Dios está de su parte
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PENSEMOS en los siguientes casos de la vida real.
Néstor y su esposa, María, querían servir en un lugar donde se necesitara ayuda para predicar. Pero, para lograrlo,
tenían que aprender a vivir con menos. Y eso les daba miedo. Creían que no iban a ser realmente felices llevando
una vida más sencilla.
Biniam es un hermano que vive en un país donde la gente se opone a nuestra obra. Cuando se hizo testigo de
Jehová, se dio cuenta de que a él también lo perseguirían. Aunque eso lo tenía asustado, había algo que le daba
todavía más miedo: cómo reaccionaría su familia cuando supiera cuál era su nueva religión.
Y por último tenemos el caso de Valeria, a quien le diagnosticaron un tipo de cáncer muy agresivo. Ella quería
obedecer lo que dice la Biblia sobre el uso de la sangre, y batalló mucho para encontrar un cirujano que respetara su
decisión. Como es lógico, la idea de morir le daba miedo.
Al igual que David, confíe en Jehová cuando tenga miedo (Sl 56:1-4; w06 1/8 22 párrs. 10, 11).
En cierta ocasión, David se refugió en los dominios de Akís, rey de la ciudad filistea de Gat, la misma ciudad donde
Goliat había nacido (1 Samuel 21:10-15). Entonces, los siervos del rey lo acusaron de ser un enemigo de la nación.
¿Qué hizo David en aquella peligrosa situación? Oró con fervor a Jehová (Salmo 56:1-4, 11-13). Para escapar, tuvo
que fingir que estaba loco, pero él sabía que era Jehová quien lo había liberado al bendecir sus actos. Su confianza
absoluta en Él demostró que verdaderamente era un hombre temeroso de Dios (Salmo 34:4-6, 9-11).
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Al igual que David, nosotros podemos demostrar que tememos a Dios. ¿De qué manera? Confiando en su
promesa de ayudarnos cuando atravesamos dificultades. “Haz rodar sobre Jehová tu camino, y fíate de él, y él
mismo obrará”, escribió David (Salmo 37:5). Ahora bien, eso no significa que en vez de hacer lo posible por resolver
nuestros problemas, se los dejemos a Jehová para que él se encargue de ellos. Después de pedirle ayuda a Dios,
David no se quedó cruzado de brazos. Más bien, empleó las capacidades físicas y mentales que Jehová le había dado
y afrontó el problema. Sin embargo, sabía que el ser humano no puede depender únicamente de sus propias fuerzas.
Y así es como nosotros debemos verlo. Una vez que hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance, tenemos que
dejar el resto en manos de Jehová. La verdad es que, muchas veces, lo único que podemos hacer es confiar en él.
Entonces es cuando el temor de Dios se convierte en algo mucho más real para nosotros. Sin duda, estas sinceras
palabras de David resultan muy alentadoras: “La intimidad con Jehová pertenece a los que le temen” (Salmo 25:14).
Jehová valora muchísimo su aguante y lo va a ayudar (Sl 56:8; cl 243 párr. 9).
Jehová también valora nuestro aguante (Mateo 24:13). Recuerde que Satanás quiere que usted le dé la espalda a
Dios. Así que cada día que le es leal a Jehová es un día más en que contribuye a responder a los desafíos del Diablo
(Proverbios 27:11). Claro, a veces es difícil aguantar. Si tenemos problemas de salud, económicos, emocionales o de
otro tipo, cada día puede convertirse en una prueba. Además, si nuestras expectativas tardan en cumplirse,
podríamos desanimarnos (Proverbios 13:12). Jehová valora mucho que, a pesar de todo esto, le sigamos sirviendo
con aguante. Por eso, con total seguridad, el rey David le pidió que recogiera sus lágrimas en un odre y le dijo:
“¿Acaso no están anotadas en tu libro?” (Salmo 56:8). Jehová ve nuestras lágrimas y todo lo que sufrimos por serle
leales. Él recuerda todo esto con cariño y lo valora muchísimo.
Jehová está de su parte y no permitirá que sufra ningún daño irreparable (Sl 56:9-13; Ro 8:36-39; w22.06 18 párrs.
16, 17).
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Satanás sabe que valoramos mucho la vida. Por eso asegura que estamos dispuestos a sacrificar cualquier cosa —
incluso nuestra amistad con Jehová— con tal de seguir vivos (Job 2:4, 5). ¡Pero qué equivocado está! Como él “tiene
los medios para causar la muerte”, se aprovecha de nuestro miedo natural a morir con la intención de que le demos
la espalda a Jehová (Heb. 2:14, 15). A veces, Satanás utiliza a algunas personas para que nos amenacen y nos digan
que, si no renunciamos a nuestra fe, nos matarán. O puede que se valga de una emergencia médica para que
caigamos y le fallemos a Jehová. Tal vez los médicos o nuestros familiares no Testigos nos presionen para que
aceptemos una transfusión de sangre, lo cual está en contra de la ley de Dios. O quizás alguien trate de
convencernos para que aceptemos un tratamiento que viola los principios bíblicos.
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Ninguno de nosotros quiere morir, pero sabemos que, si perdiéramos la vida, Jehová seguiría amándonos (lea
Romanos 8:37-39). Los amigos de Jehová que mueren siguen vivos en la memoria de él, como si todavía existieran
(Luc. 20:37, 38). Y él está deseando devolverles la vida (Job 14:15). Jehová ha pagado un precio muy alto para que
tengamos vida eterna (Juan 3:16). Sabemos muy bien cuánto nos quiere y nos cuida. Por eso, cuando estamos
enfermos o nos amenazan de muerte, no le damos la espalda. Al contrario, acudimos a él para que nos dé consuelo,
sabiduría y fuerzas. Eso es exactamente lo que hicieron Valeria y su esposo (Sal. 41:3).