CONVERSION
1440. El pecado es, ante todo, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con Él.
Al mismo tiempo, atenta contra la comunión con la Iglesia. Por eso la
conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia,
que es lo que expresa y realiza litúrgicamente el sacramento de la Penitencia
y de la Reconciliación (cf. LG 11).
Catecismo de la iglesia #545
545. Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: "No he venido a
llamar a justos sino a pecadores" (Mc 2, 17; cf. 1 Tim 1, 15). Les invita a la
conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de
palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos (cf.
Lc 15, 11-32) y la inmensa "alegría en el cielo por un solo pecador que se
convierta" (Lc 15, 7). La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su
propia vida "para remisión de los pecados" (Mt 26, 28).
SAM MARCOS 1-15
15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y
creed en la Buena Nueva.»
El mensaje de Jesús sobre la llegada del Reino de Dios tiene, pues, que
entenderse en el horizonte de la pregunta de la humanidad por la paz, la
libertad, la justicia y la vida.
Arrepentirse, del griego metanoeo, significa "cambiar de opinión" y "aceptar
que los pecados de uno son aborrecibles"; no es solo el hecho de tener
remordimiento por el pecado, sino que el arrepentimiento también debe
provocar un cambio de actitud que nos lleve a servirle a Dios continuamente.
A. Es el tiempo
El tiempo se ha cumplido
Jesús dice que ya es el tiempo, que el tiempo se ha cumplido. Que la
promesa de Dios ya es una realidad, que todo lo que ha prometido comienza
a cumplirse de manera especial. Se cumplió la promesa de enviar uno que
prepararía su camino. Se cumplió la promesa de la venida del Rey, comenzó
a cumplirse la proclamación de buenas noticias a los abatidos y libertad a los
cautivos, se cumpliría la promesa de redención por la muerte del Cristo,
revisemos algunas citas que hablan de este tiempo que había llegado: Is. 9:1-
2, 40:3-5, 42:1-4, 60:1-3, Gal.4:4. Es el tiempo del cumplimiento de las
promesas de Dios en Cristo, por esto el Señor dice “el tiempo se ha cumplido,
y el reino de Dios se ha acercado”. Ya ha venido el reino de Dios.
B. Experimentando conversión
convertíos
Pero la segunda idea de la palabra traducida por arrepentíos tiene la idea de
conversión. Así que vivir como verdaderos hijos de Dios implica
vivir experimentando la conversión. La transformación completa de
nuestras vidas. La Biblia dice que, si alguien está en Cristo, es nueva criatura,
y todas las cosas son hechas nuevas. No puedes decir que eres hijo de Dios,
que eres ciudadano del reino de Dios, que has experimentado la salvación, si
tu vida no expresa un compromiso constante de ajustarse a la enseñanza de
palabra de Dios. Tus pensamientos no pueden seguir siendo de continuo al
mal, tus deseos no pueden ser amar las cosas de este mundo, a tal punto
que tu forma de vivir sea la misma de los que no conocen a Dios y que viven
como si Dios no existiera, tu conducta no puede ser impía y mundana. A ti,
que escuchas hoy el evangelio del reino de Dios, Dios te manda volverte a él
de todo corazón experimentando una transformación completa de tu vida. Por
eso Dios exhorta de muchas maneras a todos los creyentes diciendo “no os
conforméis a este siglo, sino transformaos…”,
Rom, 12:2,
01 Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a
ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a
Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer.
02 No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario,
transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que
puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le
agrada, lo perfecto.
03 En virtud de la gracia que me fue dada, le digo a cada uno de
ustedes: no se estimen más de lo que conviene; pero tengan por
ustedes una estima razonable, según la medida de la fe que Dios
repartió a cada uno.
para eso ha dado Dios su palabra y los sacramentos. Pero, ¿cuántos
obedecemos realmente a este llamado del Señor, a pesar de sus
correcciones, disciplinas y continuas, amonestaciones?, ¿cuántos no somos
más que fariseos que por fuera son una cosa pero por dentro otra?,
hermanos, clamemos a Dios como relata el libro del profeta Jeremías (31:18):
“conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios”, es la única
forma para que podamos experimentar una verdadera conversión que nos
evidencie que vivimos realmente en el reino de Dios.
C. Experimentando Fe
creed en la Buena Nueva.»
hay que nacer de nuevo de espíritu es espíritu de carne de carne es:
Y por último, el llamado del Señor es a vivir como verdaderos hijos de
Dios experimentando Fe. Esto es, creer lo que el evangelio nos dice, que
somos pecadores, pero en Cristo hay perdón de pecados, y debemos
arrepentirnos, y recibir el perdón de pecados que Cristo nos ofrece, y
confiar que ese perdón es total y suficiente, y no hay nada que nos
pueda quitar ese perdón, por lo cual ahora podemos vivir para la gloria
de Dios. Tú que has comenzado a escuchar el evangelio, te has
enterado de la buena noticia, pero eres llamado por Dios a crecer en la
gracia y conocimiento del Señor. Tú debes estar convencido que la buena
noticia, realmente es eso, una buena noticia que viene de parte de Dios.
Debes creer que lo que Dios dice es cierto, y que no hay mentira alguna en
él, antes por el contrario sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Pero
también debes aprender a confiar en esa buena noticia, que nada te
puede separar del amor de Dios, ni tus mismos pecados, puesto que
Cristo pagó por ellos en la cruz. Si has creído en Cristo, el que comenzó
en ti la buena obra, es fiel para perfeccionarla hasta cuando él venga,
esta confianza la debes tener desde el momento en que escuchaste por
primera vez el evangelio, hasta el día que mueras o Cristo venga. Pero no
olvidemos hermanos, que la fe es un don de Dios, para entrar al reino de
los cielos, hay que tener fe, pero esta es dada por Dios, si no la tienes
pídela a Dios, y él te la dará, él dice que si alguno viene a él, él no le
echa fuera, y nadie puede venir a Cristo si no le es dado del Padre.
San Lucas 19
01 Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. 02 Allí vivía un hombre
muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. 03 El quería
ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de
baja estatura. 04 Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para
poder verlo, porque iba a pasar por allí, 05 Al llegar a ese lugar, Jesús
miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que
alojarme en tu casa». 06 Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con
alegría. 07 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar
en casa de un pecador». 08 Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor:
«Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he
perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».
Disponibilidad para que el Señor cambie nuestro corazón. “corazón de
piedra, por un corazón de carne” (Ez 36, 26-27).
Cambiar de manera radical y total, volviéndonos a Dios y
renunciando totalmente al pecado, lo cual los griegos llamaban
Metanoia (Jl 2, 12-13).
Ofrézcanse como ofrendas vivas…no sigan la corriente del mundo en
que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación
interior…” (Rm 12, 1-2).
Reconocimiento del pecado, examen de conciencia: Es recordar los
pecados cometidos desde la última confesión bien hecha. Para
acordarse de los pecados se aconseja repasar los Mandamientos de la
Ley de Dios, los de la Santa Madre de la Iglesia y los deberes del propio
estado. El examen debe ser cuidadoso, en el Espíritu Santo y de
manera objetiva.
Dolor de los pecados: “El acto esencial de la penitencia, por parte del
penitente, es la contrición, o sea, un rechazo claro y decidido del pecado
cometido, por el amor que se tiene a Dios y que renace con el
arrepentimiento. No obstante, para confesarse es suficiente la atrición, es
decir, un arrepentimiento imperfecto, debido más al temor que al amor a
Dios. Juan Pablo II. Sin embargo el dolor de contrición es más perfecto,
porque nace del amor de Dios y perdona inmediatamente los pecados, si
se tiene el propósito de confesarlos. En cambio el de atrición, por nacer
del temor no basta para perdonar los pecados inmediatamente sino que
es necesario confesarlos y recibir la absolución. Conviene, pues, que nos
arrepintamos por amor a Dios pero también por santo temor a ÉL. Este
dolor debe ser por nuestros pecados y nunca por los pecados ajenos.
Propósito de enmienda: Es una firme resolución de no volver a pecar y
apartarse de ocasiones y peligros de ofender a Dios; o sea evitar todo lo
que pueda hacernos recaer en el pecado. El propósito brota
espontáneamente del dolor; si tienes arrepentimiento de verdad, harás
el propósito de no volver a pecar. (Lc 15, 11-32). (FRUTO DE LA
CONVERSIÓN)
Confesión del pecado, ante Dios y ante el Sacerdote (la Iglesia),
(1Jn 1,9). Jesús pagó por nuestros pecados (por todos) con el precio de
su Sangre y por lo tanto es el único que puede perdonarnos. Sin
embargo él delegó esa autoridad, el ministerio del perdón a los
sacerdotes para recibir el perdón después de haber pecado, no basta
con decirle a Dios dentro del alma que nos pesa haberle ofendido, pues
el mismo Jesucristo dijo a los apóstoles, a quienes perdonen los
pecados les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen, les
quedarán sin perdonar (Jn 20, 21-23).
Cumplir la penitencia: Es rezar las oraciones y hacer las obras buenas
que manda el confesor, para satisfacer por la pena temporal de los
pecados. Y para mayor desagravio y expiración, conviene aceptar los
sufrimientos cotidianos y ganar indulgencias, así como la decisión plena
de resarcir de algún modo el daño provocado con nuestro pecado. (1459
CIC).
Reparación: En la medida de nuestras posibilidades debemos reparar
el daño causado por nuestro pecado a nosotros mismos y a los demás,
salvo que al hacerlo vayamos a causar mayor daño o perjudicar a otros,
y esto se hace mediante el cultivo de las virtudes, especialmente las
llamadas cardinales o humanas: Prudencia, Justicia, Fortaleza y
Templanza; y el ejercicio de las obras de misericordia, tanto corporales:
Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo,
alojar al peregrino, visitar a los enfermos, liberar a los cautivos y enterrar
a los muertos; como las espirituales: Enseñar al que no sabe, corregir al
que se equivoca, dar consejo al que lo necesita, sufrir con paciencia los
defectos del prójimo, consolar al que sufre, perdonar las ofensas y orar
por vivos y difuntos, entendiendo como acto de justicia el hecho de
haber cometido un pecado implica su reparación directa o indirecta. En
forma directa se dice cuando la reparación se ejerce sobre