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Contratos 2do Parcial

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RESUMEN CONTRATOS

2DO PARCIAL
SANEAMIENTO Y SUS GARANTÍAS:
SANEAMIENTO:
Incluso luego del efectivo cumplimiento del contrato, surgen las obligaciones de
garantía de sanamiento, dentro de las cuales se encuentra la garantía de evicción y de
vicios ocultos. Estas obligaciones son asumidas por el vendedor frente al comprador, y
se encargan de responder ante cualquier defecto que haga impropio el uso de la cosa
vendida o disminuya su uso, buscando así asegurar el buen uso y goce del bien por el
adquiriente.
La responsabilidad por saneamiento existe aunque no haya sido estipulada por las
partes. Éstas pueden aumentarla, disminuirla o suprimirla, a través de cláusulas que son
de interpretación restrictiva. La supresión y la disminución de la responsabilidad por
saneamiento se tienen por no convenidas:
a) si el enajenante conoció, o debió conocer el peligro de evicción, o la existencia de
vicios; b) si el enajenante actúa profesionalmente en la actividad a la que corresponde
la enajenación, a menos que el adquirente también se desempeñe profesionalmente en
esa actividad.
Están obligados al saneamiento:
a) el transmitente de bienes a título oneroso, pero el adquirente a título gratuito puede
ejercer las acciones de responsabilidad por saneamiento correspondientes a sus
antecesores. b) quien ha dividido bienes con otros; c) sus respectivos antecesores, si
han efectuado la correspondiente transferencia a título oneroso.
El obligado al saneamiento no puede invocar su ignorancia o error, excepto estipulación
en contrario.
El acreedor de la obligación de saneamiento tiene derecho a optar entre:
a) reclamar el saneamiento del título o la subsanación de los vicios; b) reclamar un bien
equivalente, si es fungible; c) declarar la resolución del contrato.
Excepto si:
a) si el adquirente conoció, o pudo conocer el peligro de la evicción o la existencia de
vicios; b) si el enajenante no conoció, ni pudo conocer el peligro de la evicción o la
existencia de vicios; c) si la transmisión fue hecha a riesgo del adquirente; d) si la
adquisición resulta de una subasta judicial o administrativa.
En los casos de supuestos de pluralidad, podemos distinguir entre la pluralidad de
bienes, donde;
a) si fueron enajenados como conjunto, es indivisible; b) si fueron enajenados
separadamente, es divisible, aunque haya habido una contraprestación única.
Y podemos hablar de la pluralidad de sujetos donde quienes tienen responsabilidad
por saneamiento en virtud de enajenaciones sucesivas son obligados concurrentes. Si
el bien ha sido enajenado simultáneamente por varios copropietarios, éstos sólo
responden en proporción a su cuota parte indivisa, excepto que se haya pactado su
solidaridad.
GARANTÍAS POR EVICCIÓN:
La responsabilidad por evicción asegura la existencia y la legitimidad del derecho
transmitido, y se extiende a:
a) toda turbación de derecho, total o parcial, que recae sobre el bien, por causa anterior
o contemporánea a la adquisición; b) los reclamos de terceros fundados en derechos
resultantes de la propiedad intelectual o industrial, excepto si el enajenante se ajustó a
especificaciones suministradas por el adquirente; c) las turbaciones de hecho causadas
por el transmitente.
La responsabilidad por evicción no comprende:
a) las turbaciones de hecho causadas por terceros ajenos al transmitente; b) las
turbaciones de derecho provenientes de una disposición legal; c) la evicción resultante
de un derecho de origen anterior a la transferencia, y consolidado posteriormente.
Sin embargo, el tribunal puede apartarse de esta disposición si hay un desequilibrio
económico desproporcionado.
Si un tercero demanda al adquirente en un proceso del que pueda resultar la evicción
de la cosa, el garante citado a juicio debe presentarse en los términos de la ley de
procedimientos. El adquirente puede seguir actuando en el proceso. El garante debe
pagar al adquirente los gastos que éste ha afrontado para la defensa de sus derechos.
Sin embargo, el adquirente no puede cobrarlos, ni efectuar ningún otro reclamo si:
a) no citó al garante al proceso; b) citó al garante, y aunque éste se allanó, continuó con
la defensa y fue vencido.
En los casos en que se promueve el proceso judicial, la responsabilidad por evicción
cesa:
a) si el adquirente no cita al garante, o lo hace después de vencido el plazo que
establece la ley procesal; b) si el garante no comparece al proceso judicial, y el
adquirente, actuando de mala fe, no opone las defensas pertinentes, no las sostiene, o
no interpone o no prosigue los recursos ordinarios de que dispone contra el fallo
desfavorable; c) si el adquirente se allana a la demanda sin la conformidad del garante;
o somete la cuestión a arbitraje y el laudo le es desfavorable.
Sin embargo, la responsabilidad subsiste si el adquirente prueba que, por no haber
existido oposición justa que hacer al derecho del vencedor, la citación oportuna del
garante por evicción, o la interposición o sustanciación de los recursos, eran inútiles; o
que el allanamiento o el laudo desfavorable son ajustados a derecho.
El acreedor de la responsabilidad dispone del derecho a declarar la resolución:
a) si los defectos en el título afectan el valor del bien a tal extremo que, de haberlos
conocido, el adquirente no lo habría adquirido, o su contraprestación habría sido
significativamente menor; b) si una sentencia o un laudo produce la evicción.
Cuando el derecho del adquirente se sanea por el transcurso del plazo de prescripción
adquisitiva, se extingue la responsabilidad por evicción.
GARANTÍAS POR VICIOS OCULTOS:
Las garantías por vicios ocultos pueden ser de vicios ocultos propiamente dicha, o la
garantía del vicio redhibitorio. Estos vicios tienen que tener tres requisitos:
A) Debe ser oculto, no de una manera malisiosa, sino que el vicio no era notorio a
simple vista.
B) Debe existir adquisición, es decir que el vicio se descubra posteriormente,
estando ya adquirido.
C) Si el adquiriente conocía el vicio, no hubiera adquirido el producto o hubiera
pagado un monto menor.
La responsabilidad por defectos ocultos se extiende a:
a) los defectos no comprendidos en las exclusiones plasmadas; b) los vicios
redhibitorios, considerándose tales los defectos que hacen a la cosa impropia para su
destino por razones estructurales o funcionales, o disminuyen su utilidad a tal extremo
que, de haberlos conocido, el adquirente no la habría adquirido, o su contraprestación
hubiese sido significativamente menor.
Se considera que un defecto es vicio redhibitorio:
a) si lo estipulan las partes con referencia a ciertos defectos específicos, aunque el
adquirente debiera haberlos conocido; b) si el enajenante garantiza la inexistencia de
defectos, o cierta calidad de la cosa transmitida, aunque el adquirente debiera haber
conocido el defecto o la falta de calidad; c) si el que interviene en la fabricación o en la
comercialización de la cosa otorga garantías especiales.
Sin embargo, excepto estipulación en contrario, el adquirente puede optar por ejercer
los derechos resultantes de la garantía conforme a los términos en que fue otorgada.
La responsabilidad por defectos ocultos no comprende:
a) los defectos del bien que el adquirente conoció, o debió haber conocido mediante un
examen adecuado a las circunstancias del caso al momento de la adquisición, excepto
que haya hecho reserva expresa respecto de aquéllos. Si reviste características
especiales de complejidad, y la posibilidad de conocer el defecto requiere cierta
preparación científica o técnica, para determinar esa posibilidad se aplican los usos del
lugar de entrega; b) los defectos del bien que no existían al tiempo de la adquisición.
La prueba de su existencia incumbe al adquirente, excepto si el transmitente actúa
profesionalmente en la actividad a la que corresponde la transmisión.
El adquirente tiene la carga de denunciar expresamente la existencia del defecto
oculto al garante dentro de los sesenta días de haberse manifestado. Si el defecto se
manifiesta gradualmente, el plazo se cuenta desde que el adquirente pudo advertirlo. El
incumplimiento de esta carga extingue la responsabilidad por defectos ocultos, excepto
que el enajenante haya conocido o debido conocer, la existencia de los defectos.
La responsabilidad por defectos ocultos caduca:
a) si la cosa es inmueble, cuando transcurren tres años desde que la recibió; b) si la
cosa es mueble, cuando transcurren seis meses desde que la recibió o puso en
funcionamiento. Estos plazos pueden ser aumentados convencionalmente.
El acreedor de la garantía dispone del derecho a declarar la resolución del contrato:
a) si se trata de un vicio redhibitorio; b) si medió una ampliación convencional de la
garantía.
El adquirente no tiene derecho a resolver el contrato si el defecto es subsanable, el
garante ofrece subsanarlo y él no lo acepta. Queda a salvo la reparación de daños.
Si la cosa perece total o parcialmente a causa de sus defectos, el garante soporta su
pérdida.
La ley de defensa al consumidor otorga garantías respecto a este tema, estas
garantías estan establecidas por ley, por lo que no es necesario que las partes lo
acorden a través de garantías convencionales. En el caso de las cosas muebles, si son
nuevas la ley estipula un plazo de seis meses de garantía, y si la cosa esta usada el
plazo se disminuye a tres meses. Sin embargo, las partes pueden pactar un plazo de
garantía mayor al establecido por ley, como por ejemplo, la garantía extendida, donde
se suma el plazo acordado a el plazo ya estipulado por la ley. Por ejemplo, si la ley
determina seis meses y las partes acuerdan una garantía extendida (por la que el
comprador va a pagar) de un año, la garantía va a durar un año y seis meses.

MODALIDADES ESPECIALES DE CONTRATACIÓN:


MODALIDADES:
Las modalidades especiales de contratación se aplican respecto a los contratos
celebrados fuera del establecimiento comercial, por medios electronicos o a
distancia. A diferencia de la contratación presencial, en especial en los casos de
consumo, en la contratación a distancia la manifestación de voluntad es distinta, ya que
el consumidor puede actuar de manera impulsiva y no mediada, mientras que el
proovedor tiene una grán ventaja de venta considerando que puede hacerlo durante las
24hs sin que implique gastos como luz, internet, pago de establecimiento, de
empleados, etc. Por esta disparidad es que tanto el código como la Ley especial de
Defensa del consumidor busca proteger a este último en estos supuestos.
Está comprendido en la categoría de contrato celebrado fuera de los establecimientos
comerciales del proveedor el que resulta de una oferta o propuesta sobre un bien o
servicio concluido en el domicilio o lugar de trabajo del consumidor, en la vía pública, o
por medio de correspondencia, los que resultan de una convocatoria al consumidor o
usuario al establecimiento del proveedor o a otro sitio, cuando el objetivo de dicha
convocatoria sea total o parcialmente distinto al de la contratación, o se trate de un
premio u obsequio.
Por otro lado, los contratos celebrados a distancia son aquellos concluidos entre un
proveedor y un consumidor con el uso exclusivo de medios de comunicación a
distancia, entendiéndose por tales los que pueden ser utilizados sin la presencia física
simultánea de las partes contratantes. En especial, se consideran los medios postales,
electrónicos, telecomunicaciones, así como servicios de radio, televisión o prensa.
Si las partes se valen de técnicas de comunicación electrónica o similares para la
celebración de un contrato de consumo a distancia, el proveedor debe informar al
consumidor, además del contenido mínimo del contrato y la facultad de revocar, todos
los datos necesarios para utilizar correctamente el medio elegido, para comprender los
riesgos derivados de su empleo, y para tener absolutamente claro quién asume esos
riesgos.
Las ofertas de contratación por medios electrónicos o similares deben tener vigencia
durante el período que fije el oferente o, en su defecto, durante todo el tiempo que
permanezcan accesibles al destinatario. El oferente debe confirmar por vía electrónica y
sin demora la llegada de la aceptación.
En los contratos celebrados fuera de los establecimientos comerciales, a distancia, y
con utilización de medios electrónicos o similares, se considera lugar de cumplimiento
aquel en el que el consumidor recibió o debió recibir la prestación. Ese lugar fija la
jurisdicción aplicable a los conflictos derivados del contrato.
En los contratos celebrados fuera de los establecimientos comerciales y a distancia, el
consumidor tiene el derecho irrenunciable de revocar la aceptación dentro de los diez
días computados a partir de la celebración del contrato. Si la aceptación es posterior a
la entrega del bien, el plazo debe comenzar a correr desde que esta última se produce.
Si el plazo vence en día inhábil, se prorroga hasta el primer día hábil siguiente. Las
cláusulas, pactos o cualquier modalidad aceptada por el consumidor durante este
período que tengan por resultado la imposibilidad de ejercer el derecho de revocación
se tienen por no escritos.
El proveedor debe informar al consumidor sobre la facultad de revocación mediante su
inclusión en caracteres destacados en todo documento que presenta al consumidor en
la etapa de negociaciones o en el documento que instrumenta el contrato concluido,
ubicada como disposición inmediatamente anterior a la firma del consumidor o usuario.
El derecho de revocación no se extingue si el consumidor no ha sido informado
debidamente sobre su derecho.
La revocación debe ser notificada al proveedor por escrito o medios electrónicos o
similares, o mediante la devolución de la cosa dentro del plazo de diez días computados
Si el derecho de revocar es ejercido en tiempo y forma por el consumidor, las partes
quedan liberadas de sus obligaciones correspectivas y deben restituirse recíproca y
simultáneamente las prestaciones que han cumplido.
La imposibilidad de devolver la prestación objeto del contrato no priva al consumidor de
su derecho a revocar. Si la imposibilidad le es imputable, debe pagar al proveedor el
valor de mercado que la prestación tiene al momento del ejercicio del derecho a
revocar, excepto que dicho valor sea superior al precio de adquisición, en cuyo caso la
obligación queda limitada a este último.
El ejercicio del derecho de revocación no debe implicar gasto alguno para el
consumidor. En particular, el consumidor no tiene que reembolsar cantidad alguna por
la disminución del valor de la cosa que sea consecuencia de su uso conforme a lo
pactado o a su propia naturaleza, y tiene derecho al reembolso de los gastos necesarios
y útiles que realizó en ella.
Excepto pacto en contrario, el derecho de revocar no es aplicable a los contratos:
a) referidos a productos confeccionados conforme a las especificaciones suministradas
por el consumidor o claramente personalizados o que, por su naturaleza, no pueden ser
devueltos o puedan deteriorarse con rapidez;
b) de suministro de grabaciones sonoras o de video, de discos y de programas
informáticos que han sido decodificados por el consumidor, así como de ficheros
informáticos, suministrados por vía electrónica, susceptibles de ser descargados o
reproducidos con carácter inmediato para su uso permanente;
c) de suministro de prensa diaria, publicaciones periódicas y revistas.
La ley especial prevee un plazo de diez días de corrido desde recibido el producto para
poder llevar a cabo la revocación. Se puede pedir en todos los supuestos sin
revocación alguna, excepto si era un pedido personalizado o si era algo como una
revista, diario, o algún tipo de descarga donde el producto ya cumplió su uso o ya pudo
ser replicado.
CLÁUSULAS ABUSIVAS:
Los proveedores deben garantizar condiciones de atención y trato digno a los
consumidores y usuarios. La dignidad de la persona debe ser respetada conforme a los
criterios generales que surgen de los tratados de derechos humanos. Los proveedores
deben abstenerse de desplegar conductas que coloquen a los consumidores en
situaciones vergonzantes, vejatorias o intimidatorias.
Los proveedores deben dar a los consumidores un trato equitativo y no
discriminatorio. No pueden establecer diferencias basadas en pautas contrarias a la
garantía constitucional de igualdad, en especial, la de la nacionalidad de los
consumidores.
Están prohibidas las prácticas que limitan la libertad de contratar del consumidor, en
especial, las que subordinan la provisión de productos o servicios a la adquisición
simultánea de otros, y otras similares que persigan el mismo objetivo.
Las cláusulas incorporadas a un contrato de consumo pueden ser declaradas abusivas
aun cuando sean negociadas individualmente o aprobadas expresamente por el
consumidor.
Sin perjuicio de lo dispuesto en las leyes especiales, es abusiva la cláusula que,
habiendo sido o no negociada individualmente, tiene por objeto o por efecto provocar
un desequilibrio significativo entre los derechos y las obligaciones de las partes, en
perjuicio del consumidor.
Se considera que existe una situación jurídica abusiva cuando el mismo resultado se
alcanza a través de la predisposición de una pluralidad de actos jurídicos conexos. Sin
embargo, no pueden ser declaradas abusivas:
a) las cláusulas relativas a la relación entre el precio y el bien o el servicio procurado;
b) las que reflejan disposiciones vigentes en tratados internacionales o en normas
legales imperativas.
El control judicial de las cláusulas abusivas se rige, sin perjuicio de lo dispuesto en la ley
especial, por las siguientes reglas:
a) la aprobación administrativa de los contratos o de sus cláusulas no obsta al control;
b) las cláusulas abusivas se tienen por no convenidas; c) si el juez declara la nulidad
parcial del contrato, simultáneamente lo debe integrar, si no puede subsistir sin
comprometer su finalidad; d) cuando se prueba una situación jurídica abusiva derivada
de contratos conexos.

OBLIGACIÓN DE SEGURIDAD
Las relaciones contractuales se desarrollan dentro de estandares objetivos y pautas de
razonabilidad que le permiten a las partes saber como actuar y cómo actuará su
cocontrante, dentro de esta última, está la de garantizarse mutuamente que ningún
daño acaecerá en la persona o en ls bienes del contratante.
Esta obligación de seguridad aparece de manera implícita en el principio general de la
buena fe que, entre otros aspectos, obliga a las consecuencias que puedan
considerarse comprendidas en los contratos, con los alcances en que razonablemente
se habría obligado el “contratante cuidadoso y su previsor”. Este concepto aplicaría no
solo para los contratos paritarios sino también para los de adhesión y los de consumo.
Se busca generar que no se le genere un daño adicional a los contratantes o
consumidores (ya que también se puede dar en la relación de consumo). Sin embargo,
quedan excluidos de estos los perjuicios que resulten propiamente de la ejecución de
determinadas prácticas más complejas y riesgosas.
Por otro lado, el artículo 42 de la Constitución Nacional expone que: “Los consumidores
y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de consumo, a la
protección de su salud, seguridad e intereses económicos; a una información adecuada
y veraz; a la libertad de elección, y a condiciones de trato equitativo y digno.
Las autoridades proveerán a la protección de esos derechos, a la educación para el
consumo, a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los
mercados, al control de los monopolios naturales y legales, al de la calidad y eficiencia
de los servicios públicos, y a la constitución de asociaciones de consumidores y de
usuarios.
La legislación establecerá procedimientos eficaces para la prevención y solución de
conflictos, y los marcos regulatorios de los servicios públicos de competencia nacional,
previendo la necesaria participación de las asociaciones de consumidores y usuarios y
de las provincias interesadas, en los organismos de control.”
De esta manera, nos da a entender que la obligación de seguridad tiene como pauta
general la protección de la salud, la seguridad y el interés económico.
ALCANCE DE LA OBLIGACIÓN
Respecto a la reparación de daños, “el principal responde objetivamente por los daños
que causen los que están bajo su dependencia, o las personas de las cuales se sirve
para el cumplimiento de sus obligaciones, cuando el hecho dañoso acaece en ejercicio
o con ocasión de las funciones encomendadas. La falta de discernimiento del
dependiente no excusa al principal. La responsabilidad del principal es concurrente con
la del dependiente.” Al generarse esta extensión jurídica se aumenta la probabilidad de
producir daños, por lo que el beneficio económico va a ser mayor. Esto se da
especialmente en los contratos conexados en los que en cada caso concreto se va a
analizar la dependencia de acuerdo con las condiciones y características en que la
subordinación es ejercida y de acuerdo con la finalidad económica perseguida.
Toda persona responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, o de las
actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios
empleados o por las circunstancias de su realización. La responsabilidad es objetiva. No
son eximentes la autorización administrativa para el uso de la cosa o la realización de la
actividad, ni el cumplimiento de las técnicas de prevención.
El factor de atribución es objetivo, por lo que los eximentes de responsabilidad deben
alegarse y probarse (prueba quien está en mejores condiciones de hacerlo y no quien
lo alega) de acuerdo a los supuestos de:
a) Caso fortuito
b) Fuerza mayor
c) Culpa de un tercero por el que no se debe responder
d) Culpa de la víctima
Sin embargo, no siempre la culpa de la víctima es eximente de responsabilidad, ya que
en ciertos supuestos donde la víctima actuó de forma indebida pero el proveedor
debería haber previsto ciertas situaciones e intentar evitarlas, la culpa de la victima no le
quita la responsabilidad. Por ejemplo, en el show del Indio Solari hecho en Olavarría,
por más de que las víctimas se colaron y entraron sin entrada al show, el organizador
debería haber maximizado la seguridad previendo estas situaciones, lo que podría
haber evitado el fallecimiento de tantas personas. Este tipo de actividad empresarial,
junto con algunas otras se considera riesgosa en si misma, es decir que tiene un alto
indice de dañosidad.
RELACIÓN DE CONSUMO
En las relaciones y contratos de consumo, el principio de seguridad se relaciona con el
deber de información. El proveedor está obligado a suministrar al consumidor en forma
cierta, clara y detallada todo lo relacionado con las características esenciales de los
bienes y servicios que provee, y las condiciones de su comercialización. La información
debe ser siempre gratuita para el consumidor y proporcionada en soporte físico, con
claridad necesaria que permita su comprensión. En el caso de tener que generar
máxima seguridad se debe informar por un lenguaje de signos que sea entendible por
todos. Solo se podrá suplantar la comunicación en soporte físico si el consumidor o
usuario optase de forma expresa por utilizar cualquier otro medio alternativo de
comunicación que el proveedor ponga a disposición.
Las cosas y servicios deben ser suministrados o prestados en forma tal que, utilizados en
condiciones previsibles o normales de uso, no presenten peligro alguno para la salud o
integridad física de los consumidores o usuarios. Las cosas y servicios, incluidos los
servicios públicos domiciliarios, cuya utilización pueda suponer un riesgo para la salud o
la integridad física de los consumidores o usuarios, deben comercializarse observando
los mecanismos, instrucciones y normas establecidas o razonables para garantizar la
seguridad de los mismos.
En tales casos debe entregarse un manual en idioma nacional sobre el uso, la instalación
y mantenimiento de la cosa o servicio de que se trate y brindarle adecuado
asesoramiento. Igual obligación regirá en todos los casos en que se trate de artículos
importados, siendo los sujetos anunciados en el artículo 4 responsables del contenido de
la traducción.
Si el daño al consumidor resulta del vicio o riesgo de la cosa o de la prestación del
servicio, responderán el productor, el fabricante, el importador, el distribuidor, el
proveedor, el vendedor y quien haya puesto su marca en la cosa o servicio. El
transportista responderá por los daños ocasionados a la cosa con motivo o en ocasión
del servicio. La responsabilidad es solidaria, sin perjuicio de las acciones de repetición
que correspondan. Sólo se liberará total o parcialmente quien demuestre que la causa
del daño le ha sido ajena.

MODOS DE EXTINCIÓN DE LOS CONTRATOS


Al hablar de los modos de extinción de los contratos hacemos referencia a la
conclusión anticipada del contrato, la cual se puede dar de manera normal o de
manera anormal;
NULIDAD:
Respecto a este modo de extinción la doctrina no se pone de acuerdo en si forma parte
o no de la extinción anormal, (aunque el manual la considera un modo de extinción
anormal provocado por causas originarias).
La nulidad es la sanción legal que priva a un acto de sus efectos propios en virtud de
un defecto existente al tiempo en su celebración. Recae sobre los actos que tienen
vicios estructurales, fallas que pueden provenir de aspectos formales u obstáculos
sustanciales. Tiene como efectos retroaer las cosas al estado anterior, también
aplicado a terceros excepto a subadquirientes de bienes muebles o inmuebles de
buena fe y a título oneroso. Podemos clasificarlas en dos grupos:
Nulidad absoluta y relativa: se da según el bien jurídico protegido; la absoluta funda su
invalidez en la contravención que el acto implica para el orden público, moral o buenas
costumbres, esta nulidad no es suceptible de ser confirmada, imprescriptible y puede
declararla por el juez de oficio. Por otro lado, la relativa se aplica a los actos a los cuales
la ley impone la sanción en resguardo del interés de particulares. Puede ser saneada
por confirmación del acto o por prescripción y solo puede declararse a pedido de parte
en cuyo beneficio se establece.
Nulidad total y parcial: la total afecta a todo el acto mientras que la parcial sólo se
aplica a ciertas estipulaciones del contrato, y no genera la ineficacia de las restantes
siempre y cuando sean separables.
EXTINCIÓN NORMAL:
Este modo de extinción es el cumplimiento de las obligaciones del contrato, lo que
genera como consecuencia natural la extinción de este mismo. La fuerza obligatoria del
contrato supone a los otorgantes sujetarse a la ejecución concreta y exacta de lo
acordado, lo que pone fin al acuerdo. También se incluye dentro de este marco, los
supuestos de vencimiento del termino estipulado por las partes en los contratos de
plazo determinado, incluso si se cumplió o no su objeto.
EXTINCIÓN ANORMAL:
Podemos distinguirlas según si son ajenas a las partes o por la voluntad de las partes y
sucede respecto a causas sobrevinientes.
AJENA A LAS PARTES:
Tenemos la imposibilidad de cumplimiento, la frustración del fin y la imprevisión.
La imposibilidad de cumplimiento sucede cuando el cumplimiento de la obligación a
cargo de una de las partes no se lleva a cabo por razones ajenas a su voluntad respecto
a sucesos posteriores a la celebración del contrato. Dentro de esto encontramos el caso
fortuito (suele aludir a una imposibilidad física) y la fuerza mayor (suele referirse a una
imposibilidad jurídica) ambas se dan respecto a un hecho que no podría ser previsto o
en caso de serlo, era inevitable. Para tener fuerza extintiva debe ser: sobreviniente,
objetiva (se juzga respecto a la prestación en si misma) y absoluta.
La frustación del fin esta justamente relacionada con el elemento subjetivo de la causa
fin. De esta manera, todo evento posterior a la formación del contrato válido que
perjudica el fin perseguido por las partes es suceptible de provocar la frustación del fin,
incluso si las prestaciones convenidas sean de posibe cumplimiento (difrencia con
imposibilidad de cumplimiento). Este evento frustratorio debe ser ajeno a los
contratantes, debe superar el reisgo asumido por las partes y debe suceder respecto a
una alteración extraordinaria de las circustancias existentes al momento de la
celebración, autorizando al perjudicado a declarar la extinción del contrato.
La imprevisión se da en los contratos conmutativos de ejecución diferida o continuada,
cuando la prestación a cargo de una de las partes se torna excesivamente onerosa,
como consecuencia de un acontecimiento sobreviniente a la creación del contrato,
extraordinario y ajeno a las partes y al riesgo que asumieron. El evento incide sobre la
parte económica del contrato y habilita a la parte afectada y a los tereros a quienes se
les confieren derechos a pedir la adecuación o resolución total o parcial del contrato.
POR VOLUNTAD DE LAS PARTES:
Podemos distinguir entre recisipon unilateral y bilateral, revocación y resolución:
La rescisión bilateral es el modo extintivo a través del cual los contratantes deciden de
mutuo acuerdo poner fin al vínculo contractual. Se da en los contratos de ejecución
diferida o continuada y tiene efecto a futuro excepto estipulación expresa en contrario
unicamente respecto a relaciones reciprocas y no afecta a terceros ni a futuro ni
retroactivamente.
La rescisión unilateral es la facultad acordada, a cualquiera de las partes de dejar sin
efectos el contrato por su propia voluntad sin depender de su causa. Puede tener
origen en una disposición legal o en una cláusula del contrato. Cuando es acordada en
los contratos de adhesión o de consumo, no puede implicar una cláusula abusiva.
La resolución sucede la extinción a raíz de un hecho posterior a la celebración del
contrato previsto por la ley o por los contratantes. Siempre debe estar sujeta a un
hecho sobreviniente hay distintos supuestos en los que puede suceder, pero la más
tipica es la resolución por incumplimiento contractual.
La revocación es la declaración de voluntad extintiva por una de las partes en razón de
una causa prevista por la ley, la cual establece a favor de uno de los contratantes la
posibilidad de poner fin al contrato por determinadas causas establecidas en esta
misma. Genera efectos a futuro.

REPARACIÓN DE DAÑOS
FUNCIÓN PREVENTINA:
Toda persona tiene el deber, en cuanto de ella dependa, de:
a) evitar causar un daño no justificado;
b) adoptar, de buena fe y conforme a las circunstancias, las medidas razonables para
evitar que se produzca un daño, o disminuir su magnitud; si tales medidas evitan o
disminuyen la magnitud de un daño del cual un tercero sería responsable, tiene
derecho a que éste le reembolse el valor de los gastos en que incurrió, conforme a las
reglas del enriquecimiento sin causa;
c) no agravar el daño, si ya se produjo.
La acción preventiva procede cuando una acción u omisión antijurídica hace previsible
la producción de un daño, su continuación o agravamiento. No es exigible la
concurrencia de ningún factor de atribución. Están legitimados para reclamar quienes
acreditan un interés razonable en la prevención del daño.
ACCIÓN RESARCITORIA:
La violación del deber de no dañar a otro, o el incumplimiento de una obligación, da
lugar a la reparación del daño causado.
RESPONSABILIDAD CIVIL:
La Responsabilidad Civil es la obligación que tiene una persona física o jurídica de
reparar o compensar por los daños y perjuicios que ocasione sobre otra persona, su
patrimonio o sus bienes, generalmente mediante una indemnización.
Factor de atribución de la responsabilidad: La atribución de un daño al responsable
puede basarse en factores objetivos o subjetivos. El factor de atribución es objetivo
cuando la culpa del agente es irrelevante a los efectos de atribuir responsabilidad. En
tales casos, el responsable se libera demostrando la causa ajena, excepto disposición
legal en contrario.
Son factores subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la omisión
de la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las
personas, el tiempo y el lugar. Comprende la imprudencia, la negligencia y la impericia
en el arte o profesión. El dolo se configura por la producción de un daño de manera
intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos.
Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas,
mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las
consecuencias.
Los presupuestos de esta responsabilidad son la antijuricidad, la relación causal y el
daño cierto y actual.
Antijuricidad: Cualquier acción u omisión que causa un daño a otro es antijurídica si no
está justificada. Está justificado el hecho que causa un daño:
a) en ejercicio regular de un derecho; b) en legítima defensa propia o de terceros, por
un medio racionalmente proporcionado, frente a una agresión actual o inminente, ilícita
y no provocada; el tercero que no fue agresor ilegítimo y sufre daños como
consecuencia de un hecho realizado en legítima defensa tiene derecho a obtener una
reparación plena; c) para evitar un mal, actual o inminente, de otro modo inevitable, que
amenaza al agente o a un tercero, si el peligro no se origina en un hecho suyo; el hecho
se halla justificado únicamente si el mal que se evita es mayor que el que se causa.
Sin embargo, la exposición voluntaria por parte de la víctima a una situación de peligro
no justifica el hecho dañoso ni exime de responsabilidad a menos que, por las
circunstancias del caso, ella pueda calificarse como un hecho del damnificado que
interrumpe total o parcialmente el nexo causal.
Quien voluntariamente se expone a una situación de peligro para salvar la persona o los
bienes de otro tiene derecho, en caso de resultar dañado, a ser indemnizado por quien
creó la situación de peligro, o por el beneficiado por el acto de abnegación. En este
último caso, la reparación procede únicamente en la medida del enriquecimiento por él
obtenido.
El consentimiento libre e informado del damnificado, en la medida en que no constituya
una cláusula abusiva, libera de la responsabilidad por los daños derivados de la lesión
de bienes disponibles.
Relación de causalidad: Son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo
adecuado de causalidad con el hecho productor del daño. Excepto disposición legal en
contrario, se indemnizan las consecuencias inmediatas y las mediatas previsibles.
Las consecuencias de un hecho que acostumbran a suceder según el curso natural y
ordinario de las cosas, se llaman “consecuencias inmediatas”. Las consecuencias que
resultan solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se
llaman “consecuencias mediatas”. Las consecuencias mediatas que no pueden
preverse se llaman “consecuencias casuales”.
En los contratos se responde por las consecuencias que las partes previeron o
pudieron haber previsto al momento de su celebración.
La responsabilidad puede ser excluida o limitada por la incidencia del hecho del
damnificado en la producción del daño, excepto que la ley o el contrato dispongan que
debe tratarse de su culpa, de su dolo, o de cualquier otra circunstancia especial.
Se considera caso fortuito o fuerza mayor al hecho que no ha podido ser previsto o
que, habiendo sido previsto, no ha podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza mayor
exime de responsabilidad, excepto disposición en contrario.
Hecho de un tercero por quien no se debe responder debe reunir los caracteres del
caso fortuito.
El deudor de una obligación queda eximido del cumplimiento, y no es responsable, si la
obligación se ha extinguido por imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta no
imputable al obligado. La existencia de esa imposibilidad debe apreciarse teniendo en
cuenta las exigencias de la buena fe y la prohibición del ejercicio abusivo de los
derechos.
Aunque ocurra el caso fortuito o la imposibilidad de cumplimiento, el deudor es
responsable en los siguientes casos:
a) si ha asumido el cumplimiento aunque ocurra un caso fortuito o una imposibilidad;
b) si de una disposición legal resulta que no se libera por caso fortuito o por
imposibilidad de cumplimiento;
c) si está en mora, a no ser que ésta sea indiferente para la producción del caso fortuito
o de la imposibilidad de cumplimiento;
d) si el caso fortuito o la imposibilidad de cumplimiento sobrevienen por su culpa;
e) si el caso fortuito y, en su caso, la imposibilidad de cumplimiento que de él resulta,
constituyen una contingencia propia del riesgo de la cosa o la actividad;
f) si está obligado a restituir como consecuencia de un hecho ilícito.
Daño cierto y actual: Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no
reprobado por el ordenamiento jurídico, que tenga por objeto la persona, el patrimonio,
o un derecho de incidencia colectiva.
El daño puede ser patrimonial, cuya indemnización comprende la pérdida o
disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio económico
esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de
chances. O también, extrapatrimonial, que incluye especialmente las consecuencias
de la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal,
su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la
interferencia en su proyecto de vida.
Para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto,
actual o futuro, cierto y subsistente. La pérdida de chance es indemnizable en la medida
en que su contingencia sea razonable y guarde una adecuada relación de causalidad
con el hecho generador.
La reparación del daño debe ser plena. Consiste en la restitución de la situación del
damnificado al estado anterior al hecho dañoso, sea por el pago en dinero o en especie.
La víctima puede optar por el reintegro específico, excepto que sea parcial o totalmente
imposible, excesivamente oneroso o abusivo, en cuyo caso se debe fijar en dinero. En
el caso de daños derivados de la lesión del honor, la intimidad o la identidad personal, el
juez puede, a pedido de parte, ordenar la publicación de la sentencia, o de sus partes
pertinentes, a costa del responsable.

CONTRATO DE COMPRAVENTA
Hay compraventa si una de las partes se obliga a transferir la propiedad de una cosa y
la otra a pagar un precio en dinero.
Pueden venderse todas las cosas que pueden ser objeto de los contratos: la cosa cierta
que ha dejado de existir, donde al tiempo de perfeccionarse el contrato, éste no
produce efecto alguno. Si ha dejado de existir parcialmente, el comprador puede
demandar la parte existente con reducción del precio. Si se vende cosa futura, se
entiende sujeta a la condición suspensiva de que la cosa llegue a existir. Por último, la
venta de la cosa total o parcialmente ajena es válida donde el vendedor se obliga a
transmitir o hacer transmitir su dominio al comprador.
Obligaciones del vendedor: El vendedor tiene la obligación de: transferir al
comprador la propiedad de la cosa vendida, a poner a disposición del comprador los
instrumentos requeridos por los usos o las particularidades de la venta, y a prestar toda
cooperación que le sea exigible para que la transferencia dominial se concrete, a
conservar la cosa en condiciones hasta el momento de la entrega y de recibir el pago
otorgado por el comprador.
Están a cargo del vendedor los gastos de la entrega de la cosa vendida y los que se
originen en la obtención de los instrumentos necesarios (excepto pacto en contrario),
en el caso de los inmuebles también están a su cargo los del estudio del título y sus
antecedentes y, en su caso, los de mensura y los tributos que graven la venta. El
vendedor debe entregar el inmueble inmediatamente de la escrituración, excepto
convención en contrario y la cosa debe entregarse con sus accesorios.
Obligaciones del comprador: Son obligaciones del comprador: a) pagar el precio en el
lugar y tiempo convenidos. b) recibir la cosa y los documentos vinculados con el
contrato (escriturar). c) pagar los gastos de recibo y los de traslado si es cosa mueble.
Boleto de compraventa: Este boleto es un otorgamiento pendiente del instrumento.
Constituye una obligación de hacer si el futuro contrato no requiere una forma bajo
sanción de nulidad. Este boleto es opcional, donde primero se suscribe generando la
obligación de luego hacer la escritura. Se lo considera un contrato de compraventa
acorde a la definición establecida.
El derecho del comprador de buena fe tiene prioridad sobre el de terceros que hayan
trabado cautelares sobre el inmueble vendido si:
a) el comprador contrató con el titular registral, o puede subrogarse en la posición
jurídica de quien lo hizo mediante un perfecto eslabonamiento con los adquirentes
sucesivos;
b) el comprador pagó como mínimo el veinticinco por ciento del precio con anterioridad
a la traba de la cautelar;
c) el boleto tiene fecha cierta;
d) la adquisición tiene publicidad suficiente, sea registral, sea posesoria.
Los boletos de compraventa de inmuebles de fecha cierta otorgados a favor de
adquirentes de buena fe son oponibles al concurso o quiebra del vendedor si se
hubiera abonado como mínimo el veinticinco por ciento del precio.
El incumplimiento de la conservación del bien puede generar la afectación no esencial
de la cosa (el guardador debe resarcir los daños basandose en el principio de
integridad) y la afectación esencial de la cosa (genera incumplimiento absoluto y se
deberán resarcir todos los daños basándose en la presunción de responsabilidad).
También hay responsabilidad por la garantía de evicción y por vicios redhbitorios.
Cláusulas específicas:
Pacto de retroventa: aquel por el cual el vendedor se reserva el derecho de recuperar
la cosa vendida y entregada al comprador contra restitución del precio, con el exceso o
disminución convenidos.
Pacto de reventa: es aquel por el cual el comprador se reserva el derecho de devolver
la cosa comprada. Ejercido el derecho, el vendedor debe restituir el precio, con el
exceso o disminución convenidos.
Pacto de preferencia: es aquel por el cual el vendedor tiene derecho a recuperar la
cosa con prelación a cualquier otro adquirente si el comprador decide enajenarla. El
derecho que otorga es personal y no puede cederse ni pasa a los herederos. El
comprador debe comunicar oportunamente al vendedor su decisión de enajenar la cosa
y todas las particularidades de la operación proyectada o, en su caso, el lugar y tiempo
en que debe celebrarse la subasta. Excepto que otro plazo resulte de la convención, los
usos o las circunstancias del caso, el vendedor debe ejercer su derecho de preferencia
dentro de los diez días de recibida dicha comunicación.
Los pactos regulados en los artículos precedentes pueden ser convenidos por un plazo
que no exceda de cinco años si se trata de cosas inmuebles, y de dos años si se trata
de cosas muebles, contados desde la celebración del contrato.

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