ENSAYO BIBLIOGRÁFICO
Branko Milanovic y la desigualdad económica
en perspectiva histórica: un diálogo posible con
la historia del trabajo
LUCAS POY
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Centro de
Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas, Argentina -
Instituto Internacional de Historia Social, Países Bajos
lucaspoy@[Link]
Trabajos reseñados:
Branko Milanovic, Global Inequality. A New Approach for the Age of
Globalization (Cambridge: Harvard University Press, 2016).
Branko Milanovic, Capitalism, Alone. The Future of the System that Rules
the World (Cambridge, Harvard University Press, 2019).
Revista Latinoamericana de Trabajo y Trabajadores, 1 (nov. 2020-abr. 2021), 253-266 |
[Link] | e-ISSN: 2667-3231 | [Link]
254 Lucas Poy
Las múltiples desigualdades que atraviesan las sociedades humanas han sido
siempre un tema de interés tanto desde una perspectiva analítica como
política.1 En particular, la pregunta por las diferencias en cuanto al acceso a
recursos materiales –la llamada desigualdad vertical– ocupa un lugar
destacado en las inquietudes de numerosos científicos sociales, historiadores
y economistas y ha ganado trascendencia en los últimos años, en particular
después de la popularidad alcanzada por El capital en el siglo XXI, el libro de
Thomas Piketty publicado en 2013.2 Es evidente que la recurrencia del tema
es consecuencia de la crisis económica de fines de la década de 2000 y del
sostenido incremento de la desigualdad de ingresos que se observa en muchos
países en las últimas décadas. Una expresión de ello es la utilización de
términos referenciados en la estadística por parte de movimientos sociales
que denuncian al “1%” y se reivindican expresión del “99%”.
Si bien Piketty es el más conocido, son varios los autores que han recibido
atención en este último tiempo por sus estudios sobre desigualdad económica.
Uno de ellos es el serbio-estadounidense Branko Milanovic, nacido en 1953
en la ex Yugoslavia, quien se desempeñó durante mucho tiempo como
economista jefe del departamento de investigación del Banco Mundial y
actualmente trabaja en la City University of New York. Si bien los trabajos
de Milanovic muestran una fuerte tendencia a extenderse en
recomendaciones y sugerencias a gobiernos y empresas al igual que los de
Piketty, también desarrollan interpretaciones de carácter histórico; esto
último es lo que motiva las reflexiones que siguen a continuación. A
diferencia de lo que ocurre en El capital en el siglo XXI, las obras de Milanovic
examinan la evolución de la desigualdad con una escala de análisis que no se
limita a Europa y Estados Unidos sino que propone una perspectiva global.3
Estas notas tienen un objetivo doble: por un lado, procuran presentar al
público interesado en el tema un resumen de los principales aportes y
argumentos de los últimos dos libros publicados por Milanovic acerca de la
desigualdad material en perspectiva histórica; por el otro, introducen algunas
1 Este trabajo fue elaborado en el marco del Proyecto PUE-CONICET “Las
dimensiones de la desigualdad en la larga duración. Economía, sociedad y
política en el espacio rioplatense, siglos XVI a XX” (Instituto Ravignani). Me
resultaron muy importantes los comentarios y críticas de Hernán Camarero,
Martín Cuesta y Santiago Poy.
2 La versión original, con el título Le Capital au XXIe siècle, fue publicada en
francés por Seuil en 2013. La versión en español fue editada por Fondo de
Cultura Económica en 2014.
3 Algo que Piketty ha reconocido y tratado de subsanar en su nuevo libro Capital
e ideología (Barcelona: Planeta, 2019). Ver, en particular, la “Advertencia al
lector y agradecimientos”.
Branko Milanovic y la desigualdad económica en perspectiva histórica 255
breves reflexiones acerca de los aportes que, en mi opinión, puede hacer la
historia del trabajo a los debates en curso.4
Un eje que atraviesa los argumentos de Milanovic en los dos volúmenes que
examinamos aquí es una crítica, y al mismo tiempo una propuesta de
reformulación, a la llamada “curva de Kuznets”. Hace referencia a la tesis,
elaborada en la década de 1950 por el economista Simon Kuznets (1901-
1985), según la cual la desigualdad en una sociedad es muy baja cuando los
niveles de ingreso son muy reducidos, luego crece cuando se desarrolla la
economía y finalmente vuelve a reducirse cuando se alcanzan niveles de
ingreso más elevados. Milanovic considera que esta hipótesis ha quedado
muy cuestionada dado que, si bien es cierto que creció fuertemente desde el
despegue industrial y luego se redujo a partir de 1914, la desigualdad en los
países desarrollados ha vuelto a dispararse en las últimas décadas.
Para corregir los problemas que encuentra en la hipótesis, y evitar al mismo
tiempo desechar por completo los aportes de Kuznets, Milanovic sostiene que
la “curva” debe en realidad reformularse y entender como una sucesión de
“olas o ciclos”. La idea, que el autor presenta en Global Inequality pero que
atraviesa también las argumentaciones de su obra más reciente, sostiene que,
si ampliamos la mirada históricamente, no habría una única curva sino una
sucesión de etapas de ascenso y descenso de la desigualdad que se repiten a
lo largo del tiempo. Milanovic sostiene también que estos ciclos se presentan
de manera diferente en las etapas preindustriales respecto a la época
capitalista y que es preciso analizar los acontecimientos del siglo XX a escala
global para comprender las peculiaridades de la desigualdad económica
mundial en nuestros días. El planteo tiene largos alcances y aborda un
período de tiempo prolongado, por lo cual resulta de especial interés para el
análisis histórico.
La desigualdad antes y después de la Revolución Industrial
Según Milanovic, es posible advertir ciclos de aumento y descenso de la
desigualdad a lo largo de extensos períodos históricos. El autor introduce,
sin embargo, una distinción importante: antes de la Revolución Industrial
estos ciclos operaban en sociedades con economías estancadas, donde se
4 Buena parte de las argumentaciones presentadas por Milanovic en estos libros
ya habían sido avanzadas en dos obras previas: Worlds Apart. Measuring
International and Global Inequality (Princeton/Oxford: Princeton University
Press, 2005) y The Haves and the Have-Nots: A Brief and Idiosyncratic History of
Global Inequality (Nueva York: Basic Books 2010).
256 Lucas Poy
mantenía estable lo que llama el “ingreso mediano” y no era posible advertir,
por lo tanto, una relación entre nivel de ingreso y nivel de desigualdad. En
las sociedades preindustriales de estas características, sostiene Milanovic, el
enriquecimiento y la prosperidad de las clases ricas llevaba necesariamente a
un incremento de la desigualdad y que por lo tanto solo podía reducirse por
causas “malignas” de tipo catastrófico, como guerras y epidemias, que
destruían riqueza y también diezmaban a la población. Luego, el ciclo podía
volver a comenzar, en un juego de suma cero en términos de crecimiento
económico.
Dado que no realizó investigaciones propias sobre estos temas, Milanovic se
apoya en otros investigadores para respaldar estos argumentos en lo referido
al período preindustrial. En particular, utiliza un trabajo de Carlos Álvarez
Nogal y Leandro Prados de la Escosura que analiza el caso español a través
de un período de más de cinco siglos y advierte marcados ciclos de ascenso y
descenso de la desigualdad con un nivel de ingresos que se mantenía
estancado. Según estos autores, las dos grandes fuerzas que redujeron la
desigualdad fueron la peste del siglo XIV, las guerras a partir de la segunda
mitad del siglo XVI y las guerras napoleónicas a comienzos del siglo XIX.
Milanovic también toma conclusiones de un trabajo similar de Guido Alfani
para ciudades del norte de Italia, que encuentra una reducción significativa
de la desigualdad como consecuencia de la peste del siglo XIV.
Las inquietudes de Milanovic, en cualquier caso, tienen como eje del análisis
la sociedad capitalista. Es por eso que subraya el cambio sustancial que se
produjo con el advenimiento de la revolución industrial, cuando el nivel de
ingreso comenzó a crecer aceleradamente y permitió un incremento notable
de la desigualdad material. Si bien el autor tampoco examina en detalle la
transición al capitalismo y el proceso de industrialización, mucho menos con
investigaciones propias, es evidente que se refiere a un hecho fácil de
constatar: el fenomenal salto tecnológico y productivo que acompañó al
desarrollo capitalista en Europa y Estados Unidos permitió que todos los
sectores de esas sociedades aumentasen su ingreso en términos absolutos;
obviamente, dado que unos se enriquecieron mucho más que otros, la
desigualdad aumentó en forma significativa. Estamos aquí en la parte
ascendente de la “curva de Kuznets” tradicional.
Al mismo tiempo –y este es posiblemente uno de los principales aportes de
Milanovic al debate contemporáneo–, el autor recuerda que con el despegue
industrial de los países ricos se produjo una divergencia sustantiva entre
regiones del planeta porque la desigualdad entre Europa occidental y
Norteamérica y el resto del mundo no industrializado se hizo mucho más
Branko Milanovic y la desigualdad económica en perspectiva histórica 257
significativa. No solamente aumentó la desigualdad económica al interior de
cada país (industrializado) sino también la desigualdad material entre países.
Según Milanovic, a principios del siglo XIX, es decir antes de esta gran
divergencia, lo más importante para determinar la desigualdad de ingresos
era el lugar que ocupara una persona en la estructura de clases. La
desigualdad global se explicaba sobre todo por las diferencias que existían
entre ricos y pobres en todas las regiones, y no tanto por la diferencia entre países.
Esto cambió completamente a partir del despegue industrial de los países
capitalistas avanzados: la desigualdad económica global pasó a depender
muchísimo más del lugar del mundo en el que una persona hubiera nacido, y
no tanto de la clase a la que pertenecía (dicho de otro modo, los trabajadores
europeos o norteamericanos reciben ingresos superiores a los ricos de un país
pobre). En los términos de Milanovic, la revolución industrial “es similar a
un Big Bang que puso a una parte de la humanidad en un camino de mayores
ingresos y crecimiento sostenido, mientras que la mayoría se quedó donde
estaba, y una parte incluso retrocedió”.5
El “siglo XX corto” y la reducción de la desigualdad económica
El mundo se transformó decisivamente con el estallido de la Primera Guerra
Mundial y el inicio de lo que Eric Hobsbawm llamó, de manera ya célebre, el
“siglo XX corto”. El corte cronológico resulta pertinente también en el
terreno del debate aquí analizado, dado que es posible constatar, a lo largo de
este “siglo de catástrofes”, una significativa reducción de la desigualdad de
ingresos en los países avanzados: lo que Kuznets graficó en la parte
descendente (y definitiva, en su perspectiva) de su curva. Basándose en
abundantes estadísticas elaboradas a partir de los ingresos de las unidades
domésticas –disponibles en el sitio web del autor–, Milanovic aborda el
problema, brinda una cantidad de datos que cuantifican este proceso de
reducción de la desigualdad económica en términos de relación entre
coeficiente Gini e ingreso, y advierte que existen dos tipos de explicaciones
para el fenómeno. La que llama tradicional, expresada por el propio Kuznets,
sostenía que la reducción de la desigualdad de ingresos fue producto de
“fuerzas económicas”: el aumento de la escolarización, el cierre de la etapa de
transformaciones estructurales que llevaba población del campo a la ciudad y
por lo tanto reforzaba la desigualdad entre la población urbana y la rural, el
5 Branko Milanovic, Global Inequality. A New Approach for the Age of Globalization.
(Cambridge: Harvard University Press, 2016), 119. Las traducciones al español
son mías.
258 Lucas Poy
envejecimiento de la población y la demanda por seguridad social, etcétera.
Desde esta perspectiva, el desarrollo económico (capitalista) tiene un carácter
inherentemente virtuoso, que por su tendencia al crecimiento tiende a reducir
las desigualdades de ingresos una vez llegado a cierto punto de su desarrollo;
no es casual que la “curva de Kuznets” fuera un insumo clave de la llamada
“teoría del derrame” en clave neoliberal.
La segunda explicación, por contraste, sostiene que la reducción de la
desigualdad económica fue en realidad una consecuencia del impacto de las
guerras, la acción de los sindicatos y de los partidos socialistas y comunistas.
Se trata del argumento fundamental de Thomas Piketty: la reducción de la
desigualdad del siglo XX en los países desarrollados habría sido un fenómeno
excepcional, antes que una tendencia intrínseca del capitalismo en su
desarrollo, como creía Kuznets. La tendencia fundamental del capitalismo es
el aumento de la desigualdad, sostiene Piketty en su tesis, porque la tasa de
incremento de los retornos del capital siempre supera a la tasa de incremento
de los ingresos salariales.
La interpretación de Milanovic tiende a coincidir con Piketty en este aspecto
central, pero cuestiona que estos factores políticos aparezcan –en el
razonamiento del renombrado economista francés– como algo
fundamentalmente “exógeno”. Milanovic señala que los mismos deben ser
integrados en la propia lógica de funcionamiento del sistema. Para hacerlo,
plantea un argumento que parece bastante elemental para especialistas de
este período y campo temático: sostiene que las guerras de la primera mitad
del siglo XX no fueron un elemento “exógeno” sino una consecuencia de las
desigualdades preexistentes. El propio autor reconoce que en este punto está
yendo hacia una interpretación “más antigua y más convincente”: la que
considera que la guerra fue causada por la competencia imperialista, que a su
vez tiene su origen en las desigualdades en la distribución del ingreso a nivel
nacional.
Su conclusión, en cualquier caso, es que “las fuerzas malignas que quebraron
el primer ciclo de Kuznets y establecieron una tendencia a la baja de la
desigualdad en los países ricos por los siguientes 70 años estaban contenidas
en la elevada e insostenible desigualdad doméstica que existía
anteriormente”.6 Fue la acción del movimiento obrero a fines del siglo XIX y
comienzos del siglo XX, a pesar de sus derrotas, lo que “ejerció una presión
que en última instancia resultó demasiado fuerte y dio como resultado una
reducción sostenida en la desigualdad durante lo que suele llamarse el siglo
6 Ibídem, 96.
Branko Milanovic y la desigualdad económica en perspectiva histórica 259
XX corto”. Las “políticas favorables a los ricos” se habrían visto limitadas por
“la fuerza de los sindicatos, el poder político de los partidos socialistas y
comunistas y el ejemplo y la amenaza militar de la Unión Soviética”.7
Después de Reagan y Thatcher: aumento de la desigualdad de ingresos
en los países ricos y disminución a nivel global
A lo largo del “siglo XX corto”, entonces, la desigualdad económica tendió a
reducirse en los países más desarrollados, pero el hecho de que sus economías
siguieran creciendo hizo que la distancia con los países más pobres se
incrementase significativamente; como dijimos, la clave de la tesis de
Milanovic es esta distinción entre desigualdad “intra” y desigualdad “entre”.
El punto máximo de la desigualdad global, según Milanovic, se ubica en
algún momento entre 1970 y 1990. A partir de entonces se pusieron en
movimiento dos tendencias contrapuestas pero unidas por un elemento
común: la globalización de la economía internacional, inseparable de la caída
de los regímenes comunistas en la Unión Soviética y Europa oriental, y la
transición al capitalismo en China. Por un lado, recuerda Milanovic, todas las
observaciones coinciden en que se incrementó la desigualdad de ingresos en
los países ricos, algo que supuso el fin de la tendencia a la reducción de la
desigualdad que había caracterizado al “siglo XX corto” y, por lo tanto,
invalida la tendencia de la “curva de Kuznets”. Por otro lado, la globalización
implicó al mismo tiempo un fenomenal crecimiento de las economías asiáticas
(fundamentalmente China), lo cual permitió que un amplio sector de su
población, que partía de niveles de ingresos extremadamente bajos, mejorara
su situación. Dado el enorme peso demográfico de las economías asiáticas,
esto dio como resultado, según Milanovic, una reducción de la desigualdad
económica a nivel global. Entre la década de 1950 y la de 1970, el PBI per
cápita de Estados Unidos era 20 veces superior al de China. En 2010 esa
proporción se había reducido a 4 a 1:
La revolución económica en China fue seguida por aceleraciones del
crecimiento similares en India, Vietnam, Tailandia, Indonesia y otros
lugares de Asia. Aunque este crecimiento se vio acompañado por un
incremento de la desigualdad dentro de cada uno de los países
(especialmente en China), el cierre de la brecha con Occidente ayudó a
reducir la desigualdad de ingresos a nivel global. Esto es lo que explica la
reciente caída en el Gini global.8
7 Ibídem, 86-87.
8 Ibídem, 8.
260 Lucas Poy
En Global Inequality, Milanovic resume sus hallazgos sobre la desigualdad
global en las últimas tres décadas identificando tres tendencias significativas
en el período que va desde 1988 hasta 2008. En primer lugar, el ascenso de
lo que llama la “clase media global” (sectores de la población china y otros
países asiáticos que mejoraron significativamente su nivel de ingresos).
Milanovic muestra, por ejemplo, que el ingreso real per cápita de los dos
quintiles medios en China se multiplicó por 3 (zonas urbanas) y por 2,2 (en
zonas rurales), entre 1988 y 2008, y que se observan cifras similares en
Indonesia, Vietnam y Tailandia. En segundo lugar, el estancamiento de los
ingresos de los sectores medios o medios-bajos de los países ricos, es decir de
amplios sectores de la clase obrera que se han visto perjudicados por la
globalización. En tercer lugar, el autor recuerda que el principal beneficiado
en las últimas décadas fue un minúsculo sector de la población mundial, el
más rico, dando lugar a la emergencia de lo que llama “plutocracia global”.
En su libro más reciente, Milanovic continúa este análisis y sostiene que en
este período se consolidó en los países más desarrollados –si bien toma
fundamentalmente a Estados Unidos como tipo ideal– lo que llama un
“capitalismo liberal-meritocrático”.9 Una de sus características
fundamentales fue el incremento de la desigualdad de ingresos, tanto por el
estancamiento de los ingresos de la “clase media” y de la clase obrera como
por un fuerte enriquecimiento de los sectores más ricos (la “plutocracia”). En
sus análisis, este proceso se explica por una variedad de factores que, al igual
que en el caso de la revolución industrial y la primera fase de la tradicional
“curva de Kuznets”, se dieron en el marco de un proceso de acelerado cambio
tecnológico y globalización. En ambos libros, Milanovic introduce como
elemento explicativo las relaciones (y los conflictos) entre las clases sociales,
en la medida en que sostiene que la distribución del ingreso depende, en
última instancia, del “poder relativo de negociación del capital y el trabajo”.
La globalización multiplicó la fuerza de trabajo disponible (para el capital),
tanto por la integración de China y otros países comunistas al mercado
mundial como por el crecimiento demográfico, lo cual debilitó la posición de
los trabajadores; el crecimiento del “sector servicios”, por su parte, también
agravó la debilidad de los sindicatos.
Si bien Milanovic incorpora otros elementos (entre ellos las pautas
matrimoniales del sector más rico de la población, una serie de políticas
impositivas favorables a los millonarios, etc.), el punto central sigue siendo la
9 Branko Milanovic, Capitalism, Alone. The Future of the System that Rules the World
(Cambridge, Harvard University Press, 2019), cap. 2.
Branko Milanovic y la desigualdad económica en perspectiva histórica 261
mayor disponibilidad de mano de obra y el debilitamiento de la posición
negociadora de la clase obrera:
…es posible que el software de SAP, las computadoras de Lenovo y los
iPhones de Apple hayan reemplazado los puestos de trabajo o reducido los
salarios de las agencias de viajes, los empleados de hoteles, los contadores y
los empleados de las tiendas, pero lo que podemos interpretar como un
cambio tecnológico basado en las habilidades ocurrió porque el hardware
barato para estos productos se produjo en países asiáticos con bajos
salarios.10
El “capitalismo político” y el lugar del comunismo en la historia
Sea cual sea la opinión que nos formemos acerca de la creación de un nuevo
tipo ideal para definir al capitalismo norteamericano contemporáneo, es
indudable que resulta un acierto del autor su planteamiento de que no puede
comprenderse sino en escala global, es decir tomando en consideración el
papel que juega a nivel internacional el ascenso de China y otros países
asiáticos. Impelido a buscar las causas históricas que llevaron al crecimiento
económico de Asia, Milanovic apela a una explicación que, aunque resulta
bastante obvia, le permite marcar una diferencia con buena parte de la
literatura económica contemporánea: su argumento clave aquí es que el
enorme crecimiento económico que muestran China y otros países de Asia en
las últimas décadas es una consecuencia de las revoluciones comunistas del
siglo XX y del modo en que, a partir de las décadas de 1970 y 1980, el gigante
asiático avanzó hacia lo que denomina un “capitalismo político”.
En Capitalism, Alone, Milanovic toma distancia de los análisis estadísticos y
propone un peculiar ejercicio teórico e historiográfico acerca del “rol del
comunismo en la historia”, con un extenso capítulo y un apéndice que se
alejan bastante de las estadísticas y se introducen en el campo historiográfico.
El autor parte de una constatación evidente: durante el “siglo XX corto”,
como ya se dijo, la presión del movimiento obrero llevó al capital y los
gobiernos de los países ricos a conceder reformas que en última instancia
llevaron a una reducción de la desigualdad, pero en otras partes del mundo la
característica fundamental del siglo pasado no fueron las concesiones de la
burguesía sino el desarrollo y la victoria de procesos revolucionarios y de
experiencias comunistas. El argumento central de Milanovic es que lo que
llama “capitalismo político” (el alter-ego de ese “capitalismo liberal-
10 Milanovic, Global Inequality, 110.
262 Lucas Poy
meritocrático” antes mencionado) es en la mayoría de los casos el producto
de esas revoluciones comunistas en países coloniales.
Estas últimas, a su vez, habrían sido la consecuencia de una reformulación de
la interpretación marxista, que según Milanovic –en una simplificación casi
caricaturesca de la inmensa biblioteca teórica que ha abordado este punto–
solo preveía para los países atrasados la repetición del camino de los más
desarrollados. Por contraste, la “peculiaridad” del siglo XX, no contemplada
según el autor en la interpretación marxista decimonónica, es que las
revoluciones comunistas fueron en realidad la forma de salir del atraso y
desarrollar el capitalismo en los países del “Tercer Mundo”:
El comunismo es un régimen social que permitió que sociedades atrasadas
y coloniales abolieran el feudalismo, recuperaran independencia política y
económica y construyeran un capitalismo doméstico (…) dicho de otro
modo, fue un sistema de transición del feudalismo al capitalismo usado en
sociedades menos desarrolladas y colonizadas. El comunismo es el
equivalente funcional al ascenso de la burguesía en Occidente.11
Al mostrar con numerosos ejemplos que el capitalismo efectivamente no
desarrollaba las sociedades atrasadas, sino que establecía vínculos de
dependencia que perpetuaban el atraso, Milanovic recuerda que “la tarea de
cualquier movimiento social en el Tercer Mundo era doble: transformar la
economía doméstica modificando las relaciones de producción dominantes
(…) y doblegar la dominación extranjera”. Sostiene luego que “estas dos
revoluciones –una revolución social cuyo objetivo último era el desarrollo y
una revolución política cuyo objetivo último era la autodeterminación– se
combinaron en una sola”12. Según Milanovic, China y Vietnam son los
mejores ejemplos de revoluciones sociales y nacionales combinadas.
Desafortunadamente, los lectores no encontrarán aquí ninguna referencia a
los extensos debates que hubo acerca de este punto en el campo del marxismo
y las teorías revolucionarias del siglo XX.
El siglo XXI: el capitalismo en soledad
Según Milanovic, desde la década de 1980, el mundo se caracteriza por el
predominio absoluto del capitalismo. Reforzando la idea que da título a su
último libro, señala que vivimos una época sin precedentes en la historia en
cuanto a que todas las sociedades humanas están regidas por un mismo
11 Milanovic, Capitalism, Alone, 75-76.
12 Ibídem, 79.
Branko Milanovic y la desigualdad económica en perspectiva histórica 263
régimen social. Desde su punto de vista, “todo el planeta funciona según los
mismos principios económicos: la producción organizada en función de la
ganancia usando trabajo asalariado legalmente libre y mayormente capital
privado, con coordinación descentralizada”.13
Como ya señalamos, este dominio global del capitalismo, de acuerdo a la
perspectiva del autor, expresa en realidad, la coexistencia de dos “tipos” de
capitalismo: el “liberal meritocrático”, que predomina en el “mundo
occidental”, y el “político”, cuyo principal exponente es China y es
consecuencia de una revolución comunista. Según Milanovic, este mundo
menos desigual es también más equilibrado en términos geográficos y
políticos: a través de sus obras, subyace la impresión de una tendencia hacia
la convergencia que licúa la idea de imperialismo como herramienta analítica
y retorna –esta vez a nivel global– a posiciones similares a las de Kuznets.
Respecto al capitalismo “liberal-meritocrático”, Milanovic propone
compararlo con otros dos tipos que habrían existido en el pasado: el
capitalismo “clásico” (cuyo modelo sería el Reino Unido hasta 1914) y el
capitalismo “socialdemócrata” del siglo XX (cuyo modelo serían Europa y
Estados Unidos entre 1945 y la década de 1980). Varias particularidades del
capitalismo actual, según Milanovic, son similares a las del capitalismo
“clásico”: hay un aumento de la participación del capital en el ingreso total
(es decir el capital se queda con una parte mayor de la torta respecto al
trabajo), los ricos tienden a casarse y formar familias entre sí, hay una alta
correlación entre los ingresos de los padres y los hijos, etc. Hay una novedad
significativa, sin embargo, y es que las personas que poseen un ingreso muy
elevado por su capital también reciben un ingreso elevado por su trabajo
(profesionales, ejecutivos, etc.).
Mientras que las personas que encabezaban la distribución de ingresos en el
capitalismo clásico eran financistas, rentistas y propietarios de grandes
holdings industriales (que no son contratados por nadie y, por lo tanto, no
tienen ingresos laborales), hoy en día un porcentaje significativo de las
personas que encabezan la distribución de ingresos son gerentes altamente
remunerados, diseñadores de páginas web, médicos, banqueros de inversión
y otros profesionales de élite.14
¿Cuáles son las características principales del “capitalismo político” en la
actualidad? Según Milanovic, sus tres rasgos fundamentales son la presencia
de “una burocracia extremadamente eficiente e inteligente en términos
13 Ibídem, 2.
14 Ibídem, 17.
264 Lucas Poy
tecnocráticos” a cargo del sistema, la ausencia de un “estado de derecho” (“rule
of law”) y la capacidad del Estado para defender los intereses nacionales y al
mismo tiempo controlar al sector privado.15 Milanovic también destaca dos
contradicciones: en primer lugar, el hecho de que esta burocracia tiene que
ser muy eficiente al tiempo que funciona sin un claro marco legal; en segundo,
que el sistema promueve la corrupción (que aumenta las desigualdades) y al
mismo tiempo debe reducir la desigualdad para no perder legitimidad. El
sistema funciona siempre en un equilibrio precario, sin que pueda actuar
plenamente el imperio de la ley pero también evitando que se descontrole la
corrupción.16
¿Es China capitalista? Milanovic responde afirmativamente, planteando que
cumple con los tres criterios de la “definición estándar de Marx y Weber”, a
saber: la mayor parte de la producción se lleva adelante usando medios de
producción en manos privadas, la mayoría de los trabajadores son asalariados
y la mayoría de las decisiones sobre producción y precios se toman de manera
descentralizada. En este punto, el autor aporta datos valiosos acerca de las
relaciones sociales de producción en la historia reciente del país asiático: en
1978, prácticamente el 100% de la producción industrial del país era
producida por empresas estatales; en 1998, esa cifra se había reducido al 50%
y en 2018 llegaba a apenas 20%. Según Milanovic, la tendencia es aún más
marcada en el ámbito agrícola. A lo largo de sus textos, el autor admite la
complejidad que implica analizar las relaciones de propiedad en China, dada
la peculiar imbricación de propiedad privada, extranjera, comunal, provincial,
etc. Sostiene, sin embargo, que en términos generales el peso de las empresas
estatales en la producción y el empleo es similar al de, por ejemplo, Francia
en la década de 1980.
Milanovic avanza algunos análisis en el terreno de la estructura de clases de
China y la emergencia lenta pero sostenida de una “clase empresarial” surgida
en los últimos años, porque no tiene vínculos con la burguesía
prerrevolucionaria. El rasgo característico, en su opinión, es que “los
capitalistas se enriquecen sin ejercer el poder político”.17 Esta autonomía de
la burocracia del Estado respecto a la clase burguesa se convierte por lo tanto
en el elemento decisivo: según Milanovic, “la opacidad de distintas formas de
15 Ibídem, 91.
16 ¿Qué países entran en esta descripción? Milanovic enumera once: China,
Vietnam, Malasia, Laos, Singapur, Argelia, Tanzania, Angola, Botsuana, Etiopía
y Ruanda. En conjunto, suman un cuarto de la población mundial y un quinto
de su producción y crecen de forma muy acelerada: en 1990 constituían el 24%
de la población mundial pero solo el 5,5% de su producción.
17 Milanovic, Capitalism, Alone, 106.
Branko Milanovic y la desigualdad económica en perspectiva histórica 265
propiedad no es un ‘error’, ni algo transitorio que necesita ser ‘corregido’,
sino la condición básica de existencia del capitalismo político”.18 Hay
precisamente un paralelo entre esta hibridez en las formas de propiedad y el
hecho de que no rige plenamente el “estado de derecho”. En conclusión, en
China “el gobierno contribuye a los intereses de la burguesía, pero siempre y
cuando estos intereses no vayan en contra de los objetivos del stado (es decir,
de la elite que controla el estado)”.19
Conclusión
Los estudios sobre desigualdad económica están ocupando un lugar central
en debates actuales, tanto en el terreno de la economía como en distintas
disciplinas sociales. En este contexto, los trabajos recientes de Milanovic
tienen, en mi opinión, dos méritos: por un lado, sistematizan una cantidad de
información estadística y la ponen al alcance de un público lector más amplio;
por el otro, buscan poner la discusión sobre la desigualdad de ingresos en una
clave histórica, de larga duración y que presta especial atención a la forma en
que se estructuran las relaciones laborales y los conflictos de clase en las
diferentes sociedades. Milanovic, por otra parte, no es historiador ni ha
realizado investigaciones en clave histórica: en ese sentido muchas de las
reflexiones que propone en sus libros resultarán extremadamente simplistas
para un lector especializado en la literatura histórica, y particularmente en la
historia del trabajo, y muestran que en buena medida el público que tiene en
mente el autor es otro.
A pesar de esto último –en realidad debido a esto último– los temas que
abordan los libros recientes de Branko Milanovic deben interesar seriamente
a los estudiosos de la historia de los trabajadores y trabajadoras, así como
estimular sus aportes. En lo fundamental, esto se debe a que hay un eje que
atraviesa todo el análisis: aunque parezca una obviedad, la cuestión de la
desigualdad económica no puede analizarse sin prestar atención a las
relaciones laborales y a las relaciones entre las clases, y eso solo puede
hacerse en perspectiva histórica. Los diversos ciclos de ascenso y descenso de
la desigualdad de ingresos en las épocas preindustriales –sin importar cómo
se midan e incluso si se pone en discusión la posibilidad misma de medirlos
debido a la escasez de fuentes– solo pueden comprenderse prestando atención
a la dinámica del conflicto social, lo cual incluye desde las tensiones relativas
a la distribución de la renta hasta los conflictos bélicos. Milanovic repone
18 Ibídem, 116.
19 Ibídem.
266 Lucas Poy
algunas de estas cuestiones en sus libros, que por otra parte han sido
largamente estudiadas en una biblioteca inmensa que también puso en primer
plano la importancia del trabajo no remunerado indispensable para
garantizar la reproducción social que realizan fundamentalmente las
trabajadoras mujeres, un tema pasado por alto en los volúmenes aquí
reseñados. Analizar el “gran despegue” tecnológico y productivo de la
Revolución Industrial, por su parte, supone prestar atención a las
transformaciones en las relaciones de clase que implicó el desarrollo
capitalista, y el indiscutible incremento de la desigualdad económica que trajo
como consecuencia –algo aceptado incluso en una perspectiva “optimista”
como la de Kuznets–. Se trata de temas que fueron y siguen siendo la base de
una enorme literatura en la mejor tradición de la historia social, que debe
poner su voz en estos debates.
Como bien puso de relieve Piketty, la reducción de la desigualdad en los
países ricos durante el “siglo XX corto”, por su lado, es imposible de
comprender sin analizar las relaciones de clase, la organización política del
movimiento obrero, etc. Las limitaciones de la “curva de Kuznets” y sus
variantes de “teoría del derrame” son demasiado evidentes, y aunque
Milanovic parece interesado en salvar todo lo posible la idea de fondo de una
convergencia, agregando la noción de “ciclo”, lo cierto es que buena parte de
sus análisis contribuyen a asestarle una nueva crítica: para comprender la
economía del siglo XX hay que examinar su política, y para comprender su
política hay que poner en primer plano los conflictos entre el capital y el
trabajo y la historia de la organización obrera. A su vez, las tendencias más
recientes (reducción de la desigualdad a nivel global por la mejora del ingreso
de la “clase media global”, aumento de la desigualdad en Europa y América
del Norte) solo pueden explicarse si analizamos el aumento en la mano de
obra disponible debido a la globalización y los cambios en las relaciones de
clase que provoca. En suma, el “hilo rojo” para comprender la historia
contemporánea y, como parte de ella, las oscilaciones de la desigualdad
económica, es el modo en que se estructura la producción de la vida material
(las relaciones sociales de producción) y el modo en que se organiza la
relación entre las clases, a nivel global.