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Derechos Humanos: Libertad e Igualdad

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Artículo 1: Todos nacemos libres e iguales.

Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y


derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse
fraternalmente los unos con los otros.

ARTÍCULO 2: SER LIBRE DE DISCRIMINACIÓN


El artículo 2 establece que toda persona tiene derecho a todas las
libertades enumeradas en la DUDH, “sin distinción alguna de raza, color,
sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen
nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra
condición.” Las últimas palabras de esta oración, “otra condición”, se han
citado con frecuencia para ampliar la lista de personas protegidas de
manera específica.

ARTÍCULO 3: DERECHO A LA VIDA.


Artículo 3: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la
seguridad de su persona.”

ARTÍCULO 4: SER LIBRE DE LA ESCLAVITUD.


El artículo 4 es claro: nadie tiene derecho a hacernos esclavos y no
podemos hacer que nadie sea nuestro esclavo. Pero si pensaba que la
esclavitud desapareció con el fin del comercio transatlántico de esclavos
en 1800, podría sorprenderle el abuso que sufren hoy en día los
pescadores que suministran productos del mar a algunos de los principales
supermercados del mundo, o el destino de las mujeres en el llamado
Estado Islámico o de mujeres migrantes en burdeles en Europa y en otros
lugares; o la realidad actual en Mauritania, el último país del mundo en
prohibir oficialmente la esclavitud.

ARTÍCULO 5: SER LIBRE DE LA TORTURA.


Existe una prohibición absoluta en la Declaración Universal de Derechos
Humanos (DUDH) que es aceptada de forma universal e inequívoca: la
prohibición de la tortura consignada en el Artículo 5.

Artículo 6: El derecho a ser reconocido como persona


ante la ley
Tras establecer los estándares para la dignidad y la libertad, la
Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) dedica un grupo de
artículos a los estándares para la administración de justicia incluyendo lo
que a menudo se conoce como el “debido proceso”. Aproximadamente un
cuarto de la DUDH está dedicado a cuestiones legales en torno a los
derechos humanos. Como ya hemos visto, a finales de la década de los
cuarenta, los abusos del régimen nazi estaban frescos en la mente de los
redactores de la DUDH, quienes pensaron que estas provisiones servirían
como una trinchera más sólida ante futuras violaciones de derechos
humanos como aquellas perpetradas por los nazis. Y, de hecho, hacia
finales de la década de los cuarenta, todas estas provisiones fueron
incorporadas en los sistemas legales de las naciones desarrolladas.

Los artículos del 6 al 11 están estrechamente relacionados y, en su mayor


parte, se centran en algunos de los derechos civiles y políticos que todos
los seres humanos deberían disfrutar. La segunda mitad de la DUDH se
centra en los derechos económicos, sociales y culturales. Sin embargo, el
artículo 6 en sí mismo se aplica a todo el espectro de derechos. Si una
persona no es reconocida "como una persona bajo la ley", numerosos
derechos, incluyendo aquellos en las esferas social y económica, se verían
amenazados.

El artículo 6 está siendo el foco de atención con el fenómeno de las


desapariciones forzadas o involuntarias - la práctica de ciertos países de
sustraer, detener y, posiblemente, ejecutar a personas- mientras sus
familias rara vez saben cuál fue su paradero.
Este es el caso de personas como las Madres de la Plaza de Mayo que
protestaron durante años contra la desaparición forzada de sus hijos
durante la "Guerra Sucia" en Argentina entre 1976 y 1983. Usando
pañuelos blancos para simbolizar los pañales de sus hijos, las mujeres
desafiaron la dictadura militar para manifestarse frente al palacio
presidencial para tratar de obtener información sobre sus hijos
desaparecidos.

"La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes".
- Martin Luther King, activista afroamericano por los derechos civiles

Durante el período de la dictadura militar en Argentina, las fuerzas de


seguridad hicieron desaparecer de forma forzosa - término usado cuando
el Estado lleva a cabo un secuestro - alrededor de 30,000 personas, y aún
se desconoce la suerte y el paradero de muchas de ellas. La larga lista de
desaparecidos incluía a dos de las fundadoras de las Madres de la Plaza de
Mayo. Políticas similares de desaparición forzada se llevaron a cabo en
otros tantos países latinoamericanos dirigidos por dictadores militares,
como Chile, Guatemala y Perú.

Sin embargo, los generales latinoamericanos no inventaron el concepto de


la desaparición. Durante la Guerra Civil española a finales de la década de
1930, más de 143,000 personas desaparecieron sin dejar rastro. El primer
episodio de desaparición forzada permitido por la ley de manera explícita
y desvergonzada ocurrió cuando Hitler emitió la directiva 'Nacht und
Nebel' ('Noche y niebla') en diciembre de 1941, para trasladar en secreto
a miles de personas desde los territorios ocupados hasta Alemania,
muchas de las cuales serían finalmente asesinadas. La medida se centró en
la población civil, con el objetivo de disuadir toda forma de resistencia. La
incertidumbre sobre el destino de los desaparecidos (despojados de todas
las protecciones legales y debidos procesos que deberían haberse
aplicado, después de haber sido sustraídos en plena noche) fue diseñada
deliberadamente para aterrorizar y paralizar a la sociedad en su conjunto.
Fueron, usando un término empleado por los nazis, "transformados en
niebla".

Los organismos regionales, como el Tribunal Europeo de Derechos


Humanos, que protege los derechos de unos 800 millones de personas, han
desempeñado un papel importante en los últimos años al proporcionar
recursos a las víctimas de este crimen y disuadir a los Estados de
cometerlo.

Sin embargo, la desaparición forzada no se restringe a una región


específica, sino que es un problema global. El Grupo de Trabajo de las
Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias revisó
unos 840 casos de 46 países en septiembre de 2018. Amnistía
Internacional ha identificado a Siria y Sri Lanka como dos de los peores
países en lo que a desapariciones forzadas se refiere. Rusia y Estados
Unidos (con su programa de entregas durante la "Guerra contra el
Terror") también han sido acusados de cometer esta violación.

Sin embargo, el problema no se limita necesariamente a las fuerzas de


seguridad del gobierno, con desapariciones a manos de bandas criminales,
en colusión con las autoridades en un momento dado. Esto ha acabado
convirtiéndose en un problema crónico en los últimos años en países de
América Central y México, así como en Irak. Como consecuencia de su
defensa de los derechos de las poblaciones locales en contra de intereses
comerciales y económicos, los defensores de los derechos humanos y del
medio ambiente se han convertido en blancos concretos, tanto en América
Latina como en algunos países del sudeste asiático,

La falta de reconocimiento ante la ley exigida por el artículo 6 es, por


supuesto, mucho más amplia que la cuestión de la desaparición forzada. En
algunos países, las mujeres aún no tienen los mismos derechos bajo la ley
que los hombres. Por ejemplo, hay 32 países en los que las mujeres
necesitan el permiso de su esposo para solicitar un pasaporte, y 30 donde
las mujeres no pueden elegir dónde vivir.
Y quizás el mayor problema al que se enfrentan los 3,9 millones de
personas apátridas de los que se tiene constancia en el mundo es que están
excluidas de algunas, o incluso de todas, las leyes y sistemas diseñados
para proteger a los ciudadanos de un país. Este limbo legal puede tener un
impacto devastador no sólo en las personas apátridas, sino en sus hijos y
nietos que pueden heredar su mismo estatus, como si de una enfermedad
genética se tratara, ya que sus nacimientos no pueden registrarse, porque
sus padres no existen a los ojos de la ley.

Como resultado, pueden sufrir violaciones de un amplio abanico de sus


derechos sociales, políticos, económicos y civiles: no pueden votar,
casarse, obtener una educación, presentar un caso ante los tribunales o
recibir atención médica. Mientras que algunas personas se convierten en
apátridas como consecuencia imprevista de un cambio o falla en la
legislación nacional, una minoría considerable es, en palabras de la Agencia
de Refugiados de la ONU, ACNUR, "víctima de una forma más perniciosa
de apatridia: la exclusión deliberada de todo un grupo debido a una
determinada discriminación política, religiosa o étnica”. El ejemplo actual
más grave de esto es la minoría Rohingya en Myanmar, privada de muchos
de sus derechos porque se les niega la ciudadanía.

Muchos siguen compartiendo el sueño del físico Albert Einstein, quien dijo
en 1933 mientras Alemania, su tierra natal, comenzaba a hundirse en el
fascismo: "Mientras siga teniendo una opción, me quedaré sólo en un país
donde la libertad política, la tolerancia y la igualdad de todos los
ciudadanos ante la ley sean la norma”. Pero en una época en la que los
refugiados encuentran cada vez más obstáculos en su derecho a buscar
asilo ante la persecución, el sueño de Einstein, y el camino trazado en la
DUDH - siguen siendo inalcanzables para muchos.

ARTÍCULO 7: EL DERECHO A LA IGUALDAD


ANTE LA LEY
El artículo 7 afirma que la ley es la misma para todas las personas, y debe
tratar a todas las personas en todas estas categorías de manera justa: en
sus 39 palabras, prohíbe la discriminación tres veces. Estos principios de
igualdad y no discriminación conforman el Estado de Derecho. Estas
obligaciones han sido desarrolladas en varios instrumentos internacionales
que combaten formas específicas de discriminación no sólo contra las
mujeres, sino también contra pueblos indígenas, migrantes, minorías y
personas con discapacidad. El racismo y la discriminación basada en la
religión, la orientación sexual y la igualdad de género también se incluyen.

ARTÍCULO 8: DERECHO A LA REPARACIÓN


El sistema encargado de proveer justicia contiene intrínsecamente la promesa de
una reparación para todas las personas -con mucha frecuencia descuidada- y se
encuentra en el Artículo 8 de la DUDH. Jane Addams, la segunda mujer en ganar el
Premio Nobel de Paz, en 1931, dijo: "La verdadera paz no es simplemente la ausencia
de guerra, es la presencia de la justicia".

Después de dos guerras mundiales, los redactores de la Declaración Universal de


los Derechos Humanos (DUDH) consideraron importante y acertado el principio de
tratamiento gratuito por parte de los tribunales de justicia: todas las personas
tenemos una vía de reparación si nuestros derechos son violados. “Las sociedades
fundadas en los principios de la justicia y la igualdad de derechos ante la ley no solo
son más justas, sino que son más unidas”, dijo Zeid Ra’ad Al Hussein, ex Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. La evidencia
económica muestra que también estos países son más prósperos, agregó.

La justicia no abarca solamente el crimen y el castigo. Los juicios justos y el debido


proceso también son componentes vitales de cualquier sistema de justicia, pero tal
como se define en la DUDH, la justicia es un concepto holístico que también incluye
proporcionar recursos efectivos para enfrentar la injusticia y las violaciones de los
derechos de todas las personas, "según lo otorgado ... por la constitución" o por ley
”- y no necesaria ni simplemente una compensación financiera. Como dice el viejo
refrán, el dinero no compra el perdón, ni resuelve todos los males.

A lo largo de los años, los estados han aplicado una gran variedad de correctivos
diferentes, ya sea en respuesta a los tribunales nacionales o a otras entidades,
incluidos los tribunales e instituciones regionales e internacionales, así como a los
organismos de las Naciones Unidas, y han cubierto violaciones de Derechos
políticos, económicos, sociales y culturales, en todo su espectro.
Algunas reparaciones son de carácter compensatorio; otras son restaurativas
diseñadas para devolver a la víctima a la posición en que habría estado si no se
hubiera cometido un acto ilegal en su contra; y otras medidas están diseñados para
evitar la repetición de dichas violaciones. Además del dinero, las reparaciones
pueden incluir medidas como la liberación anticipada de la prisión, el cambio
legislativo, la provisión de permisos de residencia, la reincorporación al servicio
público, la asistencia para encontrar empleo o el otorgamiento de viviendas.

Cuando la víctima está muerta, la reparación puede involucrar un asunto tan simple
como ordenar un certificado de defunción que le permita a su familia heredar
bienes, o el reconocimiento oficial de una tumba. Puede implicar erigir un
monumento, o poner a una plaza el nombre de una víctima. O podría tomar la forma
de una disculpa pública oral y escrita por el daño perpetrado, como fue el caso de la
Disculpa Nacional del Gobierno de Australia, en 2008, a las 'Generaciones Robadas',
los descendientes de los indígenas australianos y los isleños del Estrecho de Torres
quienes fueron arrancados por la fuerza de su familias por parte de las autoridades
australianas, durante un período de 60 años hasta 1970.

Las reparaciones pueden tener una fuerza emocional inmensa para las familias y las
personas cuyos ancestros sufrieron la violación de sus derechos . Otro ejemplo de
esto es la verdad y las reparaciones proporcionadas a los sobrevivientes de la
"Magdalene Laundries", las casas de trabajo irlandesas donde, desde 1922 a 1996,
alrededor de 10,000 mujeres y niñas trabajaron sin paga en lavanderías dirigidas
por monjas católicas romanos. Cumpliendo una función similar, se han establecido
numerosas Comisiones de Verdad y Reconciliación para abordar violaciones graves
de los derechos humanos en muchos países, especialmente en América Latina, pero
también, por ejemplo, en Sudáfrica y Kenia.

Otras reparaciones pueden incluir medidas prácticas, como cambiar los


procedimientos hospitalarios para proteger mejor a los pacientes o brindar apoyo
psicológico a una persona que sufre de estrés postraumático. Puede extenderse
tanto como la reforma del sistema de justicia familiar, o ser tan específico como
una prohibición del castigo corporal.

Si bien muchas personas, especialmente los pobres y los marginados, no reciben


justicia ni reparación, cuando el sistema funciona de acuerdo con el Artículo 8 (que
posteriormente se enriquece con otros tratados internacionales), la reparación se
proporciona, a veces de manera bastante completa.
En julio de 2011, respondiendo a una queja de una niña indígena de 15 años en
Argentina que había sido víctima de violación por parte de hombres no indígenas y
de discriminación basada en el género y el origen étnico, el Comité de Derechos
Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, encontró numerosas y amplias violaciones
de los derechos de la niña, incluido su atroz trato a manos de todas las autoridades
involucradas: estuvo esperando durante horas con su ropa empapada de sangre en
una estación de policía; sometida a comentarios ofensivos sobre su historia sexual,
para demostrar su "consentimiento", y acusada de ser una prostituta. Las
autoridades argentinas respondieron otorgando a la niña US $ 53,000 en
compensación y un estipendio mensual de por vida. También le dieron una propiedad
y una beca. Además, como medio para completar la reparación, se obligó a todos los
funcionarios judiciales de su provincia de origen a que recibieran una capacitación
obligatoria sobre discriminación de género y violencia contra las mujeres.

En los casos de deportación, donde existe un claro riesgo de tortura o graves


violaciones de los derechos humanos en el país de retorno, muchos estados se
adhieren al principio legal de "no devolución" y evitan deportar a las personas
afectadas. En uno de esos casos, cuando una persona fue expulsado a Egipto, donde
posteriormente fue torturado, Suecia aseguró su liberación y regresó a Suecia,
donde se le otorgó un permiso de residencia permanente en julio de 2012 y una
indemnización de aproximadamente US $ 350.000.

En muchos casos, ninguna reparación aunque sea generosa y bien considerada,


borrará completamente la mancha de la violación original de los derechos de la
víctima. Pero las reparaciones son una forma importante de aliviar el dolor y
proporcionar los medios para que el hombre, la mujer o el niño o la niña miren hacia
el futuro en lugar de permanecer esclavizados ante una injusticia pasada, oscura y
dañina que se les impuso.

ARTÍCULO 9: SER LIBRE DE DETENCIÓN


ARBITRARIA
El abuso de la psiquiatría para mantener a raya a los disidentes es una de
las violaciones contempladas en el artículo 9 de la Declaración Universal de
Derechos Humanos (DUDH), que establece que nadie puede ingresar en
prisión y permanecer ahí sin una buena razón. Esto se aplica no sólo para
las prisiones, sino también para un número cada vez mayor de lugares
donde se mantiene a personas sin un juicio justo o una sentencia
fundamentada: centros de detención para personas solicitantes de asilo,
centros migratorios y de tratamiento de adicciones.

Artículo 10: Derecho a un juicio justo


En 1984, en el estado de Maryland, en Estados Unidos, una mujer anónima
llamó a la policía porque había identificado a un sospechoso gracias a un
retrato policial: Kirk Bloodsworth. El ex Marine, que tenía 22 años por
aquel entonces, fue rápidamente arrestado por la espantosa violación y
asesinato de una niña de nueve años. A pesar de las escasas y
contradictorias pruebas presentadas en el juicio, Bloodsworth fue
declarado culpable y sentenciado a muerte.

Bloodsworth no paró de defender su inocencia hasta que en 1993 se


convirtió en la primera persona en Estados Unidos que fue liberada del
corredor de la muerte gracias a las pruebas de ADN que demostraron su
inocencia. Fue liberado después de más de nueve años en prisión, pero no
fue exonerado completamente hasta 2003. Otro hombre se declaró
culpable del crimen en 2004.

El derecho a un juicio justo se encuentra en la esencia del artículo 10, otro


artículo con el que los redactores de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos (DUDH) de 1948, una vez más, trataron de evitar la
repetición de las atrocidades de la Alemania de Hitler, donde los jueces y
tribunales acataron las órdenes del régimen nazi en vez de defender la
causa de la justicia en interés del pueblo. Algunas garantías para un juicio
justo, incluido el derecho a la presunción de inocencia, también se
encuentran en los artículos 6, 7, 8 y 11 de la Declaración.

El derecho a un juicio justo ha sido aceptado sin discusión por todos los
países (incluso si no siempre lo cumplen). Los juicios justos no sólo
protegen a los sospechosos y a los acusados, sino que también hacen que
las sociedades sean más seguras y más fuertes al consolidar la confianza
en la justicia y en el Estado de Derecho.

Pero, ¿qué es un juicio justo?

Las características de un juicio justo incluyen: el derecho a estar


presente ante el tribunal; a tener un juicio público sin demoras ante un
tribunal independiente e imparcial; y a tener un abogado de elección propia
o uno sin coste alguno. También es fundamental el derecho a ser
considerado inocente hasta que se demuestre lo contrario y el derecho a
no ser obligado a testificar contra uno mismo. Estos derechos se
describen con mayor detalle en el Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos, un compendio legalmente vinculante que contiene algunos de los
principios fundamentales establecidos en la DUDH.

Durante la extenuante lucha de Kirk Bloodsworth por probar su inocencia,


un tribunal de apelación anuló su condena porque no se había beneficiado
de otro requisito para un juicio justo: el derecho a ver las pruebas. En su
caso, no se le permitió ver las pruebas que apuntaban a otro sospechoso.
Tras su liberación, Bloodsworth ayudó a que se aprobara una ley que
facilita que las personas en EEUU se sometan a pruebas de ADN tras ser
condenadas - este es un ejemplo de una reparación diseñada para evitar la
repetición de una violación de derechos humanos (tal y como se describe
en el artículo 8 - derecho a un recurso efectivo ante la ley).

Como demuestra este caso, se está subiendo el listón para lo que


constituye un juicio justo, no sólo en causas penales, sino también en
causas civiles. El derecho a un juicio justo también está consagrado en
algunos textos regionales de derechos humanos, como la Carta Africana
de Derechos Humanos y de los Pueblos, el Convenio Europeo de Derechos
Humanos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Algunos
aspectos que se están discutiendo y desarrollando incluyen la calidad de
las transcripciones, así como la calidad de la traducción en los
procedimientos judiciales.
Los problemas que rodean el derecho a un juicio justo ocurren en mayor o
menor grado en todos los países del mundo. Muchos sistemas legales
contienen numerosas salvaguardas para minimizar los errores judiciales -
aunque no siempre funcionan a la perfección- pero en otros países estos
sistemas no están completamente desarrollados, y son socavados por
corrupción o incompetencia, o no funcionan en la práctica por múltiples
razones.

El problema está relacionado no sólo con la calidad de las garantías legales


y la definición de un crimen determinado, sino también con la
independencia de los jueces, fiscales y abogados. Esto es fundamental: si
los actores claves en el sistema judicial están sometidos al control
político, o tienen demasiado miedo de defender o absolver a alguien que
saben que es inocente de un crimen; o si lo que es un delito menor (o la
expresión de una opinión particular u otro derecho fundamental protegido
por el derecho internacional, como la libertad de reunión o asociación) es
punible con una pena de cárcel draconiana o incluso con la pena de muerte,
entonces la idea de un juicio justo se vuelve ilusoria.

A veces hay intentos de politizar o controlar el poder judicial de manera


que podría amenazar los derechos de los sospechosos a un juicio justo,
incluso en países donde este derecho está bastante bien establecido. En
2018, un alto tribunal de la Unión Europea, el Tribunal de Justicia
Europeo, ordenó al gobierno de Polonia a que suspendiera una ley que
reducía las edades de jubilación de los integrantes del Tribunal Supremo
que habría obligado a dos quintos de sus jueces a renunciar. Esta decisión
fue interpretada como un esfuerzo del gobierno por llenar la magistratura
de gente afín.

Lo más preocupante es que en varios países, las autoridades trabajan


activamente para socavar los procedimientos existentes que garantizan un
juicio justo con el fin de anular a los disidentes y eliminar a los opositores
políticos, periodistas independientes y defensores de los derechos
humanos. Los recientes acontecimientos en varios países sugieren que este
problema es cada vez más grave, ya que los gobiernos más autoritarios
intentan consolidarse en el poder encerrando a los opositores.

En los últimos años, la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, así
como otros órganos de derechos humanos de la ONU y expertos
independientes, han expresado su alarma por la situación relacionada con
los juicios justos y la independencia del poder judicial en numerosos
países, entre ellos Arabia Saudita, Bahréin, China, Egipto, Guatemala,
Guinea-Bissau, Irak, Maldivas, Myanmar, Sudán, Turquía, Venezuela y
Vietnam, por nombrar sólo algunos.

En Egipto e Irak, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los


Derechos Humanos condenó enérgicamente la imposición de docenas de
sentencias de muerte tras juicios plagados de errores.

En China, desde el inicio de una importante represión contra la oposición


en julio de 2015, la falta de transparencia en torno a los juicios y a la
administración de justicia, así como la tendencia a basarse en
“confesiones” que bien pueden haber sido extraídas mediante coacción,
han provocado el encarcelamiento o la desaparición de numerosos
defensores de los derechos humanos y activistas políticos, junto a sus
abogados defensores. Esta aparente violación del derecho a un juicio justo
ha sido ampliamente condenada, tanto por los sucesivos Altos
Comisionados de la ONU para los Derechos Humanos como por numerosos
expertos independientes de la ONU.

ARTÍCULO 11: PRESUNCIÓN DE INOCENCIA Y


CRÍMENES INTERNACIONALES
A primera vista, el artículo 11 establece que todo ser humano es inocente
hasta que se demuestre lo contrario; este es un elemento fundamental de
un juicio justo y del Estado de Derecho, y un concepto que todo el mundo
entiende. Pero si investigamos un poco más a fondo este artículo,
descubriremos la fascinante historia acerca del desarrollo de las cortes
internacionales, con poder para responsabilizar a individuos por los
crímenes más atroces conocidos por la humanidad.

Artículo 12: Derecho a la privacidad.


¿Deben las escuelas usar cámaras en el aula para controlar las caras de los
niños y determinar si están prestando atención? ¿Usaría wifi gratis en un
quiosco de la calle si supiera que sus cámaras y sensores están recopilando
información sobre Usted, y que le seguirían rastreando incluso después de
salir de la zona de wifi? Si lleva en su muñeca una pulsera inteligente que
recopila información sobre su rutina de ejercicio, ¿cómo se sentiría si una
compañía de seguros usara sus datos para negarle cobertura?

Estos no son fragmentos de una pesadilla distópica, sino problemas muy


reales de nuestra era digital que los redactores de la Declaración
Universal de Derechos Humanos (DUDH) no podían haber previsto en
1948. Sin embargo, con el incremento en la recopilación de datos por parte
de los gobiernos y las empresas, el concepto de privacidad consagrado en
el artículo 12 se ha vuelto más fundamental en nuestras vidas en los
últimos 70 años.

A menudo, el derecho a la privacidad se presenta como un pasaporte que


refuerza otros derechos, en la red y fuera de la red, incluyendo los
derechos a la igualdad y a la no discriminación, y a la libertad de expresión
y reunión.

Sin embargo, la privacidad también es un valor en sí mismo, esencial para


el desarrollo de la personalidad y la protección de la dignidad humana, que
es uno de los temas centrales de la DUDH. Nos permite protegernos de
las interferencias injustificadas en nuestras vidas y determinar cómo
queremos interactuar con el mundo. La privacidad nos ayuda a establecer
fronteras para limitar quién tiene acceso a nuestros cuerpos, lugares y
objetos, así como a nuestras comunicaciones y a nuestra información.
La privacidad no es un derecho absoluto, y puede ser limitada en algunos
casos, como cuando las autoridades penitenciarias buscan en las celdas por
contrabando. Sin embargo, las intrusiones en la privacidad deben ser
proporcionales al beneficio que esto aporta a la sociedad. El Tribunal
Europeo de Derechos Humanos, por ejemplo, dictaminó en 2000 que no era
"necesario en una sociedad democrática" que el servicio secreto acumulara
un expediente contra un ciudadano rumano, incluidos detalles (algunos
falsos) de hace 60 años.

La privacidad, especialmente la privacidad digital, puede parecer un


concepto abstracto. A medida que han ido aumentando las preocupaciones
sobre el terrorismo en los últimos años, los gobiernos han tratado de
inmiscuirse cada vez más en la privacidad de los ciudadanos, apelando a la
seguridad nacional. "Si no tiene nada que ocultar", argumentan, "¿qué le
preocupa?".

Quizás el valor de la privacidad se pueda entender más fácilmente en el


mundo de lo físico. Supongamos que alguien irrumpió en su casa y no se
llevó nada, sino que husmeó en sus armarios y leyó sus cartas privadas. Tal
intrusión, a la mayoría de nosotros, como mínimo, nos haría sentir
incómodos. No obstante, algo muy similar está sucediendo hoy en las
ciudades repletas de cámaras de televisión de circuito cerrado, con
empresas que venden información sobre su historial de búsquedas en
Internet y con la vigilancia del gobierno sobre las personas.

En ocasiones elegimos renunciar a aspectos de nuestra privacidad. Cada


vez que compramos algo en la red, o usamos un servicio wifi gratuito,
renunciamos a cierto grado de privacidad a cambio de algo de valor.

Sin embargo, las personas no siempre son conscientes de lo que están


entregando, o a quién se lo están entregando. Es posible que no sepan que
cada vez que se obtiene algo gratis en el mundo digital, no somos el cliente
sino el producto. En 2018, unos 87 millones de usuarios de Facebook
descubrieron que se habían convertido en un producto, sin su conocimiento
o permiso, cuando sus hábitos de navegación, compras, opiniones políticas y
redes de amigos se analizaron y se vendieron con fines de lucro.

“Los gobiernos en todas las regiones están utilizando también


herramientas de vigilancia digital para localizar y atacar a los defensores
de los derechos humanos y a las personas percibidas como críticas,
incluidos abogados, periodistas, activistas de derechos a la tierra o al
medio ambiente, y personas que apoyan la igualdad para los miembros de la
comunidad LGBTI ".
- Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos

A los defensores de la privacidad también les preocupa que muchos usos


de la tecnología presentados como una ventaja puedan tener un lado más
oscuro. Algunas compañías de seguros ofrecen un descuento a los clientes
que pueden probar sus hábitos de salud usando una pulsera inteligente.
¿Se considera un salto al vacío negar un seguro a aquellos que se niegan a
usar la pulsera "inteligente"? Es posible que le haga feliz "sonreír y pagar"
– es decir, usar el reconocimiento facial como acceso directo a su cuenta
bancaria. Pero, ¿qué pasa si su rostro pasa a formar parte de un plan de
vigilancia masiva a cargo del gobierno que puede rastrearle en cualquier
lugar?

Actualmente, en ciertas partes del mundo, los enormes bancos de datos


tienen información (historial de búsqueda, ubicación, datos financieros y
de salud) sobre cada mujer, hombre y niño. Esto no significa "todos los que
son percibidos como críticos o activistas, o incluso todos los usuarios de
Internet, sino simplemente todo el mundo", afirma la Alta Comisionada de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

El alcance de la intromisión a cargo de los gobiernos a nivel global salió a la


luz en 2013, cuando el antiguo contratista de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), Edward Snowden, filtró
información clasificada de la Agencia de Seguridad Nacional de los
Estados Unidos. Según las filtraciones, alrededor del 90 por ciento de las
comunicaciones interceptadas no pertenecían a objetivos, sino a gente
común. Esto tiene importantes ramificaciones, ya que se puede abusar de
la recopilación y la vinculación de muchos tipos de información sobre
personas para determinar su "valor social" para recompensarlos o
incluirlos en una lista negra de maneras que ellas desconocen.

Alrededor del mundo, algunas personas están luchando por preservar la


privacidad. La presión pública ha provocado que muchas empresas
refuercen su seguridad digital y ofrezcan a sus clientes servicios de
comunicaciones totalmente encriptados. Algunos gobiernos están
adoptando marcos legales que protegen a las personas contra las
intrusiones de los Estados y las empresas. Y proyectos tan innovadores
como la construcción de un vecindario “inteligente” en Toronto se
enfrentan a un mayor escrutinio de sus prácticas relacionadas con el uso
de sus datos. "Imaginaba crear una Ciudad Inteligente de Privacidad, no
una Ciudad Inteligente de Vigilancia", escribió Ann Cavoukian, una experta
canadiense líder en privacidad, cuando renunció al proyecto.

Setenta años después, la DUDH ofrece un marco claro para garantizar la


dignidad y los derechos de todas las personas, incluso en una era digital
que sus redactores no pudieron prever. La jefa de Derechos Humanos de
la ONU, Michelle Bachelet, ha declarado que los abogados de derechos
humanos, informáticos e ingenieros, y los representantes de los gobiernos
tienen que trabajar juntos "para garantizar la continua aplicación de los
derechos humanos sobre la forma en que los Estados operan en la era
digital y regulan las actividades de las empresas en el espacio digital”.

ARTÍCULO 14: DERECHO AL ASILO.


El artículo 14 de la DUDH otorga a las personas perseguidas el derecho a
buscar y a disfrutar de asilo. Este derecho, además del derecho a salir del
propio país (artículo 13), y el derecho a la nacionalidad (artículo 15),
encuentra su origen en lo ocurrido durante el Holocausto. Muchos de los
países de los que provenían los redactores de la DUDH eran sumamente
conscientes de que habían rechazado a los refugiados judíos,
condenándolos a muerte con casi toda seguridad. Además, muchos judíos,
gitanos y personas perseguidas por los nazis no habían podido salir de
Alemania para salvar sus vidas.

Artículo 15: el derecho a la nacionalidad


En las afueras de la capital vietnamita, en la ciudad de Ho Chi Minh, un
hombre mayor reveló su más ferviente deseo: “sólo tengo una esperanza –
que cuando muera pueda tener un certificado de defunción, para probar
que alguna vez existí.” Al ser un apátrida, no había existido legalmente
durante los 35 años que había vivido en Vietnam – incapaz de tener una
propiedad, mandar a sus hijos a la escuela o incluso comprar una
motocicleta.

Este anciano, un antiguo refugiado camboyano, había caído en un limbo


legal, sin capacidad para renunciar a su ciudadanía camboyana como le era
requerido para poder adquirir la ciudadanía vietnamita porque Camboya ya
le había retirado su ciudadanía. Afortunadamente, en 2010 Vietnam cortó
ese nudo gordiano y otorgó la ciudadanía a unas 6,000 personas en esta
situación.

La mayor parte de las personas en este planeta dan por sentado el


derecho a la nacionalidad garantizado en el artículo 15 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos (DUDH). La mayoría de nosotros podemos
adquirir un documento de identificación, un pasaporte o cualquier otro
documento, sin ningún problema. Pero en el mundo, alrededor de 3.9
millones de personas carecen oficialmente de nacionalidad, y la Agencia de
la ONU para los refugiados estima que la cifra real podría ser tres veces
mayor.

Los apátridas sufren profundamente, condenados a una vida de


marginación sin esperanza y a menudo transmitiendo dicha condición a sus
hijos, de tal manera que generaciones enteras pueden ser condenadas a la
apatridia.
“Ser despojado de la nacionalidad es ser despojado del mundo; es como
regresar a los parajes de las cavernas o de los salvajes…”
-Hannah Arendt,Los orígenes del totalitarismo

La Declaración Universal declara que todos los seres humanos nacen con
los derechos que ésta establece. Por esta razón, a muchos no les gusta la
afirmación que hace Hannah Arendt de que la nacionalidad es el “derecho
a tener derechos.” Pero sin una nacionalidad, es prácticamente imposible
ejercer muchos otros derechos – ir a la escuela, obtener tratamiento
médico, obtener un trabajo de forma legal, denunciar un delito, cruzar
fronteras y, como se lamentaba el hombre vietnamita, incluso que tu
familia pueda tener un certificado de defunción cuando mueras.

Algunas personas son apátridas por la desintegración de Estados o


imperios, hace generaciones. Otras no tienen, o han perdido, su
nacionalidad involuntariamente por leyes mal elaboradas o que entran en
conflicto con otras dentro de un Estado – o incluso (cuando los padres son
de diferentes nacionalidades) entre Estados. Incluso cambios en las
prácticas administrativas pueden arrojar a las personas, por error, a un
limbo legal debido a alguna peculiaridad en su nacimiento, matrimonio o
herencia.

Otras personas son convertidas en apátridas deliberadamente – porque se


les ha negado o se les ha despojado de su nacionalidad como parte de un
proceso de persecución racial, política o étnica, y a menudo han sido
posteriormente forzadas a huir a otro país donde es posible que
permanezcan como apátridas durante muchos años. Los Rohingya de
Myanmar son un claro ejemplo, como también lo es la filósofa judía
alemana Hannah Arendt – que fue tanto apátrida como refugiada, primero
en Francia y luego en Estado Unidos.

Ya en 2010 – siete años antes del último episodio de violencia,


posiblemente incluso genocidio, que estalló en el Estado de Rakhine en
Myanmar – la Relatoría Especial de la ONU sobre Myanmar alertaba de
que “el problema de la apatridia” – incluyendo la negación de emitir
certificados de nacimiento a muchos niños musulmanes desde 1994 – era la
“raíz de hostigamientos crónicos” sufridos por los Rohingya. Más
recientemente, en su polémico informe de septiembre de 2018, la Misión
de Investigación de la ONU en Myanmar apuntó que “la negación de
nacionalidad se basa en fundamentaciones raciales prohibidas.”

Desde que la DUDH fue adoptada hace 70 años, ha habido un creciente


reconocimiento del asunto de la apatridia. En los últimos años, ha habido
un esfuerzo coordinado para resolverla y prevenir su aparición de raíz.
Uno de estos esfuerzos fue el informe anual sobre privación de la
nacionalidad que el Secretario General de la ONU entregó a la Asamblea
General.

“Los últimos 10 años he perdido todos mis derechos: no podía estudiar, ni


trabajar ni conducir. No puedo estar con mi marido. ¿Acaso no puedo
tener una vida y una nacionalidad tras 17 años como una apátrida? ¿Es
demasiado pedir?”
-Mujer de 24 años detenida porque sus padres infringieron las reglas
migratorias cuando ella era una niña.

A menudo la apatridia puede ser resuelta de un metafórico plumazo – un


simple cambio en las leyes, por ejemplo, para eliminar la discriminación de
género que evita que las mujeres puedan transmitir su nacionalidad a sus
hijos. La expedición de certificados de nacimiento también es un paso vital
para prevenir la apatridia.

Desde que la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, lanzó una
campaña en 2014 para terminar y prevenir la apatridia, más de 166,000
apátridas han adquirido o visto confirmada su nacionalidad y 20 Estados
han accedido a las Convenciones sobre la Apatridia. Nueve Estados han
establecido o mejorado los procedimientos de determinación de apatridia
y seis Estados han reformado sus leyes sobre nacionalidad, entre otros
progresos.
A pesar del progreso, ha surgido un debate sobre si el cambio climático
podría añadir millones de personas a las filas de la apatridia. Hay
académicos del Derecho que ya están explorando soluciones en caso de que
algunos Estados que hoy son islas en el mapa queden sumergidas por
completo dado el aumento en el nivel del mar – aunque no todos están de
acuerdo en que esto resultara en que sus ciudadanos se convirtieran en
apátridas.

Un joven líder de Kiribati, uno de los países a menor altura del mundo, dijo
al Consejo de Derechos Humanos en 2017 que todo su pueblo – en el peor
de los casos – podría tener que irse por el aumento en el nivel del mar, la
erosión o los ciclones y que “la reubicación significa no tener ningún hogar
al cual regresar.”

“Significa dejar tu tierra y tu país para siempre y cortar los lazos con
todo lo que es importante para ti como pueblo. Tal movimiento amenazaría
nuestra soberanía, nuestra cultura, nuestra identidad y todosnuestros
derechos humanos fundamentales”, añadió Rae Bainteiti, de 27 años de
edad.

ARTÍCULO 16: DERECHO AL MATRIMONIO Y A


FUNDAR UNA FAMILIA.
La mayoría de los 30 artículos en la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (DUDH) comienza con un lenguaje sin enfoque de género: "Todo
el mundo", "Todos" o "Nadie". Pero el artículo 16 establece que los
“hombres y mujeres” tienen derecho a contraer matrimonio, un logro de
las mujeres que redactaron la DUDH con la determinación de que
se precisara que las mujeres tienen los mismos derechos en el matrimonio,
dado que la discriminación relacionada con este asunto estaba aún muy
extendida en aquel tiempo.

El artículo 16 ahonda en la intimidad de las vidas de los seres humanos. De


acuerdo con este artículo, toda persona adulta tiene derecho a casarse y a
tener una familia si así lo desea. Las mujeres y los hombres también tienen
los mismos derechos tanto durante sus matrimonios, como si se divorcian.
Además, es la única vez en este documento que se invoca explícitamente el
deber del Estado de brindar protección, lo que subraya la alta
consideración que los redactores de la DUDH tenían por la familia.

ARTÍCULO 17: EL DERECHO A LA PROPIEDAD.


El artículo 17 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)
garantiza el derecho a la propiedad. Se trata de otro derecho incluido
como reacción a las atrocidades del Holocausto, cuando se confiscaron las
propiedades de los judíos y otras personas, a menudo para enriquecer a los
oficiales nazis. Los judíos europeos fueron despojados del equivalente a
billones de dólares en dinero en efectivo, obras de arte, casas, negocios y
objetos personales. “La Solución Final de Hitler no sólo fue un acto de
genocidio: también fue una campaña de robo organizado”, dice un escritor.

ARTÍCULO 18: LIBERTAD DE RELIGIÓN O DE


CONCIENCIA.
El artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)
asegura que todos tenemos derecho a nuestras propias creencias, a tener
una religión, a no tener ninguna o a cambiarla. En su momento, la DUDH fue
muy progresista al afirmar que los creyentes de todas las religiones y
quienes tenían creencias seculares deberían poder vivir en paz, siendo sus
derechos garantizados por el Estado y sin verse obligados a seguir una
religión nacional o patrocinada por dicho Estado.

El artículo 18 protege a los creyentes teístas, no teístas y ateos, así como


a aquellos que no profesan ninguna religión o creencia. Lo que resulta
menos conocido es el papel que jugaron las organizaciones religiosas en el
lanzamiento y el mantenimiento del movimiento de derechos humanos. En
el sur de Asia, el hinduismo inspiró la larga marcha de Mahatma Gandhi por
la liberación de la India. Cristianos protestantes lideraron la lucha para
abolir la esclavitud en el Reino Unido y los Estados Unidos en el siglo XIX.
Los católicos romanos en Polonia y los luteranos en Alemania oriental
estuvieron a la vanguardia de la lucha contra el autoritarismo a finales del
siglo XX, y los católicos romanos en América Latina presionaron por la
justicia social a través de su "teología de la liberación".

ARTÍCULO 19: LIBERTAD DE OPINIÓN Y


EXPRESIÓN.
¿Por qué una organización de derechos humanos acudiría a un tribunal para
apoyar a alguien con quien se opone de manera fundamental debido a sus
opiniones políticas extremistas o sus posturas éticas? ¿Un pornógrafo, tal
vez? ¿O un anarquista? Porque gracias a los derechos establecidos en el
artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH),
todos tenemos derecho a formar nuestras propias opiniones y a
expresarlas y compartirlas libremente.

“El primer ser humano que lanzó un insulto en lugar de una piedra fue el fundador
de la civilización.”
–Sigmund Freud

“Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que


despreciamos, no creemos en ella para nada,” asegura el lingüista y
activista político Noam Chomsky. Human Rights Watch añade: “la libertad
de expresión es un referente: cómo una sociedad tolera a aquellos que son
minoría, se ven desfavorecidos o incluso tienen posturas ofensivas será a
menudo un reflejo de su actuación en cuanto a los derechos humanos en
general.”

Este derecho apuntala muchos otros, como el de libertad de culto,


asamblea y la capacidad para participar en asuntos públicos. Pero la
libertad de expresión no es ilimitada. Una metáfora habitual para
describir sus límites es que no puedes gritar falsamente “fuego” en un
teatro lleno de personas, al causar pánico y posibles lesiones. Otras
formas de expresión que no están protegidas incluyen la pornografía
infantil, el perjurio, los chantajes y las incitaciones a la violencia.
Los redactores de la DUDH lidiaron con el problema de qué tan tolerante
una sociedad tolerante debería ser respecto de personas como los nazis o
los fascistas, que a su vez son intolerantes. Los redactores eran
sumamente conscientes del rol que habían desempeñado los medios y la
industria cinematográfica nazi en la creación de un entorno que permitió la
matanza de 6 millones de judíos y otros grupos, como los roma y las
personas con discapacidades. Tras ganar el poder en 1933, los nazis usaron
una nueva serie de leyes y regulaciones para aplastar a los medios
independientes, sustituyéndolos por una maquinaria totalitaria de
propaganda fanática, dirigida por Joseph Goebbles, el “Ministro para la
ilustración pública y propaganda del tercer Reich”.

Como resultado de lo anterior, cualquier defensa del odio nacional, racial o


religioso que constituyera una instigación a la discriminación, hostilidad o
violencia fue explícitamente prohibida cuando la DUDH fue traducida a
leyes internacionales vinculantes en tratados posteriores. En el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la libertad de expresión
ocupa el mismo apartado (artículo 19) que en la DUDH y provee criterios
explícitos que los gobiernos deben cumplir al restringir la libertad de
expresión. El artículo 20, a su vez, establece los límites de la prohibición a
la provocación.

Los resultados potencialmente letales del discurso de odio – incluyendo su


capacidad para permitir violaciones del derecho a la vida a escala masiva –
se vieron claramente cuando la Radio Mille Collines de Ruanda sentó las
bases para el genocidio de 1994 al deshumanizar a sus compatriotas y
etiquetarlos como enemigos. Aproximadamente 800,000 personas fueron
asesinadas. De manera más reciente, en Myanmar, mensajes de incitación
al odio y la violencia se esparcieron a una velocidad alarmante en Facebook
y podrían haber contribuido al genocidio y los crímenes contra la
humanidad. La Misión Internacional Independiente de Investigación de las
Naciones Unidas sobre Myanmar señaló el uso de Facebook por parte de
los militares en Myanmar como herramienta para incitar al odio y
diseminar información falsa para justificar sus acciones contra civiles.
Como consecuencia, Facebook cerró varias de esas cuentas.

Tienes derecho a tener cualquier opinión, no importa cuán vil pueda ser.
Pero la expresión de dicha opinión – si equivale a una instigación – debe ser
penalizada. Existen claros ejemplos históricos de lo que puede suceder
cuando no es así.

Cuando un tabloide británico recuperó el lenguaje al estilo de Mille


Collines en 2015, refiriéndose a los migrantes y refugiados como
“cucarachas”, el entonces jefe de la Oficina de la ONU para los Derechos
Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, urgió a los países europeos a tomar
acciones firmes contra el racismo y la xenofobia que, dijo, “bajo el disfraz
de la libertad de expresión, están permitiendo alimentar un círculo vicioso
de difamación, intolerancia y politización de los migrantes, así como de las
minorías marginadas europeas, tal como los roma.”

Sin embargo, la libertad de expresión está explícitamente protegida en la


mayoría de las esferas y hay crecientes preocupaciones hoy en día por que
los esfuerzos continuos, y posiblemente al alza, para hacer un mal uso del
concepto de “discurso de odio” o “incitación” estén siendo utilizados como
pretexto para sofocar la disidencia o la crítica hacia un gobierno en el
poder, que a menudo utiliza leyes antiterroristas como medio legal para lo
que es, bajo la ley internacional, un objetivo ilegal.

En numerosas ocasiones la ONU ha criticado leyes nacionales que suprimen


la oposición o la disidencia en nombre del combate al “discurso de odio”, a
lo que David Kaye, el Relator Especial sobre la promoción y protección del
derecho a la libertad de opinión y de expresión, apuntó que “los Estados a
menudo estipulan prohibiciones vagas sobre “la defensa del odio” que no
equivalen a incitamientos.”

El artículo 19 incluye el derecho a “investigar y recibir informaciones y


opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras.” A pesar de que
los individuos gozan de los mismos derechos en la red y fuera de ella, los
Estados también están censurando, y en ocasiones criminalizando, un
amplio abanico de contenido en la red a través de leyes vagas o ambiguas
que prohíben el “extremismo”, la “blasfemia”, la “difamación”, el lenguaje
“ofensivo”, las “falsas noticias” y la “propaganda”.

Si los periodistas son atacados, espiados, encarcelados o incluso


asesinados cuando sus búsquedas de información son interpretadas por
parte de los gobiernos o empresas criminales como amenaza, las personas
pueden no tener la oportunidad de formarse una opinión y tomar
decisiones informadas.

El Comité para la Protección de Periodistas dice que, en 2017, alrededor


del mundo 262 periodistas fueron encarcelados y Reporteros Sin
Fronteras dice que 90% de los crímenes contra los periodistas quedan
impunes. Incluso en democracias que se precian de ser libres, la
demonización de los periodistas y los alegatos de “fake news”, así como las
limitaciones de las fuentes periodísticas, están socavando su trabajo.

Mientras los esfuerzos por controlar la expresión y la información se


incrementan, la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos ha
proporcionado una guía sobre cómo distinguir la libertad de expresión del
discurso de odio a través del Plan de Acción de Rabat, que sugiere
establecer un umbral alto para interpretar las restricciones determinadas
por el derecho internacional de los derechos humanos que restrinjan la
libertad de expresión. Su umbral, que tiene seis partes, toma en
consideración el contexto, la intención, el contenido, la extensión, la
condición del orador y la probabilidad de que el discurso en cuestión pueda
incitar a una acción en contra de un grupo específico, y está siendo
utilizado en Túnez, Costa de Marfil y Marruecos, y por la Corte Europea
de Derechos Humanos en la reciente sentencia sobre el caso Pussy Riot.

Artículo 20: Libertad de reunión y asociación


Desde las ocupaciones estudiantiles de las universidades de París en 1968
hasta la primavera árabe de 2011, las manifestaciones masivas han sido la
forma en que las personas han exigido un cambio social. El artículo 20 de
la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), junto con el
artículo 19 sobre la libertad de expresión, garantizan en conjunto el
derecho a reunirse de manera pública o privada para expresar, promover,
perseguir y defender intereses comunes.

Para ejercer los derechos que abarca el artículo 20, no hace falta
manifestarse en los Campos Elíseos o tomar el equivalente a nivel local de
la Plaza Tahrir de Egipto. La libertad de “reunión pacífica” también cubre
sentadas, salidas, vigilias, discusiones en grupo y representaciones
teatrales.

“El ejercicio de las libertades fundamentales nunca debe considerarse un


delito, y la impunidad nunca debe aceptarse ".
- Expertos de la ONU, acerca de un juicio masivo en Egipto a 739
manifestantes, y sobre el hecho de no investigar las muertes y lesiones
causadas por las fuerzas de seguridad.

Los Estados no sólo tienen la obligación de proteger las reuniones


pacíficas, sino que también deben tomar medidas para facilitarlas.

En el contexto de las protestas y manifestaciones, los Principios Básicos


sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios
Encargados de Hacer Cumplir la Ley contienen directrices muy estrictas
sobre el uso de la fuerza, que establecen que “el uso letal intencionado de
las armas de fuego sólo puede hacerse cuando sea estrictamente
inevitable para proteger la vida "

La ex Relatora Especial de la ONU sobre los derechos de reunión pacífica


y asociación, Maina Kiai, señaló que “Participar en protestas pacíficas es
una alternativa a la violencia y a la fuerza armada que debemos apoyar
como medio de expresión y cambio. Por lo tanto, debe ser protegida, y
protegida con firmeza ".

El artículo 20 también nos da el derecho a formar o a unirnos a un grupo, y


nos protege de la obligación de unirnos a una asociación. Las asociaciones
incluyen sindicatos, clubes, asociaciones religiosas, partidos políticos y,
cada vez más, grupos en Internet.

Las redes sociales han desempeñado un papel vital en ayudar a los


defensores de los derechos humanos y a las comunidades a organizarse, a
dar voz a sus preocupaciones y a responder a las amenazas. La innovación
tecnológica también les ha ayudado en gran medida a documentar
violaciones de derechos humanos y a llevar a cabo monitoreos remotos e
informar de forma rápida. Pero en el lado oscuro, el vídeo y la vigilancia en
Internet, la censura, el acoso en la red y la incitación a la violencia a
través de las plataformas de medios sociales también ponen en peligro a
las asociaciones y a sus miembros de diferentes formas.

Los grupos de la sociedad civil, incluidos los que protegen el derecho de


asociación descrito en el artículo 20, estuvieron a la vanguardia de los
avances en la garantía de muchos de los derechos humanos más
importantes a nivel global - como los movimientos para abolir la esclavitud
y para lograr el voto de las mujeres, así como los movimientos actuales,
como los que piden el fin de la discriminación contra las personas por su
orientación sexual o identidad de género, y que buscan el fin del abuso
sexual y el acoso a las mujeres.

Cada día, en todo el mundo, la sociedad civil contribuye a la promoción,


protección y avance de los derechos humanos. Esta es una de las razones
por las que la DUDH tiene el récord mundial por número de traducciones,
muchas de las cuales han sido organizadas o realizadas por la sociedad
civil en lugar de los gobiernos. Los derechos y libertades establecidos en
la DUDH son fundamentales para la sociedad civil y primordiales para la
causa de los derechos humanos reconocida por la protección que se les
otorga en virtud del artículo 20.

Los sucesivos Altos Comisionados de las Naciones Unidas para los


Derechos Humanos han subrayado constantemente el papel vital de la
sociedad civil en la defensa de los derechos humanos. En palabras de la
Alta Comisionada actual, Michelle Bachelet, sin defensores de los
derechos humanos, “la Declaración Universal de los Derechos Humanos
carecería de vida. El coraje, la generosidad de espíritu, la integridad y la
abnegación de los defensores de los derechos humanos han mantenido viva
la Declaración Universal. Una vez tras otra, gracias a su trabajo, los
Estados han actuado para apoyar estos derechos ".

Sin embargo, los grupos de la sociedad civil se enfrentan a una creciente


ola de restricciones legales en cuanto a su registro, financiación y
capacidad para hablar y operar libremente; con frecuencia las
preocupaciones antiterroristas y de seguridad, justifican el gran alcance
de las limitaciones que se les imponen. Sin embargo, también se enfrentan
a amenazas para su seguridad: según datos de la ONU, por lo menos 1.019
defensores de los derechos humanos, incluidas 127 mujeres, fueron
asesinados en 61 países de todo el mundo entre 2015 y 2017. Y esta cifra
sólo es la punta del iceberg, ya que muchos asesinatos no se denuncian e
innumerables defensores de los derechos humanos han sido objeto de
intimidación, hostigamiento, penalización, detención arbitraria, tortura,
desaparición forzada y otros abusos contra los derechos humanos.

En un informe de 2018 sobre represalias, el Subsecretario General de la


ONU, Andrew Gilmour, destacó tres tendencias preocupantes: la
creciente tendencia a etiquetar a los defensores de los derechos humanos
como "terroristas" o "delincuentes" en un intento de desacreditarlos; la
aplicación de procedimientos legales y administrativos para tomar
represalias contra ellos; y el abuso de los procedimientos de acreditación
y seguridad para impedir que las organizaciones de la sociedad civil se
involucren con las Naciones Unidas.

“Cuando se violan los derechos de los defensores de los derechos


humanos, se ponen en peligro todos nuestros derechos - y todos nosotros
estamos menos seguros ".
- Ex Secretario General de la ONU, Kofi Annan.

La alianza global de organizaciones de la sociedad civil conocida como


CIVICUS resumió la importancia de estas organizaciones diciendo que:
“Cuando los gobiernos han mostrado lo peor de la humanidad, como en
Myanmar, Siria y Yemen, la sociedad civil ha mostrado lo mejor,
colocándonos voluntariamente en la línea de fuego, haciendo lo que fuera
posible por ayudar y exponer los abusos de derechos humanos”.

Una opinión respaldada por la Jefa de la Oficina de Derechos Humanos de


la ONU, Michelle Bachelet, quien afirmó que "la expansión de la protección
de los derechos humanos no hubiera sido posible sin las instituciones
nacionales de derechos humanos, la sociedad civil y los defensores de los
derechos humanos”.

ARTÍCULO 21: UN BREVE CURSO SOBRE


DEMOCRACIA.
En tres concisos párrafos, el artículo 21 de la Declaración Universal de
Derechos Humanos (DUDH) resume algunos de los principios
fundamentales de la democracia: la voluntad del pueblo debe ser la base
para la autoridad gubernamental y toda persona tiene derecho a formar
parte del gobierno “directamente o por medio de representantes
libremente escogidos.” El artículo apela a que se celebren elecciones
periódicas y genuinas, mediante sufragio universal y secreto y también
establece que “toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de
igualdad, a las funciones públicas.”

ARTÍCULO 22: DERECHO A LA SEGURIDAD


SOCIAL.
Tras describir una larga lista de derechos civiles y políticos, la
Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) pasa ahora a los
derechos económicos, sociales y culturales enunciados en el artículo 22 y
en los seis artículos siguientes. Estos derechos, desarrollados
principalmente en el siglo XX, incluyen el derecho al trabajo, a un nivel de
vida adecuado, a la educación, a la maternidad e infancia, a la seguridad
social y al derecho a participar en la vida cultural.
La inclusión de estos derechos económicos y sociales resultó de una de las
"cuatro libertades" del Presidente de los Estados Unidos mencionada
explícitamente en el preámbulo de la Declaración.

"Para la ONU, la atención médica, la educación, la vivienda y la administración justa


de la justicia no son productos en venta para unos pocos, sino derechos de los que
todos somos titulares sin discriminación".
- Ex jefa de Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, en The Tunis Imperative

El artículo 22 describe las cualidades del Estado de bienestar moderno


que son aceptadas hoy en día a nivel prácticamente universal. Según la
Organización Internacional del Trabajo(OIT), en 1900, sólo 17 países
contaban con sistemas de protección social para apoyar a las personas y a
las familias mediante pensiones para ancianos, pagos por discapacidad para
trabajadores lesionados, beneficios para madres, seguros de salud y
muchos otros programas. La asistencia social puede incluir transferencias
de dinero en efectivo y, a menudo, e la denomina “red de seguridad social”
que ayuda a las personas, especialmente a los pobres y vulnerables que se
enfrentan a las crisis de la vida, a encontrar trabajo y educar a sus hijos.

ARTÍCULO 23: DERECHO AL TRABAJO.


En su tercer párrafo, el artículo 23 exige una “remuneración justa y
favorable” para garantizar “una existencia merecedora de dignidad
humana” para los trabajadores y sus familias, lo que refleja nuevamente la
visión de un mundo mejor que la recién derrotada Alemania nazi con su
trabajo esclavo.

ARTÍCULO 24: DERECHO AL DESCANSO Y AL


TIEMPO LIBRE.
En 19 concisas palabras, el artículo 24 de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos presenta la otra cara del derecho al trabajo enunciado
en el artículo 23: el derecho a no trabajar en exceso. Este artículo
consagra el derecho a horarios laborales limitados y vacaciones pagadas,
pero como dijo el redactor cubano Pérez Cisneros a finales de la década
de 1940, no debe interpretarse como "el derecho a la pereza".

Artículo 24: Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del


tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a
vacaciones periódicas pagadas.

ARTÍCULO 25: DERECHO A UN NIVEL DE VIDA


ADECUADO.
El artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)
cubre un amplio rango de derechos, incluyendo aquellos a una alimentación
adecuada, al agua, al saneamiento, a la ropa, a la vivienda y al cuidado
médico, así como a la protección social que cubra circunstancias ajenas a
uno mismo como la invalidez, la viudedad, el desempleo y la vejez. Las
madres y los niños tienen derecho a cuidados y asistencia especiales.

Tras dos artículos que se ocupaban de los derechos de los trabajadores, el


artículo 25 hace hincapié en que “toda persona” tiene derechos sociales y
económicos. Hay un nivel por debajo del cual nadie debe caer. En un
lenguaje que ahora resulta anticuado pero que a pesar de todo expresa una
noción progresista, este artículo especifica que todos los niños deben
tener garantizados los mismos derechos ya hayan “nacido dentro o fuera
del matrimonio”. El artículo 25 también conforma la base para los
esfuerzos actuales para atender los retos particulares a los que se
enfrentan millones de mujeres y hombres mayores alrededor del mundo.

ARTÍCULO 26: DERECHO A LA EDUCACIÓN.


El artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)
hace obligatoria la educación primaria gratuita y universal, y existe una
tendencia de pensar que es un derecho para los niños. Pero como Maruge
mostró, personas de cualquier edad pueden buscar y beneficiarse de la
educación y el alfabetismo. No sólo se hizo una película sobre su vida, sino
que su historia inspiró a muchas personas que habían abandonado la
escuela a regresar y acabar sus estudios.

Este derecho está también consagrado en varias convenciones


internacionales, en particular en el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales y en la Convención sobre los derechos
del niño (que ha sido ratificada por todos los países con excepción de
Estados Unidos). En el artículo 26 de la DUDH, encontramos el derecho al
"pleno desarrollo de la personalidad humana", que también aparece en los
artículos 22 y 29. Queda claro que los redactores vieron este término
como una manera de resumir muchos de los derechos sociales, económicos
y culturales en la Declaración y se ha incrementado cada vez más la
atención que organismos internacionales prestan al papel de la educación
en el empoderamiento de individuos – tanto niños como adultos.

ARTÍCULO 27: DERECHO A LA VIDA


CULTURAL, ARTÍSTICA Y CIENTÍFICA.
El artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)
ayudó a sentar las bases para que lo descrito con anterioridad fuera
reconocido como un crimen de guerra. En una sentencia histórica en
septiembre de 2016, la Corte Penal Internacional (CPI) declaró a Ahmad
Al Faqui Al Mahdi, miembro del grupo armado que opera en Mali, en Ansar
Dine, culpable de un crimen de guerra por atacar construcciones
históricas y religiosas en Tombuctú. Fue condenado a nueve años de
prisión.

El artículo 27 establece que toda persona tiene derecho a participar


libremente en la vida cultural de la comunidad, a participar de los avances
científicos y sus beneficios y a ser valorada por su trabajo. Este artículo
se refiere con rotundidad a los derechos culturales como derechos
humanos para todos. Éstos se relacionan con la búsqueda del conocimiento
y el entendimiento, y con las respuestas creativas ante un mundo en
constante cambio. Un prerrequisito para implementar el artículo 27 es
asegurar las condiciones necesarias para que todas las personas puedan
involucrarse de manera continua en el pensamiento crítico y tener la
oportunidad de cuestionar, investigar y contribuir con ideas, sin importar
las fronteras.

ARTÍCULO 28: DERECHO A UN MUNDO LIBRE


Y JUSTO.
El único párrafo del artículo 28 afirma “Toda persona tiene derecho a que
se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y
libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente
efectivos”.

ARTÍCULO 29: DEBERES RESPECTO A LA


COMUNIDAD.
El artículo 29 también afirma que los derechos no son ilimitados. Si lo
fueran, el equilibrio y la armonía serían imposibles. Este artículo busca
unir el ejercicio de los derechos con los intereses de la comunidad
mundial, exactamente para lo que la ONU fue establecida en 1945.

ARTÍCULO 30: LOS DERECHOS SON


INALIENABLES.
La idea esencial del artículo 30 es que los derechos son indivisibles. Todos
los derechos en la DUDH están conectados entre ellos y tienen la misma
importancia. Todos deben ser cumplidos, y ningún derecho supera a los
demás. Estos derechos son inherentes a cada mujer, hombre y niño, y no
pueden ser posicionados en una jerarquía o ser ejercidos de forma aislada.

Al artículo 30 se le considera el "límite a los tiranos". Evita la


interferencia personal o del Estado en el resto de artículos de la
Declaración. Sin embargo, también subraya que no debemos ejercer esos
derechos contraviniendo los propósitos de las Naciones Unidas. Al
trabajar a la sombra de la Segunda Guerra Mundial, los redactores
quisieron evitar que los fascistas volviesen al poder en Alemania usando,
por ejemplo, la libertad de expresión y la libertad de presentarse a una
elección a expensas de otros derechos y libertades. Eran muy conscientes
de que muchas de las atrocidades que cometió el régimen de Hitler
estuvieron basadas en un sistema legal eficiente, pero con leyes que
violaban los derechos humanos básicos.

LA LOTERÍA ES UN JUEGO DE AZAR QUE


TIENE LAS SIGUIENTES CARACTERÍSTICAS:
 El participante debe realizar una aportación, generalmente económica,
para participar en el sorteo.
 El número de participantes suele estar limitado.
 Ofrece una recompensa si el participante es premiado.
 Pueden existir diferentes recompensas, por lo que pueden salir varios
participantes premiados.
 El premio consiste en dinero.
 El billete de lotería es elegido por los participantes.
 Puede haber uno, varios o ningún ganador.

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