PSICOPATOLOGÍA
Conceptos Generales
NEUROSIS
El término neurosis es clave e indispensable para pensar la nosografía en relación a la salud
mental. Cabe esta aclaración porque tanto el manual de los trastornos mentales DSM-IV como
el manual CIE-10 no utilizan el concepto de Neurosis por no considerarlo un principio
organizativo, la razón fundamental de esto que el término ha sido utilizado por diferentes
entornos teóricos por lo que consideran que se produjo una cierta vaguedad y generalización
en su utilización. Por lo tanto, los manuales antes citados (por razones de estructuración)
consideraron oportuno simplificar la clasificación. Pero en la práctica resulta imposible no
utilizar el concepto de neurosis, el cual resulta clave e imprescindible para muchos otros
enfoques.
Es cierto que es un término vapuleado, sobre todo porque la psiquiatría tradicional llegó a
designar una importante variedad de síntomas y problemas, entre las cuales consideró a la
neurosis como un grado moderado de perturbación dentro de un esquema lineal. Pero para
otras lecturas, por ejemplo, el psicoanálisis, resulta imposible no considerarlo una entidad
validada. Por lo tanto, la utilización de la denominación conserva absoluta vigencia.
El psicoanálisis parte de una base organizativa mayor por lo que los rasgos sintomáticos no
bastan para definir una estructura.
Lo que planeta el psicoanálisis es que a partir de la trama edípica cobra importancia el
mecanismo represivo. De este modo la función paterna, la perspectiva individual de cada
sujeto marcan un modo de posicionarse frente a los avatares de la vida, se produce entonces
un efecto de repetición, anclado en determinados
significantes. Se trata de un abordaje de lo real con los elementos que se cuenta (siempre
fallidos).
La neurosis impone la renuncia a cierto goce prohibido en función de un goce fálico (lícito). La
neurosis encarna estructuralmente la dinámica de una pregunta,
NEUROSIS - PSICOSIS – PERVERSIÓN pregunta sin una respuesta definitiva que no posee
respuesta psíquica en relación al significante. Al modo de la histeria relacionada con la
identidad sexual (¿soy hombre o mujer? o ¿qué es ser una mujer?); al modo del obsesivo
relacionada
con la contingencia de la propia existencia (¿quién soy?, ¿qué soy?, ¿estoy vivo o muerto?,
¿por qué existo? o ¿soy o no soy?)
Neurosis Obsesiva
La denominación de neurosis obsesiva, es clave cuando es correctamente utilizada, aunque el
manual diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV), no la considera como una entidad
aparte, sino que la enumera dentro de los “trastornos de ansiedad”, y allí se encuentra
enmarcado el llamado “Trastorno obsesivo – compulsivo”. En el cual se presentan obsesiones y
compulsiones que son reconocidas por las personas como excesivas e irracionales provocando
un malestar clínicamente significativo e interfiriendo con la rutina del individuo, sus relaciones
laborales (o académicas) o su vida social. El manual indica determinar si hay poca conciencia
del trastorno (la mayor parte del tiempo no reconoce lo excesivo e irracional). El manual indica
que las obsesiones se definen por pensamientos, impulsos e imágenes recurrentes y
persistentes que se experimentan como intrusos e inapropiada dos y causan ansiedad o
malestar significativos. Estas situaciones no se reducen a simples preocupaciones excesivas,
sino que la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos e imágenes o bien
intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos, porque reconoce que son
producto de su mente. Las compulsiones en cambio se definen por comportamientos (por
ejemplo, el lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales
(por ejemplo, rezar, contar, o repetir palabras) de carácter repetitivo, que el individuo se ve
obligado a realizar para reducir el malestar o prevenir algún acontecimiento
no relacionado directamente.
Para el psicoanálisis la disquisición nosográfica se centra en tres grandes estructuraciones,
neurosis, psicosis y perversión. Dentro de la neurosis se concentra la división de histeria,
neurosis obsesiva, y para algunas posturas se incluiría también la fobia (para otras no). El
psicoanálisis no se basa en la descripción de una serie de síntomas sino una estructura clínica
relacionada con la encarnación de la pregunta estructural por la propia existencia.
La manera de posicionarse en la neurosis depende del posicionamiento subjetivo devenido a
partir de la inscripción simbólica del significante fálico. En este sentido un sujeto podría no
presentar las descripciones fenomenológicas descriptas en los manuales y sin embargo
mostrarse al modo obsesivo desde el punto de vista estructural. Al trabajarse la obsesión en el
campo de las neurosis, aparece como un modo de posicionamiento. Freud definió a la neurosis
obsesiva como un dialecto de la histeria.
Histeria
La denominación de histeria es clave para pensar la psicopatología. Pero cabe aclarar que tanto
el manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV), como el manual CIE 10 borran la
denominación histeria debido a las diferentes teorías al respecto y la imposibilidad de
consensuar una definición común. Pero se refieren a ella bajo otras denominaciones. Este
hecho por sí solo podría dar lugar a infinidad de disquisiciones y discusiones.
El término histeria proviene de hysteron, del griego útero, está basado en la antigua medicina
griega y desde allí tradicionalmente se la consideraba a la histeria como enfermedad del útero,
por lo tanto, de las mujeres. En la actualidad ha quedado descartada esta postura,
considerándose que no existe relación alguna con el útero ni es una entidad exclusiva de las
mujeres.
Para el psicoanálisis el término histeria no puede pasar desapercibido ya que se constituye en
un pilar teórico. La histeria como neurosis estructural, puede decirse que es la estructuración
típica de la neurosis, se convierte en el paradigma de esta.
Remitiendo estructuralmente a la posición sexuada de un sujeto, remitiendo a la posición
decente. Históricamente se la articuló como “Histeria de conversión”, por su estrecha relación
con lo corporal.
A continuación, se definirán las categorías diagnósticas de los trastornos somatomorfos y
disociativos del DSM-IV que involucrarían principalmente a la histeria (fundamentalmente a lo
que la psiquiatría clásica denominó histeria de conversión).
Vinculación de la histeria con el deseo, más precisamente con el deseo del Otro.
Trastornos somatomorfos, en él se pueden ubicar diferentes subcategorizaciones de las cuales
el Trastorno de conversión, el Trastorno de somatización y el Trastorno somatomorfo
indiferenciado presentan en el manual las siguientes características básicas:
Antecedentes de síntomas físicos y persistes durante varios años con la consiguiente búsqueda
de atención médica, los cuales provocan un deterioro significativo social, laboral, o de otras
áreas de la actividad del individuo. Suelen presentarse en diferentes zonas del cuerpo, como
también aparecer síntomas gastrointestinales distintos al dolor, síntomas sexuales o
seudoneurológicos. Todos esos síntomas no pueden explicarse por la presencia de una
enfermedad médica conocida o por los efectos directos de una sustancia. Además, aclara el
manual que, si hay una enfermedad médica, los síntomas físicos son excesivos en comparación
con lo que cabría esperar por la historia clínica, la exploración física o los hallazgos de labora-
torio. También aclara que los síntomas no se producen intencionalmente y no son simulados
como ocurriría en el trastorno ficticio y en la simulación.
Trastornos disociativos dentro de los cuales puede situarse:
La “Amnesia disociativa” (Uno o más episodios de incapacidad para recordar información
importante (generalmente de naturaleza traumática o estresante).
La “Fuga disociativa” (viajes repentinos e inesperados lejos del hogar o el trabajo con
incapacidad para recordar el pasado del individuo produciéndose una confusión en relación a
la identidad).
El “Trastorno de identidad disociativo (personalidad múltiple)” (dos o más identidades o
estados de personalidad).
El “Trastorno de despersonalización” y el “Trastorno disociativo no especificado”(cuando la
disociación es demasiado amplia para ser explicada a partir de un olvido ordinario y produce
un malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la
actividad del individuo y no es debida a sustancias o a una enfermedad médica neurológica).
La Neurastenia no es tomada por el DSM-IV, pero sí en el manual de diagnósticos de
enfermedades mentales CIE 10, como una categorización menor (dentro de “Otros trastornos
neuróticos”). Sin embargo, constituye una entidad que debe relacionarse también con lo que
otras lecturas teóricas llaman histeria (caracterizada por la queja, el desgano y el aumento del
cansancio tras realizar algún esfuerzo mental o físico frente a tareas cotidianas o que requieren
esfuerzos mínimos). Su utilización suele asociarse a diferentes entidades psicopatológicas. Pero
se la sigue mencionando porque remite a la abulia y el decaimiento muy extendido en sujetos
neuróticos.
Lectura comportamental: El término “conversión” se utiliza ampliamente para alguno de estos
trastornos, e implica que sentimientos no satisfactorios originados por los problemas y
conflictos que el enfermo no puede resolver, se transformen de alguna manera en síntomas,
parálisis y anestesias.
Los trastornos disociativos presentan a veces una negación llamativa de problemas o
dificultades personales que son obvios para los demás y cualquier problema reconocido como
tal, se atribuye a los síntomas disociativos porque hay presencia de características clínicas, pero
ausencia (después de las exploraciones clínicas complementarias) de un trastorno somático
que pudiera explicar por lo que se formula una génesis psicógena (aunque sean negados por el
enfermo).
Se puede mencionar la Amnesia disociativa (cuya característica principal es la pérdida de
memoria en general para hechos recientes importantes, no debida a un trastorno mental
orgánico y demasiado intensa como para ser explicada por un olvido ordinario o por cansancio.
La amnesia se centra habitualmente alrededor de acontecimientos traumáticos, tales como
accidentes o duelos inesperados y suele ser parcial y selectiva. Esta amnesia varía
permanentemente, pero hay un núcleo común persistente que no puede ser recordado. La
Fuga disociativa (es igual que una amnesia disociativa, pero se produce también un
desplazamiento intencionado lejos del hogar o del lugar de trabajo, durante el cual se
mantiene el cuidado de sí mismo. En algunos casos puede asumirse una nueva identidad. Pero
no se sostiene por períodos prolongados. El Estupor disociativo es la disminución profunda o
ausencia de la motilidad voluntaria y respuesta normal a los estímulos externos. Permanece
inmóvil, sin hablar, durante largos períodos de tiempo, pero con evidencia de una génesis
psicógena tales como acontecimientos biográficos estresantes recientes, cuando no se trata de
estupor catatónico y estupor maníaco o depresivo.
Trastornos disociativos de la motilidad voluntaria y de la sensibilidad (una pérdida o alteración
de la función motriz según la idea que el paciente posee de su enfermedad sin que se
encuentre una causal somática, por ejemplo, áreas limitadas con las ideas del enfermo sobre
las funciones corporales y no con los principios de la psicopatología). Se destacan las
Anestesias, y el Trastorno de personalidad múltiple (dos o más personalidades distintas en el
mismo individuo, y el que cada vez se manifiesta sólo una de ellas).
Psicosis
El concepto de psicosis resulta polémico desde sus inicios. En un comienzo las psicosis eran
entendidas como un proceso relacionado con una posesión divina. Recién en el siglo XVIII es
considerada cosa de enfermos, lunáticos (con temor al contagio y la condena al aislamiento). Es
en este punto donde el psicótico pasó a ser objeto de estudio. Así la psiquiatría intentó
transformar racionalmente los síntomas en signos objetivos, dando lugar a la intervención e
investigación neurofisiológica y la psicofarmacología.
Ya entrado el siglo XX es cuando se intenta dar una perspectiva diferente, como es el caso del
psicoanálisis, que lejos de reducir los signos a síntomas con que la clínica psiquiátrica intentaba
capturar su objeto de conocimiento, privilegia la escucha sobre la mirada.
En general se habla de las psicosis (en plural) porque se incluye un abanico de problemáticas
(esquizofrenia, paranoia, melancolía, catatonía, delirios, etc.)
EL MANUAL DE LOS TRASTORNOS MENTALES (DSM-IV)
El manual pone reparos para considerar a la psicosis como una entidad independiente. Por una
parte, se mencionan características consideradas tradicionalmente psicóticas dentro de la
categoría de “Trastornos de personalidad” en la cual se enumeran una serie de subcategorías
dentro del llamado grupo “A” cuando aparecen manifestaciones que no son exclusivas de una
esquizofrenia o de síntomas psicóticos.
Así se enumera en el grupo “A” el “trastorno paranoide de la personalidad” manifestado por
desconfianza en las intenciones de los demás, interpretándolas como maliciosas, por ejemplo,
por sospechas de que los demás van a aprovecharse de ellos, o les van a hacer daño o a
engañar, preocupaciones y dudas por la lealtad o fidelidad. Presenta rencores y percibe
ataques hacia sí mismo que no son aparentes para los demás.
El “trastorno esquizoide de la personalidad” es cuando se escoge actividades solitarias, y
alejadas de las relaciones personales o familiares, sin amistades y con un escaso interés de
tener experiencias sexuales con otra persona.
El “trastorno esquizotípico de la personalidad” es cuando hay ideas de referencia, creencias
raras, pensamiento mágico, pensamiento o lenguaje raro, experiencias perceptivas
inhabituales, incluidas las ilusiones corporales, suspicacia o ideación paranoide.
La Esquizofrenia
Según el manual, la esquizofrenia se caracteriza por presentar al menos dos de las siguientes
características: ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado (incoherencia),
comportamiento catatónico, y síntomas negativos (aplanamiento afectivo, abulia, alogia).
Psicosis: Según el manual solo se requiere para hablar de psicosis si las ideas delirantes son
extrañas, o se trata de una voz que comenta continuamente los pensamientos o el
comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas.
En este sentido se manifiesta una disfunción social y laboral. Lo que rompe con la idea
tradicional y aceptada por muchas personas del campo “Psi” (psicología, psiquiatría,
psicoanálisis, etc.) de considerar a la esquizofrenia como una psicosis.
No se considera esquizofrenia: si la causal es por el consumo de sustancias o de una
enfermedad médica asociada. Cabe destacar que el manual excluye de la clasificación de
esquizofrenia a los trastornos ezquizoafectivo y del estado de ánimo.
La esquizofrenia se subdivide según la sintomatología predominante en el momento de la
evaluación en:
• Tipo paranoide (preocupación por una o más ideas delirantes o alucinaciones
auditivas frecuentes, y si no hay lenguaje desorganizado, ni afectividad aplanada).
• Tipo desorganizado (con lenguaje desorganizado, comportamiento desorganiza-
do y afectividad aplanada).
• Tipo catatónico (inmovilidad motora manifestada por catalepsia, o actividad motora excesiva,
negativismo extremo o mutismo, o con movimientos estereotipados o por adoptarse posturas
raras, o ecolalia o ecopraxia)
• Trastorno indiferenciado (cuando no se cumplen ninguno de las tres subdivisiones anteriores,
paranoide, desorganizado o catatónico)
• Tipo residual (cuando hay ausencia de ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje
desorganizado y comportamiento catatónico o desorganizado, salvo que estén presentes en
forma
atenuada).
En cuanto a la esquizofrenia se evalúa el curso longitudinal (con síntomas residuales
interepisódicos, o episodios sin síntomas residuales, o continuos, o en remisión parcial o total)
Trastorno psicótico breve
El DSM-IV denomina así al cuadro cuando se dan uno o más de los siguientes síntomas: ideas
delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamiento catatónico o desorganizado
durante episodios inferiores a un mes. Desde esta perspectiva se distingue cuanto tiene o no
desencadenamiento grave.
Trastorno psicótico compartido:
El DSM-IV se refiere a este trastorno cuando se da entre dos personas con una estrecha
relación.
Trastornos bipolares
Según el DSM-IV se enmarcan dentro de los “Trastornos del estado de ánimo”. Se trata de
episodios o síntomas hipomaníacos o depresivos alternados, o mixtos, que provocan un
malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral, o de otras áreas importantes
de la actividad del individuo (aquí hay que leer porque el manual dice que no se trata de
psicosis ni de esquizofrenia). Se debe especificar si se evidencian síntomas catatónicos, de
inicio de posparto; la gravedad del hecho (leve, moderado, grave, en remisión parcial o total);
la longitud de los episodios (con patrón estacional, o de ciclos rápidos).
Dentro de este trastorno bipolar, se especifica el “trastorno bipolar I” utilizado para designar
únicamente al primer episodio de manía, o el episodio bipolar más reciente tanto de
hipomanía como depresivo. Para las demás ocasiones se habla de “Trastorno bipolar II”
considerado cuando hay presencia o historia de uno o más episodios depresivos mayores, o
hipomaníacos.
Cabe considerar al “Trastorno ciclotímico” (numerosos períodos de síntomas hipomaníacos y
numerosos períodos de síntomas depresivos que no cumplen los criterios para un episodio
depresivo mayor).
Trastorno delirante
Ideas delirantes o extrañas durante al menos un mes (si es que no intervino un tratamiento)
pero no se cumple el criterio de esquizofrenia. Excepto por las ideas delirantes o sus
ramificaciones, la actividad psicosocial no está deteriorada de forma significativa y el
comportamiento no es raro ni extraño. Se especifica el tipo erotomaníaco (idea delirante de
que otra persona está enamorada del sujeto); grandiosidad (ideas de exagerado valor, poder,
conocimientos o relación especial con la divinidad o personas famosas); celotípico (ideas
delirantes de que el compañero
sexual es infiel), persecutorio (ideas delirantes de que la persona o alguien cercano está siendo
perjudicada de alguna forma); somático (ideas delirantes de que la persona tiene un defecto
físico o enfermedad médica); mixto (uno o más de los tipos anteriores) y no especificado.
Paranoia
El manual de los trastornos mentales DSM-IV no considera a la paranoia como una
categorización aparte, solo menciona algunos de sus manifestaciones dentro de la categoría de
“Trastornos de personalidad” en la cual se enumeran una serie de subcategorías dentro del
llamado grupo “A” cuando aparecen manifestaciones que no son exclusivas de una
esquizofrenia o de síntomas psicóticos. Así se enumera en el grupo “A” el “trastorno paranoide
de la personalidad” manifestado por desconfianza en las intenciones de los demás,
interpretándolas como maliciosas, por ejemplo, por sospechas de que los demás van a
aprovecharse de ellos, o les van a hacer daño o a engañar, preocupaciones y dudas por la
lealtad o fidelidad. Presenta rencores y percibe ataques hacia sí mismo que no son aparentes
para los demás.
La psiquiatría clásica desconfía de la categoría nosográfica de paranoia, ya que plantea una
serie de discusiones, tanto que para algunos autores el considerar la paranoia como una
entidad propia es considerado como un anacronismo porque en la paranoia no se evidencia en
un estado puro y aislado, y lo que se daría sería una agrupación de síntomas como si fuera una
enfermedad. A tal punto que sus manifestaciones clínicas son observadas en otras afecciones
(carácter persecutorio, vivencias de autorreferencia, percepción delirante, desconfianza,
grandiosidad, etc.) obligando a la utilización del calificativo de “paranoides” a estas
características (como lo hace el manual DSM-IV). El sufijo “oide” significa semejante, por eso se
designa como paranoide a la persona que presenta rasgos atenuados que hacen recordar a la
psicosis delirante paranoica. En general se trataría de razonamientos aparentemente correctos
que refuerzan su convicción, pero con premisas falsas.
Según el psicoanálisis la paranoia en una forma de psicosis. Según J. Lacan en la Las categorías
nosográficas psicoanalíticas
El psicoanálisis divide la psicosis en paranoia, esquizofrenia y melancolía. Como no considera
una estructuración subjetiva como un conjunto de síntomas típicos, sino como un
posicionamiento estructural, estas subcategorías, resultan amplias.
Desde una perspectiva psicoanalítica, se habla de tres categorías nosográficas principales:
psicosis, neurosis y perversión. En este sentido cabe diferenciar al psicoanálisis francés de otras
posturas, por ejemplo, de aquellas que sostienen una linealidad continuada de patologías de
las cuales es posible entrar o salir de cada una de ellas.
En el caso psicoanalítico se plantea una seriación de las estructuras, por lo que la constitución
subjetiva de un sujeto, en este sentido, no es modificable. Esto da lugar a muchas confusiones
entre las personas no familiarizadas con el psicoanálisis, porque el psicoanálisis no sostiene
entonces la salida de estas estructuraciones básicas sino diferentes maneras de situarse en
estas relaciones subjetivas. Se trata entonces de los modos que una persona encuentra de
ubicarse frente al Otro, frente a la significación y la constitución subjetiva del mismo. Para
entender esto es preciso distinguir que la psicología tradicional realiza sus diagnósticos a partir
de sucesos fenomenológicos observables, como por ejemplo mediante una descripción de
comportamientos al modo de los manuales diagnósticos. El psicoanálisis parte de
una base organizativa mayor por lo que los rasgos sintomáticos no bastan para definir una
estructura. Por otra el psicoanálisis cuestiona la distinción normalidad -enfermedad tradicional
por considerarla dependiente de la connotación médica, debido a que, bajo una lectura
psicoanalítica, todas las personas presentarían un posicionamiento en alguna de las tres
grandes categorías.
Se parte así de un origen lógico en relación a la dinámica edípica, y una fuerte concepción
teórica. Las estructuras básicas dependen de una relación simbólica en la dialéctica también
simbólica del paso edípico del ser al tener. Cobra importancia el significante en relación a la
falta y la completud del Otro (significante fálico). Planteado así, se parte de momentos lógicos
cruciales y determinantes en la constitución del sujeto, y de diferentes maneras según las
cuales un sujeto se relaciona o no con lo simbólico y estas apreciaciones. Así cobra importancia
la posible intervención del significante llamado paterno (no del padre real) y su intervención en
la dialéctica.
En este sentido los tres grandes caminos estructurales: En la neurosis se reprime la
significación primordial, reservándose entonces el término utilizado por Freud característico de
la estructuración neurótica Verdrängung (Represión). Esta estructura está basada en inscripción
de la función significante como punto de origen. La neurosis se describe en relación a la
función simbólica relacionada con la instancia de demarcación de una legalidad en relación a la
triangulación edípica (significante nombre del padre).
Para la psicosis el término utilizado es Verwerfung (Forclusión), a diferencia de la neurosis
donde se reprime la significación, en este caso se la expulsa del aparato psíquico. En la psicosis
no se registra una trama edípica al modo que se pensaría en la neurosis.
Para la perversión el término utilizado por Freud es Verleugnung (renegación), aquí la
significación del significante primordial se mantiene, pero no se deja de renegar contra ella. Así
el perverso queda capturado en la dialéctica del ser y el tener, donde la terceridad será
reconocida pero solo para no dejar de impugnarla (desafío y trasgresión).