Estado podremos construir un Perú sin racismo.